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con afecto, de carlos saúl para febres


[Adriana Meyer] La justicia halló una foto autografiada de Menem dedicada al represor. Con afecto, de Carlos Saúl para Febres.
Argentina. En la pesquisa por el envenenamiento del prefecto se encontraron, además de la imagen, placas de cursos de inteligencia que involucran a personal en actividad. También se determinó que la escena del crimen fue modificada y que Febres conservó sus armas aun detenido.
Cuando el represor Héctor Febres y su familia se mudaron a Ángel Carranza 1551, esa parte de Palermo aún no era Hollywood. Vivieron allí hasta que en diciembre de 1998 el prefecto fue detenido, acusado de apropiación de bebés durante la dictadura, y desde entonces alquilan esa vivienda tipo PH. Diez años más tarde, cuando la comisión policial y judicial apareció con una orden de allanamiento, la joven pareja que ahora lo habita no entendía nada. La mujer embarazada que abrió la puerta estaba muy lejos de ser Stella Maris Guevara, la esposa de Febres, a quien los vecinos recuerdan desplazándose con dificultad por una enfermedad. Luego de aclarar que no eran los familiares del represor –que acababa de ser envenenado con cianuro–, acompañaron a los funcionarios que se retiraban. "Ah, disculpen, quizás esto les sirva. Los dueños nos pidieron si podían guardar algunas cosas en la baulera", les dijo la mujer. Policías y secretarios se miraron: el procedimiento no había sido del todo improductivo. Entre varios elementos personales encontraron condecoraciones y felicitaciones enmarcadas como diplomas. Uno les llamó la atención: la foto autografiada de Carlos Menem con la banda y el pelo felinamente abultado. El ex poderoso asomaba entre los cuadritos como la punta del ovillo. Los próximos pasos que dará la Justicia en la investigación del asesinato del represor apuntan a actuales cúpulas que lo beneficiaron, interesadas en su silencio.
"A mi amigo y compañero Héctor Febres, un abrazo con afecto...", puede leerse antes de la firma del ex presidente Menem, la misma que estampó en los indultos, aún vigentes, y en la ley de Obediencia Debida –ya anulada– que brindó cobijo al prefecto. En 1998 Febres cayó preso por haber sido parte del plan sistemático de apropiación de menores durante la dictadura, un delito que no estaba amparado por aquellos perdones. Sin embargo, a juzgar por las numerosas pruebas acumuladas en la investigación de su muerte, entre ellas las fotos publicadas ayer por Página/12, mal no le fue durante su encierro VIP.
A pocos días de que su cadáver apareciera en el departamento de dos ambientes de la sede Delta de la Prefectura Naval, este diario informó sobre las condiciones de privilegio de las que gozaba, y que los investigadores sospechaban que además tenía libertad de movimientos. El curso del caso demostró que Febres tenía un chofer a disposición, y la Armada, la Prefectura y la Justicia le permitieron ir de vacaciones en familia a la base naval de Azul. Las autoridades de la Prefectura lo trataban como un jefe en apuros, más que como un acusado de delitos de lesa humanidad, lo dejaban participar de sus actividades protocolares y le daban todos los gustos: telefonía, Internet, cancha de tenis, visitas sin horario, registro ni requisa, uso de sus salones para fiestas y reuniones regadas con bebidas alcohólicas. Febres podía tener su billetera, documentos, trajes, llaves y medicamentos. Y hasta 2003, según pudo averiguar este diario, conservó sus armas: un certificado que consta en el expediente evidencia que el represor estuvo armado los primeros cinco años de su flexible confinamiento.
El relajo de la prisión preventiva era tal que su esposa podía quedarse a dormir en la habitación con baño en suite y cama de dos plazas. La jueza Sandra Arroyo Salgado determinó que la escena del crimen fue totalmente alterada, encontró la computadora de Febres en otro sitio, y a los familiares y prefectos participando de estos movimientos. Ahora, además, se dio cuenta de que el cuerpo del represor, aparecido boca abajo, estaba en una cama de una plaza. Alguien quiso ocultar también las comodidades matrimoniales.
Más allá de la incógnita respecto de lo que pueda hacer la Cámara Federal de San Martín con los procesamientos dictados por la jueza a la esposa y los hijos, Héctor y Sonia, como encubridores, y a dos prefectos como partícipes del homicidio, el caso avanza hacia las responsabilidades institucionales. En los próximos días, Arroyo Salgado estará en condiciones de decidir si cita a indagatoria al ex jefe de la Prefectura Carlos Fernández y al jefe de la Armada, Jorge Godoy, como le solicitaron las abogadas que representan a Enrique Fukman y a Carlos Lordkipanidse, sobrevivientes de la ESMA. Entre los cuadritos encontrados en el allanamiento de la baulera de la calle Carranza aparecieron otros de interés para los investigadores. Son placas de cursos vinculados a servicios de inteligencia, de los que surgen nombres de personal en actividad. "Hay mucha documentación para producir medidas y con puntas a seguir", comentó una fuente de la causa. "Hay nombres poderosos, por eso no podemos descartar nada", agregó.
La jueza estableció que hubo una comunión de intereses entre la Prefectura y la Armada para mantener a Febres cómodo y a la vez controlado, por si acaso se le ocurría dar más detalles sobre su paso por la ESMA, donde los sobrevivientes lo ubican no sólo como torturador sino también como encargado de los bebés nacidos en cautiverio. El prefecto ya había nombrado a varios de sus jefes de entonces y solía manifestar su bronca contra las cúpulas que seguían en libertad. Pero los veranos de 2003, 2004 y 2005 que pasó en Azul se sintió tan relajado como para armar el álbum fotográfico de recuerdos. Esas imágenes de Febres en la pileta y en los chalecitos de la base dejan poco margen para la duda sobre la vinculación de la Armada con la detención de privilegio del prefecto asesinado.
De hecho, en el Ministerio de Defensa sospechan que la fuerza a cargo del almirante Jorge Godoy fue cómplice de la Prefectura. Tras un breve receso, en un juzgado con carencia de personal pero que trabajó durante la feria, los colaboradores más cercanos de la jueza afirman que "no habrá un nuevo rumbo, porque eso ya está orientado, aunque sí un nuevo impulso".

11 de febrero de 2008
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criminales con agencia de seguridad


