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anulan anulación de matrimonio gay


Un fallo de Liberatori confirmo un matrimonio gay anulado. Corresponde al primer matrimonio entre mujeres, que ya fue legalmente habilitado, anulado y anulada su anulación, lo que vuelve a su permiso. La jueza Liberatori, además, ordenó investigar cómo las apelaciones católicas recaen en los mismos jueces.
[Soledad Vallejos] Argentina. Para "resguardar los derechos jurídicos adquiridos" de Norma Castillo y Ramona ‘Cachita’ Arévalo, la jueza porteña Elena Liberatori anuló la anulación que pendía sobre el matrimonio celebrado el 9 de abril. En la misma resolución, a la que este diario tuvo acceso, la titular del juzgado porteño Nº 5 solicitó a la jueza nacional Martha Gómez Alsina, responsable de la medida cautelar de anulación, que "tenga a bien inhibirse de seguir entendiendo" en el tema, ordenó el secuestro del acta que registró la boda y libró oficios a los consejos de la Magistratura porteño y nacional para "denunciar la afectación de la autonomía" de la Justicia de la ciudad "en virtud de la grosera intromisión". Y en caso de que Gómez Alsina "discrepe", Liberatori invitó a su par "a someter la controversia a la Corte Suprema de la Nación". La jueza porteña también puso de relieve una casualidad notable: la tendencia a que aparezcan los nombres de Gómez Alsina y el también juez nacional Félix de Igarzábal al sortearse estas causas sobre matrimonio civil. Por ello, su resolución también indica "librar oficio a la Oficina de Sorteos" de la Cámara de Apelaciones, para averiguar datos de la presentación iniciada por el abogado Ernesto R. Lamuedra, que derivó en la anulación comunicada mediáticamente.
Tras conocer el fallo, la Federación Argentina LGBT (FALGBT) reafirmó en un comunicado que "ninguno de los (cuatro) matrimonios entre parejas del mismo sexo fue legalmente anulado en Argentina", y anunció que hoy denunciará ante el Consejo de la Magistratura a Gómez Alsina y su colega Félix de Igarzábal, quien durante el verano buscó anular otro casamiento autorizado por Liberatori, el de Damián Bernath y Jorge Salazar.
Hasta ayer en la noche, la pareja afectada por la anulación, pedida por un tercero, cuyo nombre se repite en otras causas similares, no había sido notificada. (Tampoco hasta anoche lo había sido, por otra parte, el matrimonio Di Bello-Freyre, que a fines de la semana pasada se enteraba, por los medios, de la resolución del juez fueguino Marcos Meillien.) El fallo de Liberatori también se hizo eco de esa poco habitual manera de dictar resoluciones. Su fallo da cuenta de que las esposas "refieren (...) trascendidos periodísticos que mencionan que habría una orden de esa jueza de la Nación (por Gómez Alsina)", que todo cuanto saben del caso Castillo y Arévalo "ha sido difundido por medios periodísticos, toda vez que (...) no han sido notificadas".
Luego de días de trascendidos, el fallo de la jueza porteña resolvió "declarar la nulidad" de lo resuelto por Gómez Alsina a pedido de Ernesto Ricardo Lamuedra, un señor de ideas recurrentes: en noviembre del año pasado, intentó infructuosamente que un juzgado obligara a Mauricio Macri a apelar el fallo por el cual la jueza porteña Gabriela Seijas autorizó la primera boda entre varones de Argentina; en marzo de 2010 pidió a Igarzábal que anulara la boda entre Bernath y Salazar. Gómez Alsina, por otra parte, no había sido una jueza de actuación pública hasta fines del año pasado. Su nombre sólo había aparecido en los medios en 2006, porque, tras un año de alejamiento por orden judicial, había restituido la tenencia de un niño de tres años a su madre, y poco después el pequeño murió, por una golpiza que ella y su pareja le propinaron. Pero en diciembre de 2009 su nombre circuló cuando dictó la medida cautelar que impidió que José María Di Bello y Alex Freyre se casaran en suelo porteño.Un señalamiento de esas coincidencias formarán parte, también, de la denuncia que presentará al Consejo de la Magistratura la Falgbt, según indicó su presidenta María Rachid.
En tanto, sigue en pie la posibilidad de que mañana la Cámara de Diputados trate el proyecto de matrimonio civil para todas y todos. El presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), César Cigliutti, pidió a Eduardo Amadeo (PF) y Gladys González (PRO) que retiren los proyectos de enlaces civiles, "introducidos tardíamente". "No fueron discutidos en las sesiones públicas de las comisiones", señaló en un comunicado. Por lo demás, la víspera de una posible sesión histórica despierta pasiones. Por un lado, el pastor Rubén Proietti (titular de la Federación Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina –Faciera–, vinculado al mediático pastor Luis Palau y con llegada directa al macrista Santiago de Estrada) y el pastor Rubén Solomone (presidente de la Federación Confraternidad Evangélica Pentecostal –Fecep–) desde hace días vienen convocando a sus adeptos al Congreso, para esta tarde, porque "el proyecto de ley de matrimonio homosexual avanzó peligrosamente." Prometen "un lema tan dramático como poderoso: un mensaje de los niños: ‘queremos mamá y papá’". En tanto, la ONG católica Centro Nueva Tierra manifestó en una carta abierta su apoyo a la Falgbt y señaló que "incluso en el seno de la Iglesia Católica hay –y podría haber muchos más si las posiciones de la jerarquía no fueran tan persecutorias e hipócritas– espacios de aceptación".

20 de abril de 2010
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muñequitas animadas


