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la confesión de donda


Su hermano fue asesinado en uno de los vuelos de la muerte. Su sobrina nació en cautiverio.

[Adriana Meyer] Argentina. "Algunos canallas se retiraron con sus valores democráticos y dejaron a este grupo como chivo expiatorio, como pato de la boda o como quieran llamarlo", dijo ayer el represor Adolfo Miguel Donda en el juicio oral que lo juzga por su participación en el centro clandestino que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Donda dijo que actuó allí como "operativo" y cargó contra sus antiguos jefes de la Marina. "La ESMA era un lugar público, todo el mundo sabía que era un centro clandestino", fue otra de las frases con que sorprendió a los protagonistas del juicio que se les sigue a él y a otros 18 sicarios de la dictadura. Locuaz y detallista, Donda dio precisiones del accionar represivo en ese campo de exterminio e involucró a toda la Armada al describir su estructura, tal como había hecho en su primera declaración. "Arriba mío había 2500 personas, y yo tengo que estar dando explicaciones acá y todos ellos están libres", dijo al mencionar el organigrama de las fuerzas de tareas, de las cuales dependían los grupos que, a su vez, dirigían las unidades.
Ubicado en el banquillo, Donda debía ampliar su declaración indagatoria, pero primero pidió hablar y luego aceptó responder las preguntas del Tribunal Oral Federal (TOF) 5, de la fiscalía y de las querellas. Incluso no terminó y hoy seguirá declarando, luego de lo cual debería hacerlo Jorge ‘Tigre’ Acosta. Aunque parecía indignado por haber sido "abandonado" por sus superiores, a la hora de dar nombres de sus ex camaradas de armas se negó "por una cuestión de lealtad".
Las abogadas querellantes Carolina Varsky (CELS) y Myriam Bregman (Ceprodh) coincidieron en que Donda, por un lado, trató de ensuciar a varios sobrevivientes, querellantes en el juicio y que fueron testigos, para intentar invalidar su testimonio y, por otro, reconoció su accionar como parte de los grupos de tareas de la ESMA. Al aclarar que se dedicaba a "tareas de inteligencia" terminó admitiendo que hubo "situaciones de tortura". Dijo que cuando iban a secuestrar gente le decían que era por otras causas, algo que varios sobrevivientes han mencionado, como por ejemplo, que los detenían por operativos de drogas. Además, el represor explicó que los procedimientos se hacían generalmente en la vía pública "para evitar enfrentamientos en las casas", y admitió que usaban antifaz, capuchas y esposas.
El ex marino es tío de la diputada nacional Victoria Donda, que nació en cautiverio en la ESMA, y hermano de otro marino, José Donda, que fue secuestrado con su esposa, llevado a ese centro y hecho desaparecer en uno de los denominados "vuelos de la muerte". Al referirse a ellos, el represor argumentó que se trató de "un tema personal, familiar", y afirmó que esas muertes "fueron en el contexto de una guerra", un clásico a la hora de justificarse. Sobre su hermano dijo puntualmente que él también quiere saber dónde está. La exposición de Donda fue seguida desde el palco del público por la activista castrense Cecilia Pando.
1 de abril de 2011
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la otra historia


Tuvieron que pasar 35 años desde el comienzo de la última y más sangrienta dictadura militar argentina para que el testimonio de Valeria Ramírez fuera escuchado.
[Facundo R. Soto] Argentina. A pesar de haber estado detenida en el Pozo de Banfield, un centro clandestino de detención al que llegó luego de que la policía de la provincia la levantara de la ruta donde tenía su parada, recién pudo declarar en la Secretaría de Derechos Humanos este año, cuando llegó rodeada de compañeros y compañeras en la militancia y amplió los márgenes de ciudadanía para todos y para todas. Sin embargo, ese mismo compromiso que le dio estrategias y fuerza para reclamar por sus derechos le costó haber sido detenida y humillada el último fin de semana como un macabro recordatorio de todo lo que aún está pendiente.

En esa época yo tenía 21 años y era gay. Las chicas me decían que yo era una nena. "¿Por qué no te pones un vestidito, que esto, que el otro..." Y bueno, una vez me vistieron. Me empezó a gustar y fue lo que a mí me gustaba. En 5º grado jugaba a la maestra, le usaba los tacos a mamá... ¡y las palizas que cobraba! Tenía que hacer una doble vida. Se me notaba porque yo era muy nena, pero con mis amigos era otra cosa.

¿Dónde trabajabas?
Las chicas que hacían fiestas en casas de Calzada, donde iban los chongos, me llevaron a Claypole: Londres y Monteverde, por donde está el Cotolengo, ¿viste? Me pusieron ahí. Enfrente vivía una chica travesti que le decían La Mona, ella trabajaba en la rotonda, Ruta 4 de Llavallol. Nos dijo que era jodido, que no nos iban a dejar trabajar; y así fue. Perdí varias noches de trabajo detenida en una garita. Esta chica me preguntó si quería ir a trabajar a otro lado, que también era ruta, pero distinto. Tenía que pagar una plaza, arreglar, pero iba a trabajar tranquila; y así fue. Pagué. Me dieron una plaza. Esa mina cuidaba la rotonda de Llavallol, todo Camino de Cintura hasta Seguí, que ahí ya era Adrogué. También podíamos trabajar por Antártida, que antes era un terreno baldío, donde ahora está el supermercado Jumbo. Me pusieron frente al Hotel Colonial. Podía estar en un campito de Camino de Cintura, en la estación de servicio, ésa era mi zona. Pagué la plaza a La Perica, que es la que dirigía todo ahí. Eramos 14 chicas, más o menos. Después tuve que arreglar con el "jefe de calle" de Llavallol, pagarle por día o por semana.

¿El jefe de calle era un policía?
Claro, pero en ese momento era Moralidad. Ahí ya había pasado un año, era el ‘77. La Perica me dijo que me convenía acostarme con él, que así iba a estar todo bien; y así fue. Una recién comenzaba, ¿viste? Y bueno... Con él llegamos a un acuerdo: trabajaba 15 días sin problemas, y no perdía trabajo. A los otros 15 días tenía que prepararme el bolsito, y después de trabajar él me llevaba presa dos o tres días. Ese era el arreglo. No es que nos llevaba a todas.

¿Cómo te trataban?
Todo tranquilo. A veces venía la brigada de Monte Grande, la de Avellaneda y nos manoteaba, por eso nosotras chillábamos. Nos manoteaban (nos llevan detenidas sin aviso) porque necesitaban estadísticas, por eso nos llevaban. No estábamos tranquilas del todo, pero nosotras, en ese momento, no podíamos hacer nada. La zona de un lado correspondía al Juzgado de Lomas, que nos metía unos días, y de enfrente era Luis Guillón, donde estaba el Tribunal de Faltas. Yo trabajaba de noche, caía a la madrugada, pero salía al mediodía.

