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azucena villaflor


Día de la Madre. Ni cortando esa flor pudieron terminar con la primavera. Documental sobre Azucena Villaflor, Madre de Plaza de Mayo que fuera secuestrada y asesinada el represor Alfredo Astiz.
[Diego Bocchio] Argentina. Diego Csöme, Claudia Bueno, Laura Villafañe y Julián Cosenza, integrantes del equipo documentalista del Instituto de Medios de Comunicación de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) y autores de un documental sobre su vida, se confiesan enamorados de la figura de Azucena Villaflor, esa mujer que al decir basta abrió una grieta en el curso de la historia argentina e inventó una nueva categoría para ese vínculo privado que une a madres e hijos o hijas. Desaparecida ella también después de fundar Madres de Plaza de Mayo, marcada por Alfredo Astiz con un beso justo antes de ser secuestrada y conducida hacia la muerte en las profundidades del Río de la Plata, Azucena es la protagonista ausente del documental que lleva su nombre y que el próximo martes, en vísperas del Día de la Madre, se presentará en la UNLaM.

¿Qué trabajos previos existían sobre Azucena?
Claudia Bueno: –Se trabajó sobre las Madres, claro, pero no sobre Azucena, no es tan conocida su historia. Hay un trabajo bibliográfico de Enrique Arrosagaray, que es de Avellaneda como Azucena y que, incluso, fue compañero de escuela de uno de sus hijos. El hizo una investigación muy profunda y publicó un libro –‘Los Villaflor de Avellaneda’–, y es uno de los entrevistados del documental. En cuanto a relatos audiovisuales, nada. Sí hay documentales antropológicos de cuando se restituyen los restos de Madres desaparecidas, en los que se hace hincapié en la aparición de los restos de Azucena.

Diego Csöme: –En contraposición, nuestra elección fue contar quién fue Azucena como madre y como mujer. Tratamos de no quedarnos en el instante fundacional de Madres, sino hurgar en su vida anterior.
Al encarar esta historia relativamente desconocida, ¿qué encuentran?

Laura Villafañe: –Empezamos por ir a la raíz, sus hijos, y, ahí, enfrentamos descubrimientos sorpresivos, nos encontramos con la mujer y con la madre, con esa faceta no histórica, y con lo que sucede cuando te tocan un hijo. La forma en que Azucena reacciona ante ese hecho es lo que genera un quiebre en la historia argentina.

Claudia: –Uno de los hijos lo cuenta muy bien en el documental. Los familiares de los desaparecidos cumplían un circuito que era el que los mismos militares les pautaban. Los "entretenían" llenando fichas, yendo al vicariato, al Ministerio del Interior, de escritorio en escritorio; de esa forma nadie iba a encontrar a sus seres queridos. Uno de sus hijos, Pedro, cuenta: "La genialidad de mi mamá fue que un día dijo: ‘¡Basta! Así no vamos a encontrar a nadie. Vayámonos a la Plaza’". Ese es el quiebre. Azucena hizo todo lo que políticamente estaba mal hacer en esa época. Pero, en el relato intimista surge que, para ella, lo que hacía no era nada excepcional. La hija, Cecilia, cuenta: "Cuando yo tenía complejo de fea en la escuela, mi mamá me llevó a un concurso de baile. Y cuando mi hermano Toto se rompió el brazo, mi mamá estuvo detrás de él hasta que se le soldó el hueso roto. Así que, cuando mi hermano Néstor desapareció, mi mamá salió a buscarlo. Es pura lógica de madre".

Diego: –A través de la mirada de los hijos, nos encontramos con una mamá maravillosa. Y se reivindica el porqué una mamá sale a buscar a su hijo: por amor; a partir de ese amor, se gestará un movimiento histórico.
Azucena tenía ángel. Las Madres dicen en el documental: "Azucena llegaba y era como que llegaba nuestra madre. Todas íbamos corriendo a abrazarla". Como los grandes líderes, tenía algo especial dentro de su carisma que hacía que todas las otras madres estuviesen a su alrededor. Pero también era muy estratégica para moverse.

Una madre común y una madre extraordinaria, en un mismo cuerpo. ¿Y cómo era su vínculo con su propia madre?
Claudia: –La mamá de Azucena era muy chica cuando la tuvo, tenía quince años. El papá de Azucena la anotó como hija de él y en el casillero correspondiente al nombre de la madre trazó una línea. Es decir, ella fue inscripta como de madre desconocida. Doce años después, la madre la volvió a inscribir, pero, esta vez, como de padre desconocido.
Con lo que, en Avellaneda, hay dos partidas de nacimiento diferentes.
Más allá de la complejidad legal, lo cierto es que ni la madre ni el padre biológicos se encargaron en forma directa de la crianza de Azucena, sino que la crió como a su propia hija la tía Magdalena. Y sus tres primas funcionaron en su vida como sus hermanas.
El padre murió muy joven en un accidente de trabajo y ahí volvió la madre, que fue a buscarla a casa de los Villaflor. Para entonces, Azucena tenía ya catorce años. Y ella no quería volver con la madre, se pasó casi un año enferma y perdió un año de colegio, hasta que finalmente volvió a vivir con sus tíos. Vivió muy poco tiempo Azucena con su madre biológica, tenía una relación muy difícil con ella; incluso, de grande, se quedaba angustiada cada vez que la madre iba a visitarla. Elvira, la empleada doméstica de la casa de Azucena de toda la vida, cuenta que cuando la madre iba a verla no le preguntaba ni cómo estaba. Iba a buscar plata.

¿Y este elemento tan fuerte de la historia personal cómo juega en el relato?
Julián Cosenza: –Tratamos de no usarlo más que como dato biográfico, sin construir a partir de ese dato una hipótesis del tipo "Fue tan buena madre porque su madre había sido muy mala". El dato de que no fue reconocida por su mamá y que ella apareció para hacerse cargo de su crianza cuando ya tenía 14 años es muy fuerte y sólo eso da para una película. Por eso, lo incluimos como dato de su biografía que abre una puerta, pero sin ahondar más. El núcleo del relato es el secuestro del hijo y lo que ello desencadena.

¿Con qué testimonios cuenta el relato?
Laura: –Azucena tuvo cuatro hijos: Néstor, que es quien desapareció junto a su esposa, Raquel Mangin; Pedro, Cecilia y Adrián. Pedro y Cecilia nos dieron su testimonio.
Con Adrián, ’Toto’, no nos contactamos, porque los hermanos nos dijeron que tuvo una mala experiencia con un reportaje que les hicieron a los tres juntos cuando aparecieron los restos de Azucena en General Lavalle y, a partir de ese momento, decidió no dar más notas.

Diego: –También entrevistamos a Aída Sarti y Pepa Noia, de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Pepa fue una de las 14 madres de la primera ronda, el 30 de abril de 1977, y estuvo presente en el momento en que Azucena se paró en la iglesia Stella Maris, en el vicariato del Ejército, y dijo: "Vayámonos a la Plaza". Pepa cuenta ese instante fundacional. Y está su prima, Lidia Moreman, hija de la tía Magdalena, que era incondicional con Azucena y la acompañó a las primeras marchas. Era como una Madre más.

Julián: –Y que es quien se da cuenta de que "Gustavo Niño" (Astiz) era un infiltrado. Lidia cuenta en el documental que ella le decía a Azucena: "Este tipo es cana", incluso, adelante de él. "No le des datos." Pero Azucena le abrió las puertas de su casa. Los testimonios revelan que más de una vez Astiz llevó a Madres a sus casas en su auto, tras haberse metido en el grupo haciéndose pasar por hermano de un desaparecido. Tanto Lidia como el marido de Azucena le advertían que no les gustaba ese tipo...

