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los asesinos son polis


En busca de los jefes de la represión. La investigación de dos muertes en Bariloche apunta a los autores intelectuales. El juez que investiga los crímenes de Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas encabezará hoy una inspección ocular en el lugar donde la policía reprimió una protesta. Creen que es difícil identificar a los autores materiales de las muertes.
[Carlos Rodríguez] Argentina. Mientras sigue sin producir novedades de importancia la causa en la que se investiga el homicidio de Diego Bonnefoi, hoy se realizará una inspección ocular y una reconstrucción de los hechos –posteriores a esa muerte– en los que perdieron la vida Nicolás Carrasco, de 16 años, y Sergio Cárdenas, de 29. Por pedido del fiscal Marcos Burgos, la investigación en los casos de Carrasco y Cárdenas apunta sólo en dirección a los grupos policiales que reprimieron, en la tarde-noche del jueves 17 de junio, a la multitud que se había movilizado en las cercanías de la sede de la comisaría 28, en la zona del Alto, para repudiar el asesinato de Bonnefoi. Fuentes allegadas a la investigación admitieron que será difícil establecer quiénes fueron los autores materiales de las muertes de Carrasco y de Cárdenas, pero sí se puede avanzar hacia los jefes que estuvieron al frente de la represión, quienes pueden ser imputados como autores intelectuales de los dos crímenes. Como parte de la prueba, no se descarta una pericia de sonido –a través de imágenes y audios grabados por la prensa– para establecer responsabilidades, como se hizo antes en el caso del asesinato de Teresa Rodríguez, en Cutral-Có.
El caso Bonnefoi es investigado por el juez Miguel Angel Gaimaro Pozzi, quien ayer le tomó declaración testimonial, en Cámara Gesell, a dos de los chicos que acompañaban a Bonnefoi en el momento de su muerte, a manos del cabo Sergio Colombil, quien continúa detenido. La causa sigue bajo secreto de sumario y se supone que la situación procesal de Colombil recién se resolverá en agosto, una vez que concluya la feria judicial. El ex juez de esa causa, Martín Lozada –quien le había dictado la prisión preventiva a Colombil por homicidio doblemente agravado–, ahora está a cargo del doble crimen ocurrido durante la represión policial de las protestas.
Hoy Lozada conducirá la inspección ocular que se hará cerca de Onelli y Osés, donde cayó herido Carrasco, y en Onelli y Sobral, donde murió Cárdenas. La muerte de Carrasco fue presenciada por un hermano suyo, de 17 años, quien estará presente en la reconstrucción. También irán testigos del ataque sufrido por Cárdenas, quien tenía en el cuerpo un perdigón de plomo que le había ingresado por la espalda, cerca del cuello, mientras que Carrasco tenía varios perdigones.
Todo parece indicar que los proyectiles fueron disparados por escopetas policiales. Cada cartucho contiene ocho perdigones que, luego del disparo, salen de su habitáculo y se esparcen en distintas direcciones. Prueba de que la investigación le apunta a la policía fueron los allanamientos realizados en ocho destacamentos, en la búsqueda del libro de movimientos, el libro de armas y el de municiones. Lo que se buscan son los nombres, apellidos, jerarquías y número de las armas de todos los policías que estuvieron participando en los sucesos del 17 de junio.
En la investigación existen dudas sobre si están registrados todos los policías que participaron. Si bien la pesquisa intenta determinar quiénes fueron los autores materiales de las dos muertes, se sabe que es una tarea difícil. De todos modos, a través de los registros, se puede determinar quiénes fueron los jefes a cargo del operativo policial y cuál es la responsabilidad que le cupo a cada uno, una vez que se pueda establecer el área de actuación de cada una de las fuerzas intervinientes.
Aunque se cree que todo puede haber sucedido en medio de un caos, es evidente que tiene que haber habido un jefe o más de uno al frente de la represión. Se sabe que participaron agentes de la comisaría segunda del Centro Cívico, de la seccional 27 de Melipal, de la comisaría 28 del Alto –que fue destruida por los manifestantes–, de la Unidad Penitenciaria Nº 3 de Bariloche, que tiene la mitad de personal penitenciario provincial y de personal policial. También fueron allanadas la sede del grupo antimotines BORA, en la calle Namuncurá, y la Brigada de Investigaciones, entre otras dependencias policiales.
Los querellantes que representan a los familiares de Carrasco y de Cárdenas entregaron a Lozada cerca de mil fotografías y videos que registraron distintos momentos de la represión. Con un material similar, en septiembre del año 2000, los físicos Ernesto Martínez y Rodolfo Pregliasco, del Instituto Balseiro de Bariloche, realizaron una pericia de sonido que les permitió establecer que la bala que mató a Teresa Rodríguez, en Cutral-Có, en 1997, había partido del grupo de policías que dispararon contra los manifestantes.
En aquel caso, como hoy en Bariloche, la versión policial era que el tiro había provenido de los manifestantes. Respecto de lo sucedido en el Alto, quedó desvirtuada la versión policial de que habían usado sólo postas de goma. Eran de plomo los perdigones que mataron a Carrasco y a Cárdenas. Por eso, todo apunta hacia la policía de Bariloche.

