Blogia
mQh

argentina

no se puede confiar en los militares


Entrevista a la ministra de Defensa, Nilda Garré. "Es un absurdo que militares sean cuidados por militares". La encargada de conducir las Fuerzas Armadas habla de los juicios a los represores, la reforma del Código de Justicia Militar, las denuncias por corrupción en las compras del Ejército y las reformas estructurales que intenta llevar a cabo en el área.
[Nora Veiras] Argentina. Un llamado del entonces presidente Néstor Kirchner a Caracas, Venezuela, donde hacía apenas cinco meses había recalado como embajadora, le propuso el inesperado desafío de hacerse cargo del Ministerio de Defensa. Mujer, orgullosa integrante de la militancia de los ’70, aunque nunca formó parte de Montoneros, y para colmo con buenas relaciones con Hugo Chávez, tenía el perfil para desatar todos los fantasmas. Poco más de tres años después, Nilda Garré sigue ocupando el inconmensurable despacho del piso 11 del Edificio Libertador, ahora bajo el mando de Cristina Fernández de Kirchner. Superó más de una turbulencia, decidida a imprimir cambios estructurales en un área donde al mismo tiempo se activaron los juicios por delitos de lesa humanidad contra los represores. La instauración de un nuevo sistema de justicia militar, la reactivación de la industria para la defensa, la reformulación de la inteligencia militar y la creación de una agencia logística que planifique y centralice las compras son algunas de esas políticas que intentan bosquejar un largo plazo. En la coyuntura, a pesar de su larga trayectoria –con 27 años fue diputada nacional en el ’73– se ofusca cuando se le pregunta por el supuesto "poskirchnerismo" en el que la colocan algunas versiones. "Esa es una canallada", dice y destaca: "Estamos transitando el kirchnerismo en pleno ejercicio de las funciones de la presidenta de la Nación".

Usted sacó una resolución prohibiendo a las Fuerzas Armadas que alojen a procesados o condenados por delitos de lesa humanidad, pero todavía sigue habiendo presos en unidades militares...
Sí, todavía hay. Nosotros no recibimos nuevos presos porque la situación nos estaba haciendo incumplir la legislación vigente. En las misiones de las Fuerzas Armadas no figura la custodia de presos y las leyes le asignan esa responsabilidad al Servicio Penitenciario Federal. Con autorizaciones de los jueces trasladamos a los presos al penal de Campo de Mayo y para evitar el absurdo de que militares fueran cuidados por militares, muchas veces por inferiores en jerarquía, hicimos un convenio con el Ministerio de Justicia y ese penal está custodiado por el Servicio Penitenciario Federal. En Córdoba, por ejemplo, tenemos algunos presos. Como el penal de Campo de Mayo está lleno, habrá que esperar que los jueces definan sus traslados. Lo que marcamos es que no podía haber decisiones que nos obligaran a violar normas. Todo nos parecía mal. Además de que la gente que practicó el terrorismo de Estado siguiera estando en contacto con integrantes de las fuerzas y, de alguna manera, abogando por las virtudes de lo que fue su acción perversa y asesina. El hecho de que fueran superiores llevaba a un resentimiento total de la lógica de la disciplina, del cumplimiento de normas.

Resulta incomprensible que los jueces legitimaran ese fuero especial...
Algunos jueces habían argumentado cuestiones de seguridad. Quedó demostrado con un hecho lamentable de un hombre de la Prefectura (la muerte de Héctor Febres) que la seguridad no estaba garantizada en las unidades militares. Más bien lo contrario: podían facilitarse maniobras perversas. Estamos a la espera de que los jueces terminen de trasladar a los detenidos a los lugares que la ley determina.

En marzo entra en vigencia en nuevo sistema de Justicia militar, ¿qué cambios implica en la estructura de las Fuerzas Armadas?
Cambian sustancialmente no sólo los derechos y obligaciones sino la estructura organizativa. Durante muchos años algunos se opusieron a una reforma del sistema de Justicia militar, entendiendo que el juzgarse a sí mismos, el tener un fuero especial –algo absolutamente inconstitucional– era un privilegio que valía la pena conservar, sin darse cuenta de que estaban absolutamente indefensos en el marco de sus propios jueces. Muchas veces los sectores de mayor poder o graduación podían tener una influencia sobre las decisiones que dejaban indefenso al imputado, que además no tenía defensa letrada, que era defendido por otro camarada que no tenía los elementales conocimientos del derecho para hacerlo.

De hecho, Luciano Benjamín Menéndez sigue reclamando la Justicia militar como el único fuero con atribuciones para juzgarlo...
Eso es inaceptable. Por supuesto para lo que son faltas disciplinarias deben haber tribunales dentro de las organizaciones, pero siempre con derecho a la defensa. Para los delitos están los jueces que juzgan a los ciudadanos del país, con el Código: salvo cuando ser militar o integrante de una fuerza de seguridad se considere un agravante –por ejemplo el uso de armas o un homicidio con una arma que sea provista por la institución–. Hoy en día con los principios del debido proceso y del Estado de derecho esos fueros especiales son inadmisibles. Muchas veces las decisiones de esos tribunales eran arbitrarias, productos de juegos de poder, de influencias, de jerarquías. Lo vimos claramente en el caso del soldado Omar Carrasco, donde el entorno militar pretendía condicionar las declaraciones de los testigos. Uno de ellos llevó el tema a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y consiguió que la comisión instara al Estado argentino a modificar esta legislación. Nosotros, cumpliendo con esos compromisos, impulsamos este cambio. Se había intentado varias veces pero misteriosas razones, miedos al cambio, temores, dudas lo habían impedido. Debo admitir que no nos resultó tan difícil. Encontramos –eso sí fue una maravilla– una comisión de juristas con un gran compromiso de trabajar ad honorem en el tema. Si no hubiese sido por ese impulso que le dieron Raúl Zaffaroni, Alberto Binder, Alejandro Slokar, la gente de la Cruz Roja Internacional, varias ONG que también participaron como el CELS, podría haber sido un fracaso. Estamos muy agradecidos a la comisión. Se derogó la pena de muerte, que aunque no se aplicaba, estaba en el derecho positivo.

La decisión de Defensa de revisar cada uno de los ascensos, retiros y traslados de cada fuerza ha generado ruidos...
Esas son facultades del comandante en jefe. En este caso la presidenta de la República y, obviamente, para un asesoramiento adecuado el ministerio tiene que hacerse su propia opinión sobre las propuestas que elevan las fuerzas. Es un proceso complejo, lento, que empieza a mitad de año y debería empezar antes para poder terminarlo antes de diciembre, y darle más margen al Congreso. Hacemos una tarea muy exhaustiva, pedimos todos los antecedentes a la Secretaría de Derechos Humanos, a otros organismos de derechos humanos, investigaciones en curso vinculadas a hechos de corrupción y también a investigaciones sobre abuso de autoridad o acoso sexual. Todo esto forma parte de un análisis. Si bien las fuerzas lo hacen, nosotros lo completamos, es una responsabilidad del ministerio.

Justamente, en los últimos ascensos elevados por Defensa, la Presidenta no avaló a todos los propuestos.
La presidenta –y el presidente antes– siempre hace modificaciones. Es habitual y hace al ejercicio de las atribuciones constitucionales que tienen.

Se habló de la influencia del ex jefe del Ejército Roberto Bendini, vetando algunos nombres.
Esas cosas son inaceptables porque cualquiera que conozca la firmeza con que la Presidenta toma decisiones sabe que es imposible pensar que sea algún militar en actividad o retirado el que pueda influir en sus decisiones, que son absolutamente autónomas y basadas en su convicción sobre la conveniencia o no de determinados perfiles para llegar a ser oficiales superiores de las Fuerzas Armadas.

