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prosigue despenalización


Dos nuevos fallos a favor de la despenalización. Dos nuevos fallos de la Cámara Federal declararon inconstitucional el segundo párrafo del artículo 14 de la llamada ley de drogas, que criminaliza la tenencia de estupefacientes para consumo personal, y dispusieron el sobreseimiento de los imputados.
Buenos Aires, Argentina. En sendas resoluciones, difundidas hoy por el Centro de Información Judicial (CIJ), las Salas I y II del tribunal de apelaciones concluyeron que no debe aplicarse esa norma que reprime con prisión de un mes a dos años a quien tuviere drogas cuando "por su escasa cantidad y demás circunstancias surgiere inequívocamente que la tenencia es para uso personal".
El fallo dictado por la Sala II benefició a un joven detenido al salir del Barrio Rivadavia, en esta Capital, en cuyo poder se incautaron dos envoltorios con marihuana que, sostuvo, eran para su consumo personal.
Esa circunstancia fue aceptada por los camaristas que entendieron que esa conducta "no trascendía a terceros". En otra resolución, la Sala I también sobreseyó a un hombre que el 6 de noviembre de 2008 estaba en el parque Tres de Febrero "manipulando" un envoltorio con 34,54 gramos de marihuana, también para su propio consumo.
En todos los casos los camaristas revocaron procesamientos dictados por los jueces federales Ariel Lijo, Marcelo Martínez de Giorgi y Claudio Bonadío y decretaron los sobreseimientos con la expresión de que las causas "no afectan el buen nombre y honor de que hubieren gozado" los imputados.
Las resoluciones se inscriben en la moderna corriente doctrinaria -sobre la cual la Corte Suprema se expedirá próximamente- que desincrimina la tenencia de drogas para consumo personal en base a lo dispuesto por el artículo 19 de la Constitución Nacional.
Ese texto establece que "las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados".

18 de mayo de 2009
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policías con memoria selectiva


En el juicio oral y público por la desaparición de Floreal Avellaneda. Los ex miembros de la Bonaerense respondieron con evasivas. Uno será investigado por falso testimonio, pero quedó libre. Igual, terminaron admitiendo operativos conjuntos con el Ejército.
[Adriana Meyer] Argentina. Los policías que declararon en el juicio por el secuestro de Iris y Floreal Avellaneda sufrieron una súbita pérdida de memoria porque a casi todas las preguntas respondieron "no me acuerdo". Uno de ellos llegó a negar haber declarado antes, a pesar de que sus precisos dichos constan en el expediente. Aunque la fiscalía y la querella pidieron su arresto por haber incurrido en falso testimonio, el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín ordenó que se investigue si cometió ese delito pero lo dejó ir en libertad. De todos modos, otros dos testigos reconocieron la existencia de operativos conjuntos entre la policía y el Ejército, y uno de ellos señaló al imputado Alberto Aneto como uno de los jefes de la comisaría de Villa Martelli donde Iris y Floreal fueron torturados. "Los militares habían tomado las comisarías", dijo. La actitud inflexible de la presidencia del tribunal volvió a ser motivo de queja de la querella. A esa parte y a la fiscalía les preocupa que la jueza Lucila Larrandart limite las preguntas al hecho concreto, sin permitir las referidas al contexto histórico. Según pudo saber Página/12, esta actitud del tribunal está orientada a un estricto "resguardo del debido proceso", y en ese marco, del derecho de defensa de los represores acusados.
En la sexta jornada del juicio oral y público contra los represores Santiago Riveros, Fernando Verplätsen, Osvaldo García, César Fragni, Rubén Harsich y Alberto Aneto, declaró el ex policía Alberto Jorge Guzmán, quien dijo que en 1976, por ser inexperto, sus funciones en la comisaría de Villa Martelli eran "limpiar y cebarle mate al comisario". A poco de comenzar su declaración empezaron a aparecer contradicciones con la que había prestado en 1985, cuando había apuntado a salir airoso del trámite dando detalles sobre las directivas de sus superiores en los operativos represivos. En aquella oportunidad había hablado de la existencia de detenidos comunes, pero el viernes cuando el representante de la Secretaría de Derechos Humanos, Ciro Annicchiarico, le preguntó al respecto contestó con evasivas. Interrogado sobre la existencia de militares en la sede de la comisaría tras el golpe militar dijo que no lo recordaba. La mayoría de las preguntas siguientes obtuvieron la misma respuesta. La fiscalía intervino para plantear que ante las "evidentes contradicciones" correspondía su procesamiento por falso testimonio. Annicchiarico consideró que por tratarse de un falso testimonio en el marco de una audiencia de juicio oral el testigo debía ser detenido.
Luego de un cuarto intermedio, el tribunal determinó que no se advertía "flagrancia" en el delito, por lo cual no correspondía su detención inmediata. Pero informó al juzgado de turno sobre la posible comisión de delito por parte de Guzmán. Los jueces consideraron que el ex policía no había dicho algo diferente a lo anterior, sino que no se acordaba. Aunque en un tramo Guzmán negó haber declarado antes, los magistrados interpretaron que se refería a una declaración similar a la de ayer, ante un tribunal en proceso oral y público. Para la parte acusadora, el Código Procesal Penal es claro en cuanto a que correspondía que fuera preso. Los querellantes están convencidos de que otra hubiera sido la actitud de los siguientes testigos si Guzmán salía esposado de la sala.
El ex policía Ernesto Lúpiz Rodríguez dijo que los militares solían ir diariamente a la comisaría para averiguar "novedades del tema subversivo" y aseguró que el entonces comisario Ferreño recibía directivas de los militares en cuanto al "combate contra la subversión". Lúpiz Rodríguez habría participado del secuestro de María Angélica Sabelli, una de las víctimas de la masacre de Trelew y miembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Pero, cuando el querellante abogado Carlos Zamorano quiso preguntarle al respecto, la jueza Larrandart no se lo permitió.
Pánfilo Leiva, otro ex policía, reconoció al imputado Aneto como jefe de calle en la comisaría de Villa Martelli durante la dictadura, y agregó que comandaba operativos con personal de esa dependencia. La existencia de estos procedimientos fue confirmada por otro testigo, el policía David Bosch. En la audiencia de hoy declararán otros uniformados de la Bonaerense.
"Los abogados de la fiscalía, de la Secretaría de Derechos Humanos y querellantes están preocupados por una serie de hechos que exceden el maltrato, y que llevan al extremo la idea de que se están juzgando delitos individuales. Digo esto porque se negaron a aceptar preguntas que apuntaban a demostrar que la comisaría de Villa Martelli era un centro clandestino, sólo permiten las que se refieren estrictamente a lo sucedido con Iris y Floreal", se quejó José Schulman, de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, querellante en el juicio. "El intento de restringir las preguntas a un caso concreto nos inquieta, como si lo que sucedió fuera que seis malos se llevaron a dos buenos, los secuestraron y desaparecieron a uno, mientras que las preguntas que tienden a establecer cuál fue la finalidad de todo, su contexto histórico, porque todo delito tiene una motivación, y más en estos hechos cuando hubo plan predeterminado y sistemático, no son aceptadas", se lamentó otra de las partes. De todos modos, estos son los mismos jueces que admitieron como prueba el Plan del Ejército contribuyente al Plan de Seguridad Nacional y el documental ‘Escuadrones de la muerte’, la escuela francesa, de la investigadora Marie-Monique Robin.

