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más acusaciones contra cady


El ex militante fue considerado como parte del aparato represivo. Las abogadas Gabriela Durruty, Jesica Pellegrini, Leticia Faccendini y Daniela Asinari, recabaron 23 testimonios que juzgaron en contra de Chomicki, el civil quien es juzgado en el marco de la causa Díaz Bessone.
[Argentina] [José Maggi] Las cuatro abogadas querellantes por la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y Familiares de Detenidos Desaparecidos acusaron ayer a Ricardo ‘Cady’ Chomicki por 17 casos de secuestro, cuatro de ellos seguidos de torturas. Se trata del ex militante que trabajó con la Patota, y fue considerado como parte del aparato represivo. Esta es la única querella que decidió acusarlo, atento a que los restantes sectores, como HIJOS y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, sostienen que "quien entra víctima a un centro clandestino sale víctima". Pero las letradas Gabriela Durruty, Jesica Pellegrini, Leticia Faccendini y Daniela Asinari, recabaron 23 testimonios que juzgaron en contra de Chomicki. Uno de ellos recordó que el Cady le confió: "Estoy vivo porque mandé veintidós a la boleta".
Para las querellantes, Chomicki integró el grupo represor que operaba en el Servicio de Informaciones en el período de mayor cantidad de detenidos, entre la segunda mitad de 1976 y la primera mitad de 1977".
Estos son algunos de los testimonios recopilados por la querella:

* Oscar Bustos. Relató haber sido torturado por Chomicki en su paso previo al SI por la comisaría 7ª y pudo reconocerlo inmediatamente a porque lo conocía previamente: era amigo de su hermano. A pesar de esto le decía que "se lo devolverían hecho pedacitos". Pepo Bustos fue retirado de la morgue policial.

* Juan Carlos Ramos. Fue entregado por Chomicki, quien se había alojado en la casa de su padre Generoso. Era el único que conocía la localización exacta de su casa y la ubicación de otro militante, Menegucci, que estaba escondido en ese lugar. Ya en el SI, Carlos Izaguirre, le relató que la Patota lo había ido a buscar a su casa y no lo habían encontrado, pero lo vió Chomicki en un bar y se bajó a buscarlo. También relató que el Gallego Mellili fue interrogado por Chomicki, actuando de "compañero".

* Carlos Pérez Rizzo. Relató cómo Chomicki, actuando el rol de preso, se puso al lado del Tony, Daniel Farías, y lo interrogaba de un modo solapado. Creyéndose junto a un compañero detenido, le dijo al Cady "gracias al Cabezón no dije nada". Esta información fue evaluada por la Patota, a sabiendas del efecto que produjo: Farías está desaparecido y Pérez Rizzo recibió una dura paliza.

* Víctor Hugo Salami. Estaba presente cuando Chomicki se acercó a Mellili, cuando fue advertido por Generoso Ramos Peralta acerca del peligro de hablar con esta persona a quien Ramos consideraba responsable de su caída.

* Gustavo Piccolo. En su declaración ante CONADEP manifestó haber presenciado cómo Chomicki intentaba sacar información a una persona que estaba muy deteriorada por la tortura.

* Gustavo Mechetti. Relató cómo después de la primer golpiza recibida en el SI escuchó su voz mencionándolo como alguien que había sido militante de su fuerza pero ya no lo era. El le dice "hola Bicho, el Cady te saluda" y se refiere a sus "nuevos compañeros".

* Alfredo Vivono. Relató que el Cady le dijo: "Estoy vivo porque mandé 22 a la boleta", en obvia alusión a compañeros caídos a partir de su labor como integrante del grupo represivo.

* Manuel Fernández. Lo describió como "uno más de sus carceleros". Se refiere a él como quien lo va a buscar a la favela y lo lleva para que le tomen declaración. Luego se entera que el Cady fue quien identificó a su hermana Manolita, con quien se ensañaran particularmente. Manolita está desaparecida.

* Elías Carranza. Manifestó que el Cady secuestraba y torturaba, que se paseaba muy cómodo con los torturadores.

* Estela Hernández. Recordó que Chomicki se manejaba libremente. Por boca de Marisol Pérez conoció la responsabilidad que le cupo a Chomicki en su secuestro. Marisol había caído en una cita en un bar, el único en condiciones de reconocerla era Chomicki y así lo había hecho. Nilda Folch apreció vistiendo la ropa de Marisol y el Cadi Chomicki usaba su bolso.

* María del Carmen Sillato. Lo ubica entre los represores ya que reitera que él se movía con total libertad.

* Elba Juana Ferraro de Bettanin. Cuenta cómo después de ser atormentada recala junto a Alberto Tion, quien había sido torturado con picana, le advirtieron que no podía tomar agua. Pese a ello, Chomicki le acercó un sifón de soda. Después de beberla, Tion murió inmediatamente.

* Ana Moro. Relató la tortura a un chico cordobés al que el Cady amenazaba con reventarle el ojo con una birome. "Nosotros estamos empeñados en la lucha contra la subversión", dijo Chomicki.

* Juan Carlos Cheroni. "Mi hermano me dijo que a él lo torturaron Lofiego y Chomicki. Era ’vox populi’ que Chomicki participaba en las sesiones de tortura y en los interrogatorios, al conocer a los militantes sabía bien qué preguntar".

* Marcos Olivera. Relató que mientras la Polaca Folch le tiraba agua el Cady lo picaneaba.

Adrián Sánchez. Dijo que Chomicki lo instó a colaborar, que era quien más lo interrogaba, que lo golpeaba en los testículos y lo picaneaba.