Puertas Adentro
¿Qué cambios implica para la organización de las Fuerzas Armadas la creación de la Agencia Logística de la Defensa?

El presupuesto era algo no controlado por el Ministerio de Defensa. Las fuerzas hacían el presupuesto, lo pasaban a Defensa, Defensa a Economía, Economía asignaba unos cupos que Defensa volvía a recibir y le daba a cada fuerza. Las compras también se manejaban de esa manera. El que había logrado más presupuesto compraba más cosas sin articular con el ministerio ni con las otras fuerzas, sin practicar las necesidades de la acción conjunta. Nos pareció que había que cambiarlo totalmente. Primero hay que ver qué se necesita. Si el planeamiento lo vamos a hacer en conjunto hay que ver qué va a comprar cada fuerza en función de las necesidades del mismo. Además, al haber una agencia integrada por miembros de las tres fuerzas para realizar compras conjuntas, el Estado tiene más posibilidades de lograr mejores condiciones. Esto, a su vez, les va a garantizar más transparencia a las compras, que siempre es un tema complicado.

Justamente la denuncia que usted hizo ante la Justicia y que implicó el pase a disponibilidad de más de treinta altos oficiales fue por corrupción en las compras...
Había hábitos que se consideraban naturales, pero lo que ocurre siempre es habitual, pero no natural en la medida en que puede dar lugar a ilícitos. Estaba instalado que se compraba con los mismos proveedores siempre, dirigiendo un poco las adjudicaciones, eran prácticas que había que desterrar. Pero a esta agencia logística no la determinó este tema. La razón determinante es la necesidad de planificar las compras en un sector que tiene recursos escasos, porque este país tiene que priorizar las áreas sociales, económicas, productivas. La Defensa no tiene derecho de gastar mal y gastar de más. Tenemos la obligación de ser eficientes, eficaces y transparentes. Espero crear el instrumento adecuado para hacer una reforma profunda del Estado en la forma de comprar en el área de Defensa.

Con respecto a la denuncia por hechos de corrupción, ¿qué montos se estima que se malversaron?
Una estimación muy inicial, que no es definitiva de ninguna manera, de las compras que se analizaron, que no son todas sino el muestreo, era de alrededor de 50 o 60 millones de pesos.

¿Cuál fue el resultado de las auditorías que ordenó el ministerio por las obras que realizó la Armada para el traslado de las escuelas que funcionaban en la ESMA a Vicente López?
La verdad que no tengo exactamente presentes los resultados de los sumarios.

En el Cono Sur
Defensa ha encarado una política de afianzamiento de las relaciones bilaterales en América latina. ¿Cómo analiza la formación del Consejo de Defensa que propuso Brasil en el marco de la Unasur?

La presidenta firmó el documento constitutivo. Nos pareció que a esta zona, de paz afortunadamente, le faltaba coordinación en las áreas de Defensa. Si bien Brasil había empezado a pensar esta idea antes, el conflicto Colombia-Ecuador aceleró esta decisión. Es un ámbito donde los ministros de Defensa pueden analizar, discutir, buscar acercamientos, convenios y, además, no sólo articularse una industria de la defensa que siempre va a dar mayores dosis de autonomía, de soberanía a los países de la región, sino que además puede abaratar mucho los costos de los insumos que se necesitan en los distintos países. En la década del ‘90, nuestras industrias de defensa fueron destruidas como una decisión política. A Brasil le pasó algo parecido, el presidente Lula lo ha dicho. La idea es hacer en la región los aviones que necesitamos de entrenamiento básico, avanzado, o ver cómo aprovechamos nuestros astilleros. Hemos recuperado el Almirante Storni, ex Domecq García, y Tandanor, que había sido sometido a una privatización fraudulenta. Por suerte, pudimos impulsar el procesamiento de los responsables y esperamos que tengan sus condenas. Además, pudimos levantar el concurso preventivo y generar este complejo de industria naval que forman los dos astilleros que nos permiten estar conversando con industriales brasileños para la construcción de una cantidad de buques durante cinco años que van a ser apoyo de las plataformas petroleras de Brasil.

En el caso del Área Material Córdoba, ¿cuáles son los proyectos concretos?
Hemos mandado a Presidencia un proyecto de ley muy simple porque en realidad hay un acuerdo entre la empresa que se retira, la Lockheed, y el Estado nacional, pero tiene que ser autorizada la transferencia de acciones por el Congreso. Las posibilidades del Area Material Córdoba, que fue tan importante, que llegó a tener miles de empleados –hoy apenas llegan a mil–, que produjo modelos importantísimos como el Pulqui. Todo eso se fue achicando, la Lockheed simplemente hizo el mantenimiento de aviones de la Fuerza Aérea y fabricó algunos Pampa, un avión de entrenamiento de calidades significativas que con un impulso mayor podría ser de interés para algunos países del mundo y la región. También hay una empresa alemana interesada en la repotenciación de tanques. Con Rusia, el último viaje de la Presidenta fue importante porque ellos querían hacer transferencia de tecnología para tanques. Los franceses están interesados en la modernización de misiles vencidos, Citefa ha hecho un desarrollo importante, todas esas cosas se han abierto a partir de la decisión de recuperar la industria de la defensa.

Tanto Argentina como Brasil y Venezuela fueron muy críticos a la reactivación de la IV Flota por parte de los Estados Unidos, con la asunción de Barack Obama, ¿creen que puede haber algún cambio?
No tenemos información, salvo la continuidad de Robert Gates (secretario de Defensa de Estados Unidos), eso indicaría que no va a haber modificaciones. Varios países de la región manifestamos nuestro disgusto, nuestra preocupación. La Presidenta lo planteó a visitantes norteamericanos. Se trata de una flota militar en una zona de paz en la que no están afectados intereses de los Estados Unidos. Yo se lo planteé al señor Gates en la reunión de ministros de Defensa, ahí estaba el almirante James Stavridis, jefe del Comando Sur; él nos insistió en que van a hacer tareas humanitarias. De todas maneras, seguimos pensando que las tareas humanitarias no requieren una flota militar. Hay que esperar que asuma Obama.