La vida es sueño. Son chicas fanaticas del anime que se visten de encaje y son indiferentes a que les griten "Frankenstein" por la calle. Ellas se definen como "cosplayers", una practica surgida en Japón en los años ’70, en el que las mujeres son mayoría.
[Juana Menna] Argentina. A Gina no le importa que Constitución sea una estación de trenes atestada a las seis de la tarde. Fantasea con que quizás, en medio de tanta gente, alguien haya dejado olvidado un cuaderno de la muerte, como sucede en ‘Death Note’, su animé favorito. No le importa el calor húmedo que soporta envuelta en encajes negros. Tampoco, que el chico que reparte volantes de telefonía celular sobre calle Brasil le grite "adiós, Frankenstein" quizá porque tiene la piel pálida maquillada y el pelo batido color azabache. También puede ser que al chico lo haya cautivado su minifalda, o las medias oscuras que sisean mientras camina con las piernas apretadas, o la carterita de puntillas comprada en un outlet de Turdera. A ella no le importa que la miren. Está acostumbrada. Además, su madre camina delante suyo como una guardiana sigilosa. Gina sólo quiere tomarse el subte para llegar al centro y sacar la entrada de la próxima fiesta de cosplay. Después, vuelta a Glew a hacer los deberes, como la alumna aplicada de 15 años que es.
Gina Del Bianco se define a sí misma de varias maneras. Principalmente, es una "cosplayer" –del inglés costume (traje) y play (jugar)–, una práctica surgida en el Japón de los años ’70 que consiste en disfrazarse e interpretar a un personaje de un cómic, libro, película o videojuego. También es hija única de Valeria Mazek, un ama de casa de 42 años experta en costura que le diseña el vestuario, y de Miguel Ángel, un analista en sistemas que gana plata suficiente para que su hija gaste hasta 300 pesos cada vez que se hace un traje nuevo. A eso le suma un tío fanático del cómic que a los cuatro años le compró unas revistas con dibujos de chicas delicadas como hadas pero un poco más aguerridas llamadas ‘Sailor Moon’. O sea, desde muy chica Gina se considera además una ‘otaku’; es decir, fan del manga japonés.
"En las fiestas a mí no me conocen como Gina sino como Misa Mane, una modelo linda, rubia y medio naïve, que protagoniza ‘Death Note’", cuenta la chica. Según la Wikipedia, Misa mide 157 centímetros y pesa 36 kilos. Es un dato improbable, ya que Misa no es una chica de carne y hueso sino un personaje de manga y animé, envuelta en una trama complicada con padres asesinados y un ‘shinigami’ (una especie de encarnación de la muerte) que se inmola por ella y cae al suelo hecho polvo mientras deja a su lado un cuaderno ‘death note’. Gina adora esas historias donde los humanos conviven con deidades que pueden ser bondadosas o malísimas, un poco a la manera griega, aunque con acento nipón. También le fascina el hecho de que la mayoría de los héroes y heroínas sean adolescentes que, mediante complicados pases mágicos, adquieren características supraterrenales. Y le encanta que, a contrapelo de tanto culebrón oriental, Misa sea transparente y divertida.

Valeria, criada con una abuela que le enseñó el arte de la costura, se encarga de copiar el traje de Misa a la perfección para su hija. "En los ochenta me vestía igual a Madonna aunque en esa época no existía el ‘cosplay’ en Argentina", dice. De hecho, aquí los primeros ‘cosplayers’ comenzaron a verse a mediados de los noventa cuando fanáticos de ‘La guerra de las galaxias’, ‘Robotech’ o ‘Akira’ se juntaban a ver proyecciones de sus películas favoritas. La llegada masiva del animé japonés con ‘Dragon Ball’ o ‘Sailor Moon’ a través de la televisión primero y la web después determinó que muchos adolescentes comenzaran a copiar los trajes, pero también el modo de hablar y moverse de sus personajes. Es que ‘cosplayarse’ no implica sólo una estética sino también una puesta en escena, casi un tributo.
Sofía Tecce tiene 25 años. Además de estar a punto de graduarse como antropóloga, trabaja en una tienda de cómics donde los ‘mangakas’ le piden las últimas novedades mientras la llaman "señora". Es que la gente que se ‘cosplayea’ en general no supera los veintitantos. "Eso tiene que ver con que son chicos que crecieron en los noventa junto a sus ídolos que ahora ven por el canal Animax. Además, cosplayarse implica mucho tiempo y esfuerzo, una energía que cuando sos adulto quizá pongas en otro lado. Lo que me llamó la atención del cosplay es que el 90 por ciento de los trajes se los arman ellos, pura manualidad", cuenta.
Un dato contundente es que en el mundo cosplay, las chicas son mayoría. Así lo aseguran Sofía y Leonardo Llinás, presidente de Yamato Argentina, una de las empresas que organizan convenciones de animé porque el asunto, a juzgar por la magnitud creciente de estos eventos –por ejemplo, al último ‘Anime Friends’ fueron 17 mil personas–, comienza a profesionalizarse.
"El cosplay tiene una dimensión de performance que en Argentina se incorporó de manera singular. Es decir, en Japón sucede algo curioso. La gente es conservadora pero no ve con malos ojos que algunos personajes de animé sean gays, lesbianas, travestis o personas bisexuales. Pasa que los animés son un modo de expresar de manera creativa la contracara de una sociedad muy rígida. En el cosplay japonés, esto se traduce en que muchos varones se cosplayean como chicas. Acá no es así. Hay muchos varones, pero las chicas hacen punta", asegura Llinás.

Los fans afirman que en Japón se gasta más papel en impresión de mangas que en papel higiénico. Y es que en ese país, el manga es una megaindustria. Según el sitio www.imperioanime.com, más del 30 por ciento de los 127 millones de habitantes que hay en Japón consume animé. Ninguna revista especializada distribuye menos de un millón de ejemplares. Además, se estima que hay aproximadamente 3000 artistas profesionales dedicados a la producción de manga, aunque también existen amateurs que producen fanzines (revistas para circulación privada), llamados ‘dojinshi’. Las discográficas vieron el negocio y pusieron a sus músicos a diseñar las bandas de sonidos de animé para garantizar fama y masividad.
Así es que grupos como An Cafe, Moi dix Mois o Alice Nine se escuchan en las convenciones japonesas pero también en las porteñas. Ahí, además, se comparten animés, mangas y videojuegos acomodados en stands. Y se hacen concursos de cosplays, donde se evalúa la elaboración del traje, la performance, y la reacción del público. "Cada participante puede hacer un acting muy ajustado al manga original o proponer variantes, pero siempre con la referencia clara. La decisión final la toman otros cosplayes profesionales, llegados de Japón, que cada tanto ofrecen clínicas y cursos. En cada cosplay se anota un promedio de cincuenta personas con una intervención que no supera los cinco minutos aunque si la hinchada lo pide, se puede extender hasta los diez", sigue Leonardo.
Valeria explica que ella siempre acompaña a su hija a estos eventos, donde se vende mucha más ‘ramen’ (una sopa tradicional japonesa) que alcohol. Leonardo observa que las convenciones son un espacio ecuménico donde emos, darkies, floggers, punkies y todo tipo de estilos urbanos conviven de manera pacífica. Y Gina afirma que si bien cuando está arriba del escenario recibe ráfagas de aplausos y piropos, una vez abajo los chicos y las chicas sólo se acercan para pedir "una foto con Misa Mane".

