marino homicida a punto de caer
[Diego Martínez] El teniente de navío Roberto Guillermo Bravo, prófugo de la Justicia desde hace diez días, acusado de fusilar a los presos del penal de Trelew en 1972, está radicado en Florida, Estados Unidos. Pedirán hoy su captura internacional.
Argentina. El principal imputado por la Masacre de Trelew, el teniente de navío retirado Roberto Guillermo Bravo, con paradero desconocido en los últimos treinta años y prófugo de la Justicia desde hace diez días, vive en los Estados Unidos y es dueño de RGB Group Inc., firma que lleva sus iniciales, factura millones de dólares y provee de servicios médicos a fuerzas militares y de seguridad norteamericanas. Ya en 1974 los sobrevivientes del fusilamiento en la Base Aeronaval Almirante Zar identificaron al Ñato Bravo como uno de los verdugos que recorrió los calabozos para darles los tiros de gracia. Hace más de un mes, cuando el juez federal Hugo Sastre aún no había librado las órdenes de detención, el marino puso en venta su casa en Tampa, costa oeste de Florida. Por alguna razón que la inmobiliaria no explica su precio ya bajó de 215.000 a 167.900 dólares. Durante toda la semana pasada Página/12 intentó sin éxito ser atendido por Bravo en RGB Group. El teniente empresario aún estaba allí: uno de sus empleados informó que "entra y sale todo el tiempo". Hoy el juez federal Hugo Sastre pedirá a Interpol su captura internacional.
Gracias al testimonio de los tres sobrevivientes de la masacre, María Antonia Berger, Alberto Camps y René Haidar, que el poeta Paco Urondo entrevistó en la cárcel de Villa Devoto el 24 de mayo de 1973, el comportamiento del teniente Bravo antes, durante y después del fusilamiento está documentado desde hace tres décadas. Bravo se distinguió desde el primer día por su cinismo y el verdugueo constante a los detenidos. Cuando se hizo cargo de su primera guardia ordenó que no los sacaran a comer por celda sino de a uno, con varios soldados apuntando, y fijó un límite máximo de cinco minutos.
–¡Si seremos boludos! –pensó en voz alta. En lugar de matarlos estamos engordándolos.
Camps recordó que Bravo "se las ingeniaba para estar siempre de noche. La mayor parte de las guardias las cumplía él con su equipo, diurnas y nocturnas. Diría que dormía un turno, seis horas, y después estaba todo el día".
Bravo "buscaba excusas" para sancionarlos. "La sanción, por llamarla así, era hacernos desnudar y hacer cuerpo a tierra de boca hacia abajo o de espaldas en el suelo, o pararnos lejos de la pared y hacernos apoyar con la punta de los dedos en la pared: eso en un tiempo prolongado entumece los dedos", contó Camps.
Otra tortura consistía en impedirles dormir. "Recorría las celdas y apenas encontraba a alguno que estuviera cabeceando, lo pateaba, o nos hacía estar parados", agregó. Los propios colimbas admitían ante los presos que Bravo era "un hijo de puta". Una mañana llevó una corneta para enseñar qué era la diana.
–Ustedes tienen que conocer esto. Desde ahora se les va a despertar así y se les va a dar el silencio de esta manera.
Otro día llevó una revista que las Fuerzas Armadas utilizan para adoctrinar a sus soldados. Se titulaba El Desengaño y contaba una historia en la cual los estudiantes se incorporaban a la guerrilla y cometían todo tipo de atropellos. Cuando algún militante aburrido le explicaba que esas historias no encajaban en la realidad, Bravo refunfuñaba y se alejaba. Con Mariano Pujadas tenía una saña particular. Le hacía barrer el piso desnudo.
–¿Hace frío? –preguntaba, y largaba la carcajada.
Clarisa Lea Place se negó a ponerse cuerpo a tierra. Bravo sacó la pistola, la amartilló y se la puso en la cabeza:
–Vas a morir, hija de puta –le advirtió.
Poco después cumplió su palabra.
Meterse con la Marina
La madrugada de la masacre el teniente Bravo era jefe de turno de la guardia. Despertó a los presos a las 3.30.
–Ya van a ver lo que es meterse con la Marina. Van a ver lo que es el terror antiguerrillero –les advirtió. "Era un poco la ‘teoría', entre comillas, que manejaba Bravo. ‘Al terror se lo combate con el terror.' El aseguraba que nosotros éramos terroristas", recordó María Antonia Berger ante Paco Urondo, que en base a sus relatos publicó ‘La Patria Fusilada'.
