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columna de mérici

el liberalismo según nosferatu


columna de mérici
Hace unos días subí aquí unas reflexiones sobre el liberalismo chileno, apoyándome inicialmente en una columna del escritor Eugenio D’Medina Lora sobre el liberalismo peruano y latinoamericano. Don Eugenio ha tenido la gentileza de comentar esas notas en su blog y en otras páginas en la red. Lo que sigue aquí son las reflexiones que me ha provocado su comentario.

Estimado don Eugenio,

Recorriendo la red encontré su comentario sobre mi alegato en ‘Liberalismo de Tómbola’ (en Columna de Mérici aquí y en atinaChile) contra los llamados liberales chilenos (véase ‘Liberalismo de tómbola o antiliberalismo Sci Fi’, en el blog del autor) . Lamento sinceramente que se haya usted visto incluido, aun si implícitamente, en mi descripción de los liberales chilenos. Nada tengo contra usted ni le tengo de blanco para nada. Pero empecé esa nota apoyándome en su interesante columna sobre las dificultades que tienen los liberales latinoamericanos a la hora de proyectarse políticamente (véase ‘Liberalismo viable’, en Perú Liberal). De ahí en adelante, me concentré en el liberalismo chileno.

Mi conclusión es que, al menos en el caso de mi país, las corrientes políticas llamadas liberales están alejadísimas de lo que se entiende por liberalismo en el resto del mundo. En lo substantivo, un liberalismo que abandona la defensa de las libertades individuales y de los derechos humanos, y se define sólo o preponderantemente como defensa de la libertad económica y la empresa privada como valor supremo, es un liberalismo de tómbola. Es el liberalismo según Nosferatu, el vampiro.

Se dice que estos liberales no tienen las manos manchadas de sangre, pero durante la dictadura se enriquecieron con las privatizaciones ordenadas por el régimen e hicieron la vista gorda en cuanto a las violaciones de los derechos humanos.

En los años setenta teníamos en Chile un liberalismo respetable y razonable. Uno de sus ideólogos fue el historiador Guillermo Feliú Cruz -del que fui alumno-, que llegó incluso a apoyar al gobierno socialista.

El liberalismo posterior es un liberalismo sin anclaje histórico. El Partido Liberal desapareció en 1973. Sus ideólogos de derechas se incorporaron a un nuevo partido llamado Nacional -conservador de extrema derecha- que luego también desapareció. Hubo luego unos años de vacío, hasta que surgió, de la nada, un partido llamado Renovación Nacional, pretendidamente liberal.

Es contra estos liberales contra los que protesto. No logro entender cómo un liberal puede participar en una alianza con un partido de extrema derecha, que hasta el día de hoy defiende a brazo partido a la dictadura pinochetista. Sebastián Piñera, el candidato de la derecha chilena, es uno de esos liberales de tómbola a los que me refiero. En mi visión de las cosas, un liberal no podría aliarse nunca con elementos de extrema derecha. Menos aun con elementos neo-nazis. Imagino que esto debe sonar extraño fuera de Chile. Pero aquí ocurren cosas muy estrambóticas, como que un conocido juez de la Corte Suprema (Alfredo Pfeiffer), protegido de esa monstruosa alianza política llamada Alianza por Chile (del que Piñera es candidato), ha puesto en duda o minimizado, en una entrevista pública, la dimensión del exterminio de los judíos a manos de los nazis.

(En Bélgica y Francia, los partidos de derechas tradicionales -incluyendo conservadores y liberales- firmaron un pacto de defensa de la democracia, respetado hasta el día de hoy, en que se comprometieron a no aliarse nunca, y menos gobernar, con partidos de extrema derecha, independientemente de los resultados electorales. Allá es donde se entiende que la democracia no es un mero instrumento de votación, sino que está íntimamente unida a la defensa de los derechos humanos y las libertades individuales. La derecha chilena representada por lo que yo llamo el partido del Mal -el partido que defiende a la dictadura, la Unión Demócrata Independiente- no sería admitida en esos países como un actor válido en la vida política. Acá en Chile se lo considera normal. Tan normal que sus candidatos pueden decidir sobre el futuro de Chile, sin que nadie vote por ellos).

Como digo en la nota, los liberales de acá no sólo no defienden las libertades individuales, sino que abogan por su restricción, apoyando incluso las posturas más conservadoras y atávicas. Jamás han protestado por el uso de armas de guerra para el control de manifestaciones políticas y sociales de ciudadanos desarmados. Jamás se han pronunciado contra las torturas y asesinatos cometidos por las policías chilenas, actuales como en la época de la dictadura. Son enemigos de la igualdad de derechos. Se han burlado abiertamente del llamado de los católicos chilenos a fijar un salario mínimo digno (que llamaron ético). Aborrecen del matrimonio homosexual. Han rechazado la ratificación de importantes tratados internacionales de defensa de los derechos humanos. Podría seguir enumerando causas. Son estos liberales, en suma, tenebrosos payasos que se distinguen de los vampiros sólo en que estos últimos son nocturnos.

Estos liberales chilenos no se distinguen de los partidos de extrema derecha. Son liberales de tómbola y mazmorra.

Don Eugenio, mi crítica de los liberales chilenos es inmanente. Rechazo el liberalismo chileno por ser poco auténtico y por no estar a la altura de los verdaderos principios liberales. Los acuso de usurpación ideológica, el mismo crimen de la extrema derecha que se pretende católica.

He leído con mucho interés su columna sobre Pinochet. Estoy plenamente de acuerdo con usted en que "no existe atentado a los derechos humanos ni violación a la vida, en cualquiera de sus formas, que sea tolerable en gobernante alguno, sea de la ideología que sea". Comparto con usted la reflexión de que "como liberal, solo puedo ver en Pinochet a un criminal" (véase ‘El Anti-liberal Pinochet’, en Perú Liberal).

No concuerdo con usted en la imagen que guarda usted de Chile, que hoy es el país con la mayor desigualdad económica y social del continente, con gigantescos bolsones de miseria y despiadada explotación, donde los trabajadores apenas si cuentan con derechos y viven a merced de la codicia patronal.