* Mirta Castellini. Lo ubica como uno de sus captores al momento mismo de su secuestro. También declara haber sido torturada por Chomicki.
31 de agosto de 2011
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atrapan a policía neonazi


Detuvieron a dos miembros de un grupo nazi, entre ellos un efectivo de la fuerza porteña. La Policía Federal desbarató un grupo nazi que adoctrinaba adolescentes. Uno de los detenidos es efectivo de la policía porteña.
Argentina. Dos miembros de una organización nazi que se dedicaba a adoctrinar jóvenes en prácticas antisemitas fueron detenidos ayer en la capital cordobesa y en la ciudad bonaerense de Ituzaingo, como resultado de una investigación que llevaba adelante la Policía Federal. Uno de los apresados resultó ser un miembro de la Policía Metropolitana, que al parecer militaba como skinhead. Enterado de la detención, el gobierno porteño puso en disponibilidad al efectivo.
Los procedimientos se efectuaron en forma simultánea en viviendas de Córdoba, Ituzaingo y en otra del sur del Gran Buenos Aires, en las que se secuestraron documentos y computadoras como pruebas. La acción policial fue el corolario de una investigación que desde hace un año efectúa la Unidad de Investigación de Conductas Discriminatorias de la Policía Federal.
"Esta organización, llamada Alba Thulle, se dedicaba a reclutar jóvenes de entre 15 y 17 años a través de Internet para introducirlos en la doctrina de la superioridad de raza, la xenofobia y el antisemitismo", explicó el subcomisario Daniel Pérez, titular de esa unidad. El jefe policial relató que la investigación se inició a raíz del dato que un particular acercó a la entidad judía DAIA, que a su vez la elevó al juzgado federal 3 de Morón, donde se ordenó el inicio de las actuaciones.
Pérez resaltó que el detenido en Córdoba es el cabecilla de la organización y aseguró que "estamos investigando a otros miembros y no descartamos que esta célula tenga contactos con otras situadas en el extranjero". Aseguró además que entre los documentos secuestrados se halla abundante bibliografía, discos compactos, computadores con mucha información sobre el Tercer Reich proclamado en la Alemania nazi y libros de esoterismo y misticismo. Pérez manifestó que esta organización "trabajaba para adoctrinar a estos chicos que lamentablemente terminaban conmovidos por el régimen nazi".
"Lo que nos sorprendió fueron algunos elementos encontrados. En la vivienda de Ituzaingo se hallaron manoplas, cuchillos, bastones extensibles de metal, dos matafuegos unidos con cinta adhesiva y un equipo de comunicación tipo handy unido por un cable, lo cual no configuraba un explosivo, pero servía para la intimidación." Pérez manifestó además que en este grupo "había distintos niveles y los integrantes tenían que escalar para llegar a los lugares más altos".
Enterado de que esas detenciones incluían a un miembro de la policía de la ciudad de Buenos Aires, el ministro de Justicia y Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, dispuso el pase a disponibilidad del oficial. El efectivo quedará a disposición de la Justicia y, en caso de corroborarse las acusaciones, será desplazado definitivamente de la fuerza, informó el ministerio.
El metropolitano detenido es Gabriel Sobenko, tiene 21 años y está en esa fuerza desde septiembre de 2009. Según se sospecha, es un skinhead cuya función sería enviar mails indicando dónde y cuándo se realizaban las reuniones del grupo neonazi. Montenegro emitió un comunicado para decir que "el ministro quiere dejar en claro que esta conducta, por más individual que haya resultado, contradice el espíritu humanista de la formación policial, que se imparte en el Instituto Superior de Seguridad Pública, basada en el respeto a los derechos humanos y las garantías constitucionales". "Tanto el plan de estudios como las actividades extracurriculares, por ejemplo las que se desarrollan con la organización Museo del Holocausto, son clara expresión de este objetivo", indicó.
31 de agosto de 2011
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los crímenes en el chalet


Comienza el juicio por delitos de lesa humanidad en el Hospital Posadas. El proceso reconstruirá los casos de 21 víctimas, seis desaparecidas. Son acusados Bignone y los dos únicos sobrevivientes de una patota parapolicial.
[Alejandra Dandan] Argentina. La mayor parte de los responsables de la cadena de mandos de los crímenes cometidos en el Hospital Posadas murió sin condena. Es el caso del coronel médico Julio Esteves o de Juan Máximo Coptelesa, hombre de Inteligencia y de la patota parapolicial, emblemático por su sadismo, que murió en julio pasado. La lista suma además al primer interventor del hospital, el coronel Abatino di Benedetto, que está eximido por insania. En esas condiciones, de todos modos, comenzará el primer tramo del juicio oral por los delitos de lesa humanidad perpetrados en el Posadas durante la dictadura. Un juicio que para los familiares y sobrevivientes es histórico, porque esperan reconstruir su funcionamiento y el del centro clandestino. El juicio volverá a sentar en el banco de los acusados al dictador Reynaldo Bignone. "Nos hubiese encantado y teníamos todo para que se los juzgara antes", dice a Página/12 Zulema Chester, hija de Jacobo Chester, una de las víctimas. "A diferencia de otros procesos, tuvimos establecida la cadena de represión desde el ’84, pero esta estafa de la Justicia que tantas veces retrasó el juicio hizo que muchos de ellos murieran sin condenas."
Quizá ésa sea una de las características del juicio que, después de ser postergado una vez, tiene fecha de inicio el 21 de septiembre: como la patota actuó a cara descubierta desde el hospital, la mayoría de los autores directos de los crímenes pudo ser identificada. Con Bignone, serán juzgados Hipólito Rafael Mariani, Luis Muiña y Argentino Ríos, los únicos dos sobrevivientes de la patota parapolicial que se organizó bajo el nombre de Swat, integrada por unas diez personas, la mayor parte policías exonerados de la fuerza. El juicio estará a cargo del Tribunal Oral Federal 2, integrado hasta ahora por Jorge Alberto Tassara, María Garrigos de Rébori y Pablo Bertuzzi. Hay previstos unos 70 testigos en un debate que se calcula durará tres meses.
El Posadas, que estuvo bajo jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército y en junio de 1976 quedó en la órbita de la Fuerza Aérea, cobijó un centro clandestino. El Chalet funcionó en la antigua casa del director del hospital. La causa judicial articula responsabilidades no sólo del Ejército y la Fuerza Aérea, también de la Marina. En el juicio se reconstruirán los casos de 21 víctimas, seis de las cuales permanecen desaparecidas. Las imputaciones incluyen privación ilegal de la libertad y tormentos, pero no hay imputaciones por homicidios. Los fiscales –Javier de Luca y Guillermo Silva– tendrán el desafío de poder probar al menos dos de ellos: el caso del padre de Zulema, Jacobo Chester, y el de Jorge Roitman, pese a la ausencia de cuerpos.

