Blogia
mQh

argentina

les enseñaron a torturar


Un ex militar reveló que hizo un curso antiguerrilla en Tartagal en 1967. Lo contó un testigo en el juicio a represores en Mendoza. Dijo que "unos 200" efectivos argentinos acudieron al curso, dictado por rangers que "habían estado en Vietnam". "Terminaron aprendiendo de nosotros", señaló.
[Nicolás Lantos] Argentina. "Hice un curso antiguerrilla en Tartagal, Salta, en 1967, con los yanquis. Allí yo aprendí a matar. Nos enseñaron técnicas de interrogatorio. El interrogatorio a través de la tortura. Cómo se debía torturar. La finalidad era extraer información." El testimonio del policía y ex militar Roberto Reyes, testigo en el juicio que se lleva a cabo en Mendoza contra cuatro represores por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura, es el primero que da cuenta de la presencia de especialistas norteamericanos para entrenar a las tropas en las técnicas ilegales que se utilizarían de forma sistemática casi una década más tarde, después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Según el relato de Reyes, "unos 200" efectivos argentinos, entre oficiales y suboficiales, acudieron al curso, dictado por alrededor de veinte rangers que "habían estado en Vietnam". Finalmente, relató, los veteranos estadounidenses "pasaron vergüenza" ante la ferocidad de sus alumnos. "Terminaron aprendiendo de nosotros", señaló el testigo.
"Yo me anoté para hacer el curso porque me dijo mi padre, que era militar, todos los cursos que puedas hacer, hacelos." Reyes llegó a ser cabo primero aunque siempre –asegura– se desempeñó en el Ejército como parte de la banda de música, hasta que, tras un accidente en 1970, fue dado de baja y se incorporó a la policía. El golpe del ’76 lo encontró cumpliendo un rol de guardiacárcel, primero en la zona llamada Sierra Pintada, luego en la Casa Departamental de San Rafael, adonde funcionó un centro clandestino de detención, motivo por el que fue citado como testigo. Sin embargo, sorprendió a todos los presentes en la audiencia cuando relató cómo, mientras revistaba en las Fuerzas Armadas, participó de este "curso antiguerrilla" que duró cuatro meses, en 1967, "cuando estaba el Che Guevara en Bolivia". Argentina era gobernada por el régimen de facto de Juan Carlos Onganía.
Según narró ante los jueces del Tribunal Federal Nº 2 de San Rafael y una nutrida asistencia (en su mayoría familiares de desaparecidos), en el curso les enseñaron "como se debía torturar, distintos tipos de tortura". Incluso detalló algunas de las técnicas adquiridas. "Por ejemplo, estaquearlos con correas mojadas y a medida que se secaban, cortarles los párpados, y llegado el momento se volvían locos porque no podían cerrar los ojos, les tiraban sal, estaban al rayo del sol –detalló–. Otra tortura era el submarino, había métodos de tortura como colgarlos de las manos, llegando al momento se descoyuntaban". Sin embargo, para Reyes, las técnicas que traían los rangers "las conocía todo el mundo, no venían con nada nuevo: picana, sumergir a las personas, les colocaban bolsas en la cabeza, inyectables para que se desesperen, griten, pedían que los mataran". El objetivo era inequívoco: "La finalidad de esa tortura era extraer información", confirmó Reyes, que aseguró que "en esa situación límite dicen cualquier cosa con tal de salvarse". Durante el entrenamiento, además, recibieron "reglamentos o especie de manuales en inglés" y, al finalizar, "hasta un diploma".
Aunque su testimonio no dejó nuevos detalles sobre la comisión de crímenes de lesa humanidad en Mendoza durante la última dictadura, sí "demuestra que efectivamente hubo un plan sistemático de terrorismo de Estado que se comenzó a preparar en los años sesenta para ponerse en marcha en los setenta", apreció el abogado querellante Pablo Salinas en declaraciones al diario local Mendoza Online. Reyes también reconoció haber visto a los imputados en el centro de detención y, aunque asegura que nunca vio a nadie allí con señales de tortura, reconoció que tener a alguien encerrado en una celda sin luz e incomunicado es una forma de tormento.
El primer juicio oral avanza contra los responsables del terrorismo de Estado en la provincia de Mendoza luego de que los camaristas Luis Francisco Miret y Otilio Romano, que frenaban su desarrollo (también bloquearon la aplicación de la nueva ley de medios), fueran denunciados por su complicidad con la dictadura. Ahora están siendo juzgados el ex teniente coronel Aníbal Alberto Guevara y los policías Raúl Alberto Ruiz Soppe (por entonces jefe de la Unidad Regional II), José Martín Mussere (oficial que funcionaba como enlace con el Ejército), Juan Manuel Labarta (que revistaba en la Policía de Investigaciones, o D2, de San Rafael) y Raúl Egea (abogado). El médico de la policía Cristóbal Ruiz Pozo, en tanto, quedó relevado por encontrarse internado y con una enfermedad terminal. El jefe del Tercer Cuerpo del Ejército Luciano Benjamín Menéndez, ya condenado cuatro veces a cadena perpetua, fue separado de esta causa para afrontar otro juicio en Córdoba.