4 de enero de 2009
©página 12
rss

el terror antes del terror


Un fiscal pidió convertir la investigación sobre la Triple A en una megacausa. El expediente abarca actualmente doce crímenes pero podría extenderse a 628, más 40 historias de amenazas de muerte.
[Irina Hauser] El fiscal federal Eduardo Taiano pidió ampliar los alcances de la investigación judicial sobre la Triple A, a casi 700 casos de secuestros, asesinatos, desapariciones, amenazas y atentados cometidos por esa organización terrorista entre 1973 y 1976, en pleno gobierno constitucional. Si el juez Norberto Oyarbide acepta el planteo, el viejo expediente que abarcaba sólo 12 crímenes pasaría a convertirse en una megacausa y podría tener un nuevo impulso después de varios meses de parálisis. El extenso documento de la fiscalía propone una lista de 80 medidas de prueba que, además de requerir datos puntuales e infinidad de declaraciones testimoniales, sugiere convocar a la Universidad de Buenos Aires para realizar una pormenorizada reconstrucción histórica de los hechos y hacer una "convocatoria a la población" a través de los medios para que aporte información.
Hace tres años circulaban fuertes rumores de que algunos hombres de la Triple A llevaban, reciclados, una vida de lo más apacible aquí y en algún otro lugar del mundo. A fines de 2005 el fiscal Taiano pidió la reapertura del expediente, originado en 1975, sobre los crímenes de la banda paraestatal que operó durante el gobierno de Isabel Perón con el argumento de que involucraba delitos de lesa humanidad, que no prescriben. Oyarbide tardó un año en darle la razón. Lo hizo cuando una investigación del diario El Mundo de España descubrió que el ex subcomisario Rodolfo Almirón, uno de los jefes operativos de la organización, vivía en un pueblito de Valencia.
El juez encontró, entre el papelerío, que había un pedido de captura contra Almirón pendiente desde 1984. En poco tiempo ocurrió lo impensable: Almirón fue detenido en España y luego extraditado; el efecto se trasladó a sus antiguos compañeros de andanzas vinculados a la custodia de José López Rega y de Isabelita. Su ex suegro, el comisario Juan Ramón Morales fue visto tomando aire en su balcón en Palermo y fue apresado. Otro policía, Miguel Angel Rovira acabó entregándose. Estaban acusados de una decena de asesinatos, que habían dado lugar a la primera causa judicial, entre ellos el del diputado Rodolfo Ortega Peña y el del ex subjefe de la policía bonaerense, Julio Troxler. Su Señoría imputó a la propia viuda de Juan Domingo Perón, aunque España no quiso extraditarla. Y permanece prófugo Felipe Romeo, ex director de El Caudillo, órgano de difusión de la Triple A.
El envión que recuperó el tema, hizo que múltiples organismos de derechos humanos, gremios, partidos políticos y personas sueltas se presentaran ante la Justicia con datos sobre crímenes de la AAA (Alianza Anticomunista Argentina), atentados a locales partidarios y pedidos de esclarecimiento puntuales. Pero la investigación propiamente dicha tuvo pocos movimientos, pese a que la Cámara Federal confirmó en marzo último que los asesinatos, privaciones de la libertad y otras aberraciones de la organización que lideraba López Rega son delitos de lesa humanidad, cometidos desde el aparato del Estado, que no prescriben y es obligación para el país reconstruirlos e identificar a los responsables de acuerdo al derecho internacional.
Taiano elevó su nuevo dictamen a Oyarbide el 30 de diciembre. Allí recoge la mayoría de los casos planteados a lo largo de los últimos dos años y que, junto con denuncias que ya habían sido presentadas a partir de mediados de los setenta, suman 628 crímenes más 40 historias de amenazas de muerte. Según el fiscal, por ahora el juzgado debería mantener un criterio amplio e incluirlos a todos. Son crímenes ocurridos en Capital Federal, provincia de Buenos Aires (conurbano bonaerense, Mar del Plata, Bahía Blanca, La Plata), Santiago del Estero, Córdoba, Entre Ríos, Mendoza, Santa Fe, Salta, San Luis, Tucumán y Jujuy. A través de libros, otros expedientes judiciales, diarios de la época y testimonios, en la fiscalía reunieron datos sobre lo ocurrido a unas 300 víctimas.

Cientos de Historias
La lista actualizada, a la que accedió Página/12, que Taiano intenta incorporar, abarca algunos hechos conocidos, como el asesinato del cura Carlos Mugica, ocurrido en la puerta de la capilla de San Francisco Solano, cuando acababa de dar misa el 11 de mayo de 1974, y en el que algunos testimonios señalan la posible participación de Almirón. Aparecen, a su vez, los dos atentados sufridos por el dirigente radical Hipólito Solari Yrigoyen, el primero de los cuales destrozó sus pies con una bomba colocada en su automóvil. Aquel ataque, el 21 de noviembre de 1973, fue asumido por la Triple A y es considerado en la causa penal como punto de inicio de sus acciones. También se detallan los homicidios del ex vicegobernador de Córdoba Atilio López y su amigo y subsecretario de hacienda Juan José Varas. Hay referencias a decenas de muertes de dirigentes y militantes sindicales, universitarios y de partidos de izquierda.
El documento avanza sobre la coordinación represiva que existía años antes del golpe de 1976 con países como Uruguay y Chile. Por eso destaca el testimonio que dio en agosto de 2007 el uruguayo Antonio Viana Acosta, un dirigente tupamaro que relató que fue detenido en Buenos Aires en febrero de 1974 por un comando conjunto de militares, policías uruguayos y argentinos. Fue llevado a Coordinación Federal y pasó por las cárceles de Devoto y Caseros. En sus interrogatorios –donde se lo sometió a torturas– participaron, dijo, la Policía Federal y miembros de OCOA (Organismo de Coordinación de Operaciones Antisubversivas) Uruguay. Terminó trasladado al país vecino, donde pasó casi ocho años más detenido. Su relato evidencia el sustento estatal que tuvo la Triple A. En sentido similar es mencionado por Taiano el asesinato en Buenos Aires del general chileno Carlos Prats y su esposa.
Las amenazas de muerte de la Alianza Anticomunista citadas en el dictamen estuvieron dirigidas a personalidades del ámbito de la cultura. Taiano sugiere que sean citados como testigos. Menciona a Luis Brandoni, Nacha Guevara, Mercedes Sosa, Norman Briski, Horacio Guarany, Alfredo Alcón, Roberto Cossa, Federico Luppi, Inda Ledesma, Víctor Laplace, Luisina Brando, Tomás Eloy Martínez, Marilina Ross, entre otros.
El texto de Taiano recuerda que a partir de 1973 "se consolidó un brutal y sistemático aparato represivo que con el accionar de la Triple A buscó aplastar los conflictos sociales" y "desactivar las redes de solidaridad". En él confluían, describe, "actores provenientes de la dirigencia gremial, agrupaciones de derecha y de grupos pertenecientes a distintas fuerzas de seguridad". "Esta organización, digitada desde el Ministerio de Bienestar Social –a cargo de López Rega– fue uno de los mecanismos represivos empleados para disciplinar a la sociedad. A esos fines, no se dudó en arremeter contra todas aquellas expresiones democráticas que manifestaran su disconformidad procedentes de cualquier sector", entre los que cita "representantes villeros, de la cultura, las artes, periodistas, peronistas, comunistas, radicales". La organización terrorista, repasa, difundía "sus amenazas, lo cual instalaba el terror y provocaba el aislamiento de sus víctimas". Su "marca registrada", agrega, consistía en "exhibir los cuerpos torturados, destrozados" luego de matar. Por ahora, en una resolución aparte, Taiano recomendó devolver a Mar del Plata las actuaciones sobre los crímenes adjudicados a la Concentración Nacionalista Universitaria (CNU). Si bien integraba la Triple A –señaló– no surge por lo pronto que tuviera un lazo de dependencia directa ni siguiera sus órdenes. También dejó afuera los hechos comprendidos en la llamada Masacre de Ezeiza, la matanza desatada el 20 de junio de 1973 en la marcha para recibir a Juan Domingo Perón, donde comenzó a visualizarse la alianza entre la derecha peronista y la no peronista que consolidaría y extendería su poder a partir de entonces.

Horizonte Complejo
López Rega murió en la cárcel en 1989, donde estaba preso por los crímenes de la Triple A, pero no llegó a recibir condena. La calificación de aquellos homicidios como delitos de lesa humanidad abrió una oportunidad histórica para desentrañarlos y juzgarlos. El dictamen de Taiano apuntaría en ese sentido, con toda la complejidad que a la vez implica el desarrollo de una megacausa sobre hechos tan antiguos. Como medidas de prueba novedosas –las primeras importantes en el expediente– propuso recopilar todos los expedientes judiciales dispersos sobre estos crímenes, los registros de ingreso a la Superintendencia de la Federal (ex Coordinación) y a las cárceles de Devoto y Caseros, los de entrada al país de cerca de una decena de militares uruguayos, pidió los legajos de la policía de los imputados, la nómina de todos los empleados de Bienestar Social.
También planteó la necesidad de un estudio histórico detallado que sea encargado a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Precisar qué agrupaciones de derecha y miembros de fuerzas de seguridad conformaron la Triple A podría llevar a ampliar la lista de imputados. Por ejemplo, uno de los testigos de la causa, Carlos Petroni, viene apuntando con insistencia al líder de la CGT Hugo Moyano. Si el juez Oyarbide avala el dictamen, también habría una convocatoria abierta para que aporte información todo aquel que la tenga.