Los hicieron salir de los calabozos, formar en dos filas y dieron una orden que nunca antes habían dado:
–Mirar al piso.
La primera ráfaga de ametralladora impactó en la hilera de la derecha. Entre quejidos y puteadas, Sosa y Bravo, pistola en mano, recorrieron los calabozos para dar tiros de gracias.
Camps recordó que junto con Mario Delfino se tiraron cuerpo a tierra a tiempo. Aún estaban ilesos cuando "llega Bravo y nos hace parar, con las manos en la nuca, en la mitad de la celda. Estaba parado, más o menos a un metro de distancia. Nos pregunta si vamos a contestar el interrogatorio, le decimos que no, y ahí me tira, a mí primero, y cuando estoy cayendo escucho otro tiro y veo que cae Mario. Tiró desde la cintura con pistola. Bonet junto con Alfredo Kohon también vieron a Bravo. Nos ordenó que nos paráramos y preguntó si íbamos a declarar. Le respondimos que sí, por decirle algo, porque era una pregunta totalmente fuera de lugar después de una masacre. Bravo estaba con el brazo extendido, caído y suelto, y con la pistola en la mano, pero él no tiró, sino que se fue y enseguidita llegó otro oficial, que siempre vestía de azul. Ni bien apareció en la puerta levantó la mano, con el brazo extendido me apuntó a mí y me tiró". Berger también recuerda que le disparó "el de azul". Minutos después, ya cuando sacaban los cadáveres, "viene dos veces más Bravo a la puerta, con un jadeo totalmente nervioso, y muy preocupado porque no me moría. ‘¡Pero esta hija de puta no se muere! ¡Cuánto tarda en desangrarse!'. Yo juntaba sangre en la boca y la escupía para hacer parecer que me estaba desangrando, pese a que ya se me había parado mucho la hemorragia". Berger también escuchó, minutos después, cuando inventaban la versión que luego difundiría la Armada y el presidente de facto Alejandro Lanusse:
–Bueno, vos tenías una metra y Pujadas intentó quitártela.
Cuando llegaron los primeros marinos que no habían participado (el capitán de navío retirado Rubén Paccagnini declaró el miércoles que fue él el primero en llegar), Haidar escuchó la explicación de Bravo:
–Aquí Pujadas le quiso quitar la pistola al capitán, se quisieron fugar.
Treinta y cinco años después, el jueves pasado, el capitán Sosa repitió la versión oficial. Cuando pasó a inspeccionar los calabozos, Bravo le dijo: "Esta gente se porta muy mal, hablan entre ellos, se quejan, por eso los tengo fuera de los calabozos", declaró. Sosa decidió "hacer una especie de perorata" para que "tuvieran un poco de paciencia" porque los infantes de marina están "modelados para otras tareas" (sic), declaró ante la Justicia. El capitán Sosa asegura que dos veces caminó ida y vuelta entre las dos filas. Cuando volvía por tercera vez recibió "una patada de karate" que lo dejó conmocionado. Cuando se intentó incorporar "ya habían empezado a tirar las ametralladoras PAM". Alcanzó a ver "cuatro bocas de fuego desde tres metros". Identificó a tres de los fusiladores: teniente Roberto Bravo, el teniente Emilio Del Real y el cabo Carlos Marandino.
Refugio en Puerto Belgrano
Cuando los nombres de los fusiladores de Trelew trascendieron, la Marina se ocupó de protegerlos. El capitán Paccagnini declaró que Bravo y Sosa "se fueron de pase a los dos o tres días" de la masacre. Sosa calculó que "en noviembre" ya estaba escondido en Puerto Belgrano, el mayor asentamiento naval del país, cuna de los conspiradores que bombardearon Plaza de Mayo en 1955 y símbolo de persecución ideológica durante el último medio siglo. El 22 de agosto de 1974 el diario Noticias informó que los paraderos de Bravo y Sosa eran "uno de los secretos más celosamente guardados por la Marina hasta hoy". Ese mismo año el abogado Juan Carlos Ibarborde informó a la Justicia que sus defendidos Bravo y Sosa no podían presentarse a declarar porque "se encuentran en el extranjero" y apuntó el domicilio donde podía ubicarlos: "Agregaduría Naval Argentina en Estados Unidos, 1816 Corcoran St., N. W., Washington D. C.". Bravo era aún teniente de fragata. Sus pasos posteriores son un misterio. Se desconoce si durante la última dictadura militar seguía en Estados Unidos o prestó servicio en algún centro clandestino de la Armada. En los libros oficiales consta que pasó a retiro el 1º de abril de 1979, como teniente de navío.
