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el delito de usar a menores


Dos hombres fueron condenados por el asesinato del músico Santiago Urbani, cometido en 2008 en Tigre. Uno de ellos fue sentenciado a 27 años de cárcel por el homicidio y además por haber reclutado a menores de edad para que cometieran ilícitos.
Argentina. En el caso por el asesinato del músico Santiago Urbani, la Justicia emitió una sentencia inédita al condenar a 27 años de cárcel a un hombre que había reclutado menores de edad para que cometieran ilícitos. En la sentencia, el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 6 de San Isidro dictó esa pena para Oscar ‘El Pelado’ Pérez Graham, de 44 años, mientras que para otro de los responsables del homicidio, Emiliano Herrera, de 21, resolvió aplicar una pena de 20 años. Julia Rappazzini, madre del chico asesinado en 2008 en Tigre, no se mostró del todo satisfecha por las decisiones judiciales. "Si bien las penas son altas y de cumplimiento efectivo, no es por lo que nosotros vinimos. Los quiero ver adentro hasta el día en que se mueran, no quiero verlos pisar la calle." Rappazini, que había reclamado prisión perpetua, concedió, sin embargo, que "es importante la condena" porque demostró la responsabilidad en el asesinato de su hijo.
Ambos acusados fueron hallados responsables de "homicidio en ocasión de robo producido mediante la utilización de un arma de fuego", pero en el caso de Pérez Graham se sumó el agravante de "la intervención de menores de edad", puesto que durante el debate quedó acreditado que instigó y dirigió a los adolescentes en su actividad delictiva. Los jueces María Angélica Etcheverry, Luis Rizzi y Federico Tuya también declararon "reincidente" a Pérez Graham, lo que le impedirá acceder al beneficio de la libertad condicional y deberá, en cambio, cumplir el total de la pena en la cárcel.
Los fiscales Cosme Iribarren y Rodrigo Caro habían solicitado penas mayores: reclusión para Pérez Graham y prisión perpetua para Herrera. En ambos casos, habían sustentado la demanda en el hecho de que el asesinato de Urbani constituyó homicidio calificado ‘criminis causa’, vale decir, que se trató de matar para ocultar otro delito (en este caso el robo) y así lograr la impunidad. Los jueces disintieron. En su resolución, consideraron que los acusados no mataron para ocultar el robo, aunque sí tuvieron una activa participación en el hecho que se estaba cometiendo en la casa de la víctima. De allí que hayan considerado que Pérez Graham y Herrera, aun cuando no hayan sido los autores del disparo mortal, debieron prever que usarían las armas de fuego que portaban al momento de entrar en la casa amenazando a Urbani. Esa misma hipótesis avaló Rappazini luego de la sentencia. "No es que salieron una noche a bailar, a ver qué hacer. Salieron con un plan para matar, con armas cargadas, cada uno tenía su rol y cualquiera que hubiera fallado no se llegaba a este fin."
Por el crimen, en 2010 el Tribunal de Responsabilidad Penal Juvenil 3 de San Isidro declaró responsables a dos adolescentes a quienes se aplicará la pena a mediados de 2011, una vez que cumplan 18 años.
1 de mayo de 2011
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absuelven a policías


Absolvieron a cinco policías por el asesinato de Lepratti. Son los que acompañaban al autor material del disparo que mató a Pocho Lepratti en diciembre de 2001. La abogada de la familia aseguró que "no hay duda que intentaron encubrir" el hecho. No descartó recurrir a la Corte Suprema.
Argentina. La Sala II de la Cámara de Apelaciones absolvió a los cinco policías de la Unidad Regional II condenados por encubrir el asesinato del militante social Claudio ‘Pocho’ Lepratti, ocurrido el 19 de diciembre de 2001. El fallo beneficia a Marcelo Arrúa, Rubén Pérez, Roberto de la Torre, Daniel Braza y Carlos Alberto de Souza, quienes acompañaban en el móvil 2270 al policía del Comando Radioeléctrico de Arroyo Seco, Esteban Velázquez, autor material del asesinato. Los policías absueltos habían sido condenados por la justicia en un fallo de primera instancia por falsedad ideológica de instrumento público y encubrimiento agravado en concurso ideal. Ahora, el tribunal de alzada, que integran los camaristas Carina Lurati, Juvencio Mestre y Ramón Ríos, decidió absolver a los cinco policías por el beneficio de la duda. La abogada de la familia Lepratti, Carmen Maidagan, dijo que "no hay duda alguna" de que existió una actitud de encubrir y falsear documentación pública, y que "existen elementos" para solicitar un recurso de inconstitucionalidad ante la Corte.
Arrúa y Pérez, chofer y acompañante respectivamente del móvil en el que iba Velázquez; de la Torre, ex jefe de la subcomisaría 20ª; Braza, ex jefe del Comando Radioeléctrico, y de Souza, ex oficial de guardia de la subcomisaría 20ª, habían sido condenados por el juez de sentencia Julio García, que les aplicó una pena de dos años y ocho meses de prisión de ejecución condicional e inhabilitación absoluta por el doble de tiempo de la condena, como coautores penalmente responsables de los delitos de falsedad ideológica de instrumento público y encubrimiento agravado en concurso ideal.
Según el camarista Ríos, se trató de un caso en con situaciones confusas. "Estos policías estuvieron perseguidos por homicidio y algunos estuvieron detenidos bastante tiempo, hasta que se aclaró que el arma era del culpable y autor material. Fue cuando se comprobó fehacientemente que el proyectil que estaba en el cuerpo de Lepratti salió del arma de este oficial que estaba en la guardia en ese momento", precisó el magistrado.
En el fallo, la defensa de los policías consideró que la falsedad de documento público se configura cuando se insertan o se hacen insertar declaraciones falsas concernientes a un hecho que el documento debe probar, y "en la especie no hay dudas sobre la fidelidad de la referida acta ya que todos los agentes la ratifican y no hay falsedades introducidas en la misma".
Para Maidagan, "no hay duda alguna" de que existió una actitud de encubrir y falsear documentación pública. "En este tipo de delitos no va a haber un documento donde ellos firmen que digan que van a falsear, pero todos los elementos que se juntaron en la causa sostienen que las cosas consignadas en el acta no son ciertas. El acta de procedimiento es la primer foja de cualquier sumario, de ahí surge toda la investigación, y esto da carta blanca a que se haga lo que quiera de acá a futuro total no hay sanción", abundó.
