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el eje del genocidio


Comenzaron los alegatos en el juicio de la Unidad 9. Los abogados querellantes iniciaron la lectura de las acusaciones contra los catorce agentes penitenciarios. Piden las penas máximas para torturadores y asesinos.
[María Laura D’Amico] Argentina. La importancia de referirse a los hechos como un "genocidio" fue el eje del planteo de los abogados querellantes al presentar el alegato en el juicio por la represión ilegal en la Unidad 9 de La Plata. Catorce agentes penitenciarios están siendo juzgados por las torturas y fusilamientos de presos políticos.
Ante una nutrida audiencia, el representante de la Central de Trabajadores Argentinos, Marcelo Ponce Núñez, inauguró con contundencia la rueda de alegatos: "El 24 de marzo de 1976 hubo un rompimiento de las reglas constitucionales con un fin predeterminado, que fue la constitución de un genocidio en Argentina", señaló. Añadió que, para que esto se produzca, "es necesaria la consolidación de un grupo que, en este caso, estuvo formado por personas que estaban por fuera del Estado, que tenían como objetivo reorganizar un país que a ellos no les gustaba y atacaron a otro grupo predeterminado, que era el grupo que se oponía al sistema de la reorganización nacional".
Durante dos horas, el abogado desgranó las "abrumadoras pruebas" en las que fundamentó su discurso y destacó que "existen elementos más que sobrados para demostrar la culpabilidad de los imputados". Asimismo, resaltó el valor de los testimonios de las víctimas y negó que existiera una "connivencia entre los testigos", tal como adujeron algunos imputados al momento de su declaración, "sino un análisis de cosas que pasaron y vivieron".
En cuanto al ex director del penal Abel Dupuy, dijo que "fue puesto al frente de la Unidad 9, que era la cárcel modelo de la provincia de Buenos Aires, por cuanto coincidía y coincide con los fines que desde el gobierno se pretendían llevar adelante, que era la ejecución de un grupo tras una acción genocida".
Ponce Núñez se explayó también sobre la requisa del 13 de diciembre de 1976 –día en que Dupuy asumió la dirección–, dijo que "fue un claro mensaje de ‘ahora cambia el régimen y es más duro’". Ejemplificando cada afirmación con citas de relatos de los testigos, dijo que desde esa fecha "comenzaron a aplicarse torturas sobre los detenidos" y recordó que "todas las noches, al finalizar la transmisión de radio, pasaban la canción de Roberto Carlos ‘Te agradezco, Señor, un día más’, lo que se constituye como un ejemplo de tortura psicológica que estuvo vigente hasta que Dupuy abandonó la dirección de la Unidad 9".
Agregó que "se realizó una clasificación de detenidos en forma ilegal, según la ideología política" y que "comenzó la desaparición física de detenidos". Allí se refirió al caso de Rufino Pirles y Dardo Cabo, asesinados en un supuesto intento de fuga, donde "vemos cómo las manos de Dupuy y de sus ayudantes, Vega y Ríos, comienzan a mancharse de sangre".
Otro de los puntos centrales del alegato de Ponce Núñez fue la referencia a los calabozos de castigo. Dijo que tras la llegada de Dupuy "el sistema cambió y se institucionalizó el ingreso a los chanchos por el motivo que fuese", donde los detenidos recibían un trato "degradante, inhumano y torturante". Sobre el caso de Alberto Pinto –el interno que falleció a causa de las torturas recibidas allí– dijo que "en el registro de atención médica el doctor Ferrer asienta que la persona padece gran mal epiléptico y dolor abdominal agudo, por lo que le da una aspirina. Preavisa de la gravedad de la situación y que esa persona no puede estar en los calabozos". Y, complicando la situación de los tres médicos que están siendo juzgados, afirmó que "todos los profesionales que atendieron a Pinto leyeron ese informe", por lo que "el tratamiento recibido por Pinto fue inadecuado e insuficiente".
Luego del discurso de Ponce Núñez, Oscar Rodríguez, abogado por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, leyó las calificaciones de los delitos para cada imputado y, en función de ellos, las penas correspondientes. Así, el abogado pidió prisión perpetua para Dupuy, Isabelino Vega, Víctor Ríos y Raúl Aníbal Rebaynera; veinticinco años de prisión para Elvio Cosso y Ramón Fernández; veintidós para José Luis Peratta; diecinueve para Valentín Romero; dieciocho para Catalino Morel y los médicos Leandro Corsi, Carlos Jurio y Luis Domingo Favole; dieciséis para Segundo Andrés Basualdo y quince para Héctor Acuña.
Respecto de las penas, la abogada que representa a Justicia YA!, Guadalupe Godoy, indicó, poco antes de leer sus alegatos, que "vamos a pedir las penas máximas que correspondan a cada uno". En cuanto al pedido formal, dijo que estaría enfocado en que "se reconozca que hubo un genocidio como tal y no que los hechos sucedieron en el marco de un genocidio", figura que enmarcó la condena que este mismo tribunal dictó sobre Miguel Etchecolatz y Cristian von Wernich.
28 de septiembre de 2010
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los acusados en la causa patti


Las ratas imputadas en la causa Patti.
Argentina. Luis Abelardo Patti. Oficial subinspector de la comisaría de Escobar entre el 1º de enero de 1972 hasta el 7 de marzo de 1977. Está acusado de nueve privaciones ilegales de la libertad agravadas por abuso funcional, amenazas y violencia: las de Gastón Gonçalves, Diego Muniz Barreto y Juan José Fernández, Carlos Souto, Guillermo David D’Amico; Luis Rodolfo D’Amico, Luis D’Amico, Josefa Elsa Molina y Tomás Ariosti. En tres casos agravadas porque se prolongaron por más de treinta días. Además, se lo acusa por seis tormentos agravados porque las víctimas eran perseguidos políticos, por homicidio de Gonçalves agravado por alevosía y con el concurso premeditado de dos o más personas y por dos violaciones a domicilio.

