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robo de bebés fue método


El ex jefe del ejército Martín Balza declaró como testigo en el juicio por robo de bebés. Por teleconferencia, el actual embajador en Colombia dijo que "si se han encontrado más de cien niños sometidos a la sustracción de identidad, no es casual, no es un caso aislado". Las querellas calificaron como "muy importante" su testimonio.
[Alejandra Dandan] Argentina. Martín Balza dijo casi obsesivamente, todas las veces que pudo, que no estuvo en el país en los años más duros de la dictadura militar. Que luego, a comienzos del ’78, llegó para dedicarse a la enseñanza. La jueza María del Carmen Roqueta le dijo que eso ya lo había dicho y lo alentó a seguir adelante. La declaración del ex jefe del Ejército en el juicio por el plan sistemático de robo de bebés fue "muy importante", política y simbólicamente, para las querellas de los organismos de derechos humanos. Alguien de su estatura política acababa de reconocer en medio del juicio la existencia de un plan "sistemático" de apropiación de menores.
"Hoy lo respondo con más convicción", dijo el ahora embajador en Colombia. "No tengo ninguna duda de que hubo una sistematización en este caso: si se han encontrado más de cien niños sometidos a la sustracción de identidad, no es casual, no es un caso aislado. No fueron dos, ni cinco ni catorce: se está hablando de más de cien niños recuperados, de personas nacidas en cautiverio, creo que se debió no a una única decisión, la decisión existió en el proceder."
Balza declaró por videoconferencia conectado a la sala de los Tribunales de Retiro. A pedido de la fiscalía volvió a hablar de un documento reservado del Ejército que él encontró en 1995 y disponía la incineración de archivos de la represión. Hizo especial hincapié en el proceso por el que se dio cuenta de las condiciones sistemáticas de la sustracción de niños, en una lógica que lo enfrentó con las defensas. Atentos a ese punto, corazón probatorio de la causa, los abogados apelaron a viejas declaraciones en busca de contradicciones. La abogada Alcira Ríos se quejó ante el Tribunal por esa suerte de exigencia de escaner de la memoria a más de veinte años de algunas de sus primeras palabras. Balza precisó el peso de las "órdenes verbales". Y al final, amparado en un gesto del fiscal Martín Niklison, abandonó los cuidados personales para sumarse al escenario de las víctimas: "He recibido muchísimas, muchísimas amenazas de las que puedo dar cuenta", dijo. Llamados anónimos. La expulsión del Círculo Militar. Y en 2003 una amenaza directa nada menos que de Pascual Oscar Guerrieri, ex jefe del Batallón 601, jefe del centro clandestino Quinta de Funes, antiguo compañero de promoción de Balza e imputado en otro juicio: "Hasta en el balcón de mi casa me tiraron un artefacto similar a una bomba, pero no me sorprende: en el caso mío fueron amenazas, en otro momento no eran solo amenazas".

La Quema de Documentos
Balza declaró largo para la lógica del Tribunal Oral Federal 6. Habló más de tres horas, con momentos de tensión provocados por cruces entre defensores y querellas. En el comienzo, Niklison lo llevó a una clave: el hallazgo del documento reservado con una orden de Cristino Nicolaides, a pocos días de la asunción de Raúl Alfonsín, con la consigna de quemar documentos. Balza nunca encontró esos documentos. Pero la maquinaria burocrática del Ejército dejó rastros suficientes de la orden porque al menos ese papel no se destruyó.
"Recuerdo bien señor fiscal –dijo el embajador– que en un mensaje institucional del día 25 de abril de 1995 yo insistía en que aquel que tuviera algún conocimiento relacionado con listas o documentos las hiciera llegar, que yo tomaba la responsabilidad de entregar todo a la Justicia." Y dijo: "Estábamos en plena vigencia de los indultos, pero tomé conocimiento de un solo documento: una orden militar impartida por el entonces comandante en jefe del Ejército, firmada por la segunda autoridad, el general Calvi".
Una pantalla mostró el documento ampliado a la sala. La orden se daba mientras Reynaldo Bignone repetía lo mismo desde el Ejecutivo para todas las Fuerzas Armadas. "Eran muy amigos", explicó Balza. "En mi opinión quien lo pone de presidente a Bignone es Nicolaides y me parece que este tema de las listas, como dijo Bignone en un libro, es un acuerdo entre los dos: no se desconocía la intención clara de borrar el acervo histórico de la institución y también del país." O, como lo dijo antes: "Para tratar de borrar la memoria histórica".
Quién dijo qué y cómo fue esa orden al parecer quedó escrito en un libro del propio Balza del que dio cuenta en la audiencia. Ahí refiere, a su vez, a un libro de Bignone y el acuerdo con las otras Fuerzas para no presentar listas: "Lo afirmó Bignone en su libro", dijo Balza. "Y dijeron que no iban a dar esas listas porque si no venían preguntas de quién los mató, dónde están."

