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los niños de la esma


Son chicos y adolescentes. Llegan al ECuNHi para hacer talleres, ver teatro, dibujar y pintar. Una manera diferente de abordar los años más oscuros de la historia del país.
[Karina Micheletto] Argentina. Aquí hay chicos que pintan caras redondas y les ponen un nombre. Que miran cuadros y aprenden que ellos también pueden hacer los suyos, a su modo y con sus colores. Que escuchan historias de barcos y piratas y se mecen con las olas, apuntan sus catalejos. Que cantan y tocan tambores, cajitas chinas, triángulos. Que aprietan narices de payasos y se matan de risa. Que ven teatro por primera vez en sus vidas. Aquí, hace un tiempo, funcionó la Escuela de Mecánica de la Armada. Este edificio podría haber quedado cristalizado como símbolo quieto del horror, eterno paisaje admonitorio, recordatorio lejano de la muerte. Conviene que quien quiera saber de las implicancias prácticas de la palabra "transformación" asome sus narices por aquí.
Aquí están las largas cuadras de Libertador a la altura del 8000, que se hacen eternas al caminarlas por la línea recta de sus rejas, que descubren una ciudad adentro de la ciudad apenas traspasada la puerta principal. Un cartel anuncia que se ha ingresado al "Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos", y aquí trabajan desde 2007 un conjunto de instituciones, de diferentes organismos, y además se acaban de inaugurar las sedes de los canales Encuentro, Pakapaka y Tecnópolis, de próxima aparición. El sitio sobrecoge por muchos motivos: también por sus dimensiones. Las Madres tienen aquí su espacio: el Espacio Cultural Nuestros Hijos, que presentan con sus siglas, ECuNHi, y que ofrece una serie de talleres, presentaciones, festivales y muestras de artes visuales, artes y artesanías originarias, letras, música, teatro. Trabajan, por ejemplo, con talleres para adultos mayores, en convenios con el PAMI y con el Ministerio de Desarrollo. Y desde hace un año, un programa creado con el Ministerio de Educación de la Nación abrió este espacio también a los más chicos.
El programa se llama El ECuNHi hace Escuela y desde su creación, un año atrás, ha involucrado a más de 9000 chicos y chicas de escuelas públicas y privadas de la ciudad y la provincia de Buenos Aires, de todos los niveles educativos, e incorporó también instituciones terciarias y visitas de magisterios. Arte y memoria son los ejes de trabajo de esta propuesta, que invita a nenes desde cinco años a visitas guiadas de la mano de narradores, clowns, profes de teatro, de letras, de música, de artes plásticas. Y en las que todos participan de más de una manera.
Lo que ocurre en estas visitas es algo único y poderoso, diferente cada vez. Aquí vuelve a aparecer la palabra transformación, explicitada en los relatos de los maestros y padres que acompañan y de los mismos profes, implícita en las reacciones de los chicos, en el trabajo que continúan luego en el aula. Y si los últimos meses han sido los tiempos más difíciles para este espacio cultural, que corrió peligro de cerrar, los hombres y mujeres que lo sostienen apuestan a una continuidad, también, transformadora.

¿Cuál Es Tu Nombre?
Esta mañana, por ejemplo, han llegado hasta aquí unos cien chicos de sala de cinco del Jardín Nº 924 María Elisa Figueroa, de Ciudad Evita. La directora y la vicedirectora del jardín, y también las señoritas que acompañan a los nenes, cuentan lo que ya se sabe a golpe de vista, por eso de que la pobreza es algo que queda inscripto en los cuerpos. Que el suyo es un jardín de una zona muy carenciada. Que estos nenes viven en asentamientos –barrios, corrigen ellas, porque son barrios, finalmente, donde organiza sus vidas la gente– del corazón más pobre de La Matanza: 22 de Enero, 17 de Marzo, Gauchito Gil, barrio Villegas. Que muchos de ellos transitan toda la primaria y la secundaria, si tienen suerte, sin saber lo que es el teatro o el cine. Que viven lejos de casi todo, que tampoco es fácil conseguir colectivos como los que provee ahora el ministerio para hacer estas visitas. Que la escuela, entonces, es un lugar formador en más de un sentido. Y que en eso están.
Los nenes miran y tocan y se ríen con el payaso Cacatúa, que hace sonar un charango, y con la payasa Aneta, que tiene anteojos grandes, broches en la cabeza y una manguera de micrófono. El narrador Claudio Ferraro comienza un cuento que logra el milagro del silencio: "Había una vez un país muy alegre y entretenido. Cada uno podía tener ideas diferentes, a veces hasta discutían y peleaban. Daba la impresión de un gran desbarajuste. Quizá fue por eso que apareció el Tirano. Se puso a dar órdenes y a mandar a todo el mundo. Sólo porque era el más fuerte. ¡Ideas diferentes! ¿Dónde se ha visto? Es una pérdida de tiempo... Y ahí vino la orden: ¡A partir de hoy, sólo pueden tener las mismas ideas que yo!".
Es ‘Había una vez un tirano’, de la brasileña Ana María Machado, uno de los cuentos prohibidos por la última dictadura militar. Lo que cuenta el cuento es que se pudo vencer al tirano con una lluvia de estrellas, un arco iris en el bolsillo y una canción en el cuerpo. Cuando termina hay música y canciones, y después los grupos se dividen para los diferentes talleres. Sala Lila, a narración. Sala Naranja, al taller de percusión, y así van pasando los colores y las artes. Y así es posible saber que Enzo baila murga en su barrio; que Mili, la más chiquita, toca despacito pero lleva gran ritmo en el tambor; que aquel otro con pinta de terremoto, marcado de cerca por las maestras, es capaz de la máxima concentración cuando algo lo atrapa desde un escenario.
"Desde el año pasado estamos trabajando el tema del derecho a la identidad, con conceptos básicos pero fundamentales: que los nenes sepan cuál es su nombre y su apellido, los nombres de quienes integran sus familias, que valoren lo importante que es tener un documento de identidad que diga quiénes son, que sepan que eso les da derechos y que puedan expresar libremente todo eso a través de todos los lenguajes. Cuando nos enteramos de que existía este programa nos pareció que ésta era una hermosa manera de completar el trabajo", cuenta Susana Macaya, la directora del jardín. "Claro que tuvimos nuestras dudas y debates en un principio", advierte Silvia Aberbach, la vicedirectora. Las dudas eran las de muchos: ¿Cómo sería el lugar? ¿Habría un museo? ¿Sería apropiado para chicos tan chiquitos? ¿Los pondría incómodos a los grandes? "Estaban las Madres y el Ministerio de por medio, así que sabíamos que iba a ser algo serio y acorde a la edad", concluyeron las docentes. Y ahora que están por subir al micro de regreso, dicen que ojalá que pudieran volver pronto.

