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complicado inicio para juez fugitivo


Comenzó el juicio político al camarista Otilio Romano, prófugo en Chile. Los consejeros de la Magistratura que actúan como fiscales acusaron a Romano de omitir en forma "deliberada" y "sistemática" la denuncia e investigación de secuestros, torturas y desapariciones durante la dictadura. Declararon testigos directos.
[Irina Hauser] Argentina. El juicio político al camarista mendocino fugitivo Otilio Romano no empezó de la mejor manera para él, ya que la defensora oficial que lo representa en su ausencia, Fabiana León, arrancó su exposición aclarando que está excusada de la defensa de acusados por violaciones a los derechos humanos, pero en este caso tuvo que aceptarla por una obligación profesional. Lo hizo, deslizó, según el criterio que sostiene la Defensoría General para este caso: que la acusación por mal desempeño que podría derivar en la destitución de Romano es independiente de la causa penal en su contra por un centenar de delitos de lesa humanidad. Sin embargo, para los dos consejeros de la Magistratura que actúan como fiscales, son cuestiones indisociables. De hecho lo acusaron de haber "omitido en forma reiterada y prolongada en el tiempo" la denuncia e investigación de secuestros, torturas y desapariciones "de los que habría tenido conocimiento" como fiscal y juez subrogante entre 1975 y 1983. Esa "omisión", dijeron, fue "deliberada" y "sistemática" y muestra que "prestó una colaboración fundamental" con el terrorismo de Estado. En la primera audiencia del jury declararon ex detenidos, testigos directos.
Romano huyó a Chile un día antes de que el Consejo de la Magistratura lo suspendiera para iniciarle juicio político, a fines de agosto. Fue declarado prófugo en el expediente donde está procesado en Mendoza como partícipe en 103 crímenes de lesa humanidad. El juez Walter Bento pidió su captura, aunque la dejó supeditada al proceso de remoción. Si el Jurado de Enjuiciamiento destituye a Romano, se activará la orden de arresto. A diferencia del juicio penal, el político se puede hacer en ausencia. La defensora que actúa en su nombre jamás tuvo contacto con él. Ni siquiera sabe si sigue en territorio chileno. Para dejar su postura a salvo dijo: "No tengo que coincidir con Romano para defenderlo". El eje de su defensa es que le imputan actos como fiscal y no como juez, lo que –sostiene– está fuera de la órbita del Consejo.
El juicio, presidido por la jueza Alicia Noli, empezó con la sala casi llena de asesores judiciales, organismos de derechos humanos y estudiantes. "Romano no reúne las calidades mínimas para continuar siendo magistrado", advirtió Hernán Ordiales, representante del Poder Ejecutivo, acusador junto con el diputado Carlos Moreno (FpV). Le imputó siete cargos que confluyen en su "omisión deliberada" de "investigar y/o denunciar secuestros, torturas, violaciones, robos, golpes, que tuvo el privilegio de conocer en su calidad de fiscal federal y de juez federal subrogante, y de boca de las propias víctimas o de sus familiares más directos". Al contrario, señaló Ordiales, contra ellos "demostró una llamativa diligencia" para acusarlos por "la (llamada) ley antisubversiva 20.840". Su conducta, sostuvo, fue "funcional al aparato represivo" y se extendió después de su ascenso como camarista en 1993. Consideró que su carácter de prófugo es un agravante.
Los testigos dieron ejemplos palpables. Luz Faingold recordó su detención a los 17 años cuando militaba en el secundario y fue llevada al D2, una cárcel de adultos. De pelo negro lacio y ojos color miel, revivió ayer las torturas y agresiones sexuales que sufrió estando detenida "igual que todas las mujeres", que nadie investigó. Contó el día que Romano –el fiscal que la acusaba de "delincuente subversiva"– apareció en su calabozo: "Abrió la puerta, miró y se fue. Yo estaba tirada en el piso, deshidratada. Pensé que venía a buscarme, a sacarme de ese lugar". Romano y el ex juez Luis Miret –destituido el año pasado– negaron la restitución de Luz a sus padres, que la reclamaban.
Silvia Ontivero, de ojos chiquitos y corte carré, estuvo seis años detenida, en Mendoza y Devoto. Era delegada gremial de ATE. Recordó las golpizas y su ropa destruida por los ataques sexuales. "Le mostré al juez lo lastimada que estaba y me preguntó si me había caído", relató. Romano era el fiscal. También lo era en el expediente que le armaron a Héctor Rosendo Chaves, abogado de presos políticos en los ’70. "Me indagaron tres años después de detenido; denuncié torturas y no se investigó nada. Es evidente la estrecha relación entre la Justicia y la represión", dijo.
A Daniel Pina, médico, lo detuvieron por orden de Romano, acusándolo de integrar seis organizaciones. Al firmar una declaración con los ojos vendados escribió "Apelo", alegando que era su apellido. En vano denunció torturas y el asesinato de otro preso, Luis Moriña. Otros detenidos, recordó, decían que Romano y Miret "presenciaban torturas". Por la tarde testificó Alicia Saadi, que integraba la Comisión de Acuerdos del Senado cuando Romano fue nombrado camarista. Dijo que de haber habido impugnaciones –no hubo– ella no aprobaba el pliego.
Haydée Fernández conmovió a quienes la escuchaban. Bajita y rubiona, contó cómo pasó de defender presos políticos a caer presa por la "ley antisubversiva" el 16 marzo de 1976. Recordó "la picana eléctrica", que dejaron de aplicarle "cuando se llenó de presos después del golpe", y el laberinto judicial en el que Romano le decía a su hermana, que había presentado un hábeas corpus, que ignoraba dónde estaba. Detalló que quienes iban a ver a las presas llegaban bañados en whisky para no sentirles el olor y que una compañera fue torturada alrededor de la herida de una histerectomía que le acababan de practicar. "¿Qué más pruebas quieren de Romano? Toda la Justicia era cómplice, por eso nosotros no teníamos salida", aseguró. "En la cárcel –le dijo a Página/12– soñábamos con que llegara este día, así resistíamos."
15 de noviembre de 2011
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testimonio de mariana zaffaroni islas