En referencia a la imputación de encubrimiento agravado, la defensa de los policías planteó que debía ser rechazada de plano por cuanto Pérez y Arrúa "fueron inicialmente imputados por el homicidio de Lepratti de manera que no pueden ser ahora condenados por un presunto encubrimiento del homicidio, después de haber estado detenido Pérez 6 meses y ocho días bajo tal acusación mayor".
En este sentido, Maidagan enumeró "denuncias que no se hicieron, el tema del móvil que ellos dicen que les disparan y se comprobó que los disparos no pudieron ser hechos del techo; todo esto demuestra que hubo una actitud por parte de la policía para tratar de encubrir y llevar la investigación hacia otro lado".
La abogada agregó que el planteo que de la Torre y Braza "no dan fe de lo que ocurrió porque en realidad ellos lo único que reciben son las manifestaciones de los otros dos, y que a su vez estos no son responsables porque no se los puede obligar a auotincriminarse, es un disparate total. Además, cuando ellos hacen el acta de procedimiento en realidad todavía no estaban imputados de nada, por eso la Cámara no puede decir que por una cuestión de legítima defensa ellos no pueden estar obligados a decir la verdad".
Maidagan adelantó que le pedirán al Procurador o al Fiscal que planteen un recurso de inconstitucionalidad ante la Corte, porque consideran que existe "gravedad institucional" y por "arbitrariedad". Además, solicitarán a la Legislatura que tomen una intervención activa para determinar si "hay irregularidades en los distintos jueces que intervinieron, y en su caso se inicien los jurys que correspondan".
El 19 de diciembre de 2001, ‘Pocho’ Lepratti, un militante social de 38 años que ayudaba en un comedor comunitario de barrio Las Flores, subió al techo para pedirles a los policías que no dispararan al aire, porque adentro había chicos comiendo. Pero Velázquez lo mató con un disparo de su Itaka en la garganta, por lo que fue condenado por el juez de Ernesto Genesio a 14 años de prisión.
30 de abril de 2011
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causa esma entra en etapa final


Después de la extensa ampliación de declaración de Jorge ‘el Tigre’ Acosta sobre el secuestro de las monjas francesas, del grupo de Madres y de Rodolfo Walsh, el tribunal incorporó los videos de los testigos en el Juicio a las Juntas.
[Alejandra Dandan] Argentina. A dieciséis meses del comienzo, el juicio por los crímenes de la ESMA entró en la etapa final. Después de la última ampliación de la declaración de Jorge ‘el Tigre’ Acosta –que se extendió el lunes pasado hasta las once y media de la noche–, el Tribunal Oral Federal 5 dio lugar a la incorporación de las declaraciones de testigos que están muertos o no están en condiciones de declarar. En una medida celebrada por los querellantes, en las audiencias se están viendo las declaraciones filmadas que esos mismos testigos realizaron en el juicio a la junta de comandantes. Entre ellos hubo testimonios fundamentales como el de Emilio Mignone, uno de los fundadores del CELS, y el ex capitán Jorge Félix Roberto Búsico, uno de los integrantes de la ESMA que reconoció las operaciones ilegales contra los militantes políticos.
La semana comenzó el lunes con la declaración de El Tigre Acosta, que viene hablando desde hace tiempo. Habló mucho, largo, y pronunciando mentiras sobre verdades, como lo explicaron las querellas. Como había sucedido días previos con Miguel Donda, durante su relato Acosta rozó por momentos la autoincriminación. En una línea en la que terminó describiendo la ESMA como centro de reclutamiento y de torturas, hizo subrayados importantes sobre tres puntos: volvió al operativo a Rodolfo Walsh descripto por él mismo en una carta que había entregado al tribunal; se refirió al secuestro del grupo de Madres y familiares de desaparecidos en la Iglesia de Santa Cruz y describió cómo se organizaban los operativos en las calles.
Sobre Walsh, volvió a decir lo que dijo en la carta. Que estaba dispuesto a morir sí o sí. Repitió la idea del suicidio, habló de un solo tiro y describió el traslado del cuerpo a una comisaría de la zona para sacarlo de la ESMA. Fuera de eso, las querellas tomaron nota del nombre de un capitán a quien mencionó como a cargo del operativo, hombre que, por supuesto, está muerto.
Del grupo de la Santa Cruz, mencionó por la negativa un dato que podría certificar la fecha de los traslados de las víctimas. Acosta dijo que entre el 7 y el 15 de diciembre la ESMA prácticamente no funcionó. Que se suspendieron las tareas del GT 3.3.2, que nadie trabajó y que por los feriados quedaron todos abocados a firmar papeles de las licencias y diplomas. "Lo dijo así, con ese descaro", señaló a Página/12 Ana María Careaga, hija de una de las integrantes de la Santa Cruz. Para los acusadores el tema de las fechas es importante. Algunos creen que, de alguna manera, con esos datos Acosta marcó los límites de la permanencia del grupo en la ESMA, y ubicó el día 14 como el momento del vuelo final de los cuerpos, un dato que está en investigación porque algunas versiones indican que podría haber sido días más tarde.
Por otra parte, admitió que desde agosto o septiembre de 1977 todos los agentes de inteligencia estuvieron abocados a infiltrarse en el Movimiento de Solidaridad de Derechos Humanos para cambiar la imagen de Argentina en el exterior. "Incluso yo mismo participé para visitar periodistas y medios extranjeros porque sabía bien inglés", dijo. Explicó que hizo la tarea con una de las secuestradas que tenía esas mismas condiciones. Pese a que no dijo claramente dónde estuvo, quienes lo escucharon entendieron que uno de los lugares pudo haber sido la Plaza de Mayo. Y que la idea era toparse ahí con periodistas para darles una versión distinta de lo que estaba pasando.
Sobre los operativos, evocó las estrategias del grupo de tarea 3.3.2 ante el uso de las pastillas de cianuro durante los secuestros. Explicó que al comienzo daban la voz de alto, pero eso producía un enfrentamiento y los militantes solían usar las pastillas de cianuro que impedían capturarlos con vida. "Todo el mundo conoce el famoso tacle de Astiz –dijo–, pero eso lo hicieron varios." Con ese tacle, lo que hacían era acercarse a las víctimas y agarrarlos para evitar que tomen las pastillas. A esa altura, en la ESMA, explicó también, había un médico que encontró el modo de contrarrestar los efectos del veneno.