Llegadas
La pedagoga Verónica Parodi es la coordinadora de este programa, encargada de articular las visitas que son diferentes de acuerdo con las edades, y de asegurar un sostén didáctico, con materiales para completar el recorrido en el aula. Los cuentos y los talleres varían, también el acercamiento a las obras plásticas que se exponen en el ECuNHi. También varían los recorridos: los más chiquitos, por ejemplo, no se detienen en la Galería de los Rostros Revolucionarios, allí donde las Madres quisieron que sus hijos dejasen de ser una mera fotografía para siempre estática, para siempre en blanco y negro, para pasar a brillar a la luz del sol, bañados por el extraño halo que provee este lugar, con esta luz.
El de "llegar", dice Parodi, es el mayor logro que se computa el equipo en este año de trabajo: "Sentimos que realmente llegamos a todos, de diferentes maneras, desde los más chiquitos hasta los más grandes o los futuros maestros. Que todos los que vinieron se animaron a transformarse y a transformar este espacio cultural junto con nosotros, porque eso es finalmente lo que buscamos". Más que a lo que dan, el relato de Parodi apunta a lo que reciben de las escuelas: lo que hay en sus palabras es agradecimiento. "Es maravilloso el acercamiento que nos permiten en sólo dos horas, desde lo artístico y también desde lo humano –dice entusiasmada–. Cada día, cada visita, es diferente. Es un desafío, un aprendizaje, una transformación. No nos repetimos y no somos los mismos nunca. Cada escuela trae su aporte, sus ganas, su compromiso, su manera de relacionarse, de mucho respeto y mucho silencio algunas, las más tímidas, otras con chicos con más ganas de hablar, preguntar, saber. Pero todos se van revolucionados, emocionados, y sobre todo queriendo volver. Ese es el premio."
El proyecto sigue adelante con un equipo de quince profesores, artistas y talleristas. Junto a Parodi trabajan Iván Bortolin, Fernanda Fraile y Martín Glatsman, el narrador Claudio Ferraro, las profesoras de letras Cecilia Fanti y Clara Mari, los profes de percusión Diego Cueto y Leo Borrelli, las de teatro Lorena Pángaro, Marianela Iglesia y Carolina Díaz, los de plástica Karina Granieri e Ignacio Amespil, los clowns Armando Díaz (‘Cacatúa’) y Mariana Hinterwimmer (‘Aneta’). Si los últimos han sido tiempos más que difíciles para las Madres de Plaza de Mayo y para todos los que defienden su bandera, lo han sido también, desde luego, para este espacio cultural y para los que aquí trabajan. Que han seguido, contra todo y a pesar de todo, invitando a esta construcción colectiva. No son tiempos fáciles, y sin embargo el relato no se detiene en las dificultades. Más bien se expande en lo por venir, y en ese porvenir está, por ejemplo, el regalo de la cantidad de colegios que piden sumarse al programa a medida que van enterándose de su existencia, también de otros puntos del país. "Hoy no damos abasto con la cantidad de pedidos de visitas, y eso es maravilloso. Hay escuelas que piden volver y tenemos que decirles que no, para darles prioridad a las que ya están anotadas. Para el año que viene estamos pensando en ampliar la estructura", sonríe Parodi.
Cuando termina la visita, los chicos se juntan en el salón principal del ECuNHi, donde alguna vez funcionó un astillero de la Escuela de Mecánica de la Armada, y donde todavía se ven los ganchos gigantescos colgando del techo. Ponen en común lo que aprendieron en los talleres, se sientan en ronda y comparten una vianda, se siguen riendo. Al final, se sacan todos una foto con los profes, en el mural de El Eternauta que pintaron en las escaleras los "Abuelos muralistas", adultos mayores que asistieron a los talleres de arte de verano. Los talleristas abrazan a los chicos y a las maestras, se entregan mutuos regalos, se cargan, vuelven a reírse, parecen todos conocerse desde hace mucho. Verónica Parodi da un paso al frente y dice en voz alta, con voz de seño: "Gracias. Nos regalaron una hermosa mañana".
10 de octubre de 2011
9 de octubre de 2011
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por qué perpetua para todos


Lo que dejó el inicio de los alegatos en el juicio por robo de bebés en Paraná. Los querellantes solicitaron la pena máxima para los seis represores acusados por la sustracción y sustitución de identidad de los hijos de Raquel Negro, ya que pidieron que se les aplique la figura de la desaparición forzada de personas para el caso del mellizo varón.
[Juan Cruz Varela] Paraná, Argentina. Los propios querellantes reconocen haber formulado una acusación tan novedosa como osada para un juicio por robo de bebés, al solicitar que se aplique la figura penal de la desaparición forzada de personas para el caso del mellizo varón que Raquel Negro dio a luz en el Hospital Militar de Paraná mientras se encontraba privada de su libertad.
Así, el primer juicio por crímenes de lesa humanidad en la provincia de Entre Ríos incorporó otro elemento que podría sentar un precedente judicial.
En su alegato, los abogados querellantes apelaron a una figura incorporada este año al Código Penal y que castiga "al funcionario público o a la persona o miembro de un grupo de personas que, actuando con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, de cualquier forma, privare de la libertad a una o más personas, cuando este accionar fuera seguido de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona" y considera que el hecho se verá agravado "si la víctima fuere una mujer embarazada o una persona nacida durante la desaparición forzada de su madre".
Esta postura implica un cambio en el panorama que enfrentan los acusados Pascual Óscar Guerrieri, Jorge Alberto, Fariña, Juan Daniel Amelong, Marino Héctor González, Walter Salvador Pagano y Juan Antonio Zaccaría; y esto es así en virtud de que todavía se desconoce el paradero del mellizo varón. Si el tribunal admite esta tesis legal, los represores serían condenados a prisión perpetua. Pero, a sabiendas de que su tesis podría no ser recepcionada, los querellantes realizaron un pedido subsidiario para que se dicte una condena a 25 años de prisión, por considerar que se trata de dos hechos independientes de sustracción, retención y ocultamiento de menores y supresión de sus estados civiles, lo que duplicaría las penas previstas por cada caso.
Los fiscales Marina Herbel y José Ignacio Candioti, en cambio, coinciden en que se trata de dos hechos de sustracción de menores y supresión de estado civil, pero entienden que el criterio para el pedido de penas debe ser el que regía al momento en que se cometieron los delitos, en virtud del derecho de los acusados a que se les aplique la ley penal más benigna, y por eso pidieron 14 años de prisión para Guerrieri -el máximo posible-, 13 años para Fariña, Amelong y González, como autores mediatos; y 11 años Pagano y el médico Zaccaría, como partícipes necesarios.
Este asunto es parte de un debate jurídico no saldado aún. Hay quienes consideran que se trata de un delito de acción continuada, que en el caso de Sabrina Gullino cesó recién en el año 2008, pero que se mantiene para su mellizo; otros, en cambio, entienden que debe aplicarse el principio de la ley más benigna, vigente al momento en que se cometieron los delitos. Ese es el contrapunto central entre la segunda postura de los querellantes y la acusación del Ministerio Público Fiscal.
En la vereda de enfrente, los abogados defensores, que realizarán sus alegatos a partir del jueves, es posible que planteen que la sustracción de menores y la sustitución de identidad no configuran delitos permanentes y ni siquiera son de lesa humanidad y, por lo tanto, podrían pedir la prescripción de la acción penal, a pesar de que esa cuestión ya ha sido saldada por la jurisprudencia.

Lo Que Se Probó
Como sea, los acusadores coincidieron en que Raquel Negro fue trasladada a dar a luz en el Hospital Militar de Paraná, procedente del centro clandestino de detención La Intermedia, y que permaneció al menos 15 días en la sala de guardia, donde estuvo custodiada por agentes de inteligencia vestidos de civil que se rotaban cada 24 horas.
Asimismo, consignaron que el parto fue atendido por médicos que no pertenecían al nosocomio castrense y que tras el alumbramiento del varón, la madre lo arropó durante unos instantes hasta que unos hombres se lo llevaron; luego nació la nena.
Enseguida, los mellizos fueron internados como NN en la sala de terapia intensiva y luego trasladados al Instituto Privado de Pediatría (IPP), adonde la nena ingresó el 4 de marzo y el varón el 10 de marzo, en su caso sin identidad. "No sabemos dónde estuvo el nene en esos seis días", advirtieron los querellantes.
Ambos egresaron del instituto privado el 27 de marzo y la nena fue dejada esa misma noche en el Hogar del Huérfano, en las afueras de Rosario, y luego dada en adopción legal. Hoy se sabe que se trata de Sabrina Gullino, hija de Raquel Negro y Tulio Valenzuela, quien recuperó su identidad en 2008. "El destino del niño aún es incierto, continúa como desaparecido", apuntaron los abogados.
En ese sentido, consideraron que los represores trazaron una "versión falseada" para pretender que el mellizo varón había fallecido, con el objetivo de que nadie siguiera buscándolo. Los querellantes destacaron que Guerrieri, Fariña, Amelong, González y Pagano "son coautores por dominio funcional del hecho, por haber integrado un grupo que actuaba en la clandestinidad y en forma organizada; mientras que Zaccaría no tenía control sobre el destino de Raquel Negro, pero prestó una ayuda sin la cual el hecho no pudo haberse cometido" y concluyeron que en el caso de los integrantes de la patota, "el dominio del hecho les corresponde a todos; no son autores de partes sino coautores del todo"; mientras que el médico hizo aportes "imprescindibles" y "esenciales" para la concreción de los hechos.
9 de octubre de 2011
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ángela urondo habla sobre su padre