Ayer el titular de la Secretaría de Derechos Humanos, Luis Duhalde, informó que Bravo "hizo cursos en Estados Unidos: de paracaidismo, de reconocimiento anfibio, todas preparaciones que concluyen recién en 1981, lo que hace pensar que fue preparado para actividades en Centroamérica". Igual que Paccagnini, Bravo es oriundo de Bahía Blanca. Se crió en el barrio Sánchez Elías. Al menos un hermano suyo es suboficial de Infantería de Marina. Su padre falleció hace dos meses, a sus 91 años. El teniente está casado con una mujer norteamericana, con buenos vínculos en el mundillo político local, y es ciudadano norteamericano. Su casa, en el 6330 de Frost Drive, en Tampa, Florida, fue construida en 1977 y está en venta desde hace "más de 30 días". La inmobiliaria que la ofrece informa que cuesta 215.000 dólares, pero for a quick sale –venta urgente– se conforman con 167.900.
Argentina. El principal imputado por la Masacre de Trelew, el teniente de navío retirado Roberto Guillermo Bravo, con paradero desconocido en los últimos treinta años y prófugo de la Justicia desde hace diez días, vive en los Estados Unidos y es dueño de RGB Group Inc., firma que lleva sus iniciales, factura millones de dólares y provee de servicios médicos a fuerzas militares y de seguridad norteamericanas. Ya en 1974 los sobrevivientes del fusilamiento en la Base Aeronaval Almirante Zar identificaron al Ñato Bravo como uno de los verdugos que recorrió los calabozos para darles los tiros de gracia. Hace más de un mes, cuando el juez federal Hugo Sastre aún no había librado las órdenes de detención, el marino puso en venta su casa en Tampa, costa oeste de Florida. Por alguna razón que la inmobiliaria no explica su precio ya bajó de 215.000 a 167.900 dólares. Durante toda la semana pasada Página/12 intentó sin éxito ser atendido por Bravo en RGB Group. El teniente empresario aún estaba allí: uno de sus empleados informó que "entra y sale todo el tiempo". Hoy el juez federal Hugo Sastre pedirá a Interpol su captura internacional.Gracias al testimonio de los tres sobrevivientes de la masacre, María Antonia Berger, Alberto Camps y René Haidar, que el poeta Paco Urondo entrevistó en la cárcel de Villa Devoto el 24 de mayo de 1973, el comportamiento del teniente Bravo antes, durante y después del fusilamiento está documentado desde hace tres décadas. Bravo se distinguió desde el primer día por su cinismo y el verdugueo constante a los detenidos. Cuando se hizo cargo de su primera guardia ordenó que no los sacaran a comer por celda sino de a uno, con varios soldados apuntando, y fijó un límite máximo de cinco minutos.
–¡Si seremos boludos! –pensó en voz alta. En lugar de matarlos estamos engordándolos.
Camps recordó que Bravo "se las ingeniaba para estar siempre de noche. La mayor parte de las guardias las cumplía él con su equipo, diurnas y nocturnas. Diría que dormía un turno, seis horas, y después estaba todo el día".
Bravo "buscaba excusas" para sancionarlos. "La sanción, por llamarla así, era hacernos desnudar y hacer cuerpo a tierra de boca hacia abajo o de espaldas en el suelo, o pararnos lejos de la pared y hacernos apoyar con la punta de los dedos en la pared: eso en un tiempo prolongado entumece los dedos", contó Camps.
Otra tortura consistía en impedirles dormir. "Recorría las celdas y apenas encontraba a alguno que estuviera cabeceando, lo pateaba, o nos hacía estar parados", agregó. Los propios colimbas admitían ante los presos que Bravo era "un hijo de puta". Una mañana llevó una corneta para enseñar qué era la diana.
–Ustedes tienen que conocer esto. Desde ahora se les va a despertar así y se les va a dar el silencio de esta manera.
Otro día llevó una revista que las Fuerzas Armadas utilizan para adoctrinar a sus soldados. Se titulaba El Desengaño y contaba una historia en la cual los estudiantes se incorporaban a la guerrilla y cometían todo tipo de atropellos. Cuando algún militante aburrido le explicaba que esas historias no encajaban en la realidad, Bravo refunfuñaba y se alejaba. Con Mariano Pujadas tenía una saña particular. Le hacía barrer el piso desnudo.