Los Casos
La historia represiva del Posadas está dividida en dos. La primera etapa comenzó el 28 de marzo de 1976 con la intervención de Di Benedetto, más tarde trasladado a la dirección del Hospital Militar de Campo de Mayo. La segunda etapa comenzó con Esteves, fue la más cruda de la represión y se profundizó en noviembre de 1976, cuando se supone que empezó a funcionar El Chalet como centro clandestino.
En el primer momento no hubo desaparecidos. Los detenidos eran trabajadores del hospital que pasaron por Coordinación Federal y entraron en el proceso de blanqueo en las cárceles de Olmos y Devoto. Ese período también tuvo dos momentos. El primero abarca los días 28 y 29 de marzo cuando Bignone interviene el Posadas como delegado de la Junta del Ministerio de Bienestar Social, un cargo que la Marina asume días después. Dentro del segundo momento, el período más oscuro se abrió cuando Esteves empieza a reclutar a la patota para organizar grupos armados que acelera las persecuciones en noviembre. "Esteves organiza la custodia con un grupo armado para defender el hospital de posibles actos subversivos", dice Zulema. "Secuestran a ocho trabajadores en el hospital y a otros tres que detuvieron en sus casas o en otras instituciones." La selección de mano de obra la hizo Esteves desde el hospital, dice en este caso Silva. "Reincorpora despedidos y suma a Argentino Ríos, que hasta ese momento trabajaba en seguridad desde la portería." El grupo Swat existió hasta enero del 1977, cuando dejó de actuar aparentemente por un enfrentamiento con la Fuerza Aérea. Los integrantes quedaron detenidos en la Base Aérea de El Palomar. Esteves los rescata y luego renuncia. Según los testimonios que se escucharán durante el juicio, actuaron en coordinación con la Fuerza Aérea e integraron las patotas que secuestraron a las víctimas.
Jacobo Chester era técnico en estadísticas y secretario administrativo de la Guardia del Posadas cada fin de semana. Lo secuestraron el 27 de noviembre de 1976. No tenía militancia orgánica, pero a partir del golpe de Estado se sumó a quienes empezaron a organizarse. "No estaban agremiados –dice Zulema–, pero se dieron una organización espontánea para acercarse a las casas de las familias, intentaban armar alguna colecta para llevarles dinero. Todos reconocimos que en los secuestros participó gente que trabajaba en el hospital." Esa comisión hacía reclamos, denunció malos tratos del grupo parapolicial a pacientes y profesionales. Hubo cruces y enfrentamientos directos entre algunas de las víctimas y miembros de la patota, lo que habilita ahora la hipótesis de que muchas de esas desapariciones corrieron por cuenta de Esteves y su grupo, que con cierta autonomía buscaban venganza.
Jacobo al parecer estuvo secuestrado en El Chalet. Su cuerpo apareció flotando en el Río de la Plata el 2 de diciembre, cinco días después del secuestro. La familia no lo supo hasta 1977, cuando recibió un certificado de defunción. Primero como NN y luego una autopsia ordenada por el ex juez de la dictadura Lucio Somoza estableció su identidad. "Certificó que el cuerpo era de mi papá, pero nunca nos dieron el cuerpo. Nos dieron el número de una tumba en Chacarita donde había varios cuerpos, una especie de fosa común, pero nunca nos permitieron abrirla ni recuperarlo. Cuando en democracia fuimos a rescatar algo al osario común, no había ya dónde hacerlo."
La misma noche de la caída de Jacobo, cayó otra empleada del hospital y luego se produjeron las otras desapariciones hasta enero. Como el cuerpo de Jacobo no apareció, la causa llegó sin la imputación por su homicidio. La fiscalía recurrirá ahora a los certificados y a la autopsia y a los testigos para poder incorporarla. Lo mismo sucederá en el caso de Roitman, de cuyo asesinato dan cuenta otros testigos.
30 de agosto de 2011
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otras causas en san nicolás