Cuando era chica, le dijeron que sus padres habían muerto en un accidente de auto. Por cuentagotas, se fue enterando de la verdad. Angela Urondo, hija de Paco y Alicia Raboy, habla aquí de la reconstrucción de su identidad y del descubrimiento de su condición de niña secuestrada.
[Victoria Ginzberg] Argentina. Tenía 16 o 17 años. Iba en el auto con su madre adoptiva. Salían del Club Náutico Bouchard, por Libertador, a la altura de la Escuela de Mecánica de la Armada. La mujer, que manejaba, soltó un insulto dirigido a un militar. Angela preguntó por qué. "¿Cómo por qué? ¿Vos me preguntás por qué? Si los militares mataron a tus papás." Angela se quedó helada, en shock, se le caían las lágrimas. En Vicente López la mujer volvió a hablar: "Pero si vos sabías... te lo dije muchas veces". Pero no. "A tus papás los mataron los militares, cómo no los puteás", es el primer registro de Angela sobre lo que a partir de ahí y de a poco comenzó a reconstruir como su propia historia. "Pero entonces... ¿y el accidente de auto?", se quedó pensando. Angela Urondo no vota, dice Angela Urondo. Angela Urondo no tiene un documento que diga Angela Urondo. Pero Angela Urondo existe. Y cómo. Dibuja, escribe, es esposa, madre de dos niños pequeños e impulsa varios juicios. El que acaba de terminar en Mendoza en el que se juzgó el asesinato de su padre y la desaparición de su madre, los procesos contra los funcionarios judiciales que hicieron todo lo posible para evitar que ese juicio se concretara y otro más, para recuperar su nombre, el nombre de sus padres en la partida de nacimiento y acabar con lo único que todavía la une a su familia adoptiva: los papeles, el DNI.
Angela Urondo es hija de Francisco ‘Paco’ Urondo y Alicia Raboy. Pero a ella no le fue tan fácil saberlo. El 17 de junio de 1976, en Guaymallén, Mendoza, el auto en el que viajaban los tres junto a René Ahualli fue
interceptado y atacado a balazos. Urondo, poeta, periodista y desde hacía unas semanas responsable de la regional Cuyo de Montoneros, les dijo a las mujeres que había tomado la pastilla de cianuro para que ellas se fueran, se escaparan. No era cierto. Lo asesinaron a los golpes, con un culatazo en la cabeza. Raboy fue secuestrada y llevada al D2, el centro clandestino más grande de la provincia. Hasta hoy sigue desaparecida. ‘La Turca’ Ahuali fue herida pero logró escapar. Angela tenía once meses. Fue encontrada por su familia veinte días después en la Casa Cuna. Antes, pasó también por el D2.
"Sé que estuve en el D2 y sé que estuve en la Casa Cuna, porque los recuerdo. Cumplí un año estando ahí. Siempre tuve sueños recurrentes y de grande me di cuenta que podían responder a estos lugares. Había como un jardín de infantes, como edificios con pabellones que se continuaban, habitaciones oscuras con niños, mirillas que se abrían en las puertas o ventanas angostas... Cuando me di cuenta, fui a Mendoza a buscar los lugares y los encontré. Soñaba con unas ventanitas angostas y largas por encima de la altura de la cabeza y eso está en la Casa Cuna. Hablé con unas señoras que trabajaban ahí desde aquella época y se acordaban de mí. Lo que no tengo es certeza de en qué momento fui trasladada del D2 a la Casa Cuna. Es muy impresionante porque yo dibujé esos lugares, hice cuadros, ensamblando tal vez dos o tres lugares, la perspectiva de una esquina, pero desglosando pedazos de arquitectura fui encontrando cosas muy particulares. Yo pensaba que del D2 me habían llevado enseguida a la Casa Cuna porque no sabrían qué hacer con los niños, pero durante el juicio escuché testimonios de otros sobrevivientes y hay muchos casos de chicos que pasaron por ahí y fueron llevados a la sala de torturas y tratados como si fuesen adultos. Fui tomando conciencia de mi propia situación y de que lo de los chicos fue sistemático. Se habla bastante de los niños apropiados, pero también hubo niños detenidos desaparecidos."
Por el asesinato de Urondo, la desaparición de Raboy y delitos de lesa humanidad contra otras 22 víctimas del terrorismo de Estado, el jueves fueron condenados en Mendoza a prisión perpetua el ex comisario Juan Agustín Oyarzábal, el ex oficial inspector Eduardo Smaha Borzuk, el ex subcomisario Alberto Rodríguez Vázquez y el ex sargento Celustiano Lucero. El ex teniente Dardo Migno recibió doce años de prisión.

"Todos me preguntan cómo me siento después del juicio y siento alivio --dice Angela-- Pero también me pasa... hasta ahora el Estado siempre me había quitado: asesinó a mis padres, me quitó mi nombre y me quitó la posibilidad del resarcimiento porque había sido adoptada. Con el impulso del Ejecutivo, del Legislativo tuvimos este juicio. Y estamos trabajando en Mendoza para producir una limpieza en el Poder Judicial. Siento que el Estado me está devolviendo algo y eso de alguna forma desvictimiza. Si hubo dos crímenes, los asesinatos y las desapariciones y la impunidad, el primero no tiene forma de ser resuelto, el segundo sí, no por los 35 años que pasaron pero sí para el futuro".

El viernes, Angela se durmió pensando en los represores condenados en ese juicio que duró casi un año. En que seguramente se estaban adaptando al frío del pabellón, al olor de la cárcel, a los fideos moñito. Pero también en que tuvieron un proceso justo, con todas las garantías y que nadie los va a torturar ni violar y los van a cuidar si se enferman.

Los Principios de Angela
El pelo largo y abundante, los ojos grandes, los rasgos definidos, los tatuajes. Angela Urondo no pasa desapercibida. Tiene, lo que se dice, presencia. También habla segura, tal vez porque la mayoría de sus palabras son producto de reflexiones anteriores. Escribe en un blog Pedacitos los relatos con los que fue re-armando su vida. Y en otro, Infancia y Dictadura, recopila anécdotas, sueños, momentos vividos por quienes fueron niños durante el terrorismo de Estado.

¿Por dónde empezamos? –pregunta en la mesa de un bar del barrio del Abasto. ¿Por el principio?
¿Y cuándo es el principio? ¿Cuando nací, cuando me enteré, cuando me secuestraron? Creo que es a los 20, cuando supe la verdad.

¿Y antes cómo fue? ¿Cómo saliste de la Casa Cuna?
La compañera de mis padres que sobrevive avisa a Montoneros y a mi familia. Después de muchas vueltas por distintas instituciones logran averiguar que yo estaba en la Casa Cuna y me van a buscar. Me retiran, sin papeles, porque ya era viernes a la noche y porque el juez de turno se había ido a su casa. Mi tía paterna, Beatriz Urondo y mi abuela materna, Teresita, fueron a la Casa Cuna con una foto mía y la que era la vicedirectora del lugar me entregó. Ella misma me lo contó. Le muestran a la vicedirectora una foto mía y ella les deja verme. Yo me les prendo al cuello y ella ya no se atreve a separarnos y firma un acta haciéndose responsable de entregar esa nena a esas personas. Después se arrepiente. Va a la casa del interventor del Consejo del Menor y la Familia a explicarle y a decirle que nos podían ir a buscar al hotel. La que tuvo más actitud de encontrar algo fue mi tía, de hecho me encontró a mí en la Casa Cuna y además encontró el cadáver de mi papá y logró recuperarlo de la Morgue Judicial y enterrarlo acá en Buenos Aires. Le propuso a mi abuela ir a buscar a mi mamá y mi abuela tuvo mucho miedo. Creo que mi abuela pensaba que ella estaba muerta, pero ahora yo tengo mis dudas. Mi abuela le promete a mi tía que me iban a criar juntas pero en algún momento entre julio y diciembre cambia de opinión.

