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posible nuevo juicio por asesinato


[Jorge Escalante] Pinochet enfrentaría primer procesamiento por dos asesinatos de ex GAP de Allende. Asesinatos de Wagner Salinas y Francisco Lara son vinculados con la caravana de la muerte.
Luego de que el pleno de la Corte Suprema dio a conocer el jueves la confirmación de su desafuero, ahora se espera que el juez Víctor Montiglio lo interrogue y lo procese.
Luego de que el pleno de la Corte Suprema dio a conocer el jueves pasado la confirmación del desafuero del ex dictador Augusto Pinochet por el asesinato de dos integrantes del GAP (Grupo de Amigos Personales encargados de su seguridad) del ex presidente Salvador Allende, en octubre de 1973, el paso lógico que se espera es que el ministro Víctor Montiglio lo interrogue y lo procese.
Todos los desafueros otorgados por ambos plenos de las cortes de Apelaciones y Suprema en contra de Pinochet, terminaron hasta ahora en su encausamiento, independientemente del destino que esas decisiones tuvieron después en las mismas cortes vía apelación de su defensa.
De esta manera, se espera que Pinochet vuelva a ser procesado por los crímenes de la Caravana de la Muerte, aunque sólo por este episodio de Curicó y los GAP Wagner Salinas y Francisco Lara, pues en el resto de los otros casos permanece sobreseído definitivamente por decisión de la Sala Penal de la Corte Suprema, tras un largo debate judicial a partir de 2001 en el que esta sala consideró que el anciano general está demente, de manera "incurable".
Sin embargo, curiosamente y a pesar del sobreseimiento definitivo que en la causa caravana favorece al superior jerárquico de la ex DINA -siendo el episodio de los dos GAP una parte de este proceso porque formó parte del viaje del general Sergio Arellano y su pelotón- ambos plenos concedieron el desafuero solicitado por la parte querellante encabezada por el abogado Hugo Gutiérrez y los familiares de Salinas y Lara.
Para muchos una gran contradicción, pues nunca el episodio de estos dos GAP se desvinculó de los crímenes del escuadrón que comandó Arellano. Más aún, corresponde al primer hecho, porque Curicó fue el primer lugar que visitó la mañana del domingo 30 de septiembre de 1973.
Lo que ocurre es que, por orden de Arellano, esa mañana en que dejó incluso un documento firmado en el Regimiento de Telecomunicaciones de Curicó, Salinas y Lara fueron trasladados a Santiago el 2 de octubre de 1973 y llevados al Regimiento Tacna, para luego ser asesinados. Sus cuerpos apareciendo tres días después tirados en una calle de San Bernardo.
Luego de unas diligencias pendientes, se espera que Montiglio cumpla con el requisito de interrogar a Pinochet, antes de resolver su procesamiento que todo indica que lo decidirá positivamente. Este sería el primer encausamiento del ex dictador por la muerte de miembros del GAP.
De acuerdo con las declaraciones del coronel (R) Fernando Reveco, Pinochet presenció en el Regimiento Tacna "oculto en una baranda" las torturas infligidas a los GAP que fueron detenidos en La Moneda el día del golpe militar, entre los que no estaban ni Salinas ni Lara, que ese día intentaron viajar desde Talca a Santiago, siendo detenidos por una patrulla militar en Curicó pues a bordo del auto llevaban armas.

Traslado a Santiago
Cuando Arellano y su gente llegó la mañana del domingo 30 de septiembre de 1973 al Regimiento de Telecomunicaciones de Curicó (era la partida del viaje del escuadrón por las ciudades del sur), en esa ciudad todo estaba tranquilo según le informaron el fiscal militar, capitán Lautaro Vaché, y el comandante del regimiento, coronel Sergio Angelotti. Algunos procesos iniciados en la justicia militar por cuestiones leves.
Salvo la permanencia de Salinas y Lara en la cárcel pública, a quienes también se les inició una causa por porte de armas. Pero la connotación de su pertenencia alertó a Arellano, quien ordenó su traslado a Santiago en un vehículo del cuartel, encargándole la implementación del viaje al mayor Marcelo Moren Brito, un feroz integrante de su escuadrón, lo que se concretó el 2 de octubre de 1973.
Hasta ahora, no se sabe por qué Arellano y su gente no ejecutaron ahí mismo a los dos GAP, tal como lo hicieron en cada una de las ciudades del sur y norte por las que anduvieron. Se presume que fue la misma gente de Arellano quien dio muerte a los GAP en Santiago, pues su regreso a la capital desde el sur habría ocurrido el 4 de octubre de 1973.

17 de septiembre de 2006
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sobre folclore chileno


Mitos y verdades de la música tradicional chilena. Por sus cuecas los conoceréis.
El guatón Loyola se agarra a cornetes en Los Andes, mientras el Beto con el Mesías se pelean por quince lucas. Los peruanos residentes se preguntan si la letra "y verás cómo quieren en Chile, al amigo cuando es forastero" es chiste. Las letras de nuestro folclore tienen algo de cierto, aunque también elementos obsoletos, pero por lo general dan en el clavo con nuestra idiosincrasia.
Aunque no sepamos bailarla y la iglesia adventista la prohíba, la música tradicional escarba en la identidad y saca a relucir el lado bonito y feo del chileno. También tenemos letras que ya no nos representan. O mejor dicho, el chileno que en ellas se describe va en franca extinción. Los compositores cuentan sus experiencias particulares, pero también ilustran situaciones que caracterizan la idiosincrasia nacional. Aquí van algunos puntos de su definición del chileno, sin más rodeo.

Bebedor
"Toma la chicha en balde, el aguardiente en bacinica, el vino blanco en chuico, el vino tinto en la pipa". En Chile, el uso del alcohol supera el de cualquier droga ilícita -marihuana, cocaína y/o pasta base. De hecho, un 73,08% de los encuestados en el Cuarto Estudio Nacional sobre uso de Drogas en Población General, realizado el año 2000 por Conace, declaró haber consumido alcohol, contra un 6,28% que reconoció consumo de cualquier droga ilícita en el último año. Después de México, Chile tiene la segunda tasa más alta de mortalidad por cirrosis hepática en el mundo.
Para Fernando Matta, el alcoholismo tiene que ver con que "hay chilenos que guardan resentimientos y tensiones y que la única forma de borrarse es con el trago: así huyen de la realidad, que puede llegar a ser insoportable".

