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ciencia por la identidad


Juez comprobó que había al menos ocho cuerpos en la fosa común. El magistrado Francisco Miño ahora ordenó la exhumación y traslado de los restos a Buenos Aires, para que el Equipo Argentino de Antropología Forense pueda trabajar sobre la identidad de los cuerpos hallados en una fosa común.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. El juez federal Nº 2 de Santa Fe, Francisco Miño, que investiga enterramientos clandestinos de víctimas del terrorismo de estado en un predio del Ejército ya pudo constatar que en la fosa común descubierta por el Equipo Argentino de Antropología Forense en el campo San Pedro, a 40 kilómetros de Santa Fe, había restos de ocho personas, seis de ellas con las marcas del terror: "lesiones en el cráneo compatibles con heridas producidas por armas de fuego". Y ordenó la exhumación de los cuerpos y su traslado al laboratorio de los peritos forenses, en Buenos Aires, para que se realicen los estudios genéticos que permitan identificar a los desaparecidos. Fuentes seguras consultadas por Rosario/12, revelaron que se trata de restos de cinco hombres y tres mujeres jóvenes, uno de ellos apareció con "un objeto de metal en la mano izquierda que podría ser un anillo" y otro tenía "una pieza dentaria de acrílico y metal", que podrían orientar las investigaciones. El traslado se concretó a mediados de esta semana con custodia de la Gendarmería.
La fosa común fue encontrada el miércoles 9 de junio, en un sector agreste del campo San Pedro, de propiedad del Ejército, ubicado en la zona de Campo Andino, a 15 kilómetros de Laguna Paiva. La opinión pública se anotició del descubrimiento casi una semana después, el martes 15. Y el viernes 18, el juez Miño realizó la inspección judicial en el lugar junto al secretario penal del Juzgado, Mateo Busaniche y autorizó a los forenses a concluir "las tareas de exhumación, registro, embalaje y posterior traslado de los restos" al laboratorio del Equipo de Antropología, en Buenos Aires.
El hallazgo no tiene precedentes en el país. "Es la primera fosa común que se encuentra en jurisdicción militar", dijo el antropólogo Miguel Nieva, quien integra el grupo de investigadores junto a sus colegas, Juan Nóbile y Leonardo Ovando. La primera vez que se hallaron fragmentos humanos en un centro clandestino fue en el "Pozo de Arana", en La Plata, donde estuvo secuestrado Julio López. "Pero esta es la primera vez que se encuentran restos humanos en un predio del Ejército. Se hicieron trabajos en varios lugares del país, se trabajó en La Perla, en el Batallón de Arsenales en Tucumán y en otros lugares, pero es la primera vez que logramos encontrar restos en un predio militar", precisó Nieva.
La causa que instruye el juez Miño se inició en abril de 2007 por una denuncia de la Casa de Derechos Humanos de Santa Fe, que agrupa a las Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Aunque ya en 1984, la Conadep se había hecho eco de comentarios de vecinos y conocedores de la zona que habían visto movimientos de vehículos militares y sospechaban de enterramientos clandestinos. El campo San Pedro tiene más de 100 hectáreas y era utilizado por el Ejército para maniobras y ejercicios de artillería.
El elemento clave que orientó la pesquisa fue la cal que utilizaron los ejecutores para hacer desaparecer los cuerpos de sus víctimas. Precisamente, los restos encontrados ahora estaban bajo un manto blanco. "Es una fosa común, en cuyo interior se hallaron restos humanos de varias personas cubiertos con cal y evidencia balística asociada a los mismos", dijo el Equipo de Antropología Forense al anunciar el hallazgo. La sepultura no era muy profunda. Los investigadores creen que fue cavada a pala, sin utilizar ninguna máquina retroexcavadora. Es un rectángulo de 2.70 por 1.70. Y a los 80 centímetros de la superficie comenzaron a aparecer los restos de cal que cubrían todo el sector. Una vez retirada la cal, los forenses encontraron los primeros restos humanos ("un miembro inferior"), por lo que a partir de allí comenzaron un trabajo de excavación arqueológica. Y la verdad comenzó a salir a la luz. Hallaron los restos de ocho personas jóvenes. "Cinco hombres y tres mujeres", según fuentes seguras consultadas por Rosario/12.
Los ocho individuos fueron hallados en distintas posiciones, articulados y extendidos: seis estaban "decúbito dorsal", es decir boca arriba y dos "decúbito ventral", boca abajo. Los seis boca arriba tienen "lesiones perimorten en el cráneo compatibles con heridas producidas por arma de fuego", lo que revela que habrían sido ejecutados con el tiro del final. Uno de los cuerpos tenía también "un objeto de metal en la mano izquierda, posiblemente un anillo" y otro, "una prótesis dental de acrílico y metal en el maxilar superior", que podrían orientar las investigaciones forenses. Fueron enterrados a una profundidad variable entre 1.20 y 1.40.
La semana pasada, Nieva informó que también habían encontrado "una vaina servida de arma de fuego asociada con los restos, pero en este caso no es un indicio de relevancia porque era un campo de artillería y hay muchísimos fragmentos de municiones, vainas y proyectiles" que utilizaba el Ejército.
Las fuentes dijeron que en la fosa común no había otras cápsulas de proyectiles, ni restos de ropa. Un indicio de que podrían haber sido ejecutados en otro lado y luego llevados desnudos hasta el destino final. "Posiblemente los hayan matado en otra parte y después los arrojaron a la fosa", interpretó una de las fuentes.
La Casa de Derechos Humanos que impulsó la causa judicial hace tres años valoró la importancia del hallazgo. "Es la prueba de que este campo del Ejército operó como centro de exterminio de víctimas del terrorismo de estado", dijo Milagros Demiryi. Por lo que, ahora la investigación apuntará a precisar si hay más fosas comunes. "Los testimonios dicen que los enterramientos clandestinos con cal se hicieron varias veces. Hay datos cruzados, algunos testigos que hablan de dos hechos y otros de tres hechos. Indudablemente, el campo San Pedro se usó primero como centro de torturas y después pasó a ser centro de exterminio", planteó Jorge Castro.
Ahora, el Equipo de Antropología Forense intentará "identificar los restos encontrados" en San Pedro, pero también continuará con "la "prospección y búsqueda" de otros enterramientos clandestinos porque "aun resta explorar una gran superficie" del campo del Ejército.