¿Y con quién te quedaste?
Mi abuela hizo algunas reuniones con sus hijos y la parte materna de la familia para decidir qué iban a hacer conmigo. Sentía que no podía hacerse cargo de mí, tenía leucemia y murió unos años después. Sentía que al quedarme con ella iba a sufrir una nueva pérdida. Por otro lado, mi hermana (Claudia, la hija mayor de Urondo, desaparecida en diciembre de 1976) reclamaba mi tenencia porque lo había hablado con mi papá, que si a alguno de los dos les pasaba algo, el otro se hacía cargo de los chicos. Ella ya tenía hijos. En el momento que mi hermana va a reclamar, mi abuela se escapa de esa situación. En diciembre, mi hermana desaparece y a mí me entregan a quienes mi familia materna decide que van a ser mis padres. Mi madre adoptiva era prima de mi madre biológica. Mis abuelas materna y adoptiva eran hermanas y muy cercanas. Vivían en la misma cuadra, en dos edificios que daban espalda con espalda y compartían el teléfono con el cable.

Pero hubo una decisión de ocultarte tu historia...
El marido de la prima de mi madre era un hombre que necesitaba tener un control absoluto sobre las cosas. Ellos estaban queriendo tener hijos hacía varios años (después tuvieron) y la situación que se dio no era lo que querían, pero era lo que más se acercaba a la posibilidad de tener hijos. El plantea que si va a ser el padre, va a ser el padre, todo el resto desaparece bajo la faz de la tierra. Ahí se termina de decidir la separación de mi familia, que era una familia muy expuesta, por el apellido, porque era muy politizada, pero era mi familia, era lo que me correspondía a mí.

¿Y qué te dijeron?
Siempre supe que era adoptada, pero no era algo que nadie mantuviera presente. Cuando tenía tres o cuatro años, jugando con mi prima detrás de una cortina, ella me dice "¿vos te acordás de tu otra mamá?". En cuanto me lo dijo, me acordé. Mi padre adoptivo reprimió la situación. Preguntaba por qué alguien me estaba hablando de eso. Yo seguía teniendo contacto con mi abuela biológica, pero ella no me hablaba de su hija, ejercía su rol de abuela, lo compartía con su hermana, pero nadie hablaba de mi madre, nadie la recordaba, no había fotos de ella. En el único lugar donde yo la vi era en las fotos del casamiento de mis padres adoptivos, ella aparecía entre los invitados, era una carita requetechiquitita y estaba ahí porque era el casamiento de ellos. Fotos de mi mamá existían y no estaban ahí para mí. A mi padre lo quisieron correr por algunas razones y por otras razones a mi madre también la fueron omitiendo.

¿Y de tu papá no decían nada de nada?
No había lugar para preguntar. Yo no preguntaba. Fui a vivir con esa familia cuando todavía no sabía hablar y ellos nunca me enseñaron a hablar sobre este tema, a hacer preguntas sobre este tema, no me enseñaron palabras que pudieran abordar este tema. Y yo no preguntaba.

¿Y tu mamá se había muerto porque...?
En un accidente de auto en Mendoza. En el accidente había una figura paterna nebulosa, él también había muerto ahí, pero como si ellos no supieran nada de él. Yo me entero en etapas. Primero creía que era hija de una madre soltera, después había un padre nebuloso, después tenía un nombre, se llamaba Francisco y no me acordaba cómo era el apellido. Y así fuimos hasta los 17 años. Ellos me responsabilizan a mí porque no preguntaba, como si hubiesen estado dispuestos a contarme todo. Yo tenía sueños espantosos que hubieran tenido lógica y no podía ponerles palabras. Me despertaba espantada porque había soñado con un jardín de infantes y unas puertas que se abrían y no podía verbalizar nada. Ahora entiendo muchas cosas, para mí fue muy aliviador saber la verdad porque muchísimas cosas tuvieron sentido. Todavía estoy atando cabos, todo el tiempo.

Los Urondo
Después del día en que recibió aquel "cómo no puteás a los militares si mataron a tus papás", Angela se fue enterando cosas por cuentagotas. Un poco más, cuando sus padres adoptivos se separaron. Algunos datos fueron apareciendo de a poco y ya no sabe cuándo los supo. "Tu papá escribía libros... de economía". Y ella iba, sin suerte, a las librerías a buscar algo sin saber bien qué. Una vez alguien le dio una foto en blanco y negro y, otra vez, la fotocopia de un poema. Pero sabe el momento preciso en que fue consciente de que tenía otra familia. Su familia.
En 1994, cuando los familiares de desaparecidos empezaron a recibir las indemnizaciones, su familia materna organizó un cónclave "para discutir si correspondía invitar a Angelita a que charlemos si quiere ir a cobrar o no". Decidieron que sí. Le preguntaron. Ella contestó que sí. "Era la primera vez que me invitaban a hacer algo como quien yo era", invoca.
Así fue, con su madre adoptiva, a la Secretaría de Derechos Humanos. Las atendió una chica joven. Angela dijo:

Vengo por la Ley 24.411.
Bueno, ¿tus familiares quiénes son?, le preguntó la chica.

Soy hija de Alicia Raboy y Francisco Urondo –cuenta que dijo y ahora agrega "que para mí no era nadie".

A la chica en cuestión se le llenaron los ojos de lágrimas.

¿Vos los conocías? ¿Eras amiga de ellos? –preguntó.
A tu mamá no la conocía, a tu papá sí. Leí sus libros.

Ah... yo no.

"Yo pensaba ‘qué le pasa a esta chica, si escribía libros de Economía, un embole’. Ella me miró como con compasión y estuvo a punto de regalarme un libro, yo le vi la intención. Pero estaba mi madre adoptiva al lado y se notó la situación."
Cuando el trámite volvió a sus cauces burocráticos, le pidieron el documento y resultó que, como tenía una adopción plena, no estaba acreditada legalmente para acceder al beneficio. "Había perdido mi carácter de heredera y mi derecho a cobrar la indemnización, no así quienes fuesen herederos directos de mis padres. Entonces decimos que en el caso de mi mamá los herederos pasarían a ser sus hermanos, y como ellos de alguna manera me habían propuesto ir a cobrar, supuse que no iba a haber problema. Pero de mi papá no tenía ni idea. Ahí fue la primera vez que pensé en quiénes serían los herederos de mi papá, si tendría padres, hermanos, hijos. De mi papá no sé nada, digo. Hasta ese momento yo tenía registro que existía un padre, el nombre del padre, pero nunca jamás pensé en que había una familia alrededor de ese padre. Nos vamos y en el auto, mi madre adoptiva empieza a hablar, a decir todo lo que sabía y hasta ese momento había sostenido que no sabía. Me dice que bueno... que creería recordar que mi papá habría tenido unos hijos antes con otra esposa, con lo cual serían más grandes que yo mis hermanos. A mí se me puso la piel de gallina, no podía creer que tenía hermanos en el mundo y no los conocía, que existían personas en el mundo que eran mis hermanos y yo me los podía haber cruzado en el colectivo. Y ella seguía hablando y decía que no estaba segura de si esos hermanos míos habrían sobrevivido a la dictadura, que ella creía que mi hermana mayor... –y yo veía que tenía una hermana mujer y un hermano varón– había sido desaparecida por los militares también. Ella sabía un montón de cosas que me las estaba largando como una fresca total. En ese momento yo dije que los iba a buscar y que iba a llegar hasta las últimas consecuencias para obligar a esa familia a que me dé mi parte de la indemnización. A mí me acababan de dar permiso para ser hija de mis padres por la indemnización, así que yo me agarraba a eso. Ella me aclaró que mi hermana estaba muerta, que me encargue de buscar al hermano. Y a partir de ahí, un mes o dos meses después ya estaba en contacto con mi hermano, Javier".

