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su padre era de la triple a


Luego de que su padre, Jorge Ferro, murió, descubrió que había formado parte de la Triple A. "Siempre estaba armado y era muy violento". Su madre se suicidó a los 25 años cuando ella tenía dos. Tuvo un padre violento, alcohólico y golpeador al que ella denomina ‘La Bestia’. La crió su abuela. Cuando el padre murió, confirmó sus sospechas de que había estado en la Triple A.
[Marta Dillon] Argentina. ¿Cómo reconstruiste la historia de tu padre en la Triple A?
Mi amiga Alejandra está en la Secretaría de Derechos Humanos de Moreno, su papá es desaparecido de Grafa. Mi tío desaparecido la cuidaba, mi prima, que es amiga de Alejandra, fue parida en un centro clandestino. Y fue Alejandra la que me contactó a través de mi prima. Un día fui a la casa de ella y me mostró una foto de su padre. "Qué hermosa", le dije. "Bueno, él está desaparecido", me contó. Hasta ese momento sólo sabía que estaba muerto. Pero entonces ella dijo las palabras mágicas porque creía que en el secuestro de su padre tuvo que ver la Triple A. Y yo venía sospechando que mi papá había tenido participación la Triple A. El había sido custodio de López Rega y bueno, no sé por qué, pero se lo dije en ese mismo momento. Yo le pedí disculpas...

¿Tu padre ya estaba muerto?
Yo me había enterado en abril de que él había muerto, hacía tiempo que no tenía contacto con él, casi no tenía relación con él porque me crió mi abuela. Mi mamá se suicidó cuando yo tenía dos años, supongo, no lo sé muy bien. Tengo una versión de mi hermano que le preguntó a la Bestia cómo había sido el suicidio y él le dijo que se había pegado dos tiros, que falló a la cabeza y se tiró al pecho, pero mi hermano nunca le creyó. En ese mismo momento lo intentó matar. Yo no tengo ninguna certeza.

Pero sabías que tu papá estaba en algo malo...
Cuando era chica había visto recortes de diarios y fotografías donde él estaba con López Rega, pero cuando quise buscarlas ya no estaban más, a mí en la familia siempre me trataron de loquita, que yo no estaba bien, que era igual que mi madre. Por eso dejé de hacer preguntas. Pero cuando supe que él había muerto me fui a buscarlas.

¿Por qué suponías?
Tenía indicios, por mi hermano. Hasta supe de su muerte un mes más tarde porque tampoco quería ver a mi abuela; tengo miedo de hacerle daño porque ella es muy negadora y yo ya no puedo negarlo más. Ya hace un par de años que no tengo relación con ella. Porque él aparecía cada tanto y yo era la que tenía que ir a defenderla. El siempre estaba armado y era muy violento, iba a agredir a mi abuela, que era su madre, y había que pararlo como fuera, aunque sea dándole plata.

¿Los documentos los encontraste en su casa?
Fui a la casa donde suponía que él vivía, en medio del campo, a ver si encontraba esos documentos que recordaba porque ya dudaba seriamente de que yo me lo hubiera inventado como me hicieron creer. Tiré la puerta abajo, revisé todo y no encontré nada. Quedó ahí, en la frustración de no haber encontrado nada salvo libros de reglamentos de la policía. Esa vez fui con una ex de él que quería recuperar documentos de sus hijos porque se había ido escapando de su lado. Después, por medio de uno de los hijos de esta mujer, encontré ese maletín que yo recordaba –que hasta tiene un compartimento para poder disparar un arma sin abrirlo–, las fotos y los documentos que efectivamente yo había visto. Para mí lo más impactante fue encontrar una copia de una orden del día de la Policía Federal en la que se recomienda para ascenso a una lista de policías que había viajado a Madrid a repatriar los restos de Eva Perón. En esa lista está desde Almirón –que la encabeza– hasta Rovira y mi papá, claro, pero bueno, es una recomendación por un servicio cumplido. Pero después yo cruzo esa lista con los 33 nombres que da Rodolfo Walsh de quienes habrían integrado la Triple A, me coinciden prácticamente todos.

¿Cómo te sentiste cuando descubriste que tu papá había estado en la Triple A?
Desde entonces yo estuve muy mal, no podía parar de llorar. Lo que sentí es que tendría que haberlo matado antes, que tendría que haberlo obligado a pagar cuando estaba vivo y sin embargo no pude más que esperar a que muriera. Para mí era una responsabilidad personal.

¿Nunca pensaste en acudir a la ley?
Sí como opción, pero como nunca tuve pruebas... las pruebas las tuve cuando él ya estuvo muerto.