Reynaldo Bignone. Fue segundo responsable de la Zona IV y jefe del Estado Mayor del Comando de Institutos Militares. Está acusado por dos privaciones ilegales de la libertad agravadas por el abuso funcional, amenazas y violencia, dos tormentos agravados por tratarse de perseguidos políticos, el homicidio doblemente calificado de Muniz Barreto por alevosía y concurso premeditado de dos o más personas, y tentativa de homicidio doblemente calificado de Fernández.

Santiago Omar Riveros. Jefe de Comandos de Institutos Militares con asiento en Campo de Mayo entre los años 1976 y 1978 y ex jefe de la Zona de Defensa IV. Está acusado de nueve privaciones ilegales de la libertad, agravadas por abuso funcional, amenazas y violencia. En tres casos agravadas, además, por prolongarse más de treinta días. Además, se lo acusa por seis aplicaciones de tormentos agravados porque las víctimas eran perseguidos políticos. También por dos homicidios doblemente calificados por alevosía y el concurso de dos o más personas. Además, está acusado por tentativa de homicidio y por dos allanamientos ilegales.

Juan Fernando Meneghini. Titular de la comisaría de Escobar entre enero del 76 y enero de 1979. Está acusado por las privaciones ilegales de la libertad agravadas por abuso funcional, amenazas y violencia de Gonçalves, Muniz Barreto y Fernández. Con aplicación de tormentos sobre las tres víctimas, agravado por la condición de perseguidos políticos. Y por el homicidio de Gonçalves.
28 de septiembre de 2010
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relato de los testigos


La base del juicio contra Patti.
[Alejandra  Dandan] Argentina. La requisitoria de Jorge Sica de elevación al juicio tiene el carácter de provisoria, será una de las bases del juicio oral. Esa acusación reúne datos que aportaron en la instrucción distintos testigos, entre ellos muchos de los que fueron recogidos en la causa de Gastón Gonçalves, militante de la Juventud Peronista, secuestrado el 24 de marzo de 1976. Varios de esos tramos fueron leídos en la audiencia. Entre otros, los relatos de sus compañeros de militancia que dan pruebas de la persecución de Patti. Y el de una empleada del cementerio de Escobar a la que Patti le prohibió hablar de los entierros clandestinos en 1996 cuando era intendente.
Uno de los testimonios fue el de Eva Raquel Orifici, que declaró que Gastón se encontraba enfrentada con Patti "por su militancia política y social en Escobar, y cada vez que se realizaba un acto público Patti estaba presente". También se escuchó un fragmento de la declaración de Orlando Edmundo Ubiedo, del sindicato rural de Escobar. Ubiedo mencionó una reunión de mediados de 1974 en una sociedad de fomento de Garín en la que Patti discutió "muy fuerte" con Gonçalves. El entonces auxiliar de policía de la Provincia de Buenos Aires los increpó "diciéndoles que se dejaran de joder con hacer este tipo de reuniones y que iban a terminar mal, que ya verían lo que les iba a pasar". El cuerpo de Gastón fue identificado veinte años después del crimen por el Equipo de Antropología Forense. En la causa declaró Patricia Graciela Achu, empleada del cementerio de Escobar que dio el aviso de los entierros clandestinos. Aquella mujer contó que en 1996 el intendente de Escobar le dijo "que no hable por los medios de comunicación porque en todo cementerio existen NN de esa época y si declaramos o develamos esto sería algo muy complicado". Luego de pedir su traslado en varias oportunidades, indica la requisitoria, "el 20 de mayo de 1996 a las 11 ingresaron en su lugar de trabajo los señores Maldonado, jefe de personal, Bermúdez y Daniel Alvarez quienes le pidieron que entregue la caja, se retire del lugar y que luego le informarían".
[Gráfica viene de este blog].
28 de septiembre de 2010
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patti llegó en pañales a juicio