El testimonio de Mariana Zaffaroni Islas, secuestrada y apropiada cuando tenía un año. Sus padres, uruguayos, fueron secuestrados en Automotores Orletti. De allí la apropió Miguel Angel Furci, quien llegó a llevársela a Paraguay. En la audiencia de ayer también declaró su tía, Lucía, quien dio detalles del secuestro.
[Alejandra Dandan] Argentina. Hablaron las dos, en contraplano, de la misma historia. Primero entró en la sala de audiencias la tía Lucía, testigo del nacimiento de Mariana Zaffaroni Islas y de la pérdida de todas sus pistas. Luego entró Mariana, secuestrada en Automotores Orletti cuando tenía poco más de un año, robada por Miguel Angel Furci y luego sacada a Paraguay. Mariana dijo en la audiencia que recuperar la identidad fue liberador porque le permitió entender que tenía un espacio de pertenencia. Y cuando uno de los jueces volvió a preguntarle por sus miedos, ella volvió a una escena del baño.

–¿Cómo era eso? –le preguntó la jueza María del Carmen Roqueta.
–Toda la vida tuve miedo al botón del baño –explicó– y a las olas gigantes; eso era en los sueños, no más cuando soñaba con las olas gigantes, pero todavía no pude determinar de dónde vienen. O qué es.

Una nueva audiencia del juicio por el plan sistemático del robo de bebés en los Tribunales de Retiro. Los jueces del Tribunal Oral Federal Nº 6 y la voz de Mariana, que es parte de los 35 expedientes de niños apropiados en investigación. Los nombres de sus apropiadores, la relación con el centro clandestino que fue base del Plan Cóndor en Buenos Aires, el secuestro de sus padres que eran uruguayos y la intervención de un personaje que cobra cada vez más fuerza en los juicios: Eduardo Ruffo, que aparece nuevamente, esta vez como gestor o intermediario en la entrega.
"Una vez lo fui a ver", dijo Mariana. "Un día le pregunté a Furci si había participado del operativo a mis padres; mi interés era porque en mi terapia aparecía que tenía mucho miedo al ruido del botón del baño. Con la terapeuta nos preguntamos si tendría que ver con las circunstancias del secuestro. Se lo consulté, pero me dijo que no había estado, que creía que Ruffo sí, y que por qué no se lo preguntaba a él. Y fui un día a la casa, me dijo que no se acordaba porque había participado de muchos."
Furci se llevó a Mariana del centro clandestino. "Siempre la versión consiste en que fue a ese lugar porque lo mandaron a hacer una cosa y que me lleva de ahí. Me ve en una habitación con una mujer con los ojos vendados que supone que es mi mamá, con otros niños. Que vio que más o menos estaba bien y me llevó." Cuando Roqueta le preguntó si le había preguntado a Furci por sus padres, respondió: "Me dijo que suponía que el final era el que habían tenido todos los desaparecidos, pero no pudo dar especificaciones. Me dijo que él hacía la custodia de una persona importante de la SIDE y por eso a él y a otro compañero los mandaban a buscar documentos y llevar cosas. Que iba a Orletti muy de vez en cuando".

La Historia
Mariana nació en Buenos Aires el 22 de marzo de 1975, cuando sus padres, Jorge Zaffaroni y María Emilia Islas, que tenían poco más de veinte años, estudiaban magisterio y estaban en el país escapados de la dictadura uruguaya. Lucía, la tía de Mariana, compartía su tiempo con ellos hasta junio de 1976 cuando la coordinación del Cóndor empezó a detener masivamente a los uruguayos que estaban de este lado del Río de la Plata. Jorge y María Emilia empezaron a inquietarse.
"Lo que me dicen –dijo Lucía en la audiencia– es que había compañeros de ellos que habían desaparecido, que algunos tenían niños. Luego, atando cabos, sé que se referían al primer vuelo y el niño era el hijo de Sarita (Méndez), pero en ese momento no lo sabíamos. Decidimos tratar de hacer con un escribano un poder para que yo pueda tener la tutoría de Mariana."
Cuando uno de esos acuerdos falló, Lucía supo que tenía que esperar tres días y comunicarse con sus padres y los de María Emilia. A Jorge, María Emilia y Mariana los secuestraron el 26 de septiembre de 1976.
A comienzos de la democracia, la abuela de Mariana terminó reuniéndose con un espía en un bar de Río de Janeiro porque había hecho declaraciones sobre el destino de los niños robados. Ella le mostró una foto de Mariana y el hombre, del que no saben el nombre, les dijo que estaba muy bien. Con una solicitada en 1983 potenciaron la búsqueda. Un anónimo les dio el dato de Furci y la familia entonces empezó una investigación. Rodearon la casa y hasta contaron con la colaboración de una pareja de ex militantes que se acercaron al colegio donde estudiaba Mariana para sacarle una foto.
"El proceso fue bastante largo", dijo Mariana después. "En el año ’84, más o menos, vino una señora, me preguntó si podía sacarme una foto y cuándo cumplía años, y me dijo que iba a mandarme la foto para mi cumpleaños. En casa se pusieron bastante alterados cuando les conté. Furci sobre todo, aunque yo no entendía por qué. Para esos años empezaron a aparecer fotos mías en televisión y en afiches de cuando yo era chiquitita, pero no sabía que era yo. Luego apareció la foto del colegio y había una familia que estaba buscando a esa nena, y en esa época empezamos a ir al juzgado de San Isidro. Me decían que había un error, que no era yo la de la foto, después nos fuimos a vivir a Paraguay y cuando volvimos se hizo una especie de acercamiento entre mi familia biológica y Furci."
Para entonces se había iniciado una causa por apropiación y falsificación de documentos. De regreso en Buenos Aires, Furci y su mujer quedaron detenidos. Mariana tuvo el primer encuentro con su familia. "Fue un momento muy tenso: yo no quería estar ahí, me acuerdo de que lo único que les dije era por qué las cosas se habían hecho de esa manera. Me dijeron que era la única manera que se había podido hacer, pero no para dañarme. Fue muy breve y muy tenso. Después no me acuerdo más de qué se habló, me acuerdo de que yo no tenía ganas de escuchar a nadie."
Casi al final de la audiencia, luego de recorrer nombres, de hablar de Paraguay, el fiscal Martín Niklison le pidió una "reflexión" sobre el proceso de reencuentro. "Este es un proceso difícil, pero a la larga muy liberador", dijo Mariana. "Porque uno realmente encuentra el lugar al que pertenece. Se siente cómodo, como en casa. Y digamos que esa sensación de pertenecer yo no la había sentido nunca, a pesar de que tuve excelente relación con Furci y con Adriana, tuve una infancia feliz, esa sensación de pertenecer al lugar donde uno tiene que estar no la había tenido y sí la tuve cuando tuve a mi familia."
15 de noviembre de 2011
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indagatoria por apropiación


