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hermana dice que no sabe


El testimonio de la monja Nicomendes Zaracho (Felisa), que actuó en el Hospital Militar. Ante el tribunal que juzga el plan sistemático de robo de bebés, la monja relativizó su propia declaración del 2007. Esta vez dijo no recordar que entregara sábanas para "las NN" y tampoco supo qué decir sobre el destino de los chicos que vio.
Argentina. A algunos de ellos siempre les costó contar lo que vieron en el interior del Hospital Militar de Campo de Mayo donde trabajaron durante los años de la dictadura militar, el lugar en el que funcionó la maternidad clandestina que atendió a las parturientas secuestradas. Algunas son religiosas de la Congregación Misericordia de la Tercera Orden regular de San Francisco; algunos son médicos que estaban bajo las órdenes de otros médicos militares. La semana pasada empezaron a pasar por la audiencia del plan sistemático de robo de bebés como ayer lo hizo Felisa, una monja paraguaya, y el médico Carlos Alberto Raffinetti. Ambos habían dicho años atrás algo más de lo que ayer recordaron. La monja, en una declaración de 2007; el médico ante la Conadep. Ayer la presidenta del Tribunal Oral Federal 6 llegó casi a enojarse con la religiosa que sistemáticamente evitó todo tipo de precisiones. "¿Pero usted supo lo que pasó en el país entre los años ’76 y ’82?", le preguntó María del Carmen Roqueta notoriamente incómoda. "¿Nunca tomó conocimiento de lo que se nombró como guerra? ¿Sabe que en este momento está declarando frente a un tribunal federal de la Nación?"
La hermana Felisa se llama Nicomendes Zaracho, una religiosa que trabajó durante doce años en el Hospital de Campo de Mayo. Zaracho era la encargada de distribuir la comida, cuidar la ropa de los soldados y mantener la limpieza de una de las salas que tenía a cargo. Luego de una larga investigación que logró darles nombre a las personas que habían estado en esos servicios, el Juzgado Federal de Jorge Ballestero la convocó en 2007 para una primera declaración. Zaracho en ese contexto habló de las escenas, por las que la querella de Abuelas de Plaza de Mayo volvió a pedir su presencia. Dijo que alguna vez sirvió el desayuno para tres chicos que de pronto, un día, aparecieron en un área del hospital. Mencionó además que cuando distribuía las sábanas e inscribía los destinos, alguna vez tuvo que poner como destino la inscripción "NN". Ninguno de esos recuerdos aparecieron ayer con facilidad. Tanto que durante un tramo de la declaración, cuando las idas y venidas de las preguntas no lograban siquiera acercarla a los puntos más tremendos de esos relatos, Roqueta le preguntó si estaba segura de estar bien. "¿Está amenazada? ¿Recibió alguna coacción?", le dijo. "¿Quiere que desalojemos la sala para que pueda declarar tranquila? ¿Se asesoró con algún abogado antes de venir acá?" La monja, que respondió que no a cada una de las preguntas, hasta con una sonrisa nerviosa, dijo que no también cuando le preguntaron por el abogado, pese a que momentos antes quien la acompañó se presentó como abogado ante alguien de la causa. El hombre, de apellido San Juan, bajó las escalinatas con ella y otras dos religiosas.

La Declaración
La hermana Felisa atendía a los enfermos de la Clínica Médica, que luego pasaban al sector de epidemiología, con acceso restringido al personal militar después del golpe de Estado. "¿De dónde le traían la comida?", preguntó el abogado de Abuelas, Alan Iud. "De la cocina", dijo ella. "¿Y la vestimenta?" "De la ropería", agregó.

–¿Quedaba algún tipo de registro?
–Sí –dijo la mujer–, se anotaban cuántas sábanas iban para los soldados, después las traían y les dábamos ropa limpia.

–¿Alguna vez en esos registros leyó o pudo ver que estuviera el término NN? –preguntó Iud.
–Que yo sepa, no –dijo la religiosa.

–¿Escuchó esa expresión?
–No.

–¿Sabe a qué se refiere esa expresión?
–Son... –propuso– personas que no tienen nombre.

Ese fue el trabado ritmo de la declaración. Zaracho respondió breve o con monosílabos. Luego, las preguntas se escuchaban en tonos cada vez más altos, como si todo fuese un problema de audición. Finalmente, Zaracho volvió a hablar de los niños: "Yo me acuerdo de una vez en pediatría que hubo, no un bebé, sino tres chiquitos, uno de siete años. Yo me acuerdo que le mandaron pedir a la superiora para que les vaya a dar el desayuno a esos chicos; era una nena y dos varoncitos". Zaracho no dijo mucho más. Dijo "no sé" cuando le preguntaron por los padres, aunque no era lo que había dicho años antes. Roqueta empezó a leerle poco después su vieja declaración para recordar alguno de esos puntos. En esa vieja versión, la superiora había recibido una orden durante la noche para darles de comer a unos niños. Zaracho los asistió con otras dos religiosas. "Nos encontramos con un varón de seis o siete años –dijo en ese momento–, y dos hermanos de 2 y 4 años; el varón era primo de los otros chicos; la nena lloraba mucho pidiendo por su madre, y el nene les decía que ya no estaban más. Y decían que los padres los habían puesto debajo de la cama, y sobre ella habían puesto además un colchón." Era el año 1976, los tres estaban en la maternidad, en el área ginecología.
"¿De todo eso no se acuerda nada?", le preguntaron a la mujer. "¿Cómo eran esos nenes?" Ella sólo dijo recordar que el niño era flaquito, algo rubio y tenía un jean y un pulóver.