¿Estaban guardadas en un lugar especial?
Siempre en el mismo maletín en que finalmente las encontré. No son fotografías oficiales, son imágenes de personas relajadas, sociales; en el avión presidencial, en un asado, hay algunas de Presidencia donde están todos, otras en las que apuntan hacía el vacío.

¿Esas imágenes te habían generado sospechas de chica?
A mí lo que me sorprendía era por qué yo había visto una foto de mi papá en el diario y después no se supo más de eso. No sabía nada de la Triple A, pero sí sabía que él había sido custodio de López Rega, y que él era una bestia. Que él toda la vida había sido una bestia.

¿Cuántos años tenés ahora?
Tengo 40. En el ’76 tenía ocho años.

¿Hubo algún cambio en la vida familiar con la dictadura?
No, porque él no vivía con nosotros. El cambio fue a principios de los ’70, cuando mi mamá murió. Además para mi familia él era un héroe policial. Mi tío Alberto, hermano de la bestia, siempre contaba que se bajaba del auto en movimiento cuando llegaba porque tenía miedo de que lo siguieran.

¿Qué relación tenías con él cuando eras chica?
Ninguna, salvo sus visitas. Ahora estoy recordando más cosas, porque estoy empezando a tener más relación con mi hermano, no casualmente después de que mi padre muriera. Y él me contó que cada vez que venía a la casa de mi abuela nosotros nos escapábamos; mi hermano siempre cobraba mucho. El se escapaba por la ventana, pero a mí me daba miedo y entonces me escondía en un placard. Ahora me acuerdo bárbaro de esa escena. Lo que pasa es que mis abuelos nos pidieron que no lo hagamos porque si no se ponía más loco. Entonces nos quedábamos todos ahí mientras él se sentaba a la mesa y pedía vino a los gritos.

¿Para vos quién era o qué hacía entonces tu papá?
Para mí era un policía. Un policía violento. Una bestia.

¿Siempre te referiste a él como ‘la Bestia’?
No, sólo desde que confirmé, desde que lo vi en las fotos, sobre todo una en la que está apuntando a la nada y sonriendo.

¿Después de ese trabajo como custodio de López Rega no supiste más sobre su actividad?
Sólo que fue custodio de Eladio Vázquez, secretario de Turismo y Deporte, esa foto está también, aparece con (Carlos) Menem jovencito. Pero hay otras que también escaneé aunque él no aparece, para ver si alguien las ve y reconoce el entorno, las caras, los autos que podrían ser autos operativos.

¿Encontrar esas fotos, comprobar tus sospechas, fue un alivio?
En parte fue un alivio porque no estaba loquita, no me lo había inventado. Yo había internalizado esto de que mi vieja se había suicidado y que yo llevaba los genes de la locura. Para mí pasar los 25 años, que fue la edad en que se suicidó ella fue una prueba de que podía hacer otras cosas, tener otro destino. Pero también estas fotos me refuerzan la bronca y la culpa de no haber hecho nada cuando estaba vivo. No me atreví a buscar la confirmación.

¿Aportaste este material en algún juzgado, en organismos de derechos humanos por ejemplo?
Fui a la Secretaría de Derechos Humanos, porque mi objetivo es que sirvan para algo, porque estos tipos deben ser anónimos y si fueron criminales tal vez alguien los reconozca. Se los ve jóvenes, no viejitos gagá como Almirón, tal vez sea más fácil verlos y reconocerlos así como están. Estoy segura que Rovira está entre ellos, pero no sé cuál es Rovira, sé cuál es la Bestia, cuál es Almirón, pero no del resto. Tengo los nombres en la lista pero no los puedo unir con las imágenes. Estoy segura de que hay testigos que pueden hacerlo y sería buenísimo que las víctimas pudieran reconocerlos. Por eso ahora están en Conadep.

¿Antes nunca habías compartido siquiera las sospechas con alguien más?
La verdad que no, porque una sola vez yo llamé a la policía porque tuve miedo por mí y por mi abuela. Esa vez me tuve que meter por la misma ventana por la que mi hermano se escapaba porque mi abuela estaba sola adentro y él golpeando desde afuera; estaba muy loco. Y llamé a la comisaría. Cuando llegaron lo abrazaron: "Qué hacés, Jorgito, cómo estás". Yo desde adentro no podía creer, les gritaba que estaba borracho y la única respuesta fue que ése era un problema familiar, que ya cuando él se calmara un poco iban a hablar y todo se iba a arreglar. En ese momento me quedó todo muy claro. Me faltaba la confirmación de que además era un genocida. Yo creo que si algunos nombres no coinciden con la lista de Walsh es porque intuyo errores de tipeo. Me imagino que escucharía la radio de la policía y así es fácil que algunos nombres no sean exactos. Por ejemplo: en la orden del día aparece un Perrazo y Walsh lo tiene como Perazo; a Jorge Ferro, mi papá, Walsh lo tiene como Fermo. Hay un Devicenzo en lugar de Devicenza, pero coinciden nombres de pila y cinco de seis letras son las mismas. Eso se lo comenté a Patricia Walsh y se sorprendió de eso y de que yo hubiera leído cada documento producido por su padre, cosas que ella ni siquiera había leído. Es que yo necesito saber.