La Justicia citó a indagatoria a dos imputados por la apropiación de Victoria Donda.
Argentina. El juez federal, Daniel Rafecas, extendió las imputaciones contra el Oficial Médico Jorge Luis Magnacco -ginecólogo en la maternidad de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA)- y el represor Adolfo Miguel Donda Tigel -tío paterno-, al ordenar que presten declaración indagatoria los días 15 y 17 de noviembre, como imputados "por su presunta participación en la sustracción y ocultamiento", durante la última dictadura militar, de la actual diputada Nacional Victoria Donda, hija biológica de los aún desaparecidos María Hilda Pérez y José María Donda.
En ese expediente, señalaron las fuentes, ya prestaron declaración otros marinos a los que también se les imputó su participación en ese hecho, entre ellos Carlos Octavio Capdevila y Carlos Galián conocido como Pedro Bolita, a quienes se suma el civil Horacio Pessino, médico que firmó "la partida de nacimiento apócrifa" de Donda.
Los informantes recordaron que "en el primer tramo de la causa" el juez Rafecas "procesó y elevó a juicio el expediente en relación a Juan Antonio Azic, quien fuera imputado por la apropiación y ocultamiento de la menor, anotándola como su hija legítima bajo el nombre de Claudia Analía Azic".
Magnacco actuaba como médico ginecólogo en la maternidad clandestina que funcionaba en el centro de detención y torturas que funcionaba en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), perversamente bautizada por los represores como "la pequeña Sardá", donde llevaban a las parturientas que se encontraban ilegalmente prisioneras.
El médico-militar y el represor Donda también están siendo juzgados por el Tribunal Oral en lo Federal Seis (TOF6) junto a los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, entre otros represores, por 34 casos más de apropiación de bebés, incluídos en el "plan sistemático" para el robo de recién nacidos durante la gestión que usurpó el poder el 24 de marzo de 1976.
[Foto viene de Portal Buenos Aires.]
15 de noviembre de 2011
©quilmes zonal

comenzó juicio contra romano


Dictadura: comenzó el jury contra camarista mendocino. Fue acusado de "cómplice y encubridor del terrorismo de Estado". Analizan su posible destitución.
Argentina. El Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados inició el juicio político al suspendido integrante de la Cámara Federal de Mendoza Otilio Romano por su presunta complicidad con los crímenes de la última dictadura. El camarista sospechado no está presente en las audiencias ya que se encuentra en Chile. Durante la primera audiencia, el representante del Poder Ejecutivo, Hernán Ordiales, acusó a Romano de ser "cómplice y encubridor del terrorismo de Estado".
El suspendido juez de la Cámara Federal de Mendoza, Otilio Romano, fue acusado de "cómplice y encubridor del terrorismo de Estado", al iniciarse ayer el jury para resolver su posible destitución.
El suspendido integrante de la Cámara Federal de Mendoza, Otilio Romano, fue "cómplice y encubridor del terrorismo de Estado" y prestó "colaboración fundamental a los represores" de la última dictadura cívico militar.
Esta fue la acusación que realizó el representante del Poder Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura Hernán Ordiales al comenzar el "jurado de enjuiciamiento" de Romano que podría culminar con su destitución. Ordiales –quien junto a su colega Carlos Moreno actúan como acusadores- lamentó que el cuestionado juez se hubiese transformado en un "prófugo de la justicia" ya que un día antes que el plenario del Consejo decidiera su suspensión y enviarlo a juicio político, huyó a Chile donde se le otorgó visa temporaria por ocho meses.
"Esa indignidad ya merece por sí sola la destitución", dijo Ordiales quien enfatizó que esa conducta "agrava la situación" ya que "se sustrae de la acción de la justicia pretendiendo crear un conflicto diplomático".
El acusador no dudó en calificar al magistrado suspendido como "funcional al plan represivo de la dictadura" ya que "contrarió intencionalmente, deliberada y voluntariamente su obligación de investigar" los delitos de lesa humanidad cometidos cuando él era fiscal y juez subrogante durante la gestión que usurpó el poder el 24 de marzo de 1976.
En esos años hubo jueces "cómplices y encubridores del terrorismo de Estado" historió Ordiales, quien ubicó en ese grupo al camarista cuya remoción solicitó por su "evidente desprecio por los derechos humanos" lo que evidenció en los hábeas corpus que rechazaba y la desestimación de las denuncias que se presentaban por violaciones a los derechos humanos.
El consejero también expresó su beneplácito porque "las instituciones pueden más que las corporaciones judiciales, algo que hasta no hace mucho parecía imposible", en una definición que fue compartida por la Defensora Oficial Estela Fabiana León.
La letrada anticipó que su estrategia se limitará a aspectos técnicos y formales de la acusación para ejercer la asistencia técnica de Romano con quien admitió "no pensar como él" y citó una frase atribuía al ministro de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni quien afirmó que "no basta coincidir para absolver ni discrepar para destituir".
Tras las exposiciones de la acusación y defensa el jurado de enjuiciamiento comenzó la etapa de recepción de alrededor de medio centenar de testimonios que, se prevé, se extenderán hasta el 25 de noviembre próximo, fechas que podrían acortarse ante el eventual desistimiento que efectúen las partes.
El cuestionado juez, que es juzgado en ausencia y cuya remoción pretende la acusación, está procesado por más de un centenar de hechos vinculados a delitos de lesa humanidad y esa medida fue confirmada por la Cámara Federal mendocina.
El camarista suspendido tiene pedido de captura internacional por parte del juez mendocino Walter Bento, pero esto no puede hacerse efectivo mientras conserve sus fueros, y si llega a ser destituido dependerá de la decisión que al respecto se tome en Chile.
En este juicio político el jurado está presidido por la jueza María Alicia Noli e integrado su colega María Susana Najurieta, los senadores Rolando Bermejo y Emilio Alberto Rached, los diputados Oscar Albrieu y Ricardo Buryaile y el abogado Fabián Antonio Sahade, en representación de los letrados matriculados. En total, Romano está acusado en el jury por siete cargos relativos a "haber omitido en forma reiterada y prolongada en el tiempo la promoción, persecución y represión de delitos de lesa humanidad".
A raíz de esto se le endilga "haber resultado funcional al plan represivo montado por las Fuerzas Armadas y de seguridad en el marco del terrorismo de Estado durante el período 1975-1983 en la provincia de Mendoza". Todos los hechos ocurrieron entre 1975 y 1983, cuando se desempeñó como fiscal federal y juez subrogante, respectivamente.
15 de noviembre de 2011
14 de noviembre de 2011
©inforegión