Robo de Bebés
El juicio no intenta probar casos aislados de robos de niños, sino la trama de sistematicidad. En ese sentido, el testimonio de Balza fue importante para las querellas. Citó como punto de origen un llamado del juez Adolfo Bagnasco que en el año 2000 lo llamó como testigo en una causa. En el despacho le pidió que leyera documentación de Inteligencia. "Leí la declaración de médicos, enfermeras, de personas, después de todo lo que leí le dije al juez que eso respondía a una sistematización: un plan no necesita de una orden escrita, tiene la misma validez una orden escrita o una orden verbal." Y consultado en ese punto por el abogado Alan Iud, de Abuelas de Plaza de Mayo, sobre el peso de órdenes que sin papeles parecen fantasmas imposibles de probar y argumentos de los que se vale la defensa para decir, por estos días, que si hay órdenes muestren los papeles, Balza homologó uno y otro tipo de mandato y dijo que, por ejemplo, en Malvinas, las órdenes verbales tuvieron el mismo peso que las escritas.
"De todo lo que leí había una sistematización –insistió– y si mal no recuerdo no había un número, pero eran varias parturientas que entraban al Hospital (de Campo de Mayo) con una guardia: la norma es que todo lo que entra y sale tiene que estar registrado en libros, en este caso no se anotaba ni el vehículo. Por lo menos nunca tomé conocimiento de los registros. Tendrían que estar quienes entraban ahí. Quién conducía: nada de eso constaba. Las parturientas eran atendidas en un lugar como Epidemiología: y yo no soy experto en la materia, pero no era el lugar para atender embarazadas."
Balza estuvo en Campo de Mayo entre enero y septiembre de 1978, a su regreso de Perú. Enseñó artillería para una guerra "convencional", insistió y dijo que era porque en ese momento había quedado planteada la hipótesis de guerra con Chile. Y la necesidad de una guerra "convencional" y "no de la otra", explicó. En Campo de Mayo, supo que había un "lugar de reunión de detenidos", el eufemismo con el que se hablaba de los centros clandestinos. Explicó que el lugar tenía acceso restringido, que estaba en medio del predio, pero también dijo que nunca lo vio. Los abogados de Abuelas buscaron hacerle explicar un nuevo dato: la relación entre el Hospital Militar y el Comando de Sanidad. Los abogados de Omar Riveros dicen que como el Hospital dependía del Comando de Sanidad, Riveros no tuvo incidencia en ese espacio. "Balza dijo que la relación entre el hospital y el comando existía en cuestiones médicas, pero no operativas –dijo Iud–: con lo que dio a entender que se estaba refiriendo a lo que planteó como irregularidades."

"Menudeces"de Rivero
Para 1999 estaban vigentes los indultos y ése fue el último año en el que Balza permaneció como jefe del Ejército. Dijo que no pudo convocar a Cristino Nicolaides porque, "no tenía atribuciones de hacer una pregunta como ésa". De todos modos, en medio de la revisión que buscaba, sí convocó "al general Omar Riveros" para preguntarle: "Que tuviera a bien decirme dónde estaba el cadáver de (Roberto) Santucho y de (Benito) Urteaga, que yo asumía la responsabilidad de decírselo a la Justicia para satisfacer los requerimientos comprensibles de las familias". Por supuesto que la contestación fue que no sabía nada, dijo Balza. "Que él no estaba en esas menudeces, repito lo que dijo, que no creí, pero no tenía facultades para obrar de otra forma."

Las Amenazas de Guerrieri
Después de preguntas y repreguntas, la declaración llegaba al final. El fiscal Martín Niklison le preguntó a Martín Balza si desde aquella autocrítica que había hecho en nombre del Ejército, recibió alguna amenaza o terminó afectado de alguna manera. Balza dijo que sí. Y en medio del derrotero detalló cómo en 2003 Pascual Oscar Guerrieri, a quien recordó como "viejo compañero de promoción", lo amenazó a través de un coronel amigo: "Habíamos sido compañeros de promoción y me mandó decir que vamos a matar a tu hermanita, a tu padre, todo eso". Guerrieri es ex jefe del Batallón de Inteligencia 601 y ex jefe de la Quinta de Funes, centro clandestino de la ciudad de Rosario por el que está siendo juzgado en este momento. Pero no fue del único que habló. "Lamentablemente, ya no está mi esposa, pero las amenazas las sufrieron ella y mis hijos", explicó el embajador. Recordó al general Gerardo Díaz Bessone, "un general del Proceso que mediante una maniobra burda y mentirosa hasta hizo que me expulsaran del Círculo Militar, que no es una institución del Ejército. Recibí llamadas telefónicas con amenazas a toda mi familia en las que me acusaban de traidor".
28 de septiembre de 2011
27 de septiembre de 2011
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robo de bebés no fue casual


Balza: "No fue algo casual sino sistemático".
Argentina. El embajador argentino en Colombia y ex jefe del Ejército, Martín Balza, mediante una videoconferencia, aseguró ante el Tribunal Oral en lo Federal 6, que investiga el plan sistemático de robo de bebés durante la última dictadura cívico-militar, que las órdenes para avanzar en la sustracción de los recién nacidos "no fueron impartidas por un subordinado ni un oficial de menor rango" y agregó que "si se tiene en cuenta que ya se han encontrado más de cien niños", en referencia a los nietos recuperados por las Abuelas de Plaza de Mayo, se concluye que "obedecían a un plan sistemático". Además, confesó que, a días de que asuma el presidente Raúl Alfonsín, el ex jefe del Ejército Cristino Nicolaides ordenó destruir "archivos clasificados de la lucha contra la subversión".