4 de enero de 2009
©página 12 
rss

más represores a juicio


Fijaron el día de inicio para cuatro juicios contra represores en 2009 y otros 23 procesos esperan su turno. En la Capital, en febrero comenzará el juicio contra el general Jorge Olivera Róvere. El primer proceso contra Astiz y Acosta podría arrancar a fin de año, pero la condena se escucharía en 2010.
[Diego Martínez] Argentina. Mientras la cantidad de represores procesados por crímenes de lesa humanidad cometidos supera el medio millar, treinta fueron condenados el último año, veinte murieron antes de llegar a juicio y los tres poderes del Estado se echan culpas unos a otros por las demoras, el programa de 2009 tiene apenas cuatro procesos confirmados y, en nota al pie, una certeza: al ritmo actual, la mayor parte de los militares, policías, sacerdotes y civiles que ejecutaron el terrorismo de Estado morirá sin condena.
El año judicial arrancará por excepción con una sentencia en enero. El Tribunal Oral Federal de San Luis dará su veredicto sobre el general Miguel Ángel Fernández Gez, el capitán Carlos Esteban Plá y otros tres ex policías puntanos. Antes deberá concluir la ronda de testimoniales, que tendrá como figura estelar al arzobispo emérito Juan Rodolfo Laise, quien le encomendó al jefe militar de San Luis hacer desaparecer a un sacerdote que pretendía dejar los hábitos para casarse.
El cronograma de juicios de 2009 tiene la mayoría de los casilleros vacíos. Según el programa Memoria y Lucha contra la Impunidad del Terrorismo de Estado del CELS existen 27 causas elevadas que hacen cola en distintos tribunales federales, en tanto 150 aún están en etapa de instrucción. Desde 2006, cuando concluyó el primer juicio posterior a la reapertura de las causas (al policía Julio Simón, única condena confirmada por la Corte Suprema de Justicia) hubo en total trece juicios, incluyendo el de San Luis, que no terminó. 2008 fue el año más prolífico: ocho juicios. Al ritmo de 2008 el proceso durará casi 19 años: hasta 2027.
De las 27 causas elevadas sólo cuatro tienen fecha de inicio confirmada:

- El 10 de febrero el Tribunal Oral Federal 5 porteño comenzará a juzgar a quien fue comandante de la ex subzona Capital Federal, general Jorge Olivera Róvere, de apenas 85 años, y a cuatro de sus subordinados, los ex jefes de áreas Teófilo Saa, Felipe Alespeiti, Humberto Lobaiza y Bernardo Menéndez.

- El mismo 10 de febrero el Tribunal Oral Federal de Formosa comenzará a juzgar al octogenario ex gobernador, general de brigada Juan Carlos Colombo. El tribunal, que funciona en el garaje de una casa, declaró en septiembre la emergencia de infraestructura edilicia y de personal. Un mes antes la Cámara de Casación excarceló a todos los represores procesados de Formosa, pero como la lista de beneficiados no incluía a celebridades como Alfredo Astiz o Jorge Acosta el eco de los gritos de los querellantes no traspasó las fronteras de la provincia.

- El 23 de febrero el Tribunal Oral Federal 6 comenzará a juzgar a Víctor Enrique Rei, oficial retirado de Gendarmería, por la apropiación del hijo de Liliana Fontana y Pedro Sandoval. Es el primer caso que llega a juicio tras un allanamiento que permitió obtener objetos personales del joven para extraer su ADN. Rei llegó a ser subjefe de inteligencia de Gendarmería y participó de secuestros, pero sólo será juzgado por apropiarse del joven.

- El 25 de marzo comenzarán en el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín las audiencias por el caso de Floreal Avellaneda, militante de la Federación Juvenil Comunista de 14 años secuestrado con su madre en abril de 1976. Su cadáver torturado, atado de pies y manos, apareció en la costa uruguaya. Los imputados son los generales Santiago Riveros y Jorge Osvaldo García, los coroneles Horacio Harsich y César Fragni y el policía Alberto Aneto, de la comisaría de Villa Martelli, donde la madre escuchó por última vez a su hijo.

La Justicia Que Mira y No Ve
Hace un año y cuatro días, en un artículo sobre los juicios que se avecinaban Página/12 advirtió que "la mayor incógnita sigue siendo quién y cómo resolverá el atolladero de expedientes paradigmáticos radicados en el Tribunal Oral Federal 5".
El problema envejeció pero allí está. El tribunal que preside Guillermo Gordo aún no pudo fijar fecha para el primer juicio de la ESMA, argumento que la Cámara de Casación utilizó para ordenar el cese de la prisión preventiva de Astiz, Acosta & Cía. La semana pasada la Corte Suprema admitió que la congestión de los seis tribunales federales porteños impide reasignar las causas abarrotadas en el TOF 5 y recordó que el 15 de julio pasado solicitó al Poder Ejecutivo la creación de dos nuevos tribunales orales, pedido que aún no obtuvo respuesta.
El TOF 5 acumula juicios a represores para no menos de un lustro. Recién hacia fines de 2009, cuando concluya el juicio a Olivera Róvere, comenzaría a juzgar a los marinos de la ESMA. De concretarse la unificación entre los principales fragmentos elevados por el juez Sergio Torres, el juicio tendrá 22 acusados en el banquillo. Cuando ese megaproceso termine será el turno del circuito represivo Atlético-Banco-Olimpo, las cuevas del general Carlos Suárez Mason.

Carreteles sin Hilo
Sobre el resto de los posibles juicios de 2009 no hay certezas pero sí indicios, aportados por la Unidad Fiscal a cargo de Jorge Auat y Pablo Parenti, a partir de información recopilada de las fiscalías:

- En el TOF 6 porteño, cuando concluya el juicio a Rei, podría comenzar las audiencias de la causa "Plan Sistemático": 34 sustracciones, ocultamientos y sustituciones de identidad de hijos de desaparecidos. Los imputados son los generales Cristino Nicolaides, Reynaldo Bignone, Santiago Riveros y Rubén Franco, todos de Ejército, más los marinos Antonio Vañek y Jorge Acosta.

- En el TOF 1, desde hace más de un año, espera turno la causa Plan Cóndor, con jerarcas como Videla, Riveros, Bussi, Menéndez y otra docena de generales post 70 que no están en condiciones de esperar demasiado.

- En San Martín ya se acumularon cinco elevaciones parciales contra los responsables de Campo de Mayo. Por cantidad de víctimas y victimarios es una megacausa similar a ESMA o Primer Cuerpo, aunque marcha a paso de tortuga. En condiciones de ser juzgados están, entre otros, los generales Bignone, Eduardo Espósito, Eduardo Guañabens Perelló y el coronel Carlos Tepedino, todos mayores de 70 con arresto domiciliario.

- Santa Fe pasará a la historia cuando juzgue por delitos de lesa humanidad, por vez primera, a un miembro del Poder Judicial: Víctor Hermes Brussa, secretario de un juzgado durante la dictadura. Lo acompañarán el ex jefe del Destacamento de Inteligencia 122 coronel Domingo Marcellini, y los policías Mario Facino, Juan Perizzotti, Héctor Colombini, Eduardo Ramos y la carcelera María Eva Aebi, la primera mujer.