Xenófobo, Racista, Clasista
La Tercera Encuesta de Intolerancia y Discriminación muestra que la xenofobia afecta principalmente a los peruanos que viven en nuestro país, a pesar que este comportamiento es rechazados por un 53% de los santiaguinos. Cuando Chito Faró escribió "y verás cómo quieren en Chile, al amigo cuando es forastero" seguramente pensó en el extranjero de aspecto más bien ario. Como dice la letra de ‘La regodeona', "y si me encuentro un rubio, caramba me voy con él". Por eso, el recibimiento depende del forastero que estemos hablando. "Si viene de Perú o Bolivia, más que amigo es un extraño, ilegal y no deseado. Aquí se mezcla el prejuicio xenofóbico con el racista, en particular hacia el indígena. Eso hace la diferencia entre un forastero con aspecto ario y el peruano con aspecto incaico", explica el sociólogo Fernando Matta.
La compositora e intérprete Clarita Parra se refiere a la xenofobia en el mundo artístico. "Traen a Chile a los artistas que nadie conoce y se le da más valor a los extranjeros. Somos capaces de endeudarnos por un año entero por 120 lucas para ver a Robbie Williams -que no entendemos qué canta- pero al peruano, que sí entendemos, lo echamos"..
Margot Loyola aporta otra letra: "Tu madre zamba, la mía no". Según la folclorista, el racismo y la discriminación están presentes en varias letras de nuestro folclore. "Borraron de un plumazo a nuestros negros del Valle de Azapa y a los pueblos originarios. Sin embargo, ahora somos menos discriminadores que en otros países latinoamericanos; aceptamos los apellidos mapuches y nuestros pueblos indígenas, ellos salieron de sus rucas y nos están enseñando su cultura."
"Sólo por mirarla, sólo por quererla, lo echó una mañana furioso el patrón. Un pobre ovejero, ¿cómo iba a fijarse en su hija tan linda un mísero peón? En "Corazón de escarcha" se ejemplifica el clasismo chileno "que sigue instalado vivito y coleando en nuestro país. Esto se expresa en conductas que tienden a apartar al que pertenece a otra clase social", dice el sociólogo de la DOS.

Romántico
"Cada vez que en ti yo pienso, mi corazón no resiste, mis penas son tan amargas desde el día que te fuiste…" Margot Loyola señala que las temáticas en el folclore son el 18 de septiembre, las ornitomorfas (se refieren a pájaros), de faenas (hablan del trabajo) y religiosas, entre otras. "Sin embargo, las amatorias son predominantes. Las letras de amor revelan al chileno romántico: es un amor de carácter desengañado, donde hay traición, tristeza, frustración".

Hábil Para el Doble Sentido y Pícaro
"Querís que te pinte un niño sin poner pa' la pintura, vos te creís que es papaya, pintar una criatura, siempre que me ponga m'hijita los materiales, no le cobro ni un cobre m´hijita por pasarle una manito".
Según Osvaldo Cádiz- director del grupo Palomar- los chilenos "somos buenos para las tallas, rápidos y buenos para echar chistes". Y a propósito trae a colación un descubrimiento que hizo una de sus alumnas en una investigación sobre cultura popular, una frase inmortalizada en un baño público. "Virgen María, tú que concebiste sin pecar, ayúdame a pecar sin concebir".

Más Autoritario Que Peleador
La letra es conocida por todos. "En el rodeo ‘e Los Andes comadre Lola, le pegaron su puñete al guatón Loyola, por dárselas de encachao (…)". No sólo tenemos enredos de puños… "Pelearon por quince lucas el Beto con el Mesías, ay señora el Beto con el Mesías (…) el Beto prestó la plata y no la ha visto hasta hoy día (…) furioso el guatón Beto anda diciendo que el Mesías se anda corriendo". Para el sociólogo Fernando Matta del Área Tolerancia y No Discriminación de la División de Organizaciones Sociales (DOS), el chileno más que peleador es fuertemente autoritario, lo que se deja ver en expresiones verbales y físicas violentas. "Se legitima el maltrato y la violencia para hacer valer la posición a través del golpe". Si escarbamos en las cifras, en la Segunda Encuesta de Intolerancia y Discriminación más del 27% de los encuestados está de acuerdo con la afirmación de que hay que pegarle a los niños.
Para la folclorista Margot Loyola, las letras de nuestras melodías tradicionales siempre identifican a cierto sector de los chilenos. "El guatón Loyola es el hombre que come empanadas, toma vino, se cura y pelea. Pero no todos se curan… o hay los que se curan, pero no pelean".

17 de septiembre de 2006
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soldado chileno que no regresó


[ Óscar Valenzuela] Se llamaría José María Basquez y habría pertenecido al Regimiento de Buin.
Falleció durante la Guerra del Pacífico, en la batalla de Chorrillos, y su cuerpo fue descubierto hace ocho años en el cerro Zigzag, de Perú. Debería tener un funeral con honores como indica la ley para los veteranos de ese conflicto. Pero sus restos ni siquiera han sido repatriados.
Sangre y fuego. El humo no deja ver nada más y lo único que se escucha es el griterío de 60 mil hombres que chocan en la localidad peruana de Chorrillos. Corre el 13 de enero de 1881 y el Ejército chileno avanza sobre Lima, en la fase final de la Guerra del Pacífico. La resistencia defensiva es fiera y el choque de fuerzas se transforma en la batalla más grande registrada en el continente.
Los chilenos están bajo los embates de 300 cañones de alto calibre y la temida ametralladora Claxtong, un monstruo que disparaba proyectiles calibre 60, capaces de partir a un hombre por la mitad. Más allá, los chinos y zapadores entrenados por Arturo Villarroel –‘General Dinamita'– ya habían sondeado el terreno para desactivar las mortíferas minas y ahora actuaban como camilleros.
Pese a tener en contra al enemigo y al accidentado terreno, el general Manuel Baquedano ordena avanzar de frente y la primera división cumple su cometido. A punta de coraje y sangre fría se alcanza la victoria en Chorrillos, pero el costo es altísimo. Cerca de 10 mil cadáveres de ambos bandos quedan esparcidos por el campo de batalla. Pero sólo uno de ellos, un chileno, fue enterrado ahí mismo, en el suelo arenoso del cerro Zigzag, como mudo testigo del horror que allí se vivió.
Se sabe que para esa fecha este soldado ya era un veterano de guerra y que venía avanzando desde territorio chileno. Faltando tan poco para la arremetida final del conflicto, recibió un balazo mortal que le robó el aire y lo obligó a desabotonarse la chaqueta y el pantalón. Está certificado que intentó en vano frenar la hemorragia con un pañuelo. Sus camaradas lo enterraron en el lugar, poco antes de que ‘los rotos' tomaran la capital peruana. Permaneció ahí, junto a sus pertenencias, durante 117 años.
El 10 de marzo de 1998, mientras se construía un cerco en terrenos de la Escuela de Oficiales de la Policía Nacional del Perú, se encontró el cadáver vestido con uniforme militar chileno. A su lado, un cinturón de municiones, una bayoneta, un morral de cuero, una manta y una libreta con itinerario militar y con un nombre: José María Basquez (sic).