18 de enero de 2009
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hay que completar la historia


Paola Garello quiere saber si a su padre lo delataron antes de que lo secuestrara un grupo de tareas. A Luis Garello lo secuestraron en agosto de 1976 cuando intentaba poner en marcha un sindicato de supervisores petroquímicos. Su hija sospecha que fue delatado por dirigentes gremiales. Se presentó en la Justicia como querellante.
[Gustavo Veiga] Argentina. Paola Garello necesita completar la historia fragmentada que tiene de su padre. A Luis lo secuestró un grupo de tareas la noche del 25 de agosto de 1976, en la calle Balcarce, entre Ameghino y Coletta de Campana. El, con 32 años, intentaba poner en marcha su proyecto de un sindicato de supervisores petroquímicos junto a su compañero Silvio Toniolli, también desaparecido. Esa idea no pudo materializarse más que en algunos papeles con los que comenzaba a cobrar vida. Su rastro (como el de los dos compañeros de Petrosur, hoy Petrobras) se perdió en las profundidades de la última dictadura, pero queda la sospecha de que habrían sido delatados por dirigentes gremiales. Por eso, Paola se presentó en la Justicia de San Martín como querellante. Quiere saber qué fue de su padre y si Nelson Palacios, el actual secretario general del sindicato químico de Zárate-Campana, tuvo algo que ver con su desaparición.
"Mi padre estaba haciendo un trabajo sindical con otro compañero, pero el mismo día, a la misma hora, desaparecieron los dos. A Toniolli lo secuestraron en Zárate. Juntos iban a formar un gremio de supervisores petroquímicos, que ya estaba inscripto. Tengo entendido que hasta habían comprado un terreno en Zárate para hacerlo y tenían el papelerío. Estaba todo organizado", dice Garello, una mujer de 36 años que es artesana y vive cerca de la cárcel de Campana.
Cuando se llevaron a su padre, ella tenía apenas cuatro años. Un uniformado le apuntó a la cabeza en medio de la cocina de su casa, mientras Mabel, su madre embarazada (tenía en la panza a Lucas, el más pequeño), intentaba protegerla como a sus otros dos hermanos, Cecilia y Pablo. Desde aquella noche del ’76, Paola no puede dormir a oscuras. Como mínimo una tenue luz debe acompañarla.
"Mi padre nació en Guaymallén, Mendoza, y se había recibido de licenciado en Ciencias Políticas. Era muy alto, barbudo, de tez cobriza. Por parte de mi abuela materna tenía descendencia indígena y de mi abuelo paterno, el apellido italiano. Le gustaba ir a la montaña y hacer fogones. Sé que también dibujaba, como yo, que por mi trabajo de artesana hago dibujos también. Supongo que esa veta artística me viene por él, aunque me enteré de lo que hacía a los 30 años", agrega.
Luis Lorenzo Garello pasó casi toda su vida en Mendoza hasta que decidió trasladarse a Campana. Trabajaba como supervisor o jefe de control continuo en Petrosur y era ayudante de cátedra en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Paola consiguió unir algunos momentos de la militancia de su padre gracias al testimonio de un compañero que vive en Estados Unidos y al de otros detenidos-desaparecidos que sobrevivieron para recordar su historia y la de muchos más en el área militar Delta 400. "Un compañero de él que era estudiante en la UTN, me dijo que mi viejo era un esclarecido para la época. Tenía pensamientos demasiados avanzados en lo sindical, que ni siquiera se ven en la actualidad. Su padre, o sea mi abuelo, era radical, pero él se había hecho peronista de Evita", señala Garello.
La búsqueda de Luis tiene un bache muy grande entre 1976 y 2004. Para Mabel y sus cuatro hijos, esos años fueron muy dolorosos. Paola los recuerda así: "Eramos como los bichos feos, éramos los hijos del desaparecido y cuando a mí me preguntaban de qué trabajaba mi papá, yo respondía: se lo llevaron unos hombres. ¿Y qué hombres? Unos militares malos, contestaba. ¿Tu papá es un desaparecido?, preguntaban de nuevo. Y me decían por qué no te vas a tu casa que tu mamá debe estar preocupada. En la escuela era lo mismo, con los docentes pasaba igual".
A esta mujer que explica con serena firmeza que no les quiere dejar a sus hijos "un libro en blanco que no tenga escrito nada o muy pocas cosas con la historia del abuelo" y que aspira a llenar ese libro "con la vida corta de mi viejo, que me sigue enseñando cosas", la impulsaron a buscar la verdad las investigaciones que inició en los centros clandestinos de Zárate-Campana el juez Federico Faggionatto Márquez.
"Me cayó la ficha cuando se abrió esa causa y tomé contacto con los sobrevivientes y empecé a conocer historias de otros hijos y a encontrarme con personas en mi misma situación. Mi mamá había empezado la búsqueda en el ’76, le pidió a un hermano que es militar retirado de la fuerza aérea que la ayudara a buscar a mi padre, pero no hizo el hábeas corpus. Cuando pasados los años yo no encontraba ese trámite, ella me contó que no lo había hecho porque mi tío la aconsejó que eso hubiera sido complicar la situación de mi viejo."
Garello se topó con otras dificultades mientras juntaba datos sobre la desaparición. Las fotocopias de unas cartas en que los sindicalistas químicos y petroquímicos de la zona intercambiaban información con los militares del área Delta 400 no le sirvieron de mucho hasta ahora, pese a que especialistas no dudan de la autenticidad de esos textos. En uno lo mencionan a su padre. "Es la Justicia la que se tiene que encargar de dilucidar esto, pero cuando yo le dije a Sara Dorotier de Cobacho, la secretaria de Derechos Humanos bonaerense, que sobre Palacios pesaban acusaciones gravísimas, ella me respondió: ‘yo averigüé, hablé con diferentes personas que lo investigaron y me informaron que está limpio. También hablé con Martita Berra (otra ex detenida desaparecida) y le dije que se quedara tranquila, que el tipo estaba limpio’. Yo le respondí que no me podía quedar tranquila hasta que la Justicia se pronunciara y que si esa persona tenía sobre sí semejante acusación, debería limpiar su honor."