Afuera es mediodía de domingo. Adentro del boliche de San Telmo en semipenumbras, unos 1500 chicos a partir de 13 años participan de la fiesta Awake, otro clásico de los encuentros que reúnen a los otakus. Una de ellas es Sabrina Ferrino, de 21 años. A ella le gusta cosplayarse como Chun-Li (un nombre mandarín que pude traducirse como "bella primavera"), una estudiante de kung fu que muchos consideran la gran heroína del ‘Street Fighter’.
"Sí, los videojuegos son violentos pero el ‘Street Fighter’ no es un juego de varones por eso. Bah, muchos videos parecen creados por la cabeza de ellos pero yo no tengo problemas en jugar con mi hermano mayor a los videos de fútbol o de agarrar el volante de la Play Station 2 y ganarle porque soy mejor que él", se sincera Sabrina. Explica que el mundo del manga es muy diverso, pensado para público infantil, adolescente y adulto. En ese contexto, reconoce que algunos géneros del manga, como el ‘hentai’, son pornográficos y sexistas. Pero que también hay otros, como el ‘shojo’, donde son heroínas las que llevan adelante la historia. De hecho, ella admira también a las mujeres que dibujan mangas, como las míticas Clamp, un cuarteto cuyo trabajo más conocido acá es ‘Sakura Card Captors’.
A Sabrina le interesa conocer otra cultura a partir de esas viñetas que, sabe, le deben su nombre a un libro llamado ‘Manga’ dibujado por el grabador Hokusai, recopilado a lo largo del siglo XIX. Además, el cosplay la seduce porque es la posibilidad de copiar cada detalle de un traje, coserlo y, en ese tránsito, ser otra persona, rendirles tributo a sus heroínas, jugar con sus amigos que se cosplayean en las fiestas. A ella no le importa que sus padres le digan que es rara por el hecho de creer en las hadas. Aunque, en su mundo, las hadas maten sin culpa, mueran y renazcan en universos paralelos, sean implacables y con vidas un poquitín retorcidas, algunas se besen entre ellas, tengan cuerpos chiquitos y ojos insólitamente gigantes.

20 de abril de 2010
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scollo hace alarde de sus crímenes


Juez no cree que haya fundamentos para procesar a suboficial que hace alarde público de sus crímenes.
Como tampoco ocultó sus tareas sucias mientras regían las leyes de impunidad, abundan testigos que lo incriminan.
Víctor Hofer le contó a su prima que se sentía "perseguido y vigilado" por Scollo, quien le pidió plata a su hermano "para sacarlo de una lista negra". Ante la negativa, le advirtió: "Nunca vayas a las estaciones de Zárate o Campana porque te voy a levantar". Los Hofer fueron secuestrados en abril de 1976, igual que Rubén Di Pasqua y Rubén Reynoso, visto en cautiverio en la Brigada de San Nicolás. Habrían estado en un centro clandestino en la vieja escuela de Campo Salles, sobre Ruta 188. Los cadáveres de Oscar Hofer y Reynoso aparecieron en el Río de la Plata con típicos signos de los ejecutados en vuelos. Otro testigo apuntó que Scollo dejó de asistir al teatro tras los secuestros. Cuando los Hofer llevaban años desaparecidos, contó la prima, Scollo extorsionó a la familia. En 1993 lo encontró como vocero del intendente. Lo acusó por las desapariciones y "le cambió el semblante". Entonces comenzó a sufrir "persecuciones" desde la radio.
Un vecino lo vio comandar un operativo en Campana. Scollo lo admitió en televisión. "A esos dos póngamelos contra la pared, son subversivos", ordenó. Recordó que "tenía un grupo de soldados", que llevaba una carpeta con "documentación de subversivos" y que se disfrazaba con "anteojos ahumados". A un periodista le dijo que "esos operativos eran rutinarios". Tres testigos fueron incluidos en programas de protección tras recibir amenazas. En noviembre, el fiscal Juan Murray pidió la detención de Scollo. El mes pasado, en una carilla y media, Villafuerte Ruzo escribió que "por el momento" no encontraba "motivaciones". Murray apeló y le reclamó al juez que deje de entorpecer la investigación.

19 de abril de 2010
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la culpa la tiene la víctima


Insólito argumento en el caso de la apropiación de un niño. Al sobreseer a un magistrado acusado de apañar una apropiación ilegal en 1976, el juez federal Carlos Villafuerte Ruzo culpabilizó a la familia que fue víctima de la represión. El suboficial Scollo, periodista de Baradero, sin indagatoria.
[Diego Martínez] Argentina. La culpa de que Manuel Gonçalves se haya criado con una identidad falsa es de su mamá. En lugar de registrarlo como Dios manda y acompañar al centenar de militares que la visitó con óptimas intenciones, Ana María Granda lo anotó con apellido falso y se resistió a entregarse hasta morir acribillada. También son responsables sus padres y los de su compañero, entonces desaparecido, pues al igual que cientos de abuelos en 1976 no estuvieron donde debían para recuperar al nieto. El razonamiento que hará furor en Marcos Paz lo suscribe el juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzo, en el sobreseimiento de Juan Carlos Marchetti, juez de menores que en lugar de buscar a la familia de Manuel falseó el expediente de adopción para entregarlo a personas de confianza. La fiscal federal María Marta Poggio y los abogados Ana Oberlin y Lucas Ciarniello Ibáñez, que representan a Manuel, a la Secretaría de Derechos Humanos y a Abuelas de Plaza de Mayo, apelaron la decisión, que ahora evalúa la Cámara Federal de Rosario.
El juez tampoco encuentra motivaciones para indagar al suboficial Abel César Scollo, periodista protegido del poder político de Baradero que relató el estallido de marzo y que en 1998 admitió en televisión que "con anteojos ahumados" cazaba "subversivos". Varios testigos lo recuerdan infiltrado en un grupo de teatro hasta la desaparición de uno de sus miembros, a quien extorsionó para sacarlo de "listas negras". La causa hibernó un año y medio en manos de Villafuerte Ruzo y lleva un año estancada en la Cámara de Rosario.
Marchetti fue juez en San Nicolás durante la dictadura. En 1983 sobreseyó a Luis Patti por dos homicidios. Días atrás logró la absolución de policías acusados de vejaciones. Es abogado de privatizadas como Ternium Siderar, AES América y EDEN, y del ex secretario de la CGT, Naldo Brunelli, titular de la UOM nicoleña que avaló la designación de Villafuerte Ruzo. Scollo trabajó para el intendente de Baradero, Pedro Carozzi, y cuando éste murió para el hijo y sucesor, Aldo. Es titular de FM Tiempo, la radio que el pueblo apedreó tras quemar la municipalidad.
Manuel es hijo de Gastón Gonçalves y Ana María Granada. Su padre fue secuestrado en Zárate el 24 de marzo de 1976. El cuerpo fue enterrado como NN en Escobar. A su abuela, Matilde Pérez, la torturaron para que entregara a la nuera. Para preservar su vida y la del hijo en gestación, Ana María se radicó en San Nicolás con identidad falsa y, cuando nació Manuel, lo registró como Valdez. El 19 de noviembre, cien militares ametrallaron la casa: asesinaron a Ana María y a la familia Amestoy, incluidos dos niños. Sobrevivió Manuel, a quien su madre envolvió en un colchón mientras se resistía a caer en manos del terrorismo de Estado.
Manuel fue trasladado a un hospital por orden del coronel Fernando Saint Amant, quien dio intervención al juez. Marchetti dispuso una custodia ante "el rumor de que iban a retirar por la fuerza al niño", contó un médico. Pese a que era obligación y práctica del juzgado publicar edictos, Marchetti no lo hizo. Un oficio policial sugiere que "las citaciones cursadas a familiares arrojaron resultado negativo", pero el firmante dijo que no conoció al magistrado y que por su grado no pudo haberlo suscripto. El juez no pidió las actuaciones en las que se identificó a los Amestoy por sus huellas dactilares, no contactó a los deudos que retiraron los cuerpos, no buscó fotos de Ana María para publicar y no consultó sobre su identidad a los militares, que conocían a sus enemigos aunque los enterraran como NN. "Evitó voluntariamente la identificación", resumió la fiscal Poggio.
Marchetti recurrió a la familia: su primo Eduardo Larrañaga y la esposa, Esther González, se convirtieron en padrinos del niño, que en febrero de 1977, sin informe socio ambiental ni opinión del asesor de menores, fue otorgado en guarda a Luis Novoa y Elena Rodríguez, prima de González. Cuando un asesor le preguntó si los adoptantes eran cónyuges, un requisito necesario, el juez informó falsamente que estaban casados. También le mintió a González cuando le dijo que había publicado edictos para dar con la familia. No requirió un solo informe para saber cómo se desarrollaba la guarda. En el camino quedó la familia Ricardi, que pretendía la guarda. Tras visitar a Manuel durante tres meses, se enteraron de que lo habían sacado del hospital por orden del juez. Ante la insistencia por ver al niño, Marchetti les gritó: "Muerto el perro, se acabó la rabia".
Para sobreseerlo en la causa por apropiación y supresión de la identidad, el juez simuló ignorar el terrorismo de Estado y la responsabilidad de los funcionarios, que transfirió a las víctimas. "Quien suprimió la identidad de Manuel desde el momento de su nacimiento fue su madre", que "imposibilitó que la Justicia pudiera lograr la determinación sobre el origen biológico", escribió. Lo contrario sostuvo el tribunal de Lomas de Zamora, que anuló la adopción: "No hubo abandono por parte de los padres". Villafuerte Ruzo no se conformó con culpar a los padres: "Me resulta imposible concluir que los abuelos o parientes no se hicieran presentes en el juzgado de menores", se indignó. "El Poder Judicial debió ser el órgano encargado de tutelar el debido proceso y los derechos de las personas", le recordó la fiscal. "Los responsables de que Ana María cambiara su identidad para preservar su vida y la de su hijo fueron los integrantes del Estado terrorista, del cual algunos funcionarios judiciales no eran ajenos sino un engranaje más", enfatizó.