Días después, comenzaron a verse los videos de las declaraciones en el juicio a la junta de comandantes. Uno de los testimonios clave fueron dos tramos del testimonio de Mignone, sobre el que las querellas tomaron nota. Uno de ellos son las tres entrevistas que mantuvo con el represor y jefe de la Armada Emilio Massera, en las que le dijo que las monjas francesas estaban muertas. Mignone le respondió: "Si están muertas es porque ustedes las mataron". Y Massera no contestó. Otro de los tramos es cuando da cuenta de una entrevista en 1977 con Óscar Antonio Montes, uno de los represores acusados en el juicio. Durante un exabrupto Montes reconoció que los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics habían sido víctimas de grupos de tarea de la Armada.
Otro de los testigos reescuchados fue Búsico. Durante el Juicio a las Juntas, declaró que en 1976 era capitán de Fragata y era uno de los operativos dentro de la ESMA. Pese a que no estaba afectado a la "lucha contra la subversión", un día lo convocaron para un operativo. Durante el procedimiento, él dio su nombre y por eso lo reprocharon sus compañeros de arma. Detrás de él llegó Néstor Omar Sabio, que no dio su nombre, sino uno falso, una característica que le permitió empezar a entender cuál era la metodología. Aseguró que por esa situación se quejó ante Chamorro para decirle que no estaba de acuerdo con el uso de nombres falsos, con los operativos de noche y el hacerlos de modo encubierto. Que por esa razón lo separaron de la "lucha antisubversiva", pero que de todos modos en las guardias que le tocaban veía entrada y salida de personas que claramente no eran personal de la ESMA. Que la gente entraba capturada, llegaba encapuchada y nunca los vio salir". Los veía pasar de un lado a otro, en algunos casos los llevaban con frazadas, y que desde uno de los puestos se les daba órdenes a la Policía Federal para no intervenir en las zonas.
Una vez, dijo, le pidió a un mayordomo de la ESMA sus cosas para llevárselas. El hombre no las encontró y entonces lo autorizaron a subir a buscarlas al altillo. Dijo que en ese momento se quedó impactado. "Para mi sorpresa estaba repleto de muebles y de cosas que sin duda eran resultado de la lucha contra la subversión."
Ayer fue el turno de Thelma Jara de Cabezas, que no está en condiciones físicas de declarar en las audiencias. Esta serie de testimonios permitió a las querellas empezar a pensar que todas las declaraciones de estos juicios, que también están siendo registradas, podrían usarse en los próximos debates.
30 de abril de 2011
29 de abril de 2011
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torturas de tercer grado


El terrorismo de estado y la representación del trauma. La autora apela a fuentes como el ‘Reglamento de Operaciones a Psicológicas’, que utilizaron dictaduras argentinas, o a las fotografías tomadas por prisioneros de los campos de concentración alemanes, para afirmar que el hecho traumático no está "más allá de la representación" y sostener que su representación es un acto político y ético.
[Norma Slepoy] Argentina. Durante mucho tiempo, distintas voces advirtieron que el terror que cundió en la sociedad durante la dictadura no era una simple consecuencia de la represión, destinada a aniquilar a quienes se opusieran al proceso de reorganización económico-política de la nación. Se decía que el terror en sí mismo había sido planificado. Estas inferencias hallaron amplia corroboración al hallarse un documento del Ejército en el que se establecieron las acciones psicológicas a implementar para producir el terror en la población; su sola lectura provoca una gran impresión.
El hallazgo del documento –cuya existencia fue revelada por Página/12 el 26 de julio de 2009, en nota firmada por Adriana Meyer– fue resultado de la búsqueda efectuada por los abogados David Baigún y Alberto Pedroncini. Se trata del Reglamento del Ejército RC-5-1, denominado Operaciones psicológicas. El ítem Nº 2004, llamado "Método de la acción compulsiva", dice: "El método de la acción compulsiva será toda acción que tienda a motivar conductas y actitudes por apelaciones instintivas. Actuará sobre el instinto de conservación y demás tendencias básicas del hombre (lo inconsciente). La presión insta por acción compulsiva apelando casi siempre al factor miedo. La presión psicológica engendra angustia: la angustia masiva y generalizada podrá derivar en terror, y eso basta para tener al público (blanco) a merced de cualquier influencia posterior. La fuerza implicará la coacción y hasta la violencia mental. Por lo general este método será impulsado, acompañado y secundado por esfuerzos físicos o materiales de la misma tendencia. En él la fuerza y el vigor reemplazarán a los instrumentos de la razón. La técnica de los hechos físicos y los medios ocultos de acción psicológica transitarán por este método de la acción compulsiva".
El resumen final del Reglamento divide los medios previstos y autorizados de acción psicológica en tres campos: 1) naturales; 2) técnicos; 3) ocultos. Entre los medios "ocultos" incluye: "Compulsión física, torturas de tercer grado"; "Compulsión psíquica", clasificada a su vez en: "1) Anónimos, amenaza, chantajes. 2) Seguimiento físico, persecución telefónica. 3) Secuestros, calumnias. 4) Terrorismo, desmanes, sabotaje. 5) Toxicomanía (incluye alcoholismo, drogas y gases incapacitadores psicológicos). 6) Lavado de cerebro".
Para señalar los efectos de este plan, analizaré brevemente algunas frases de ese entonces. Todos recordamos la tristemente célebre "Por algo habrá sido". La vincularé con otra frase, la de un prisionero que a su regreso describe lo acontecido en el campo de detención y tortura: "¡Es un infierno! ¡Gritos terribles todo el tiempo!".
"¡Es un infierno!" alude a lo horroroso y parece corresponder a un primer nivel de representación del hecho traumático. "Por algo habrá sido" se presenta, en cambio, como un enunciado más complejo en el que interviene claramente una instancia moral, superyoica, que alude a un castigo merecido. Sin embargo, "¡Es un infierno...!", en su intento de significar lo traumático apela a una vía religiosa, la que indica que son los pecadores quienes van al infierno como castigo, y de ese modo nos introduce en los imperativos morales. Inadvertidamente, el prisionero queda situado en el ámbito destinado a los pecadores. Podemos incluir una tercera frase, la proferida por los torturadores en los campos de concentración: "¡Somos Dios! ¡Somos los dueños de la vida y de la muerte!": se redobla la entronización del poder absoluto al que se está sometido.