18 de enero de 2009
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para probar la tortura


Exhumarán los restos del abogado radical Mario Amaya. A 32 años de su muerte, exhumarán el cadáver para corroborar los testimonios sobre el maltrato que sufrió Amaya en sus últimos meses. Fue secuestrado por Adel Vilas en 1976.
[Diego Martínez] Argentina. Treinta y dos años después de su muerte, producto de las torturas que recibió en el Cuerpo V de Bahía Blanca y en el penal de Rawson, los restos del abogado radical Mario Abel Amaya serán exhumados para corroborar los testimonios sobre el maltrato que sufrió durante sus últimos dos meses de vida. La medida ordenada por el juez federal Hugo Sastre tendrá lugar el 18 de febrero en el cementerio de Luján de Cuyo, San Luis.
Abogado ejemplar, defensor de presos políticos y amigo personal del líder del PRT-ERP, Mario Roberto Santucho, Amaya murió el 19 de octubre de 1976 en la enfermería de la cárcel de Villa Devoto. Sus padecimientos habían comenzado dos meses antes, en la madrugada del 17 de agosto, cuando uniformados al mando del entonces mayor Carlos Alberto Barbot se lo llevaron de su casa de Trelew. El operativo había sido ordenado por el general Adel Vilas, segundo comandante del Cuerpo V de Ejército, e incluyó la detención en Puerto Madryn de Hipólito Solari Yrigoyen, otro abogado de presos políticos que había defendido al correligionario Amaya durante la anterior dictadura militar.
Los golpes comenzaron durante el secuestro, siguieron durante el vuelo a Bahía Blanca y se volvieron rutina en el Batallón de Comunicaciones 181, donde pasaron una semana junto a otros treinta cautivos. Vendados, encapuchados, atados de pies y manos, a los padecimientos propios se sumaron las violaciones de los militares a una mujer secuestrada, que Solari Yrigoyen relató en 1985 durante el Juicio a las Juntas.
De allí pasaron a La Escuelita bahiense. "Fue el descenso al infierno: gritos, llantos, asfixia, electricidad –recordó el radical–. Un compañero habló y lo mataron ahí mismo. ‘No jode más, fuera de combate’, dijeron." "Como Amaya tenía asma debieron interrumpir los tormentos. No podía respirar, lo autorizaron a dormir sentado", agregó.
Ante la presión internacional, el 31 de agosto el general Vilas montó una parodia para simular que habían sido secuestrados por desconocidos. Amordazados y encapuchados, los trasladaron en una camioneta del Ejército, los tiraron al costado de una ruta cerca de Viedma y fraguaron un tiroteo que concluyó sin víctimas y permitió blanquear a los abogados.
El 11 de septiembre, junto a un grupo de economistas de la Universidad del Sur, los hicieron formar fila en la cárcel de Villa Floresta y los cargaron como bolsas de papas en el avión que los trasladó a Rawson, donde "sufrimos el más feroz de todos los castigos", contó Solari. "Vas a pagar lo que hiciste como diputado, el mayor te tiene entre ojos", les confesaban los guardias en referencia a Barbot, autoridad militar de la zona que tras el retiro se dedicó a la seguridad privada. En el pabellón de presos políticos hablaron por última vez. Amaya tenía la cabeza partida, tanto que a su amigo le costó reconocerlo. "No veo. Estoy mareado. No me dan remedios. Me estoy muriendo", fue lo último que le dijo.

