Blogia
mQh

argentina

agilizar los juicios contra represores


[Irina Hauser] Informe de la procuración sobre las causas por crímenes de la última dictadura.
Buenos Aires, Argentina. Retrasos, jueces que se excusan, presos vip y testigos que buscan protección especial son algunos de los problemas que enfrentan los expedientes contra represores. La Procuración los estudió y propuso a la Corte medidas para solucionarlos.
Un empujoncito, una propuesta de cooperación, un pedido de socorro, un sacudón. De todas esas formas se puede leer el documento que acaba de elaborar la Procuración General donde alienta que la Corte Suprema intervenga en forma directa para contrarrestar las demoras en las causas contra represores. ¿Cómo? Podría, sugiere, desde ponerle plazos a la Cámara de Casación Penal hasta terciar cuando una investigación se queda sin juez porque todos se excusan. El informe fue elaborado por la Unidad Fiscal especializada en los expedientes sobre crímenes de la última dictadura y ofrece una radiografía minuciosa de los problemas que presentan estos juicios en todo el país: a los retardos suma las detenciones vip y la protección de testigos.
Además de enviar una señal a la Corte, el trabajo reclama cooperación entre el Poder Ejecutivo, los tribunales y el Ministerio Público (órgano de los fiscales). El combo de diagnóstico y propuestas lleva la firma del fiscal Jorge Auat, titular de la Unidad de Coordinación y Seguimiento de las causas por violaciones a los Derechos Humanos durante el Terrorismo de Estado, y del subdirector Pablo Parenti. El área funciona bajo el ala del procurador Esteban Righi. Los detalles, aquí abajo.

Tránsito Lento
El represor de la ESMA Jorge ‘Tigre' Acosta fue procesado hace casi cuatro años por 70 crímenes, pero todavía ni siquiera la fiscalía tiene la causa para mandarla a juicio. El record, sin embargo, lo tiene el ex jefe del III Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez: fue procesado en Tucumán hace cinco años por una desaparición y en Córdoba en 2004 por secuestros y homicidios, más sigue sin ir a juicio. En Rosario, el general Ramón Díaz Bessone fue procesado en marzo de 2003 y ahí quedó.
Los ejemplos reflejan sólo un grupo de retrasos donde la etapa de investigación no termina nunca. Auat y Parenti agregan la falta de respuesta de los jueces ante los pedidos de elevación a juicio de los fiscales: en la causa ESMA el más antiguo es de diciembre de 2003 e incluye al ex marino Alfredo Astiz y otros nueve represores. A todo esto se suma que las Cámaras de apelaciones demoran entre uno y dos años y medio para resolver planteos. Las dilaciones más flagrantes se registran en Tucumán y Santiago del Estero.
La Cámara de Casación es un embudo aparte. La Procuración refresca el planteo más viejo de la megacausa ESMA, de octubre de 2003, que cuestiona su mismísima reapertura y sigue sin definición. Este caso ‘emblemático' fue señalado en el pedido de juicio político de los querellantes contra la cuatro jueces de Casación. Tras esa denuncia el tribunal comenzó a resolver incidentes que tenía congelados, cerca de 200.
Propuesta. La Procuración alerta que los jueces se toman tiempos que "exceden" lo "razonable" y pueden derivar en una "privación de justicia". Propone implementar junto con la Corte "un sistema de control de la demora" que "permita detectar retrasos, conocer sus causas y buscar soluciones". El alto tribunal, destaca, podría "fijar plazos máximos" para la Cámara de Casación con sólo reglamentar dos artículos del Código Procesal.

Gambeteo
En Paso de los Libres tramita una causa por crímenes de lesa humanidad que involucra al dueño de la yerbatera Taragüí. El juez titular alegó un parentesco para abrirse y detrás de él se excusaron veinte abogados. Resultado: un año de parálisis. En Rosario todos esquivaban el caso que involucra al ex juez Víctor Brusa en torturas. En el último año se sortearon más de doce subrogantes pero, recusados o excusados, ninguno quedó en pie. En Salta, la posibilidad de que un ex camarista estuviera involucrado en la Masacre de Palomitas tuvo igual efecto: dos años sin juez. En Bahía Blanca doce jueces/abogados se negaron a investigar los crímenes en Puerto Belgrano. Algunos explicitaron su identificación "con los postulados del Proceso de Reorganización Nacional".
Propuesta. La Procuración advierte la complejidad del asunto que, reconoce, se mezcla con otro intríngulis: a mitad de año la Corte declaró inconstitucional el sistema de subrogancias que permitía que secretarios de juzgado y abogados reemplazaran a jueces. Restringió el universo de suplentes a magistrados actuales o jubilados, pero aún no hay una nueva legislación. Ante este escenario, el informe impulsa –como política– "poner el acento en la agilización de los trámites de aceptación o rechazo de las excusaciones y recusaciones". Pero cuando la demora se agrava "sería recomendable que la Corte utilizara sus facultades de superintendencia" y defina qué juez debe seguir.

Aglutinados
En Capital Federal existen seis tribunales orales. Sin embargo, de las ocho causas contra represores elevadas a juicio (aún sin fecha) seis están aglutinadas en uno solo, el TOF 5, entre ellas Esma y Primer Cuerpo. Esto "conspira contra la pretensión de lograr sentencias definitivas en un período razonable", alerta la Procuración. Añade que todo tiende a empeorar porque las fiscalías han pedido varias elevaciones. Las megacausas, de por sí, se van elevando por tramos y gran parte está pendiente. El problema, dice el informe, es que se usan "criterios burocráticos" por los cuales se juntan casos que tramitan escindidos pero tienen origen en un mismo expediente.
Propuesta. Habría que "restringir la idea de conexidad", sugieren Parenti y Auat. Incluso plantean la opción de pasar el expediente Esma a otro tribunal, puesto que Primer Cuerpo está más avanzado. Los casos de apropiación de menores, sugieren, podrían ser distribuidos entre tribunales.

Presos Vip
Hay más de 250 imputados presos por crímenes de la dictadura, dicen los fiscales. Pero sólo el 17 por ciento, advierte, está en unidades penitenciarias. Más del 45 por ciento está en dependencias de las fuerzas armadas/seguridad y cerca de 32 por ciento tiene arresto domiciliario. La Procuración señala que ante sus planteos y los del ministerio de Defensa para trasladar a represores a penales comunes "la respuesta de los jueces" –que deben definirlo– fue "negativa" salvo excepciones. Esto se percibe, dice, como "desigualdad jurídica y un privilegio injustificado".
Propuesta. Que coordinen esfuerzos, dice el organismo, el Poder Ejecutivo (del que dependen los distintos lugares de detención) y los jueces (que deben definir los traslados).

