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no logran identificar a soplón


El "entregador" de la docente desaparecida, Alicia López.
Santa Fe, Argentina. El nombre del "entregador" de la docente y militante de las Ligas Agrarias desaparecida, Alicia López, que ella identificó la noche de su secuestro en la casa de sus suegros y a la vista de su propia familia, sigue en las penumbras de la impunidad. Su cuñada, María Isabel Rodríguez, negó ayer que un ex agente civil del Ejército ya fallecido, Julio César Padín, hubiera participado en el secuestro de Alicia, el 21 de octubre de 1976. "No, Padín no era ", dijo Rodríguez al declarar en el juicio al ex jefe de la comisaría 4ª, Mario Facino, por la desaparición de su cuñada.
La señora Rodríguez y su hermano y ex esposo de Alicia, Luis Juan Rodríguez, abrieron las testimoniales en el juicio a Facino, que seguirán hoy. Uno de los interrogantes del caso es quién era el "entregador" que Alicia identificó esa noche cuando la fueron a buscar, primero, a la casa de su cuñada, y luego, a la de sus suegros, que estaba a la vuelta, en el barrio Candioti sur. Ella reconoció a uno de los integrantes del grupo de tareas y le reprochó en voz alta: "¿Qué haces vos acá?". Después, uno de los sobrevivientes de la comisaría 4ª, Alejandro Córdoba, dijo que Alicia había reconocido "a un primo que era de los servicios", y no sólo en el secuestro, sino también en las sesiones de torturas en el centro clandestino conocido como "La casita". Padín era primo hermano de Alicia y operaba como Personal Civil de Inteligencia (PCI) en el Destacamento de Inteligencia Militar 122 de Santa Fe. Pero ayer, su cuñada, María Isabel Rodríguez, lavó de toda sospecha a Padín. Uno de los abogados de la querella le preguntó si conocía a Padín y sabía del parentesco con Alicia. "Sí, era primo hermano y lo conocía porque vivía enfrente de mi casa paterna. Pero Padín no era el que la entregó, no era él", contestó la cuñada de Alicia.
Más tarde, el fiscal Martín Suárez Faisal volvió sobre esa línea de investigación que la justicia dejó inconclusa. "¿Usted sabe si Alicia reconoció a alguien en ese grupo (de tareas)", preguntó.
Sí, a uno de ellos le dice: ’¿Vos acá? Me lo dijo mi marido (Alan López, ya fallecido, que acompañó a los represores hasta la casa de sus suegros, donde estaba Alicia). Nosotros pensábamos que había sido Padín, pero yo lo ví antes y no era él. De todas formas, se llevaban mal, pudo haber sido, pero no era él contestó la señora Rodríguez.
El fiscal pidió entonces que se le exhiba una fotografía de Padín, que está en su legajo de PCI. La señora de Rodríguez pareció molesta por el pedido. "¿No me va a hacer reconocer una foto ahora que ya pasaron 30 años?", se quejó. Le aclararon que era una foto de la época, mientras la pro secretaria del Tribunal le alcanzaba el expediente con la foto de Padín.
Sí, ese era el primo de Alicia, pero no era el que yo vi. Por lo menos, no lo reconocí. Estaban todos uniformados con camperas, no puedo reconocer al que tuve cara a cara contestó la mujer.
Más tarde, declaró el ex marido de Alicia, Luis Juan Rodríguez, que estaba preso en la cárcel de Rawson cuando secuestraron a su ex mujer, en octubre de 1976. Rodríguez era abogado de las Ligas Agrarias, en el Chaco, lo detuvieron en abril de 1975 y recién recuperó la libertad vigilada en noviembre de 1981. "¿Conoció al primo de Alicia?", le preguntaron.
No, no lo conocía. Era un primo hermano de ella. Pero no teníamos ningún trato. Lo conocía porque vivía a la vuelta de mi casa cuando era soltero. No había ningún tipo de relación contestó Rodríguez. Y después le exhibieron la misma foto del legajo de PCI de Padín que había reconocido su hermana unos minutos antes. "Por el nombre, tiene que haber sido el primo de Alicia", respondió, sin aportar más datos.