27 de junio de 2010
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testimonios del horror


Cuatro sobrevivientes de la dictadura dieron testimonio de la agonía de Alicia López. "Yo creo que estaba muerta", aseguró Raúl Pintos, uno de los testigos que declaró ayer en el juicio al ex jefe de la comisaría, Mario Facino, acusado por el secuestro, torturas y asesinato de la docente y ex militante de las Ligas Agrarias.
[Juan Carlos Tizziani] Santa F, Argentina. El Tribunal Oral de Santa Fe escuchó a cuatro sobrevivientes de la dictadura dar testimonio de la agonía de Alicia López en la seccional 4ª y uno de ellos aseguró que la vio en el calabozo de enfrente, inerte, bañada en sangre y cubierta por una manta. "Yo creo que estaba muerta", aseguró Raúl Pintos, uno de los testigos que declaró ayer en el juicio al ex jefe de la comisaría, Mario Facino, acusado por el secuestro, torturas y asesinato de la docente y ex militante de las Ligas Agrarias, entre octubre y noviembre de 1976.
Fueron los testimonios del horror. El miércoles, Alcides Schneider y Alejandro Córdoba, ya habían relatado cómo operaban los grupos de tareas en el centro de torturas e interrogatorios que comandaba Facino, uno de los más brutales del circuito represivo de Santa Fe. Y ayer, siguieron Pintos, José Schulman, Graciela Roselló, Hernán Gurvich y Vilma Cancián. Los siete sobrevivieron al martirio, pero cuatro -Córdoba, Pintos, Schulman y Roselló-, vieron con vida a Alicia López y hablaron con ella detrás de las paredes de la 4ª.
"Yo vi a Alicia en uno de los calabozos de la 4ª. Ella nos dijo cómo se llamaba", afirmó Pintos, un obrero de Reconquista que cayó el 16 de agosto de 1976 y dos semanas después, a principios de setiembre, lo trasladaron a Santa Fe, donde estuvo secuestrado cuatro meses en la comisaría 4ª. Aún sufre las secuelas de un ataque de presión que le provocó una hemiplegia y problemas motrices, pero sus dificultades no le impidieron dar testimonio del destino final de Alicia.
Era una tardecita, a fines del ’76. Alicia había sido secuestrada el 21 de octubre. Pintos ya estaba detenido en la 4ª, en un calabozo ciego. La única ventilación era una mirilla que los represores habían tapado con un cartón. Escuchó ruidos del otro lado de la puerta, se agachó y observó por debajo de la rendija. Y allí la vio. Era ella. "Era Alicia, tirada en el suelo, ensangrentada y tapada por una manta. Yo la vi porque habían dejado abierta la puerta de su calabozo", afirmó Pintos. El había guardado esas imágenes en su memoria durante 34 años y ayer pudo repetirlas, cara a cara, ante el Tribunal que juzga a Facino.

