Blogia
mQh

argentina

marcados por la memoria del horror


Un equipo de especialistas asiste a víctimas de violaciones a los derechos humanos en democracia. El Centro Ulloa, de la Secretaría de DD.HH. de la Nación, brinda asistencia integral a víctimas de abusos de fuerzas de seguridad, gatillo fácil, torturas y tratos crueles en cárceles y comisarías.
[Mariana Carbajal] Argentina. Se creó para intentar suavizar las huellas profundas en la salud psíquica y física de las víctimas del terrorismo de Estado –y de sus familiares– y acompañarlas en su recorrido como testigos en los juicios contra los represores. Pero el Centro Ulloa, de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, amplió sus incumbencias. Y también brinda asistencia integral a víctimas de violaciones de los derechos humanos perpetradas en democracia: abusos de fuerzas de seguridad, gatillo fácil, torturas y tratos crueles en cárceles y comisarías. Están organizando un equipo, además, que pueda intervenir en casos de trata. La atención no está centralizada en su sede, en la ciudad de Buenos Aires. Para cubrir todo el territorio del país, armaron una red de profesionales, con perspectiva de derechos humanos, de hospitales públicos en las diversas provincias.
"Si creamos este Centro de Asistencia no podemos solo abocarnos a las violaciones de derechos humanos del terrorismo de Estado. Hay muchas marcas en las fuerzas de seguridad, en las estructuras del Estado, de eso que ocurrió. Las marcas son tan profundas que por supuesto se siguen generando violaciones en la actualidad y no podemos dejar por fuera a esas víctimas. La lógica de trabajo es la misma que aplicamos a las víctimas de terrorismo de Estado", explica a Página/12 Fabiana Rousseaux, directora del Centro Ulloa. También ella tiene sus propias huellas del horror de aquellos años oscuros: su padre está desaparecido.
El Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones de DD.HH. Dr. Fernando Ulloa se creó en octubre de 2010: sus incumbencias se ampliaron en febrero último por decreto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Funciona desde hace pocos meses en una casona con patio andaluz en el microcentro porteño, Esmeralda 138, en las mismas habitaciones que albergaron al extinto Banco General de Negocios, denunciado por la fuga de 250 millones de dólares, de los hermanos Rohm y en cuyo directorio también tenía participación el ex ministro de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz. El pasado y el presente deambulan y se chocan por los pasillos. Pero la casona respira el espíritu del psicoanalista Fernando Ulloa –a quien homenajea con su nombre–, fallecido hace tres años, a los 84 años, reconocido por su compromiso social y político, y sus aportes conceptuales y prácticos a la lucha por los derechos humanos.
En realidad, el Centro Ulloa es la continuación de otras iniciativas promovidas desde la Secretaría de Derechos Humanos para dar contención, acompañamiento y asistencia en salud mental a víctimas-testigos del terrorismo de Estado. "Pero estamos también empezando a trabajar con médicos. Este no es un tema solo de salud mental: cuando una persona, luego de testimoniar en cualquier causa, desarrolla una enfermedad autoinmune y se muere, como ha pasado, es un tema muy grave", apunta Rousseaux.

¿Lo ven como un patrón?
Sí. Por eso hablamos de la importancia del acompañamiento del testigo: el testimonio en el juicio no es volver a contar sino volver a vivir. Y eso trae consecuencias. Algunas personas, como el papá del Negrito Avellaneda (Floreal tenía 15 años cuando fue secuestrado; su cuerpo mutilado apareció en la costa uruguaya en 1976) no podemos decir que murió después del testimonio. Pero como profesionales podemos decir que hay algo del cuerpo que se desadormece después de que toda su vida fue pensada en función de llegar a ese testimonio, a que se haga justicia. ¿Y luego qué viene? Lo vimos en otros casos, en otras provincias. Hay algo que se descongela en el cuerpo. Muchas de estas personas jamás han podido ir a hacerse estudios básicos, indispensables, como un electrocardiograma o una mujer estudios ginecológicos. Son cuerpos marcados por la memoria del horror. En el Centro escuchamos gente que llega derivada de un juzgado, de una fiscalía, que dice: "Yo tengo esta enfermedad hace muchos años, pero jamás pude ir a un médico". No se animaron, tal vez, porque viven en pueblos chicos, donde el médico del lugar pudo estar vinculado con represores.
Una de las asesoras del Centro Ulloa es Alicia Stolkiner, titular de la Cátedra de Salud Pública de la Facultad de Psicología de la UBA y profesora de posgrado en el Departamento de Salud Comunitaria de la Universidad Nacional de Lanús. El equipo se integra con profesionales más jóvenes, como la psicóloga Juliana Serritella, coordinadora del Área de Terrorismo de Estado, y Virginia Delgado, psicóloga y psicopedagoga. "Cuando se funda este Centro, se establece un puente entre las violaciones de los derechos humanos durante el terror de Estado y las actuales, que tienen que ver con la actuación, aun en un marco democrático, de las fuerzas de seguridad de manera inadecuada", puntualiza Stolkiner.
La formación de una red de profesionales en distintos hospitales, que puedan dar respuesta a víctimas de violaciones de derechos humanos, es una prioridad para la Secretaría de Derechos Humanos. "El Programa Consecuencias Actuales del Terrorismo de Estado (CATE) –del cual depende el Ulloa– surge en 2005 con el objeto de volver a instalar el tema de la actualidad del terrorismo de Estado en la salud mental y en la población en general. No se trataba de un hecho del pasado, sino que retornaba sistemáticamente en las consultas y las profesionales daban una respuesta muy curiosa, sobre todo en el interior del país, cuando se acercaba una víctima de terrorismo de Estado tres décadas después a atenderse: ‘Vaya con los de los derechos humanos, esto es un problema de los derechos humanos, nosotros no tenemos nada que ver con el tema’. Dentro de la Secretaría, planteamos la necesidad de que ningún profesional del país, que tenga una matrícula y que sea funcionario público también, pudiera decir que no tenía nada que ver con el problema del terrorismo de Estado, porque la gente, sobre todo en el interior de país, veía acotada su posibilidad de asistencia", dice Rousseaux.

