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huellas de la campaña del desierto


Mapuches de tres provincias mantienen conflictos territoriales con el ejército. En el Día Internacional de los Derechos Indígenas, representantes de comunidades de Chubut, Río Negro y Neuquén relatan los conflictos que mantienen a más de un siglo de las campañas de exterminio.
[Darío Aranda] Argentina. Desalojos con quema de viviendas, matanza de animales y centenares de familias golpeadas. Operativo con cien soldados en plena dictadura, con robos y la detonación con explosivos militares de hogares indígenas. Prácticas de tiro y ejercicios de combate sobre cementerios de comunidades originarias. Esas son algunas de las acciones ejecutadas por el Ejército desde su llegada a Puelmapu (espacio ancestral mapuche al este de la Cordillera), cuando la región ya estaba habitada por el pueblo originario. Un siglo después de la Campaña al Desierto, comunidades de Chubut, Río Negro y Neuquén aún mantienen conflictos territoriales con el Ejército. El enfrentamiento incluye 2800 familias, trece mil hectáreas y una reparación histórica por los crímenes cometidos. Un dato del mundo al revés: todas las comunidades están denunciadas por ‘usurpación’ del espacio donde siempre vivieron.
Francisco Nahuelpán fue uno de los guías del gobierno argentino para demarcar los límites patagónicos del país, en 1855. Escritos documentales dan cuenta que fue clave para que la zona de Esquel, oeste de Chubut, fuera reconocida como parte de Argentina y no de Chile. Por esa tarea, en 1908, un decreto presidencial le otorgó 22.000 hectáreas a su familia y otras ocho comunidades. Pero en noviembre de 1937, previa avanzada de grandes hacendados y poder político, el Ejército quemó viviendas, golpeó a hombres y mujeres y mató animales. Desalojó a más de 300 familias con décadas en el lugar. La comunidad Prane, que nunca había dejado de denunciar el desalojo, volvió a sus parcelas en 1950. Desde entonces, la historia se repite periódicamente: desalojos, represión, ocupaciones militares y matanza de animales.
Una fotografía muestra tanques del Ejército y soldados con armas largas que avanzan sobre la chacra comunitaria. Enfrente hay mujeres, niños, ancianos y jóvenes a caballo dispuestos a resistir. Fechada en 2001, fue la última gran acción militar sobre la comunidad mapuche-tehuelche Prane, en la denominada Legua 4, a 17 kilómetros de Esquel, 2500 hectáreas de gran valor inmobiliario.
Cipriano Prane tiene 90 años, una casa humilde y rasgos claramente originarios. "Los hermanos vivieron aquí durante años, mucho antes de la invasión militar del ’37", aclara el lonko. A su lado, Ana Prane, vocera de la comunidad, explica que desde hace setenta años mantienen un conflicto con el destacamento local, con intimidaciones permanentes y denuncias judiciales. "La represión y despojo de 1937, que dio origen a esta situación, tiene víctimas y victimarios. Y aún sigue impune", recuerda Ana Prane, vocera de la comunidad.

Robo y Explosiones
Junio en la Cordillera. Frío y viento. Mientras las mujeres estaban solas con sus hijos, un centenar de soldados ingresaron en la comunidad Ranquehue y destruyeron las viviendas de madera. La casa más antigua, construida por las manos del primer lonko, fue literalmente dinamitada frente a los ojos de sus habitantes, que observaban amenazados a punta de fusil. Los militares cargaron los restos, maderas, chapas, muebles, animales y todo objeto de mínimo valor y huyeron hacia el regimiento. Las catorce mujeres con niños quedaron a la intemperie, con cincuenta centímetros de nieve y viento cordillerano. Era el año 1979, y los mapuches de Bariloche también eran víctimas de la dictadura militar.
"Sólo nos quedaron algunas chapas y cueros de animales. Con eso pasamos el invierno. Yo tenía 20 años y fue trágico ver a mis abuelos llorando, despojados del trabajo de generaciones", recuerda Marta Ranquehue, que permanece en el mismo sitio que sus ancestros, paraje Virgen de las Nieves, ladera del turístico Cerro Otto, a minutos del centro de Bariloche, predio de millonario valor económico. Padecieron otro desalojo en 1983, pero resistieron en el lugar. Las intimidaciones (robo y matanza de animales, prácticas de tiro y simulacros de combate a metros de las viviendas) se suceden desde la vuelta a la democracia. En diciembre de 2007, el Ejército destruyó sembradíos, cavó trincheras y jugó a la guerra.
La familia Ranquehue llegó al lugar en 1850, cuando Río Negro no era provincia y el mapuzungun (lengua mapuche) era el idioma más hablado en el sur del continente. Cuatro décadas más tarde llegaron las familias Gualmes, Báez, González y Díaz. Luego de la última dictadura, y acción del Ejército mediante, sólo permanecieron los Gualmes y Ranquehue, aunque un fallo judicial de 2001 ordenó su desalojo.
Las 514 hectáreas de la comunidad figuraban legalmente como propiedad de Parques Nacionales, que las cedió al Ejército en 1937, año en que comenzaron los desalojos. "La Constitución nacional y el Convenio 169 de la OIT nos reconocen como legítimos poseedores. Parques Nacionales no tiene competencia legal para ‘ceder’ ni un metro de su supuesta tierra. Y el Ejército no cuenta con título de propiedad, por lo cual no tiene sustento el juicio que nos inició por ‘usurpadores’. Por todo esto, el Estado está violando nuestros derechos más básicos", explica con firmeza Marta Ranquehue, abuela de cuatro nietos, que aprendió legislación indígena a fuerza de invasiones verde oliva.