–¿Sabe qué pasó con esos chicos después?
–No –dijo la mujer.

–¿Y no preguntó a las otras religiosas? ¿No lo hablaban entre ustedes?
–No –dijo Zaracho–. Lo que pasa es que habían dicho que les diésemos el desayuno nomás.

"¿Era común ver chicos en ese lugar?", le preguntaron. "¿Era común ver que lloraran pidiendo por sus padres? ¿Era todo igual? ¿No le llamó la atención?" "No me acuerdo", respondió Zaracho. "Seguramente me acordaba más en esa (antigua) declaración", aclaró. Esa vez, la religiosa había hablado lo de las sábanas para NN. "¿Por qué ha dicho ahora todo lo contrario?", le preguntó el Tribunal. "¿Y qué piensa ahora –insistieron–: por qué se pondrían NN, si antes usted misma dijo que los NN podrían ser las personas que no podían tener nombre? ¿Por qué no podrían tener nombre?" Y ella explicó: "Yo no sé doctora...".
28 de junio de 2011
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identifican restos de seis desaparecidos


Justicia argentina identifica restos de seis desaparecidos en la dictadura. Los restos óseos de cuatro de estas personas fueron recuperados del cementerio municipal de General San Martín, a las afueras de Buenos Aires.
Argentina. Un tribunal de Argentina identificó los restos de seis desaparecidos durante la última dictadura militar (1976-1983) y ordenó su restitución a los familiares de las víctimas, informaron hoy fuentes judiciales.
Los restos óseos de cuatro de estas personas fueron recuperados del cementerio municipal de General San Martín, a las afueras de Buenos Aires.
Una de las personas identificadas es Marta Angélica Taboada de Dillon, quien fue secuestrada el 28 de octubre de 1976 en la localidad bonaerense de Moreno.
Abogada y militante política, al momento de su secuestro tenía 35 años de edad y distintos testigos acreditaron su paso por los centros clandestinos de detención de Proto Banco y Vesubio.
Otro de los identificados es Juan Carlos Mora, secuestrado el 1 de diciembre de 1976 en la ciudad bonaerense de La Plata junto con su esposa Silvia Amanda González, quien que estaba embarazada y cuyos restos ya habían sido identificados.
Mora tenía 20 años al momento de ser secuestrado y fue visto en una comisaría de La Plata y en el centro clandestino conocido como Pozo de Arana.
Los restos de las otras dos personas exhumados del cementerio de San Martín corresponden a Guillermo Ramón Sobral y Marcelo Eduardo Pag.
Según informó hoy el Centro de Información Judicial, estas cuatro personas fueron halladas muertas en los primeros días de febrero de 1977 en distintos sitios de la periferia de Buenos Aires.
Los restos de las otras dos personas identificadas fueron exhumadas en 1983 del cementerio municipal de Moreno y se encontraban en el laboratorio del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) desde 1999.
Se trata de Víctor Hugo González, un obrero de 27 años nacido en la central provincia de Córdoba, y Ruperto Méndez, de 32 años, nacido en la provincia de Entre Ríos.
Ambos participaban el 29 de marzo de 1976 de una reunión de militantes políticos en la localidad bonaerense de La Reja, donde se produjo un enfrentamiento en el cual murieron varias personas y otras fueron secuestradas.
Todas estas identificaciones son fruto de las actuaciones lideradas por el juez Horacio Cattani, encargado de las investigaciones relacionadas con la búsqueda de la verdad y destino final de las personas desaparecidas durante el último régimen militar.
Hasta el momento, esta tarea ha permitido identificar los restos de 205 personas, de los cuales 176 han sido restituidos a sus familiares.
27 de junio de 2011
©la nación

piden inhabilitar a abogados represores


Piden que les retiren las matrículas a represores. Abogados con pasado fuera de la ley. Juan Daniel Amelong cumple reclusión perpetua. Pedro Rodríguez está siendo procesado.
Argentina. La agrupación Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre le pidieron esta semana al Colegio de Abogados de Rosario que les retire las matrículas a dos miembros del foro. Se trata de Juan Daniel Amelong y Pedro ‘Pili’ Rodríguez.
En el caso de Amelong, fue condenado a prisión perpetua por el Tribunal Oral Federal Nº 1 por la comisión de privaciones ilegales de la libertad agravada, aplicación de tormentos agravados y homicidios triplemente calificados, todos ellos delitos de lesa humanidad.
En el caso de Pedro Rodríguez el mismo se encuentra procesado y elevado a juicio oral, por los delitos de privación ilegítima de la libertad agravada y aplicación de tormentos agravados, estando radicada la causa ante el TOF 1, a la espera de fecha para la realización de la correspondiente audiencia.
A pesar de la trascendencia que estas causas revisten, y de su amplia cobertura por parte de los medios de prensa, y ante la inacción del Colegio de Abogados, el Concejo Deliberante de la ciudad, en fecha 29 de julio de 2010, mediante una declaración que se presentó por ante la mesa de entradas del colegio, exhortó al colegio a "suspender la matrícula para el ejercicio de la profesión" a ambos represores, declaración que lleva la firma de la vicepresidenta 1ra del Concejo, Norma López.
Preocupados y a esta altura alarmados por esta situación es que nos dirigimos a Uds a fines exigirles que ordenen al Tribunal de Ética proceder en consecuencia, evitando equiparar a semejantes personeros con los profesionales del derecho, muchos de cuyos miembros han honrado su profesión y algunos integran los 30.000 desaparecidos.
"Pedimos asimismo que el colegio se involucre seriamente con los procesos en trámite, evaluando la presentación de una querella por los abogados víctimas del genocidio" dice el escrito presentado con el patrocinio de las abogadas Gabriela Durruty, Daniela Asinari, Jessica Pellegrini y Leticia Faccendini.
26 de junio de 2011
©rosario 12