¿Cómo fue el episodio en que declaraste?
Una vuelta nos llevaron. Estábamos en una casa, por Antártida, al lado de una fábrica de vidrios, donde funcionaba la comisaría de Llavallol. Nos dijeron que lamentablemente nos iban a tener que trasladar porque no había lugar ahí; que no había calabozos disponibles y que no podíamos estar con los presos. Nos tuvieron en una oficina durante horas. Cuando les preguntamos si íbamos a ir todas juntas o separadas, nos dijeron que nos quedásemos tranquilas que íbamos a ir a un lugar muy lindo y todas juntas. Esa fue la primera vez. Eramos 4: La Perica, La Hormiga, La Romina y yo. Bueno, nos llevaron en dos viajes. Cuando estábamos llegando nos bajaron la cabeza. Estaba todo oscuro, pero vimos un portón de lata. Adentro había una lamparita y un escritorio con un policía gordo, que era un asco. El que nos llevaba le dijo: "Acá te traje a estas cuatro". "Bueno, llevalas para el buzón." La entrada del pianito la teníamos en Llavallol, ahí no nos tomaron nada. Subíamos escaleras, bajábamos escaleras, pasamos por un pasillo, era como las cuevas de las ratas. Había un ascensor. Pasamos por un calabozo donde un tipo estaba mirando. Subimos hasta donde estaban las rejas, y del otro lado vimos todos los buzones, impresionante. Ahí nos pusieron y no nos vimos más.

¿Había milicos o eran todos policías?
El que manejaba era un policía, que iba con otro adelante; y viajaba otro atrás, en el medio de nosotras dos. Estábamos esposadas. Salíamos acompañadas para ir al baño y no veíamos a nadie. Escuchábamos el ruido del buzón cuando lo abrían, nada más. Ahí, ese gordo asqueroso y otro nos preguntaron si queríamos tener onda... y si decías que no, se te complicaba. La primera vez yo no contesté nada. Te pasaban la comida en esos platos de lata que ni los perros pueden comer: llena de pimienta, de sal. A la mañana, que era cuando yo me podía bañar, me traía una botellita con agua que cargaba de la canilla del baño. Una vez me la sacaron, porque yo no quería tener relaciones con ellos, y entonces al otro día tuve que acceder. Fueron 3 días sin tomar una gota de agua. Te ponían el miembro en el buzón, te la pasaban por ahí, y tenías que hacerle el sexo oral; cuando te querían agarrar también tenías que tener sexo anal, y no se cuidaban.

¿Cuándo tiempo estuviste ahí?
Cinco días. La segunda vez fueron 10, más o menos, también en el mismo lugar, pero esa vez nos llevaron a La Romina y a mí. Las otras chicas quedaron en la comisaría y a nosotras nos trasladaron. Cuando llegamos, uno dijo: "Uy, menos mal que me trajiste esta cachorra. ¡Era la que yo pedía!". Después, yo rebobinaba y me preguntaba: "¿Acá qué pasa?". Nos pusieron en el calabozo. Ese fue el calvario, porque a ella y a mí nos abusaban más. Uno me dejaba higienizarme, lavarme la ropa, era dentro de todo el más comprensible; los otros no. Nunca me pegaron, pero sí tenían malos tratos, verbalmente. Me agarraban del brazo. "Puto", como insulto, nunca me dijeron. Sí me decían "dale putita linda, dale que a vos te gusta". Eramos las dos más jovencitas y lindas de ese momento en Camino de Cintura. Eramos carne fresca para esos tipos de 40 años. Una después razonaba: "Claro, por eso nos trajeron...".

¿Y ahí qué fue lo que pasó?
Había otras dos chicas que salieron antes que nosotras. Cuando salió La Mona, fue a mi casa. Nosotras, ahora me doy cuenta, éramos militantes, en el sentido de que nos cuidábamos entre nosotras... Cuando caía una, la otra le avisaba a la familia. ¿Cómo te puedo decir? El Juzgado de Lomas nunca te daba 4 o 5 días seguidos. No podíamos salir a trabajar por la avenida, nos teníamos que meter por las calles de tierra. Esta chica, La Mona, vino como dos veces y yo no estaba, ya habían pasado más de 8 días. Entonces le dijo a mi mamá que ella la acompañaba a la comisaría y que pida de verme. Cuando ella fue, le dijeron que yo estaba incomunicada. Mi mamá dijo: "Pero, ¿cómo?". La Mona le decía: "No, no, usted pida de verla". Entonces cruzaron palabras: "Hasta que no venga la orden, no", le dijo el cana; y ella le respondió que no se iba a mover de ahí hasta ver a su hijo, que si se tenía que quedar un mes lo iba a hacer. Se puso firme. Aquélla, por medio de una vecina, consiguió un abogado. Hicieron un hábeas corpus. Ese día mi mamá se fue, porque le dijeron que me iba a ver al día siguiente. Como yo no aparecí, no había salido, ella volvió al otro día con un abogado. Mi mamá ya no se quería mover de ahí hasta verme. El abogado la convenció y le dijo que se vaya, que esa noche salía. Esta chica la acompañó a mi mamá y así fue. Yo caí, más o menos, a las doce de la noche a mi casa. Fueron 13 o 14 días de calvario.

¿Sabías dónde estabas?
Esta segunda vez sí, porque escuché que nos trasladaban al Pozo de Banfield. La primera vez, una chica, Mara, dijo que no había cupos en Banfield, así que a una había que trasladarla al destacamento de Pompeya.

¿Militabas en algún partido político?
Nosotras militábamos al ponernos tetas. Para ese momento, eso era como salir con la camiseta del Che Guevara. Aparte, te aclaro, nosotras nos exponíamos en público.

¿Sabías lo que estaba pasando en el país?
No, nosotras éramos como murciélagos: dormíamos todo el día, nos levantábamos para comer, nos depilábamos y salíamos a trabajar de noche. Yo estaba firme en el turno de la noche, en mi parada. Ignorábamos todo lo demás.

¿Y ahí adentro escuchaste algo que te haya llamado la atención? ¿Algún comentario político, por ejemplo?
Nada. Solamente una vez pasó algo. Me sacó un policía para bañarme. Nos llevaban al baño y no podíamos ni asomarnos. Nos decían que esperemos hasta que ellos nos pasaran a buscar para llevarnos de vuelta al calabozo. Terminé de bañarme. Me había lavado la ropita, estaba con el toallón, y siento "rápido, rápido, el buzón, dale que ahí viene". Escuché la voz del policía que me llevó al baño y la de una mujer policía. Ahí adentro habré estado como 30 minutos, prácticamente sin respirar, al lado de un piletón de portland, donde había dos duchas. En eso siento llorar a un bebé. Pasó un tipo y escucho a la mujer policía que dice "vamos, andá, buscá un balde de agua y limpiá toda esta mugre que es tuya". Cuando la veo, la chica se agarra la panza, los pelos largos le tapaban la cara. Por lo que alcancé a ver, estaba pálida, amarilla, toda sucia. Entonces le dije: "Pará... quedate ahí". Agarré un balde y lo puse abajo de la canilla para llenarlo. La policía escuchó el ruido del agua. Miró y se acercó diciendo: "¿Quién está en el baño?". Cuando entró, me gritó: "¡Puto de mierda! ¿Qué hacés acá?". "Me estaba bañando... estaba esperando que vengan a buscarme." Yo pensé que a la chica la iba a empujar, pero no. Me agarró a mí de los pelos. "Pará, pará", le decía; y él: "¿Qué pará ni pará? Vos no tenías que estar acá". Y al otro le dijo: "Pelotudo, no dijiste nada que estaba ésta acá", mientras me arrastraba. Yo me caí y él seguía arrastrándome de rodillas por toda esa porquería. Así estuve sucia hasta el otro día.