Luis Patti concurrió en camilla a la primera jornada del juicio por sus crímenes durante la dictadura. El policía represor está acusado por un asesinato, seis torturas y nueve secuestros. Es juzgado junto a Reynaldo Bignone, Santiago Omar Riveros y Fernando Meneghini. "Mientras no interrumpa el juicio que venga como quiera", dijeron los querellantes.
[Argentina] [Alejandra Dandan] El condenado Reynaldo Bignone subió las escaleras primero. Lo siguió Santiago Omar Riveros, y al lado se sentó el ex policía Fernando Meneghini. El escenario del auditorio municipal Hugo del Carril en José León Suárez estaba listo. Se habían acomodado a un lado los integrantes del Tribunal Oral Federal 1 de San Martín; abajo, en las butacas, estaban familiares, testigos y representantes de los organismos de derechos humanos. Pero en la sala todavía faltaba el policía Luis Abelardo Patti. "Ni a mi novia esperé tanto en mi vida", se oía entre el público. "A ver... A ver... ¿qué pasa?", murmuró la misma voz delante de unas cartulinas con las caras y los nombres de otros asesinados en Escobar levantados como estandarte entre el público. "Ahí viene el bicho", dijo la voz cuando un enfermero se abrió paso con la camilla en andas desde la puerta de emergencia ubicada a un costado. Rodeado por un impresionante cuerpo de hombres del Servicio Penitenciario pertrechados con chalecos antibalas, el ex subcomisario llegó acostado sobre el camastro, el cuerpo inerte, los ojos cerrados y un par de zapatillas deportivas. Así estuvo durante la primera jornada del juicio oral por los crímenes imprescriptibles de la última dictadura militar al que es sometido junto a los otros tres represores.
"Mientras no interrumpa el juicio que venga como quiera", explicaba anoche Ana Oberlin, abogada de los querellantes. "Pedimos que se cumplan las garantías para los testigos; si él quiere seguir el show de lo patético, que lo haga en paralelo."
Patti debía llegar a la sala de audiencias en sillas de ruedas; así se lo habían anunciado sus abogados –entre los que se encuentra el ex camarista Alfredo Bisordi– a las autoridades del Tribunal. Internado en la clínica Fleni de Escobar, una pericia determinó la semana pasada que estaba en condiciones de presentarse. Patti había dicho que ni siquiera podía pararse y aludió a un supuesto clavo que le toca la cervical. "Existen tomografías para saber si eso es cierto –dijo Oberlin–, no podemos creer que la dolencia exista y que no hayan hecho nada para solucionarlo."
La sala estaba repleta. Testigos, familiares, representantes de los organismos de derechos humanos, movimientos piqueteros, como Barrios de Pie. En las filas de adelante, se sentó el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, entre las Madres de Plaza de Mayo con sus pañuelos. Estuvieron Enriqueta Moroni, Lita Boitano, Nora Cortiñas y Taty Almeida. En un costado habían dejado un ala completa del auditorio para la tropa de Patti, los hombres del Paufe de Escobar. Se suponía que irían en colectivos, pero nadie llegó.
Patti seguía adelante. La presidenta del Tribunal, Lucila Larrandart, dio por comenzada la audiencia. Entre las once de la mañana y la una de la tarde, el enfermero de Patti desabrochó el ruidoso abrojo del aparato de presión por lo menos tres veces. A las dos de la tarde, cuando concluyó el cuarto intermedio, uno de sus dos defensores, en este caso Silvio Ramón Duarte, anunció que Patti estaba con presión alta. Pidió permiso a los jueces para que el acusado siguiese la audiencia desde la ambulancia.
La jornada había comenzado con la lectura de la requisitoria de elevación a juicio escrita por el fiscal Jorge Sica. El juicio oral es un desprendimiento de la llamada causa Riveros, un expediente con unos 400 casos que siguen investigándose. Los imputados son Riveros, Bignone, Meneghini y Patti, acusado por nueve privaciones de la libertad, el homicidio de Gastón Roberto José Gonçalves y otros delitos.
El Tribunal leyó la descripción que la fiscalía preparó de cada una de las víctimas. La primera fue la de Gonçalves, secuestrado en Zárate el 24 de marzo 1976 y quien cuatro días más tarde estuvo en el interior de un camión celular estacionado en la parte de atrás de la comisaría de Escobar. Desde el momento de su detención, fue objeto de torturas. En la lectura se recordó que el 2 de abril de ese año, en el Camino isleño del río Luján, se encontró un cadáver carbonizado entre neumáticos todavía encendidos, con el cráneo destruido por un disparo de arma de fuego. El cuerpo fue enterrado como NN en el cementerio de Escobar.
El segundo caso que se escuchó fue el del ex diputado nacional Diego Muniz Barreto y su secretario Juan José Fernández. Ambos fueron secuestrados el 16 de febrero de 1977 alrededor de las seis de la tarde en una carnicería cercana a la comisaría de Escobar. Desde allí los llevaron a la Comisaría de Escobar, donde los tuvieron detenidos hasta el 18 de febrero. Después de pasar por la Unidad Regional o Comisaría Primera de Tigre y por Campo de Mayo, el 6 de marzo a la madrugada volvieron a meterlos en el baúl de un auto, los llevaron a orillas del Paraná en Entre Ríos, simularon un accidente y los arrojaron al río en el Fiat 128 de Fernández. Muniz Barreto murió. Fernández sobrevivió, y cuando salió describió lo que había sucedido a un escribano.
El último caso reúne el secuestro de varios adolescentes militantes de una Unidad Básica de Garín. Son Carlos Daniel Souto, secuestrado a las 7.30 del 10 de agosto de 1976 mientras esperaba el tren en la estación de Garín para ir a la escuela Manuel Estrada de Capilla del Señor. Ese mismo día, a la 13.30, el mismo grupo entró en la casa de los hermanos Guillermo David y Luis Rodolfo D’Amico. Eran vecinos de Souto. A Luis Rodolfo le sumergieron varias veces la cabeza en un tanque de agua del patio de la casa, y luego se los llevaron. Hoy siguen desaparecidos. Ese tercer expediente también incluye el caso de Osvaldo Tomás Ariosti, secuestrado el 3 de abril de 1976, alojado en la comisaría de Escobar, trasladado al buque anclado entre Zárate y Campana donde había otros detenidos. Ariosti pasó luego a Campo de Mayo, a la cárcel de Devoto, a La Plata y salió en libertad el 28 de octubre de 1978.