Rechazo su insinuación de que Salvador Allende fuera comunista. Independientemente de su orientación ideológica, que realmente no es relevante, era un presidente elegido por el pueblo para un proyecto de reforma social que pensábamos era indispensable para el progreso del país. Fue derrocado por la intervención foránea y por la vileza de un grupo de generales traidores. Eso es lo que ocurrió, don Eugenio, como acaba de corroborar en estos días una nueva desclasificación de documentos secretos del gobierno estadounidense. Por esta sola razón, es muy difícil juzgar los logros del gobierno socialista, cuyo plan de gobierno, como ha usted de saber, no era diferente de los planes de las alianzas liberales en Europa, que entonces no aborrecían por principio lo que se consideraba la saludable intervención del Estado en la economía, justamente para asegurar el principio de igualdad de oportunidades para todos.

Por eso, estoy muy de acuerdo con usted en que "el hecho de que alguien sea partidario del libre mercado y de la apertura comercial no significa que sea, necesariamente, liberal". Como se lo dije, nuestros liberales chilenos tienen más de vampiros que de otra cosa.

Finalmente, tengo la impresión de que usted cree que Chile ha recuperado su democracia. Me gustaría convencerle, si es el caso, de que esto aún no ha ocurrido. Chile se rige todavía con la Constitución de Pinochet y Lagos. Esta Constitución establece un sistema electoral llamado binominal para las elecciones parlamentarias.

Este sistema -copiado de la dictadura comunista polaca, que ha sido el único país del mundo, además de Chile, donde se implementó esta farsa- consiste en limitar la participación en esas elecciones a sólo dos bloques de partidos políticos. Lo peculiar es que para cada circunscripción electoral donde han de elegirse dos senadores (en el caso de la Cámara Alta), cada uno de los dos bloques debe presentar dos candidatos (tenemos pues cuatro candidatos). El primer senador elegido es aquel que obtiene la primera mayoría. Pero el segundo senador nombrado no es la segunda mayoría -como en las democracias representativas- sino la primera mayoría del bloque opositor, aun si es superado por el segundo candidato del primer bloque.

Esta farsa implica que el Parlamento está dividido exactamente en dos bloques de número fijo, con lo que gobernar y la mera gobernabilidad, pese a lo que sostienen sus partidarios, es simplemente imposible. El país está paralizado, agarrotado por la extorsión del sistema que entrega la mitad del poder a políticos que no han sido elegidos por nadie y que dependen de las cúpulas de los partidos participantes. Dígame usted si, en este contexto, no parecen mejores las llamadas democracias populares.

Acá los nativos se disputan sobre lo que llaman el sistema presidencialista. En realidad, el presidente ni pincha ni corta, y todo el poder está en manos de la Cámara Alta, de la que los ciudadanos sólo elegimos la mitad. La otra mitad vienen con el sistema -por omisión. Lo que quiere decir que en nuestro sistema el voto del ciudadano vale exactamente la mitad. (Las elecciones presidenciales son del tipo un ciudadano un voto, pero no las parlamentarias).

Por esta razón es razonable decir que Chile vive todavía en dictadura. Y las reformas constitucionales necesarias para eliminar este sistema y volver a una democracia de corte más occidental han sido obstaculizadas y bloqueadas permanentemente por el partido llamado liberal.

Le agradecería mucho si usted contribuyese en su país a contar esta verdad sobre el mío. Es fácil alabar el sistema económico chileno cuando se ignora que el sistema funciona en parte gracias a los enormes obstáculos que entorpecen la formación de sindicatos, a la práctica imposibilidad de la negociación colectiva y al siempre contundente instrumento de la represión policial, que, como antaño,  no desdeña ni las torturas ni el crimen.

Atentamente,

Amado de Mérici

[mérici]

liberalismo de tómbola


columna de mérici
Hace dos años publicaba Eugenio D’ Medina Lora un llamado a renovar el liberalismo latinoamericano, y en particular el peruano (Liberalismo viable). El fracaso de los liberales -donde los haya- en la vida política latinoamericana lo atribuye él a una estrategia de comunicación fracasada y al autismo de sus líderes. Mientras que los modelos liberales en economía -que el autor olvida que impusieron a sangre y fuego las poco liberales dictaduras militares y no por el bien general del país sino para pagar y favorecer a los grupos y políticos que habían pedido su intervención en la vida política, facilitando el enriquecimiento de unos y otros- se extienden por América Latina, el discurso liberal en política es derrotado una y otra vez en las urnas.

D’Medina Lora reprocha la pusilanimidad de los liberales. Pareciera que los liberales han simplemente perdido su identidad. Sin embargo, ha de considerarse que con el liberalismo, cuyos principios en economía defienden ahora incluso los socialistas, está pasando lo que pasó con el marxismo, que muchos de sus conceptos fueron de tal modo incorporados en la sociología, la historia y la economía general que ahora muchos de los que utilizan esas perspectivas de análisis ni siquiera están conscientes de su origen. Muchos conceptos marxistas han sido incorporados al bagaje intelectual general de nuestra época. La defensa de las libertades individuales, los derechos humanos y la democracia son igualmente premisas ideológicas que ya no pertenecen únicamente a las tendencias liberales. Igualmente, la defensa de la sindicalización y el salario mínimo, de la vivienda social y la educación subvencionada tampoco son, hoy por hoy, reivindicaciones exclusivamente socialistas.

El mutismo y pasividad de los liberales en el continente también puede explicarse por el pudor que sienten sus líderes más decentes, por su pasada colaboración con las dictaduras militares, como es, al menos, el caso en Chile. Hoy, los liberales -un pálido reflejo de los liberales de antaño- trenzan alianzas con partidos y movimientos ultra-conservadores y de extrema derecha e incluso neo-nazis comprometidos hasta el tuétano con las dictaduras, los estados de excepción y las más escabrosas violaciones a los derechos humanos. Tal es la miserable alianza entre los liberales de Renovación Nacional y el partido de la extrema derecha, la Unión Demócrata Independiente, que sigue defendiendo a la dictadura chilena, a pesar de -y quizás debido a- las numerosas y probadísimas violaciones a los derechos humanos.