ahora podrán enterrar a alcides


La fiscal Colalongo restituyó a su familia los restos de un desaparecido en 1976. Había sido hallado enterrado como NN en el cementerio de Timbúes e identificado luego de un trabajo de investigación de un equipo liderado por la fiscal federal Mabel Colalongo, quien viajó a Entre Ríos para entregar los restos a sus familiares.
[José Maggi] Argentina. Alcides Norberto Gassmann, el Gringo, había nacido el 23 de mayo de 1952, y desaparecido el 6 de agosto de 1976. El día que hubiese cumplido 59 años, el teléfono de la casa de los Gassmann en Crespo, Entre Ríos, sonó para informar a su familia que su cuerpo había sido identificado luego de cuatro años de exhumado. Había sido hallado enterrado como NN en el cementerio de Timbúes e identificado luego de un trabajo de investigación de un equipo liderado por la fiscal federal Mabel Colalongo, quien la última semana viajó a ese pequeño pueblo entrerriano para entregar los restos a sus familiares. Allí estaban sus tres hermanas, su compañera de entonces, una hija de 34 años - que recién por estos tiempos supo quien era su verdadero padre- y su madre de 93 años que parecía haber resistido a pie firme los embates de la vida hasta que su hijo apareciera. Su padre, José Gassmann, que lo buscó desde el primer día en Rosario, falleció hace unos años.
Todo comenzó con el relato de un ex empleado del cementerio de Timbúes, quien relató a la justicia que durante la última dictadura se habían enterrado allí cadáveres NN masculinos. La pesquisa se orientó hacia tres cuerpos: uno de ellos aparecido a la vera de la autopista Rosario-Santa Fe, y los otros dos en el "Camino del espinillo" un paraje costero del río Carcarañá. El testigo también señaló en qué sector de esa necrópolis habían sido inhumados.
El antropólogo Juan Nóbile y Miguel Nieva del Equipo Argentino de Antropología Forense, realizó las excavaciones y exhumación, en 2007, con el apoyo del presidente comunal Néstor Sánchez.
El cuerpo pertenecía a hombre joven de entre 20 y 23 años, estaba boca abajo, estaba vestido con un pantalón tipo Oxford, de color verde, un zapato que en la suela rezaba "Blannos" Nº 40 y una camisa floreada. Los datos formaban solo una pieza del rompecabezas, que la fiscalía se completó con un informe de Inteligencia Diario, el Nº 3113, firmado por el comisario principal Omar Fassi, Segundo Jefe del departamento de Informaciones de la policía santafesina que daba cuenta del hallazgo de un cadáver NN masculino de unos 25 años, tez blanca, cabellos rubios y con una herida de bala en la cabeza, de calibre 11.25. El cráneo del cadáver hallado tenía ese impacto: un tiro en la frente.
El acta de defunción de este NN estaba fechada el 26 de agosto y correspondía a un hombre joven cuyo cuerpo había aparecido en el río Carcarañá a unos seis kilómetros al norte de Timbués el día 20 de agosto de 1976, como consecuencia de " muerte violenta".
Justamente el Ministerio Público Fiscal, encontró -en el Archivo General de la provincia de Santa Fe, cuyo proceso de fotocopiado generó duros roces entre el gobierno santafesino y la fiscalía- aquel parte diario el Nº 3113, donde se daba cuenta que " el 21 de agosto de 1976 en las inmediaciones de Timbúes en aguas del río Carcarañá, fue hallado un cadáver de un NN masculino de aproximadamente 25 años de cutis blanco, cabellos rubios, que presentaba las manos atadas a la espalda, los ojos vendados con cinta adhesiva, y una pesa de aproximadamente 10 kilos atada a la pierna izquierda. Asimismo presentaba una herida de bala calibre 11.25 en la cabeza y señas de golpes en el rostro" según el texto firmado por el comisario Fassi.
"El cuerpo de Gassmann había sido arrojado al río Carcarañá, con un pesa, pero el agua se retiró y quedó al descubierto. Esta era una típica forma de matar del Ejército, que fue probando distintos métodos de disposición final, y perfeccionándolo con el tiempo" explicó uno los investigadores a Rosario/12 .
La familia Gassmann no había dejado su sangre en el Banco Nacional de Datos Genéticos, por lo cual fue necesario que lo hiciera su hermana Elda Pilar, de cuya comparación resultó la identificación.
Este capítulo, es el de la muerte del ‘Gringo’ Gassmann, pero su vida, fue retratada con generosidad por su ex compañeros en el libro ‘Homenaje a militantes santafesinos. Historias de vida’, donde se lo recuerda: "Formó su carácter en la militancia, era un compañero con una calidad humana muy grande, tenía un desapego total, todo lo compartía. Era un tipo muy callado, tranquilo, buenazo, simple. Solía pasar tardes con amigos tomando mates los días de lluvia, o yendo a pasear en bici hasta el río. Tenía una moto Gilera que era usada por todos. Junto a Eduardo Danielis y Jorge Trod, trabajó en el barrio La Orilla (Esperanza). Allí entre otras cosas colaboraba con la gente en cuestiones de saneamiento ayudando a que las casas tuvieran escusados o retretes. También daban funciones de cine, atendiendo a las necesidades culturales y de esparcimiento"... "Era el único hijo varón de una familia de buena posición, del pueblo de Ramírez, en Entre Ríos. Hubiera podido aspirar a un buen estudio de Agronomía y hacer crecer la herencia que iba a recibir, pero fue capaz de dejar todo e irse a trabajar al barrio, con los compañeros de la Juventud Peronista... En esos tiempos sentía una gran amor por una flaca que lo tenía mal. Era gringo, de tez muy blanca y cuando le quería hablar se ponía colorado, delatándose solo... Como otros compañeros venía del Peronismo de Base y luego fue confluyendo con otros grupos para formar la JP... Alcides era un chango callado, siempre solícito, siempre atento a las necesidades de cualquier compañero. Era un tipo fantástico, siempre la pasabas bien con él".
26 de junio de 2011
©rosario 12