Militares asesinaron a Omar Darío Amestoy y a su esposa María del Carmen Fettolini. También a sus hijos María Eugenia de cinco años, Fernando de tres, y el bebé de Ana María, de cinco meses.
Argentina. El juez federal de San Nicolás Carlos Villafuerte Ruzo elevó a juicio oral seis nuevas causas por crímenes de lesa humanidad, en las que se investigan varios hechos secuestros, torturas y homicidios ocurridos entre los años 1976 y 1977, en aquella ciudad y en San Pedro, que serán substanciados en los tribunales rosarinos. En el mismos sentido, otra causa de la misma jurisdicción fue reprogramada por el Tribunal oral Federal Nº 2: el debate estaba previsto que comience el 29 de agosto, pero fue postergado debido a que el tribunal encabeza otro juicio por delitos de lesa humanidad que aún no termina.
"En el marco de una serie de investigaciones que se vienen llevando adelante ante el Juzgado Federal Nº 2 de San Nicolás -por secretaría del Dr. Cristián Lassalle-, el juez federal Carlos Villafuerte Ruzo ordenó la elevación a juicio oral y público del tramo de las causas denominadas ’Ocariz’, ’Zuelgaray’, ’Schiel’, ’Peris’, ’Montalvo’ y ’Acosta’, en las cuales se responsabiliza al por entonces Jefe del Batallón de San Nicolás, hoy coronel (r) Manuel Fernando Saint Amant.
Estas investigaciones vienen a sumarse a las otras cuatro causas que ya fueron elevadas por Villafuerte Ruzo, una de las cuales ya tiene fecha de audiencia de debate fijada por el Tribunal Oral Federal Nº 2 de Rosario para el 27 de febrero del 2012.
Se trata de la denominada causa ’Masacre de calle J. B. Justo’, donde se investigan la privación ilegitima de la libertad, tormentos y homicidios de cinco personas ocurridos en noviembre de 1976 en San Nicolás y por el cual serán juzgados el mencionado Saint Amant, el ex Jefe de Operaciones mayor Antonio Federico Bossie y el ex comisario general Jorge Muñoz".
El 19 de noviembre de 1976, unos 40 militares llegaron a la casa ubicada en Juan B. Justo al 600, la rodearon y comenzaron a lanzar granadas y gases lacrimógenos. Ingresaron a la vivienda y desataron una balacera. En el lugar se encontraban Omar Darío Amestoy, su esposa María del Carmen Fettolini, sus hijos María Eugenia de 5 años y Fernando de tres. También estaba Ana María, la esposa de Gastón Gonçlaves y su bebé Manuel de cinco meses, quien fue el único sobreviviente de este trágico hecho.
Tras el secuestro de Gastón Gonçalvez, Ana María, con cinco meses de embarazo, se refugió en la localidad de San Nicolás en la casa de la familia Amestoy. El único sobreviviente de la Masacre, el nieto recuperado Manuel Gonçalves Granada, hijo de Ana María, dio inicio a la causa luego de la caída de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y es uno de los querellantes en el juicio oral. El debate comenzará al término del juicio al ex comisario Luis Patti por el asesinato de su padre, Gastón Gonçalvez. El día del ataque, Ana María, alcanzó a envolver a Manuel en unas frazadas para que no lleguen a él los gases lacrimógenos y a esconderlo en un ropero. Eso le salvó la vida.
Por orden del coronel Saint Amant, Manuel fue trasladado al Hospital San Felipe y a través de un juez de menores de San Nicolás, fue dado en adopción a una pareja en febrero de 1977.
29 de agosto de 2011
28 de agosto de 2011
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la estrategia de acusar a los muertos