Diversos autores insisten acerca de la imposibilidad de representar lo traumático. Dentro de ese imposible, que estaría "más allá" de lo imaginable y simbolizable, se ha incluido, prototípicamente, el horror de la Shoah, el genocidio perpetrado contra los judíos. De este horror se afirma en forma absoluta que escaparía a la significación. Considero que esta idea, en su radicalidad, forma parte de mecanismos de desmentida, de renegación de lo percibido y pensado. La representación del horror es posible pero, por diversos motivos, se desconoce lo efectivamente representado o pasible de ser representado, constituyendo un no querer saber. La vivencia de terror es uno de los motivos para no querer saber, y el terror puede ser construido. Lo sucedido en la Argentina durante el terrorismo de Estado nos muestra que el terror no ha sido un simple epifenómeno del genocidio cometido por la dictadura militar; por el contrario, ha sido planeado cuidadosamente.
Vamos viendo que, a través de frases como las referidas, los torturadores recreaban un poder absoluto; hubo quienes idearon el Reglamento del Ejército RC-5-1, de "Operaciones psicológicas"; hubo quienes asesoraron profesionalmente sobre las cuestiones psíquicas, incluida la noción de inconsciente; hubo quienes en el seno de la sociedad se plegaron al discurso del poder y en esta situación se ubicó la víctima.
Una concepción del trauma como "irrepresentable", al hacer hincapié en lo cuantitativo, en el monto de conmoción sufrida, corre el riesgo de ser oclusiva y consagrar el hecho traumático que, así declarado impensable, deviene incuestionable: esto implica el no cuestionamiento del poder que, en sus distintas significaciones, lo constituye.
El poder que diseñó las "operaciones psicológicas" extiende a través del tiempo su omnipotencia y logra su cometido de "tener al público a merced de cualquier influencia posterior", como dice el Reglamento. Su poder anonadante podría así continuar legitimado por las disciplinas que, en el seno de la sociedad y la cultura, preconizan la supuesta imposibilidad de representar, de simbolizar, es decir, de pensar el horror. En una conjunción del poder alienante social y de las representaciones idealizadas y omnipotentes del psiquismo individual, se entroniza un gran hipnotizador que ordena qué debe ser visto o no visto, pensado o no pensado.
Perdura en este estado de cosas un espíritu religioso y sus absolutos. Si en los momentos del horror las víctimas han sentido que estaban en el infierno, como suele constatarse en los testimonios, sostener luego que esas experiencias vividas son intransferibles, del orden de lo inefable, crea una mística de la inaccesibilidad que perpetúa los hechos traumáticos y obstaculiza la posibilidad de generar procesos de simbolización, de elaboración en profundidad de lo vivido, lo cual impide el efecto liberador concomitante. Del mismo modo, el entorno social, del que se necesita receptividad y acompañamiento para la elaboración del trauma, puede llegar a ausentarse en nombre de un respeto reverencial frente a lo supuestamente innombrable.
En ‘Imágenes pese a todo. Memoria visual del Holocausto’, el historiador del arte y filósofo Georges Didi-Huberman analiza las fotos tomadas por un prisionero de Auschwitz. Se trataba de un miembro del Sonderkomando, el grupo de prisioneros obligados a manipular los muertos en el campo de exterminio. El prisionero tomó cuatro fotos, con una cámara introducida por la Resistencia polaca. Dos de ellas, tomadas desde el interior de la cámara de gas, muestran a través de una ventana los cadáveres amontonados y, por detrás, el humo de las fosas en que están siendo incinerados los cuerpos; miembros del Sonderkomando, vigilados por guardias de la SS, realizan su tarea entre los cadáveres. Las otras dos fotos han captado el momento en que un grupo de mujeres desnudas son conducidas hacia la cámara de gas. Didi-Huberman señala que el considerado núcleo irrepresentable del genocidio, el gaseado de los prisioneros e incineración de sus cuerpos, es justamente lo que ha sido representado en las imágenes fotográficas. Y esa representación es producto de un acto político: el prisionero, al decidirse a correr un gran riesgo, con la conmoción emocional que se trasunta en las fotografías mismas, ha tomado la decisión política de enfrentar al poder nazi en su prohibición de mostrar el exterminio.

Poder y Muerte
El develamiento de la muerte en su relación con el poder tiene un interesante antecedente en la historia de la representación. Carlo Guinzburg se refiere a la representatio medieval: en los funerales reales, muerto el rey, se imponía pasearlo ante los súbditos para una despedida final; pero el estado de descomposición del cuerpo debía quedar oculto, ya que su exposición pública conllevaría el deterioro del poder real; para ello se construía un féretro cuya tapa era una efigie de madera que lo representaba. Se daba a ver este cuerpo del rey y se ocultaba el otro, el cuerpo en descomposición. La visión del cuerpo del rey muerto hubiera sido posible, sólo que contrariaba los designios de perpetuación del poder. Podemos pensar que en la concepción de la imposibilidad de representar ha intervenido, y sigue interviniendo, una necesidad de soslayar la muerte, que, en su vinculación con el poder, se connota como prohibición.
Didi-Huberman insiste en que no trata de erigir esas imágenes arrancadas al silenciamiento como totales, absolutas, lo cual sería replicar la actitud de un poder que se proclama total. Pero son indudablemente imágenes, representaciones del hecho traumático que se suponía irrepresentable. Pilar Calveiro, en ‘Poder y desaparición’, advierte que la voluntad de ese poder concentracionario, que se quiere total, tiene resquicios, como esos que crean los prisioneros al mirar a través de las vendas de sus ojos. En este mirar hay una determinación de ver que se resiste a otorgar al Poder un plus, el de la atribución de poder; concederle este plus conllevaría imponerse a sí mismos una limitación más en la posibilidad de saber y poder. Ya Antonio Gramsci precisó que la empresa de dominación alcanza su máximo logro cuando, además de las medidas coercitivas, consigue que los dominados hagan suyo el pensamiento hegemónico.