7 de julio de 2010
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investigan represión en bariloche


En busca de los nombres del gatillo. El juez Lozada investiga la represión en Bariloche.
Argentina. El juez de instrucción de Bariloche, Martín Lozada, ordenó el secuestro de los libros internos de ocho dependencias policiales rionegrinas, para determinar los nombres de un centenar de uniformados, incluidos sus jefes. Lozada, que fue apartado del caso Bonnefoi, investiga la participación policial en las muertes de Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas, durante la represión del 17 de junio pasado. También secuestró proyectiles de postas de plomo y comenzó a analizar fotografías y videos sobre la represión. El miércoles se realizará una inspección ocular en los lugares donde cayeron los cuerpos de Carrasco y Cárdenas, de acuerdo con testimonios de vecinos que dicen haber visto el momento en el que las víctimas recibían los disparos. Entre miércoles y jueves, las familias de las dos víctimas fueron recibidas como querellantes por Lozada, junto a la de Bonnefoi, y según aseguraron, serán recibidas por la Cámara de Diputados de la Nación y por la presidenta Cristina Fernández.
Dos semanas después de que Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas fueran alcanzados por perdigones de plomo durante la represión en los barrios del Alto y fallecieran tras ser internados en el hospital local, Lozada hizo lugar a una acción penal solicitada por el fiscal Marcos Burgos –encargado de la causa hasta la semana pasada– que permitirá investigar si el personal de la Policía de Río Negro tiene vinculación con las dos muertes y de ser así analizar las responsabilidades en la cadena de mando, o sea, si se ordenó o no disparar con posta de plomo.
Con la medida ordenada por Lozada se secuestraron los libros de parte diario y de provisión de armamentos de la comisaría 28, del grupo Bora y de otras seis dependencias policiales. En esos libros debería poder constatarse quiénes de los uniformados fueron asignados al operativo del 17 de junio, su jerarquía y las armas que portaban. Esa información permitirá avanzar en la investigación sobre si las perdigonadas que impactaron en los jóvenes fueron disparadas por armas de la policía, a qué grupo en particular y a las órdenes de quién estaba.
También se comenzaron a analizar las fotografías aportadas por los reporteros que estuvieron presentes en la represión y los videos de los medios audiovisuales. Esa información será complementada con los testimonios recogidos por el fiscal Burgos de las personas que declararon ver el momento en que Cárdenas y Carrasco fueron derivados por las balas. El miércoles habrá una inspección ocular en los lugares donde cayeron los jóvenes, de la que participarán algunos testigos y los abogados querellantes.
"Queremos participar de todas las medidas que se realicen en la causa, para poder alcanzar a responsabilizar no sólo a quien accionó el gatillo sino también a quien se lo ordenó", aseguró Rubén Marigo, abogado de la mujer de Cárdenas e integrante de la APDH de Bariloche. La familia Carrasco, que el viernes último denunció la profanación de la tumba del adolescente asesinado, también fue notificada hoy de que será parte de la querella. En los próximos días, los querellantes sumarán nuevas pruebas y pedirán que se cite a declarar a más testigos directos.

Informe de Nahuel Lag.

6 de julio de 2010
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dos criminales con carné del pj