[Diego Martínez] El coronel retirado Aldo Álvarez, prófugo de la Justicia por delitos de lesa humanidad, dirige en las sombras una agencia de seguridad privada. Fue jefe de Inteligencia del V Cuerpo. Compañero de promoción y amigo de Ramón Camps.
Argentina. El coronel retirado Aldo Mario Álvarez, compañero de promoción y amigo de Ramón Camps y prófugo de la Justicia por delitos de lesa humanidad cometidos cuando era jefe de Inteligencia del Cuerpo V de Bahía Blanca, controla en las sombras una agencia de seguridad privada. Fue gerente de Alsina SRL hasta 1998 y dueño hasta marzo de 2000, cuando le cedió las acciones a su yerno. Nueve meses antes se había sancionado la Ley 12.297 que regula el negocio de la inseguridad en la provincia de Buenos Aires e inhabilita a poseer o integrar las empresas a represores indultados o impunes por las leyes de impunidad. Álvarez se benefició con la Obediencia Debida, pero su caso nunca fue detectado. La Ley 1913 de la Ciudad de Buenos Aires es aún más generosa: sólo excluye a indultados y condenados. Las agencias fiscalizadoras no sólo carecen de mecanismos para detectar testaferros. Ante un pedido formal de Página/12, la Dirección General de Seguridad Privada (Dgspr) de la Ciudad respondió que la sociedad civil sólo puede conocer nombres de empresas y saber si están habilitadas, pero no quiénes son sus dueños. Mientras cientos de genocidas no han sido identificados, el Estado no dispone de una ley nacional que controle al millar de ejércitos privados que les da trabajo.
Las normas que regulan el funcionamiento de la seguridad privada excluyen al personal en actividad de las Fuerzas Armadas, de seguridad y organismos de inteligencia. Ello explica por qué la mitad de los agentes que emplean los 850 empresas registradas en la provincia cobran en negro y no están inscriptos como exige la ley. El dato lo difundió el Ministerio de Seguridad hace un mes, cuando intervino la Dirección Fiscalizadora de Agencias de Seguridad Privada en respuesta al aumento de robos a personas que por propia voluntad se encierran en barrios privados. La cantidad de agentes registrados en la provincia llega a 45 mil hombres, apenas 6 mil menos que la Policía Bonaerense. En los partidos de alta concentración de vecinos enrejados como Pilar la cantidad de agentes supera 13 veces a la de policías. La ciudad de Buenos Aires es la segunda jurisdicción con mayor desarrollo. Según la Dgspr existen 435 agencias habilitadas, con 23.966 empleados.
Ninguna ley nacional impide que ex miembros de grupos de tareas de la guerra sucia tengan ejército propio, con uniforme y escudo, al servicio de quien esté dispuesto a contratarlo. Sólo el decreto 1002/99, con el que se buscó crear una instancia federal de control dependiente de la Secretaría de Seguridad Interior que nunca llegó a concretarse, permite que el Archivo Nacional de la Memoria objete a los candidatos a poseer o integrar las agencias. Pero su opinión no es vinculante para las direcciones fiscalizadoras.
Hace dos años, al cuestionar a la Dgspr por habilitar a ex policías y penitenciarios que se negaban a informar sus destinos durante la dictadura, la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Ciudad le notificó a su titular que la Ley 1913 "no asegura que los responsables de delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del terrorismo de Estado sean excluidos de prestar estos servicios". Agregó que la seguridad privada es "una actividad de interés público que desarrollan particulares", es "complementaria, subsidiaria y subordinada a la seguridad pública" y consideró "de vital trascendencia para toda la sociedad la forma en que dicha actividad debe desarrollarse". La respuesta fue contundente: la subsecretaría dejó de ser consultada.

Policía Particular
Alsina SRL nació en 1948 bajo el nombre de "Policía Particular, empresa dedicada a la investigación y a la realización de informes comerciales y particulares", según explica en su sitio. En 1958 hizo sus primeros servicios de vigilancia y seguridad. El año del golpe de Estado, 1976, la empresa "decide ampliar sus horizontes y comienza a brindar servicios en la provincia de Buenos Aires". Álvarez era entonces jefe del Departamento II Inteligencia del Cuerpo V, que abarcaba el sur bonaerense y la Patagonia.
Como garantía de eficiencia, Alsina SRL informa que su personal es "retirado de las Fuerzas Armadas o fuerzas de seguridad" y cuenta con "armas de puño y armas largas". Presta servicios de protección física, vigilancia, implementa "acciones preventivas en forma sistemática" y tiene una central de operaciones comunicada con cada uno de "nuestros objetivos" las 24 horas. Entre sus servicios adicionales ofrece "investigaciones y seguimientos" para "determinar los responsables de acciones cometidas en perjuicio de particulares, empresas y organizaciones de distinto tipo". Su casa central funciona en Alsina 909, piso 3. Su sucursal bonaerense en Hipólito Yrigoyen 1526, Florida, Vicente López.
Álvarez renunció a su cargo de gerente en 1998, una década después de obtener su impunidad gracias a la ley de Obediencia Debida. En marzo de 2000, ante la posibilidad de que la agencia fiscalizadora lo descubriera, le cedió a su yerno Rubén Héctor Burgos sus 12 mil cuotas parte, el equivalente a dos tercios del capital de la empresa. Como socio con el otro tercio asumió Juan Balanesco, un principal dado de baja de la Policía Federal. En 2002, Burgos le cedió la mitad de sus acciones a la esposa del coronel, Elizabeth María Icazatti.
A fines de 2005 se reabrió la causa por los crímenes en La Escuelita bahiense, que funcionaba a 200 metros de la oficina de Álvarez. El 8 de mayo pasado, el juez federal de Bahía Blanca, Alcindo Álvarez Canale, ordenó su detención. Cuando fueron a buscarlo a su departamento de Virrey del Pino 1875, ya no estaba. El 15 de junio, el juez pidió su captura. El 19 de julio, cuando el coronel llevaba un mes prófugo, su esposa volvió a cederle las acciones y el cargo de gerente al marido de su hija.
Álvarez y Burgos también son vecinos en Laguna del Sol, un barrio cerrado de General Pacheco que cuenta con una laguna de agua transparente de ocho hectáreas para pescar y practicar deportes náuticos, 750 lotes de mil metros cuadrados y "un servicio de seguridad privada las 24 horas que les permitirá vivir con la tranquilidad necesaria que usted y su familia merecen". Ambos tienen domicilio en Coronel Encalada al 1200: el militar en el lote 229; su hija y su yerno, en el 19. Cuando la policía lo buscó allí, Elizabeth María Álvarez Icazatti explicó que sus padres se habían esfumado.
En la administración del country responden que "no hay ningún Álvarez registrado". Allegados a la familia aseguran que, cuando dejó el barrio cerrado, el coronel se siguió reuniendo con Burgos y Balanesco, y que su último refugio fue en Picaflores 75 de Pinamar. Esa casa figura en la guía a nombre de su esposa y –según la mujer que atiende el teléfono– está alquilada por la temporada. Cuando este cronista tocó el portero eléctrico de Alsina SRL le respondieron que Balanesco estaba de licencia y Burgos había salido. El yerno del coronel no respondió los mensajes de Página/12 que recibió en la empresa y en su casa.

Otras Joyas
El caso de Álvarez es el primero que se conoce sobre un responsable de delitos de lesa humanidad prófugo con ejército propio. Pero nada sugiere que sea el único. Los ex represores o civiles vinculados con el terrorismo de Estado dueños de empresas de seguridad son más bien regla que excepción:

- El teniente coronel Héctor Schwab, subordinado de Antonio Bussi en la Brigada de Infantería V de Tucumán, fundó en 1998 la agencia Scanner SA. Allí acogió a la apologista del genocidio Cecilia Pando, quien junto con su hija María Pía fue cara visible de una autodenominada Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de la Argentina. En 2003, Schwab estuvo preso por orden del juez español Baltasar Garzón. En 2006 fue procesado por hostilizar a empleados tercerizados de Movicom y Telefónica. En Tucumán está acusado por un secuestro extorsivo y por la desaparición de un subordinado.

- El coronel (R) Jorge Luis Toccalino, detenido desde septiembre por la Justicia federal de Necochea por secuestros y torturas en esa ciudad, además de tener empresa propia preside la Cámara de Empresas Líderes de Seguridad e integra el tribunal de honor de la Asociación Argentina de Seguridad Privada.

