Blogia
mQh

argentina

el proyecto pro-huerta


Cumple 20 años y alcanza a 3,5 millones de personas. Es un proyecto agroecológico, del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, implementado por el INTA. Forma y acompaña la autoproducción de alimentos de tres millones y medio de personas. Son 630 mil huertas familiares y 148 mil granjas.
Argentina. Mientras recorría un caminito de baldosas que separan variedad de canteros con verduras, especias, plantas medicinales y árboles frutales, Nora recordó la historia de su huerta familiar. Con sus hermanos, ella se crió aprendiendo a trabajar la tierra, pero en su infancia esta tarea era sólo un juego, una aventura; hoy es distinto. Con el pasar de los años fueron adquiriendo conocimientos específicos y los cinco integrantes de la familia trabajan, cada uno a su manera, la huerta heredada del abuelo. Ese pedacito de tierra no está muy alejado de la agitación de la ciudad, sino que se ubica en un barrio de la localidad de Don Torcuato, en el Norte de la provincia de Buenos Aires, y abastece a la familia de alimentos frescos, naturales y orgánicos para acompañar la dieta diaria. De esta manera, el emprendimiento se convirtió en una herramienta de producción que le da respiro a su bolsillo. Esta historia familiar es sólo una entre las 630 mil que a lo largo del país dan vida y permiten el crecimiento del programa nacional Pro-Huerta, que celebra sus 20 años de experiencia.
"A principios de la década de 1990 comenzaron las primeras experiencias que con el correr de los años se fueron expandiendo hasta llegar hoy a lugares donde no existe ninguna institución", resaltó con entusiasmo el coordinador nacional del Pro-Huerta, Roberto Cittadini. Con el objetivo de promover la autoproducción de alimentos frescos y saludables –libres del uso de agroquímicos– en aquellas poblaciones en una situación de vulnerabilidad, la iniciativa fue creciendo en el transcurso de dos décadas de trabajo. Incluso, experiencias similares fueron adquiridas en países como Guatemala, Colombia, Perú, Brasil, Venezuela, Cuba y en Haití, donde el trabajo de cuatro años, en el que se logró la implementación de 11 mil huertas, debió ser ampliado e intensificado luego del terremoto que a principios de año dejó bajo los escombros a buena parte del país caribeño.
El programa constituye "una política pública", que nació como "una iniciativa compensantoria para enfrentar los procesos de ajuste y buscando atender los procesos de exclusión y pobreza que se comenzaban a desatar a principios de los ’90. Rápidamente fue adquirido por las familias que visualizaron las huertas como una herramienta válida y estratégica para su vida", informó a este diario el coordinador nacional.
Así, el Pro-Huerta fue descubierto e incorporado en lugares de lo más recónditos del país, donde lo apropiaron y lo hicieron muy suyo. "La gente que se incorpora realmente tiene necesidad e iniciativa", aseguró Citaddini. Para el arranque no hace falta más que una capacitación de ocho encuentros y las semillas para comenzar a trabajar. Después, cada familia hace su trabajo de acuerdo con sus ganas, necesidades de consumo, tiempo disponible, y también, según las condiciones que le ofrece su terreno.
En la actualidad, este proyecto agroecológico, enmarcado dentro del Plan de Seguridad Nacional del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación e implementado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), acompaña la autoproducción de alimentos de tres millones y medio de personas. Esa parte de la población sostiene 630 mil huertas familiares y 148 mil granjas repartidas en 3800 ciudades y parajes de todo el territorio. Estas cifras permiten tener una referencia de las miles de experiencias que dan cuerpo al programa. Para cada una de esas familias los emprendimientos inciden y modifican de diversas maneras su vida cotidiana, sin embargo, todas esas personas "se convierten en actores de su propio desarrollo. De sus manos surge la producción de alimentos y mejoran la calidad de su dieta. Los emprendimientos permiten, además, aumentar su autoestima, establecer un rol de reconocimiento y la posibilidad de crear vínculos".
Técnicos y promotores son partes estratégicas que permiten el funcionamiento orgánico del programa. Entre las diversas tareas que tienen a su cargo, se encuentran las de detectar demandas, brindar capacitaciones, distribuir las semillas, y dar asistencia y acompañamiento a los huerteros. Claudio Leverato es técnico del Pro-Huerta y está encargado de la región Norte de la provincia de Buenos Aires. Con la experiencia que les otorgan sus doce años de trabajo dentro de la iniciativa, Leverato sostuvo que lejos de ser un programa asistencialista, el Pro-Huerta se convierte en una herramienta "que capacita a la gente y le brinda lo mínimo y necesario para que puedan obtener y mejorar sus recursos, permitiéndoles autonomía".
Los vínculos sociales no son una característica menor en este proyecto y la tarea de campo de los promotores es afianzar esos lazos y promover el contacto para conocer las necesidades e inquietudes que surgen. La mayoría de los promotores son voluntarios, y este compromiso los convierte en referentes barriales; algunos son docentes, enfermeros, vecinos y pueden tener o no sus huertas. Además, más de 10 mil instituciones, entre ellas escuelas, sociedades de fomento, servicios penitenciarios y agentes sanitarios, se han vinculado de alguna manera con el proyecto, informó Cittadini. En el partido de Tigre, por ejemplo, alrededor de "70 escuelas han incorporado la actividad de la huerta como materia, de esta manera no sólo los chicos aprenden, sino que llevan las semillas a sus casas y junto a la familia acceden a insumos y capacitación para generar parte de su alimento", señaló Leverato. Por otra parte, las ferias de la economía social en los barrios y pueblos se convierten en canales para intercambiar información, semillas y, para los que tienen una buena racha, productos excedentes.
Informe de Rocío Ilama.
30 de agosto de 2010
©página 12
rss