Desde el tribunal argumentan que no permiten abordar temas que "no tengan nada que ver con este juicio" porque, sostienen, es su deber "resguardar el objeto procesal". Aunque los magistrados dicen comprender "el dolor de las víctimas", entienden que los "límites" que ponen apuntan a garantizar la posibilidad de defensa de los acusados.

18 de mayo de 2009
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el secuestro de haroldo conti


Marta Scavac relató el secuestro de su marido, el escritor Haroldo Conti. El relato de las seis horas que duró el operativo en la casa del poeta. La discusión de dos militares sobre qué hacer con el bebé de tres meses y la decisión de llevarse el televisor. Las amenazas, los golpes y la despedida.
[Alejandra Dandan] Argentina. "Yo sentí que si tenía alguna posibilidad de salvar a mi hijo era ésa", le dijo Marta Beatriz Scavac al Tribunal Oral Federal 5. Dos militares acababan de discutir en su casa qué iban a hacer con su hijo de tres meses. "¡Es mío!", decía uno. "¡No, es mío porque es rubio y blanco, se puede conseguir muy buena guita y esta vez me toca a mí!." La ex mujer del poeta, escritor y periodista Haroldo Conti había presenciado minutos antes el secuestro de su esposo. "Quizá Dios, el destino o esa cosa extraña que tiene la vida –explicó– hizo que en ese momento uno de los dos militares de pronto viera el televisor que se habían olvidado de cargar."
Scavac describió la noche del secuestro de Haroldo Conti en el marco del juicio oral de la causa contra el represor Jorge Olivera Rovere, jefe de la subzona Capital Federal y de cuatro ex jefes de áreas militares porteñas. Su relato se concentró casi exclusivamente en lo que sucedió durante las seis interminables horas del secuestro. "Dicen que cuando la justicia llega tarde no es justicia –dijo al final–, pero de todas maneras, dada la situación que atravesó nuestro país, qué bueno que llegó este momento." Y agregó: "Esta circunstancia me llevó a perderlo (a Conti) y a pedir permanentemente ¿dónde están?".
El 4 de mayo de 1976 ella regresó con Conti a su casa a la 0.05 después de una función de cine. Adentro los esperaban su hija de siete años dormida y el bebé de tres meses de los dos. Estaban juntos desde hacía cinco años. Conti había sido profesor de Literatura de Marta, a esa altura taquígrafa y trabajadora de la revista Crisis.
En esos días, alojaban a Juan Carlos Fabiani, a quien Marta presentó como alguien que necesitaba esconderse en su casa, como hacían otros perseguidos políticos. Marta se acuerda de todos los detalles, como si hubiesen ocurrido ayer. Señaló la preocupación insistente de los represores por el dinero, por los objetos que se iban llevando y los que dejaban destruidos. En medio de la embestida, encontraron, por ejemplo, un tarrito sobre la biblioteca donde ella había guardado unos doscientos pesos de hoy para el regalo de cumpleaños de Conti. "Me llamó la atención –dijo ella– la alegría que tenían cuando lo encontraron."
En la casa, Marta detectó voces de cinco o seis personas. Ella estaba maniatada con corbatas y la cabeza tapada por dos camisas. Adentro la patota se dividió: unos con Conti y otros con ella. Durante varias horas no pudo escuchar a sus hijos. Los gritos del interrogatorio a Haroldo que llegaban desde el otro lado de la casa potenciaban su desesperación. "No me acuerdo tanto las preguntas sino el sadismo." A ella la golpearon, la tiraron al piso, "me tiraron toda la ropa, teníamos unas campanitas de distintos países, me rompieron contra el cuerpo y cuando vieron unas boyas marineras que teníamos colgadas dijeron que eran una bomba: ‘Vamos a probar con la cabeza de ella’" Y la apretaron contra la pared. Le dieron nombres. Se enojaron porque no los conocía. Y se pusieron locos, dijo, cuando descubrieron en su cartera notas de taquigrafía.
"Eran apuntes de una nota que estábamos haciendo en la Isla Paulina del Delta", dijo. "¿Qué es esto?", le preguntaron. Ella se los explicó pero uno de ellos le advirtió que lo estaba tomando por tonto. "Fue agresivo y muy cobarde: me puso el taco arriba de la cervical, se retorcía en los huesos mientras me decía que mi cabeza iba a pasar rodando por la 9 de Julio." Después de una nueva patada en el riñón derecho, intervino el que hacía de bueno. "Ya la voy a hacer hablar cuando la llevemos", escuchó.
Enseguida, el otro la condujo a un cuarto para someterla psicológicamente. Desde que estaba con Conti, el escritor había escrito La Balada del Alamo Carolina y la novela Mascaró el cazador americano, impregnadas de su paso por Cuba. "Yo era una apasionada de la obra de Haroldo y lo ayudaba pasando en limpio los borradores y Mascaró está de alguna manera dedicada a mí, pero en la dedicatoria él no puso ‘para’ sino ‘con’ Marta, pero no es eso lo que creo que los molestó sino la novela." El interrogador parecía un hombre formado, que sabía de letras; preguntó por la novela y le reprochó a ella haber ayudado. En ese contexto también preguntó sobre Cuba. Marta le dijo que también había estado en Estados Unidos, pero le respondieron que no era lo mismo, que "Cuba es un país comunista".
Rompieron papeles y se toparon con la máquina de escribir. La muerte de una tía de Chacabuco, su pueblo, le provocó a Conti un sacudón emocional. Por eso se había puesto a escribir el último cuento que todavía estaba en la maquina. "Por favor, no lo rompa", pidió Marta. "Le expliqué de qué se trataba ese cuento." El papel quedó intacto en la máquina.
"Estamos en guerra", le dijo un integrante de la patota. "`Y acá somos ustedes o nosotros y no hay que dejar siquiera la semilla`, me dijeron y eso no lo voy a olvidar nunca más."
Pasaron horas, una persona le avisó que iban a llevar a Haroldo a un interrogatorio y volvían, pero ella pidió despedirlo. La llevaron a otro lugar, ella no veía nada pero de pronto sintió cerca la voz de Haroldo que le preguntó cómo estaba. "Y yo me desespero –dice– porque no puedo verlo y no puedo tocarlo, no me puedo acercar a él, le pregunto cómo está y me dice: ‘Estoy bien, no te preocupes’. A pesar de las dos camisas, yo tenía una parte de la cara descubierta. Haroldo me da un beso justo en ese lugar y en ese momento me di cuenta de que él no estaba encapuchado, y grito desesperadamente que no se lo lleven." Uno la tiró contra la cama, le puso un arma en la cara y le dijo que se callara.
Escapó con sus dos hijos por una ventana. Consiguió un taxi para ir a la casa de sus padres y ese mismo día fue a la revista desde donde hicieron denuncias internacionales. Los medios locales no publicaron nada. Sólo lo hizo el Buenos Aires Herald. Días después, la mujer buscó al cura Leonardo Castellani, nacionalista y amigo de Conti, pero no consiguió nada del encuentro del dictador Jorge Rafael Videla con Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato. Lo mismo sucedió con la denuncia internacional de Gabriel García Márquez. Por lo que supo después, Conti pasó las dos primeras semanas en Campo de Mayo y luego lo llevaron al Vesubio. Un relato dice que Castellani alcanzó a verlo. Estaba mal, y le dio la extremaunción.