Claudia: –Hablan también Elvira, la empleada doméstica, Enrique Arrosagaray, el biógrafo, y Lila Pastoriza, que estuvo detenida en la ESMA con Azucena y fue quien brindó el testimonio que permitió reconstruir qué pasó con ella tras su secuestro.
En 2005, cuando encuentran en General Lavalle los restos de las víctimas de los vuelos de la muerte y sale a la luz la historia de Azucena, Lila se da cuenta de que Azucena Villaflor fue la mujer con la que ella había estado en la ESMA. Azucena estuvo detenida dos días en Capuchita, en diciembre del ’77. Gracias al testimonio de Lila, los hijos pudieron reconstruir cómo habían sido los últimos días de vida de su mamá. Ese testimonio está en el documental.

¿Cómo es ese testimonio de Lila Pastoriza?
Laura: –Lila cuenta que, un día, le llamó la atención que entrara un grupo de mujeres grandes: estaban, además de Azucena, las dos madres que habían sido secuestradas en la iglesia de la Santa Cruz, y estaba también una de las monjas francesas. Le llamó la atención porque le parecía un grupo de madres, o de tías, y no daban con el promedio de edad que veían entre los secuestrados en la ESMA. Lila cuenta que vio cuando se la llevaron a Azucena para torturarla y que trató de asistirla cuando volvió: tenía muchas marcas en los brazos y la notó floja, como entregada, muy caída. Pero aun así ella decía que lo único que quería era encontrar a "sus hijos", porque eran Néstor y su nuera, Raquel. Lila cuenta eso, la vio cuando llegó, habló algunas palabras con ella, la vio cuando la trajeron de vuelta de la tortura y después, de pronto, no la vio más.

Diego: –Y habían pasado apenas dos días en "capucha" y "capuchita", las dos dependencias del casino de oficiales de la ESMA; capucha era un altillo y capuchita era todavía peor, era como un entrepiso, pero arriba de todo, con cuchetas en el piso, con toda la gente amontonada. Lila cuenta que cuando llegó este grupo relativamente grande no había mucho lugar y quedaron más amontonados todavía. Era diciembre y el lugar no tenía ventanas prácticamente, era un hacinamiento. Y que, mientras ellas estaban encerradas en ese altillo, afuera, en los parques de la ESMA, los chiquitos de los oficiales andaban en bicicleta. Lila relata que, una vez, dentro de un grupo que llevaban en los aviones para los vuelos de la muerte, había un tipo al que llevaron por equivocación, que, al volver, les contó que les inyectaban pentotal y con eso los dormían, los subían a los aviones y los tiraban al agua. Así se enteraron de los vuelos de la muerte. Este testimonio nos terminó quedando afuera del documental. Pero sí incluimos las vivencias de Lila en esos pocos días compartidos en la ESMA con Azucena y lo que pasó cuando, al recuperarse sus restos, se dio cuenta de que aquella señora mayor de vestido floreado con la que recordaba que había estado hablando, era Azucena Villaflor.

Los Hijos de Azucena
¿Cómo fue el diálogo con los hijos de Azucena?
Claudia: –El contacto con Cecilia lo logramos a través de Aída Sarti, que tenía un vínculo muy estrecho con Azucena, que luego continuó con su hija. Una vez que nos contactaron, tuvimos una charla previa con Cecilia, porque quería saber el enfoque iba a tener nuestro trabajo, ya que había tenido experiencias insatisfactorias en relación con otros proyectos y estaba alerta. Cuando le contamos nuestra intención, enseguida nos dio la entrevista. Lo mismo pasó luego con Pedro. Tuvimos entrevistas personales previas con cada reporteado y el convencimiento fue en virtud del enfoque.

Diego: –Lo que nos encontramos en las entrevistas personales con ambos, tomando un café, primero, y con las cámaras, después, fue exactamente lo mismo. Contaron las mismas cosas, de la misma forma y con el mismo énfasis. Es su historia y es así, con la cámara o sin ella. Muy natural. Los hijos cuentan la intimidad del vínculo con su madre, pero también cómo ella empezó a moverse para encontrar a Néstor, cuando las Madres empezaron a ir a su casa y cómo vivieron, finalmente, su desaparición. Hablan de esa intimidad también, no solo de ella como mamá.

¿Y cómo fue el contacto con las Madres?
Claudia: –Aída Sarti fue nuestra primera entrevistada y se convirtió en una especie de ángel de la guarda del documental. Aída jugó un rol fundamental en la publicación de la famosa solicitada en el diario La Nación, el 10 de diciembre de 1977, el hecho que determina el secuestro de Azucena. Como Astiz estaba infiltrado en Madres sabía que estaban organizando la publicación de la solicitada, que el motor de esa movida era Azucena y que estaba pensado que saliera el 10 de diciembre. Entonces, él organiza un operativo de secuestros, que incluía a Azucena, para el día 8, en la iglesia de la Santa Cruz. Pero le sale mal porque Azucena no va a esa iglesia ese día; las Madres estaban terminando con los preparativos de la solicitada, juntando firmas y juntando la plata, y entonces se dividen en dos grupos ese día: Aída y Azucena se van a la iglesia Betania y Astiz manda el operativo a la Santa Cruz, donde estaban otras dos Madres, Mary Ponce y Esther Careaga, a quienes secuestran junto a una de las monjas francesas. Pero a Azucena no logran secuestrarla ese día.

Laura: –Entonces, el operativo solicitada sigue adelante y el día 9 es toda una corrida, porque llevan la solicitada a La Nación escrita a mano, y les dicen que la tipeen. Lo tienen que hacer corriendo, en los sótanos del Ministerio de Economía, donde trabajaba el marido de Nora Cortiñas, que es quien las hace entrar. Y Aída permanece haciendo vigilia el día completo en el diario La Nación.

¿Cómo aparece en el documental esta historia?
Julián: –Aparece contada a través del testimonio de Aída, que, además, lee en off parte de la solicitada. Y se ve la imagen de la solicitada, le sacamos fotos de un ejemplar guardado en la biblioteca del Congreso. En el ejemplar que había comprado Azucena aquella mañana del 10 de diciembre había salido la hoja prensada, como fruncidita, pero en el ejemplar que conservan en la hemeroteca del Congreso está bien. La solicitada es bien grande, ocupa casi toda una página: "Sólo pedimos la verdad".

Claudia: –Aída era muy unida a Azucena y estuvo en su casa la noche anterior a que la secuestraran. Recuerdo que fuimos con Diego a verla y nos abrió su corazón: nos dio todo, nos mostró todo, nos contó todo. Nos mostró las pancartas que usaban para las marchas los jueves, el boletín de la hija desaparecida. Fue la primera entrevistada y quien nos abrió las puertas con Cecilia. Tan estrecho fue el vínculo que se nos ocurrió la idea de que Aída fuera la voz de los off del documental. Y de hecho lo es. Y Julián la hizo actuar como parte de la artística que abre el documental. La vimos unas 15 veces desde que empezamos el documental y vino a la UNLaM a grabar.

Diego: –Las Madres nos abrieron sus puertas, nos invitaron a marchar con ellas, fuimos a la Plaza con ellas y nos dejaron filmarlas. Nos dieron todo.
¿Qué revela el testimonio de Elvira, la última persona que vio a Azucena antes del secuestro?

Diego: –Elvira cuenta la mañana en la que vio a Azucena irse caminando, con su bastón y con la bolsa de los mandados. Su testimonio lo tomamos en la misma casa de Azucena. En un momento, ella vuelve la mirada hacia la dirección por la que se fue Azucena y cuando corre la mirada empieza a recordar realmente cuando Azucena se estaba yendo por la mitad de la calle y se pone a llorar.
Ese es el testimonio real, lo más puro que hay, cuando se puede retroceder realmente en el tiempo, despojándose de todo lo que hay alrededor. Y entonces cuenta en la entrevista la imagen que ella tenía en la cabeza.
Esa no es una reconstrucción treinta años después: es la recuperación de aquella sensación. Ella mira a la calle como si la estuviera viendo irse otra vez.