Un parto fue lo que viste. ¿Y declaraste?
Sí, en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, el 20 de enero.

Cuando saliste, ¿se te ocurrió hacer la denuncia o nuclearte con otra gente para hacer algo?
Cuando salí, al otro día, fui a ver al abogado (La Romina salió varios días después) y me dijo: "Es la primera y última vez que puedo hacer esto. Lo que yo te recomiendo es que salgas de esa zona porque, si no, podés aparecer muerta en cualquier lado".

¿Qué fue lo que te llevó a contar esto después de 35 años?
Yo entré hace 11 a la Fundación Buenos Aires Sida. Me gustó aprender sobre VIH, que desconocía el tema. Me hice los análisis, por suerte no tengo nada. Tuve un dios aparte por todo lo que pasé y las reiteradas violaciones que me hicieron. Mis amigas están bajo tierra. En una reunión que hubo en la fundación yo conté que estuve en el Pozo de Banfield. Yo no militaba. Era algo común que me trasladaran. Entonces me preguntaban y empecé a contar más detalles. Todas mis compañeras me miraban... a mí me hace mal recordar estas cosas. Si no hubiesen destapado la olla, yo a esto lo llevaba acá, conmigo, y se iba conmigo. Contestando a tu pregunta, yo no soy militante política, me motivó vivir lo del matrimonio igualitario, ir escuchando gente y romper con mi ignorancia. Vi los juicios por la tele, y a Kirchner sacando los cuadros de Videla de la Casa Rosada, más lo que yo estaba pensando, entonces me dije: "Esta es la oportunidad de que yo aporte lo mío". Porque no soy la única, tiene que haber muchas. Se larga una y después se largan todas.

¿Por qué pensás que te llevaron al Pozo de Banfield?
No por ejercer la prostitución. No por eso sino por ser travesti. No podíamos salir con mi mamá a hacer los mandados a la feria del barrio porque nos manoteaban, me llevaba la policía. ¿Y a quién íbamos a recurrir?

¿En democracia fuiste detenida alguna vez?
No, acá en Capital no, nunca. No tengo prontuario de fiscalía, nada.

¿Ahora qué estás haciendo?
Soy trans y estoy al frente de la población trans. Soy promotora de la salud: doy talleres, entregamos preservativos a chicas y mujeres trans en situación de prostitución, porque para nosotras la prostitución no es un trabajo sino una situación. Las chicas hoy tienen tarjetas magnéticas, su ticket social, trabajo con subsidio habitacional, subsidio con el BAP y cuando las echan, las ubican en hoteles.

Dado tu género, ¿cómo es tu DNI?
Todavía no lo logré, pero en eso estamos... fui a declarar como Valeria Ramírez. A raíz de eso me dieron un subsidio de reparador histórico. Cuando salí, me preocupé: ¿cómo iba a cobrarlo? Porque yo había hecho un pedido de amparo, vengo luchando por la ley de género, pero no sabía si me iban a poder pagar por el documento. Al otro día fui con Alex Freyre y me enteré de que me lo iban a pagar a nombre mío, Valeria Ramírez, y no por el amparo. En esta semana se está presentando toda la carpeta, con mis antecedentes, y en menos de 30 días tendría que tener mi documento.

¿Qué expectativas tenés después de haber declarado?
En provincia van a haber chicas de mi edad que se van a animar a hablar. Me llamaron las Madres de Plaza de Mayo, pero todavía no pude reunirme. Me llamaron también de un juzgado de La Plata, donde llevan todas las declaraciones de la gente que estuvo en el Pozo de Banfield. Veo que para nuestro colectivo se abren puertas. Tuve una reunión con el ministro de Trabajo para presentarle un proyecto, porque somos rubias, pero no huecas. Podemos atender una oficina, un negocio. Al ministro le gustó el proyecto y dijo que empecemos a generar trabajo. Estamos en un cambio, abriendo puertas.
31 de marzo de 2011
30 de marzo de 2011
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cómo acusar a los represores


Los hermanos Gonçalves llevan más de seis meses asistiendo al juicio oral que dejará presos de por vida a Luis Patti y a Reynaldo Bignone por el asesinato del padre y apropiación de hijos de desaparecidos. Gastón –el bajista de Los Pericos– y Manuel, su hermano –que recuperó su identidad hace 16 años–, están a tres semanas de hacer justicia.
[Lucas Kuperman y Luis Paz] Argentina. Gastón Gonçalves es conocido como bajista de Los Pericos, pero hace quince años su historia familiar conmovió no sólo al rock sino a toda la sociedad: Gastón es hijo de un militante que fue detenido-desaparecido y asesinado. Y tiene un hermano, ahora llamado Manuel, que durante 19 años fue Claudio Novoa, un joven también hijo de Gastón Gonçalves padre, cuya madre (distinta a la del músico) fue brutalmente asesinada en Rosario; y que recuperó su identidad en 1996, por el trabajo de la familia y las Abuelas de Plaza de Mayo. La historia es bastante conocida. Lo novedoso es que Gastón Gonçalves está a tres semanas de ser el primer rockero argentino en lograr en Tribunales que los responsables de la última dictadura paguen por la apropiación de hijos de desaparecidos. Gastón y Manuel son querellantes en el juicio a cinco miembros de las fuerzas del Estado por el secuestro y desaparición de cinco militantes –entre ellos su padre–, que terminará el 14 de abril. "La verdad es que es espantoso tener a los tipos ahí, a unos metros. Pero, a la vez, es muy importante que estén. Podrían tener por lo menos una pizca de reivindicación ‘religiosa’, como una redención, al contar dónde están los cuerpos de los que siguen desaparecidos. Pero no: se cagan en la patria y en la cruz", se desahogaba Gastón frente al NO, al terminar los alegatos de las defensas de quienes son juzgados por el Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín: el ex policía e intendente de Escobar, Luis Patti, el dictador Reynaldo Bignone, el ex comandante Santiago Omar Riveros, el ex comisario Juan Fernando Meneghini y el ex oficial de Inteligencia del Ejército, Martín Rodríguez.
Los tribunales de Comodoro Py, San Martín, La Plata y otros en los que se llevan a cabo estos juicios, son edificios grandes y lúgubres; que sólo dejan de asustar una vez interiorizado con las historias allí contadas. Entrar al edificio, buscar la sala, conseguir la acreditación correspondiente y esperar la entrada de los jueces, se lleva en una tensa calma, que culmina cuando la policía hace ingresar a los esposados. Es entonces cuando las víctimas y los victimarios se reúnen en el mismo recinto, excepto cuando reina la cobardía de los torturadores y no se hacen presentes para relatar esas historias salidas de cuentos de terror.
La extraña postal se completa con decenas de rockeros, punks, rastas o amigos de Gastón o Manuel, que se acercan para apoyar la causa. Gente del palo que se entromete en la burocracia judicial para pedir justicia, que se ata las rastas, se baja la cresta, se achata el jopo y entra, enfrenta con su mirada a dictadores, represores, violadores, secuestradores, asesinos y ladrones. Que en lugar de canciones escuchan testimonios sobre agresiones físicas y psíquicas, incluso una historia sobre un baño en un aguantadero en el que un libro de Leopoldo Marechal funcionaba como papel higiénico.
Y los tipos malos están enfrente: sentados, sonriendo de vez en cuando, comentando cosas entre ellos, mirando a través de un blindex a quienes presencian las audiencias y, con la prepotencia que siempre los caracterizó, intentan seguir atemorizando. Durante el juicio, que duró más de seis meses, hubo unos 70 testigos. "Tuvimos algunos amenazados, en situaciones de mucha desprotección. Para ellos también es difícil, algunos fueron secuestrados o estuvieron en casas donde levantaron a alguien. Pero con lo fuerte que es para ellos y nosotros revivir lo peor que nos pasó en la vida, podemos decir la verdad frente a ellos antes de que se mueran."