El Nombre de Patti
Poco después del mediodía, la secretaría del TOF 1 concluía con la requisitoria fiscal con las pruebas contra Patti. "La abundante y concluyente prueba –indicó Sica en su escrito– permite concluir que en todos los casos ventilados fue coautor directo de las privaciones ilegítimas de la libertad, habiendo en algunos casos intervenido en tormentos." Respecto de Gonçalves –indicó– quedó probada su persecución a través de múltiples testimonios. También la intervención en el secuestro, porque su madre supo por la hija de un testigo que él había sido el secuestrador. En el caso de Muniz Barreto recordó un mensaje que escribió el ex diputado desde la comisaría de Escobar en la que señaló a Patti como quien los había detenido. Citó además el testimonio del actual secretario de Derechos Humanos de Nación, Eduardo Luis Duhalde, y de Marcelo Fernández Grassi, entre otros, que afirmaron haber escuchado el relato escrito y narrado por Fernández, que falleció en 1985. Señaló además otro testimonio que afirmó que el ex diputado Muniz Barreto aparecía en la lista de desaparecidos que llevaba adelante la Nunciatura Apostólica de Buenos Aires, donde figuraba Patti como captor, cuando no era conocido públicamente. Y sobre los últimos casos, Sica explicó la conexión entre el secuestro de Souto y los hermanos D’Amico. Recordó que los padres de los hermanos declararon en 1985 y reconocieron a Patti como miembro de la comisión policial y de la policía de Garín. En tanto, Ariosti reconoció a Patti como su aprehensor, y quien lo trasladó al buque fondeado entre Zárate y Campana.
La jornada siguió con la lectura de otras requisitorias. La querella representada por Pablo Llonto y Ana Oberlin, que actúan en nombre de los hermanos Juana, Diego y Antonio Muniz Barreto, de los hermanos Manuel y Gastón Goncalvez y de María Isabel D’Amico, la hermana de Guillermo y Luis D’Amico, hoy desaparecidos. Riveros, Bignone y Meneghini seguían sentados. Bignone adelante, con las piernas cruzadas. Patti ya no estaba en la sala. "Muchas veces te hacen creer que vos sos una loca", decía Juana Muniz Barreto estos días. "Que estás treinta años después molestando a estos señores mayores y en realidad los que están acusados de haber cometido delitos gravísimos y están sin ser condenados y juzgados son ellos, no uno. Es decir, ellos son los responsables de que mi papá hoy no esté acá con nosotros. Entonces hay que tener muy presente eso para poder sentarte bien cuando vas, porque hacen todo tipo de manejos para hacerte sentir que uno está en falta, y uno lo que hizo es lo correcto: es acudir a la Justicia a que resuelva algo gravísimo."
28 de septiembre de 2010
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contra la impunidad de los genocidas