¿Cómo podrían los liberales de Renovación Nacional convencer a los chilenos de que son en realidad liberales? Actualmente no convencen a nadie. Pese a la posición de algunos de sus dirigentes, RN sigue oponiéndose a las reformas constitucionales que son necesarias para eliminar el sistema binominal, que es el principal obstáculo para el retorno al país de un sistema político verdaderamente democrático. El sistema binominal, que es como se elige a senadores y diputados en Chile, es una farsa humillante y tan alejada de la democracia como las llamadas democracias populares de antaño.

En el terreno de los derechos humanos, sus relaciones y pactos con el partido del Mal (la Unión Demócrata Independiente) desvirtúan su declaración de principios y otros gestos. Se han opuesto a la ratificación de importantes tratados internacionales en materia de derechos humanos, en particular a la del Estatuto de Roma, que fundó la Corte Penal Internacional para juzgar subsidiariamente los delitos de genocidio, lesa humanidad y crímenes de guerra. También han obstaculizado la ratificación de los tratados contra la desaparición forzosa y otros pactos internacionales para la protección de los derechos humanos. Esos tratados son indispensables para promover el imperio del derecho internacional, en cuya expansión la historia de Chile tuvo justamente un papel tan importante.

En otros temas los liberales de Renovación Nacional francamente son indistinguibles de los conservadores más atávicos. Nunca he oído nada dicho por un liberal de estos, ni leído nada escrito por alguno de ellos repudiando, por ejemplo, la increíble e injustificada violencia con que reprime la policía manifestaciones sociales, casi siempre pacíficas. Nada han dicho sobre el hecho de que el gobierno socialista permita que los carabineros utilicen armas de guerra en la represión de manifestaciones políticas e incluso en conflictos sociales, como durante la campaña contra los mapuches. Nunca les he oído condenar las torturas y asesinatos cometidos por la policía contra activistas políticos y sociales. Jamás han condenado la salvaje violencia con que efectúan los policías allanamientos en barrios pobres. Ni la práctica decididamente totalitaria de allanar barrios enteros, para lo cual las fuerzas policiales rodean las barriadas durante la noche hasta entrada la madrugada, tratando a los habitantes prácticamente como enemigos de guerra.

Al contrario, pierden el tiempo redactando proyectos de ley tan insignificantes, irrelevantes y poco prácticos como el recientemente discutido proyecto para prohibir -una vez más, porque el delito ya existe en el Código Penal- y sancionar el maltrato de palabra a carabineros y miembros de las fuerzas policiales.

¿Liberales? En el resto del mundo los liberales defienden las libertades individuales. Entre las causas más típicas de los liberales se encuentra, por ejemplo, el rechazo a la intervención del estado en lo que se considera el fuero íntimo de las personas y el concomitante derecho a decidir libremente sobre el uso de drogas. Acá, los liberales apoyan las medidas más represivas, injustas y estúpidas imaginables en cuanto a la represión de las drogas no producidas por los barones liberales mismos -las llamadas drogas ilícitas, pues las legales, como el alcohol, son incluso promovidas por el estado y son probablemente producidas por los que lo manejan.

Los liberales, en otras partes del mundo, defienden la libertad sexual y la libertad de expresión. Defienden cosas como el derecho a que las mujeres puedan ejercer el sacerdocio en las instituciones religiosas y luchan por la igualdad entre los sexos. En otras partes del mundo luchan por el respeto y contra la discriminación de las minorías sexuales, por la legitimidad del matrimonio homosexual y por el derecho a reconocer a esas uniones los mismos derechos que las uniones heterosexuales -con derecho a pensión, a vivienda, a planes de salud. En otros continentes pertenecen a los liberales las causas básicas de defensa de cosas como el salario mínimo y la sindicalización, porque entienden que el estado debe intervenir en protección de los grupos más desvalidos -aquí estos liberales de pacotilla se burlan incluso de la más que razonable propuesta de Monseñor Goic de fijar un salario ético.

¿Qué queda, pues, de los liberales chilenos? Un liberalismo que desecha sus principios fundamentales -que son los derechos del hombre, las libertades individuales y la democracia como sistema político- y que sólo recoge como credo supremo la libertad económica, entendida esta más bien como el derecho a la codicia, al robo y a la explotación (pues en Chile se funda en las privatizaciones decretadas durante la dictadura -método con el cual se enriquecieron los actuales líderes e ideólogos del liberalismo), la prohibición y persecución del sindicalismo y la mantención de un régimen laboral que permite la explotación despiadada de los trabajadores, que como el derecho al libre ejercicio de actividades económicas, no es realmente lo que pretende ser.

Y, sí, D’Medina Lora tiene razón cuando destaca que hoy las tendencias antiguamente totalitarias -que defendían y propugnaban la revolución armada para fundar una dictadura del proletariado con un sistema político unipartidista- son las que defienden los principios que los liberales abandonaron: la democracia, las libertades individuales y los derechos humanos. Él cree que es el mundo al revés. Yo creo que, simplemente, las cosas cambiaron. La derecha latinoamericana no estuvo nunca asociada ni a la democracia ni a los derechos humanos. Al contrario, quien dice derecha dice golpes de estado y dictaduras, matanzas y ejecuciones extrajudiciales. La derecha -entre ellos los liberales- rara vez se ha destacado en la lucha por las libertades. Y ha logrado reunir en torno suyo a la escoria de nuestras sociedades -léase elementos fascistas y neonazis.

Esto no es liberalismo ni aquí ni en la Cochinchina. En Chile el liberalismo desapareció en 1973, engullido por la fuerte convulsión social que vivió el país. Se enterró con Guillermo Feliú Cruz, el último gran ideólogo liberal que tuvo Chile y que rechazaba en duros términos la campaña reaccionaria contra el gobierno de Salvador Allende. El apoyo que prestó el liberalismo de izquierda al gobierno socialista finalmente significó su exclusión de la vida política. El liberalismo que ha surgido posteriormente es un liberalismo de derechas, carente de tradiciones históricas y carente igualmente de principios sólidos. Un liberalismo hecho a la medida de oportunistas, filibusteros y ladrones que se enriquecieron a la sombra de la Bestia. Canallas que guardaron silencio durante la mayor parte de la dictadura, tan ocupados estaban en su propio e ilícito enriquecimiento.