¿Qué particularidad puede tener la intervención de profesionales de la salud mental o médicos de la red que han armado?
Nuestra mirada particular y específica es pensar la representación subjetiva que cada uno tiene respecto de esa violación de derechos. A veces viene gente que uno puede interpretar que no ha sufrido una violación efectiva de derechos humanos en la definición estricta y, sin embargo, hay una interpretación subjetiva. Nos llamaron para intervenir en el primer juicio oral que se va a llevar adelante por el caso de Marita Verón en Tucumán, en el acompañamiento a las víctimas-testigos que van a declarar. Finalmente no nos vamos a ocupar, pero sí pensamos que tenemos que acompañar a víctimas de trata, que es un trabajo casi a la inversa del que hacemos con víctimas de terrorismo de Estado.

¿Cuál es la diferencia?
Por la posición subjetiva de las víctimas. Pareciera ser que lo que hay que construir es la condición de sujeto de derecho en ese caso. Nos parece muy importante –como en el caso de la causa de Automotores Orletti, que muchos testigos venían de Uruguay– qué pasa con el post testimonio y cómo nosotros sostenemos y armamos una red de contención luego de que declaren en el juicio, que es el momento más riesgoso y en el que tal vez la Justicia no piensa, porque está enfocada en el testimonio. Actualmente brindan asistencia a unas quinientas personas, víctimas del terrorismo de Estado. Hay una propuesta de hacer un espacio grupal para mujeres que han sufrido violaciones sexuales en los centros clandestinos.
[* Para consultas sobre el Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos Dr. Fernando Ulloa, dirigirse a Esmeralda 138, llamar al 11-4328-2463 o escribir a centroulloa@jus.gov.ar.]
2 de agosto de 2011
1 de agosto de 2011
©página 12

el arma no se le cayó


Se hizo la reconstrucción del hecho en que murió un joven por una bala policial en San Telmo. El policía que participó del hecho había dicho que el arma se cayó de su cartuchera y se disparó al golpear en el piso. Pero ayer, tras repetir la escena, eso no ocurrió. Para el abogado querellante, llevaba el arma en la mano.
[Carlos Rodríguez] Argentina. Como si se tratara de una competencia atlética cuyo desarrollo se repetía una y otra vez, como en la TV, el cabo de la Policía Federal Ariel Mendoza corrió ayer seis veces el mismo trayecto que hizo, el miércoles 20, cuando un disparo que salió de su pistola reglamentaria, una 9 milímetros Bersa Thunder, pegó en la cabeza de Ariel Domínguez, de 22 años, y lo mató en el acto. En la reconstrucción que se hizo en la esquina de Paseo Colón y Humberto 1º, el arma nunca cayó de la cartuchera, en ninguna de las seis ocasiones. Esto hubiera corroborado sus dichos en el sentido de que el arma resbaló hasta el suelo y se produjo el disparo "en forma accidental", al golpear la Bersa contra el asfalto. "Nosotros seguimos pensando lo mismo, que el arma la llevaba en la mano", le dijo ayer a Página/12 el abogado Jorge Taiah, quien representa a la familia Domínguez. Si bien la diferencia –en la cartuchera o en la mano– no serviría por sí sola para cambiar la carátula del caso, que hoy es "homicidio culposo", un delito con un castigo leve, Taiah sostuvo que "esto no fue un hecho accidental, que es algo totalmente azaroso. No hay azar cuando hay un mal manejo de determinadas situaciones. La responsabilidad es muy distinta".
Taiah, que eludió dar precisiones sobre el trámite realizado ayer porque rige el "secreto del sumario", aclaró que resta conocer el resultado de "otras pruebas" que están en marcha. Una de importancia se conocerá el martes. Es la pericia conocida como "tormento", que consiste en tomar un arma similar a la que llevaba el policía y dejarla caer en el piso varias veces, para ver si se dispara sola. A la vez, hay que determinar si el disparo, en caso de salir sin que nadie jale el gatillo, sigue una trayectoria similar a la que señaló ayer el policía Mendoza: en línea casi recta, con recorrido de abajo hacia arriba.
El relato del agente involucrado fue testeado ayer por la jueza María Gabriela Lanz con tres testigos presenciales: el empleado de un maxikiosco, el cocinero de una rotisería de Paseo Colón al 1100 y un policía de la seccional 14ª. "La reconstrucción fue muy útil porque arrojó nuevos datos positivos para nosotros, pero no puedo adelantar nada, por ahora, porque se impuso el secreto de sumario por diez días", explicó el abogado querellante. "Lo que puedo confirmar es que corrió seis veces, con el arma en la cartuchera, y nunca se le cayó."
El día del hecho, el cabo Mendoza estaba haciendo un servicio adicional en el Registro Nacional de las Personas (Renaper), en Humberto 1º al 200. Cuando supo que policías de la seccional 14ª estaban llevando detenidos a unos chicos por realizar "disturbios", salió corriendo hacia Paseo Colón para "ayudar" a sus colegas. Ayer hizo parte del camino recorrido ese día. Primero se paró en medio de la avenida y cruzó corriendo en dirección norte-sur la calle Humberto 1º. A los pocos metros se desvió en diagonal hacia la vereda de Paseo Colón al 1100 y regresó siguiendo casi la misma línea, siempre corriendo, hasta pararse de nuevo en el centro de la avenida, esta vez casi sobre la senda peatonal, pero del lado sur y no del norte, como cuando empezó la carrera.
El policía quedó de espaldas al joven –siempre según su relato– y allí fue que se le cayó el arma y se disparó. El chico Domínguez también le daba la espalda y recibió el tiro en la nuca. Cayó a poco más de un metro del cordón de la vereda, frente al maxikiosco, que se llama La Ilusión. "No hubo contradicciones con los testigos, porque ellos no vieron toda la secuencia. Algunos sólo vieron al policía cuando levantaba el arma del suelo", explicó Taiah. El abogado insistió en que "la medida fue útil porque arrojó nuevos datos positivos. No puedo adelantar nada, pero me parece que el hecho se va a esclarecer totalmente".
"Lo que dijo e hizo el policía y lo que ratificaron los testigos no cambia en absoluto nuestra posición de que llevaba el arma en la mano. Las pruebas que se produjeron y las que se van a producir van a ayudar a determinar cómo ocurrieron los hechos", recalcó el abogado querellante. Taiah reconoció que es posible que "para la jueza no cambie la figura penal, pero lo que hay que recalcar es que un homicidio culposo no es un hecho meramente accidental. Hay responsabilidades por responder". Los querellantes apuntan a determinar la parte que le cupo al policía y también "las responsabilidades superiores".
El policía dijo que tenía puesto uno solo de los dos seguros que tiene el arma, lo que puede ser considerado negligencia. El dermotest en las manos y en la ropa del agente se hizo a las 23.30 del día del hecho, que había ocurrido siete horas y media antes. La denuncia ante la fiscalía demoró cuatro horas y los gendarmes que hicieron las pericias tardaron dos horas en llegar. Hubo tiempo para cambiar la escena del crimen y eso es lo que cuestionará la querella.
30 de julio de 2011
©página 12

