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ex dictador bignone a juicio


Patti y Bignone, a juicio oral en una causa por secuestros, torturas y desapariciones.
Argentina. También está involucrado el ex general Santiago Riveros. En la causa se investigan los crímenes de cinco militantes peronistas durante la última dictadura.
El ex subcomisario Luis Abelardo Patti, el ex general Santiago Omar Riveros y el ex presidente de facto Reynaldo Benito Bignone irán a juicio oral en una causa por secuestros, torturas y desapariciones durante la última dictadura militar.
Fuentes judiciales informaron a la agencia DyN que así lo dispuso hoy el juez federal subrogante de San Martín Juan Manuel Yalj, al elevar a juicio oral y público una causa por delitos de lesa humanidad cometidos en jurisdicción del Primer Cuerpo del Ejército.
Puntualmente, Patti, Bignone y Riveros están procesados por los crímenes de cinco militantes peronistas, entre ellos el ex diputado Diego Muniz Barreto. Y también por los casos de Gastón Gonzalvez y Carlos Souto.
Por estos casos, la Cámara de Diputados había rechazado el pliego de Patti, ex intendente de Escobar, cuando resultó elegido en 2005, aunque más tarde la Corte Suprema lo habilitó a asumir ese cargo. La Cámara baja le quitó los fueros.

20 de abril de 2009
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el falso arrepentido


Un falso arrepentido que vendía información en Argentina y Brasil. El chofer de Chamorro que habló demasiado.
[Gustavo Veiga] Argentina. El legajo de la Conadep de Claudio Vallejos (DNI 13.831.862) tiene 274 folios y allí figura que pasó por los campos clandestinos de detención El Vesubio, El Banco, La Cacha, El Atlético, el BIM 3 y hasta La Perla, en Córdoba. Sus crímenes los contó él mismo con lujo de detalles en entrevistas concedidas a los medios entre 1984 y 1986, tanto en la Argentina como en el exterior. De ellas también se desprenden contradicciones, sobre todo entre las notas que dio aquí y las que le hicieron en Brasil. En las primeras dijo que había presenciado interrogatorios "en dos o tres oportunidades" y en las segundas que asesinó a "por lo menos treinta personas" y que participó "como agente activo de muchas de esas torturas".
El 26 de julio de 1984, la revista La Semana tituló su nota de tapa "Yo participé con Chamorro en el secuestro de Hidalgo Solá", una frase que se le atribuye a Vallejos y que está ubicada al pie de una fotografía tomada en primer plano al represor. En el artículo, que se completaría en el número siguiente, el hombre vestido con saco y corbata se prestó a recrear el mismo trayecto que hizo un grupo de tareas que salió de la ESMA para secuestrar al por entonces embajador argentino en Venezuela, Héctor Hidalgo Solá.
"Según el capitán Acosta (por ‘el Tigre’), el que planificó la detención del embajador Hidalgo Solá fue el contraalmirante Chamorro –contó—, que ordenó esa detención por orden de Massera. También fue quien ordenó que lo siguieran a Solá durante su estadía en la Argentina. Creo recordar que Hidalgo Solá llegó al país el 11 de julio de 1977."
Vallejos describió con precisión quirúrgica su participación en el secuestro del embajador, que conocía muy bien ciertos planes de Massera, en La Semana, reveló detalles sobre la desaparición de las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet al canal Antena Dos francés, y a las revistas brasileñas Fatos y Senhor les dio pormenores del secuestro del pianista de Vinicius de Moraes y Toquinho llamado Tenorio Junior, "Tenorinho", detenido por su aspecto (barba, pelo largo y cierto aire intelectual) sobre la avenida Corrientes. El músico de 35 años desapareció para siempre después de un show en el Gran Rex. El represor y estafador acusó de su muerte a Alfredo Astiz en este diálogo reproducido por Senhor.

"–¿Cómo fue muerto él?
–Con un tiro en la cabeza.

–¿Y quién disparó?
–El teniente Astiz."

Para Vallejos, quien en la misma y extensa entrevista se definió como "el más joven agente de informaciones del mundo", todo lo que hizo fue "por el bien del pueblo argentino y para mantener el bienestar de la nación contra el comunismo". Cuando aceptó estos reportajes a mediados de los años ’80, también confesó que varios militares se habían fugado a Brasil: "Viven hoy en Río de Janeiro, Vitoria y otras ciudades", sostenía.
Es posible que algunos continúen camuflados en la inmensidad del vecino país, como supone Jair Krischke, fundador del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos de Río Grande do Sul, quien acaba de visitar Buenos Aires buscando más rastros sobre la represión ilegal. Vallejos, en cambio, perdió la privacidad hace mucho tiempo.