La creación de totalidades por el poder simbólico de cada época puede ser estudiada y fechada. Así lo hace Freud respecto de la religión –esa gran producción simbólica– cuando, en Moisés y el monoteísmo, incluye la organización política entre las causas que originaron el monoteísmo en Egipto: la concepción de un único Dios se entiende en el marco de la consolidación del imperio egipcio durante la dinastía decimooctava; a un emperador absoluto le corresponde un Dios todopoderoso.
Llegado el siglo XVIII, han sido entronizados el Hombre y sus Derechos. Sin embargo, aún subsisten poderes encubiertos por la proclama "Libertad, Igualdad, Fraternidad". La sumisión a esos poderes puede adoptar diversas formas, entre ellas el culto de los absolutos y la prohibición de revelarlos.
Somos hablados por concepciones que influyen en nuestro modo de pensar, que han sido construidas en determinados momentos históricos y que están sujetas a diversas determinaciones. Tenerlo presente puede ponernos en mejores condiciones para revisar saberes que adquieren la connotación de lo consagrado. En el tema que nos ocupa, la afirmación de que representar el trauma es un imposible nos recuerda las prohibiciones religiosas de nombrar a Dios o de representarlo en imágenes.
[La autora es psicoanalista; cátedra de Salud y Derechos Humanos, Facultad de Medicina, UBA; Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA). Extractado de un trabajo presentado en las II Jornadas sobre Experiencias Latinoamericanas de Derechos Humanos "El terrorismo de Estado. Apuntes sobre su historia y sus consecuencias", organizadas por el IEM (Instituto Espacio para la Memoria), en octubre de 2010.]
29 de abril de 2011
28 de abril de 2011
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sin derechos por meretrices


Denuncian malos tratos en los procedimientos contra la trata. La Asociación de Meretrices asegura que distintas fuerzas de seguridad maltratan, roban y golpean a las mujeres que encuentran en los allanamientos. Advierte que "bajo la excusa de combatir la trata se violan los derechos de las trabajadoras sexuales".
[Pedro Lipcovich] Argentina. Allanamiento. Entró la policía y las mujeres retroceden. Los hombres las separan, las interrogan. Ellas están de pie, contra la pared, les tiemblan las piernas. Los hombres les revisan las cosas personales, hay alguna risa obscena, alguna cachetada. Les quitan los celulares, les quitan el dinero, se llevan sus documentos, les hacen firmar quién sabe qué. "Nos tratan como a perros", resume la presidenta de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas (Ammar); según la entidad, estos procedimientos se incrementaron en las últimas semanas en la zona de La Plata, con intervención de la Policía Bonaerense y la Gendarmería, en el marco de acciones que estarían destinadas a combatir la trata de personas. Ammar propuso "trabajar en conjunto en la capacitación del personal que interviene en esos operativos, pero para eso deberían reconocer que tenemos saberes", dijo la titular de la entidad, que el año pasado fue premiada por la ONU.
"Una serie de violentos allanamientos se sucede, desde hace más de 15 días, en la zona de La Plata –dice el comunicado de Ammar—. En dos oportunidades, intervinieron fuerzas policiales y Gendarmería, ocasiones en las que se llevaron los celulares de las trabajadoras, computadoras y sus ahorros personales que hasta el momento no han sido restituidos", denunció la Ammar, y precisó que "los allanamientos tuvieron lugar en el centro de La Plata y en el barrio de Tolosa. El pasado fin de semana sucedió lo mismo en bares y boliches en la Ruta 2, Ruta 44, El Peligro y Etcheverry". Ammar viene alertando que, "bajo la excusa de combatir la trata de personas, se violan los derechos de las trabajadoras sexuales".
Soledad Díaz, titular de Ammar La Plata, señaló que "en los allanamientos, a las pibas las separan como si fueran ellas las delincuentes, las empiezan a insultar, les retienen pertenencias personales como notebooks, celulares, sus ahorros. Muchas chicas son extranjeras, van juntando el dinero que cada mes giran a sus familias en Paraguay, en Perú. Se aprovechan de que ellas no conocen sus derechos y aceptan órdenes como ‘Firmá acá si te querés ir’ o ‘Esto lo llevamos’. ¿Cómo puede ser que les quiten los documentos?". "Estamos hablando de compañeras mayores de edad, que trabajan para sobrevivir; hay que saber diferenciar lo que es trabajo sexual de lo que es trata", agregó.
"A esto se agregan –continuó Díaz– las violencias que debemos soportar en la provincia de Buenos Aires por aplicación del artículo 68 del Código Contravencional, que todavía no se ha derogado y castiga a la trabajadora sexual ‘que dé ocasión a escándalo’. Hemos tenido casos de compañeras que fueron detenidas tres veces en dos semanas por ‘averiguación de antecedentes’. Para dejarlas salir les hacen firmar lo que quieren y terminan metidas en otras causas."
Según precisó Gastón Fingermann, abogado de Ammar, "sabemos que en procedimientos efectuados en Tolosa participaron fuerzas policiales y la Gendarmería. Maltratan a las chicas, las han golpeado y no han devuelto hasta ahora los celulares y sus ahorros que les sustrajeron. Aun cuando estos bienes quedaran consignados a la causa, no les serían devueltos si no presentan escritos y hacen trámites que muchas de ellas no saben o no se atreven a hacer".
Elena Reynaga, secretaria general de la Ammar, advirtió que "situaciones parecidas se dieron también recientemente en la ciudad de Buenos Aires. Seguimos siendo tratadas como perros. El 96 por ciento de las trabajadoras sexuales tienen familias que sostener. ¿Cómo se permiten robarles los celulares a las chicas? ¿Eso es luchar contra la trata? ¿Alguien puede creer que si fueran víctimas de trata les permitirían usar celular? No puede ser que el personal de seguridad siga abusando de trabajadoras sexuales mayores de edad".
La Ammar solicitó una entrevista con Nilda Garré, ministra de Seguridad: "Sentémonos a dialogar y encontremos la mejor forma de capacitar a las fuerzas de seguridad para que actúen respetuosamente en los procedimientos –pidió Reynaga–. Nosotras conocemos de estas cosas mejor que nadie, podríamos trabajar en conjunto; pero para eso deberían reconocer que tenemos saberes". El año pasado, la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas obtuvo el premio Lazo Rojo, otorgado por Onusida, por sus "extraordinarios esfuerzos en términos de innovación, impacto, sensibilidad de género e inclusión social" en la respuesta al sida.