24 de junio de 2010
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murió elida de lópez


Abrazada por el pueblo.
Argentina. La Madre de la Plaza 25 de mayo, Elida de López, murió ayer por la mañana, a los 88 años. Luchadora incansable por los derechos humanos, trabajó en la recuperación de la identidad de decenas de niños apropiados durante la dictadura militar. Su accionar fue un ejemplo para toda la sociedad en su afán por alcanzar la verdad y la justicia. Elida comenzó su lucha en Mar del Plata, donde fue secuestrado en 1977 su hijo Adrián Sergio López. A partir de 1996, Elida se trasladó a Rosario, donde continuó su militancia. El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos expresó su hondo pesar por la muerte.

24 de junio de 2010
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aplazan audiencia de criminal argentino


EEUU: Aplazan audiencia de ex militar argentino acusado de violar derechos humanos.
Estados Unidos / Argentina. La vista judicial en EEUU del ex militar argentino Roberto Guillermo Bravo, solicitado en extradición por Argentina que le acusa de participar en una matanza de guerrilleros perpetrada en 1972, fue aplazada para julio próximo por un juez estadounidense.
La audiencia de Bravo que estaba prevista para hoy se celebrará el próximo 27 de julio en un tribunal de Miami (EE.UU.) después de que su abogado defensor pidiera más tiempo para obtener "documentación importante" en Argentina y traducirla al inglés.
En la actualidad la defensa ya tiene más de 100 páginas de documentos en proceso de traducción que contienen asuntos que formarán parte de los alegatos de Bravo en el caso.
El abogado también espera recibir documentos adicionales en español.
"Creemos que es necesario para preparar una justa y total defensa del señor Bravo, un ciudadano estadounidense cuya extradición ha sido requerida por Argentina por presuntas ofensas que sucedieron hace casi 40 años", precisó Neal Sonnett, abogado del ex militar en una moción.
La vista judicial de julio se realizará ante el juez federal Robert Dubé.
Bravo, un ex teniente de navío de Argentina, fue detenido en Miami en febrero pasado y está en libertad tras pagar una fianza de 1,2 millones de dólares.
El abogado del ex militar ha dicho que su cliente fue exonerado de las acusaciones de la matanza tras una investigación militar en 1973 y que está protegido de ser juzgado por una ley de amnistía que "nunca ha sido desestimada", precisó en un documento judicial presentado en el tribunal en marzo de este año.
Bravo, precisó su defensa, se retiró en 1979 y obtuvo un trabajo en una compañía de equipos electrónicos de Estados Unidos, a través de la cual recibió la residencia permanente en el país un año después y en 1987 se convirtió en ciudadano estadounidense.
En Argentina, las autoridades han informado que Bravo está acusado de participar en la denominada "masacre de Trelew".
Los hechos sucedieron en la base naval Almirante Zar de Trelew, a 1.436 kilómetros al sur de Buenos Aires, el 22 de agosto de 1972 cuando 25 miembros de grupos armados de izquierda huyeron de un penal.
Los insurgentes tomaron el aeropuerto de Trelew, donde fuerzas militares detuvieron a 19, mientras que otros seis escaparon en un avión a Chile.
Los detenidos fueron llevados a la base naval de Trelew, donde 16 murieron y los restantes sufrieron graves heridas al ser ametrallados en sus celdas, según las autoridades argentinas.