Territorio Recuperado
La Corporación Interestadual Pulmarí (CIP) fue creada en 1987 con el objetivo de administrar de forma sustentable 112 mil hectáreas, con una gradual restitución al Pueblo Mapuche, y lograr la promoción de las comunidades cercanas. "Nada de eso se cumplió. Funcionó como un kiosco inmobiliario, entregando concesiones de manera arbitraria a los amigos del poder. Ofreciendo territorio ancestral al mejor postor", denuncia Verónica Huilipán, vocera de la Confederación Mapuche de Neuquén, que hace trece años comenzó un proceso de recuperación territorial. Nueve comunidades, 2800 familias, ya volvieron a 70 mil hectáreas de Pulmarí, incluidas diez mil hectáreas reclamadas por el Ejército.
El predio Pulmarí está ubicado en el departamento neuquino de Aluminé, a 350 kilómetros de la capital provincial. Zona de lagos paradisíacos y apta para el desarrollo turístico, forestal y agropecuario. Un cementerio indígena y trabajos de arte ancestral en piedras confirman la preexistencia indígena. Fueron apropiados por el Estado luego de la Campaña al Desierto y una de las mayores estancias, trasferida al Ejército.
La Corporación Pulmarí es manejada por el Estado nacional y provincial. Durante años, las comunidades denunciaron que la CIP entregaba tierras a empresarios en lugar de indígenas. En 1995, la Confederación Mapuche comenzó el proceso de recuperación. La acción incluyó zonas cercanas al casco de la estancia que ocupa el Ejército, lo cual incrementó el hostigamiento militar. Huilipán recuerda que durante años solicitaron auditorías por la entrega de tierras, pero nunca hubo respuestas. Hartos de esperar, cuando iniciaron la vuelta a su tierra, el Estado inició juicios, la policía los apresó y el Ejército redobló las amenazas. La vocera resume la respuesta mapuche: "Ya no nos asustan. Estamos haciendo cumplir nuestros derechos, avalados por ley, por la historia y la sangre de nuestro pueblo".

9 de agosto de 2008
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cosecha de repudios


Pando buscó justificarse, pero fue criticada por su show en el tribunal. La justificadora de los represores dijo que no se había dado cuenta del gesto de degüello que hizo. "Es el odio que ha mamado de las personas que representa", describió Taty lmeida, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
Argentina. Cecilia Pando quiso justificarse y se hizo la distraída. Después del exabrupto en pleno tribunal, que incluyó amenazas a jueces, funcionarios y víctimas de la dictadura, dijo que no se había dado cuenta de haberle hecho un gesto de degüello al secretario de Derechos Humanos de Nación, Eduardo Luis Duhalde. La representante mediática de los represores dijo que su exaltación por la condena a tres militares y un ex gendarme en Corrientes fue un "desborde", pero inmediatamente volvió a llamar "terrorista" al secretario de Estado y a increpar a los jueces. La actitud de Pando fue repudiada por representantes de organismos de derechos humanos y referentes políticos. Para Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, se trata de una persona "peligrosa".
Carlotto pidió que la Justicia "actúe como corresponde": O "está demente –dijo por Pando– y debe ser internada, o debe ser llevada a los tribunales por apología del delito". Porque "si esa actitud la tiene un joven integrante de una organización de derechos humanos lo detienen".
Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora estuvo el miércoles en la sala de audiencia. Pando "gritaba e insultaba con bronca, con rabia porque se dan cuenta de que la Justicia sigue su curso. Es el odio que ha mamado de las personas que representa", describió.
Juan Cabandié, legislador porteño del Frente para la Victoria y nieto recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo, consideró que "no sabe vivir en democracia" "¿Cuánto tarda una persona en demostrar cómo es realmente? No mucho tiempo. Y si además sale en los medios masivos de comunicación, este proceso se acelera indefectiblemente", señaló.
La presidenta de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, dijo que el gesto de Pando pone de manifiesto "de lo que tienen ganas los militares (de degollar) y la mandan a ella, una gran defensora de la tortura, la muerte, la violación y el robo".
Pando consiguió ser entrevistada por varios medios. Así, se explayó en una supuesta justificación sobre la escena que montó en el tribunal correntino. "Se vivió un momento bastante tenso en Corrientes que comenzó muy temprano con cantitos y con insultos. Y la verdad es que en ese clima tan tenso, con tanta injusticia, yo sinceramente reconozco que me desbordé. Pido disculpas, no fue mi intención, soy temperamental, todo esto me supera", dijo en una entrevista radial para "explicar" por qué después de escuchar el fallo (tres condenas y una absolución) saltó, se subió a una silla e increpó a los gritos a los jueces, al secretario de Derechos Humanos y a la diputada Victoria Donda.
"Siempre que vamos a los juicios pedimos justicia de los dos lados –agregó ayer–, si quieren juzgar a los militares que los juzguen, pero a los terroristas también que hoy están impunes en el Gobierno, porque cometieron delitos de lesa humanidad y también terrorismo de Estado". Aseguró que no le dijo a Duhalde "te voy a matar con mis propias manos", pero volvió a decir que es un "terrorista que hacía apología del delito". El propio Duhalde ya había calificado sus palabras como una "provocación" y dijo que demostraban que "si ellos tuvieran el poder volverían a hacer lo mismo".
La ministra de Defensa, Nilda Garré, es otro de los blancos móviles de Pando. Ayer, su voz se sumó a los repudios a Pando y señaló en especial el ataque a los jueces. Garré acusó a Pando de ser una "provocadora profesional" y dijo: "Ella simplifica, pareciera querer indicar que (los jueces) le tienen miedo a un determinado sector que hoy puede estar gobernando". Para la ministra, a esta altura parece claro que la mujer del mayor Rafael Mercado lo que quiere "es subir su nivel de exposición" como si con ello buscara ganarse afectos. "Gente que nunca pensó que iba a terminar presa ahora está terminando así y esto genera esta (actitud) loca, irracional, inadaptada, agresiva", terminó.
"Las víctimas del terrorismo de Estado fueron privadas de todos los derechos que sí tienen los señores que ella defiende, ya que no tuvieron derecho a juicio, ni a contar con abogados, ni siquiera una sepultura digna", señaló Mabel Gutiérrez, de familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.

8 de agosto de 2008
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represor simula enfermedad