o vendía o mataban a su hija


"Ibamos a perder la vida mi hija y yo". Lidia Papaleo de Graiver ratificó que vendió Papel Prensa bajo amenazas. En la primera entrevista que ofreció por televisión, la viuda de Graiver contó ayer que al firmar en 1976 la venta de acciones de la empresa "no estaba detenida, pero eso no significa que estuviera en libertad".
Argentina. "Si no hubiéramos esperado 27 años para aparecer con nuestra verdad, no estaríamos vivos." Lidia Papaleo, viuda de David Graiver, el dueño de la empresa Papel Prensa, aludió así a los años que decidió mantenerse en silencio hasta la reciente presentación del informe "Papel Prensa: La Verdad", que realizó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner la semana pasada. "Estaba amenazada desde que volví al país en septiembre de 1976", agregó ayer Papaleo, en la primera entrevista que concedió para la televisión, y recordó que "el 9 de marzo (de 1977) firmé los papeles ante un juez para que reconociera la venta (de la empresa) y el 14 me desaparecieron" los militares, recalcando la idea de que había sido forzada a vender la empresa.
"Desde que le envié una carta a (Jorge Rafael) Videla que quisimos que se supiera la verdad, pero desde aquel momento me di cuenta que hay un poder muy grande que no quiere que la verdad se sepa", afirmó Lidia Papaleo de Graiver en el programa Bajada de línea, que conduce Víctor Hugo Morales y ayer tuvo su primera emisión en Canal 9.
La declaración de Papaleo es el sostén de las denuncias por el caso de la empresa de producción de papel de diario, que pertenecía al grupo encabezado por el marido de Papaleo, y que terminó en manos de tres periódicos –Clarín, La Nación y La Razón–, en sociedad con el Estado, por entonces dominado por la Junta militar.
"No estaba detenida pero eso no significa que estuviera en libertad", afirmó Papaleo, al recordar el momento en que volvió al país con los restos de su marido en una urna, luego de que muriera en un extraño accidente de avión en agosto de 1976. "Estaba amenazada permanentemente y cuando llegué al país me encontré con visitas diarias de gente importante que me advertía que tenía que vender la empresa", continuó en su relato, recordando que el ex ministro de Bienestar Social Francisco Manrique –del que su marido fue colaborador y amigo– le comunicó que debía vender la empresa y que un funcionario que Graiver había puesto al frente de Papel Prensa, Jorge Martínez Segovia, le advirtió que "la orden era que no podía quedar en manos de un grupo extranjero, ni de la comunidad judía".
La viuda de Graiver decidió realizar declaraciones después de casi treinta años luego de que la Presidenta presentara un informe oficial sobre el traspaso de la empresa. Allí, en una investigación realizada por los representantes del Estado en la compañía y en la que figuran las declaraciones de Papaleo y otros damnificados, Cristina Fernández anunció que se enviaría a la Justicia la información acopiada para iniciar una causa por la apropiación de Papel Prensa bajo amenazas por parte de los dueños de los tres diarios involucrados. Además, envió un proyecto de ley al Congreso para que se declare a la producción de papel como de "interés público", y se garantice la igualdad en el precio para todos los diarios de circulación en el país.
Como consecuencia de las presiones a las que fue sometida, Papaleo resaltó que "el 2 de noviembre (de 1976) finalmente nos llevan a mis suegros, mi cuñado y a mí a una oficina del diario La Nación y nos sientan separadamente. Allí se me acercó (el actual CEO de Clarín, Héctor) Magnetto y me dijo que firme o íbamos a perder la vida mi hija y yo". Para ejemplificar la presión a la que se veía sometida para vender la empresa, Papaleo recordó que un empresario de los medios mexicano "le advirtió a David que tenía que vender Papel Prensa porque le iba a costar la vida" y unos días más tarde fue el accidente aéreo en el que murió, y que una vez que se encontraba en Argentina "el único que podía continuar con la empresa era Jorge Rubinstein y "a fines de octubre fue atropellado. Ahí me pregunté quién sería el próximo que iba a morir".
Una vez que se firmaron los documentos, "el 9 de marzo de 1977 presenté una nota ante el juez para pedir la aprobación de la venta y el 14 me desaparecen", aseguró Papaleo al recordar cuando un grupo de tareas la secuestró y la mantuvo cautiva en un centro clandestino de detención donde fue torturada y por donde también pasó su hermano Osvaldo, igual que otros integrantes de la familia Graiver. Papaleo dijo además que estaba evaluando pedir su ingreso al programa de testigos protegidos que lleva adelante el Estado en casos de delitos de lesa humanidad.
30 de agosto de 2010
©página 12
rss