20 de abril de 2009
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una rata en apuros


Buscado en Brasil por estafar como falso periodista. Claudio Vallejos tuvo su momento de fama en los ’80 cuando vendía información sobre la represión en la ESMA. Fue chofer de altos oficiales de la marina y ahora tiene un extenso prontuario en Brasil.
Gustavo Veiga] Argentina. Cuando se piensa en la edad de los represores de la última dictadura, se teme que mueran antes de cumplir su condena. O algo peor: que ni siquiera lleguen a juicio. La mayoría son octogenarios. No es el caso de Claudio Vallejos. A los 50 años, quizás esté libre en algún lugar de Brasil y se siga haciendo pasar por periodista de una revista que no existe para cometer estafas. La última vez que lo detuvieron in fraganti fue el 7 de enero pasado en Bom Jesús, estado de Santa Catarina. Lo buscaban por estelionato ("delito de quien encubre en un contrato la obligación que pesa sobre sus bienes", según el diccionario). Nadie lo perseguía por sus crímenes en la Argentina, que incluyen asesinatos y torturas cometidos entre 1976 y 1979, cuando integraba un grupo de tareas de la Marina.
Más gordo y sin el bigote con que aparecía en las múltiples entrevistas que concedió en la década del ’80, Vallejos tiene hoy el estatus de un forajido. Casi nadie recuerda su antiguo prontuario: legajo Conadep 3157, ex integrante del Batallón 3 de Infantería de Marina (BIM 3) y del servicio de inteligencia naval. En Brasil, apenas debe responder por fraudes en los estados de Santa Catarina y Mato Grosso. El diario Catarinense, citando a fuentes de la Policía Civil, publicó que "se hacía pasar por periodista y vendía anuncios para una revista llamada ‘Municipios’, que no existe".
Cuando lo arrestaron por pedido de un juez del municipio de Quilombo (conocido por sus aguas termales y un paisaje repleto de cerros), en el oeste de Santa Catarina, el represor portaba dos documentos de identidad, uno expedido por las autoridades de aquel estado y otro por las de Río de Janeiro. El nombre de su madre, según el periódico brasileño, figuraba de diferente manera en ambos. Transferido a la cárcel regional de Xanxere, consiguió la libertad rápidamente gracias al juez suplente André Luiz Bianchi y a que el estelionato es considerado un delito menor. En una alvará de soltura (orden para liberar a un detenido) concedida por el magistrado en enero, figuran sus datos personales actualizados: Claudio Vallejos, soltero, periodista, nacido en Buenos Aires, Argentina, el 29 de mayo de 1958, hijo de Antonio María Vallejos y María Bonfilho.
En su raid delictivo dejó víctimas en los municipios de Sao Miguel do Oeste, Xaxim, Abelardo Luz, Faxinal dos Guedes, Dionisio Cerqueira, Aguas Frías, Bom Jesús, Iguazú y Ouro Verde. Su trayectoria como estafador se acerca a los veintisiete años de vigencia, seis menos que el tiempo transcurrido desde que participaba en operativos clandestinos para secuestrar, torturar y hacer desaparecer personas. A Vallejos lo detuvieron por primera vez el 29 de agosto de 1982 y permaneció encarcelado por estafa hasta el 14 de junio de 1984 en la Unidad 16, la vieja cárcel de Caseros destinada al personal de las fuerzas de seguridad. Integrante de un puñado de represores que dijeron arrepentirse sólo para obtener recompensas (Néstor Cendón y Orestes Estanislao Vaello también integran esa lista), el ahora falso periodista y productor publicitario abandonó la Armada en 1979, aunque fue reclutado nuevamente para "cumplir tareas de infiltración en empresas del Estado o que trabajaban para el Estado: Dar Financiera, Darón Argentina... Mi tarea específica era determinar el pensamiento, la ideología de la gente que trabajaba allí, ya fuesen ejecutivos, empleados jerárquicos, ingenieros", según confesó en un extenso reportaje que salió desdoblado el 26 de julio y el 2 de agosto de 1984 en la desaparecida revista La Semana. Acababa de salir de prisión.
Tras cumplir la condena por estafa, denunció que en el Departamento Central de Policía lo había agredido un oficial de la Federal que le reprochó su condición de "quebrado" y lo amenazó con que pagaría las consecuencias afuera. Mostró como prueba de ello un escrito judicial firmado por él y Rafael Alejandro Oliden, el secretario de un Juzgado Federal donde constaban sus dichos.
Vallejos buscó refugio en Brasil a mediados de los ‘80. Allí concedió entrevistas a medios gráficos como las revistas Fatos (Hechos) y Senhor que lo presentaron bajo los títulos "Claudio Vallejos, profesión torturador" y "La historia oficial", respectivamente. Estos artículos son de 1986 y forman parte del archivo del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos de Brasil. También se prodigó en un largo reportaje que le concedió a la televisión francesa y sus declaraciones recorrieron el mundo.
En la redacción de Senhor, en Río de Janeiro, agentes de la Policía Federal brasileña lo detuvieron mientras concedía un segundo reportaje a ese medio. Tenía 28 años y cuando lo entrevistaba el periodista Mauricio Dias sobre los brasileños secuestrados, torturados y desaparecidos en la Argentina, lo atraparon en un operativo relámpago por la denuncia del abogado de una de las víctimas: Sydney Marques dos Santos.
Beneficiado por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida aprobadas sucesivamente en 1986 y 1987, el represor se procuró una nueva actividad en Argentina. El 1º de mayo de 1988 –así figura en un banco de datos comercial– abrió un bar con servicio de mesas y mostrador en la avenida Libertador 3366, de Bernardo de Irigoyen, en la provincia de Misiones.