Pero ¿cómo fue?
La mujer de mi hermano trabajaba con una mujer que había sido amiga de mi mamá de la secundaria, que a la vez era conocida de una amiga de mi madre adoptiva... hubo un permiso de que todas esas puertas se abrieran. Los contactos existieron todo el tiempo. Todo el tiempo ellos conocían, sabían. Ahí descubrí que tenía familia.

¿Y cómo fue el encuentro?
Una semana después, de la secretaría me preguntaron si yo tenía interés en contactarlo, que había alguien que podía llegar a conocerlo. Yo tenía que dar el OK para que le pasasen el teléfono. Javier me había conocido cuando yo era chiquita. Se acordaba de mí. Tenía fotos mías de bebé. Lo llamé pensando en escuchar la voz y cortar, pero no le pude cortar. Cuando me preguntó dónde estaba me di cuenta de que él no sabía de verdad dónde estaba yo. Se vino a mi casa. Mi madre adoptiva estaba presente en ese primer encuentro. Yo no entendía por qué no me habían venido a buscar, pensé que había sido una elección de ellos. En ese momento, con mi madre adoptiva haciendo el cafecito, mi hermano me explicó como pudo que las cosas no habían sido tan así, que ellos no habían tenido posibilidad de encontrarme, que les habían cerrado todas las puertas, y de a poco yo empecé a darme cuanta de que había estado cautiva para esa gente y después me di cuenta que había sido lo mismo respecto de mí, que ellos habían estado aislados de mí.

¿Y cuándo dijiste uy..., mi papá es Paco Urondo?
Nunca fui muy cholula en ningún rubro. Nunca tuve ídolos.

Bueno, pero hay algo que hace que, por ejemplo, la persona que te atendió en la Secretaría de Derechos Humanos se emocione.
Capaz me di cuenta ese día. Me pasó un día que escuchando la radio había unos viejos leyendo unos poemas. Los viejos eran Juan Gelman y mi papá y yo lo supe recién cuando terminó el programa. Y fue muy shockeante haber estado escuchando su voz. Igual, cuando yo me reencontré con mi familia no había sido rescatada su figura pública como hoy, que es mucho más fácil acceder a su obra y a la memoria de su persona.

¿Y cuándo fuiste entendiendo el compromiso político de tus padres?
Sobre la marcha. Cuando me encuentro con mi hermano y le pregunto por qué no aparecieron en veinte años, para entender eso tuve que empezar a leer libros de historia. A la vez, mientras estudiaba la historia, me estudiaba a mí misma en otro contexto, me ponía en situación todo el tiempo. Sentía que un montón de cosas tenían lógica y que yo también tenía un rol social.

¿Y ahora qué lectura hacés de ese compromiso?
Uno como hijo de desaparecidos pasa por muchas etapas. Por etapas de enamoramiento y por tener a los padres como idealizados y por etapas de muchísimo enojo y durísimas críticas y cuestionamientos, por ejemplo de por qué se dio prioridad a los ideales y no a los hijos, como si no fueran lo mismo. Más de grande uno tiene a sus hijos y también entiende que la vida no es ajena a la paternidad. Me costó mucho encontrar y reconstruir cuál había sido la militancia y la vida de mi mamá. Mi papá escribía sus propias ideas, yo ya no necesitaba intermediarios, nadie que me contara como era. El me lo estaba contando todo el tiempo. El dejó obras que yo no puedo leer de manera abstracta, todo el tiempo creo que lo que escribió me lo escribió a mí en clave, porque todo tiene un sentido especial, aunque lo haya escrito muchos años antes de saber que lo iban a matar, él está dando un contexto a esa situación que después iba a ocurrir. Y a partir de que empiezo a tener acceso a todo esto empiezo a sentir la falta de mi mamá. Recién este año pude ir averiguando a raíz de una mujer que se contactó conmigo que había militado con ella, pude ir recuperando lo que fue la militancia de mi mamá entre el ’74 y el ’76. Por eso también el juicio me emocionó especialmente por mi madre.

También hay una crítica tuya a la supuesta moral de las organizaciones armadas, porque a ellos se los cuestionó como pareja.
Creo que mis padres fueron leales hasta último momento con la organización y la organización no les fue igualmente leal, por el hecho de que mi papá inicia una relación con mi mamá sin haberse separado de otra mujer. Ella se entera, se enoja y lo manda a enjuiciar. Y ella estaba a cargo de toda la rama femenina de Montoneros, era una mujer con mucho poder. A mi papá le hacen juicio revolucionario y se decide su traslado a Mendoza a pesar de que él había pedido que no lo mandaran a Mendoza o a Santa Fe porque eran lugares donde había vivido y lo podían reconocer. No era su deseo dar la vida, pero no se descomprometió de la situación. Creo que algún día después de que todos los genocidas estén presos y que esté claro que ellos son los genocidas, habría que hacer algún tipo de revisión, creo que nos deben alguna explicación sobre la desprotección.

¿Qué te pasó cuando fuiste al juicio la primera vez?
Todos me preguntaban qué te pasa con ver a estos hombres por primera vez y yo decía "no, yo a ellos ya los vi". Es muy duro. Uno de ellos, Eduardo Smaha, se me quedó mirando a los ojos y nos mantuvimos la mirada por cinco minutos. Yo me acuerdo de él. No sé qué con él. Pero me acuerdo de esa cara. Me inquieta más lo que no me acuerdo que lo que sí me acuerdo.

¿Cuál es tu situación con tu nombre?
Todavía sigo en situación de adoptada, pero firmamos un acuerdo de desvinculación y espero que salga pronto.

¿Con las condenas de esta semana cerrás una etapa?
Desde que supe mi historia sentí que esto debía ocurrir. No podía entender cómo había impedimentos legales para que esto ocurriera, por qué no había habido justicia. No lo vivo como algo feliz. A veces la gente confunde y piensa que uno celebra. Para mí es muy triste tener que pasar por esto. Darte cuenta que pasaron un montón de chicos por salas de torturas, es horrible. Pero además de lo personal, siento que los juicios terminan con discusiones que se dan en la cola del banco, en la vereda, en el taxi, con gente que cree que tiene derecho a opinar que algo habrán hecho. Ahora todas esas discusiones se dirimen del otro lado del blíndex que nos separa del juez, en la sentencia. Falta mucho camino por recorrer. Hay muchos genocidas sueltos. A por ellos.
9 de octubre de 2011
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atentado no fue delito de ddhh