- Félix Alejandro Alais, acusado de haber integrado la Triple A de Bahía Blanca cuando era subcomisario de la Policía Federal, figuró hasta 2004 como socio de Fast Cooperativa de Trabajo Limitada. En 1976 torturó a profesores de la Universidad Nacional del Sur detenidos en el marco de una parodia de juicio por "infiltración ideológica marxista". En 2004, Fast ganó una licitación en el rectorado de la UBA. Un gremialista lo escuchó presentarse como "comisario Alais", investigó su prontuario, lo denunció y el rectorado revocó la adjudicación. Cuando la noticia trascendió varios camaradas pusieron sus empresas a nombre de esposas y yernos. En Bahía Blanca le fue mejor: hasta el año pasado prestó servicios en el departamento de agronomía de la UNS y la Justicia nunca lo citó.

- El director ejecutivo del diario La Nueva Provincia, Vicente Massot, creó en 1997 la empresa Megatrans. Se especializa en localizar vehículos y transmitir datos móviles. Desde 2001 controla 150 patrulleros de la Policía Federal y 1500 de la Bonaerense. En plena dictadura, Massot visitaba en la ESMA a su director, almirante Jacinto Chamorro. Tres meses después del golpe de Estado, dos obreros gráficos de sus talleres, que durante los años previos habían encabezado reivindicaciones laborales, fueron secuestrados, torturados y asesinados. El juez Alcindo Álvarez Canale considera que son crímenes imprescriptibles, pero nunca investigó, ni citó a declarar a los dueños de La Nueva Provincia.

11 de febrero de 2008
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otro dictador haciéndose el loco


[Horacio Verbitsky] Como el acobardado dictador chileno, el ex trasandino Massera pretende sufrir de demencia.
Argentina. La justicia argentina ha sido remisa en la colaboración solicitada por la italiana para verificar si el estado de salud del ex dictador Emilio Massera le permitirá enfrentar el proceso al que está sometido en aquel país por la desaparición de Angela Aietta Gullo, Giovanni Pegoraro y su hija Susana, además del secuestro de la hija de ésta, nacida en cautiverio. Por esos mismos delitos ya fueron juzgados y condenados a cadena perpetua en rebeldía los ex oficiales Jorge Eduardo Acosta, Alfredo Ignacio Astiz, Jorge Raúl Vildoza, Antonio Vañek y el envenenado Héctor Febrés. La condena y extradición de Massera y de otros 139 represores también fue solicitada en otra causa, en la que se investiga el Plan Cóndor, el 26 de diciembre pasado por el fiscal Giancarlo Capaldo. Los procesos contra Massera en la Argentina se suspendieron en 2005, luego de que una junta médica determinó que sufría un estado de "involución mental" tras haber sufrido un derrame cerebral el 12 de diciembre de 2002 y la jueza María Servini lo declarara "insano" e incapaz de enfrentar un proceso penal, lo cual fue avalado por la Corte Suprema de Justicia. En Italia se puso en duda la seriedad de los peritajes argentinos. El especialista internacional Luigi Cancrini cuestionó el test con dibujos practicado a Massera, que sirve para evaluar la afectividad de los niños. También consideró normal sus dificultades para hablar, debido a los numerosos medicamentos que consume. Por ello el juez Marco Mancinetti envió al perito italiano Roberto Tatarelli, quien llegó hace ahora un año a la Argentina. El entonces juez y ahora ministro de seguridad porteño, Guillermo Montenegro, hijo de un almirante de la Armada, le negó la asistencia solicitada a través de una rogativa en junio del año anterior y lo sometió a un interrogatorio no previsto en ninguna reglamentación sobre el carácter de sus funciones y de su personalidad, como si él tuviese que dar explicaciones. Es posible que los teléfonos de los querellantes estuvieran pinchados, porque el 5 de marzo, luego de una conversación en la que dijeron que debido a esas trabas no podría demostrarse la capacidad de Massera y avanzaría el proceso, los abogados defensores del ex dictador pidieron a Montenegro que permitiera las pruebas ese mismo día y el juez lo admitió. Aun así, no permitió la presencia del abogado de Abuelas de Plaza de Mayo Luciano Hazan, autorizado por el juez italiano, ni la toma de un encefalograma a Massera. También el perito Tatarelli concluyó que el estado de demencia de Massera no le permitiría afrontar un juicio, por lo que el juez Mancinetti suspendió el proceso y estipuló una revisión periódica para evaluar posibles cambios en su salud. La justicia italiana decidió no enviar peritos cada vez, sino solicitar informes a la justicia argentina, pero ni Montenegro ni su sucesor en la causa, Sergio Torres, las han enviado. Ni siquiera consta que se estén realizando. La próxima audiencia en Roma se realizará el 23 de abril. Entretanto, la justicia de Roma solicitó a Interpol la captura con fines de extradición del general Santiago Omar Riveros, condenado en Roma a prisión perpetua, que está detenido con arresto domiliciario en la Argentina y de los suboficiales de Prefectura Juan Carlos Gerardi, José Luis Porchetto, Alejandro Puertas, Héctor Omar Maldonado y Roberto Julio Rossin, todos ellos condenados a 24 años de prisión en Roma por el asesinato de los trabajadores de los astilleros Astarsa Mario Marras y Martino Mastinu, de nacionalidad italiana. Los cinco gozan de libertad en la Argentina.

11 de febrero de 2008
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la cárcel de lujo donde vivía febres


[Horacio Verbitsky] A dos meses del presunto homicidio de Febres. Vivía en condiciones de lujo. Jueza Sandra Arroyo Salgado sostiene que lo asesinaron para que no implicara a oficiales de la Armada en el robo de bebés en la ESMA.
Argentina. Las condiciones en que transcurrió la prisión preventiva del prefecto mayor (R) Héctor Febrés, que la jueza federal de San Martín, Sandra Arroyo Salgado, calificó de "escandalosas", quedaron en evidencia al levantarse el secreto del sumario en la causa por su homicidio, del cual hoy se cumplen dos meses. Las fotografías secuestradas en su computadora muestran al procesado por crímenes de lesa humanidad durante sus vacaciones con su esposa, haciendo la plancha en la piscina de la base naval de Azul, posando como buenos amigos junto al jefe de esa unidad, capitán de fragata Mario Francisco Pérez, montando a caballo y exhibiendo a su perro. La fulminante investigación, que insumió tres semanas de trabajo intenso sin pausas, señala la aberración de una custodia encargada a la misma fuerza de seguridad a la que pertenecía Febrés y que era afectada por la suerte del proceso que se le seguía, dada la noción prevaleciente de camaradería y el propósito de reivindicar la actuación institucional. Pérez era un retirado, en servicio activo por convocatoria especial según el artículo 62 de la ley orgánica del personal militar. Fue jefe de la base entre 2003 y 2005. El Ministerio de Defensa ordenó que fuera sancionado, igual que el capitán de fragata Jorge Humberto Carrara, quien estuvo a cargo de Azul durante otra de las vacaciones de Febrés.

Nueve Años de Descontrol
Hay otros escándalos en el caso. Febrés pasó detenido nueve años en prisión preventiva, como otros represores, duración inadmisible de un proceso penal sin elevación a juicio. Según la jueza, los privilegios que se le concedieron eran la contraparte de la vigilancia que se ejercía sobre sus estados de ánimo y que permitieron asesinarlo cuando se disponía a revelar datos sobre la participación de oficiales de la Armada en el tráfico de hijos de detenidos desaparecidos que nacieron en su Escuela de Mecánica. Cuando sólo su situación fue elevada a juicio, Febrés se sintió abandonado por la Armada y escribió notas de las que la jueza infiere un cambio en su estrategia de defensa, ante la inminente condena. Hasta ese momento sostenía, como le dijo a un amigo, que "tengo un seguro de vida que es no hablar". Entre los objetos de Febrés había un plato de una unidad de inteligencia con los tres monos que significan no ver, no oír, no hablar. El defensor oficial de Febrés, Rodolfo Catinelli declaró que en marzo de 2006 su cliente lo recibió en compañía del jefe de inteligencia de la Prefectura, quien dijo que la elevación a juicio sólo de Febrés era un "globo de ensayo" lanzado por los marinos. Su camarada, el prefecto general Roberto Astiazarán, declaró que le había aconsejado que identificara a todos los marinos que estuvieron con él en la ESMA. El manuscrito que encontró la jueza dice "contar todo".

