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acelerarán juicios por lesa humanidad


La Corte Suprema presentó la Comision Interpoderes para acelerar los juicios. Una vez por semana se reunirán los representantes del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial para encontrar los mecanismos que permitan romper el embudo en el que se traban las causas por delitos de lesa humanidad.
[Laura Vales] Argentina. La Corte Suprema presentó oficialmente la Comisión para acelerar las causas por delitos de lesa humanidad. El organismo, que se ocupará de resolver los problemas que traban los juicios a los represores, quedó integrado por diez personas, que son representantes de los tres poderes del Estado más un grupo de jueces invitados por su conocimiento del tema. El presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, estimó en 1800 los casos acumulados en embudo tras la anulación de la Obediencia Debida y el Punto Final.
La comisión –su título completo es Comisión para la Coordinación y Agilización de Causas por Delitos de Lesa Humanidad– se reunirá semanalmente y dará a conocer sus decisiones en la página web del Poder Judicial (www.cij.gov.ar). "Tenemos ante nosotros un problema que básicamente es organizativo", consideró Lorenzetti en la ceremonia. En ese sentido, señaló que la comisión realizará tareas de superintendencia, como las de facilitar infraestructura en el caso de los juicios orales demorados por falta de salas de audiencias y acelerar la designación de jueces para cubrir los juzgados vacantes. De la misma manera, la comisión también controlará que los procesos "se resuelvan en un plazo razonable".
En representación del Ministerio Público fueron designados en el organismo Jorge Eduardo Auat y Pablo Parenti, de la unidad fiscal de Coordinación de la Procuración para las causas por violaciones a los derechos humanos. Por el trabajo que realizan allí, se considera a Auat y Parenti como quienes tienen el más claro panorama sobre los procesos abiertos en el país. Auat fue, por otra parte, fiscal en la investigación de la Masacre de Margarita Belén, y Parenti tuvo un rol importante en la elaboración del fallo con que el ex juez Gabriel Cavallo dictó la inconstitucionalidad de las leyes de impunidad.
La Corte nombró en la comisión a Alfredo Kraut y Walter Vendi- tti. El primero es conocido como un hombre de diálogo directo con Lorenzetti, ya que fue su secretario letrado y en la actualidad se desempeña como titular de la Secretaría General y de Gestión del máximo tribunal; después de los ministros, Kraut es el funcionario con mayor autoridad en el área de Gestión de la Corte. Venditti es secretario letrado de la Corte, un cargo que históricamente funcionó como de nexo entre el máximo tribunal y los juzgados con juicios contra represores.
El Ministerio de Justicia puso en la comisión al subsecretario de Política Criminal Alejandro Slokar, elegido por Aníbal Fernández por su conocimiento de las reformas del Código Procesal para acelerar los juicios. El Consejo de la Magistratura envió al ex secretario de Derechos Humanos de Corrientes, Pablo Vassel, impulsor del juicio contra los militares que durante la guerra de Malvinas estaquearon soldados. El Congreso designó a Juan Carlos Salerni, director de Asuntos Jurídicos del Senado.
En el equipo hay tres figuras convocadas por la Corte. Son el juez Daniel Rafecas (a cargo de la megacausa por los delitos cometidos por el Primer Cuerpo de Ejército), el secretario general de la Cámara de Casación Javier Carbajo y el juez jubilado del Tribunal Oral Federal Nº1 de la Capital Federal, Mario Gustavo Costa.
El acto se realizó en el cuarto piso del Palacio de Tribunales. Lorenzetti estuvo acompañado por Elena Highton de Nolasco y el presidente del Consejo de la Magistratura, Luis María Bunge Campos.
La creación de un grupo con representantes del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial fue una propuesta de los organismos de derechos humanos, ante las demoras en los procesos a los represores que ponen en riesgo la posibilidad de llevarlos a juicio.
La comisión ya tuvo dos reuniones, la segunda de ellas ayer. Uno de los temas en los que ya comenzó a trabajar fue en la redistribución de las causas acumuladas en el Tribunal Oral Número 5 de la Capital Federal. La Cámara de Casación ya aprobó la reasignación de juicios, lo que originó una serie de cuestiones a resolver, como encontrar las salas donde se harán los procesos orales.
El primer pedido les fue presentado ayer, al término del acto, por Nilda Eloy, quien reclamó que se dé una solución a los problemas por los cuales la causa por la desaparición de Julio López carece desde hace dos meses de instrucción.

8 de abril de 2009
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quieren despenalizar injurias


Proyecto del CELS para despenalizar el delito de calumnias e injurias. El titular del CELS, Horacio Verbitsky, explicó que "nadie puede ser penado por lo que dice, sólo por lo que hace". El vicedecano de Sociales de la UBA, Damián Loreti, el periodista Eduardo Kimel y la abogada Andrea Pochak detallaron la propuesta.
Argentina. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) presentó ayer un proyecto de ley que impulsa la despenalización de las figuras de calumnias e injurias respecto de expresiones relacionadas con temas de interés público. En la presentación de la iniciativa, el presidente del organismo, Horacio Verbitsky, adelantó que "el proyecto fue enviado tanto al Ejecutivo como a los bloques oficialistas y opositores". De esta manera, el CELS se remitió a la decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Cidh), que en su fallo a favor del periodista Eduardo Kimel, en mayo de 2008, ordenó adecuar la legislación interna para evitar que el uso de estas figuras legales afecte el ejercicio del derecho a la libertad de expresión.
Acompañado de Damián Loreti y Andrea Pochak, integrantes del CELS, y de Kimel, cuyo paradigmático caso derivó en el proyecto (ver recuadro), Verbitsky explicó los pormenores de la propuesta y se mostró confiado en que sea rápidamente sancionada. Contó que "hemos tenido contactos con legisladores tanto del oficialismo como de la oposición. Notamos muy buena voluntad, lo que me hace pensar que es muy posible que salga la ley por unanimidad, como ocurrió con la derogación de la figura del desacato en 1993, y así podremos seguir avanzando hacia un nuevo paradigma en materia de libertad de expresión para que la Argentina vuelva a marcar un nuevo paso adelante". Aclaró que "si bien el proyecto no hace distinción entre periodistas y el resto de ciudadanos y se refiere a expresiones de interés público en general, los compañeros periodistas deben seguir este tema con atención porque suelen ser los más perjudicados".
El CELS propone también una reforma del Código Civil. Pochak y Loreti explicaron su consistencia."La proliferación de juicios civiles, con la amenaza de enfrentar sumas exorbitantes de dinero en concepto de reparación del daño al honor, compromete la libertad de expresión en periodistas y ciudadanos en general", argumentó Pochak. Loreti agregó que "la reforma insta a los jueces a evitar que la sanción pecuniaria impuesta desaliente la participación ciudadana en el debate de los asuntos de interés público o la labor periodística".
Una vez detallados los principales puntos de la propuesta, Verbitsky retomó la palabra y aprovechó para recordar el mal trago vivido por Kimel luego de culminar su libro, La Masacre de San Patricio, en el que investigó el crimen de los curas palotinos perpetrado por un grupo de tareas de la última dictadura. "Lo que le pasó a Eduardo es un caso raro en la demostración de la argumentabilidad –analizó– por la paradoja de que en uno de los crímenes más aberrantes de la historia del país no exista ninguna condena, salvo la del periodista que lo investigó."
Por su parte, Kimel afirmó que "mi presencia obedece a mi respaldo absoluto al proyecto del CELS. Pero al margen de la cuestión personal, es importante que el saldo sea colectivo, que los beneficios de la libertad de expresión puedan llegar a un nivel mucho más amplio que el periodístico, llegando a toda la sociedad". Elogió al CELS porque "gracias a su propuesta contamos con niveles de protección para que situaciones como la que yo viví no se repitan". Además, aseveró que "con esto se defiende un derecho sustancial de la democracia, como es la crítica a los funcionarios públicos". En la misma sintonía, Verbitsky dijo a Página/12 que "nadie puede ser penado por lo que dice, sólo por lo que hace. A la opinión pública no se la puede castigar, debe ser lo que tiene que ser".
En concreto, el artículo 109 del Código Penal, referido a las calumnias, sentencia que "la calumnia o falsa imputación de un delito que dé lugar a la acción pública será reprimida con prisión de uno a tres años". En relación con las injurias dicta que "el que deshonrare o desacreditare a otro será reprimido con multa de mil quinientos pesos a noventa mil pesos o prisión de mes a un año". El CELS propone las siguiente reformas: "La calumnia o falsa imputación a una persona física determinada de la comisión de un delito concreto y circunstanciado que dé lugar a la acción pública será reprimida con multa de tres mil pesos a treinta mil pesos. El que intencionalmente deshonrare o desacreditare a una persona física determinada será reprimido con multa de mil quinientos pesos a veinte mil pesos". Lo fundamental de la propuesta: en ambas situaciones no configurarán delito las expresiones referidas a asuntos de interés público o las que no sean asertivas.