mujeres y terrorismo de estado


Los delitos contra la mujer en el marco de los crímenes por terrorismo de estado en la última dictadura militar. El comité de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), lamentó que los delitos que tienen que ver con el género en el marco de las causas por terrorismo de estado, no hayan recibido castigo.
[Alicia Simeoni] Argentina. La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) que se reunió en Nueva York en julio pasado elaboró una serie de recomendaciones al Estado argentino, entre ellas las que tienen que ver con la violencia sexual cometida contra las mujeres durante la última dictadura. El comité de la Convención lamentó que los delitos que tienen que ver con el género no hayan recibido castigo y señaló la necesidad de visibilizar esa violencia, enjuiciarla con entidad propia y buscar la reparación de las víctimas. Sobre los enormes escollos que se presentan en todo el país y por lo tanto en la provincia de Santa Fe -en Rosario hubo denuncias de mujeres pero no represores imputados , para el juzgamiento y castigo de los delitos sexuales durante la dictadura militar, reflexionan la defensora federal y presidenta del Centro de Derechos Humanos Juan Carlos Gardella de la Facultad de Derecho de la UNR, Matilde Bruera, la integrante del equipo jurídico de la organización Abuelas y patrocinante de familiares y víctimas en los juicios por delitos de lesa humanidad, Ana Oberlin, y las también abogadas Susana Chiarotti del Instituto de Derecho, Género y Desarrollo (Insgenar) y Analía Aucía del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM). Las negativas de los magistrados de Instrucción a imputar por estos delitos, la falta de sensibilización de los operadores judiciales para recepcionar todo lo que tiene que ver con la temática y las dificultades de las mujeres para incluir en sus declaraciones las violaciones y abusos que soportaron, componen un escenario en el que, tal vez, las recomendaciones del comité de la CEDAW, colaboren a visibilizar y destrabar. Insgenar y CLADEM llevan adelante una investigación para determinar las características y la extensión de la violencia sexual, sistematizada y perpetrada por los represores en el proceso abierto en 1976.
El análisis y recomendación de la CEDAW al Estado argentino en las más diversas formas de los delitos arriba mencionados está contenido en el punto 25 que textualmente expresa: "El Comité exalta los esfuerzos del Estado parte para que se enjuicie a los autores de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura", al tiempo que "lamenta que la violencia sexual cometida contra las mujeres en los centros clandestinos de detención durante la última dictadura no fuera castigada". Además en el punto 26 señala que el comité "recomienda que deben adoptarse medidas proactivas para asegurar que la violencia sexual cometida durante la última dictadura sea visibilizada, enjuiciada y sancionada en el marco de los juicios por crímenes de lesa humanidad, de conformidad con la resolución 1820 (2008) del Consejo de Seguridad, y que las víctimas sean reparadas"
La abogada que integra el equipo jurídico de Abuelas Ana Oberlin considera como "un avance importantísimo" las recomendaciones expresadas por la CEDAW porque las dificultades y obstáculos habituales en las causas "aumentan exponencialmente cuando se trata de avanzar en las imputaciones penales por los delitos contra la integridad sexual cometidos fundamentalmente contra las mujeres, por los integrantes de los grupos represivos", dice Oberlin, pero también señala que uno de los obstáculos principales para juzgar este tipo de delitos es la negativa generalizada de los jueces de instrucción a realizar estas imputaciones a los represores.
La base de la negativa a la que la abogada Oberlin se refiere, es "tan sistemática como la aplicación de la violencia sexual y está asentada en factores diversos. Entre esos factores ocupa un lugar central, según lo manifiestan las profesionales entrevistadas, el componente manifiestamente sexista de las prácticas judiciales y el tratamiento discriminatorio en razón de género que el sistema reproduce y que "según la integrante de HIJOS , "se ve plasmado particularmente en las investigaciones de delitos contra la integridad sexual cuyas víctimas son casi en su totalidad mujeres. Cuando se logra su investigación es excepcional que se arribe a una condena y durante el proceso judicial se evidencia un altísimo grado de revictimización de quiénes los sufrieron" El no avance respecto de las imputaciones a los responsables hace que la defensora federal, Matilde Bruera, explique que "la perspectiva de género en la administración de Justicia es un tema pendiente y muy recientemente abordada" y en relación con las causas de lesa humanidad que se llevan adelante en Rosario "los planteos son aún muy incipientes y no hay recepción de los mismos en la administración de justicia". De aquí parte Bruera para decir que "hay una causa en la que se sobreseyó al imputado, en la etapa de instrucción, con consideraciones que desconocen el marco conceptual de violencia de género como derecho humano". También Oberlin aporta que en Rosario varias mujeres declararon ser víctimas de violencia sexual pero no se logró avanzar en la imputación de los responsables.
El juicio contra el ex magistrado santafesino Víctor Brusa, de la ciudad de Santa Fe "que involucraba a otros represores hace decir a Bruera que en esa causa el tema de los delitos sexuales fue incluido en la condena con mayor claridad que en Rosario. También habla acerca de que "hay un hecho que hay que destacar y que resulta preocupante: se trata de una importante cantidad de mujeres víctimas que deciden no incluir la violencia sexual en sus relatos y ello obedece a una falta de abordaje específico del tema por parte de los operadores de Justicia". De ahí que considera importante la recomendación realizada desde CEDAW a la Argentina y como estado parte del comité internacional de la Convención, "está obligado a instalar un trabajo positivo y proactivo a fin de que la violencia sexual contra mujeres sea correctamente conceptualizada como derecho humano, pueda atravesar todas las construcciones jurídicas y las medidas que faciliten el acceso a la Justicia de la mujer, en condiciones de igualdad en estos juicios históricos", dice. En definitiva lo que se pide tanto desde el punto de vista de Oberlin como de Bruera es que "la violación sexual sea juzgada como delito de lesa humanidad, de manera autónoma e independiente de otros delitos de lesa humanidad, ya que si bien están relacionados, "no deben quedar subsumidos de manera que no se juzguen o se invisibilice este grave atentado en razón de género".
La investigación de Insgenar y Cladem se lleva adelante a partir de un equipo interdisciplinario y apunta a investigar la magnitud, características y extensión que tuvo la perpetración de toda forma de violencia sexual cometida por los represores. Se utilizan diversas fuentes, entre ellas testimonios y entrevistas a víctimas y testigos e involucra diversas provincias, Chaco, Córdoba, Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe y Tucumán.
En cuanto a lo que hasta ahora se pudo relevar en la provincia de Santa Fe, "aún son muy pocas las víctimas que comenzaron a hablar de los delitos sexuales que padecieron y se sabe que esos delitos que se cometieron fueron extendidos". Insgenar y CLADEM presentaron un "amicus curiae" en la causa que está encabezada con el nombre del represor Santiago Omar Riveros y que tramita en los Tribunales de San Martín, en Buenos Aires y el argumento para hacerlo fue que el juez de Primera Instancia y la Cámara de Apelaciones consideran que las violaciones denunciadas por dos de las víctimas "explican Chiarotti y Aucía "no fueron sistemáticas, y por lo tanto, no pueden considerarse crímenes de lesa humanidad". (El recurso del amicus curiae permite la presentaciones de terceros en una disputa judicial de la que no son parte, pero en la que tienen un justificado interés en la resolución final del litigio y con la finalidad de expresar sus opiniones en torno a la materia y a través de aportes de trascendencia para la sustentación del proceso). "Los jueces consideran que las violaciones no fueron sistemáticas porque, de lo contrario, todas las mujeres hubiesen denunciado. En Santa Fe sucedió algo similar en la causa Barcos donde se juzga a los perpetradores también por la violencia sexual cometida y se la "subsume" en el delito de tormentos", mientras que en Mar del Plata se produjo el primer juzgamiento y condena por las violaciones sexuales cometidas "calificando a las mismas de delitos autónomos". Desde el Instituto de de Derecho, Género y Desarrollo y desde el Comité de América latina y el Caribe (CLADEM) se explica que la sistematicidad propia de los delitos de lesa humanidad no tiene relación directa con la cantidad de crímenes cometidos sino con el contexto del conflicto. "Además ese argumento es inaceptable "dicen Chiarotti y Aucía porque desconoce la profunda dificultad que tienen las mujeres y los varones para hablar de la violencia sexual". Sin duda, explican, aquí pesan la estigmatización, la vergüenza y la humillación que sienten las víctimas de esos delitos por los prejuicios y los estereotipos de género construidos alrededor de la sexualidad en nuestra cultura.
29 de agosto de 2010
©rosario 12
rss

