reconoció a su torturador
5 de abril de 2010
Ex detenida identificó a Eleodoro Hauque por la foto de Rosario/12. Silvia Abdolatif fue interrogada reiteradamente en el GIR, donde era entregada por la carcelera María Eva Aebi. Uno de sus interrogadores, el que hacía preguntas y amenazaba, era Hauque, un jefe de la patota de la dictadura en Santa Fe.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. Silvia Abdolatif reconoció por una foto que publicó Rosario/12 a uno de los jefes de la patota de la dictadura, Eleodoro Jorge Hauque, como uno de los dos represores que la sometieron a interrogatorios en las penumbras de la Guardia de Infantería Reforzada (GIR). Una escalada de terror, amenazas y tortura psicológica que padeció durante quince días, en 1977. "Vi la foto y no tuve dudas, este es el tipo que me interrogaba", dijo. Ya el 26 de octubre último, cuando declaró en el juicio al ex juez Víctor Brusa, Silvia había denunciado a uno de esos interrogadores con nombre y apellido: Horacio Américo Barcos, el mismo agente secreto del Ejército que hoy es juzgado por el secuestro y tormentos a los esposos José Alberto Tur y Amalia Ricotti. "Uno era Barcos", afirmó entonces ante el Tribunal Oral. Pero le faltaba identificar al otro, hasta que este diario publicó la cara de Hauque. Y ella pudo reconstruir la pesadilla.
Los interrogatorios comenzaban siempre a la noche, cuando la GIR se convertía en zona liberada del grupo de tareas. Su carcelera, María Eva Aebi, también condenada en el juicio a Brusa se encargaba de sacarla de una habitación muy chica que compartía con otras compañeras. Le ponía una capucha y la dejaba en algún rincón o corredor solitario, donde después aparecían los dos represores que la interrogaban a cara descubierta. "Uno era Barcos y el otro Hauque, ahora puedo reconocerlo", afirmó Abdolatif.
Hauque era uno de los jerarcas de la represión en Santa Fe. Un suboficial retirado del Ejército que siguió en actividad como Personal Civil de Inteligencia (PCI) al servicio del Destacamento Militar 122. Operaba como el jefe de los PCI y uno de sus subordinados era Barcos. "Yo tenía un ’encargado de calle’ que era el señor Hauque", dijo Barcos ante el Tribunal que lo juzga. Y recordó su ubicación en la pirámide de los espías: "cuadro C 3, personal de calle, agente secreto" y su nombre clandestino: Héctor Andrés Benítez, que repite las iniciales del real. Su indagatoria en el juicio comenzó el lunes pasado y seguirá hoy.
Un ex jefe del Destacamento de Inteligencia 122 también confirmó ante la justicia que Hauque "manejaba" a los PCI. "Existía el personal de calle, clase C 3, con encubrimiento, los cuales no eran conocidos por mi. Eso lo manejaba Hauque, que era el responsable de tomar contacto con ellos", dijo el coronel Domingo Manuel Marcellini ante el presidente del Tribunal, José María Escobar Cello, que fue a Mendoza a recibir su testimonio, el 21 de mayo de 2009. Marcellini falleció a principios de marzo, pero su declaración es una de las pruebas en el juicio a Barcos.
En el juicio a Brusa y compañía, Abdolatif relató que después del secuestro el 23 de marzo de 1977 y las torturas en el centro clandestino La Casita, la llevaron a la GIR junto con nueve compañeras de militancia. A mediados de año empiezan a tener visitas de familiares cada quince días. Hasta que una noche, luego de una de esas visitas, comienzan los interrogatorios. "Venía María Eva Aebi, me sacaba de la habitación, me ponía la capucha, bajaba las escaleras y me dejaba contra una pared, sola. Me decía: ’Flaquita, decí la verdad’. Y se iba. Después, aparecían dos hombres que me sacaban la capucha y me interrogaban a cara descubierta", dijo Abdolatif. La pesadilla se repitió entre siete y diez veces durante dos semanas hasta que recibió la siguiente visita de su familia.