a mi querido nieto guido


Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, recuerda a su nieto desaparecido.
[Estela de Carlotto] Argentina. Hoy cumples 33 años. La edad de Cristo como decían, "decimos", las viejas. Con esta inspiración pienso en los Herodes que "te mataron" en el momento de nacer al borrar tu nombre, tu historia, tus padres. Laura (María), tu madre, estará llorando en este día tu crucifixión y desde una estrella esperará tu resurrección a la verdadera vida, con tu real identidad, recuperando tu libertad, rompiendo las rejas que te oprimen.
Querido nieto, qué no daría para que te materialices en las mismas calles en las que te busco desde siempre. Qué no daría por darte este amor que me ahoga por tantos años de guardártelo. Espero ese día con la certeza de mis convicciones sabiendo que además de mi felicidad por el encuentro tus padres, Laura y Chiquito y tu abuelo Guido desde el cielo, nos apretarán en el abrazo que no nos separará jamás.
Tu abuela, Estela.
26 de junio de 2011
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hace 35 años mataron a paco urondo


A los 35 años del asesinato de Francisco Urondo, comenzó en Mendoza el juicio a los policías que lo mataron a culatazos, y se reeditó en Buenos Aires su libro ‘La Patria fusilada’, de 1973.
[Horacio Verbitsky] Argentina. Lo que sigue es parte del testimonio que brindó Horacio Verbitsky en la presentación del libro, acompañado por el editor, Daniel Riera, el hijo de Paco, Javier Urondo, y Raquel Camps, hija de Alberto, uno de los sobrevivientes de la masacre de Trelew, que es el tema del libro.
Este es un acto político, que realizamos en el Archivo Nacional de la Memoria, donde funcionó el campo de concentración de la Escuela de Mecánica de la Armada, y quiero analizar el contenido del libro que presentamos. Pero no me resulta fácil concentrarme sólo en este aspecto, porque esta ceremonia, en este lugar y con esta compañía, tiene un eco afectivo muy intenso. Además de haber sido compañero de militancia fui íntimo amigo de Paco Urondo y de Alberto Camps. Aquí, en presencia de su hija, quiero decir que Alberto fue lo más parecido a la imagen del hombre nuevo en la que creíamos. La persona más noble, más bella, más buena que tuve el privilegio de conocer en aquellos años.
Hace dos días, cuando Cristina dijo que quería ser puente entre las nuevas y las viejas generaciones sentí que interpretaba el propósito de este acto. Los sobrevivientes de aquellos años sólo podemos aspirar a ser eslabones de una cadena tendida hacia el futuro. Además de Raquel Camps debía estar aquí Angela Urondo, la hermana de Javier e hija de Paco, pero se quedó en Mendoza porque hoy declaró en el juicio por el asesinato de su papá y el secuestro de su mamá. Raquel se preguntaba recién qué dirían su papá y su mamá Rosa María Pargas, si la vieran aquí, a mi lado. A Raquel y Angelita les cambié los pañales cuando tenían pocos meses. A Javier también lo conocí de pantalones cortos y lo recuerdo como un héroe infantil. El fue quien descubrió que habían allanado y saqueado la casa de Paco en 1973 y corrió a avisar, lo que salvó a otras personas. Por todo eso es imposible limitarse a un análisis frío del texto que hoy se reedita. Además, estuve presente en el momento en que se generó. El 24 de mayo de 1973, los presos políticos tomaron desde adentro los pabellones de la cárcel de Devoto para garantizar que se cumpliera la promesa de liberarlos cuando asumiera el gobierno popular. Así Paco pudo reunirse con Alberto, con María Antonia Berger y con René Haidar, los tres sobrevivientes de la masacre de la base aeronaval de Trelew del 22 de agosto del año anterior. Javier Urondo dijo que la entrevista salió fluida, porque el padre del detenido Sergio Paz Berlín, Oaky, había conseguido entrar dos botellas de buen whisky. Recuerdo que además pudo hacer pasar varios pollos rotisados. En ese momento yo trabajaba en Clarín. Ante la inminencia del regreso de Perón a la Argentina, ese diario había contratado a varios periodistas vinculados con el nuevo proceso político, como Pablo Piacentini, Luis Guagnini y yo. Clarín trataba de blanquear su historia de complicidad con la dictadura y a nosotros nos venía muy bien para expresar nuestras posiciones en un medio masivo. Con la credencial de Clarín pude entrar a la cárcel y acompañar a los compañeros. Mi crónica se publicó en la edición del 26 de mayo. Poco después me fui a hacer Noticias, el diario de Montoneros que dirigió Paco. Aquella noche, con las dos botellas que recuerda Javier, Alberto, María Antonia y el Turco se encerraron en una celda con Paco, quien comenzó a grabar.