Testigos Resguardados
Más allá de que cuanto menos dure un proceso penal, menor será el tiempo de exposición de los testigos, el documento propone medidas a tomar desde los tribunales para darles contención y protección: prever la "asistencia de profesionales" cuando se acerca su declaración; organizar la escena del juicio de modo tal que, especialmente quienes han sido víctimas de la represión ilegal, puedan testimoniar sin necesidad de ver a los acusados (por ejemplo, con cámara Gesell); y "emplear formas de citación que no impliquen develar el domicilio y en las que no intervenga personal de las fuerzas de seguridad".

29 de agosto de 2007
©página 12
rss


apareció cuerpo de abogado


[Raúl Kollmann] Apareció el cuerpo de Vázquez ejecutado a balazos. La muerte llamó al abogado.
El cuerpo de Vázquez fue hallado en un arroyo de un descampado de Ezeiza, donde había anticipado uno de los policías detenidos. Lo mataron de dos balazos en la cabeza durante el último fin de semana.
El cuerpo del abogado Cristian Vázquez, desaparecido el martes 14, apareció ayer en Ezeiza, en una zona denominada Barrio I, con dos tiros en la cabeza. El mayor interrogante se develó casi de inmediato: lo mataron durante el fin de semana, o sea que llevaba menos de 48 horas muerto y la ejecución fue en ese mismo lugar, por cuanto se encontró uno de los proyectiles en el arroyo donde estaba el cuerpo. Pese a que la primera hipótesis está relacionada con un brutal conflicto con su ex esposa, el rumor más extendido es que de por medio no sólo hubo un drama pasional, sino la pelea por dinero y botines relacionados con los clientes de Vázquez, hombres pesados –la mayoría presos– de la piratería del asfalto, los desarmaderos y las bandas de ladrones de bancos y camiones de caudales. El hallazgo del cuerpo confirmaría esta hipótesis ya que lo estaban reteniendo –y tal vez torturando– para que entregue algo. La ex esposa y tres policías están detenidos, mientras que el supuesto homicida, actual novio de la mujer, está prófugo.
En la autopsia se buscaba mayor precisión en la hora de la muerte y también si hay rastros de golpes o torturas. En principio, la idea es que lo tuvieron en algún lugar durante doce días tratando de que entregue dinero o documentación. Esto surge, además, porque el mismo día en que lo secuestraron, dos de los policías –ahora detenidos y separados de la Bonaerense– fueron hasta el departamento de Vázquez y lo registraron dando vuelta y rompiendo casi todo. La torpeza fue tal que primero entraron en la vivienda equivocada, lo que permitió que luego los identificaran, y encima a uno de los uniformados se le escapó un tiro. Para redondear, la Policía Científica encontró huellas digitales que se correspondían con las de ambos efectivos. El trabajo de los fiscales César Walter Lucero y Sergio Anahuati, junto a la Subsecretaría de Investigaciones del Ministerio de Seguridad y la Departamental de Lomas de Zamora, permitió identificar y detener a los tres policías, el sargento Juan Alvarez y los oficiales Maximiliano Yasalde y Alejandro Szibler. Uno de ellos contó que fueron contratados por María Alejandra Dahau, ex esposa de Vázquez, para que lo interceptaran a cambio de dos mil pesos.
Vázquez y su ex esposa se enfrentaban en un traumático proceso de divorcio en el que no faltaron las declaraciones de insolvencia, incumplimiento y reclamos de rebaja en los alimentos para las dos hijas de la pareja y otras maniobras judiciales. De entrada se dijo que ella quería darle un susto a Vázquez, pero esa teoría se cayó en forma definitiva ayer: no hubo un exceso, un error en el apriete, sino una ejecución. El mayor sospechoso de ser el homicida es un hombre conocido como ‘El Motoquero', un apodo que tiene que ver con que suele andar en una moto de alta cilindrada y no porque su trabajo consista en entregar mercadería.
Los cuatro detenidos se negaron la semana pasada a declarar, pero en forma extraoficial uno de ellos relató cómo lo interceptaron en una esquina de Monte Grande. Lo asombroso es que también contó que a Vázquez se lo llevó ‘El Motoquero' y que lo mató, algo que la autopsia desmiente. Lo que confunde es que ese detenido dijo textualmente: "Vázquez está durmiendo en Ezeiza" y es allí, en un arroyo de Ezeiza, que apareció el cuerpo sumergido a medio metro de profundidad.
En diálogo con este diario, el fiscal Lucero mantuvo la cautela. "Yo tengo que ser objetivo. Por ahora tenemos a una ex esposa detenida y las investigaciones demuestran que ella les pagó a tres policías bonaerenses para que lo secuestren. Hasta el momento esto era una privación ilegal de la libertad agravada. Ahora es una privación ilegal seguida de muerte. Veremos cómo sigue la investigación. Es cierto que buscamos a un prófugo."
Algunos amigos de Vázquez, que era muy conocido en la zona, afirman que prácticamente había dejado el derecho penal y que sólo tomaba causas civiles y comerciales. Sin embargo, otras fuentes relatan que Vázquez se sentía amenazado y que en más de una oportunidad le dijo a algún juez: "Déme una mano en este expediente que me van a matar".
[28 de agosto de 2007]
página 12
rss