lugares para la memoria


A través de su publicación en el Boletín Oficial, fue reglamentada la ley que declara "sitios de memoria" del Terrorismo de Estado a todos los espacios que la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) identificó como centros clandestinos de detención de la última dictadura.
Argentina. El Poder Ejecutivo será el encargado de "garantizar la preservación" de esos lugares tanto para "facilitar las investigaciones judiciales" como para la "preservación de la memoria".

La ley 26.691, sancionada el 29 de junio pasado por el Congreso nacional, declaró sitios de memoria a los ex centros clandestinos que funcionaron hasta el 10 de diciembre de 1983. Otro de los artículos precisa que para la consideración de "sitios de memoria" será tomado en cuenta los testimonios vertidos en procesos judiciales y los registros obrantes en el Archivo Nacional de la Memoria, de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
El documento convoca a los estados provinciales y al de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a "adherir a la presente ley, para abrir paso a la reconstrucción de nuestro pasado y en un símbolo de lo que nunca más debe repetirse en nuestro país".
29 de julio de 2011
©página 12

quieren prohibir los adjetivos


El alegato de la defensa de los represores Jorge ‘el Tigre’ Acosta y Adolfo Donda. El abogado Víctor Valle cuestionó las "adjetivaciones" con las que la fiscalía recordó cómo los sobrevivientes hablaron de sus verdugos e insistió en los argumentos de cosa juzgada y prescriptibilidad, esgrimidos sin éxito por todas las defensas.
[Alejandra Dandan] Argentina. Las audiencias por los crímenes en el centro clandestino de la Escuela de Mecánica de la Armada continúan en los Tribunales de Retiro, vacíos por la feria judicial. Desde comienzos de la semana, los abogados de los represores intentan los alegatos ante una platea repleta solo en el balcón destinado a los camaradas de armas que se turnan para mantenerla llena todo el tiempo posible. Toman nota como informantes aplicados en pequeños papeles que guardan adentro de libros con apariencia de feria de usados. Ayer, la defensa de los represores Jorge "El Tigre" Acosta, Adolfo Donda, el médico Carlos Capdevilla y Jorge Radice cuestionó centralmente el alegato de la fiscalía, se quejó por las "adjetivaciones" con las que la fiscalía recordó cómo los sobrevivientes hablaron de sus verdugos e insistió en los argumentos de cosa juzgada y prescriptibilidad, esgrimidos sin éxito por cada una de las defensas en cada uno de los juicios.
Temprano, un rumor parecía explicar por qué tanta presencia marina en el piso de arriba. El encargado de la defensa de Acosta y Compañía es el abogado Víctor Valle, defensor oficial y portador de una supuesta carta sorpresa que los marinos querían mostrar. Valle integró las defensas a los represores en el Juicio a las Juntas y hace muy poco fue uno de los abogados que lograron echar por tierra la posibilidad de condenar a los jefes de área en el juicio tramitado el año pasado por el Tribunal Oral 5, el mismo que ahora lleva el juicio de la ESMA.
Pese a que irónicamente se refirió al modo en el que se multiplicaron los acusadores –por la incorporación de las querellas de los organismos de derechos humanos–, el abogado centró su descargo contra los fiscales Mirna Goransky y Pablo Ouvina. El tono prudente con el que comenzó se quebró enseguida cuando se tomó el tiempo de responder con alguna ironía. Discutió la Teoría de Roxin que permite entender como autores a todos los que integran una organización represiva. Y consideró "sorprendente" que los fiscales hayan dicho que cualquier otra intervención adicional que pudiera acreditarse respecto de cada hecho será "un plus cuya eventual ausencia no quita responsabilidad alguna".
Valle pareció sincerarse cuando habló de "modesta unidad de tareas" para referirse a los grupos de tareas que salían a cazar y ejecutar militantes. Y como lo hicieron con más vehemencia –pero sin éxito– sus compañeros en otros juicios, recurrió a un fallo del ex juez Andrés D’Alessio para cuestionar la idea de que solo la pertenencia o "membresía" en un grupo de tareas no alcanzaría para una imputación.
Arriba, los camaradas todavía no se habían dormido, como harían dos horas más tarde. Uno de ellos llegó con un libro llamado Culpas y Castigos. Otro llevaba A cada uno, un denario, de Bruce Marshall. Entre los veinte camaradas en posición de teleespectadores, hubo quienes llegaron de saco y corbata munidos de anteojos con bordes dorados. Y hombres con ropas de batalla, pulóveres raídos y cara de mal dormidos, dedicados curiosamente a escribir en algunas hojas. Uno de ellos dejó el espacio durante el cuarto intermedio para pararse como distraído al lado de un grupo de sobrevivientes en la entrada de un kiosco. Cuando alguien notó su presencia y le clavó los ojos sin disimulo, buscó la forma de alejarse rápidamente. Audiencias atrás, el abogado Rodolfo Yanzón habló de la comunidad de espías que todavía nuclea a los camaradas de armas, una tarea que parece entretenerlos en el transcurso del juicio.
Valle retomó luego el alegato. Enumeró las decenas de formas con las que los testigos hablaron de sus verdugos, una sinopsis perfecta, un retrato adecuado de cada uno y el modo con el que la fiscalía intentó configurarlos para dar una dimensión de los fabricantes de tormentos. "Con el recurso de citar a los testigos, (la fiscalía) adjetivó de manera muy negativa la personalidad" de los acusados, se quejó. "Se habló del sadismo, del poder de Acosta porque era ‘todopoderoso como Dios’, que tenía el mandato de hacer vivir o morir, se le dijo delirante, que ‘nos intenta envolver con sofismos’, mentiroso, charlatán, cínico". Se quejó porque los fiscales llamaron "monólogo" al largo monólogo que Acosta pronunció en una de las audiencias, pero al que él se refirió como "un recurso irónico respecto de una persona que hace largos años está preso, y lo que dijo no es un monólogo, sino una indagatoria, que es el acto fundamental de la defensa".
El defensor cuestionó también que se tomaran los tormentos como delito en sí mismo, una pelea que los organismos de derechos humanos y la Unidad de Coordinación Fiscal de las causas sobre las violaciones a los derechos humanos durante el terrorismo de Estado viene dando en todo el país para dejar atrás la posibilidad de asociar tormentos sólo con la aplicación directa de elementos de torturas, como sucedió durante el Juicio a las Juntas. Tormento es, para los acusadores, todo el periplo que atravesaron los detenidos desaparecidos, desde el momento del secuestro, el tabicamiento y cada una de las formas de vida en los centros de exterminio. Arriba, solo algunas de las intervenciones de Valle y su compañero eran visiblemente bien recibidas. En un momento, el abogado cuestionó como inconstitucional la nulidad de las leyes de impunidad, la legalidad de una justicia que resolvió no comenzar de cero con las causas, sino arrancar en el mismo punto en el que los procesos habían quedado suspendidos y explicó que, para él, se trataban de acciones ya extinguidas. Dijo que los Tribunales de Yugoslavia y de Ruanda prevén la conmutación de las penas y el indulto y en ese momento sí, uno de los camaradas afirmó de palmo a palmo con su cabeza.
29 de julio de 2011
©página 12