Los médicos dicen que el represor esta en condiciones de ir al juicio. Según las pericias, el dictador no tiene impedimentos médicos para concurrir al proceso, que continuará hoy. Los exámenes fueron corroborados por un cardiólogo del Cuerpo Médico Forense.
[Laura Vales] Argentina. No sólo le dijeron que tiene que volver al juicio. También apuntaron que fue innecesario que llevara a la sala de audiencias la mochila de oxígeno con la que se presentó ante el tribunal, ofreciendo un aspecto de moribundo. Los médicos declararon a Antonio Domingo Bussi en condiciones clínicas de concurrir al proceso que se le sigue por el secuestro, torturas y el asesinato del senador Guillermo Vargas Aignasse, el primer juicio oral en el que puede ser condenado. El martes pasado, la apertura del proceso judicial tuvo que ser interrumpida porque Bussi dijo sentir un fuerte dolor en el pecho. A juzgar por los exámenes médicos, fue más teatro que otra cosa.
El represor fue dado de alta por el Centro Privado de Cardiología y trasladado a la casa de uno de sus hijos, en el country de Yerba Buena, el lugar donde cumple prisión domiciliaria. Hoy será llevado de nuevo al tribunal, donde el proceso se retomará con la lectura de la acusación. No queda mucho pendiente del escrito, aproximadamente unas veinte fojas. Los defensores podrán plantear después cuestiones preliminares y se ofrecerá a los imputados –Bussi y Luciano Benjamín Menéndez, coacusado– si quieren hacer uso de la palabra.
El diagnóstico de que el ex interventor militar de Tucumán está en condiciones de afrontar el juicio fue ratificado por partida doble, según confirmó el secretario del tribunal oral, Mariano García Zavalía. El cardiólogo José David, del Cuerpo Médico Forense, llegó a la ciudad en el primer vuelo del día, y desde el aeropuerto se dirigió directamente a la clínica, donde corroboró que Bussi estaba "compensado y en condiciones clínicas de concurrir a la audiencia". El médico detalló que los exámenes, tal como había anticipado ayer Página 12, "descartaron la presencia de un evento coronario agudo". El parte del sanatorio coincidió con lo dicho por el perito del Cuerpo Médico.
En el sanatorio, David tuvo una conversación muy tensa con los hijos del militar, al término de la cual Ricardo y Luis José, los dos legisladores de Fuerza Republicana, salieron a hacer declaraciones. Luis José responsabilizó a los jueces por "lo que pueda ocurrirle" a su padre, mientras que Ricardo aseguró que "el médico cree que mi padre a los 82 años puede jugar al tenis con Nalbandian" y reclamó que en la audiencia de hoy no haya público. "En el sanatorio él está bien, pero no podemos guiarnos por eso. No es lo mismo que afrontar una situacion estresante, con gente gritándole a su alrededor."
En realidad, en la primera jornada del juicio no hubo gritos en presencia de Bussi –los cruces fueron con sus partidarios cuando la audiencia se interrumpió–. Lo que sí hubo fueron fotos de los desaparecidos que, desde el fondo de la sala, levantaron militantes de HIJOS y de otros organismos. Visualmente resultó muy impactante, porque las últimas cuatro o cinco filas del público quedaron cubiertas por personas que se sentaron con las fotos en sus regazos, de manera que en cada silla se podía ver el retrato de un secuestrado. La presencia de las víctimas de la dictadura podía sentirse en la sala; una presencia silenciosa y fuerte.
En las calles de Tucumán, el estado del ex interventor militar (y ex gobernador en democracia) está en todas las conversaciones. Sobre todo porque se sabe que está deprimido. Hay quienes cuentan que Bussi recibió personalmente en el country notificaciones del proceso y se puso a llorar delante del oficial de justicia ("le tiene miedo al juicio", repitieron tres entrevistados a este diario) y quien defiende al "general", título que muchos le siguen dando, como señal de respeto a un orden jerárquico que, parece, no quieren ver morir.
La abogada Laura Figueroa, querellante en la causa sobre el centro clandestino que funcionó en el arsenal Miguel de Azcuénaga, una de las más importantes contra Bussi, expresó el temor de que el militar vaya más lejos de lo que se vio en la primera audiencia. "Creo que él va a tratar por todos los medios posibles de evitar la condena. Hay un peligro concreto, de acuerdo con las declaraciones de su propio hijo, de que se autoagreda de cualquier forma, por ejemplo no tomando la medicación. Nos quedaríamos más tranquilos si el tribunal le pone un enfermero las 24 horas al lado de él que le suministre los medicamentos que tiene que tomar, porque solamente con que deje de tomar la medicación para su cardiopatía, estaríamos ya en la puerta de lo que hoy se teme, que es que deba ser internado."
Una de las incógnitas es si hoy Bussi va a declarar. Hay señales de que así lo haría, ya que el martes fue al juicio con un portafolios del que sacó un par de lentes y varias hojas impresas en tipografía grande, como si hubiera llevado algo preparado para leer. Ayer, sus hijos aseguraron además que quiere hablar.
Bussi y Menéndez deben responder por los cargos de violación de domicilio, privación ilegítima de la libertad, aplicación de tormentos reiterados, asociación ilícita y homicidio calificado. Su víctima, el senador provincial Guillermo Vargas Aignasse, fue secuestrado en la madrugada del 24 de marzo de 1976, cuando un grupo de encapuchados irrumpió en la casa donde Vargas Aignasse vivía con su mujer, sus cinco hijos y una joven estudiante, hija de un amigo de la familia. Lo llevaron a la Brigada de Investigaciones, donde lo torturaron durante cuatro días. El senador integraba una comisión que estaba investigando a la policía. En esos días de tortura, sus captores lo volvieron a llevar a su casa para que buscara una carpeta con información de la comisión.
Su mujer, María Angélica Cárdenas, comenzó a recorrer comisarías y despachos buscándolo. En la jefatura de policía reconoció a uno de los secuestradores por un anillo. Cárdenas fue a ver a Bussi, que le dijo que "iba a ver qué podía hacer". Esa semana, una delegación militar fue a buscarla a su casa. La condujeron a la cárcel de Villa Urquiza para que viera a su marido. No le permitieron hablar con él, sino que la hicieron pasar a una oficina de un primer piso, que tenía una ventana que daba al patio del penal. Le indicaron que mirara abajo. Allí, en el patio, vio a Vargas Aignasse caminando, solo, con marcas de haber sido torturado.
El 6 de abril los represores montaron la escena con que solían deshacerse de los prisioneros blanqueados a disposición del Poder Ejecutivo. Dijeron que iban a liberarlo, lo subieron a un auto camino a su casa y en el trayecto lo entregaron a un grupo de tareas. Su cuerpo nunca apareció.
La versión militar fue que Vargas Aignasse había sido secuestrado por la guerrilla, que lo ajustició porque había delatado a militantes montoneros, la vieja estrategia de ensuciar a la víctima. Otra versión que hicieron circular desde el entorno de Bussi fue que se trató de un crimen pasional, una historia basada en que la mujer de Vargas Aignasse formó pareja después con un oficial del Ejército. Bussi parece dispuesto a no dejar de lado ningún recurso.
Por si hoy vuelve a decir que le duele el pecho, el cardiólogo del Cuerpo Médico Forense se quedará en Tucumán. Así lo solicitó el tribunal integrado por Carlos Jiménez Montilla, Gabriel Casas y Josefina Curi. La audiencia comenzará a las 9.30 de la mañana. Si el juicio logra arrancar, el martes comenzarían a declarar los primeros testigos.