El liberalismo chileno se parece más al colombiano que a cualquier otra cosa, al liberalismo de gentes como Álvaro Araújo Noguera, el ex canciller de Álvaro Uribe y prófugo de la Justicia que acaba de ser detenido en Venezuela (véase La Nación. Este prócer del liberalismo era buscado por la justicia de su país por sus lazos con las milicias paramilitares, el secuestro de un candidato que le hacía problemas y por extorsión. Como se ve, un liberal ejemplar, protegido de un presidente autoritario -Álvaro Uribe- investigado por su participación en una matanza de campesinos y por sus lazos con los criminales paramilitares. No sorprende que el cabecilla de los liberales chilenos -Sebastián Piñera- lo admire tanto.

¿Cómo podría un liberal felicitarse de que un gobierno bombardee a los opositores que han tomado las armas, en lugar de recurrir a métodos policiales normales y decentes de un estado de derecho para llevarles a justicia? ¿Cómo felicitar a un presidente con reconocidos lazos con bandas de asesinos a sueldo encargados de exterminar a los dirigentes sindicales? ¿Quién podría felicitar al presidente de un país donde una parte considerable de la población vive en la extrema pobreza y donde el presidente mismo se ha enriquecido recurriendo a prácticas como la expropiación ilegal de tierras campesinas?

En Chile los llamados liberales son más falsos que Judas. Son liberales de kermes y tómbola.

[mérici]