Uniforme Revelador
"Probablemente era uno de los 10 mil civiles voluntarios que fueron a la batalla en un acto meritorio. Hasta hoy nos admiramos de ellos", reflexiona el investigador Marcelo Villalba, que mantiene un museo virtual de la Guerra del Pacífico y encabeza una campaña por Internet para traer de vuelta al soldado, cuyos restos aún se encuentran en Lima.
El cuerpo del llamado ‘soldado del Zigzag' permanece en el Museo de Arqueología y Antropología, del Instituto de Cultura Peruano. "Está en las cámaras de momias y su estado de conservación es muy bueno. Ha sido sometido a un exhaustivo estudio", explica Juan Carlos Florez, presidente de la Sociedad de Estudios Históricos Coronel Arnaldo Panizo.
Según los estudios y peritajes, "son los restos completos de un mestizo joven, de 25 a 30 años, como de 1,75 de estatura. Cabello castaño y fino. Barba en el mentón y vello en las pantorrillas", dice la antropóloga Hilda Vidal.
El uniforme de paño permitió conocer la nacionalidad, señala el informe de la antropóloga. La casaca marrón lleva diez botones de metal con el escudo chileno. El cuello y los puños son rojos, otra característica nacional. El pantalón es azul y está cubierto por otra prenda, de algodón beige, para diferenciarse de las fuerzas peruanas, como había ordenado el general Baquedano. Lleva también calamorros, botines que eran la marca registrada de las tropas nacionales. "No hay duda que era un militar chileno", asegura la antropóloga y coinciden otros especialistas, pero no existe seguridad de que el nombre escrito en la libreta –José María Basquez– corresponda al cuerpo que la portaba en el momento de morir.
Sin embargo, en un foro de Internet que apoya la repatriación, los usuarios –en base a las listas de comisarios de la Guerra del Pacífico–, identificaron cuatro unidades que tuvieron en sus filas a un José Vásquez, aunque el uniforme y el itinerario de la libreta apuntan al Regimiento Buin, y que luchó desde el inicio de la contienda bélica.
El investigador Villalba cree que para obtener datos certeros se deberían realizar exámenes genéticos. "Tal como lo hizo Estados Unidos para ubicar a todos sus caídos en Vietnam. Por ley, los caídos en la Guerra del Pacífico deben ser enterrados con honores de general de la República, como sucedió con los restos encontrados en 1996 en el Morro de Arica".

Apoyo Para Traerlo
Al otro lado de la Línea de la Concordia están conscientes de que el cuerpo debe ser repatriado. Pero también saben que la decisión final pasa por un tema político entre ambas naciones. "Ese cuerpo debe descansar en la tierra que lo vio nacer", explica el experto peruano Juan Carlos Florez. "Muchas autoridades con las cuales hemos conversado ven positivamente esta idea".
Florez arguye que para traerlo de vuelta ha faltado empuje del Gobierno chileno. "Las autoridades no están muy interesadas en el tema. Si no fuera por la presión civil, este hecho no tendría mucho eco". Pese a ello, Florez cree que debido al acercamiento de Michelle Bachelet y Alan García, "no debería pasar mucho tiempo para que estos gestos de buena voluntad se materialicen, aunque todo está en manos políticas".
El historiador peruano Óscar Ferreyra, del Instituto de Estudios Históricos del Pacífico y que participó en la exhumación de cuerpo, señala que "últimamente hemos colaborado con el Gobierno de Perú para que dicho combatiente vuelva a su patria".
Sin embargo, Villalba ve lejana esa posibilidad. Su campaña de repatriación incluyó cartas al ministro secretario general de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, y al canciller Alejandro Foxley. Ambas misivas fueron respondidas con documentos firmados por funcionarios subalternos. En la primera le indican que debe presentar el caso al Consejo de Monumentos Nacionales. Y en el Ministerio de Relaciones Exteriores le señalaron que debe fijar una reunión con el consejero a cargo de las relaciones con Perú.
"Después de la guerra quedaron platos servidos e hijos que quisieron conocer a su padre. Esos soldados dieron forma a lo que hoy es Chile. Y existe cero apoyo de nuestras autoridades para repatriar a uno que murió como héroe nacional", comenta Villalba.
Del contenido de la libreta que estaba junto al cuerpo se sabe que la última anotación fue realizada el día anterior a la batalla de Chorrillos. "Llegada a Lurín 26. Partida de Lurín. Enero 12 de 1881". Pocas horas después, José María tomó sus cosas y marchó rumbo a la guerra, como venía haciéndolo desde hacía dos años. Pero esa ocasión fue distinta. Estando tan cerca de su objetivo, cayó luchando. Seguramente murió pensando en su patria, a la que todavía no puede retornar.

Descendientes de Soldados: "Es Justo Que Vuelva a Su País"
Orgullosos de sus antepasados, los descendientes de los chilenos que combatieron en la Guerra del Pacífico creen que es "justo que el hombre que murió por la patria pueda volver a su tierra. Si nosotros encontráramos a un soldado peruano tendríamos que devolverlo", dice Patricia Roa, cuyo abuelo José de las Nieves Roa llegó hasta Lima con las tropas de Baquedano. El antepasado de Patricia se enroló voluntariamente cuando era un muchacho en Chillán. "Pasaron a buscar a los jóvenes para la guerra y su padre lo vistió de mujer para que no se lo llevaran. Pero él se escapó por una ventana y corrió hasta alcanzar a las tropas para que lo reclutaran".
Jorge Landeta, concejal de Pirque y bisnieto del oficial Sofanor Parra, de los Cazadores a Caballo y de destacada participación en Huamachuco, cree que "esos restos son sagrados para todos los chilenos, porque es un soldado que dio su vida por el triunfo y le debemos mucho a todos los que murieron peleando".

El Cuerpo de Moquegua
A principios de abril fue encontrado un cuerpo con uniforme militar en la zona peruana de Moquegua. El hallazgo se produjo mientras se instalaba un desagüe. Se informó que se trataba de osamentas datadas en la Guerra del Pacífico, y en los medios de comunicación se especuló que podrían pertenecer a un uniformado chileno. Pero la investigación posterior ha indicado que lo más probable es que los restos pertenezcan a un militar peruano. "Se puede ver en detalles específicos del uniforme, como el colorido tipo papagayo azul y amarillo, además de las tres hileras de botones, que no son propias de los uniformes chilenos", explica Marcelo Villalba.