24 de junio de 2010
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procesan a piloto genocida


Julio Poch fue acusado de 615 secuestros agravados. Procesado por los vuelos de la muerte.
[Diego Martínez] Argentina. El teniente de fragata retirado Julio Alberto Poch se convirtió en el segundo piloto de la Armada procesado con prisión preventiva luego de confesar en privado su actuación en los vuelos de la muerte durante la última dictadura. El juez federal Sergio Torres destacó "el incesante trabajo" de sus defensores en Europa y en Argentina para "destruir la acusación por todos los medios", pero priorizó los testimonios de los pilotos de la aerolínea Transavia que recibió de primera mano en 2008 en la embajada argentina en el Reino de los Países Bajos. Torres procesó a Poch por 615 secuestros agravados, le embargó bienes por 615 millones de pesos y ordenó que aguarde el juicio en la cárcel de Marcos Paz.

La confesión que cambió la vida de Poch fue el 2 de diciembre de 2003 en el restaurante Gado-Gado, en la isla de Bali, Indonesia. Según el primer testigo, Poch contó cómo desde "abordo de su avión se echaba fuera de borda a personas con vida". Dijo que eran "terroristas" y que "eran tiempos de guerra". Defendió el método como "una manera humana de ejecutar a la gente" y aclaró que "estaban drogados". El segundo testigo declaró que escuchó la confesión de terceros. Ante la consulta, Poch le aclaró que se refería a "nosotros" por los pilotos de la Armada, pero negó su participación. El tercer testigo fue categórico: Poch "defendía el hecho de haber arrojado gente al mar" y "estaba enojado por no haberse percatado de haber arrojado a niños y personas muy jóvenes". Cuando le planteó lo terrible de vivir con tantos muertos en el haber, Poch le explicó que "lo creía justo" porque "eran terroristas de izquierda que no merecían algo mejor y que había sido una forma humanitaria de ejecutarlos porque habían sido drogados".
"Había tomado un poco de alcohol" pero "estaba lúcido", explicó Poch en la primera de sus tres extensas declaraciones indagatorias, luego de ser extraditado desde España. Su estrategia se centró en desacreditar a los testigos. Al primero lo definió como un "lunático y obsesivo" que lo discriminaba porque "es un xenófobo que no aceptaba a pilotos extranjeros". Del segundo dijo que es "un mentiroso y megalómano porque siempre quiere ser el centro". Sobre el tercero admitió que "siempre tuve una buena relación", pero sugirió que lo convencieron para que mintiera. Poch le aseguró al juez que "siempre respeté los derechos humanos" y que los crímenes de lesa humanidad "van contra mis principios morales y cristianos". Se explayó sobre su especialización como "piloto de caza y ataque" y su incapacidad para pilotear aviones de carga. Auxiliado por los penalistas Gerard Spong, en Europa, y Gerardo Ibáñez, en la Argentina, el imputado presentó declaraciones de colegas de Transavia ante un escribano para certificar su silencio sobre su actuación en la dictadura como la tergiversación de sus dichos en Indonesia.
Torres desbarató en un escrito de 757 fojas los argumentos del imputado. Minimizó "el efecto de los celos profesionales o la envidia", sostuvo que si no sabía volar aviones de carga bien pudo haber participado como tripulante y diferenció "el impacto inesperado y tal vez imprevisto" de la confesión "en un contexto sociocultural" diferente al argentino. El juez dejó constancia de que los vuelos se ejecutaron desde "distintos aeropuertos o bases militares" y que se usaron aviones pero también helicópteros que partían desde la propia ESMA. El primer piloto procesado por su actuación en los vuelos es el capitán Hemir Sisul Hess.