Al declarar por videoconferencia, Balza recordó que en 2000, al leer los testimonios que recogidos por el ex juez Adolfo Bagnasco, por entones a cargo de la investigación, que incluían dichos de "médicas, parteras y enfermeras", no dudo en pensar que las apropiaciones de bebés a las madres detenidas en los centros clandestinos de la dictadura "obedecían a una práctica sistemática".
El diplomático, quien aludió a los años de la dictadura como "período trágico de nuestra historia", señaló que en la zona del Hospital Militar de Campo de Mayo, donde las prisioneras parturientas daban a luz a los niños, que luego eran apropiados por los represores, las mujeres "entraban con una guardia de prevención y no se las registraba en los libros". Y subrayó la intencionalidad al indicar sin "ninguna duda" que existieron listas de víctimas de delitos de lesa humanidad.
Ante una consulta puntual sobre si esas prácticas fueron ordenadas, consentidas o autorizadas por las máximas autoridades militares de entonces, Balsa afirmó: "no tengo ninguna duda de que esas órdenes no fueron impartidas por un subordinado ni un oficial de menor rango".
En ese sentido, el ex jefe del Ejército expresó que "se comentaba" que en la ESMA existía un denominado "lugar de reunión de detenidos" y que se trataba de un sitio cuyo acceso estaba "expresamente prohibido".
Por otro lado, Balza ratificó ante los magistrados durante la videoconferencia una acción ordenada mediante el "mensaje militar conjunto" del 22 de noviembre de 1983, que debía ejecutarse para el 1 de diciembre, nueve días antes de la asunción de Alfonsín, por el ex jefe del Ejército Cristino Nicolaides. El objetivo del pedido era "proceder a la incineración" de la "documentación clasificada de la lucha contra la subversión" que las unidades militares debían entregar a la jefatura de la fuerza.
27 de septiembre de 2011
26 de septiembre de 2011
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procesarán al exjefe de el vesubio


La Cámara Federal confirmó el procesamiento, con prisión preventiva, del coronel Gustavo Adolfo Cacivio -alias ‘el Francés’-, jefe del centro clandestino de detención ‘el Vesubio’, a quien se lo imputa de cometer un centenar de secuestros y torturas durante la última dictadura militar.
Argentina. La Sala I del tribunal de apelaciones ratificó la imputación contra el represor por "el delito de privación ilegal de la libertad agravada por mediar violencia o amenazas reiterada en ciento un ocasiones, de las cuales 64 se encuentran agravadas por su duración, todas ellas en concurso real con el delito de imposición de tormentos reiterados" en la misma cantidad de casos.
En una resolución, los camaristas Jorge Ballestero y Eduardo Farah, explicaron que el "plan criminal" fue aprobado por los ex comandantes quienes "ordenaron a sus subordinados que: privaran de su libertad en forma ilegal a las personas que considerasen sospechosas de tener relación con ‘organizaciones terroristas’; que las condujeran a lugares de detención clandestinos".
Los delitos de lesa humanidad atribuidos al ‘Francés’ fueron cometidos en ese centro clandestino "emplazado en el cruce de la autopista Richieri y Camino de Cintura, localidad de La Matanza, provincia de Buenos Aires", entre abril de 1976 y septiembre de 1978.
Para ratificar la prisión preventiva, los camaristas indicaron que "existen elementos concretos de mayor peso que hacen suponer fundadamente, de acuerdo con las siguientes consideraciones, que el imputado podría entorpecer el curso de la investigación en caso de recuperar su libertad, lo cual impide, de momento, aplicar la regla de la libertad durante el proceso".
27 de septiembre de 2011
26 de septiembre de 2011
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el pacto roto


Un juez destituido, un fiscal que renuncia para que no lo echen, procesamientos confirmados y un camarista que se escapa como un fugitivo: este año empezaron a cobrar forma las investigaciones sobre el rol de la Justicia durante la última dictadura.
[Irina Hauser] Argentina. Primero vino la destitución del camarista mendocino Luis Miret, el que a un ex detenido le dijo la frase memorable "hay que aguantar", tras una sesión de tortura. Le siguió una denuncia contra el juez de Casación Gustavo Mitchell hecha por el tribunal que juzga la apropiación de hijos de desaparecidos, el mismo que a los pocos días hizo abrir una causa contra el entonces fiscal Juan Martín Romero Victorica. En La Rioja fue detenido el ex juez Roberto Catalán; en Rosario, la Cámara confirmó el procesamiento del ex juez de menores Luis María Vera Candioti y ordenó reabrir causas contra otros dos. Fue anulado el sobreseimiento del ex camarista de Salta Ricardo Lona, y al final llegó otro mendocino, Otilio Romano, o mejor dicho se fue –a Chile– para eludir ser juzgado por 103 crímenes de lesa humanidad y evitar presenciar su juicio político. Hay más, y todo ocurrió en lo que va de este año. Como si se hubiera roto algo, algún pacto que los amparaba. La complicidad de jueces, secretarios y fiscales con la maquinaria del terrorismo de Estado durante la última dictadura y también con posterioridad devino uno de los grandes temas en tribunales. O un gran desafío, que tardó en pasar filtros y de todos modos aún debe capear ciertas resistencias corporativas residuales.
El día que Victoria Montenegro se sentó ante el Tribunal Oral Federal N0 6 (TOF6) y decidió contar lo que se había guardado durante una década, abrió un mundo. Repasó su historia personal de manera lisa y llana, entre lágrimas, y dijo que estaba marcada por un poderoso fiscal de la Cámara de Casación que había hecho de todo por ayudar a su apropiador, el coronel de Inteligencia del Ejército Herman Tetzlaff, cuando era investigado por la Justicia. Reveló que le anticipaba información y llegó a ponerle abogados cuando lo detuvieron. Aseguró incluso que sabía que había sido el propio Tetzlaff quien mató a sus padres en 1976. Victoria, la nieta recuperada número 78, repitió y amplió su relato en la radio y la televisión. Quizá sin planearlo, conmovió a miles de personas. Volvió cercano y palpable parte de ese enunciado que nombra a la complicidad civil con los crímenes de la última dictadura. Hablaba, además, de Romero Victorica, quien ese 25 de abril todavía ocupaba un despacho de fiscal de Casación Penal en el mismo edificio donde ella declaraba. Su testimonio derivó en una causa penal, a cargo del juez Norberto Oyarbide, a quien Romero Victorica ya le fue a pedir el sobreseimiento, y dio lugar a la apertura de su juicio político en la Procuración General. Pero renunció antes de que lo expulsaran.
La actuación atribuida a Romero Victorica es una de las caras de la cooperación civil con el régimen dictatorial: la de quienes, ya en democracia, buscaron poner obstáculos para juzgar a los represores, o incluso a otros jueces, como garantes de su impunidad. El ex fiscal nunca disimuló su postura, pero no avanzaban los planteos en su contra.

