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víctima equivocada


Quisieron secuestrar a un testigo. Un vecino del comisario Cantelli, testigo en el juicio contra el juez Brusa de Santa Fe, fue llevado por desconocidos. Lo liberaron cuando se dieron cuenta del error.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. Dos desconocidos que se movilizaban en una camioneta intentaron secuestrar ayer a un comisario de la policía santafesina, Avelino Cantelli, pero se equivocaron de blanco y tomaron como rehén a un vecino de su misma edad y de gran parecido físico, a quien dejaron en libertad algunas horas más tarde. El martes, Cantelli había declarado como testigo en el juicio a los represores de la dictadura, entre ellos el ex juez Víctor Brusa, y acusó al ex gobernador Jorge Obeid por haber reciclado en la democracia a uno de los jefes del grupo de tareas que operó en Santa Fe: el ex encargado del Destacamento de Inteligencia Militar 122 Nicolás Correa, que estaba imputado en la causa, pero falleció en 2007. El Programa de Protección a Testigos del gobierno de Hermes Binner ya se comunicó con Cantelli y dispuso una custodia especial para él y su familia.
El intento de secuestro del ex comisario fue denunciado por su hija, Eugenia Cantelli, por la emisora LT10. "Mi papá tiene un vecino (en el barrio Las Flores I, un ex ferroviario de apellido Bianchi) que es muy parecido a él. A las 10 de la mañana, una camioneta lo secuestró. Le pusieron una capucha y lo llevaron. Lo pusieron boca abajo y le dijeron: ‘Quedate quieto Cantelli porque te matamos’. Pero después, uno de los secuestradores se dio cuenta de que no era mi papá al que habían secuestrado y lo dejaron abandonado en el Puente Negro", dijo Eugenia. "Este señor está enfermo y recién apareció a la siesta. Lo que pudo escuchar es que se comunicaban con otro grupo que daba una orden: ‘Déjenlo libre, vamos a seguir con el operativo", agregó.
Según relató Bianchi ante la División Judiciales de la Unidad Regional I, dos personas lo interceptaron en la esquina de Aguado y Don Guanela, en el norte de la capital santafesina, cuando esperaba un colectivo para trasladarse al microcentro. Los sujetos lo abordaron, lo encapucharon, lo subieron a una camioneta del tipo F100, color blanca o crema. Lo llevaron supuestamente a una casa, donde descubrieron que no era Cantelli y poco después lo dejaron libre. Inmediatamente intervino el Programa de Protección a Testigos del gobierno de Binner que dispuso una custodia especial para Cantelli y su familia.
Hasta anoche se carecía de información sobre los responsables de un episodio que puso en evidencia una capacidad operativa que inquietó a los testigos del juicio que se está llevando a cabo en la provincia. Desde la desaparición de Julio López, testigo en el juicio contra el comisario bonaerense Miguel Etchecolatz, las víctimas están en alerta.
El martes, Cantelli había declarado como testigo en el juicio a Brusa y a otros cinco policías (Mario Facino, Héctor "Pollo" Colombini, Juan Calixto Perizzotti, Eduardo Ramos y María Eva Aebi), pero sorprendió al acusar a Obeid por haber reciclado a Correa en su primer gobierno (1995/99), cuando lo designó asesor de seguridad y número dos de la Subsecretaría de Seguridad Pública, que estaba a cargo del teniente coronel José Bernhardt, otro experto en inteligencia militar que pasó por el Batallón 601.
En su declaración ante el Tribunal Oral que juzga a Brusa y compañía, Cantelli ratificó el rol de Correa en el aparato represivo de la dictadura. "Era un asesino", dijo. Y lo acusó por una bomba que le pusieron en la puerta de su casa, "pero que gracias a Dios no explotó". "Los militares eran una banda de delincuentes comunes", agregó.
Fue allí cuando cargó contra Obeid por haber reciclado a Correa en su primer gobierno como asesor de seguridad. "¿Si Correa era peligroso, por qué Obeid lo llevó al gobierno? ¡Que dé explicaciones! Y si es necesario y me tengo que carear con Obeid, me voy a carear. ¿Qué arreglo tenía Obeid con Correa? Si Obeid no es un delincuente que diga por qué lo tenía a Bernhardt", dijo. Y después interpeló a los jueces: "¿Qué van a hacer con Obeid y Correa?", les preguntó.
"Nosotros no tenemos la respuesta", contestó el presidente del Tribunal, Roberto López Arango. Pero su colega, Lidia Carnero, lo sorprendió con una propuesta: pidió que se cite a declarar a Obeid para "preguntarle qué antecedentes había consultado para llevarlo a Correa a la Subsecretaría de Seguridad. Hace al objeto procesal y a la investigación del plan sistemático de exterminio", dijo la magistrada.
López Arango no ocultó su molestia. "La presidencia no comparte su criterio. Si los querellantes o la acusación pública lo hubiesen considerado pertinente lo hubieran solicitado antes. No comparto la petición y la rechazo", le dijo a Carnero. Los fiscales y querellantes convalidaron con el silencio.

–¿Entonces, por qué me llaman a mí? –se quejó Cantelli.
–Si usted tiene alguna cosa contra Obeid denúncielo en el lugar que corresponda, éste no es el lugar para hacer la denuncia –se enojó López Arango.