La titular de la Oficina de Rescate a Damnificados por la Trata, Zaida Gatti, explicó a este diario que "entre el viernes 15 y el sábado 16, se efectuaron procedimientos en la zona de La Plata con intervención de Gendarmería Nacional y la Policía Bonaerense. Ni el personal policial ni los profesionales de mi equipo que trabajaron allí informaron sobre situaciones por fuera de los parámetros normales, pero pueden haber sucedido cuando no estábamos presentes".
29 de abril de 2011
28 de abril de 2011
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macri debe declarar como imputado


La Cámara confirmó que Macri debe declarar como imputado por la UCEP. Después de que el jefe de Gobierno evitara la indagatoria dos veces, ahora la Cámara ratificó que ya no hay más excusas. Macri está imputado por la patota que sacaba indigentes de la calle a los golpes. Si no se presenta, la Justicia pedirá su desafuero.
[Gustavo Veiga] Argentina. Mauricio Macri ya no podrá interponer recursos ante la Justicia para evitar su indagatoria en la causa UCEP. De nada valdrán excusas como actos electorales o viajes al exterior que ya utilizó en dos ocasiones para no presentarse ante el Juzgado de Instrucción Nº 49. La Sala 1 de la Cámara Nacional en lo Criminal ordenó que su declaración en condición de imputado es procedente, devolverá el expediente al magistrado de primera instancia Facundo Cubas y éste ahora fijará una nueva audiencia para citarlo bajo apercibimiento de pedir su desafuero como jefe de Gobierno. El tribunal integrado por Jorge Rimondi, Luis Bunge Campos y Alfredo Barbarosch determinó la medida que lo ubica en una situación judicial que siempre quiso esquivar. De cualquier modo, el todavía indeciso candidato a la presidencia de la Nación o a la reelección en la ciudad de Buenos Aires podría negarse otra vez al pedido de Cubas, pero "a un costo político muy alto", como describió ayer una fuente con acceso al voluminoso expediente. Su pedido de desafuero, en ese caso inexorable, ingresaría a la Legislatura para su tratamiento.
El afán del jefe de Gobierno porteño por evitar su indagatoria en la causa donde se investigan lesiones, robos y desalojos de indigentes que viven a la intemperie en las calles de Buenos Aires lo llevó a interponer distintos recursos para ignorar las citaciones de Cubas. El 10 de diciembre de 2010, el juez lo había convocado a su despacho por primera vez, pero luego suspendió la indagatoria. Hubo sí dos fechas más en las que Macri debía presentarse, pero no lo hizo. En febrero pidió la postergación sobre la hora porque prefirió tener un almuerzo de campaña electoral en una fábrica del partido de San Martín. Y en marzo, como había proyectado un viaje a Estados Unidos y Francia, también pasó por alto la decisión del Juzgado Nº 49. Prefirió juntarse con su flamante esposa, Juliana Awada, en París.
La Cámara intervino finalmente, desechó los planteos de la defensa del jefe de Gobierno y como ahora el expediente retorna al magistrado de primera instancia, el próximo paso es que fije una nueva audiencia. A Macri lo citarán a indagatoria bajo apercibimiento de pedirle el desafuero, ya que no puede ser detenido y hasta tiene la atribución de declarar por escrito. Pero esta hipotética instancia, que debe ser dirimida en la Legislatura porteña, abriría un proceso de imprevisibles consecuencias políticas para el candidato de la derecha con aspiraciones a liderar todo el arco opositor a la presidenta Cristina Fernández.
La carátula de la causa en la que se investiga a la patota que operaba en el espacio público dice "Macri, Piccardo, UCEP, sobre amenazas y otros delitos". Algunas de las pruebas que pueden resultar claves contra los imputados son videos sobre los operativos que realizaba aquel grupo en las calles porteñas, la documentación incautada en un allanamiento a las oficinas de la unidad y el decreto 1232/08 que le dio vida a este cuerpo de empleados que funcionaba de noche y bajo protección oficial. Son casi treinta personas, entre altos funcionarios y personal administrativo y operativo, las que Cubas ordenó indagar.
La denuncia original fue presentada en 2008 por la ex legisladora porteña y hoy diputada nacional Liliana Parada. A diferencia del jefe de Gobierno, su ex ministro de ambiente y Espacio Público Juan Pablo Piccardo aceptó declarar. Cuando lo hizo, reivindicó que desde su cartera "había mucha relación con lo social" y que "a nadie se le ocurrió pegarle o decirle al cartonero que se fuera, porque no es la manera de resolver el tema". Las pruebas colectadas en la causa se contraponen con esa peculiar interpretación de los hechos que, básicamente, ocurrieron entre 2008 y 2009, en decenas de operativos protagonizados por la UCEP. Para Piccardo, ese grupo "contaba con personal idóneo y el debido sistema de contralor".
28 de abril de 2011
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testigo de una despedida


Lidia Papaleo declaró sobre un parto clandestino que presenció en el Pozo de Banfield. Papaleo contó que escuchó el parto, el llanto y el diálogo de la mamá con su beba. Relató que cuando la separaron de su hija, la mujer, que sería María Petrakos, les dio a los guardias los datos como si la fuesen a inscribir en el Registro Civil.
[Alejandra Dandan] Argentina. Lidia Eva Papaleo de Graiver llevaba un rato declarando. Había hablado de su secuestro, de los interrogatorios bajo tortura que le hicieron en presencia de otros hombres vinculados al grupo Graiver. De las preguntas sobre el dinero, del destino de los fondos del banquero. Pero estaba en el juicio por el plan sistemático de apropiación de hijos de desaparecidos para hablar de otra cosa. De su paso por el centro clandestino ubicado en el Pozo de Banfield, y de la embarazada y del parto que escuchó a unos metros, en el pasillo "inmundo" que estaba frente a su celda.
Cuando le quitaron la niña a la mujer de al lado habían pasado unas veinticuatro horas desde el nacimiento, explicó Lidia. Entró un guardia para pedirle el bebé. Y esa mujer –oyó Lidia pared de por medio– despidió a su hija dándole al guardia las referencias completas del nombre y apellido, como si estuviese dándole los datos para inscribirla en el registro civil. "Yo no sé si era el nombre de ella o de la niña", dijo Lidia a los miembros del Tribunal Oral Federal 6. "Pero escuché claramente la palabra María y a continuación un apellido italiano que nunca más pude recordar."