Avances y Resistencias
En la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de Causas por Violación a los Derechos Humanos de la Procuración contabilizan sesenta personas que tienen o tuvieron cargos en la Justicia que "se encuentran vinculadas con diferentes grados de responsabilidad" con delitos de lesa humanidad desde la época de la Triple A. Representan otra faceta de la "relación del Poder Judicial con la represión": la de quienes desde los tribunales fueron funcionales, cómplices o garantes de violaciones a los derechos humanos durante el terrorismo de Estado mismo. Pablo Parenti, coordinador, dice que el avance de los juicios de derechos humanos fue haciendo lugar a "nuevas hipótesis que complementan las iniciales" o "aspectos que no aparecían como los más urgentes", y que hay "más testimonios sobre el tema y análisis documentales de expedientes". Además, dice, "para avanzar penalmente hay que vencer una resistencia que proviene de la propia administración de Justicia, que no siempre se explica por motivos ideológicos, sino también por lazos familiares o de amistad, identificación o pertenencia a la misma corporación; pero los juicios y el trabajo permanente van haciendo mella en estas resistencias".
El testimonio de Victoria Montenegro tuvo otras consecuencias no tan perceptibles, pero existentes, como haber llenado de sentido a un hecho ocurrido un mes antes de su declaración, pero no tan difundido: la destitución del camarista mendocino Luis Miret. Los testimonios de ex detenidos que lo vieron durante su cautiverio fueron impactantes. Como el de León Glogowski, que contó que Miret lo vio torturado y con el labio roto y que él le denunció sin eco las golpizas y torturas que recibían los detenidos, incluso el ataque sexual sufrido por su novia de 17 años, a quien escuchaba gritar desde el calabozo vecino. Glogowski además recordó que con él se ensañaban por ser judío, y que el ex juez comentó: "¡También, con ese apellido!". Su novia era Luz Faingold, a quien siendo menor de edad llevaron al D2, un centro de detención de adultos. Miret se negó a restituirla a sus padres y la mandó a un internado, contó ella ante los consejeros. Luz, además, es querellante en la causa penal en la que no sólo Miret fue procesado, por cerca de treinta casos de violaciones a los derechos humanos sino también el entonces fiscal, que en estos últimos días se hizo famoso tras fugarse a Chile justo un día antes de que el Consejo de la Magistratura lo suspendiera para abrirle juicio político: Otilio Romano, también camarista en Mendoza.
Romano está procesado por 103 secuestros, desapariciones, torturas y robo de bienes de desaparecidos y camino a juicio oral. Su posible destitución elevaba las chances de que terminara preso al quedarse sin inmunidad de arresto. Por eso huyó, y pidió asilo político en el país vecino, que le dio ocho meses de visa mientras lo analiza. Lo único que podría precipitar todo es que un tribunal pida la detención sin esperar la destitución, un planteo que han hecho el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) mendocino y el fiscal Omar Palermo. El juez Walter Bento supeditó la captura al juicio político. Ahora deben decidir tres camaristas. El escándalo que implica la fuga de un juez de Cámara, acusado de delitos de lesa humanidad, bastó para que fuera tema en todos los medios.
Romano también fue visto por ex detenidos recorriendo centros clandestinos, incluso en La Plata. El abogado del MEDH Pablo Salinas suele explicar que "sin la actuación del fiscal, los represores no podían haber avanzado; porque no investigaba las torturas que le denunciaban; o porque les daba valor de cargo a testimonios obtenidos bajo tortura".
El origen de la causa penal contra Romano, Miret y otros dos ex jueces es curioso: los organismos de derechos humanos se preguntaban por qué no avanzaban las causas contra represores en Mendoza, por qué los liberaban, y encontraron que el mayor escollo estaba en la Cámara, y ahí las víctimas empezaron a atar cabos, y a recordar quiénes habían sido estos jueces. Para Salinas el asunto no está saldado todavía, ya que el actual presidente de ese tribunal, Julio Petra Fernández, "es el mismo que votó el apartamiento del juez que había procesado a su amigo Romano y que luego del fallo salió a festejar con él, situación en la que fueron fotografiados". Petra tiene también causas penales y el Consejo de la Magistratura lo citaría como sospechoso esta semana.
En La Rioja, en mayo fue detenido el ex juez Roberto Catalán, denunciado por el escritor Leopoldo Juan González. Después de su secuestro y detención en 1976, donde sufrió torturas y simulacros de fusilamiento, Catalán se fue a tomarle declaración pero se negó a recibir sus denuncias sobre los tormentos en el Batallón de Ingenieros de Construcciones 141. "Esas cosas no tienen valor porque pasaron hace mucho tiempo", le habría dicho. En Tucumán, fue indagado el ex juez federal Manlio Torcuato Martínez, por el asesinato de cinco militantes de Montoneros y por haber mandado a un detenido a un centro clandestino. Un sorprendente fallo reciente, de la Cámara de Casación, reabrió una causa contra el ex juez de Salta Ricardo Lona por el presunto encubrimiento del secuestro y la desaparición del ex gobernador de Salta Miguel Ragone, el 11 de marzo de 1976. En Bahía Blanca, un tribunal oral ordenó detener este mes al abogado Hugo Sierra, que fue secretario del fallecido Guillermo Madueño, y fue acusado de participar en interrogatorios en centros clandestinos.