El juicio terminará en tres semanas. ¿Cómo fue atravesarlo?
Gastón: –Difícil. No es nada simpático, por supuesto. Es imposible que no vayan en cana, pero con sus argumentos tratan de que les bajen un poco las penas. Las acusaciones son muy serias y muy claras: hay una cantidad de testimonios y de hechos indiscutibles, así que empiezan con la idea de la invasión marxista o tratan de descalificarte. Han dicho que Manuel no es hijo de quien dice serlo; y que nuestro papá está escondido por ahí. Llegan a ser provocadores: hay cantidad de pruebas, pero tenés a estos tipos enfrente que dicen que no saben si tu papá está muerto.

Manuel: –Ponen en duda que nuestro papá haya sido secuestrado, que haya sido visto donde fue visto, que su cuerpo sea el que se encontró en el ‘96, mi edad. No se defienden jurídicamente, defienden su ideología. No negamos la militancia de las víctimas, ni cuál era su participación política, ni qué buscaban, porque no es lo que está en juicio. Eso los irritó y alegaron que reivindicábamos lo hecho por los militantes.

Los Dinosaurios
Gastón recuerda un poema muy corto de Leonard Cohen, en el que el canadiense intenta retratar a un oficial nazi: "Ojos normales, manos normales, dientes normales. ¿Qué esperabas, que tengan garras?". Más allá de la cuestión física, el NO se juntó con los Gonçalves para entender qué es lo que se ve cuando se enfrenta cara a cara a los tipos que secuestraron a tu viejo, lo castigaron, lo asesinaron y tienen, todavía, la inmunda actitud de hacerse los desentendidos. "Verlos hoy es ver a un abuelo, a un viejito que está por morir. Pero es el viejito que mató a tu viejo", dice Gastón. Y Manuel, sentado a su lado en un bar de Villa Urquiza, explica: "Lo que te permite esa situación es plantear la verdad de los hechos en su cara. Te da mucha seguridad tener a dos metros a los responsables. Obviamente es una situación incómoda, nadie está preparado, pero trabajamos para que esto sea ventilado en un juicio".

¿Qué les parece que tengan un juicio justo y una detención legal?
Manuel: –Tienen todas las garantías para ejercer su legítima defensa, lo cual está bien, pero incluso les faltan el respeto a las leyes hoy, cuando amedrentan y amenazan testigos, además de usar todos los argumentos y las artimañas jurídicas que existen para retrasar. Los desaparecidos siguen desaparecidos, nuestro papá sufrió la dictadura desde el primer día del golpe; y sin embargo ellos hoy, después de más de tres décadas, no son capaces de decir dónde están los cuerpos, de contar que pasó.

Cuando esto se publique, habrán pasado 35 años desde el secuestro de su padre y aún faltará para que se resuelva el juicio.
Manuel: –Sí, tuvieron 35 años de impunidad. Hubiésemos querido que esto sucediera hace por lo menos 20 años. Entendemos que luego de salir de la dictadura había que acomodar las instituciones. Pero a partir del Juicio a las Juntas debió pasar esto. Y sin embargo vivieron una vida con todos los beneficios que les dio la posición a la que habían accedido. Aun así, la Justicia tiene que llegar, aunque estén dos días presos y se mueran. Lo que tiene que quedar establecido es que fue un genocidio.

Ahí es donde esto se convierte en algo muchísimo más amplio.
Manuel: –Pasa con más fuerza a ser un tema de la sociedad, sobre todo pensando en las futuras generaciones. Nuestros abuelos ya no están, no van a ver a la Justicia, se murieron viendo cómo estos tipos se mantenían en posiciones de privilegio, disfrutando de su vida en libertad. Pero las futuras generaciones tienen derecho a que les dejemos otra historia, a que arranquen sabiendo que eso que se hizo, se condenó en un juicio justo; y que cada uno pagó su parte, aunque haya sido tarde.

Gastón: –Estos tipos son viejos, pero están vivos. Y esto no pasó en otros lados: piensen que están tratando de abrir lo del franquismo, que ya no existe ninguno vivo, y no pueden. No estamos hablando de la batalla de San Lorenzo, que pudo haber sido tergiversada en todo este tiempo. No sabemos si Cabral le dijo a San Martín lo que se cuenta. Pero en esto podemos saber. Y si hay un juicio y una sentencia, queda para la historia. Para que, dentro de 200 años, la historia que se cuente sea la verdadera.

Nietos de Desaparecidos
Manuel Gonçalves tiene 35 años, pero lleva ese nombre hace sólo 16. Hasta 1995 fue Claudio Novoa, un joven al que le gustaba el rock, fan de Los Pericos e hijo de padres adoptivos; que desconocía que su padre, el militante Gastón Gonçalves, había sido secuestrado el 24 de marzo de 1976; y que en noviembre de ese año, su madre y la familia que les había dado asilo en San Nicolás (Rosario) habían sido asesinados. Claudio se enteró de que era Manuel cuando una Abuela se acercó hasta él para contarle su verdadera historia: tenía un hermano mayor. "Es músico –le contaron las Abuelas–. Toca en Los Pericos." El las llevó hasta su habitación, frente a un poster de la banda, y les pidió que le señalaran cuál era. "¿Cómo sobreviví?", fue su segunda pregunta. Su madre, segunda compañera afectiva de Gonçalves padre, lo había envuelto en una frazada y escondido en un ropero antes de que reventaran la casa donde paraban. Allí fue encontrado y luego trasladado a un orfanato, donde fue adoptado de buena fe.