condenas en río negro


El tribunal de General Roca juzgó a siete represores por los secuestros y las torturas a dos dirigentes gremiales en 1976. La pena más alta fue para Lucio Gerardo Pedernera, ex jefe de la policía provincial. Un comisario fue absuelto.
[Diego Martínez] Argentina. El Tribunal Oral Federal de General Roca condenó ayer a penas de entre cinco y ocho años y medio de prisión a dos oficiales superiores del Ejército y a cuatro ex policías de la provincia de Río Negro, por delitos de lesa humanidad contra dos dirigentes gremiales en 1976. La pena más alta fue para el general de brigada retirado Lucio Gerardo Pedernera, de 85 años, ex jefe de la policía de Río Negro. "Para mí es el comienzo de una nueva vida porque me pude sacar de encima una pesada", explicó el ex secretario general de la seccional Atlántica de la Uocra, Daniel Avalos. "Pienso en mi compañero (Carlos) Lima, que ya no está", dijo en referencia a la segunda víctima, que murió en 2010, y destacó que "los imputados no tuvieron coraje para venir a escuchar el fallo, pero están en todo su derecho, los mismos derechos que nos quitaron a nosotros y que hoy gozamos todos los argentinos".
Lima era colaborador de la Uocra seccional Sierra Grande, la ciudad donde fueron detenidos el 2 de abril de 1976. A Avalos lo llevaron de su casa. "La dieron vuelta", declaró. Lima supo que lo buscaba la policía y se presentó en la comisaría. "¿Así que vos sos Lima?", alcanzó a escuchar, rodeado por el cuerpo de Infantería. Lo golpearon hasta que perdió el conocimiento. Cuando despertó, estaba rapado. El viernes 5 fueron trasladados en camiones del Ejército hasta Viedma. En el trayecto, Avalos fue autorizado a defecar, aunque esposado a un soldado y apuntado con armas largas. En la Comisaría 1ª de Viedma, ocupada por militares, escucharon los primeros gritos de personas torturadas. Antes de que le colocaran la venda, Avalos alcanzó a ver el cable de una picana eléctrica.
Por las noches, vendados y atados, ambos fueron sacados de la comisaría durante varios días. Los trasladaban en jeep, presumen que a la desembocadura del Río Negro, a una zona conocida como La Boca, donde fueron interrogados, torturados y donde escucharon simulacros de fusilamiento. Avalos fue llevado luego a un sótano de la Escuela de Cadetes, bajo control militar. Durante la estadía lo trasladaron a la base naval de Puerto Belgrano, en Punta Alta, donde lo mostraron ante una secuestrada joven que se llamaría Graciela, para ver si lo reconocía. Lima no llegó a declarar en el juicio, pero por el testimonio de su esposa se supone que también lo llevaron al centro clandestino de la Armada. Avalos fue liberado el 20 de abril. Lima siguió preso en la Comisaría 1ª hasta el 5 de julio. Antes de liberarlo, el coronel Padilla Tanco le advirtió que se olvidara de los padecimientos "si es que aprecia a su familia".
El comisario Rubén Alcides Codina (alias "Negro", 71 años) y el oficial principal Víctor Manuel Lobos (75 años), jefe y subjefe de la comisaría de Sierra Chica, fueron condenados a ocho años y siete años y diez meses de prisión. Los suboficiales Sixto y Elfio Enrique Navarrete, que hoy tienen 82 y 51 años, prestaban servicios en el Cuerpo de Infantería. Los jueces Armando Márquez, Noberto Ferrando y Orlando Coscia condenaron al padre a siete años y medio de prisión y a siete años al hijo, quien según testimonios de secuestrados y admisión de sus superiores era el más violento con los detenidos. El coronel Néstor Rubén Castelli, de 81 años, que ya estaba retirado el 24 de marzo de 1976 cuando los dictadores lo designaron interventor militar de Río Negro, fue condenado a cinco años y dos meses de prisión. Fue absuelto el comisario Alberto Mario Marasco, ex director de la Escuela de Cadetes de la policía. "La Justicia al fin puso orden en este caso. Después de tanto tiempo llegan los castigos", celebró Avalos. "En este momento pienso en mi compañero Lima, que ya no está, y en tantos miles de compañeros de mi generación que ya no están, que nunca sabremos qué pasó con ellos y no tuvieron oportunidad de justicia", añadió.
29 de julio de 2011
©página 12