¿Usted confirma que vio muerta a Alicia López? le planteó el abogado de la querella.
Yo lo confirmo contestó Pintos.

La defensa de Facino chicaneó con algunas preguntas. "¿Cómo sabe que Alicia López estaba muerta?", quiso saber el defensor oficial Fernando Sánchez. "Yo la vi por debajo de la puerta. Era ella, toda ensangrentada. Estaba en el calabozo de enfrente", insistió Pintos.

Pero ¿qué le hizo pensar que estaba muerta? repitió Sánchez.
Yo la vi.

¿Y por qué usted supone que estaba muerta? se asoció la presidenta del Tribunal, María Ivon Vella.
Porque no se movía contestó Pintos.

El defensor de Facino pidió entonces que leyeran al testigo la declaración que había hecho en la instrucción de la causa, hace dos años, el 30 de julio de 2008, cuando relató el mismo hecho: vio a Alicia López en el calabozo de enfrente, cubierta con una manta. "Yo creí que estaba muerta porque estaba toda ensangrentada", dijo entonces Pintos.
Sí, esa es la palabra exacta reconoció ayer. Y repitió: "Yo creí que estaba muerta porque estaba toda llena de sangre. La pude ver porque dejaron la puerta del calabozo de ella abierta. Al otro día nos sacaron los cartones que tapaban las mirillas y ella ya no estaba. Nunca más la volví a ver", dijo Pintos, quien aceptó haber comentado el hecho a otros detenidos, Córdoba y Schulman.
La presidenta del Tribunal le pidió si podía agregar más detalles. Y Pintos dijo que el cuerpo de Alicia había sido dejado por tres o cuatro personas, a las que no pudo ver desde la rendija. "Dejaron a Alicia tirada en el suelo y se fueron", agregó.
Después, Schulman y Roselló ratificaron ante el Tribunal que también hablaron con Alicia, pared de por medio. Los dos y un compañero de ambos, Hernán Gurvich, cayeron el 12 de octubre de 1976. Schulman estuvo más tiempo en la 4ª, hasta mediados de noviembre. "Ví varias veces a Alicia López, tambalearse y caerse en ese pasillo que había entre los calabozos y el baño. Hablamos atrás de las paredes", dijo. "Alicia había sido violada en una celda de la 4ª y antes en La Casita", un centro clandestino que aún no fue localizado, agregó Schulman.
Graciela Roselló llegó a la 4ª encapuchada. La arrojaron en un calabozo. No sabía dónde estaba, hasta que la destabican y puede ver a otra mujer en el calabozo de enfrente. "Me llamo Alicia. Estamos en la comisaría 4ª", le dijo. Graciela le dijo entonces quién era. Y ella se sorprendió: "¿No me digas que sos la esposa de Schulman? Y gritó: "¡José me debes envidiar porque enfrente mío está tu señora!".
Alicia le contó entonces que era maestra, que militaba en las Ligas Agrarias y que estaba muy débil. Tiempo después, Graciela llegó a la Guardia de Infantería Reforzada, donde preguntó si alguien había visto a Alicia López. "Hay malas noticias", le dijeron. "Alicia fue la que más fuerza me dio. ’¡Aguantá, que vamos a salir!’, me decía. Y eso es lo que más dolor me provoca: yo pude salir y ella no. Pero no lograron doblegarnos. Por eso, estamos acá, para hablar por los que no pudieron hacerlo", concluyó Roselló.