8 de agosto de 2008
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derogan código de justicia militar


El senado sancionó la reforma del sistema de justicia militar. La derogación del Código de Justicia Militar fue convertida en ley por unanimidad de los senadores presentes. Hubo algunas objeciones menores. Es el fin de los tribunales especiales para los miembros de las Fuerzas Armadas.
[Miguel Jorquera] "Eliminamos un fuero especial, donde los militares se juzgaban a sí mismos a través de un sistema anacrónico, arbitrario e injusto, donde no se respetaban las garantías del debido proceso. Es una oxigenación y un avance para el sistema democrático en la Argentina y saldamos una deuda con las Fuerzas Armadas." La ministra de Defensa, Nilda Garré, no ocultó su satisfacción tras presenciar en el Senado el debate que derogó por unanimidad –aunque con algunas objeciones puntuales– el Código de Justicia Militar. Un proyecto que redactaron juristas, militares, organismos humanitarios y de derechos humanos y que terminó con los tribunales especiales, la pena de muerte y las sanciones a los militares por razones políticas, religiosas y sexuales.
Casi una hora después de lo previsto, a las 13.55, Pablo Marín abrió el debate sobre la derogación del Código de Justicia Militar (CJM), que tenía media sanción de Diputados. En el palco especial ya se había sentado Garré y una comitiva del Ministerio de Defensa, que promovió el proyecto oficial. "Establece la igualdad de derechos y garantías a todos los ciudadanos y equipara los estándares internacionales previstos en nuestra Constitución con la incorporación de múltiples tratados. Es una reforma que le debemos a la sociedad toda, porque no podemos hablar de militares a parte de la sociedad. Es un absurdo", argumentó el peronista pampeano que preside la Comisión de Justicia y Asuntos Penales.
El proyecto oficial establece que los miembros de las Fuerzas Armadas deben someterse a la Justicia ordinaria ante cualquier delito contemplado en el Código Penal y que éstos puedan apelar las sanciones militares ante la Justicia Federal. La iniciativa también crea un "Procedimiento Penal Militar para tiempos de guerra y otros conflictos armados" y un nuevo código disciplinario para los miembros de las Fuerzas Armadas.
Todos los bloques opositores coincidieron en expresar su apoyo a la medida, pero manifestaron objeciones sobre algunos aspectos del proyecto. El primero en señalarlos fue el radical Luis Petcoff Naidenoff. El senador formoseño cuestionó el anexo 3 del proyecto que crea "instrucciones a la población civil para tiempos de guerra y otros conflictos armados, a través de bandos militares". Consideró que esas cuestiones eran contrarias a la Ley de Defensa Nacional y señaló como "innecesaria" la incorporación al Código Penal del delito de "poner mano" de un superior militar a su subordinado, afirmando que se trata de un "problema disciplinario", ya que la figura de lesiones, si las hubiera, ya están estipuladas.
La misma consideración hicieron otros partidos provinciales y el socialista Rubén Giustiniani, que también habló en nombre de la Coalición Cívica y el ARI fueguino. Giustiniani sumó a los cuestionamientos la "especificaciones y excepciones" en tiempos de guerras y otros conflictos armados, además del anexo 4 del proyecto, donde criticó las calificaciones de las faltas que establece el nuevo sistema disciplinario para las Fuerzas Armadas y afirmó que las mismas deben quedar en manos de la justicia ordinaria.
La kirchenrista Marita Perceval fue la encarga de salirle al cruce a los críticas. Perceval afirmó que las preocupaciones que expresaron algunos senadores también habían sido motivo de análisis en la Comisión de Defensa que preside. Aseguró que todas las definiciones sobre "guerra, hipótesis de conflictos y de conflictos armados" fueron tomadas de las conclusiones de la Cruz Roja Internacional y están establecidos en la propia Ley de Defensa de la Democracia. También descartó la convalidación de "obediencia debida", que pudieran aludir los propios militares para esquivar posibles delitos, porque hay jurisprudencia sobre ese tema para todo el personal militar y de las fuerzas de seguridad para delitos de lesa humanidad.
A la hora de votar, el proyecto fue respaldado en general por unanimidad de los 60 senadores presentes en el recinto. Los cuestionamientos obligaron a votar los artículos objetados, a pesar que las críticas estaban asentadas, en la mayoría de los casos, sólo en algunos de sus incisos. Las diferencias no pusieron en riesgo el proyecto. Sólo el artículo 4 –que incluye las recomendaciones a civiles en tiempos de guerra– cosechó 20 votos en contra. Así, la reforma de la Justicia militar ya es ley.

7 de agosto de 2008
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retrato de una energúmena