14 de mayo de 2009
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mejor ser puta


"Mejor ser puta que limpiar baños de las señoras". Significaciones subjetivas del ejercicio de la prostitución. El autor advierte que "la prostitución no tiene el mismo valor y el sentido para todas las mujeres que la ejercen", y presenta el caso de una joven que vivía en una villa del conurbano bonaerense.
[Sergio Rodríguez] Argentina. Cuando se trabaja en casos extremos, la subjetividad del psicoanalista es fuertemente conmovida en función de sus propias historias. En este caso, se trata de una jovencita de una de las villas grandes del conurbano. Allí la conocí y trabajé con ella. Tenía 18 años, parecía mayor, ya era una belleza, una de esas chicas que no se puede dejar de mirar cuando pasan. Cuando la presenté, en un relato de la práctica en Psyche Anudamientos, la llamé Fermina, debido a una historia de mi propia familia. Mi padre tenía una prima, Fermina, que era corista del Maipo y prostituta de alto nivel. Me acuerdo de las visitas a la casa de ella, era un departamento bien puesto en el centro. Vivía con Marcial, que era un señor imponente. Era el amante de turno. Me llamaba la atención, yo tenía 5 o 6 años, que en mi casa, donde todos eran gente muy moral, fueran a la casa de ella a reuniones que eran muy cordiales; había una amistad. A veces ella venía a visitarnos en la pensión donde vivíamos. Para mí no existía el oficio más antiguo, yo no tenía idea, para mí era una bailarina del Maipo que yo nunca había visto bailar y que vivía con ese señor que nadie decía que fuera el esposo. Era todo un enigma para mí. Por esa prima de mi padre le puse ‘Fermina’ a esta chica.
Y me sucedió que, cuando quise escribir sobre la chica que llamé Fermina, no podía acordarme del nombre verdadero. Y eso que estuve en relación con ella un año entero, el año pasado. Además, no era una muchacha que pasara desapercibida ante mis ojos. Entonces, ¿por qué no me puedo acordar?, me pregunté. Sólo pude recordar su nombre cuando me acordé de que es el de otra familiar mía, jovencita también, de 16 años, muy querida. Eso me llevó a pensar en otro caso con el que trabajé en la villa, un muchacho con el que yo me había encariñado mucho, que está tomado por el paco, de vez en cuando roba, pero es un buen pibe. Y con él también me pasó lo mismo, no podía acordarme de su nombre. Me acordé: se llama Mariano; mi hija se llama Mariana. Me di cuenta de cuánto me cuesta soportar que chicos muy próximos a mí tengan los mismos nombres que estos chicos con destinos tan tristes. Bueno, me parece importante tener presente cómo nos conmueven estos casos, para discernir en qué se nos facilita o se nos dificulta trabajar.
Mi encuentro con Fermina ocurrió la primera vez que fui a la villa, a una reunión con su familia en la que supuestamente ella hubiera estado: estuvo de un modo muy particular; nos pasamos toda la reunión bajo un griterío infernal desde la calle. Los hermanos, cuñados y la madre salían a cada rato a separar gente que se estaba peleando. Yo, que era novato, no tenía idea de lo que estaba pasando. Le pregunté a mi compañero, el pastor: a él le habían dicho que Fermina, la hermana menor, se estaba peleando.
Fermina no entró a la casa y la única explicación que dieron fue que era "muy peleadora"; que habían pasado unas chicas por la vereda de enfrente y le habían gritado algo que nadie sabía, muy probablemente "puta". En encuentros posteriores ella no se incorporaba al grupo pero entraba y salía de la casa una y otra vez; era su forma de hacerse ver. Era soberbiamente altiva y despreciativa, desde su reciente belleza adolescente.
En esa casa, la mayor parte de las aberturas no tenían marco, ni qué decir puertas: algunas tenían cortina, otras ni eso. La única puerta era la del baño y la de calle; el resto, agujeros. Paredes descascaradas. Pegadas en las paredes, láminas de River, algún santo, algunas vírgenes. Y, también, una sola foto: la de ella. Una bella foto, aunque desteñida. En una de las reuniones, la madre, quejándose amargamente, dijo, sin que esto sorprendiera a sus otros hijos, que Fermina había sido la única de los cuatro que ella había querido tener. También decía que a los seis años, o sea, un año antes de empezar a cartonear, como Fermina le reclamaba que quería conocer al padre, ella le había dicho quién era.
El padre vivía a una cuadra de la casa. Fermina se había presentado ante él para buscar, sin apelar a legalidades, que la reconociera como hija. El le había contestado que no tenía interés en ser padre de ella y que, además, tampoco estaba seguro de si lo era o no. La madre tenía registrado que el rechazo del padre le había producido a la piba una herida terrible. Y que desde entonces se había hecho tan cocorita y peleadora. En las reuniones de familia, mucho giraba alrededor de acusarla. Lo hacían todos, la madre, los hermanos, las hermanas, los cuñados: que no era colaboradora, que no cocinaba nunca, que no lavaba, que era egoísta, que les robaba algún peso para tarjetas de celular, que se había ido de la primaria sin terminarla.
Los hermanos decían que era la protegida de la madre. La madre decía que el problema era que la chica andaba en malas compañías. Otra acusación era que se quedaba a dormir en la casa del novio: no era una crítica moral, sino que les molestaba que se quedara ahí para eludir las tareas de la casa. Los códigos de la villa no son los mismos que los de otros sectores sociales. El novio de Fermina era estudiante en la Universidad Tecnológica Nacional; venía de una familia de clase media baja, marginal a la villa.
Un día me pidió venir al confesionario. El "confesionario" era el auto del pastor, donde yo los atendía de a uno. Vino después de un día que la habían "gastado mucho", según ella, y tanto el pastor como yo intervinimos para parar la cuestión. Fermina participó de esa reunión que era muy grande, ya que estaba muy acongojada porque el novio la había dejado, ergo, había llegado la hora de la venganza para los hermanos y hermanas que ahora podían burlarse y hostigarla. La categoría de "malos y buenos" no sirve en el intento de entender qué sucede en las villas. Tampoco la de lo justo y lo injusto. Era evidente que en la familia todos la envidiaban porque se mantenía rebelde, linda, y tenía un montón de muchachos cortejándola. Incluso era evidente –a ojos de quien supiera leer en esas aguas– que el hermano mayor, el preferido de la madre, arrastraba deseos eróticos por la adolescente.
Esa familia está fundada en una historia de incesto. La madre no tiene claro si la hija mayor fue fruto de incesto con el padre o con el hermano: en el campo, donde vivía, tanto el padre como el hermano abusaban sexualmente de ella. Para hablar de esa hija, dice "me la traje de..." y nombra la provincia de donde vino. Nunca nombra al progenitor.
Y aquel hermano mayor le mete los cuernos a Bruma, su compañera embarazada; sigue en esa pareja por el hijo que viene y no porque esté enamorado. Fermina lo sabe. El también fue algunas veces al confesionario, donde, para explicar por qué no abortar, decía: "Porque soy el padre y me voy a hacer cargo de mi hijo". El padre de él y de otro hermano nunca se había hecho cargo de ellos.