25 de junio de 2010
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policía plantó arma


La discusión por el arma. Juez desconfía de versión policial.
Argentina. En la escena del hecho, en el barrio Boris Furman de la zona del Alto, en una plaza, aparecieron objetos supuestamente robados por los chicos que salieron corriendo y un arma que, según la policía, podría haber estado en manos de Bonnefoi.
Sobre ese punto, en su fallo, el juez Lozada dijo que "con el correr de las horas" fue hallada "un arma de fuego a cuatro metros de distancia del lugar en el cual se produjera la caída del joven Bonnefoi". El magistrado afirmó que ese hallazgo "no constituye una circunstancia que permita a esta instrucción considerar que ella fuese portada por el nombrado a la hora de sucedido el hecho" investigado en la causa. El juez llegó a esa conclusión "al tener en cuenta que dos de los compañeros del imputado, desplegados junto a él a fin de demorar a los jóvenes que corrían, manifestaron no haber escuchado más que la detonación de una sola arma de fuego". Esto hace pensar que se trató de "la correspondiente al prevenido Colombil". Respecto del arma encontrada "horas después", y que según la policía podría pertenecer a la víctima, el juez dejó constancia en su resolución que "debe afirmarse que según los términos vertidos en el acta de procedimiento se encontraba cargada con la totalidad de los proyectiles susceptibles de ser por ella disparados, seis" en total. Esto confirma, en la más extrema de las hipótesis a favor del policía, que si la llevaba alguno de los pibes, nunca la usaron.

25 de junio de 2010
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marcha en apoyo al juez lozada


Otra marcha, bajo la nieve.
[Carlos Rodríguez] Bariloche, Argentina. Una nueva movilización, esta vez bajo un manto espeso de nieve, reunió ayer a familiares, amigos, vecinos de las víctimas y a diversos gremios, entre ellos la Unter, judiciales, docentes y la Asociación de Trabajadores del Estado. La larga marcha se hizo con la compañía de la nieve, que supone una serie de inconvenientes, superados con fervor por los manifestantes, que primero se acercaron a las tribunales de Bariloche, frente al lago Nahuel Huapi. La intención inicial era pedirle al juez de la causa, Martín Lozada, que se expidiera rápidamente respecto de la situación procesal del único policía detenido. Como la resolución ya había sido tomada horas antes de que las columnas llegaran al juzgado, la marcha fue de apoyo a la medida.
"Lo que estamos pidiendo por todos los medios de prensa es que se presenten a declarar algunos de los muchos testigos que vieron cómo asesinaron a las otras dos víctimas (por el chico Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas). Había mucha gente y es posible que se pueda identificar a los responsables, pero es lógico que tengan miedo. De todos modos, esperamos que lo superen y que vengan a declarar ante la Justicia", le dijo a este diario Juan Carlos Curaqueo, tío de Nicolás y dirigente de ATE. El fiscal que investiga los dos crímenes, Marcos Burgos, todavía no habría podido determinar de qué armas salieron los disparos mortales.
El chico Carrasco tenía al menos cinco perdigones de plomo en el cuerpo. "Eso se sabe, pero ahora hay que averiguar quiénes lo hicieron", dijo Curaqueo. La marcha de ayer terminó, como todas las que se vienen haciendo para reclamar justicia, ante la Municipalidad de Bariloche, en el Centro Cívico. El secretario general de la Unter, Jorge Molina, hizo expreso, en el hall del juzgado, el respaldo al juez Lozada e insistió en reclamar "la renuncia del ministro de Gobierno", Diego Larreguy, y que "el gobernador Miguel Saiz se haga responsable de lo que sucedió".
Por su parte, los trabajadores de prensa de Bariloche dijeron, por medio de una solicitada, que están "preocupados por las expresiones de intolerancia de distintos sectores de la ciudadanía" ante las notas que publican sobre estos casos. Pusieron de manifiesto, además, las "intimidaciones y agresiones verbales y físicas sufridas por algunos colegas que se desempeñan en distintos medios de comunicación".
"No podemos aceptar que la línea editorial de un medio ponga en riesgo la integridad de sus trabajadores o limite la cobertura periodística de los acontecimientos porque un determinado sector no acuerde con su criterio", expresaron los trabajadores de prensa de los medios locales.