26 de noviembre de 2009
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papelones y fallidos


Audiencias en Santa Fe.
[Juan Carlos Tizziani] Argentina. Papelones y fallidos mecharon ayer el juicio a los represores de la dictadura. Arrancó la defensora oficial Judith Didier que defiende al ex jefe de la comisaría 4ª, Mario Facino y se olvidó que había propuesto como testigo en la causa al ex chofer del comisario, José Dalmacio Vázquez, quien después estuvo preso dos años a disposición del Poder Ejecutivo, acusado por pasar una carta de una detenida política. Siguió otro defensor oficial, Fabio Procajlo, que asiste al ex juez Víctor Brusa y parece tan obsesionado con las acusaciones de los esposos Daniel García y Alba Sánchez que llegó a preguntarle a Vázquez si había visto al matrimonio detenido en la 4ª a fines de 1977 cuando en ésa época el policía estaba preso en la cárcel de Coronda. "Perdón, perdón", se disculpó Procajlo. Y el murmullo ganó la sala de audiencias. Cerró el abogado Claudio Torres del Sel, defensor de otro imputado, el comisario Juan Calixto Perizzotti, que llamó a declarar al sacerdote Héctor Rucci porque su cliente había dicho que visitaba a los detenidos políticos en la Guardia de Infantería Reforzada, entre 1977 y 1978. El cura lo desmintió: dijo que se había ordenado en 1979 y que nunca fue a la GIR. El abogado se puso colorado, mientras algunas sonrisas se dibujaron en la contraparte.
La audiencia ayer concentró los testimonios de los dos policías y el cura. Comenzó el comisario Ricardo Ferreyra (en la foto), que sucedió a Facino al frente de la 4ª, donde operaba un grupo de tareas del Area 212. Siguió Vázquez, quien se desempeñó como chofer de Facino y fue detenido en enero de 1977 por llevar una carta de una presa política a la familia. Y cerró el padre Rucci. Lo curioso es que Ferreyra dijo que se desempeñó como jefe de la seccional 4ª "desde fines de 1977 hasta mediados de 1980". Facino se ha cansado de decir que él dejó el cargo en la 4ª diciembre de 1976 cuando fue ascendido a jefe del Comando Radioeléctrico. Entre la versión de uno y otro quedaba un bache de casi un año, pero nadie marcó esa contradicción: ni querellantes, ni fiscales ni jueces. Hasta que le tocó el turno a Vázquez. "¿En qué período estuvo Facino como jefe?", le preguntó la defensora oficial.
Hasta fines de 1976. Después vino Ferreyra contestó Vázquez.

¿Y cuándo asumió Ferreyra?
No recuerdo, pero tiene que haber sido a fines de 1976 o principios de 1977 afirmó Vázquez. Otro desmentido. Ferreya había dicho que asumió el cargo a fines de 1977 y el ex chofer dijo que fue doce meses antes. El testimonio de Vázquez comenzó con el olvido de Didier. El presidente del Tribunal, Roberto López Arango dijo que el testigo había sido ofrecido por la defensa y por lo tanto podía comenzar con las preguntas. Didier y Gastaldi se miraron. "Yo no lo ofrecí", dijo la defensora oficial.

¿Y quién lo ofreció? -preguntó López Arango que optó por tapar el bache con un clásico: cedió la palabra al Ministerio Público. "Que empiece a preguntar el fiscal?", dijo el juez. Vázquez no entendía nada. ¿Usted se desempeñó en la seccional 4ª? le preguntó el fiscal José Ignacio Candioti.
Sí, entre 1975 y 1976 contestó el ex chofer. A esa altura, López Arango ya había confirmado que Vázquez era testigo de la defensa, así que Didier siguió con las preguntas.

La audiencia de ayer dejó a la vista la obsesión de otro defensor oficial, Fabio Procajlo, con los García. Uno de los acusados por el matrimonio es su defendido Brusa. Procajlo le preguntó a Ferreyra si había visto a los García detenidos en la comisaría 4ª a fines de 1977.
No recuerdo le contestó el comisario.

Y después le repitió la misma pregunta a Vázquez. El silencio se hizo pesado. Hasta que uno de sus colegas le susurró por lo bajo que el policía fue detenido en enero de 1977 y que a fines de ese año estaba preso en Coronda. "Perdón, perdón", se disculpó Procajlo. Y pareció hundirse en la silla. Otro papelón.
El cierre le quedó a Torres del Sel, el defensor de Perizzotti, que convocó como testigo al padre Rucci. Perizzotti había dicho en el juicio que Rucci era uno de los curas que visitaba a detenidos políticos en la Guardia de Infantería Reforzada.

¿Entre 1977 y 1980 donde cumplió su misión pastoral? le preguntó el abogado.
Yo me ordené en 1979 le contestó Rucci. Le faltó decir que en esa época no era sacerdote.

¿Y en el ’77 y ’78, siendo seminarista, concurrió a la GIR? trató de acomodar el defensor.
No, lo cortó Rucci.

¿Tuvo relación con Perizzotti?
No, lo conocí después concluyó el cura. Torres del Sel ya estaba colorado.