Luchamos para condenar al terrorismo de estado.
[Graciela Rosenblum, Iris Avellaneda y José Schulman] Argentina. Para los que luchamos desde hace años contra la impunidad de los genocidas, los días que vivimos son días históricos. Días de juicio y castigo. Condenas que ni siquiera soñábamos en los duros años de la dictadura, cuando algunos abríamos las puertas de los locales de la Liga para organizar la lucha, y otros estábamos tras las rejas o secuestrados, como Teresa Israel y Baldomero Valera que continúan desaparecidos.
Valoramos altamente los juicios en curso porque fueron conquistados por la lucha popular venciendo la política y el discurso de la dictadura militar, de los gobiernos de Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde y aún las limitaciones del actual período. Ni el Poder Legislativo ni el Poder Ejecutivo cumplieron en ordenar, planificar, financiar adecuadamente y garantizar la difusión pública que los juicios ameritan.
Enfrentamos la complicidad del Poder Judicial que fragmentó las causas hasta límites grotescos, permitió toda clase de maniobras políticas disfrazadas de acciones jurídicas que frenaron y retrasaron las causas. Con la toga de la "normalidad procesal" han limitado los juicios, pero también los vencimos en ese terreno. Y les duele. De allí la furibunda campaña por la impunidad que impulsa la derecha (de la Pando a la Carrió), que sabe que si no detienen los juicios, estos terminarán cuestionando su legitimidad histórica y la de su amo imperial del norte. La prensa que inspira y sostiene a la derecha trata de ocultarlos, minimizarlos, banalizarlos y de instalar -aprovechando cualquier excusa la idea de que "los juicios son incompletos porque sólo juzgan a uno de los contendientes", apelando a la teoría de los dos demonios y amplificando el discurso de los jefes del Genocidio, quienes arguyen que éstos son juicios de venganza contra quienes "salvaron la patria del comunismo". Se trata entonces, de establecer cuál es la etapa actual de la lucha, y para la Liga es tiempo de profundizarlos condenando a los grupos económicos, los políticos, intelectuales y todos los que formaban parte del bloque de poder que decidió el Terrorismo de Estado. Se impone también, acelerarlos por medio del camino de la unificación de las causas, la designación de Tribunales de Instrucción que trabajen con exclusividad en estas causas, la multiplicación de Tribunales Orales que enjuicien las causas que ya han sido completadas para impedir la ‘estrategia Pinochet’: demorar los juicios para que los represores mueran acusados pero sin condena.
En este marco, no compartimos la posición de acusar penalmente a aquellas personas que luego de ser capturadas por las fuerzas represivas fueron obligadas a cumplir diversas labores y/o a realizar determinadas acciones funcionales al plan de exterminio, acciones realizadas bajo el estado de servidumbre (uno de los posibles resultados del proceso de deshumanización que conlleva el terror impuesto por el Estado).
Comprendemos el dolor de los familiares de quienes fueron sus víctimas y sus posturas, pero como organismo de derechos humanos es al Terrorismo de Estado a quien perseguimos y no a las víctimas ni las acciones cometidas luego de la captura, no importa lo desgraciadas y repugnantes que nos resulten. Desde el momento en que el Estado los capturó, fue responsable de su vida y de sus acciones, incluidas las delictivas; por lo que pensamos que no deberían ser imputados penalmente quienes fueron, al menos inicialmente víctimas del Terrorismo de Estado. Son los responsables del Genocidio quienes deben responder penalmente por tales actos. Ningún delito debe quedar impune, pero jamás avalaremos la Teoría de los Dos Demonios, teoría que se beneficia notablemente de esta pretensión. Abrir la puerta para su juzgamiento, equiparándolos a los jefes y perpetradores del Genocidio, no sólo es jurídicamente insostenible, pues el Código Penal no se rige por los códigos del honor militante, sino que presume que en aras de la supervivencia los individuos realizarán cualquier acción, resultando por tal "estado de necesidad" -de vuelta, jurídicamente hablando- "inimputables". También es políticamente muy peligroso, pues deja de cuestionar al Estado que organizó el Terrorismo para poner la mira en las limitaciones del movimiento popular, que eso eran estas personas: encarnación horrenda de los límites de una generación que buscaba la libertad y fue castigada sin piedad. Calificar sus acciones de "delitos de lesa humanidad" lleva agua al molino de quienes claman por juzgar "la subversión" al tiempo que los represores. No le haremos el juego.
Los debates sobre las conductas colectivas e individuales de los militantes bajo la dictadura se vienen haciendo desde entonces entre todos nosotros y proponemos continuarlos. No con el ánimo inquisidor de "descubrir el culpable de la derrota" sino con el espíritu guevarista de aprender de ellas para que la próxima vez no nos vuelva a pasar. Y no es un debate académico: el golpe de Estado en Honduras convoca a pensar cómo impedir los planes imperiales de hacer tabla rasa con todos los cambios, grandes y pequeños, que ha habido en América Latina.
Los que transforman todo en un debate oposición/oficialismo parecieran no haber aprendido nada de nuestra historia y que ignoran la presencia de una derecha fascista que busca incansablemente su oportunidad para revertir los juicios, el modo que se construye la memoria y todos aquellos pasos que molestan al Poder Real como la integración latinoamericana o la Ley de Radiocomunicación.
Queremos ser francos: no es un Tribunal Oral de este Poder Judicial el ámbito adecuado para discernir temas tan complejos y delicados como estos. No igualamos conductas, no todos los que entraron siendo militantes populares mantuvieron esa condición tras la captura y la tortura, pero no es este Poder Judicial, ni son estos Tribunales, los indicados para juzgarlos. Nunca hemos hecho culto de "la Justicia" en abstracto ni lo haremos ahora. Junto a muchos otros hemos luchado por superar los límites del "derecho" (casos Ingalinella, Ollero, Masacre de Budge, Floreal Avellaneda, Etchecolatz, etc.) y seguiremos bregando por un nuevo Derecho; de ahí el sentido de nuestra brega por tipificar los crímenes como "Genocidio". Aún conociendo sus límites, valoramos estos juicios como un espacio de combate contra la impunidad y el olvido, para reivindicar los compañeros y resignificar la historia para hacer visible el rol fundante del Genocidio sobre el neoliberalismo, luchando por condenar el Terrorismo de Estado y al bloque social que se benefició de él.
No confundir las etapas de la lucha es acaso la primera exigencia para los que aspiran a la victoria y nosotros sí queremos derrotar la impunidad y a sus defensores, para que la democracia y la lucha por todos los derechos para todos en la Argentina tengan futuro.
[Liga Argentina por los Derechos del Hombre]
28 de septiembre de 2010
27 de septiembre de 2010
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qué pasó con los mellizos robados