lo que encontró el funcionario


Fernando Molinas, hijo del fiscal administrativo.
[Irina Hauser] Argentina. "Me da mucha bronca que ahora los diarios (por La Nación y Clarín) digan que el fiscal (Ricardo) Molinas, mi papá, concluyó que no hubo irregularidades en la transferencia de acciones de Papel Prensa. Eso no es así, el dictamen de la fiscalía señalaba numerosas irregularidades. Fue evidente que ese traspaso se hizo rápido, que incluso hubo situaciones y cruces dentro de la propia junta militar que lo precipitaron y que se procuró que Papel Prensa quedara fuera de los bienes que iban a parar a la Conarepa. Por eso la detención de los Graiver es posterior", dijo Fernando Molinas a Página/12.
Molinas hijo intervino personalmente en la investigación sobre Papel Prensa que llevó adelante la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas cuando la dirigía su padre, que falleció en 2006. El mismo se encargó de tomar las declaraciones, entre otros, a Lidia Papaleo de Graiver, a su cuñado Isidoro, a Rafael Ianover y los dictadores. "Yo las tipeaba", recuerda.
"Nuestra hipótesis inicial era que querían sacarles Papel Prensa a los Graiver y desvincular la operación de cualquier circunstancia ilícita", explica. "Para nosotros esto surgía también claramente del contexto que describían los testigos, como la advertencia que dice Lidia Papaleo que le hace llegar (Francisco) Manrique de parte de los militares para que se deshiciera de los bienes del grupo. Si viene alguien de ese nivel con ese mensaje es una presión, o más bien una orden", repasa. "Isidoro Graiver –dice Molinas– declaró exactamente lo mismo en aquel entonces."
"En el dictamen –agrega– señalábamos que la transferencia se basó en hechos irregulares: la cooptación de acciones del grupo fundador por parte de Galería Da Vinci debía tener aval del Estado, como accionista, y no la tuvo; y además el dinero del grupo Graiver podía tener origen ilícito, basado en la relación con Montoneros, entonces no se entiende cómo la junta militar lo aprueba a pesar de que tenía absoluto conocimiento." "Aunque también formaba parte de nuestra hipótesis, no se pudo demostrar la complicidad de los diarios, no surgieron las pruebas", justifica. Esperaban, comenta, que luego el juez a cargo profundizara esa línea de investigación, aunque también presumían que podía declarar todo prescripto. Y eso fue lo que ocurrió en 1989, Jorge Néstor Pinzón desistió del recurso.
29 de agosto de 2010
©página 12
rss