20 de abril de 2009
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investigan a obispo demoníaco


Juan Rodolfo Laise sera investigado junto a un camarista de Mendoza por su actuación durante la dictadura. El Tribunal Oral Federal de San Luis investigará al obispo emérito de esa provincia, al ex juez federal Eduardo Allende y a su secretario Carlos Pereyra González, actual camarista de Mendoza, por su complicidad durante la represión ilegal.
[Diego Martínez] Mendoza, Argentina. El obispo emérito Juan Rodolfo Laise, el ex juez federal Eduardo Allende y su secretario Carlos Martín Pereyra González, actual juez de la Cámara Federal de Mendoza, serán investigados por la Justicia junto con decenas de militares retirados y policías, todos libres e impunes, por su rol en San Luis durante la última dictadura. Así lo resolvió el Tribunal Oral Federal puntano, que el mes pasado condenó a prisión perpetua a cinco represores, fallo cuyos fundamentos se conocieron ayer.
En términos estrictos la decisión de investigar la complicidad civil fue de Raúl Alberto Rodríguez y Roberto Julio Naciff, que detallaron los relatos que vinculan a magistrados con torturadores y destacaron que Laise no sólo conocía "el proceso de exterminio del opositor político" sino que, como máxima autoridad de la Iglesia Católica, "tenía ascendencia e incidencia sobre aquellos que lo estaban ejecutando". El tercer juez, Jorge Roberto Burad, redactó su propio voto y se limitó a los uniformados.
"El hecho de que el obispo Laise acudiera al Comandante del Area 333 para matar a una persona no tiene otra lectura sino que el prelado conocía que en San Luis se estaba matando gente", apuntaron. La persecución por parte del obispo que denunció el ex sacerdote Pablo Melto, la declaración del coronel Miguel Angel Fernández Gez sobre el pedido divino de hacer desaparecer a un cura y los dos secuestros que sufrió Melto "son bastantes motivos para disponer se extraiga compulsa de Laise por la posible comisión de delito". Como ejemplo de la ascendencia del obispo citan "el sermón que en la Penitenciaría dio a los detenidos políticos, junto a los torturadores, diciéndoles ‘hijos míos, a ustedes hay que extirparles el alma’", sabiendo que "para extirparles el alma había que matar el cuerpo".
La descripción pormenorizada de toda la estructura ilegal que operó en San Luis deja en evidencia el largo camino de justicia por recorrer. La plana mayor del Comando de Artillería 141, a cargo de Fernández Gez, la encabezaba el teniente coronel Guillermo Daract y la integraban Raúl Benjamín López, Gerácimo Dante Quiroga y Enrique Loaldi. Del Comando dependía el Grupo de Artillería de Defensa Antiaérea 141 a cargo del teniente coronel Juan Carlos Moreno, a quien secundaban los tenientes Horacio Angel Dana, Carlos Alemán Urquiza, Alberto José Moreira, Urbano Acuña y Andrés Merlo, entre otros. De los secuestros cotidianos y los "ablandes" en la Jefatura de Policía se encargaba el capitán Carlos Plá y su "patota" del Departamento de Informaciones (D2), compuesta por el comisario Víctor David Becerra y los oficiales Juan Carlos Pérez, Carlos Hemenegildo Ricarte, Luis Mario Calderón, Omar Lucero, Cirilo Chavero, Juan Amador Garro, Luis Alberto Orozco y Jorge Hugo Velázquez.
"Las estructuras y engranajes represores señalados actuaban coordinados entre ellos y valiéndose de todo el poder que les daba el aparato estatal", destacaron. El grupo de Plá se encargaba de "buscar la información, llevar a cabo los secuestros, interrogatorios, tortura y operativos como los de libertades aparentes y posterior desaparición de las víctimas, que concluían con su muerte, en los que intervenían todos sus integrantes". La patota de Moreno daba "cobertura logística y operativa con hombres, armas y movilidad para los secuestros". En los interrogatorios en el centro clandestino que funcionó en la granja La Amalia destacaron el rol de Loaldi y Urquiza. Todos "conocían perfectamente la situación de cada detenido y cuál era la libertad real y cuál la ficticia". "Para asegurar el pacto de silencio era necesario que todos intervinieran desde el principio hasta el fin."
El voto mayoritario destaca la imposibilidad de condenar a los represores por el delito de genocidio, como solicitó la APDH. "De todas maneras, me veo en la obligación moral y jurídica de reconocer que en la Argentina en 1976-83 tuvo lugar una práctica sistematizada de exterminio de oponentes políticos que debemos calificar como genocidio", apuntaron Rodríguez y Naciff. El presidente del Consejo de la Magistratura, Luis María Bunge Campos, presenció la lectura de la sentencia.