viajan para acusar a cura torturador


Argentina: ratifican acusación por torturas contra ex cura de El Quisco, Chile.
Luis Velasco, quien durante el régimen de facto (1976- 1983) se exilió en España y desde entonces vive en ese país, dijo que Von Wernich le hizo bromas sobre las secuelas que le provocaron las torturas a las que fue sometido mientras estuvo cautivo.
Uno de los principales testigos del juicio contra el sacerdote Christian Von Wernich, juzgado en Argentina por delitos de lesa humanidad luego de ser descubierto ejerciendo como capellán en una parroquia del balneario central chileno de El Quisco, ratificó hoy su cargos contra el relogioso, quien previamente le había acusado de colaborar con la dictadura militar argentina.
Luis Velasco, quien durante el régimen de facto (1976- 1983) se exilió en España y desde entonces vive en ese país, dijo que Von Wernich le hizo bromas sobre las secuelas que le provocaron las torturas a las que fue sometido mientras estuvo cautivo.
El testigo viajó especialmente a Buenos Aires para declarar en el juicio oral que desde comienzos de julio se le sigue al ex capellán policial, de 68 años, acusado de siete homicidios, 31 casos de torturas y 42 privaciones ilegales de la libertad.
Antes de que Velasco compareciese ante los jueces, en forma sorpresiva Von Wernich solicitó declarar y acusó a ese testigo de haber pertenecido al Batallón 601 de Inteligencia del Ejército durante la dictadura.
"En los últimos días escuché una serie de difamaciones tremendas (de Velasco) contra mí", indicó el religioso antes de precisar que al testigo "en su momento se lo tuvo para que recogiera información de las personas alojadas en distintas comisarías".
Añadió que la información sobre Velasco le fue revelada por el ex policía Miguel Etchecolatz, quien en septiembre pasado fue condenado a prisión perpetua por violaciones de los derechos humanos por el mismo tribunal que juzga a Von Wernich.
"El señor Von Wernich me tocó los pelos del pecho y empezó a hacer bromas. Decía que en la tortura me habían quemado todos los pelos", relató Velasco ante el Tribunal Oral Federal 1 de la ciudad bonaerense de La Plata.
También relató que cuando otro detenido, Néstor Bozzi, "se arrodilló (ante el sacerdote), le tocó la mano y le dijo: 'Padre, yo no quiero morir', él (Von Wernich) le contestó: 'Hijo mío, la vida de los hombres la decide Dios y tu colaboración".
El de Velasco se sumó a otros testimonios anteriores en los que el ex capellán fue reconocido como un visitante habitual de diferentes centros clandestinos de detención montados por el régimen militar.
El religioso fue capellán de la policía de la provincia de Buenos Aires cuando la jefatura de la mayor fuerza de seguridad del país estaba a cargo del fallecido general Ramón Camps, quien había sido condenado a prisión perpetua en 1986 por delitos de lesa humanidad.
El de Von Wernich es el primer juicio que se celebra en Argentina en el que un sacerdote se sienta en el banquillo de los acusados por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.
En enero último Velasco había asegurado desde España que tenía "miedo" de regresar a su país para declarar en el juicio contra Von Wernich a raíz de que dos hombres desaparecieron en Argentina tras brindar testimonios clave en investigaciones sobre la represión ilegal.
El paradero de uno de los testigos, Jorge Julio López, se desconoce desde hace casi un año, mientras que el otro, Luis Gerez, permaneció dos días cautivo en diciembre pasado y fue encontrado con marcas de ligaduras en las muñecas y los tobillos.
"López era el principal testigo contra Etchecolatz. Gerez fue clave contra (el ex comisario Luis) Patti. Y yo soy el principal testigo contra Von Wernich. Tengo miedo de ser el tercero", reconoció Velasco en una entrevista con el semanario local Debate.
El hombre, que pasó un mes secuestrado durante la dictadura argentina y ha dado testimonio de ello tanto en este país como ante la justicia española, indicó que es el ex detenido desaparecido que más contacto tuvo con Von Wernich dentro y fuera de la cárcel y, "por lo tanto, el que más lo puede implicar".

27 de agosto de 2007
©la nación
rss


documental sobre madre desaparecida


[Óscar Ranzani] Nicolás Prividera habla de ‘M', el documental sobre la historia de su madre desaparecida. "Aquí todavía hay mucho por debatir". Intro
A través de su ópera prima, que fue premiada en Mar del Plata y se estrenará este jueves, el cineasta propone revisar críticamente la militancia de los '70. "Es necesario un diálogo intergeneracional", sostiene.
La bióloga Marta Sierra trabajaba en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Castelar, donde también brindaba cursos de alfabetización y ejercía la militancia política. Cinco días después del golpe del 24 de marzo de 1976, los militares la secuestraron y nunca más se supo de ella. Durante la dictadura, la familia presentó hábeas corpus y con el retorno de la democracia se hizo la correspondiente denuncia ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). Hasta que se sancionaron las leyes de obediencia debida y punto final y quedó eclipsada la posibilidad de una investigación judicial. Muchos años después, cuando se vislumbraba que las leyes de impunidad podían ser anuladas, los hijos de Marta Sierra presentaron una denuncia penal. A su vez, uno de ellos, Nicolás Prividera, egresado de la carrera de Realización Cinematográfica de la Enerc, decidió iniciar, paralelamente, su propia investigación para aportar elementos a la causa y, de no haber justicia, al menos dejar algo como "una necesidad de simbolización", según sintetiza en la entrevista con Página/12. El resultado es ‘M', un documental en el que Prividera busca reconstruir la historia de su madre, sin dejar de aportar una mirada actual sobre la militancia de los años '70, estableciendo un recorrido que va de lo más personal hacia lo colectivo, con la idea de instalar un debate. En ese sentido, Prividera destaca que ‘M' "reivindica la militancia pero reivindica una visión crítica de la militancia".
A su vez, una serie de coincidencias numéricas produjeron un click en la cabeza de Prividera, que terminó por convencerse de realizar ‘M': se estaban por cumplir treinta años del golpe (que significaba prácticamente treinta años del secuestro de Marta Sierra), y también se acercaba la fecha del cumpleaños número 36 de Prividera, la misma edad que tenía su madre cuando fue secuestrada. Una vez decidido a filmar su ópera prima, Prividera decidió poner el cuerpo en su película: casi como un detective aparece en cámara recorriendo los vericuetos de la burocracia, buscando pistas y huellas de su madre desaparecida. Paralelamente, entrevista a amigos, colegas de trabajo y compañeros de militancia que le permitan entender cómo era la vida de su madre en aquella época. ‘M' se estrena este jueves pero ya tiene dos premios: obtuvo el de la Crítica y el galardón Ernesto Che Guevara en la última edición del Festival Internacional de Mar del Plata.

Si bien el punto de partida es autobiográfico, con el correr del tiempo la película se va transformando y cobra una especie de cuerpo social. Se produce una apertura hacia lo colectivo. ¿Esta era su idea en un principio?
Esa era una de las ideas básicas que yo tenía. No tenía muchas. Tenía más idea de lo que no quería hacer que de lo que quería hacer. Sí estaba seguro de que si iba a contar una historia, en principio, personal, era justamente para mostrar su relación con lo social. La historia de los desaparecidos está atravesada por la política y la historia social de un país. Si la película tenía algún tipo de justificación era ésa. Es decir, ¿por qué hacer pública esa investigación y por qué no hacerla sin grabarla? Desde el inicio, supe que si estaba registrándola con vistas a construir con esto un film, ese film tenía que tener un sentido político.

Usted señaló que esa búsqueda casi detectivesca que realizó no buscaba un culpable. ¿Intentó más bien interpelar a la sociedad, instalar un debate?
Los culpables debe encontrarlos la Justicia. Un film de ningún modo puede determinar culpabilidades. Sí, en todo caso, lo que uno puede hacer es tratar de interrogarse e interrogar sobre las responsabilidades. Es más una dimensión ética que jurídica, digamos. En ese sentido, la película se plantea esa interrogación y por supuesto la abre al espectador. La intención es que todos nos preguntemos por nuestro propio lugar en la historia.