29 de julio de 2010
©página 12
rss


identifican a otros dos desaparecidos


La identificación de dos jóvenes desaparecidos sera anunciada hoy por la presidenta. El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de Yves Marie Alaini Domergue (francés), de 22 años, y de Cristina Cialceta Marull (mexicana), de 20, enterrados en una fosa común en Melincué, Santa Fe. Los familiares participarán del acto.
Argentina. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunciará hoy en la Casa Rosada la identificación de un joven francés y de su pareja mexicana, militantes políticos desaparecidos durante la última dictadura militar y exhumados el año pasado de una tumba NN en la localidad santafesina de Melincué por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). La identificación de Yves Marie Alaini Domergue, de 22 años, y de Cristina Cialceta Marull, de 20, secuestrados el 26 de septiembre de 1976 en Rosario, se concretó en el marco del proyecto Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Desaparecidos. La ceremonia, de la que participará Eric Domergue, hermano de Yves, comenzará a las 19 en el Salón de los Científicos Argentinos del Bicentenario.
Yves Domergue, uno de los 18 franceses víctimas del terrorismo de Estado, nació en París en 1954. Cinco años después llegó con sus padres y dos hermanos a la Argentina, donde tuvo otros seis hermanos. En 1974, cuando la mayor parte de su familia volvió a Francia, Yves decidió quedarse. Estudiaba ingeniería en la Universidad de Buenos Aires y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores. Cristina Cialceta nació en México en 1956, pero es hija de argentinos. Su padre, el coronel retirado Ignacio Cialceta, ya fallecido, era sobrino político de Juan Domingo Perón y fue su edecán durante la segunda presidencia.
Los cuerpos aparecieron acribillados poco después del secuestro al costado de un camino vecinal cerca de la localidad de Carreras. Tres días después fueron enterrados en tumbas sin nombre en el cementerio de Melincué, un pueblo del interior de Santa Fe donde la noticia causó conmoción. Durante treinta y cuatro años integraron la lista de desaparecidos. "Era como si a Yves se lo hubiera tragado la tierra", recordó su hermano Eric, el único familiar que siguió viviendo en la Argentina. El 5 de mayo el EAAF le confirmó la identificación. El martes pasado, el juez de Melincué, Leandro Martín, anunció la identificación de la pareja. "Después de 34 años de desgracia sentimos alivio por encontrarlos y también por saber que sobrevivieron poco y nada en mano de los asesinos", confesó Domergue, de 54 años.
Jean Domergue se fue de la Argentina con una visión idílica y volvió dos años después para buscar a su hijo secuestrado por el terrorismo de Estado. Todos los hábeas corpus que presentó ante la Justicia tuvieron resultado negativo. Pese a los reclamos de la Embajada de Francia y las gestiones ante organismos internacionales, iglesias, legisladores norteamericanos, y una intensa campaña en la prensa, la dictadura nunca le dio una respuesta. "El ambiente era terrible. En la Embajada de Francia me advirtieron que tuviera cuidado al marchar por la calle, sobre todo que no hablara con desconocidos", recordó en una entrevista con el periodista Carlos Gabetta, publicada en el libro ‘Todos somos subversivos’.
Cuando volvió a Francia recibió una carta firmada con seudónimo en la que le informaban que su hijo Yves estaba en manos del Batallón de Comunicaciones 121 del Ejército, en Rosario. "Esta persona nos decía que había sido torturado, pero estaba con vida, y nos recomendaba la mayor publicidad posible, ya que su condición de ciudadano francés podía contribuir a salvarle la vida", recordó durante la entrevista. De regreso en su país fundó la Comisión de Familiares de Ciudadanos Franceses Prisioneros y Desaparecidos en Argentina y Uruguay.
"Me preocupa que la palabra ‘desaparecido’ se esté transformando en una palabra común", confesó durante una entrevista en el diario La Razón en 1984. "Yo quisiera llevar un cartel luminoso que dijera ‘no se olviden de los desaparecidos’, pero como no lo puedo hacer sigo luchando y afortunadamente puedo gritar más fuerte que cualquiera porque no hago política, lucho para saber dónde están nuestros desaparecidos", recordó entonces Jean Domergue, que hoy tiene ochenta años y la semana próxima podrá reencontrarse con los restos de su hijo.