24 de junio de 2010
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día indicado, hora señalada


El 30 de agosto empieza el primer juicio oral contra el represor Luis Abelardo Patti. El ex comisario será juzgado junto con otros tres represores. Está acusado por los secuestros de Diego Muniz Barreto y Juan Fernández, el asesinato de Gastón Gonçalves, las desapariciones de Carlos Souto y Luis y Guillermo D’Amico y la detención de Osvaldo Arriosti.
Eso, siempre que el Tribunal Oral de San Martín consiga sala. El ex comisario será juzgado junto con los represores Santiago Omar Riveros, Reynaldo Bignone y Juan Fernando Meneghini por los secuestros de Diego Muniz Barreto y Juan Fernández, el asesinato de Gastón Gonçalves, las desapariciones de Carlos Souto y Luis y Guillermo D’Amico y la detención de Osvaldo Arriosti.
"Estoy emocionada y tranquila. Lo estamos esperando hace mucho y es bueno ver que después de tanto recorrido vamos llegando al final", dijo a Página/12 Juana Muniz Barreto, hija del ex diputado Muniz Barreto. La abogada Ana Oberlin, representante de HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio), coincidió en la expectativa que genera la cercanía del juicio oral y en lo difícil que fue llegar a esta instancia.
Los cuatro represores serán juzgados por los jueces Lucía Larrandart, Héctor Sagreti y Marta Milloc, quienes aún están buscando un sitio adecuado para llevar adelante el proceso que confían poder iniciar en tiempo y forma.
Muniz Barreto y Fernández, que era su secretario, fueron secuestrados en Escobar en febrero de 1977. Los llevaron a la comisaría de la zona, a la Unidad Regional Tigre y finalmente a Campo de Mayo. De allí salieron el 5 de marzo en un Fiat 128 adormecidos con alguna sustancia. Fueron arrojados con el auto a un arroyo cercano a Raíces Oeste, en Entre Ríos. Muniz Barreto murió, pero Fernández sobrevivió y antes de irse al exilio dejó su testimonio ante un escribano público.
La ex esposa de Muniz Barreto denunció el hecho en 1977. Un amigo de la familia declaró en la causa que el 17 de febrero se entrevistó con un hombre que dijo venir de parte de Muniz Barreto (era familiar de un preso de la comisaría de Escobar), que le entregó una nota de puño y letra del diputado que decía: "Movete rápido, estamos en Escobar. Nos detuvo el suboficial inspector Luis A. Patti". Muniz Barreto mandó dos mensajes más de este tipo que llegaron a la familia y a su empresa. Otra prueba que vincula al ex intendente de Escobar con el hecho es que, según el informe del personal de la comisaría de Escobar, Patti fue promovido el 7 de marzo de 1977, un día después del asesinato de Muniz Barreto.
Gonçalves fue secuestrado el 24 de marzo de 1976 en Zárate. Dos testigos narraron que estuvieron detenidos con él en un camión celular ubicado detrás de la comisaría de Escobar, donde Patti cumplía funciones de oficial subinspector. El 2 de abril de 1976 el cadáver de Gonçalves fue dejado en el paraje "El Cazador", en la ruta 4. Lo habían fusilado y después incinerado. Veinte años más tarde, el cuerpo, que estaba enterrado en el cementerio de Escobar como NN, fue identificado por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Unos meses antes de su secuestro, Gonçalves y su mujer habían discutido con Patti a raíz de la organización de un acto en Escobar. "Ya vas a ver lo que te va a pasar. Te voy a hacer matar", lo amenazó el policía.
Las detenciones ilegales de Souto, los hermanos D’Amico y Arriosti se produjeron en marzo de 1977 en la zona de Garín. Arriosti, hoy fallecido, sobrevivió a su cautiverio e identificó a Patti como uno de los hombres que lo capturó.
Patti está siendo sometido a exámenes médicos porque sus abogados pidieron el beneficio de la prisión domiciliaria debido a que el represor sufrió un "edema cerebral". Actualmente está internado en el instituto Fleni y, aunque está en rehabilitación, está consciente y en condiciones de enfrentar su primer juicio oral por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura. Los abogados de las querellas sostienen, además, que puede continuar su tratamiento en un establecimiento del Servicio Penitenciario.