Informe: Tomás Forster.

7 de abril de 2009
12 de marzo de 2009
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será juzgado en ausencia


La justicia de italia juzgara en ausencia al ex jefe de la armada por la desaparición de cuatro personas. El 30 de septiembre comenzará el juicio contra Emilio Eduardo Massera por la desaparición de Angela María Aieta, Giovanni Pegoraro, su hija Susana y su nieta nacida en cautiverio. En la Argentina siguen frenadas las causas en su contra.
[Adriana Meyer] Argentina. Italia avanzó ayer en el procesamiento del genocida Emilio Eduardo Massera y comenzará a enjuiciarlo "en rebeldía" el 30 de septiembre por el asesinato de tres ciudadanos ítalo-argentinos durante la dictadura. "Es un momento de gran satisfacción que parecía que nunca llegaría, que nunca íbamos a poder juzgar a Massera, pero gracias a la determinación de los jueces italianos ahora será posible llevar a los estrados este caso", dijo Giancarlo Maniga, abogado de los familiares de las víctimas sobre la decisión de un tribunal de Roma que vio indicios de una "corresponsabilidad más que fundada" de Massera en los homicidios de Angela María Aieta, madre del dirigente de la JP Dante Gullo, secuestrada el 5 de agosto de 1976; así como de Giovanni Pegoraro y su hija, Susana, ambos secuestrados el 18 de junio de 1977, y de su nieta nacida en cautiverio. Mientras tanto, la Justicia argentina revisa la determinación de que el anciano ex almirante es inimputable, algo que frena los procesos locales en los que está acusado.
La decisión de la Justicia italiana llega después de que el fiscal Francesco Caporale pidiera sentar a Massera en el banquillo, y luego de que el 4 de marzo el juez del Tribunal de Roma Marco Mancinetti acogiera el peritaje médico que certificaba que Massera, de 83 años, está en "plenas facultades" para afrontar un proceso por la muerte de Aieta Gullo y los Pegoraro. Massera "debe ser considerado una persona con plenas facultades para ser juzgado, a pesar de los intentos de manipulación más o menos conscientes, con exagerados síntomas psíquicos ficticios", indicó el estudio médico de 28 páginas (ver aparte). El sumario sobre Massera, que fue separado del proceso principal por la muerte y desaparición de los italianos, quedó suspendido en 2005, después de que un anterior informe pericial médico determinara que el acusado padecía una "involución mental" tras haber sufrido un derrame cerebral en 2002.
Durante este largo proceso la Justicia argentina fue remisa en su colaboración con Italia para determinar el estado de salud de Massera. Los funcionarios judiciales italianos pusieron en duda que el Almirante Cero no estuviera en condiciones de ser juzgado. El primer perito médico enviado en 2007 fue interrogado por el ex juez Guillermo Montenegro como si fuese él quien tuviera que dar explicaciones. Como ese profesional determinó, luego de varias trabas, que Massera no podía afrontar un juicio, el juez Mancinetti estipuló una revisión periódica para evaluar posibles cambios en su salud. Pero ni Montenegro ni su sucesor Sergio Torres enviaron a Italia informe alguno. Finalmente, en diciembre el neurólogo Piero Rocchini destrabó la situación al evaluarlo y asegurar que el dictador "simula" su enfermedad y "que está en condiciones de afrontar un juicio".
El Código Penal italiano establece que deben ser perseguidos aquellos que cometen graves crímenes en el exterior contra ciudadanos peninsulares, y para ellos tiene prevista la posibilidad de que esto suceda en ausencia o "en rebeldía". En este caso ya fueron condenados al ergastolo (prisión perpetua) los represores Jorge "Tigre" Acosta, Alfredo Astiz, Jorge Vildoza y Antonio Vañek. También estaba acusado el prefecto Héctor Febres, pero su dudosa muerte por envenenamiento con cianuro le trajo la absolución, en diciembre de 2007. A fines de febrero la Casación italiana había confirmado la condena de Astiz, el "intocable" ex capitán de la Marina, como lo definió ayer la prensa italiana.
Susana Pegoraro era una joven de 22 años, originaria del Véneto. Estaba embarazada cuando la secuestraron mientras tomaba un café con su padre en un bar porteño. Giovanni Pegoraro trató de anotar la patente del auto que se estaba llevando a su hija y por eso también fue secuestrado. Ambos llegaron poco después al centro clandestino que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
Angela María Aieta, que había emigrado de la provincia de Cosenza, fue secuestrada de su casa en Buenos Aires en tanto madre del entonces dirigente de la Juventud Peronista y actual diputado nacional, Juan Carlos Dante Gullo. La mujer –militante peronista que luchaba por la libertad de Dante, que desde 1975 estuvo preso ocho años en el penal de Sierra Chica– fue llevada a la ESMA, torturada allí, y podría haber sido arrojada en uno de los "vuelos de la muerte".
"Quiero expresar mi satisfacción, por la ESMA pasaron más de cinco mil prisioneros y Massera era uno de los responsables, hubo maternidades clandestinas, muchos niños fueron encontrados, otros no", dijo Claudia Carlotto, presidenta de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), luego de presenciar la audiencia en Roma.
Los abogados Maniga y Marcello Gentili –que representan a Dante, Ernesto, Emiliano y Carlos Gullo, y a la viuda y madre de Pegoraro– impulsan desde hace tres décadas los procesos en Italia contra represores argentinos.

7 de abril de 2009
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massera es imputable