–¿Usted cree que si oye nuevamente ese apellido podría reconocerlo? –le preguntó Luciano Hazan, uno de los abogados de Abuelas de Plaza de Mayo.
–Puede ser –dijo Lidia–, soy una persona muy creyente, le he pedido a Dios que me diga realmente algo porque me siento en deuda con esa criatura.

Ante la mención de los nombres, la mujer dijo que la parturienta podría ser María Petrakos.
Lidia llegó a los Tribunales de Retiro y su relato fue el tercero del día. Antes, había declarado por el mismo caso Gustavo Caraballo, que fue secretario técnico del último gobierno de Perón y abogado de Graiver. Además de reseñar un interrogatorio frente a Ramón Camps y dar datos sobre los secuestros extorsivos organizados por los militares para secuestrar a banqueros y financistas en nombre de Montoneros, también habló de ese parto. De los gritos de un bebé que lloraba desesperado aparentemente por el hambre, y del momento en el que uno de los guardias le acercó una mamadera enviada por un comandante.
Lidia era la que podía hablar de aquel caso con más precisiones. A ella la secuestraron el 14 de marzo de 1977. La llevaron a Puesto Vasco, donde estaba su suegro, su cuñado y un grupo de personas vinculadas con su marido, el banquero Isidoro Graiver. Durante la estadía intentaron obligarla a firmar alguna declaración en la que decía que él había recibido dinero en lingotes de oro de Perón. "Me habían apodado ‘la impura’ porque había estado con un judío y querían hacer aparecer como que había un complot judío", dijo. La llevaron a La Plata, al Departamento de Policía donde Ramón Camps la enfrentó en un careo con el periodista Jacobo Timerman. Un mes después la trasladaron al Pozo de Banfield, donde la alojaron en el sector donde estaban las mujeres.
Esa primera noche, cuando la guardia se retiró alguien le preguntó a Lidia quién era. Lidia estaba ubicada en la línea de las celdas de las mujeres, y se dio cuenta de que en la línea de atrás estaban los calabozos de los hombres. Las voces aparecían más lejos. Los escuchaba conversar. "Yo estaba aterrada, lastimada, con el cuerpo quemado por las picanas de Puesto Vasco, y entonces esa noche un guardia me abrió la puerta para preguntarme si podía ayudar en un parto, una mujer estaba por tener familia, pero yo no me pude parar porque estaba muy quemada. El guardia cerró la puerta y escuché cómo sacaban de la celda de al lado a alguien, y ella tenía familia, parió en ese pasillo."
Antes de eso, aclaró, las compañeras de la muchacha que estaba a punto de parir empezaron a llamar a los guardias. "Se ve que estaba acompañada y que había más gente con ella, creo que en los calabozos había más de una persona y ellas empezaron a golpear contra esa chapa, que viniera el guardia porque la chica iba a parir." Y parió, dijo después: "Parió en ese pasillo inmundo, ahí".
Con el paso de los años, Gustavo Caraballo leyó en Página/12 que Clara Petrakos, la hermana de esa niña nacida en cautiverio, preguntaba si alguien tenía datos de ese nacimiento, si alguien había estado para abril de 1977 en el Pozo de Banfield. Llamó a Clara para invitarla a su casa, contarle lo poco que él podía decirle y darle los datos de Lidia.
Lidia perdió contacto con su compañera de celda poco después del parto. Al día siguiente la cambiaron a otro calabozo, donde también pusieron a su suegro. Antes de irse, sin embargo, escuchó a la joven: "La escuché cuando nació, que lloraba, que le hablaba de cosas de las que hablan las madres, con ternura"."align=left>[Alejandra Dandan] Argentina. Lidia Eva Papaleo de Graiver llevaba un rato declarando. Había hablado de su secuestro, de los interrogatorios bajo tortura que le hicieron en presencia de otros hombres vinculados al grupo Graiver. De las preguntas sobre el dinero, del destino de los fondos del banquero. Pero estaba en el juicio por el plan sistemático de apropiación de hijos de desaparecidos para hablar de otra cosa. De su paso por el centro clandestino ubicado en el Pozo de Banfield, y de la embarazada y del parto que escuchó a unos metros, en el pasillo "inmundo" que estaba frente a su celda.
Cuando le quitaron la niña a la mujer de al lado habían pasado unas veinticuatro horas desde el nacimiento, explicó Lidia. Entró un guardia para pedirle el bebé. Y esa mujer –oyó Lidia pared de por medio– despidió a su hija dándole al guardia las referencias completas del nombre y apellido, como si estuviese dándole los datos para inscribirla en el registro civil. "Yo no sé si era el nombre de ella o de la niña", dijo Lidia a los miembros del Tribunal Oral Federal 6. "Pero escuché claramente la palabra María y a continuación un apellido italiano que nunca más pude recordar."

–¿Usted cree que si oye nuevamente ese apellido podría reconocerlo? –le preguntó Luciano Hazan, uno de los abogados de Abuelas de Plaza de Mayo.
–Puede ser –dijo Lidia–, soy una persona muy creyente, le he pedido a Dios que me diga realmente algo porque me siento en deuda con esa criatura.

Ante la mención de los nombres, la mujer dijo que la parturienta podría ser María Petrakos.
Lidia llegó a los Tribunales de Retiro y su relato fue el tercero del día. Antes, había declarado por el mismo caso Gustavo Caraballo, que fue secretario técnico del último gobierno de Perón y abogado de Graiver. Además de reseñar un interrogatorio frente a Ramón Camps y dar datos sobre los secuestros extorsivos organizados por los militares para secuestrar a banqueros y financistas en nombre de Montoneros, también habló de ese parto. De los gritos de un bebé que lloraba desesperado aparentemente por el hambre, y del momento en el que uno de los guardias le acercó una mamadera enviada por un comandante.
Lidia era la que podía hablar de aquel caso con más precisiones. A ella la secuestraron el 14 de marzo de 1977. La llevaron a Puesto Vasco, donde estaba su suegro, su cuñado y un grupo de personas vinculadas con su marido, el banquero Isidoro Graiver. Durante la estadía intentaron obligarla a firmar alguna declaración en la que decía que él había recibido dinero en lingotes de oro de Perón. "Me habían apodado ‘la impura’ porque había estado con un judío y querían hacer aparecer como que había un complot judío", dijo. La llevaron a La Plata, al Departamento de Policía donde Ramón Camps la enfrentó en un careo con el periodista Jacobo Timerman. Un mes después la trasladaron al Pozo de Banfield, donde la alojaron en el sector donde estaban las mujeres.