Esos 35 años implican que hay muchos hijos de desaparecidos que ya son padres. Y que hay nietos de desaparecidos de tres, ocho, diez o quince años. Vos, Manuel, tenés una hija de diez que supo su verdadera identidad a los cinco.
¿Cómo fue esto para ella?
Manuel: –Hasta los cinco, fue Martina Novoa. Cuando me dieron los documentos, también hubo que cambiar los de ella, y pasó a ser Martina Gonçalves. Tenía cinco años y tuvo que aprender a escribir otro apellido. Ella tenía dudas porque yo era Claudio y pasaba a ser Manuel, entonces me preguntó: "¿Yo no me voy a llamar más Martina?". Ella pasó a tener otro apellido, un papá que se llamaba distinto, un tío, tres primos. Gastón ya tenía a mis tres sobrinos. Cuando la más grande me conoció, vino corriendo, me abrazó y me dijo: "Hola tío". Yo era un pibe, tenía 19 años.

Con 19 años estabas dejando atrás la adolescencia, de algún modo tenías tu identidad armada, tus gustos, tus costumbres. ¿Cómo te cayó eso?
Manuel: –Fue una situación incómoda, porque te preguntás cuánto tiene de valor lo que construiste hasta entonces, qué hacés con tus 19 años, en los que ya sos "alguien", tenés amigos, estudiás algo, trabajás de algo. Yo pensaba que me habían abandonado y no sólo no era así sino que me estaban buscando; y además estaba vivo gracias a que mi mamá me había salvado. Todas esas cosas las tenés que reacomodar. Yo tenía una sensación que nunca pude explicar, a la que pude encontrarle una respuesta al saber. Sentía que había algo más. Es un sentimiento muy común en otros nietos.

Si te mirás en una foto a tus catorce años, ¿qué ves?
Manuel: –Me cuesta mirar fotos de cuando era Claudio. Veo la foto y hay otra persona. Lo que menos te llama la atención es el tema físico. Uno mira una foto de sus quince y tal vez se espanta por el corte de pelo. Lo que veo yo es una persona frenada, que se quedó ahí. Desde el momento en que sabés, no podés ser igual: no hay manera de ser igual. Entre los 7 y los 10 años tuve problemas de anginas. Me provocaban mucha fiebre, y me daban mucha penicilina. El cuerpo de un nene no soporta fiebres tan altas, así que deliraba y veía claramente, pero en la casa en la que vivía en ese momento, a soldados haciendo mierda todo.

Gastón, vos tuviste 14 en el ‘83. ¿Cómo entraste a la democracia?
Gastón: –Te dabas cuenta de que era un gobierno con todas las intenciones, pero en una situación muy difícil. En ese punto, hay que tenerle respeto a Alfonsín: puso en el estrado a asesinos en situación de poder. Hoy, las condiciones son distintas, pero ahí la dictadura todavía condicionaba al gobierno, al punto de que cayó Alfonsín y se los indultó.

Ya juntos, en 2003 compartieron el momento de la anulación de las leyes de obediencia debida y de punto final. ¿Qué sintieron?
Manuel: –Fue una sorpresa para todos, porque lo hizo un tipo al que ni hubo que pedírselo. Si Néstor Kirchner, como presidente, no hubiese tenido la decisión de impulsar eso y los juicios, no hubiésemos podido. Ningún otro gobierno lo hizo, y es una pena por todo el tiempo que se perdió. Desde la asunción de Kirchner, muchos reclamos que teníamos los familiares y los organismos empezaron a suceder. Hay muchas cosas que no se han hecho o logrado, pero seguiremos reclamando por ellas. Creo que lo mejor que puede pasarle a un gobierno es que sigamos marcándole lo que falta.

Este 24 de marzo, ¿qué piensan que deberíamos preguntarnos?
Manuel: –Hay una parte grande de la población que siente que es algo que le pasó a otro y que lo hicieron otros, que no entró en ningún grupo. Hay un mea culpa grande que no se hizo. Por ahí es imposible, porque lograr un mea culpa colectivo es muy difícil. Pero en parte la gente no hace el ejercicio de analizar qué hizo para permitir que eso ocurriera o para callárselo. Esa pasividad permitió que muchas cosas sucedieran.

¿Qué sienten al oír a alguien decir "cortémosla con la dictadura"?
Gastón: –A veces te cruzás con gente que lo dice. ¿Qué quieren? ¿Que me olvide de que mataron a mi papá? Lanata ha dicho que tiene las pelotas llenas de que hablen de la dictadura. Que me disculpe, pero que le revienten las pelotas: que piense en todos nosotros. Es como que yo te diga que tengo las pelotas llenas de que vos me hables de que perdiste a tu viejo. ¿No tenés corazón? Si decís eso, sos un hijo de puta.

La Perseverancia
"La Rueda Mágica"
Manuel: -"En 2006 fuimos a visitar a una chica en su lugar de estudios. Era un caso identificado, la habían apropiado y todo indicaba incluso de quién podía ser hija. El caso ya estaba en la Justicia y la iban a citar en un juzgado para decirle que ella no era ella, que se tenía que hacer un examen de ADN. Las Abuelas se acercan antes para comentarles de qué se trata y hacerles saber que cuentan con ellas, para que no ocurra con la frialdad de los juzgados. La fui a visitar y no quiso saber nada. Yo iba corriendo a su lado, contándole lo que podía y dándole una carpetita con datos, y ella no decía nada. Me dijo que cualquier cosa me llamaba y, obviamente, nunca lo hizo. La reencontré hace días en una reunión y me dijo: ‘Vos me viniste a buscar en 2006 y yo no quería saber nada. A partir de esta semana me voy a llamar Catalina’. Y estaba feliz."

Si naciste entre 1975 y 1980 y tenés dudas sobre tu origen, consultá los casos de nietos que están siendo buscados en el sitio de las Abuelas de Plaza de Mayo (abuelas.org.ar), comunicate al 4384-0983 o presentate en la sede de Abuelas, ubicada en Virrey Ceballos 592, Buenos Aires.