habla horacio verbitsky


Distinción al presidente del CELS en la Universidad de York. La Universidad de York, una de las diez principales de Inglaterra y de las cien más importantes del mundo, confirió el carácter de miembro honorario visitante a Horacio Verbitsky. Esa distinción reconoce los méritos de una vida y expresa el propósito de emprender una tarea conjunta.
Argentina. Estas son las palabras que el presidente del CELS expuso en el Centro de Derechos Humanos de la Universidad sobre el proceso de Memoria, Verdad y Justicia en la Argentina.

[Horacio Verbitsky] Desde la ley de Punto Final, que en 1986 buscó disuadir los juicios por violaciones a los derechos humanos cometidos durante la dictadura militar, hasta la condena a dieciséis miembros del grupo de tareas de la ESMA, hace pocos días, transcurrió un cuarto de siglo. En ese lapso la sociedad argentina hizo saber de todas las formas a su alcance que no convalidaba la impunidad para los peores crímenes cometidos en forma masiva y sistemática en toda su historia. El mes pasado, la presidente Cristina Fernández de Kirchner fue reelecta con un asombroso 54 por ciento de los votos. A la salida de los lugares de votación, el Centro de Estudios sobre la Opinión Pública de la Universidad Nacional de Buenos Aires preguntó a los electores sobre una serie de políticas públicas y cómo incidieron en su decisión de voto. El 93 por ciento de quienes votaron por Cristina, declaró su respaldo a la política de juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad. Coincidió en esta evaluación el 79 por ciento de quienes prefirieron a otros candidatos presidenciales. No fue siempre así. Este apoyo del 86,6 por ciento de la población que participa en política con su voto es la consecuencia de una larga elaboración social del tremendo trauma de la denominada guerra sucia de 1976 a 1983. Su racionalización fue suministrada por la hegemónica Iglesia Católica Apostólica Romana. La Junta Militar declaró que combatiría hasta más allá de la vida y de la muerte contra lo que denominó "la subversión". Este es un concepto de cuño católico. Subversivos son quienes se apartan del Orden Natural o el Plan de Dios para la tierra, inmutable desde su creación. De ahí el amplio espectro de víctimas, mucho más amplio que quienes desafiaron con las armas a la dictadura.

El Juicio a las Juntas
El primer presidente elegido por los votos y no por las botas, Ricardo Alfonsín, creó una comisión para investigar la desaparición de personas e impulsó el enjuiciamiento de nueve ex comandantes en jefe de las tres Fuerzas Armadas. Ese juicio concluyó con la condena a prisión perpetua a los ex jefes del Ejército y de la Armada, Jorge Videla y Emilio Massera, y a penas menores al resto. Las audiencias del juicio fueron filmadas, pero el gobierno no permitió que se difundieran, de modo que esas imágenes debieron esperar en los archivos que les llegara el momento. Esto obedeció al poder que aún conservaban las Fuerzas Armadas, en un país que desde 1930 padeció no menos de un golpe militar por década y en algunos casos hasta tres. Alfonsín tuvo la lucidez de diseñar los juicios como forma de impedir que en un par de años también su gobierno siguiera el mismo triste destino de otras presidencias civiles que lo precedieron. Es claro que se trató de una cuestión de política de supervivencia de la democracia, por la que Alfonsín merece el máximo reconocimiento, pero no fue una decisión inspirada en los derechos humanos. Por eso, cuando los jueces que condenaron a los ex Comandantes, decidieron descender en la cadena de responsabilidades hacia los oficiales de rango medio y bajo, y esto suscitó inquietud en los cuarteles, el presidente dictó la ley de punto final, que debía restringir el universo de posibles incriminados, al fijar un plazo de prescripción de 120 días, luego de los cuales nadie podría ser procesado. La jugada salió al revés de lo deseado, ya que los jueces percibieron que se intentaba hacerlos responsables de la impunidad y respondieron procesando a todos los militares que alguna vez hubieran sido mencionados en algún testimonio. En 1987, cuando comenzaron los arrestos de oficiales de los rangos medios, se produjo un alzamiento armado de los comandos militares conocidos como carapintadas, por la pintura de camuflaje que usaban en el rostro. El gobierno envió al Congreso una ley de amnistía encubierta, que declaró que los militares y policías de rangos inferiores que actuaron en cumplimiento de órdenes superiores quedarían impunes. El único juez de la Corte Suprema que votó por declararla inconstitucional dijo que más que una ley era una sentencia inapelable. La crónica del juicio y del retroceso posterior son el tema de mi libro ’Civiles y Militares, Memoria Secreta de la Transición’, de 1987.