24 de junio de 2010
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juicio por desaparición de alicia lópez


Comenzó el juicio por la desaparición de Alicia López.
Santa Fe, Argentina. El juicio al ex jefe de la comisaría 4ª, Mario Facino, por el secuestro y asesinato de la docente y militante de las Ligas Agrarias, Alicia López, arrancó ayer con un hecho llamativo. Diez testigos que estaban citados a declarar en el proceso, varios de ellos policías, fueron desistidos por las partes, por lo que la lista original de 28 convocados se redujo ahora a 18, que serán escuchados por el Tribunal Oral Federal en sólo tres audiencias: hoy les tocará el turno a seis, mañana a otros seis y el lunes a los seis restantes. Para hoy están citados el esposo de Alicia y ex juez, Luis Juan Rodríguez y la hermana de éste, María Isabel Rodríguez, quien fue testigo del secuestro de su cuñada en noviembre de 1976, en la casa de sus padres. Luego, seguirán dos militantes históricos de las Ligas Agrarias, Oscar Lovey y Remo Vénica y cerrarán dos ex detenidos políticos que vieron a Alicia en la comisaría 4ª: Alejandro Córdoba y Alcides Schneider.
Mañana, continuarán otros cinco detenidos políticos que pasaron por la comisaría 4ª: Raúl Pinto, José Schulman, Graciela Roselló, Hernán Gurvich y Vilma Cancián. El sexto será el ex policía y chofer de Facino, José Dalmacio Vázquez. Y el lunes, seguirán otros dos ex policías: Raúl Oscar Gómez y Nilda Ramírez y luego el ex presidente de la Conadep Santa Fe, Juan Carlos Adrover, José Luis García, la poeta y periodista Stella Calloni y la psicoanalista Fabiana Rosseaux. El martes que viene está prevista una inspección judicial a la comisaría 4ª, y después habrá una pausa por la feria judicial de invierno, así que las audiencias se reanudarán con los alegatos: el 23 de julio le tocará a la acusación el Ministerio Público Fiscal y la querella y el 29 a la defensa. El veredicto podría conocerse el 2 de agosto.
Uno de los testimonios previstos para hoy, el de la cuñada de Alicia, María Isabel Rodríguez, volverá plantear una línea de investigación que no fue agotada por la justicia: ¿Quién fue el entregador que delató a Alicia y acompañó al grupo de tareas hasta la casa que la secuestró, el 21 de octubre de 1976?
Después de la detención de su esposo, en Resistencia, Alicia se había refugiado en la casa de sus suegros con sus tres hijos que entonces tenían siete, cinco y tres años. Las dos nenas mayores dormían en la casa de su cuñada y ella y el nene más chico, en la casa de su suegra que estaba a la vuelta, en Sargento Cabral al 1.300, en el barrio Candioti sur. Primero, los represores fueron a buscarla a casa de su cuñada. Eran unas 20 personas con armas largas, algunos de uniforme y otros de civil. Y después, al domicilio de la suegra, donde quedó cara a cara con el entregador, a quien increpó: "¿Qué hacés vos acá?", le dijo. La cuñada de Alicia dijo que ella también lo había visto, pero que no pudo identificarlo: "No pude reconocerlo, pese a haberlo visto", afirmó. Otro de los testigos citados para mañana, Alejandro Córdoba, dijo que Alicia López le había comentado quién era el "entregador". "Me habló de un primo de ella", recordó en un diálogo con Rosario/12. "Cuando estuvimos en la comisaría 4ª, ella dijo que en el operativo en el que la detienen había participado un primo. Eso es lo que dijo, al menos lo que yo recuerdo, que era un primo que pertenecía a los "servicios" y que estuvo presente cuando la detuvieron en su domicilio. Y luego, cuando la trasladan posiblemente a La Casita y la estaban interrogando ella estaba desnuda sobre una cama y me dijo que un gordo se le tiró encima. Y que varios se rieron y ella reconoció la voz al primo que había ido a detenerla a su casa. Decía que tenía una risa muy particular", comentó Córdoba.