La Militancia
Marcha de la Bronca
Gastón: -"Veo súper interesados a los chicos, la juventud está a full militando, en las marchas. Los chicos que van a las marchas no son hijos de desaparecidos, pero están luchando por la verdad, por la igualdad, por la reivindicación... por un mundo mejor. Los apoyamos y trabajamos por lo mismo, pero el motor que está impulsando esto son las nuevas generaciones. Nosotros somos de la generación que creció en la mentira, pero a ellos la maduración de la sociedad les permitió no estar tan afectados como nosotros. La educación no nos trasmitía la verdad. Y los chicos participan de muchos reclamos por derechos y libertades, como hicieron con el matrimonio igualitario y la Ley de Medios. Los chicos lucharon para que sus escuelas estuvieran bien, incluso aquellos que iban a una escuela que estaba bien. Durmieron en el piso durante días, se bancaron el intento del gobierno porteño de criminalizarlos, pedidos de DNI, listas negras y hasta aprietes. Acompañé a mis hijos a la marcha de fin de año y me emocioné: con todos estos pibes ganando con el corazón, el futuro es hermoso".
[* Gastón y Manuel marcharán hoy para pedir Verdad, Memoria y Justicia. Las Abuelas saldrán desde Avenida de Mayo y 9 de Julio a las 17.30, pero habrá concentraciones en distintos puntos para marchar a la Plaza de Mayo.]
31 de marzo de 2011
30 de marzo de 2011
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que se juzgue a los ideólogos


Juan Girolami y Jorge Rueda declararon en la causa Díaz Bessone. Los testigos fueron secuestrados junto a Marta Bertolino y Oscar Manzur, que permanece desaparecido. Girolami responsabilizó a Lofiego por la muerte de su compañero y pidió que se juzgue a los civiles que planearon la última dictadura.
[Sonia Tessa] Argentina. La desaparición de Óscar Manzur en la madrugada del 10 de agosto de 1976 fue un dato clave de las declaraciones de los dos testigos que declararon en la audiencia de ayer en la causa Díaz Bessone. Juan Girolami relató su secuestro en la casa de su familia, donde estaban alojados Manzur y su esposa Marta Bertolino, que declaró anteayer. "Los cazamos al Turco y la Pelusa", se vanagloriaron los integrantes del Ejército que realizaron el operativo. Llevaron al Servicio de Informaciones (SI) a todos los que encontraron en el departamento de España al 300, así como a Jorge Rueda, el novio de Marcela Girolami, quien había ido a tomar el colectivo y fue interceptado por los represores. "Quiero dejar expresa constancia de que vi entrar al compañero Oscar Manzur al SI en perfecto estado de salud, salvo por la renguera de un tobillo, y que al cabo de dos, tres o cuatro días en los que escuché sus quejidos en los interrogatorios, nunca más supe de él. Así que responsabilizo a José el Ciego Lofiego por la desaparición y el asesinato de Oscar", dijo Girolami.
En el final de su testimonio, Girolami rindió homenaje al ex presidente Néstor Kirchner y bregó para que la justicia avance sobre las responsabilidades civiles en la dictadura cívico-militar. "Les pido que algún día podamos sentar en el banquillo de los acusados a los verdaderos ideólogos de este genocidio", solicitó.
El primero que declaró fue Rueda, quien contó su secuestro, las torturas que sufrió junto a Girolami. "Nos torturaban un rato a cada uno", dijo el testigo. En la tortura, dio una cita falsa. Lo subieron a un auto Chevy para que fuera a buscar a sus compañeros, pero no había tal cita. El Ciego le aseguró que la iba a pasar peor por no haber colaborado, y unos días después, los tormentos se intensificaron. En el SI pasó por la Favela, el entrepiso al que llevaban a los más torturados, y también lo tuvieron entre 3 y 4 días en el sótano. "No tener agua era lo mínimo. El problema era no volver a ser torturados, era una situación enloquecida, estábamos en manos de psicópatas", relató ayer el testigo. El 21 de septiembre de 1976 lo trasladaron a la cárcel de Coronda, donde permaneció hasta abril de 1979. Después estuvo en Caseros.
Girolami contó del secuestro, agregó lo excitados que estaban los integrantes del grupo de tareas al saber que habían "cazado" a Manzur y Bertolino. "Encontramos unos montoneros", dijeron los represores. El testigo relató el traslado, en un Unimog, en el que además le robaron el dinero que tenía para comprar los medicamentos para la farmacia de su padre. Los llevaron en el marco de un gran operativo hacia el SI, donde pasó una buena parte de su cautiverio, los primeros días junto a su hermana Marcela y su madre Delfina. "Quiero dejar constancia de que mi grupo familiar y amigos en ningún momento fuimos detenidos, por más que nos haya venido a buscar el Ejército. Fuimos secuestrados", dijo el testigo. Atribuyó la delación a un vecino de su edificio, Carlos Sfulcini, integrante de la patota de Feced, a quien conocía personalmente.
Cuando estaba en el SI, a Girolami le mostraron cómo habían castigado a su madre. "Mirá cómo está sufriendo tu mamá", le dijeron sobre los moretones que tenía la mujer, productos de los golpes. A su hermana no se la mostraron pero le aseguraron que estaba en la misma situación. Girolami recordó además los quejidos de dolor de Marta y Oscar cuando eran torturados.
En medio de las torturas, Girolami pensó que una forma de pararlas era cortarse con el vidrio de la puerta del pasillo donde los alojaban entre una sesión de tormentos y otra. "Pensé en cortarme para obtener atención médica, o para que paren la tortura porque ya...", las palabras no salieron de su boca, pero no hizo falta. Con notable esfuerzo, el testigo relató que el corte en su mano no alcanzó para parar los castigos. Al contrario. "Me molieron a patadas, en esa paliza me fisuraron las tres últimas costillas del lado izquierdo. No había preguntas en la tortura, esta vez, sólo me decían: ’Así que te quisiste escapar’", rememoró ayer. Le aplicaron picana sobre la herida abierta. Y aunque reclamara atención médica, no se la ofrecieron. La herida se infectó. Un día, el Ciego le dijo que lo harían curar, y lo llevaron a la Asistencia Pública, en Moreno y Rioja. Allí pudo ver a su padre, por primera vez desde el secuestro.
Después de las curaciones en su mano, el 22 de agosto de 1976, lo llevaron al sótano. Y el 21 de septiembre lo trasladaron a Coronda. En julio de 1979 volvió al SI, y estuvo casi un mes en el sótano, nuevamente. En esa época, su madre murió. Vergara fue el encargado de llevarlo al velorio y también al entierro. El 18 de octubre de 1980, Girolami quedó en libertad.
Girolami era -como Manzur- militante de la Juventud Trabajadora Peronista, y empleado municipal. Ayer describió al "Ciego", a Mario "Cura" Marcote, a Ramón "Sargento" Vergara y a José "Archie" Scortecchini, a quien conoció en un traslado desde Coronda hasta el SI.
"Después de toda esta experiencia que viví, me llevó 35 años estar delante de este Tribunal. Sé que hubo impedimentos en los diferentes gobiernos, porque a mi modo de ver el golpe de 1976 fue cívico-militar y eclesiástico", dijo casi sobre el final a los integrantes del Tribunal. Girolami habló muy pausado. Al salir, lo esperaban compañeros y familiares, muchos con lágrimas en los ojos. Los abrazos aliviaron el esfuerzo de recordar.
31 de marzo de 2011
30 de marzo de 2011
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a un año del crimen de silvia suppo