26 de noviembre de 2009
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la cárcel clandestina de avenida francia


El Tribunal Oral Federal inspeccionó ayer la ex Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu. Olga Moyano, Ramón Verón y Juan Rivero -tres sobrevivientes del centro de detención- mostraron a los jueces los distintos lugares donde estuvieron alojados; la sala de torturas y el patio donde se produjeron los simulacros de fusilamiento.
Argentina. Los miembros del Tribunal Oral Federal Nº 1 de Rosario se trasladaron ayer hacia el predio de la ex Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu de avenida Francia al 5000, donde funcionara un centro clandestino de detención durante la dictadura. En el lugar tres sobrevivientes de aquel campo de concentración mostraron a los jueces en qué condiciones estuvieron secuestrados. Olga Moyano, Ramón Verón y Juan Rivero ingresaron alrededor de las 11.30 al predio de la ex Fábrica, donde hoy funciona la Jefatura de Policía de Rosario. Los tres sobrevivientes de aquel horror, estuvieron acompañados por los jueces, la fiscalía, los abogados defensores de los represores y de las querellas, así como varios testigos de la causa Guerrieri-Amelong.
En una jornada con alta temperatura, los sobrevivientes mostraron a los jueces los distintos lugares donde estuvieron alojados, la sala donde los torturaron, el baño donde eran conducidos, el patio donde se produjeron los simulacros de fusilamiento. Señalaron también las modificaciones del lugar, como paredes que no estaban, techos que eran mas altos o pisos que eran diferentes.
Verón indicó la habitación en la que se despidió de Hilda Cardozo, quien era su compañera y que está desaparecida desde aquellos días. "Aún hoy con las sandalias puedo sentir el piso donde nos abrazamos por última vez", expresó Verón conmovido.
Hace algunos días dos testigos relataron ante la justicia federal el martirio que debió soportar Cardozo: los sobrevivientes del centro clandestino cordobés La Perla, declararon en la causa Guerrieri-Amelong, y relataron haber compartido su cautivero allí con Hilda, donde llegó con signos de haber sido torturada. Ambos testigos remarcaron que "nunca habían visto una persona en tan mal estado, su cuerpo todo llagado: tenía sus pechos quemados con cigarrillos y hasta tenía heridas de puntazos en su vientre", dijo Carmen Perez Sosa.
Los testigos relataron "que se evidenciaba en el cuerpo de Hilda por las lastimaduras que tenía un ensañamiento pocas veces visto". Además, Pérez Sosa declaró que "Hilda pudo decirles que los métodos de tortura que aplicaron en ella estando en Fábrica Militar no fueron tan aberrantes como en La Perla".
Por su parte, la testigo Olga Moyano, -que vestía una remera con los rostros estampados de Hilda Cardozo, Susana Miranda y Ariel Morandi, tres desaparecidos de ese centro- también le confirmó al TOF1 que ese era el mismo suelo que ella recordaba de sus días de encierro. Además reconoció la habitación donde la llevaron a colocarle una inyección a Ariel Morandi otro de los secuestrados en Fábrica, también desaparecido , tal como lo relatara en su testimonio brindado semanas atrás en las sede del tribunal.
Luego fue el turno de Juan Rivero, concejal y querellante, quien luego de ser asistido por un problema de presión, explicó cómo se orientaba en el lugar y porque pudo reconocerlo fácilmente, ya que "vivía a pocas cuadras de la fábrica".
Los jueces, la fiscal y abogados de la querella efectuaron distintas preguntas que fueron respondidas con precisión por los sobrevivientes. La recorrida finalizó cerca de las 12.30.
Más temprano fue el turno de Amelong quien llegó acompañado por su defensor Galarza Azzoni. El represor había solicitado la medida "para garantizar su derecho a la defensa".

26 de noviembre de 2009
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ruta de la tortura


Los lugares donde se torturó y mató. Rearmaron el circuito donde tuvieron a los cautivos.
Argentina. El primer centro de detención al que se dirigió la comitiva judicial en la mañana de ayer fue la escuela Magnasco, de Zeballos y Ovidio Lagos, lugar al que fueron trasladados los detenidos de la Quinta de Funes luego de que el militante Tulio Valenzuela, que había sido llevado a México para asesinar a la cúpula de Montoneros , se fugara de sus captores y denunciara la maniobra tramada por el general Leopoldo Galtieri. Costanzo señaló que ingresaron "en autos y un camioncito" por la entrada de vehículos que da a Ovidio Lagos y que usaron el lugar porque "Bertoti era hombre del 121", en referencia al ex director de la escuela. Costanzo indicó el lugar donde estaban ubicados los detenidos y recordó que "las condiciones se endurecieron allí. Estaban tabicados, no los llevaban al baño y hacían sus necesidades en tachos o baldes, que estuvieron al menos un mes allí, que del traslado y de todas las actividades allí participó todo el grupo operativo: Guerrieri, Amelong, Fariña, Pagano, Marino González, Aldo, entre otros", según revelaron las abogadas de Hijos, Ana Oberlin y Nadia Shujman.
El represor agregó que desde ese lugar los detenidos fueron trasladados a la quinta la Intermedia, propiedad de la familia Amelong, y remarcó que "todo el grupo operativo estuvo, primero en la Calamita, y luego en Funes, Magnasco, La Intermedia y la Fábrica de Armas".
En tanto, en la Quinta de Funes, Costanzo reconoció el predio como el lugar donde estuvieron luego de La Calamita, y señaló el sitio donde pusieron a los detenidos y donde se ubicaba el grupo operativo. En este sentido Costanzo contestó que "Negro, Dri y Valenzuela estaban aparte", y que "la custodia la hacía Gendarmería de civil".
Costanzo también contó que pusieron rejas en las ventanas donde dormían los detenidos, ubicó el lugar donde estaba el teléfono, dentro de la casa principal, donde atendió el llamado del diario mejicano Uno más Uno.
El último lugar de la recorrida fue el centro clandestino de detención y torturas de Granadero Baigorria, La Calamita. Allí Costanzo rememoró que llegó en junio julio de 1977. "Allí había varios de los detenidos que después fueron llevados a la Quinta", explicó el represor. Preguntado otra vez por Hijos, Costanzo dijo que "Dussex y Toniolli habían estado aquí", que "aquí se interrogaba".
El Tucu refirió que a los detenidos "se le sacaba información por medio de tortura, que el que hacía los interrogatorio era el Barba", y que "en un momento hubo entre 80 y 100 detenidos que estaban tabicados, todos juntos en dos habitaciones, sin colchones, tirados en el piso".
Costanzo repitió que allí mataron a 17 personas, luego se llevaron 23 y los mataron en Monje, y que el militante comunista "Tito Mezziez estuvo allí en un sótano".