Pedro y Néstor
¿Qué aprendizajes les transmitió hacer este documental?
Claudia: –Este documental nos dio la oportunidad de descubrir a una persona maravillosa y dar con la intimidad de aquel instante fundacional de Madres, con un sentimiento muy puro, con la fuerza del amor y los intereses nobles que dieron origen a un movimiento maravilloso.

Julián: –Investigar sobre la historia de vida de una persona, descubrir quién era y qué hizo, y darte cuenta de que no sabías nada de ella, te da la pauta de lo valioso que es trabajar con una figura de relevancia pública pero cuya historia, a la vez, es relativamente desconocida. Es como descubrir un pequeño tesoro.

Diego: –Esta realización nos llevó dos años. Mi mayor aprendizaje es lo que está plasmado. Otra cosa que me dejó es la reflexión sobre cuánto está dispuesto a sacrificar realmente uno por una causa; muchas veces uno dice "daría la vida por tal cosa" y hay que ver hasta qué punto efectivamente eso es cierto, como lo fue en esta historia. Y después, es que el amor de una madre no tiene límites, realmente no tiene límites. Eso te hace pensar que cuando vos discutís con tu vieja, te peleás o la mandás a cagar, quizá no te ponés a pensar que el amor de una madre hacia un hijo realmente no tiene ningún límite. Eso a mí me hizo replantear un montón de cosas. A veces nos enojamos por tantas cosas banales y quizás no les damos a nuestras viejas el abrazo a tiempo que le tenés que dar, esas cosas que te quedan...
(Silencio. La entrevista termina con todos emocionados.)
9 de octubre de 2010
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el día que secuestraron a walsh


Un vecino de Rodolfo Walsh declaró sobre el operativo del 26 de marzo de 1977. Un día después del secuestro del escritor, una patota de la dictadura destruyó y saqueó su casa. Roberto Moreno era vecino del lugar y narró por primera vez ante un tribunal sus impresiones de ese día: la bomba que no dejó nada en pie, la presencia de los soldados.
[Alejandra Dandan] Argentina. Eso pasó, le dijo Roberto Moreno al Tribunal. "Yo salí afuera para ver y enfrente estaba todo lleno de soldados. Cuando intento salir, uno me mete para adentro y me dice que apague las luces. La explosión me asustó, pero eso me asustó el doble."
Roberto Moreno se dio cuenta veinte años más tarde, leyendo los diarios, de que ese vecino al que le explotaron la casa se llamaba Rodolfo Walsh. Operario, Moreno es habitante todavía de la calle Triunvirato del partido de San Vicente, una calle a la que la comuna le puso el nombre del periodista, escritor y militante. Moreno declaró por primera vez sobre la explosión que sacudió la última casa de Walsh al otro día del secuestro, el 26 de marzo de 1977. Su testimonio abrió la audiencia de ayer en el juicio por los crímenes en la Escuela Mecánica de la Armada.
Moreno llegó a los tribunales federales a pedido de la querella del colectivo de Justicia Ya! encabezado por Myriam Bregman. Ella inició el ping pong de preguntas y respuestas con las que intentó hacer recordar todos los detalles posibles de esa vieja foto, observada por muchos vecinos que nunca hablaron e incluso muchos de los cuales están muertos.
"Yo estaba preparándome para ir a trabajar", empezó el hombre. En San Vicente todavía funcionaba el tren y Moreno se alistaba para tomar el de las cinco y cuarto. Pero a las cuatro y media de la mañana "escucho un par de explosiones, y como en esa época la zona no era muy habitada, nos conocíamos todos, salgo a ver qué pasaba".

–¿Cómo era ese ruido que sintió? –indagó Bregman después.
–Una explosión –dijo él– que hizo vibrar los vidrios de la casa, como si hubiese explotado no sé, una garrafa.

Moreno tenía la casa a unos 140 metros de Walsh. Vivía con su mujer y sus hijos. Los chicos se despertaron y nadie pudo salir de la casa hasta las diez de la mañana. Pese a eso, fue diciendo, media hora después de la explosión empezó a escuchar los ruidos de los soldados que se iban. A esa hora se acercó a la casa explotada con uno de sus vecinos, el Flaco Paso –explicó–, que tenía un caballo, "lo dejó atado en el potrero, y nos acercamos, pero había una consigna que no nos dejó pasar".
En ese momento supieron que habían puesto una bomba. La casa estaba prácticamente destruida. Alrededor había pocos lotes ocupados. El paisaje antes y después era de un descampado. El vecino aparentemente fue quien le sacó algo de información al consigna. "Mirá –le dijo–, pusieron una bomba, no sabemos bien por qué, se llevaron todo, no quedó nada. No hay heladera, no hay nada."
Las querellas le preguntaron por los soldados, si eran del Ejército o tenían alguna identificación. Moreno no se acordó. Sólo mencionó una pick up verde con techo de lona verde, que estaba enfrente de la casa.
En la casa de la calle Ituzaingó y Triunvirato hasta hacía poco tiempo había vivido un matrimonio joven, explicó, con los que Moreno tenía cierta relación de vecinos. Un día supo que se mudaban a Lomas de Zamora o a Adrogué. Y a pesar de que la casa no tenía carteles, en el barrio se sabía que estaba en venta, señaló cuando la defensa de los represores, esta vez, quiso saber cómo es que había llegado Walsh allí. Según su relato, Walsh llegó al barrio pocos meses antes del bombardeo, tal vez el año anterior.
"Yo viajaba mucho, así es que no estaba mucho en el barrio, pero después vi a este señor varias veces, casi siempre lo veía solo. Tenía un changuito para los mandados. Pero la verdad es que muchos años después supe quién era. Una vez, durante unas vacaciones mías, que me quedé más tiempo, veinte días en la casa, él venía y se ponía a conversar. Yo por ahí cortaba el pasto o estaba haciendo algo, y él se paraba y me decía: ‘Me gusta el barrio’. Siempre me hablaba de los animales, de los pájaros, de los perros. Una vez lo vi pasar con una mujer."

–¿Cómo supo quién era su vecino? –preguntó Bregman.
–Tomé conocimiento de que este señor era mi vecino en el ’96, con un articulo del diario Clarín en el que hablaba el diputado (Antonio) Arcuri. Saca una nota, como él era de San Vicente, leo la nota, y leo que le habían bombardeado la casa.