Blasón de Putear
Fermina, en su entrevista en el confesionario, en medio de llantos, me cuenta que la vuelven loca los hermanos, con sus acusaciones y burlas. Casi no toca el tema del novio. Cuando lo hace, dice que ella le buscaba pelea todo el tiempo a él, tal como hace con los hermanos y con el resto de la gente del barrio. Cuando habla de la ruptura con el novio, se reconoce peleadora; después, siempre se reafirma inocente. Se hace evidente, y se lo digo, que, tras la parada de que castiga, busca permanentemente hacerse castigar. Le recuerdo las quejas de la familia sobre su falta de solidaridad y me dice que no es cierto, que ella trabaja de niñera por 150 pesos por mes por cuidar, nueve horas diarias, a los hijos de una vecina que sale a trabajar de mucama.
En ese punto, la sorpresa: me dice que está cansada, que la familia la acusa de que sale a putear –o sea, a trabajar de prostituta–. Defendiéndose, me dice: "¡Prefiero putear que ir a limpiar los baños de las señoras!".
Entonces recordé que su hermano mayor, en una discusión del grupo, cuando el pastor les había dicho que ellos trabajaban mientras los otros salían a robar, replicó: "Sí, ¿sabés cómo nos dicen en la villa a nosotros? Que somos los giles que laburan". Se advierte la relación entre las que van a limpiar baños y los giles que laburan, por un lado, y por otro los delincuentes y las prostitutas. Ahí caí en la cuenta de que ella, de "putear", hacía un blasón.
Para ella, "putear" no es un oficio. Tampoco es básicamente una cuestión de dinero. Le gusta el dinero, pero se trata de otra cosa. Se trata de que prefiere ser puta que ir a lavar los baños de las señoras. Para ella, otras serían giles pero ella no, ya que se animaba a ser puta en vez de limpiar baños.
Le señalé que entre mucama y puta había otras alternativas: mesera, empleada en una tienda, en un supermercado. Me contestó que no la tomaban para esos trabajos, lo cual era cierto. Ahí terminó la única sesión personal; nos separamos muy amistosamente. Siguió manteniendo conmigo un vínculo amable. Pasaba a mi lado y no me miraba con desprecio, me saludaba amable y respetuosamente. Pero no volvió nunca al confesionario, a pesar de algunas sugerencias mías y de la madre para que lo hiciera. Después pidió entrevista con una colega que actualmente me reemplaza en la villa (yo continúo en funciones de supervisión).
Intentemos una lectura conceptual de lo que se manifestó. Ese dicho y hecho, ser puta, le daba valor fálico, a diferencia de las otras, que quedaban en el lugar de restos, desechos, en el lugar de la mierda de los baños que limpiaban. Para ella, es un signo de distinción que le digan "sos una puta". Lo descifrado en términos de que ella no quiere ser un resto, como las demás. Por eso pelean. En la villa, un rasgo fálico y de virilidad muy evidente es ser capaz, como ellos dicen, de bancársela. Si les quieren pegar, hay que defenderse; si no, en la villa se deja de existir, se pasa a ser el maricón del lugar. Dicho de otra manera, donde los bienes materiales escasean para atribuirse valores fálicos, éstos provienen de cómo se ponga en funciones y en riesgo el cuerpo propio. Las zapatillas, las gorras de marca son blasones secundarios cuando se contraponen a otros valores fálicos: por ejemplo, "si tenés o no huevos". Y, en esta piba, si se anima a "putear" o no.
Cuando ella "putea", su cuerpo no es un simple resto: es algo que los hombres desean y pagan. Completamente distinto al de las otras, que lo ponen para limpiar la mierda de las señoras y cobrar unos "pesitos". En consecuencia, no es loco sino tributario de la razón fálica.
Claro, no es que esto sea así en todas las prostitutas. Estos pibes contaban de una, adicta al paco, que había parido una criatura y andaba por las casillas ofreciendo en venta al bebé por cinco pesos, para comprarse paco. Para esa chica la prostitución no tiene el mismo valor que para Fermina: ella es un desecho y el bebé es otro; nada tiene valor. Otro caso sufría, no por su profesión sino porque le iba mal con la familia. Se había enamorado perdidamente de ella, decía, una persona de mucha plata. Este hombre se quería casar con ella a toda costa, ella no. Quería seguir trabajando con él, pero no casarse. Su papá se enojaba porque no se casaba con ese hombre, ya que lo consideraba la oportunidad de su vida (la de él). Ella me dijo: "¿Se da cuenta? a mi padre lo único que le interesa es la plata". Le dije, demasiado prematuramente: "¿A vos te interesa alguna otra cosa?". Creo que eso la ofendió muchísimo. Mi error fue creerme que ella trabajaba sólo por dinero: ella también se restituía fálicamente haciéndose pagar para gozar con ella, por cadenas de hombres que la deseaban.

El autor es fundador de la revista Psyché.