17 de enero de 2009
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dónde está lópez 31


En la causa López, iniciaron las pericias en el auto hallado en Mar del Plata. La pista del amigo de Etchecolatz. El juez decretó el secreto de sumario cuando comenzó a estudiarse el vehículo en el que Julio López habría sido trasladado. El Gol estaba en la casa del médico Carlos Osvaldo Falcone, quien visitó dos veces al represor poco antes de la desaparición del testigo.
[Diego Martínez] Argentina. Mientras el Volkswagen Gol azul localizado en Mar del Plata, en el que habría sido trasladado Jorge Julio López tras su secuestro, comenzó a ser analizado en busca de rastros del testigo desaparecido, el juez federal platense Humberto Blanco, que subroga al titular Arnaldo Corazza, decretó ayer el secreto de sumario en la investigación. El vehículo desmantelado, oxidado, sin patente ni faros ni ruedas, fue secuestrado el martes en la casa de Carlos Osvaldo Falcone, un médico retirado de la policía bonaerense que visitó al represor Miguel Osvaldo Etchecolatz al menos en dos oportunidades durante los 45 días previos a la segunda desaparición de López, el 18 de septiembre de 2006.
"Tomamos el hallazgo con esperanza pero con cautela, para no crearnos falsas expectativas", declaró Rubén López, hijo del testigo clave del juicio que concluyó con la condena a prisión perpetua de Etchecolatz.
Fuentes judiciales vinculadas a la investigación desmintieron la versión –que circuló ayer– de inminentes excavaciones en las afueras de Mar del Plata y confirmaron que la Asesoría Pericial de La Plata comenzó a analizar las agendas, celulares y documentos recolectados el martes durante los allanamientos que se realizaron en dos domicilios de Falcone, uno en Mar del Plata y el otro en Pehuajó, donde reside el policía.
El nombre de Falcone surgió a partir del relato de un testigo que no fue tenido en cuenta durante un año y medio. Entre otras, la pista volvió a ser investigada a partir de la reactivación de la causa en noviembre, cuando el caso López pasó a la secretaría especial para delitos de lesa humanidad a cargo de Juan Martín Nogueira. El testigo, cuya identidad se mantiene en reserva, aportó detalles del secuestro y la desaparición del cuerpo de López, que habría sido tirado en la zona de La Serena, en Mar del Plata, cerca del domicilio del médico cercano a Etchecolatz.
Carlos Osvaldo Falcone tiene 66 años y una larga trayectoria en la policía bonaerense. Pasó a retiro en octubre de 2005 con el grado de capitán, equivalente a comisario o subcomisario antes de que León Arslanian reestructurara la maldita policía. Su nombre figura en la agenda que se le secuestró a Etchecolatz tras la desaparición de López y también entre las personas que el ex director de Investigaciones de Ramón Camps solicitó que fueran autorizadas a visitarlo en el penal de Marcos Paz. De los cruces registrados en la causa también surgen varios llamados a la residencia del genocida en el bosque Peralta Ramos de Mar del Plata, que prueban su íntima relación con la familia de Etchecolatz.
Falcone lo visitó en la cárcel al menos dos veces: el 9 de agosto y el 15 de septiembre de 2006, tres días antes del secuestro, el mismo día en que los abogados que patrocinan a López hicieron su alegato y pidieron la condena a perpetua del represor. Ambos registros no permiten descartar otros encuentros, pues como se comprobó en la investigación el Servicio Penitenciario Federal no registró la mayor parte de las visitas.
"El hallazgo de este auto lo tomamos con esperanza pero con cautela, para no crearnos falsas expectativas. Dicen que ahí habrían trasladado a mi viejo, pero primero hay que encontrar pruebas adentro del auto para empezar a tener una luz de esperanza", dijo Rubén López, hijo del albañil. "Ojalá –agregó–. Dios quiera se encuentre algo como para empezar a tener un panorama de lo que pasó."