El informe del perito italiano mostro que Massera es imputable. El médico italiano Piero Rocchini aseguró, luego de entrevistarse y estudiar el comportamiento del ex almirante, que está en condiciones de ser juzgado. El perito comprobó síntomas ficticios en las actitudes del represor para evitar el proceso judicial.
Argentina. El 4 de febrero pasado, Página/12 anticipó el contenido del informe médico realizado por el perito italiano Piero Rocchini, que señalaba que el ex almirante Emilio Eduardo Massera estaba en condiciones de ser juzgado y que los síntomas que presentaba eran ficticios. Las conclusiones del estudio indicaron que "Massera, quien experimenta una moderada declinación psíquica, causada por una inicial demencia vascular, con acentuación de las manifestaciones sintomatológicas a causa de una concomitante perturbación ficticia con síntomas psíquicos, o de un cuadro de simulación, debe ser considerado plenamente en condiciones de ser sometido a juicio, pese a posibles intentos manipulatorios, más o menos conscientes, actuados por medio de exageraciones, incluso espectaculares, de síntomas psíquicos ficticios".
Según describió en aquella nota Horacio Verbitsky, durante el examen clínico Massera se puso de pie con ayuda del perito y de la enfermera, pero luego caminó sin colaboración de un extremo a otro de la habitación, regresó al primer lugar y se sentó. Arrastraba ligeramente el pie derecho. Durante el examen neurológico mostró buena comprensión de las órdenes, buena conservación del esquema corporal y pasó sin dificultad todas las pruebas, como llevarse el dedo a la nariz, mantener los brazos extendidos, cerrar los ojos, cerrar la mano, succionar, con fuerza y tono muscular normales para un hombre de 83 años.
La simulación se hizo evidente en el análisis psíquico, realizado mediante un intérprete. Massera estaba lúcido y consciente pero se declaró desorientado en el tiempo y el espacio, con lagunas de memoria sobre personas y situaciones, "más marcadas en el largo plazo que en el corto, al contrario de lo que se encuentra aun en las más avanzadas demencias". Ante preguntas banales, ya fuera sobre hechos recientes o antiguos, su respuesta más común fue "no recuerdo". Cuando suministró datos incorrectos sobre los miembros de su familia, luego los rectificó. Cuando le preguntaron sobre el juicio en Italia se mostró sorprendido, pero en tono irónico agregó: "Me viene a ver tanta gente", en referencia a los distintos peritajes a los que fue sometido. Habló siempre con voz calma y muy conectado con el interlocutor. "Se expresó en forma fluida, con frases bien construidas, nexos lógicos casi siempre bien conservados y lenguaje pertinente". Pese a sus declaradas lagunas de memoria "la ideación fue normal, en forma, contenido y velocidad". Dados los repetidos "no sé" de sus respuestas, el perito no pudo profundizar su capacidad de crítica y análisis de la realidad, aunque "a menudo respondió con buen sentido de la ironía, comentando con propiedad y lógica, por ejemplo, un proverbio. En ningún momento aparecieron elementos que pudieran indicar la presencia de desórdenes psico-sensoriales. La voluntad aparece discretamente conservada".
La simulación se comprobó en forma que el perito considera irrefutable con el test de capacidad visomotora de Bender. Según su propio creador, es imposible con esta prueba simular un daño orgánico. "El simulador tiende a distorsionar la reproducción de las figuras propuestas según su propia interpretación errónea de la enfermedad." Si el test se repite unos días después, el sujeto no recuerda los errores que cometió la primera vez e incurrirá en otros distintos. Esto es lo que ocurrió con Massera, pese a que sólo medió un par de horas entre su primera y su segunda respuesta al test. La repetición del mismo error sugiere una lesión orgánica, su ausencia la descarta. "Errores marcados en una prueba estuvieron ausentes en la otra, y viceversa. Por ejemplo, la figura 4 fue bien seguida en un caso y tan mal como para que fuera difícil reconocerla, en el otro; en una muestra el sujeto se mostró incapaz de hacer que las líneas de la figura 6 se cruzaran, pero en la otra la gestalt se mantuvo en forma correcta." Según el perito, Bruhn y Reed demostraron que este test es infalible para descubrir la simulación, "sin posibilidad de error". Massera también tuvo un desempeño muy superior al de la prueba realizada en marzo de 2008 en el test MMS (mini mental score).
Según Rocchini, la actuación de Massera "responde a una estrategia interna de comportamiento, desconocida pero no por ello exenta de raciocinio, y en tal sentido no carente de una comprensión cognitiva del contexto jurídico relacional. La misma capacidad de representación voluntaria y deliberada de la enfermedad, con el propósito de obtener posibles beneficios, demuestra, más allá de cualquier duda razonable, la suficiente integridad de su funcionamiento cerebral y mental, para participar en forma consciente del proceso. Por otra parte, el esfuerzo deliberado de Emilio Eduardo Massera de construirse la coartada de una enfermedad mental mucho más grave de lo que realmente presenta lo pone en condiciones de mantener esa representación, lo cual podría comprometer su participación activa en el juicio, si bien esto no se debería a una patología mental de interés médico legal, sino única y exclusivamente a causas dependientes de su voluntad. Aunque persistiera en esa actitud, es capaz de entender y de desear, a los fines de su aptitud procesal". La principal dificultad consignada por el perito italiano fue que Massera no controla sus esfínteres, pero ése no es un obstáculo insalvable para el desarrollo del juicio.

7 de abril de 2009
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prestamistas de la muerte


Demandan a los bancos que financiaron la dictadura. Hijos de detenidos-desaparecidos en La Plata demandarán a los bancos que financiaron la dictadura, cuya maquinaria de muerte se hubiera detenido sin esa ayuda. Los bancos contaban con precisa información sobre lo que ocurría, por lo que debieron imaginarse el dolo eventual que causarían.
[Horacio Verbitsky] Argentina. Leandro Manuel Ibáñez y María Elena Perdighe presentarán un reclamo judicial contra los bancos extranjeros que financiaron a la dictadura militar que secuestró e hizo desaparecer a sus padres, en 1976 y 1977 en la ciudad de La Plata. Un estudio porteño de abogados, con apoyo de expertos de la Universidad de Nueva York, invocará normas y antecedentes internacionales y norteamericanos, como la jurisprudencia del Tribunal de Nuremberg, que condenó a empresarios alemanes que vendieron el gas letal usado en el campo de concentración de Auschwitz, emplearon mano de obra esclava y donaron dinero a las SS, y la Convención contra el Genocidio, que contempla sanciones no sólo a los perpetradores sino también a sus cómplices. "Quiero saber quién le daba plata a la Junta Militar que gobernaba un país quebrado pero podía pagarle el sueldo a los asesinos de mi padres y comprar las máquinas para torturarlos", explica María Elena Perdighe, de asombroso parecido con su madre, según afirman quienes la conocieron.

Complicidad Corporativa
Según el tribunal de Nuremberg el responsable de un plan criminal necesita para ejecutarlo "la cooperación de políticos, militares, diplomáticos y empresarios. No puede considerárselos inocentes si sabían lo que estaban haciendo". Los bancos que otorgaron créditos a la dictadura argentina deberían reparar los daños personales sufridos dada su "responsabilidad por complicidad corporativa". Una fuente valiosa de información sobre el tema fue una investigación académica en curso de la directora del Programa de Derechos Humanos y Justicia Global de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York, Veerle Opgenhaffen, y del jurista argentino Juan Pablo Bohoslavsky, Hauser Fellow de la misma universidad, donde será presentada el 14 de abril. El estudio consigna que en 1976 la deuda pública externa de la Argentina era de 6.648 millones de dólares y en 1983 llegó a 31.709 millones. Las dos terceras partes (20.658,7 millones) correspondían a créditos bancarios, sin contar otros 5.441 millones en bonos, que presumiblemente también estaban en poder de los bancos. A mediados de la década de 1970 los bancos internacionales habían acumulado una enorme masa de petrodólares y presionaron a países de dudosa capacidad económica para que tomaran créditos, que en muchos casos usaron para reprimir a sus pueblos, como en el caso argentino. La caída de la demanda interna y de la actividad industrial provocados por la política de la dictadura militar hizo que el nivel de actividad de 1982 fuera 1,3 por ciento menor que en 1975. Entre 1976 y 1980 el déficit fiscal fue del 7,4 por ciento del PIB y entre 1981 y 1983 del 14,6 por ciento. Con el enfoque monetarista de aquellos años y la tablita de Martínez de Hoz, los ingresos públicos fueron menores que los gastos, como se ve en el cuadro, expresado en millones de dólares:

    Ingresos     Gastos
1975     4.587.700     7.418.788
1976     8.242.294     11.682.397
1977     16.400.397     18.731.123
1978     23.872.867     28.081.505
1979     35.570.706     42.942.564
1980     54.912.860     67.260.035
1981     31.288.550     43.947.663
1982     13.361.217     19.666.174

Sin embargo, el presupuesto militar creció a más del doble entre 1975 y 1983, tanto en términos absolutos (de 1278 a 2500 millones de dólares), como en porcentaje del Producto Interno Bruto (de 2,04 a 4,39 por ciento). Cuando los bancos exigieron el repago, comenzaron la crisis de la deuda y una fuerte recesión, que a su vez precipitó la transición democrática. El trabajo de los académicos reproduce una afirmación del Congreso estadounidense al analizar el rol del banco Riggs en relación con la dictadura chilena de Pinochet: "El financiamiento es la clave del terrorismo, la corrupción y otros actos delictivos". Como reconocieron dirigentes blancos sudafricanos que durante décadas resistieron el boicot comercial: la clave es el financiamiento externo, sin el cual el aparato estatal se hubiera paralizado, incluyendo la represión.