Ni Olvido Ni Perdón
El gobierno de Alfonsín concluyó antes de tiempo, no por un clásico pronunciamiento castrense sino por un golpe de mercado que derivó en hiperinflación y crisis social. Para sucederlo fue elegido Carlos Menem, quien en 1989 y 1990 indultó a los jefes máximos que seguían bajo proceso, aquellos que no obedecieron órdenes sino que las impartieron. De fanática adhesión a las políticas neoliberales del consenso de Washington, consiguió detener el proceso inflacionario y, pese al abandono de sus promesas proselitistas, ganó las elecciones legislativas de 1991. Estas medidas fueron acompañadas por un discurso repetido hasta el hartazgo sobre la necesidad de mirar al futuro y olvidar el pasado. Por un tiempo pareció que la sociedad quería desentenderse de su trágica historia, pero los organismos defensores de los derechos humanos y nuevos medios de prensa mantuvieron el reclamo de memoria, verdad y justicia. El punto de inflexión se produjo en 1995 con la confesión del capitán de fragata Adolfo Scilingo, quien en una serie de entrevistas que formaron parte de mi libro ‘El Vuelo’ reconoció haber arrojado a treinta personas vivas al mar desde aviones navales. Su confesión produjo una viva conmoción social, no porque revelara algo desconocido sino porque, por primera vez, quien lo decía no era un sobreviviente de la ESMA sino uno de los asesinos. Uno de sus múltiples efectos fue la mayor movilización en las calles conocida hasta entonces, en el vigésimo aniversario del golpe, en marzo de 1996. Otro, el surgimiento de la primera organización formada por descendientes y no por ascendientes de los detenidos desaparecidos, HIJOS. Además, el fiscal español Carlos Castresana, conmovido por estos hechos, estudió si había algún resquicio en las leyes y constituciones de su país que permitiera juzgar en España a los criminales impunes en la Argentina. Reformuló así la doctrina de la jurisdicción universal, que había regido en siglos pasados para perseguir la piratería. El juez Baltasar Garzón aceptó este planteo para entender en los crímenes contra la humanidad y abrió el procedimiento en su juzgado de Madrid. Tanto Italia como Francia habían iniciado juicios contra algunos militares argentinos por crímenes contra sus nacionales. La innovación española fue que se juzgaría a argentinos por crímenes cometidos en la Argentina contra argentinos.

De la Verdad a la Justicia
Al mismo tiempo el presidente fundador del CELS, Emilio Mignone, pidió a la Justicia argentina que determinara qué había sucedido con su hija Mónica Candelaria, secuestrada junto con dos sacerdotes y un grupo de catequistas que como ella hacían trabajo social en una villa miseria de Buenos Aires. Sostuvo que desde que el primer hombre de Neanderthal fue sepultado en una caverna sobre un lecho de ramas de pino y cubierto por un manto de flores, el culto de los muertos fue un signo de humanización aún más significativo que el uso de herramientas y del fuego, y nos diferencia del resto del reino animal. La Justicia le dio la razón y declaró el derecho individual a la verdad y al respeto del cuerpo y el colectivo al conocimiento sobre lo que sucedió durante el terrorismo de Estado y quienes fueron sus responsables. En poco tiempo esos juicios se fueron extendiendo a todo el país. Cuando el juez Garzón comenzó a procesar en Madrid a militares argentinos, residentes chilenos pidieron que hiciera lo mismo con el dictador Augusto Pinochet. Este fue el origen de su arresto en este país, en 1998. Tuve el privilegio de asistir a una de las audiencias del juicio de extradición en Westminster. Su abogada defensora dijo que como ex jefe de Estado gozaba de la misma inmunidad de arresto que hubiera asistido a Adolfo Hitler si hubiera sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial y hubiera venido a tomar el té en Harrods de Londres. Dudé de haber entendido bien, pero cuando un vecino de asiento me lo confirmó supe que Pinochet estaba perdido. Faltaba un mes para el cincuentenario de la declaración universal de los derechos humanos y en los Balcanes se reproducían imágenes de campos de concentración que nadie hubiera creído posibles en Europa. La mera fantasía de un Hitler impune de shopping por Londres daba escalofríos. Pinochet no fue enviado a España sino a Chile, por una trampa concertada entre los tres gobiernos progresistas, pero en cuanto llegó fue privado de sus fueros parlamentarios y procesado por el juez Juan Guzmán Tapia. El Congreso argentino derogó las leyes de punto final y obediencia debida, pero como no tuvo fuerza para declararlas nulas, conservaron su vigencia retroactiva. Con una sorprendente rapidez dos jueces argentinos arrestaron a Massera y Videla por el robo de bebés. Massera y otros marinos también fueron procesados por el saqueo de bienes de las víctimas. Esos dos delitos habían sido excluidos de las leyes y decretos de impunidad de Alfonsín y Menem. Sin embargo, hasta ese momento la Justicia argentina no había utilizado esa posibilidad. Mignone, uno de los mayores héroes civiles de la Argentina, llegó a verlo, antes de morir, en diciembre de 1998. Tuve la responsabilidad de sucederlo en la presidencia del CELS al año siguiente. En 2000, con un centenar de pedidos de extradición presentados por el juez Garzón y rechazados por el presidente Fernando De la Rúa, con medio centenar de oficiales ya detenidos en la Argentina por el robo de bebés, con juicios en marcha contra militares argentinos también en Francia, Italia, Alemania y Estados Unidos, con los juicios por la verdad extendidos a todo el país, con Pinochet procesado en Chile evaluamos que no quedaban razones jurídicas, éticas ni políticas para seguir tolerando las leyes de impunidad y solicitamos a la Justicia que las declarara nulas e inconstitucionales. Lo hicimos en un caso muy apropiado para demostrar que eran aberrantes. Dos miembros de la Policía Federal estaban detenidos por la sustitución de identidad de una bebita, hija de un matrimonio al que habían secuestrado y desaparecido. Consultamos a las Abuelas de Plaza de Mayo si nos permitirían intervenir en la causa que ellas llevaban, para solicitar que también fueran juzgados por lo que les hicieron a los padres de la nena. Las Abuelas aceptaron y presentamos la solicitud. La fundamentamos en el derecho internacional, el ius cogens que no permite perdonar los delitos de lesa humanidad. Elegimos la fecha con una intencionalidad política: al año siguiente se cumpliría un cuarto de siglo del golpe y suponíamos que la movilización social sería enorme, lo cual compensaría las presiones de los poderes fácticos que se ejercían sobre los jueces. Así fue: tres semanas antes del aniversario, en marzo de 2001, la Justicia declaró nulas e inconstitucionales ambas leyes y comenzaron a reabrirse la causas cerradas en 1987.