Perón y Otras Cuestiones
Para intentar pese a tanta emoción el análisis crítico, elegí unos pocos pasajes de aquel diálogo. María Antonia Berger dice que en los últimos meses "hemos profundizado mucho la caracterización del Movimiento, en el rol del general Perón. Además, en parte, las organizaciones armadas, de ser grupos armados, creo que hemos llegado a ser, o somos ya, los embriones de la vanguardia. Y eso va mostrando un cambio cualitativo en cuanto a nuestro papel". Dice que la dictadura de Lanusse "trató de separarnos de Perón" para impedir "lo que se dio en los meses posteriores: la unidad entre un pueblo, las organizaciones armadas y Perón". Durante el reportaje en el aeropuerto, Mariano Pujadas dice que la fuga es significativa de la voluntad de unirse de Montoneros, FAR y ERP, de "luchar juntos por la liberación de nuestro pueblo. Hoy nos separan algunas diferencias políticas, pero estamos seguros que al calor de la lucha estas diferencias van a ser superadas".
Urondo destaca que "las formas de lucha, el grado de violencia que expresa la guerrilla, son aceptados popularmente" y acota que los militares "nunca supusieron que el pueblo lo iba a aceptar, porque por el hecho de que la extracción de clase de la mayor parte de los componentes de la guerrilla no pertenecía al pueblo, pensaron que el pueblo iba a rechazarlos. (...). Y en tiempo récord lo aceptó. ¿Por qué? No porque la guerrilla sea fabulosa, porque el pueblo sea fabuloso. No, sino porque el pueblo mismo tenía una experiencia de violencia y de lucha que venía haciendo por sí solo". Para María Antonia uno de los principales errores de Lanusse fue "pensar que Perón se vendía por una presidencia, una cosa así, que lo estimaban muy cortamente a Perón y a todo lo que significa el movimiento peronista. Ese creo que es uno de los errores, no ver qué tipo de contendiente tienen en Perón". Agrega que también las organizaciones armadas "subestimábamos al Movimiento. Porque nosotros teníamos también un desconocimiento de lo que era el Movimiento y del grado de desarrollo de su conciencia". Para René Haidar, cuando la dictadura propuso el GAN, "había sectores traidores del movimiento dispuestos a servir de base a esa política a los que había que combatir, ¿no?, y habrá que seguir combatiendo mientras existan". Luego de un análisis sobre el juego pendular de Lanusse y las respuestas de Perón, que lo superan, María Antonia Berger exclama "¡No tenemos líder, eh!". Estos párrafos que seleccioné y que muestran un alto grado de ingenuidad, reflejan el estado de conciencia de aquel momento y prenuncian los conflictos futuros con que esos compañeros se encontrarán en los años siguientes: el trato con las otras organizaciones armadas, con Perón y con los sectores antagónicos dentro del peronismo, la relación del pueblo con la lucha armada, la concepción de la vanguardia. Parece claro por estos recortes que los cuadros medios de las organizaciones que confluirían ese mismo año en Montoneros no tenían la mejor comprensión de lo que se avecinaba.

Lo Inimaginable
En otro tramo muy significativo, la misma María Antonia cuenta sus sensaciones una vez que fue herida por los marinos. Estaba tranquila, sentía que iba a morir pero no tenía miedo. Se estaba desangrando, lo que los médicos llaman la muerte dulce. Se preguntaba si los compañeros que habían sido rematados cerca de ellos habrían sentido lo mismo. "No era tan triste. Yo tenía la sospecha de que aunque muriera, todo seguía. Tenía la certeza absoluta de que alguien iba a pagar por eso, una confianza total en los compañeros... de que algo iba a pasar después de eso. A mí por lo menos esto me ayudó mucho". Esa era la convicción que todos teníamos entonces, y también mucho después durante la próxima dictadura. Después del golpe del 24 de marzo de 1976, la conducción de Montoneros decidió enviar a Paco a Mendoza, para reorganizar una regional que estaba en emergencia después de una serie de caídas y delaciones. Antes de viajar me invitó a una reunión en la última casa que habitó en Buenos Aires. También estaba su hija mayor, Claudia. Paco tenía un mal presentimiento. Sólo Santa Fe hubiera sido peor lugar para mandarlo. Él había vivido en Mendoza, a partir de su primera detención en febrero de 1973 era conocido, y en las duras condiciones de aquel momento estaría muy expuesto. Sentía que había suspicacia hacia los intelectuales, hacia aquellos militantes que no se limitaban a repetir las consignas o los análisis políticos de los documentos, que eran farragosos y ramplones, y que no ocultaban sus opiniones aunque fueran críticas. Después de comer nos comunicó esos presagios y nos dijo que si a ellos les pasaba algo quería que Angelita se criara con alguno de nosotros. En primer lugar, con Claudia. Pero como ella ya tenía dos hijos pensaba que tal vez no pudiera, y en ese caso deseaba que la nena viviera conmigo y con quien entonces era mi mujer. A menudo cuando Paco y Alicia querían hacer alguna actividad de personas normales, salir juntos, o quedarse solos en la casa, nos dejaban a la bebita por varias horas, de modo que nos reconocía y sonreía cuando nos veía. Se llamaba Angelita, pero Paco hablaba de ella como Felipita, supongo que en irónica alusión a los hábitos de la clandestinidad. Claudia de inmediato dijo que ella se haría cargo. Todos estábamos dispuestos a enfrentar el riesgo de la muerte como parte de la lucha revolucionaria, pero lo que a nadie se le ocurría es que además de la caída individual pudiera existir la muerte colectiva, la derrota del proyecto en el que creíamos. Poco después, el 17 de junio de 1976, en una cita envenenada de las que Paco temía, a él lo matan, y secuestran a su mujer y a la bebita. Hoy esa criatura es una mujer, que está en Mendoza para declarar en el juicio y seguir buscando a su mamá. La abuela materna y la hermana de Paco, Beatriz, que ha muerto hace muy poco luego de escribir un libro hermoso sobre su hermano, consiguieron recuperar el cuerpo de Paco y que les devolvieran a la nena en vez de entregarla a una familia de militares como era común.

