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juicio por los obreros de astarsa


El secuestro de sesenta trabajadores en los astilleros del Tigre. Al finalizar el juicio a Luis Abelardo Patti, comenzará en San Martín el proceso a los responsables de la desaparición de un grupo de trabajadores del astillero que encabezaba las luchas sindicales. El mismo día del golpe militar devastaron el cuerpo de delegados.
[Alejandra Dandan] Argentina. La consigna del cartel resumía en 1973 lo que estaba detrás de esa huelga que se abría paso entre los navieros de Astarsa, y que en horas se convertía en huelga general entre los astilleros. "Queremos un astillero, no un matadero", habían colocado en la fábrica los obreros, indignados por una nueva muerte entre sus compañeros. La historia de la fábrica desde donde secuestraron a 60 operarios la mañana del 24 de marzo de 1976 comenzará a ventilarse en San Martín, cuando concluya el juicio oral a Luis Abelardo Patti. Pese a que aún no hay fechas precisas, la querella prevé el juicio para mitad de año. La elevación no incluye toda la causa sino una primera parte por un grupo de obreros que permanece desaparecido. Como no son parte del grupo que secuestraron en la fábrica, el juicio no permitirá avanzar sobre uno de los factores sobre los que sí se espera poder ir adelante en la segunda parte, que es la responsabilidad de la burocracia sindical y de los empresarios sospechados de haber entregado los listados de la comisión interna y de los obreros más combativos a la dictadura.
"Los navales fueron un gremio muy combativo en la zona norte", indica a Página/12 Adriana Taboada, de la Comisión Zona Norte. "El eje represivo en esta zona siguió la línea de organización obrera porque había un grado de participación y de organización muy importante: en el caso de los navales, el gremio estaba copado por sectores del vandorismo y en los ‘70 surgieron compañeros que les disputaron la dirigencia sindical; en el caso de Astarsa, aunque no siempre fue así, el núcleo fuerte venía de la JTP."
La Comisión Zona Norte es el grupo de organismos de derechos humanos y militantes viejos y nuevos que impulsa la causa, y pasa días buscando a víctimas, a viudas de esos obreros, compañeros de la fábrica, colimbas de Campo de Mayo que pueden acercar datos no sólo para ese expediente sino para otras decenas de causas sin sobrevivientes que, paradójicamente, necesitan de testigos para poder ir adelante.
En la madrugada del 23 al 24 de marzo de cada año, la Comisión vuelve a donde vuelven muchos de esos navieros: la plaza Canal, a media cuadra de la estación Carupá de la línea Mitre, en el límite entre San Fernando y Tigre, sobre la Ruta 197, donde llegaban los obreros de Astarsa para hacer las diez cuadras que separaban la estación de la fábrica. "Es un lugar histórico porque ahí se hicieron asambleas obreras de 3500 trabajadores y, en la década del ’70, las ollas populares de los días de huelga."
A comienzos de 1976, los obreros de la naviera llevaban tres años manteniendo el control obrero de la fábrica: Astarsa era uno de los astilleros más importantes, con 1500 trabajadores de los cuales 700 eran navieros y 800 metalúrgicos. En 1973, el proceso comenzó con la muerte de José María Alessio. Hasta ese momento, el trabajo parecía convertirse en una condena a muerte: trabajan doce horas por reglamento y sabían que con la fabricación de cada barco, durante catorce meses de trabajo, uno o dos compañeros se moría. Aquella muerte disparó la huelga, en medio de un proceso que venía creciendo por abajo, entre otras cosas a partir de la llegada a la escuela de oficios de la fábrica de una camada de jóvenes, cercanos o que comenzaron a estar próximos a la Juventud Sindical de Montoneros. Tras la huelga, tomaron el control de la Comisión de Seguridad e Higiene, y en los siguientes tres años no hubo muertos. Pasaron a trabajar 6 horas 45 minutos, y se movilizaron y consiguieron la liberación de muchos de ellos en 1975, cuando un grupo de trabajadores fue secuestrado y torturado por grupos paramilitares.
Luis Benencio es un testigo histórico de la causa, porque estuvo a cargo de esa Comisión de Seguridad: "Nosotros no estábamos ahí el día del golpe, pero teníamos compañeros adentro", dice a Página/12. "Estábamos avisados desde antes, muchos de los activistas veníamos levantados y bancados por la organización, o sea que hacíamos el trabajo desde afuera." Hacia adentro y a esa altura habían armado una agrupación no visible: "De este modo supimos y conocimos lo que pasó con las listas".
A las 6.30, entonces, tres camiones entraron a la fábrica. Hubo helicópteros sobrevolando el cielo, carros de asalto y tanques custodiando el operativo en tierra. "Empezaron a pedir documentos a todos los que llegaban y entraban; tan claro estaba que esas listas se las habían proveído de la patronal –dice Benencio– que en un momento había dos compañeros de apellido Sosa, y cuando detienen a un Sosa y lo suben arriba del camión, uno de los de abajo de la patronal les dice: ‘¡Ese Sosa no es!’"