19 de abril de 2010
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quiénes son los jueces denunciados


Jueces y denuncias. Quienes son los dos camaristas.
Argentina. Los jueces integrantes de la Cámara Federal de Mendoza, Luis Francisco Miret y Otilio Romano cuentan con un extenso historial en la Justicia vinculados a la dictadura militar y sus intereses. En los últimos meses salieron a la luz por el fallo que suspendió la ley de medios y por haber acusado a los organismos de Derechos Humanos de haberlos "amenazado" por ello. En realidad, las entidades reclamaron sus juicios políticos antes de esa sentencia. Ambos jueces intentaron negociar el archivo de ese pedido de enjuiciamiento en el Consejo de la Magistratura a cambio de fallar a favor de la ley de medios.
El camarista Luis Francisco Miret está acusado de omitir en forma sistemática salvaguardar la integridad de las personas detenidas a su disposición. El mismo ministro de Gobierno, Justicia y Derechos Humanos de la provincia, Mario Adaro, realizó una presentación ante el Consejo de la Magistratura en favor de su destitución junto a Otilio Romano, también camarista, y al que se acusa de los mismos delitos. Luis Francisco Miret y Otilio Roque Romano hicieron la carrera judicial casi de la mano, porque treinta años atrás Miret se desempeñaba como juez y Romano como fiscal aún antes de que los militares dieran el golpe de Estado en 1976.
Organismos de derechos humanos y sobrevivientes del centro clandestino de detención que funcionaba en el Departamento de Informaciones de la policía mendocina durante la dictadura también realizaron una presentación en la que denuncian que Miret se jactaba de ser amigo personal del general Juan Pablo Saa, a cargo de la represión mendocina durante la dictadura, de quien incluso aseguró que dormía en su casa. De Romano destacaban en el escrito "el compromiso ideológico con la persecución sistemática de población civil emprendida por el régimen militar" y agregaban que "Miret y Romano fueron un engranaje del proceso represivo para facilitar la impunidad ajena y, en algunos casos, propia". En el documento presentado ante el Consejo de la Magistratura destacan que los entonces juez y fiscal respectivamente "tenían perfecto conocimiento de las gravísimas violaciones a los derechos humanos de las personas detenidas y puestas a su disposición" pero "han omitido todo control sobre las fuerzas represivas, han permitido la detención de personas que fueron torturadas, otras violadas, bajo procesos que repugnan al derecho".
Mendoza, que cuenta con más de doscientos desaparecidos, es la provincia ideal para los represores ya que aún no existen condenas y todos continúan libres. La participación activa de los jueces en favor de la dictadura militar, ocultando declaraciones de torturas y violaciones sistemáticas de los derechos humanos, surgió de forma inesperada a raíz de la digitalización de las causas por delitos de lesa humanidad llevadas adelante por la Justicia Federal cuyana. Los jueces, tal como denunció este diario, intentaron negociar con Juan Carlos Mazzón un pronunciamiento favorable a la ley de medios a cambio del cierre de las causas, habida cuenta de que uno de los fallos que impidieron la puesta en marcha de la ley provenía de la Justicia cuyana.
Las defensas que esgrimen los camaristas son endebles. Miret asegura que "siempre fue garantista" y recuerda que fue el ex presidente Raúl Alfonsín quien mandó su pliego al Senado. Romano, por su parte, muestra toda vez que puede una carta de amenaza de "un comando anticomunista" que lo acusaba de "favoritismo hacia los sucios bolches".