16 de enero de 2009
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no sabe que está preso


Felipe Romeo, acusado por la triple A, sigue internado en estado crítico. El director de El Caudillo, órgano de difusión de la banda terrorista que lideraba José López Rega, estuvo prófugo dos años. Ahora es vigilado por el Servicio Penitenciario en el Hospital Fernández, pero es muy poco probable que mejore.
[Irina Hauser] Argentina. Felipe Romeo, director del semanario El Caudillo, órgano de difusión de la Triple A, sigue en grave estado de salud e internado en el Hospital Fernández, donde lo encontró Interpol. El autor de la consigna "el mejor enemigo es el enemigo muerto" había estado prófugo de la Justicia durante dos años. Como se encuentra inconsciente, con insuficiencia respiratoria y serios problemas cardíacos, ni siquiera se enteró de que está vigilado por el Servicio Penitenciario Federal. La posibilidad de que su cuadro revierta y pueda ser indagado era ayer muy remota para los investigadores. Según dijeron a Página/12 allegados a la causa, Romeo estaba en Brasil e ingresó al país por tierra el domingo. Al parecer, lo trajeron familiares y amigos por su situación de salud y lo dejaron en el hospital. Nadie se habría quedado con él. El juez Claudio Bonadío –que subroga a Norberto Oyarbide– cuenta con los partes médicos del establecimiento porteño pero ayer pidió un informe al Cuerpo Médico Forense.
Romeo, de 63 años, se escapó después de que este diario revelara, en enero de 2007, que vivía en Buenos Aires reciclado como restaurador de edificios antiguos. Oyarbide acababa de reabrir la investigación sobre los crímenes de la Triple A –iniciada en 1975– a raíz del hallazgo en España del ex subcomisario Rodolfo Almirón, uno de los jefes de la banda y ladero incondicional de José López Rega. Mientras Almirón fue extraditado en marzo y está preso en el penal de Marcos Paz, Romeo logró burlar la orden de captura. Hace algunos meses, cuentan en tribunales, Interpol lo identificó en Brasil, pero concretó el arresto recién ahora, cuando lo ubicó postrado en terapia intensiva en Buenos Aires.
La revista El Caudillo salió en 1973 y la firma de Romeo era casi la única que aparecía. Financiada por el Ministerio de Bienestar Social en tiempos de López Rega, sus textos proponían un constante llamado a la violencia y celebraban los atentados y asesinatos de las Tres A, como mostró –entre otras– la publicación de un cínico "réquiem" por el homicidio del diputado Rodolfo Ortega Peña. "El mejor enemigo es el enemigo muerto" fue una de las frases acuñadas por Romeo, ex miembro de la Guardia Restauradora Nacionalista. El semanario publicaba fotos y "prontuarios" de políticos, intelectuales y artistas considerados "enemigos" de Perón que había que perseguir y eliminar. "Las fuerza de seguridad –pregonaba–- tienen que despojarse de todas las trabas mentales y legales que les atan las manos. El Código Penal en muchos casos es insuficiente, el paredón es más efectivo."
Si la salud de Romeo mejorara sería indagado y llevado a prisión, pero parece difícil. Está acusado, igual que Almirón y Miguel Ángel Rovira, otro ex policía detenido, de doce asesinatos.

15 de enero de 2009
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dejan libres a represores


La Cámara de Casación excarcelo a tres represores platenses. Se trata de Miguel Kearney, quien fue jefe del Destacamento de Arana, y Rubén Oscar Páez y Jesús Bernabé Corrales, autoridades de la Brigada de Investigaciones. La decisión se basó en que, supuestamente, no hay peligro de que se fuguen o traben la investigación.
[Diego Martínez] Argentina. Hace treinta años comandaron el Pozo de Arana y la Brigada de Investigaciones, dos de los principales centros clandestinos de La Plata. El brazo corto de la ley los alcanzó recién en mayo de 2007, pero nunca pisaron la cárcel. Como tienen más de setenta años gozaron de arresto domiciliario. Tampoco durante demasiado tiempo. Apenas veinte meses. El 22 de diciembre la Sala III de la Cámara Nacional de Casación Penal, con los votos de Angela Ester Ledesma, Guillermo Tragant y Eduardo Rafael Riggi, consideró que nunca intentaron sustraerse de la Justicia, que no hay razones para pensar que quieran fugarse y les concedió el derecho a esperar el juicio en libertad.
Tras la reapertura de causas de la dictadura, La Plata fue pionera en condenas con Miguel Etchecolatz y el capellán Cristian von Wernich. Pero no hubo aún un juicio acorde a la magnitud de las torturas y homicidios del circuito Camps. En el horizonte apenas se vislumbran el que juzgará a los jefes de la comisaría 5ª y a torturadores de la Unidad 9. Recién después podría llegar Arana y la Brigada de Investigaciones. Durante la espera, los represores mueren de viejos. En 2008, sólo en La Plata, fallecieron Juan Fiorillo, Mario Alberto Jaime y Carlos Vercellone.
Miguel Kearney fue jefe del Destacamento de Arana, donde se acaban de encontrar fragmentos de restos óseos y un paredón repleto de impactos de bala. Por allí pasaron más de doscientos secuestrados, la mayoría desaparecidos. En 1986 la Cámara Federal porteña ordenó la detención del ‘Inglés’ Kearney. No se concretó gracias a la Obediencia Debida. Los jueces de Casación consideraron para liberarlo que "no registra antecedentes penales". Rubén Óscar Páez y Jesús Bernabé Corrales fueron jefe y subjefe de la Brigada, donde se interrogaba y distribuía a las víctimas a otras cuevas de Ramón Camps. El 30 de noviembre de 1977, cuando María Cifré de Iriart fue a ver a su hija, el comisario Páez le dijo "recién la llevaron", en teoría, para liberarla. No volvió a verla. Es una de las víctimas por las que fue condenado Von Wernich. Corrales lo secundaba en el mando.
El juez Arnaldo Corazza y la Cámara platense les negaron la excarcelación a los represores. Los jueces Ledesma, Tragant y Riggi sostuvieron que, pese a la gravedad de los delitos y la elevada pena prevista, no hay peligro de fuga, no obstruyeron la investigación, son ancianos con familia como Dios manda y se portaron bien durante el arresto domiciliario. Días antes la misma Sala III había ordenado liberar a Daniel Jorge Lencinas, guardia de Arana. A diferencia del fallo de Casación que ordenó el cese de las preventivas de Astiz, Acosta & Cía., las liberaciones de los policías no habrían sido apeladas por ningún fiscal y por lo tanto se concretaron la semana pasada.