14 de mayo de 2009
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congreso sin asesinos


Diputados, familiares de sus victimas y organismos de derechos humanos impugnaron la candidatura del represor Luis Patti.Reiteraron que el torturador carece de "las calidades exigidas por la Constitución e instrumentos internacionales de derechos humanos" para presentarse. Destacaron que aún no fue condenado porque hubo treinta años de impunidad. Es improbable que asuma.
[Diego Martínez] Argentina. Familiares de víctimas de la última dictadura, organismos de derechos humanos y diputados nacionales impugnaron ayer la candidatura del ex subcomisario Luis Patti, preso en la cárcel de Marcos Paz con procesamiento firme por delitos de lesa humanidad y a disposición del Tribunal Oral Federal de San Martín, que debe juzgarlo en los próximos meses. El represor se postuló para diputado nacional por la provincia de Buenos Aires como cabeza de una lista de duhaldistas, menemistas y miembros del Modín. La nueva candidatura del ex intendente de Escobar se produce después de catorce meses en los que el Congreso de la Nación no reunió el quórum necesario para tratar un proyecto de ley de la diputada Victoria Donda, de Libres del Sur, que inhabilita a imputados en graves violaciones a los derechos humanos a asumir en cargos públicos.
Las presentaciones ante la secretaría electoral nacional, a cargo del juez federal platense Manuel Blanco, fueron formuladas por los hijos del ex diputado Diego Muniz Barreto, las hermanas de Osvaldo Cambiaso y los hijos de Gastón Gonçalvez, los tres asesinados durante la dictadura en operativos vinculados directamente con Patti. Patrocinaron el pedido los abogados Ana Oberlin, de Hijos; Carolina Varsky, del Centro de Estudios Legales y Sociales, y Pablo Llonto. Por otra parte, lo impugnaron los diputados nacionales oficialistas Remo Carlotto y Diana Conti, y Emilio García Méndez, de Solidaridad e Igualdad, con el patrocinio de los abogados Luciano Hazán, María Laura Durandeu y María Eva Asprella.
A mediados de abril, los abogados de Patti solicitaron a la justicia electoral una "acción declarativa" que confirmara la idoneidad del represor para postularse a un cargo. El juez Blanco le negó el cheque en blanco y explicó que sólo podría pronunciarse en el caso de que Patti se presentara y la sociedad civil lo impugnara, como ocurrió ayer. Los escritos reiteran que el ex intendente de Escobar carece de "las calidades exigidas por la Constitución e instrumentos internacionales de derechos humanos" para presentarse como candidato y subrayan la obligación contraída por el Estado, a partir de la recomendación del Comité de Derechos Humanos de la ONU en 2000, para evitar que personas sospechadas de graves violaciones a los derechos humanos puedan acceder a cargos públicos. Destacan que la falta de una condena firme "debe evaluarse en el contexto de excepcionalidad argentino", donde la falta de investigación y sanción penal producto de las leyes alfonsinistas y los indultos menemistas "generaron un marco de impunidad y privación de justicia por casi 30 años". Los impugnantes detallan los hechos por los que Patti será juzgado, solicitan la producción de nuevas medidas y piden a Blanco que convoque a una audiencia pública para que los votantes "puedan ejercer su derecho con la debida información", tal como lo dispuso la Corte Suprema de Justicia.

Sus Señorías
Si bien las posibilidades reales de asumir como diputado son prácticamente nulas, los últimos antecedentes fueron favorables para el torturador. En 2007, con votos de Juan Carlos Hitters, Héctor Negri, Hilda Kogan, Eduardo Petiggiani, Federico Domínguez y Carlos Natiello, la Corte Suprema de Justicia bonaerense confirmó una resolución de la Junta Electoral que desestimó mecánicamente un planteo de familiares de víctimas de Patti para impedir su candidatura a la gobernación de la provincia. El candidato se presentó y obtuvo 171.667 votos, equivalente al 2,45 por ciento de los electores.
En abril de 2008, previo dictamen favorable del procurador general Luis Santiago González Warcalde, la Corte Suprema de Justicia de la Nación convalidó la decisión de la Cámara Nacional Electoral que había invalidado la exclusión del represor en la Cámara de Diputados en 2006. Ricardo Lorenzetti, Carlos Fayt, Carmen Argibay y Raúl Zaffaroni opinaron que el Congreso se había excedido en sus facultades de contralor y que no le correspondía realizar valoraciones sobre la idoneidad ética de sus miembros. Elena Highton de Nolasco, Enrique Petracchi y Carlos Maqueda, en disidencia, consideraron válida la exclusión en virtud de normas constitucionales y del derecho internacional de los derechos humanos, que obligan al Estado argentino a adoptar medidas para que responsables de graves violaciones a los derechos humanos no permanezcan ni ingresen a la función pública.
En la práctica, la decisión de la Corte derivó en la suspensión de la prisión preventiva de Patti durante ocho días. El 24 de abril a la madrugada, por 196 votos a favor, nueve en contra (PRO, Recrear, los demócratas mendocinos, dos radicales y un Paufe) y once abstenciones (ocho de la UCR y tres del Frejuli de Rodríguez Saa), Diputados aprobó el desafuero, privó a Patti de la inmunidad con la que pretendía burlar a la Justicia y la Cámara Federal de San Martín volvió a ordenar su detención.
Aun si la Justicia electoral mantuviera su criterio de ignorar los motivos de la impunidad, rechazara las impugnaciones y Patti fuera electo, es improbable que logre asumir. El Tribunal Oral Federal de San Martín, que aún no fijó fecha pero tendría previsto juzgar a Patti & Cía. cuando concluya el primer juicio por Campo de Mayo, debería en tal caso analizar los planteos de los defensores del policía para que consiga fueros y por ende impunidad. Aun si el TOF concediera el pedido, el desafuero se trataría en diciembre el Diputados.

Congreso en Deuda
El proyecto de Victoria Donda para inhabilitar a personas sobre quienes pesan graves sospechas de haber participado en delitos de lesa humanidad se presentó en marzo de 2008, pero nunca llegó al recinto. Debió tratarse en las comisiones de Asuntos Constitucionales, Justicia y, por último, Derechos Humanos y Garantías. Nunca llegó a discutirse en la primera, por falta de quórum. "Ahora estamos pidiendo una reunión conjunta de las tres comisiones, ya que es un proyecto consensuado, para tratarlo directamente en la próxima sesión", explicó ayer Remo Carlotto, que impugnó a Patti en 2005 y 2007.
El diputado explicó que "el proyecto está consensuado pero no pudo tratarse y carecemos de la legislación que impida que estos personajes se presenten".

–Si había consenso, ¿por qué no trató?
–Hay que preguntar a quienes tenían a cargo el tratamiento legislativo. Desde el Frente para la Victoria pusimos toda la voluntad, Gerónimo Vargas Aignasse y yo. En período preelectoral es complicado conseguir quórum, pero la decisión política está, es parte de la política de derechos humanos del Gobierno. Somos firmantes del proyecto, lo impulsamos, trabajamos para buscar una síntesis con otros proyectos. No se pudo aprobar, pero no lo vinculo a intencionalidad política del bloque sino al funcionamiento de las comisiones, a la dificultad para conseguir quórum. Pero el compromiso del Frente para la Victoria está.