Moreno se puso en contacto con Arcuri en ese momento. Arcuri le preguntó si podía mostrarle el lugar y le preguntó por los vecinos. Pero ellos ya se habían olvidado, dijo, porque la casa ya estaba ocupada otra vez.
El domicilio estuvo mucho tiempo deshabitado. Habían quedado tres paredes solamente y el techo, señaló. Todo había quedado destruido. Hasta que un día se empezó a decir, dijo, parece que se está mudando gente. Los nuevos ocupantes de la casa de Walsh reconstruyeron la casa.
Moreno no sabía mucho más. No, la verdad es que no escuchó ruidos de autos o de motores antes de la explosión, dijo. Solo media hora después, cuando abandonaron el lugar. Sus hijos en ese momento estaban llorando, la casa con todas las luces apagadas. No pensaron prenderlas ni hacer mucho más, dijo, "por el miedo que teníamos".
Bregman le preguntó si estaba en condiciones de reconocer al vecino, como una y otra vez Moreno nombró a Walsh, a quien le costaba llamarlo por su nombre y al que mencionó incluso como Welsh cuando tuvo que nombrarlo. Antes de acercarle las fotos que terminó reconociendo, el presidente del Tribunal Oral Federal 5 le preguntó si se acordaba de algunas características físicas del vecino. Moreno se acordó. Dijo que tenía anteojos. Que siempre andaba con los anteojos, pero había veces que no los usaba. "Me llamaba la atención –explicó–, porque por lo que veía era bastante importante el aumento."
En esas cuatro o cinco veces en las que cruzaron conversaciones de vecinos en la calle notó que no era canoso, un hombre con muy poquitas canas, más bien, no mucho pelo, tampoco era pelado. Tenía un lacio, común, un poco largo tal vez. "Más largo de lo que se usaba, más para una persona grande, pero más allá de eso era una persona normal."
Al final a Moreno se lo nota contento. "Aquí estoy para cualquier otra cosa", le respondió al Tribunal cuando lo despidieron. Escaleras arriba, lejos ya del subsuelo enterrado donde se llevan a cabo las audiencias, todavía seguía pensando. Tenía un nombre, decía. Era un apodo, pero no me acuerdo.
Un día antes de la explosión, Walsh salió con Lilia Ferreyra, su compañera, de la casa a tomar el tren de las 12. El escritor se encontró ese día con el martillero que les había vendido la casa, que les entregó el boleto de compraventa. Lilia y Rodolfo se separaron en Constitución y quedaron en verse a las cinco de la tarde o en San Vicente. No volvieron a verse.
Según la investigación judicial, el saqueo de la casa incluyó muebles, artefactos, objetos personales, documentación y en particular el material literario y periodístico de Rodolfo Jorge Walsh. Entre el material estaba la carta que le escribió a su hija María Victoria, recuperada después a través de Lila Pastoriza, secuestrada en la ESMA. Copias de la Carta Abierta a la Junta Militar, Carta al Coronel Roualdes (que condujo el operativo de fuerzas conjuntas en el que murió María Victoria), textos de sus memorias, borradores de proyectos de textos literarios, carpetas con páginas de su diario personal, carpeta con borradores de una novela, documentos internos de Montoneros, archivos periodísticos y varios cuentos, entre otros "Juan se iba por el río", inédito, que fue visto dentro de la ESMA.
8 de octubre de 2010
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jueces obstaculizan justicia


El Consejo de la Magistratura evalúa el caso de los jueces mendocinos. La kirchnerista Diana Conti y el radical Ernesto Sanz coincidieron en su preocupación por las trabas que se ponen en Mendoza a los juicios por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura. Evalúan medidas a tomar.
[Irina Hauser] La preocupación por una serie de maniobras originadas en la Justicia mendocina, que obstaculizan las investigaciones contra varios de sus integrantes por posible complicidad con el terrorismo de Estado, logró unir ayer a radicales y kirchneristas en el Consejo de la Magistratura. En la Comisión de Disciplina y Acusación hubo coincidencia en que hay una "situación de gravedad institucional" en los tribunales de Mendoza, vinculada con las causas por delitos de lesa humanidad. El cuerpo evalúa posibles medidas, como pedir que intervenga la Corte Suprema y enviar a la provincia un equipo de consejeros aprovechando una auditoría ya programada. Se votará en el plenario del jueves próximo, al que además fue citado el procurador general de la Nación, Esteban Righi, quien alertó sobre la situación en una presentación esta semana.
El disparador del tema en la reunión de comisión de ayer fue el fallo de la Cámara Federal de Mendoza que separó al juez federal Walter Bento de la causa penal contra dos de sus integrantes, Otilio Romano y Luis Miret, a quienes les había imputado complicidad y participación en crímenes de la última dictadura. La resolución estaba firmada por Julio Petra Fernández, Miguel Angel Gálvez y Leopoldo Rago Gallo, quienes habían sido recusados por los organismos de derechos humanos, por el fiscal Omar Palermo y por el propio Bento por la amistad que mantienen con los colegas que son juzgados. El Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos de Mendoza y otras organizaciones pidieron su destitución ayer ante el Consejo de la Magistratura, donde casualmente uno de ellos, Gálvez, es consejero.
Miret fue suspendido por el Consejo y enviado a juicio político el mes pasado. Romano eludió el interrogatorio con un certificado por problemas de salud. Y en el Consejo impidió que avanzara su remoción con dos medidas cautelares que le concedió como juez ad hoc el abogado Carlos Parellada. Las cautelares fueron apeladas por el Consejo y el Ministerio de Justicia, pero la Cámara se excusó en pleno y no hay quién resuelva.

–Es algo muy grave, así cualquier juez va a meter un amparo para sustraerse de la investigación del Consejo –advirtió el senador radical Ernesto Sanz, que es mendocino. Para sorpresa de los presentes, llegó a sugerir la posibilidad de no acatar la medida cautelar favorable a Romano. "Hay que dar una respuesta institucional", le dijo a Página/12.

–La cautelar es ilegítima, pero imaginate si fuéramos el oficialismo el que propone no acatarla –ironizó la diputada Diana Conti, en evidente alusión a la discusión por el fallo contra el gobernador de Santa Cruz por no reponer al ex procurador. Enseguida alentó alternativas para poder investigar a Romano y tratar "la situación de gravedad general en la Justicia de Mendoza", también denunciada por el procurador Righi.

En la tormenta de ideas de la Comisión de Acusación, el reclamo de un pronunciamiento de la Corte llevó la delantera. Algunos sugerían un "abocamiento" del tribunal, aunque dudaban sobre los antecedentes. Otros, como el juez Luis Cabral, decían que el Consejo puede presentarse en la Corte con una queja por "retardo de justicia" al no haber quién resuelva la apelación contra el amparo de Romano. "¿Y por qué no un per saltum?", le dijo Sanz a este diario. Conti recordó que para el 19 de octubre está prevista una auditoría sobre las causas de derechos humanos en Mendoza y sugirió enviar una comisión de consejeros junto con los auditores. Los consejeros votarán un plan de acción en el plenario del jueves que viene.
Conti informó a Página/12 que el Consejo ya analiza "cómo se han ido nombrado jueces y conjueces", como el caso de Parellada. Petra Fernández –que firmó el apartamiento de Bento a pedido de Romano– tiene varias causas en el organismo y ayer estaba citado como sospechoso, aunque presentó un escrito. Los organismos lo acusaron por liberar a todos los represores de Mendoza y prejuzgar. Ayer volvieron a pedir su destitución y para ilustrar su vínculo con Romano, recordaron que juntos denunciaron a jueces provinciales para retardar el inicio de juicios de derechos humanos y ofrecieron de testigos a abogados de represores. Sobre Rago Gallo mostraron un expediente donde Romano y Petra se excusaron de resolverle un amparo contra el corralito por su estrecha amistad. Gálvez, recordaron, como consejero se levantó de la silla en el momento exacto en que se votaba la acusación a Miret.
8 de octubre de 2010
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otro querellante en causa feced