Los atentados de la guerrilla no fueron delitos de lesa humanidad. Debate saldado. A partir de la decisión del juez Bailaque de hacer lugar a un pedido para que se reabra una causa prescripta por el atentado a un micro de la policía rosarina en el 76, abogadas de derechos humanos señalaron que "no fue un crimen de lesa humanidad".
[Lorena Panzerini] Argentina. Abogadas querellantes en causas que se siguen en Rosario aseguraron que el atentado explosivo que se adjudicó Montoneros en setiembre de 1976 --en un micro donde se trasladaban 32 policías-- "de ninguna manera es un crimen de lesa humanidad". En el hecho murieron nueve efectivos y dos civiles, y ahora el hijo de uno de los policías fallecidos reclamó a la Justicia Federal que se reabra la causa prescripta como una "reparación histórica". Según indicó el abogado del demandante, el juez federal Marcelo Bailaque hizo lugar al pedido, pero no confirmó que sea un hecho de lesa humanidad. "Sería como intentar que se investigue un hurto cometido 30 años atrás", señaló Gabriela Durruty, quien se manifestó en contra de la resolución de Bailaque, junto con las abogadas Jésica Pellegrini y Daniela Asinari. En ese marco, aseguraron que "se intenta reeditar un debate que hasta la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación tiene saldado, y que es el caballito de batalla de los sectores que defienden los crímenes de la última dictadura militar". Para las abogadas, el juez "debió desestimar inmediatamente la denuncia, por ser un delito claramente prescripto". Aunque ya se habían intentado reapertura de causas, ésta es la primera vez que se hace.
Luego de que Gabriel Alfonso, hijo del oficial fallecido Domingo Alfonso, presentara una demanda para que el hecho sea considerado delito de lesa humanidad y se reabra la causa, el juez habría resuelto a su favor, aunque se trata de un delito prescripto. En este sentido, las letradas del equipo jurídico de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas de Rosario indicaron que "la Cámara Nacional de Casación Penal (CNCP) ratificó que los atentados de la guerrilla no son delitos de lesa humanidad: en un fallo del 24 de marzo de este año, el máximo tribunal penal del país emitió un pronunciamiento en el que dejó clara la diferencia entre el terrorismo de Estado y la acción de las organizaciones armadas de los ’70. No pueden parangonarse con los crímenes cometidos por la dictadura. No son lo mismo. Aquí no hubo una guerra".
Por su parte, la abogada Ana Oberling dijo a LT8 que "es una estrategia de la derecha, que está queriendo instalar estos temas para volver hacia atrás en lo que hemos andado como pueblo argentino".
En tanto, insistieron con "hacer hincapié en estos conceptos a fin de evitar su tergiversación y su utilización por parte de los sectores que están intentando reactivar la teoría de los dos demonios y de la existencia de una guerra en el país, que justificaría el genocidio perpetrado por la última dictadura militar y que obligan a la Justicia a pronunciarse y actuar claramente rechazando de plano estos intentos".
Para las letradas, "lo que debe hacer el fiscal (Marcelo Degiovanni) es cumplir con la normativa nacional e internacional en la materia y establecer que se trata de un hecho que no puede ser objeto de investigación alguna por los mismos motivos".
A modo de ejemplificar la "ilegalidad" de la situación, las letradas citaron un fallo publicado el 24 de marzo pasado, en el que fueron sobreseídos por "prescripción" ex integrantes de la agrupación Montoneros. En tanto, en el caso de José María Salgado y Rodolfo Walsh, también sindicados como autores, no pudieron ser sobreseídos: el primero está muerto y el segundo, desaparecido desde 1977. En este caso, la investigación giraba en torno a un atentado de Montoneros del 2 de julio del ’76, en Buenos Aires, cuando estalló un artefacto explosivo en el casino de la entonces Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal.
En aquel momento, los familiares de algunos de los muertos, representados por el ex juez de la dictadura Norberto Angel Giletta y José María Sacheri, integrante de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, "iniciaron la acción judicial para poner a un mismo nivel los atentados guerrilleros y la represión de Estado". Sin embargo, la sala primera de la Casación, con las firmas de los jueces Raúl Madueño, Juan Fégoli y Mariano González Palazzo, estableció la diferencia: "Los crímenes de lesa humanidad no lesionan sólo a la víctima que ve cercenados sus derechos básicos por el delito, sino que también implican una lesión a toda la humanidad como conjunto. Los crímenes contra la humanidad también trascienden al individuo porque cuando el individuo es lesionado, la humanidad es atacada y anulada".
Puede definirse como crímenes contra la humanidad a una serie de actos inhumanos, incluidos el homicidio, el encarcelamiento, la esclavitud, la tortura y la desaparición forzada, cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático, contra cualquier población civil, tanto en tiempos de guerra como de paz.
8 de octubre de 2011
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jury de romano tiene fecha de inicio


Pese a que el ex camarista mendocino está en Chile, donde se le concedió una visa de ocho meses y pidió asilo político, el Consejo de la Magistratura igualmente podrá iniciar el proceso que lo juzgará bajo el cargo de "mal desempeño de sus funciones".
Argentina. Por ser cómplice en 103 delitos de lesa humanidad durante su desempeño como fiscal de Mendoza y juez subrogante entre 1975 y 1983 en la misma provincia. El jury comenzará el 14 de noviembre a las 9 y está previsto que antes de fin de año dictamine.
En el jury declararán entre 45 y 50 testigos ofrecidos por la fiscalía y por la defensa oficial que ejerce Fabiana León, ya que el juez suspendido se fugó a Chile sin designar abogado en el caso. Como acusadores actuarán los consejeros por el oficialismo, Hernán Ordiales y el diputado kirchnerista Carlos Moreno.
Por cargos similares ya fue destituido un ex colega de Romano, el ex camarista mendocino Luis Miret, quien sí afrontó el jury en su contra en el que fue encontrado responsable por los cargos de "mal desempeño".
Además del "mal desempeño" y su complicidad, a Romano también se le reprocha el archivo prematuro de una causa por la apropiación de Rebeca Manrique, todos hechos por los cuales tiene procesamientos confirmados y va camino a juicio oral en la justicia de su provincia.
En una resolución anterior, el Consejo de la Magistratura resolvió suspender el pago del salario a Romano mientras permanezca en condición de prófugo. En tanto, el juez federal de Mendoza, Walter Bento, requirió su captura internacional, que no puede ser implementada porque aún conserva los fueros de la magistratura, algo que cambiará si es destituido.
8 de octubre de 2011
7 de octubre de 2011
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perpetua para asesinos de paco urondo


Cinco condenas y una absolución en el primer juicio por violaciones a los ddhh en la ciudad de Mendoza. Cárcel común para los asesinos de Paco Urondo. Cuatro ex policías del D2 fueron condenados a cadena perpetua, un militar recibió doce años y otro fue absuelto. Se juzgaron delitos de lesa humanidad contra 24 víctimas, entre ellas el poeta y periodista Francisco Urondo.
en silencio, unos con puños apretados, otros con fotos de sus seres queridos en alto, amuchados detrás del blindex que los separaba de los victimarios, el juez Juan Antonio González Macías leyó ayer el veredicto del primer juicio por crímenes de lesa humanidad en la ciudad de Mendoza: prisión perpetua en cárcel común para cuatro ex miembros del D2 de la policía provincial, doce años de prisión para un militar (imputado en un solo caso) y absolución para un ex oficial de Inteligencia. "Son asesinos, torturadores, violadores y ladrones", resumió Silvia Ontiveros, sobreviviente que supo conmover a la sala cuando relató su cautiverio. "Pero tuvieron un juicio justo", completó ante un periodista local. Con las sentencias de ayer, más la del coronel Alejandro Duret, expulsado de Chile luego de tres días de vacaciones, el número de represores condenados por crímenes durante la dictadura asciende a 240, precisó la Unidad Fiscal de coordinación de causas de lesa humanidad de la Procuración General de la Nación.
El proceso que condujo durante once meses el Tribunal Oral Federal Nº 1 de Mendoza, en el que declararon más de doscientos testigos, fue el segundo de la provincia y el tercero en Cuyo. Arrancó el 17 de noviembre de 2010 con diez acusados, aunque sólo seis llegaron al final. La pena máxima recayó sobre el ex comisario inspector Juan Agustín Oyarzábal, el ex oficial inspector Eduardo Smahá Borzuk, el ex subcomisario Alberto Rodríguez Vázquez y el ex sargento Celustiano Lucero. El ex teniente Dardo Migno recibió doce años de cárcel, en tanto fue absuelto el entonces teniente coronel Paulino Furió. Durante el juicio quedaron fuera de juego, aunque no de la historia, el fallecido general Juan Pablo Saá, el general Mario Lépori, el coronel Tamer Yapur y el ex oficial del D2 Armando Osvaldo Fernández. Los últimos tres fueron sobreseídos gracias a sus problemas de salud.
Las condenas fueron por delitos de lesa humanidad contra 24 víctimas. El caso más conocido es el del poeta, periodista y militante montonero Francisco Urondo, asesinado el 17 de junio de 1976 en una cita envenenada que terminó con el secuestro de su esposa Alicia Raboy y de su hija Angela, operativo del que René Ahuali logró huir pese a las heridas. También se condenó por las desapariciones de Salvador Moyano, Jorge del Carmen Fonseca, Ricardo Sánchez, Nora Jurado, Rafael Olivera y Aníbal Torres, y por el cautiverio del escritor y dirigente Angel Bustelo.