la salvaje jauría de perros vagos


columna de mérici
Según El Mercurio de Calama, ayer [3 de septiembre de 2008] fue atacada una mujer de esa ciudad por una "jauría de perros salvajes". Bajo el título ‘Mujer salvó con vida de feroz ataque de jauría en La Cascada’, el diario informaba sobre las heridas sufridas por la mujer, y agregaba sabihondo: "Al hablar sobre los problemas sociales que aquejan a Calama, uno de ellos es, sin duda, la cantidad de perros vagos que deambulan por todas las calles céntricas y periferia de la ciudad". De acuerdo con el escritor del artículo, "el problema no es menor ya que en varios casos se están registrando ataques a los transeúntes que en diversos puntos de Calama se encuentran con estas pandillas caninas".
El periodista describe el ataque con gran dramatismo. Un poblador que pasaba por el lugar en su camioneta "divisó entre la jauría de perros salvajes un bulto que era movido para todos lados y fue en ese momento cuando se percató que se trataba de un ser humano, que estaba siendo atacado violentamente. Frente a ello se bajó raudamente de su vehículo y alejó a los canes del cuerpo de la atacada".
El ataque fue inusitadamente violento. La mujer fue mordida y arrastrada por más de una decena de perros que, si no hubiese sido por la providencial intervención del conductor, probablemente habrían terminado con su vida.
Seguidamente, el periodista parece haber entrevistado sobre el caso al prefecto de Carabineros, Luis Henríquez, que declaró que "hay mucho perro vago que en este minuto son prácticamente bestias hambrientas que no van a dudar en atacar a un niño, persona que no pueda repeler este ataque y esto es lo que pasó en este caso".
Sin embargo, no fueron perros ni salvajes ni vagos -vale decir, callejeros sin dueño- los que atacaron a la mujer. Fueron perros con dueño, según reconoce la edición de El Mercurio de Calama de hoy 4 de septiembre en un informe sobre un segundo ataque ocurrido en el mismo sector de la ciudad. Esta vez la víctima fue un hombre de 73 años que perdió la conciencia durante el ataque y que, como en el caso anterior, probablemente debe su vida a la intervención de los vecinos del lugar.
Según el diario, los perros tienen dueño, la propietaria ha sido ya identificada y el departamento de Higiene Ambiental ha iniciado un sumario sanitario que contemplará multas en dinero y la "eliminación" de los canes.
La Comisión de Control Canino de Calama, formada por empresas del sector público y privadas de la ciudad, declaró enfáticamente que no existe una "jauría de perros vagos que circula por la ciudad, atacando a las personas", desmintiendo tanto la edición anterior del diario como al prefecto de Carabineros.
El Mercurio de Calama nos brindó de esta manera una nueva exhibición del escaso nivel de formación de sus periodistas. Queda claro que el reportero no entrevistó a los vecinos del sector, y no sabemos si visitó el lugar donde la mujer fue atacada. Si lo hubiese hecho, como lo hizo al día siguiente el señor Lucas Buchard, director del Departamento de Higiene Ambiental, se habría encontrado con los vecinos que asistieron al hombre atacado y se habría enterado que los perros responsables de la agresión eran en realidad perros del barrio, y con dueño.
Supongo que se limitó a acercarse al hospital donde fue atendida la primera víctima y a entrevistar al personal médico y al oficial de guardia. Y todos ellos, interrogados sobre el incidente, se aferraron a la respuesta que esos mismos periodistas han imprimido en la mente de los lectores: que los responsables de los ataques son perros vagos, que recorren la ciudad -como afirmó equivocadamente incluso el prefecto- formando jaurías hambrientas que no dudan en atacar a niños o personas desvalidas para saciar su hambre.
¡Vaya imaginación! ¿Quién de nosotros ha visto a grupos de perros devorar a un ser humano vivo? ¿O leído en algún texto que no sea novela? Hace unos años causó conmoción el caso de unos perros que fueron encontrados con restos de un bebé recién nacido en sus hocicos. Pero el bebé había sido asesinado por su propia madre, tras lo cual dejó su cadáver en una bolsa de plástico en la calle. El comentado caso de Hans Pozo, el chico asesinado y descuartizado por su amante, salió a la luz cuando se descubrió a unos perros caminando con trozos de su cuerpo en el hocico.
En otro caso reciente, también tratado ampliamente en la prensa, unos perros vagos habrían atacado y devorado partes del cuerpo de la víctima en la plaza mayor de una ciudad del sur Chile. Pero luego se descubrió que el hombre había muerto de muerte natural y no quedó realmente en claro si los perros lo habían devorado. En otro ejemplo similar, tras acusar a unos perros vagos de haber devorado partes del cuerpo de la víctima, se estableció luego que los perros sólo habían intentado despertarlo.
En un último caso reciente se acusó a un grupo de perros callejeros de haber matado y empezado a comer el cadáver de la víctima, sólo para descubrir después que el hombre había sido asesinado por el dueño de la pensión donde vivía, que había montado posteriormente la escenografía y guión de su macabrísima muerte.
Pero estas historias de perros comegente tienden a ocurrir más en novelas y cómics que en la realidad. En esta última lo que ocurre a menudo es que los perros, callejeros o no, en lugar de devorar a los humanos desvalidos, les ayudan y socorren, como en el reciente caso de la China, una perra que acababa de parir y que salvó de una muerte cierta a un bebé recién nacido arrojado por su madre al patio de su casa. Lo había arrojado desnudo para que muriera de frío. La perra -China- lo jaló con su hocico hasta su propia guarida, donde lo arropó y trató de alimentarlo junto a sus cachorros. Sin embargo, en los primeros informes se abrigó la testaruda e infame sospecha de que la perra la había mordisqueado para comérsela. Abundan los ejemplos sobre la natural bondad de los perros.
Con estos análisis deficientes e infundados, El Mercurio de Calama viene propagando y reforzando una imagen de los perros callejeros como responsables de todo lo que anda mal en las calles de Calama, pese a que, en ocasiones, el mismo diario ha reconocido las  falencias de su cobertura. Cuando se inició en junio de 2008 la campaña ‘Aperra con tu perro’, un proyecto municipal de fomento de la tenencia responsable de mascotas, el mismo diario insistió en que "en Calama no existe sobrepoblación de perros y [...] más del 90 por ciento de los que se ven deambulando por las calles tiene dueño. Son datos que todos debemos tomar en cuenta y que a partir de los mismos debemos sacar conclusiones" (El Mercurio de Calama del 10 de junio de 2008), una recomendación que sus propios periodistas ignoran o rechazan.
Los perros callejeros no son el problema. El problema son los que los abandonan a su suerte en las calles. Se ha comprobado repetidas veces que la inmensísima mayoría de los perros callejeros son perros con dueño. También se ha comprobado numerosas y repetidas veces en todo el país que la inmensísima mayoría de los ataques caninos son realizados por perros con dueño. Sin embargo, muchos insisten majaderamente en describir a los perros vagos como responsables no sólo de las inevitables mordeduras y esporádicos ataques, sino incluso de actos de antropofagia.
Un factor que ciertamente ha de tomarse en cuenta tiene que ver con la cultura, y lo han señalado incluso los periodistas de El Mercurio de Calama: los calameños dejan salir a sus perros a la calle. Y no solamente los calameños. Esta práctica se extiende por todo Chile y forma parte de la relación que han establecido los chilenos con sus perros. Muchos perros vuelvan a casa a dormir. No me parece que sea una costumbre reprochable en sí misma. Los chilenos tratan a sus mascotas como miembros de la familia, y, en realidad, como niños. Y como a los niños se les concede que salgan a la calle a visitar y jugar con sus amigos. Pero también es verdad que muchos vecinos los dejan en la calle para que se busquen su propio sustento.
Ahora los diez o catorce perros responsables de estos dos últimos ataques en Calama corren el riesgo de ser exterminados. ¿Por qué? El Mercurio de Calama, en su edición del 4 de septiembre de 2008, dice amenazante que el Departamento de Higiene Ambiental está contemplando "la eliminación de todos sus guardianes [refiriéndose a la propietaria y sus perros]".
Ese departamento municipal, sin embargo, no tiene autoridad para ordenar el exterminio de los perros. Ni siquiera tiene esa autoridad el seremi de salud, que es la única instancia oficial facultada para decidir la muerte de un perro y sólo si después de diez días de observación se demuestra que padece de rabia y constituye por tanto un peligro para la salud pública. El exterminio de los perros de La Cascada es ilegal.
Hay un factor que es necesario tener presente cuando se dan situaciones de este tipo. Los seres humanos no son la única especie con historia y psicología. También los perros y otras especies presentan patrones de conducta que son fuertemente influidos por sus historias familiares y locales. No es verdad, por ejemplo, que los pumas acechen, persigan y maten para comérselo a todo humano que se cruce en su camino. Por lo general, los pumas siguen a los humanos por simple curiosidad, porque suelen preferir el cordero para la cena. Pero sí se han dado casos de pumas que atacan sistemáticamente a humanos en contextos locales en que han sido víctimas de la violencia humana.
Los animales reaccionan frente a los humanos de diferentes maneras dependiendo del tipo de relación que han establecido con grupos humanos en zonas geográficas específicas -que puede ser una cuadra, un barrio o un bosque. Y este factor opera en perros tanto como en felinos, pecaríes, pumas, zorros y otras especies.
Además de la historia local de su relación con grupos humanos, los animales, y en especial los perros, modifican y adaptan su conducta según la personalidad del jefe que dirige el grupo o la familia. Hay perros que son derechamente hostiles hacia los humanos -por su historia personal en la relación con los humanos, o por sus rasgos psicológicos. Son los menos, pero si dirigen un grupo o jauría pueden constituir un peligro para los humanos. Aún así, los perros suelen ser hostiles sólo cuando sienten o temen que se amenaza lo que consideran su territorio. Pero tomados individualmente, los perros de estos grupos peligrosos suelen ser perros dóciles y suaves, como son en general estos animales.
En el caso de los perros con dueño, su conducta es modelada en gran parte por sus dueños. Si estos perros con dueño se muestran agresivos, es porque su dueños les han enseñado a comportarse así. Las medidas a tomar para evitar situaciones semejantes en el futuro deben incluir probablemente separar al jefe del grupo y reeducar -para eso debiese usarse la multa- a todos los demás para ser entregados posteriormente en adopción.
No me parece que estos perros de Calama deban ser exterminados. El principio de que todo perro que ataca a un ser humano debe ser exterminado pertenece a una ideología colonial y rural, cuando se suponía que los perros que habían atacado a un ser humano inevitablemente volverían a hacerlo por haberle cogido el gusto. Pero en esa época los perros acusados de atacar a un ser humano eran llevados a juicio, y muchos de ellos salvaban la vida cuando se consideraban las circunstancias en que habían atacado.
Hoy sabemos que los perros, como los humanos, aprenden y desaprenden. Que sus sociedades -sus grupos y camadas- pueden tener jefes autoritarios y crueles, como entre otras especies. La solución en estos casos no me parece que sea el exterminio ciego e irrazonable de animales que, en realidad, no son exactamente culpables en el sentido judicial del término, sino su reeducación y reinserción en una relación más amistosa con los humanos.
¿Solucionaríamos los problemas de nuestro niño humano con un vecino matando a este último, como hizo un carabinero el año pasado? No podemos solucionar los problemas que tenemos con los perros simplemente matándolos. Con eso matamos a perros individuales, lo que no solamente es tremendamente injusto sino además no nos permite solucionar el problema. Y el problema es la relación que tenemos con nuestros animales, vale decir, el problema somos nosotros, la parte de la relación que define esa relación.