28 de julio de 2010
©página 12
rss


guerra sucia, secretos sucios


David Cox y ‘Guerra sucia, secretos sucios’, sobre la labor de Robert Cox en la dictadura. El hijo del único periodista que en los ’70 denunció las desapariciones en el Buenos Aires Herald reconstruye esos años negros, y recalca que para Robert nunca hubo una noción "heroica": "Siempre pensó qué sólo estaba haciendo su trabajo".
[Silvina Friera] Argentina. "Los diarios argentinos fueron cómplices de la dictadura. El Herald no." Lo dice Robert Cox en el prólogo del libro que no pudo escribir, ‘Guerra sucia, secretos sucios’ (Sudamericana), la historia de un pequeño diario en inglés que informó lo que la prensa argentina silenciaba: los secuestros, torturas y desapariciones. Su hijo David es el encargado de contar la historia que había que contar. La de su padre, ese periodista que siempre creyó en el periodismo impersonal, en el cronista de impermeable raído que pasa inadvertido y no firma sus artículos. Por trillado que parezca, Robert repite una y cientos de veces que se limitaba a hacer su trabajo. Escribía artículos sobre los desaparecidos –quiénes eran, dónde vivían, cuándo los habían visto por última vez–; publicaba las listas con los nombres. A pesar del riesgo personal que corría, sabía que la prensa podía desempeñar un papel clave a la hora de salvar vidas. Los familiares hacían colas en la redacción del Herald; Robert –que vivió veinte años en la Argentina– entrevistaba la mayor cantidad de gente que humanamente podía. Desde las páginas del diario lanzó una campaña para salvar a Jacobo Timerman. También presionó para que liberaran a Alfredo Bravo. Fue el primero en publicar una nota sobre las Abuelas de Plaza de Mayo. Y enfrentó a los militares con un halo de inocencia que –bajo el prisma de la distancia– se parece mucho al coraje.
David, el autor de ‘Guerra sucia, secretos sucios’, admira a Robert, el hombre que dirigió el Buenos Aires Herald. Los ojos de este periodista y escritor se pavonean cuando dice "mi padre". Su padre revela en el prólogo del libro que no pudo escribir que la lección más importante que aprendió de esos años turbulentos fue la respuesta a una pregunta que lo inquietaba profundamente: "¿Cómo fue posible que los nazis exterminaran a millones de personas sin que los alemanes comunes y corrientes, los alemanes decentes, pusieran el grito en el cielo? Para decirlo con todas las letras: cómo era posible que las personas decentes, sobre todo las que vivían al lado de un campo de concentración, negaran lo que era obvio". Lo que Robert vivió en la Argentina le sirvió para encontrar certezas ante esos interrogantes. "Los seres humanos evitan la realidad y niegan lo obvio, especialmente cuando se sienten amenazados por actos de terror. El pueblo argentino no quería conocer los secretos sucios de su gobierno, y la prensa le daba el gusto no informando lo que ocurría." En el libro, el hijo –que ha sido corresponsal del Miami Herald, el Sunday Times y Perfil– compara las prácticas de la dictadura con las empleadas por Hitler en Alemania. "Las autoridades capturaban a los así llamados ‘criminales’ y nadie los volvía a ver jamás. No se reconocían los arrestos y jamás se llevaba a cabo un juicio. Los sospechosos simplemente desaparecían y nunca se volvía a saber de ellos. La meta era paralizar de miedo."

Después de leer el libro, su padre parece un héroe, aunque él mismo aclare que se limitó a "hacer su trabajo". ¿Por qué ese "hacer su trabajo" fue la excepción?
Todos los valores periodísticos colapsaron con la dictadura. El desafío de mi padre, ante la situación, fue tomar el camino correcto de contar las historias de los familiares de desaparecidos. Es difícil entender por qué los periodistas del diario La Nación y Clarín no hicieron su trabajo... evidentemente hubo un tipo de complicidad muy generalizada. Se empezó con una omisión gradual de las desapariciones y después no hubo retorno. No se podía volver atrás. Mi padre siempre creyó que los cambios se hacen pacíficamente; nunca con la violencia. Pero algunos grandes intelectuales del país entonces pensaban que la violencia era la manera de cambiar la historia. Muchos, con buenas intenciones, tomaron las armas. Pero mi padre nunca creyó que la violencia fuera posible. Cuando comenzaron las desapariciones, él se dio cuenta de que al publicar el nombre de una persona podía salvarle la vida. La publicación de los nombres era clave para que se salvaran, para que no siguieran desaparecidos. Mi padre sintió las desapariciones como si estuvieran desapareciendo a su propia familia...

Usted cita en el libro un editorial bastante profético que escribió su padre en el Herald, el que recordaba una frase de Nietzsche: "Si miras a los ojos a un dragón, corres el riesgo de transformarte en dragón".
Sí, es muy increíble que mi padre haya anticipado lo que vendría. La prensa alemana durante el nazismo también fue cómplice. Si los medios de comunicación hubieran informado sobre las desapariciones, la dictadura no hubiera durado tanto. Pero los medios colapsaron...