La Corte Suprema resolvió que la causa pase al fuero federal. La Corte ordenó girar el expediente al juez federal de Santa Fe, Reinaldo Rodríguez, quien ahora deberá profundizar las investigaciones sobre la pista más inquietante: si detrás de los homicidas confesos, hubo algún autor ideológico.
Argentina. La Corte Suprema de la Nación resolvió que el asesinato de Silvia Suppo pase al fuero federal, como reclamaban los familiares de la víctima. "Razones de mejor administración de justicia aconsejan que conozca en estas actuaciones la justicia federal", donde se "tramitan las causas por delitos de lesa humanidad", dice el fallo que se conoció ayer, justo a un año del crimen y poco antes de una multitudinaria marcha en Rafaela que reclamó el esclarecimiento del caso. La Corte ordenó girar el expediente al juez federal de Santa Fe, Reinaldo Rodríguez, quien ya lo rechazó dos veces y que ahora deberá profundizar las investigaciones sobre la pista más inquietante: si detrás de los homicidas confesos, Rodrigo Sosa y Rodolfo Cóceres, dos trapitos de 19 y 22 años, hubo algún autor ideológico.
La sentencia definió un conflicto de competencia que demandó siete meses de ping pong judicial. Comenzó en agosto del año pasado, cuando un testigo de identidad reservada alentó la hipótesis del crimen por encargo. El testimonio se presentó ante el juez Rodríguez, pero el magistrado lo desglosó de la causa que investiga el martirio de Suppo y la desaparición de su primer compañero, Reinaldo Hattemer, en 1977, entre otros y se lo remitió a su colega de Rafaela, Alejandro Mognaschi, quien ratificó su competencia.
La querella apeló ante la Cámara de Penal de Rafaela, que consideró que la investigación debía pasar al fuero federal. "No es posible afirmar que no exista ninguna sospecha de que lo acontecido con Silvia Suppo haya obedecido al propósito de otorgar impunidad a personas imputadas por graves violaciones de los derechos humanos", dijo el tribunal rafaelino. Y para eso, "tuvo en cuenta que la declaración del testigo de identidad reservada" (cuando ya estaba firme el procesamiento de Sosa y Cóceres) agitó la sospecha del crimen por encargo "encaminado a obstruir el esclarecimiento de delitos de lesa humanidad".
El expediente pasó entonces a Santa Fe, pero Rodríguez lo volvió a rechazar, así que Mognaschi lo derivó a la Corte, para que resuelva el entredicho. A principios de marzo, el procurador general subrogante de la Corte, Luis González Warcalde, coincidió con el criterio del juez Rodríguez y aconsejó declarar la competencia de Mognaschi.
Ayer, la Corte compartió "la descripción de los hechos y del trámite de la contienda de competencia efectuada" por el procurador González Warcalde. Pero discrepó con la conclusión. "En tanto no puede descartarse que la muerte de Silvia Suppo, obstaculice el normal funcionamiento de los tribunales federales en donde tramitan causas en las que se investigan delitos calificados como de lesa humanidad, razones de mejor administración de justicia aconsejan que conozca en estas actuaciones la justicia federal", dijo la Corte. Y declaró que "deberá entender en la causa" el juez Rodríguez. El fallo fue votado por el presidente del tribunal, Ricardo Lorenzetti y sus colegas Elena Highton de Nolasco, Juan Carlos Maqueda y Raúl Zaffaroni.
Antes de conocerse la resolución de la Corte, el gobernador Hermes Binner aprovechó una visita oficial a Rafaela para saludar a los hijos de Suppo, Andrés y Marina Destéfani, al cumplirse un año del asesinato de su madre. "Agradecimos el gesto, pero también le efectuamos reclamos, como los venimos haciendo desde hace un año", dijo Andrés.
"Le reiteramos que la Justicia Federal debe resolver el caso, que no está claro para nosotros la posición que tomó la policía de la provincia y que el asesinato no fue derivación de un robo común", agregó.
Ayer, la agrupación Hijos descreyó del "falso interés que demostró el gobernador Binner, llamando de apuro a una reunión a Marina y Andrés Destéfani, para que el titular de los diarios sea: ’Binner recibió a los hijos de Silvia Suppo’. Nunca en este año hizo nada por los hijos de Silvia".
"Y a pesar de las innumerables trabas, de la falta de apoyo y acompañamiento del gobierno de Santa Fe, de la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia y la ausencia del ministro de Seguridad Álvaro Gaviola, tuvimos un gran paso. La Corte Suprema de la Nación falló a favor del pase de la causa a la justicia federal, en sintonía con lo expresado por la Cámara de Apelaciones de Rafaela y lo pedido por la querella, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, los hijos de Silvia, el Espacio Verdad y Justicia, los organismos de derechos humanos, los compañeros de Silvia Suppo y todos los que honran la memoria de Silvia -señaló HIJOS-. Empezamos una nueva etapa. Tenemos mucho por hacer y lo vamos hacer, por los 30 mil compañeros detenidos desaparecidos, por Julio López, por Silvia Suppo, por la memoria, la verdad y la justicia".
31 de marzo de 2011
30 de marzo de 2011
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adolescentes condenados a perpetua


En el caso Urbani, la cámara ordenó perpetua a dos adolescentes. Dos camaristas de San Isidro ordenaron cambiar la calificación del delito a los dos menores del caso Urbani. Si queda firme, serán condenados a perpetua a los 18 años. La Corte había opinado en contrario. Argentina, complicada en el plano internacional.
[Horacio Cecchi] Argentina. En una polémica decisión, la Cámara de Apelaciones de San Isidro ordenó modificar la calificación del delito en el caso de los dos adolescentes detenidos por el crimen de Santiago Urbani. El fallo sostiene que se debe pasar de homicidio en ocasión de robo a homicidio criminis causae, que en términos jurídicos viene a ser un homicidio cometido para ocultar otro delito, en este caso, el robo. Aunque la Cámara no precisó la condena, la pena que corresponde al criminis causae es la perpetua, una pena que las normas constitucionales y la Corte Suprema rechazan, ya que se trata de adolescentes. La decisión de la Sala I de la Cámara tiene lugar en momentos en que Argentina está acusada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos porque jueces porteños y mendocinos condenaron a perpetua a cinco adolescentes. De este modo, la Cámara fue favorable a la pretensión del fiscal del juicio, Andrés Zárate, quien pese a ser un funcionario del Fuero de Responsabilidad Juvenil reclamó perpetua como si se tratara de un fiscal de adultos.
En julio del año pasado, los jueces Alberto Villante, Mirta Ravera Godoy y Silvia Chomiez, del Tribunal de Responsabilidad Penal Juvenil 3 de San Isidro, responsabilizaron a los dos adolescentes, los mantuvieron detenidos y decidieron postergar la condena, de haberla, después de que cumplieran los 18 años. De ese modo, rechazaron el pedido del fiscal Zárate, que insistió en solicitar la perpetua pese a que no está contemplada dentro del Régimen de Responsabilidad Juvenil. Como en casi todos los casos donde adolescentes aparecen acusados de un delito, el de Urbani no fue la excepción: funcionó más hacia afuera del estrado, como bandera de la mano dura apuntando a las cámaras y ventilando hechos que luego no se representaron en el juicio. Ahora, los camaristas Ernesto García Maañón y Duilio Alberto Cámpora, votaron en mayoría el cambio de calificación que deriva en la perpetua.
"Lo más grave en esta causa es que el fiscal haya pedido perpetua –dijo a Página/12 Claudia Cesaroni, abogada, criminóloga e integrante del Cepoc–, cuando el Estado tiene una causa ante la Comisión Interamericana." Cesaroni recordó que además de los tratados internacionales firmados por Argentina, que ordena que los adolescentes sean tratados en forma progresiva, la propia Corte sostuvo en el fallo Maldonado que a un adolescente no se le puede aplicar una condena propia de adultos como es la perpetua. "Pero los fiscales siguen pidiendo perpetua como si el Estado fuera esquizofrénico –sostuvo Cesaroni–. No entiendo cómo el procurador Righi (federal) y la procuradora Falbo (bonaerense) no instruyen a los fiscales para que no pidan más perpetuas."
31 de marzo de 2011
30 de marzo de 2011
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habló estela de carlotto