19 de abril de 2010
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víctimas del juez miret


Reportaje a una de las víctimas del juez Miret. Herido y torturado en 1975 por la policía de Mendoza, Prudencio Mochi lo denunció ante el juez Luis Miret, quien no investigó el caso. En este reportaje, Mochi narra su asombro al saber que el protector de sus verdugos sigue en la Justicia.
[Horacio Verbitsky] Argentina. A sus 60 años, Prudencio Mochi aún arrastra la secuela de las torturas que padeció cuando tenía 25, aplicadas por la Inteligencia policial de Mendoza en 1975. "Una vez que soy liberado, comienzo a padecer crisis epilépticas. Recibí tratamientos en Italia, en Francia y en Holanda. Luego me descubren un trauma en el lóbulo frontal derecho, producto del golpe que recibí cuando me detuvieron. Durante años me traté con Misoline", dijo en un reportaje telefónico que concedió desde México.
Su caso es uno de los que fundamentan la solicitud de juicio político contra los actuales camaristas federales Otilio Romano y Luis Francisco Miret. Mochi, doctorado en Ciencias Políticas en Italia y en la actualidad profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, recuerda bien al entonces juez Miret, porque ante él denunció las torturas que padeció y no obtuvo que las investigara. En cambio sólo sabe que Romano era el fiscal de la causa, pero no cree haberlo conocido entonces.
Mochi fue detenido en agosto de 1975, en un operativo conjunto del Ejército y de las policías Federal y provincial en el barrio Maipú. Mochi volvía a su casa cuando le dispararon desde lejos. Intentó correr pero cayó herido en una pierna. Perdió mucha sangre y lo golpearon con la culata de un arma en la cabeza hasta que se desvaneció, origen de su problema epiléptico. Se despertó en la D2, la temida Dirección de Inteligencia de la policía de Mendoza, donde también había otros once detenidos, algunos eran sus compañeros de militancia estudiantil, en la Facultad de Derecho de Santa Fe, y gremial, en la formación de la Coordinación Sindical en Villa Constitución. En la D2 estuvo dos semanas, durante las cuales no recibió atención médica por la herida en la pierna. Por el contrario, los torturadores además de aplicarle la picana eléctrica, le introducían un hierro en la herida. Mochi se desmayó varias veces. "Decían que se me iba a gangrenar la pierna." Sus lesiones fueron constatadas por un médico policial.
Al cabo de esos quince días lo llevaron al juzgado federal a cargo del juez Miret, quien blanqueó la detención ilegal con una orden de arresto. Lo acusaron de asociación ilícita, de portación de armas de guerra ("Yo nunca tuve armas, no tenía relación con las organizaciones armadas", dice Mochi). En cuanto estuvo a solas con el juez le informó de las torturas que había recibido, que por otra parte eran evidentes. Miret se negó a dejar constancia de esa denuncia y en cambio intentó "indagarme sobre mi actividad política, pero yo me negué absolutamente a declarar en esos términos. Con los otros detenidos actuó en forma similar. Legalizó todas las detenciones de los que caímos antes del golpe".
Luego de la declaración ante Miret lo trasladaron a la Cárcel de Mendoza. "Estuve mucho tiempo en la Enfermería, porque me encontraba en muy malas condiciones de salud. Interviene el abogado Oro, que era defensor de presos, pero luego fue secuestrado. Después de su secuestro, durante años de detención mi familia no tuvo posibilidad de poner a otro abogado, porque además, por miedo, se negaban a representarme. En una oportunidad se propone como defensor un abogado de apellido Balestrini, que le pide dinero a mi hermano. Pero se enteran que era conjuez de Miret", dice Mochi.
Sabe que Romano era el fiscal de la causa, pero no lo recuerda. "Mi trato era con Miret. Lo conocía antes de ser detenido, era famoso en Mendoza. Miret se comportaba como un milico más. Tenía un lenguaje castrense. Es uno de miembros de la incubadora del golpe militar en Mendoza", dice.
En la Cárcel de Mendoza estuvo detenido alrededor de un año, luego fue trasladado a la Unidad 9 de La Plata y por último a la Cárcel de Caseros. En la Unidad 9 lo alojaron en el Pabellón 1, el denominado "Pabellón de la Muerte", donde estuvo Dardo Cabo, "a pesar de que yo no tenía relaciones con Montoneros. Fueron años muy difíciles, sobre todo por la incerteza de la vida o la muerte".
A fines de 1978 o comienzos de 1979 su familia pudo designar como abogado a Carlos Washington Lencinas, descendiente del ex gobernador y senador radical homónimo. "A los cuatro años de mi detención, en 1979, Lencinas logra un arreglo para que me den una condena por los cuatro años que ya había estado detenido. Quedo formalmente a disposición del PEN y en 1980 me exilio a Italia". Allí denunció lo sucedido ante la Liga por los Derechos de los Pueblos. "Pero en ese momento se priorizó la denuncia contra la actuación militar, porque la participación de los miembros de la Justicia no era un tema que en ese entonces tenía la relevancia que hoy ha alcanzado. Además mi caso era complicado, porque tenía las dificultades de quienes fuimos detenidos antes del golpe militar, durante un gobierno constitucional."

¿Siguió durante estos años la actuación de Miret?
No, me entero que Miret sigue actuando en la Justicia a través de las notas de prensa que se publicaron estos días. Nunca me hubiera imaginado que semejante personaje siguiera en la Justicia. Un tipo tan quemado, que había avalado todo lo que hacían los militares, tan conocido por esto. Nunca me imaginé que un tipo así fuera camarista. Miret era el incubador de la dictadura en Mendoza. Me parece increíble. No resiste el menor análisis. ¡Este señor ha estado juzgando a personas durante 35 años! No se puede entender.
La semana pasada, durante los preparativos de la movilización por la vigencia de la ley de servicios de comunicación audiovisual, Miret salió a la puerta con actitud desafiante para escuchar si había cánticos que lo aludieran. Uno de los manifestantes tomó la foto que ilustra esta nota.

Entrevista por Mercedes González.

19 de abril de 2010
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crímenes por encargo del cardenal bergoglio


El rol del ahora cardenal Bergoglio en la desaparición de sacerdotes y el apoyo a la represión dictatorial es confirmado por cinco nuevos testimonios. Hablan un sacerdote y un ex sacerdote, una teóloga, un seglar de una fraternidad laica que denunció en el Vaticano lo que ocurría en la Argentina en 1976 y un laico que fue secuestrado junto con dos sacerdotes que no reaparecieron.
sobre las filas de la Iglesia Católica que hoy preside, incluyendo la desaparición de sacerdotes. Quienes hablan son una teóloga que durante décadas enseñó catequesis en colegios del obispado de Morón, el ex superior de una Fraternidad sacerdotal que fue diezmada por las desapariciones forzadas, un seglar de la misma Fraternidad que denunció los casos al Vaticano, un sacerdote y un laico que fueron secuestrados y torturados.