Avanza la causa por la apropiación de los hijos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela. Los fiscales presentaron al juez federal de Paraná el requerimiento de elevación a juicio de la causa que investiga el nacimiento en el hospital Militar de Paraná. La niña es Sabrina Gullino, pero se desconoce qué sucedió con su hermano.
Santa Fe, Argentina. El robo de los mellizos de Raquel Negro, desaparecida en la Quinta de Funes, está más cerca del juicio oral y público. Los fiscales Mario Silva y José Ignacio Candioti presentaron al juez federal de Paraná, Gustavo Zonis, el requerimiento de elevación a juicio de la causa que investiga el nacimiento de los dos niños -una nena y un varón en el hospital Militar de Paraná, que operaba como maternidad clandestina del Segundo Cuerpo de Ejército. La niña es Sabrina Gullino, que recuperó su nombre en diciembre de 2008, pero aún se desconoce qué sucedió con su hermano. "Hay otra causa que investiga el paradero del niño que está avanzando", dijo una fuente judicial consultada por Rosario/12. Por la supresión de identidad de los hijos de Raquel y su pareja, Tulio Valenzuela, están imputados cuatro de los condenados a perpetua por los desaparecidos en el centro clandestino de Funes: Pascual Guerrieri, Jorge Alberto Fariña, Juan Daniel Amelong y Walter Pagano, más otro oficial del Destacamento de Inteligencia 121, Marino Héctor González y un médico de Paraná: Juan Antonio Zaccaría.
Los fiscales ya probaron que el Hospital Militar de Paraná funcionó como maternidad clandestina durante la dictadura. Allí nacieron los hijos mellizos de Raquel Negro, entre febrero y marzo de 1978. "Las pruebas son sustanciosas", dijo comentó la fuente. "Hay testimoniales, documentales y periciales, entre ellas la declaración de Eduardo Constanzo, quien sindica a Guerrieri, Fariña y Pagano como los ideólogos del plan para el robo de los bebés de Raquel Negro y menciona que Pagano y Amelong llevaron hasta el Hogar del Huérfano de Rosario una beba que posteriormente se pudo determinar su identidad y es hoy Sabrina Gullino".
"Lo importante es que hay declaraciones de tres enfermeras del Hospital Militar de Paraná que relatan cómo sucedió este parto clandestino y cómo Raquel Negro estaba privada de su libertad, que tenía un guardia permanente y que las ventanas de la habitación estaban tapadas para que no la vieran. También mencionan la intervención de Zacarías en los hechos y la orden que dio este médico para en las planillas del hospital los niños se inscribieran como NN".
"Otro testimonio importante es el de una enfermera del Instituto de Pediatría de Paraná, donde llevaron a los niños después de su nacimiento en el Hospital Militar y da cuenta de esa circunstancia. Los bebés fueron dados de alta el 27 de marzo de 1978 y anotados como ’López, Soledad’ y ’López, NN’, lo cual constituye una irregularidad", agregó la fuente. "Todas las pruebas de cargo son bastantes sustanciosas", concluyó.
Guerrieri, Fariña, Pagano, Amelong, González y Zacarías están imputados como autores mediatos, según la teoría del delito de Claus Roxin, quien sostiene que en los aparatos organizados de poder el responsable sería no sólo ejecutor directo sino también el denominado hombre de atrás.
El robo de bebés no fue un hecho aislado, sino que formó parte del plan sistemático de la represión ilegal. Para el Ministerio Público Fiscal, no se trató de un simple parto clandestino, sino de un plan diseñado de antemano que se ejecutó en todo el país y que en este caso incluyó el operativo de traslado de una persona que se encontraba secuestrada en un centro clandestino de detención de Rosario, su alojamiento en un sector aislado del Hospital Militar de Paraná, el alumbramiento y el posterior robo de los recién nacidos.

Si Sabrina recuperó su identidad, ¿qué pasó con su hermano? -preguntó Rosario/12.
Está probado que nacieron los dos bebés. Uno es Sabrina Gullino. Y con respecto al otro chiquito, el juez Zonis hizo lugar a que se forme una causa por separado para investigar su paradero, que es lo que se está haciendo ahora -contestó la fuente.

Ahora comenzará un período de nuevos pasos procesales en los que el juez debe correr vista a las defensas. La presentación de los fiscales Silva y Candioti concluye entonces una de las instancias necesarias para que la causa vaya a juicio oral después de cinco años de investigación. Los otros querellantes, Sabrina Gullino y su hermano mayor Sebastián Alvarez, la agrupación Hijos de Paraná, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y Abuelas de Plaza de Mayo ya habían formulado el requerimientos de elevación a juicio.
27 de septiembre de 2010
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empieza juicio contra represor patti