Prefectura y Armada
Sin embargo, la misma resolución de Arroyo Salgado reproduce declaraciones judiciales de Febrés en 1999 y 2001, en las que ya había declarado que la responsabilidad correspondía a marinos de jerarquía superior a la suya. Incluso identificó a varios de ellos: el almirante Rubén Chamorro, los capitanes de navío Jorge Perrén, Jorge Vildoza y el capitán de navío médico Ricciardi, el capitán de fragata Jorge Acosta y el oficial médico Jorge Magnacco (quien en 2005 fue condenado a diez años de prisión). La jueza da por supuesto que la Prefectura y la Armada siguen actuando en conjunto en el presente, que hay entre ambas comunión de intereses y que la Prefectura tiene "cierto nivel de inferioridad respecto de la Armada". Este es el punto débil de sus fundamentos, ya que pasa por alto los graves conflictos que en las últimas décadas han enfrentado a ambas fuerzas por el control de la pesca furtiva, las comunicaciones costeras, el ordenamiento de la navegación en canales y puertos, el despacho de buques, la seguridad de la navegación desde el punto de vista náutico, las habilitaciones como piloto de yates y en buceo, las tareas de búsqueda y rescate en ríos y el mar. En 2001 los marinos impulsaron un proyecto de absorción de la Prefectura, que el ministro de Defensa Horacio Jaunarena fundamentó en razones económicas. La Prefectura resistió y el proyecto fue rechazado en el Congreso por una mayoría que no aceptó confundir una vez más funciones de Defensa con otras de Seguridad Interior.

Un Mal Momento
Las autoridades de la Prefectura Zona Delta no trataban a Febrés como a un preso acusado por los más graves delitos, sino como a un superior jerárquico que estaba pasando un mal momento. Incluso comentaban en su presencia cuestiones operativas secretas. En los actos oficiales compartía la mesa principal con el jefe de la unidad, prefecto mayor Rubén Amado Iglesias, quien ahora está procesado como partícipe necesario en el homicidio. En la misma sede se realizó el almuerzo de su promoción, cuyos integrantes asistieron con sus esposas. Celebró allí el bautismo de sus nietos y dio una fiesta para agasajar a su esposa, Stella Maris Guevara, el día en que cumplió sesenta años. Entre sus visitas, que no eran registradas en los libros de la unidad, estaban los sucesivos jefes de la Prefectura, Juan José Beltriti y Carlos Fernández, a quienes ahora la jueza investiga. Cuando su amigo Víctor Hugo Giuliani pidió que lo registraran, Febrés ordenó que lo borraran. "Sos zonzo, vos. Si te anotan nadie viene a visitarme", le dijo.

Baño en Suite
No habitaba una celda sino el departamento de dos ambientes con un baño en suite asignado al jefe de Logística de la unidad, que el procesado cerraba con llave desde adentro. Se comunicaba mediante un teléfono celular y dos de línea, pese a que su uso estaba restringido al personal, y por e-mail y chat desde una computadora con servicio de banda ancha. Los presos de la Armada en la causa ESMA perdieron ese privilegio luego de la muerte de Febrés y entienden que viola su derecho de defensa, como si los 60 mil presos en todo el país tuvieran computadora con acceso a internet en sus celdas. La jueza señaló que de esa manera se transgredía la finalidad de la prisión preventiva, que era impedir que eludiera la acción de la justicia o entorpeciera las investigaciones. Después de la muerte, Iglesias y Volpi la retiraron de la habitación y borraron el contenido de su disco duro. Las piezas que se conservan fueron grabadas antes de la desaparición de la máquina por la hija de Febrés. El procesado tenía libre acceso a todas las dependencias del edificio, incluyendo la terraza y la cancha de tenis, en la que jugaba junto con sus teóricos carceleros. Su esposa y sus hijos, el subprefecto Héctor Ariel Febrés y la diseñadora gráfica Sonia Febrés, lo visitaban sin limitaciones de horario ni duración. Se había colocado una segunda cama en el dormitorio, en la que muchas noches se quedaba a dormir su esposa. Durante la semana recibía visitas de sus amigos con quienes almorzaba en el casino de oficiales, servido por mozos de la Prefectura. Además le habían asignado un suboficial chofer, que llevaba a su esposa de compras.

Brindis con los Amigos
Los sábados por la noche Febrés también recibía al coronel en actividad Eli Justo Tato y al comisario Luis María Díaz y a sus esposas. Los seis cenaban con bebidas alcohólicas y luego jugaban a las cartas hasta la madrugada, en una mesa con ocho sillas. El departamento también tenía horno de microondas y cafetera, televisor y reproductor de DVD. Cuando sus familiares y amigos se retiraban los acompañaba hasta la puerta como un buen anfitrión. A veces la familia o los amigos le traían alimentos que no eran controlados por la inexistente requisa. Otras, pedían delivery a una parrilla y una pizzería cercanas. El empleado que hacía la entrega llegaba hasta la habitación de Febrés sin ser controlado. La jueza considera inconcebible que se hubiera permitido al preso conservar una billetera con dinero, con el que pagaba esos consumos, una tijera, cinco trajes, un impermeable, sus documentos de identidad, su carnet de conducir, una tarjeta de débito, una botella de vermouth, un pomo de adhesivo sintético y enorme cantidad de medicamentos. Cada mañana le llevaban el diario a su habitación, nada de lo cual es permitido por la ley de ejecución de la pena privativa de la libertad y por los reglamentos penitenciarios y de manejo de detenidos de la propia Prefectura. Esas normas limitan la cantidad y duración de las visitas, los días y horas de la semana en que se admiten, y fijan rutinas de control para ellas y para los paquetes que porten. Sólo se permite ver al detenido en presencia del personal de custodia, que debe aguardar en la puerta de acceso del lugar de alojamiento. Cada visita debe anotarse en el Libro de Registros. "Cabe preguntarse si estaba realmente privado de su libertad", dice la jueza.