También se plantea una mirada sobre la militancia de los '70. Usted considera que debe haber una revisión crítica por parte de cierta militancia.
Desde ya. En parte, esa revisión ha empezado lateral y dificultosamente. Por ejemplo, a través del libro ‘Política y/o violencia', de Pilar Calveiro, que aparece citado en la película, o el libro ‘Montoneros: Final de cuentas', de Juan Gasparini. Pero, curiosamente, esas dos personas viven en el exterior: una en México y otra en Ginebra. Y creo que esa distancia les permite justamente tener una visión crítica que, de pronto, desde el llano y aquí mismo es un poco más compleja pero que es absolutamente necesaria. Es necesaria para que haya un verdadero diálogo intergeneracional, para que haya una reconstrucción crítica de la historia que, en realidad, es la única posible. No podemos conformarnos con la historia como museo o con un museo que reemplace la historia. Hay mucho por debatir y por investigar.

Al comienzo de la película hay un largo recorrido suyo por diversos organismos en busca de información de su madre.
Lo que se muestra es cómo después de cierto tiempo la burocratización es casi inevitable y es justamente contra lo que hay que luchar. Si yo decidí dejar eso que había aparecido en mi recorrido en la película era para intentar una revisión de esa cuestión. Es decir, no se trata de una crítica a esos organismos sino un intento de hacerles ver su propio funcionamiento. Todo en la película apunta a desburocratizar cierta manera que tenemos de encarar la cuestión. Esa es la labor de toda crítica real y constructiva: tratar de desembarazarnos de las formas fosilizadas de aproximarnos a las cuestiones y devolverlas a la vida y a una mirada que accione y que produzca acontecimientos y hechos nuevos.

No como un hecho del pasado.
Exacto. Creo que si algo queda claro en la película es que el pasado está presente. De hecho, una de las claves de la peli es cómo el pasado persiste en el presente. Estoy hablando en términos casi psicoanalíticos aplicados a la realidad social. En tanto y en cuanto no podamos verbalizar, elaborar simbólicamente ese trauma, vamos a seguir repitiendo la historia. Es lo que se ve en muchos relatos. Son como relatos circulares que no pueden salir de sí mismos y que están como encerrados en ese pasado traumático. Lo que hay que hacer es romper un poco ese círculo, y esa ruptura sólo puede darse cuando uno señala críticamente esos mecanismos.

¿Por qué decidió incorporar las imágenes Súper 8 en el documental?
Eran las imágenes familiares que tenían, en cierto modo, el mismo sentido de los viejos relatos que aparecen en la película. Es lo dado que hay que deconstruir. Lo que intenté hacer fue un trabajo sobre esas imágenes. Tengo bastantes horas de ese material y lo que busqué fue que funcionara en la película de determinada manera. Sentí que estaba trabajando sobre la mirada de otro. En este caso, la mirada de mi padre registrando a mi madre y, de alguna manera, construyendo con eso mi propia mirada que es la película. Ese es el sentido de la presencia de esas imágenes. Y también, por supuesto, mostrar con la potencia del cine a alguien que vivió, respiró y tuvo una vida. El cine es el arte fantasmático por excelencia y nos devuelve esos fantasmas en toda su dimensión. Una cosa es ver fotos en blanco y negro y otra es encontrar los gestos, los movimientos de esa persona. Nos la devuelve, de algún modo, viva.

Decía que esas imágenes pueden ser la mirada de su padre. ¿Por qué no aparece su padre en la película?
En este proceso familiar que fue el caso de mi madre, mi padre hizo su propio proceso y él sintió que lo que tenía que hacer lo había hecho. Con mi hermano tomamos la posta. Es decir, seguimos adelante a partir de lo ya hecho. Pero mi padre está presente en la película, no sólo en las menciones que se hacen de él sino que aparece también en las miradas de esas películas. Por otro lado, su ‘ausencia' dentro del film funciona como una más de esas ausencias que el documental dibuja. La más evidente es la de mi madre. Pero también está la de Chufo, por ejemplo, que es el otro gran ausente, el otro desaparecido que entra un poco en tensión con la historia de mi madre. La película se maneja bastante por tensiones entre personajes. Siempre hay como dos personajes en tensión. En el caso de los desaparecidos son ellos dos que dibujan dos figuras no contrapuestas sino complementarias de la militancia. Cuando yo preguntaba por mi madre, todo el mundo terminaba hablándome de Chufo. Y eso termina viéndose en la película. La visión que aparece de Chufo es una visión también contradictoria pero aparece más bien dibujado desde la figura del militante heroico o por lo menos desde la tragedia del militante heroico. Mientras que en el caso de mi madre justamente se preserva una cierta ambigüedad sobre su rol y su desempeño que, en cierto sentido, generan justamente una tensión con ese otro retrato, que me parece más interesante. Justamente, me interesaba mostrar esos grises, esas variaciones: cómo en realidad tendemos a construir cierta figura de la militancia y dejar otras en las tinieblas. Porque es más difícil de construir o porque tiene una solidez menos obvia. Y a mí me interesaba indagar precisamente en esos matices.

¿Por qué decidió aparecer en la puesta en escena y cómo buscó evitar un exceso de subjetividad?
Por un lado, yo era consciente de que tenía que estar en la película porque la gente que iba a contestar o no mis preguntas lo haría porque era justamente yo el que preguntaba. Por lo tanto, no podía ser un documental tradicional con entrevistas fuera de campo sino que, como suele llamarse el documental subjetivo, el director iba a estar en escena. Pero a la vez, esa presencia tenía que estar absolutamente justificada. No me gustan los documentales subjetivos donde no se entiende bien por qué el director está en escena o los que abusan del recurso de la voz en off. Entonces, me planteé como desafío el hecho de que si bien iba a aparecer en la película, renunciaría a esa voz en off que suele ser demasiado didáctica. Por supuesto, así como es mi cuerpo el que va hilando el relato, también es mi punto de vista el que finalmente queda expuesto. Pero quería contrapesarlo con esa mirada coral que también tiene la película.