Lo que dicen los acusados por el robo de los bebés de Raquel Negro en el año 1978. Los represores que declararon en el inicio del juicio que se desarrolla en Paraná, deslindaron sus responsabilidades y cargaron las culpas contra médicos y un agente de inteligencia del Ejército que ya están fallecidos.
[Juan Cruz Varela] Paraná, Argentina. Los que no están no pueden defenderse. Apunten contra los muertos. Esa fue la premisa de los imputados en la primera semana del juicio por el robo de los bebés que dio a luz Raquel Negro en el Hospital Militar de Paraná en marzo de 1978. Quienes aceptaron prestar declaración indagatoria apelaron a una estrategia común y, por qué no, cobarde: Pascual Oscar Guerrieri, Juan Daniel Amelong y Juan Antonio Zaccaría deslindaron responsabilidades en los muertos, sean estos militares o médicos. Zaccaría era jefe de terapia intensiva del Hospital Militar en 1978. En unos pocos minutos destrozó la estrategia que acababa de plantear su abogado defensor. Humberto Franchi solicitó la suspensión del proceso en su contra y se esmeró en hacerlo pasar por inimputable. Pero el médico anestesista contó con detalles el paso de Raquel Negro y sus hijos por el nosocomio paranaense y en varios tramos de su declaración dejó entrever también que pudieron haberse producido otros partos de mujeres secuestradas, lo que avalaría la hipótesis de que allí funcionó una maternidad clandestina.
Zaccaría dijo no recordar los nombres de quienes trabajaban en el Hospital Militar. No obstante, mencionó como probables responsables de la internación y el parto a los ginecólogos Jorge Cantaberta y Miguel Bottero Brollo y dijo que cumplía órdenes de sus superiores, que serían los tenientes coroneles médicos Luis Levín y Marcelo Jesús Beret, director y subdirector del Hospital Militar en 1978. Todos están fallecidos.
Sin embargo, pocos minutos tardó Zaccaría en soltarse y comenzar a recordar. A partir de preguntas que le formulara el fiscal José Ignacio Candioti, admitió la presencia de los bebés en una sala de terapia intensiva de adultos, pero aseguró que "los pusieron ahí y después los sacaron, cuando di la novedad a la superioridad, los hicieron desaparecer, los llevaron a otra parte". Más adelante insistió: "Yo no tenía nada que ver, a los chicos me los metieron de prepo en la sala de terapia intensiva".
De todas maneras, Zaccaría precisó que "la nena estaba bien, pero el varoncito estaba más o menos, tirando a mal; y la madre quedó en terapia, pero estaba sana". Más aún, el médico admitió, por primera vez, haberse entrevistado con Raquel Negro: "La vi cinco minutos, fue una charla parcial, superficial. Ella estaba acostada, pero tenía buen aspecto", aseguró. En ese marco, señaló que todo el procedimiento fue "irregular" y que Raquel Negro y los mellizos "estaban internados en forma ilegal, no correcta, en una palabra".
Pascual Óscar Guerrieri, en tanto, dio un testimonio casi de manual, en el que reivindicó la represión ilegal y negó cualquier vinculación con el operativo para el secuestro y sustitución de identidad de los mellizos. "Quiero hacer esta declaración con respeto hacia los que no están, tanto de la parte de ellos como de la parte de nosotros", dijo ante el tribunal. "Aspiro a un juicio justo. La otra parte no está, está desaparecida. Existimos solo nosotros, cuando no fue así", añadió mirando de reojo a los abogados querellantes.
El jefe de la patota apeló a una consigna de los organismos de derechos humanos al reconocerse un "ferviente admirador" del nunca más y cuestionó que se los tilde de represores o integrantes de una patota y volvió al remanido latiguillo de la guerra contra la subversión para referirse a los crímenes de lesa humanidad.
En su caso, intentó despegarse de las acusaciones en virtud de que en la cadena de mando tenía por encina suyo a los (casualmente) fallecidos Leopoldo Fortunato Galtieri, Luciano Adolfo Jáuregui y Alcides Juvenal Pozzi. Anotando en una pizarra que luego mostró al tribunal, intentó explicar cómo funcionaba la estructura del Segundo Cuerpo de Ejército y deslindar su responsabilidad argumentando que los hechos habían ocurrido en jurisdicción del Destacamento de Inteligencia 122, con sede en Santa Fe.
Así, pretendió cargar las tintas contra Paúl Alberto Navone, el mayor del Ejército que dependía de ese destacamento y apareció muerto el 25 de febrero de 2008, con un balazo en la cabeza, en un hotel de la Fuerza Aérea en la localidad cordobesa de Ascochinga, el mismo día en que debía presentarse a declarar como imputado en esta causa. Guerrieri fue más allá y aseveró que "Raquel Negro fue llevada a Paraná y Navone la ejecutó y se quedó con sus hijos".
Luego, Juan Daniel Amelong intentó una estrategia similar a la que sumó la "animosidad evidente" de Eduardo Costanzo, el represor que ha venido dando detalles acerca de cómo funcionaba la patota, y pidió al tribunal que ordene un cruce de llamadas entre los teléfonos que utilizaban Costanzo y Navone y que se remitan libros de guardia y visitas para determinar la frecuencia con que ambos se veían.
29 de agosto de 2011
28 de agosto de 2011
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una victoria para marta


La ceremonia de despedida de Marta Taboada, militante y abogada desaparecida en 1976.
[Alejandra Dandan] Argentina. Los restos de la mujer, identificados por el EAAF, fueron enterrados en Moreno, donde ella había sido secuestrada. Antes se colocaron baldosas en homenaje a ella y a otros dos desaparecidos. Un cajón multicolor, música y el recuerdo de sus familiares y amigos.