masacre en jujuy


Al menos tres personas murieron durante un violento desalojo de un predio de la empresa Ledesma, en la provincia de Jujuy. Los muertos son un policía y dos jóvenes que estaban en la ocupación. Renunció el ministro de Gobierno de la provincia. Denuncian que participó personal de la empresa.
[Irina Hauser] Argentina. En un gran terreno triangular, arado pero con algunos brotes de caña que emergen del suelo, se instalaron el miércoles pasado quinientas familias. Allí armaron sus carpas precarias, con palos y techos de nylon. El predio, en Libertador General San Martín, Jujuy, pertenece al Ingenio Ledesma, al que desde hace cerca de cuatro años cientos de personas sin vivienda le piden que ceda quince hectáreas para poder construir sus casas, ya que la localidad está cercada por la expansión de la empresa y no quedan tierras disponibles. El miércoles por la noche parecía avanzar una negociación, conducida por referentes de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y otras organizaciones en representación de la toma, pero ayer a la madrugada un ejército policial apareció en el lugar e invocando la orden de desalojo de un juez local reprimió con ferocidad a los ocupantes hasta entrado el mediodía. La embestida terminó con por lo menos tres muertos –un policía y dos jóvenes que estaban en la ocupación–, un chico gravísimo por un disparo en la cabeza y, según estimaban en la CCC, unos treinta heridos, varios de ellos con balas de plomo. El gobernador Walter Barrionuevo dijo que se sentía "sorprendido, impotente y con bronca" y, al igual que el titular de la Cámara de Diputados y candidato a sucederlo, Eduardo Fellner, atribuyó los hechos a motivaciones "políticas" preelectorales. Barrionuevo desplazó al jefe del operativo policial y por la noche renunciaba también su ministro de Gobierno, Pablo La Villa, responsable del manejo de la fuerza.
La represión policial se desató a las seis de la mañana, aunque desde la noche anterior había policías recorriendo en cuatriciclo los cañaverales lindantes con la tierra donde se encuentran instaladas las familias. Julio Gutiérrez, del Centro de Acción Popular Olga Márquez de Aredez (Capoma), un organismo de derechos humanos, estuvo en el momento en que aparecieron "cientos de policías de Infantería y Caballería". Aunque no hay números oficiales exactos, quienes vieron el despliegue calculan que hubo entre 300 y 500 efectivos tirando gases lacrimógenos y disparando a mansalva. "Aparecieron el predio directamente, sin intentar ninguna clase de diálogo para que la gente se fuera, empezaron a reprimir en medio de la oscuridad", relató. "Tiraron proyectiles de goma antitumulto, pero no tengo dudas de que también tiraron balas de plomo", dijo. Enrique Mosquera, de la CCC, añadió que nunca fueron recibieron notificación de la orden de desalojo y que la represión "fue brutal". Según relato, por la mañana dos bebés de barrios aledaños tuvieron que ser hospitalizados por dificultades respiratorias provocadas por los gases, pero estaban fuera de peligro.
Por la noche, la CCC, fuentes con acceso a la investigación y el gobierno provincial coincidían en que hubo por lo menos tres personas fallecidas, con impactos de bala: el policía Alejandro Farfán, de 23 años, y otros dos jóvenes que habrían formado parte del acampe, Félix Reyes y Ariel Farfán, que tenían los impactos en el tórax. Otro muchacho, Juan José Velásquez, que recibió un disparo en la cabeza y se encontraba muy grave (aparentemente con muerte cerebral), fue trasladado a San Salvador de Jujuy. De unas treinta personas hospitalizadas, cerca de diez tendrían heridas provocadas por proyectiles de plomo. Había gente con perforaciones en las piernas, brazos y el rostro. Una versión hablaba de un cuarto muerto, llamado Víctor Heredia. Según el director del hospital Oscar Orías, Roberto Maizal, había 11 o 12 policías heridos. Al final del día, además, había también cerca de treinta detenidos repartidos en distintas dependencias policiales, y mucha gente había vuelto a la toma en las tierras del ingenio. La investigación de los hechos está a cargo de la jueza Carolina Pérez Rojas, la misma que ayer tuvo que ocuparse del operativo del desalojo. Por lo pronto, ordenó las autopsias para determinar el tipo de heridas y el tipo de balas que se usaron. Ayer se hablaba de calibres 9 y 22, y perdigones.
Ledesma