- En el TOF 1 de Rosario lleva ya un año de espera la causa Quinta de Funes, por la que deberán rendir cuentas el condenado Pascual Guerrieri y sus lugartenientes Juan Amelong, Rubén Fariña, Eduardo Constanzo y Walter Pagano. En el otro tribunal federal se juzgará al general Ramón Díaz Bessone y a parte de la patota que conducía el gendarme Agustín Feced.

- En Chaco serán juzgados los fusiladores de Margarita Belén: el ya condenado Horacio Losito más los coroneles Athos Renes, Rafael Carnero Sabol, Ricardo Reyes, los tenientes coroneles Aldo Martínez Segón y Germán Riquelme, el teniente primero Luis Patetta y el mayor Ernesto Simoni.

- Córdoba, protagonista del proceso más impactante de 2008, con 300 personas en la sala y miles en las calles, tendrá otro juicio ejemplar por las ejecuciones de presos políticos arrancados de la cárcel de San Martín. Los acusados van desde el dictador Rafael Videla, pasando por el condenado Menéndez, sus muchachos del Destacamento 141 y, en la base de la pirámide, la patota del Departamento de Investigaciones (D2) de policía.

- En La Plata, que fue pionera en condenas con Miguel Etchecolatz y el cura Cristian Von Wernich, el juicio con más chances de concretarse es el de los represores de la Comisaría 5ª.

- En Mar del Plata, por la desaparición de Carlos Labolita, serán juzgados el teniente coronel Pedro Mansilla y el teniente primero Alejandro Duret. Por secuestros, violaciones y otras torturas también rendirá cuentas Gregorio Molina, suboficial de la Fuerza Aérea.

También durante 2009 serían juzgados en Salta los responsables de la desaparición del ex gobernador Miguel Ragone y se concretaría el primer juicio en Mendoza, donde todos los represores fueron excarcelados por la Cámara Federal. Tucumán podría volver a juzgar al general Menéndez y a tres de sus subordinados (Roberto Albornoz, Mario Zimmermann y Alberto Cattáneo) por el caso Romero Nikilson. En los últimos meses del año, en la inconmovible Bahía Blanca, podría comenzar el juicio a tres miembros del Estado Mayor del Cuerpo V.

3 de enero de 2009
©página 12
rss

aberrante fusión nazi-católica


La larga vida y los pocos cambios de la revista Cabildo. Nazionalismo del más añejo. Nostálgica de cuando tenía influencia y hasta algún poder, la ahora marginal revista se mantiene firme en eso de confundir coherencia con obsesiones. Un vistazo a la historia y la actualidad de Cabildo.
[Sergio Kiernan] Argentina. La revista Cabildo es una de las criaturas más excéntricas de la derecha nacionalista argentina. Pernóstica, malamente escrita, obsesiva en inventarse enemigos, es sin embargo representativa de una vena subterránea que no tiene miedo al ridículo y sigue ahí: es la revista más antigua de ese palo.
Cabildo aparece y desaparece tanto que los radicales tenían el chiste de que sabían que iban a ganar las elecciones porque la estaban relanzando. La primera edición vio los kioscos el 17 de mayo de 1973, justo a tiempo para escandalizarse con Cámpora y despuntar una vieja fantasía del nacionalismo católico, la del complot masónico-liberal-sionista para entregar el país al comunismo internacional.
Este tipo de cosas es un artículo de fe entre los nacionalistas católicos de derecha. En 1973, lo que pasaba era que Alejandro Agustín Lanusse había aceptado llamar a elecciones por ser un criptoliberal, un masón y un sirviente de la Trilateral, el nuevo nombre del Kahal de Hugo Wast. Sólo esto explicaba que traicionara la "revolución" de esos católicos ilustres que fueron Juan Carlos Onganía y Marcelo Levingston, invitado de Cabildo en sus reuniones políticas. Curiosamente, el maoísmo había llegado a la misma conclusión y acusaba a Lanusse de ser un agente del comunismo soviético, que definía como el "verdadero dueño" de Argentina gracias a testaferros que posaban de millonarios conservadores, como Adalberto Krieger Vasena.
Para Cabildo, entonces, el pase de mando de Lanusse a Cámpora fue la misma entrega de Argentina a la subversión judía, cosa explícitamente dicha en esos tiempos felices en que no había ley antidiscriminatoria. La revista, junto a casi todo el nacionalismo, respiró aliviada con la aparición de Lastiri y la llegada de Perón al poder, el mismo año, y con el nombramiento de gente de confianza como Alberto Ottalagano y Oscar Ivanissevich en las áreas culturales y educativas del Estado. Así empezó la "limpieza".
El golpe de 1976 fue simplemente la oportunidad de volver a sentirse en el poder para muchos del sector nacionalista, cosa que no ocurría realmente desde hacía años. Cabildo hasta se dio el gusto de jugar en las internas militares, apoyando a los "nacionalistas" frente a los "liberales". Este azules versus colorados tardío le valió un chas chas en la colita y la revista fue retirada de kioscos y clausurada por un mes, cosa que todavía recuerdan como una epopeya heroica.
No extraña que Cabildo coincidiera ideológicamente con lo más feroz de la represión y tuviera de columnista al general Adel Vilas, un militar "pensante" capaz de leer los libros de Salvador Borrego y de escribir sobre los peligros de la subversión cultural triunfante. Este argumento resultó de larga vida y fue usado por varios militares al ser juzgados por sus atrocidades. Es así: la subversión existe y es corrosiva; usted no se da cuenta porque ya fue cooptado; los terroristas no ganaron la batalla militar, pero al convencerlo a usted de que somos malos ganaron la batalla cultural. O como decía Cosme Béccar Varela con más elegancia, "usted ya es un comunista, sólo que no se da cuenta".
Hojear las Cabildo de los setenta permite descubrir también de dónde viene la obsesión del grupo por el Conicet. Resulta que la "cueva de terroristas" fue "limpiada" por Ottalagano, que se le entregó a gente más confiable. Varios nazis, nacionalistas y católicos falangistas con título universitario, se transformaron en investigadores rentados. Una de las tantas razones del odio desmesurado que le tiene la revista a Raúl Alfonsín fue que su gobierno terminó con esos contratos.
El staff de Cabildo muestra continuidades notables. El director fue Ricardo Curutchet hasta su muerte, acompañado de Juan Carlos Monedero como secretario de redacción y tesorero. Entre los colaboradores se puede ver, ya hace treinta años, a Antonio Caponnetto, actual director, y a plumas como el médico Hugo Esteva, profesor de cirugía en la UBA y colaborador en publicaciones afines como Patria Argentina. Ya en los setenta, Caponnetto había desarrollado el estilo farragoso y estentóreo que lo sigue destacando, y ya mostraba síntomas de la logorrea que lo impulsa a prologar cuanto libro le ponen delante. No es su culpa, en realidad, ya que sigue el estilo vueltero y lleno de exclamaciones de Curutchet.
Los veinticinco años de democracia que acabamos de cumplir no fueron gratos para Cabildo. Como el nacionalismo reaccionario, elitista y chupacirios es químicamente piantavotos –acerada definición del Perón de 1946–, sólo mojaban cuando gobernaban por la fuerza las minorías a las que influían. Así fue en 1943 y 1955, y así fue en 1966 y 1976. El sector llega a este nuevo milenio en un estado de marginalidad completa, sin la influencia cultural a la que se habían acostumbrado y pasados por derecha por otros sectores. Sólo les queda algún militar, juez o párroco, que trata de que no se noten sus convicciones.
Un síntoma de esta marginalidad es el nuevo slogan de Cabildo, "alguien tiene que decir la verdad", y su creciente concentración en actividades más religiosas que políticas. El único ambiente donde el nacionalismo católico juega de local es ese arrabal de la Iglesia que sueña con cruzadas de limpieza y piensa que con Franco estábamos mejor. Esto explica que los nuevos héroes de Cabildo sean obispos militarizados como Antonio Baseotto y sus actos de desafío al "régimen" consistan en misas en Luján o ataques a artistas como León Ferrari.
Y también explica el vueltero hispanismo de la prosa cabildesca, donde los colaboradores firman sus notas desde "San Luis de la Punta de los Venados" o desde el "Fuerte de San Felipe de Montevideo", escriben de tú o arman diálogos platónicos, como Aníbal D’Angelo Rodríguez, editor de cultura, sobrino de Ivannisevich y racista que se llevó racismo a marzo. Son todas muestras de senectud y marginalidad de una revista –de un sector– que supo bajar línea y ser escuchado.