17 de septiembre de 2006
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demanda por patio 29


[Jorge Escalante] Patio 29: demandan al fisco por 2 mil millones de pesos. Por cuerpos mal identificados por el SML.
Se trata de los ex boinas negras del Ejército Javier Sobarzo y Enrique Toledo y del joven de 18 años Luis Dávila, asesinados por órdenes de sus propios jefes acusados de ‘marxistas'.
En dos mil millones de pesos fue demandado el Estado chileno por familiares de tres víctimas del Patio 29 del Cementerio General, cuyos cuerpos fueron mal identificados por el Servicio Médico Legal. Las demandas civiles por "daño moral y síquico" las interpusieron viudas, madres, hijos y hermanos de Javier Sobarzo Sepúlveda, Enrique Toledo Garay y Luis Dávila García. Los dos primeros pertenecen al grupo de siete boinas negras del Ejército asesinados los primeros días después del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, por instrucciones de la propia jefatura de Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales de Peldehue.
En el caso de Javier Sobarzo, la acción reparatoria la interpuso su viuda Rosa Zúñiga y sus dos hijos, por doscientos millones de pesos por cada uno de ellos. Por Enrique Toledo, la demanda la interpusieron su viuda Elba Baeza y sus tres hijos, también por doscientos millones de pesos cada uno. En cuanto a Luis Dávila, la demandante es su madre, María García Vásquez, y sus cuatro hermanos. En este caso, la madre demandó por doscientos millones y cada hermano por cien millones de pesos. En total, las tres acciones civiles suman dos mil millones de pesos, teniendo como contraparte querellada al Consejo de Defensa del Estado que representa los intereses del fisco chileno.
Los recursos civiles fueron patrocinados por los abogados Julia Urquieta y Adil Brkovic.

Los Juzgados
Estas acciones se constituyeron en las primeras presentadas por familiares de los 126 cuerpos exhumados en 1991 del Patio 29, luego de que la dictadura ocultó allí sus restos en tumbas improvisadas bajo la sigla NN.
La abogada Julia Urquieta afirmó que "el fundamento principal de estas demandas es el daño moral y síquico impuesto a los familiares de estas víctimas, debido a la negligencia del Servicio Médico Legal que identificó mal sus cuerpos".
"En la práctica, este daño significa además que los seres queridos de estos familiares han vuelto a desaparecer, y eso lo debe reparar el Estado", dijo la abogada.
A ello se agrega que, de acuerdo con los familiares demandantes y abogados patrocinadores, luego de que hace unos diez años los restos fueron entregados a las familias para que los sepultaran, el año pasado los cuerpos fueron, sin aviso a las familias, nuevamente sacados desde las tumbas que se pretendían serían las definitivas, en el momento en que se constató el error en las identificaciones.
Las demandas serán vistas por el 19º, 25º y 30º juzgados civiles de Santiago.

15 de septiembre de 2006
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nueva querella contra pinochet


Presentan nueva querella contra Pinochet por secuestro y tortura de mirista.
Santiago, Chile. El abogado Alberto Espinoza presentó hoy una querella en contra del general (R) Augusto Pinochet y miembros de la cúpula de la policía secreta del régimen, por los delitos de secuestro y torturas de un opositor en 1974.
El requerimiento fue presentado ante la Corte de Apelaciones en representación de Alejandro Contreras Guzmán, cuyo padre, Abundio Alejandro Contreras González, de 28 años, fue militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).
Esta acción legal se suma a más de 300 querellas contra el ex gobernante de facto (1973-1990) que se han acumulado en los últimos años en los tribunales.
Según el Informe Rettig, que documentó las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, Contreras González fue detenido el 14 de julio de 1974 en Santiago por efectivos de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).
Según testimonios de prisioneros, el joven fue visto en los centros de reclusión y torturas Londres 38 y Cuatro Alamos de Santiago, donde fue sometido a tormentos y se perdió su paradero.
Espinoza expresó su confianza en que la justicia pueda determinar la responsabilidad que le cabe en los hechos a Pinochet, que como ex gobernante de facto era jefe de la Dina.

15 de septiembre de 2006
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mea culpa de extrema derecha


[Ivonne Toro/Iván Delgado] Derechos humanos: Lavín pide a los civiles de la derecha hacer también un mea culpa. En un nuevo signo de distanciamiento con la UDI.
El ex abanderado de la Alianza aseveró que los colaboradores de la dictadura tuvieron "anteojeras ideológicas, porque no vimos o no creímos muchas de las cosas que el resto de Chile estaba viendo o estaba viviendo en esos momentos". La senadora de su mismo partido Evelyn Matthei aseguró que se está ante "la última tontera" del ex presidenciable.
Fue inesperado. El ex candidato presidencial de la Alianza, Joaquín Lavín, concluía su intervención sobre el gobierno comunal en la jesuita Universidad Alberto Hurtado y decidió hacer una "reflexión personal". Mencionó los hechos de violencia por la conmemoración de un nuevo aniversario del golpe de estado de 1973 y destacó el rol que tuvo el ex comandante en jefe del ejército, el general (R) Juan Emilio Cheyre -que minutos antes había abandonado el recinto- en función de la reconciliación. Luego vino una declaración que fue recibida como un rudo golpe por la UDI. Lavín, de nuevo distanciándose de su partido, aseveró que ya era hora de que la derecha hiciera su propio mea culpa en relación con las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura.
"Siempre que yo decía estas cosas, se interpretaban políticamente porque yo era candidato, entonces ahora las puedo decir más libremente: siento que las personas que adherimos al gobierno militar también tenemos que decir que tuvimos anteojeras ideológicas porque no vimos o no creímos muchas de las cosas que el resto de Chile estaba viendo o estaba viviendo en esos momentos, y también tenemos que hacer, en ese sentido, nuestro nunca más", dijo el ex alcalde de Santiago.
En mayo de 2005, Lavín ya había sorprendido a su sector, al afirmar que de haber sabido los atropellos a las garantías fundamentales no habría votado Sí en el plebiscito de 1988. La ignorancia de lo que ocurría en el país durante la dictadura ha sido un argumento recurrente entre los civiles que fueron parte del régimen militar para justificar su pasividad frente a la violencia de Estado contra los opositores y su colaboración con el autoritarismo.
Si bien quien fue la carta gremialista a La Moneda se había "arrepentido" de su pasado, jamás, hasta ayer, había interpelado a su bloque político a actuar en forma similar, de ahí la molestia que se desató en la UDI. La más enfática fue la vicepresidenta Evelyn Matthei. En medio del análisis del Informe de Política Monetaria (IPOM) del Banco Central, la senadora usó un sarcasmo para referirse a la más reciente confesión del líder aliancista. "¡¿Ésa es la última tontera de Lavín?!", alcanzó a decir la legisladora antes de ser interrumpida por el ex timonel Jovino Novoa, que lanzó una especie de cortafuegos con un escueto "sin comentarios".