La mujer que se transformó en abanderada de los represores. El verdadero rostro de Cecilia Pando. Defensora del obispo Baseotto, del capellán Christian Von Wernich, de cuanto represor andaba suelto en espera de un juicio, Cecilia Pando se dejó llevar por su instinto.
[Nora Veiras] Argentina. Los ojos desorbitados, la mandíbula copándole el rostro, la voz ronca lastimada de tanto gritar. Cecilia Pando se convirtió ayer en la atroz caricatura de sí misma. Su odio y rencor quedaron al descubierto en forma y contenido. La mujer que sigue repitiendo que "los desaparecidos están vivos en España" se mostró en plenitud tras la condena a un grupo de represores en Corrientes. Ante la Justicia, la amenaza de muerte.
En los estertores del verano del 2005, la esposa del mayor del Ejército Rafael Mercado empezó a construirse como icono de la ultraderecha a partir de una carta de lectores publicada en La Nación. La defensa del entonces obispo castrense Antonio Baseotto fue la excusa para criticar la política de derechos humanos del gobierno de Néstor Kirchner. "En esa famosa carta manifesté mis ideas, lo que pienso, porque me sentí y me siento agredida continuamente por el presidente de la Nación. Primero, con el hecho de que lo había sacado a monseñor Baseotto del obispado castrense. Porque el presidente en ese tema no es nadie, tiene que cerrar la boca y respetar lo que dice el Vaticano. Pero él siempre quiere más, quiere pasar por sobre la autoridad del Vaticano", explicó.
Baseotto oficiaba de padre espiritual de los familiares y represores que empezaban a ser detenidos por delitos de lesa humanidad. Pando, joven, madre de siete hijos, docente, apareció como el mascarón de proa de una remake de los Familiares y Amigos de Muertos por la Subversión (Famus), la entidad que durante el alfonsinismo había intentado contrarrestar la lucha de los organismos defensores de los derechos humanos.
A medida que ganaba espacio en los medios, aparecieron los sponsors. Bernardo Neustadt la catapultó como uno de "los talentos" de su fundación. Mercado fue pasado a retiro por no haberse diferenciado de los dichos de su esposa, agraviantes para el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, a la sazón, el Presidente, pero rápidamente consiguió trabajo en Scanner S.A. La empresa fundada por el teniente coronel retirado Héctor Schwab, detenido en el 2003 por orden del juez español Baltasar Garzón, le dio cobijo y apeló a sus contactos para encontrarle lugar a Pando en uno de los colegios de Fasta. La Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (Fasta), que encabeza el cura ultranacionalista Aníbal Fosbery, quien supo acompañar en los ’70 a José López Rega a Libia, es uno de los refugios del matrimonio y lugar de estudio de sus hijos.
En ese momento desde la secretaría de la Unión de Promociones, Schwab apadrinó a su hija María Pía y a Pando para formar la Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de Argentina (Afyappa). Remeras blancas con una gran bandera argentina encerrada entre rejas –la "Patria presa"– fue el distintivo de ella y otras señoras frente a los tribunales de Comodoro Py. "Reclamamos libertad ya, para todos los detenidos sin sentencia o proceso por supuestos delitos de la década del ’70. Una Navidad sin presos políticos será el primer paso para terminar este cíclico proceso de venganzas, nuestra historia tiene demasiados vaivenes. Quiera Dios que mañana la venganza y la revancha política que hoy se implementan no causen nuevas víctimas al pueblo argentino", empezó a arengar en diciembre de 2005.
Para entonces ya se había acercado al entonces ascendente Juan Carlos Blumberg y aportado conciencias de colegios de la zona norte a sus marchas por seguridad. En marzo de 2006 irrumpió en la Casa Rosada. Como asesora de la diputada Nélida Mansur del partido de Luis Abelardo Patti, se coló en un acto por el Día de la Mujer y cruzó a Kirchner a los gritos. Se quejó, con razón, porque su esposo había sido castigado por los dichos de ella en función del código castrense. Fue un ensayo de los gritos desaforados. Poco después amenazó con encadenarse a las rejas del Edificio Libertador, sede del Ministerio de Defensa, y a los pocos días se le impidió entrar en un acto en el Colegio Militar.
Así, a fuerza de escandaletes Pando fue forjando su lugar mediático. En el camino había quedado el otro rostro femenino de la defensa de los represores: Karina Mujica. La ex novia de Alfredo Astiz tuvo que resignar protagonismo cuando una cámara la descubrió en un prostíbulo marplatense. La doble moral la alejó de las luces y la relegó a una escuela de danza y folklore en Luján. Su militancia en Memoria Completa quedó opacada.
Las señoras de Afyappa redoblaron esfuerzos al ritmo del avance de los procesos contra los represores. Aparecieron en las audiencias del juicio al capellán de Ramón Camps, Christian Von Wernich y Pando tuvo un primer conato de gritos hasta que le prohibieron entrar. En la página web políticaydesarrollo, escribió horrorizada por el traslado del cura al penal de Marcos Paz: "Dios, que en su infinita sabiduría sabe escribir derecho con las conductas torcidas de los hombres, seguramente encontrará en este injusto traslado la posibilidad de que otros detenidos encuentren la paz y el apoyo espiritual que necesitan para soportar su calvario".
Este año la tropa pandista intentó disputar cada martes la Plaza de Mayo. Un grupo raleado pintó crespones cerca de los pañuelos de las Madres para pedir justicia por "los muertos por la subversión". Entrenadas ya, se sumaron a más de una marcha en favor del reciente lockout ruralista.
Pando había aparecido en el inicio del juicio en Corrientes y fue consecuente en el final. Desencajada, dejó al descubierto la impotencia de su marginalidad.

7 de agosto de 2008
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ratas a la cárcel, una para siempre