14 de enero de 2009
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mejor tras las rejas


Prorrogan la prisión preventiva de trece represores.
Argentina. La Cámara Federal porteña prorrogó por un año las prisiones preventivas de trece ex miembros del Grupo de Tareas 3.3.2 procesados por violaciones a los derechos humanos en la ESMA durante la última dictadura. A diferencia del criterio aplicado por la Cámara de Casación Penal –que ordenó el cese de la prisión preventiva de Alfredo Astiz, Jorge Acosta y otros por considerar que se había excedido el plazo razonable en prisión sin condena–, los camaristas Martín Irurzun y Eduardo Farah tuvieron en cuenta la complejidad de la causa, la gravedad de los delitos por los que tienen procesamiento firme y la presión que, en caso de ser liberados, podrían ejercer sobre los sobrevivientes que declararon en la causa. El primer juicio a los represores de la Armada, a cargo del Tribunal Oral Federal 5, aún no tiene fecha de inicio confirmada, aunque se estima que comenzará a fines de 2009.
La medida dictada por la Sala II de la Cámara Federal alcanzó a Antonio Vañek, Julio Antonio Torti, Roberto Pérez Froio, Alberto Eduardo González, Carlos Orlando Generoso, Rogelio Martínez Pizarro, Néstor Omar Lanzón, Jorge Luis Magnacco, Eugenio Bautista Vilardo, Hugo Enrique Damario, Julio César Coronel, Carlos Jaime Fraguío y Carlos Guillermo Suárez Mason (h). Se les imputan centenares de tormentos y privaciones ilegales de la libertad, en varios casos seguidas de muerte.
Sus defensas habían solicitado el cese de las preventivas apelando a la Ley 24.390 y al plenario ‘Díaz Bessone’ de la Cámara de Casación Penal. La ley fija que el plazo máximo de prisión preventiva son dos años, prorrogables por uno más. Para el plenario, la detención sin sentencia firme sólo se justifica si hay riesgo concreto de que el procesado, en libertad, eluda la acción de la Justicia o entorpezca la investigación. El 18 de diciembre pasado, los jueces Guillermo Yacobucci y Luis García, integrantes de la Sala II de la Cámara de Casación Penal, ordenaron el cese de la prisión preventiva de una veintena de represores de la ESMA, Rosario y Santa Fe. Ante la apelación del fiscal Raúl Plee, que ahora
deberá resolver la Corte Suprema de Justicia, dos días después Casación suspendió las liberaciones.
Irurzun y Farah argumentaron que la Ley 24.390 no es de aplicación automática y para apartarse de la doctrina Díaz Bessone evaluaron la gravedad de los hechos que se les atribuye a los procesados. "Pertenecían a una organización del Estado" y no sólo actuaron "amparados" por ese sistema, también "fueron beneficiados por esa pertenencia –con las leyes de obediencia debida y punto final–, logrando un estadio de impunidad que no hubiesen alcanzado actuando individualmente". Formaron parte de "un grupo con poder paralelo que desarrolló tareas de modo clandestino", con alias y destrucción de rastros, por lo que, concluyeron, existe "riesgo de entorpecimiento de la investigación". Destacaron "la constante negativa a los requerimientos judiciales sobre el paradero de las víctimas, las muertes en operativos fraguados, los ‘traslados’ masivos, la calidad de ‘desaparecidos’ de innumerables personas o el hallazgo de los cuerpos" NN enterrados en fosas comunes. Explicaron que, en caso de ser liberados, podrían "coartar a los testigos o inducirlos a falsear su declaración" y tuvieron en cuenta la "presión que su libertad puede ejercer hacia quienes, habiendo sobrevivido, hayan declarado o deban declarar en su contra".
La causa ESMA fue reabierta en 2003. El juez Sergio Torres, a cargo de la instrucción, ya elevó al TOF-5 varios fragmentos. Antes de fin de año, cuando concluya el juicio al general Jorge Olivera Róvere, el tribunal comenzaría a juzgar a los imputados de la Armada. La falta de confirmación de la fecha de inicio del juicio fue uno de los argumentos que utilizó Casación para ordenar liberar a los marinos.