Reacción Partidaria
Durante la tarde la mesa gremialista -que el pasado 11 de septiembre no tuvo ninguna actividad pública y mantuvo un táctico silencio- se reunió para analizar cómo responder a esta ofensiva que provino desde sus propias filas y que la enfrenta con un ayer que la derecha ya no ostenta con orgullo.
A través de un comunicado de cuatro puntos, el presidente Hernán Larraín dio cuenta de la visión de la UDI ante esta nueva muestra de autonomía de Lavín. "Valoro y comprendo las palabras de Joaquín Lavín sobre la materia, en cuanto reflejan un sentimiento personal por la vinculación que tuvo con el gobierno militar y por la necesidad de expresar su punto de vista en el ámbito de derechos humanos", plantea el texto.
El documento prosigue con una aclaración de que los gestos tienen valor cuando son hechos "libres y voluntariamente" y cuando no hay presión alguna para ejecutarlos. También se recalca que la UDI en 2003 reconoció la "gravedad moral" de la represión y admitió que se habría podido hacer más.
Larraín, que no aceptó preguntas, aseguró que "en esos años" él tuvo una posición crítica frente al accionar de la dictadura. "Todos fuimos responsables, aunque en diverso grado, de lo que ocurrió en Chile y todos debemos hacernos cargo de esta situación para que tales hechos de violencia, que causaron tanto daño y dolor humanos, no se repitan jamás", concluyó.
Desde RN, el ex abanderado Sebastián Piñera también se hizo parte del debate. Sostuvo que "toda persona que sienta que tuvo responsabilidad en los atropellos de los derechos humanos y que quiere actuar de buena fe, estar en paz con su conciencia, debería pedir perdón", pero recalcó que el "perdón tiene que surgir de cada uno" y que no es exigible a un pacto político.
En la Concertación, un sorprendido ex ministro Francisco Vidal, que ofició de anfitrión en la charla que precedió al lavinazo, destacó que "¡por fin alguien con el liderazgo de Joaquín Lavín hace un reconocimiento público de lo que es la historia reciente de Chile!" y adujo que su actitud contribuye al reencuentro nacional.
Si bien las palabras de Lavín pueden contribuir a la reconciliación, es un hecho que también aumentan la distancia, ya sideral, del ex presidenciable con la UDI, una realidad que se asume a media voz en la tienda derechista y que cada día es más evidente, al punto que varios se preguntan si no está cerca la hora del divorcio.

Ministro Lagos Weber Valora Declaraciones
El ministro secretario general de gobierno, Ricardo Lagos Weber, valoró el "nunca más" esbozado ayer por el ex presidenciable de derecha Joaquín Lavín. "Él lo que está haciendo es un llamado a la unidad de los chilenos, y la unidad de los chilenos se hace hablando con franqueza y cada uno acogiendo lo que ha sido su propia historia y la forma de entender lo que ocurrió en Chile", afirmó el vocero de palacio a la salida del consejo de gabinete que tuvo lugar ayer en La Moneda.
"Él no ha pasado culpas, él no ha responsabilizado a nadie, lo que él ha pedido es que cada uno se mire a sí mismo y si está en condiciones de decir ‘creo que las cosas van distintas y que pueden haber sido mejor'. ‘O que tal vez yo no supe', creo que es un paso adelante", enfatizó Lagos Weber, afirmando, además, que "cabe en una muy buena fecha por el mes de septiembre".
Si bien el ministro no quiso responder si las declaraciones del ex candidato presidencial son tardías, aludiendo que no es a él a quien le corresponde juzgar eso, sí afirmó que "lo importante es que tiene lugar, y creo que viniendo de un líder de derecha que fue candidato a la presidencia dos veces por un partido como la UDI, que es un partido que estuvo muy ligado al gobierno militar, y que fue funcionario del gobierno militar, creo que habla bien de la forma que él quiere entenderse con los chilenos y chilenas".
A su turno, el presidente del Partido Socialista, el senador Camilo Escalona, valoró las reflexiones del ex candidato presidencial: "Yo creo que son palabras valiosas. No sólo las valoro, sino que creo que ante la incapacidad que ha tenido la derecha de asumir esto, de lavarse las manos y dejar simplemente la responsabilidad en el ejército y en los uniformados en general, las palabras de Lavín son un primer paso dentro de figuras representativas de la derecha civil", indicó.
"Lavín ha abierto un camino que ojalá otras personas puedan seguir, ha dado un paso que exactamente hace 16 años la civilidad chilena está esperando, esto es, que una figura de su peso político de la derecha fuese capaz de asumir el nunca más una vez que se terminó la dictadura y se restableció la democracia", concluyó.

La Frontera Entre Saber o No Saber
Si bien Joaquín Lavín, al igual que el año pasado, ha hablado de una supuesta ausencia de datos sobre la envergadura de la represión, que habría hecho que él y otros civiles ignoraran el volumen de ésta y, por tanto, callaran, en su caso hay un elemento clave: el ex alcalde trabajó en Odeplan durante la dictadura y los ‘Chicago boys' de esa cartera han dicho que estaban sólo ocupados de la transformación económica. Sin embargo, después, ya en los años '80, en una fase represiva ‘dura' contra la movilización social, con fuerte presencia de la CNI, Lavín fue editor general de ‘El Mercurio', lugar donde reemplazó a su turno a Jovino Novoa, quien había llegado a ese cargo desde la Subsecretaría General de Gobierno. Esto implica que tanto Novoa como Lavín en esos puestos clave sí conocieron de la información de las violaciones de los derechos humanos que sistemáticamente recibían los medios en forma indirecta o a través del reporteo mismo. Los medios afines a la dictadura estaban al tanto. Otra cosa es que no publicaran.