16 de abril de 2009
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murió mabel gutiérrez


Murió Mabel Gutiérrez, titular de familiares de detenidos y desaparecidos por razones políticas. Desde el secuestro de su hijo Alejandro, en julio de 1978, Mabel Gutiérrez empezó su lucha inclaudicable por la verdad y la justicia. Falleció ayer por la mañana de un paro cardíaco. Sus cenizas serán esparcidas en el Parque de la Memoria.
[Diego Martínez] Argentina. A los 77 años, luego de treinta de lucha inclaudicable para exigir verdad y justicia, falleció ayer Mabel Gutiérrez, presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y una de las máximas referentes de los organismos de derechos humanos del país. Integraba la organización desde el secuestro de su hijo Alejandro, el 24 de julio de 1978. Durante las últimas semanas participó de reuniones y encuentros, incluso con la presidenta Cristina Fernández, para consensuar estrategias con vistas a acelerar los juicios por crímenes de lesa humanidad. Representaba a Familiares ante el Instituto Espacio para la Memoria. Sus restos serán velados hasta las cuatro de la tarde en la sede de Familiares, Riobamba 34. Luego su familia la despedirá en el cementerio Parque Iraola de Berazategui. Sus cenizas, tal su último deseo, se van a esparcir el martes a las once de la mañana en el monumento a las víctimas del terrorismo de Estado en el Parque de la Memoria de Costanera Norte.
"Era una mujer con enorme lucidez, inteligencia y capacidad para resolver situaciones. No es casual que la redacción de todos los documentos de los organismos históricos se los encomendaran a Mabel", recordó ayer Cristina Muro, que integra Familiares desde 1977.
Mabel había nacido en Saliqueló pero por el trabajo de su padre vivió en varios pueblos hasta que se instaló en Carlos Casares. Allí formó su familia. Tuvo tres hijos, ocho nietos y tres bisnietos. Hacia mediados de 1978 era ama de casa y había empezado a estudiar arquitectura. Alejandro tenía 25 años, había estudiado periodismo y trabajaba en una vidriería. Fue secuestrado en Tolosa, cerca de La Plata, donde militaba, y visto por última vez en cautiverio en el centro clandestino La Cacha, que formó parte del circuito Camps. La causa que debería investigar los crímenes cometidos allí está radicada en el Juzgado Federal de Manuel Humberto Blanco, que aún no citó a declarar a ningún represor.
Tras la desaparición de Alejandro, abandonó el apellido de soltera y pasó a llamarse Mabel Gutiérrez, como un modo de hacer público el orgullo por su hijo. Pronto se integró a Familiares, el primer organismo de allegados directos de víctimas del terrorismo de Estado, nacido en septiembre de 1976. "Alejandro me había hablado de este organismo, me mostró el camino", contó alguna vez.
"Desde el inicio, nuestro nombre fue una declaración de principios. Eramos un grupo grande de madres, padres, hermanos, esposos de desaparecidos y detenidos, y siempre tuvimos en claro que las causas eran razones políticas", explicó. Su lucha no se limitó a los desaparecidos. "Los presos políticos, más de 10.000, eran víctimas de los mismos métodos represivos. Era una bandera y lucha paralela. Discutíamos con otros organismos que decían que por lo menos sus familias sabían dónde estaban. Nosotros sosteníamos que debíamos lograr que los liberaran", rememoró.
"Desde la desaparición del Flaco, Mabel asumió la defensa de los derechos humanos en forma inclaudicable", recordó María, la mujer de Alejandro, con quien tuvo dos hijos. "Con esa bandera de lucha exigió justicia aquí y en el exterior. Lamentablemente no llegó a obtener justicia en nuestro caso, pero alcanzó a ver que su lucha fue asumida por la sociedad en su conjunto. Eso es gracias a luchadoras como Mabel, que nunca se dio por vencida. Su ejemplo de amor, honestidad y consecuencia es un orgullo para toda su familia", agregó.
En 2001, durante la inauguración de la escultura Victoria en el Parque de la Memoria, Mabel explicó que la obra simbolizaba "la victoria de la memoria sobre el olvido y el silencio". Recordó que para su autor, William Tucker, "refleja el horror pero también la esperanza", y agregó que la consideraba "un llamado a nuestro deber y compromiso de asumir las reivindicaciones de un modelo de país con trabajo, educación, salud y vivienda para todos, que enarbolaron miles de detenidos-desaparecidos, asesinados, presos políticos y exiliados, para lograr que su lucha se haga realidad". Allí, junto al nombre de Alejandro, descansarán sus cenizas.