Man Tan Tiru Liru La
El traslado a la base de Azul en tres de los nueve veranos de detención preventiva fue solicitado por su abogado defensor al juez federal Sergio Torres, aduciendo que en la Prefectura no podía seguir su tratamiento para la diabetes. Su señoría concedió la autorización sin la menor verificación ni en la Prefectura ni en la Armada. La resolución de la jueza Arroyo indica que en ninguno de esos alojamientos siguió ninguna dieta especial. En el registro de sanidad no consta que siguiera ningún régimen de medicamentos ni alimenticio, dos rubros que Febrés regulaba por sí mismo. En el expediente judicial por los crímenes de la ESMA no aparece que el juez haya consultado a la Prefectura si Febrés no podía seguir allí su hipotético régimen alimentario, ni a la Armada si estaba en condiciones de alojarlo ni en qué condiciones lo haría. Esto sugiere una connivencia del magistrado con cada una de las fuerzas.
En su indagatoria el prefecto Iglesias dijo que durante su desempeño como jefe de la Zona Delta ni Torres ni los jueces del Tribunal Oral Federal 5, Guillermo Gordo, Héctor Farías y Daniel Obligado, concurrieron a controlar las condiciones de alojamiento del detenido ni le impartieron órdenes al respecto. En julio del año pasado un marinero asignado a la Zona Delta informó acerca de las condiciones de detención de Febrés, pero el secretario de derechos humanos de la Nación, Eduardo Duhalde, retuvo durante cien días esa denuncia, y no comunicó su contenido al ministerio del Interior, del que dependía la fuerza de seguridad implicada. Recién al comenzar el juicio oral a Febrés se acordó de presentarla. La secretaría de derechos humanos arguye que Duhalde carecía de facultades para investigar. Esto no explica por qué demoró más de tres meses en comunicar los hechos a quien sí las tenía y por qué no pidió al ministro Aníbal Fernández que promoviera actuaciones administrativas para constatar la verdadera situación en la Prefectura. El juez Torres, que había instruido el sumario de la ESMA, se limitó a pedir informes al jefe de la unidad de Prefectura, quien le respondió que se cumplían todas las normas vigentes y se dejaba debido registro de cada novedad. La jueza Arroyo consignó en su resolución que nada de ello era cierto. Tanto las víctimas de los delitos de Febrés como el ministerio de Defensa habían solicitado que fuera trasladado a una unidad penitenciaria sin las prerrogativas y fueros especiales que la Constitución prohíbe, pero los jueces no hicieron lugar, sin fundamentarlo. Aníbal Fernández prohibió el alojamiento de detenidos en unidades policiales, por lo que es presumible que hubiera hecho lo mismo de haber sido puesto en conocimiento de la situación por Duhalde.
Diversos organismos de derechos humanos, encabezados por Adolfo Pérez Esquivel pidieron a raíz de ello el juicio político de los cuatro jueces. En cambio no hay un procedimiento de remoción establecido para un secretario como Duhalde, si su decoro no le impone alejarse. Cuando el Consejo de la Magistratura trate la situación de los jueces, Duhalde deberá explicar por qué retuvo la denuncia del marinero durante tantos meses. Hasta ahora el único funcionario jerárquico sancionado fue el entonces jefe de la fuerza de seguridad, prefecto general Carlos Fernández, quien debió renunciar y que ahora es investigado por la jueza.

¿Homicidio o suicidio?
Si bien aclara que está en una etapa preliminar de la investigación, la jueza descartó que Febrés se hubiera suicidado. Sin embargo, en el expediente constan varias referencias del entonces procesado a la posibilidad de quitarse la vida y el temor de dos amigos a que lo hiciera. Ningún peritaje psicológico fue solicitado para discernirlo. Sólo consta en el expediente el testimonio del sacerdote Diego Zupán, amigo y confesor de Febrés, quien no cree que se haya suicidado, dada su formación basada "en los pilares Dios, Patria y Hogar". La jueza computa a favor de su interpretación todos los pasos dados luego de la muerte para borrar pistas por Iglesias y por el encargado directo de la custodia de Febrés, el prefecto Angel Mario Volpi, también procesado por homicidio. Pero esa conducta también sería coherente con la hipótesis del suicidio, dado que la muerte de Febrés amenazaba con revelar todas las irregularidades del cumplimiento de su prisión preventiva, como de hecho ocurrió. Menos macabro, tampoco el suicidio hubiera sido posible en un contexto distinto, sin el descontrol reinante. Al procesar a la esposa y los hijos por encubrimiento, la jueza afirma que ayudaron a borrar rastros para no comprometer a Iglesias y Volpi, con quienes se sentían en deuda por los beneficios que les brindaron durante nueve años. Pero el argumento soporta mal el cotejo con la hipótesis del homicidio. Es difícil imaginar a dos hijos y una esposa protegiendo a los asesinos del pater familias. El avance del proceso determinará si lo mataron o se quitó la vida. En cualquier caso, la rigurosa investigación de Arroyo marca un punto de inflexión para las demás causas por graves violaciones a los derechos humanos. Jueces, funcionarios del gobierno y responsables de las Fuerzas Armadas y de seguridad deberán asumir de una vez que sus autores ya no pueden ser tratados con estos irritantes privilegios que, al mismo tiempo, comprometen su seguridad y obstaculizan la realización de justicia.

11 de febrero de 2008
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represor patti seguirá preso


[Adriana Meyer] Los camaristas confirmaron la resolución del juez federal Alberto Suares Araujo, que lo había arrestado en noviembre pasado por casos de secuestros, desapariciones y un asesinato durante la última dictadura militar.
Argentina. Si pensaba que era por un rato, el represor Luis Abelardo Patti tendrá que ir poniéndose cómodo en la cárcel de Marcos Paz. La Cámara Federal de San Martín confirmó ayer su procesamiento con prisión preventiva y lo dejó más cerca de afrontar un juicio oral por el secuestro y tortura de siete personas durante la dictadura. Los camaristas de la Sala I de ese tribunal confirmaron en todos sus términos la resolución del juez federal Alberto Suares Araujo. A fines de noviembre, este magistrado lo había mandado a prisión por los secuestros de Diego Muniz Barreto y Juan Fernández, el asesinato de Gastón Gonçalves, las desapariciones de Carlos Souto y Luis y Guillermo D'Amico y la detención de Osvaldo Arriosti. "Es histórico que esta cámara, que ha sido adversa a los reclamos de los familiares, nos haya dado la razón", dijo a Página/12 Ana Oberlin, abogada de los Gonçalves.
Todas las emociones –alegría, satisfacción o alivio– que los familiares de las víctimas de Patti pudieran haber sentido el 22 de noviembre cuando, finalmente, cayó preso, quedaron contenidas. Ese día primó la cautela y no hubo festejos. "Es un primer paso", dijo entonces Juana Muniz Barreto, una de las hijas del ex diputado justicialista. La explicación de tal mesura se encuentra en los años de impunidad, en los vericuetos judiciales y hasta en los cambios de clima de época. Sentían que así como en esa jornada lo veían camino a Marcos Paz, a los pocos días podían verlo salir. "Ahora sí podemos decir que se consolida aquella buena situación. Para nosotros fue muy costoso lograr la detención, fue un proceso de trabajo de mucho tiempo, desde 2004 estamos buscando esto con la familia Gonçalves. Cuando se resolvió parecía imposible, y ahora sentimos que por fin se está haciendo justicia y se va en serio", explicó Oberlin sobre el cambio de perspectiva.
Patti cumplió los 55 años en la cárcel, en el pabellón que comparte con el ex comisario Miguel Etchecolatz, el cura Christian von Wernich y el ex agente Raúl Guglielminetti. El 3 de diciembre fue visitado por el ex presidente Carlos Menem, que había acudido con el locutor Alejandro Mancini y el periodista Bernardo Neustadt. Ahora que fijará domicilio en el "pabellón de lesa", como lo llaman, armará una nueva agenda a la espera de la apelación que presentará su abogado, Silvio Duarte, en la Cámara de Casación. De todos modos, esa iniciativa no debería ser obstáculo para que el juez Suares Araujo envíe el caso a juicio oral.
Los camaristas de la Sala I de San Martín, Juan Lugones, Jorge Eduardo Barral y Hugo Fossati, ratificaron el fallo de Suares Araujo en el que procesó a Patti por "privación ilegal de la libertad doblemente agravada, imposición de tormentos y allanamientos ilegales". Es el mismo tribunal que hace algunos años rechazó la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de impunidad, entre otros pronunciamientos contrarios a los juicios por violaciones a los derechos humanos. "No es lo mismo que sea ésta la cámara que dice que hay elementos para considerar a Patti como autor de estos delitos", evaluó la abogada Oberlin.
Patti está encarcelado por delitos de lesa humanidad cometidos cuando era subcomisario en Escobar, en la dictadura, y por su participación en el secuestro y posterior desaparición del ex diputado de la Tendencia Diego Muniz Barreto, en Ramallo. Muniz Barreto fue secuestrado el 16 de febrero de 1977 junto con su secretario, Juan José Fernández, y ambos fueron trasladados a la Unidad Regional de Tigre para luego ser llevados al centro clandestino de detención de Campo de Mayo. El cadáver del ex diputado fue encontrado dentro de un Fiat 128 en un arroyo entrerriano mientras que Fernández fue rescatado con vida.
También se le imputa a Patti el secuestro de los militantes del mismo partido Gastón Gonçalves, Carlos Souto, José Fernández y Guillermo D'Amico. Gonçalves fue secuestrado el 24 de marzo de 1976 en Zárate. Dos testigos narraron que estuvieron detenidos con él en un camión celular ubicado detrás de la comisaría de Escobar, donde Patti cumplía funciones. El 2 de abril de 1976 el cadáver de Gonçalves fue dejado en el paraje El Cazador, en la Ruta 4. Lo habían fusilado y después incinerado. Veinte años más tarde, el cuerpo, que estaba enterrado como NN, fue identificado por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Unos meses antes de su secuestro, Gonçalves y su mujer habían discutido con Patti a raíz de la organización de un acto en Escobar. "Ya vas a ver lo que te va a pasar. Te voy a hacer matar", lo amenazó el policía.
La otra buena noticia que recibieron sus familiares es que la Cámara revocó la falta de mérito que había dictado el juez respecto de la imputación de homicidio en el caso de su padre, a partir de la apelación de los querellantes y del fiscal Jorge Sica. Ahora Suares Araujo deberá evaluar si procesa a Patti también por el asesinato de Gonçalves.
En la misma causa están procesados con prisión preventiva, aunque gozan de arresto domiciliario por su edad avanzada, el dictador Reynaldo Bignone y los represores Santiago Omar Riveros y Eduardo Espósito, ex jefe de Patti en Escobar.
"A partir de la detención de Patti mucha gente se animó a hablar, víctimas directas de él, hay nuevos testigos que se acercaron a mí, a mi colega Pablo Llonto y a los familiares. Esto demuestra que cuando cae un personaje simbólico y tan poderoso, se resquebraja la impunidad y eso anima a las personas a contar lo que les pasó. Y para todos ellos esta decisión judicial es una buena señal", afirmó Oberlin.