Hubo 60 secuestrados ese día; pero además otro tanto en Mestrina, que era otra de las navieras de la zona que había seguido el mismo proceso. La mayoría pasó por la comisaría de Tigre, una parte fue liberada y otra siguió a Campo de Mayo. Existe el caso de un obrero de apellido Villalba, cuya hija supo a través de un preso que estaba en el destacamento de Garín, un caso por el que puede llegar a estar imputado Patti nuevamente. Cuando fueron a buscarlo, el destacamento lo negó y dos días más tarde apareció muerto en un arroyo. Entre Astarsa y Mestrina hay 30 obreros navieros desaparecidos.
El juicio oral avanzará ahora sólo sobre algunos casos. Ninguno de esta primera parte corresponde a los secuestrados del 24 de marzo sino a obreros que fueron secuestrados días después: "Este es uno de los subcasos de una causa principal que es la de Campo de Mayo", explica Pablo Llonto, abogado querellante. "El tema es que se van elevando a juicio pedacitos de esa megacausa, con algunos obreros y algunos responsables, y eso hace a la enorme dificultad que tenemos con los juicios orales con pocas víctimas y pocos acusados; mientras tanto continúa la investigación sobre las restantes víctimas y acusados, como la probable complicidad de algún miembro de la fábrica."
Entre los accionistas principales estaban los Braun Menéndez: "No se entiende la represión en Astarsa –dice Luis–, si no se entiende qué fue el control obrero de las condiciones de trabajo: nosotros decíamos qué era salubre y qué insalubre en cada lugar, lo mismo sucedió en Mestrina y así durante tres años que siguieron, y eso que es un tema que siempre fue vendido y entregado por la burocracia sindical".
El Sindicato de Obreros de la Industrial Naval estaba manejado por grupos operativos de la CNU y del CdO lopezrreguista. Una de las caras visibles era Jorge Rampoldi, a quien Luis viene siguiéndole el paso desde entonces. Lo denunció en Italia en el juicio a Carlos Suárez Mason. Para entonces, Rampoldi era viceministro de Trabajo de Carlos Ruckauf. Rampoldi negó sus vínculos con Astarsa y la CNU, pero Luis insistió explicando que llegó a la fábrica cuando la empresa buscó colar sectores de la derecha en los espacios donde los obreros eran poderosos, como el sector de personal. Rampoldi frecuentó hasta 2006 el sindicato Uatre, el gremio de Gerónimo ‘Momo’ Venegas.
16 de febrero de 2011
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testimonio de josefina gonzález


Padeció el cautiverio siendo niña. Entre tantas historias siniestras que día a día se ventilan en las audiencias de la causa Díaz Bessone, la de Josefina -madre asesinada, padre desaparecido- es todavía sorprendente.
[Sonia Tessa] Argentina. El terrorismo de estado diezmó la familia y amputó una parte de la vida de Josefina ‘la Tana' González, aún antes de nacer. Su padre, Dardo José Tosetto, fue secuestrado el 9 de diciembre de 1975 y continúa desaparecido, frente al hospital Español. Entonces, su mamá Ruth González estaba embarazada y arriesgó la vida para avisarle a la familia de su compañero. En febrero de 1976 nació ella, a quien su mamá le dijo ‘La Tanita', durante los cinco meses que pudieron compartir. El 19 de julio de 1976, la patota secuestró a Ruth y sus dos hijas: Mariana, de tres años y ella, de cinco meses. En el mismo allanamiento cayó Pedro Paulón. Ruth, que era muy buscada, se escudó en una identidad falsa: Dolores Aguirre. Así pasó por el Servicio de Informaciones, donde también estuvieron secuestradas las dos niñas, que luego fueron apropiadas por guardiacárceles. Ruth todavía los represores no sabían de quién se trataba fue llevada a la Alcaidía, adonde la patota la buscaba periódicamente para interrogarla. Simulaba trastornos mentales, mientras sufría por el destino de sus hijas. Entre tantas historias siniestras que día a día se ventilan en las audiencias de la causa Díaz Bessone, la de Josefina es todavía sorprendente. Siendo una niña muy pequeña y ya recuperada por una tía abuela que se encargó de criarla , debieron extirparle el baso, producto de un golpe muy fuerte sufrido cuando tenía cinco meses.Ese golpe, según consta en la elevación a juicio oral de la causa, se lo propinó el entonces interventor de la policía rosarina, Agustín Feced, para presionar a su madre, que aún así mantuvo silencio. El 23 de septiembre de 1976, Estrella González hermana de Ruth y su pareja, Héctor Vitantonio, también fueron secuestrados en su casa, donde estaban con su beba, Clarisa, de 10 días. La patota dejó a la niña al cuidado de unos vecinos.
Por esos días, a Ruth la sacaron de la Alcaidía en taxi, con dirección desconocida. Ya sabían quién era. Se presume que la tuvieron un tiempo en el centro clandestino de detención La Calamita. El 5 de octubre aparecieron los cadáveres de Ruth, Estrella y Héctor en la avenida de Circunvalación. Josefina pasó gran parte de sus 34 años intentando armar el rompecabezas familiar en el que faltan cinco piezas, ya que su abuela, Amorosa Brunet de González, también está desaparecida. Y otra de las hermanas de su madre, María de las Mercedes, estuvo presa desde septiembre de 1975 hasta 1979. Todos eran del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).