Esa primera noche, cuando la guardia se retiró alguien le preguntó a Lidia quién era. Lidia estaba ubicada en la línea de las celdas de las mujeres, y se dio cuenta de que en la línea de atrás estaban los calabozos de los hombres. Las voces aparecían más lejos. Los escuchaba conversar. "Yo estaba aterrada, lastimada, con el cuerpo quemado por las picanas de Puesto Vasco, y entonces esa noche un guardia me abrió la puerta para preguntarme si podía ayudar en un parto, una mujer estaba por tener familia, pero yo no me pude parar porque estaba muy quemada. El guardia cerró la puerta y escuché cómo sacaban de la celda de al lado a alguien, y ella tenía familia, parió en ese pasillo."
Antes de eso, aclaró, las compañeras de la muchacha que estaba a punto de parir empezaron a llamar a los guardias. "Se ve que estaba acompañada y que había más gente con ella, creo que en los calabozos había más de una persona y ellas empezaron a golpear contra esa chapa, que viniera el guardia porque la chica iba a parir." Y parió, dijo después: "Parió en ese pasillo inmundo, ahí".
Con el paso de los años, Gustavo Caraballo leyó en Página/12 que Clara Petrakos, la hermana de esa niña nacida en cautiverio, preguntaba si alguien tenía datos de ese nacimiento, si alguien había estado para abril de 1977 en el Pozo de Banfield. Llamó a Clara para invitarla a su casa, contarle lo poco que él podía decirle y darle los datos de Lidia.
Lidia perdió contacto con su compañera de celda poco después del parto. Al día siguiente la cambiaron a otro calabozo, donde también pusieron a su suegro. Antes de irse, sin embargo, escuchó a la joven: "La escuché cuando nació, que lloraba, que le hablaba de cosas de las que hablan las madres, con ternura".
28 de abril de 2011
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los papeles del apropiador


Allanaron una casa del represor Herman Tetzlaff para buscar documentación. Victoria Montenegro reveló que su apropiador poseía documentos con datos sobre procedimientos realizados durante la dictadura. La Justicia allanó una de sus casas y, aunque no se encontró ese material, se analizan otros elementos hallados.
[Irina Hauser] Argentina. Había algo más que Victoria Montenegro tenía atragantado desde hacía muchos años, aparte de que el fiscal de la Cámara de Casación Juan Martín Romero Victorica le pasaba información a su apropiador sobre la causa en su contra. Eso otro era un recuerdo nítido: en una casa donde solía pasar los fines de semana con sus apropiadores en Marcos Paz había visto documentos y papeles vinculados con el terrorismo de Estado, algunos puntualmente con operativos en los que había participado el coronel de Inteligencia Herman Tetzlaff, a quien la mayor parte de su vida creyó su padre, hasta que él mismo le dijo que había matado a sus padres biológicos en marzo de 1976. Así lo relató ante el Tribunal Oral Federal 6 (TOF6), que lleva adelante el juicio sobre el plan sistemático de apropiación de hijos de desaparecidos. A partir de ese testimonio, los jueces ordenaron allanar la vivienda a la que Tetzlaff, con evidente sadismo, llamaba "El Campito", como el centro clandestino de detención que funcionó dentro de Campo de Mayo. En el procedimiento, que se hizo ayer, se hallaron algunas de sus pertenencias, como una tarjeta de fin de año que le mandó el ex general Santiago Omar Riveros y el libro ‘El Ejército hoy’, de 1976, promotor del régimen dictatorial.
Aunque los hallazgos no fueron significativos como evidencia judicial, el abogado de Abuelas de Plaza de Mayo Alan Iud destacó la decisión del TOF6 de impulsar la medida. "Los jueces, casi por regla general, no allanan las casas de los apropiadores investigados. No se entiende por qué, cuando puede ser un gran aporte a la investigación. Hace poco se allanó la casa de un apropiador y se hallaron cartas que dejaban en evidencia que él y su mujer conocían el origen de la chica apropiada", ilustró Iud.
Victoria le contó a Página/12 que hace diez años que no pisa la casa de Marcos Paz, y tampoco fue ayer, cuando se hizo el allanamiento del que sí participaron agentes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), un secretario del tribunal oral y Iud. Cuando declaró, ante la pregunta de uno de los jueces Victoria dijo que creía que allí ya no debía quedar mucho, "aunque quizá todavía quede algo", aclaró. "Herman –como le dice a su apropiador, ya fallecido– guardaba documentación con información de operativos en los que había participado y en los que había dinero o cosas de valor. Lo hacía para cubrirse, para que después no le dijeran que se había quedado con algo. Pero sé que por orden del Ejército después quemó muchas cosas", refrescó en diálogo con este diario lo que declaró ante la Justicia. Recordaba, por ejemplo, que Tetzlaff guardaba papeles en un entretecho.
La casa de Marcos Paz, "El Campito" de Tetzlaff, pertenece ahora a la hermana de crianza de Victoria pero la habitan familiares de su marido, que recibieron con buena predisposición a la policía.
Hay otros papeles de Tetzlaff que Victoria tuvo en su poder y que entregó en el juzgado de Norberto Oyarbide, que instruye la causa sobre los crímenes de la Triple A, en la que ella se presentó porque el asesinato de sus padres y su propio secuestro ocurrieron días antes del 24 de marzo de 1976. También relató esto ante el TOF6 y se lo explicó a Página/12 : "Herman había armado unas listas de las empresas de seguridad que trabajaban para (Alfredo) Yabrán y quienes las integraban y al lado ponía el nombre de los centros clandestinos a los que se ve que pertenecieron. Estas listas las tenía él en el penal donde estaba detenido, en Campo de Mayo, y cuando lo internaron en el Hospital Militar me las traje". Después falleció. Tuvo en su poder, asimismo, una especie de mapa viejo, donde había una esquina marcada, en Ramos Mejía, cree recordar. "Un día, que me junté con hijos (de desaparecidos) que buscan a sus hermanos, lo mostré –cuenta– y una de ellas, me dice ‘¡Esa era mi casa, la casa de mis papás’."
28 de abril de 2011
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