25 de junio de 2010
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testimonios sobre chiquillos asesinados


Testimonio de familiares de los muertos por la represión. Nicolás Carrasco tenía 16 años. Lo ayudaba a su papá con el trabajo de plomería. Sergio Cárdenas tenía 29 y era cocinero del Hotel Llao Llao. Sus familias coinciden: los mató la policía.
[Carlos Rodríguez] San Carlos de Bariloche, Argentina. "Mi hijo no estaba participando de la manifestación y tampoco lo mató una bala perdida, como dicen algunos. A Nicolás lo asesinaron a mansalva los del Grupo BORA", de la policía de Río Negro. Ricardo Carrasco, el papá de Nicolás Carrasco, de 16 años, otro de los chicos asesinados durante la represión que siguió a la muerte de Diego Bonnefoi, dijo que siente "bronca e indignación" frente a las marchas en apoyo de la policía, luego de los sucesos ocurridos la semana pasada en esta ciudad. Padre e hijo trabajaban juntos, como plomeros, y el jueves por la noche, cuando fue asesinado, Nicolás se dirigía a la casa de su novia y acertó a pasar por el medio de los incidentes, según le comentó a Página/12 su tío, Juan Carlos Curaqueo, secretario gremial de la filial local de ATE.
Un relato similar, en cuanto a las circunstancias en que lo asesinaron, hizo ante este diario Karina, la viuda de Sergio Cárdenas, de 29 años, la tercera víctima de los episodios que conmueven y dividen a la sociedad local. "Sergio trabajaba en la cocina del Hotel Llao Llao (uno de los símbolos del Bariloche turístico) y había pedido dos días de licencia. El jueves del partido de Argentina (contra Corea del Sur), Sergio se quedó en casa con nuestros dos hijos, mientras yo me fui a trabajar." Después del triunfo de la Selección por 4 a 1, "mi marido bajó hasta el centro, con los dos chicos, para participar de los festejos que se hicieron ese día".
En la tarde del jueves, Sergio y Karina se dirigieron hacia la zona de Onelli y Sobral, donde se produjeron los incidentes entre manifestantes y policías. "Fuimos porque nos llamó mi mamá, diciendo que tenía mucho miedo porque se escuchaban tiros y corridas muy cerca del lugar donde ella vive." El matrimonio se dirigió al lugar en su coche, acompañados por su hijo de cinco años, mientras que a la nena, que tiene 12 meses, la dejaron en casa de unos amigos. Como era imposible transitar con el auto, Karina volvió a dejarlo en su casa, llevándose al niño, mientras que Sergio intentaba llegar hasta la vivienda de su suegra.
Karina llevó a su hijo hasta el club donde practica básquet y volvió a intentar llegar a la casa de su mamá. "Apenas llego, mi hermana me dice que Sergio estaba internado en el hospital. Todos me intentaban tranquilizar diciendo que seguramente no era nada, alguna bala de goma o una perdigonada." Cuando llegó al Hospital Ramón Carrillo, le preguntaron por quién venía y cuando lo nombró a Sergio, le dijeron que esperara, que ya la atendía el médico. "Me tuvieron esperando un largo rato, mientras seguía llegando gente herida. Estuve esperando un rato largo, hasta que vino el médico y me dijo que Sergio había llegado muerto al hospital. Yo también me quería morir. Después me dijeron que Sergio había visto a unos chicos que estaban en medio de todo ese lío que había en Onelli y se metió para ayudarlos a salir. Ahí fue cuando lo mataron."
"Yo no participé de ninguna de las marchas que se hicieron. No me gusta la violencia, pero quiero que se haga justicia, que se castigue a los culpables, que estoy convencida de que son policías. Yo no quiero venganza, quiero justicia verdadera. No estoy contra la policía sino contra los policías asesinos, contra los jefes que dieron la orden de tirar. Quiero que mis hijos tengan una respuesta de la Justicia, para que se eduquen sin odios, sin rencores", aseguró Karina en diálogo con Página/12.
Por su parte, el padre de Nicolás Carrasco está indignado por las cosas que se dicen de su hijo y cómo algunos "parece que quieren justificar que haya sido asesinado". Incluso manifestó su desacuerdo con el desmantelamiento de la comisaría 28ª, luego de los sucesos. "Hicimos mucho para tener una dependencia policial, pero la llenaron de inútiles, de policías que sólo sirvieron para hacer daño." Recordó que su hijo Nicolás "ya había sido maltratado otras veces por esos mismos policías".
Ricardo Carrasco aseguró ante los periodistas que su hijo "murió acribillado por cuatro efectivos" del BORA que estaban "encapuchados y con escudos. Lo encerraron y le dispararon en forma directa. Confirmó que Nicolás estuvo ese jueves en su casa, hasta las 16.30, cuando salió a buscar a su novia, que vive en el barrio 2 de Abril, cercano al lugar de los incidentes. "Me da mucha indignación escuchar a la gente que habla de manera desubicada. Hoy yo tengo la desgracia de salir a pelear por mi hijo porque lo mataron en forma muy injusta", sostuvo.
Dijo que Nicolás "quedó en el medio de los grupos del BORA que encerraban a los chicos y tiraban. Eran dos los grupos y tiraron apuntándole, no fueron tiros al aire ni balas perdidas. Lo ejecutaron directamente, no sabía para dónde correr. Ahora nos meten a todos en la misma bolsa. Hay que preguntarle al que mató a mi hijo si es capaz de ponerse en mi lugar". Ricardo se pregunta ahora "quién fue el que dio la orden de disparar contra la gente". "¿Quién se hace cargo de la muerte de mi hijo? Para mí fueron los cuatro que lo arrinconaron contra una puerta."