David reconstruye los pasos de su padre –que nació en Londres, el 4 de diciembre de 1933– en el país. Llegó en 1959 para trabajar como periodista en el Herald. Aquí se casó y formó una familia. De la Argentina se tuvo que exiliar a fines de 1979, amenazado por la dictadura. "Mi padre no pudo escribir este libro por el tremendo dolor del que quedó cautivo después del exilio", cuenta el hijo que desde muy chico supo lo que estaba sucediendo. Tempranamente aprendió a deletrear de-sa-pa-re-ci-dos, esa palabra que una y otra vez surgía de la máquina de escribir de su padre y "reverberaba en las paredes de la cocina como un eco venido de la oscuridad de una caverna interminable", recuerda. "Mi madre también quería que escribiera el libro, todos queríamos que lo escribiera. Pero mi padre no pudo. Le costó muchísimo recordar algunos episodios, algunos casos en los que trató de ayudar. El insistía en que se publicaran los nombres porque ésa era la única manera de salvarles la vida. Pero muchas familias tenían temor; sentían que publicar sus nombres era una manera de condenarse a la muerte. Mi padre piensa que en algunos casos tendría que haber tratado de hacer más de lo que hizo... Y esos recuerdos todavía son difíciles de digerir para él." Se nota que para el hijo también es compleja la digestión de esos recuerdos transferidos durante la escritura del libro.
No bien asumió Videla con sus planes de "restaurar el orden", mientras los otros periodistas tomaban nota y asentían, el inglesito del Herald salía con los tapones de punta: "Pero, señor presidente, las desapariciones continúan. ¿Acaso no piensa detenerlas?". Robert preguntaba por los desaparecidos; hacía su trabajo. Cuando todos los diarios, dócilmente, aceptaban la información bajada por los militares, Cox presionaba. Criticaba. Después de una conferencia de prensa, el periodista pidió hablar con Albano Harguindeguy. El entonces ministro del Interior se quejó por los artículos publicados: "Nos da bastante duro". El hombre del Herald, que grabó la conversación, le retrucó: "Hay sesenta periodistas desaparecidos". El sarcasmo de la respuesta del general pronto llegó: "¿Nada más que sesenta?". Cox le exigió que se ocupara del "problema gravísimo". Que lo resolviera. Que lo ayudara. Hay páginas imperdibles en las que se recuperan situaciones en las que Cox está cebadísimo contra diversos interlocutores uniformados de alto rango. "Hubo cierta inocencia de mi padre que quizá le salvó la vida", plantea David. "El se enfrentaba con los militares, que lo miraban preguntándose ¿quién es esta persona? Los militares le tenían miedo a mi padre, pero él no temía a la hora de decirles que no podían seguir desapareciendo personas. No se esperaban que les dijera esas cosas en la cara. Un bruto como Harguindeguy creía que mi padre era una especie de enigma. Era como un profesor que les dice: "Estás haciendo las cosas mal, pibe", o algo así. Si mi padre hubiera perdido la fe en lo que estaba haciendo, que lo que hacía no podía salvar vidas, creo que él no hubiera seguido".

¿Cómo hizo su padre para conjurar el miedo, para tener coraje?
Él sabía que la dictadura estaba matando y que tenía que hacer todo lo posible para salvar vidas. Mi padre no piensa que tuvo coraje... El lo hizo sin pensar en ningún tipo de gloria ni nada por el estilo. Mi padre es una persona tremendamente humana... Pero no quiero caer en el cliché del heroicismo; mi padre afirma con todas las letras que lo único que hizo fue hacer su trabajo. Siempre supo que el miedo es un factor paralizante que genera indiferencia hacia el sufrimiento ajeno. Creo que fue Churchill el que dijo "no tengas miedo al miedo". Mi padre sabía que si se entregaba al miedo, perdería la racionalidad, la humanidad... El terrorismo es la peor forma del miedo.