la dictadura y los graiver


La Fiscalía de Investigaciones Administrativas encontró que la Junta Militar tomó la decisión de sacarles la papelera a los Graiver por la fuerza. "Esto surge también de todas las declaraciones informativas o testimoniales reunidas –determinó Molinas– y no sólo de declaraciones de los integrantes del Grupo."
[Irina Hauser] Argentina. "Como surge de lo expuesto, al conocerse la muerte de David Graiver (el 9 de octubre de 1976) y la quiebra del grupo, las máximas autoridades nacionales del momento tomaron la determinación de liquidar el grupo; para ello decidieron obligar a los herederos a transferir las empresas. En nuestro caso, la Junta de Comandantes decidió que el Grupo Graiver debía transferir el paquete accionario clase A de Papel Prensa S.A. Esto surge claramente, no sólo de las dichos de los integrantes del Grupo Graiver, sino de todas las declaraciones informativas o testimoniales reunidas." La cita textual es de hace veintidós años y forma parte del dictamen que firmó el entonces fiscal de Investigaciones Administrativas Ricardo Molinas cuando concluyó el expediente que ya entonces había puesto la lupa sobre la transferencia de acciones de los Graiver en Papel Prensa a Clarín, La Nación y La Razón. La investigación, iniciada en 1984, daba por hecho que la venta se hizo en un contexto de sucesivas presiones, que se montaban a la situación de ahogo financiero del grupo, y también que fue previa a los secuestros de varios de sus integrantes para evitar que la empresa terminara en poder de la Comisión Nacional de Reparación Patrimonial (Conarepa), que se quedaba con los bienes de los detenidos.
La investigación de Molinas, nombrado fiscal general en la presidencia de Raúl Alfonsín, se abrió con una denuncia del sindicalista Norberto Imbelloni, cercano a Herminio Iglesias en esa época, que de manera genérica pedía que se esclareciera si hubo delitos como extorsión, defraudación o hasta asociación ilícita en el traspaso del paquete mayoritario de Papel Prensa a los tres diarios, que se produjo entre noviembre de 1976 y enero de 1977. Molinas se embarcó en la pesquisa, del mismo modo que encaró otras de tenor similar como la del secuestro extorsivo de los empresarios textiles Federico Gutheim y su hijo Miguel. El menemismo lo expulsó en 1991 de la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas (FIA) y fue diputado hasta 1995 por el Partido Demócrata Progresista.
El expediente de la FIA, que llevó cuatro años de averiguaciones y declaraciones, era terminante en sus conclusiones: cuestionaba la compraventa de Papel Prensa por considerar que había sido forzada y teñida de irregularidades; se dio en un escenario de grandes dificultades económicas para el grupo pero no fue éste el que promovió la venta a Fapel SA sino a la inversa, y la oferta a precio vil llegó tras una cadena de advertencias que provenían de los jerarcas de la dictadura; la junta militar investigaba los vínculos de los Graiver con Montoneros por lo menos desde septiembre de 1976, o sea dos meses antes de la transacción; los secuestros de los Graiver y su entorno se produjeron una vez que la compañía ya estaba en manos de los diarios.
A los 35 años David Graiver era dueño de varios bancos, como el Comercial del Plata y el de Hurlingham en Argentina, el Banco para América del Sur de Bruselas, el American Bank and Trust y el Century en Estados Unidos, y tenía empresas de todo tipo, desde inmobiliaria hasta imprenta. Su ingreso a Papel Prensa se produjo en 1973, cuando compró las primeras acciones. Terminó siendo socio mayoritario, a medida que acordó la transferencia de acciones clase "A" de los fundadores de la empresa (César Civitta, César Doretti y Luis Rey). Los Graiver estaban representados por Galería Da Vinci y Rafael Ianover. La asamblea de accionistas de la productora de papel –que tiene participación del Estado– todavía no había aprobado la adquisición de acciones por parte del grupo, cuando se produjo la extraña muerte de David Graiver en un accidente aéreo en México.

Palabras Indelebles
La viuda de Graiver, Lidia Papaleo, y su hermano Isidoro Graiver declararon en la investigación de Molinas en 1985. Sus relatos sobre lo que ocurrió con posterioridad al fallecimiento de David Graiver son prácticamente idénticos, según pudo constatar Página/12 al leer el viejo expediente, y pintan el clima previo al traspaso societario.
Ambos coincidieron en que en octubre de 1976 el abogado de la familia, Miguel de Anchorena, se había puesto en contacto con ella para advertirle que "había recibido una información de Francisco Manrique –el ex ministro de Acción Social– cuyo contenido era, sintéticamente, que el gobierno nacional vería con agrado la desaparición del conjunto empresario Graiver como tal, para lo cual sería necesaria la venta de los paquetes accionarios del Banco Comercial del Plata, del Banco de Hurlingham y del paquete de control, o mejor dicho del control accionario, de PPSA (Papel Prensa) estimando que los compradores lógicos de este último paquete eran los diarios Nación, Clarín y Razón". Esas eran las palabras de Isidoro, quien además aclaró que Manrique "en el ínterin ratificó" lo que había dicho Anchorena. Las palabras de Lidia fueron casi las mismas. Quien interrogaba en la fiscalía era el hijo del fiscal Molinas, Fernando Molinas. La pregunta que originó aquellas respuestas era "cómo se había elegido el comprador" y si había "existido algún tipo de presión por parte de autoridades públicas o particulares".
La semana pasada Isidoro sostuvo primero en una carta ante un escribano y luego ante el juez Arnaldo Corazza que nadie le indicó quién debía ser el comprador y que la compra se hizo con el mejor oferente. En los papeles de la FIA no se consignan otros oferentes, ni los menciona él en su declaración ante ese organismo, como no lo hace tampoco Lidia Papaleo. Ella, en cambio, suma al relato de entonces un episodio con Pedro Martínez Segovia, presidente de Papel Prensa y muy cercano a Martínez de Hoz, que la invitó a encontrarse en el bar del Plaza Hotel, donde le dijo que estaba al tanto de las tratativas para la venta de las acciones y señaló que "esa venta no podía efectuarse ni a personas de la colectividad judía ni a un grupo extranjero". Cuando le tocó declarar, Martínez Segovia admitió el encuentro, contó que tomaron el té, pero dijo que no recordaba qué le había dicho a la viuda de Graiver.
Rafael Ianover, al presentarse en la FIA y asumirse como prestanombre de David Graiver, relató que cuando se aproximaba la asamblea de accionistas prevista para el 3 de noviembre del ’76, donde se debía tratar el pase de acciones de los antiguos dueños a Galería Da Vinci (para luego ser transferidas a Clarín, Nación y La Razón), recibió un "pedido": Manuel José Benito Campos Carlés –titular de Fapel y apoderado de La Nación– le dijo que el secretario de Desarrollo Industrial, Raymundo Podestá, le pedía que no fuera a la reunión "para que la asamblea no fracasara solamente por la ausencia del representante estatal". La asamblea, en efecto, no tuvo quórum. La noche anterior, el 2 de noviembre, firmaron la venta bajo la amenaza de que podían quedarse sin nada. El precio, declaró Lidia Papaleo, era mucho "menor al que" aspiraban pero "no había otra alternativa", dijo. Tanto ella como Ianover en sus manifestaciones recientes dijeron que no hubo ninguna chance de opinar sobre el precio ni la forma de pago: el valor fijado fue cercano a un millón de dólares y el adelanto de 7 mil dólares.
Ianover dijo también que poco antes de la operación un grupo de tareas había ingresado a su casa, tomaron a sus hijos y a la empleada como rehenes y antes de irse le hicieron firmar un papel que decía que no faltaba nada. Agregó que Patricio Peralta Ramos –de La Razón– le había dicho que si firmaba el convenio no le iba a pasar nada. Sin embargo, fue detenido en abril de 1977. Igual que Juan Graiver y Eva Gitnacht (padres de David), Lidia Papaleo de Graiver, Isidoro Graiver y su esposa Lidia Brodsky, Jorge Rubinstein (abogado de los Graiver, quien murió en la tortura según los testimonios), Silvia Banjul (empleada del grupo) y Lidia Gesualdi (secretaria de David y luego de Lidia), todos cautivos desde marzo de ese año en adelante y sometidos a torturas en centros clandestinos de detención del llamado "Circuito Camps", en la provincia de Buenos Aires. La asamblea de accionistas de Papel Prensa había aprobado la venta a Clarín, La Nación y La Razón a mediados de enero, dos meses antes.