25 de junio de 2010
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policía lo mató por la espalda


El juez procesó con duros argumentos al policía que mató a un adolescente y generó enfrentamientos y conmoción social en Bariloche. El juez consideró que se trató de un homicidio "alevoso" y que el policía abusó de sus funciones. El crimen de Diego Bonnefoi derivó en una protesta, represión y otras dos muertes en Bariloche, donde ayer hubo una nueva marcha para reclamar justicia.
[Carlos Rodríguez] San Carlos de Bariloche, Argentina. "Le quitó la vida de modo jurídicamente injustificable." De esa forma lapidaria, el juez Martín Lozada calificó la actitud del cabo de la policía local Sergio Colombil, en la madrugada del 17 de junio pasado, cuando disparó por la espalda contra el adolescente Diego Bonnefoi. El magistrado convirtió ayer en prisión preventiva la detención que sufre Colombil desde el mismo día del hecho, por considerar que fue autor de homicidio "doblemente calificado por alevosía y por haber abusado de sus funciones" en el cargo que desempeñaba. En su resolución, Lozada sostuvo que el suboficial actuó "por fuera de las potestades que le fueron conferidas por el Estado democrático", dado que "disparó su arma de fuego en contra de la cabeza de su perseguido, a punto tal que le impactó en la zona del cráneo, cuando ninguna circunstancia ameritaba que hiciera tal cosa". De mantenerse la calificación cuando se llegue a la sentencia, en juicio oral y público, Colombil podría ser condenado a la pena máxima de reclusión perpetua. El caso de Diego Bonnefoi derivó en una protesta frente a la Comisaría 28ª de Bariloche que fue reprimida en forma violenta, lo que provocó otras dos muertes. Los episodios del jueves y viernes pasado conmocionaron la ciudad turística, sumida ahora en un debate que excede lo policial y que desnudó la dramática situación social de muchos de sus habitantes. También hubo dos marchas en apoyo a la policía.
Lozada resolvió la situación procesal del imputado, días después de haber rechazado la recusación en su contra presentada por la defensa del policía acusado. El trámite, que podría significar el apartamiento del magistrado por supuesto "prejuzgamiento" de Colombil, quedó ahora en manos de la Cámara de Apelaciones, que tendrá que resolver si acepta o rechaza los argumentos de la defensa del policía para tratar de separar a Lozada de la causa. Según el defensor de Colombil, el juez habría incurrido en "prejuzgamiento" porque se reunió con la familia de la víctima y por expresiones públicas en las que habría dado por hecho la participación del policía en el crimen. Ayer, en una nueva marcha para reclamar justicia, los familiares de Bonnefoi y distintas organizaciones sociales, políticas y gremiales expresaron su apoyo a la actuación del juez Lozada.
En principio, con las pruebas reunidas hasta el momento, el magistrado consideró que el cabo Colombil, que tiene apenas 22 años, es "autor penalmente responsable del delito de homicidio calificado por alevosía y por haber abusado de sus funciones en el ejercicio de su cargo de empleado policial". El juez hizo una descripción detallada de los hechos, basándose, sobre todo, en los testimonios de los tres policías que acompañaban a Colombil la noche de los sucesos, cuando perseguían a un grupo de cuatro chicos que, presuntamente, habían cometido un robo o un hurto, es decir un delito de escasa relevancia.