[La foto la encontré en el blog La Alternativa].

[mérici]

derecha descubre derechos humanos


columna de mérici
El 26 de agosto pasado publicaba un diario del norte de Chile una breve e intrigante nota de seis renglones. Decía esta que el senador Hernán Larraín, cabecilla de la extrema derecha chilena, y hasta hace poco secretario general de la Unión Demócrata Independiente, "señaló que en la medida que Chile avance en la tipificación de los delitos que contempla el Tratado de Roma -que creó la Corte Penal Internacional- como el genocidio, delitos de lesa humanidad y de guerra, ‘podemos pensar en que la aprobación del Tribunal Penal Internacional (TPI) sea algo posible’" (El Chañarcillo).

No deja de resultar extraño que, después de haber dirigido la oposición contra la ratificación de ese y otros tratados en materia de derechos humanos, uno de los jefes de la reacción haya cambiado de opinión tan radicalmente. ¿Por qué hace un año no convenía ratificar el Estatuto de Roma, y ahora aparentemente sí? ¿Qué ha pasado entretanto?
    
En enero de 2007 el diario La Nación informaba sobre la suspensión, por parte del gobierno, de la votación en el Senado para ratificar el Estatuto de Roma -en que se funda la Corte Penal Internacional que juzgará los delitos de genocidio, de lesa humanidad y crímenes de guerra- ante la falta de apoyo a la iniciativa oficial en el Senado. Los senadores de la UDI, el partido de la dictadura, se negaba a firmar la ratificación del tratado.

Los senadores de la extrema derecha temían que el tribunal internacional no reconociera los acuerdos a que, según se cree, habían llegado con el gobierno, principalmente los relativos al decreto de amnistía de Pinochet y a la imprescriptibilidad de los delitos que cubre el tribunal. Como se sabe, no siendo esos delitos prescriptibles ni susceptibles de ser amnistiados, el tribunal podría en cualquier momento reabrir causas que los tribunales chilenos consideran cosa juzgada según sus leyes internas.

Parece claro que lo que preocupa a esos senadores es proteger a los militares que fueron o están siendo procesados por delitos susceptibles de ser clasificados como alguno de los delitos que cubre el tribunal internacional. Eso terminaría definitivamente con la impunidad que esos senadores quieren asegurar para los que, por encima de Chile, consideran sus militares.

En segundo lugar, pese a sus pretensiones nacionalistas, los senadores de la UDI temían que Estados Unidos, que se opone a la Corte Penal Internacional y ciertamente no ha ratificado el Tratado de Roma, llevara a cabo sus amenazas contra los países que sí accedieran a ratificar este estatuto, afectando la defensa del país, y en particular la cooperación militar con Estados Unidos.

Un tercer motivo mencionado por el senador Larraín para entonces fue que Chile carecía de una tipificación propia de esos delitos. Por tanto, concluía, "si nosotros no las tenemos [las normas o tipificaciones] y se aplica el tratado, se nos van a aplicar los conceptos de genocidio y delitos de lesa humanidad contenidos en el tratado, que son muy genéricos, muy amplios, es decir, hay un grado de incertidumbre jurídica muy grande". Expresaba de este modo su temor a que los militares culpables de violaciones a los derechos humanos pudieran ser acusados de alguno de los delitos cubiertos por el tribunal internacional.

Es común que toda vez que se menciona el tema de los derechos humanos, los políticos de extrema derecha reaccionen defendiendo a los militares pinochetistas, justificando la intervención militar en la vida política del país. Sin embargo, si la intervención militar se justificaba o no, o si fue necesaria o no, no es pertinente en este debate. No está eso en discusión, sino la conducta de los militares durante el período de gobierno militar y su tratamiento de los prisioneros y de la población civil.

No es evidente que fusilar a los detenidos sin someterles previamente a juicio, o torturar a algunos hasta la muerte, sacarles los empalmes de oro, o los ojos, u
obligar a los prisioneros a matarse entre ellos, tenga algo que ver con la presunta necesidad de la intervención militar. Quizás la ausencia de juicios, y por tanto la ausencia de documentos, demuestra precisamente que los militares querían ocultar esa falta de motivos sinceros. La publicación de infundios reconocidamente falsos -como el Plan Z- refuerza estas sospechas.

Pero como quiera que sea, tampoco es un tema relevante en esta discusión. La incapacidad de la extrema derecha de distinguir entre intervención y respeto de los derechos humanos es algo que la ha caracterizado desde siempre. Para sus políticos, el régimen de excepción está necesaria e inexorablemente relacionado con la comisión de atrocidades contra opositores al régimen y contra la población civil. Nunca deja de sorprender su defensa tan encarnizada de la tortura, el crimen y el terror.

Quizá algún día algún experto en criminalística o en personalidades criminales pueda decirnos qué lleva a esas gentes a suponer que, en un régimen de excepción prolongado, la tortura y el terror, y la arbitrariedad y la violación de las leyes son elementos imprescindibles de un régimen militar que trata a los habitantes del país como si fuesen sus enemigos.

Las tres situaciones que objetaba la UDI a fines de 2006 y principios de 2007 no han cambiado. Los delitos que cubre el Tribunal Penal Internacional son imprescriptibles e inamnistiables. Si algún tribunal nacional ha declarado en algunos de esos juicios por derechos humanos que los delitos ya prescribieron, o si aplicaron el decreto de amnistía pinochetista, tendrán que aceptar que el tribunal internacional declare esos fallos nulos -aunque no se ve cómo podrán argumentar los tribunales chilenos que han aplicado, por ejemplo, la ley de prescripción a delitos -como los delitos de lesa humanidad- que la legislación nacional ni siquiera contempla.