Acusados
La investigación del fiscal Molinas incursionó en varios ejes y uno de ellos tuvo que ver con la constitución inicial de Papel Prensa y sus sucesivas composiciones accionarias. A su entender, hubo irregularidades desde los orígenes, ya que se hizo una adjudicación directa porque ninguna empresa cumplía con los requisitos de base y luego, las transferencias se encadenaron vía testaferros y sin aprobación en asamblea.
Un tramo de la pesquisa se centra en la relación de los Graiver con la agrupación Montoneros y da por hecho que el origen del dinero de sus operaciones era dudoso. Muestra que la junta militar venía investigando al grupo en su vinculación con Montoneros desde por lo menos dos meses antes de la venta de Papel Prensa y luego, ya detenidos, los sometieron a un Consejo de Guerra. Hace hincapié, para eso, en la declaración del propio represor Emilio Massera, quien señala el 15 de septiembre como momento en que "la Junta Militar había tomado conocimiento de los hechos relativos al caso Graiver" y que "de acuerdo con lo que surgía de las investigaciones realizadas, dicho Grupo habría tenido estrechas vinculación y colaboración con la subversión". En la misma línea declara Martínez de Hoz.
Sobre esa base, su dictamen final advierte que a pesar de todo, y del carácter de accionista del Estado en la empresa, los ex comandantes "trataron y resolvieron" la venta como "una cuestión estrictamente comercial". En la lógica del terrorismo de Estado, Molinas mostraba un escenario absurdo. Los militares, aunque "conocían –dice– la situación financiera del grupo, a pesar de haber investigado y comprobado según sus propios dichos la vinculación de David Graiver con Montoneros en ese entonces declarada al margen de la ley", no propiciaron y hasta forzaron la venta de Papel Prensa.
"Insólitamente, la Junta asistió impávidamente al enajenamiento de todos los principales bienes del grupo y recién después que ellos fueron transferidos, procedió a detenerlos" e "intervenir los bienes" restantes. "En la práctica la Junta militar ocultó todo lo referente a la vinculación GraiverMontoneros hasta la finalización de la transferencia del paquete accionario de Papel Prensa", afirma.
El dictamen, finalmente, acusa a los dictadores Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, a Martínez de Hoz y al secretario Raymundo Podestá por los delitos de encubrimiento, abuso de autoridad, incumplimiento de sus deberes y administración fraudulenta. Propone que se revoquen parte de los convenios por los que se reparó patrimonialmente a los Graiver y gira las actuaciones al Poder Ejecutivo, para que haga su propia investigación (algo que recién ocurre ahora). En cuanto a los tres diarios, Molinas concluye que no tiene pruebas para incriminarlos y que, hasta ese punto, aparecen como compradores "de buena fe".
"Nuestra hipótesis inicial y lo que se pudo comprobar en la investigación es que la junta militar quería sacarles Papel Prensa a los Graiver y desvincular la operación de cualquier posible circunstancia ilícita. A su vez, todo hacía pensar que no se la iban a entregar a cualquiera, ellos eligieron al comprador, pero no aparecieron pruebas al menos hasta ese momento de que los diarios actuaran en connivencia. Esperábamos que esa línea se profundizara en el juzgado", le dijo Fernando Molinas a este diario. Pero nada ocurrió, ni siquiera avanzó el caso contra los dictadores, que terminaron sobreseídos por prescripción por decisión del entonces juez federal Néstor Blondi.
Hasta hace apenas unas semanas, cuando el juez federal Daniel Rafecas se declaró incompetente para investigar los hechos sobre la venta de Papel Prensa que surgieron de los testimonios recibidos este año en la Secretaría de Comercio y los envió al juez Corazza para que los incorporase a la causa sobre el circuito Camps de centros de detención clandestinos. A esto, en los próximos días se sumará la presentación que están preparando la Procuración del Tesoro y la Secretaría de Derechos Humanos. La Justicia tendrá entonces otra oportunidad para fallar sobre el tema.
29 de agosto de 2010
©página 12
rss