Piden expulsión de condenados Facino y Ramos.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. El vicepresidente del PJ santafesino, Jorge Fernández, pidió ayer la expulsión de las filas de su partido de dos condenados por crímenes de lesa humanidad: Mario Facino y Eduardo Ramos, a quienes la justicia sentenció a 20 y 23 años de cárcel por el secuestro y torturas a detenidos políticos. Fernández fundamentó su solicitud en la gravedad de la condena. "Hay razones políticas, éticas y jurídicas para expulsarlos del Partido Justicialista", dijo a Rosario/12. Fernández pidió que el PJ cancele las fichas Facino y Ramos en una nota que presentó ante el Tribunal de Disciplina en su doble condición de afiliado y vicepresidente del PJ. Y envió una copia al consejo ejecutivo que preside el senador Ricardo Spinozzi, quien está de viaje fuera del país. Si el reclamo prospera, el Tribunal de Disciplina debería recomendar la expulsión de los dos represores al congreso provincial. Pero para evitar demoras, Fernández solicitó que esa decisión la adopte directamente el propio consejo provincial que preside Spinozzi, "ad referendum del congreso partidario", aclaró.
En el juicio al ex juez Víctor Brusa, el Tribunal Oral Federal de Santa Fe condenó a Facino a 20 años de prisión por "privación ilegal de la libertad" a tres ex detenidos políticos: Patricia Isasa, José Schulman y Eduardo Almada y "tormentos" a Isasa. Y a Ramos a 23 años de cárcel por "privación ilegal de la libertad agravada" a cinco víctimas de la dictadura: Anatilde Bugna, Ana María Cámara, Stella Vallejos, Patricia Isasa y José Schulman y "tormentos" a Bugna, Cámara, Vallejos, Isasa y Jorge Pedraza.
El 23 de junio, cuando declaró en el juicio por el secuestro y homicidio de Alicia López, Schulman denunció al PJ de la provincia por tener en su padrón de afiliados a Facino y a Ramos. "Lo más irónico de la situación por no decir trágico es que el PJ permitió que este tipo fuera presidente comunal de San José del Rincón. Quiero denunciar a la sociedad santafesina que Facino y Ramos siguen siendo afiliados al PJ de la provincia de Santa Fe. Un partido que alberga en sus padrones a personas que han sido condenadas por crímenes tremendos", dijo Schulman. Una de las víctimas de Ramos, Anatilde Bugna, ya había reclamado la expulsión del represor de las filas del PJ hace 13 años, pero la solicitud fue cajoneada por el Tribunal de Disciplina y por el entonces presidente del PJ, Gualberto Venesia y quienes lo sucedieron en el cargo.
Fernández se hizo eco entonces de las denuncias de Bugna y Schulman y ayer presentó una nota al Tribunal de Disciplina, con copia al consejo ejecutivo provincial del PJ, para que éste cancele las fichas de Facino y Ramos "ad referendum" del congreso partidario.
"Hice las consultas y me dijeron que los dos estaban afiliados al PJ. Yo pensaba que Ramos no estaba en el padrón porque había sido afiliado de Acción por la República (el partido que fundó el ex ministro Domingo Cavallo), pero me informaron que se reafilió en el año 2000 y el que lo presentó fue el ex senador nacional Jorge Massat", explicó Fernández. "Así que solicité como afiliado y vicepresidente del partido que el Tribunal de Disciplina constante si Facino y Ramos son afiliados; en su caso, desde cuándo y quién los presentó ambos. Y en caso de ser afiliados, pedí la inmediata expulsión del PJ por estar condenados por delitos de lesa humanidad", dijo Fernández. Y justificó el reclamo en "en razones políticas, éticas y jurídicas. Ya hay una condena judicial y no es por lesiones culposas por delitos gravísimos".

6 de julio de 2010
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cfk rinde homenaje a periodista 2