Dijo Lozada que "el día 17 de junio de 2010, siendo la hora 4.30 aproximadamente, personal policial afectado al funcionamiento de la Comisaría 28ª intentó demorar a cuatro jóvenes que habían sido advertidos en actitud sospechosa, a quienes probablemente impartieron una voz de alto que aquellos no acataron". Esto dio lugar a que se iniciara "una persecución que, en lo que a la presente investigación atañe, tuvo al prevenido y a Diego Bonnefoi como protagonistas". El disparo se produjo cuando el cabo corría "dos o tres metros" atrás del chico que resultó muerto por un impacto de bala en su cabeza.
Lozada analizó de la siguiente manera la forma en que actuó Colombil: "Su despliegue en la ocasión fue claro y ha sido objeto de relato por parte de sus compañeros (...) Consistió, puntualmente, en aprovechar la proximidad corporal de Bonnefoi para, mientras lo corría, sacar su arma de fuego reglamentaria, desplazar la corredera para posibilitar la concreción del disparo y apuntar en contra del nombrado. Tras ello, en plena carrera y mientras el perseguido se hallaba de espaldas, apretó el gatillo de su arma y efectuó el disparo mortal".
Como dato de importancia, el magistrado señaló que "no pueden soslayarse las características y especificidades del comportamiento que protagonizó" el cabo de la policía local en razón de que ellas "se refieren al contexto puntual en el cual el prevenido efectuó la acción que se le reprocha, marcado por la absoluta innecesariedad funcional, puesto que si lo que pretendía Colombil era lograr" la detención de Bonnefoi "bien estaba a su alcance recurrir a otros métodos y recursos para lograr dicha finalidad".
Subrayó Lozada en su resolución que "lo que tuvo frente a sí el encartado fue a una persona que corría adelante suyo, muy probablemente desarmada, quien ni siquiera lo había atacado de modo alguno, a la cual, aprovechando su calidad de empleado policial en funciones, en franco abuso de su cargo y por fuera de las potestades que le fueron conferidas por el Estado democrático y constitucional de derecho para velar por el orden público, le quitó la vida de modo jurídicamente injustificable". En este punto hay que aclarar que, al principio, la versión que dio sobre el hecho el jefe de la Regional local, comisario Argentino Hermosa, fue que el cabo había disparado su arma "sin intención" de hacerlo, en el marco de "una pelea, una reyerta", que el juez estima que nunca existió. Para desgracia de Colombil, la hipótesis se basaría en el testimonio de los otros policías que participaron de la persecución de los cuatro chicos, tres de los cuales no fueron alcanzados y se ignoran sus nombres.
Cuando describió el momento culminante del homicidio, el juez sostuvo que Colombil "disparó su arma de fuego en contra de la cabeza de su perseguido, a punto tal que el proyectil le impactó en la zona del cráneo, cuando ninguna circunstancia ameritaba que hiciere tal cosa. Se trata de un homicidio alevoso, cometido en ocasión en que la víctima se hallaba en una manifiesta inferioridad de condiciones fácticas, incapacitado para ejercer cualquier posible defensa o para intentar de cualquier modo paliar el mal que sobre su persona se avecinaba".
Por lo expuesto, el magistrado resaltó que fue "un homicidio, en suma, cometido por el imputado cuando ningún riesgo se cernía sobre su integridad personal y respecto de una persona que, de acuerdo con la situación fáctica-corporal en la cual se hallaba, se encontraba a merced de su agresión mortal".