Carlotto afirmó que la dictadura robó a los nietos que buscan las Abuelas para que no fueran educados como "subversivos".
Argentina. Estela de Carlotto -cuyo nieto nació en junio de 1978 durante el cautiverio de su hija Laura-, quien también actúa como querellante en el juicio público que el Tribunal Oral Federal Seis (TOF 6) realiza por el robo sistemático de bebés en la sala de audiencias del subsuelo de Comodoro PY 2002, de la Ciudad de Buenos Aires, recordó que durante una entrevista concedida a un medio español, Camps reconoció que había ordenado "matar a 5000 subversivos, pero a ningún niño", y que los recién nacidos "eran entregados a otras familias para que los eduquen, porque si se los dábamos a sus abuelos iban salir subversivos".
Cabe recordar que en la jornada de ayer, además del dictador Jorge Rafael Videla, quien sostuvo que "ya se sentía condenado", declararon como testigos en la misma causa el abogado e integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Alberto Pedroncini, y su colega Alcira Ríos, quien relató que había compartido parte de su cautiverio con Laura Carlotto en el centro clandestino de detención La Cacha, y que ésta le había dicho que su hijo había nacido bien y que las cinco horas que le habían permitido estar con la criatura "fueron inolvidables".
Además de Videla y el ex presidente Reynaldo Bignone, también están siendo juzgados Jorge "El Tigre" Acosta, Santiago Omar Riveros, Rubén Franco, Antonio Vañek, Juan Azic, y el médico Jorge Magnacco, a quien se imputa su intervención profesional en los partos. A todos ellos se les imputan los delitos de sustracción, retención y ocultamiento de menores y sustitución de sus identidades en 34 casos, entre los que están los hijos de Laura Estela Carlotto y Horacio Fontán; de María Claudia García Iruretagoyena y Marcelo Gelman, y de María Hilda Pérez de Donda y José María Laureano Donda; los hijos de Alicia Elena Alfonsín de Cabandié y Damián Cabandié; de Norma Tato y Jorge Casariego; de Silvia Mónica Quintela Dallasta y de Abel Pedro Madariaga; de María Eloísa Castellini y Constantino Petrakos, y de Stella Maris Montesano de Ogando y Jorge Oscar Ogando, entre otros.
31 de marzo de 2011
30 de marzo de 2011
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declaró elida luna


Elida Luna, de Familiares. Recordó a Gorosito.
Argentina. Histórica militante de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, Elida Luna, ‘la Peti’, se sentó ayer frente al Tribunal Federal para hablar de su compañero, Daniel Gorosito, desaparecido en enero de 1976, y secuestrado en la cárcel de Coronda, en septiembre de ese año, para ser llevado al Servicio de Informaciones, donde lo tuvieron un mes bajo feroces torturas antes de matarlo. Gorosito era militante del Ejército Revolucionario del Pueblo y fue secuestrado en el hospital Provincial de Rosario. Su caso no fue elevado a juicio oral en esta instancia de la causa Díaz Bessone, por lo que el presidente del Tribunal, Jorge Venegas Echagüe, aclaró que la declaración de Luna no tenía efectos concretos.
Luna relató el comienzo de Familiares, cuando se reunían en la cortada Ricardone para juntar fondos para visitar a los presos políticos y también buscaban maneras de obtener información sobre los familiares desaparecidos.
Cuando secuestraron a Gorosito, de 21 años, la familia había ido al hospital para atender un cuadro gripal de la hija mayor, Paula, que estaba por cumplir tres años y de Elida, embarazada de cuatro meses. "Esa fue la ultima vez que lo vi. El la abrazó a Paulita, que no lo quería soltar, pero él le dijo: ’Quedate con mamá’. Me puso la mano en la panza, me dijo hablales de mí, contales que los quise cuidar, y adelante, siempre adelante", relató ayer Elida. El hijo menor, José Daniel, nació en junio, cuando Gorosito ya estaba preso en Coronda, y a través de una abogada amiga, el joven pudo saber que había sido padre por segunda vez.
"También quise subrayar lo que pasamos las personas que quedamos afuera de los campos de concentración. Adentro había barbarie, torturas, horror, es inimaginable. Pero nosotras quedamos afuera, sin tener un agujero donde meternos. Al punto que dormí dos noches en una plaza con Paula, porque no tenía adónde ir, y corría peligro", relató ayer Elida a Rosario/12. "Quise subrayar en la audiencia cuál fue el estado de indefensión y desamparo en la que quedamos los familiares", apuntó Elida. Además, Elida nombró a los primeros militantes de Familiares: Fidel Toniolli, Elisa Medina, el Vasco Oyarzabal, Lilian Echegoy, entre otros.
Gorosito fue secuestrado antes del golpe militar, un lunes de enero de 1976 y estuvo un mes desaparecido. Por datos que pudo recopilar la familia, lo tuvieron secuestrado en una comisaría de Entre Ríos y Catamarca, donde lo torturaron. Además de las fuerzas policiales, lo interrogaron desde el Ejército. Luego, lo trasladaron a la Unidad número 3, de Ricchieri y Zeballos. Allí, el propio interventor de la policía provincial, Agustín Feced, se encargó de decirle a Gorosito que lo mataría. Más tarde, lo llevaron a Coronda, donde intentaron sacarlo una noche, para llevarlo a Rosario. Los presos políticos, y también los comunes, armaron una protesta, haciendo sonar los tarros contra las rejas, y el ruido ensordecedor disuadió a los guardias de efectuar el traslado.
En septiembre, sí lo llevaron. Gorosito estuvo un mes en el Servicio de Informaciones, sujeto a torturas, y fue llevado al sector llamado La Favela. Allí estuvo con Telmo López, un abogado que sobrevivió al terrorismo de estado y pudo dejar testimonio. Gorosito fue sacado del SI. Nunca más se supo de él.
29 de marzo de 2011
©rosario 12