Cristina Fernández encabezó un homenaje al periodista Eduardo Kimel en el CELS: "No se puede sufrir cárcel por hablar u opinar". En la reivindicación pública a Kimel, quien había sido condenado por calumnias e injurias, la Presidenta aseguró que "jamás hubo en la Argentina la libertad de prensa de hoy", aunque "falta completar el otro derecho, el de libre expresión", dijo.
[Nicolás Lantos] Argentina. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en mayo de 2009, condenó al Estado argentino por haber violado el derecho a la libertad de expresión en el caso del periodista Eduardo Kimel, penado por señalar la complicidad de un juez con el asesinato de cinco religiosos palotinos durante la última dictadura. La sentencia intimaba al Estado a reformar la legislación sobre calumnias e injurias, le ordenaba pagar una indemnización al periodista y a "realizar un acto público de reconocimiento de su responsabilidad". Ayer por la mañana, en la sede del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la presidenta Cristina Fernández saldó este último compromiso pendiente. Kimel había fallecido el 10 de febrero de este año, por lo que el acto tomó la forma de un emotivo homenaje. "No se puede sufrir cárcel por hablar u opinar, cualquiera sea la opinión", sostuvo la Presidenta en el punto más alto de un discurso breve pero intenso. También aseguró que "jamás hubo en la Argentina la libertad de prensa de hoy", aunque "falta completar el otro derecho, el de libre expresión, que por la concentración monopólica no se puede llevar a cabo".
"La limitación de los delitos de calumnias e injurias en temas de interés público es el legado de Kimel", había celebrado, un rato antes, Horacio Verbitsky, que ofició de anfitrión. Para el titular del CELS, el homenaje era la ocasión de "una reflexión del rol del periodismo en la relación con la sociedad y el poder político", aunque la lupa estuvo puesta, toda la mañana, en el accionar endogámico de ciertos estratos del Poder Judicial. "En la Argentina existía el delito de opinión", resaltó Verbitsky antes de agradecer a la Presidenta porque "decidió enviar al Congreso el proyecto armado por el CELS", y también aprovechó para plantear: "Tenemos la esperanza de que, después de esta visita, el Gobierno avance con el acceso a la información". Cristina Fernández le respondió con una sonrisa.
"No se puede sufrir cárcel por hablar u opinar, cualquiera sea la opinión, aunque no sea cierto –sostuvo a su turno CFK–. Cada uno debe hacerse cargo de lo que hace y dice. Es más, se tiene derecho a decir una mentira. En todo caso que se haga responsable económicamente por la mentira que dijo. Pero no que alguien vaya preso." Fernández destacó que "jamás hubo en toda la historia de la Argentina una libertad de prensa similar" a la actual, ya que "cualquiera puede escribir lo que se le dé la gana". Advirtió, sin embargo, que "falta completar la libertad de expresión, que hoy por la concentración monopólica no se puede llevar a cabo y, por eso, la sanción de la ley de medios". La nueva norma, explicó, aplica "regulaciones para que no haya concentración y un monopolio de la palabra, y para que absolutamente todos puedan expresarse con libertad".
La Presidenta aprovechó la ocasión para llamar la atención sobre "un sector de la Justicia", el mismo estamento que en su momento condenó a Kimel y fue cómplice de la dictadura, que "decretó medidas cautelares que tornaban inaplicable" la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que "resultó aprobada por abrumadora mayoría en ambas cámaras" y "con un corte transversal de votos inédito". Haciendo un poco de historia, Fernández recordó que el aval que le dio la Corte Suprema de Justicia al golpe de Estado contra Hipólito Yrigoyen en 1930 "fue el verdadero huevo de la serpiente" de la "doctrina de legalidad de los gobiernos de facto" en el país. El presidente de ese tribunal, recordó, era José Figueroa Alcorta, que antes había sido vicepresidente de Manuel Quintana y luego presidente de la Nación. "La división de poderes sólo se agita cuando se trata de gobiernos populares y democráticos, para denostarlos", reflexionó la mandataria.
"Reconocer el derecho de las víctimas, esto hace que una sociedad sea democrática. Cuando es el Estado, a través de cualquiera de sus tres poderes, el que viola los derechos, estamos en un Estado predemocrático. En Eduardo Kimel estamos hoy cumpliendo un acto de reconocimiento a esa democracia", resumió Cristina Fernández. La escoltaban, además de Verbitsky, el flamante canciller (y periodista) Héctor Timerman; el ministro de Justicia, Julio Alak, y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. Entre los que se acercaron al acto se contaban periodistas como Magdalena Ruiz Guiñazú, Isidoro Gilbert, Rogelio García Lupo, José Ignacio López, Oscar Serrat, el editor de Perfil Jorge Fontevecchia y el director de Página/12, Ernesto Tiffenberg.
El caso de Eduardo Kimel fue el primero sobre libertad de expresión en este país que consiguió una sentencia por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El periodista había publicado ‘La masacre de San Patricio’, un libro en el que investigaba el asesinato de cinco religiosos de la orden de los palotinos en la iglesia San Patricio, en el barrio porteño de Belgrano, durante la última dictadura. El juez que había tenido a su cargo esa causa, Guillermo Rivarola, querelló a Kimel, que tras varias idas y vueltas fue penado con un año de prisión en suspenso y 20 mil dólares de indemnización. Mientras los asesinos y encubridores seguían libres, el que intentó correr el velo era el único condenado. Cuando el recurso extraordinario de la defensa fue rechazado, el CELS, junto al Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil), avanzaron con la presentación ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que terminó con la denuncia al Estado argentino ante la corte internacional, que ordenó indemnizar a Kimel, intimó reformar la legislación sobre el tema (algo que el Congreso finalmente hizo en marzo de este año) y, finalmente, "realizar un acto público de reconocimiento de su responsabilidad" como el de ayer.

6 de julio de 2010
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fermín rivera, testigo por la up1


"Es una cuenta pendiente". Ex preso político durante una década, Rivera hizo la denuncia que inició la causa hace ya 34 años. Relata la historia sobre la conformación de un verdadero campo de concentración y de exterminio.
Argentina. Treinta y un presos políticos de la Unidad Penitenciaria 1 de Córdoba fueron fusilados por militares del III Cuerpo de Ejército entre abril y octubre de 1976, cuando la cárcel se transformó en campo de exterminio. Fermín Rivera escuchó en cautiverio la promesa del general Sasiaíñ de ejecutarlos "lentamente", vio morir a varios compañeros y denunció los crímenes en plena dictadura. El viernes, con Videla y Menéndez en el banquillo, comenzó el juicio por el que peleó durante 34 años. "Relatar el asesinato de entrañables amigos es terrible, doloroso, pero es una cuenta pendiente con mis compañeros y con la historia", dice. Ex preso político durante una década, Rivera repasa la historia de quienes encubrieron delitos de lesa humanidad, advierte que "vamos a luchar por verdad y justicia hasta que alcance a todos los responsables".