Los Jueces y los Niños
La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, declaró en abril en el juicio por el plan sistemático de apropiación de hijos de desaparecidos y contó una vieja anécdota, para algunos olvidada. En 1978 buscaba a su nieto, el bebé que había dado a luz su hija Laura durante su cautiverio, después de lo cual fue asesinada. Acudió a la Casa Cuna porque sabía que había allí una beba cuyos datos y fecha de nacimiento podían coincidir. Pero ya la habían dado en guarda. El juez de Menores era el actual juez de Casación Gustavo Mitchell. Ella lo fue a ver, y recibió, contó, un mensaje a través de un emisario: "El doctor dice que se cuide; por lo que usted hace podría aparecer en una zanja". Años más tarde, Carlotto supo que su nieto era varón, y todavía sueña con encontrarlo. El TOF6 denunció a Mitchell: ahora lo investiga Oyarbide, que ya había iniciado una causa contra él por la entrega del hijo de la uruguaya Sara Méndez, secuestrada en 1976 en un operativo del Plan Cóndor. Su bebé, Simón, tenía sólo veinte días y el juez se lo dio en guarda al subcomisario Osvaldo Parodi, sospechado de estar vinculado con el secuestro de ella. Por estos días, el Consejo de la Magistratura decidió impulsar la investigación contra Mitchell y quien fuera su secretario, el actual juez José Martínez Sobrino. Pidió que den testimonio Carlotto, Méndez, la fundadora de Abuelas, María Isabel Chorobik de Mariani (primera en denunciar el caso), y la directora del programa de asistencia a testigos, Fabiana Rousseaux.
Oyarbide avanza lento. Una de sus medidas más fuertes fue incautar todos los expedientes de adopciones de la dictadura de los Juzgados de menores porteños. Un trabajo similar hizo otro juez en Lomas de Zamora, en el ex juzgado de la fallecida Delia Pons, que les decía a las Abuelas en la cara que no les devolvería a sus nietos. Son caminos para detectar casos de apropiaciones disfrazadas de legalidad. "En el 30 por ciento de los casos de apropiación de niños ya resueltos hubo procesos judiciales de adopción, muchos de los cuales no eran más que mecanismos de blanqueo del robo de bebés, con la complicidad de la Justicia", dice Alan Iud, abogado de Abuelas. "Todavía hay mucho por avanzar en este terreno", advirtió. Aunque hay fallos recientes que "son un punto de partida": La decisión de la Cámara Federal de Rosario de reabrir la investigación contra Juan Carlos Marchetti, ex juez de Menores en la dictadura, y Delfín Castro, entonces juez civil, implicados en el proceso irregular de guarda y adopción de Manuel Gonçalves, quien recuperó su identidad en 1995, y de Paula Cortassa. La confirmación del procesamiento, la semana pasada y en el mismo tribunal, que dejó cerca del juicio oral al ex juez Luis María Vera Candioti por la supresión de la identidad de Carolina Guallane, única sobreviviente de una masacre donde murió toda su familia en 1977.
25 de septiembre de 2011
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condenan a pareja de apropiadores


El juez Sergio Torres condenó al marino Policarpio Vázquez y a su mujer, apropiadores de Evelyn Bauer Pegoraro. Señaló que la joven "no sólo fue despojada de su historia, sino también instalada en una realidad que no le pertenecía".
Argentina. Treinta y cuatro años después de apropiarse de la hija de una pareja de desaparecidos, el marino Policarpio Vázquez y su esposa, ex personal de inteligencia de la Armada, fueron condenados a 14 y 10 años de prisión. El juez Sergio Torres destacó en su fallo "el daño psicológico causado" a la víctima, Evelyn Bauer Pegoraro, quien "no sólo fue despojada de su historia sino también instalada en una realidad que no le pertenecía, bajo una crianza y formación amparadas en la mentira". Se trata de la joven que en 2001 se negó a someterse a un análisis de ADN que pudiera servir de prueba contra sus apropiadores y que conoció su identidad a partir de muestras obtenidas en un allanamiento a su casa. "La negativa al análisis y a reconocer su identidad es la continuación de la victimización por otros medios", destacó ayer Alcira Ríos, abogada de las abuelas de Evelyn. "Estos chicos privados ilegítimamente de su libertad al nacer fueron también determinados a ser víctimas de desaparición forzada toda su vida. Hasta que no se liberen de estos tipos no van a ser libres", remarcó.
Susana Pegoraro, embarazada de cinco meses, fue secuestrada el 18 de junio de 1977 en Constitución. Su compañero, Santiago Bauer, cayó el mismo día en La Plata. La niña nació en la ESMA y terminó en manos de Vázquez, que en la dictadura fue encargado de contrainteligencia en la Base Naval de Mar del Plata, y de su esposa. La sentencia de Torres alcanzó también a la partera Justina Cáceres, condenada a siete años de prisión por falsificar la partida de nacimiento. Los tres superaron los setenta años, por lo que es poco probable que cuando la sentencia quede firme, si es que están vivos, se revierta el beneficio del arresto domiciliario.
En 1999 el marino admitió que Evelyn no era su hija. Dijo que se la entregaron "para adoptar sin papeles" en el edificio Libertad, que la recibieron "porque la iban a matar" y aseguró desconocer el destino de los padres. "Fue un mandato divino", explicó. Dos años después, la joven se negó a someterse a un análisis de ADN. La Corte de Suprema de Justicia le dio la razón: se imponía la protección de su derecho a la intimidad, argumentó. Sin certezas sobre la identidad de Evelyn, en 2006 la jueza María Servini de Cubría decretó la clausura de la instrucción. Cuando el matrimonio pidió la absolución porque no había más evidencias que la confesión, la jueza ordenó allanar la casa de la joven para extraer muestras de ADN. Las argucias legales permitieron a los victimarios apartar a Servini, pero no evitar la verdad: en 2008, Evelyn conoció su identidad y se reunió con las Abuelas. La causa cayó en manos del juez subrogante Octavio Aráoz de Lamadrid, hoy investigado por gestionar coimas para la Cámara de Casación. En sus manos y mientras la defensa de Vázquez abarrotaba de planteos el expediente, la causa "durmió el sueño de los justos", recordó Ríos. Finalmente recayó en el juzgado de Torres.
El magistrado que instruye la megacusa ESMA destacó en su fallo que muchos niños apropiados continúan como adultos "siendo rehenes o prisioneros de la red urdida por sus apropiadores" y "no les resulta sencillo truncar su vínculo con ellos o iniciar un vínculo sincero y duradero con su familia biológica". Destacó que "la ruptura del vínculo materno-filial provoca secuelas psíquicas en el niño susceptibles de ser transmitidas a sus propios hijos y a otras generaciones", señaló que la negación de la identidad impuesta por los apropiadores produce "efectos patológicos" en "la mente inmadura del niño pequeño", y enumeró "disociaciones psíquicas, depresiones y tendencias adictivas", que además "tienen una repercusión transgeneracional".
El juez Torres consideró que la relación que Evelyn mantiene con sus apropiadores luego de conocer su identidad "puede basarse en lo afectivo, ora en el vínculo reverencial que liga a los padres con sus hijos", y subrayó que la joven mantiene "una incipiente relación" con su abuela materna Inocencia Luca de Pegoraro, quien desde 1984 y con la asistencia de Ríos "nunca renunció a la búsqueda de verdad y justicia".
25 de septiembre de 2011
24 de septiembre de 2011
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declaró estela de carlotto