Por otra parte, también les va a costar imponer el criterio de la no retroactividad de las leyes cubiertas por el tratado, habida cuenta que los derechos pisoteados durante el régimen militar se encuentran todos cubiertos por la propia Constitución, aun si fuese de manera inmanente, vale decir, que, por ejemplo, la igualdad ante la ley o el respeto de la integridad física, son principios protegidos por la Constitución, aun si el Legislador no ha logrado hacer aprobar un cuerpo de leyes donde se encuentre la violación de estos derechos tipificados como delitos. De modo inmanente, para la Constitución son delitos.

El tercer temor del cabecilla de la UDI -dejo el segundo (el temor al castigo norteamericano] de lado- era que, no conociendo Chile ninguno de los delitos que contemplará la Corte Penal Internacional, el tribunal defina los crímenes cometidos por los militares pinochetistas como de lesa humanidad o genocidio, que serían muy genéricos y amplios. Por eso, hacen depender la ratificación del tratado de la introducción de leyes en ese sentido en la legislación nacional. El absurdo es, según se ve, pretender que la tipificación de esos delitos pueda diferir en alguna manera substancial de la tipificación propia en el derecho internacional. Eso sería un sin sentido.

De esto se desprende, obviamente, que las objeciones del partido del Mal son simplemente un engaño, una maniobra cuyo fin es dilatar indefinidamente la ratificación y la modificación de leyes internas, probablemente con la esperanza de que, cuando consideren oportuno aprobar finalmente la CPI, la mayoría de los militares acusados y de sus cómplices civiles, entre ellos los propios políticos del partido pinochetista, habrán ya muerto o estarán con un pie en la tumba. Las objeciones de la UDI son trucos cuyo fin es garantizar la impunidad de los criminales.

Si hoy el senador Larraín insinúa que estaría la extrema derecha a favor de la ratificación del Estatuto de Roma no es por una convicción ética recuperada en cuanto al respeto de los derechos humanos ni por una súbita iluminación religiosa, sino porque conviene a la propia causa de la protección de los criminales que la derecha acceda finalmente a su ratificación.

El Mercurio, en un memorable editorial del 4 de agosto, llamaba a apurar la tipificación de los delitos que cubre la Corte Penal Internacional y su introducción en la legislación nacional con el fin declarado de, por decirlo así, adelantarse al tribunal internacional y proteger de mejor manera a los militares pinochetistas. En la situación actual, "[...] previamente a cualquier ratificación, y dado que en nuestro ordenamiento jurídico interno no hay normas que sancionen especialmente los delitos contenidos en el Estatuto de Roma, debe legislarse sobre esta materia y tipificar esas conductas. De lo contrario, se le estaría dando una competencia directa a la CPI, impidiendo que nuestros tribunales tengan la oportunidad de pronunciarse sobre estos graves delitos" (El Mercurio).

Le quedó esto claro a El Mercurio con la detención en Barajas del ex fiscal militar Podlech, buscado por la justicia italiana por la desaparición de varios ciudadanos italianos. En Chile, el ex fiscal no está siendo juzgado por ningún tribunal, pese a su conocida participación en crímenes que juzga hoy el tribunal internacional. Es probable que, tras España, sea reclamado por Francia y por la Corte Penal Internacional misma, si se determina que en Chile no fue juzgado por los crímenes que se le imputan. Es evidente que al señor Podlech no le ayuda no haber sido juzgado en Chile. La impunidad de que gozó durante todos estos últimos años ahora le está pasando la cuenta.

El 27 de agosto envió el gobierno una indicación para reactivar la tramitación del proyecto de ley (presentado en 1999) que tipifica los delitos que cubre el tribunal internacional (de guerra, genocidio y de lesa humanidad). Según declaró el ministro Viera Gallo, "ahora estamos presentando este proyecto de ley por la importancia que tiene, en el derecho interno, tipificar y sancionar estos gravísimos delitos, pero también como un primer paso para poder llegar y culminar con la plena adhesión de Chile a la Corte Penal Internacional, ratificando el Tratado de Roma" (en La Nación).

Enrique Cury , ex ministro de la Corte Suprema y profesor de derecho penal en la Universidad Católica, miembro del equipo que asesoró al gabinete en estos asuntos, fue igualmente explícito, declarando en relación con la competencia subsidiaria del tribunal (vale decir, que el tribunal interviene sólo en caso de que los delitos no estén tipificados en la legislación nacional o si no han sido juzgados), que "importa mucho que Chile tenga incorporada a su legislación estas figuras punibles, de tal manera que si llegara a ocurrir que en el futuro se da algún caso de comisión de este tipo de delitos, Chile pudiera ser el primero en reclamar competencia para decir yo voy a juzgar estos hechos de conformidad con mi legislación vigente que es precisamente la que se trata de aprobar ahora". En efecto, parece replicar El Mercurio. "De lo contrario, se le estaría dando una competencia directa a la CPI, impidiendo que nuestros tribunales tengan la oportunidad de pronunciarse sobre estos graves delitos".

Ahora nos encontramos en una curiosa y surrealista situación: la aprobación de leyes internas que tipifiquen los delitos que cubre el tribunal internacional -genocidio, lesa humanidad y crímenes de guerra-, como paso previo a la ratificación del Estatuto de Roma, conviene a la extrema derecha, que defendió siempre y sigue defendiendo a los peores criminales de la historia del país. La introducción de estas leyes de protección de los derechos humanos ahora conviene para seguir resguardando la impunidad de esos criminales.

[La imagen es ‘Next Time It Could Be You’, del artista David Aronson].

[mérici]


un caso de usurpación ideológica


columna de mérici
La usurpación ideológica es un método al que se recurre habitualmente en el mundo del espionaje, y en la política. Consiste en asumir otra identidad que la propia, y a menudo una identidad opuesta -la del enemigo, por ejemplo, para que se le haga responsable de tus acciones, o alguna otra, que desvíe la atención de los que te persiguen. En muchas ocasiones es todavía más que eso, y se utiliza como un instrumento de tortura más, para profanar y mofarse de los valores de los que se considera enemigos. La usurpación está también muy cerca de la traición.