Dolo Eventual
Los artículos publicados en la prensa internacional, los informes públicos del gobierno de Estados Unidos y de los organismos de derechos humanos no dejaban dudas sobre la gravedad de la situación en la Argentina dictatorial, por lo cual los bancos no pueden alegar ignorancia acerca de los crímenes de lesa humanidad que contribuían a financiar. Lo más significativo fue la negativa del gobierno del presidente norteamericano James Carter a suministrar ayuda militar y financiera a la Argentina, debido a las violaciones a los derechos humanos y a las normas fundamentales del Derecho Internacional y su voto en contra de los créditos multilaterales solicitados por la dictadura al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo. En marzo de 1977 el gobierno explicó esta política en el Congreso: Estados Unidos debía usar su voz y su voto en todos los bancos de desarrollo de los que formaba parte para defender los derechos humanos, dijo la subsecretaria de derechos humanos, Patricia Derian. Como consecuencia, en 1978 también la Overseas Private Investment Corporation (OPIC), decidió no asegurar a empresas que quisieran invertir en la Argentina, debido a las serias violaciones a los derechos humanos. La Comisión Sudafricana de Verdad y Reconciliación no incluyó a las empresas privadas que sostuvieron al criminal régimen del apartheid. Pero hay casos recientes tramitados en tribunales de los Estados Unidos que desarrollan ese concepto de la responsabilidad corporativa. Esos procesos fueron presentados contra

- la empresa bananera Chiquita, que contrató paramilitares colombianos para limpiar de sindicalistas sus plantaciones; bancos y empresas de distintos países que ayudaron a la Alemania nazi a prolongar la guerra por lo menos un año más, no devolvieron los depósitos a las víctimas o usaron mano de obra esclava;

- el banco Paris Paribas por haber entregado fondos al régimen de Saddam Hussein en violación del programa de Naciones Unidas Petróleo por Alimentos;

- Yahoo, por entregar información y archivos al gobierno chino que le permitieron identificar y torturar a un activista por los derechos humanos;

- Nestlé, por comprar cacao a plantaciones que usan mano de obra infantil;

- Unocal, por participar en el tendido de un oleoducto y contratar a fuerzas de seguridad responsables de trabajo forzoso, asesinatos y violaciones en Burma;

- el banco Barclays y otras compañías multinacionales que proveyeron de créditos, transporte y otros servicios esenciales para la implementación del apartheid en Sudáfrica.

Un Precedente
Los mecanismos de justicia transicional tardaron en tomar en cuenta los factores económicos que permiten a un régimen reprimir a su población, como se aprecia en el "limitado alcance del informe de la CONADEP y en los mandatos de casi todas las comisiones de la verdad posteriores. El hecho de que en este momento se desenvuelvan juicios por aquellos crímenes ofrece una oportunidad única para que la Argentina establezca un precedente, demostrando la necesidad de considerar las complicidades civiles para determinar la verdad sobre el funcionamiento de un régimen determinado", dice el trabajo de Opgenhaffen y Bohoslavsky. En la Argentina se compensaron los indultos de 1989 y 1990 con el dictado de varias leyes que establecieron el pago de reparaciones a las víctimas del terrorismo de Estado y sus herederos, por un monto de unos 225.000 dólares por caso. Otro trabajo académico, realizado en 2005 por Christina Marie Wilson en la Facultad de Derecho de la Universidad Jesuita Fordham, también de Nueva York, analiza el destino de esas reparaciones en el caos económico que vivió la Argentina. El pago prometido se demoró y en 1997 se dispuso por decreto que las indemnizaciones se cancelaran con Bonos de Consolidación de Deuda Pública. En 2002 se pesificó su importe. Los bonos que se emitieron a cambio entraron en el proceso de renegociación de la deuda externa, en el que como los demás bonos sufrieron una quita de dos tercios de su valor. El trato que recibieron fue el mismo que el de los demás tenedores de bonos argentinos, pese a que en este caso no se trataba de inversores que corrieron un riesgo, sino de víctimas de la dictadura que recibieron esos bonos porque el Estado no pudo o no quiso pagarles en efectivo. Pero estas reparaciones, cuya devaluación el Estado explicó por sus dificultades económicas, no obstan para el reclamo a los bancos, que no tienen las limitaciones del Estado. Según Opgenhaffen y Bohoslavsky se trata de obtener "respuestas más completas en términos de enjuiciamientos, reparaciones y otros mecanismos de responsabilidad", lo cual actuaría como disuasivo para el comportamiento empresarial en el futuro. También "combatiría la noción de que apenas fue la experiencia de un puñado de generales que desarrollaron solos una campaña asesina y plantearía importantes preguntas acerca del papel que jugaron los actores financieros privados para ayudar y prolongar la dictadura".

7 de abril de 2009
16 de marzo de 2009
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dos represores más tras las rejas


Fueron detenidos agentes que actuaron como interrogadores del primer cuerpo de ejercito. Tras los pedidos de captura del juez Daniel Rafecas, Juan Copteleza permanecía prófugo desde 2005 y Pedro Santiago Godoy desde 2007. Ambos se negaron a declarar y están detenidos en cárceles comunes.
[Diego Martínez] Hace treinta años se destacaron como interrogadores en centros clandestinos del Primer Cuerpo de Ejército. Cuando el juez federal Daniel Rafecas ordenó sus detenciones, ambos decidieron fugarse. El viernes Juan Máximo Copteleza se cansó de jugar a las escondidas y se entregó en la mesa de entradas del juzgado. Pedro Santiago Godoy no se resignó, burló con éxito a la Justicia durante más de cuarenta meses, hasta que el jueves pasado Interpol lo detuvo mientras caminaba con un familiar. Ambos se negaron a declarar y ya pasan sus días en cárceles comunes.
Oficial de inteligencia de la Policía Federal, Godoy tenía orden de detención desde octubre de 2005. Los sobrevivientes de los centros clandestinos Atlético, Banco y Olimpo lo recuerdan como "Calculín" por su parecido con el dibujo animado. Entonces tenía alrededor de cuarenta años, era de estatura media, cojo, pocos pelos, dentadura saliente, anteojos gruesos. Su presencia, junto a la de Julio Simón, el condenado "Turco Julián", era una fija en las sesiones de tortura. Un ex cautivo de El Banco destacó su frialdad como interrogador: pasaba lista por la mañana para controlar que estuvieran todos, les daba mate cocido y luego los sacaba para torturarlos. Mario Villani recordó su "singular obsesión" por Pirí Lugones, nieta del escritor e hija del torturador. Calculín ya está alojado en el penal de Marcos Paz.
En junio pasado Rafecas elevó a juicio la causa que se conoce como "ABO" (por Atlético-Banco-Olimpo) y que hasta el momento incluye a Simón, Raúl Guglielmine-tti, Samuel Miara, Oscar Rolón, Raúl González, Eduardo Kalinek, Juan Carlos Falcón, Luis Juan Donocik, Eufemio Uballes, Roberto Antonio Rosa, Eugenio Pereyra Apestegui, Guillermo Cardozo y Juan Carlos Avena. Tras la reasignación de expedientes abarrotados en el Tribunal Oral Federal 5 que realizó la Cámara Nacional de Casación Penal, el juicio a las patotas de la Policía Federal recayó en el Tribunal Oral Federal 2.
Copteleza era personal civil de la Fuerza Aérea y conducía interrogatorios bajo tortura a médicos y enfermeras en El Chalet, que funcionó en la residencia del director del Hospital Posadas, en Haedo, durante la última dictadura. Era segundo jefe del grupo de tareas "Swat", que se instaló en el policlínico por orden del general Reynaldo Bignone, con la misión de proteger el lugar de "resentidos, disociadores y subversivos". Una sobreviviente que pasó por sus manos declaró en la causa que Copteleza le clavó "un atizador en el pecho, mientras cantaba la marcha de San Lorenzo y gritaba ‘para los enemigos ni justicia’". El juez ordenó su detención a fines de 2007 y, ante la evidente voluntad de esconderse, pidió su captura. "Con los teléfonos intervenidos y vigilancia en los lugares que solía frecuentar, se vio cercado y, al ver que el seguimiento no cesaba, se entregó", evaluó una fuente de la investigación.
Rafecas elevó la causa Hospital Posadas a juicio en diciembre. Hasta ahora en el banquillo hay cinco acusados, encabezados por el dictador Bignone. Tras la reasignación de causas que ordenó Casación, el juicio quedó radicado en el TOF-3, donde tramita la causa que juzga a los imputados por las coimas en el affaire IBM-Banco Nación. Gracias a sus 64 años y a las evidencias sobre su voluntad de no colaborar con la Justicia, Copteleza fue enviado al penal de Marcos Paz.
En la causa Primer Cuerpo continúan prófugos el policía Eduardo Angel Cruz, el penitenciario Néstor Roberto Cendón, el gendarme Juan Miguel Méndez y el coronel retirado Luis Enrique Baraldini. A fines de 2003, cuando Rafecas ordenó detenerlo por su actuación como jefe de policía en La Pampa, el ex carapintada indultado por Eduardo Duhalde se escondió en Bolivia, donde había sido agregado militar en los ’80. Según investigó el diario La Arena, se hizo llamar Luis Pellegri y se radicó en Santa Cruz de la Sierra, donde abrió un centro de equitación. Igual que en el caso del capitán Roberto Guillermo Bravo, fusilador de la Masacre de Trelew radicado en Miami, las exigencias burocráticas de los Estados que eligieron como segundo hogar les permiten continuar impunes.