14 de septiembre de 2006
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otro general implicado en torturas


[J. Rebolledo] Los testimonios que complican al general (r) Fernando Matthei.
"Matthei usaba zapatillas de gimnasia cuando se desplazaba por los lugares donde estábamos los prisioneros", cabo (R) Sergio Lontano. Nuevos testimonios, aportados por ex miembros de la FACH son los que sirvieron al Codepu para patrocinar una nueva querella contra el general (R) Fernando Matthei. Se trata de ex prisioneros que estuvieron recluidos en la Academia de Guerra Aérea (AGA), centro de detención y tortura donde operó el Comando Conjunto, en sus inicios.
Es la segunda acción en su contra, tras determinarse que fue director de la AGA, a partir de enero de 1974. No obstante, el ex uniformado ha sostenido que no tuvo mando, ya que las instalaciones estaban bajo la dirección del Servicio de Inteligencia de la FACH (SIFA).
Pero el abogado patrocinante de la nueva acusación, Hiram Villagra, considera que la última declaración judicial prestada por Matthei, "dista mucho de lo señalado por él públicamente cuando decía que nada sabía de las violaciones de los derechos humanos en dictadura, debido a su permanencia fuera del país como agregado aéreo".
En su careo con el suboficial (R) de la FACH Ramón Cáceres, Matthei reconoció que estuvo en el subterráneo del recinto, donde se torturaba, donde fue visto: "Sólo una vez bajé al subterráneo a buscar un libro a la biblioteca; me parece que fue alrededor del mes de abril de 1974. Allí vi a varios detenidos en una de las salas de clase, pero no reconocí a nadie. Vestían de civil y se les veía en buenas condiciones", sostuvo el ex integrante de la Junta Militar, que en ese tiempo era coronel.
Dos aviadores detenidos en el AGA, cuyos testimonios son parte del sumario, sostienen haber visto a Matthei en el subterráneo del inmueble. El capitán (R) Jaime Donoso, torturado ahí, declara en la querella que "hay evidencias testimoniales de que se movía en la AGA. Personalmente lo vi en ese lugar, también lo vio el cabo Sergio Lontano y lo que nos llamó la atención, fue el hecho de que Matthei usaba zapatillas de gimnasia cuando se desplazaba por los lugares donde estábamos los prisioneros".
En 2005, el cabo primero Sergio Lontano Trureo viajó a Chile para confirmar de cuerpo presente lo que ya había declarado (y anexado al expediente de la causa) desde Inglaterra en 2001. Su testimonio es una de las piezas que sustenta la querella presentada hoy en contra del ex integrante de la Junta Militar. Además de reconocer los dichos de Jaime Donoso, agrega datos inéditos: "Fui llevado a la AGA desde la Cárcel Pública (mediados del '74). Ahí pude constatar que el coronel Matthei dirigía y seleccionaba a los que tenían que ser torturados e interrogados. Él, junto a otro oficial apodado el ‘Loquillo', golpearon a dos prisioneros que estaban de pie y vendados", declara en la causa.
Las querellas se originaron porque desde el subterráneo, desapareció el militante del PC Luis Baeza y fueron asesinados José Bordás Paz (militante del MIR), Alfonso Carreño Díaz (del PC) y el suboficial de la FACH Rafael Reyes Gajardo. En su testimonio, a fojas 1182, el capitán Jaime Donoso declara: "En la madrugada del 8 de octubre de 1973 frente al general (Orlando) Poblete y otros oficiales prisioneros en la AGA, fue asesinado el suboficial de la FACH Rafael Reyes Gajardo, por un soldado debido a que Reyes se había puesto a llorar al pedir antecedentes de su familia. El funcionario que le disparó fue felicitado".

14 de septiembre de 2006
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muertes de allende


[Camilo Taufic] Revisión de los hechos del 11 de septiembre. Todas las muertes del presidente Allende.
La metralleta que le regaló Fidel Castro, con la que se habría matado el presidente, no estuvo ese día en La Moneda. Al menos mientras se combatió. Todos los testigos oyeron un solo tiro en el momento final de Allende, que bien pudo venir de su propia pistola. Dudas sobre fotos y croquis hechos ese mismo día por Investigaciones (bajo control militar) revelarían una adulteración del sitio del suceso.
Once de septiembre de 1973. Según la versión oficial, el presidente Allende decidió a la 1:50 de la tarde poner fin a la resistencia armada y ordenó rendirse a sus acompañantes. Les pidió bajar desde el segundo piso de La Moneda en llamas, por las escaleras de piedra que daban a Morandé 80. Descenderían de uno en fondo, con la Payita adelante, y él mismo cerrando la fila de unas 35 personas, en último lugar.
Pero sin que los demás se diesen cuenta, Allende volvió atrás y se introdujo en el Salón Independencia. Se sentó en un sofá, pujó el fusil AK que le había regalado Fidel Castro entre sus rodillas, puso el cañón bajo su mandíbula y apretó el gatillo. Salieron dos tiros.
El doctor Patricio Guijón –único testigo confeso durante 30 años– también regresó, con la intención de recoger para su hijo un recuerdo. Desde un pasillo, frente a la puerta entreabierta del Salón Independencia, vio al presidente dispararse. Corrió hacia él, pero ya estaba muerto. Entonces, según la versión oficial, se sentó junto al cuerpo del presidente, tomó la metralleta y la puso atravesada sobre las piernas del occiso, sin preocuparse de huellas ni de nada. Luego estuvo velándolo durante 10 o 15 minutos.
Hasta que un grupo de militares, encabezados por el general Javier Palacios, jefe del asalto a La Moneda, irrumpió en el lugar y comprobó que la parte superior de la cabeza del presidente había estallado. Se veía el impacto de dos balazos incrustados en un gobelino que colgaba en la pared situada detrás.
El general Palacios (fallecido el 26 de junio de 2006), según nota aparecida en la nota necrológica que le dedicó ‘El Mercurio', pensó en un primer momento inculpar al doctor Guijón por la muerte de Allende, pero después cambió de parecer. Antes había tomado el radio-teléfono y se había comunicado con el almirante Carvajal, para que le retransmitiera a Pinochet: "Misión cumplida, Moneda tomada, Presidente muerto".