–¿Hace frío? –preguntaba, y largaba la carcajada.
Clarisa Lea Place se negó a ponerse cuerpo a tierra. Bravo sacó la pistola, la amartilló y se la puso en la cabeza:
–Vas a morir, hija de puta –le advirtió.
Poco después cumplió su palabra.
Meterse con la Marina
La madrugada de la masacre el teniente Bravo era jefe de turno de la guardia. Despertó a los presos a las 3.30.
–Ya van a ver lo que es meterse con la Marina. Van a ver lo que es el terror antiguerrillero –les advirtió. "Era un poco la ‘teoría', entre comillas, que manejaba Bravo. ‘Al terror se lo combate con el terror.' El aseguraba que nosotros éramos terroristas", recordó María Antonia Berger ante Paco Urondo, que en base a sus relatos publicó ‘La Patria Fusilada'.
Los hicieron salir de los calabozos, formar en dos filas y dieron una orden que nunca antes habían dado:
–Mirar al piso.
La primera ráfaga de ametralladora impactó en la hilera de la derecha. Entre quejidos y puteadas, Sosa y Bravo, pistola en mano, recorrieron los calabozos para dar tiros de gracias.
Camps recordó que junto con Mario Delfino se tiraron cuerpo a tierra a tiempo. Aún estaban ilesos cuando "llega Bravo y nos hace parar, con las manos en la nuca, en la mitad de la celda. Estaba parado, más o menos a un metro de distancia. Nos pregunta si vamos a contestar el interrogatorio, le decimos que no, y ahí me tira, a mí primero, y cuando estoy cayendo escucho otro tiro y veo que cae Mario. Tiró desde la cintura con pistola. Bonet junto con Alfredo Kohon también vieron a Bravo. Nos ordenó que nos paráramos y preguntó si íbamos a declarar. Le respondimos que sí, por decirle algo, porque era una pregunta totalmente fuera de lugar después de una masacre. Bravo estaba con el brazo extendido, caído y suelto, y con la pistola en la mano, pero él no tiró, sino que se fue y enseguidita llegó otro oficial, que siempre vestía de azul. Ni bien apareció en la puerta levantó la mano, con el brazo extendido me apuntó a mí y me tiró". Berger también recuerda que le disparó "el de azul". Minutos después, ya cuando sacaban los cadáveres, "viene dos veces más Bravo a la puerta, con un jadeo totalmente nervioso, y muy preocupado porque no me moría. ‘¡Pero esta hija de puta no se muere! ¡Cuánto tarda en desangrarse!'. Yo juntaba sangre en la boca y la escupía para hacer parecer que me estaba desangrando, pese a que ya se me había parado mucho la hemorragia". Berger también escuchó, minutos después, cuando inventaban la versión que luego difundiría la Armada y el presidente de facto Alejandro Lanusse:
–Bueno, vos tenías una metra y Pujadas intentó quitártela.
Cuando llegaron los primeros marinos que no habían participado (el capitán de navío retirado Rubén Paccagnini declaró el miércoles que fue él el primero en llegar), Haidar escuchó la explicación de Bravo:
–Aquí Pujadas le quiso quitar la pistola al capitán, se quisieron fugar.
Treinta y cinco años después, el jueves pasado, el capitán Sosa repitió la versión oficial. Cuando pasó a inspeccionar los calabozos, Bravo le dijo: "Esta gente se porta muy mal, hablan entre ellos, se quejan, por eso los tengo fuera de los calabozos", declaró. Sosa decidió "hacer una especie de perorata" para que "tuvieran un poco de paciencia" porque los infantes de marina están "modelados para otras tareas" (sic), declaró ante la Justicia. El capitán Sosa asegura que dos veces caminó ida y vuelta entre las dos filas. Cuando volvía por tercera vez recibió "una patada de karate" que lo dejó conmocionado. Cuando se intentó incorporar "ya habían empezado a tirar las ametralladoras PAM". Alcanzó a ver "cuatro bocas de fuego desde tres metros". Identificó a tres de los fusiladores: teniente Roberto Bravo, el teniente Emilio Del Real y el cabo Carlos Marandino.