2 de abril de 2009
7 de abril de 2009
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cc traducción mQh
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lanusse contra la junta militar


"Con él, la Argentina no hubiera padecido la catástrofe humanitaria que la desangró. Pero estaba muy solo y lo derrotaron".
[José Pablo Feinmann] Argentina. El 13 de mayo de 1985, el teniente general Lanusse se presentó a dar testimonio en el Juicio a las Juntas de la sombría dictadura que se instaló en 1976 con el apoyo total del establishment, de las clases medias y con la complicidad, el silencio o la aceptación pasiva de toda la prensa del país. Lo que dijo en esa oportunidad está olvidado. Nadie lo cita. No ha tenido relevancia. Y es de lamentar, sobre todo, que sea ignorado por las nuevas generaciones de oficiales de un Ejército que –es nuestra opinión y, creemos, se desprenderá de los dichos de Lanusse– él se negó, con fuertes razones, a hundir en el lodo en que lo hundieron los que aplicaron en nuestro país las crueles doctrinas de contrainsurgencia que el ejército francés había elaborado a partir de sus experiencias (fracasadas) en Indochina y Argelia.
Para quienes en 1976 y 1977 estábamos en el país sometidos a una incertidumbre lacerante acerca de nuestras vidas, la noticia (cuidadosamente pasada, susurrada de boca en boca) que se dio sobre la actuación de Lanusse durante ese tiempo fue alentadora. Ya a mediados de 1976 nos llegó la siguiente versión: Lanusse se había entrevistado con Videla y le había hecho saber su oposición a lo que estaba ocurriendo, al método con que los militares de la doctrina francesa de contrainsurgencia (me permitiré llamarlos así) estaban actuando. "Basta de secuestros, general", le habría dicho a Videla. "Detenciones, pero no secuestros." Sólo esa frase nos llegó y es difícil olvidarla. Fue, durante un tiempo, lo único que tuvimos. Muchos no nos podíamos ir del país (no importa analizar aquí los motivos) y nos reuníamos con cierta frecuencia para analizar la situación de la seguridad. Esta palabra (tan de moda en estos días, otra vez) no se refería a la seguridad de la que hoy se habla. No la había lanzado a la escena política una diva de la farándula, ni había sido recibida clamorosamente por los medios. No, hoy los medios buscan por ese camino (ya ensayado con el célebre y patético cuasi ingeniero Blumberg) abrir un frente de ataque a un gobierno al que se le abren sin cesar esos frentes. Se pasa de uno a otro. Antonini, "el campo", la seguridad, las instituciones, el republicanismo, etc. En fin, es un dato de los tiempos. Nadie, ninguna persona, ningún medio reclamaba por la "seguridad" durante esos años.
La mayoría, no obstante, tenía miedo, no se sentía segura. Creyeron que la Junta Militar había llegado para acabar con los subversivos y –limpio el país de ese problema– harían algunas obras de infraestructura (como el célebre Chocón-Cerros Colorados de Onganía) y luego se irían, como siempre, mal o bien, lo habían hecho. No fue así. Estos militares habían llegado para quedarse y los que desaparecían no eran sólo subversivos, a veces no se sabía por qué alguien desaparecía. Subversivo podía ser cualquiera. Se vivieron dos terribles años de terror. En el país existía la pena de muerte. Ese sueño que muchos hoy exigen. Pero era una pena secreta, clandestina. En Córdoba, en el lago San Roque, los buenos vecinos descubrían aterrorizados decenas de cadáveres que flotaban en su lecho: nadie sabía quiénes habían sido, qué habían hecho, por qué merecían una muerte tan cruel, tan anónima. Frente a mi casa había un almacén, lo atendía un español con aire de cansado o aburrido. Cierto día, con terror, me contó algo que le habían, a su vez, contado: en Avellaneda había aparecido un camión frigorífico que no llevaba reses, sino, colgados de los ganchos, jóvenes desnudos, casi desangrados. El, que no era joven y sólo había atendido su pequeño negocio a lo largo de los años, se sentía ahora inseguro, desprotegido en una jungla de muerte.
En el último número de la revista Barcelona aparecen, en la tapa, los personajes de la farándula que han reclamado durante estos días la pena de muerte para fortalecer la seguridad de los ciudadanos. Los farándulos se ven como monstruos sedientos de sangre, alguno lleva un hacha, otro un puñal, otra una metralleta, no recuerdo qué lleva la diva, acaso tiene a su cargo la conducción del tropel exterminador. Si uno da vuelta la revista la contratapa lo sacude. A mí, al menos, me estremeció como pocas cosas podrían hoy conseguirlo. Ahí están Videla y Massera y se lee: "24 de marzo de 1976, Día de la Inseguridad Nacional". Ese día, es cierto, fue el del inicio incontenible de la Inseguridad Nacional. De la terrible inseguridad que duraría desde 1976 hasta 1983. Inmersos en ella vivíamos.
Así, nos llega un día la frase de Lanusse: "Detenciones, no secuestros". También supimos que lo habían arrestado y que no era la primera vez. Lanusse (militar no exento de sombras, de errores o de culpas) había sido, hacia fines de 1973, absuelto por la militancia de la Jotapé. Ante la evidente predilección del general Perón por la derecha del movimiento, ante la publicación en el diario La Opinión de un documento reservado de increíble agresividad, una clara declaración de guerra y exterminio a la "infiltración marxista en el peronismo", aparecieron en muchas paredes de Buenos Aires y el interior pintadas que decían: "Volvé, Lanusse, te perdonamos". La elección de Perón sólo podía ser la de la represión clandestina. El Ejército jamás le haría ese trabajo. Habría sido risible. "¿Cómo, nos toma por idiotas? Usted llegó al gobierno respaldándolos sin cesar, santificando todo lo que hacían y, ahora que tiene problemas con ellos, ¿nos pide a nosotros que se los solucionemos? Hágase cargo del monstruo que usted creó, Perón." Lanusse, en cambio, habría tenido el Ejército. Y el Ejército de Lanusse no habría sido clandestino ni sanguinario como la Triple A ni como el Ejército de Videla. La tortura, el asesinato masivo, los campos de concentración requieren de la clandestinidad. Los procedimientos "a la luz del día" los eliminan en un grado tan considerable que (ante el triunfo de las guerras de tortura y exterminio: Irak, por ejemplo) han concluido por ser juzgados inocuos, poco efectivos.
En el Juicio a las Juntas, el abogado defensor le pregunta a Lanusse cuál considera él que habría sido, comparándolos, el plan más efectivo para derrotar a la guerrilla: ¿el suyo o el del general Videla? Una intervención de Gil Lavedra impide la respuesta de Lanusse. Pero ya veremos que habría sido la siguiente: "No estoy dispuesto a enlodar el honor de mi Ejército por conseguir eso que usted llama una mayor efectividad en la lucha contra la guerrilla". Porque Lanusse quería a su Ejército. Incluso llegaba a considerarlo suyo. "Mi Ejército", decía. Fue precisamente ese amor al oficio de militar, al oficio que había elegido en su vida, el que lo llevó a cuestionar a la Junta que, según él (¡y vaya si tenía razón!), lo estaba manchando de sangre, educando a los nuevos oficiales (que veían noche a noche salir a los "oficiales ejecutores" con capuchas) para formar parte de una concepción "ilegal", "clandestina", de la lucha que un Ejército debe sostener, sea cual fuere la situación en que lo haga, o el enemigo que tenga enfrente.