Declaró la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo en Paraná. El encuentro con Torrealday. Afirmó que el médico del instituto privado al que fueron derivados los mellizos de Raquel Negro como NN, le dijo que una persona -a la que no identificó-, pagó los gastos de internación y se llevó a los bebés.
[Juan Cruz Varela] Paraná, Argentina. "Somos la voz directa del drama porque algunas todavía no saben dónde están esos chicos y esta lucha es para siempre". El testimonio de Estela de Carlotto vino a cerrar la etapa de testimoniales del juicio contra seis represores por la sustracción y sustitución de identidad de los hijos mellizos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela nacidos, durante el cautiverio de su madre, en el Hospital Militar de Paraná.
Carlotto contó la historia de lucha de lucha de las Abuelas, que le permitió restituir la identidad a 105 chicos apropiados después del golpe militar de 1976 y destacó que "esta es una labor que nos impuso la dictadura cívico-militar". Los depredadores mataban a todos los que resultaban peligrosos para su proyecto y dejaban vivir a las mujeres embarazadas hasta que nacieran los bebés para arrebatárselos; entonces las mamás eran asesinadas y los niños eran repartidos como botín de guerra, como objetos, para que fueran criados distinto que sus padres", afirmó a través de un sistema de videoconferencia, ya que un problema de salud le impidió trasladarse hasta la capital entrerriana para dar testimonio.
Su declaración había sido solicitada a raíz de un encuentro que tuvo en 2000 con Miguel Alberto Torrealday, uno de los dueños del Instituto Privado de Pediatría (IPP), al que fueron derivados los mellizos luego del parto en el Hospital Militar. Carlotto recordó que "el médico decía tener elementos importantes sobre el asunto" y en esa reunión le mostró los registros del establecimiento, en el que estaba consignado el ingreso de un bebé como "López, Soledad" el 4 de marzo de 1978 y otro como "López, NN" el 10 de marzo.
Tal como antes había manifestado Torrealday, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo señaló que "del pago se hizo cargo la persona que los retiró, cuyos nombres no figuraban en los libros de registro y el médico no recordaba".
Los médicos del Hospital Militar, en el inicio del juicio, fueron insistentes en afirmar que el varón tenía problemas respiratorios y que probablemente habría fallecido. Sin embargo, esto quedó casi descartado a partir de los testimonios surgidos a lo largo del debate y por el dato que figura en el registro del IPP sobre el egreso de ambos en fecha 27 de marzo.
También llama la atención que la nena ingresara antes al instituto privado. Sobre ese punto, Carlotto dijo que "el médico (Torrealday) suponía, en ese momento, que como la niña lloraba trajeron a su mellizo para que la acompañara, siendo que el varoncito no estaba muy bien de salud, y pusieron a los dos hermanitos juntos para sobrepasar la soledad en el lugar de internación".
Ante una consulta sobre las motivaciones que pudo tener Torrealday para entregar los libros de registro de ingresos y egresos del IPP, Carlotto estimó que "es como que tenía una necesidad moral de poner esa información en conocimiento de las Abuelas, como que quería sacarse un peso de encima de algo que conocía que había pasado en el instituto privado y mostró cargo de conciencia".
24 de septiembre de 2011
23 de septiembre de 2011
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otras revelaciones en caso raquel negro