Cambiaso y Pereira Rossi
Luis Patti tiene otras causas abiertas. Una en el juzgado federal de La Plata del juez Arnaldo Corazza y otra en el juzgado federal de San Nicolás, a cargo de Carlos Villafuerte Ruzo. Ese magistrado investiga el asesinato de los militantes Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereira Rossi y ayer le tomó declaración testimonial al represor Eduardo ‘Tucu' Costanzo. Esa medida había sido pedida por las abogadas que representan a las hermanas Cambiaso a partir de las declaraciones de Costanzo a Página/12, cuando identificó a los responsables del secuestro de los dos militantes justicialistas, entre otros detalles sobre ese y otros casos de desaparecidos. El represor había dicho que hablaba porque temía ser asesinado como el prefecto Héctor Febres, que apareció envenenado cuatro días antes de su condena. "Ya no es sólo la palabra de las víctimas, ahora los mismos represores empiezan a contar la verdad, por eso ya no nos pueden decir que lo nuestro es parcial", dijo la abogada Ana Oberlin al referirse al valor de la declaración de ayer.

11 de febrero de 2008
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detenidos por masacre de trelew


Detuvieron a dos marinos por su participación en la Masacre de Trelew: el entonces jefe de la base naval y un marino que habría estado presente en el lugar. Están imputados por el asesinato de 16 presos políticos y tres tentativas de homicidio.
Argentina. Dos ex marinos fueron detenidos por orden del juez federal de Rawson, para ser juzgados por su participación en la Masacre de Trelew. Se trata del capitán de navío Rubén Norberto Paccagnini y el de fragata Emilio del Real, a quienes la policía de Chubut ubicó y arrestó en sus domicilios de la ciudad de Buenos Aires. La filtración de las órdenes de captura en el diario Jornada obstaculizó el éxito de los demás procedimientos, en los que también debía detenerse a los dos acusados de haber acribillado a los presos, el capitán de fragata Luis Emilio Sosa y el teniente de navío Roberto Guillermo Bravo. Lo mismo sucedió con el pedido de captura del cabo 1º Carlos Amadeo Marandino, quien viajó a Estados Unidos al reactivarse la causa. Los dos detenidos serán enviados mañana al sur para su indagatoria.
Los fusilamientos ocurrieron en la madrugada del 22 de agosto de 1972 en la base Almirante Zar, luego de la fuga del penal de Rawson. Siete días antes, los líderes del Ejército Revolucionario del Pueblo Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Mena; el de Montoneros Fernando Vaca Narvaja y los de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Marcos Osatinsky y Roberto Quieto habían logrado llegar al aeropuerto de Trelew para huir rumbo a Chile en un avión secuestrado. Los diecinueve presos que salieron en segundo término llegaron tarde y tuvieron que rendirse. Los militares no los devolvieron a la cárcel, sino que los recluyeron en la base naval, donde una semana más tarde los acribillaron. La versión oficial fue la de un supuesto nuevo intento de fuga, pero de los 19, tres sobrevivieron para contar la verdad.
El ayer detenido Paccagnini era entonces el jefe de la base naval. Si bien estaba de licencia cuando se produjeron los hechos, su responsabilidad como autoridad máxima de la guarnición militar lo vincula de manera directa al caso, en el que podría caberle al menos la figura de "encubrimiento" por no haber instado a una investigación tras los asesinatos.
El otro arrestado, Del Real, habría estado en el lugar de la masacre cuando ésta se produjo, según las declaraciones reunidas en la causa. Real tiene 73 años y una pierna amputada, mientras que Paccagnini cumplió 81 años y está bajo tratamiento médico. Ambos quedaron alojados bajo supervisión clínica en el edificio Centinela, de la Gendarmería Nacional; después de la muerte de Héctor Febres, no se quiso llevarlos a ninguna dependencia de la Armada.
El juez federal Hugo Sastre, quien está a cargo de la causa, dijo que están "ultimando los detalles para que sean llevados (en Chubut) a un lugar donde se puedan extremar las precauciones; estamos pensando en la comisaría de Rawson".
Un tercer marino con pedido de captura, el ex cabo Marandino, fue localizado en Miami. El acusado viaja con frecuencia a ese país y tiene un pasaje de regreso a la Argentina para el martes, aunque como es obvio es improbable que ahora tenga ganas de subirse a ese avión. El juez Sastre señaló que se está tramitando su captura por Interpol.
Sosa y Bravo, que tampoco fueron todavía detenidos, son el gran misterio del caso porque después de la masacre se esfumaron de la faz de la tierra y durante décadas no se supo nada de ellos. Ambos están señalados como los autores directos de los crímenes (eran los jefes de la guardia). Lo último que se había conocido de ellos es que alguien los vio pasar por la embajada de los Estados Unidos; después, la nada. Al reactivarse la investigación de la masacre, treinta años después, los comenzaron a rastrear. En el juzgado confirmaron que los dos están vivos y que tienen residencia fijada en el país, aunque Sosa salió el año pasado; viajó a las cataratas del Niágara y no hay constancias de que haya vuelto a la Argentina. El ex marino cobra una jubilación del Estado. Las órdenes de captura incluyeron a un sexto imputado, Raúl Alberto Herrera, quien está fallecido.
Las detenciones fueron posibles por un cambio de carátula de la causa. En un principio, el expediente se había reabierto como "N. N. sobre Masacre de Trelew", pero luego de tomar declaraciones a varios testigos, muchos de ellos conscriptos que estaban en la base ese día, el juez dispuso una nueva denominación: "Luis Emilio Sosa, Roberto Guillermo Bravo y otros sobre presuntos autores de privación ilegítima de la libertad, torturas (19 hechos), homicidio doblemente agravado (16 hechos) y tres tentativas de homicidio".
Los fusilamientos, ocurridos durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, fueron la antesala del terrorismo de Estado que cuatro años más tarde se generalizaría en todo el país. La Corte Suprema ya sentó jurisprudencia sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos entre el '76 y el '83. Esta causa apunta a tener el mismo encuadramiento, necesario para considerar los delitos investigados como imprescriptibles.