Teóloga con Minifalda
Dos meses después del golpe militar de 1976 el obispo de Morón, Miguel Raspanti, intentó proteger a los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics porque temía que fueran secuestrados, pero Bergoglio se opuso. Así lo indica la ex profesora de catequesis en colegios de la diócesis de Morón, Marina Rubino, quien en esa época estudiaba teología en el Colegio Máximo de San Miguel, donde vivía Bergoglio. Por esa circunstancia conocía a ambos. Además había sido alumna de Yorio y Jalics y sabía del riesgo que corrían. Marina decidió dar su testimonio luego de leer la nota sobre el libro de descargo de Bergoglio.
Marina Rubino vive en Morón desde siempre. En el Colegio del Sagrado Corazón de Castelar daba catequesis a los chicos y formaba a los padres, que le parecía lo más importante. "Una vez por mes nos reuníamos con ellos. Era un trabajo hermoso. Esta experiencia duró quince años". También dio cursos de iniciación bíblica "en todos los lugares no turísticos de la Argentina. Teníamos una publicación, con comentarios a los textos de los domingos, queríamos que las comunidades tuvieran elementos para pensar". Desde que se jubiló da clases de telar, en centros culturales, sociedades de fomento o casas.
No quiso ingresar al seminario de Villa Devoto porque no le interesaba la formación tomista, sino la Biblia. En 1972 comenzó a estudiar Teología en la Universidad del Salvador. La carrera se cursaba en el Colegio Máximo de San Miguel. En primer año tuvo como profesor a Francisco Jalics y en segundo a Orlando Yorio. Mientras estudiaba, coordinaba la catequesis en el colegio Sagrado Corazón de Castelar, donde también estaba la religiosa francesa Léonie Duquet. "Eran tiempos difíciles. Por hacer en el colegio una opción por los pobres tomándonos en serio el Concilio Vaticano II y la reunión del CELAM en Medellín perdimos la mitad del alumnado. Pero mantuvimos esa opción y seguimos formando personas más abiertas a la realidad y al compromiso con los más necesitados sosteniendo que la fe tiene que fortalecer estas actitudes y no las contrarias." El obispo era Miguel Raspanti, quien entonces tenía 68 años y había sido ordenado en 1957, en los últimos años del reinado de Pío XII. Era un hombre bien intencionado que hizo todos los esfuerzos por adaptarse a los cambios del Concilio, en el que participó. Después del cordobazo de 1969 repudió las estructuras injustas del capitalismo e instó al compromiso con "la liberación de nuestros hermanos necesitados". Pero el problema más grave que pudo identificar en Morón fue el aumento de los impuestos al pequeño comerciante y el propietario de la clase media. "Muchas veces hubo que discutir y sostener estas opciones en el obispado y monseñor Raspanti solía terminar las entrevistas diciéndonos que si creíamos que había que hacer tal o cual cosa, si estábamos convencidos, él nos apoyaba", recuerda Marina. Sus palabras son seguidas con atención por su esposo, Pepe Godino, un ex cura de Santa María, Córdoba, que integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.
Marina cursaba teología en San Miguel de 8.30 a 12.30. No le habían dado la beca porque era mujer, pero como era la coordinadora de catequesis en un colegio del obispado, Raspanti intercedió y obtuvo que una entidad alemana se hiciera cargo del costo de sus estudios. Tampoco le quisieron dar el título cuando se recibió, en 1977. El director del teologado, José Luis Lazzarini, le dijo que había un problema, que no se habían dado cuenta de que era mujer. Marina partió en busca de quien la había recibido al ingresar, el jesuita Víctor Marangoni:

-Cuando me viste por primera vez, ¿te diste cuenta o no de que era mujer?
-Sí, claro, ¿por qué? –respondió azorado el vicerrector ante esa tromba en minifalda.

Porque Lazzarini no me quiere dar el título.
Marangoni se encargó de reparar ese absurdo. Marina tiene su título pero nunca se realizó la entrega oficial.

La Desprotección
Un mediodía, al salir de sus cursos, "lo encuentro a monseñor Raspanti parado en el hall de entrada, solo. No sé por qué lo tenían allí esperando. Estaba muy silencioso, le pregunté si esperaba a alguien y me dijo que sí, que al padre provincial Bergoglio. Tenía el rostro demudado, pálido, creí que estaba descompuesto. Lo saludé, le pregunté si se sentía bien, y lo invité a pasar a un saloncito de los que había junto al hall".

–No, no me siento mal, pero estoy muy preocupado –le respondió Raspanti.

Marina dice que tiene una memoria fotográfica de aquel día. Habla con voz calma pero se advierte el apasionamiento en sus ojos grandes y expresivos. Pepe la mira con ternura.
"Me impresionó verlo solo a Raspanti, que siempre iba con su secretario", dice. Marina sabía que sus profesores Jalics y Yorio y un tercer jesuita que trabajaba con ella en el colegio de Castelar, Luis Dourron, habían pedido pasar a la diócesis de Morón. Yorio, Jalics, Dourron y Enrique Rastellini, que también era jesuita, vivían en comunidad desde 1970, primero en Ituzaingó y luego en el Barrio Rivadavia, junto a la Gran Villa del Bajo Flores, con conocimiento y aprobación de los sucesivos provinciales de la Compañía de Jesús, Ricardo Dick O’Farrell y Bergoglio. "Le dije que Orlando y Francisco habían sido profesores míos y que Luis trabajaba con nosotros en la diócesis, que eran intachables, que no dudara en recibirlos. Todos estábamos pendientes de que pudieran venir a Morón. Ninguno de los que conocíamos la situación nos oponíamos. Raspanti me dijo que de eso venía a hablar con Bergoglio. A Luis ya lo había recibido, pero necesitaba una carta en la que Bergoglio autorizara el pase de Yorio y Jalics."
Marina entendió que era una simple formalidad, pero Raspanti le aclaró que la situación era más complicada. "Con las malas referencias que Bergoglio le había mandado él no podía recibirlos en la diócesis. Estaba muy angustiado porque en ese momento Orlando y Francisco no dependían de ninguna autoridad eclesiástica y, me dijo:

–No puedo dejar a dos sacerdotes en esa situación ni puedo recibirlos con el informe que me mandó. Vengo a pedirle que simplemente los autorice y que retire ese informe que decía cosas muy graves.

Cualquiera que ayudara a pensar era guerrillero, comenta Marina. Acompañó a su obispo hasta que Bergoglio lo recibió y luego se fue. Al salir vio que tampoco estaba en el estacionamiento el auto de Raspanti. "Debe haber venido en colectivo, para que nadie lo siguiera. Quería que la cosa quedara entre ellos dos. Estaba haciendo lo imposible por darles resguardo."
La teóloga agrega que le impresionó la angustia de Raspanti, "que si bien no podía ser calificado de obispo progresista, siempre nos defendió, defendió a los curas cuestionados de la diócesis, se llevaba a dormir a la casa episcopal a los que corrían más riesgo y nunca nos prohibió hacer o decir algo que consideráramos fruto de nuestro compromiso cristiano. Como buen salesiano se portaba como una gallina clueca con sus curas y sus laicos, cobijaba, cuidaba aunque no estuviera de acuerdo. Eran puntos de vista distintos, pero él sabía escuchar y aceptaba muchas cosas". Uno de esos curas es Luis Piguillem, quien había sido amenazado. Regresaba en bicicleta cuando se topó con un cordón policial que impedía el paso. Insistió en que quería pasar, porque su casa estaba en el barrio y un policía le dijo:

–Vas a tener que esperar porque estamos haciendo un operativo en la casa del cura.