Estela de Carlotto declaró por teleconferencia en el juicio por robo de bebés en Parana. La titular de Abuelas de Plaza de Mayo contó que en el año 2000 un médico del Instituto Privado de Pediatría de Paraná la llamó para contarle que en 1978 habían atendido a dos bebés que serían los mellizos de Raquel Negro, quien sigue desaparecida.
[Alejandra Dandan] Argentina. "Es sospechoso –dijo Carlotto– que desaparezcan datos que nos pueden llevar a los depredadores."
La imagen conectó durante una hora la sala del juicio por el Hospital Militar de Paraná con una pequeña sala del Consejo de la Magistratura de Buenos Aires. Ahí, Estela de Carlotto se sentó frente a una pantalla dispuesta a hablar sobre el encuentro que tuvo en el año 2000 con un médico del Instituto Privado de Pediatría de Paraná. El Instituto era una minúscula clínica privada que recibió durante la dictadura a hijos mellizos de Raquel Negro, a días del nacimiento. "Porque era uno de los médicos que estuvieron ahí, él suponía que la niña ingresó primero y como lloraba tanto trajeron a su mellizo para que la acompañara", dijo la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. "Como parecía que el varoncito no estaba muy bien de salud, por eso su ingreso fue posterior a la niña, deciden poner a los dos hermanitos juntos para superar de alguna manera la soledad en la que se encontraron en el lugar de internación."
El llanto, la soledad de esos dos bebés, y un cuadro que está cambiando con el avance de la causa: la enfermedad de aquel niño de la que hablan una y otra vez los testigos, que siempre puso en duda su supervivencia, es descartada por las querellas convencidas a esta altura del juicio que todos los testimonios aportan nuevas evidencias de que el niño vivió. El niño, que es el hermano de quien ahora es Sabrina Gullino, en tanto sigue desaparecido.
La reunión de Estela de Carlotto en el año 2000 fue con el médico Miguel Torrealday, uno de los cuatro dueños del Instituto Privado de Pediatría. Participaron él, una hija, Estela y entre otros la entonces abogada de Abuelas, Alcira Ríos. Mientras Estela declaró, los jueces, fiscales y querellas intentaban entender la fiabilidad del relato del doctor. Preguntaron por el libro de registros que él llegó a mostrarle. O desde cuánto tiempo antes tuvo esa información. No lo dijeron, pero: ¿por qué demoró tanto en contarlo? Estela, sin embargo, volvió a la vieja escena sin sospechas, se detuvo y explicó. "Yo lo que creo es que el médico estaba preocupado en dar a conocer ese dato para la búsqueda de identidad de estos chiquitos: lo que él quería, creo yo, era sacarse un peso de encima, decir que sabía algo que había pasado en un instituto al que él pertenecía y no podía obviar que el origen podía ser el de los niños buscados por las Abuelas."
Estela juró por "mi honor, por la patria, por Dios, que voy a ser veraz". Explicó que viajó a Paraná en 2000 porque se iba a exhibir una película de niños secuestrados durante la dictadura. "Y se me convocó a encontrarme con un médico pediatra", dijo. "El médico me dijo tener información importante sobre nuestra búsqueda y eran datos necesarios para nuestra tarea. Fuimos al Instituto Privado de Pediatría, cuando me expone que en 1978 habían llegado en diferentes fechas dos criaturas recién nacidas y cuyo origen y responsables, que están acreditados en el libro de actas de ese Instituto, era de origen militar. Fueron registrados una niña y un varón con pocos días de diferencia, seis días de diferencia, en el mes de marzo de 1978."
Después, los dos niños, dijo, "egresaron el mismo día". "El pago por los gastos de esos bebés los hizo la persona que los retiró, cuyo nombre no figura en los libros y el médico me mostró y me dijo que esos nombres también él los ignoraba." A Torrealday le llamó la atención la cobertura de los gastos porque "todos los demás recién nacidos eran asumidos por una obra social o tenían un origen claro –dijo Estela–, menos estos dos que eran provenientes del Ejército". Enterado, "supongo de la actividad de las Abuelas, facilitó las fotocopias del libro de ingreso y egreso que nosotros estudiamos con posibilidades de que sean los hermanitos buscados por las Abuelas". En diciembre de 2008, Sabrina recuperó su identidad. "Y estamos en búsqueda de su hermanito, su mellizo, que posiblemente nuevos datos ayuden a encontrarlo y devolverle sus derechos conculcados."
Miguel Torrealday era socio del Instituto. Ya declaró en el juicio, y también lo hicieron sus socios. Ninguno dijo haber sabido nada de los niños, un dato extraño para las querellas. Ana Oberlin es querellante de la causa. "El lugar es muy pequeño, tenía una capacidad máxima para ocho bebés, no era enorme, la sala era muy pequeña: los niños estuvieron 23 días la nena y 17 días el varón, en modo alguno pueden haber desconocido esa presencia si ellos además eran quienes atendían a los bebés, como dijeron las enfermeras, e ingresaban constantemente."
El juicio por los crímenes del Hospital Militar de Paraná, ahora centrado en la apropiación de los hijos de Raquel Negro y Tulio "Tucho" Valenzuela, suma nuevos datos cada día. El miércoles declaró bajo juramento Eduardo "Tucu" Constanzo, ex personal civil de inteligencia (PCI) del Segundo Cuerpo de Ejército, cuyo testimonio alguna vez fue clave para encontrar a la niña. Constanzo les pidió a los jueces que investiguen al oficial Paul Navone, que está muerto: "Háganle estudios de ADN al hijo y sobrino de Navone que vive en Casilda –explicó–, porque siempre se comentó que Navone tenía un hijo de desaparecidos o él o el hermano".
Una parte de las sugerencias de Constanzo se investigan hace tiempo en una causa paralela: todas las hipótesis son importantes, dijeron, por más descabelladas que parezcan. Más allá de Constanzo, el juicio aportó otros datos. Durante la instrucción se habían recogido pruebas porque varios ex empleados del hospital y del instituto se animaron a decir algunas cosas pero no explicaron demasiado: "En el contexto de este juicio –aclara Oberlin–, al participar y hablar en un escenario más ritualizado, salieron detalles que no teníamos hasta ahora y sin duda se abre con más fuerza la certeza de que el mellizo vive".
Hubo referencias precisas sobre cómo fueron esos primeros días de los niños. Quedó claro por los testimonios, por ejemplo, que si un niño moría, no se lo anotaba en los libros de egresos. Y una de las preguntas que se cree que los médicos del instituto deberían responder es qué paso con el niño, por ejemplo, desde el momento en que salió del Hospital Militar y entró al Instituto de Pediatría. Oberlin cree que durante esos seis días pudo haber sido operado por el problema de cardiopatía y cree que son los médicos quienes deberían saberlo. Otro de los datos que no cierran es un eje sobre los documentos. Una de las fiscales le preguntó a Estela de Carlotto si en aquel año 2000, el médico le dijo que habían perdido todas las historias clínicas en una inundación. Esa fue una de las explicaciones que él mismo dio durante la audiencia. "Es muy sospechoso –aceptó Estela– que desaparezcan datos que nos pueden llevar a perseguir a los depredadores."
24 de septiembre de 2011
23 de septiembre de 2011
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murieron quemados en una celda