11 de abril de 2009
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empujón contra la impunidad


Los fiscales impulsan en mendoza un proyecto para acelerar los juicios. Organismos de derechos humanos respaldaron la iniciativa de los fiscales federales para que los tribunales de Mendoza se avengan a juzgar a los represores acusados por delitos de lesa humanidad.
[Diego Martínez] Argentina. La impunidad que reina en Mendoza, con más de doscientos desaparecidos y ningún represor preso, podría comenzar a revertirse. Con el visto bueno de los organismos de derechos humanos, la firma de dos fiscales federales y del flamante fiscal general ante el Tribunal Oral, la Unidad de Coordinación y Seguimiento de investigaciones sobre terrorismo de Estado de la Procuración General de la Nación presentó ante el juez federal Walter Bento un plan de trabajo para acumular causas a fin de agilizar las instrucciones y lograr en el corto plazo los primeros procesos orales y públicos. El fiscal federal Jorge Auat, director de la Unidad, anunció también la creación de una oficina de asistencia, con siete empleados, que ya funciona en una dependencia de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
El anuncio se produjo días después de que la directora de Derechos Humanos provincial, María José Ubaldini, adelantara la voluntad del gobierno de Celso Jaque de sumarse al pedido de juicio político contra Alfredo Cuitiño, Carlos Pereyra González y Julio Petra Fernández. Son los miembros de la Cámara Federal que en noviembre liberó a los últimos dos represores presos. Las primeras denuncias ante el Consejo de la Magistratura las formularon el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos local y la Fundación Liga Argentina por los Derechos Humanos.
El documento que recibió Bento lleva las firmas de Auat, del fiscal general Oscar Palermo y de las fiscales María Alejandra Obregón y María Gloria André. "Compartimos la propuesta", aclaró Viviana Beigel, abogada del MEDH. "Venimos reclamando la unificación desde la reapertura de la causa hace cuatro años. Nunca se nos hizo lugar salvo alguna excepción puntual. Por primera vez un fiscal propicia el mismo criterio", agregó.
A partir del estudio de 116 expedientes, que abarcan a 245 víctimas, los fiscales plantearon la necesidad de elevar en conjunto los ocho que tienen requerimiento fiscal y los once que cuentan con procesamientos firmes, para que se traten en un único debate oral. La oficina que conduce Palermo formulará un pedido similar al TOF para que unifique las nueve causas ya elevadas. Sobre el resto de los expedientes, la propuesta es acumularlos en tres grupos, según centros clandestinos: Casino de Suboficiales, Campo Las Lajas y la Dirección de Investigaciones (D2) de la policía. La unidad reclamó que en las causas no elevadas se indague a los imputados por asociación ilícita y formuló un planteo para que recusaciones y excusaciones de camaristas sean resueltas por jueces y no por abogados.
Los anuncios, sumados a declaraciones de Auat sobre la necesidad de sanear la justicia, desataron una dura reacción de los magistrados cuestionados. Petra Fernández acusó al fiscal de "falta de decoro y dignidad", repudió sus "expresiones lamentables" y anunció una presentación ante el procurador Esteban Righi que aún no se concretó. También expresó su disgusto por las palabras del ministro de Gobierno, Mario Adaro, por repudiar el rol de la Justicia durante la dictadura y aseguró que el anuncio de Ubaldini de sumarse al pedido de juicio político "no representa el pensamiento del gobernador". Las acusaciones de Petra Fernández derivaron en muestras de solidaridad hacia el fiscal Auat, incluida la del diputado nacional mendocino Jorge Álvaro, que denunció que "este apego al formalismo esconde el evidente propósito de proteger encubriendo a los responsables de delitos aberrantes cometidos hace más de tres décadas".
Las buenas nuevas se producen luego de un 2008 para el olvido, que incluyó amenazas y mensajes mafiosos contra testigos y querellantes. Hace un año, tras meses de resistencia, el Partido Demócrata renunció al Ministerio de Seguridad en respaldo del ex comisario Carlos Rico Tejeiro, denunciado por su actuación en la D2. Pereyra González fue denunciado en San Luis por negarse a recibir denuncias de tormentos cuando era secretario del juez puntano. Un abogado que asistía a familias de víctimas declaró que el camarista le confesó haber visto a una detenida torturada en la Jefatura de Policía. El juez pidió una audiencia especial para someterse a un careo pero cuando el Tribunal fijó la fecha no se presentó.