El pueblo Libertador General San Martín es conocido, en rigor, como Ledesma. Está rodeado de cañaverales y según explican desde la CCC y otras agrupaciones que respaldan la toma, el problema habitacional viene en aumento desde hace varios años. Sólo en esta localidad habría según las cifras oficiales cerca de dos mil personas sin techo. El ingenio de los Blaquier, cuentan, entró en una mayor expansión todavía a partir del auge de los biocombustibles, que utilizan la caña de azúcar como insumo. Entre plantaciones y fábricas para producción de azúcar, papel, alcohol y jugos cítricos ocupan, al parecer, más de 120 mil hectáreas, un verdadero problema para los pobladores de una zona donde no quedan tierras fiscales, ni tierras libres de otro tipo y lo mínimo que cuesta un alquiler son 1500 a 2000 pesos. La ocupación del predio de Ledesma, en reclamo de la cesión de tierras, se afincó una semana atrás, cuando también se realizó la marcha por el 35º aniversario de la Noche de los Apagones, en julio de 1976, cuando en un operativo del Ejército, Gendarmería y la policía que tuvo apoyo del ingenio azucarero donde se cortó la luz, fueron secuestradas centenares de personas.
Mosquera, de la CCC, señaló que hacia el fin de semana último ya eran 700 las familias instaladas y que anteayer a la tarde habían logrado "avanzar en conversaciones con el intendente y con la propia empresa". Según Mosquera, el juez Jorge Samman ya "había firmado la orden de desalojo a pedido de Ledesma el 22 de julio, y enseguida se fue de vacaciones", pero eran las autoridades provinciales las que debían dar luz verde para ejecutarla. El intendente Ale, en diálogo con Página/12, coincidió en buena medida con la descripción: "Habíamos quedado que hoy (por ayer) íbamos a poner grifos comunitarios para la gente que está en la toma, hicimos una ordenanza para que el gobierno provincial intercediera y nos encontramos con que la policía ejecuta a la madrugada el desalojo. Intenté que esto no ocurriera, las tierras no son mías y no tengo fondos para hacer viviendas. Tenemos un problema habitacional en toda la provincia. Cuando desde el Ministerio de Gobierno ordenaron el repliegue policial ya había por lo menos tres muertos", protestó Ale.

Munición Gruesa
El comisario jujeño Hugo Sosa dijo que sus agentes no utilizaron balas de plomo sino sólo "munición antitumulto" y acusó a los manifestantes de haber tirado bombas molotov. Mosquera aseguró: "Sólo teníamos piedras". Al ser consultado por este diario también dijo que el jefe de seguridad privada de Ledesma "estaba entre la policía, participando del operativo". La empresa emitió un comunicado donde dice que "lamenta profundamente" los "graves acontecimientos de violencia" y dijo que espera el esclarecimiento de lo sucedido.
En una conferencia de prensa, el gobernador Barrionuevo –alineado con el kirchnerismo– dijo que estaba "consternado por las muertes de estos jóvenes". "No encuentro explicación, me parece rarísimo." Agregó que le llamó la atención que un juez penal de San Pedro de Jujuy (Jorge Samman) firmara una orden de desalojo durante el último día de la feria judicial, y después se fuera tan livianamente", pero que también le preocupaba la supuesta participación del "personal de seguridad del Ingenio Ledesma". A la vez sembró sospechas sobre la actitud de la CCC, "que ya sabía la noche anterior que saldría la orden de desalojo" y remarcó que "hay una media docena de efectivos policiales que sufrieron heridas con arma de fuego en distintas partes del cuerpo". Barrionuevo anunció que pasó a disponibilidad al jefe del operativo, el comisario mayor Néstor Vera. Igual aseguró que la policía no lleva balas de plomo a los desalojos. Fellner, candidato a sucederlo en la gobernación, sostuvo que "estos hechos tienen claramente un transfondo político, mediático, donde algunos usaron la necesidad de la gente de tener un terreno y casa propia, con un claro objetivo, las futuras elecciones". Junto a ellos estaba el ministro de Gobierno, La Villa, de quien depende la policía. Al rato, presentó la renuncia.
29 de julio de 2011
©página 12
 

descuartizado en cárcel mendocina


El gobierno de Mendoza contraría la gestión argentina ante la OEA. La cárcel de Mendoza es investigada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por las graves violaciones a la integridad y salud de sus internos.
[Horacio Cecchi] Mendoza, Argentina. El gobierno argentino respondió a la CIDH con un informe en el que hizo propuestas para mejorar la situación. Pero, en Mendoza no se cumplen las propuestas. Ya murieron 16 presos en diez meses. El último, el sábado pasado, fue descuartizado.
      