Los cuatro chicos murieron quemados en una celda en Catamarca. Renunciaron el subsecretario de Seguridad y el jefe y subjefe de la policía catamarqueña. Dos fiscales pidieron investigar a las dos juezas de Menores que mantenían detenidos a los chicos. Dos de ellos tenían 15 años. La historia de la Alcaidía.
[Horacio Cecchi] Argentina. La cabeza política de la seguridad en Catamarca quedó acéfala, si es que esto fuera posible, y si es que no venía ocurriendo desde antes. El radical Eduardo Brizuela del Moral, gobernador catamarqueño, aceptó las renuncias del subsecretario de Seguridad, Luis Baracat; del jefe de Policía, Francisco Mercedes Soria; y del subjefe, Dionisio Amando Ahumada. Fueron consecuencia inevitable de las muertes evitables de cuatro chicos, calcinados en una celda de una Alcaidía que no estaba en condiciones de albergar a nadie, mucho menos a menores de 18 años. La reacción del Ejecutivo fue lerda. Brizuela aceptó las renuncias 11 días después del incendio, y cuatro años después de que el edificio fuera abierto para alojar a adolescentes sin medidas tan básicas como instalaciones contra incendios. La Alcaidía fue abierta como lugar de alojamiento de adolescentes en 2007. Si durante el propio gobierno de Brizuela siguió siendo un centro de detención contrario a la ley, la Convención de los Derechos del Niño, es dable pensar que no modificará nada en sus últimos tres meses de gestión.
El incendio tuvo lugar en la Alcaidía, sobre la avenida Colón, a menos de diez cuadras de la plaza central de Catamarca. Alcaidía porque se encontraba pegada a la vieja cárcel que fue trasladada al departamento de Capayán. La Alcaidía era utilizada como lugar de detención de procesados. En 1993, ya prenunciaba su inutilidad cuando fue escenario de otro incendio en el que murieron 13 detenidos sin condena. Sin modificaciones a la vista, desde 2007 pasó a ser un anexo de la Comisaría del Menor, donde eran alojados los menores de 18, legalmente sólo por unas horas, pero ilegalmente, como ocurrió con los cuatro jóvenes que murieron tras el incendio, detenidos entre una semana y 20 días, por orden judicial.
La gravedad del caso aumenta en relación inversa a la edad de los chicos fallecidos: el mayor tenía 17; otro, 16, y dos, a los 15 años, es decir, ni siquiera eran punibles, pero estaban alojados entre rejas. Los fiscales Juan Pablo Morales y Marcelo Sago secuestraron los libros de la comisaría y presentaron una serie de pedidos al juez de garantías José Antonio Carma, para que se investigue a las juezas de menores Ilda Figueroa y Ana María Nieto, quienes dispusieron la detención de las víctimas en la presunta Alcaidía. Lo que sigue es que Carma decida si corresponde solicitar un jury que quite los fueros a las juezas, para poder avanzar la investigación penal sobre la actuación judicial. Por otro lado, los fiscales sí están en condiciones de continuar investigando las responsabilidades directas y superiores. Posiblemente hoy puedan contar con el resultado de los peritajes de Gendarmería.
Tal como surge de los datos a la fecha, los chicos, que no debían estar alojados en sede penal (habían sido detenidos por hurtos) tenían problemas de adicción y no había personal capacitado para contenerlos. Por un motivo que por el momento se desconoce, iniciaron un reclamo que derivó en una protesta suicida. Según esos datos, a confirmar, trabaron el acceso a la celda, se cubrieron con colchones y prendieron fuego. Una versión dice que uno de los chicos amenazaba con incendiarse y un policía le dijo "animate" y le arrojó un encendedor. Otra versión sostiene que no se los revisó correctamente y ya contaban con el encendedor. Lo cierto es que penalmente no será posible responsabilizar a un aparatito que enciende fuego, ni a los chicos que lo encendieron, no por muertos sino por adolescentes. Más probable pareciera que el interrogante debiera fijarse en el lugar de alojamiento y, más arriba aún, en la política penal aplicada sobre menores de 18.
22 de septiembre de 2011
21 de septiembre de 2011
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