11 de febrero de 2008
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el olor de la tortura


[Carlos Rodríguez] El juicio a represores en Corrientes. En la segunda jornada del proceso oral, los defensores pidieron la nulidad de la acusación fiscal. Se leyeron las imputaciones de las querellas, en las que se escucharon relatos del horror.
Corrientes, Argentina. El olor a perfume casi siempre remite a un asunto amoroso, a un recuerdo grato. Sin embargo, en el juicio que aquí se realiza por las violaciones a los derechos humanos ocurridas en el Regimiento de Infantería 9 de esta ciudad, para algunos detenidos el hecho de percibir en el aire –con los ojos vendados– una fuerte fragancia que se hacía recurrente puede ayudar a identificar a la persona que lo torturó durante días o meses. "Cuando uno está con los ojos vendados, desarrolla más algunos de los otros sentidos. Yo sabía que era la misma persona la que me torturaba y la que me decía (en otros momentos) que era ‘muy comprensiva'. Lo identificaba por su voz y también por el olor a perfume." Tiempo después, el ex detenido-desaparecido Hugo Bernardo Midón tomó conocimiento de que la persona que le hizo vivir los momentos más trágicos de su vida era el capitán Juan Carlos Demarchi, el ex oficial de inteligencia que está recibiendo la mayor cantidad de imputaciones en lo que va del proceso, junto con los coroneles Horacio Losito y Rafael Manuel Barreiro. Ayer, los defensores pidieron la nulidad de la acusación fiscal, una medida más cerca de una chicana judicial que de un planteo fundado.
La jornada de ayer comenzó con la lectura de las acusaciones de los querellantes, entre ellos, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Demarchi, Losito y Barreiro acumulan, hasta ahora, más imputaciones que Carlos Roberto Piriz y Raúl Alfredo Reynoso. En casi todos los relatos que se leyeron y que deberán ser ratificados ante los miembros del Tribunal Oral Federal de Corrientes, aparecen los nombres de Demarchi, Barreiro y Losito, pero sobre todo el del capitán a cargo del área de inteligencia. Demarchi fue acusado, incluso, por algunos vejámenes de índole sexual. Así lo hicieron dos mujeres que estuvieron detenidas en el RI-9. Una de ellas dijo que Demarchi, además del mal trato, aprovechó su indefensión para tocarle los pechos. El otro caso fue más grave todavía: "Me dijo si quería (tener sexo) con él o con una linterna. Le dije que con la linterna y él lo aceptó". El dato sobre los dos casos de abuso sexual están contenidos en la acusación y las dos mujeres integran la nómina de testigos.
Se han denunciado otras torturas atroces, durante sesiones de picana eléctrica de una y hasta dos horas consecutivas en las zonas más sensibles del cuerpo. Otro de los métodos para atormentar a los detenidos era colgarlos de andamios o ganchos que estaban amurados a los techos del baño donde permanecían cautivos. A Jorge Hugo Trainer lo colgaban de las duchas del baño, mientras que Miguel Angel Miño aseguró que lo tuvieron "una semana colgado de un andamio". La Comisión de Derechos Humanos de Corrientes tiene relatos según los cuales "los colgaban de las manos, con las esposas puestas y en el piso les ponían una silla que no estaba parada sino recostada. Las personas hacían pie sobre ellas para ir soportando por turnos el peso del cuerpo: un poco con las manos, un poco con los pies. Era una tortura terrible", explicó a Página/12 Diego Cazorla, sobrino de Rómulo Artieda, secuestrado en 1977 y visto por otros detenidos en el centro clandestino del RI-9. El gendarme Reynoso fue señalado como la persona que le pateaba las sillas a los detenidos para que quedaran sujetos sólo por las manos.
Además de pedir la nulidad de la acusación fiscal por considerarla "una pieza llena de meras afirmaciones genéricas y dogmáticas, sin sustento probatorio alguno", el abogado Jorge Buompadre, defensor de Demarchi y Barreiro, intentó impugnar el cargo por la desaparición forzada de Rómulo Artieda, cuyo cuerpo fue identificado en 2006. Según Buompadre Barreiro tiene que ser "sobreseído por prescripción porque se demostró que (Artieda) fue asesinado de dos balazos. Si fue asesinado en 1977, como se dijo, no puede ser tomado como un caso de desaparición forzada sino como homicidio. El máximo de pena para ese delito es de 25 años y ya pasaron más de treinta", sostuvo el polémico abogado, que no tomó en cuenta la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad.
Los defensores también cuestionaron la acusación por "asociación ilícita". Otro de los abogados, Eduardo San Emeterio, pidió al tribunal que anule la citación de varios testigos, entre ellos el coronel retirado –y democrático– Horacio Ballester, quien fue llamado para que explique a fondo cómo funcionaba la cadena de mandos durante la dictadura. Es algo que no le conviene a la defensa, porque podría servir para demostrar que la organización funcionaba como un aparato ilegal preparado para delinquir. Es decir, como una "asociación ilícita". Tampoco quieren que venga la periodista francesa Marie Dominique Robin, quien entrevistó a generales argentinos que admitieron ser jefes de una organización clandestina que utilizó métodos aberrantes.
Ayer no se produjeron enfrentamientos masivos entre familiares de las víctimas y los amigos de los acusados. De todos modos, en la calle, a la salida del tribunal durante un cuarto intermedio, la mujer y un hijo de Piriz amenazaron –en presencia de varias personas, incluyendo un par de periodistas locales– a uno de los testigos de cargo, el ex detenido del RI-9 José ‘Chengo' Almirón, quien desde hace años vive en Alemania con su familia. "La mujer se me acercó y me dijo mientras me señalaba con el dedo: ‘Vos vas a pagar por lo que hiciste' ", en alusión a su declaración en la etapa de instrucción del juicio, en la que involucró a los cinco detenidos. Después, un joven que acompañaba a la esposa de Piriz le reiteró las mismas palabras. Almirón resolvió no hacer una denuncia formal, pero puso en conocimiento de lo sucedido a los fiscales. Almirón concurre todos los días a la puerta de acceso al tribunal, sin entrar a la audiencia, ya que recién declarará como testigo el 10 de abril.