Ayer, este diario publicó que la cárcel de Resistencia es "la peor de todas las unidades del Servicio Penitenciario Federal", según describió un funcionario de la Procuración Penitenciaria de la Nación enviado a revisar la unidad, tras recibir treinta denuncias de torturas y comprobar que los presos son tratados como animales. La cárcel de Mendoza del servicio penitenciario de esa provincia tiene el dudoso mérito de haber arrebatado el top del ranking no sólo a la federal de Chaco sino a todas las unidades del país –federales y provinciales– y, más aún, de toda Latinoamérica. Página/12 informó en ediciones anteriores que se trata de la prisión de mayor hacinamiento, con la lúgubre lista de 15 muertos en diez meses –hasta el sábado pasado– y una situación infrahumana espantosa que motivó la intervención de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la posibilidad de que el Estado argentino reciba durísimas sanciones internacionales por una cárcel que ni siquiera le pertenece (es de órbita provincial) y que el gobierno mendocino defiende como si se tratara de un oasis. El sábado pasado, La Penitenciaría confirmó su negro record de una manera horrorosa: hallaron a un preso que había sido decapitado y le habían arrancado brazos y piernas. La semana pasada, un funcionario de Cancillería había visitado la unidad y la describió como "en situación terminal". Se había quedado corto.
El sábado pasado, alrededor de las 17, los guardias de La Penitenciaría –como conocen a la cárcel ubicada sobre la calle Boulogne Sur Mer, en la capital mendocina– observaron un agrupamiento extraño de presos en el pabellón 7. Cuando se acercaron descubrieron el torso de un preso. Había sido decapitado y le habían arrancado las piernas y los brazos. Después descubrieron de quién se trataba, cuando aparecieron sus restos diseminados en bolsas en diferentes sectores de la unidad: la víctima se llamaba Sergio Norberto Salinas Ares, tenía 24 años, cumplía una condena de 5 años y 10 meses por tentativa de robo agravado, y llevaba cumplidos un año y dos meses. Estaba pronto a salir.
El horrendo final de Salinas Ares incrementó la lista negra del servicio penitenciario mendocino a 16 muertos en menos de diez meses, 11 de los cuales ocurrieron en La Penitenciaría capitalina. El extenso listado se agrega al hacinamiento, la ausencia de retretes, de agua corriente, de medicinas o de atención médica, y la transformación de los diferentes pabellones en un coto de caza para diversión de bacterias, virus, hongos, sarna y demás. Lo anterior no es un artilugio para provocar sensiblería barata sino apenas una mención de la larga cadena de irregularidades que motivó a los abogados del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, Diego Lavado, Alfredo Guevara, Alfredo Guevara Escayola, Carlos Varela Alvarez y Pablo Salinas a presentar una denuncia ante la Comisión Interamericana por los Derechos Humanos, y a la Comisión a aceptar el caso y disponer medidas cautelares (de aplicación inmediata) para salvaguardar la vida de los presos, su separación entre procesados y condenados, y que se garantizaran higiene y salud.
Pero después de la medida cautelar, dos internos murieron apuñalados, varios fueron baleados y unos cuantos mordidos por los perros guardianes. El estado de cosas y el incumplimiento de la medida cautelar llevó a la Comisión a realizar una presentación ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Costa Rica, solicitando medidas provisionales hasta tanto concluyera con una visita a la unidad (se realizará este mes) y un informe ante la Corte. El propio presidente de la Corte envió a la Cancillería comunicando que la situación carcelaria mendocina era "de considerable gravedad". No obstante cinco días más tarde asesinaban a otro preso. A fines de noviembre, la Corte Interamericana aprobó las medidas provisionales solicitadas, que obligan al Estado argentino a presentar una serie de medidas para solucionar la grave situación y tomar medidas extraordinarias para interrumpir las muertes, investigar los casos y garantizar la vida de los internos. La Corte dio siete días para que el Estado respondiera con un informe sobre las medidas tomadas al respecto.
En el medio, el ministro de Justicia mendocino, Roberto Grillo, desató una ola de críticas contra los abogados del MEDH, con un fuerte tufillo a caza de brujas macartista.
El 29 de noviembre, con la firma del subsecretario de Política Exterior, Roberto García Moritán, el gobierno nacional respondió a la Corte. La respuesta estaba a tono con la línea asumida por los abogados denunciantes y con la preocupación manifestada por la Comisión y la Corte. En el informe de una veintena de puntos, el gobierno nacional proponía diversas soluciones al problema atacándolo desde varios puntos.
Pero uno de los abogados denunciantes, Pablo Salinas, señaló que "lo curioso es que mientras el Gobierno dice que la situación está controlada el gobierno mendocino pone todo su esfuerzo para descontrolarla". Salinas ejemplificó con un "botón de muestra: en su informe –dijo Salinas a Página/12–, una de las decisiones del gobierno nacional es limitar el encierro estableciendo un horario de verano e invierno, atento a las temperaturas reinantes, que no podrá superar las ocho horas. Al día siguiente, Grillo dijo que el problema de La Penitenciaría se soluciona con más horas de encierro, a horas de que el ministro Aníbal Fernández visitara la provincia".
Según el informe del Estado, al que tuvo acceso este diario, otro de los puntos proponía la contratación de psicólogos y trabajadoras sociales. Pero cuando el abogado Diego Lavado se entrevistó con el subsecretario de Asuntos Penitenciarios mendocino, Eduardo Orozco, el funcionario le respondió con un tajante "no hay recursos para eso". Orozco es el mismo funcionario que tras la muerte de cinco internos durante una revuelta en la granja penal de Gustavo André, el 1º de mayo pasado, calificó a los tres guardias a cargo como héroes y aseguró a todos los medios locales que él mismo los defendería en caso de llegar a juicio. El juicio llegó. Los tres guardias fueron detenidos. Y Orozco siguió como subsecretario.
Hoy, los abogados del MEDH elevarán un informe a la Corte Interamericana señalando que "el Estado argentino sólo compromete tinta, porque lo que garantiza con su firma ante los organismos internacionales después el gobierno de Mendoza no lo cumple". Pablo Salinas aseguró que "con mucho menos alcanza para que el presidente (Néstor) Kirchner, por lo menos, intervenga al servicio penitenciario mendocino. La Corte tiene jurisdicción para sancionar a la Argentina. Y eso, a nivel internacional, es gravísimo". El sábado, el cuerpo descuartizado de Salinas Ares pareció confirmar que del lado del gobierno mendocino no debería esperarse demasiado más que un par de zapatos y un cinturón de buzo.
27 de julio de 2011
©página 12
©horacio cecchi