Se trata de la familia del desaparecido abogado César Tabares. Tabares fue abogado laboralista y ocupó el cargo de director Provincial de Institutos Penales durante la gestión del gobernador de Santa Fe, Carlos Sylvestre Begnis.
[José Maggi] Argentina. La familia del abogado César Tabares, desaparecido durante la última dictadura, se presentó como querellante en la causa que se sustancia ante la justicia federal. Su esposa Alicia Ferrero y sus tres hijos Federico, Julieta y Leandro Tabares, se presentaron ante el juzgado federal Nº 4 a cargo de Marcelo Bailaque, patrocinados por las abogadas Isabel Fernández Acevedo, Jessica Pellegrini, Daniela Asinari, Leticia Faccendini y Gabriela Durruty.
Tabares fue abogado laboralista y ocupó el cargo de director Provincial de Institutos Penales durante la gestión del gobernador de Santa Fe, Carlos Sylvestre Begnis, entre 1973 y el golpe de Estado de 1976. En ese cargo, desarrolló un programa de gestión que tenía como objetivo cumplir con lo prescripto en la Constitución: "Las cárceles deben ser sanas y limpias, para rehabilitación y no para castigo de los presos".
Tabares encaró un proyecto que puso en marcha, no sólo en Coronda sino en otras cárceles, talleres de oficios para los internos, fundó una escuela secundaria en la misma Cárcel de Coronda, dio lugar a los permisos para salir a trabajar y a estudiar a los presos de buena conducta que tenían parte de su condena cumplida, así como otras acciones.
Cuando comenzó la persecución política durante el gobierno de Isabel Perón fueron llevados a Coronda, al amparo de una normativa represiva, muchos militantes detenidos por cuestiones sociales, políticas o gremiales.
Tabares permanece desaparecido desde la noche del 6 de enero de 1977, cuando la familia advirtió que no regresó a su hogar. Aquel día de Reyes de 1977, ante la ausencia de su hijo, la madre de Tabares se comunicó con su entonces socio, el doctor Di María, quien averiguó su paradero en hospitales y comisarías de Rosario, con resultado negativo.
Según explicaron las abogadas que patrocinan a Ferrero por intermedio de otro abogado la familia de Tabares consigue comunicarse con el secretario del jefe de policía Agustín Feced, un agente de apellido Corrales, quien admite la detención y promete el "blanqueo" en unas horas.
"Pasan los días y cada vez hay más reticencias para dar información. Tenemos datos a través de un abogado de que lo matan en una ejecución practicada en el mes de febrero", relató su esposa. "Por otro lado, se nos afirma que no es así, que sigue vivo...", añadió al tiempo en que contó que "uno de los que dice que mataron a Tabares es el padre Cantilo (hoy fallecido) de la parroquia de Oroño y Saavedra, pues el cura Eugenio Zitelli (por entonces capellán de la policía de Rosario), a quien éste recurre, le da esta información".
Añadió que, "al año de la desaparición de César, un abogado me confió que un pariente suyo, militar, del que prefirió no dar su nombre, me dice que dejen de buscarlo porque está muerto". Ferrero presentó en aquel momento un recurso de habeas corpus y una denuncia en el Ministerio de Interior el 12 de junio de 1977, pero todo ello con resultado negativo. "Fui recibida muchas veces por el militar Soria en la sede del Segundo Cuerpo del Ejército, quien siempre se burló de mí", recordó Ferrero.
La causa denominada Feced, apellido del fallecido comandante de Gendarmería a cargo de la Jefatura de Policía de Rosario en épocas de la dictadura militar, se encuentra en etapa de instrucción en los tribunales de Rosario.
8 de octubre de 2010
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niegan privilegio a patti


Aunque sea en camilla, Patti deberá seguir asistiendo al juicio. El Tribunal Oral Federal 1 de San Martín rechazó un planteo de la defensa del ex subcomisario, que solicitó que por su estado de salud se lo excuse de asistir a las audiencias del juicio oral en su contra por delitos de lesa humanidad.
Argentina. El tribunal oral que juzga al ex subcomisario Luis Patti por delitos de lesa humanidad rechazó hoy un pedido de su defensa para que deje de asistir a las audiencias que se realizan en la localidad bonaerense de José León Suarez, al entender que está en buenas condiciones para presenciar el debate, al igual que el resto de los enjuiciados, entre ellos el dictador Reynaldo Bignone.
Sus defensores Alfredo Bisordi y Silvio Duarte hicieron el planteo ante los camaristas del Tribunal Oral Federal 1 de San Martín basados en el estado de salud del ex intendente de Escobar, quien asiste a las audiencias en camilla.
Los jueces Lucila Larrandart, Marta Miloc y Horacio Sagretti rechazaron la solicitud en la audiencia de hoy, tras escuchar la oposición de fiscalía y querellas. Uno de los fiscales, Marcelo García Berro, recordó que "no hay razones médicas para la ausencia del imputado en las audiencias", algo con lo que acordó el tribunal en base a un informe médico recibido antes de iniciar el debate donde se diagnosticó que el acusado estaba en condiciones psíquicas y físicas de asistir al juicio.
El lunes pasado el detenido se negó a prestar declaración indagatoria y para cumplir con esa instancia fue llevado en silla de ruedas hasta el micrófono.
La jornada de hoy se dedicó a incorporar, por lectura, declaraciones dadas durante la investigación por personas luego fallecidas, cuyos dichos serán considerados como prueba. Estos fueron los casos de Matilde de Pérez, Blanca Leonor Buda y Elsa Serrano.
Pérez era la madre del asesinado Gastón Goncalvez, por cuyo crimen se acusa de manera directa a Patti, ya que el joven estuvo detenido ilegalmente en un camión celular estacionado en el fondo de la seccional de Escobar, en marzo de 1976 y su cadáver fue encontrado calcinado días después. En una declaración del 2 de marzo de 2005, recordó que ya en democracia la llamaron para avisarle del hallazgo del cadáver de su hijo en tumbas de NN en el cementerio de Escobar, con signos de torturas y fusilamiento. Según declaró, en el entierro hecho entonces a su hijo se enteró por dichos de la hija de un sobreviviente, Tilo Wenner, que había sido Patti el autor del hecho.
7 de octubre de 2010
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habló ricardo chomicki