Tarde y Mal
A las 19:10 horas del mismo 11 de septiembre se reúnen por primera vez (en el edificio de la Escuela Militar) los cuatro integrantes de la junta militar, que han asumido el poder como comandantes en jefe de las FFAA y Carabineros. Pinochet, Merino, Leigh y Mendoza se ponen rápidamente de acuerdo, antes de dirigirse por cadena de televisión al país: control riguroso de la población, largo estado de sitio con toque de queda, ruptura de relaciones con los países de la órbita soviética.
"Lo que les toma más tiempo es la disyuntiva de cómo informar de la muerte de Allende. El acuerdo final es emitir un comunicado, que saldrá recién el jueves 13, y mantener en reserva el lugar de su sepultación", según relata Ascanio Cavallo, en la serie 'Las 24 horas que estremecieron a Chile', publicada en ‘La Tercera' en 2003.
El presidente Allende es enterrado en secreto en el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar, el día 12, trasladado por un avión FACH hasta Quintero, y de allí en una ambulancia, con fuerte custodia militar. La tapa del féretro, soldada y sellada con remaches de metal.
Un informe ‘técnico' sobre el deceso del presidente depuesto es entregado recién el 20 de septiembre, en conferencia de prensa, por el general Ernesto Baeza Michelsen, nombrado en la tarde del 11 director de Investigaciones. Éste había renunciado al cargo el día 12, molesto al parecer por los tejemanejes realizados por el Servicio de Inteligencia Militar para adaptar el cadáver y el Salón Independencia a la versión que se difundió luego sobre las circunstancias del suicidio de Allende.
Según Patricia Verduro, en ‘Interferencia secreta', "el inspector Pedro Espinoza y el subinspector Julio Navarro –de la Brigada de Homicidios– reciben la orden de partir a La Moneda. Deben llevar todos los elementos para hacer un peritaje, incluido el experto planimetrista, un fotógrafo y el perito balístico. Un vehículo militar los lleva primero al ministerio de Defensa. Sólo entonces se enterarán de quién es el muerto.
–Lo asesinó un GAP– informa allí el general Brady.
Cuando llegan a La Moneda entran al ‘sitio del suceso' y reciben una segunda y contradictoria versión.
–Se suicidó… –dice el general Palacios, en el Salón Independencia".
Los expertos policiales de la Brigada de Homicidios son reemplazados esa misma tarde por laboratoristas ‘químicos y físicos' de la Policía Técnica, que firmarán un "acta de análisis de las muestras halladas" de una carilla, agregando –sin reconocer la autoría– el informe truncado de la BH (otras tres carillas, que aparecen con numeración diferente y las iniciales de otro mecanógrafo, en la reproducción de todo el documento). El acta fue publicada el año 2000 por Mónica González, en el libro ‘La conjura: los mil y un días del golpe'.

Dichos y Silencios
La renuncia de Baeza a la Dirección de Investigaciones, y su rápida reconsideración, tras fuertes presiones de Pinochet, ignoradas hasta hoy por la opinión pública, fue recogida en el libro del ex embajador norteamericano en Santiago, Nathaniel Davis, ‘The last two years of Salvador Allende', publicado en 1985. El autor cita como fuente a Robert W. Scherrer, el delegado del FBI para el cono sur, con sede en Buenos Aires. A su vez, el fiscal estadounidense que investigó en Washington el caso Letelier, Eugene M. Propper, en su libro ‘Laberinto' (escrito en colaboración con Taylor Branch), también alude al conflicto del general Baeza con la junta militar: "(...) El general Baeza ordena a los detectives de la BH entrar en La Moneda y realizar una investigación a fondo sobre la muerte de Allende. Esta medida provoca la primera controversia entre los nuevos gobernantes militares, la mayor parte de los cuales se opone violentamente a que el sitio del suceso sea examinado por profesionales. Quieren presentar el fallecimiento de Allende como un suicidio. El general Baeza argumenta que es una cobardía y que tal historia no puede sostenerse como convincente. Al día siguiente [12] dimitirá a causa de esto, y solo Pinochet será capaz de persuadirle de que permanezca como nuevo jefe de Investigaciones del Gobierno militar".
La versión de Propper, extrañamente, aporta el nombre del oficial chileno del Ejército "que había matado al Presidente Allende". Su fuente es, siempre, el agente Scherrer. "Después de emplear casi dos días en beber cafés y tragos con varios confidentes chilenos, Scherrer descubrió [en 1977] lo que quería saber: el capitán René Riveros era un héroe especial para algunos de sus colegas de las FFAA chilenas, porque él fue quien mató al Presidente Allende en el asalto a La Moneda. Este hecho era entonces un secreto de Estado radiactivo", escribe Propper.
El 20 septiembre 1973, en concreto, y citando verbalmente un informe de la Brigada de Homicidios, el flamante director militar de Investigaciones, general Baeza, informa que "el cadáver [de Allende] yacía sentado sobre un diván de terciopelo rojo granate adosado al muro oriental, entre dos ventanas que miran a la calle Morandé, con la cabeza y el tronco levemente inclinados hacia el lado derecho, miembros superiores ligeramente extendidos, extremidades inferiores extendidas y un tanto separadas".
La foto número 1416/73-W, sustraída a fines de 1973 del expediente de Investigaciones, efectivamente tomada el 11 de septiembre (la primera de una serie que va de la A a la Z), que hoy se puede encontrar en diversos sitios de Internet, sin indicar procedencia y como de ‘autor anónimo'. Muestra la real posición del cuerpo del presidente muerto, que no está sentado, sino más bien tendido en el sofá, hasta donde al parecer fue arrastrado (de ahí la posición rígida de las piernas), cargado sobre una frazada doblada puesta bajo su espalda.