27 de agosto de 2007
©página 12
rss


testigos del cura demoníaco


[Luis Velasco] El juicio contra christian von Wernich. Impresiones de un testigo.
Buenos Aires, Argentina. Luis Velasco, que vive en España, declarará mañana contra el ex capellán de la Bonaerense. Su testimonio es uno de los más importantes del juicio. Aquí se publican extractos de una carta que escribió luego de la desaparición de Jorge Julio López.
Habían pasado treinta años, desde que Luis, con sus veinte inviernos, fue secuestrado por las fuerzas represivas de la dictadura militar argentina que se enseñoreó del país allá en el lejano 1976.Treinta años transcurrieron desde aquel frío 7 de julio del '77 en que lo tiraron en el suelo de un coche, le pisaron la cabeza, lo llevaron a Arana, la casa de torturas, y le dieron como en la guerra.
Luego, sin ninguna explicación, fue liberado al cabo de treinta días de sufrimiento.
Luis aterrorizado, sobre todo por la ilógica lógica que reinaba allí, partió al exilio.
Hoy Luis tiene 50 vividos años.
Y dos hijos, Martín de 20 y Pablo de 17.
Los ve tan chiquitos.
Tan inocentes.
Que le cuesta creer que a su edad él se estaba enfrentando a las bestias de la patota, iniciando un exilio duro, planteándose qué hacer con esta vida de adulto tempranamente anunciada.
Son otras épocas, se responde, y los quiere.
Los quiere de manera irrefrenable.
De una forma tal que no tiene palabras para explicarlo.
Luis salió, pero hubo varios que se quedaron en las mazmorras para siempre.
Luis se sintió siempre hermanado con ellos y se visualizó como una especie de protagonista de tragedia griega, enfrentado a su destino de testimoniar siempre sobre la barbarie vivida, de ser la voz de los que la perdieron para siempre.
Pero al igual que en la tragedia griega, Luis hacía uso de su libre albedrío de elegir declarar. Podría haber optado por no hacerlo, pero entonces nunca más hubiera podido dormir tranquilo.
Testimonió en tantos sitios que ya se le enredaban en la memoria.
Conversando con compañeros ex desaparecidos, todos hacían referencia al mismo tema, cada declaración es como la primera vez que se relata, se revive todo, se vuelve a sentir miedo, odio, impotencia, se recuerda a los compañeros que ya no están, se viven de nuevo sensaciones compartidas, te emocionás, llorás, querrías que todo esto no hubiera pasado nunca.
Nunca.

Treinta años pasaron desde aquellos acontecimientos.
Treinta años de impunidad.
Treinta años de ver a los torturadores paseándose por la calle.
Luis, a pesar de testimoniar en donde se lo pedían, se negó a sí mismo ser un testigo profesional, intentó llenar su vida de otras pulsiones, de distintos deseos, de proyectos más o menos malogrados.
Ahora, ya pasados treinta años, el gobierno había cambiado las leyes, se estaba juzgando a los torturadores.
Ya todos los protagonistas tenían muchos años, las madres de la Plaza de Mayo se morían de viejas, sin ver satisfechos sus pedidos, se había realizado el juicio contra Miguel Etchecolatz, jefe del la patota de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, se lo había condenado a cadena perpetua.
Etchecolatz tenía ya 70 años.
Pero algo es algo, se decía Luis.
Ahora venía el juicio contra el cura Christian von Wernich.
Luis resistió las presiones familiares que le pedían que por favor no declarara más. Que pensara en sus hijos.
Luis pensaba en ellos.
En la idea que se estaban forjando de su padre.
Y ni por un momento dudó de testimoniar.
Por otra parte, la existencia de los juicios daba la oportunidad de cerrar un ciclo. No de olvidar, pero sí de dejar de testimoniar siempre, en cualquier lado.
Ocurrió un hecho que lo cambió todo.
El día en que se iba a leer la sentencia contra Etchecolatz, Jorge Julio López, un albañil de 75 años, principal testigo contra Etchecolatz, desapareció.
Desapareció y desapareció.
Nunca más se supo de él.
El desasosiego, el temor, el horror se apoderó de toda la gente que venía luchando contra la impunidad, por la justicia, en el medio de un país que mayoritariamente quería pasar del tema y que no se hablara más de toda esta historia que a los que la vivieron les traía mala conciencia y a los que no la vivieron les parecía muy lejana.
Lo llamaron a Luis de Radio Continental de Buenos Aires.
Eran las 11.20 hs. en Madrid, o sea las 7.20 hs. en Argentina, Luis pensó que quién coño iba a estar escuchando la radio a esa hora en la Argentina, influenciado por los horarios españoles.
Los periodistas preguntaron si con el peligro que corría igual iba a ir a declarar, Luis contestó que por supuesto y que esto lo hacía por su compromiso con los compañeros muertos y con sus hijos, y aquí se emocionó y se largó a llorar.
Al ratito lo llamó su primo Jorge, le dijo que le quedaban 5 minutos en una tarjeta telefónica, que llamaba para decirle que lo había hecho llorar.
El mail empezó a vomitar mensajes de personas que lo habían escuchado y querían mostrarle su solidaridad.
Luis se sentía extraño al estar en el centro de la noticia.
Se sintió solo. Muy solo.
Se volvía a sentir un exiliado, solo que esta vez él con un puñadito más.
Ya no podía hacer su más o menos anual viaje a la Argentina, a ver a los amigos, a beber de las fuentes de su ser, a comer asados y pizzas, a pasarlo bien.

Luis pensaba en Licha.
Fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo.
Suegra de Baratti.
Luis testimonió el nacimiento de su nieta en cautiverio.
Ana Libertad.
Licha con 90 años tenía una fuerza impresionante.
Sus esfuerzos por recuperar a su nieta habían sido infructuosos.
Luis fue a ver a la familia De La Cuadra, que así se apellidaban Licha y sus hijas, las primeras veces que volvió a Argentina.
Luego, otra vez, ellas pidieron verlo para despejar un aspecto del testimonio que no les quedaba claro.
Cuando estuvo allí, Luis se dio cuenta de que eso era solo una excusa, que lo que querían era verlo y volver a escuchar por enésima vez las anécdotas del cautiverio.
Llegó a la conclusión de que él era el único, delgado y poco consistente, pero el único hilo con la vida de sus seres queridos.
Y aceptó su destino de ir a verlos cada vez que fuera a la Argentina.
¿Cómo iba él a mirar los ojos sin rencor de Licha y pensar en no testimoniar?
Recordaba al hermano de Marcelino Pérez Roig, quien recientemente se había puesto en contacto con él, simplemente para tener un dato más cercano sobre su hermano.
Pensó en la hija de Ricardo San Martín, quien también hacía escaso tiempo se había conectado con él para tener alguna información sobre su padre, que fue secuestrado al día siguiente de su nacimiento y su madre muerta el mismo día.
Ella le decía en el mail que no podía imaginarse lo que significaba para ella haberlo encontrado.
Que le contara cosas de su padre.