Empezó el juicio por los fusilamientos de sus compañeros y usted hizo la denuncia original.
Hace 34 años que hice la primera denuncia y ha habido cantidad de frustraciones. La primera fue en la cárcel de Sierra Chica en octubre de 1976 con el juez de Bell Ville, Eudoro Vázquez Cuestas. Yo estaba hemipléjico. Le relaté las golpizas, el aislamiento, los fusilamientos, y respondió que no tenía jurisdicción pero que debía informar de mi denuncia a las autoridades militares. Era una amenaza velada. Seguí denunciando sin que nadie me escuchara hasta enero de 1983, cuando por una medida de fuerza de los presos me entrevistó un juez de Rawson y se empezó a instruir la causa. La Justicia llega después de 34 años.

¿Cuándo cayó usted?
El 27 de agosto de 1974, a la semana de la toma de la fábrica de explosivos de Villa María. Andaba recogiendo las armas después de la retirada y me detuvo la Policía Federal. En La Carlota me torturaron 24 horas para sacarme información de dónde iba a llevar las armas. Me siguen torturando en Río Cuarto y me llevan a la cárcel. Ahí empiezo a recuperarme de las lesiones, aunque todavía tengo secuelas. Un juez me dicta la preventiva y a fines de 1974 llego a la penitenciaría de Córdoba.

¿Cómo era el trato?
La relación con las autoridades penitenciarias era muy buena. Eramos doce presos políticos. Recibíamos tres visitas por semana, 18 horas en total, más una visita privada. Podíamos trabajar, hacíamos artesanías que nos permitían autogestionarnos, nos daban comida para cocinar, estudiábamos, teníamos radio y televisión. Puede decirse que se respetaban los derechos humanos, al menos de los presos políticos.

¿El cambio fue después del golpe?
En diciembre de 1975. Ahí requisa la Policía Federal y nos secuestran todo: cuadernos, libros, lápices, radios. Sólo permiten una visita semanal cortita. Y el 24 de marzo la cárcel se convierte en un campo de concentración y exterminio: nos aíslan, cierran puertas y ventanas, nos dejan con lo puesto. Fueron seis meses sin bañarnos, sin afeitarnos, haciendo las necesidades en celdas colectivas, diecisiete en la mía. Tuvimos que abrir un hueco en la pared para tirar el orín y las heces al patio. A los que sobrevivimos nos trasladaron a Sierra Chica el 30 de septiembre. En mi caso con hemiplejia por los golpes.

¿Golpes a cargo de militares?
Sí, a partir del 24 de marzo hay golpizas cotidianas. El general (Juan Bautista) Sasiaíñ nos dijo: "Están todos condenados a muerte, pero no se hagan ilusiones: van a morir lentamente, de uno en uno". Se fue y empezaron a golpearnos, todos los días, hasta dejarnos sin conocimiento, ensangrentados, sin enfermería ni nada. Cuando llegamos a Sierra Chica los guardias vomitaban del olor que teníamos. Tuvieron que darnos hasta calzoncillos y medias porque la ropa que llevábamos, hilos de frazada cosidos con agujas de hueso, no servía para nada.

¿Qué fue de los guardiacárceles?
Los militares tomaron la cárcel y se hicieron cargo de los presos especiales. Los guardiacárceles sólo abrían los candados. La relación previa con ellos y con los presos comunes permitió que todo se conociera en el exterior de la cárcel a medida que sucedía. La primera consigna que nos propusimos a partir del golpe fue sobrevivir. La segunda, hacer conocer lo que pasara, se consiguió por la solidaridad de guardias y presos comunes. Durante seis meses pudimos sacar todos los días relatos pormenorizados escritos en papel higiénico. Nuestras familias no podían recurrir a diarios y canales, pero lo mandaban al exterior, donde se armó un movimiento de solidaridad que derivó en visitas de Amnesty, la Cruz Roja y otras organizaciones. Eso fue vital para sobrevivir.

¿Cómo fue enterarse de que los sacaban para fusilarlos?
A partir de la visita de Sasiaíñ nos preparamos para lo peor, aunque quedaba la secreta esperanza de que algo extramuros nos salvara. Cuando sacaron al primer grupo de compañeros dijeron "despídanse porque no vuelven". Al otro día nos enteramos de que habían sido fusilados y supimos que de un momento a otro nos tocaba. La de San Martín es una cárcel enorme, con bullicio permanente, pero cuando sentíamos las pisadas de los militares se producía un silencio aterrador. Sacaban a uno u otro, en el pasillo le ponían capucha, mordaza, y se preocupaban por decir "salen para no volver". La intención era recordarnos que nos iban a matar, a tal punto que a uno de los hermanos De Breuil lo hicieron ver el fusilamiento de su hermano y lo devolvieron a la cárcel para que lo contara.