Refugio en Puerto Belgrano
Cuando los nombres de los fusiladores de Trelew trascendieron, la Marina se ocupó de protegerlos. El capitán Paccagnini declaró que Bravo y Sosa "se fueron de pase a los dos o tres días" de la masacre. Sosa calculó que "en noviembre" ya estaba escondido en Puerto Belgrano, el mayor asentamiento naval del país, cuna de los conspiradores que bombardearon Plaza de Mayo en 1955 y símbolo de persecución ideológica durante el último medio siglo. El 22 de agosto de 1974 el diario Noticias informó que los paraderos de Bravo y Sosa eran "uno de los secretos más celosamente guardados por la Marina hasta hoy". Ese mismo año el abogado Juan Carlos Ibarborde informó a la Justicia que sus defendidos Bravo y Sosa no podían presentarse a declarar porque "se encuentran en el extranjero" y apuntó el domicilio donde podía ubicarlos: "Agregaduría Naval Argentina en Estados Unidos, 1816 Corcoran St., N. W., Washington D. C.". Bravo era aún teniente de fragata. Sus pasos posteriores son un misterio. Se desconoce si durante la última dictadura militar seguía en Estados Unidos o prestó servicio en algún centro clandestino de la Armada. En los libros oficiales consta que pasó a retiro el 1º de abril de 1979, como teniente de navío.
Ayer el titular de la Secretaría de Derechos Humanos, Luis Duhalde, informó que Bravo "hizo cursos en Estados Unidos: de paracaidismo, de reconocimiento anfibio, todas preparaciones que concluyen recién en 1981, lo que hace pensar que fue preparado para actividades en Centroamérica". Igual que Paccagnini, Bravo es oriundo de Bahía Blanca. Se crió en el barrio Sánchez Elías. Al menos un hermano suyo es suboficial de Infantería de Marina. Su padre falleció hace dos meses, a sus 91 años. El teniente está casado con una mujer norteamericana, con buenos vínculos en el mundillo político local, y es ciudadano norteamericano. Su casa, en el 6330 de Frost Drive, en Tampa, Florida, fue construida en 1977 y está en venta desde hace "más de 30 días". La inmobiliaria que la ofrece informa que cuesta 215.000 dólares, pero for a quick sale –venta urgente– se conforman con 167.900.
19 de febrero de 2008
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Estados Unidos/Argentina. Uno de los ex marinos cuya captura pidió un juez de Argentina por el fusilamiento de 16 guerrilleros en una base naval del sur del país en 1972 se entregó hoy en la sede de la embajada argentina en EE.UU, dijeron a Efe fuentes oficiales.
Argentina. En los años '70, Petroquímica Sudamericana era una de las principales protagonistas de las luchas obreras, como parte de la Coordinadora de La Plata, Berisso y Ensenada. Y sufrió las consecuencias: quince de sus trabajadores están desaparecidos. La actual comisión interna acusó a los dueños, la familia Curi, de haber "contratado los servicios de la policía de la provincia de Buenos Aires para infiltrar a sus operarios" y de haber hecho apología de la dictadura. Esto ocurrió en medio de un intenso conflicto laboral que comenzó hace un año por mejoras salariales, terminó con despidos, suspensiones y lockout patronal, y cuyas protestas, según los trabajadores, están siendo reprimidas con los mismos métodos de aquella época. El delegado Hernán García le dijo a Página/12 que esta semana fue detenido junto a otros compañeros, y que el viernes hubo un operativo de la Infantería mientras realizaban una asamblea en la puerta de la fábrica. Por su parte, el gerente de recursos humanos de la empresa, Ricardo González, afirmó: "Si desbloquean el portón la planta vuelve a funcionar". Al mismo tiempo dijo que el rol de la familia Curi en la dictadura "no tiene nada que ver" con el conflicto. Este diario accedió al informe de inteligencia de la Bonaerense en el que consta el pedido que Petroquímica Sudamericana hizo en mayo de 1970 para "incorporar a tres hombres que identifiquen" a una "célula de orientación izquierdista" que "incita a paros y conflictos para obtener mejoras salariales".