10 de abril de 2009
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demuelen muro de la discordia


Los vecinos de san fernando destruyeron el muro que había levantado el intendente de San Isidro. A la mañana, chicos y no tan chicos la emprendieron con martillos y mazas contra el muro. La policía no intervino. Luego llegó la orden judicial de frenar la obra. Posse acató, aunque ratificó su idea.
[Emilio Ruchansky] Argentina. Las abuelas fueron con sus nietos, los pibes llevaron mazas y cortafierros, veinte policías miraron la escena de cerca sin atinar a interrumpirla: eran las 10.45 cuando un mazazo quebró el silencio y el muro. Los bloques de cemento sobre la calle Uruguay no estaban amurados al piso sino a las columnas de acero; no hacía falta estudiar mucho el asunto, bastaba con golpear esas juntas para que cayeran los últimos cinco bloques. Y cayeron ayer, antes de que saliera el amparo judicial para frenar la construcción, antes de la visita del ministro de Seguridad bonaerense, Carlos Stornelli, que había prometido la suspensión de la obra hasta el lunes. El muro se levantó arbitrariamente; tirarlo, para los damnificados, fue una especie de justicia por maza propia.
El derrumbe fue aplaudido por todos los presentes, incluyendo a los muchachos del sindicato de camioneros de la zona, que se sumaron a la volteada. A un costado de la calle Uruguay, que separa o une –según cómo se mire– San Fernando de San Isidro, el subsecretario de Planificación del primero de esos municipios charlaba con la prensa. "La situación no es sencilla", explicaba. "El muro nos genera un problema violento, pero tenemos que agotar todos los carriles para que la situación se resuelva con cordura y tranquilidad." Diego Rossi, el funcionario en cuestión, había ido para hablar con los vecinos y ratificar el rechazo de las autoridades a esa medida adoptada por el municipio de San Isidro para "proteger" el vecindario.
Al rato pasó Stornelli, custodiado por uniformados y funcionarios. Fue para inspeccionar el lugar por orden del gobernador Daniel Scioli y charló con los vecinos, que le dedicaron un largo aplauso. Prometió usar "el poder de policía" si vuelven a levantar el muro. "Es una locura que hay que frenar lo antes posible, esto no puede existir en la mente de nadie", dijo. Luego aseguró que la Municipalidad de San Isidro "no tiene jurisdicción sobre la vía pública para impedirla ni para cercar barrios ni dividir gente". Lo acompañó el intendente de San Fernando, Osvaldo Amieiro, quien sostuvo que la inseguridad "la sufren en mayor medida los más pobres que los más ricos".
Pasado el mediodía, uno de los carriles había sido liberado y apareció una pala mecánica de la misma compañía que instaló el muro, pero con pretensiones de llevarse los bloques de cemento desparramados sobre la calle. Fue una lucha desigual. El operario utilizó una garra metálica que está en la parte de atrás del vehículo, pero sólo consiguió desplazar los bloques. Luego, con una uña de la garra, quiso sacar los restos de las columnas de acero. Tampoco tuvo éxito. Una señora veía la escena y le decía a otra: "Fijate cómo le cuesta a la máquina y cómo lo sacaron los guachos, así nomás, de una".
A la vuelta, sobre la calle Antártida Argentina, un grupo de chicos de entre 8 y 15 años se desquitaban con dos pilas de bloques de cemento depositados sobre la vereda. Jonathan los rompía con una gran adoquín que apenas podía levantar, Nicolás le daba con una maza de mango largo como las que se usan para tumbar paredes, Mauricio golpeaba con un martillo de carpintero, Lucía le pegaba a los bordes con maza y punta, Matías intentaba con un garrote, Ariel y Federico daban vuelta los bloques para destruirlos contra el piso. Todos festejaban, como si estuvieran en Carnaval tirándose bombitas.