El Tiro Por la Culata
El cineasta Patricio Guzmán, autor del galardonado documental ‘Allende', que estuvo a primeras horas del 11-S filmando en las afueras de La Moneda, declaró hace pocas semanas a la BBC de Londres que, con anterioridad a esta foto, el cuerpo de Allende muerto yacía tendido en el suelo.
Pero el 20 de septiembre de 1973, el general Baeza, que ya había olvidado su transitoria renuncia, añadía que "los proyectiles suicidas fueron disparados con el arma puesta entre las rodillas y el cañón pegado a la barbilla". Y agregaba: "Arma utilizada: fusil-ametralladora núm. 1.651, de fabricación soviética, en cuya culata se leía la inscripción: ‘A Salvador, de su compañero de armas, Fidel'".
Todo claro, salvo que el fusil-ametralladora AK-S que aparece en el croquis número 15.254 de la Policía Técnica de Investigaciones, dibujado ex profeso entre las piernas de Allende muerto, no tiene culata, en el sentido tradicional del término; esto es, culata de madera.
La presencia de la dedicatoria "en la culata" (una lámina de bronce), la recuerda expresamente el doctor Óscar Soto, médico de cabecera del presidente, en su libro ‘El último día de Salvador Allende', y también Tati, Beatriz Allende, la hija mayor, en su discurso en La Habana, en el homenaje masivo a su padre, organizado por Fidel Castro, el 28 de septiembre de 1973, en la Plaza de la Revolución ante un millón de personas.
Pero, aparentemente, del fusil-ametralladora dedicado por Fidel Castro no salió ningún tiro el 11 de septiembre, ni el arma estuvo en La Moneda, al menos mientras Allende vivió. Desapareció ese mismo día, y nunca más se lo ha vuelto a ver, aparentemente destruido –junto a todas las otras pruebas físicas de las armas y proyectiles que pudieron intervenir en la muerte de Allende– por orden del general Javier Palacios, siguiendo instrucciones de la junta militar.
El asesor político de Allende y perseguidor implacable de Pinochet, el abogado español Joan Garcés, frecuentaba tanto la casona de Tomás Moro como el refugio de El Cañaveral, camino a Farellones, donde Allende pasaba a veces la noche. "La metralleta obsequiada por Fidel Castro a Salvador", le ha confirmado Garcés a su amigo Víctor Pey (el dueño del diario ‘El Clarín'), "nunca salió de El Cañaveral; siempre estuvo allí, expuesta en una pared del living".
La noche del 10 al 11 de septiembre, tanto Joan Garcés como el periodista Augusto Olivares pernoctaron en Tomás Moro. En la madrugada se trasladaron a La Moneda, tras los autos que llevaban al Presidente y su escolta, armados cada uno de sus integrantes con fusiles-ametralladora AK-S. Éstos eran 20 ó 23, según distintas fuentes, pero el arma obsequiada por Fidel Castro seguía en El Cañaveral.
Es cierto que la Payita, que vivía en El Cañaveral, al enterarse del golpe bajó inmediatamente a Santiago, junto a 13 GAP, entre ellos su hijo, Enrique Ropert, de 19 años. Pero no pudieron llegar con sus armas hasta la misma Moneda. Se ignora si bajaban con el AK obsequiado por Fidel Castro. Fueron hechos prisioneros en la Intendencia, desarmados, incluido el hijo de la Payita, que hasta hoy permanece como detenido-torturado-desaparecido.
Así, en el mejor de los casos, la metralleta de Fidel quedó secuestrada en la Intendencia, aunque lo más probable es que "nunca haya salido de El Cañaveral", como sostiene Joan Garcés. Pero desde la Intendencia o desde El Cañaveral pudo ser fácilmente trasladado aquel AK a La Moneda, una vez concluida la batalla, disparar dos balazos a la muralla, atravesando el gobelino, e inventar la fábula del "suicidio de Allende con el obsequio de Fidel" que propagandísticamente asociaba –y en forma subliminal– el final de la vía pacífica al socialismo con el castrismo.

Un Solo Tiro
Desde los detectives de la guardia presidencial, que defendieron la vida de Allende en La Moneda, hasta los doctores del Instituto Médico Legal, que practicaron la autopsia esa misma noche del 11-S, ante los jefes de Sanidad de cada una de las ramas de las FFAA, muchos coinciden –con distintos grados de certeza– en que el Presidente murió de un solo balazo. Incluso, en un informe oficial se menciona expresamente un cartucho de bala de pistola, que yacía (muy visible) a los pies del occiso, ya percutado, y se elude examinar el arma de donde provino.
Estos testimonios y documentos destruirían la tesis sostenida hasta su muerte, en junio pasado, por el general Javier Palacios Ruhman, de que Allende se suicidó utilizando una metralleta AK que disparaba 20 balas en un segundo, independientemente de si había sido regalada por Fidel Castro o no. Es cierto que el Kalashnikov también se podía disparar tiro a tiro, es decir, uno a uno, pero no de dos en dos, ni de cuatro en cuatro. O se disparaba en ráfaga o tiro a tiro.
¿Pero cómo justificar entonces los dos balazos incrustados en el gobelino que cubría la pared posterior al sofá donde fue depositado su cuerpo ya sin vida? ¿Se necesitaba reforzar la idea de ‘varios' disparos de una metralleta para justificar la presunta utilización del arma obsequiada por Castro?

Oído de Detectives y Médicos
En los informes posteriores de la Policía Técnica y de autopsia (noche y madrugada del 11 y 12 de septiembre del '73), en ningún párrafo se indica el calibre de la o las balas que ultimaron a Salvador Allende, de tal manera que no se determinó finalmente si eran de metralleta o de pistola. Esto ha sido apreciado como altamente "sospechoso" y "más que grave" por distintos autores, entre ellos el chileno Hermes Benítez, que escribió recientemente en Canadá el libro ‘Las muertes de Salvador Allende', presentado el lunes pasado en Santiago por la Editorial Ril.
Mónica González, Patricia Verdugo y María Olivia Monckeberg entrevistaron en la revista ‘Análisis' de junio 1987 a los detectives que combatieron defendiendo La Moneda, y sus declaraciones son sorprendentes.
En el reportaje del trío estelar, ‘Así murió Allende: hablan los detectives de La Moneda', se adhiere sin vacilar a la tesis del suicidio. "Que la izquierda estuviera manteniendo el mito del presidente asesinado no le hacia bien a nadie", recordaría años después Patricia Verdugo.
Las periodistas recogen el relato de los ex funcionarios de Investigaciones Seoane, Romero y Garrido, que aseguran haber oído el ruido de un solo disparo (textual) y tener la certeza de que el presidente se suicidó.
En el informe final de la autopsia médica, concluida en el Hospital Militar la madrugada del 12 de septiembre, se afirma textualmente que "la causa de la muerte [de Allende] es la herida a bala cérvico-buco-cráneo-encefálica reciente con salida de proyectil... El disparo corresponde a los llamados ‘de corta distancia' en medicina legal...".
Sólo los laboratoristas de ‘física y química' de la Policía Técnica (y no los detectives de la Brigada de Homicidios) consignaron que, si bien "la muerte del señor Allende Gossens se produjo como consecuencia de UNA herida a bala… no se descarta [ojo, la redacción]… no se descarta la posibilidad de que se trate de dos trayectorias correspondientes a dos disparos de rápida sucesión".
Lo que nadie supo hasta el año 2003 –al menos públicamente– es que en el momento de morir, Allende estaba en presencia de al menos ocho personas, la mayoría de ellos médicos.
Según relató del doctor José Quiroga, cirujano que actualmente reside en Los Ángeles (California) y entonces miembro del equipo médico que cuidaba al Primer Mandatario, no sólo el doctor Patricio Guijón vio morir a Salvador Allende, sino también el entonces ministro de Salud, Arturo Jirón, Hernán Ruiz Pulido (cardiólogo), el abogado Arsenio Poupin, subsecretario general de gobierno, Enrique Huerta, intendente de palacio y el detective David Garrido.
Una vez afuera y terminada la conquista a sangre y fuego de La Moneda, el general Palacios liberó horas más tarde a todos los médicos que se manifestaron como tales, salvándose de correr la suerte de los otros defensores de la sede del gobierno constitucional, algunos de los cuales hasta hoy figuran en las listas de detenidos-torturados-desaparecidos y fusilados.
"Sólo permaneció arriba el doctor Patricio Guijón Klein, junto al cadáver de Allende, como él mismo ha testificado", concluyó Quiroga.

10 de septiembre de 2006
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