El Mandato
Angelita vivió con esa abuela, que me permitió visitarla y llevarle algún juguete, hasta que el compañero de Claudia, el Jote Konkurat, intentó cumplir con el mandato de Paco, pero en una forma que terminó muy mal. Cuando el Jote y otro compañero le comunicaron que venían a llevarse a la nena, la abuela les dijo que antes le cambiaría los pañales y prepararía un bolso con su ropita. Los dejó esperando en la sala y se escapó por la puerta de servicio. A partir de allí no pude volver a verla hasta muchos años después, cuando ella se reencontró con su hermano Javier, que nunca dejó de buscarla. En algún sentido fue mejor así: pocos meses después también Claudia y el Jote fueron detenidos-desaparecidos y nadie pasó a buscar a sus dos hijitos por el jardín de infantes, hasta que llegaron los abuelos paternos desde La Pampa. Es el tipo de cosas horribles que no fuimos capaces de prever. Eso no quiere decir que Angelita la pasó bien. Cuando la abuela se enfermó la dio en adopción a un primo de Alicia, que la crió en la ignorancia de su historia y le cambió el apellido. Hasta el día de hoy, Angie sigue peleando con la burocracia para recuperar su nombre, que es Urondo Raboy. Cuando recuerdo cómo era entonces Raquel, aparecen otros episodios impresionantes de aquellos años. Uno, en especial, que habla del efecto tremendo de la propaganda de la dictadura sobre la sociedad argentina. En un día como hoy de 1978 se jugó en Buenos Aires el partido final del campeonato de fútbol del mundo. Raquel tendría un año y medio y su hermano Mariano cuatro. Como muchos otros, pasaron ese fin de semana en mi casa. Raquel todavía se acuerda de la perra que teníamos, a la que amaba, y hoy me pidió que le repitiera cómo se llamaba. Al atardecer, cuando salimos para llevarlos a casa de los abuelos, nos topamos con la muchedumbre que festejaba el campeonato. No corrían subtes, colectivos ni taxis. Sólo podíamos ir a pie. Mariano ya podía caminar y Raquel venía montada a caballito en mis hombros. Estaban impresionados al ver las calles cubiertas de gente que cantaba y reía. Raquel pidió una banderita como las que flameaban sobre el río de cabezas y se la compré. Era una contradicción tremenda. Imposible no alegrarse ante esa fiesta popular, pero al mismo tiempo sentía en mi mano la mano tibia de Mariano y en mi cabeza las de Raquel que se agarraba de mi pelo, y sabía que eso que estaba ocurriendo beneficiaba a la dictadura siniestra que había destruido la alegría de esas criaturas que amaba. Al llegar a casa de los abuelos, el televisor estaba prendido con las celebraciones. La abuela alzó a Raquel con su banderita, dio unos pasos de baile y dijo:

Ahora voy a salir yo a festejar, para que vean en Europa que aquí no corren ríos de sangre como dicen ellos.

Estupefacto, sólo atiné a preguntarle:

¿No corren?

Esa mujer, casada con un puntero radical mucho mayor que ella, a quien hacía apenas siete meses le habían matado a su primogénito y desaparecido a la madre de los nietos que sólo pudo recuperar por el contacto de Ricardo Balbín con Suárez Mason, se quedó en silencio, con la dolorosa comprensión de la enormidad que acababa de salir de su boca, sin pasar por su mente ni su corazón. Cuando Raquel comenzó a ir al jardín de infantes se hizo difícil mantener la relación. La abuela creía protegerla ocultándole su historia y sobre todo no quería que el resto del mundo la supiera. Nosotros éramos testigos incómodos. No juzgo a esas abuelas. Hicieron lo que creyeron mejor para los chicos, en situaciones terribles para las que nadie las había preparado. Sólo querían preservarlos de un mundo hostil e incomprensible que ya los había golpeado. Raquel me buscó, después de tener sus propios hijos, cuando quiso recuperar su historia. Lo mismo Angie, después del reencuentro con Javier. De eso se trata lo que estamos haciendo aquí.