En la esquina de Uruguay y Carlos Tejedor, un camión de Cliba, pagado por el municipio de San Fernando, se disponía a borrar los rastros. Tenía una mano mecánica con dos garras en forma de pinza, que elevaban los bloques y los depositaban en el acoplado del vehículo. La gente aplaudía, se abrazaba, se besaba. Más allá, un operario cortaba las columnas de acero con una amoladora; otro iba detrás y golpeaba la base de metal hasta abollarla. Seguían los aplausos y un solo canto: "¡Nunca más!", ¡Nunca más!".
Graciela Lescano, una abuela de 80 años que vive del lado de San Isidro, miraba la escena emocionada. Ella estuvo el viernes pasado en una reunión hecha en la iglesia del pastor Castro, sobre esa misma calle, adonde acudió pensando en que discutiría un proyecto para solucionar las inundaciones en el barrio. Sin embargo ese encuentro pautado con Miguel Beliz, del área de Desarrollo Social de su municipio, era para hablar del muro, cuya construcción ya había comenzado del otro lado del calle Carlos Tejedor sin que nadie lo sospechara.
En la reunión estaban los 33 frentistas que según el intendente Gustavo Posse, impulsor de la medida, fueron quienes solicitaron el muro. "Eso no es cierto", dijo la abuela. "Nadie en la cuadra estaba de acuerdo. Yo escuché un rato lo que decía Beliz y los otros tres hombres de la municipalidad que estaban. Pero enseguida me levanté y me fui indignada. Decían que entre calle y calle iban a poner molinetes para que pasaran los vecinos, y cámaras de seguridad."
Su hija Magdalena se quedó hasta el final de la reunión junto a su marido. Preguntó si había espacio para que pasaran los bomberos o las ambulancias. Le dijeron que no. Después preguntó si iban a sacar los árboles y le dijeron que no, que si molestaban "los corrían". Después preguntó por el recorrido de los colectivos y enseguida Beliz la cortó en seco. "Estás haciendo demasiadas preguntas." Su marido levantó la voz y dijo lo que muchos pensaban: "¿Esta reunión es para pedirnos nuestra opinión o solo para informar? ¡Para qué carajo nos invitan si esto ya estaba decidido de antes!".
Lescano, su hija y Silvia Maidana, otra vecina que se sumó a la charla y vive en la vereda de la discordia, juraron que casi ninguno de los 33 frentistas estuvieron de acuerdo. Las tres aclararon los tantos con sus vecinos de San Fernando cuando se desató el conflicto. Después supieron por el intendente del distrito de enfrente que había un petitorio firmado por doce familias a seis cuadras de ahí, en el lujoso barrio La Horqueta. Maidana aseguró que al terminar la reunión le advirtió al funcionario de Desarrollo Social que tenía que avisar a los vecinos porque iba a haber mucha resistencia. "Me dijo que iban a volantear, me mintió."
Cuatro días después, su pronóstico se cumplió. Cuando los vecinos se toparon con las rejas montadas sobre los bloques de cemento, apedrearon a los operarios y tiraron las rejas. Al otro día, hicieron palanca con las columnas de acero que quedaron en pie, mientras la guardia de Infantería protegía el último tramo de cemento. Ayer, terminaron de tirar el muro erigido bajo la política de los hechos consumados.
Esa lógica, cuyo lema es "construir primero, negociar después", también sucedió (y sucede según contaron varios vecinos) en la avenida Boulogne Sur Mer, que divide las localidades Pacheco y Don Torcuato. Allí, un grupo de propietarios de muy buen nivel adquisitivo pusieron tranqueras en las calles de salidas de las cuatro manzanas en las que viven. Y las cierran de noche ante la complicidad policial.
A estas estrategias se contrapuso la de los vecinos de San Fernando, que destruyeron lo hecho antes de que se expandiera, pese al riesgo de ser reprimidos. Siguieron ese viejo dicho: "A veces es mejor pedir perdón que pedir permiso".