28 de julio de 2010
©página 12
rss


la represión en bariloche


El jefe de la policía de Río Negro estuvo en Bariloche el día de la represión. El juez que investiga la muerte de dos jóvenes durante una protesta por un caso de gatillo fácil podría citar al jefe de policía, que estuvo en la seccional desde donde partió la represión, según consta en el libro de novedades.
[Carlos Rodríguez] Argentina. El jefe de la Policía de Río Negro, comisario Jorge Villanova, estuvo el 17 de junio pasado, al mediodía, en la sede de la Comisaría 28ª de Bariloche, en la zona del Alto, horas después del asesinato del joven Diego Bonnefoi, de 15 años, y cuando estaban comenzando las movilizaciones populares que luego fueron reprimidas en forma violenta por la policía, lo que provocó dos nuevas muertes, las de Nicolás Carrasco (16) y Sergio Cárdenas (29). El dato es importante, en el marco de la investigación de las muertes de Carrasco y Cárdenas, porque los abogados de las familias solicitaron al juez de la causa, Martín Lozada, que investigue "a la cadena de mandos" ya que "las responsabilidades no pueden terminar en los jefes de la Unidad Regional III (ya separados de sus cargos) sino que deben seguir hacia el jefe de policía y los responsables políticos". Todo indica que Villanova será llamado a prestar declaración, al igual que el ministro de Gobierno, Diego Larreguy, y el secretario de Seguridad y ex jefe de la fuerza, Víctor Cufré, quienes también estuvieron en Bariloche el 17 de junio, aunque no se sabe si en la misma Comisaría 28ª. En el libro de novedades de la seccional quedó asentada la visita de Villanova.
Hasta ahora, los únicos sancionados por el gobierno provincial fueron el entonces titular de la 28ª, Jorge Carrizo, y los jefes de la Regional III, Argentino Hermosa y Fidel Veroiza. Sobre la posibilidad de que Villanova haya sido el que dio la orden de reprimir, Hermosa declaró ante la prensa que "en estos casos, las responsabilidades son compartidas entre los mandos superiores y los mandos medios". Además, Hermosa afirmó que el día de los hechos estuvo "acompañado permanentemente por mi jefe de policía", en un gesto que pareció de reconocimiento, pero que puede perjudicar a Villanova, si el ex jefe de la Regional III repite sus dichos cuando declare ante el juez Lozada. El 17 de junio, en Bariloche, estuvieron Villanova, Larreguy y Cufré, quienes acompañaban al gobernador Miguel Saiz durante una visita a la cercana ciudad de El Bolsón.
Otro punto importante tiene que ver con el reconocimiento, por parte de las autoridades policiales, de que hubo el 17 de junio un importante acopio de municiones, como los proyectiles PG (propósitos generales), de plomo, que fueron retirados por un agente policial, de apellido Aballay, de las oficinas de la empresa Prosegur en Bariloche. Fueron tres cajas y media de cartuchos, según reconoció el área de Control de Gestión Interna de la policía, en un informe entregado a la Justicia. Los proyectiles habrían sido distribuidos entre al menos seis de los agentes que participaron en la represión. Por este tema tendrá que ir a prestar declaración testimonial el agente Aballay.
Además, en el parte diario del grupo antimotines BORA, con sede en Bariloche, quedó asentado que el día 17, antes del comienzo de la represión, unos agentes rompieron el candado de un placard para sacar de allí cajas con municiones. No se sabe si eran del tipo PG, de plomo, o si eran las AT (Antitumulto), de goma. De todos modos, en forma paralela a la investigación por las muertes de Carrasco y Cárdenas, el juez Lozada investiga una denuncia presentada por al menos ocho personas que resultaron heridas, en algunos casos de cierta gravedad, por el accionar represivo. Las dos causas podrían unificarse porque los dos muertos y los ocho heridos fueron el resultado del accionar policial en el barrio Boris Furman, donde viven los Bonnefoi y donde estaba la Comisaría 28ª.
En los operativos del día 17 participaron policías de las comisarías 2ª, 8ª y 27ª, de Melipal, del grupo BORA, de la Unidad Penitenciaria 3 y de la Brigada de Investigaciones. Hubo un grupo de seis u ocho hombres de la Brigada, vestidos de civil y con los rostros cubiertos con pasamontañas, que llevaban Itakas similares a las que dispararon los perdigones de plomo que produjeron las dos muertes.
También se confirmó, como había adelantado este diario, que se pedirá una pericia de sonido y análisis de ecos de los disparos al Grupo de Física Forense del Centro Atómico de Bariloche. El trabajo se hará sobre filmaciones y fotos obtenidas durante la represión. Se busca determinar de qué grupos de policías partieron los disparos que mataron a Carrasco y Cárdenas.
En una conferencia de prensa ofrecida ayer, Rubén Marigo, de la APDH de Bariloche y uno de los abogados querellantes, dijo que "resulta llamativo que hayan pedido municiones a Prosegur e incluso a Prefectura". También señaló que "es extraño que (en la causa) hayan dicho que no se lleva un inventario de las municiones almacenadas. Sin ese dato –precisó Marigo– es imposible saber cuántas municiones y de qué tipo se usaron durante la represión de los días 17 y 18" de junio. Marigo le dijo a Página/12 que le están pidiendo al presidente del Superior Tribunal de Justicia de la provincia, Víctor Sodero Nievas, que le permita al juez Lozada quedarse "únicamente con esta causa, por 30 o 40 días, hasta terminar con las actuaciones, porque eso nos permitiría reunir pruebas necesarias para llegar al esclarecimiento de los hechos".
Los querellantes están pidiendo la versión taquigráfica de lo que dijo el ministro Larreguy, en Viedma, durante la interpelación realizada el 8 de junio pasado. El funcionario incurrió en graves contradicciones: "No hubo represión –dijo–, fue prevención". Hasta aseguró que "no se usaron proyectiles de plomo", lo que fue desvirtuado por el propio gobierno de Río Negro algunas semanas después. Por esta razón, la APDH de Bariloche y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) le pidieron al ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, Julio Alak, que convoque "con carácter de urgencia a una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad Interior".
El motivo invocado es "la falta de respuesta política" del gobierno de Río Negro, a quien el Consejo debería exigirle "que informe sobre las medidas tomadas para el esclarecimiento y la sanción de los homicidios" de Bonnefoi, Carrasco y Cárdenas.