¿Los llevaban a otros campos de concentración?
En general, no. Lo que hicieron hasta 1982, cada vez que alguien del Ejecutivo visitaba el Tercer Cuerpo, fue seleccionar a unos treinta presos de distintas cárceles y llevarnos a La Perla o a La Rivera como rehenes, por si había un atentado. Tenían una tabla de conversión: si moría un oficial superior nos mataban a todos; si era oficial jefe, a veinte; subalterno, a quince; suboficial, a diez; y si era soldado, a cinco.

¿Cuántos presos políticos hubo en la UP1?
Al momento del golpe éramos ciento veinte en dos pabellones. Para fin de septiembre había otros dos pabellones repletos, unos doscientos más. La política de exterminio estaba dirigida a los presos anteriores al golpe, tenían la certeza de que habíamos participado en hechos armados.

¿Recuerda cuántas veces declaró en 34 años?
Muchísimas, recuerdo las más importantes. La primera, ante el juez penal de Olavarría después de llegar a Sierra Chica. Lo único que le interesó fue que las lesiones eran previas al traslado, del resto no escribió nada. Después Vázquez Cuesta, otro juez en Caseros, el de Rawson que inició el sumario y, ya en libertad, ante el juez federal de Córdoba. Cuando se empezó a instruir la causa aparecieron las leyes de punto final y obediencia debida. Muchos de los que se insurreccionaron con (Ernesto "Nabo") Barreiro están ahora como imputados.

¿Qué sintió al ver ante un tribunal a los asesinos de sus compañeros?
No se puede describir la sensación. A todos los compañeros que mataron los conocí profundamente y cada denuncia fue para que no quedaran impunes. Sentí como que descargaba un peso enorme, un gran alivio, aunque la felicidad nunca es completa. Sabemos –y ellos saben– que no fueron los únicos (ejecutores) sino los más notorios.

¿Tendrá un significado especial declarar frente a Videla?
Si fuera por mí trataría de evitar declarar porque cada vez que uno habla de estas cosas reabre heridas. Relatar el asesinato de entrañables amigos es terrible, doloroso, pero es una cuenta pendiente con mis compañeros y con la historia. Si sobrevivimos fue para esto, para que no se repita esta barbarie y esta locura genocida.

6 de julio de 2010
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habló videla, la hiena fascista


"Mis subordinados cumplieron mis órdenes": Jorge Rafael Videla habló por primera vez ante un tribunal de la democracia en el juicio de la UP1 de Córdoba. Sentado junto a Luciano Benjamín Menéndez y los otros veintinueve procesados por el asesinato de 31 presos políticos de la UP1 de Córdoba, Videla reivindicó el fuero militar, se escudó en los decretos de Isabel Perón y anticipó que no va a declarar.
[Nora Veiras] Argentina. Con voz firme y tono menos castrense, Jorge Rafael Videla habló por primera vez en un tribunal de la democracia. "Asumo mi responsabilidad en la guerra interna librada contra el terrorismo subversivo, mis subordinados se limitaron a cumplir mis órdenes como comandante en jefe", dijo el ex general que encabezó el último golpe militar de la Argentina. Repitió que el Tribunal Oral de Córdoba "carece de competencia" para juzgarlo por crímenes de lesa humanidad, reivindicó como su "juez natural al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas" y anunció que no va a prestar declaración. A menos de un mes de cumplir 85 años y de doce años de prisión, Videla apareció con mejor semblante, inclusive, que cuando en plena dictadura declaró ante corresponsales extranjeros: "Los desaparecidos no están ni vivos ni muertos, están de-sa-pa-re-ci-dos". El jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, otro de los 31 acusados por las torturas y crímenes cometidos en la Unidad Penitenciaria 1 (UP1) de Córdoba también se hizo del micrófono. Con el mismo libreto que viene usando en los juicios en los que fue condenado ya en Tucumán y Córdoba, señaló que "los terroristas marxistas que, conducidos desde el extranjero, asaltaron la República porque no creían en nuestras instituciones democráticas, ahora aprovechan, se refugian y usan esas mismas instituciones democráticas para juzgar a quienes las defendimos". Menéndez luego anticipó, al igual que su jefe máximo, que no va a declarar porque desconoce la Justicia civil.