¿Lo identificó en el secuestro y luego en en el centro clandestino?
Sí, me dijo que en el centro clandestino, que era el lugar de torturas, también estaba presente, que lo había identificado por su risa. Años más tarde, en 1984, hablé con la madre de Alicia, que hizo referencia a esta persona.

¿Y quién ese esa persona?
No recuerdo el nombre. Está acreditado en el expediente. Ese es. Ella lo nombró. Durante un tiempo retuve el nombre y después me olvidé. La familia de Alicia podría decir quién estuvo presente en el secuestro", afirmó Córdoba.

23 de junio de 2010
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testimonios en caso margarita belén


Tres testimonios en el juicio por la masacre de Margarita Belén. Carlos "Ratón" Aranda, ex preso político, detalló ante el tribunal las torturas que sufrieron él y su hermano. María Teresa Franzen, hermana de uno de los fusilados en Margarita Belén, contó cómo se enteró de esa muerte. Ovieta, ex conscripto, recordó lo que vio.
[Marcos Salomón] Resistencia, Chaco, Argentina. La séptima audiencia del juicio oral y público por la Masacre de Margarita Belén contó con tres testimoniales: María Teresa Franzen, hermana de Arturo –una de las víctimas del fusilamiento–, Carlos ‘Ratón’ Aranda –ex preso político– y Federico Ovieta –abogado correntino que ya había declarado en el juicio por el ex Regimiento de Infantería 9 de Corrientes–. El relato de Aranda estremeció al auditorio: preso durante toda la dictadura militar, ‘el Ratón’ detalló las torturas que padeció y señaló a dos de los nueve imputados presentes.
Aranda pasó por ocho lugares de detención entre 1976 y 1983, con un lapso de once días en libertad, un veranito de 1979. Detenido el 3 de noviembre de 1976, fue llevado, junto con su hermano Julio, desde Corrientes a la Jefatura de Policía de Chaco (uno de los que fueron a buscarlo fue el imputado Luis Alberto Petetta, que a esa altura del relato anotaba y pasaba data a su abogado). Allí, los desnudaron, a él lo ataron a una cama con elástico de metal y comenzaron a picanearlo.
"No sé cómo hacía, creo que me abstraía, pero no sentía", relató Aranda. Sin embargo, "como no daba los nombres que me pedían, un día vino uno, se paró a mi lado y dijo: éste es el que no quiere hablar, déjenmelo a mí. Trascartón, envolvió una toalla o algo parecido por mis testículos y mi pene, para después comenzar a picanearme en esa zona, en las tetillas, en los párpados, en la encía... Hasta que logró descontrolarme".
Para la tortura, Aranda fue puesto frente a frente con dos ex presos políticos: Raúl ‘Quique’ Caire y Reinaldo Zapata Soñez. Si bien se conocían, ni uno de ellos lo admitió. Previo a su traslado a la Brigada de Investigaciones de la Policía, ‘el Ratón’ se pudo bañar y comprobó que "tenía todos los dedos de los pies negros por los golpes". Luego, volvió a los baños pero para una tarea más desagradable: "Bañalo a éste que está hecho pelota", le ordenó uno de sus carceleros mostrándole a "un revantadísimo" Carlos Tereszecuk, quien había sido empalado. Pero, como seguía sin hablar, le mostraban a su hermano Julio cómo lo torturaban hasta que éste cortó todo, gritando: "Por qué no le pegan un tiro".