Argentina. El 6 de julio de 1976, el entonces capitán del Ejército Hugo César Espeche se presentó a las 19.45 ante el director del penal de Villa Las Rosas, en Salta, con la misión de trasladar a once presos políticos. Como avezado oficial de la dictadura dio dos órdenes: "Esto no se anota en los registros", dijo y conminó a los carceleros a apagar todas las luces y retirarse de los pasillos "a objeto de que la operación resulte lo más secreta posible". Los doce presos (fue sumado uno de Jujuy) fueron ejecutados a los pocos kilómetros en un simulacro de fuga. Durante veintisiete años, Espeche, retirado como teniente coronel, gozó de impunidad. En el 2003 fue detenido por su responsabilidad en la Masacre de Las Palomitas pero parece que lo suyo sigue siendo violar la ley: a pesar de su prontuario es copropietario de una agencia de seguridad, ESPE SRL (sic), y acaba de ser denunciado por andar de compras haciendo caso omiso de su prisión domiciliaria, confirmada por la Corte Suprema de la Nación. La Justicia analiza la posibilidad de revocarle ese privilegio.
Corrientes, Argentina. En Corrientes, dos jefes penitenciarios fueron separados de su cargo en la Unidad Penal 1 y puestos a disponibilidad de la Justicia y 12 oficiales fueron suspendidos luego de una investigación que determinó que "estaban involucrados en el ingreso de drogas, alcohol y armas" a la penitenciaría. La información fue confirmada a Página/12 por Miguel Angel Domínguez, el interventor del Servicio Penitenciario correntino desde marzo de 2007, cuando tres presos fueron asesinados en su celda. Se trata de jefes y oficiales que trabajaron "durante años en una red de tráfico ilegal dentro del penal junto a internos". Drogas legales como el Rivotril y el Valium, alcohol, marihuana, facas y machetes fueron algunos de los elementos que habrían repartido entre los presos, previo pago de un arancel, reveló. La subsecretaria de Seguridad provincial admitió los hechos y confirmó que son "verdaderas" las denuncias de familiares de internos, que le dijeron a este diario que los presos están hacinados y no tienen agua, y que los que se quejan son "reprimidos con golpes por agentes encapuchados".
Argentina. El martes empieza el juicio oral contra los dos apropiadores y el militar que la entregó. Es el primer caso en llegar a esta instancia en el que una hija de desaparecidos que recuperó su identidad es querellante. "Ellos se ponían en el lugar del salvador. Piensan que lo que hicieron estuvo bien", dice Eugenia que, además, será testigo.
Argentina. La designación como viceministro de seguridad de Mendoza del comisario Carlos Rico Tejeiro, entrenado como comando por el ex coronel Mohamed Ali Seineldín, a quien secundó en un organismo especial creado para desaparecer personas durante el campeonato mundial de fútbol de 1978; la designación como jefe de policía de Buenos Aires del comisario Daniel Salcedo, que entregó la formación de los futuros oficiales al ultramontano colaborador de la dictadura Fray Aníbal Fosbery; la creación de un comité asesor del ministro bonaerense de Seguridad Juan Carlos Stornelli, encabezado por el juez Alberto Durán, que fue funcionario del ministerio de gobierno durante la dictadura; los ataques de un funcionario entrerriano a las Abuelas de Plaza de Mayo y los HIJOS de desaparecidos, y las operaciones de espionaje ideológico realizadas con el pretexto de investigaciones sobre drogas por la unidad fiscal UFIDRO, confrontan a la democracia argentina con los peores fantasmas de una época que se resiste a pasar a retiro y generan una crisis similar a la que provocó el ex gobernador bonaerense Carlos Rückauf cuando dejó la seguridad en manos del también comando y líder carapintada Aldo Rico, quien se sostuvo apenas cuatro meses en el cargo, poco más de lo que lleva Rico Tejeiro en el suyo.
Argentina. El Registro Oficial de Personal Retirado de la Armada no deja dudas: la última versión, 2006, del minucioso libro al que tuvo acceso Página/12, detalla que el capitán Luis Emilio Sosa integraba el cuerpo comando como infante de Marina, que pasó a retiro el 1º de marzo de 1981 y que dio como domicilio Córdoba 622. La dirección corresponde al Hotel del Centro Naval, ubicado en diagonal al fastuoso edificio del Centro Naval, en la esquina de Córdoba y Florida. El supuesto misterio sobre el destino del oficial que hace treinta y cinco años fue señalado como responsable del fusilamiento de 19 presos en Trelew nunca fue tal para la Armada. El hombre que fue detenido el martes y el jueves repitió por primera vez ante la Justicia la versión oficial de la masacre siempre cobró su haber como retirado y frecuentó a la valiente muchachada: se mantuvo en actividad hasta nueve años después de la masacre y hasta no hace tanto, aseguran, formaba agentes de Inteligencia.