Uno de los interrogadores "era robusto, de cabeza grande y pelo negro ondulado y canoso, mal trazado, con saco y camisa. Al lado, había otro más bajo, más delgado y cara bien angulosa que nunca me interrogaba y me miraba de perfil", recordó Silvia. La amenazaban con sacarla de la GIR. Incluso, hasta había un auto en la puerta como para que supiera que podía desaparecer en cualquier momento. "La amenaza era siempre la misma y el discurso también: ’Hija de puta, tenemos que venir todos los días desde Paraná y vos decís siempre lo mismo. Acordate de tu hijo, de tu marido y de tus padres’".
Abdolatif dijo que no hace mucho pudo identificar por una publicación periodística a uno de aquellos interrogadores nocturnos, el que permanecía en un segundo plano. "Vi la foto y el nombre de Barcos. Y yo creo que esa persona delgada que acabo de describir se parece mucho a Barcos", le dijo al Tribunal que juzgó a Brusa.
Silvia denunció que uno de los represores era Barcos. No sabía quién era el otro hasta la semana pasada que Rosario/12 publicó la foto de Hauque. "Me faltaba la otra persona, pero cuando veo la foto en el diario, digo: ’este Hauque es el que estaba al lado de Barcos cuando venía a interrogarme en la Guardia de Infantería’", relató a este cronista.
¿Durante cuánto tiempo se prolongaron estos interrogatorios?
Unos quince días, entre una visita y la otra. No fueron todos días, pero en ese lapso me interrogaron entre siete y diez veces. Siempre de noche.
¿Uno era Hauque y el otro Barcos?
Sí. Cuando yo veo la foto de Rosario/12, digo: ¿este es el tipo que estaba al lado de Barcos?
¿Quién era el que interrogaba?
Hauque. Barcos era más delgado, más bajo, se mantenía en un segundo plano, mirándome. El que me interrogaba y patoteaba era Hauque. Todos los interrogatorios fueron en distintos puntos de la Guardia de Infantería, en la planta baja, en los pasillos, en las calles internas. Esto también está denunciado en otra causa por el secuestro de Daniel Gatti cuando hicimos el reconocimiento de la GIR.
©rosario 12 
[Horacio Verbitsky] A la denuncia de los organismos defensores de los derechos humanos de Mendoza se sumó esta semana el gobierno provincial, que también solicitó al Consejo de la Magistratura la destitución de los camaristas federales Otilio Romano y Luis Francisco Miret, por la comisión de delitos penales durante la última dictadura militar en casos de crímenes de lesa humanidad. Según la presentación del ministro de Gobierno, Justicia y Derechos humanos, Mario Adaro, ambos omitieron en forma sistemática salvaguardar la integridad de las personas detenidas a su disposición y no promovieron como debían la investigación de los delitos que esos prisioneros denunciaron contra su integridad y su propiedad. Además, obstaculizaron en forma deliberada y con parcialidad manifiesta las investigaciones dispuestas por otros magistrados.
Lo harán con el patrocinio de los abogados Lucila Puyol y Guillermo Munné, que -por primera vez tendrán acceso a la pesquisa y podrán solicitar distinta medidas de prueba, entre ellas la reconstrucción del homicidio. "Hasta ahora nos habíamos enterado por los medios", dijo Puyol, molesta por que el sumario estuvo toda la semana en sede policial y por lo tanto "no pudimos constituirnos como querellantes y conocer el expediente".