el infierno a la vista de los jueces


La última medida de prueba de la causa Díaz Bessone se produjo ayer por la mañana, con una inspección ocular que se completó con los testimonios in situ de quienes estuvieron detenidos clandestinamente. Díaz Bessone volvió a ampliar indagatoria.
Argentina. La última medida de prueba en la causa Díaz Bessone fue el recorrido que se hizo ayer por el Servicio de Informaciones, en San Lorenzo y Dorrego, donde funcionó el centro clandestino de detención que fue el epicentro de la represión ilegal en la zona. Los testigos caminaron por los diferentes sectores del edificio, para mostrar qué ocurría en cada uno de los lugares. El encargado de guiar la recorrida de los jueces Otmar Paulucci, Jorge Venegas Echagüe y Beatriz Barabani fue el sobreviviente Carlos Pérez Risso, uno de los testigos de la causa. En tanto, Laura Ferrer Varela dio precisiones sobre lo que ocurría en el sector conocido como el sótano en 1977. Liliana Gómez y Marta Bertolino también detallaron cómo se disponían los lugares de tortura y de detención en 1976. A la tarde, en la sala de audiencias, Ramón Genaro Díaz Bessone volvió a ampliar indagatoria.
Ante una pregunta de Venegas Echagüe, el ex jefe del Comando del II Cuerpo de Ejército afirmó: "De acuerdo al plan de guerra, se prescribía el intercambio de información. Cuando la policía detenía a una persona que pudiera tener vínculos con la actividad de las organizaciones armadas revolucionarias, colaboradores encubiertos o abiertos, si la persona detenida hubiera sido un personaje importante o interesante para someterlo a interrogatorio, el Ejército la requería. Si era un perejil se la dejaban a la policía. Tenía que ver con el grado de peligrosidad". Los que eran derivados al Ejército, tenían pocas posibilidades de sobrevivir.
El recorrido fue ofrecido por la querella, y también participaron Azucena Solana, Alfredo Vivono y José Aloisio, que volvió al lugar de los hechos por primera vez. Así, "el tribunal tuvo finalmente la posibilidad de ver el lugar donde ocurrieron los hechos que se investigan luego de escuchar a casi 200 testigos", afirmó la abogada querellante Gabriela Durruty, que representa a una parte de los sobrevivientes. "Las dimensiones del lugar dan cuenta de la imposibilidad de permanecer siquiera un segundo allí sin saber lo que ocurría en ese centro de exterminio", agregó la profesional, quien consideró que la medida "fue altamente positiva, se cumplieron los objetivos que nos planteamos como querella al pedir la medida. Fue el broche ideal de la producción de la copiosa prueba".
Una vez en la sala de audiencias, se proyectó el recorrido en la sala para que pudieran verlo los seis imputados. A las 14.30, cuando se reanudó la audiencia, Díaz Bessone volvió a ejercer su derecho al descargo. En primer lugar, quiso desmentir a uno de los testigos. "Pérez Risso dijo que una vez por semana personal del Comando del II Cuerpo visitaba el Servicio de Informaciones. Pérez Risso fue detenido por la policía después de mi cese como comandante del II cuerpo, por lo que ignoro lo que pasó. Durante su gestión, por orden de él, su personal no visitó el Servicio de Informaciones. Desconozco lo que ocurrió luego del 12 de octubre de 1976", dijo el principal imputado en la causa, que debe responder por privaciones ilegítimas de la libertad, torturas y homicidios.
Díaz Bessone también apuntó contra Marta Bertolino. "La señora está confundida o miente. Ella afirmó que un militar de alto rango le explicó los niveles de tortura y le pidió que colaborara. En el Ejército argentino jamás se da el grado de comandante, que es un cargo", dijo el militar.
La audiencia terminó con un incidente planteado por Germán Artola, defensor de Mario Marcote, José Scortecchini y Ramón Vergara. El abogado se opuso a la incorporación por lectura de los testimonios de personas fallecidas durante la tramitación del juicio, con el argumento de que los imputados no pudieron ejercer el control de prueba. La respuesta de Durruty fue que los efectos de la demora del Estado en los juicios por delitos de lesa humanidad no debe redundar en un perjuicio para las víctimas.
27 de julio de 2011
©rosario 12