Ya en la Brigada, Carlos logró ver a Luis ‘Lucho’ Díaz (víctima de la masacre), haciendo los dos dedos en V, con una evidente hinchazón, porque le habían arrancado una uña. También vio en otra celda aislada a Roberto Yedro (otra víctima del 13 de diciembre de 1976). En este centro clandestino de detención estuvo poco tiempo, hasta que lo llevan a la alcaidía policial.
Lo recibieron con una paliza en un lugar que llama "la piecita de la televisión". Haciendo gala de su condición de arquitecto, hizo una minuciosa descripción de la alcaidía, que igual tuvo que repetir ante el problema de los abogados por entender. También contó que lo fueron a visitar, para amedrentarlo, Patetta y Aldo Martínez Segón.
Describió con detalles el momento previo al traslado, un día domingo 12 de diciembre de 1976. "Interrumpieron la visita de los presos sociales o comunes, no nos sirvieron el cuili, o sea el cocido, y apagaron las luces de la celda temprano", recordó. Entonces, sucedió el horror del comedor de la alcaidía, donde todos los presos que iban a ser trasladados a Formosa fueron ferozmente torturados. Escuchó cómo llevaban a Lucho Díaz hacia el infierno y también cómo traían a la rastra a un casi desvanecido Carlos Zamudio. "Lo de la piecita de la televisión eran golpes, patadas, fuertes, pero no para matar. Lo que se escuchaba desde el comedor era aterrador. Yo creo que mataron a alguno", narró. Ratificó también la imposibilidad de escapar durante un traslado: "Ibamos esposados, engrillados, vendados y con capuchas, a los golpes...".
También declaró María Teresa Franzen, hermana de Arturo. Contó que en agosto de 1976, ella y su madre lo visitaron en la Brigada: "Nos contó que lo torturaban todos los días y que estaba muy dolorido, cuando lo quise abrazar me pidió que no lo apriete", relató, entre lágrimas. En medio de su relato se quebró hasta recordar que el 10 de enero de 1977 (el día del cumpleaños de Arturo, hubiese cumplido 25) llegaron con su padre para visitarlo, previo burocrático papeleo, en la Brigada, pero no estaba; en la alcaidía, tampoco estaba. Hasta que un oficial se dignó a contarles que Franzen había muerto cerca de Margarita Belén.
En el cementerio, para trasladar el cadáver, logró ver la cara de Arturo porque se desfondó el precario cajón en el que lo habían puesto: "No vi ni un impacto de bala, o eso me pareció, sólo recuerdo que le faltaba una parte de la nariz". En ese mismo trámite, pudo ver el cuerpo de Manuel Parodi Ocampo, que tenía "un boquete, un agujero, en el pecho".
Por último, declaró el correntino Federico Ovieta, oriundo de Mercedes como Lucho Díaz. Se limitó a contar que, tras el servicio militar, cuando fue a hacer un trámite al Regimiento de Infantería 9, vio en la pieza donde lo atendieron una foto de Lucho con una X marcada.