10 de abril de 2009
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debate sobre pena de muerte


Debate sobre la ofensiva por la pena capital. El ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni y el rabino Daniel Goldman analizaron la ofensiva mediática en pos de la pena de muerte, desde el punto de vista del derecho y la teología.
Argentina. "La pena de muerte no es eficiente como forma preventiva del delito", sentenció el ministro de la Corte Suprema de Justicia. Fue uno de los argumentos que se expusieron en la mesa "Reflexiones entre el derecho y la teología", que compartió con el rabino Daniel Goldman, como respuesta a la ofensiva mediática en favor de la reimplantación de la pena capital como solución a los denominados "problemas de inseguridad". El martes, ante un auditorio repleto, en el hall central del edificio de la Comunidad Bet El, los disertantes expusieron sus argumentos legales, jurídicos y teológicos contrarios a cualquier tipo de condena que haga foco en la "muerte del reo". La discusión se basó en un interrogante central que recorrió cada una de las explicaciones de los expositores: "¿Por qué, como una trágica sombra, la pena de muerte acompañó a la historia?", fue la pregunta formulada por el abogado y moderador, Martín Magram, para dar inicio al debate. La "sensación de inseguridad" de un grupo de vecinas del barrio de Belgrano presentes en el encuentro funcionó como cierre y excusa para una próxima discusión.
Sentados en una pequeña mesa frente al auditorio, Zaffaroni y Goldman vistieron informales: camisa, jeans y zapatillas deportivas. El moderador inició el encuentro con una introducción. "En Argentina se condenó a muerte en tres ocasiones. La última vez fue en 1915. Sin embargo, siendo la pena de muerte un recurso tan horrible y aberrante, sigue estando vigente en muchas discusiones", dijo Magram y continuó argumentando a partir de un dato fáctico: "La metáfora ‘ojo por ojo, diente por diente’ está tan arraigada socialmente que, en nuestro país, recién el año pasado se abolió definitivamente la pena capital con la derogación del Código de Justicia Militar". Después de la breve presentación del tema, el moderador dio paso a los disertantes para que explicaran el porqué de la constante recurrencia "a dar muerte" como parte de algunas de las políticas modernas contra la "inseguridad".
Goldman abrió el diálogo. Pese a que en su exposición el rabino recuperó la argumentación teórica del filósofo alemán Zigmunt Bauman, la explicación sobre la actualidad del debate de la pena de muerte fue clarísima: "Condenar a un preso a la muerte es popular. Por eso, la mayoría de los candidatos a presidente en el mundo no se oponen a la pena de muerte". Según Goldman, incluso en la Biblia se sostiene que "aquel que mate tiene que morir", pero es sólo "un deseo primero ante el sufrimiento por la muerte de un ser querido. Después, con la reflexión teológica se lleva ese sentimiento al absurdo", explicó el rabino.
El religioso pensó por unos segundos y continuó su explicación con "un ejemplo revelador": "Cuando Caín mató a Abel, Dios no aplicó la venganza de la muerte". Además, para Goldman, en la sociedad actual "muchos discursos se movilizan a partir de intereses económicos muy fuertes que prefieren la sofisticación y espectacularidad de la muerte ante la simpleza de la vida", concluyó el rabino.
Con el auditorio en completo silencio, Zaffaroni comenzó a disertar. "El sistema penal punitivo ha matado más gente que una guerra y no hay crueldad que no haya cometido. El nazismo fue el ejemplo más nefasto", dijo el ministro de la Corte. Para Zaffaroni, es un problema netamente político y económico: "La pena capital se reduce sólo a los Estados Unidos, donde los fiscales, como son elegidos por el pueblo, apelan a la identificación con las víctimas. Luego, ese modelo de venganza se expande por las imágenes de los medios de comunicación y la publicidad al resto del mundo y se cree como real", aseguró el magistrado. Modelo punitivo, según Zaffaroni, "económicamente fructífero para el rating: cada tres minutos uno ve series sobre asesinos y violentos. Esto da plata y, como consecuencia, se reproduce en los noticieros haciendo del delito una banalidad: muere Alfonsín, hay epidemia de dengue o vuelve el conflicto con el campo y la inseguridad desaparece".
Como cierre de la disertación, Zaffaroni concluyó con un diagnóstico un tanto desolador: "Estoy seguro de que no se va a reimplantar la pena de muerte en Argentina, pero si no cambia el sistema van a morir muchas personas en seudoenfrentamientos con la policía".

Informe: Mariana Seghezzo.

9 de abril de 2009
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