Sin Culpa
El viernes pasado apenas se empezó a leer la acusación contra los responsables del asesinato de treinta y un presos políticos de la UP1, entre abril y octubre de 1976, Videla había querido hablar. El presidente del Tribunal Jaime Díaz Gavier lo interrumpió porque no era ése el momento reservado para escucharlo. Videla, quien se había mantenido en silencio durante el Juicio a las Juntas en 1985, tuvo la oportunidad de explayarse, pero lo hizo por pocos minutos. Recordó que "la Cámara Federal juzgó en mi caso todos los hechos (...) considero que los hechos constituyen cosa juzgada. Nadie puede ser juzgado dos veces por la misma causa". Dijo que en agosto de 1984 declaró por primera vez ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y "siempre reconocí la autoría de las directivas que impartí en cumplimiento de la directiva 1 del Ministerio de Defensa y de los decretos firmados por el Poder Ejecutivo Nacional en pleno ejercicio de sus facultades constitucionales. Las directivas fueron calificadas de inobjetables por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas".
Apenas asumió Raúl Alfonsín, el 10 de diciembre de 1983, dictó el decreto 158, por el cual estableció el juzgamiento de las tres primeras juntas militares a través del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. El 13 de febrero del ’84, ante las demoras y la falta de voluntad demostrada por el tribunal castrense, se sanciona la ley que reforma el Código de Justicia Militar y habilita a la Justicia civil a intervenir. El 11 de julio del ’84, la Cámara Federal le indica al Consejo Supremo que investigue si hubo violaciones a los derechos humanos. El 25 de septiembre es cuando el tribunal militar responde y califica como "inobjetables" "los decretos, directivas, órdenes de operaciones, etcétera, que concretaron el accionar militar contra la subversión terrorista". El 4 de octubre, la Cámara Federal desplaza a los jueces castrenses y se hace cargo del histórico juicio. Videla es condenado a reclusión perpetua, inhabilitación absoluta perpetua, destitución del grado militar. El ex presidente Carlos Saúl Menem lo indulta en 1990, ocho años más tarde vuelve a prisión por una causa de robo de bebés: pasa 38 días en la cárcel de Caseros y luego en prisión domiciliaria hasta que en 2008 lo recluyen en la cárcel dependiente del Servicio Penitenciario Federal en Campo de Mayo.
Videla, al igual que Menéndez, nunca reconoció la jurisdicción civil. Ayer, antes de advertir que no va a declarar se permitió una precisión sobre la acusación que pesa sobre él por el asesinato de treinta y un presos políticos. Dijo que "el viernes se hizo mención a que la policía de Córdoba quedó subordinada a partir del 24 de marzo del ’76 al Ejército cuando, en realidad, por decreto de 6 de octubre de 1975 firmado por el doctor (Italo) Luder se dispuso a partir de esa fecha que todos las policías quedaban bajo el control operacional de las Fuerzas Armadas".
Ese es otro de los ejes argumentales de la defensa de los represores: que sólo se limitaron a cumplir con los decretos de "aniquilamiento de la subversión" dictados por Luder, como presidente provisional, durante el mandato de Isabel Martínez de Perón. El testimonio de Fermín Rivera es elocuente del cambio que significó el salto de la democracia a la dictadura para los detenidos en la UP1.

Los Subordinados
Apenas terminó Videla, tomó la palabra Menéndez con su ya conocida contextualización sobre "el marxismo internacional" que inspiraba a "los subversivos contra la sociedad occidental y cristiana". Esta vez no parafraseó –como en diciembre pasado en otro de los juicios que lo tiene como protagonista– al fugaz ministro de Educación porteño, Abel Posse, pero siguió fiel a ese libreto. Los problemas de sonido que incomodaron a Videla se repitieron con algunos de los 17 militares, 13 policías y el médico civil, pero no fueron obstáculo para que hablaran sin inhibiciones. A tal punto que hoy continuarán con sus arengas.
Entre los que se hicieron escuchar estuvo el comisario mayor retirado Carlos Alfredo Yanicelli, alias Tucán, imputado por tormentos a 210 personas y seis homicidios. Yanicelli fue designado director de Inteligencia Criminal de la Policía de Córdoba por Oscar Aguad mientras se desempeñaba como ministro de Gobierno de Ramón Mestre. Aguad es ahora el presidente de la bancada radical en la Cámara de Diputados de la Nación.
El coronel retirado Osvaldo César Quiroga pidió un pie para el micrófono y se despachó durante una hora. Quiroga, al igual que gran parte de los otros oficiales reivindicaron que Videla haya asumido su responsabilidad como jefe y se limitó a marcar el cumplimiento de órdenes. Quiroga también participó de la represión en el campo de concentración de La Perla. El teniente coronel retirado Enrique Pedro Mones Ruiz intentó hacer gala de cierto histrionismo para criticar al secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde, y fue amonestado por el tribunal.
Cuando la tarde ya cedía a la noche, Francisco Pablo D’Aloia seguía hablando y fue el único que aceptó contestar preguntas. El fiscal, algunos defensores y hasta otros imputados recrearon entonces un diálogo inédito que continuará hoy. D’Aloia, acusado de haber participado en el traslado de los presos, el mecanismo para fraguar las supuestas fugas que justificaban los fusilamientos, pidió una pizarra para continuar hoy con su defensa. Frente a representantes de todos los organismos defensores de derechos humanos y de familiares de las víctimas, seguirán repitiendo sus argumentos en los que no asoma ni siquiera el arrepentimiento por las atrocidades cometidas. Un grupo de familiares de los acusados comparten el ámbito en el que por primera vez abrió la boca frente a jueces de la democracia el militar que más tiempo ejerció el poder de facto en la Argentina: Videla, durante cinco años.