28 de julio de 2010
©página 12 
rss


por torturas procesan a policías


Nueve policías de la 23ª en disponibilidad por "apremios" a menores. Detuvieron a tres adolescentes por un supuesto intento de robo de un auto. Los menores denunciaron haber sido golpeados y torturados incluso con pasaje de corriente eléctrica. Una mujer policía quedó detenida. La jefatura ordenó nueve pases a disponibilidad.
[Carlos Rodríguez] Argentina. "Son nueve los policías pasados a disponibilidad, entre ellos una mujer. La acusación es grave: apremios ilegales contra tres menores de edad. Por eso, apenas se conoció la denuncia, los separaron del cargo de inmediato." Una fuente de la Policía Federal, consultada por Página/12, confirmó que el jefe de la fuerza, Néstor Valleca, tomó la determinación luego de conocer la denuncia y dar intervención a la División Asuntos Internos. El caso ocurrió el miércoles de la semana pasada en la Comisaría 23ª, ubicada en Santa Fe 4000, en el barrio porteño de Palermo, pero se conoció recién ayer. Los tres chicos, que ya recuperaron la libertad, denunciaron ante la Justicia que los llevaron detenidos acusados de un supuesto intento de robo automotor. Una vez en la seccional, según su relato, fueron "golpeados y sufrieron apremios ilegales, incluyendo el pase de corriente eléctrica". Uno de los autores materiales del hecho habría sido la mujer policía detenida, pero la denuncia involucra a los nueve federales.
"Ahora hay dos investigaciones paralelas, la interna, en la que se tomó la medida administrativa de pasarlos a disponibilidad, y la que lleva adelante la Justicia", confirmó la fuente de la Federal. "No habría prueba suficiente contra los menores, los que ya recuperaron la libertad", precisó el vocero policial. Entre los policías sancionados hay oficiales y suboficiales que estuvieron a cargo del operativo en forma directa o que tuvieron responsabilidad en los hechos investigados, luego de la detención de los tres chicos. La causa por apremios es investigada por el juzgado de instrucción 34 de la Capital Federal, a cargo de Federico Salvá.
"En estos casos, de hechos tan graves, el pase a disponibilidad es inmediato y también es muy difícil que vuelvan a ser reincorporados", aseguró la fuente policial consultada por este diario. La información que se pudo conocer en medios judiciales indica que Salvá está a cargo del caso de apremios, que primero pasó por un juez de menores que sigue al frente de la investigación por el supuesto robo. Los hechos ocurrieron el miércoles en el barrio de Palermo, cuando los tres chicos fueron detenidos en un procedimiento durante el cual hubo golpes y malos tratos en contra de los "sospechosos" de intentar robar un auto en la vía pública.
Entre los sancionados por la Federal se encuentra una mujer policía que habría aplicado "una descarga eléctrica sobre al menos uno de los menores de edad" imputados por el supuesto robo, según admitieron las fuentes policiales consultadas. La Federal no dio a conocer ninguna información oficial sobre los hechos, que sí fueron confirmados por distintas fuentes de la repartición. Ahora, el encargado de seguir con el caso es el juez de instrucción Salvá, quien recibiría en estos días un informe acerca del trámite administrativo a cargo de Asuntos Internos.
Voceros de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, ante una consulta de este diario, dijeron que "por el momento" no habían recibido ninguna denuncia sobre este nuevo caso de apremios ilegales en contra de la Policía Federal, que depende del Ministerio de Justicia y Seguridad, hoy a cargo de Julio Alak. La Defensoría, cuya titular es Alicia Pierini, dio a conocer, a fines del año pasado, un duro informe sobre cerca de un centenar de denuncias por apremios y torturas contra la Federal.
De ese total fueron seleccionados veinte casos de extrema gravedad, incluyendo cuatro homicidios, tal como informó Página/12 en su edición del 6 de enero pasado. El informe cubría sólo los casos de violencia policial ocurridos hasta el 31 de octubre del año pasado, motivo por el cual no incluyó hechos como la represión durante el recital de Viejas Locas, el 14 de noviembre de 2009, donde murió el joven Rubén Carballo, o el violento desalojo de la Mutual Sentimiento, del 9 de noviembre de ese año.
El documento, de 65 páginas, fue difundido bajo el título "Informe especial sobre violencia policial" en la ciudad de Buenos Aires. Pierini advirtió, en ese momento, que los casos de apremios y homicidios impunes de la Federal venían creciendo desde 2008. Muchos de esos casos surgen a partir de operativos que se llevan a cabo siguiendo lo que en la jerga policial se denomina "actitud sospechosa" o lo que se conoce como "olfato policial". Todo parece indicar que, en el caso de los tres jóvenes detenidos en la comisaría 23ª, lo que predominó fue alguna de esas actitudes tan extendidas en los últimos tiempos.
Luego de señalar que esas prácticas persisten a más de 27 años del fin de la dictadura militar, la Defensoría sostuvo que se mantiene el modelo original de reprimir "todo tipo de conducta, incluso de acciones no delictivas, inscriptas en conceptos primitivos de salubridad y moralidad pública". Las víctimas son "personas en general socialmente vulnerables, consideradas y estigmatizadas por la propia policía como peligrosas".