13 de mayo de 2009
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azafata de los vuelos de la muerte


Una psiquiatra relató ante colegas que en la dictadura dopaba a víctimas de la represión antes de ser arrojadas al río de la Plata. Existe un video de la ex enfermera Silvia Patera cuando hace su confesión.
[Laureano Barrera] Argentina. Hace más de tres años, durante una reunión con su grupo de trabajo y reflexión, la psiquiatra Silvia María Patera ya no pudo soportar el peso de su pasado, y se quebró: confesó con pesadumbre que fue obligada por sus superiores a inyectar clorato de potasio (una sustancia adormecedora que afecta el sistema nervioso central) a detenidos clandestinos, que participó en vuelos de la muerte y que, según se sabría más tarde, fue partera de embarazadas secuestradas en nacimientos clandestinos. Sus colegas y ocasionales testigos de esa noche, se quedaron impávidos ante lo que oían. Ella acababa de relatar por segunda vez en 30 años de profesión sus difíciles inicios: su trabajo –desde febrero de 1976 hasta el fin de la dictadura– como enfermera en el Hospital Militar Central, y las cosas que allí había visto y vivido.
Seis meses después, y tras varios cruces con sus ex compañeros que querían aquietar lo oído, Osvaldo Hugo Cucagna –quien, paradójicamente, era el único que ya no estaba cuando Patera tomó la palabra– prestó declaración contando los hechos ante el Juzgado Federal 3, de Daniel Rafecas, que instruye la megacausa del Primer Cuerpo de Ejército.
Por criterios netamente procesales el juzgado no profundizó la pista: las dos líneas de investigación que se sigue apuntan a la reconstrucción de responsabilidades por cadena de mando y/o Centro Clandestino. La denuncia sobre la psiquiatra, sin militares involucrados y aislada de los circuitos represivos, no tiene todavía suficiente peso como para abrir otra línea de investigación sobre el Hospital Militar Central, donde no se han comprobado judicialmente el paso de detenidos ilegales ni partos clandestinos. Por otro lado, las fuentes judiciales deslizaron que su propia confesión no es una evidencia sólida para incriminarla. La declaración de Cucagna fue remitida al juzgado de San Martín que investiga la función del Hospital Militar de Campo de Mayo como maternidad clandestina.
El miércoles pasado en el Juicio por la Verdad de La Plata, el denunciante volvió a ventilar los detalles de esa distendida tertulia cuyas consecuencias para sus protagonistas son aún impredecibles. Hoy, por primera vez, los difunde Miradas al Sur.

Confesión Nocturna
Osvaldo Hugo Cucagna es docente de la cátedra de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, miembro de la red No a la Trata y del Centro de investigación de Medios de Comunicación y Semiología de la Vida Cotidiana (Ceims).
Durante la noche del 5 de abril de 2006 se reunieron ocho integrantes del Ceims en la casa de Noemí Focsaner, entre los que había tres psiquiatras, cuatro psicólogos y una licenciada en comunicación, para hacer un racconto íntimo de la huella que había dejado en sus subjetividades el Terrorismo de Estado. Había un motivo especial para hacerlo: visitaba a la dueña de casa una estudiante de cine francoamericana, Gabriella Kessler, que estaba en el país haciendo un reportaje sobre los 30 años del golpe de Estado para su tesis doctoral, y pidió filmar la reunión, sin sospechar que el fin de la noche deparaba un abrupto viaje al pasado. No sólo que todos los presentes estuvieron de acuerdo en que se registrara, sino que al retirarse firmaron una autorización para que la película pudiera ser exhibida, inclusive la ex enfermera. Uno a uno, comenzaron a exponer sobre el tema. Después de haberlo hecho, Cucagna se retiró a su casa. El reloj marcaba las 23.30.
A la mañana siguiente, María de los Ángeles López Geist, una de sus compañeras, lo llamó por "desesperada", para contarle el epílogo inaudito de la velada que había sido para él casi una terapia de grupo.
Era la segunda vez que Patera lo confesaba. La primera había sido en una reunión de psicodrama de Apsa (Asociación de Psiquiátras Argentinos), aunque para el auditorio, según Cucagna, "fue como si escuchara la lluvia caer".
La joven cineasta volvió a Europa con el material, no sin antes dejar tres copias del DVD. Imagen y sonido impecables. Según cuenta Osvaldo, los depositarios fueron Carlos Repetto, María de los Ángeles López Geist y la comunicadora Paula Morell. Con el tiempo, se convertirían en sus custodios más celosos.

El Grupo de los Siete
Las revelaciones de Patera causaron gran conmoción al interior del selecto clan confesor. Durante los primeros días, circularon entre sus azorados miembros con cierto afán, y hasta apoyaron la idea de hacer la denuncia. "Cinco de de los seis que estaban me confirmaron que eran ciertas", dice Cucagna. Pero pronto afloraron las diferencias internas acerca de cómo proceder con información tan delicada, y el ímpetu inicial se estancó. Casi todos eligieron callar, considerarlas un desvarío que emanaba de una psiquis atribulada. Fue el caso de Carlos Repetto, actual presidente del Capítulo de Medios y Vida Cotidiana de Apsa y director de la revista del Ceims, Sujeto mediático. "Insistía con que estaba desvariando", agrega el denunciante.
 "Les pedí que me mostraran ese video, pero no quisieron –evoca Cucagna–. Un día me llama María de los Ángeles para decirme que yo tengo derecho a ver el DVD y que me lo va a prestar. Cuando llegó me dice ‘no puedo, porque si te doy el DVD tengo que romper con ellos’, y no me lo entregó."
 Pese a todo, se resistía a adoptar la tesis autocomplaciente del simple exabrupto. Hizo la denuncia el 19 de octubre de 2006 en el Juzgado de Rafecas reproduciendo las confidencias de la ex enfermera, tal como se las habían contado. Se contactó con Kessler para que le enviara el original desde Londres. Lo hizo dos veces: una vez llegó roto, y la otra, sin sonido. Y contrató una joven hipoacúsica. "Con un trabajo muy paciente de lectura de labios, se pudieron decodificar fragmentos, y entre las cosas que larga dice que la llevaban a hacer partos a la cárcel."
El rol del Hospital Militar durante los años de plomo es un terreno aún poco explorado por los organismos de derechos humanos y los investigadores judiciales. Horacio Schiavo, jefe de la Maternidad del Hospital Militar Central durante la dictadura, testimonió en el juicio oral al ex gendarme Víctor Rei –en el que fue condenado a 16 años de prisión– que "cualquiera puede hacer un certificado (de nacimiento)… Lo firma uno, después se rompe y lo firma otro". Tanto este caso de Alejandro Sandoval Fontana, como en el de otras dos nietas restituidas, Claudia Poblete y Eugenia Sampallo, las partidas de nacimiento falsas fueron firmadas por Julio César Cáceres Monié, el fallecido jefe de Cardiología del hospital.