Marta Taboada revolea la melena y encara a una patrulla del Ejército. Su cartera cerrada con panfletos. La imagen vuelta al presente en el habla de uno de sus antiguos compañeros del Frente Revolucionario 17 de Octubre, hoy secretario de Estado. La puerta de la casa vieja donde vivió con sus hijos. La calle de un barrio de Moreno. Un pibe que se da cuenta de que uno de los que está entre los muchos que están ahí, frente a esa casa, que son muchos, puede terminar de contarle de un operativo en el que participó su padre desaparecido. Una carretilla vestida con la bandera argentina. El cajón. La urna con los restos de huesos de Marta Taboada. Unos barquitos de papel de su bisnieto que nadan sobre la pequeña urna de colores entre una estampita de una María Auxiliadora del ’77. La hoz a pocos centímetros de la estrella guevarista. El pelo de la Evita guerrillera. Otra vez el cajón. Y su hija, Marta Dillon –compañera de Página/12–, que con sus hermanos Andrés, Juan y Santiago esperan ante esa casa colocar tres baldosas para ella y otros dos compañeros. "No voy decir mucho", dijo Marta Dillon cuando empezó. "Hay momentos que se parecen mucho a esa victoria que nombramos siempre, creo que este momento en que estamos juntos se parece mucho a La Victoria. Que todavía falta un montón, falta saber quién disparó, quién cargó los cuerpos en esa esquina de Ciudadela, quién firmó las partidas de defunción como NN con datos falsos. Un montón, pero estamos trabajando para eso."
Frente a la puerta de la casa de la calle Joly, a unas cuadras del centro de Moreno, se reunieron los hijos de Marta Taboada, de Juan Carlos Arroyo, "El Negro" y de Gladys Porcel de Puggioni para marcar las veredas. Los tres militantes del FR17 de Octubre desaparecieron el 28 de octubre de 1976. Los huesos de Marta Taboada, recuperados por el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, siguieron silenciosamente esa primera parte de una ceremonia religiosamente política antes de volver a un auto para encabezar, como en todos los funerales, la caravana al cementerio. Estaban quienes tenían que estar. Eduardo Luis Duhalde negándose la condición de funcionario para quedarse ahí con su mujer, a estarse al lado de esa que fue su compañera de militancia, la apoderada de sus peores momentos de clandestinidad. La mujer que en medio de la dictadura se calzó un auto para sacar del país a "Martita" pero también al hijo más chico del secretario de Derechos Humanos. La mujer que alguna vez, ante una patrulla del Ejército, sacudió la melena y le preguntó a uno de los militares si quería revisar su cartera. El hombre dijo que no, que no hacía falta, aunque ella tenía la cartera llena de panfletos. "No tenía límites en esa entrega", dijo Duhalde, micrófono en mano, poco después, cuando recordó que la vio por última vez un mes antes de su propio exilio y le pidió "encarecidamente que se cuidara", porque tenía "más solidaridad que buen tino", con "un corazón tan inmenso que superaba a muchos militantes de la época".
Los funerales adquirieron la lógica de las manifestaciones políticas. Comenzaron en pleno centro de Moreno, ante la municipalidad. Un espacio ocupado con los resultados de una reconstrucción reciente de las vidas de los desaparecidos políticos locales. Con fotos que estuvieron enterradas durante la dictadura. Imágenes de las asambleas obreras de Grafa. Paneles de los desaparecidos de Moreno zona norte. Paneles que nombran ahora a quienes hasta hace poco permanecían sin identidad, en un lugar donde el trabajo de la Secretaría de Derechos Humanos local y de los sobrevivientes logró entender que no fueron 38 personas como se creía sino más de 100. Matrimonios. Embarazadas. Desaparecidos de Paso del Rey. De Moreno sur y La Reja. De Trujui y Cuartel V. Imágenes del Mundial 1978. Los centros clandestinos. Los Trabajadores de Educación y Cultura entre los que estaba el escritor Domingo Osvaldo Balbi o Marta Taboada, docente y abogada.
Protegida por la bandera negra de HIJOS en la primera línea, la carretilla con el cuerpo de Marta avanzó por las calles del centro. Ella, que en la urna era "mamá, abuela, bisabuela, amante", iba adelante seguida por banderas de La Cámpora Moreno; la agrupación John W. Cooke. Lila Pastoriza, Eduardo Jozami, Graciela Daleo, Judith Said. Lohana Berkins y Marlene Wayar, militantes de esa diversidad sexual a las que Marta Dillon les agradeció especialmente la presencia. Carlitos y Camilo de HIJOS a quien la hija de Marta Taboada nombró como "hermanos y hermanas que me cambiaron la vida". Nora Cortiñas. Lita Boitano. Gastón Concalves. Juana Muniz Barreto. Los hijos de Paco Urondo. Otros. Muchos. Abertina Carri, la compañera de Marta.
El "todo guardado en la memoria" de León Gieco se escuchó más fuerte. Frente a la vieja casa transformada en Jardín de Infantes, Raquel Robles de HIJOS sostuvo el micrófono en las manos como sosteniendo casi sin lágrimas lo que sucedía alrededor. Leyó adhesiones y volvió a leer más porque dijo que habían esperado más de treinta años para ese momento. "Marta creyó hasta el final que valía la pena dar la vida", se oyó de alguna de ellas. "Tenemos que tener bien claro que la Justicia llega un poco lerda pero llega", decía en un mensaje la madre del Negrito Floreal Avellaneda. Los HIJOS de Bahía Blanca mandaron "un cálido abrazo hermanador". Y el Colectivo Militante de Moreno habló de utopías que siguen latiendo.
En la puerta, el hijo de Gladys de Puggioni tomó la palabra. Tupac Vladimir Puggioni vivió en esa casa a los 4 o 5 años. Ahora dirigente de los Descamisados de Salta, hermano de alguien llamado Fidel Cristo y nieto de una abuela que con cada golpe de Estado corría a la plaza del pueblo para retirar y esconder un busto de Eva. "Eran unos jóvenes y estamos poniendo placas a esos jóvenes", dijo. Nombró a Néstor Kirchner. Todo el mundo aplaudió. Tupac dijo que hay miles de cosas que faltan, que lo sabemos y dijo también que "esta juventud que hay acá entierra a estos jóvenes". También dijo "hasta la victoria siempre". Y luego el nombre de sus asesinados. Detrás de los cuales esos muchos decían –decíamos– ahora y siempre.
Habló "El Indio" Domiciano Rivero. Campesino, obrero, hombre que pasó a la semiclandestinidad en mayo de 1978 y quien pasó los siguientes seis años en el exilio de Brasil porque quedarse en América latina le permitía, dijo, vivir de algún modo el mismo proceso. "Hace años no pensábamos que ni la mitad de lo que hay hoy iba a ser posible", explicó. "Y es bueno ver que creo que se hubiese divertido mucho La Negra con lo de hoy". Alentado de algún modo por esa voz de los HIJOS que les pedían a los viejos compañeros de militancia hablar de la vida de sus desaparecidos, El Indio se puso a contar algunas anécdotas. Que Marta tenía muchos ovarios. Que alguna vez lo cargó en un Citröen destartalado para llevarlo al teatro mientras estaban clandestinos. Que era la primera obra de teatro que él veía en su vida. Que le dijo que le gustó, pero no entendió ni medio a los actores. "Me cuesta mucho todo esto –dijo en un momento– porque el dolor nos sigue cruzando, sin flaquezas, pero nos sigue cruzando." Y recordó que Marta Dillon hace tiempo se preguntaba si era cierto aquello que se dice de su madre, que era audaz, que era sensual. "Y sí que lo era", dijo él. Porque alguna vez, esa mujer, en el ’76, "cuando ya nos asesinaban, mientras charlábamos cómo hacer, si salir o no, y mientras nos iba sacando a patadas el Ejército", le dijo: "Negro: no sotros somos la contención". "Es decir –replicó él–: estaba dispuesta a dejarse la vida."
Marta habló en ese momento. También Camilo, de HIJOS. Dijo que ese cuerpo también era una parte de "nuestros queridos viejos". Tomó la palabra Duhalde y dijo que era un día de "dolorosa alegría con aires de victoria porque rescatamos a Marta de las tinieblas y de aquello que Videla decía de que los desaparecidos son eso, desaparecidos, no están". Miguel Fernández, secretario de Derechos Humanos de Moreno, se nombró como sobreviviente. Habló de la necesidad de empezar a contar las historias. Como datos, como herencia. Un alumno de Marta Taboada estaba entre los que se habían acercado. Ella estaba ahí, ahora en la urna.
El vía crucis siguió camino al cementerio de Moreno por la Ruta 7, su ruta, santuarios del Gauchito Gil, los recreos sindicales. Adentro, esperaba el padre Luis entre las banderas brillantes sobre el fondo del cielo de cenizas. El padre Luis, un cura, pero un cura raro. Ahí estaba hablando de darse la mano y de cantar la misma canción que Mugica y Angelelli cantaban en sus misas. El cajoncito ahora estaba en medio del pasto. Se oían palabras de Jesús subversivo y de liberación. En la ronda, hablaron Nora Cortiñas y Lita Boitano. Hablaron de las cosas pendientes, de la edad, de las Madres. De lo que después de ellas quedará por hacer con aquellos que todavía no se encontraron. La hermana de Marta Taboada habló luego de que lo hicieran Andrés, Santiago y Juan como pudieron, con las tripas en el alma. El agua bendita pasó de mano en mano y cada quien pudo echar algunas lágrimas benditas sobre el cajón de esa madre.
Se oyó otra vez Marta Taboada, presente. Ahora y siempre. Todo el mundo caminó entonces hacia el lugar final, la bóveda de los Taboada donde los restos de Marta, sus huesos, quedaron bien acomodados al lado de los de su padre. Marta Dillon colocó algo más, tal vez un vaso. Los barquitos de papel dejaron de verse, cerrados por una tapa, finalmente. Una cuchillada de amor, quién dijo que todo está perdido, tanta sangre que se llevó el río, pecho, siempre, sacar el alma, iba sonando una canción.
29 de agosto de 2011
28 de agosto de 2011
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graciela alfano pide perdón