27 de julio de 2010
©página 12 
rss


testimonios de víctimas en oroño


El testimonio de sobrevivientes, querellantes y testigos. "Es doloroso volver a escuchar lo padecido".
Argentina. El sol entibiaba ayer al mediodía la vereda de Oroño al 900, donde algunos sobrevivientes, querellantes, testigos y antiguos compañeros de militancia tomaban mates acompañados por familiares y amigos. Era el cuarto intermedio de la segunda audiencia del juicio oral y público de la antigua causa Feced. "Es muy doloroso para nosotros escuchar decenas de veces lo que hemos padecido cuando éramos jóvenes y adolescentes. En 1984 presentamos el primer escrito, un grupo de detenidos", rememoró Marta Bertolino. Aquella primera presentación se realizó frente a la Justicia provincial, y fue elaborada por una de las detenidas, Olga Cabrera, quien fue clave para que hoy el juicio pueda realizarse.
Por su parte, otra de las querellantes, Azucena Solana, manifiesta su impotencia y su bronca. "En los casos de algunos compañeros, como Ruth González, hay testigos que vieron que la subió José Lo Fiego en el traslado del que jamás volvió. El sabe dónde los llevó y no lo dice", expresa su bronca. También subraya el valor del juicio. "Significa un impacto, porque es llegar a un momento postergado, que empieza a atravesar instituciones y encontrar sanción social. Creo que es una cuestión de salud mental y crecimiento político colectivo", apunta sobre el juicio.
En la conversación se mezcla la impunidad que tuvieron los represores durante la democracia, y cómo en 1997, cuando se elaboró el informe sobre los miembros de las fuerzas armadas que habían participado del terrorismo de Estado, el entonces ministro de Gobierno, Roberto Rosúa, tomó la decisión política de exonerarlos.
En ese punto, Bertolino vuelve a los efectos de la impunidad. "Desde aquel entonces, hace casi 30 años, nosotros fuimos incorporándonos a empleos, estudiamos, estuvimos en círculos sociales, pero de esto no se hablaba. Nunca fuimos reconocidos", indica la psicóloga, también querellante de la causa. Solana aporta lo suyo: "Se hizo ’como si’ no hubiera pasado nada. Y en nuestra vida hubo huellas muy concretas de la dictadura. Heridas, compañeros que no están...". Vivono asiente en esa conversación. Todos recuerdan, además, a una de las víctimas que no llegó al juicio, ya que murió en estos años. Eduardo Nassini, el Tortuga, fue uno de los batalladores de la causa que entonces llevaba el nombre de Feced. "Cuando se secuestró todo el material que se encontraron en las dos casas operativas de los grupos de tareas, en 1984, él acompañó al juez Francisco Martínez Fermoselle. Me acuerdo como si fuera hoy cómo tenía los ojos abiertos al recordar todo el material que se había encontrado, restos de botines de guerra y documentación impresionante, una parte de la cual fue robada en 1986 de los Tribunales provinciales", recuerdan Vivono y Bertolino.
Para la psicóloga Lilian Milicich, testigo de la causa como profesional, el juicio abre además la posibilidad del duelo a los sobrevivientes. "Como ciudadana siento que es un acontecimiento histórico, pero también tiene el valor de posibilitar el duelo", afirma, al tiempo que manifiesta el "clima de cierta tensión" que se vive en la audiencia, "dada la proximidad de quienes fueron actores de la represión y quienes fueron torturados. Sólo los separa un vidrio".

27 de julio de 2010
©rosario 12 
rss


argumentos contra díaz bessone


Los argumentos del Ministerio Público para enjuiciar a Díaz Bessone y Cía. Díaz Bessone fue el máximo responsable de la represión ilegal en la región y Lo Fiego conducía las sesiones de tortura.
[Sonia Tessa] Argentina. Eduardo Seminara fue secuestrado el 2 de septiembre de 1976 cuando cumplía el servicio militar en Azul. Lo trasladaron al Servicio de Informaciones de la Policía de Rosario, en San Lorenzo y Dorrego. Allí lo ataron, lo desnudaron, lo quemaron, le hicieron el submarino y le aplicaron picana eléctrica en todo el cuerpo. El ahora vice rector de la Universidad Nacional de Rosario fue entrevistado después de los tormentos por ‘Archie’, un represor que conocía su vida al dedillo. José Antonio Scortecchini -uno de los imputados en la causa Díaz Bessone- le sugirió que no se hiciera reventar por la picana. El integrante de la patota y el prisionero habían sido amigos durante cuatro años, entre los 13 y los 18, de modo que apenas escuchó la voz, Seminara pudo identificarlo como uno de sus torturadores. Esta fue una de las tantas situaciones que se leyeron ayer, como parte de la requisitoria de elevación a juicio oral del Ministerio Público, que elaboró el entonces fiscal Ricardo Vázquez. Sobre Ramón Genaro Díaz Bessone se planteó que en su carácter de Comandante del II Cuerpo de Ejército, entre febrero de 1975 y octubre de 1976, fue el máximo responsable de idear y ejecutar el plan sistemático de represión ilegal en la zona. José Lo Fiego era quien conducía las sesiones de tortura y el encargado de garantizar que los prisioneros no murieran en esa situación. En tanto de Ricardo Chomicky, se remarcó que fue colaborador civil en la represión ilegal, al participar de sesiones de tortura y secuestros.
Es impactante escuchar los terribles momentos vividos por personas que se conocen desde hace años. Lo será aún más en la etapa de testimonios, pero aún en el lenguaje tribunalicio, resulta escalofriante la lectura de un mero sumario de las situaciones vividas. Les pasa también a amigos y compañeros. Cuando la secretaria Silvina Andalaz leía el "caso 80", de Azucena Solana, al lado de la propia víctima y querellante estaba sentada Alejandra Manzur, hija del desaparecido Oscar Manzur y de la sobreviviente Marta Bertolino. La joven no pudo evitar el llanto. Azucena la abrazó y le dijo: "Gracias por llorar por mí".
Uno de los aspectos más peculiares del juicio es la acusación a Ricardo Chomicky (junto a su esposa, Nilda Folch, que se encuentra prófuga y por lo tanto no puede ser juzgada), como colaboradores civiles en la represión ilegal. Los dos llegaron secuestrados al Servicio de Informaciones. Chomicky argumentó en su defensa, en una declaración anterior, que había sido torturado sistemáticamente.
El escrito de Vázquez dedica un párrafo a ese punto. "Los casos de ambos presentan la particularidad de haber sido víctimas iniciales del plan represivo. Ni haber brindado información ni haber realizado tareas menores son motivo de reproche penal. No se reprochan de parte del Ministerio Público las actitudes motivadas por el plan sistemático de represión. El reproche es la participación activa de los mismos en delitos de privaciones ilegítimas de la libertad, tormentos y muertes", dice el texto de la requisitoria, después de recoger distintos testimonios sobre la presencia de Folch y Chomicky en sesiones de tortura y secuestros.
De hecho, la requisitoria toma dichos del propio interventor de la policía provincial durante la dictadura, el fallecido Carlos Agustín Feced, quien declaró en 1984 frente al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Allí afirmó que Folch le recordaba a su hija, y por eso la "protegió", al tiempo que tramitó la libertad de la pareja. Feced dijo también haberles proporcionado documentos falsos y haberlos ayudado a cambiar su aspecto una vez liberados. Incluso, fue padrino del casamiento entre Folch y Chomicky.
Al terminar los 87 casos, comenzó el capítulo de la requisitoria destinado a los acusados. Sobre Díaz Bessone, se planteó su poder de decisión, dado que todas las fuerzas fueron puestas bajo la órbita del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército.
Lo Fiego, alias ‘el Ciego’, dijo en alguna indagatoria de la etapa de instrucción que las órdenes para combatir a lo que ellos llamaban "la subversión" fue transmitida oralmente por Díaz Bessone, en marzo de 1976. También afirmó que el destino de los prisioneros nunca era determinado por la policía, sino que respondían a órdenes del Comando.
A Lo Fiego, gran cantidad de testimonios lo señalaron como la persona encargada de aplicar los tormentos y regularlos de manera que no acabaran con la vida de los secuestrados. Por eso, otro de sus apodos era ‘doctor Mengele’. También fue el responsable de los "traslados" de personas que continúan desaparecidas. También se lo acusa de haber redactado los informes que se elevaban al Comando del Segundo Cuerpo de Ejército.
Mario Marcote, Ramón Rito Vergara y Scortecchini también fueron acusados como efectivos policiales, de acuerdo con diferentes testimonios de sobrevivientes, por participación en secuestros y tormentos. En esos casos, quedó planteado que se intentaron fraguar las verdaderas tareas en el área de Inteligencia de la fuerza, dado el carácter clandestino de la represión ilegal.