Cuatro represores condenados, una absolución y un show de Cecilia Pando que incluyo amenazas de muerte. La defensora mediática de los represores acusó a los jueces de "cobardes" y amenazó al secretario de Derechos Humanos y a la diputada Victoria Donda.
[Diego Martínez] Argentina. El Tribunal Oral Federal de Corrientes condenó ayer a tres oficiales retirados del Ejército y a un ex comandante de Gendarmería por crímenes de lesa humanidad cometidos en el Regimiento de Infantería 9 durante la dictadura. El empresario ganadero y ex presidente de la Sociedad Rural de la provincia, capitán Juan Carlos De Marchi, apodado ‘El Electricista’ por sus destrezas con la picana, pasará 25 años en una cárcel común como cualquier hijo de vecino. La sentencia incluyó la absolución de un suboficial del Ejército, la segunda desde la reapertura de las causas, y un espectáculo dantesco de la militante por los derechos de los genocidas Cecilia Pando, que incluyó amenazas de muerte a los jueces, a la diputada Victoria Donda y al titular de la Secretaría de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde.
El juicio tuvo un gran ausente: el general Cristino Nicolaides, comandante de la Brigada de Infantería VII de la que dependía el Regimiento donde se cometieron los crímenes. El ex jefe del Ejército fue condenado a 25 años de prisión en diciembre por los secuestros y desapariciones de cinco militantes montoneros que ingresaron al país en 1979. La salud le evitó una segunda condena segura. Aún goza de prisión domiciliaria en su casa del barrio Cerro de las Rosas, en Córdoba.
Los represores correntinos fueron juzgados por el homicidio de Rómulo Artieda, la desaparición forzada de Juan Ramón Vargas y una veintena de secuestros y tormentos agravados. Luego de su cautiverio en el Regimiento 9, Artieda fue asesinado y enterrado en una fosa común del cementerio de Empedrado. De allí lo exhumó el Equipo Argentino de Antropología Forense.
La pena mayor, prisión perpetua, recayó sobre el coronel Julio Rafael Manuel Barreiro. El tribunal que preside Víctor Alonso e integran Lucrecia Rojas de Bardaró y Guillermo Navarro lo consideró autor del delito de asociación ilícita, coautor de la privación ilegítima de la libertad seguida de muerte de Artieda y de trece secuestros agravados por violencia, duración y aplicación de tormentos a perseguidos políticos.
De Marchi y el coronel Horacio Losito, agregado militar en Italia hasta 2003, fueron condenados a 25 años de prisión por asociación ilícita más once y diez secuestros y tormentos respectivamente. El gendarme Raúl Alfredo Reynoso, alias "El Astiz correntino" por infiltrarse en la familia de Artieda, fue condenado a 18 años de prisión como partícipe necesario en seis casos y coautor de un séptimo. Sólo resta definir si cumplirán sus penas en Marcos Paz o en Resistencia.
El absuelto de culpa y cargo es el sargento retirado Carlos Roberto Píriz. Los motivos de la absolución, que las querellas van a recurrir ante la Cámara de Casación, se conocerán el 17 de septiembre cuando el tribunal dé a conocer sus fundamentos. "La absolución demuestra que las sentencias no están escritas de antemano, que los juzgamientos no son políticos y que estamos transitando el camino de la justicia y la verdad. Píriz llegó a juicio porque había pruebas suficientes. Que un tribunal imparcial pueda valorar la prueba y resolver lo contrario forma parte de las reglas de un estado de derecho", sintetizó el abogado Mario Bosch, querellante en representación de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Un Día Histórico
Si bien la sentencia a Menéndez & Cía. en Córdoba fue la primera del interior del país (Miguel Etchecolatz y el cura Christian von Wernich fueron condenados en La Plata, que para el interior profundo es un anexo de Buenos Aires), el primer juicio oral y público en comenzar, a principios de febrero, fue el de Corrientes.
La previa de ayer arrancó, pese al frío, con una vigilia de pibes de Barrios de Pie y agrupaciones estudiantiles en la esquina del tribunal, en La Rioja y Carlos Pellegrini. Con el correr de la mañana llegaron los miembros de la Comisión de Derechos Humanos de Corrientes, militantes y familiares de Misiones, Chaco y Entre Ríos, funcionarios nacionales, Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo, y la diputada nacional Victoria Donda.
Pando correteó ante la indiferencia generalizada y desparramó panfletos con una frase que habría suscripto el ex presidente de Peugeot Argentina y actual embajador argentino en Francia, Luis Ureta Sáenz Peña, en la cual se expresaría "reconocimiento y solidaridad" a quienes "derrotaron a las organizaciones terroristas que pretendieron imponernos un régimen marxista".
La actitud humilde de los familiares del suboficial Píriz contrastó con la arrogancia y la pilcha de los críos de los oficiales. "Entran con chalecos antibalas los héroes de Malvinas", arengó un hijo de Losito cuando ingresaron a la sala. Un segundo después de que el juez Alonso, con la cruz sobre su cabeza, terminara de leer la sentencia, Pando se paró sobre una silla y empezó a gritar desaforada. "Ustedes van a pagar por lo que están haciendo. Juzguen al terrorismo, no sean cobardes", les gritó a los jueces mientras se retiraban de la sala.
A diferencia de Córdoba, donde los familiares de los imputados le exigieron no hacer papelones y acató sin chistar, en Corrientes nadie intentó contenerla. En línea con el alegato del condenado Menéndez y sin disimular sus desequilibrios, Pando reiteró varias veces el típico gesto de degüello mientras gritaba "¡Asesinos! ¡Terroristas! ¡Falsificadores!" a sobrevivientes y familiares que se abrazaban. "¡Te voy a matar con mis propias manos!", amenazó al secretario Duhalde. "¡Son jueces parciales! ¡Se les ha pagado a todos!", agregó una cuarentona indignada. A la hora de insultar también sobresalieron la esposa y un hijo de Losito, educado "en la moral cristiana" según el coronel. "Les ponemos los micrófonos y somos sujetos de agresiones. Todos los medios recibimos patadas y cachetazos", relató en vivo un corresponsal de televisión. La respuesta de quienes supieron esperar justicia durante treinta años no se hizo esperar:

–¡¿Rómulo Artieda?!
–¡Presente!

–¡¿Juan Vargas?!
–¡Presente!

Alguien aconsejó "un psiquiatra" para Pando y un coro de voces comenzó a celebrar. "Como a los nazis, les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar." Las amenazas siguieron fuera de la sala. "¡Nos la vas a pagar!", le gritó el hijo de De Marchi al fiscal Oscar Resoagli, que intervino en la primera etapa de la causa. En la calle, medio millar de personas que escucharon la sentencia en vivo seguían celebrando.

7 de agosto de 2008
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dijo que juicio le hace mal