"No tuve nada con él".
Argentina. "Quizá fue un coqueteo erróneo, poniendo livianamente el tema. Me arrepiento, y ahora lo digo en cámara: yo no tuve nada que ver con ese señor. ¿Queda claro?" Con esas palabras respondió la actriz Graciela Alfano en un programa de televisión cuando le insistieron: "¿Por qué no negaste tu vinculación con (Emilio) Massera en el momento en el que te lo preguntaron?". Mirando a cámara y con una expresión de seriedad, la vedette pidió disculpas por sus declaraciones sobre la desaparición sistemática de personas implementada por la última dictadura militar: "Si hablé con alguna liviandad sobre el tema fue porque vino de un programa de chimentos, y decidí hablar así para pasarlo por arriba, porque es un tema demasiado grave. Pero, bueno, la estrategia fracasó. Me hago cargo, y ofrezco mis disculpas públicas". Horas antes había pedido disculpas desde su cuenta de Twitter, @alfanograce: "Me disculpo por haberme expresado con frivolidad respecto de un tema grave para nuestra sociedad".
En el mismo programa, la actriz negó haber tenido una vinculación afectiva con el represor Emilio Massera durante el gobierno militar: "Con el señor Massera no tuve ninguna relación, ni de amistad, ni de ninguna otra naturaleza, más que un apretón de manos en el Teatro Colón un 9 de Julio". Con respecto al pedido de investigación del fiscal federal Luis Comparatore, Alfano afirmó que se presentará "espontáneamente" ante la Justicia, dado que aún no recibió una citación oficial. "No tengo gastos, ni cuentas, ni cosas en el colchón. No tengo testaferros. ¡No tengo nada!", agregó.
"No creo que (Alfano) se acuerde de mí, pero tampoco creo que haya olvidado lo que me dijo ese día", aseguró más tarde la hija del bailarín El Chúcaro. Elsa Ayala sostiene que Alfano se encontraba junto a Massera cuando, en 1976, ella fue a hablar con el dictador para dar con el paradero de su esposo, que se encontraba secuestrado.
26 de agosto de 2011
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voces de las víctimas