El futuro eran sus hijos, Martín y Pablo, a quienes si bien no habían criado en un argentinismo clásico, habían mamado el amor por la tierra, y una historia dura y triste, pero también llena de ilusiones y de compromisos éticos, tan escasos en los tiempos que vivíamos.
Ellos se merecían una patria mejor.
Sin impunidad para los asesinos y torturadores.
Una patria en donde los perseguidos no tuvieran que andar con la cabeza gacha.
Un país más justo, solidario y leal.
Ellos tenían derecho a tener un padre, que con miedo y angustias decidía seguir cumpliendo con su deber y ser parte minúscula de esta historia semiolvidada pero que para Luis y varios miles de argentinos más era parte de sus entrañas.
Pero a Luis todo lo que ocurrió le enseñó mucho.
En primer lugar las muestras de solidaridad desde la Argentina, los amigos de siempre, su prima Andrea que enferma lo llamó para invitarlo a su casa cuando fuera a declarar, amigos y conocidos con los cuales no tenía contacto desde hacía 30 años. Su primo Jorge, para decirle: –Boludo, me hiciste llorar.
Su tía, con quien pudo hablar después de un tiempo y superando su miedo atroz le dijo que recordaba el poema de Kipling, "Si", y le decía que él era un hombre y que ella (por primera vez) quería ir a escucharlo cuando declarara.
Y el recuerdo débil pero omnipresente de su madre, fallecida hace unos pocos años, en España, lejos de su La Plata natal, que él sabía que dijera lo que dijera se sentiría orgullosa de su hijo.
Luis deberá viajar a Argentina y cumplir con su papel de "testigo estrella" y seguro a soportar la anunciada provocación de la defensa del cura que amenaza con "meterlo preso por falso testimonio".
Se acordaba de la soberbia del cura cuando entraba en las celdas y decía su nombre, dónde tenía la parroquia y defendía sin pudor la tortura, el asesinato y aconsejaba a los detenidos la colaboración con las fuerzas represivas.
Ahora el fin de toda esta historia parecía cercano.
Se iba a juzgar al cura.
Iría a declarar con custodia policial y tendría que volverse.
Se enfrentaba a su destino.
Con miedo.
Pero también con la certeza de hacer lo que debía.
Ya vendrían tiempos mejores.

26 de agosto de 2007
©página 12
rss


caen policías por abogado desaparecido


[Raúl Kollmann] La ex esposa y tres policías están detenidos por el secuestro, ocurrido en Monte Grande hace diez días. Buscan a la actual pareja de la mujer. Sospechan que el abogado fue asesinado.
Un abogado desaparecido, probablemente asesinado. Tres policías que habrían actuado a cambio de un pago. La ex mujer del abogado, involucrada en la desaparición y posible crimen y el nuevo novio de la ex mujer, aún prófugo, sospechoso de ser el autor del homicidio. A primera vista, el abogado Christian Vázquez, secuestrado hace diez días en Monte Grande, fue víctima de un conflicto en el marco de un divorcio muy turbulento. Sin embargo, entre los investigadores la versión no termina de cerrar y otros datos se acumulan. Vázquez defendía a referentes pesados del mundo de la piratería del asfalto, los desarmaderos y el robo a mano armada, pero al mismo tiempo tenía negocios y confidencias con policías. Es más, el rumor es que se quedó con un botín o traicionó a alguno de sus defendidos. Anteanoche, tres policías de Esteban Echeverría y la ex mujer fueron detenidos, mientras que buzos tácticos realizaron varias inmersiones para detectar el auto y el cuerpo del abogado, en el fondo de una cava de Ezeiza.
El caso del letrado desaparecido hace diez días es investigado por el fiscal de Lomas de Zamora, Sergio Anaguati, y por la Subsecretaría de Investigaciones del Ministerio de Seguridad Bonaerense. Anoche los detenidos se preparaban para declarar ante el fiscal, pero alguno de ellos ya había dado su versión de los hechos. El sargento Juan Alvarez y los oficiales Maximiliano Yazalde y Alejandro Szbiler habrían sido contratados por la ex mujer de Vázquez, María Alejandra Dahau, de 47 años. Según parece, les ofreció dos mil pesos para que intercepten al abogado Vázquez con el patrullero de la comisaría de Canning. Una vez apresado, al letrado lo habrían entregado al nuevo novio de la ex esposa, cuyo nombre se mantiene en reserva, y que también desapareció de la zona.
Lo que no encaja en la historia es que después del secuestro de Vázquez, en Dardo Rocha y Dorrego, pleno centro de Monte Grande, mientras en un vehículo se llevaron a Vázquez, el otro –el Volkswagen Bora del abogado– se dirigió a la vivienda de éste. Allí ingresaron con llaves aportadas por la ex esposa. Todo esto quedó probado porque se encontraron huellas digitales de los policías en la casa y porque el sistema satelital demostró que el patrullero se movió durante esa noche por lugares que no tenían nada que ver con su función. Lo cierto es que revolvieron la vivienda en búsqueda de algo, tal vez un botín o documentación.
Para rematar la faena, a uno de los uniformados se le cayó una pistola y se disparó, por lo cual también quedó allí el rastro del proyectil. Encima, una vecina declaró que se habían confundido de casa e intentaron entrar en la de ella y también atestiguó que los vio salir de la vivienda en el Bora.
Al divorcio de Dahau y Vázquez no le faltaban condimentos. Apropiación de bienes, declaración de insolvencia, reducción de la cuota alimentaria de dos hijas de ambos, de 12 y 15 años. Todo esto puso –y aún pone– sobre el tapete un trasfondo de pelea entre ex marido y ex esposa. Sin embargo, hay numerosos datos que indican que Vázquez vivía en la cornisa, tratando con delincuentes muy experimentados, algunos de ellos en la cárcel, y al mismo tiempo con policías y jueces. Hasta hubo varias denuncias en su contra por intentar sobornar a magistrados y en los Tribunales de Lomas se cuenta la historia de que vivía amenazado por haberle hecho malas jugadas a más de un preso. Estos elementos hacen pensar que detrás de su desaparición puede haber otro motivo que una pelea conyugal.
El Bora de Vázquez nunca apareció, algo que llama la atención tanto del fiscal como de los policías de la Departamental de Investigaciones de Lomas de Zamora. Lo habitual es que el vehículo aparezca, aunque sea quemado, para borrar las huellas. Son pocos los que corren el riesgo de quedarse con un auto ‘sucio', como le dicen en el argot del delito. Por ello, ayer los investigadores recurrieron a buzos para que rastrearan el fondo de una tosquera en Ezeiza. Es que uno de los detenidos habría dicho que "Vázquez duerme en Ezeiza", aunque la hipótesis de que el abogado podía aparecer muerto, dentro de su auto, y en el fondo de algún curso de agua, ya se venía manejando desde hace algunos días. Es más, conociendo los relatos de negocios y traiciones, los amigos de Vázquez hace más de una semana que sospechan que el letrado no aparecería con vida.
Más allá de las especulaciones, al caso le faltan dos elementos clave: el cadáver y el nuevo novio de la ex esposa. Puede haber sorpresas y habrá que ver si se conoce lo que hay en el fondo de esta trama.