El familiar que reconoció los cuerpos de su mamá y su tía le contó que Ruth estaba desnuda y Estrella con el camisón con el que fue secuestrada. El supuesto enfrentamiento fue publicado en los diarios, y entonces la hermana de su abuela Amorosa comenzó a moverse para recuperarla a ella y a su hermana. Mariana fue restituida un mes después. Con Josefina fue un poco más difícil, recién pudo recuperarla en mayo de 1977.
Ayer, Josefina se sentó frente al Tribunal Federal Oral número 2 y contó la sucesión de pérdidas y búsquedas que forman parte de su historia. Habló con un tono suave, pausada, sin ceder a la emoción. En un momento, contó que todos los años publica el recordatorio de su padre en Página/12, y gracias a eso algunos compañeros de facultad de Tosetto, que estudiaba Ciencias Económicas, le dieron algunos datos. "Tengo seis fotos de él", dijo sobre lo que constituye un tesoro. Les dijo a los jueces que está a la espera de su filiación paterna, para así llevar su nombre real. "No pudieron sacarme la sangre ni la historia", expresó.
Cuando tenía 7 años, Josefina empezó a tener pesadillas. Soñaba que la perseguían, sentía un brazo a la altura de la panza. Una psicóloga le aconsejó a su tía que le contara la verdad, porque hasta entonces creía que la familia había muerto en un accidente. Como la tía Judith no podía hablar de lo ocurrido, fue su hermana Mariana, apenas tres años mayor, la encargada de decirle que a sus padres los habían matado porque "pensaban distinto y lo habían dicho". El impacto subjetivo fue perdurable. "Hasta el día de hoy me cuesta hablar delante de gente que no conozco", les dijo ayer a los jueces.
La reconstrucción de su identidad tuvo un primer hito cuando tenía apenas diez años, al encontrar en la biblioteca familiar una partida de nacimiento, donde figuraba el nombre de su mamá, pero no así el del padre, que estaba tachado. Tres años después comenzó la investigación, a través de Lelia Ferrarese.
Del paso de Ruth por la Alcaidía hay numerosos testimonios, ya que compartió cautiverio con muchas testigos, entre ellas, con Lelia que también declaró ayer. A Lelia le regaló una miniatura tallada en hueso y le dijo: "Vos vas a salir de ésta, estoy segura. Por favor, no te olvides de mis nenas".
Uno de los pocos objetos que la Tana tenía de su mamá era una despedida, en forma de libro de cuentos, que les había hecho en la Alcaidía. El 30 de diciembre de 2009, la Tana sufrió un atentado en el domicilio, y sólo se llevaron los objetos que pertenecían a sus padres, de altísimo valor simbólico y afectivo para ella, pero ningún valor material. Entre ellos, aquel libro, que ella había tenido la precaución de escanear. Por ese atentado no hay ningún acusado o detenido.
Del padre fue más difícil encontrar datos. Estaba a punto de cumplir los 15 años cuando conoció a sus abuelos paternos, que eran de Brikman (provincia de Córdoba). Ellos le llevaron algunas fotos y supo que era muy parecida, bastante antes del análisis genético que dio 99,999 por ciento de compatibilidad. La primera imagen de su padre la había tenido poco antes, cuando vio una foto del carné de la biblioteca Argentina.
Tenía 20 años, en 1996, cuando pudo saber algo más sobre su madre. Formaba parte de la organización Hijos y buscó datos entre las compañeras de detención. Le costaba preguntar entre las pocas personas de su familia que continuaban vivas, porque era remover un dolor profundo. Su tía Judith, por ejemplo, no podía hablar de la masacre familiar sin llorar. "A mí me daba un poco de culpa preguntarles", dijo ayer frente a la demudada presidenta del Tribunal, Beatriz Baravani de Caballero.
Josefina pudo saber que su madre era "una persona muy fuerte, muy entera, que hizo todo lo posible para bancarse todo". Cuando terminó de contar su historia, dijo que sigue "creyendo en que la Justicia funcione, que esta es la manera de hacer un país más justo".
16 de febrero de 2011
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declaró luz faingold


En el juicio político al camarista de Mendoza. En agosto de 1975, a los 17 años, Faingold estuvo en cautiverio y fue torturada en el D2 de la policía mendocina. Ayer, ante el jury del Consejo de la Magistratura, dijo que el juez Luis Miret la visitó, la interrogó y luego la dejó en manos de los represores.
Argentina. Luz Faingold conoció a Luis Miret en agosto de 1975, durante la experiencia más terrorífica de su vida. Ella tenía 17 años y estaba en cautiverio con otras diez personas en el Departamento de Informaciones (D2) de la policía de Mendoza, donde había sido torturada y violada. El la visitó como juez federal subrogante, supo por el novio de Faingold que la adolescente pedía por favor que dejaran de ultrajarla, pero la dejó varios días más en manos de los torturadores. Ayer, luego de soportar durante 35 años que el hombre siguiera en carrera como un juez honorable, Faingold relató por primera vez sus padecimientos ante el jurado de enjuiciamiento del Consejo de la Magistratura que analiza la conducta de Miret, suspendido en su función de juez de la Cámara Federal de Mendoza y acusado de haber colaborado con la represión ilegal durante la dictadura.