Como dijimos, el 13 de mayo de 1985 Lanusse se presenta a declarar en el Juicio a las Juntas. El doctor Gil Lavedra le pregunta acerca de la desaparición de Edgardo Sajón, amigo y estrecho colaborador del general cascarrabias, antiperonista de larga trayectoria, creador del GAN y, por último, el hombre que le entregó el bastón y la banda presidencial a Héctor Cámpora y sonrió cuando lo hizo, al que todos llamaban el Cano por su pelo plateado. Tipo imponente, de alta estatura, ojeras, capacidad de mando y no mal político. Lanusse responde: "He prestado declaración (la pregunta concisa de Gil Lavedra se refería a cuándo había prestado testimonio sobre la desaparición de su colaborador secuestrado, JPF) primero en manifestaciones públicas, después de tener conversaciones formales y responsables con quienes entonces eran autoridades del Ejército y de la Nación, en el año ’77, horas después de la desaparición de Edgardo Sajón. Con posterioridad he prestado declaración ante el juez Olivieri, también he prestado declaración ante otros dos jueces con motivo de las querellas que me presentaran el general Camps y el comisario general Etchecolatz. También en diciembre del ’77 fui sancionado por el comandante en jefe; en agosto del ’76 ya fui sancionado por el comandante en jefe, aunque no tiene relación con el caso, sí tiene relación con mi permanente repudio a los procedimientos entonces llamados por izquierda, fue con motivo de una extraña y absurda manifestación pública del general Adel Vilas en Bahía Blanca, que cuestionaba el honor, la integridad moral de un ex colaborador mío, el doctor Malek, eso me implicó una sanción de parte del Presidente y comandante en jefe del Ejército; posteriormente en diciembre del ’77, recibí otra sanción del comandante en jefe del Ejército, previa una intervención de un Tribunal Superior de Honor, que no me sancionó ese Tribunal de Honor, pero sí me sancionó el comandante en jefe del Ejército; posteriormente en agosto del ’84 y en noviembre del ’84, he vuelto a recibir sanciones después de prestar amplia y total declaración delante de Tribunales de Honor del Ejército".
Gil Lavedra le pregunta qué entiende por procedimientos por izquierda. La respuesta de Lanusse es incómoda. Dice que todos saben qué es eso. Que él se alegra de que ahora todos estén tan preocupados por esos procedimientos, y hasta "fastidiados", que es, dice, una expresión de moda como es también "una moda" manifestarse indignados por los procedimientos militares, pero que, cuando él lo estaba, no había muchos con esa actitud. Cierto: ni el periodismo ni la Iglesia manifestaron preocupación por esos medios. La noticia de la muerte de Dardo Cabo fue dada de este modo en los medios: "Murió en un enfrentamiento el cabecilla subversivo Dardo Cabo". ¿Era necesario dar la noticia según el repugnante lenguaje del poder concentracionario, como lo llama Pilar Calveiro? Caramba, ¿tanto se les pedía? ¿O los medios ofrecían más de lo exigido, vaya uno a saber por qué, pero sin duda no por economizar vidas humanas? ¿Y la Iglesia? Ni hablemos. Puso a sus pastores a tranquilizar las conciencias de quienes conducían los "vuelos de la muerte". "Has cumplido con tu deber, hijo mío. No te atormentes. Es lo que Nuestro Señor te pide en esta hora difícil de nuestra patria." Nada de eso les dijo Lanusse. Que no era periodista ni cura. Un solo gesto del Vaticano, claro, firme, habría detenido la matanza. Pero ahí donde se matan "marxistas" siempre hay un cura que bendice y ofrece consuelo divino. Lanusse no lo pidió. Porque enfrentó a los asesinos. En nombre de la pureza, del honor del Ejército. De aquí la vigencia permanente de sus palabras.
Lanusse dice que tuvo más de una entrevista con Videla. Le insiste en que esa lucha no se puede librar al margen de la ley, con oficiales encapuchados. Videla le dice que él conoce las órdenes escritas, las órdenes concretas y que no incluyen "esas cosas". Lanusse, encrespado, le dice que él, Videla, no puede "ignorar lo que sucede". Gil Lavedra le pregunta si ha enviado un "telegrama público". Lanusse responde que sí. Gil Lavedra pregunta: "¿El 7 de abril de 1977?". Lanusse confirma y aclara que se debió a versiones falsas, generadas no "por los propios periodistas, en términos generales", sino "de algunos centros que generaban ese tipo de versiones particularmente en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, por medio de una agencia de noticias que se llamaba, creo, Prensa Argentina (...) y que particularmente recogía con mucha amplitud, prolijidad y oportunidad el diario La Nueva Provincia". Envía, entonces, ese telegrama público en el que exige se le diga dónde está Edgardo Sajón, cómo fue que desapareció y a manos de quién o quiénes.
Resultan clarificadores de todo el andamiaje criminal, los nombres que van apareciendo en las declaraciones de Lanusse. Los nombres de quienes lo enfrentaron, persiguieron e hicieron asesinar o asesinaron a sus colaboradores. Tenemos: Suárez Mason, Etchecolatz, Adel Vilas, Saint Jean, Bignone, Camps (algunos serán mencionados más adelante) y al diario La Nueva Provincia, dirigida por el civil Vicente Massot, que no formaba parte orgánica del gobierno de Saint Jean y Camps, como Jaime Smart, pero trabajaba codo a codo con ellos. Como lo hizo la revista Gente en el caso de la fraguada muerte de Norma Arrostito. La noticia se da a conocer en diciembre de 1976. Gente, instruida directamente por la ESMA, publica las fotos que le entregan los hombres de Massera y, en la tapa, exhibe una foto de Arrostito con un sello burocrático que dice "muerta". Alguna vez haré un análisis detallado de esta tapa que tiene el sombrío honor de ser estudiada por gran parte de los organismos de derechos humanos internacionales como un ejemplo de la banalidad del mal, el concepto que Hannah Arendt crea a partir del juicio a Eichmann en la ciudad de Jerusalén. Era mentira: Arrostito no había muerto. La ESMA quería dar esa noticia y llamó a sus medios predilectos para echarla a correr. Sobre todo a Gente, que hizo un despliegue digno del genio de su director, Samuel "Chiche" Gelblung. No se sabe qué fue de él: se dice que, con la llegada de la democracia y la certeza de carecer de trabajo a causa de sus antecedentes, se exilió en algún país europeo o asiático.