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. Los dos detenidos por el asesinato de Silvia Suppo confesaron ayer ante la justicia la autoría del crimen. ‘Sosita’ -como medio Rafaela conoce a Rodrigo Sosa-, un muchacho de 19 años que se ganaba la vida lavando autos y su primo, Rodolfo Cóceres, de 22, dijeron ante el juez de Instrucción Nº 2, Alejandro Mognaschi, que ingresaron al negocio de artesanías y cueros de Silvia, en Sargento Cabral al 200, para robarle, pero que después la mataron para que no los reconociera. ‘Sosita’ dijo que sabía quién era Silvia porque cada tanto solía lavarle el automóvil, pero negó haber actuado por encargo de un tercero. Una confesión que refuerza la presunción del robo que termina en homicidio y relega a un segundo plano la teoría del sicario. "Fue otro gran avance en la causa", dijo el fiscal Rodolfo Zender, quien -sin embargo no descartó ninguna hipótesis. "No las descarto porque se trata de un hecho repulsivo y es necesario que no quede ninguna duda y ningún cabo suelto. Vamos a hacer todo lo posible para llegar a la verdad histórica, cualquiera sea", precisó en un diálogo con Rosario/12.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. Fue una marcha del silencio alrededor de la plaza central que en Rafaela es el doble de grande de otras ciudades. Un recorrido de 800 metros en un día lluvioso y frío que terminó en grito de dolor: "¡Silvia Suppo! ¡Presente! ¡Hoy y siempre!". Y en una demanda: "Verdad y justicia? para un crimen que la policía presume como un robo, pero que pocos creen en Rafaela porque otras sospechas corren de boca en boca. Más de 1200 personas respondieron ayer al llamado de los dos hijos de Silvia, Andrés y Marina Destéfani, una convocatoria que sorprendió a muchos y ya tuvo su primer impacto: el juez de Instrucción Nº 2, Alejandro Mognaschi interrumpió su descanso de Semana Santa, le pidió a la policía que cierre el sumario y hoy mismo tendría pensado indagar en Tribunales a los dos acusados por el homicidio: "Sosita", un pibe de 19 años que se negó a declarar en sede policial y su primo de 22 que admitió la autoría del crimen y también involucró a su pariente.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. Uno de los jóvenes presos por el asesinato a sangre fría de Silvia Suppo de Desféfani admitió ayer la autoría del crimen, pero involucró también al otro detenido. "Es un gran avance en la causa", dijo el juez de Instrucción Nº 2 de Rafaela, Alejandro Mognaschi, aún cuando la confesión se produjo en sede policial porque el sumario recién llegará a su despacho en Tribunales el lunes y por lo tanto las indagatorias judiciales se realizarán la semana que viene. El principal sospechoso, ‘Sosita’, un pibe de 19 años que se ganaba la vida limpiando autos a 150 metros del negocio de Silvia se abstuvo de declarar, pero el que habló fue su primo, de 22, que aceptó la participación de ambos en el homicidio. Mognaschi confirmó también el resultado de la autopsia: Silvia recibió nueve puñaladas en un ataque despiadado y cruel que aumenta aún más las dudas de su familia sobre el verdadero móvil del crimen. Ella era testigo clave en causas por violaciones a los derechos humanos. Y hoy, a las 10, sus hijos, Marina y Andrés Destéfani, encabezarán una marcha en Rafaela, por la avenida Santa Fe, frente a la plaza 25 de Mayo, con la consigna "verdad y justicia. ¿Robo o asesinato político? ¡Esclarecimiento ya!".
[Soledad Vallejos] Argentina. "Acuérdense, el derecho de una es el derecho de todas", dijo la dirigente trans Marcela Romero, esgrimiendo el DNI con su verdadera identidad de género, logrado en 2009 tras una década de lucha. De pie, un público de activistas trans de todo el país y militantes jóvenes de la Federación Argentina LGBT aplaudió a rabiar. Coreaban, como mantra, "documentos legales para travestis y transexuales", mientras diputadas y diputados nacionales y de la ciudad de Buenos Aires y autoridades del Inadi, que habían asistido para comprometer su apoyo a las demandas trans en el mundo legislativo, las acompañaban. La primera vez que las personas trans, como colectivo, llegaron al Congreso para pedir por sus derechos llevaba una hora de presentación. Ya las dirigentes de la Asociación Travestis, Transexuales, Transgéneros de la Argentina (ATTA), Marcela Romero y Claudia Pía Baudracco, habían detallado los dos proyectos de ley, uno sobre identidad de género y documentos de identidad, el otro sobre atención sanitaria para personas trans, que presentaron para ampliar la agenda de derechos ciudadanos todavía pendientes, de acuerdo con las organizaciones militantes de la diversidad.