Bussi dice que tiene corazón y que le duele. El represor tucumano aseguro que tenía dolores en el pecho y logró la suspensión del juicio en su contra. "Es un simulador", señalaron los familiares de desaparecidos.
[Laura Vales] Tucumán, Argentina. El juicio contra Antonio Domingo Bussi por la desaparición del senador peronista Guillermo Vargas Aignasse, el primer caso en el que se juzgan los crímenes de la dictadura cometidos en Tucumán, se inició con la lectura de la acusación, pero debió ser suspendido porque el represor dijo sentir fuertes dolores en el pecho. Bussi fue retirado de los tribunales en una camilla e internado en una clínica privada, donde le harán estudios para comprobar su dolencia. En las últimas semanas el represor ya venía pidiendo no ser llevado a juicio con el argumento de su mala salud.
Pasaron 32 años desde que su víctima, Vargas Aignasse, fue secuestrado por un grupo de encapuchados que se lo llevó de su casa en la madrugada del 24 de marzo del ’76. Y 22 años desde que la familia del senador pudo hacer la denuncia en la Justicia. El tiempo transcurrido juega a favor del dictador tucumano. El lo sabe. Sus hijos Ricardo y Luis José –sus portavoces– insisten con la idea de que Bussi cumplió 82 años y el estrés del proceso judicial "puede matarlo".
Los familiares de los desaparecidos, en cambio, descreen de la gravedad aducida. "Bussi es un simulador", acusó Marta Rondoletto, de la Asociación de Familiares de Desaparecidos de Tucumán en la puerta de los tribunales, donde muchos tucumanos se reunieron para protestar, frustrados por la interrupción del proceso después de tanta espera.
El secretario del tribunal oral, Mariano García Zavalía, confirmó que los jueces pidieron que interviniera un perito de la Corte Suprema para evaluar la situación. Convocaron al mismo médico que antes de ayer viajó desde Buenos Aires y le hizo a Bussi un chequeo previo al inicio del juicio, cuando lo encontró en buen estado. Entre hoy y mañana se le volverán a realizar estudios completos, y el viernes a las 9.30 se reanudarán las audiencias. El tribunal tendrá entonces tomada una decisión sobre cómo seguir.
¿Hay juicio contra Bussi con Bussi internado? La respuesta es no. "En el sistema penal argentino no hay juicio en ausencia", explicó García Zavalía. "El imputado debe estar presente para escuchar la acusación y ejercer su derecho de defensa. El puede no presenciar, si así lo quiere, algunos tramos del proceso. Se trata de un derecho que tiene como imputado, pero hay otros actos procesales en los que sí debe estar. Sin la presencia del imputado no hay juicio." García Zavalía detalló que hay casos en los que puede realizarse una suspensión transitoria de las audiencias, pero nunca por más de diez días. Como en este juicio hay dos acusados, ya que también se juzga por los mismos cargos a Luciano Benjamín Menéndez, que fue el jefe de Bussi, se abren varias posibilidades: que el juicio continúe para los dos, que haya un receso corto, que se suspenda el juicio para Bussi y se siga con Menéndez solo.
¿Simula o está realmente mal? La pregunta atravesó toda la jornada del juicio. El represor entró a la sala de audiencias apoyándose en un bastón y con asistencia de oxígeno. En el recinto ya estaba Menéndez, a quien no saludó; se dice que están enemistados. Los dos rechazaron ubicarse detrás de la estructura de vidrio que el tribunal les había preparado.
Una vez sentado con su defensora oficial, Bussi hizo varias cosas que transmitieron una imagen de senilidad. Entrecerró los ojos como si tuviera sueño, tiró la cabeza hacia atrás y se quedó largos minutos con la boca abierta. De a ratos, se acariciaba la nuez del cuello y la boca con una mano insegura. Parecía estar perdido, hasta que el secretario de tribunal, que había comenzado a leer el auto de acusación, llegó a cierto párrafo. Bussi lo interrumpió para que repitiera lo que estaba leyendo, "no lo escuché bien", pidió.
No era un pedido inocente. El fragmento hablaba de la víctima, Vargas Aignasse, aludiendo a sus "posibles vinculaciones con la subversión" y a los interrogatorios a los que fue sometido "a fin de obtener información". De toda la acusación, ese párrafo, unas líneas que citan un informe de su antiguo jefe de policía (Antonio Arrechea, un represor conocido por su ensañamiento con los prisioneros), era el que entroncaba con su línea de defensa. Bussi ha intentado ensuciar la figura de Vargas Aignasse como alguien que cantó casas montoneras y que habría sido asesinado no por el ejército sino por la guerrilla.
Fue evidente para todos que había estado siguiendo la lectura. No volvió a boquear. Ahora se irguió, cruzó una pierna, se acomodó para quedar de frente al que leía. Sin embargo, en cuanto los jueces llamaron a un receso hizo el anuncio de que le dolía el pecho. Lo sacaron del tribunal en una camilla, rumbo al Centro Privado de Cardiología. Así fue el comienzo y final de la primera audiencia.
El edificio de los tribunales estuvo vallado. Al mediodía cientos se juntaron para pedir cárcel para el represor, mientras, del otro sector del vallado, unas cincuenta personas se reunieron para apoyarlo.
Eso es lo que queda de Fuerza Republicana, el partido que Bussi creó, con el que fue electo gobernador y dos veces diputado. En otros tiempos, movía más que cualquiera en la provincia, pero ya no. Sus apoyos se vieron dentro de la sala, donde estuvieron sus hijos Ricardo y Luis José, su ex abogado y cinco o seis mujeres sesentonas. Había también un sobrino de Menéndez, y no mucho más.
El grueso del público fueron familiares de desaparecidos, militantes de organismos de derechos humanos y funcionarios. Las Madres de Plaza de Mayo, los familiares y militantes de Hijos llevaron fotos de los desaparecidos y las alzaron de cara a Bussi mientras se leía la acusación. En la primera fila estuvo el hijo del senador, Gerónimo Vargas Aignasse, que hoy es diputado nacional, y uno de sus hermanos. Y entre el público, el fiscal federal Emilio Ferrer, que realizó la investigación de primera instancia y el secretario de Derechos Humanos Eduardo Luis Duhalde.
Vargas Aignasse tenía 35 años cuando lo secuestraron. Fue la misma noche en que Bussi se convirtió en interventor militar de Tucumán, donde ya era jefe de la V Brigada de Infantería, bajo las órdenes de Menéndez. Vargas Aignasse fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo y estuvo detenido en la cárcel de Villa Urquiza. Para deshacerse de él, los militares fingieron que lo ponían en libertad. Lo subieron a un auto y le dijeron que lo llevaban a su casa, pero en el camino lo entregaron a un grupo de tareas.

6 de agosto de 2008
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sabía que lo iba a encontrar


Habla Emilio Goya, hermano del nieto recuperado Jorge Guillermo Goya. Después de conocer a su hermano desaparecido por casi 30 años, Emilio cuenta la pesquisa que hizo a través de dos continentes y la emoción del primer encuentro: "Me reconocí a cada anécdota, a cada mirada", dice.
[Victoria Ginzberg] Argentina. Emilio Goya tiene 33 años, dos hijas y dos hermanos. Uno de ellos estuvo desaparecido durante casi treinta años y la semana pasada recuperó su identidad. El miércoles, las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron el hallazgo de Jorge Guillermo Goya, hijo de Lourdes Martínez Aranda y Francisco Goya, pero Emilio, que lo había buscado en Argentina, México y España, prefirió no participar del anuncio público. Acababa de conocerlo y preservar esa relación era –y es– su prioridad. Aplacada –sólo un poco– la conmoción emocional, Emilio habla de aquella pesquisa que hizo por dos continentes, de su papá, del proyecto colectivo que representaba y de la satisfacción que le produjo el encuentro con esa persona que, aunque estuvo lejos por décadas, se reveló como un viejo conocido. "Me reconocí a cada segundo, a cada anécdota, a cada mirada", dice.
Jorge Guillermo nació en España. Su papá estuvo detenido durante el gobierno de Isabel Perón y en diciembre de 1975 se exilió en Perú. De allí partió a México, donde conoció a María Lourdes, y luego a España. Decidió volver a la Argentina en 1980, en el marco de la operación de Contraofensiva organizada por Montoneros. Fue secuestrado en la frontera, tal vez en Paso de los Libres, junto con su mujer y el pequeño Jorge Guillermo. En el Chaco había dejado a los dos hijos que tuvo con su primera esposa.
En la adolescencia, Emilio, el menor de aquellos dos hijos, se internó en la búsqueda de su papá, su historia y su destino. La meta fue luego dar con ese hermano que nunca había visto y del que sólo tenía algunas referencias por las cartas que había recibido de su padre en el exilio. El objetivo se cumplió la semana pasada. El encuentro del joven secuestrado cuando era un niño se convirtió en el inicio de un camino íntimo que ahora transitan Jorge Guillermo, Emilio y el resto de su familia. Por eso, Emilio prefiere guardar los detalles sobre la actualidad de su hermano o datos acerca de con quién vivió durante todos estos años.