Lo cierto fue que Norma Arrostito, luego de ser vejada durante 410 días en el espacio concentracionario del almirante Massera, "fue asesinada con una inyección de pentotal el 15 de enero de 1978" (Gabriela Saidón, ‘La montonera’, biografía de Norma Arrostito, Sudamericana, Buenos Aires, 2005, texto al pie de la fotografía anterior a la p. 96). La orden de aplicar esa inyección final fue dada por el llamado Tigre Acosta. Pero Gente (y La Prensa y La Razón) da la noticia en diciembre de 1976, con más de un año de anterioridad. ¿Gente no formaba parte del gobierno de Videla, de la estructura de la ESMA? Falso. Massot trabajó junto a Vilas en la cacería de brujas de Bahía Blanca, por medio de la que algunos profesores sufrieron tortura, cárcel o muerte por poner en su bibliografía un libro de Paulo Freire o –el colmo, la pena de muerte sin atenuantes– de Marx. Massot ha sido un hombre obsesionado por la "subversión", que él encontraba en todas partes. Y sigue encontrando: hoy la ve enquistada en un gobierno al que sueña aniquilar. Padece (diría Theodor Adorno) de la "insaciabilidad propia del principio persecutorio", pero a Massot no le importaría por tratarse del juicio miserable de un judío que se escondía, para colmo, bajo su apellido materno. En suma, sería un error ver diferencia alguna entre la participación con las políticas de exterminio gubernamentales de los civiles Massot y Gelblung y las del civil Jaime Smart, ex ministro de Justicia de Saint Jean, hoy preso por delitos en una celda común por delitos reiterados, por crímenes masivos como la masacre de Pilar, en cuya planificación no sería difícil probar que participó y a cuya ejecución sin duda dio vía libre.
Desde Bahía Blanca se acusa a Lanusse por apoyar la subversión cultural. Y a su ministro Malek. La revista Cabildo (a la vez que publica unas ‘Reflexiones sobre la subversión cultural’ del general Vilas, texto, esperemos, que no se lea en ningún ámbito militar de hoy) exhibe en su tapa una foto de Lanusse abrazándose con el presidente de Chile, Salvador Allende. O sea, Lanusse es comunista. No lo era, pero en 1972, en Washington, se negó a colaborar con el plan de la CIA para destituir a Allende. Luego, en su libro de memorias Mi testimonio, afirma que, en Lima, declaró: "Si yo tengo que calificar a mi gobierno lo ubico como de centroizquierda" (Alejandro Agustín Lanusse, ‘Mi testimonio’, Laserre, Buenos Aires, p. 251). Y era, en efecto, un soldado que respetaba al civil y marxista Allende: "La vinculación que existió en todo momento entre Allende y yo jamás me llevó a disimular diferencias filosóficas. El 24, cuando recibí la más alta condecoración que otorga el país trasandino, la Orden al Mérito Bernardo O’Higgins dije: ‘Me resulta particularmente grato que el presidente actual de Chile le entregue esta condecoración a un soldado argentino’" (Lanusse, ob. cit., p. 243). Perón, que también era un soldado argentino, actuó de otro modo. No se vio con Allende, sino con Pinochet: "En mayo de 1974 (escribe Sergio Bufano, en un texto abiertamente incómodo para el ‘Padre Eterno’), en ejercicio de la Presidencia, Perón recibió al dictador Pinochet y se convirtió en el único presidente constitucional de América que se encontró con el tirano" (Sergio Bufano, Revista Lucha Armada, ‘Perón y la Triple A’, Buenos Aires, 2005). Todo lo demás que dice Bufano (que nadie podía ignorar que, en ese momento, el Estadio Nacional de Chile era un campo de concentración o que el encuentro Perón-Pinochet fue el primer antecedente del Plan Cóndor) lo analizaremos en otro momento, seguramente en nuestro trabajo sobre el peronismo, que este diario gentilmente publica. También ahí haremos una interpretación más extensa y, si no definitiva, sin duda más ajustada y totalizadora de la figura de Lanusse. Que, en el Juicio a las Juntas, a propósito de la desaparición y asesinato de Elena Holmberg, narra que Enrique Holmberg, hermano de Elena, le cuenta que fue a la Unidad de Tigre con Suárez Mason. Que el jefe de la unidad le reconoce a su superior que –en un río de Tigre– encontraron un cadáver con un anillo que tenía las iniciales E.H. Suárez Mason enfurece y le pide le entregue ese cadáver. El jefe de la unidad dice que no lo tiene. Y Lanusse, en el Juicio, ante todos, claramente, dice: "El jefe de la unidad del Tigre le dijo entonces a Suárez Mason que él tenía razón en recriminarle, pero él se olvidaba que si han tirado más de ocho mil cuerpos al río, cómo reconocer cada uno". ¡Ocho mil cuerpos sólo en un río de Tigre! Y el general Díaz Bessone, en el documental de Marie-Monique Robin Escuadrones de la muerte, dice muy seguro: "No habrán sido más de 7000. Pero, ¿cómo se puede pretender que fusiláramos a la luz del día a 7000 personas?".
Actuar a la luz del día era la propuesta de Lanusse. "Hace un año yo pensaba igual que usted", le dice Bignone en 1977. "Entonces –responde Lanusse–, hace un año yo pensaba una cosa de usted y ahora pienso otra." Y le dice algo que ya citamos: "¿Cómo educar a los nuevos oficiales si ven todas las noches salir a sus compañeros o superiores encapuchados para cumplir tareas clandestinas?". He aquí la cuestión: ¿cómo educar a los nuevos oficiales? Y aquí radica el punto débil de Lanusse: ¿no sabía él (comandante en jefe del Ejército, Presidente de la República) que los oficiales argentinos eran educados en tácticas de contrainsurgencia según la teoría de la escuela francesa? ¿No sabía que esa metodología incluye la tortura como herramienta central de la lucha? ¿No sabía que la tortura –para poder extenderse en el tiempo– exige la clandestinidad? ¿No sabía que el torturado suele morir y lo que aconsejaban los derrotados de Dien Bien-Phu y Argelia era hacerlos desaparecer? Es imposible que no lo supiera. ¿Por qué no intervino en los planes de estudio? ¿Por qué no los cambió por una teoría de la represión del terrorismo según la juridicidad del Estado? ¿Cómo era posible que López Aufranc –un cruzado del exterminio– fuera su amigo? Ese fue su error. Eso llevó a la muerte a Edgardo Sajón y a Elena Holmberg. Se trata de no seguir cometiendo ese error. No sé qué diría Lanusse en su defensa. Sin embargo, ese error no debe anular su valentía en medio de la Argentina de la masacre y el valor que hoy tienen sus palabras. Fue un militar que no quiso ver deshonrado a su ejército. Con él, la Argentina no hubiera padecido la catástrofe humanitaria que la desangró. Pero estaba muy solo y lo derrotaron.
Escribí estas líneas para los jóvenes cuadros del Ejército, para traer al presente la voz de un militar contradictorio pero esencialmente honorable, al que respeto, al que, a veces, he llegado a admirar. ¿Lo de Trelew? Se lo hizo la Marina. ¿Que no lo condenó? No podía quebrar su frente interno. Era Lanusse. No dije que fuera Dios. Fue, nada más, nada menos, un militar decente que enfrentó a los militares clandestinos, a los asesinos de civiles y a los asesinos de la honra de su Ejército.