El Silencio Es Salud
El viernes por la tarde Miradas al Sur se comunicó telefónicamente con Patera para darle la posibilidad de dar su versión. Aunque se excusó, algo alterada, en que tenía "absolutamente prohibido hacer declaraciones sobre el tema", alcanzó a negarlo. Aquí, lo más sustancial del diálogo:
–Quería conocer su versión acerca de la denuncia que se conoció públicamente la semana pasada durante el juicio…
–De eso no voy a hablar. Esa información es una injuria contra mí. Todo es mentira. No tengo nada que ver con esos hechos que se dicen.
–Por eso quería hablar con usted, para que me diera su versión de los hechos.
–¿Y vos te atrevés a publicar una opinión con información que no es fidedigna?
–No es mi opinión, hay una denuncia judicial que la involucra…
–Ahora voy a colgar– dijo, antes de pedir que no volvieran a llamarla.
Por si la denuncia judicial de Cucagna ante el Juzgado Federal y la Cámara de La Plata, la entrevista periodística realizada posteriormente, las imágenes mudas de la reunión en las que se ve a Patera y su posterior lectura de labios y parcial decodificación por una hipoacúsica, no hubieran sido pruebas suficientes, este diario quiso chequear la información con una fuente más. Existía un cuarto DVD con el homenaje que psicólogos y psiquiatras iban a rendirle esa noche a las tres décadas de democracia. Era la filmación original, la de Gabriella Kessler, aquella por la que –luego de dos envíos truncos– Cucagna se había dado por vencido.
Valía la pena un nuevo intento, al menos por una consulta. El correo electrónico a Londres, donde reside Kessler, pedía la confirmación acerca del contenido del registro. Es decir, si esa inesperada confesión que una furiosa Silvia Patera hoy desmiente, que sus antiguos colegas silenciaron por cobardía o corporativismo, es real: si contó esa noche haber inyectado clorato de potasio a los desaparecidos, o haber participado en los vuelos de la muerte. Y Gabriella, la novena presencia en la casa durante la noche del 5 de abril, dispuesta a quebrar los códigos de silencio, contestó. Textual, su respuesta dice: "Puedo confirmar que en abril 2006, la doctora Silvia Patera dijo estas cosas sobre su pasado y que grabé esta conversación". Más adelante pide perdón por su castellano: "Olvidé mucho desde mi tiempo en Buenos Aires. ¡Espero que se entiende todo!".
Perfectamente, Kessler. Claro como el agua.

11 de mayo de 2009
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asesinato con dudas


Un tribunal absolvió a los cinco policías acusados de matar a Gastón Duffau. Cinco policías bonaerenses estaban acusados de torturar hasta la muerte a un joven en Ramos Mejía. Los jueces sostuvieron que no están seguros de las pruebas en su contra. Los absolvieron. Y ordenaron investigar al fiscal del caso.
[Emilio Ruchansky] Argentina. Los jueces Gabriela Silvia Rizzuto, Matías Mariano Deane y Javier Mario González les brindaron el beneficio de la duda y absolvieron ayer a los cinco policías que habían sido acusados de "tortura seguida de muerte" a Gastón Duffau. También pidieron investigar al fiscal que los acusó. El veredicto fue leído en una sala desbordada por efectivos policiales y familiares de los imputados, para quienes tanto la querella como la fiscalía solicitaron la pena de prisión perpetua. "Para los jueces nadie lo golpeó a Gastón, se golpeó solo, esto es una locura. Sobran pruebas para ponerlos presos pero la Justicia decidió defender a la corporación policial. Acaban de soltar a cinco asesinos", dijo el hermano de la víctima, entre llantos, a Página/12.
El sábado 23 de febrero del año pasado, en un McDonald’s de la localidad bonaerense de Ramos Mejía, Duffau habría tenido un brote psicótico y provocó un escándalo. El encargado de seguridad del local de comidas rápidas pidió auxilio luego de tener un altercado con él, pero la policía llegó antes que la ambulancia. Pasaron 40 minutos y Duffau, de 34 años, apareció muerto, con dos esposas puestas, en la guardia del hospital Luis Güemes en Haedo. La segunda autopsia verificó que en el cuerpo había 91 golpes o más.
Ayer, los jueces dieron por probado que la víctima falleció en el trayecto entre la comisaría segunda de Ramos Mejía y el hospital, pero aseguraron que "no se pudo acreditar si los encartados le aplicaron golpes a la víctima" y que las lesiones "no se encuadran en el mecanismo de la tortura". Dieron por cierto las versiones que indicaban que Duffau era un linyera y que habría tenido varias peleas callejeras por lo que ya estaría herido antes de entrar al local. Por eso absolvieron a los oficiales Luis Acuña, Leonardo Brandán, Natalio Denaris, Rubén Steingruber y Mauro Ponti. Además, los magistrados pidieron que se investigue al fiscal Guillermo Bordenave por supuestas irregularidades en la investigación y a Raúl Ferreira, el vigilador de McDonald’s, por presunto falso testimonio.
Mientras los asistentes esperaban la llegada de los jueces, la madre del oficial Ponti acusaba al guardia privado de haber golpeado salvajemente a Duffau. Mariano Duffau, el hermano de la víctima, sostuvo que el vigilador "es un policía bonaerense echado de la fuerza, yo sé que él también le pegó, pero no fue el único. Hay muchos testigos que dicen que mi hermano llegó vivo a la comisaría. Además, la autopsia dice que murió asfixiado, ¿me quieren decir cómo puede alguien ahorcarse a sí mismo con sus manos?"
Los hermanos Duffau se habían quedado huérfanos de padre y madre en menos de un mes en 1998. Hace 20 años, al padre de ambos, Carlos Alberto, había sido jefe justamente de la seccional que tuvo a cargo el traslado de la víctima. Los agentes no lo conocían a Gastón ni a su padre porque son oficiales jóvenes, subtreinta. La primera explicación que recibió Mariano, su hermano, es que la víctima había fallecido después de sufrir un accidente de tránsito cinco días antes. Cuando sus familiares vieron el cadáver, notaron los golpes repartidos por todo el cuerpo. Pidieron una nueva autopsia y supieron que tenía dos costillas fracturadas, hundimiento en la zona torácica y signos de estrangulamiento. Las heridas habían sido provocadas el mismo día de su muerte.
Los policías ensayaron otra versión de inmediato. Dijeron que estaba tratando de robar el local. Después aseguraron que tuvo "un ataque esquizoide o estaba borracho o drogado" y que habían tratado de ayudarlo. De hecho, ayer, había un cartel colgado de las vallas de seguridad frente al Tribunal Oral Criminal 5 de La Matanza con esta recomendación: "Compañeros policías. Este es un ejemplo, por quererle salvar la vida a un toxicómano se están comiendo un garrón. ¡Piensen antes de actuar! Hay que dejarlos que se mueran."
Los seis policías a cargo del traslado fueron detenidos después de la segunda autopsia. Walter Cesari, capitán de esa comisaría, y la fiscal Silvia Bregglia resultaron apartados de sus puestos. El primero fue imputado del delito de "incumplimiento de deberes de funcionario público" y la querella pidió dos años de prisión y cinco de inhabilitación. Ayer, este capitán y el médico policial Falomo Sileno, que intervino en la primera autopsia, fueron absueltos también. De los seis policías, cinco pudieron afrontar el juicio. Uno de ellos, David Mansilla, falleció en la cárcel. Lo encontraron ahorcado en su celda de la Unidad Penal 43 de La Matanza el 14 de abril del 2008, un día antes de la reunión privada que había pactado con el juez de Instrucción.
Para entrar a la sala donde se leyó la sentencia había que sortear a un policía munido de un detector de metales. Adentro había casi 40 policías de uniforme. Algunos estaban de servicio con su arma reglamentaria, otros no. Muchos de los familiares de los acusados son o fueron policías y hasta conocían ‘de chiquito’ a Gastón Duffau. El clima era, por lo menos, raro. En el pasillo, uno de los cuatro agentes especiales de La Plata enviados por el Servicio Penitenciario Bonaerense se acercó a charlar con Página/12. "Esto es superpeligroso", fue lo primero que dijo.
"Yo entiendo que son todos amigos, todo bien. Pero no deberían estar acá, están metiendo presión a los jueces. La seguridad la tenemos que hacer nosotros, no ellos", explicó después. Como muchos de los uniformados ostentaba la funda vacía pero tenía el arma oculta tras el chaleco antibalas. Un rato antes, con su mejor cara de poker, consolaba al padre de uno de los acusados diciéndole: "Son buenos chicos, se portaron bárbaro... Usted sabe, el servicio penitenciario y la policía son como una sola fuerza. Todo esto es muy duro para nosotros, nos da mucho pena. Para nosotros son camaradas".