Un Corte por lo Sano
Arreciaron entonces las presiones sobre la Corte Suprema de Justicia, que Menem había inundado de serviles y corruptos, para que ratificara la vigencia de ambas leyes, y los esfuerzos de los organismos defensores de los derechos humanos para impedirlo. La crisis de fin de siglo acabó antes de tiempo con el gobierno de De la Rúa, quien antes de renunciar ordenó una sangrienta represión contra los manifestantes que habían salido a las calles,y que causó 35 muertes. Lo sucedieron varios presidentes interinos, el último de los cuales fue el senador Eduardo Duhalde, que siguió el mismo camino represivo de De la Rúa. Cuando la policía asesinó a dos jóvenes militantes sociales debió anticipar su fuga del gobierno convocando a apresuradas elecciones. Así llegó al Poder Ejecutivo en 2003 un poco conocido gobernador patagónico, Néstor Kirchner, quien puso un punto de inflexión a esta historia, como el primer presidente que se comprometió con el proceso de Memoria, Verdad y Justicia. En su primera semana de gobierno descabezó a la cúpula del Ejército, que a favor de la crisis intentaba reorganizarse como Partido Militar. En la segunda promovió el juicio político a varios miembros de la Corte Suprema de Justicia, en cuyo lugar designó a juristas respetados y personas intachables. Así, en 2005, la Corte Suprema confirmó la nulidad de las leyes. Desde entonces han terminado 57 juicios y se están realizando otros 13. Han sido elevadas a juicio y esperan fecha para la iniciación del debate 83 causas y otras 234 están en la etapa de instrucción o sumario, según los detallados registros que lleva el CELS. En esas causas se han pronunciado hasta esta semana 229 condenas y veinte absoluciones.
13 de noviembre de 2011
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mujeres sobre la violencia sexual