25 de noviembre de 2009
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sobre la protección política


Pidieron que se cite a Obeid.
[Juan Carlos Tizziani] Argentina. La protección política de los represores de la dictadura y su reciclaje en la democracia quedaron a la vista en el juicio al ex juez Víctor Brusa y compañía. El Tribunal Oral discutió en la audiencia de ayer la posibilidad de citar al ex gobernador Jorge Obeid para que explique por qué designó como asesor de seguridad de su primer gobierno al ex encargado del Destacamento de Inteligencia Militar 122, Nicolás Correa, imputado en la causa, pero fallecido en 2007. "El señor Obeid debería ser citado para que explique qué antecedentes tuvo en cuenta para designar a Correa. Hace al objeto procesal y a la investigación del plan sistemático de exterminio", dijo la jueza Lidia Carnero. Pero el presidente del Tribunal, Roberto López Arango, rechazó el pedido. "La presidencia no comparte su criterio. Si los querellantes o la acusación pública lo hubiesen considerado pertinente lo hubieran solicitado antes. No comparto la petición y la rechazo", retrucó el magistrado. El silencio de la sala se hizo tan pesado que ni fiscales ni abogados querellantes se animaron a romperlo con una moción de apoyo a la jueza.
Correa fue uno de los tres militares que zafaron del juicio (los otros eran el ex comandante del Área 212, coronel Juan Orlando Rolón que falleció hace una semana y el ex jefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122, coronel Domingo Manuel Marcellini). Y uno de los más denunciados. Seis testigos lo reconocieron como el torturador de "la voz pausada" que se hacía llamar ‘el Tío’ en el centro clandestino donde estuvieron secuestrados. Y uno de ellos, Luis Eduardo Baffico, lo identificó por otro apodo: ‘Nicola’ y dijo que era "el jefe o el encargado" del chupadero donde permaneció encapuchado y encadenado durante 20 días.
La cobertura política a Correa ya se planteó hace un mes cuando declaró una de las querellantes, Anatilde Bugna. Correa fue asesor de seguridad de Obeid en su primer gobierno (1995/99) y operó como número dos del ex subsecretario de Seguridad Pública, teniente coronel José Bernhardt, otro experto en inteligencia militar que prestó servicios en el Batallón 601. En ese entonces, otro de los imputados en el juicio, el comisario Héctor ‘Pollo’ Colombini era jefe de Drogas Peligrosas. "Tuvimos varias entrevistas con el ministro (de Gobierno, Roberto) Rosúa, donde hablamos sobre Correa y Colombini. A Colombini lo pasaron a retiro, pero sobre Correa nos dijo que le lleváramos pruebas. Y las pruebas eran nuestro testimonio", dijo Bugna.
Ayer, otro testigo en el juicio, el ex comisario Avelino Cantelli, ratificó el rol de Correa en el aparato represivo de la dictadura. "Correa era un asesino. Y si Obeid lo tenía a su lado era igual que él", tiró Cantelli. Y calificó a los militares como "una banda de delincuentes comunes".
En sus recuerdos de la dictadura, Cantelli relató que dos militares a los que sólo identificó por el grado ("un mayor y un capitán") le propusieron unirse a la contrainsurgencia a cambio de compartir el botín de guerra. "Les dije que no, que yo a los subversivos los combatía, pero no los torturaba ni los robaba". El incidente llegó a oídos del ex jefe de la Unidad Regional I, Néstor Cirilo Silva, quien lo llamó a su despacho para reprocharle su respuesta a los represores. "Me dijo que me cuidara, que era un mal ejemplo para la policía. ’Tené cuidado que los militares son peligrosos’. Si, eran peligrosos para robar", ironizó Cantelli.
Pero después de la negativa comenzaron las represalias: un atentado con explosivos en su casa, un intento de secuestro y la cesantía en su cargo de jefe de Robos y Hurtos, una dependencia policial en la que trabajó durante 20 años. "Si algo tengo que agradecer a Dios es que no explotó la bomba y que no me pudieron secuestrar. En esa época, estábamos al borde de la muerte".
Cantelli acusó a Correa por el atentado. "Correa y otro delincuente (el ex sargento del Ejército ya fallecido, Eleodoro Jorge) Hauque me pusieron la bomba. El le dio la orden a Hauque. Y gracias a Dios, la
bomba no explotó", dijo. Pero su familia quedó muy afectada. "A mi mujer y a mi hija les agarró un ataque de pánico" que les dejó secuelas hasta hoy.
Fue allí cuando Cantelli cargó contra el ex gobernador. "¿Si Correa era peligroso, por qué Obeid lo llevó al gobierno? ¡Que dé explicaciones! Y si es necesario y me tengo que carear con Obeid, me voy a carear. ¿Qué arreglo tenía Obeid con Correa? Si Obeid no es un delincuente que diga por qué lo tenía a Bernhardt", dijo. Y después interpeló a los jueces del Tribunal: "¿Qué van a hacer con Obeid y Correa?", les preguntó.
Nosotros no tenemos la respuesta -contestó Lopez Arango. Pero su colega, Lidia Carnero, lo sorprendió con una propuesta: pidió que se cite a declarar a Obeid para "preguntarle qué antecedentes había consultado para llevarlo a Correa a la Subsecretaría de Seguridad".
López Arango no ocultó su molestia. "La presidencia no comparte su criterio. Si los querellantes o la acusación pública lo hubiesen considerado pertinente lo hubieran solicitado antes. No comparto la petición y la rechazo", le dijo a Carnero. Los fiscales y querellantes convalidaron con el silencio.