Secuestrado por la patota de Feced, a los 18 años, se convirtió en colaborador de la dictadura y está acusado de participar en secuestros y torturas. Ayer Chomicki señaló en su testimonio específicamente a Lofiego y a Marcote como torturadores.
[Sonia Tessa] Argentina. Sentado en el banquillo, Ricardo Chomicki hizo uso ayer de su derecho de defensa. Secuestrado por la patota de Feced, se convirtió en colaborador, y está acusado de participar en secuestros y torturas. En su extensa declaración de ayer, subrayó su condición de víctima, aunque esa definición sea rechazada por la mayoría de los sobrevivientes. Una de las grandes incógnitas del juicio a Ramón Genaro Díaz Bessone por delitos de lesa humanidad, si Chomicki iba a declarar, se develó cerca de las 15 de ayer, cuando se sentó frente al Tribunal Oral Federal número 2. "Niego rotundamente haber torturado ni haber apremiado a nadie", dijo durante su declaración, en la que relató cómo fue secuestrado junto a su ex esposa y entonces novia Nilda Folch y afirmó que ambos fueron torturados. Chomicki señaló específicamente a José "El Ciego" Lofiego y a Mario "El Cura" Marcote como torturadores, además de contar que "todo cambió" -para ellos en el Servicio de Informaciones cuando el interventor de la policía rosarina, Agustín Feced, conoció a Folch, que le hizo recordar "automáticamente" a su hija mayor. Desde ese momento, el mandamás del Servicio de Informaciones comenzó a protegerlos y les mejoró el hábitat. Folch está prófuga, acusada de los mismos delitos que Chomicki, quien explicó haber sido visto por gran cantidad de detenidos en la sala de torturas porque estaban alojados en la pieza contigua, separada sólo por un tabique del lugar donde se aplicaban los tormentos. "Era uno más, uno como los demás, siempre fui un secuestrado, un preso", dijo sobre el final. En ese momento, su nerviosismo era visible.
En la sala, entre el público, no había testigos de la causa, ya que no pueden presenciar esta etapa de las audiencias. Chomicki es acusado por la mayoría de los querellantes particulares, Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Mientras tanto, Hijos y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación desistieron de acusarlo, al considerar que aquella persona que ingresa como víctima en un centro clandestino de detención, haga lo que haga dentro de él, sigue siendo una víctima.
En uso de su derecho a la defensa, y sin responder preguntas, Chomicki relató: "Mi secuestro fue el 1º de diciembre de 1976, saliendo del bar de Juan José Paso y Alberdi. Siento un fuerte golpe en la cabeza, presumo que con una culata, me reducen y simultáneamente lo hacen con Nidia Folch". Después de un brevísimo paso por la seccional 10ª, fueron trasladados al Servicio de Informaciones. Respecto de su estadía en ese centro clandestino de detención, relató que fue "llevado a una habitación contigua a la oficina de Lofiego, desnudado, subido a la parrilla y sometido a torturas con picana eléctrica". Según contó, lo atormentó aún más en esa situación escuchar los gritos "desgarradores" de Folch. Lofiego se le acercó y le dijo: "Escuchá como violan a tu noviecita". "Era intolerable. Para tratar de frenar mi padecimiento, y lo que estaba sucediendo con Folch, digo que podría dar un domicilio, me suben a un vehículo y vamos a la casa de un colaborador periférico, Ramos, que sólo había prestado su casa para algunas reuniones, y estaba junto a un hijo menor de 14 años", continuó el relato. En realidad, se trataba de un hermano. Los dos fueron secuestrados.
Chomicki contó que volvió a la misma oficina, donde Folch era "sistemáticamente" torturada y violada. "No sé cuánto tiempo sucedió entre hecho y hecho, para algunos es muy fácil calcular el tiempo en esas condiciones, pero a mí me cuesta. Vuelven a bajarme para interrogarme. Contigua a la oficina de Lofiego había un sector redondo donde depositaban a la gente que era torturada. Allí estaba yo. La sucesión de caídas hacía que se olvidaran de nosotros por algunos días, teníamos el privilegio de no ser llevados durante un tiempo. Pero donde te levantaban, era insufrible, uno se quería hacer invisible". Según relató, Feced pasaba a cada tanto a conocer a los detenidos. "Ahí sucede un hecho que va a cambiar nuestra historia: Feced conoce a Folch y le hace acordar automáticamente a su hija mayor. Eso hace que se compadezca. Nos llevan a una oficina y Feced dice textualmente que si él comprobaba que ninguno de los dos teníamos una boleta, es decir, que no habíamos matado a un policía o un militar, él nos iba a ayudar. Entonces, nos cambió el hábitat de detención".
En ese punto, el imputado pidió un pizarrón para realizar un croquis que le permitiera graficar su versión sobre su presencia permanente cerca de la sala de torturas. "Es muy importante, porque a veces es muy difícil de entender nuestra situación. Nos llevan a vivir a una habitación que tenía dos cuchetas, que estaba pegada a la sala de torturas donde estaba la camilla de El Ciego. A partir de ese momento, pasamos a ser sirvientes. Una de las tareas era limpiar la sala de torturas. En la tortura, uno se defeca, se orina, hay sangre. Nosotros vivíamos ahí, con 18 años, en ese ámbito", expresó Chomicki. En ese momento, en el público, Yoli Medina -hermana del desaparecido Oscar Medina no pudo soportar el relato, y rompió en llanto. Debió salir de la sala.
Ajeno a lo que sucedía en el público, Chomicki continuó su relato. "Cuando llegaban los nuevos torturados, nos sacaban a los gritos de la habitación contigua, nos decían por nuestros apodos: `Polaco, Polaca, salgan de acá`. Pasamos días sin dormir. Y cuando terminaba eso, nos mandaban a limpiar". Sobre las tareas que realizaban en ese espacio, precisó: "Nosotros cebábamos mates, redactábamos informes. Los informes para La Capital los escribí más de una vez, pero no porque yo quería. Yo estaba secuestrado".
Sobre su presencia en la zona donde se torturaba -y mientras explicaba el croquis del Servicio de Inteligencia Chomicki reconoció: "Hay mucha gente que me ve en el ámbito, ya que por debajo de la venda se ve, uno trata de ver -hizo el gesto de mirar por debajo de la venda . Pero estar ahí no era una elección mía, yo nunca tuve libre albedrío. Yo no quiero denostar, ni quiero agredir a los testigos, porque entiendo a muchas personas que hablan".
Chomicki también admitió: "En comparación con los otros compañeros, estábamos en mejores condiciones, pero nosotros seguíamos secuestrados, hasta el 15 de febrero de 1977". Ese día, Feced fue a pedirle por la pareja al entonces comandante del Segundo Cuerpo de Ejército, Leopoldo Galtieri. Entonces los legalizaron. A partir de ese momento, comenzaron a recibir visitas y a salir.
El acusado también se refirió a su casamiento. "Otro elemento que está próximo a mi liberación, en junio de 1977, es uno de los grandes tabúes de este juicio, y es la presencia de Feced como padrino de mi boda. Un día vino a verme. El no me tenía ninguna simpatía. Yo salvé mi vida por Folch. Feced me dijo: ’Mirá hijo de puta, vos metiste a esta pendeja en esto y te vas a hacer cargo. Vos te vas a casar’. Me casó estando detenido, por civil. Y por iglesia, me llevó a Zavalla, donde tenía un cura amigo. Los padrinos eran mi madre y él, que llevaba una pistola Mágnum".
Chomicki continuó: "Muchos se preguntan por qué llegada la democracia no denuncié estos hechos". Afirmó que después de ser liberados, él y su esposa se radicaron en Mar Del Plata, donde recibían visitas periódicas de personal de inteligencia, que los amenazaban. Dijo también que el Estado le reconoció la condición de víctima al indemnizarlo dos veces, y también se quejó: "Nunca fui llamado a declarar como testigo, me vinieron a detener en 1984, y luego en 2004".
Sobre su detención en 2004, dijo que en el penal de lesa humanidad de Marcos Paz no quisieron dejarlo entrar. "Los únicos que piensan que no he sido montonero son los denunciantes", afirmó, y relató que el ex comisario Miguel Etchecolatz lo amenazó de muerte.
Sobre las acusaciones, negó haber participado de secuestros y torturas. "¿Cómo se puede pensar que yo podía secuestrar. Yo estaba secuestrado. Excepto en el caso de Ramos, no hay un solo testimonio que diga que Caddy Chomicki me fue a detener. El gran colaborador que milita desde 1973, conociendo muchos domicilios, ¿no dio ningún domicilio?", apuntó el imputado.
Aunque hay testimonios de su participación en las torturas, Chomicki lo negó. "En cuanto a los tormentos, son 4 las acusaciones que tengo. ¿Cómo es que el terrible torturador se ensañó con cuatro personas de las cientos que pasaron ahí? No tiene un hilo conductor que yo haya estado ahí. El lugar donde yo vivía puede inducir el equívoco. Mi situación privilegiada podía molestar a muchos compañeros. Pero niego rotundamente haber apremiado ni haber torturado a nadie", dijo el acusado.
Chomicki enfatizó su defensa: "No hay una sola mención mía ni de Folch de participación en ningún hecho, posterior a mi liberación, ni en Rosario ni en otro lugar del país. Si me cambié de bando, como dicen, ¿por qué no continué después? Tras mi liberación me fui a Mar del Plata, con la única intención de olvidarme de este infierno, pero eso se convirtió en utopía". En ese punto, expresó que lleva 34 años en ese "infierno". "Tenía 18 años, ahora tengo 53, y sigo siendo perseguido, encarcelado y torturado. ¿Qué son los cuatro años que pasé detenido con mis antiguos captores?", preguntó. También se refirió al "escarnio público de las acusaciones que tengo que afrontar". Y terminó: "Si Folch no estuviera ausente estarían sentados al lado suyo su violador y su torturador, El Ciego y el Cura".
Si bien refutó todas las acusaciones en su contra, sólo se refirió específicamente al testimonio de María Inés Luchetti de Bettanín, quien lo acusó de haberle suministrado soda a Alberto Tion, que salía de una sesión de torturas, y murió después de tomar el líquido. Chomicki afirmó: "Yo tenía que pedir permiso hasta para dar agua. ¿Me entienden? En el mismo testimonio se ve que era uno más, uno como los demás, siempre fui un secuestrado, un preso". Después de esas palabras, y con el rostro enrojecido, le dijo al Tribunal: "No quiero declarar más".
7 de octubre de 2010
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díaz bessone niega todo