Testimonios sobre la violencia sexual en el marco del terrorismo de estado. "Nuestro objetivo es convencer a los jueces de todo el país que no sigan ignorando esto, que no haya ceguera de género", señaló Susana Chiarotti, una de las autoras del libro ‘Grietas en el silencio’ que fue presentado ayer en la ciudad.
[Lorena Panzerini] Argentina. "Cuando me detuvieron, me introdujeron el caño de una pistola en la vagina". El impactante relato pertenece a una de las veinte mujeres que se animaron a contar lo que les pasó durante la última dictadura militar en Argentina. Fueron detenidas, torturadas física y moralmente, y violadas. Este último delito es el que motivó el lanzamiento del libro que ayer presentaron el Instituto de Género, Derecho y Desarrollo (Insgenar) y el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (Cladem), en el Museo de la Memoria, junto a la secretaria de Derechos Humanos de la provincia, Rosa Acosta. ‘Grietas en el silencio’ cuenta con testimonios de las víctimas sobre sus vivencias más aberrantes mientras estuvieron presas, en manos de los genocidas, pero también tiene información sobre las cuestiones penales de estos casos puntuales dentro de los delitos de lesa humanidad, en el contexto nacional e internacional. "Nuestro objetivo es convencer a los jueces de todo el país que no sigan ignorando esto, que no haya ceguera de género, porque si no se sancionan y se visibilizan estos casos, la situación se replica en la vida cotidiana durante la democracia", dijo Susana Chiarotti, autora del texto junto con Analía Aucía, Florencia Barrera, Celina Berterame, Alejandra Paolini y Cristina Zurutuza.
La investigación sobre la violencia sexual en el marco del terrorismo de Estado fue realizada a través de la recolección de los relatos más crudos y feroces de la época infame, experimentados involuntariamente por mujeres de diferentes puntos del país. Santa Fe, Tucumán, Córdoba, Buenos Aires y Chaco son las provincias donde las víctimas fueron sometidas a prácticas monstruosas de violencia sexual, y que hoy se animan a contar. Si bien es positivo que se hable de estos temas en momento que la Justicia Federal está juzgando a los represores, Chiarotti aseguró que "por cada mujer que cuenta, se estima que hay cien que callan".
Antes de la presentación, Chiarotti dialogó con Rosario/12 y apuntó al carácter "especial" que tienen los delitos sexuales, por sobre el resto de las torturas, a los que eran sometidos hombres y mujeres, entre 1976 y 1982. "Estos casos muestran una imagen distinta de los torturadores y revela daños específicos en las víctimas", remarcó.
Uno de los puntos que motivó la publicación fue "el paralelismo encontrado entre lo que había pasado en grandes conflictos internacionales, donde hay noticias de mujeres que habían sido violadas, como sucedió en la Segunda Guerra Mundial, caso en el que se condenó por abusos sexuales a los genocidas. Acá pasaba lo mismo: las presas salían y comentaban estas situaciones como un fenómeno extendido; sin embargo cuando se hace el primer Juicio a las Juntas (1985), casi no surgen testimonios, y hoy, casi tres décadas después están apareciendo", puntualizó Chiarotti. En el camino --recordó-- hubo "mucho trabajo sobre la cuestión de la violencia contra las mujeres, reclamos para visibilizar, programas, capacitaciones, publicaciones; y todo eso influenció". De alguna manera "influyó en los jueces y fiscales para preguntar de otra manera, y se dio una situación de mayor seguridad para denunciar lo que antes no se podía, porque solo arrojaba un estigma sobre las víctimas", apuntó.
Chiarotti detalló que cuando comenzaron a investigar para el libro había "una noción de violencia sexual muy restringida", en algunas de las mujeres. Una de las víctimas que da testimonio en el libro llegó a decir que no había padecido violencia sexual. "Cuando le expliqué que ese delito comprende varios hechos: desde la desnudez forzada, pasando por la introducción de objetos en la vagina, en el ano o en la boca, el manoseo o tener que ir al baño bajo la mirada controladora de alguien, me miró y me dijo `entonces sí fui abusada, porque cuando me detuvieron, me pusieron el caño de una pistola en la vagina, me sacaron a mi hijo de seis meses --mientras cursaba el período de lactancia-- y me lamían la leche materna. Me decían que ésa era la leche que tendría que estar tomando mi bebé, si no fuese porque lo había abandonado’", precisó Chiarotti sobre uno de los relatos más estremecedores de la publicación. Los rastros psicológicos de estas situaciones sobre las víctimas tienen un capítulo aparte. "Las mujeres quedaban seriamente fragilizadas --dijo--, tanto que no podían ni denunciar. Muchas de las que hablaron con el cura (Eugenio) Zitelli, se confesaban sobre las violaciones como si la culpa hubiera sido de ellas, se sentían manchadas. En ese entonces, Zitelli dijo que una cosa es la tortura `necesaria para sacar información y otra es esto, que no se puede permitir’; pero nunca hizo nada", sostuvo Chiarotti.
Chiarotti aseguró que los hombres también eran violentados sexualmente. "Les aplicaban la picana en los genitales y les decían `vamos a ver su ahora vas a poder tener hijos’. Eso es violencia sexual", aseguró. "Los hombres lo padecieron, pero todavía hay muchos tabúes y vamos a tener que trabajar mucho para que puedan sentirse en espacios seguros como para poder denunciar estos hechos", señaló.
13 de noviembre de 2011
12 de noviembre de 2011
©rosario 12

romano será juzgado en ausencia


Ex juez está acusado de secuestros, torturas, asesinatos, robo de bienes y allanamientos ilegales.
Argentina. El suspendido camarista mendocino, prófugo de la Justicia, Otilio Romano, será sometido desde el lunes a un jury de enjuiciamiento, acusado de complicidad con el terrorismo de Estado durante la última dictadura militar, tras ser procesado como "partícipe primario" en casos de secuestros, torturas, homicidios, robo de bienes, allanamientos ilegales y archivo de una causa por apropiación de una niña.
La audiencia está prevista para las 9 con la lectura del dictamen acusatorio a Romano, quien se fugó a Chile, donde pidió asilo, por lo que no ejercerá su derecho a declarar. Tampoco designó abogado particular y estará representado por dos defensoras oficiales, Fabiana León y Diana Yofre.
El excamarista tiene pedido de captura internacional, dictada por el juez mendocino Walter Bento, pero no se hará efectiva mientras conserve sus fueros, ni siquiera si llegara a ser destituido, porque dependerá de la decisión que tome en Chile.
Está acusado de "haber omitido en forma reiterada y prolongada en el tiempo la persecución y represión de 7 delitos de lesa humanidad (...) y, por lo tanto, haber resultado funcional al plan represivo montado por las Fuerzas Armadas y de seguridad en el marco del terrorismo de Estado durante el período 1975-1983 en la provincia de Mendoza", mientras se desempeñó como fiscal federal y juez subrogante, sucesivamente. También se le imputa haber archivado, sin investigación de ninguna naturaleza, la causa por la apropiación de Rebeca Manrique.
Entre los testigos citados a declarar figuran, el exsenador y exinterventor de la provincia de Mendoza, Antonio Cafiero, convocado el 17 de noviembre. Nicolás Becerra, exProcurador de la Nación en el gobierno menemista, fue citado un día más tarde, el 18. El exjuez federal Luis Leiva, amigo del acusado y destituido por "mal desempeño" en mayo de 2002, cuando estaba al frente del Juzgado Federal 1 de Mendoza lo hará unos días después.
El próximo lunes declararán Luz Amanda Faingold Casenave -cuyo testimonio resultó clave en el caso del también destituido Luis Miret-, Silvia Ontiveros y Haydee Fernández.
El jury estará integrado por la camarista Civil y Comercial federal María Najurieta, la jueza del Tribunal Oral Federal de Tucumán, María Noli, los senadores Rolando Bermejo y Ramón Mestre, los diputados Oscar Albrieu, Carlos Ulrich y el abogado Fabián Sahade.
La acusación quedó a cargo del consejero designado por el Poder Ejecutivo, Hernán Ordiales, y del consejero diputado, Carlos Moreno. Las audiencias se realizarán en la sede del Consejo de la Magistratura, Libertad 731 de la ciudad de Buenos Aires.
13 de noviembre de 2011
12 de noviembre de 2011
©página 12
vía Quilmes Zonal