7 de mayo de 2009
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las cárceles de hoy


El CELS denunció que en la provincia hay diez mil presos más que los lugares disponibles. El informe anual del organismo sostiene que en 2008 se verificaron regresiones políticas e institucionales en derechos humanos.
[Diego Martínez] Argentina. Eternización de los juicios por crímenes de lesa humanidad. Ausencia de mecanismos para evitar que torturadores sin condena asuman en cargos públicos. Reformas regresivas en materia de seguridad con epicentro en las provincias de Buenos Aires y Mendoza. Redes de ilegalidad consentidas desde el poder político. Superpoblación carcelaria. Aumento del número de detenidos en comisarías bonaerenses. Déficit habitacional y desalojos con grupos de choque en la ciudad de Buenos Aires. Tres millones de personas sin servicios cloacales en la cuenca Matanza-Riachuelo. Unos 25.000 detenidos en instituciones psiquiátricas por "razones sociales". Deudas varias en materia de libertad de expresión. Y, como telón de fondo, ausencia de la más elemental agenda de derechos humanos en los debates políticos. Son sólo algunos de los temas que aborda el "Informe 2009. Derechos Humanos en la Argentina", que por 14º año consecutivo presentó ayer en sociedad el Centro de Estudios Legales y Sociales. Hoy a las 20 el trabajo de 491 páginas se presentará en la Feria del Libro.
"No alcanza con políticas de memoria y persecución de crímenes de lesa humanidad si no se trabaja sobre las ESMAs del presente y sobre la reafirmación de los principios y garantías constitucionales", destacó Gastón Chillier, director del CELS. "Las regresiones políticas e institucionales de 2008 obligan a repensar las formas de construcción de un Estado fuerte y protector de los derechos humanos, objetivo que permanece ausente de los debates políticos", lamentó. "La deuda principal, a veinticinco años de la recuperación democrática, sigue siendo la conformación de una sociedad inclusiva, en la que la cara visible del Estado para los más desventajados no sea su cara más violenta", destacó Chillier, director del organismo que este año celebra su 30º aniversario.
La reforma del Código Procesal bonaerense aprobada en diciembre, que restringió el régimen de excarcelaciones e invirtió la regla de la libertad durante el proceso, desde entonces excepcional, es para el CELS una de las mayores regresiones en materia de seguridad ciudadana. El informe destaca que en 2005, cuando la Corte Suprema de Justicia se pronunció en contra de la prisión preventiva generalizada, "por primera vez en décadas descendió la cantidad de personas privadas de la libertad sin condena". La tendencia comenzó a revertirse cuando la administración de Daniel Scioli anunció el endurecimiento de la legislación. Entre fines de 2007 y octubre pasado, según el informe, la cantidad de personas detenidas en comisarías ascendió de 2782 a 3448. Si a ello se suman presos en cárceles bonaerenses, el número de detenidos asciende a 27.614, cifra que excede en 10.000 las plazas disponibles según un relevamiento oficial.
El periodista Horacio Verbitsky, presidente del CELS, ratificó que las reformas procesales de Buenos Aires y Mendoza "no solucionan los problemas sino que los agravan" y repudió "la euforia informativa y política con el tema seguridad, totalmente desvinculada de las causas de fondo". Como ejemplo del rol de los medios, recordó que la cobertura del asesinato de Daniel Capristo "incluyó actos de violencia sobre un fiscal que no merecieron una sola palabra de condena" de los grandes medios. "Pese a que la muerte derivó del intento de robarle el auto, tampoco informaron que ese día se desbarató un desarmadero a cargo de un oficial de la Policía Federal", agregó. Verbitsky denunció la existencia de "redes de ilegalidad consentidas desde el poder político, que trascienden las jurisdicciones y usan a los chicos como mano de obra barata". Chillier agregó que "reclutar personal retirado o exonerado, como propuso el gobierno nacional, tampoco es una solución estructural, sino todo lo contrario".
El informe destaca que el derecho a la vivienda es "sistemáticamente vulnerado" en la ciudad de Buenos Aires. "La lógica de mercado parece tener directa consecuencia en la situación habitacional de los más vulnerables cuando se impulsan desalojos en forma masiva y se generan obstáculos para el acceso a la vivienda", agrega. "La expulsión sistemática de personas se agrava por la intervención de fuerzas de choque como la Unidad de Control del Espacio Público", destacó Chillier.
El informe del CELS elogia el fallo de la Corte Suprema que ordenó sanear la cuenca Matanza-Riachuelo y destaca que el 55 por ciento de los cinco millones de habitantes de la zona carece de servicios cloacales, situación que se agrava por el tratamiento ineficiente de residuos sólidos y la proliferación de basurales.
En materia de libertad de expresión, el informe remarca la obligación del Estado de adecuar la legislación sobre calumnias e injurias, que ordenó la Corte Interamericana de Derechos Humanos. También destaca la necesidad de establecer criterios claros sobre el acceso a la información pública.

7 de mayo de 2009
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