Piguillem dio vuelta con su bicicleta y se alejó sin mirar hacia atrás. De allí fue al obispado de Morón, donde Raspanti le dio refugio. Los militares dijeron que se había escondido bajo las polleras del obispo. Pero no se atrevieron a buscarlo allí.

¿Raspanti era consciente del riesgo que corrían Yorio y Jalics?
Sí. Dijo que tenía miedo de que desaparecieran. No pueden quedar dos sacerdotes en el aire, sin un responsable jerárquico. Pocos días después supimos que se los habían llevado.

De Córdoba a Cleveland
Otro testimonio recogido a raíz de la publicación del domingo es el del sacerdote Alejandro Dausa, quien el martes 3 de agosto de 1976 fue secuestrado en Córdoba, cuando era seminarista de la Orden de los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette. Luego de seis meses en los que fue torturado por la policía cordobesa en el Departamento de Inteligencia D2 pudo viajar a Estados Unidos, adonde ya había llegado el responsable del seminario, el sacerdote estadounidense James Weeks, por quien se interesó el gobierno de su país. Este año se realizará en Córdoba el juicio por aquel episodio, cuyo principal responsable es el general Luciano Menéndez. Ahora Dausa vive en Bolivia y cuenta que tanto Yorio como Jalics le dijeron que Bergoglio los había entregado.
Al llegar a Estados Unidos supo por organismos de derechos humanos que Jalics se encontraba en Cleveland, en casa de una hermana. Dausa y los otros seminaristas, que estaban iniciando el noviciado, lo invitaron a dirigir dos retiros espirituales. Ambos se realizaron en 1977, uno en Altamont (estado de Nueva York) y otro en Ipswich (Massachusetts). Recuerda Dausa: "Como es natural, conversamos sobre los secuestros respectivos, detalles, características, antecedentes, señales previas, personas involucradas, etc. En esas conversaciones nos indicó que los había entregado o denunciado Bergoglio".
En la década siguiente, Dausa trabajaba como cura en Bolivia y participaba de los retiros anuales de La Salette en Argentina. En uno de ellos los organizadores invitaron a Orlando Yorio, que para esa época trabajaba en Quilmes. "El retiro fue en Carlos Paz, Córdoba, y también en ese caso conversamos sobre la experiencia del secuestro. Orlando indicó lo mismo que Jalics sobre la responsabilidad de Bergoglio."

Los Asuncionistas
Yorio y Jalics fueron secuestrados el 23 de mayo de 1976 y conducidos a la ESMA, donde los interrogó un especialista en asuntos eclesiásticos que conocía la obra teológica de Yorio. En uno de los interrogatorios le preguntó por los seminaristas asuncionistas Carlos Antonio Di Pietro y Raúl Eduardo Rodríguez. Ambos eran compañeros de Marina Rubino en el Teologado de San Miguel y desarrollaban trabajo social en el barrio popular La Manuelita, de San Miguel, donde vivían y atendían la capilla Jesús Obrero. De allí fueron secuestrados diez días después que los dos jesuitas, el 4 de junio de 1976, y llevados a la misma casa operativa que Yorio y Jalics. A media mañana Di Pietro llamó por teléfono al superior asuncionista Roberto Favre y le preguntó por el sacerdote Jorge Adur, que vivía con ellos en La Manuelita.

–Recibimos un telegrama para él y se lo tenemos que entregar –dijo.

De ese modo, consiguió que la Orden se pusiera en movimiento. El superior Roberto Favre presentó un recurso de hábeas corpus, que no obtuvo respuesta. Adur logró salir del país, con ayuda del nuncio Pio Laghi, y se exilió en Francia. Volvió en forma clandestina en 1980, convertido en capellán del autodenominado "Ejército Montonero" y fue detenido-desaparecido en el trayecto a Brasil, donde procuraba entrevistarse con el papa Juan Pablo II. El mismo camino del exilio siguió uno de los detenidos en la razzia del barrio La Manuelita, el entonces estudiante de medicina y hoy médico Lorenzo Riquelme. Cuando recuperó su libertad la Fraternidad de los Hermanitos del Evangelio le dio hospitalidad en su casa porteña de la calle Malabia. En comunicaciones desde Francia con quien era entonces el superior de los Hermanitos del Evangelio, Patrick Rice, Riquelme dijo que quien lo denunció fue un jesuita del Colegio de San Miguel, quien era a la vez capellán del Ejército. Está convencido de que ese sacerdote presenció las torturas que le aplicaron, cree que en Campo de Mayo.

El Ablande
También como consecuencia de la nota del domingo aceptó narrar su conocimiento del caso un fundador de la Fraternidad seglar de los Hermanitos del Evangelio Charles de Foucauld, Roberto Scordato. Entre fines de octubre y principios de noviembre de 1976, Scordato se reunió en Roma con el cardenal Eduardo Pironio, quien era prefecto de la Congregación vaticana para los religiosos, y le comunicó el nombre y apellido de un sacerdote de la comunidad jesuita de San Miguel que participaba en las sesiones de tortura en Campo de Mayo con el rol de "ablandar espiritualmente" a los detenidos. Scordato le pidió que lo transmitiera al superior general Pedro Arrupe pero ignora el resultado de su gestión, si tuvo alguno. Consultado para esta nota Rice, quien también fue secuestrado y torturado ese año, dijo que eso no hubiera sido posible sin la aprobación del padre provincial. Rice y Scordato creen que ese jesuita se apellidaba González pero a 34 años de distancia no lo recuerdan con certeza.

Iracundia
Como cada vez que su pasado lo alcanza, Bergoglio atribuye la divulgación de sus actos al gobierno nacional. Esta semana reaccionó con furia, durante la homilía que pronunció en una misa para estudiantes. En lo que su vocero describió como "un mensaje al poder político", dijo que "no tenemos derecho a cambiarle la identidad y la orientación a la Patria", sino "proyectarla hacia el futuro en una utopía que sea continuidad con lo que nos fue dado", que los chicos no tienen otro horizonte que comprar un papelito de merca en la esquina de la escuela y que los dirigentes procuran trepar, abultar la caja y promover a los amigos. Con este ánimo iracundo inaugurará mañana en San Miguel la primera asamblea plenaria del Episcopado de 2010.