¿Cuándo te enteraste que habían localizado a tu hermano?
Me enteré el mismo lunes. Tal vez unas pocas horas antes que él, por vía del juzgado. El encuentro quiero mantenerlo en la intimidad por un tiempo. No son temas sencillos. A mí me pasan un montón de cosas súper fuertes pero seguramente no tienen ni punto de semejanza con lo que pasa del otro lado. Hablamos mucho de respetar la intimidad del otro.

¿Cómo fue la búsqueda de todos estos años?
Dificilísima. Muy dura.

¿Recorriste varios países?
Empecé en el 2001, en junio. Antes había recabado la información desde el Chaco. Con los ex detenidos, con las personas que conocieron a mi papá, que estuvieron con él en el exterior.

¿Cómo es la historia de tu papá?
Cae preso en 1975, durante el gobierno de Isabel. Lo involucran en algo en que es imposible que haya estado involucrado, en la muerte de Víctor Sánchez, un asesino de la Triple A. Cae por eso y sale sobreseído en diciembre de ese año. Sale con la opción y se va a Perú, ahí se queda unos pocos meses. Después se va a México, se queda todo el ’76, ’77 y creo que a fines del ’77 o principios de 1978 conoce a María Lourdes, la mamá de Jorge Guillermo. A Perú se va con un grupo de siete u ocho compañeros con una mano atrás y otra adelante. Con las pocas moneditas que tenían se ponen a hacer empanadas y a vender en las plazas. Las empanadas no se conocían en Perú todavía. Hicieron una especie de comando de empanaderos y lograron juntar en cuatro meses la plata para siete pasajes a México. Igual les alcanzó justo y juntaban hasta los utensilios del avión. En 1979 se fue a España. En 2000, apenas logré juntar un dinero, viajé a México para empezar la búsqueda. Nosotros teníamos muchas cartas de mi papá en el exilio. Sabíamos por carta que Jorge Guillermo había nacido. Hay cartas que no llegaron, pero tengo postales que firman Luis, Lulú y Guillermo. A ellos los secuestran entrando en frontera, todo indica que en Paso de los Libres. Hay un papel que saca Víctor Basterra de la ESMA donde mi papá y María Lourdes aparecen en unos listados secuestrados en Paso de los Libres. Sé que entraron al país, pero después no sé qué más pasó. No se sabe nada, nadie más los vio.

¿Pensabas que Jorge Guillermo había nacido en México?
Sí. Pero allá confirmé que había sido en Madrid. Doy con el acta de nacimiento en la embajada mexicana en España, que la tenía la familia materna. Ahí me cambia el eje. Hasta ahí buscaba recomponer el exilio de papá, pero a partir de ahí paso a buscar a la vida, al pibe, porque tuve la certeza de que nació y dónde nació. Después pude ir a Madrid con un viaje que salió por HIJOS. Fui a la casa donde ellos pararon, fui a Puerta de Hierro. Tuve la suerte de encontrar buena gente, a Virginia Barrios, que laburó con mi viejo y que me llevó a su casa y me adoptó como su hijo, y a Natalia Slepoy –hija de Carlos– y su compañero Andrés Chacón, que me hospedaron y me contuvieron, y a mucha otra gente que me ayudó. En mi viaje a España me dio una mano Jorge Capitanich, que en esa época era jefe de Gabinete. Me atendió mal, en medio del lío que era el país, pero después me dio una mano grande. Después, me encontré en Parque Norte con Néstor Kirchner recién asumido, fui a hacerle fotos a un diputado nacional electo y me importó un pito el diputado, pero le llevé un pañuelo de HIJOS a Kirchner y cuando logré su atención le planteé mi situación. Me atendió al día siguiente. Tengo una anécdota divertida, porque me atendió (el secretario de la Presidencia) Oscar Parrilli y yo no sabía quién era y lo ninguneé. "A mí me dijeron que me iba a atender el Presidente", le dije. El me miró y me dijo "¿sabés quién soy yo?". Y yo le dije "no sé ni me importa, yo lo quiero ver al Presidente, estoy cansado de ver gente en el medio que me dice que me va a ayudar y no me ayuda". El me miró muy fuerte, muy ofendido, me parece, y me dijo: "Mirá, nene, si vos estás en esta oficina es porque el Presidente quiso que se te dé una mano y acá se te van a solucionar tus problemas".

¿Dudabas o estabas convencido de que ibas a encontrar a tu hermano?
Estaba convencido. Cuando tuve la certeza de que había nacido y empecé a buscarlo sabía que lo iba a encontrar. En España di con la clínica donde nació, con la casa donde vivió los pocos meses que estuvo. Hice toda la investigación solo, con la ayuda psicológica de mi mamá y mi otro hermano por teléfono.

Y, si se puede contar, ¿te reconociste en cosas de Jorge Guillermo?
Fue increíble. Me reconocí a cada segundo, a cada anécdota, a cada mirada. Somos de la misma sangre indudablemente. Hay muchas cosas que demuestran que llevamos genes propios de la familia de mi papá. Desde las anécdotas más íntimas hasta las más tontas. Las similitudes son increíbles. También tiene un gran parecido físico y pudimos contarnos cosas que nos pasaron en común. Vivimos cosas parecidas durante la infancia. Me sentí muy reflejado. Tuvimos un buen contacto, nos conocimos mucho. No quiero contar nada que tenga que ver con la intimidad. Puedo decir que es una persona increíble. No porque sea mi hermano, los que me conocen saben que yo no le chupo las medias ni a mi mamá, pero no conocí un ser humano parecido a Jorge, con todo lo que estaba pasando... la cordura, la verdad que me deslumbró. Cuando podamos entender y comprender que hubo toda una generación que se jugó la vida por lo que pensaba y por el colectivo, por todos y cada uno de nosotros, nos vamos a poder poner a la altura de las circunstancias que vivimos. A él lo vi a la altura de las circunstancias que estaba viviendo. Pero mi hermano me deslumbró, me dejó de cama, muy impresionado. También el juez (Ariel Lijo) estuvo a la altura de las circunstancias. Odio a los abogados, me parecen unos chupasangre, pero él se portó muy bien, me saco el sombrero.

4 de agosto de 2008
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