"Yo estaba en muy mal estado, lo único que recuerdo es a Miret gritándome, tratando de encontrar algo en mi contra. Me preguntó por mis apuntes de la escuela", recordó Faingold ante el jury que debe resolver si destituye o mantiene en su cargo al juez. La testigo de 52 años recordó que Miret le pareció "un nazi". "No preguntó de dónde venía, qué me había pasado ni dijo que podía tener abogado defensor o negarme a declarar", aseguró. "Mi apellido es judío y me sentí más discriminada aún por eso, que parecía terrible", agregó en presencia de Miret, que por momentos intentó abandonar el rol de quien es sometido a un juicio político para convertirse en interrogador de la víctima.
Faingold cursaba el último año del colegio secundario e integraba una agrupación. Sus militantes fueron detenidos por los subordinados del brigadier Julio Santucchione, cara visible del terrorismo de Estado en Mendoza en los meses previos al golpe de marzo de 1976. Miret interrogó a los presos en el D2 y luego en los tribunales. "Me preguntó por mis apuntes. Yo tenía matemáticas y astronomía, nos habían pedido que todo lo que viéramos en la prensa relacionado con astronomía lo pegáramos en la carpeta y lo último que tenía era la copia del Apolo y del Soyuz (NdR: Naves espaciales estadounidense y rusa). Miret me preguntó ‘qué es este artículo del diario’, porque la Soyuz era soviética. Fue lo único que pudo encontrar que tuviera que ver con la izquierda", recordó Faingold y despertó sonrisas en el tribunal.
Luego de los ocho días de cautiverio en el D2 y pese a que los padres habían pedido su restitución, Faingold fue trasladada a un instituto de mujeres de Mendoza. "Mucho después supimos que fue porque mis padres estaban divorciados o algún argumento de ese estilo", dijo ayer. Durante el encuentro en tribunales, "Miret me gritaba, me trataba de subversiva", recordó la sobreviviente. "Caminaba por una especie de estrado y gritaba", dijo, y miró al ex juez. "Sí, usted caminaba, yo lo vi, estaba muy asustada, había pasado el peor momento de mi vida", contestó cuando Miret preguntó de manera directa y pidió que describiera su despacho.
Faingold también recordó su violación, la semana que pasó sin comer y sin ir al baño y la visita de "alguien de traje" que abrió la puerta de su celda y la cerró de golpe cuando ella se le abalanzó pensando que iban a liberarla. "Después de 35 años supe por una foto que era el fiscal (Otilio Roque) Romano", dijo en alusión al actual camarista, imputado por los mismos delitos, que logró postergar su jury de enjuiciamiento.
En segundo turno declaró Luz Agustina Casenave, la madre de Luz Faingold. La mujer de 80 años relató que junto con su marido y gracias a un conocido pudieron colarse en la audiencia de indagatoria a su hija. "Di un golpe a la puerta y cuando abrieron irrumpí en la pieza, estaba el señor Miret haciéndole la entrevista a mi hija, sin abogado ni nadie presente. Ella era menor de edad, le dije ‘señor, usted está cometiendo un delito porque la ley dice que debe tomarle declaración con los padres presentes, un tutor o abogado’. Me quiso retirar con cierta violencia, pero insistí y me quedé. Ahí lo conocí", recordó.
"Mi hija estaba aterrada, apabullada, desesperada, y él buscaba algún delito, le faltaba una acusación", dijo la madre, que luego relató el exilio en Francia. "Ella declaró sin ayuda legal de ningún tipo", insistió la mujer cuando Miret pidió que le mostraran el acta de la declaración, firmada por Luz, sus padres y un abogado. La testigo explicó que el padre y el letrado llegaron más tarde, cuando la declaración ya había concluido. "Le solicité la restitución, salió, habló con otra persona, dijo que no y la mandó al instituto", de donde fue liberada tras gestiones de su familia ante el Ministerio de Justicia de la Nación.
16 de febrero de 2011
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policías procesados por desaparición


Procesaron a 16 policías por la desaparición de Iván Torres.
Argentina. Los oficiales fueron procesados por la desaparición forzada del joven que fue visto por última vez en un calabozo de la ciudad de Comodoro Rivadavia en 2004. En la causa interviene la jueza federal Eva Parcio de Seleme, quien además de las detenciones dispuso un embargo de 200 mil pesos para cada uno de los procesados, aunque no les dictó la prisión preventiva.
Los policías procesados son oficiales de distinto rango que prestaban servicios en la dependencia de Comodoro Rivadavia donde, el 2 de octubre de 2004, Torres fue visto por última vez. Desde entonces, la familia de Torres ha recorrido distintos tribunales de Chubut para dar con los responsables de la desaparición del joven.
La causa recayó primero en el fuero provincial y quedó a cargo del entonces Juzgado de Instrucción número 2 cuya titularidad tenía el Juez Oscar Herrera.