19 de abril de 2010
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qué hacer contra las violaciones


Violaciones sistemáticas, respuestas orgánicas. La Unidad Fiscal de Investigación y Seguimiento en las Causas por Derechos Humanos elabora un documento que brindará herramientas que permitan a fiscales de todo el país perseguir los delitos sexuales cometidos dentro de Centros Clandestinos de Detención en tanto delitos de lesa humanidad.
[Sonia Tessa] Argentina. "Me violaron. Horacio Américo Barcos y otro", contestó, contundente, la sobreviviente Amalia Ricotti durante su declaración en el juicio oral y público contra Barcos, cuya sentencia a 11 años de prisión se conoció el lunes pasado. Con los primeros juicios a genocidas en etapa de sentencia en la provincia de Santa Fe, testigos y querellantes despejan diferentes aspectos del horror. Situaciones que se hicieron visibles durante el largo proceso que permitió llegar a estos juicios toman su verdadera dimensión. Por eso, la Unidad Fiscal de Investigación y Seguimiento en las Causas por Derechos Humanos, dirigida por Jorge Aguad, elabora un documento que dará herramientas a los fiscales de todo el país para remover los obstáculos procesales y garantizar que todas las víctimas de delitos sexuales que deseen incluirlos específicamente en su acusación, puedan hacerlo, porque son delitos de lesa humanidad, y por lo tanto, imprescriptibles. Además, buscan asimilar el tratamiento de la violación con el que recibe la tortura en las causas por derechos humanos. Es decir, que no se requiera prueba médica para su constatación. Según explicaron desde la misma Unidad, se trata de una guía para facilitar que las víctimas que quieran un castigo específico a la violencia sexual puedan obtenerlo.
En ese marco, en el alegato que pronunció la semana pasada en la causa de Horacio Américo Barcos el fiscal de Santa Fe, Martín Suárez Faisal, pidió que las violaciones sufridas por la víctima fueran consideradas como delitos de lesa humanidad, ya que formaron parte del plan sistemático de represión ilegal. Lo mismo ocurrió en la causa Brusa, donde al menos tres mujeres sobrevivientes relataron la violencia sexual como una forma específica de tortura. Y así pasará, también, en la causa que investiga la desaparición de Alicia López, profesora de Letras e integrante de las Ligas Agrarias en el norte de la provincia, secuestrada el 21 de octubre de 1976. En este caso, cuyo imputado es el comisario Mario Facino, los compañeros de cautiverio de Alicia contaron que fue torturada, violada y asesinada.
Por una cuestión procesal, en la Unidad Fiscal evaluaron que no era procedente agregarlo como una acusación específica en la instancia del juicio oral, ya que los delitos contra la integridad sexual son de instancia privada, y por lo tanto sólo pueden partir de una acción penal iniciada por las víctimas. Pero sobre todo porque esos hechos no habían sido imputados en la etapa de instrucción. Por el principio de congruencia, y para no complicar el proceso, decidieron incorporarlo en los alegatos pero sin acusación específica.
En la causa Barcos, Suárez Faisal explicó que "ahí había un tema procesal respecto del abuso sexual, porque es un delito de instancia privada. Necesita que haya una denuncia formal de la víctima para que el ministerio público siga adelante. Nunca Amalia Riccotti lo había denunciado previamente". El fiscal santafesino consideró que "por diferentes motivos, el temor, la vergüenza, la mezcla de esos sentimientos, y lo traumático que es para las víctimas, estos temas no surgen en las primeras etapas de los procesos. No es lo mismo declarar en primera instancia solamente ante el juez, cuando no se sabe qué derrotero va a tener, que hacerlo con el juicio en marcha, cuando la víctima se siente más respaldada y además ya ha hecho una elaboración de todo su drama. Ese es el momento en el que la víctima se siente más fuerte para hacer referencia a estos temas".
Lo cierto es que la violencia sexual es visible en los testimonios de sobrevivientes que la describen en el marco de los tormentos sufridos. Esos relatos son recurrentes, demuestran que la violencia sexual formó parte del plan sistemático de represión ilegal, y que sus ejecutores, así como los responsables de los centros clandestinos de detención, no sufrían ninguna sanción por ejercer esa violencia.
"En el alegato de la fiscalía quedó muy claro que los abusos sexuales eran parte del plan sistemático. Y además, eran reflejo de la dominación cultural hacia las mujeres", apuntó Suárez Faisal. La testigo de la causa Brusa Silvia Suppo lo dijo con toda claridad: "Fue parte de un plan, tres personas no te violan por error". Ella, que dio testimonio en la causa del ex juez federal Víctor Brusa, no llegó a declarar en la causa de la que era querellante, porque fue asesinada el 29 de marzo pasado. Su testimonio –así como el de otras sobrevivientes de la misma causa– sobre la violación como una forma específica de tortura abrió un camino. Como también lo hicieron las dos sobrevivientes que denunciaron violaciones en la causa contra Santiago Omar Riveros, en el juzgado federal de San Martín.
Así lo demuestra el contundente amicus curiae presentado por las organizaciones de defensa de derechos de las mujeres Cladem e Insgenar en el Juzgado Federal de San Martín a cargo de Juan Yalj, en el marco de la causa Riveros. En ese documento, del que dio cuenta Las12 en su edición del 19 de marzo, se argumenta que "la comisión de delitos sexuales era conocida por todos los estamentos militares y formaba parte del plan, aun sin la existencia de orden expresa. Estas órdenes no existían, sencillamente porque estas acciones delictivas formaban parte de lo secreto, lo clandestino, y servían para doblegar a la víctima infundiendo temor, como otras tantas prácticas. No era necesaria orden escrita: cualquiera podía atacar sexualmente a una víctima privada de su libertad y no sufrir ninguna represalia ni por sus pares, ni por sus superiores".

Justamente, Suárez Faisal tomó algunos aspectos del amicus de Cladem e Insgenar para su alegato en la causa Barcos. Por ejemplo, el que refiere a los cuerpos de las mujeres como campos de batalla. De hecho, la abogada querellante en la causa Barcos, Zulema Rivera –patrocinante de Ricotti– consideró que "en todos los relatos anteriores de Amalia era imposible no inferir que había sido violada. Y sin embargo, ella nunca lo pudo poner en palabras hasta que declaró ante este Tribunal".
En ese sentido, las víctimas requerirán de oídos atentos. Desde la Unidad Fiscal reconocen que algunas sobrevivientes desean especificar la violencia sexual en la acusación, y para otras es suficiente con que los responsables sean condenados por torturas. Y también apuntan que para los hombres, el tema de la violencia sexual sufrida en los centros clandestinos de detención todavía es tabú. Está claro que fueron diferentes, porque en las mujeres también se jugaba una forma de disciplinamiento por haberse apartado del rol históricamente asignado, el de permanecer en la esfera privada. Pero el trabajo del Estado será garantizar que todas las personas que hayan sufrido ataques a su integridad sexual en los centros clandestinos de detención puedan ser reparadas por la Justicia, en aquello que tiene de reparador: poner las cosas en su lugar.

19 de abril de 2010
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