29 de marzo de 2009
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cc traducción mQh
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a 33 años del golpe


Dos marchas se sucedieron en la Plaza de Mayo para conmemorar los 33 años del golpe. El repudio al golpe militar y el reclamo por la aceleración de los juicios a los represores fue el pedido unánime. Decenas de miles de personas acompañaron la convocatoria de los organismos de derechos humanos y la del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia.
[Laura Vales] Argentina. "Despertemos a la justicia con ruido, con silbidos, con cantos", propuso la chica desde el escenario y abajo, en la Plaza de Mayo, la gente respondió con lo que tenía más a mano. Dos flaquitos que sostenían una pancarta la apoyaron en el suelo para aplaudir; el morocho del bombo hizo sonar el parche como en la cancha, y casi enseguida otros le siguieron el ritmo con las manos. Petardos, redoblantes, batucadas, cantitos. En el 33 aniversario del golpe del ’76, miles de personas reclamaron masivamente que se aceleren los juicios a los represores. Hubo dos marchas, una convocada por los organismos de derechos humanos y otra que reunió a las organizaciones de izquierda. Así, se hicieron dos actos con discursos muy diferenciados, durante una jornada en la que se pudo ver gente marchando a la plaza toda la tarde. Los primeros manifestantes llegaron al escenario montado junto a la Pirámide de Mayo a las tres y media, y cuatro horas más tarde todavía los últimos grupos seguían tratando de que se hiciera espacio para acercarse al lugar.
Clase media, trabajadores que fueron con sus sindicatos, piqueteros llegados en trenes desde el conurbano, militantes universitarios, gente sin adscripción a ningún grupo y militantes que se encolumnaron con su partido. Como todos los años, se volvió a ver esa mezcla: sobre la avenida de Mayo las columnas de las organizaciones sociales y políticas se formaron siguiendo el esquema acordado trabajosamente de antemano para la organización de la jornada, mientras por las veredas, saliéndose de ese orden, los manifestantes sueltos desbordaban el lento avance de las columnas. Como todos los años, también, se volvió a ver que la movilización es elegida por muchos padres para llevar a sus chicos a conocer una marcha del 24. Otro de los datos salientes es la cantidad de jóvenes que siempre logra reunir el repudio a la dictadura.

Los Organismos
La primera de las marchas fue convocada por los organismos de derechos humanos. Organizada por H.I.J.O.S, Madres Línea Fundadora, Abuelas, Herman@s, el Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels), la Asociación por los Derechos Humanos (APDH), el Serpaj y el Medh, entre otros, la actividad estuvo precedida, el lunes, por un recital frente a los Tribunales para reclamar a la Justicia por la demora en los juicios por violaciones a los derechos humanos.

Los organismos cuestionaron que a seis años de haberse anulado las leyes de Punto Final y Obediencia Debida "sólo haya 44 condenas". Recordaron que "526 genocidas esperan el juicio oral", pero por la lentitud de los procesos "192 represores ya murieron", mientras otros 47 continúan prófugos. "Numerosos juicios se han reabierto desde que las leyes de Obediencia Debida y Punto Final fueran declaradas inconstitucionales en el 2001, que el Congreso Nacional las anulara por ley en el 2003 y que la Corte Suprema ratificara este camino en el 2005", reconocieron desde el escenario, donde un grupo de Madres de Plaza de Mayo leyó un documento consensuado. "Pero ¿cuántos decenios serán necesarios para condenar a todos los genocidas por todos los compañeros? Ya llevamos demasiados años exigiendo justicia. Todos los poderes del Estado tienen la responsabilidad de acelerar los procesos que se llevan contra los autores de crímenes de lesa humanidad y terminar con las consecuencias de los indultos".
En esta edición, la entrada a la plaza de la marcha fue encabezada por una escuadra de bailarinas de La Chilinga, la escuela social de percusión y danza fundada por Daniel Buira, el baterista de Vicentico. Vestidas de blanco de la cabeza a los pies, unas cincuenta chicas bailaron al ritmo de la batucada. Atrás fue la tradicional bandera con las fotos de los desaparecidos y las columnas de los organismos. Siguieron las organizaciones sindicales –la CTA con sus gremios, la Secretaría de Derechos Humanos de la CGT, la UOM Quilmes– y los movimientos sociales y políticos. Las organizaciones K tiñeron de celeste este tramo de la marcha: la Juventud Peronista, el Movimiento Libres del Sur, el Movimiento Evita, La Cámpora, el Frente Transversal, Nacional y Popular fueron algunas de ellas, casi todas con imágenes de Eva Perón en sus pancartas. También hubo agrupaciones que no integran el kirchnerismo, como el Encuentro por la Democracia y la Equidad –del intendente de Morón, Martín Sabbatella–, Proyecto Sur –de Pino Solanas–, el Partido Comunista y la UCR.

Los Sueltos
Guillermo, su mujer y sus dos hijos fueron de los "sueltos" de la marcha. "Vivimos en La Plata y este año decidimos venir a marchar acá", contó él. ¿Por qué? "Pensamos que la plaza venía de ser ocupada por otra manifestación, que no tuvo nada que ver con lo que queremos sino con la idea de instalar la pena de muerte. Me parece que se vienen tiempos difíciles", definió. Simón, de 14 años, llevaba puesta una remera con el reclamo de aparición con vida de Julio López; dijo que para él, ir a la marcha era "una forma de aprender".
También Claudia, responsable de la murga infantil Los Zumbados, dio ese sentido a la movilización. "Teníamos ganas de venir hacía mucho", relató. Viajó desde Moreno con 30 de los chicos. "Todos tienen ya una idea porque el tema del golpe se trata en los colegios, pero es importante que puedan venir y ver esto", aseguró.

El Encuentro
A los reclamos de la primera marcha siguieron los de la segunda, convocada por el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, que reúne a trescientas organizaciones sociales y políticas. Los partidos de izquierda, sus movimientos sociales, los estudiantes de la Federación Universitaria de Buenos Aires aportaron las columnas más numerosas de esta movilización.
El Encuentro llevó en su cabecera la consigna "Basta de impunidad y represión" y difundió un documento con duras críticas al gobierno. "Desarmar la impunidad requiere de mucho más que discursos, requiere de una decisión política que el gobierno no tiene", señalaron allí. La Asociación de ex detenidos desaparecidos, la Liga Argentina por los derechos del hombre, el Centro de Profesionales por los derechos humanos fueron algunos de los que se ubicaron en la cabecera compartida con hubo dirigentes del Partido Obrero, el Movimiento Socialista de los Trabajadores, el PTS, la Corriente Clasista y Combativa y la Federación Universitaria de Buenos Aires (Fuba), entre otros.
"A pesar de lo que dice el gobierno, el 95 por ciento de los genocidas están libres", plantearon en el texto que leyeron sobre el mismo escenario de la Plaza de Mayo. De los condenados o procesados, "la mayoría siguen en escandalosas condiciones de detención en countries o dependencias militares". Las organizaciones también criticaron "el tarifazo, los despidos", "las cifras ridículas publicadas por el Indec" y "el pago de la deuda externa" como señales de que el gobierno pretende "salir de la crisis sin tocar a los verdaderos responsables".
El reclamo por la desaparición de Julio López, el rechazo a los pedidos de mano dura, el rehusarse a tener una mirada policíaca de los problemas sociales fueron puntos muy presentes en la jornada.
Además de los cientos de carteles con la foto de López que llevaron los manifestantes a las marchas, hubo pancartas que contestaron los recientes reclamos por la pena de muerte. "Mientras piensan cómo matarnos, nosotros ya vivimos condenados a muerte", decía una bandera escrita a mano con toda la impronta del conurbano. En otra también manuscrita se leía: "cuando se habla de pena de muerte, la humanidad retrocede en cuatro patas".

25 de marzo de 2009
6 de abril de 2009
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