Hoy comienza su juicio por seis torturas, un asesinato y nueve secuestros. El TOF 1 de San Martín comienza a tratar hoy un desprendimiento de la causa Riveros que tiene en su centro al policía represor. Los casos Muniz Barreto, Gonçalves y D’Amico, y las andanzas de Patti en la comisaría.
[Alejandra Dandan] Argentina. "Por algo no prescriben estos crímenes", dice Juana Muniz Barreto, sentada en torno de una mesa familiar. "A cada uno le lleva mucho tiempo poder hablar, resolver; empezar a recolectar las pruebas es una tarea muy ardua, difícil y a veces hasta azarosa." Al lado están sus hermanos Diego y Antonio, que llegó especialmente de España. Son hijos del ex diputado Diego Muniz Barreto, secuestrado por Luis Abelardo Patti el 16 de febrero de 1977 a las seis de la tarde, en una carnicería de Escobar. La causa Muniz Barreto es una de las que empezarán a ventilarse a partir de hoy en el auditorio Hugo del Carril de José León Suárez, en un juicio histórico. El Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín comienza a juzgar a los ya condenados generales Santiago Omar Riveros, ex director del Comando de Instituto Militares Zona 4 de Campo de Mayo, y Reynaldo Bignone, por entonces su segundo. También a Fernando Meneghini, jefe de la comisaría de Escobar, y al inefable Luis Abelardo Patti por nueve víctimas. Patti, en 1977, era oficial de la comisaría de Escobar y hoy será juzgado por nueve privaciones ilegales de la libertad, la aplicación de tormentos a seis víctimas y el asesinato de Gastón Gonçalves. Pese a los requerimientos, dilaciones y supuestos problemas de salud, el ex subcomisario y ex intendente de Escobar –patrocinado por Alfredo Bisoridi– se sentará ahora sí en el banco de acusados.
"Buscamos que las cosas vuelvan a quedar en su lugar", dice Ana. "Que no seamos nosotros los que tenemos que estar con miedo y, en el caso de Patti, porque es muy perverso ver a una persona que está haciendo campaña política en nombre de la seguridad cuando es la misma persona que te causó la inseguridad más grande de tu vida, que es el secuestro a tu papá."
A la mesa familiar acaban de volver los tres hermanos de una minigira por José León Suárez, tratando de entender dónde es que va a estar la sala: está a unos pocos cientos de metros de los basurales de los fusilados de Rodolfo Walsh y dos veces a la semana, lunes y jueves, se harán las audiencias de este nuevo juicio oral.
El juicio es un desprendimiento de la llamada causa "Riveros", una megacausa con unos 400 casos instruida por el Juzgado Federal Nº 2 de San Martín. Ana Oberlin y Pablo Llonto, los abogados que representan a la querella, indicaron que cada uno de esos 400 casos tramitan de forma independiente y que tres se desprendieron para dar inicio al debate. Luego de las primeras audiencias de lectura de requerimiento e indagatoria, comenzarán a pasar los testigos, unos cien. El TOF 1 integrado por Lucila Larrandart, Héctor Sagretti y Marta Milloc se concentrará en la investigación de nueve casos reunidos en tres expedientes:

- Gastón Roberto José Gonçalves, secuestrado el 24 de marzo de 1976, permaneció detenido unos días en el celular que estaba en las instalaciones de la comisaría de Escobar. Fue golpeado y torturado. Había sido amenazado y perseguido por Patti. El cuerpo se encontró quemado el 2 de abril de ese año, lo enterraron como NN en el cementerio de Escobar. El Equipo Argentino de Antropología Forense lo identificó 20 años después.

- El ex diputado Muniz Barreto y su secretario Juan José Fernández, secuestrados el 16 de febrero de 1977 y a quienes después de un largo proceso se les inyectó un líquido para adormecerlos, los subieron a un vehículo y los arrojaron al arroyo Moreira, en la localidad entrerriana de Villaguay. Fernández logró salir con vida. La dictadura intentó hacerlo pasar como un accidente.

- El allanamiento ilegal a la casa de la familia D’Amico y el secuestro de los hermanos Guillermo y Luis Rodolfo D’Amico, y de sus padres Josefa Molina y Luis D’Amico. También, el secuestro de Carlos Daniel Souto y el allanamiento, secuestro y tormentos a Tomás Ariosti.

El Terreno
Cada una de las causas siguió procesos diferentes. "Souto se empezó a instruir en los ’80 porque las familias fueron citadas a un proceso que se inició como de oficio", indica Ana Oberlin. "Esa fue una diferencia con los casos Muniz Barreto y Gonçalves, en las que el avance de las causas tuvo mucho que ver con el trabajo de las familias."
A horas del comienzo del juicio, los hermanos fueron al aeropuerto a buscar a Antonio, que vive en España y no es un exilado político. "Aunque no lo sé", dice. "No y sí, no soy un exiliado político, se me nota, pero esto produce una cosa que es el aislamiento y te quedás hecho polvo como en un huevo, la realidad te empieza a afectar porque vivís parado arriba de una mentira, porque Patti de pronto va a ser candidato a gobernador." Y entonces dice que ésa es la mentira, y la vida, un lugar desde donde "te caés todo el tiempo".
Juana, que no se cae pero se ahoga, de pronto se acuerda del Mundial ’78, un año después del secuestro, de un ascensor en su edificio durante el último gol del Mundial. "Era un ascensor con puertitas de rejas, yo iba subiendo y escuchaba los gritos del gol en todos los pisos y me sentí tan angustiada y tan sola, porque era como que estaba completamente aislada." El comienzo del juicio es muy movilizante: "Yo digo que esto es como un tsunami, que es algo que uno viene buscando desde hace muchos años y que uno viene esperando". Empezaron con la causa el 6 de marzo de 2007, a 30 años del asesinato. "Son casi cuatro años, pero estamos recolectando pruebas desde el mismo momento que se lo llevaron a mi papá." Tienen pruebas del 20 de febrero de 1977, cuatro días después del secuestro, que mantuvieron guardadas en una caja que engordó, se hizo una carpeta grande y ahora es parte de los doce cuerpos del expediente.
Los datos siguen apareciendo. El juicio oral impulsa un proceso que los abogados llaman "etapa de instrucción ampliada", donde se siguen acumulando pruebas. La semana pasada llegó a manos de Juana un informe de la Policía Federal, descubrieron que en enero de 1977 a Diego le negaron los documentos porque aparecía en una lista de personas que podían llegar a pedir asilo en una embajada. "Esa era una persecución clara, porque quiere decir que no querían que se fuera del país, lo querían matar."
Se lo llevaron "cuando estaba comprando carne en una carnicería de Escobar, a punta de pistola, de civil y en un auto particular, lo secuestró Patti a él y al secretario –dice Juana–, los llevaron a la Unidad Regional Tigre, de ahí a Campo de Mayo, los metieron en el baúl de un auto, cuatro de la mañana, atados de pies y manos, encapuchados, les hicieron hacer 700 kilómetros al sol el 6 de marzo hasta que a las diez de la noche les dieron una inyección y los tiraron al río. Fernández vivió y antes de irse del país contó todo en un escribano que lo sentó a una máquina de escribir y le hizo escribir este testimonio que tiene 33 páginas y es de un detalle y una prueba impresionante".
Ellos recibieron ese testimonio en 2000, una de las razones por las que Juana habla del azar en la acumulación de las pruebas. "El testimonio estuvo guardado en una bohardilla en Francia, Juan falleció en 1985 y de repente la viuda lo encontró; el escribano se lo había mandado."