pernías admitió vuelos y torturas


Con eufemismos, el represor reconoció violaciones a los derechos humanos en la ESMA. Ante la Justicia, el ex oficial de Inteligencia Antonio Pernías reconoció haber integrado el grupo de tareas de la ESMA, justificó las torturas como "interrogatorios reforzados" y se refirió a "los traslados" de detenidos.
Argentina. El ex oficial de Inteligencia Antonio Pernías volvió a hablar en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA y reconoció que el grupo de tareas que integró en ese centro clandestino tenía como práctica realizar "interrogatorios reforzados" a los detenidos. El represor justificó las sesiones de tortura –"aún hoy se los sigue aplicando en países como Irlanda o Israel", sostuvo–. También argumentó que las condiciones de detención en Capucha, donde permanecían los secuestrados por el grupo de tareas de la ESMA, "no se diferenciaban demasiado de las cárceles del pueblo".
La de ayer fue la segunda vez que Pernías, que está siendo juzgado junto a otros dieciocho represores, pide declarar. Subió al estrado con un bolso lleno de libros, que viene usando para desmentir las declaraciones de los sobrevivientes que atestiguan en las audiencias. Así, lee un párrafo de ‘La Voluntad’ o de ‘Mujeres guerrilleras’ a los jueces con la intención de confrontar los dichos de tal o cual testigo con lo publicado. Usa también ‘La Masacre de San Patricio’, de Eduardo Kimmel, y ‘Cuando el poder perdió el juicio’, de Luis Moreno Ocampo.
En tono autojustificatorio, el represor dijo que el país pasó por "una guerra" y adjudicó sus "horrores y errores" a "la obediencia debida" y "la emoción" que le causaron, dijo, "los crímenes cometidos por los jóvenes idealistas/terroristas/guerrilleros". Como si fuera una novela por entregas, prometió "explicar la posición de Perón" en su próxima declaración.
Más allá de la puesta en escena, para los abogados querellantes la declaración aportó algunos puntos útiles. Lo principal es que Pernías reconoció haber sido personal permanente del grupo de tareas de la ESMA y, al mismo tiempo, admitió que la tortura era una práctica del grupo. Por otra parte, blanqueó que el represor Julio César Coronel, que también está siendo juzgado por los crímenes cometidos en ese centro clandestino, utilizaba el apodo de Maco.
Pernías reconoció que Rodolfo Walsh fue llevado a la ESMA, negó haber participado en el secuestro y la desaparición de las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet y se refirió de manera indirecta a los vuelos de la muerte, al sostener que ni los oficiales ni los suboficiales decidían "los traslados" de detenidos. "Todo estaba decidido en esta guerra. Ningún oficial ni suboficial tenía que tomar decisiones sobre los traslados", declaró, ya que se trataba de "una guerra cruel".
Al aludir a sus funciones como interrogador mediante la aplicación de tormentos, usó el eufemismo de "interrogatorios reforzados" que, apuntó, "todavía son legales" en países como Israel e Irlanda, argumentó. "Pero no había ensañamiento, porque nosotros éramos personas de bien", sostuvo en otro tramo de su declaración, lo que levantó murmullos de indignación entre los asistentes, en su mayoría familiares de las víctimas o sobrevivientes del terrorismo de Estado. En el mismo sentido, sostuvo que "lo que hacía el grupo era sacar información, no había ensañamiento" y que los interrogatorios "eran por quince minutos, y si no se sacaba información después de ese tiempo, ya no servía".
El juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada está a cargo del Tribunal Oral Federal Nº 5. En la audiencia de ayer, después de estar varias jornadas ausente, reapareció el ex jefe del grupo de tareas Jorge ‘el Tigre’ Acosta; también estuvo Ricardo Miguel Cavallo.
Las audiencias se iniciaron el 14 de diciembre del año pasado; fueron escuchados ya más de un centenar de testigos, algunos por vía de teleconferencia dado que viven exiliados desde que fueron liberados de la ESMA. Los hechos que se juzgan son 85 casos de delitos de lesa humanidad, incluidos el secuestro y desaparición de Rodolfo Walsh, de las monjas francesas Duquet y Domon, y del grupo fundador de las Madres de Plaza de Mayo que integraban Azucena Villaflor, Mary Bianco y María Esther de Careaga.
Junto con Pernías, los imputados en este tramo de la causa son Jorge Eduardo Acosta, Alfredo Astiz, Juan Antonio Azic, Carlos Capdevilla, Ricardo Cavallo, Julio César Coronel, Adolfo Donda, Juan Carlos Fotea, Manuel García Tallada, Pablo García Velazco, Alberto González, Óscar Montes, Jorge Rádice, Juan Carlos Rolón, Raúl Scheller y Ernesto Weber.
27 de agosto de 2010
©página 12
rss