6 de julio de 2010
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cfk rinde homenaje a periodista


CFK: "En una sociedad democrática no puede haber cárcel por opinar". La presidenta realizó un reconocimiento en el CELS al periodista condenado en 1995 por los delitos de calumnias e injurias. Cristina afirmó que "vengo a cumplir con el último acto de reparación solicitado por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos".
Argentina. La mandataria afirmó que el reconocimiento público del periodista Eduardo Kimel es "un hecho emblemático en la Argentina porque no es sólo el caso de un periodista condenado por su opinión es algo más profundo, pone blanco sobre negro lo que ha sido la Argentina de las últimas décadas".
"Siempre hubo en la sociedad una fuerte tendencia a focalizar hacia quienes habían torturado o desaparecido como únicos responsables, pero eso es mentira. Lo que Kimel denuncia es la complicidad de un sector de la Justicia con lo que pasó en la Argentina", explicó la Presidenta.
Del acto en el CELS, participaron el ministro de Justicia, Julio Alak; el canciller Héctor Timerman; el titular del organismo, Horacio Verbitsky, y familiares del periodista fallecido en febrero pasado.
Cristina destacó su decisión de despenalizar el delito de calumnias e injurias -aprobada por el Congreso Nacional-, a partir de la persecución judicial que sufrió el fallecido periodista. "No puede haber en una sociedad democrática cárcel por hablar o opinar, cualquiera sea la opinión y aun cuando eso sea una mentira", reflexionó.
Kimel había sido condenado por investigar el crimen de cinco religiosos católicos, cometido por un grupo de tareas durante la última dictadura militar en la iglesia de San Patricio, en el barrio porteño de Belgrano. A raíz de la presentación del caso ante el Sistema Interamericano, en mayo de 2008, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado argentino. Entre las medidas de reparación ordenó modificar el Código Penal por la incompatibilidad de los delitos de calumnias e injurias con la Convención Americana. Ese objetivo se logró con la ley 26.551, votada por el Congreso en septiembre pasado, que despenalizó esos delitos para casos de interés público.
La Presidenta aseguró que "hoy vivimos en una argentina con una libertad de prensa inédita en nuestra historia. Jamás hubo en toda la historia de la Argentina una libertad de prensa similar a la que hoy gozamos cualquiera puede escribir lo que se le de la gana". "Falta completar la libertad de expresión que hoy por la concentración monopólica no se puede llevar a cabo y por eso la sanción de la ley de Medios", enfatizó.

6 de julio de 2010
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posible extracción compulsiva


Causa Noble Herrera. La querella no descartó la extracción compulsiva de sangre.
El abogado Pablo Llonto, querellante en el juicio entablado por las Abuelas de Plaza de Mayo y dos familias de desaparecidos para establecer la identidad de los hijos adoptivos de la directora del diario Clarín, sostuvo que "la ley sólo exige que se agoten las tomas de muestras no traumáticas", por lo cual al fracasar aquellas instancias "podrían quedar abiertas otras posibilidades".
El letrado criticó a su colega Gabriel Cavallo, defensor de Ernestina Herrera de Noble, al señalar que "su actitud está reñida con la ética y la moral", al tiempo que enfatizó que "están empujando a los chicos (en referencia a Felipe y Marcela Noble Herrera) a situaciones emocionales difíciles".
"Ojalá la sociedad entienda quién es este personaje", afirmó Llonto sobre Cavallo, y se lamentó que "en vez de asesorar bien a los muchachos los esté llevando a estas situaciones y los someta a nuevos allanamientos o eventuales extracciones compulsivas" de muestras de sangre.
"Los abogados debemos cumplir deberes éticos, tal como lo exigen las normas que regulan nuestra profesión", dijo Llonto, quien además calificó como "lenguaje perverso" el utilizado por el ex magistrado.
De esa manera hizo referencia a los dichos del defensor de la empresaria cuando sostuvo que "aunque los resultados diesen positivos, yo quiero el hueso" del desaparecido, y señaló que "sería bueno que nos digan dónde los tenemos que ir a buscar".
Llonto también señaló que "algunos organismos de derechos humanos ya le están empezando a dar la espalda" a quien, como juez, dictó la nulidad de las leyes de obediencia debida y punto final y ahora "incurre en estas cuestiones éticas muy profundas".

5 de julio de 2010
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