7 de febrero de 2008
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cinco rostros del horror


[Carlos Rodríguez] Empieza hoy el juicio a cinco represores en Corrientes. Escudado en su "precaria" salud, Cristino Nicolaides evitará estar sentado en el juicio por delitos de lesa humanidad. [Foto: los testigos Almirón y Cazorla].
Corrientes, Argentina. Las historias de Rómulo Gregorio Artieda y Juan Ramón Vargas, militantes de la Juventud Peronista desaparecidos en la provincia durante la dictadura militar, serán los ejes de la acusación contra cinco represores que comenzarán a ser juzgados hoy por el Tribunal Oral Federal de Corrientes. Artieda es el primero y hasta ahora único desaparecido correntino cuyo cuerpo fue identificado por el Equipo de Antropología Forense en el año 2006. Lo habían secuestrado en la estación bonaerense de Burzaco, del ex ferrocarril Roca, y lo llevaron al centro clandestino de detención que funcionó en la sede del Regimiento de Infantería 9 de esta ciudad. A Vargas, miembro de la JP relacionado con las Ligas Agrarias, una organización que fue diezmada por la represión, lo secuestraron en Goya y también fue visto en el Regimiento 9. "Con el Mono Vargas, como lo llamábamos todos, yo pude conversar un rato mientras estábamos en el R-9, tabicados y esposados. Lo habían torturado mucho y él me dijo que tenía la certeza de que lo iban a matar", afirmó a Página/12 José ‘Chengo' Almirón, un ex detenido-desaparecido del R-9 que desde 1980 está radicado en Alemania con sus cuatro hijos y sus nueve nietos. Chengo será testigo de cargo en el juicio oral.
La jornada de apertura del juicio oral, que comenzará a las 8 de hoy, sólo servirá para la discusión técnica entre los abogados defensores, la fiscalía y los querellantes. Del debate surgirán las líneas de acción de los que acusan y de los que defienden a los cinco imputados: el capitán retirado Juan Carlos Demarchi, los coroneles Horacio Losito y Rafael Manuel Barreiro y los oficiales de la Gendarmería Carlos Roberto Piriz y Raúl Alfredo Reynoso. La ronda de testigos recién se abrirá el martes de la semana próxima y uno de los más importantes será el médico policial Otto Eliseo Manzolillo. El fue quien hizo la autopsia de cuatro cadáveres que aparecieron flotando en el río Paraná, en la zona de Empedrado, entre los años 1976 y 1977. Los cuatro fueron inhumados como N.N. y el único identificado, hasta ahora, es el de Rómulo Gregorio Artieda.
"Los cuerpos tenían una característica común: les habían abierto el vientre, se supone que para que no pudieran salir a flote. En el caso de mi hermano, el cráneo no estaba intacto, lo que hace suponer que le habían disparado a la cabeza", relató a este diario Ramón Artieda, hermano de la víctima y miembro de la Comisión de Derechos Humanos de Corrientes, que es querellante en la causa del R-9. "La declaración de Manzolillo, que es una persona mayor, de alrededor de 80 años, sirve para certificar la metodología que se utilizaba para hacer desaparecer a las víctimas de la dictadura militar", agregó el periodista Diego Cazorla Artieda, sobrino de Rómulo Gregorio Artieda. Los querellantes consideran probada la presencia del desaparecido Artieda en el galpón del R-9 que fue utilizado como centro clandestino de detención.
"Rómulo Artieda estuvo todo un mes, por lo menos, en el Regimiento de Infantería 9. Se lo habrían llevado tres o cuatro días antes del 9 de julio de 1977, día en el que se realizó un desfile militar del que participaron soldados de otras provincias y de países limítrofes. Como las delegaciones iban a ser alojadas en el R-9, sus jefes resolvieron retirar a los detenidos-desaparecidos, para evitar cualquier problema", explicó Chengo Almirón. El cuerpo de Artieda fue hallado el 8 de julio de 1977. Artieda tenía 22 años en el momento de su desaparición. El galpón del R-9 fue reconocido o descripto, en forma coincidente, por al menos 13 testigos. "Algunos lo describieron ante la Justicia y otros lo reconocieron luego de una visita que se hizo en el marco de esta causa. En mi caso, primero hice un croquis, mientras estaba en Alemania, y después hice el reconocimiento en el propio R-9. Lo importante fue que hubo coincidencia entre el dibujo previo y la comprobación posterior", comentó el testigo Almirón.
En la provincia, las primeras denuncias por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura fueron realizadas por la madre de Plaza de Mayo Esther Galarza de Artieda. "Ella hizo todo el recorrido, desde los hábeas corpus hasta las presentaciones a la Conadep, pero se murió con la cruz que significaba no haber podido romper la impunidad que protegía a los militares que habían asesinado a su hijo Rómulo", recordó el sobrino del estudiante desaparecido y asesinado por la dictadura militar. El Chengo Almirón, a pesar de haber estado tabicado y esposado, cree que durante el período que estuvo en el R-9 había "no menos de 25 personas en la misma condición que yo". El lugar donde estaba era "una zona de duchas, camino al baño, por la que pasaban muchas personas por día. En algunos casos, a pesar de la venda que me impedía ver, me las ingeniaba para espiar y así pude reconocer a muchos compañeros" y también al capitán Juan Carlos Demarchi, señalado como el interrogador desde su función de jefe de Inteligencia del área militar 231, con jurisdicción en la zona.
Una de las personas a las que vio fue al Mono Vargas, un activo militante de la JP ligado a las Ligas Agrarias. Sus familiares lo han reclamado siempre levantando una pancarta en la que el joven aparece saludando al ex obispo de Goya Antonio Devoto. "Con el Mono nos encontramos una vez que lo trajeron hasta el lugar donde yo estaba. Los dos estábamos en las mismas condiciones, tabicados y esposados, pero igual pudimos reconocernos y hablar unas palabras. El me dijo que lo estaban torturando mucho y que los interrogatorios que le hacían era muy duros. Por esa razón, me dijo que tenía la certeza de que lo iban a matar, de que no iba a poder zafar." Junto con Vargas se llevaron a su novia, Dorita Noriega, quien también sigue desaparecida.
Al Chengo Almirón lo secuestraron mientras estaba en su casa, durmiendo en compañía de su familia. Sus hijos eran chicos, ninguno tenía más de 6 años. "El menor, que tenía un año, estuvo tres o cuatro años sin decir una palabra, por el miedo que había vivido aquella noche." Junto con él se llevaron a su padre, Floro Almirón, que entonces tenía 62 años. "Mi viejo no tenía nada que ver con nosotros. Se lo llevaron al R-9. Yo lo veía sentado, esposado, tabicado y me daba una enorme tristeza." Chengo estuvo detenido, a disposición del Poder Ejecutivo, hasta el año 1980, cuando emigró hacia Alemania. "Ahora quiero volver, pero mis hijos no quieren saber nada."
Por el R-9 pasaron también Fernando Piérola, Luis Díaz y el Negro Duarte, tres de las víctimas de la matanza que se produjo en Margarita Belén, en el Chaco, en la que estuvo involucrado el general Cristino Nicolaides, quien no se presentará en este juicio, aunque también está como imputado. Los médicos forenses dicen que está muy enfermo y que ni siquiera le notificaron que fue condenado a 25 años de prisión en otra causa porque "no podría soportarlo" dado su estado de salud.

5 de febrero de 2008
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