8 de enero de 2009
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el silencio de los represores


Cinco imputados por crímenes en la ESMA se negaron a declarar. El Tigre Acosta, Juan Carlos Rolón y otros acusados por delitos de lesa humanidad negaron las imputaciones y rehusaron contestar preguntas. El juez Torres pretendía indagarlos por secuestros, desapariciones, torturas y desapoderamiento de bienes.
Argentina. Cinco represores imputados por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención que funcionaba en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) se negaron ayer a contestar preguntas durante la indagatoria a que fueron sometidos por el juez federal Sergio Torres, en un legajo que forma parte de la megacausa ESMA.
Se trata de Jorge ‘El Tigre’ Acosta, Juan Carlos Rolón, Pablo García Velazco, Alberto González y Jorge Carlos Radice. Para cumplir con la requisitoria, todos ellos fueron trasladados por la mañana a los tribunales de Comodoro Py desde el Complejo Penitenciario de Marcos Paz, donde cumplen prisión preventiva. Según fuentes judiciales, los imputados "negaron en forma breve y genérica las imputaciones", se manifestaron "completamente ajenos" a los hechos investigados (García Velazco lo hizo mediante un escrito) y rehusaron contestar las preguntas que presentaron los investigadores.
Con la intervención del secretario Pablo Yadarola, el juez Torres quería interrogar a los represores por "las privaciones ilegales de la libertad, sometimiento a condiciones inhumanas de vida y posterior desaparición" de Omar Masera Pincolini, Victorio Cerutti y Horacio Palma, que fueron secuestrados por los grupos de tareas de la ESMA con el objeto de apoderarse de bienes de la Sociedad Cerro Largo. En este legajo –un desprendimiento de la "megacausa ESMA" reabierta tras la derogación y declaración de nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final– se investigan los delitos perpetrados contra Conrado Higinio Gómez, quien fue secuestrado el 10 de enero de 1977. De acuerdo con constancias del expediente, uno de los objetivos del "grupo de tareas" de la Escuela de Mecánica era "apoderarse de los bienes de la Sociedad Cerro Largo", que integraban las víctimas, quienes fueron obligadas a firmar "documentación espuria" para desapoderarlos de esos bienes.
Sus posesiones pasaron así a manos de "oficiales de la ESMA" que actuaban con nombres supuestos, tal como Juan Héctor Ríos (en realidad Rádice) o Federico Williams, nombre con que operaba el represor Francis Whamond, todos ellos "nucleados bajo una apariencia societaria que denominaron Willri". Cerutti y Masera Pincolini fueron secuestrados en Mendoza, donde vivían y estaban ubicadas tierras de Cerro Largo, en la localidad de Chacras de Coria, mientras que Palma fue privado ilegalmente de su libertad en su domicilio de Hurlingham. Las propiedades que conformaban el patrimonio de Cerro Largo fueron luego incorporadas, según las fuentes, a otra sociedad "constituida a los efectos de ingresar los bienes despojados" por la "organización criminal conformada por miembros de la Armada y personas íntimamente vinculadas a éstos".
Como parte del legajo por la apropiación de bienes de los prisioneros alojados en la Escuela de Mecánica de la Armada, el 15 de diciembre el juez Torres firmó una resolución de 30 carillas y elevó a juicio oral y público a estos represores junto a Eduardo Enrique Massera, hijo del ex dictador Emilio Eduardo Massera. De acuerdo con los datos recabados por la Justicia, Gómez fue objeto de torturas y "métodos extorsivos" para obligarlo a firmar contratos de cesión de sus propiedades, entre ellas el costoso predio de Chacras de Coria, en una exclusiva zona residencial mendocina, valuado en 15 millones de pesos, y hasta sus caballos pura sangre de carrera.

6 de enero de 2009
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