pilotos criminales a juicio oral


La Cámara Federal confirmó los procesamientos de cuatro aviadores y un abogado por los vuelos de la muerte. La medida abarca a tres ex prefectos identificados como pilotos del vuelo en el que se asesinó a las monjas francesas y las fundadoras de Madres.
[Diego Martínez] Argentina. Tres ex pilotos de los Skyvan desde los que se arrojaron secuestrados vivos al mar durante la última dictadura podrían compartir con Jorge "El Tigre" Acosta, Juan Carlos Rolón & Cía. el banquillo del próximo juicio por delitos de lesa humanidad en la ESMA. La Sala II de la Cámara Federal porteña confirmó el procesamiento con prisión preventiva de los ex prefectos Enrique De Saint George, Mario Daniel Arru y Alejandro D’Agostino, identificados en una investigación del Ministerio Público Fiscal como pilotos del vuelo nocturno del 14 de diciembre de 1977 en el que habrían sido ejecutadas las monjas francesas, las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo y los familiares secuestrados en la Iglesia de la Santa Cruz. Sigue libre e impune en Necochea el superior de los aviadores, prefecto general Hilario Ramón Fariña, ex jefe de la División Aviación de Prefectura durante la dictadura, denunciado desde 1984 ante la Conadep como responsable de "tirar desde los aviones Skyvan al mar a la gente secuestrada y torturada en la ESMA".
La resolución de la Cámara Federal que confirma los procesamientos ordenados por el juez federal Sergio Torres lleva las firmas de Martín Irurzun y Eduardo Farah e incluye a otros dos acusados: el abogado Gonzalo Torres de Tolosa, ex defensor de sus compañeros de la ESMA, denunciado por el ex capitán Adolfo Scilingo como quien le alcanzaba a las personas dormidas para arrojar al vacío, y el suboficial naval retirado Rubén Ricardo Ormello, quien relató su actuación en los vuelos en los años ’80 ante sus compañeros de trabajo. El ex mecánico de la Armada trabajó hasta el día de su detención en Aerolíneas Argentinas, igual que Arru y De Saint George, que eran comandantes de vuelos internacionales.
El capitán Emir Sisul Hess, quien confesó sus crímenes en privado en los ’90, es por el momento el único imputado por su participación directa en los vuelos que ya está en manos del Tribunal Oral Federal 5, el mismo que condenó al primer grupo de 16 represores de la ESMA y que a mediados de 2012 comenzaría el segundo proceso oral y público. A fines de septiembre, la Cámara Federal confirmó el procesamiento de Julio Alberto Poch, el ex piloto que confesó sus crímenes ante colegas de la aerolínea holandesa Transavia. De los tiempos que demore la elevación a juicio y del criterio de acumulación de causas que adopte el tribunal que preside el juez Daniel Obligado dependerá que Poch y los cinco acusados que desde esta semana tienen procesamiento firme sean juzgados a partir del próximo año o recién en un tercer proceso, que al ritmo actual no arrancaría antes de 2015.
De Saint George, Arru y D’Agostino fueron imputados a partir del estudio de 2800 planillas de vuelo de los Skyvan de Prefectura, realizadas por la Unidad Especial sobre delitos de lesa humanidad de la Procuración General de la Nación, y de testimonios de ex suboficiales y civiles que prestaban servicios para Prefectura obtenidos por el fiscal federal Miguel Osorio. Entre quienes tenían "la sartén por el mango" con los vuelos de la muerte, según un ex prefecto que declaró en la causa, también estaban los prefectos principales Raúl Alberto Lanzi, que está radicado en Concepción del Uruguay; Roberto Antonio Salinas, actual profesor del Servicio de Aviación de Prefectura, y Raúl Novo, ex comandante de LAPA.
La impunidad de Fariña es difícil de explicar. Su nombre completo figura desde enero de 1984 en una carta enviada al presidente Raúl Alfonsín por la "oficialidad joven y no corrupta de Prefectura Naval" sobre camaradas que "actuaron en la represión antisubversiva dentro y fuera de la ESMA". Se lo sindica con todas las letras como "quien se encargaba de tirar desde los aviones Skyvan al mar a la gente secuestrada y torturada en la ESMA". Fariña conducía la División Aviación (DAV), que integraban apenas catorce pilotos y una docena de mecánicos. Entrevistado por Página/12, primero negó los vuelos y luego relativizó: "De todo lo que se dice habrá un cincuenta por ciento de verdad y otro cincuenta de fantasía". Su imputación está en manos del juez Torres, que instruye la megacausa ESMA, y del fiscal federal Eduardo Taiano, quien consultado para esta nota no recordó haber pedido su citación para prestar declaración indagatoria.
De Saint George, Arru y D’Agostino eran en 1977 oficiales principales. Sus superiores inmediatos eran Salinas, jefe de la sección Operaciones, "incondicional" según las calificaciones de Fariña, y Roberto Zaldúa, jefe de la sección Logística. El bahiense D’Agostino era jefe de la subsección "servicios generales" de la DAVI, jefe de los mecánicos y de mantenimiento en el aeroparque Jorge Newbery. Diecisiete días después del vuelo que lo distingue de los pilotos de los Skyvan que continúan en libertad fue elogiado por Zaldúa por el "dominio de sus reacciones emotivas" y porque "aún en situaciones críticas se mantiene sereno". En 2003 murió el mecánico que participó del vuelo nocturno del 14 de diciembre de 1977, ayudante de primera David "El Gallego" Fernández, quien según sus superiores tenía un "elevado concepto de la corrección y la fidelidad".
[En la foto, las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon torturadas y asesinadas por militares argentinos.]

13 de noviembre de 2011
12 de noviembre de 2011
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