Las Reacciones Posibles
Hablamos de memoria, no de idealización retrospectiva, acrítica. Frente a cada situación política hay distintas reacciones posibles. Por ejemplo, no tuvieron la misma actitud ante los éxitos de la dictadura Firmenich y Rodolfo Walsh. En febrero de 1977, se distribuyó una cinta grabada por Firmenich en la que minimizaba la cantidad de bajas y desmentía que muchos de los detenidos no resistieran la tortura y en esas condiciones brindaran información que sirviera para producir nuevas detenciones. Existía incluso un manual con instrucciones para resistir la tortura, planteada como otra situación de combate en la que el arma propia sería la fortaleza de las convicciones ideológicas. Por un lado, Firmenich negaba la generalización y la gravedad de las caídas, por otro, como en el famoso reportaje que le hizo Gabriel García Márquez en abril de 1977, se jactaba de que la sangre de esos compañeros daría vida a la organización. A Gabo le dijo que la organización no había hecho nada para impedir el golpe porque lo consideraba "parte de la lucha interna en el movimiento peronista" y se había preparado para soportar en el primer año "un número de pérdidas humanas no inferior a 1500 bajas". Decía que fueron menos de las previstas, y que en el mismo período la dictadura se había desinflado, "mientras que nosotros gozamos de gran prestigio entre las masas y somos en Argentina la opción política más segura para el futuro inmediato". Qué escandaloso desprecio por la vida, no sólo de los enemigos sino también de los propios compañeros. En cambio, al mismo tiempo, en documentos enviados a la conducción, Walsh propuso reconocer la derrota y modificar estructuras y prácticas organizativas para impedir que se convirtiera en exterminio, como ocurrió. Del mismo modo, en la última edición de ‘Operación Masacre’ escribió que el pueblo no lloró la muerte de Aramburu, cuyo dramatismo pone de relieve, pero no se le ocurrió asociar muerte con alegría.
Si alguna lección se puede sacar de esta historia, es que además de la voluntad y de la entrega es imprescindible el pensamiento propio, la crítica y la autocrítica, que no hay que ser complaciente con los compañeros ni autoindulgente, que no debe aceptarse nada a libro cerrado, ni olvidarse la dimensión de los afectos para convertir a nadie en una fría máquina de nada. Estoy triste, porque fuimos protagonistas de un fracaso, porque somos parte de una tragedia. En mis primeros diálogos con Juan Gelman después de la derrota, cuando nos reencontramos al cabo de años de no saber uno del otro, le decía que nuestra máxima aspiración podría ser convertirnos en combustible fósil que sirviera de abrigo a las nuevas generaciones. Por eso también estoy feliz al ver el comienzo de la reconstrucción de tantas cosas que fueron destruidas y el surgimiento de esas nuevas generaciones para las que somos punto de partida de su propia marcha. No para repetir la misma historia, lo cual es imposible e indeseable, porque el país y el mundo han cambiado, pero sí para luchar con otros medios y en otro contexto por los mismos valores por los que lucharon ellos, a quienes, ahora, aplaudimos.

La Nueva Edición
La nueva edición de ‘La Patria fusilada’ lleva en la portada una ilustración de Angela Urondo, la hija menor de Paco. También incluye ‘Condiciones’ y ‘Glorias’, los dos poemas de Juan Gelman que fueron el prólogo y el epílogo de la edición de 1973, realizada por la revista Crisis. El director de la colección Crónicas del Continente, Daniel Riera, incluyó también una serie de acotaciones y de notas al pie, para clarificar detalles de época obvios entonces pero desconocidos por las nuevas generaciones, como en qué consistía el Gran Acuerdo Nacional propuesto por la dictadura de Lanusse o qué significaba la sigla DIPA. Además la edición contiene el texto completo de la conferencia de prensa ofrecida por los evadidos del penal de Rawson en el aeropuerto de Trelew, ya rodeado por las tropas de la Marina que los recapturarían para llevarlos a la base naval donde serían asesinados. En anexos se informa sobre los asesinatos de Urondo y Camps y las desapariciones forzosas de Haidar y Berger y acerca de los juicios por la masacre de Trelew y por el asesinato de Urondo y la desaparición de su mujer, Alicia Raboy. Riera es poeta, novelista, periodista y ventrílocuo. En su show, el ventrílocuo se llama Paco y su muñeco Oliverio, en homenaje a Urondo y Girondo, sus poetas predilectos. No se si sabe que Girondo también era uno de los preferidos de Paco.
26 de junio de 2011
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les tomaron muestras de sangre y saliva