Tiempo después, el Superior Tribunal de Justicia de la provincia patagónica solicitó ante el Consejo de Magistratura un pedido de juicio político contra Herrera por demoras en esa y en otras causas penales. El ex juez fue destituido, lo que demoró la continuidad en la investigación en la desaparición de Torres.
El expediente llegó a manos del fiscal federal Norberto Bellver, quien se declaró incompetente, al igual que la titular del Juzgado Federal de primera instancia. Pero una vez elevado a la Cámara Federal de Apelaciones, el expediente regresó al juzgado de Parcio Seleme.
Entre tantas demoras, también apareció un testigo que desvió la causa al declarar que Torres estaba escondido en una villa de la Ciudad de Buenos Aires y que realizaba algunas actividades en el barrio de Mataderos bajo el nombre de Gregorio. La pista luego fue desestimada.
Entre los procesados se encuentran el ex jefe de la comisaría de Comodoro Rivadavia donde Iván Torres estuvo detenido, Fabián Alcides Tillería, de 39 años. Junto con él fueron procesados los oficiales Juan Sandro Montesino, Marcelo Chemín, José Luis Bahamonde, Pablo Miguel Ruiz, Mario Gómez, Hernán Leiva, Rosana Soler, Nicolás Fajardo, Sergio Thiers, Sebastián Cifuentes, Santiago Rodríguez, Héctor Cocha, Roberto Soto y Jorge Bahamande.
[La foto viene del blog puerta e.]
16 de febrero de 2011
15 de febrero de 2011
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revés para los noble herrera


La Corte Suprema de Justicia de la Nación desestimó tres recursos interpuestos por Marcela y Felipe Noble Herrera, que planteaban la inconstitucionalidad de las leyes que crearon el BNDG, un hábeas corpus preventivo y el rechazo al entrecruzamiento con todos los datos existentes en el BNDG.
Argentina. El Máximo Tribunal nacional decidió de esta manera no pronunciarse sobre tres recursos (por el art. 280 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación) que reclamaban la suspensión de medidas probatorias, la declaración de inconstitucionalidad de las normas que crearon el Banco Nacional de Datos Genéticos y el hábeas corpus preventivo. Las decisiones adoptadas por la Corte no interfieren respecto de las nuevas medidas probatorias ordenadas por la jueza Sandra Arroyo Salgado en diciembre de 2010, las cuales han sido objeto de otra impugnación por los hermanos Noble Herrera, acerca de la cual ahora deberá expedirse la Cámara Federal.
En el caso del pedido de inconstitucionalidad de las leyes 26.548 y 26.549 ("Noble Herrera, Marcela y otros s/causa n° 12.895"), que dieron origen a la referida base de datos genéticos, los apoderados Roxana Piña y Alejandro Carrió argumentaron falta de imparcialidad y la afectación de la garantía del debido proceso, entre otros agravios vertidos respecto del organismo creado por dichas leyes.
Respecto de la medida probatoria dispuesta oportunamente por el Juzgado N° 2 de San Isidro, los abogados mencionados habían solicitado en el expediente ("Herrera de Noble, Ernestina Laura s/recurso de casación") la suspensión del proceso frente a un presunto daño irreversible que causaría su ejecución.
Por último, los letrados habían interpuesto un recurso de hábeas corpus (causa "Noble Herrera, Marcela y Noble Herrera Felipe s/causa n° 12.873") con el objeto de que se impida la realización de nuevos procedimientos compulsivos en contra de Marcela y Felipe Noble Herrera.
16 de febrero de 2011
15 de febrero de 2011
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el sátiro de la bufanda


Otros tres testigos declararon por la tarde. [Foto de Laura Ferrer Varela].

Argentina. Tres testigos ocuparon en la tarde de ayer la atención de los miembros del Tribunal Oral Federal No. 1: Eduardo ‘el Turco’ Azum, Laura Ferrer Varela y Rafael Stancanelli, hermano del ‘Pato’, militante asesinado en San Luis y Alvear, uno de los homicidios que serán imputados a esta causa al propio Genaro Díaz Bessone.
Eduardo Azum, el primer testigo de la tarde, relató su encierro junto a Roberto Hyon y contó su secuestro y cautiverio en una casa aún no identificada, lo que demuestra la vastedad del circuito represivo.
Luego, dio su testimonio la secretaria general de la COAD, Laura Ferrer Varela, quien narró su cautiverio durante la dictadura militar desde agosto de 1977 hasta diciembre de 1979. Laura recordó que al momento de ingresar al Servicio de Informaciones, la patota le pidió a su padre un pañuelo limpio para vendarla y llevársela. Completó así una descripción detallada del funcionamiento del Servicio de Informaciones, que finalizó con un croquis a pedido del fiscal Gonzalo Stara.
Al relatar las condiciones de detención, hizo hincapié en la terrible situación en que se encontraban los menores de edad: "Patricita (la hija de Cristina Bernal), de tres años, se planteaba como que también estaba detenida, cuando la vienen a buscar, ella les dio un beso a las compañeras y les dijo ’me voy en libertad’".