Un Día Histórico
Más de 250 personas se concentraron a primera hora frente al tribunal mendocino. Un centenar pudo seguir la sentencia en directo, el resto mediante una pantalla. Alrededor de las 11, la sala se puso de pie para recibir a los magistrados. Detrás de González Macías ingresaron Alejandro Piña y Raúl Rodríguez, que sustituyó a Héctor Cortez, en reposo con tendinitis. "Antes de dar lectura al fallo, quiero reconocer a las partes el alto profesionalismo, el respeto entre ustedes y para con el tribunal. Además reconocer al público el respeto durante las audiencias", arrancó el presidente. En la sala había sólo tres imputados: Furió, Smahá y Lucero.
El silencio contenido durante la lectura estalló luego en llantos y abrazos. "¡30 mil compañeros desaparecidos!", "¡Presentes!", se recordó a las víctimas. "Justicia es esto: condenar con pruebas como se condenó", celebró Pablo Salinas, abogado del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. "Es muy importante que Mendoza haya dejado de ser la provincia más atrasada para ser la única que tiene un proceso contra jueces", reflexionó ante El Sol online. "Este acto nos permite seguir adelante pero con la paz de saber que no estamos conviviendo con los genocidas en la calle", reflexionó Angela Urondo, hija de Paco. "Hoy están viejos, lloran y se enferman, pero la gente debe saber que son asesinos y que haber creado la desaparición forzosa, sin saber dónde estaban nuestros seres queridos, fue aberrante", explicó María de Domínguez, de Madres de Plaza de Mayo.
"Las cosas van quedando en su lugar y quienes cometieron los peores crímenes están donde tienen que estar", reflexionó Alfredo Guevara, querellante e hijo del abogado homónimo que impulsó las causas en los ’80. "Es un día contradictorio: por un lado estoy contenta, pero sentir que Rafael y Nora no están es un dolor inmenso. Yo los extraño como todo el país extraña a los que hoy no están con nosotros", lamentó Monserrat Olivera, hermana de Rafael.

Quién Es Quién
- Juan Agustín Oyarzábal, ex segundo jefe del D2, organizó el operativo que terminó con el asesinato de Urondo. Oyarzábal, que ya en 1975 ofreció su Ford Falcon para hacer procedimientos clandestinos, fue distinguido según su legajo por "desbaratar bandas de delincuentes subversivos".

- Eduardo Smahá Borzuk, alias "Ruso", encabezaba el sector de operaciones del D2 junto con Oyarzábal y Lucero. Fue reconocido por la testigo René Ahualli entre quienes mataron a Urondo. Oyarzábal y Smahá eran quienes conducían los interrogatorios junto con Armando Fernández, alias "Piqui".

- Luis Alberto Rodríguez Vázquez, alias "Pájaro Loco", era el responsable de Inteligencia del D2, que se ocupaba de estudiar a los futuros blancos del grupo de tareas. Rodríguez Vázquez admitió en 1987 que se encargaba de "la sección investigación de la información", donde se procesaban los datos que obtenían quienes se infiltraban en distintas organizaciones. Su tarea no fue sólo de escritorio. La sobreviviente Ahualli lo reconoció como quien manejaba el auto que persiguió y alcanzó a Urondo.

- Celustiano Lucero, alias "Mono", cabo primero a mediados de los ’70, fue quien mató a Urondo al golpearlo detrás de la cabeza con su arma reglamentaria, dato que él mismo confesó mientras intentaba defenderse. Un sobreviviente del D2 lo reconoció entre sus torturadores.

- El teniente Dardo Migno, condenado a doce años de prisión, era jefe de la Compañía de Comunicaciones de Montaña 8 y estaba imputado por un solo caso de secuestro seguido de torturas.

- El entonces teniente coronel Paulino Furió, jefe de la División Inteligencia del Comando de la Brigada de Infantería de Montaña VIII, estaba imputado por la desaparición de Jorge del Carmen Fonseca. Su absolución sería por la falta de certezas sobre dónde ocurrió el secuestro. De todas formas, Furió seguirá con prisión preventiva por otros delitos.
8 de octubre de 2011
7 de octubre de 2011
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los desaparecidos de la caja


Denuncian al interventor de la Caja de Ahorro y Seguros durante la última dictadura. La agrupación HIJOS pidió que se investigue a Héctor Walter por su responsabilidad en el secuestro de veintiséis empleados de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro. Es el padre del candidato del PRO Pablo Walter, que proviene del bussismo.
[Victoria Ginzberg] Argentina. Adrián Horacio García Pagliaro era empleado de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro. Fue secuestrado el 28 de marzo de 1977, cuando se retiraba de su trabajo. Los policías y el personal de vigilancia que estaban en el lugar cerraron las puertas para impedir que García Pagliaro se refugiara dentro. Sigue desaparecido. El 2 de junio, en la puerta de la misma institución, fue secuestrada Carmen Graciela Floriani, que fue llevada al centro clandestino Mansión Seré y luego liberada. La agrupación HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) denunció ayer ante el juez federal Daniel Rafecas a quien fuera interventor de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, el coronel retirado Héctor Walter, que es padre del candidato a diputado por el PRO Pablo Walter.
La denuncia realizada por HIJOS vincula a Walter con secuestros, desapariciones y posibles homicidios de 26 empleados de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro. Según se menciona en la presentación judicial, Walter nació en Tucumán el 29 de abril de 1926, ingresó en el Colegio Militar el 12 de marzo de 1945 y egresó en 1947. Fue compañero de promoción de los jerarcas de la dictadura ahora condenados por delitos de lesa humanidad Antonio Domingo Bussi, Reynaldo Benito Bignone, Cristino Nicolaides, Llamil Reston, Adolfo Sigwald y Juan Bautista Sasiaiñ, entre otros. Walter se retiró del Ejército en 1974, pero el 24 de marzo de 1976 fue nombrado interventor de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro.
En la denuncia que hizo ante la Conadep, la madre de Adrián García Pagliaro relató que su hijo "se desempeñaba desde 1972 en la Caja como ayudante, siendo delegado de oficina en la institución, y que el 28 de marzo de 1977 a las 17.15, cuando se retiraba de su empleo, fue secuestrado e intimidado por disparos de armas de fuego por seis personas vestidas de civil, de sexo masculino, que no se identificaron como pertenecientes a ninguna arma y que luego de golpearlo en reiteradas oportunidades, ante las miradas atónitas de sus compañeros y personas que transitaban, lo introdujeron en un Peugeot amarillo que era seguido por un Ford Taunus blanco con techo negro". La mujer destacó que "ambos vehículos y sus ocupantes estaban estacionados previamente en la playa reservada para la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL), cuyo ingreso sólo estaba permitido a vehículos oficiales" y que "el procedimiento fue reservado por el personal de vigilancia y por un agente de la Policía Federal que estaba de custodia en la puerta de la institución que no sólo no intervinieron, sino que al intentar mi hijo reingresar a la institución, cerraron las puertas impidiéndole resguardarse y dejando encerrados dentro al resto del personal que se retiraba". Isabel García Pagliaro responsabilizó al interventor y a los jefes de seguridad del lugar. Y reveló que cuando le preguntó a Walter por lo que le había sucedido a su hijo, éste le contestó que "había sido secuestrado por elementos subversivos que habían ingresado a la playa del CAL con documentos falsos".
Carmen García Floriani contó que fue secuestrada y llevada a la Mansión Seré, donde fue torturada. Allí le dijeron que tenían a García Pagliaro.
"Walter es uno de los tantos personajes que aún no han sido imputados en los juicios por crímenes de lesa humanidad. Está relacionado con personas que estuvieron secuestradas en Mansión Seré. Marca que el Poder Judicial todavía tiene mucho por investigar. Y creemos que no es casual que su hijo sea candidato del PRO. Fue senador por el bussismo y vocero de Bussi cuando tuvo que justificar su cuenta suiza. Mauricio Macri se escuda en personajes vinculados con la dictadura para formar su fuerza política", dijo a Página/12 Carlos Pisoni, de HIJOS.
8 de octubre de 2011
7 de octubre de 2011
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duret fue entregado en cristo redentor