compraron clarín con torturas


Osvaldo Papaleo: "A Clarín y La Nación los condenan los documentos que le hicieron firmar a mi hermana". Antiguos dueños fueron acusados de ser montoneros. Obligados a vender bajo amenazas.
Argentina. El hermano de Lidia, la viuda de David Graiver, ratificó que tanto ella como Rafael Ianover estaban en libertad cuando firmaron la venta de las acciones, y aclaró que "Cristina nunca dijo que mi hermana estuviera presa cuando vendió las acciones de Papel Prensa".
"Claro que estaban en libertad, querían asegurarse que entregaran las acciones", sostuvo Papaleo al referirse a la heredera de Papel Prensa y al ex vicepresidente de la compañía, Rafael Ianover, quienes el 2 de noviembre de 1976 firmaron la venta de las acciones a Clarín, La Nación y La Razón.
Papaleo, quien ayer presenció la declaración de su hermana ante la fiscalía de La Plata, auguró un "horizonte de Marcos Paz" (el penal bonaerense) para el CEO de Clarín, Héctor Magnetto.
En La Plata se encuentra la causa judicial que investiga los crímenes de lesa humanidad cometidos en el Pozo de Banfield, donde Lidia Papaleo fue torturada en 1977.
Por otra parte, Papaleo anticipó que tanto él como su hermana iniciarán acciones penales contra la diputada de la Coalición Cívica Elisa Carrió, quien en declaraciones periodísticas había afirmado que ambos fueron "pagados por la SIDE". "Le vamos a explicar que se equivocó, que no somos Mario Pontaquarto", el ex secretario parlamentario que confesó recibir dinero de la SIDE durante el gobierno de la Alianza para el pago de sobornos para aprobar la ley de flexibilización laboral.
"Lidia tiene una autoridad moral que ella no tiene", afirmó Osvaldo Papaleo sobre Carrió, y añadió: "Ella fue funcionaria judicial en Chaco durante la dictadura mientras mi hermana era violada y perdía sus órganos, víctima de las torturas".
Además, señaló que "Clarín montó el operativo valija" con respecto a Isidoro Graiver -hermano de David Graiver-, luego de las solicitadas aparecidas con su firma en los matutinos del miércoles, en donde contradecía el testimonio de Lidia Papaleo. "Esto no se arregla con plata, ni con zócalos en la pantalla de la TV, esto se arregla con justicia porque es un delito de lesa humanidad", concluyó Papaleo.
27 de agosto de 2010
©página 12
rss

la joven sin nombre era luci gómez


Cuatro jóvenes fueron ejecutadas en febrero de 1976 a mil metros de la autopista. Tres de ellas ya habían sido identificadas. Ahora el Equipo Argentino de Antropología Forense entregó al juez Rodríguez las pruebas genéticas de la cuarta víctima.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. La llaman la masacre del camino de Las Moras por el lugar en cercanías de Coronda donde cuatro mujeres jóvenes fueron ejecutadas y sepultadas en una fosa común, en febrero de 1976. Una investigación del juez federal Reinaldo Rodríguez, ya le había devuelto el nombre a tres de ellas en una causa que se inició hace once años. Esta semana, el Equipo Argentino de Antropología Forense logró identificar a la cuarta víctima: Gladys Lucía Gómez (‘Luci’), una militante de la Juventud Peronista de 24 años, oriunda de Formosa, que estudiaba Ciencias Exactas en Resistencia y se había refugiado en Santa Fe, a fines de 1975, perseguida por el terrorismo de estado. No pudo escapar. Ella y otras tres compañeras de militancia en la JP: Olga Teresita Sánchez, María Cristina Mattioli y Graciela Cristina Siryi, fueron secuestradas entre el 27 y 28 de febrero de 1976, asesinadas con disparos en la cabeza y las manos atadas a la espalda y enterradas en una fosa común, a mil metros de la autopista a Rosario. Estuvieron como NN más de 30 años, hasta que la justicia comenzó a devolverles la identidad, recuperó las pruebas del crimen y ahora avanza en el juzgamiento de los ejecutores. En diciembre de 2009, el juez Rodríguez procesó al ex jefe del Area 212, coronel José María González, y al ex subjefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122, teniente coronel Roberto José Diab, a quienes imputó 22 y 46 homicidios, respectivamente, entre ellos los de Sánchez, Siryi y Mattioli, a los que deberá agregar el de ‘Luci’ Gómez.
Hasta el hallazgo del enterramiento clandestino en el campo militar San Pedro -en junio último , la masacre del camino de Las Moras era la única fosa común que había sido hallada en la provincia. La descubrió un arriero el 20 de marzo de 1976, en la ruta 64, a mil metros de la autopista, con los cuerpos de cuatro mujeres jóvenes. La dictadura dejó trascender que habían sido "estranguladas" y asoció el caso a una supuesta ‘trata de blancas’, según las crónicas de la época. Falso. Luego los restos fueron inhumados en el cementerio de Coronda como NN, hasta que la justicia comenzó a develar la verdad: eran militantes de la JP ejecutadas con el tiro del final. La primera que se identificó fue Sánchez, el 15 de setiembre de 2004; la segunda, Mattioli, el 6 de setiembre de 2007, y la tercera, Siryi, en abril de 2008.
Faltaba saber quién era la cuarta víctima. Una investigación de la abogada Lucila Puyol y sus compañeros Víctor Salami, Beatriz Pffeifer y Valeria Silva trabajó sobre la hipótesis de que se trataba de otra militante de la JP que se había refugiado en Santa Fe. Lo que en los últimos meses era una reconstrucción histórica en la que colaboraron también otros militantes políticos de Resistencia y de Formosa, se convirtió esta semana en una certeza: los pruebas genéticas revelaron que la joven sin nombre era Gladys Lucía Gómez, de 24 años, según el informe que el Equipo Argentino de Antropología Forense entregó al juez Rodríguez. El análisis se realizó en Córdoba, en el Laboratorio de Inmunogenética y Diagnóstico Molecular (Lidmo EEAF) a cargo del genetista Carlos Bullo, con un resultado del 99,99 por ciento al comparar los perfiles genéticos de los restos de Lucía y con la muestra sanguínea de su madre biológica.
"Esto demuestra la importancia de la memoria", se emocionó Puyol en diálogo con Rosario/12. "Más allá de que se necesita la prueba genética para confirmar la identidad de un desaparecido, es fundamental la reconstrucción histórica con datos y testimonios de los sobrevivientes de la dictadura. Fueron los compañeros de Lucía los que mantuvieron la búsqueda todos estos años y permitieron llegar a este resultado", agregó.
Ayer, Puyol presentó una denuncia para que la fiscal federal Nº 2 Cintia Gómez "inste la acción penal contra quien y/o quienes resulten responsables de la persecución política, secuestro, torturas, desaparición de cadáver y homicidio de Gladys Lucía Gómez".
27 de agosto de 2010
©rosario 12