También señaló que "en una oportunidad hicieron subir a un par de compañeros y les mostraron a otros (que los habían hecho bañar y ponerse ropa limpia) y les dijeron algo como que ’esos se iban a encontrar con unas balas de frente’. Entre ellos estaba el Cali Valle, al que conocía de las luchas estudiantiles. Otros reconocieron a Luis Esteban y a Juana Castellini. Durante la madrugada baja el Sargento Vergara y les dice que ya han cumplido con su deber. Nunca más los vieron, ni pudieron hallar algún supuesto enfrentamiento.
Ferrer Varela también dio un exhaustivo detalle de los nombres, apodos y características de los demás represores, entre ellos del ‘Cura’ Marcote, a quien llamaban "el sátiro de la bufanda blanca" porque violó a muchas compañeras.
Luego fue el turno de Stancanelli, hermano de Alejandro Víctor Stancanelli, asesinado a los 21 años en calle San Luis y Alvear de esta ciudad. El Patito, hermano menor del Pato, narró cómo se enteró de la noticia a través de un noticiero que dio cuenta de la muerte en un "enfrentamiento" de su hermano.
Josefina Brebia -la novia de su hermano- le contó que lo estaba esperando a Alejandro en San Luis y Oroño, cuando vio al represor conocido como ‘Gordo Tu Sam’ quien le grita desde un auto y la secuestra. Según relató Josefina -hija de un capitán de fragata que finalmente se exilió en Europa- "lo asesinaron por la espalda. No lo tengo resuelto, auspicio que ustedes lo resuelvan de la mejor manera. No necesito protección pero les digo sinceramente, soy docente, trabajo en la universidad, pero la gente que tengo atrás no tendría que estar libre".
Sobre el final, Rafael interpeló a Ricardo Chomicki: "Cady, mi mirada es para que digas quien mató a mi hermano", y finalizó su emotivo testimonio diciendo: "Lo más terrible se aprende enseguida y lo más hermoso nos cuesta la vida".
15 de febrero de 2011
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testimonio de carlos pérez rizzo


Ante el tribunal federal. "Voy a hablar de los que no están". Pérez Rizzo salvó su vida gracias a la gestión de su padre policía. Tenía 24 años cuando lo detuvieron. En el SI, dijo, había 16 personas que fueron asesinadas o continúan desaparecidas.
[Sonia Tessa] Argentina. Carlos Pérez Rizzo se sentó frente al Tribunal Federal Oral número 2 y comenzó a contar su secuestro, el 14 de octubre de 1976, junto a una compañera, Cristina Costanzo. "Voy a hablar de aquellos que no están y no tienen más que a nosotros para que contemos la verdadera historia", dijo el testigo, a quienes sus compañeros llaman ‘Cabezón’. Afirmó que en el Servicio de Informaciones había 16 personas que estaban cautivas y luego fueron asesinadas en supuestos enfrentamientos, o continúan desaparecidas. Entre ellos, las siete víctimas de la masacre de Los Surgentes, así como Marisol Pérez y Daniel Gorosito. De 57 años, Pérez Rizzo salvó su vida gracias a la gestión de su padre, comisario principal y amigo del entonces interventor de la policía rosarina, Agustín Feced. Tenía 24 años cuando lo detuvieron. Después de unos meses en el SI, fue trasladado a Coronda, Rawson y Devoto. Recuperó su libertad el 17 de abril de 1984.
Mostró las cicatrices en el codo izquierdo de las heridas que sufrió en la tortura, se emocionó cuando contó que fue abuelo el lunes pasado. "Mis hijos dieron vida a una vida nueva, y yo vengo a dar testimonio por aquellos que pelearon por una vida nueva", dijo. Pero hubo un momento en el que las lágrimas no lo dejaron hablar. Cuando le preguntaron sobre la reunión que tuvo con Feced y su padre, al poco tiempo de secuestrado, estuvo largos minutos sin poder abrir la boca. Sólo atinó a recordar la "desesperación" de su papá. En la sala, el público lloró a moco tendido. Casi al final, dijo: "Soy montonero y no lo voy a negar ahora. Aparte, estamos en democracia".
En un momento, Pérez Rizzo expresó: "Acá falta gente, porque la patota hacía tres turnos, en grupos que no pueden haber bajado de entre 12 y 16 personas. Eso significa 48 o más" integrantes de la patota. También calculó que cada guardia era de entre cuatro y seis, lo que suma otros 12 a 18 más. Recordó especialmente a Beto Gianola, que cada dos días bajaba al sótano para amenazarlo de muerte. "Cabezón, a vos yo te voy a matar", le decía. Fue testigo de una especie de asamblea que los miembros de la patota hicieron en una habitación contigua a su lugar de cautiverio para discutir la orden de Feced de preservarle la vida. Todos querían matarlo, pero una parte proponía, además, incumplir la orden del mandamás de la policía. Al salir, cada uno de los represores le pegó.
Pérez Rizzo también contó la "sorpresa" que le causó, en 1987, la ley de obediencia debida, "en virtud de lo vivido". "Se desesperaban por participar en secuestros y torturas. En el caso de los guardias, para ganar puntos y poder participar de los saqueos", rememoró.