Testimonios de quienes denunciaron el rol del juez durante la dictadura. "Después de visitarme en la celda, Romano le dijo a Miret que yo era una delincuente subversiva", cuenta Luz Faingold, que fue detenida en 1975. La denuncia de Fernando Rule ante el Consejo de la Magistratura que permitió la aparición de otros testimonios.
[Irina Hauser] Argentina. Fernando Rule tiene una barba gris muy tupida y anteojos pequeños, ovalados. Estuvo siete años detenido desde febrero de 1976 en el D2 (el centro de detención del Departamento de Policía de Mendoza), en la cárcel provincial, la U9 de La Plata y en Caseros. Sufrió torturas, vio morir a varios amigos y presenció la violencia sexual a su propia compañera a pocas celdas de la suya. Cuenta que hace algunos años, reunido con el abogado de derechos humanos Pablo Salinas, intentaban descifrar qué pasaba en Mendoza que no lograban que avanzaran los juicios por los crímenes de la última dictadura, que todo se dilataba y hasta los represores salían libres. Le dieron vueltas al tema, hasta que cayeron en la cuenta de que "la clave estaba en la Cámara Federal", dice. "Los mismos jueces de ese tribunal que ponían escollos para avanzar habían sido jueces o fiscales durante el terrorismo de Estado. Es más, vimos que Luis Miret defendía como profesor de Etica en la Universidad de Cuyo a la dictadura porque había puesto orden; Miret había sido juez antes de camarista, Otilio Romano, su fiscal", cuenta. Fue así como se convirtió en el primero en denunciarlos junto con David Blanco, quien falleció, ante el Consejo de la Magistratura.
Miret fue destituido en marzo último por el jurado de enjuiciamiento, por haber omitido investigar denuncias de torturas y secuestros. Romano fue suspendido por las mismas razones, y por más hechos todavía. A Rule aún le parece increíble haber estado preso en calabozos del palacio policial cuyo diseño había seguido de cerca, ya que era técnico en electrónica y proyectaba las comunicaciones de los edificios públicos. No recuerda haberse cruzado personalmente con Romano o Miret, aunque sí que este último, quien actuó como su defensor oficial, les dijo a sus padres: "Si su hijo atentó contra el Estado, tenga en cuenta que a mí me paga el Estado". La denuncia de este ex detenido dio pie a la aparición de otros testimonios que fueron ayudando a reconstruir el papel que estos funcionarios del Poder Judicial tuvieron ya desde 1975, cuando aplicaban la llamada "ley antisubversiva".
Invocando esa norma fue como detuvieron a Luz Faingold, en 1975, cuando militaba en la escuela secundaria, en la Organización Revolucionaria Poder Obrero y era delegada de su curso, en quinto año. Luz, de pelo lacio y ojos color miel, era menor de edad, tenía 17 años, pero la mandaron al D2, una cárcel de adultos, donde estuvo una semana. Un día –le cuenta a Página/12–, alguien abrió la puerta de su celda. "Pensé que venían a buscarme, para irme a casa. Vi un hombre con aspecto de abogado", repasa, junto a su hija.

–¿Me voy? –preguntó Luz, ilusionada. El hombre hizo un "no" con la cabeza.

"Nunca supe quién era verdaderamente ese señor –dice Luz–, hasta hace un tiempo, cuando vi en los diarios de Mendoza una foto de Romano que había salido a festejar con champán en un restaurante con otro camarista, Julio Petra Fernández, que habían apartado al juez que lo había llamado a indagatoria por crímenes de lesa humanidad. Hasta ese día, la única foto que circulaba de Romano no se parecía a la imagen que yo recordaba. Esta sí." Durante su cautiverio, Luz sufrió ataques sexuales que incluso eran oídos desde otros calabozos. En uno de ellos estaba su pareja, quien denunció lo que sucedía, además de las torturas a otros detenidos. Ni el fiscal Romano ni el juez Miret, dice Luz, investigaron nada. "Después de visitarme en la celda, Romano le dijo a Miret que yo era una delincuente subversiva y que desaconsejaba la restitución a mis padres, que me buscaban. Estuve en un hogar de niños por tres semanas, hasta que pude volver a casa", cuenta.
Luis Toledo también fue detenido en Mendoza a los 18 años, cuando militaba en la Juventud Peronista. Su primera parada fue también el D2, donde un suboficial que le fue a tomar los datos le leyó lo que le imputaban: "Delincuente subversivo sin Dios y sin Patria, al servicio de la sinarquía internacional y en contra de la Iglesia Católica y el Ejército Argentino". Lo conoció a Romano, cuenta a este diario, pero no fue en Mendoza, sino mucho más lejos, en la U9 de La Plata, donde lo trasladaron. "Primero vinieron a verme unos tipos, que me querían hacer firmar unos papeles. Con el tiempo entendí que eran para armarme una causa, pero en ese momento estaba muy golpeado y no tenía claridad para pensar. Después aparecí en un expediente con otras tres personas sobre un allanamiento a una casa donde habían encontrado cientos de panfletos. Luego apareció Romano, que me pidió el nombre, me informó de la causa y preguntó si tenía algo que decir. Dijo que si firmaba un arrepentimiento tendría una condena menor. Para esto me sacaban de la celda, me llevaban a otro lugar dentro del mismo centro. Más adelante me vino a tomar declaración el juez Gabriel Guzzo. Cuando me están llevando a una oficina, me cruzo con Romano otra vez", repasa Luis, con mezcla de acento norteamericano, producto de haberse exiliado a Washington cuando recuperó la libertad. Allí terminó el secundario, estudió sociología y construyó su vida hasta hace dos meses, cuando volvió a la Argentina.
Eugenio Pais, quien también estuvo ayer en la audiencia en el Consejo de la Magistratura, es otra de las víctimas que se sumaron a las denuncias contra los camaristas por no haber investigado ni su secuestro, en el D2, ni el de sus compañeros. Angela Urondo pudo reconstruir que estuvo al menos una noche en el D2 con apenas un año (luego la llevaron a Casa Cuna), mientras mataban a su papá, el escritor Paco Urondo, y desaparecían a su mamá, Angela Raboy. "¿Cómo es que nadie investigó mi paso por ahí?", se pregunta.
26 de agosto de 2011
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