El coronel condenado por el secuestro y la desaparición de Carlos Labolita fue entregado por la policía de Chile. Un día antes de que la Cámara de Casación revocara su absolución, el militar condenado a 15 años de prisión se fue a Chile. Anteayer lo expulsaron y la policía chilena lo entregó ayer por la tarde a la Gendarmería en el Cristo Rendentor.
Argentina. La Policía de Investigaciones de Chile detuvo ayer al mediodía en la casa de un abogado amigo al coronel retirado Alejandro Duret, condenado a quince años de prisión en la Argentina por el secuestro, tortura y desaparición de Carlos Alberto Labolita, compañero de la facultad de Néstor Kirchner. A las cinco de la tarde, el represor fue trasladado al cruce fronterizo del Cristo Redentor donde fue entregado a la Gendarmería. Pasó la noche en la Unidad 32 de los tribunales mendocinos. El juez federal Carlos Rozanski pidió un lugar en el pabellón de lesa humanidad de Marcos Paz, donde será alojado para cumplir la pena. El coronel había cruzado la cordillera por Mendoza un día antes de que la Cámara de Casación revocara su absolución.
No hubo necesidad de tramitar un pedido de extradición. El intendente de la VII Región de Chile, Rodrigo Galilea, firmó la orden de expulsión de Duret anteayer. Página/12 publicó el sábado pasado que el coronel había cruzado a Chile y curiosamente no había regresado con su ex compañero del arma de Artillería, el coronel Héctor Osvaldo Miranda. En medios diplomáticos estimaban que el gobierno de Sebastián Piñera optó por resolver rápido el tema y lo diferenciaron de la situación del ex camarista mendocino Otilio Romano, quien también huyó a Chile: "Romano está apenas suspendido por el Consejo de la Magistratura. Duret, en cambio, está condenado por delitos de lesa humanidad".
Los registros de Migración indicaron que Duret viajó en un Peugeot 206, patente EVC743 junto con Miranda y su esposa, Ana María Groppa, quienes regresaron a Mendoza en un par de horas. Miranda es socio de otro artillero, Francisco Casares, en la empresa de seguridad Kustos. Casares es el director del Instituto Superior de Seguridad Pública de la Policía de San Luis. El entramado de vinculaciones que alimentaron las sospechas sobre cómo se enteró Duret de su inminente detención se completa con que Casares es el cuñado del ex jefe de Inteligencia del Ejército, Osvaldo Montero, pasado a retiro por la ex ministra de Defensa Nilda Garré, acusado de operar en su contra.
El fiscal Daniel Adler advirtió que Duret se había ido del país y pidió de inmediato su detención. Una cuestión burocrática retrasó la ejecución del pedido. En el Tribunal que debía firmar la orden sólo estaba Rozanski ya que los otros dos integrantes del tribunal, Nelson Jarazzo y Alejandro Esmoris, tuvieron un accidente y pidieron licencia. Ante el pedido urgente de reemplazantes realizado por Rozanski, Casación designó dos jueces subrogantes. Finalmente ayer el propio Rozanski y Lidia Soto emitieron la orden lo cual le permitió a la Gendarmería recibir de manos de la policía chilena al represor expulsado.
Duret ya había viajado a Chile a mediados de septiembre. Su hijo Alejandro es instructor de esquí en Portillo y esta vez pasó a visitarlo antes de recalar en la casa de su abogado amigo, donde fue detenido.

El Horror
Labolita era un militante de la Juventud Peronista que estudiaba en La Universidad Nacional de La Plata. Compartió la pensión con Néstor Kirchner y más de un grupo de estudio con Cristina Fernández. La redada militar-policial que dejaba el tendal de víctimas entre la militancia apenas instaurada la dictadura convenció a Labolita y su compañera, Gladis, de volver a su pueblo, Las Flores. Los estaban siguiendo: a él lo detuvieron primero legalmente y lo convirtieron en secuestrado apenas lo trasladaron a Azul, regimiento donde actuaba el por entonces joven oficial Duret. La madre de Labolita y la propia Gladis, sobreviviente de aquel horror, identificaron a Duret como uno de los militares que actuaron en el operativo de secuestro. En el libro ‘La Presidenta’, de Sandra Russo, Gladis recordó que cuando la secuestraron a ella lo llevaron a él para que lo viera masacrado por la tortura.
En un fallo sin precedentes, los jueces Jarazzo y Esmoris desestimaron el testimonio de la madre de Labolita y absolvieron a Duret. Lo definieron como un oficial de bajo rango pese a que integraba el Estado Mayor del Regimiento y prescindieron de los testimonios de los policías que entregaron a la víctima en Azul, por considerarlos potenciales imputados.
En el tribunal todavía recuerdan que en la primera hilera de la sala de audiencias la esposa de Duret departía con la esposa del juez Jarazzo. Mientras uno de los abogados del represor Eduardo Sinforiano San Emetero, ex chofer del general Otto Paladino y ex agente de la SIDE durante la dictadura, se regodeaba con la resolución del tribunal.
Ese fallo de agosto de 2009, apenas semanas después de que el kirchnerismo perdiera las elecciones legislativas, fue apelado. "Los señores jueces han realizado un denodado esfuerzo analítico por destruir una por una las pruebas en contra del acusado", escribieron los fiscales Daniel Adler y Horacio Azzolín. "Si del conjunto de estas pruebas no puede deducirse una activa participación de Duret en los crímenes, sólo cabe esperar que un escribano certifique las acciones delictivas al momento de ser cometidas", ironizaron.
El lunes pasado, Casación, en una decisión histórica, revocó la absolución del represor. Fiscales y abogados de organismos de derechos humanos destacaron la decisión de la Sala IV de Casación. Los jueces Mariano González Palazzo, Gustavo Hornos y Augusto Díaz Ojeda no sólo revirtieron la absolución, también impusieron pena, asumieron "competencia positiva" en la jerga jurídica. Lo que no hicieron los miembros del máximo tribunal penal del país fue tomar alguna medida para evitar la fuga del militar, que estuvo con prisión preventiva hasta que los jueces Jaranzo y Esmoris lo dejaron en libertad.
Condenado ahora a 15 años de prisión, Duret pasó la noche en la Unidad 32 de los Tribunales Federales de Mendoza. La Gendarmería custodiará su traslado hasta el penal de Marcos Paz. Seguramente allí, en el pabellón de lesa humanidad, el coronel de 59 años encontrará un auditorio fiel para desarrollar la tesis que lo obsesionó durante su alegato en el juicio: sentenció que nada de lo que pasó en los ’70 hubiera pasado si Marx no hubiera escrito ‘El Capital’, y se quejó porque lo estaban condenando con el Código Penal del enemigo.
6 de octubre de 2011
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