23 de junio de 2010
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declaró juan carlos el perro clemente


Declaró el testigo que aportó la documentación secreta sobre la represión ilegal en Tucumán. Contó que puso los papeles en su pierna "como se pone la canillera para jugar al fútbol, y los agarraba con la media". Confirmó que los represores hicieron desaparecer a un agente de Inteligencia de quien no se supo nada desde fines de los ’70.
[Ramiro Rearte] Tucumán, Argentina. Durante una hora de preguntas y repreguntas de parte de los abogados querellantes y los defensores, el testigo Juan Carlos ‘el Perro’ Clemente declaró frente a los jueces tucumanos en el marco de la megacausa sobre el centro clandestino Jefatura de Policía de Tucumán. Clemente aportó datos nuevos y reiteró la autenticidad de los dos biblioratos que él mismo entregó al tribunal la semana pasada, que incluían una lista en la que figuraban 293 personas que fueron secuestradas (195 de ellas siguen desaparecidas). También confirmó que los represores detuvieron e hicieron desaparecer a personal de sus propias filas. Entre los presentes en la sala de audiencias, se presentó la hija de un policía del que no se tenían datos precisos de su paradero desde la década del ’70. "Creo que sí lo conozco. Era el guardia de la Jefatura de Policía", dijo Clemente. Su nombre figura en la nómina de víctimas con la sigla DF, es decir, "disposición final".
El testigo entró a la sala de audiencias con un chaleco oscuro, barba de varios días y anteojos de marcos grandes. Sin mirar a nadie –sólo a los miembros del tribunal– comenzó a responder el cuestionario de los abogados de los represores primero y de la querella después. La estrategia de los primeros fue forzar a Clemente para que dijera que la documentación que aportó era la única que existía. Los querellantes trataron de ayudar a Clemente a que recordara procesos de tormento, lugares, nombres y situaciones propias vividas dentro de uno de los centros clandestinos más grandes del norte argentino.
Clemente relató cómo "policías paseadores" lo llevaron en varias oportunidades en autos para "marcar" conocidos. "Más de una vez", se quejó. Respondía de manera muy pausada y casi siempre mirando al piso de la sala. "Un día vinieron y me tiraron la credencial de policía y me dijeron dónde iba a comenzar a trabajar", contó cuando el presidente del tribunal, Carlos Jiménez Montilla, lo consultó sobre cómo fue que terminó trabajando como policía administrativo después de haber sido jefe montonero.
Lloró cuando recordó el accionar criminal de uno de los acusados, Roberto ‘el Tuerto’ Albornoz: "Era el amo y señor de la vida y la muerte del que se le antojara". Mientras Clemente lloraba, en la sala reinaba el silencio.
Al reconocer los documentos que aportó al proceso, no pudo dar precisiones sobre lo que significaban cada una de las fojas. "Yo sólo guardaba las hojas que me entregaban en las carpetas que correspondían, no me ponía a leer", dijo más de una vez. Recalcó que nunca leyó el contenido de los textos que guardó de manera secreta durante más de treinta años. Señaló que la primera vez que abrió esas carpetas fue hace dos años, cuando sacó copias de la primera hoja que contiene la lista de las 293 personas que estuvieron secuestradas en la ex Jefatura de Policía y la envió en forma anónima a la Procuración General de la Nación.
Tanto los querellantes como los abogados de los represores le preguntaron cómo hizo para guardar en muy buen estado las dos carpetas. El Perro sostuvo que construyó una cama de mampostería. "Primero puse escombros, luego los biblioratos en bolsas plásticas con papeles y después cerámicos. Y los conservé con bolitas antihumedad", sostuvo Clemente.
Cuando le consultaron cómo hizo para sacar los documentos desde adentro de un centro de detención, Clemente fue claro: "Recuerdo que sacaba las listas y las ponía en mi pierna, como se pone la canillera para jugar al fútbol, y las agarraba con la media", precisó. Volvió a decir que los biblioratos son de fines de 1977, cuando se había ordenado el desmantelamiento de las oficinas del archivo del Servicio de Inteligencia Confidencial (SIC) y se quemaban los papeles. También reiteró que recibió "amenazas constantes" en su casa y que le pedían información sobre otro testigo.
En un momento de la declaración, la abogada Laura Figueroa interrumpió a Clemente para preguntarle si conocía a un policía que había trabajado en el centro clandestino de detención Jefatura de Policía. "Se llama Silvestre Máximo García. ¿Tiene conocimiento de haberlo conocido, de haberlo visto?", interrogó la letrada. Clemente hizo un gesto pensativo y contestó: "Sí, lo conocí. Era el guardia de la puerta de entrada a la Jefatura. Trabajaba con Albornoz". Figueroa repreguntó: "¿Tiene conocimiento de qué pasó con él?". Clemente dudó, pero al cabo de unos segundos respondió: "Lo que sé es que alguna vez lo tuvieron detenido en los calabozos del fondo". La hija del policía desaparecido, cuyo caso no estaba registrado por los organismos de derechos humanos, rompió en llanto. Una de las psicólogas que trabajan dentro de la sala para asistir a los familiares de las víctimas se acercó a consolarla.

23 de junio de 2010
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