25 de junio de 2010
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procesan a policía homicida


Gatillo fácil. La Justicia procesó al policía que le disparó al adolescente muerto en Bariloche. El juez Martín Lozada procesó al cabo Sergio Colombil de la Policía de Río Negro por "homicidio doblemente calificado" al considerarlo autor del disparo que mató a Diego Bonefoi, y ordenó su prisión preventiva.
Argentina. En su resolución, Lozada procesó a Colombil por "homicidio doblemente calificado" por alevosía y por haber abusado de sus funciones en el ejercicio de su cargo de empleado policial, delito por el que, de probarse su efectiva comisión, le correspondería la pena de reclusión perpetua.
Según fuentes judiciales, el magistrado consideró que la prueba recolectada le permitió ubicar al efectivo como presunto autor penalmente responsable de la muerte de Bonefoi, un adolescente de 15 años que falleció producto de un tiro en la cabeza el miércoles pasado.
Tales pruebas le permitieron a Lozada concluir que Colombil "disparó su arma de fuego en contra de la cabeza de su perseguido, a punto tal que el proyectil le impactó en la zona del cráneo, cuando ninguna circunstancia ameritaba que hiciere tal cosa".
Entre ellas, la autopsia efectuada al adolescente reveló que el efectivo policial le habría disparado a una distancia de entre dos y tres metros de distancia.
En tanto, el magistrado cuestiona el hecho de que el adolescente muerto portara un arma al momento del hecho. En su resolución, Lozada duda de la "aparición con el correr de las horas de un arma de fuego a cuatro metros de distancia del lugar en el cual se produjera la caída de Bonefoi", elemento que efectivos de la Policía de la comisaría número 28 de Bariloche, donde se desempeñaba Colombil, adjudicaron al adolescente. Para el magistrado, no es posible afirmar que ese arma fuera portada por el adolescente.
Lozada explicó que hay que "tener en cuenta que dos de los compañeros del imputado, desplegados junto a él a fin de demorar a los jóvenes que corrían, manifestaron no haber escuchado más que la detonación de una sola arma de fuego. Es decir, la correspondiente al prevenido Colombil".

24 de junio de 2010
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el primer desaparecido


Reconocimiento a Juan Ingalinella, a 55 años de su asesinato. El médico comunista murió cuando era torturado por la policía. Hoy, el Concejo lo declara ciudadano ilustre post mortem.
Argentina. Secuestrado el 17 de junio de 1955, el médico y militante del Partido Comunista Juan Ingalinella falleció esa misma noche durante la tortura. La policía provincial fraguó su liberación, pero la repercusión nacional e internacional de la desaparición forzó la declaración de un policía y desencadenó un juicio que terminó asumiendo el juez Juan Antonio Vitulo, quien condenó a cadena perpetua a Francisco Lozón, Félix Monzón, Santos Barrera y Rogelio Luis Tixie, entre otros asesinos del militante. El magistrado entendió -por primera vez- que la inexistencia del cadáver no era óbice para dejar impune el asesinato. Después de 55 años, esta tarde, el Concejo Municipal distinguirá a Ingalinella como ciudadano ilustre post mortem, por iniciativa del presidente del bloque del Frente para la Victoria Arturo Gandolla.
"Fue detenido muchas veces, los militantes comunistas entrábamos y salíamos de la comisaría, nos detenían en el tranvía, era muy habitual", recuerda Jaskel Shapiro, que fue su compañero de militancia e integra la Comisión Permanente de Homenaje al militante, que todavía es recordado con cariño en el barrio La Tablada por su tarea como médico. "Esa misma noche cayeron 70 personas, y a otro compañero que fue torturado le dijeron que al pelado Ingalinella le iban a dar muchísimo más", rememoró Lindolfo Bertinat, de la misma comisión que viene batallando desde hace más de 30 años por el reconocimiento público a Ingalinella, asesinado a los 43 años. "Era uno de los hombres más queridos del Partido", recordó Shapiro.
La casa de Saavedra 667, donde vivía Ingalinella, estuvo apropiada durante muchos años, pero recientemente fue recuperada por Comisión de Homenaje, y ahora se construye un Centro Cultural para el barrio que tanto respetó y quiso a su propietario.
Aunque los policías que se llevaron al médico comunista decían actuar en defensa del gobierno de Juan Domingo Perón, ignoraban que esa misma noche, Ingalinella había organizado la difusión de un comunicado de su Partido en apoyo al gobierno constitucional, y en repudio del golpe de Estado. "Por eso para nosotros es muy importante que el presidente del PJ sea quien haya tomado esta iniciativa", dijo Bertinat.
Aún así, el militante fue detenido y salvajemente torturado. Cuando falleció, cesaron las torturas a los otros detenidos, y el cuerpo fue llevado según la declaración posterior de Tixie a Ibarlucea, donde las excavaciones sólo pudieron encontrar un sobretodo del médico.

24 de junio de 2010
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