La primera parte de la declaración estuvo centrada en el relato de las personas que vio en el SI y luego fueron desaparecidas. De Costanzo, secuestrada junto a él en Matienzo y Ocampo, recordó que aguantó para "cantar" la casa donde vivía hasta la hora estipulada por la organización. También contó que vio, en muy mal estado, a Daniel Oscar Barjacoba, que había sido secuestrado unos días antes. En esos días cayeron también Sergio Abdo Jalil, María Cristina Márquez y Analía María Murguiondo. En la misma pieza que él estaban José "el Ciruja" Oyarzábal -su "compañero y amigo" y Eduardo "el Laucha" Laus.
A los varones los habían puesto en la oficina de Feced y a las mujeres, en la sala de torturas. En la madrugada del 17 de octubre, los hicieron preparar, y los llevaron, a todos menos Pérez Rizzo. Como Jalil estaba en cueros y hacía frío, el Cabezón le regaló su campera beige. Cuando volvió la patota, escuchó decir: "Lo de Los Surgentes salió perfecto". Los diarios hablaron de muertes en el intento de copamiento a una comisaría. Pérez Rizzo y Gustavo Piccolo, compañero de cautiverio, hicieron un documento en la cárcel de Devoto en el que detallaban la vestimenta con que se llevaron a estos seis militantes con vida desde el centro clandestino de detención. Al salir de la audiencia, Pérez Rizzo se abrazó con el hermano de Oyarzábal y le dijo: "Lo trajimos de vuelta".
También habló de la llegada al SI del Negro Quique, desaparecido. "Lamentablemente no sé cómo se llama, puede ser Martínez", dijo. "Después de varios días de torturas, me llevan a la Favela para que fueran sanando las heridas. Ahí traen a un compañero del PRT ERP, Daniel Gorosito", contó. Seis días después, lo mataron.
Por la intervención de su padre, Pérez Rizzo es bajado al sótano. Allí pudo observar a otras personas que luego fueron desaparecidas, como Roberto, alias Tito o Chaqueño, de quien recordó que "estaba despedazado". Le habían quemado la base de los testículos con acetileno y le habían cortado el pecho con bisturíes. En noviembre vio a Marisol Pérez.
En enero lo llevaron a Coronda, pero un mes después lo trasladan de nuevo al SI para esperar su primer consejo de guerra. En ese momento estuvo en la Favela con dos militantes de la UES, Adrián Sánchez y el Toni, de quien no supo dar el nombre. Ellos no dieron datos en la tortura. Como la patota no tenía gente para secuestrar, un día llegó Ricardo Chomicky, el civil colaborador acusado en esta causa. "Lo ponen al lado del Toni. No recuerdo si yo ya sabía que Cadi ya estaba colaborando en demasía con el SI. Le empieza a sacar de mentira a verdad, como si fuera un compañero. El Toni menciona que gracias al Cabezón no había dicho nada. El está desaparecido, y yo me comí una gran paliza", relató Pérez Rizzo.
Otros tres desaparecidos que el testigo pudo ver en el SI fueron Susana Broca, Enzo Zunino y Eduardo Bracacchini. "Después de que se los llevaron, Darío escribió el parte policial por el cual los tres habían sido muertos en un intento de copamiento en la comisaría de Alvear. Y lo leyó en voz alta", relató ayer.
Pérez Rizzo contó cómo notaban que la patota se estaba preparando. Dijo que esos momentos eran un "pandemónium". Desde el sótano escuchaban las corridas, los gritos, el ruido de amartillar las armas. "Cuando se escuchaba eso era porque sacaban a alguien para matar o iban a buscar a alguien", contó.
Sobre los represores, recordó especialmente a Mario Alfredo Marcote, el cura, que acosó sexualmente a Teresa Soria de Sklate, con promesas de salvar la vida de su esposo. Tanto ella como él están desaparecidos. También contó que tuvo algunas entrevistas con José Rubén Lofiego, que participó de su secuestro. Mencionó a Managua (Ernesto Vallejos, no está en esta causa), que le dio una tremenda paliza usándolo de puchinball. En la segunda parte de su declaración, Pérez Rizzo leyó un documento que escribió en 1979, cuando estuvo detenido en la Alcaidía esperando un nuevo consejo de guerra. Ese escrito, que fue pasado a máquina por su padre, incluía la descripción de las sesiones de tortura que vivió.
Ayer volvió a leerel final: "Como dice Lito Nebbia, si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia. El que quiere oír, que oiga".
15 de febrero de 2011
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respuesta equivocada


La Argentina envió a Washington una nota de protesta por el arribo del avión militar con carga no declarada. El canciller Héctor Timerman reclamó que los Estados Unidos "cumplan las leyes argentinas". El subsecretario del Departamento de Estado, Arturo Valenzuela, reclamó la devolución inmediata del material requisado en el avión militar.
[Nicolás Lantos] Argentina. "Los Estados Unidos nos deben una respuesta." Con esas palabras, el canciller Héctor Timerman anunció el envío a Washington de una nota de protesta formal por el material bélico que militares de ese país intentaron ingresar sin autorización a la Argentina, tal como había anticipado anteayer Página/12. Así plantó bandera en la disputa bilateral que se desató tras el secuestro de "material sensitivo" no declarado en un vuelo de la Fuerza Aérea de ese país que llegó el jueves pasado a Buenos Aires con elementos bélicos para un curso que dictarían a miembros de la Policía Federal: "Queremos que Estados Unidos cumpla las leyes argentinas", completó.