Gonçalves
Manuel Gonçalves pasó la semana pasada por la casa de las Abuelas de Plaza de Mayo. Estuvo en el anuncio de la restitución del nieto 102. Antes se dio una vuelta por la sala de audiencias de Comodoro Py, donde se hace el juicio por la ESMA. La cosa para él va a ser complicada: no sabe si va a hablar como el hijo de sus padres Gastón y Ana María del Carmen Granada, acribillada el 19 de noviembre en lo que se llamó la masacre de Juan B. Justo, o como nieto buscado por las Abuelas de Plaza de Mayo. "O por lo que soy", dice pensándose como producto de esa doble historia, apropiado y restituido a la vez. "Porque es así, si no supiese quién soy, no estaría sentado diciendo lo que tengo que decir, mi verdadero nombre, para reivindicar la historia de mi papá."
Como los Muniz Barreto, Manuel y su hermano Gastón Gonçalves son querellantes de la causa de su padre. La instrucción del caso comenzó con una denuncia de ellos el 28 de octubre de 2004. Ellos serán además los que abran la etapa de las testimoniales en el juicio, serán los primeros testigos que declararán en una audiencia prevista para el 14 de octubre. Manuel sabe que es un juicio difícil. Durante la investigación hubo amedrentamientos y presiones contra los testigos. Un día se llevaron a Luis Gerez, en un hecho que nunca terminó de aclararse. "Nunca nadie a mí me dijo nada", dice él. Aunque alguna vez lo llamaron por teléfono desde la cárcel y cuatro veces en un mismo día encontró las puertas del auto abiertas. "La particularidad de esta causa la da Patti", dice a Página/12. "Es como el que motoriza todas estas cosas raras que pasan. Era candidato a gobernador cuando empezamos, estaba en plena vigencia política, con alianzas con el duhaldismo y de hecho pasó dos elecciones con imputaciones en la causa; y nos costó mucho con la mayoría de los medios, cuando él decía que no tenía nada y el mismo día presentaba un abogado en la causa." Después llegó la imputación, la orden para detenerlo y la decisión de sacarlo del Congreso.
"Nos costó mucho porque no estamos tratando con uno más", indica. "Ninguno de los genocidas es como uno más, pero éste tiene la particularidad de tener aspiraciones que van mas allá de su rol de genocida." Patti usó las instituciones democráticas durante muchos años y buscó los fueros de diputado, dice él, para poder seguir estando en libertad. Y todavía lo intenta. Hasta la semana pasada trató de convencer a los peritos de la causa de que sigue afectado por el accidente cerebrovascular que al parecer efectivamente tuvo en febrero del año pasado. "Aprendió qué síntomas tiene que fingir", dice Oberlin. "Pero igual, por suerte nosotros también tenemos nuestros médicos que terminaron diciendo, como el forense, que está en condiciones de declarar."
27 de septiembre de 2010
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caso suppo: crimen con dudas


Nueva marcha por el caso Silvia Suppo.
Santa Fe, Argentina. Hoy a las 18, desde el Cine Belgrano y hasta la Recova Rippamontti, en la ciudad de Rafaela; se desarrollará la marcha convocada por el Espacio Verdad y Justicia, que sigue luchando por "el esclarecimiento del asesinato de Silvia Suppo". Pasaron seis meses de este crimen que terminó con la vida de esta ex presa política que fue testigo clave en causas de terrorismo de Estado en Santa Fe.
Los familiares y amigos de Silvia siguen adelante con la lucha ya que entienden que "el crimen se produjo a pocos días del 24 de marzo, siendo que Silvia era una militante política en la búsqueda de justicia en causas de lesa humanidad". También señalan como sospechoso "el grado de ensañamiento que no se corresponde con un homicidio en ocasión de robo". Además consideran que "uno de los implicados trabajaba a escasos metros del lugar del hecho, y que por lo tanto era conocido en la zona, no resulta razonable que haya tomado la decisión de robar a cara descubierta, sabiendo que lo iban a reconocer. Se deduce que la intención era matarla y es eso lo que hacen, primero la asesinan y después ’roban’", dice el comunicado.
Recuerdan además que "la autopsia determinó que no existieron heridas de defensa en el cuerpo de la víctima, contradiciendo la versión de los dos implicados, los cuales se negaron a la reconstrucción del hecho". Y desde los medios de comunicación "se pretendió cerrar el caso descartando la hipótesis de asesinato político, aún cuando la investigación judicial no había comenzado. Llama la atención la desprolijidad en el accionar de la policía, que realizó el peritaje en el lugar del crimen en ausencia de la Fiscal y sin proteger la escena del crimen".
26 de septiembre de 2010
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