28 de diciembre de 2008
©página 12
rss

neo-nazi tras intento de excarcelación


Los artículos del camarista subrogante Guillermo Yacobucci en la revista Cabildo. Fue uno de los dos que votaron la liberación de Astiz, el Tigre Acosta y otros veinte represores. Fue en 1977 y 1978, cuando él era un joven que hacía carrera en Tribunales y Cabildo era el house organ de la represión.
[Mario Wainfeld] Argentina. Sus devotos lectores, pocos pero fanáticos, tenían sobrados motivos para esperar la revista Cabildo de agosto de 1977. El mensuario reaparecía tras dos meses de ausencia. La edición de junio había sido secuestrada por orden de la dictadura que, además, sancionó a la publicación prohibiendo su salida en julio. La reacción tenía que ver con una interna de las propias Fuerzas Armadas dictatoriales. Cabildo expresaba a (y recibía data confidencial de) un ala de los represores, encarnada, entre otros, en los generales Acdel Edgardo Vilas y Rodolfo Mujica y el comisario Ramón Camps. Enfrentaba con el furor propio de las internas a compañeros de armas que juzgaba "liberales", les atribuía complicidades con la guerrilla, el judaísmo y otras bestias negras. José Alfredo Martínez de Hoz estaba en el banquillo de los acusados, Alejandro Agustín Lanusse ya había sido condenado. Algunos desbordes de esa doctrina colmaron la paciencia de la Junta Militar, que le aplicó una sanción piadosa, para los cánones de época.
En agosto Cabildo volvió con todo. Su tapa se floreaba con uno de sus tópicos favoritos: mostraba a Lanusse saludando a David Graiver, acariciándole la cara por más detalle. En el editorial el director Ricardo Curutchet no lagrimeaba por el cierre: "creemos (...) que el gobierno debe actuar sintiéndose asistido por facultades discrecionales, sin complejo alguno de comportarse institucionalmente como una Dictadura". Sí se quejaba porque Cabildo había quedado entre dos fuegos "el gobierno que la cerró y el poder judío". Contra éste embestía sin ambages, con la prosa macarrónica propia de la derecha nacionalista vernácula.
Acdel Vilas colaboraba con una nota larga, dedicada a una obsesión de los genocidas: la subversión cultural. Con dotes premonitorias notables, el genocida anticipaba argumentos que enunció Emilio Massera en el juicio a las Juntas, replicados ante decenas de estrados judiciales: guay de ganar la guerra y perder la batalla cultural.
Menos pimpante pero congruente con el contexto, la nota de apertura de la sección internacional se interesaba por la situación en España, durante la naciente restauración democrática. "Cocineros antes que frailes" se titulaba el artículo. Aludía, como hizo Antonio Machado, a dos Españas pero vistas del otro lado. Según el autor, de pluma generosa en casticismos y en palabras tonantes, los cocineros representaban el espíritu de la República y estaban volviendo. Los frailes eran, por oposición, "los grandes arquetipos de la raza". La praxis del rey (con minúsculas siempre), "el Borbón", era lapidada con minucia. Pero no sólo Juan Carlos estaba en entredicho, también sus súbditos. "El pueblo español no quiere hoy a los frailes, se ha quedado con los cocineros", plañía el columnista para luego enardecerse: "ha preferido los derechos humanos de los guerrilleros al derecho insobornable de la Patria, optó por la fastidiosa palabrería de los políticos, entregando la serena palabra de los jueces, cambió la humilde justicia de la verdad por la amnistía de los asesinos, los tribunales económicos por la usura, la soberanía nacional por la soberanía popular". La catilinaria antidemocrática apelaba en su crescendo al clasicismo hispano: "En fin, prefirió el fondo de las alforjas de Sancho a la punta de lanza del Quijote".
La nota, de una página, nada decía sobre las eventuales comparaciones con la Argentina, tal vez porque caían de su peso.
El autor de la nota firmaba G.J.Y. Son las iniciales de Guillermo Jorge Yacobucci, uno de los dos camaristas subrogantes de Casación que decidieron la libertad de una pléyade de represores, incluidos Alfredo Astiz y Jorge Acosta, el Tigre.

Tertulias
Cabildo no tenía estructura legal en regla. Decía que la empresa era una SRL "en formación", un rebusque convencional en publicaciones pequeñas. Disponía también de un sello de goma, el Centro de Estudios Nuestra Señora de la Merced. Bajo ese paraguas solían celebrarse las reuniones de debate político y de preparación de la revista, en una vieja casa ubicada en el tercer piso de Talcahuano 893. La construcción era noble, grandes los ambientes, en los encuentros podían juntarse entre 50 y 100 personas.
Llevaban la voz cantante Curutchet, Juan Carlos Monedero (un militante del derechista Sindicato Universitario de Derecho, a cuyo adecuado apellido debían hacerse los cheques por las suscripciones), Antonio Caponetto (el actual director de Cabildo). Varios sacerdotes ultramontanos, entre ellos autoridades de colegios confesionales, eran de la partida. Según contaron a este diario testigos presenciales, cuya identidad se reserva, Yacobucci participó en varias de esas tertulias, en un rol iniciático y promisorio. Las tenidas se realizaban para discutir "de política" o del sumario de la revista. También había intercambios con cofrades de otras latitudes. Los falangistas españoles, atribulados tras la muerte de Francisco Franco, eran invitados de honor. El ex presidente Roberto Marcelo Levingston participó en uno de esos homenajes. Yacobucci también fue de la partida. Era joven, había nacido en 1956, la cúpula de Cabildo le proyectaba un porvenir brillante.
Los informantes saben que firmaba las notas con iniciales porque, estudiante aún, aspiraba a hacer carrera en el Poder Judicial. Y las internas dictatoriales que mencionamos en el primer párrafo motivaban que él mismo y sus mentores eligieran el módico enmascaramiento en prevención de potenciales represalias.