"Casi un tercio de la carga no figuraba en la lista de buena fe" que había entregado la embajada, detalló Timerman, que también aclaró que "todo lo que estaba incluido en la lista ha sido autorizado" a ingresar al país, mientras que sí fueron retenidas drogas, psicotrópicos, elementos para interceptar comunicaciones, equipos de GPS y manuales de operación en distintos idiomas, que no figuraban en el manifiesto. A pesar de los reiterados pedidos del Departamento de Estado, este material no será devuelto hasta que "las autoridades argentinas que investigan este caso no lo necesiten más", sostuvo el canciller, que volvió a pedir a los estadounidenses "colaboración" para esclarecer el episodio lo antes posible.
"El Gobierno de la República Argentina expresa su más enérgica protesta ante la situación que se planteó tras la verificación de la carga", sostiene la carta formal que la Cancillería envió ayer por la noche. "Hasta el momento –continúa–, ni la embajada ni el gobierno de los Estados Unidos de América han proporcionado explicaciones satisfactorias que aclaren la presencia del material no declarado en el cargamento que llegó al Aeropuerto de Ezeiza, así como tampoco el uso que se le pretendía dar una vez ingresado al país." El comunicado también "lamenta" las "inexactitudes y omisiones en la información proporcionada" por las autoridades estadounidenses sobre el tema, que fue repetida sin correcciones por varios medios locales durante el día de ayer y reitera la invitación a la embajada a que colabore con la investigación "a fin de esclarecer" el episodio.
"Tenemos toda la disposición de poder seguir colaborando en forma respetuosa en un tema que es tan importante para todos como es la inseguridad ciudadana", había asegurado algunas horas antes el subsecretario de Estado adjunto para el Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, aunque –según Timerman– Washington "en ningún momento" pidió disculpas ni aceptó formar parte de la investigación. "No nos dieron ninguna explicación –agregó–, nos deben una respuesta." También aclaró que la Argentina no está acusando al gobierno de los Estados Unidos por el episodio: "Quizá no lo sabían", sugirió el ministro de Relaciones Exteriores, que sostuvo que la mejor forma que tienen de corroborar su inocencia es proporcionando su ayuda en la pesquisa.
Por otra parte, aunque Valenzuela agregó que el gobierno de Estados Unidos "espera la devolución inmediata" del material secuestrado, el canciller argentino descartó de plano esta posibilidad, aduciendo que "lo más correcto es que ese material sea retenido por la Justicia y por la Aduana, que es lo que haría cualquier país normal preocupado por la seguridad". El canciller insistió con que "las leyes están para que todos las cumplan" y que los Estados Unidos no están excluidos de esa norma por ser "un país más grande o poderoso" que otros. "Cuando las autoridades argentinas que tienen competencia no los necesiten más para la investigación, si los solicitan serán devueltos" los materiales, agregó.
Según detalló la Cancillería, el jueves pasado, tras el arribo de la aeronave estadounidense "se realizaron los controles que, tanto en la Argentina como en los Estados Unidos de América, resultan normales y de rutina para un cargamento de estas características" en los que se descubrieron casi mil pies cúbicos (el equivalente a una habitación de tres por tres metros) de material que no figuraba en la lista de buena fe. "En la Argentina estamos muy preocupados por la seguridad", aseguró el ministro, que recordó los dos atentados sufridos por este país en la década del ’90 como justificación para extremar medidas cuando se trata del ingreso de elementos "sensibles" que pueden ser utilizados para atacar a la población civil.
Entre el material incautado hay "armamentos, drogas psicotrópicas y estupefacientes, así como varios elementos de almacenamiento de datos rotulados como secretos, instrumentos para el control de comunicaciones y emisiones de señales, y manuales operativos", además de "un baúl con medicamentos vencidos". Timerman se encargó de aclarar que "todo lo que estaba incluido en la lista ha sido autorizado" a ingresar al país, incluida una cantidad importante de municiones de plomo para armas de guerra, "lo que no entró –concluyó– es porque no estaba en la lista".
Desde Washington reclaman que, ante un episodio similar que ocurrió en agosto del año pasado, se permitió el regreso del avión con todo el material que contenía. "La otra vez no pasó a mayores por la intervención de la embajada", que pidió que el avión regresara sin descargar su contenido que, según explicó el ministro, "no coincidía en nada" con el manifiesto previamente declarado.
Consultados por este diario, funcionarios del gobierno argentino coincidieron con que no hay una intencionalidad política ni militar detrás de este episodio, sino que "ellos generalmente se manejan de esa forma, porque no esperan que se los someta a los controles que corresponden". En la Casa Rosada, sostienen, más que el intento de ingresar estos elementos molestó que Washington haya respondido con mentiras que dejan mal parado al país "para justificar su metida de pata". De todas formas, tanto Valenzuela como Timerman aclararon las veces necesarias que "la relación bilateral es buena" y que no está en riesgo por este episodio.
15 de febrero de 2011
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