24 de agosto de 2007
©página 12
rss


asesino prófugo era guardia


[Carlos Rodríguez] Piden perpetua para un policía por un caso de gatillo fácil. Ramón Medina, acusado de matar a un joven de 20 años, estuvo diez años prófugo. En la foto, Pablo Daniel Martinoli, la víctima.

Buenos Aires, Argentina. El policía bonaerense Ramón Medina, hoy expulsado de la fuerza, estuvo prófugo diez años para escapar a su responsabilidad en el homicidio de Pablo Daniel Martinoli, de 20 años, ocurrido el 9 de abril de 1997. Hoy, al reanudarse el juicio oral en el que Medina está siendo juzgado, el fiscal Humberto Bottini pedirá que le apliquen la pena de prisión perpetua. En su alegato, Bottini tomará en cuenta tres agravantes: que el imputado fuera policía en actividad al momento del hecho, que se haya fugado y la alevosía. En la audiencia, el testigo Jorge Malvido cambió su declaración anterior, según la cual al chico Martinoli le habían pegado dos tiros por la espalda, cuando escapaba. "Voy a contar la verdad porque me duele el alma", dijo Malvido a los jueces. Relató que la víctima recibió un primer disparo por la espalda, en un glúteo y cayó al piso, boca abajo. Entonces, Ramón Medina se acercó, lo dio vuelta "y lo remató" con un disparo en la cabeza. Después hubo maniobras para exculpar a Medina, pero las irregularidades quedaron al desnudo. Varios peritos policiales podrían ser juzgados, en otro juicio, por adulterar pruebas.
La muerte de Martinoli ocurrió cuando el joven iba en un Fiat Duna, acompañado por su amigo Jorge Alejandro Malvido, hijo del testigo clave del juicio oral. Los dos eran perseguidos, en un Renault 9, por el policía Ramón Medina y un hijo suyo, Pablo Alejandro Medina, exonerado de la fuerza por "mala conducta". Los Medina acusaron a los dos jóvenes de haberles robado el auto, aunque el hecho nunca pudo ser probado. Lo que sí se demostró es que ni Martinoli ni Malvido estaban armados, mientras que Medina padre llevaba su Browning 9 milímetros reglamentaria y el hijo, un arma larga, que algunos testigos describieron como una Itaka. Lo que se sabe, a través del Registro Nacional de Armas (Renar), es que Medina hijo tenía registrado a su nombre un rifle Winchester.
Mientras el Duna iba por la colectora, los Medina conducían su auto por la Panamericana, cerca de la Avenida de los Inmigrantes, en Escobar. Los Medina hicieron disparos desde el auto, pero después se bajaron del vehículo y aguardaron el paso del Fiat. Al verlos, Martinoli y Malvido se bajaron del auto y trataron de escapar a pie. No pudieron. A Martinoli lo hirieron en el glúteo y luego le pegaron un tiro en la cabeza, cuando estaba en el suelo, indefenso. Por eso el fiscal Bottini considera que hubo "alevosía". A Medina hijo lo juzgaron y condenaron a cuatro años y seis meses por "lesiones y portación de arma de guerra". Ahora se sabe que pudo haber sido "partícipe necesario" del crimen, pero no será imputado porque nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo hecho.
El que está en el banquillo es su padre, el principal Ramón Medina, quien estuvo prófugo diez años. "Tres ministros de Seguridad bonaerenses, en distintos momentos, nombraron comisiones para buscar al prófugo. Siempre nos dijeron que estaba oculto en San Pedro, en otros lugares de la provincia o del país, e incluso en Paraguay", recordó a Página/12 María Cristina Colazo, la mamá de Martinoli. "Después de que el ministro (León) Arslanian puso una recompensa de 50 mil pesos, una persona dio el dato que nos permitió encontrarlo y hacerlo detener", en febrero de 2006. El policía estuvo escondido, en casa de un familiar, en la Villa 31 de Retiro, mientras trabajaba, con su nombre, en blanco, como custodio de una empresa de camiones para transporte de carga.
"Era tal la impunidad que tenía, que hay testimonios de vecinos que dicen que los policías de Campana iban a visitarlo. Todos sabían dónde estaba y no lo detenían", recalcó la mamá del chico asesinado. Luego del homicidio, la causa judicial parecía encaminada a corroborar la versión policial de que había sido un enfrentamiento y que Martinoli había muerto por dos balazos que recibió por la espalda, mientras escapaba. El abogado de la familia, Adolfo Tournier, logró revertir la situación cuando quedó demostrado que el chico había sido rematado en el piso, de un disparo en la frente hecho desde corta distancia.
"Los peritos de parte demostraron que la bala que Pablo tenía en la cabeza había entrado de frente y no por la nuca, como decía la primera autopsia. La bala 9 milímetros había sido desenterrada del piso y luego la pusieron en la cabeza, invirtiendo la dirección, para que confirmara que lo habían herido por la espalda", comentó el abogado de la familia. "Todos los peritos policiales mintieron, desde Carlos Flores, que hizo la primera autopsia, hasta el perito balístico Adolfo Petrili, pasando por el perito fotográfico, de apellido Caballero, que mintió cuando dijo que no había podido sacar ninguna foto porque ese día había llovido mucho y se le mojó la cámara, versión que fue desmentida por los testigos". Es probable que los peritos sean acusados por falsedad ideológica y que sean juzgados en un futuro juicio oral.

23 de agosto de 2007
©página 12
rss


a 35 años de la masacre de trelew


[Werner Pertot] A 35 años de la masacre de Trelew, ex presos políticos vuelven al penal. "Fue un campo de concentración legal".
Más de 300 ex detenidos volverán a la cárcel que concentró a militantes de todas las organizaciones armadas, estudiantiles y gremiales. Recorrerán el lugar el martes y al día siguiente participarán de la inauguración de un Espacio para la Memoria en el aeropuerto viejo de Trelew. Sus recuerdos.
Volverán como resistieron: unidos. Los ex presos políticos del penal de Rawson regresarán a la cárcel donde estuvieron detenidos. El martes recorrerán –esta vez libres– los mismos pasillos y las mismas sombras. Antes de irse, colocarán en su puerta una placa que dirá a quien pase por allí que la unidad 6 del Servicio Penitenciario Federal fue parte de la política de exterminio de la última dictadura. "La planificación del genocidio tuvo también su manifestación en las cárceles legales. Nosotros pasamos por un campo de concentración legal", define Juan Arguello, uno de los organizadores del grupo de más de 300 ex presos. El miércoles, participarán de la inauguración de un Espacio para la Memoria en el aeropuerto viejo de Trelew, a 35 años de los fusilamientos.
Rawson fue en los setenta la cárcel emblema. La dictadura de Alejandro Agustín Lanusse la destinó para concentrar allí a todos los presos de las organizaciones armadas, estudiantiles y gremiales. Allí fueron a parar los dirigentes guerrilleros, así como el sindicalista Agustín Tosco.
El 15 de agosto de 1972 los presos políticos tomaron el penal. El objetivo era conseguir la mayor fuga en la historia del país: más de 120 militantes revolucionarios iban a escapar. Pero hubo un fallo en el plan y sólo pudieron salir 25 dirigentes. Seis consiguieron escapar a Chile en un avión de línea que habían tomado, mientras que otros 19 quedaron cercados en el Aeropuerto. Negociaron que los regresaran al penal y se entregaron. Pero fueron llevados a la base naval Almirante Zar, donde los bailaron hasta el 22 de agosto, cuando los sacaron de las celdas.