27 de julio de 2010
©rosario 12
rss


identifican restos de desaparecidos


En Argentina. Forenses argentinos identificaron los restos de 120 personas desaparecidos durante la última dictadura militar en el marco de una campaña latinoamericana de recolección de muestras genéticas, confirmaron hoy sus portavoces a Efe.
Argentina. Se trata del total de restos identificados hasta ahora por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) desde el lanzamiento en 2007 de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas, con el apoyo de organizaciones de Guatemala y Perú, y del gobierno argentino.
Los restos fueron hallados en distintas fosas comunes y cementerios del país suramericano, según miembros del grupo forense, una ONG que ha trabajado en la identificación de personas asesinadas durante dictaduras o en hechos de violencia política en más de 30 países.
Algunos de los restos identificados hasta ahora corresponden a uruguayos desaparecidos a manos de paramilitares durante los llamados "años de plomo" de la dictadura argentina (1976-1983), apuntaron las fuentes sin precisar la cantidad.
Los portavoces indicaron además que en agosto próximo se enviarán a Estados Unidos 800 muestras de sangre de otros tantos familiares de desaparecidos durante la dictadura argentina (1976-1983) para que sean analizadas en el laboratorio Bode Technology de Virginia.
Entre los identificados en estos años figura Manuel Coley Robles, el primer caso en el que se logró conocer el paradero de un español desaparecido en el régimen argentino.
Coley Robles desapareció en octubre de 1976 y sus restos permanecían enterrados en un cementerio de General Villegas, en las afueras de Buenos Aires, señaló el Equipo Argentino de Antropología Forense en diciembre pasado al divulgar el caso.
El equipo forense ya ha enviado 6.000 muestras de sangre de familiares de desaparecidos y de más de 600 esqueletos al laboratorio estadounidense Bode, uno de los que realizó trabajos vinculados al atentado contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, para cruzar datos genéticos que permitieran averiguar la identidad de los restos.
La iniciativa para la recogida de muestras de sangre también fue lanzada en España, Chile, Brasil y Uruguay, mientras que Suecia y el Reino Unido pidieron enviar análisis de allegados a secuestrados durante la dictadura de Argentina, que causó la desaparición de unas 30.000 personas.
Igualmente, se extendió a otras fronteras porque decenas de desaparecidos en Argentina procedían de diferentes países, en los que el equipo también ha trabajado en distintas misiones.
La campaña se puso en marcha luego de que el Congreso de EE.UU. le otorgara al grupo forense argentino un presupuesto de 1,4 millones de dólares.
Esta dotación le permitió hacer estudios genéticos masivos, crear su propio laboratorio de genética en la provincia argentina de Córdoba, continuar con la exhumación de cuerpos y formar el primer banco de muestras de desaparecidos en manos del Estado argentino.
El programa compromete buena parte de la labor del equipo de 45 expertos, que se ha convertido en referente para la documentación de violaciones a los derechos humanos con la exhumación de centenares de cuerpos.
El grupo forense ha participado en la investigación de resonantes casos, como la identificación de los restos del guerrillero argentino-cubano Ernesto "Che" Guevara asesinado por militares en octubre 1967 en Bolivia, donde encabezaba un grupo insurgente.

27 de julio de 2010
©la nación
rss