Segundo día de declaración del ex comandante del II Cuerpo de Ejército. "Jamás bajo mi mando se cometió ilícito alguno", sentenció el general en el juicio donde dedicó gran parte de la jornada a provocar con sus dichos. En dos oportunidades negó la figura del desaparecido. "No hay cuerpo del delito", dijo.
[Sonia Tessa y José Maggi] Argentina. Ramón Genaro Díaz Bessone continuó ayer con su interminable exposición en la que se trazó algunos objetivos: desligar su responsabilidad sobre el accionar de la policía provincial durante la última dictadura, culpar a las víctimas o sembrar sospechas acerca de su desaparición reviviendo la teoría que al no hallarse el cuerpo de la víctima no se lo puede acusar, finalmente rechazar la existencia del terrorismo de Estado. "Jamás bajo mi mando se cometió ilícito alguno", sentenció el veterano militar, que dedicó gran parte de la jornada a provocar con sus dichos, como cuando apuntó que no había registros del detención de Cristina Cialcetta Marul, la mujer identificada en Melincué, o la sospecha sobre el destino de Pedro Paulón, "a quien nadie vio que lo secuestraron, tal vez se tomó la pastilla de cianuro, o se fugó al extranjero". Volviendo al planteo que hiciera Jorge Rafael Videla, Díaz Bessone trató de zafar de sus imputaciones argumentando en algunos casos -como el de Paulón- que "no estaba el cuerpo del delito para culparlo de homicidio". "No se sabe si está vivo o está muerto, está desaparecido", esbozó ayer en una payasesca copia de aquel dictador.
El mandamás del Segundo Cuerpo de Ejército hasta el 11 de octubre de 1976 cuestionó las requisitorias de la fiscalía, pero en su larga exposición también argumentó que Miriam Moro, desaparecida el 27 de septiembre de 1976, era integrante de la agrupación Montoneros y por lo tanto debía ser aniquilada. Claro que Miriam fue vista en el Servicio de Informaciones antes de su asesinato. Lo mismo dijo de Ruth y Estrella González, así como de Héctor Vitantonio, y para descalificarlos volvió a sindicarlos como los carceleros del coronel Argentino Larraburu, en 1975.
Por otra parte, admitió que Juan Pablo Bustamante fue capturado por el Ejército, y Marcelo de la Torre, que se presentó espontáneamente, estuvo a disposición de la fuerza que él dirigía. Si bien durante toda su exposición negó que la policía provincial haya estado alguna vez bajo su "control operacional", reconoció que había intercambio de información y de detenidos entre las distintas fuerzas. Además, en dos oportunidades negó la figura del desaparecido. "No hay cuerpo del delito", argumentó ayer al mediodía, para repetir -por tercera vez desde el comienzo de su declaración, anteayer a la tarde que los hijos de Hebe de Bonafini aparecieron vivos en París.
En ese momento, el abogado de Hijos, Lucas Ciarnello Ibáñez pidió la palabra para pedir que el imputado no fuera ofensivo ni provocador. También Jessica Pellegrini, de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, se pronunció en el mismo sentido, para recordar que los juicios en los que se ventilan delitos de lesa humanidad tienen "como eje rector el respeto de los derechos de las víctimas".
Beatriz Barabani, a cargo de la presidencia, recordó a los querellantes que el Tribunal iba a escuchar la indagatoria sin ninguna restricción, para asegurar el derecho de defensa, pero luego hizo lugar a su reclamo. Casi al final de su exposición, Díaz Bessone quiso incluir como pruebas del juicio documentos diversos: decretos y leyes del gobierno constitucional de Isabel Martínez tanto como partes de guerra y comunicados del ERP y Montoneros. En ese punto, la presidenta del TOF 2 le recordó que para ingresar nueva prueba debía contar con la conformidad de las partes.
Díaz Bessone negó hasta el hartazgo haber sido responsable del accionar policial, como también se apoyó permanentemente en la directiva 1/75 que ordenaba "aniquilar la subversión". Incluso, afirmó que no podría formar una asociación ilícita que tuviera como jefe al ex interventor de la policía rosarina, Agustín Feced. "Que nada menos que el Comandante del Segundo Cuerpo de Ejército era un súbdito de una organización dirigida por Feced", dijo con espanto para subrayar su propia jerarquía. En esa particular lógica, volvió a negar el concepto de secuestro.
Cuando se refirió puntualmente a los casos que se le imputan, admitió sólo en dos de sobrevivientes la participación del Ejército. En cuanto a Juan Pablo Bustamante, negó que hubiera sido torturado, al menos en el Batallón 121, donde fue llevado en primera instancia. Esa gota colmó la paciencia de Mónica Garbuglia, que estaba sentada en el público. "Lo torturaron", dijo cuando Díaz Bessone habló de interrogatorios. Cuando desmintió las torturas, se retiró de la sala con lágrimas en los ojos. "Esto es más de lo que puedo soportar", expresó.
Mientras el público expresaba en voz baja su desacuerdo con la versión de Díaz Bessone, el militar llegó a negar la existencia de la Doctrina de Seguridad Nacional. Díaz Bessone dijo también que la mitad de los casos que componen la causa ocurrieron durante la gestión de Leopoldo Galtieri como comandante del Segundo Cuerpo de Ejército.
El ex Comandante del Segundo Cuerpo de Ejército negó haber formado parte de un plan sistemático de represión ilegal. En su argumentación sobre la guerra vivida en la Argentina, expresó que los cuarteles del Ejército no eran centros clandestinos de detención, sino
L.R.D.: Lugar de Reunión de Detenidos, ubicados en los propios cuarteles, "donde se bañaban, tenían tres comidas diarias y se les entregaba ropa interior, y tenían visitas familiares". Haciendo gala de la ironía Díaz Bessone preguntó "por qué la fiscalía no calificaba de ese modo a las cárceles del pueblo", en otro intento por derivar el eje del juicio.
Una y otra vez, sin embargo, reconoció el intercambio de información y de detenidos. Cuando usó la palabra enfrentamiento, sin embargo, se refirió a personas -como Ruth González que fueron vistas en el Servicio de Informaciones, y que por lo tanto estaban indefensas cuando fueron ultimadas. Ante la pregunta del defensor de Rubén Lofiego, aclaró que "la policía colaboraba ampliamente y sin problema si el Ejército lo requería".
Díaz Bessone fue requerido por Barabani sobre las condiciones de detención en los cuarteles: "Eran condiciones dignas, podían recibir visitas de sus familiares y los prisioneros estaban separados por sexo: no íbamos a permitir allí ninguna promiscuidad". Hizo un esfuerzo por diferenciar el funcionamiento del "Área de Inteligencia, que estuvo a cargo del coronel Rolón, y luego del coronel Ramírez", del "Destacamento de Inteligencia, que funcionaba en Oroño y Córdoba y estaba a cargo del coronel Juan Pablo Saá". Sobre el secuestro de Sonia Beatriz González replicó que "su madre dijo haber visto a civiles armados, con lo cual no se puede decir que fue le Ejército".
El abogado defensor Gonzalo Miño -quien ayer demostró ser solo una caricatura de su mentor el temido abogado patrocinante de los máximos jefes militares Rafael Sarmiento- le dio pie al anciano general para explayarse sobre temas como la pastilla de cianuro o la voz de un reconocido periodista ordenando cómo editar el video de Marie Monique Robin para inculpar a Díaz Bessone. Negó la existencia de La Calamita así como la Quinta de Fisherton donde estuvo detenido Fernando Brarda.
Pero cayó en una grosera contradicción: ante una pregunta del camarista Otmar Paulucci, negó haber conocido algún caso donde un funcionario de la justicia federal hubiese sido detenido. Pero rato más tarde y ante la pregunta de su letrado, relató con lujo de detalles la forma en que el entonces juez federal Alegría Cáceres, le pidió que intervenga para saber la suerte corrida por su entonces secretario Santiago Harte. "Hablé con un gendarme que estaba a cargo de la Cárcel de Encausados y me dijo ’mi general lo trajeron aquí’. Así que lo trajeron ante mi y lo liberaron", relato Díaz Bessone reconociendo la denuncia en su contra que con el correr de los años presentó Harte, que llegó a ser camarista federal.
6 de octubre de 2010
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quieren eliminar tenencia simple