Obras Completas
G.J.Y volvió a escribir en Cabildo un año después, en agosto de 1978. En términos periodísticos, ascendió. Su columna, titulada "Un canto para la Argentina Austral", comentaba el tema de tapa, que era la escalada bélica con Chile. La revista propiciaba la guerra, G. J. Y. le agregaba condimento a la postura editorial. Con la proverbial pulsión tanática del nazionalismo convocaba a morir por la Patria. El argumento era moral pero también rozaba una curiosa interpretación jurídica: "Nada más irrevocable que la posesión adquirida a costa de la sangre", estipulaba. Y oponía esos títulos rojos a la chatura de los documentos. "¿Qué papel con negros párrafos y largos articulados podrá oponerse al sacrificio de quienes se han inmolado en acto supremo de generosidad por la integridad territorial?" El sistema internacional cedía ante la densidad legal de los muertos en combate: "No existe Organización, Sociedad o Pacto en el mundo capaz de hacer retroceder a los muertos del campo conquistado con su vida". Como en todas las citas de esta nota las mayúsculas son responsabilidad estricta del autor de los originales.
Era una versión institucional pintoresca, algo traída para un hombre de leyes que iba terminando su carrera de abogado en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió en 1980.
Guillermo Yacobucci ascendió peldaño a peldaño en Tribunales, integra por derecho propio la "familia judicial", según sus recibos de haberes tiene 34 años de antigüedad. También hizo méritos académicos. Su currículo expone numerosas obras publicadas, solo y en colaboración, casi todas de derecho penal. Tiene reputación de hombre de derechas y de juez con versación jurídica superior a la media. Dirige el Departamento de Derecho Penal de la Universidad Austral, estrechamente ligada al Opus Dei.
Llegó como subrogante a la Cámara Federal de Casación, eligió la mitad de la biblioteca que favorecía la libertad de Astiz y del Tigre. En un caso polémico, abierto a interpretaciones dispares, optó por la más favorable a los terroristas de Estado, beneficiándolos por la desidia de los magistrados. La decisión judicial no es un proceso puramente deductivo, contiene opciones valorativas y políticas.
El lunes pasado, el casador interino Yacobucci asumió que los juicios sobre el terrorismo de Estado se dilatan porque "la Justicia no marcha a un ritmo deseable". Y, en parcas declaraciones a los medios, defendió el fallo.
Eso sí, dejó sentado que los crímenes de lesa humanidad le causan "repugnancia visceral".
En otros tiempos, por lo visto, pensaba diferente.

28 de diciembre de 2008
©página 12
rss

estado encubrió atentado


La justicia admitió que el estado fue el "principal encubridor" del atentado a la AMIA. El pronunciamiento surgió de la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo. Los miembros de ese tribunal recordaron que en cierto modo el propio Estado ya había reconocido su responsabilidad ante la CIDH.
Argentina. La Justicia reconoció en forma tácita que el Estado argentino fue el "principal encubridor" del atentado contra la AMIA. Lo hizo en el marco de una causa en la que ratificó la indemnización económica que se le concedió a Laura Ginsberg y sus hijos por la muerte de su marido, José Enrique Ginsberg, en el ataque a la mutual judía. El pronunciamiento corrió por cuenta de la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, que recordó que en cierta forma el propio Estado admitió su responsabilidad en ese sentido al aceptar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que la voladura de la AMIA no se previno y después no se investigó como correspondía.
En la presentación judicial que en su momento hizo para reclamar un resarcimiento económico por la muerte de su esposo en el atentado del 18 de julio de 1994, Ginsberg calificó al Estado argentino como "principal encubridor de uno de los mayores crímenes de la historia argentina". Los representantes legales del Estado pidieron que esa calificación fuera "tachada" de su planteo, pero finalmente la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo rechazó su petición y admitió en todos sus términos el escrito de la líder de la Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (Apemia).
"Con respecto al planteo del Estado nacional de que se manden tachar las alegaciones de la actora efectuadas en el escrito de expresión de agravios, que ubican a su parte como ‘principal encubridor de uno de los mayores crímenes de la historia argentina’, si bien los dichos vertidos en la apelación pueden resultar excesivamente severos, lo cierto es que la motivación del decreto 812/2005, en cierta medida, puede dar lugar ello", sostiene el fallo refrendado por los camaristas Marta Herrera y Carlos Manuel Grecco.
En favor de su decisión, ambos jueces recordaron que "el Estado nacional, mediante el dictado del decreto 812/2005, reconoció su responsabilidad por incumplimiento de la función de prevención, por no haber adoptado medidas idóneas y eficaces para intentar evitar el atentado".
El decreto al que aludieron los miembros de la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo fue firmado en su momento por el ex presidente Néstor Kirchner y vino a ratificar el acta en la cual el Estado argentino admitió ante la CIDH que en el caso del ataque a la AMIA "hubo falta de prevención y una posterior privación de justicia".
Aquel reconocimiento del Estado argentino tuvo lugar en una audiencia celebrada el 4 de marzo de 2005 en la sede de la CIDH en Washington. Los representantes del Gobierno asumieron en ese ámbito que "existió incumplimiento de la función de prevención, existió encubrimiento de los hechos, grave y deliberado incumplimiento de la función de investigación y denegatoria de justicia".
Los familiares de las víctimas agrupados en Memoria Activa, por su parte, pidieron en ese marco que el Estado argentino fuera sancionado por no haber cumplido con su deber de prevenir la voladura de la mutual judía y por haberse realizado después una investigación fraudulenta. "No sólo soportamos la muerte, soportamos también la impunidad", afirmaron en esa oportunidad los integrantes de Memoria Activa.
Además de reconocer tácitamente que el Estado argentino fue el "principal encubridor" del atentado a la AMIA, los miembros de la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo también le dieron la razón a Ginsberg en lo que refiere a la indemnización que reclamaba por la muerte de su esposo. En el momento del ataque, el marido de Ginsberg se desempeñaba como director del Sector Sepelios y Cementerios de la mutual judía; tenía 43 años y dos hijos: uno de 12 años y otro de 18 meses.
La figura de Laura Ginsberg cobró relevancia en el acto del tercer aniversario del atentado. Allí ofreció un discurso bajo la frase "Yo acuso", en el que denunció las supuestas complicidades del gobierno de Carlos Menem, la DAIA y la Justicia ante la falta de avances en la investigación.
Los camaristas Herrera y Grecco respaldaron el pedido de resarcimiento que reclamó Ginsberg, de quien señalaron que procura mantener el nivel de vida que desarrollaba la familia previo al ataque terrorista en el que murió su esposo. Entre los gastos que reclamó mantener la líder de Apemia, figura la cobertura de medicina prepaga, asociación a un club, la cuota de establecimientos de educación privada para sus hijos y vacaciones en la costa atlántica.
Al hacer lugar a la solicitud de Ginsberg, la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo rechazó un planteo de los representantes del Estado para que la pensión que percibe por la muerte de su marido sea considerada parte del resarcimiento económico por el ataque.