¿Entonces, porque me llaman a mí? -se quejó Cantelli.
Si usted tiene alguna cosa contra Obeid denúncielo en el lugar que corresponda, este no es el lugar para hacer la denuncia -se enojó López Arango.

25 de noviembre de 2009
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secreto no muy bien guardado


La medida judicial que se desarrolló ayer permitió conocer la quinta, propiedad de la familia Amelong donde fueron asesinados 14 militantes políticos en la última dictadura. El imputado Eduardo Costanzo detalló cómo y dónde se realizó la matanza.
[José Maggi] Argentina. La Intermedia ya no es más una historia oculta: los secretos que guardaban sus paredes ganaron ayer la luz cuando la comitiva judicial que acompañó a Eduardo Costanco reveló la forma en que fueron asesinados 14 militantes políticos en la última dictadura. Ayer la casa quinta propiedad de la familia Amelong, que fuera convertida por el teniente Daniel en centros clandestinos de detención y exterminio, fue inspeccionada por los miembros del Tribunal Oral Federal Nº 1, junto a fiscales y querellantes. En la misma jornada fueron visitados otros tres centros clandestinos: la Escuela Magnasco, la Quinta de Funes y La Calamita.
El operativo tuvo un amplio despliegue de efectivos a bordo de seis combis Mercedes Benz pertenecientes a Gendarmería, más un micro con medio centenar efectivos de apoyo, más móviles de Policía Federal, Prefectura, y policía provincial además de agentes de tránsito.
Los efectivos se esmeraron en evitar el mínimo acercamiento de la prensa -en rigor, sólo un equipo de este diario y uno del Ministerio de Cultura provincial- bajo la severas y estrictas medidas dispuestas por el presidente del TOF 1 Jorge Venegas Echagüe, quien puede exhibir orgulloso en su curriculum vitae haber hecho desalojar la sala de audiencias del juicio cuando un grupo mostró fotos de sus familiares desaparecidos. "Es por la seguridad de Costanzo", repitieron ante cada reclamo de este equipo periodístico, argumento que pareció ceder ante el apetito de Venegas Echagüe que decidió comer un sandwich e hizo detener al convoy con Costanzo a bordo de una combi en la estación de servicios YPF ubicada frente a la propiedad allanada en La Ribera. Costanzo estuvo detenido allí casi dos horas a la sombra.
En la Intermedia, Costanzo mostró el lugar donde se hizo "la comida del final", de los detenidos traslados de La Calamita, y señaló la disposición de las mesas, indicó que "ellos (por los secuestradores) estaban en una, tapando la salida", y "los detenidos en otra". Luego recordó lo que ya declaró en su momento: "Después de comer, les quisieron dar whisky envenenado. Solo bebió María y se descompuso. Guerrieri estaba del lado de afuera y les hablaba por la ventana. Les dijo a los detenidos que los quería ver Jáuregui, que no le hablen de Perón porque lo odiaba, porque había estado preso en esa época. Desde allí los hicieron salir uno por uno, hacia otra construcción más precaria, la de los caseros. Los fue matando Rodolfo Isach, de dos disparos. Después los pusieron en la galería, antes les habían tapado los agujeros de las balas, les decían que era por los aviones. Y los envolvieron en frazadas. Cuando Jauregui los vio, volvió vomitando".
Costanzo declaró además que "a María Amarilla (Raquel Negro) la trajeron en el baul de un auto, muerta, atada de pies y manos con alambre. La habían llevado a Paraná para dar a luz a sus mellizos.
La parte edificada de la Intermedia es una construcción muy pequeña y precaria. Frente a las preguntas de la querella de Hijos, el Tucu dijo que Negro "no tenía ninguna atención especial, la cuidaban sus compañeras" y que "estaban muy apretados y hacinados".
Hugo Armando Correa, es el casero de la quinta de Amelong. "Me contrató Miguel Amelong", confiesa. Fue "hace siete meses", cuando llegó desde la localidad chaqueña de Duratti."Mi tarea es cuidarle toda la casa, y que no les falte nada", explica. Hugo se muestra sorprendido por la historia que encierra esta propiedad, y que conoció hace solo 20 días. "Nunca nadie me dijo nada. Ahora sé que en la casa los torturaban y en la casa donde vivo ahora los mataban", expresa.
La propiedad de los Amelong tiene un ingreso trasero por la cocina, y desde allí se accede a un comedor con un pequeña pieza, con una vieja escalera de madera atada con alambre por la que se llega a un altillo. Allí dormían los detenidos que eran parejas", recordó Costanzo.
Hugo confiesa además que no cobra sueldo alguno de los Amelong, y sólo tiene el beneficio de vivir sin pagar nada en la propiedad de unas veinte hectáreas. En el fondo hay un tractor y un viejo Jeep carrozado, de la década del setenta. "En la misma pieza donde duermen mis hijos, este hombre contó que mataron a cuatro, por lo menos, y que los apilaron en el pasillo", recuerda el casero.