Dos diputadas presentaron un proyecto que elimina la figura de tenencia simple y para consumo personal. La iniciativa deroga además la penalización de la tenencia de plantas y semillas para producir estupefacientes. Apoyo de militantes cannábicos y críticas de impulsores de otros proyectos.
[Emilio Ruchansky] Argentina. La militancia cannábica tiene su proyecto de ley. Fue presentado a última hora del viernes pasado en el Congreso por las diputadas Victoria Donda y Cecilia Merchán, de Libres del Sur, quienes lo vienen elaborando hace un año. Además de considerar que penar la tenencia de drogas para uso personal es "inconstitucional", como señalaron un fallo de la Corte Suprema de la Nación y el propio jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, elimina la figura de "tenencia simple" que castiga la sola posesión de una droga ilegal, baja el monto de las condenas a "las mulas" y permite las semillas para autocultivo de marihuana.
"Con esta ley, nunca más van a poder meter preso a un perejil y la policía tendrá que perseguir directamente al narcotráfico", aseguró ayer Luis Osler, abogado de la revista de la cultura cannábica THC y uno de los asesores de las diputadas.
El primero de los diez artículos del proyecto 7258, que pretende modificar la ley 23.737, deroga la penalización de quien "siembre o cultive plantas o guarde semillas utilizables para producir estupefacientes o materias primas o elementos destinados a su producción o fabricación". El artículo siguiente es un ligero cambio en el inciso D del artículo 5 de la actual ley. Mantiene la pena de cuatro a quince años para el que "comercie con plantas utilizables para producir estupefacientes, o las tenga con fines de comercialización, o las distribuya, o las dé en pago, o las almacene o transporte", pero excluye a quien venda semillas.
Estas dos reformas son reclamos repetidos cada primer sábado de mayo del año, cuando miles de activistas y cultivadores de marihuana para uso personal hacen la Marcha Mundial de la Marihuana. Otro de los reclamos es el fin de la "medida de seguridad curativa por el tiempo necesario para su desintoxicación y rehabilitación", como indica la ley de drogas. Por este mecanismo legal, miles de usuarios se declaran "adictos" para no ser condenados por tenencia para consumo personal. "Creemos que la ley penal no puede regular tratamientos de salud y menos aún utilizarlos como una pena encubierta", dice en los fundamentos del proyecto para derogar todas las "medidas curativas".
Para el tráfico de drogas en escasa cantidad, por el que suelen ser acusadas las mulas, el proyecto prevé disminuir el mínimo de la pena de tres a dos años (el máximo sigue siendo 12), haciéndolo un delito excarcelable. "Esto redunda en un trato más humano para quienes son también víctimas del narcotráfico y que, por lo general, pertenecen a los sectores más vulnerables de nuestra sociedad", informan las diputadas en los fundamentos. Además, se permite "la hoja de coca en su estado natural destinado a la práctica del coqueo o masticación, o a su empleo como infusión" en todo el país, y no sólo algunas provincias del norte.
Pero la parte crucial, y donde reside la gran diferencia con otros proyectos similares es la propuesta de eliminar todo el artículo 14, que pena de uno a seis años la tenencia simple y de un mes a dos años la tenencia para uso personal. "Sin esto no habrá despenalización alguna y los usuarios seguirán criminalizados y sometidos a un proceso penal para demostrar su inocencia", alerta el proyecto. Acto seguido se citan las cifras del Poder Judicial de los últimos diez años: el 70 por ciento del total de las causas son por tenencia para uso personal, entre el 20 y el 25, por tenencia simple y sólo el 5, por comercialización.
"Si se saca la tenencia simple, la policía, los jueces y los fiscales van a tener que hacer inteligencia previa, escuchas telefónicas, encontrar a alguien comprando o transportando una sustancia ilegal. No va a bastar, como pasa ahora, que con tener una foto de diez plantas le allanen la casa a un pibe que cultiva, llamen al noticiero y armen un circo", dijo el abogado Luis Osler, quien discutió cada una de sus propuestas con las autoras del proyecto. "Con esta nueva legislación, la policía sólo va a agarrar narcos o algo parecido, nunca a un usuario", agregó.
Para el diputado radical Ricardo Gil Lavedra, coautor junto a Ricardo Alfonsín de un proyecto de despenalización presentado en agosto pasado, derogar la tenencia simple es algo discutible. "En principio, nosotros creemos que hay que mantener la figura de la tenencia simple, porque ella nos permite captar muchas situaciones relacionadas con el tráfico ilegal de estupefacientes distintas al consumo –aseguró a este diario–. Para condenar a una persona por tenencia simple de estupefacientes, un juez debe tener la certeza absoluta de que estaba destinada a un fin ilegal. Y además optamos por reducir sensiblemente la pena aplicable a este delito."
Sin embargo, para la diputada Cecilia Merchán tanto la tenencia para consumo personal como la tenencia simple son "la base estructural mediante la cual la actual ley de drogas criminaliza sistemáticamente a los usuarios, ya que los obliga a demostrar su inocencia una vez sometidos al proceso legal". Por su parte, la diputada Donda aseguró ayer que a más de 20 años de la sanción de la ley actual "el narcotráfico no disminuyó ni fue combatido eficazmente, al contrario, esta actividad criminal aumenta día a día, por eso creemos que la solución no es seguir criminalizando al simple usuario, porque así se siguen mal gastando esfuerzos y recursos cuando realmente los debemos emplear en el combate con el narcotráfico". A pedido de Página/12, Mónica Cuñarro, titular de la Comisión Coordinadora de Políticas Públicas de Drogas, evaluó el proyecto. "Me parece que es el techo de la discusión", dijo. Para esta fiscal, que viene estudiando e impulsando a través de proyectos de ley "el cambio de paradigma" anunciado por Aníbal Fernández, es muy positivo tanto este proyecto como los presentados por los diputados y diputadas como Diana Conti, Vilma Ibarra, Fabián Peralta, Ricardo Gil Lavedra y Ricardo Alfonsín.
"Todas estas iniciativas tienen en común que cumplen con lo que pide la Corte Suprema en los fallos Arriola, Tuffano y Valdiviesa en cuanto a no criminalizar a usuarios y adictos –advirtió–. Y también cumplen con los compromisos internacionales firmados por Argentina. Algunos son más integrales, otros llevan la no criminalización casi hasta la legalización. Lo más importante es consensuar los proyectos y tratarlos en el Congreso."
6 de octubre de 2010
5 de octubre de 2010
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