De Marcela y Felipe Noble Herrera. Los hijos adoptivos de la dueña de Clarín estuvieron más de nueve horas en el Hospital Durand. Se resistieron a que sus muestras queden en el BNDG, pero luego hubo acuerdo. La jueza podría ordenar el entrecruzamiento la semana próxima.
[Raúl Kollmann e Irina Hauser] Argentina. Tras más de nueve horas, casi al entrar la noche, terminó el proceso de extracción de muestras de Marcela y Felipe Noble Herrera. La medida se demoró porque durante la jornada hubo numerosos planteos que la jueza Sandra Arroyo Salgado fue resolviendo sobre la marcha. El que más demoró fue un pedido de los abogados de los hijos adoptivos de la dueña de Clarín, que se opusieron a que las muestras queden en el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) para ser comparadas, también en el futuro, con las familias que vayan apareciendo porque se enteren de que sus hijas, luego asesinadas, dieron a luz en cautiverio. La jueza sostuvo que las muestras debían quedar en el BNDG e incluso dijo que estaba dispuesta a realizar de forma compulsiva la toma de huellas dactilares que luego dejan pequeños rastros de piel y por lo tanto células para realizar el ADN. Tras una reunión a solas entre Marcela y Felipe y sus abogados, resolvieron cambiar su postura y accedieron a que las muestras de sangre y saliva queden depositadas en el BNDG. De esa manera, se completó el primer paso: la obtención de muestras.
El próximo paso, a partir del lunes, es que el BNDG, bajo la dirección de la doctora Belén Rodríguez Cardozo y con la verificación de todos los peritos de parte, establecerá el perfil genético de Marcela y Felipe. Eso tardará muy pocos días. Después, la decisión sobre el tercer paso queda en manos de la jueza federal Sandra Arroyo Salgado. Ella tiene que resolver si ordena el entrecruzamiento de los perfiles genéticos de Marcela y Felipe con todas la familias que buscan a sus nietos y que dejaron las muestras en el BNDG.
La extracción de sangre y saliva se hizo alrededor del mediodía, con Marcela tomando la delantera. Nada menos que 24 personas participaron del proceso. Esto incluyó a los técnicos del Banco, a los peritos genetistas de los Noble Herrera, a los de Abuelas y de las dos familias querellantes. Por supuesto también estaban los abogados, los fiscales y la propia magistrada. El clima fue de tensión, porque la jornada se hizo muy larga por los distintos planteos. Se la vio a Marcela tomando decisiones y a Felipe más bien callado y siguiendo las instrucciones de su hermana adoptiva. Cuando a Marcela le sacaron sangre, la jeringa y la aguja se pusieron en una bolsa y se tiró a uno de esos recipientes destinados luego a la destrucción. Sin embargo, Marcela exigió que le entreguen la bolsa con la jeringa y la aguja y se la llevó consigo, al tiempo que le daba la instrucción a Felipe de que hiciera lo mismo.
Lo que produjo las mayores demoras fue la decisión de los Noble Herrera de no permitir que las muestras queden en el BNDG. La jueza se mantuvo muy firme y adelantó que la extracción se debía hacer como se hizo con todos los posibles hijos de desaparecidos. Se obtienen pequeñas muestras de sangre, saliva y piel y el material queda depositado en el Banco, porque continuamente aparecen nuevas familias que se enteran de que sus hijas podrían haber estado embarazadas en el momento del secuestro. En los últimos tiempos, por ejemplo, aparecieron diez familias nuevas y en un caso ya dio positivo. La pretensión de no dejar las muestras hizo subir la tensión y Arroyo Salgado les dijo a los hermanos y sus abogados que estaba dispuesta a obtener, de forma compulsiva, huellas digitales que, puestas sobre un papel especial, dejan marcas de piel de las que se pueden sacar células que permiten el ADN. Tras muchas idas y vueltas, Marcela y Felipe tomaron la decisión de que las muestras queden en el BNDG.
Están quienes afirman que la jueza ya está facultada para hacer el cotejo porque todas las partes –los Herrera Noble, los fiscales, los querellantes, incluyendo a Abuelas– dijeron por escrito que están dispuestos a que se haga la comparación con todas las familias que figuran en el Banco. Pero otros consideran que hay que atender a la decisión de la Cámara de Casación que limitó el cotejo a un grupo de familias relativamente chico, cuyas hijas fueron secuestradas antes de julio de 1976. Abuelas, las familias querellantes y los fiscales apelaron esa decisión porque no quieren convalidar las fechas que figuran en la adopción realizada por la dueña de Clarín. Esa apelación está todavía sin resolver, aunque Casación decidió suspender su tramitación luego de la novedad de la extracción a la que se sometieron voluntariamente Marcela y Felipe.
No obstante, en tribunales sugieren que Arroyo Salgado daría a conocer el lunes o martes una nueva resolución y que probablemente se incline por hacer el entrecruzamiento con todo el BNDG, como quieren las partes y marca la ley. En ese caso, los resultados –positivos o negativos– estarán listos en pocas semanas.
26 de junio de 2011
25 de junio de 2011
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ladrón de bebés seguirá preso


Robo de bebés durante la dictadura. El exdirector de la ESMA seguirá tras las rejas.
Argentina. La Cámara Federal confirmó el rechazo de la excarcelación de Edgardo Otero, procesado por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada durante la dictadura. Está acusado "de sustracción, ocultación y retención de un menor de diez años" que había sido robado a sus padres desaparecidos. El tribunal basó su decisión en el "carácter de delito permanente que registra el ilícito" que se le imputa.
    
La jueza María Servini de Cubría se había opuesto a liberar a Otero, de 84 años, en esta causa en la que está procesado como "autor de los delitos de sustracción, ocultación y retención de un menor de diez años". Se trata de la hija biológica de Orlando Ruiz y Silvia Dameris que fue entregada por Otero al represor Juan Antonio Azic, quien la inscribió con su apellido y con el nombre de Carla Silvina Valeria.
Según Télam, en parte de las seis carillas de su resolución, los camaristas Horacio Cattani, Martín Irurzun y Eduardo Farah recordaron que el 26 de mayo de 2008 "cuando se incorporó a la causa el informe del Banco Nacional de Datos
Genéticos que estableció que ella es hija biológica de Orlando Ruiz y Silvia Dameris" recién "pudo descubrirse la verdadera identidad de la menor sustraída".
Los camaristas añadieron que "el hecho que se le reprocha formó parte de un plan integral en la secuencia fáctica desarrollada en la ESMA y culminó con la sustracción, y posteriormente con la retención/ocultación de la menor". En abril el mismo tribunal confirmó el procesamiento con prisión preventiva de Otero y sostuvo que "a esta altura de los acontecimientos se encuentra debidamente acreditada la existencia de un plan sistemático llevado a cabo en la ESMA".
En ese lugar, se reconoció, "se perpetraron sustracciones de menores acaecidas en un marco fáctico de privación ilegal de la libertad de sus padres, donde fueron sometidos a torturas y tratos degradantes".
Los magistrados concluyeron, entonces, que "han existido órdenes secretas impartidas por los ex comandantes de las Fuerzas Armadas para que se sustrajera violentamente a los menores para que fueran entregados a matrimonios vinculados con las fuerzas de seguridad". Y Otero "no ha sido ajeno" a que la hija de la detenida desaparecida Silvia Dameri "fue fraudulentamente inscripta como Azic".
24 de junio de 2011
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