25 de noviembre de 2009
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se inicia juicio por trata de blancas


Se iniciará mañana, en la localidad de Eldorado, Misiones, por el caso de dos adolescentes. Las víctimas habían sido reclutadas mediante engaños y llevadas a un prostíbulo, de donde escaparon. Los cuatro acusados podrían recibir hasta quince años de prisión, según la ley aprobada el año pasado. El jueves comienza el segundo juicio, en Santa Fe.
[Mariana Carbajal] Argentina. Mañana comenzará en la localidad misionera de Eldorado el primer juicio oral y público en el país por trata de mujeres para explotación sexual desde la sanción en abril de 2008 de la ley que tipificó el delito federal. La causa se abrió a partir de la denuncia de dos adolescentes, una de 16 y otra de 18 años, muy pobres, que habían sido reclutadas bajo engaño en Paraguay y llevadas a un prostíbulo en un pequeño pueblo de la zona centro norte de la provincia, de donde lograron escapar. Los imputados son cuatro, dos hombres y dos mujeres, una de ellas, la que regenteaba el burdel. Podrían recibir hasta 15 años de cárcel. Un día después, en Santa Fe, se iniciará otro juicio oral contra una mujer acusada de reclutar adolescentes en barrios marginales de los alrededores de la capital provincial, una de las cuales, de 14 años, permanece desaparecida.
La casualidad quiso que ambos procesos orales –el de Santa Fe será a puertas cerradas– tengan lugar en la semana en que se celebra el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. La trata es una expresión de ese flagelo. Los dos casos muestran, de acuerdo con la investigación judicial, cómo operan las mafias que convierten a mujeres jóvenes, a veces, niñas, en esclavas sexuales: las reclutan bajo engaño, las "ablandan" violándolas, las amenazan con lastimar o herir a familiares y las introducen en un sistema de explotación por el cual siempre están en deuda con el proxeneta.

Los Cuadernos
El juicio en Misiones estará a cargo del Tribunal Oral Federal de Posadas. Pero se llevará a cabo a 193 kilómetros de la capital provincial, en la localidad de Eldorado. Los magistrados así lo dispusieron para facilitar la concurrencia de los testigos. Uno de los imputados es Roque González, paraguayo. Está acusado de haber reclutado en Ciudad del Este a dos adolescentes de un barrio muy pobre de esa ciudad paraguaya. Les prometió, según ellas declararon luego, un trabajo como meseras en un bar. El sueldo con el que las tentó muestra claramente la situación de vulnerabilidad social en la que se encontraban: apenas 100 pesos la quincena. Tenían estudios primarios. La instrucción judicial estableció que González las ingresó ilegalmente a la Argentina, en balsa por el río Paraná a la altura de la localidad de Wanda, y allí se las entregó a Carlos Francisco Loureiro y a su pareja, Dora Beatriz Raballo, quienes las llevaron a un local nocturno del pueblo de Andresito, en el centro norte de la provincia, con habilitación municipal como bar pero que funcionaba como prostíbulo. El burdel, de acuerdo con la instrucción judicial, estaba regenteado por Noemí Helfiftaich.
A los pocos minutos de llegar al bar, el 27 de octubre de 2008, las dos adolescentes paraguayas se dieron cuenta de que no iban a servir las mesas sino a los "clientes-prostituyentes". Un día después, se escaparon. Según contaron, gracias a la ayuda que les dio una pareja, pudieron tomar un micro con la idea de regresar a sus casas. Efectivos de Gendarmería detuvieron el vehículo para hacer un control de rutina, y ellas contaron cómo habían llegado allí: una de ellas no tenía documento. Hicieron la denuncia en el Escuadrón de Gendarmería de Eldorado. Y el 15 de noviembre de 2008 la Justicia ordenó un allanamiento en el burdel: encontraron otras cuatro menores de edad y dos jóvenes de 22 años, que también eran víctimas de la explotación sexual. Del local secuestraron "cuadernos precarios" que daban cuenta de que las mujeres no se quedaban con dinero de los "servicios sexuales" que ofrecían y que cobraban entre 30 y 50 pesos. Siempre estaban en deuda dado que tenían que pagar por la habitación, la comida, el agua y la limpieza del cabaret. "Todo está anotado", confió a este diario una fuente cercana a la investigación. "Era el sistema para limitar su libertad ambulatoria. Las mujeres no estaban encerradas. Las dejaban salir pero si llegaban tarde les cobraban multas de 30 a 100 pesos. Siempre estaban debiendo dinero", describió la fuente.
Los cuatro imputados están detenidos. González, Loureiro y Helfiftaich están imputados del delito de trata de menores de edad, que tiene penas que van de 10 a 15 años. A Raballo se la acusa de ser partícipe secundaria. La fiscal ante el Tribunal Oral es Vivian Barbosa. Igual que su par de Santa Fe, Martín Suárez Faisal, cuentan con el asesoramiento de la Unidad Fiscal Especial en materia de trata de personas (Ufase) de la Procuración General de la Nación, a cargo de Marcelo Colombo.