27 de diciembre de 2008
©página 12 
rss

póstuma revelación de cura homicida


El vicario que predicaba el terror. Revelaciones sobre un ex titular de la conferencia episcopal en la dictadura. En la causa por delitos de lesa humanidad en Entre Ríos, los testigos contaron que el fallecido Adolfo Tortolo justificaba las torturas y los crímenes cometidos con "armas bendecidas".
[Diego Martínez] Argentina. En diciembre de 1975, como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y vicario general castrense, Adolfo Servando Tortolo, anunció un inminente "proceso de purificación". Después del golpe de Estado, advirtió que "los principios que rigen la conducta del general (Jorge) Videla son los de la moral cristiana". Cuando el país era un gran campo de concentración, defendió la tortura ante sus pares con argumentos de teólogos medievales. Murió impune en 1986. En las últimas semanas, su nombre resurgió con fuerza en el marco de una causa por crímenes de lesa humanidad: sobrevivientes de centros clandestinos de Entre Ríos relataron que el entonces arzobispo de Paraná recibió a personas secuestradas en su residencia, las visitó en cautiverio, vio cuerpos deshechos por la tortura y predicó el "por algo será" ante hombres que horas después desaparecieron para siempre.
El paso cansino de los procesos reabiertos hace un lustro, sumado al largo cuarto de siglo de impunidad plena que lo precedió, deriva en situaciones insólitas. Víctimas del terrorismo de Estado, organismos de derechos humanos y hasta periodistas de Entre Ríos vivieron con euforia, como si se tratara de un verdadero juicio, una de las primeras etapas de la causa con mayor cantidad de víctimas de la dictadura en Paraná: la de las declaraciones testimoniales, el relato de los padecimientos en cautiverio en manos de militares y policías aún libres y sin castigo.
"Son las primeras testimoniales desde la reapertura de la causa en 2004 y después de treinta años de haber sufrido desapariciones, cárcel y consejos de guerra lo estamos viviendo como si hubiera llegado el momento del juicio y castigo", admite Alicia Dasso, testigo y miembro de la Asociación de Familiares y Amigos de Desaparecidos de Entre Ríos (Afader). "Estamos empeñados en demostrar que el terrorismo de Estado fue para todo un pueblo. Como querellantes y como organismos, tratamos de estar en la calle porque, para peor, el proceso se rige por código viejo, es totalmente cerrado", lamenta. La causa se conoce como Area Paraná, está a cargo de la jueza subrogante Myriam Stella Gallizi y estuvo paralizada durante casi cuatro años por planteos dilatorios de los imputados.
Las audiencias a puertas cerradas, que se revertirían en la etapa final tal como ocurrió en Capital Federal con los jefes del Batallón de Inteligencia 601, se tradujeron cada jueves del último mes en actividades artísticas organizadas por Hijos regional Paraná para celebrar las audiencias y repudiar su publicidad acotada. También el Consejo Superior de la Universidad Autónoma de Entre Ríos, donde ofician de docentes varios testigos de la causa, resolvió acompañarlos públicamente.
La causa concentra secuestros, torturas y homicidios en la subzona 22, que incluyó centros de detención en el escuadrón de Comunicaciones de la Brigada de Caballería Blindada II, en cercanías de la Base Aérea y en la Unidad Penal 1 del Servicio Penitenciario provincial, todas en Paraná. Entre la docena de imputados se destacan el general Juan Carlos Trimarco, ex comandante de la Brigada, y el capitán auditor Jorge Humberto Appiani, el socio del estudio jurídico de Jorge Olivera que faxeó a Italia la partida de defunción falsa de Marie Anne Erize para lograr la liberación de su amigo, detenido por segunda vez el mes pasado.
De los testimonios difundidos por Afader, Hijos y la Asociación de ex Presos y Exiliados Políticos ‘La Solapa’ queda claro que el rol de Tortolo es equiparable al de los principales acusados. Un testigo relató:

–Recuerdo una noche de tortura, que fue corta. Me llevaron a los calabozos y sentí muchas voces en el trayecto. Era algo normal (...) Vi cómo sacaban a un muchacho que estaba a la izquierda de mi calabozo. A los 15 o 20 minutos lo trajeron y le pregunté: "¿Qué pasa que hay tanto revuelo, para qué te sacaron?". "Vino Tortolo a verme. Y le pregunté: ‘¿Vos denunciaste lo que está pasando acá?’ Me respondió que no, me dijo solamente: ‘Si estás acá, por algo será’." Al día siguiente el muchacho desapareció.

Tres testigos contaron que el arzobispo los visitó en la cárcel y dio misa el 24 de diciembre de 1976. "Fue humorístico porque dijo ‘a los comunes me los sentás de este lado, a los subversivos de este otro’", relató uno. "Le decían lo que pasaba y él se tapaba los ojos", confió otro. "Dijo que, si alguien deseaba hablar con él, podía hacerlo. Yo le conté lo que sucedía y le pregunté por qué mataban gente. Tortolo me dijo: ‘Si ellos matan gente, las armas están bendecidas. Ustedes matan con armas sin bendecir’. Le aclaré que no había matado a nadie y me dio dos cachetadas porque no había dicho la verdad. Si alguien recibía una cachetada, era porque había dicho la verdad", agregó el tercero.
"A Coco Erbetta lo llevaron una noche, estando en Comunicaciones, a hablar con monseñor Tortolo a la residencia del arzobispo, en el Parque Urquiza. Estuvo varias horas con él. Coco le comentó la situación de todos los detenidos (...) Esa misma noche lo llevaron y nunca más volvió. Tipo 6 de la mañana vi pasar una camilla con un cuerpo ensangrentado, tapado con una sábana blanca. Había médicos y supuse que era el cuerpo de Erbetta", declaró un sobreviviente. Victorio José Erbetta fue secuestrado el 16 de agosto de 1976 y visto por última vez siete días después, en el Escuadrón de Comunicaciones. En cautiverio, le contó a un ex compañero de secundario que tenía esperanzas de salir vivo con la ayuda de la Iglesia, ya que había militado en la Acción Católica.
La muerte le evitó a Tortolo tener que seguir los pasos de Cristian von Wernich, pero no un final acorde a su obra. Según los seminaristas de Paraná que lo cuidaron durante el largo deterioro de su mente, entrevistados por Emilio Mignone para su libro ‘Iglesia y dictadura’, hasta el final el ex presidente de la Conferencia Episcopal Argentina deliraba a los gritos que su madre estaba desaparecida.

26 de diciembre de 2008
©página 12
rss

estado de las causas en entre ríos


Otros dos procesos avanzan en Entre Ríos. Las causas que buscan justicia.
[Diego Martínez] Argentina. La causa Area Paraná es la mayor de Entre Ríos en cantidad de casos, casi 70, pero no la única. La jueza federal subrogante Miryam Gallizi investiga también a los responsables de la supresión de identidad y la apropiación de los hijos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela –cuya hija recuperó su identidad el martes pasado–, causa que tiene seis procesados con prisión preventiva.
Cinco de ellos son ex miembros del Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario: el coronel Pascual Guerrieri, con arresto domiciliario; Walter Pagano, Marino Héctor González y Jorge Alberto Fariña, en la Unidad Penal 34 de Campo de Mayo, y Juan Daniel Amelong, en el penal de Marcos Paz. El anestesista Juan Antonio Zaccaría, que intentó suicidarse sin éxito veinte días después de ser procesado, está alojado en la cárcel de Paraná. En febrero, horas antes de declarar y con un tiro en la cabeza, sí cumplió su cometido el ex agente de Inteligencia Alberto Navone, que debía rendir cuentas en el mismo expediente.
También en Concepción del Uruguay, el juez federal Guillermo Quadrini instruye tres causas por delitos de lesa humanidad, cuya unificación analiza por sugerencia de la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de la Procuración General de la Nación. Por secuestros y tormentos contra 17 estudiantes secundarios fueron procesados con prisión preventiva el coronel Juan Miguel Valentino, ex jefe del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindada II de Gualeguaychú, preso en Campo de Mayo, y el suboficial de policía Julio César Rodríguez, alojado en Marcos Paz. Evitaron la indagatoria con certificados médicos los generales Albano Harguindeguy, Ramón Díaz Bessone, Juan Carlos Trimarco, Raúl Federico Schirmer y el comisario inspector José Darío Mazzaferri. Por secuestros, tormentos y desapariciones en Concordia y Gualeguaychú también investiga al general Naldo Miguel Dasso, al teniente coronel Jorge Enrique Echeverría, al ex gobernador interventor de Entre Ríos brigadier Rubén Daniel Di Bello y al ex comisario Marcelo Andrés Pérez. Ninguno fue citado aún a prestar declaración indagatoria.

26 de diciembre de 2008
©página 12 
rss