–Ahora van a conocer el terror antiguerrilla –gritó el capitán Luis Sosa, antes de que abrieran fuego sobre los prisioneros. Tres de ellos sobrevivieron y contaron lo que había ocurrido, mientras la dictadura intentaba hacer pasar los asesinatos por un intento de fuga. Los tres sobrevivientes de Trelew fueron secuestrados durante la última dictadura.

En 1972, los otros cien presos que habían quedado en la cárcel de Rawson negociaron la rendición del penal, mientras les cortaban la luz y los helicópteros pasaban en un vuelo rasante. Al recuperar el control, los militares les quitaron todas sus pertenencias y los aislaron en sus celdas, en un régimen que no tendría nada que envidiarle al de la dictadura de 1976. Rawson volvió a recibir presos políticos en 1974 y continuó alojándolos los siguientes diez años.
"Nuestra reivindicación abarca las dos dictaduras, de 1970 a 1983. Desde que la cárcel se abre para los presos políticos hasta que se cierra ese ciclo", plantea Arguello, que era dirigente de Montoneros y del gremio bancario. Estuvo detenido entre octubre de 1975 y enero de 1984. En ese período, se calcula que entre 10 y 12 mil presos políticos pasaron por las cárceles. "Rawson es un emblema de la prisión política", destaca Julio Mogordoy, otro de los organizadores, que militaba en Tupamaros y luego en el PRT-ERP.
"En Rawson lo más claro es el aislamiento, por la distancia. Se intenta impedir el contacto con familiares", afirma Arguello, quien recordó los fusilamientos de presos políticos en Margarita Belén, en Córdoba, en Palomitas y en los pabellones de la muerte de La Plata. "En Rawson fue una muerte mucho más lenta, por este sistema de años, en los que no podías darle fuego a una persona o no podías compartir un mate entre un grupo de gente que vivía juntos las 24 horas del día", relata Mogordoy.
"El estar confinado en el sur del país y tener visitas a través de los vidrios repercutía. Yo nunca tuve visita y en mi pueblo, Tintina, todos pensaban que yo estaba muerto. Cuando volví, todos salieron a verme", cuenta Carlos González, que militó en el PRT en Santiago del Estero y estuvo preso nueve años. En la actualidad forma parte del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase-Vía Campesina).
"Durante el Mundial 78, sacaron compañeros como rehenes, como fue el caso de Osvaldo De Benedetti, que fue fusilado en Tucumán", recordó González. Por Rawson, también pasó uno de los abogados de los fusilados en Trelew, Mario Amaya, que murió a causa de las torturas en los centros clandestinos de detención y de la falta de atención médica en el penal.
"También están los compañeros que han muerto a posteriori de la cárcel, por las secuelas físicas o psiquiátricas que les dejó el régimen de destrucción", recordó Arguello.

La Cárcel
Los ex presos vienen reorganizándose desde hace años. Tuvieron tres encuentros en Córdoba, Tucumán y Santa Fe, en los que resolvieron iniciar una obra colectiva sobre la cárcel de Rawson y organizar un acto en el penal, para el que viajarán ex detenidos de todo el país. Hubo ya un antecedente cuando los ex detenidos de La Plata colocaron una placa con los nombres de los presos que fueron fusilados desde esa cárcel en enfrentamientos fraguados o secuestrados y desaparecidos en la puerta del penal cuando los liberaron.
El martes 21, irán ex presos de todo el país, con el apoyo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y las de distintas provincias (en particular de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos). Los acompañarán algunos familiares de los fusilados en Trelew –como Alicia Bonet, con sus hijos y nietos–, Madres de Plaza de Mayo, y muchos de los hijos de los presos, que leerán un discurso frente a la cárcel, donde se colocará una placa que dirá: "En esta unidad penal entre los años 1970 y 1983, miles de militantes populares resistieron las políticas de exterminio de las dictaduras militares". "Por los que aquí murieron, por nuestros familiares y por todos los habitantes de esta región que nos brindaron su solidaridad. Memoria, verdad y justicia", completará el texto.
"Cuando decidimos volver, está la cuota de lo personal, que puede ser: yo estuve en esta celda, estuve con fulano y me acordé, pero lo que buscamos es producir un hecho político", explica Arguello. "Creo que lo central es volver nosotros, todos juntos. Pero también es importante la peña que vamos a hacer", agregó Mogordoy, sobre el momento de reencuentro que tendrán esa noche, en donde cantará el uruguayo Daniel Viglietti. "Salimos hermanados de la cárcel, pese a nuestras diferencias políticas. Queremos rescatar la dignidad y la solidaridad que fueron nuestras banderas y que nos permitieron resistir ese régimen de destrucción", aseguró González.

El Aeropuerto
El miércoles 22, el aeropuerto viejo de Trelew se convertirá en un Espacio para la Memoria. Lo inaugurarán el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. "Trelew es el símbolo de la resistencia a la dictadura militar, por un lado y, por otro, de la represión cobarde, con ese crescendo que va de la noche de los bastones largos a la masacre de Trelew. La conferencia de los presos en ese Aeropuerto deja en claro el carácter antidictatorial de su lucha. Y la masacre fue un mensaje: esto les va a pasar a los que se levanten", consideró Duhalde, en diálogo con Página/12.
Los ex presos participarán de este acto, en el que colocarán una placa, y harán un tercer acto en Rawson, para recordar a los desaparecidos de Chubut. El aeropuerto –en desuso– se reparó y se reconstruyeron los murales que pintaron allí los vecinos de Trelew. En el lugar habrá un archivo audiovisual y documental sobre lo ocurrido en la base Almirante Zar, donde también se creará un lugar conmemorativo en el lugar donde estaban las celdas, en las que quedó pintada la muerte.

19 de agosto de 2007
©página 12
rss