Desaparecida
El jueves empezará el segundo proceso oral por trata de mujeres. El Tribunal Oral Criminal de Santa Fe dispuso que se haga a puertas cerradas porque involucra a una chica de 14 años, pero paradójicamente la adolescente, Carolina F., no declarará porque permanece desaparecida desde principios de este año, cuando se escapó de un hogar del gobierno provincial, la Casa de la Joven, adonde la Justicia había dispuesto su alojamiento. Su nombre y fotografía están en la página web de la organización Missing Children junto a otros ‘Chicos Perdidos’.
El juicio tiene como única imputada a Julia Núñez, acusada de reclutar a la adolescente en un barrio muy pobre de Coronda y a otra joven, de 19 años, en otro asentamiento del Gran Santa Fe. Núñez sería el primer eslabón de una red de trata que operaría con un prostíbulo de la localidad bonaerense de América, partido de Rivadavia, cerca de Trenque Lauquen.
La investigación se inició en la ciudad de Coronda, el 9 de enero de este año, con la denuncia de la madre de Carolina por búsqueda de paradero de su hija. Después la Justicia encontró indicios para establecer que Núñez se habría presentado en el barrio y la habría convencido para que entregara a la niña, entonces de 13 años, para trabajar como empleada doméstica, a cambio de 400 pesos. Después reclutó a la muchacha de 19 años en Recreo. Según su relato, Núñez la habría llevado a su casa en Santa Fe, donde habría sido violada por un hombre. En rueda de presos lo identificó: señaló a un preso de la cárcel de Las Flores, condenado por homicidio pero con salidas transitorias, a quien finalmente el juez federal Nº 2 Francisco Miño le dictó falta de mérito, aunque sigue siendo investigado. La violación sería parte de un ritual de "ablandamiento" de las víctimas. Luego, la joven habría sido entregada a Juan Ramón "El Pollo" Rojas, quien la habría llevado al cabaret de la localidad bonaerense de América. La muchacha contó que estuvo un día con Carolina en el local. Que a ella también la engañaron porque pensaba que iba a trabajar como empleada doméstica y que la amenazaron con atentar contra su hija de 2 años si no se prostituía.
La segunda joven llegó al burdel en momentos en que en Coronda se denunciaba públicamente la desaparición de Carolina. Por lo que Rojas habría decidido llevar a la niña de vuelta a Santa Fe. El 19 de febrero, Carolina se presentó espontáneamente ante el Juzgado de Menores a cargo de Susana Giordano de Bilicich. No acusó a Rojas. La Justicia dispuso su alojamiento en la Casa de la Joven, de la Subsecretaría de Niñez y Adolescencia de Santa Fe. De allí se escapó y desde entonces se desconoce su paradero. Rojas estuvo prófugo durante varios meses y recién fue detenido semanas atrás: por esa razón no llega al juicio en este primer proceso. Núñez podría ser condenada a entre 10 y 15 años de prisión, por ser una de las víctimas menor de edad.

24 de noviembre de 2009
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prostituida con complicidad policial


Estefanía R. fue contactada con la promesa de un trabajo como mucama en Córdoba, pero apenas llegó la llevaron por la fuerza a un prostíbulo en Marcos Juárez, y luego pasó por otros. Siempre había policías de alto rango entre los clientes.
y en la madrugada de ayer fue rescatada. Su testimonio resulta escalofriante. Estefanía R. se llama la víctima, que accedió a hablar en exclusiva con Rosario/12. Hija de un ex combatiente de Malvinas y oriunda de Posadas (Misiones), la joven estaba visitando a su novio en la Patagonia cuando decidió buscar trabajo por Internet. Subió su curriculum a la red y rápidamente obtuvo una oferta para trabajar como mucama en el un hotel de la ciudad de Córdoba. Pero todo era un engaño. Tan pronto pisó la estación de ómnibus sus supuestos patrones la obligaron a subirse a un vehículo y tras abusar sexualmente de ella la internaron en un prostíbulo de Marcos Juárez, al límite con Santa Fe. Pasó por distintas localidades hasta que el escuadrón de Gendarmería Rosario-Victoria la encontró en el prostíbulo El Clásico, de Las Rosas. "Me obligaban a atender hasta diez tipos por noche, había muchos policías", narró la joven entre sollozos. La pareja que es propietaria del lugar quedó detenida y hay otras dos personas prófugas.
Estefanía es morocha, de ojos marrones, cabello largo y sonrisa joven. Tiene apenas 18 años y acaba de ser liberada de una red de trata de personas que la mantuvo cautiva. "Cuando anoche llegó Gendarmería y escuché mi nombre no lo podía creer. Estaba contenta, quería volver a casa a abrazar a mi familia", contó.
La connivencia del poder político y policial de las distintas localidades por las que fue pasando está implícita en el relato de la víctima. Estuvo en cuatro pueblos y en todos la realidad fue la misma: los abusos se repitieron noche tras noche sin que nadie le tendiera una mano.
Todo comenzó el lunes 14 de septiembre, cuando llegó a Córdoba con la ilusión del primer empleo tras finalizar la escuela secundaria: "Había dos tipos de unos 30 años esperándome -recordó . Pusieron las valijas en un auto color plateado y me pidieron que les entregara toda mi documentación, mi celular, todo. Yo pregunté por qué, si eso lo tengo que tener yo. Y uno me respondió: porque no vas a trabajar en un hotel, ahora vas a ver. Yo no sabía que hacer".
Según explicó el Jefe del Escuadrón de Gendarmería Rosario-Victoria, el individuo que la secuestró y la obligó a prostituirse en distintas localidades del interior de Córdoba y Santa Fe sería Nicolás Valliani, de 28 años. Un hombre de nacionalidad italiana, radicado en Las Rosas, que está prófugo.
Estefanía R. relató cómo vivió los primeros días del tormento: "En ese auto me llevaron a Marcos Juárez, donde estuve tres días. Me decían que tenía que trabajar pero yo no quería (se queda en silencio). Entonces me pegaron y abusaron de mí. Tuve que trabajar. En ese lugar había ocho o nueve chicas, pero todas eran más grandes que yo y por lo que supe no estaban obligadas. Por esos días hubo un allanamiento pero el tipo pagó y no se supo nada".
El relato sigue: "Después de ahí me llevaron a Amstrong, donde estuve una semana. Me iban trasladando de un lugar a otro para que no me descubrieran. De ahí pasamos a Sastre, en Santa Fe, donde me llevaban todas las noches a distintos boliches con diferentes dueños. Ahí sí estuve con chicas de mi misma edad, pero casi no hablábamos porque todas teníamos miedo. Un día me animé y le conté al encargado de un local lo que me pasaba, le pedí ayuda. Pero el tipo después llamó al que me llevaba y le dijo que yo había soltado todo, que me sacara de ese lugar porque él no quería problemas. Ya había estado más de un mes en ese pueblo. Por noche atendía a cinco o diez tipos, muchos eran policías".
Esa fue la única puerta que intentó abrir Estefanía. A esa altura estaba desesperada. Podía hablar con su familia y con su novio de vez en cuando, pero siempre con el proxeneta custodiándola y obligándola a mentir. "Cada vez que quería decirles algo, me quitaba el teléfono y me pegaba", recordó. De todas formas, su novio había tomado nota de que algo extraño sucedía y radicó una denuncia en una comisaría de Comodoro Rivadavia pidiendo que investiguen.
Tras el pedido de auxilio en Sastre, la represalia contra la joven fue mayor. "Cuando él supo que yo había hablado me golpeó fuerte y me dijo que si volvía a hablar me iba a reventar toda, que iba a sufrir las consecuencias. El tipo no estaba sólo, viajábamos con la mujer de él", describió.
Huyendo de ahí, llegaron a Las Rosas, donde Valliani la encerró en El Clásico, un prostíbulo que según cuenta Estefanía, era frecuentado muy a menudo por policías de alto rango que la sometieron sexualmente. "Estuve varias semanas con otras cinco mujeres. Ellas trataban de preguntarme, de ayudarme, pero yo tenía miedo de que me mataran así que mentía, decía que él (por el proxeneta) era mi pareja, que yo tenía que hacer ese trabajo por necesidad, disimulaba, inventaba cosas para que ellas no supieran", cuenta mientras se despinta las uñas con la yema de los dedos visiblemente angustiada.
La pareja propietaria de El Clásico fue detenida durante el procedimiento de Gendarmería, a cargo del Jefe de Escuadrón Dardo Herrera. Se trata de Stella Maris Aguirre y su esposo Ernesto Omar Llanes, ambos residentes de Las Rosas. En tanto, el proxeneta Valliani y su concubina que aún no fue identificada siguen siendo intensamente buscados por la policía.
La joven resume los últimos dos meses y medio en dos palabras: "Un infierno". Su paso por centros de explotación sexual le dejó una huella indeleble y la seguridad de que en este negocio hay demasiados intereses en juego. "No estoy tranquila porque él tiene cómplices, tiene gente alrededor que lo protege", aseguró. Y dejó una reflexión que tal vez sirva de advertencia: "Les digo a otras chicas que buscan trabajo que se fijen bien, que revisen los datos y no vayan solas".
Durante los próximos meses estará asistida por un equipo interdisciplinario compuesto por dos psicólogas y una asistente social pertenecientes a la Oficina de Protección a las Víctimas, que depende del Ministerio de Justicia de la Nación.
La trata de personas es la tercera actividad ilícita más lucrativa en el mundo. Afecta a unos dos millones de personas cuyas vidas nunca vuelven a ser las mismas y en la mayoría de los casos quedan atrapadas bajos esas redes delictivas, sin poder recuperar su identidad.
Pero más allá de las estadísticas y los procedimientos, está ella, una adolescente desgarrada en el silencio de una oficina pública. En su rostro de dolor y de espanto, se replican miles de otros rostros que no podemos ver.

24 de noviembre de 2009
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