Se me viene un buen montón de ejemplos a la memoria. Durante el gobierno socialista entre 1970 y 1973 en Chile, período durante el cual presenciamos numerosos atentados terroristas contra objetivos como puentes y torres de alta tensión, sus autores abandonaban proclamas y panfletos en los lugares donde atentaban pretendiendo que eran comunistas o socialistas o marxistas revolucionarios. Pero eran elementos de extrema derecha. El lenguaje los delataba de lejos. También sus métodos.

De ese modo -entre otros muchos casos- se pretendió culpar del asesinato del comandante en jefe del Ejército, Raúl Schneider, en 1970, a organizaciones de izquierda.

"El trabajo libera", rezaba un letrero a la entrada de un campo de exterminio nazi. Engañaban así a los internados sobre el destino que les esperaba. Se les hacía creer que su internamiento tenía un propósito humano. En 1974, Pinochet, inesperadamente, explicó su gobierno de facto diciendo que defendía el catolicismo y la civilización -justamente en uno de los años más crudos de su régimen. Obviamente, las prácticas de esa tiranía contradecían todo el legado cultural de Occidente y eran una negación de sus principales valores.

El desarrollo de la cultura occidental ha convertido en materia de dogma y doctrina los derechos del hombre o humanos, la libertad política y económica, la democracia, la tolerancia religiosa, la libertad de movimiento y asentamiento y otros valores que consideramos básicos. Es el respeto de los derechos humanos, tolerancia y el estilo de vida lo que caracteriza a Occidente hoy en día de otras culturas del mundo.

Obviamente, quien predica el exterminio de los opositores, rechaza la democracia, prohíbe la vida política, gobierna mediante soplones y el terror, tortura y asesina ocultando los crímenes, encubriendo a los victimarios o culpando a sus opositores, no puede pretender que está defendiendo la civilización. En realidad, es claramente uno de sus enemigos.

Lo mismo ocurre con el pretendido catolicismo de muchos dictadores sudamericanos. Sin embargo, su propia condición, y sus prácticas de innoble barbarie, deben impedir que se les tome en serio. Su catolicismo es tan falso como el misticismo de los asesinos en serie, los que matan explicando que Dios se los ordena.

Hace unos días leía en Página 12 un artículo sobre la reciente condena del dictador Bussi a reclusión perpetua. Escribe el periodista a propósito del caso:

"Tras explayarse sobre torturas, uñas arrancadas con tenazas y hombres enterrados hasta el cuello, el ex gendarme Omar Torres relató dos fusilamientos que presenció. "El general Bussi se apersonaba y daba la orden con un disparo ejecutando a una persona". Sus subordinados remataban al resto, que caían a un pozo. Luego "se echaba leña, aceite y gomas de automóviles". Juan Martín describió el método de entierro en vida, contó que obligaban a los detenidos a rezar el Padrenuestro y el Ave María: "Y nos exhortaban a dar gracias a Dios por haber vivido un día más". Los jefes de los campos se ufanaban de haber aprendido a torturar en Vietnam, donde Bussi fue como observador invitado por el ejército norteamericano".

Considérese que estos criminales, recién condenados, continúan defendiendo y justificando sus crímenes e insultando y mofándose de sus víctimas y sus familiares. Pretenden que había entonces una guerra y que defendieron a Argentina de una subversión marxista. Que defendían la civilización occidental.

¿Puede un ser tan repugnante como este pretender que defiende el catolicismo? ¿Quién no siente escalofríos cuando oye a chacales como el Guatón Romo o el general Manuel Contreras justificarse diciendo que defendían a Chile, a Occidente, al catolicismo?

¿Por qué razón habrán esos militares argentinos obligado a sus víctimas a rezar el Padrenuestro, la oración cuyo verso final lo forma justamente la súplica "líbranos del Mal"? Sus víctimas eran inocentes. Tanto en Argentina como en Chile y Colombia y otros países de América la inmensa mayoría de las víctimas eran inocentes -en el sentido de no ser culpables en ningún sentido judicial de ninguno de los delitos que se les llegó a imputar extrajudicialmente. De lo que se sigue, obviamente, que casi todas las víctimas eran católicas.

¿Cómo, pues, obligarles a rezar? ¿No es lógico suponer que sabiendo la muerte cercana rezarían por sí solos? ¿No habría sido más lógico haberles impedido que rezaran? Convertir la oración en un acto obligatorio niega su verdadero sentido y la convierte en un tormento. No sólo la priva de su contenido original, sino que lo distorsiona y se mofa de su verdadero propósito. Es como si, en lugar de metáfora del sacrificio, durante la misa se sacrificase a un humano o animal recién nacido, como en el altar del demonio. Les obligaban pues, después de inenerrables torturas, a rezar un padrenuestro y un avemaría para, tras pronunciar su último "líbranos del Mal", ser fusilados, o enterrados vivos.

¿Puede imaginarse una distorsión más infernal que la que acabo de describir?

¿A qué grados de inhumanidad pueden llegar hombres tan claramente inspirados por el Mal? Recuérdese que estos generales violaban a las detenidas -que podían o no ser revolucionarias, y que en general no lo eran-, y las hacían parir para luego asesinarlas y quedarse con los recién nacidos, a los que adoptaban o daban en adopción y posiblemente vendían. ¿Qué harían hoy si alguna de esas dictaduras se hubiese sostenido hasta hoy? ¿Asesinarían a los acusados para utilizar sus órganos o venderlos para transplantes? Probablemente.

¿Qué distingue a estas alimañas de los nazis? El nazismo era una doctrina atávica, inspirada en arcaicos y bárbaros valores y creencias germanas alimentadas por los desvaríos de criminales dementes y lunáticos, que se oponía derecha y abiertamente a la civilización occidental, a la que despreciaba. Las doctrinas de las dictaduras militares sudamericanas fueron igualmente un ataque contra la civilización, pero desde dentro, usurpando la propia identidad de Occidente.

No sé si alguien puede creer que estas hienas sanguinarias tienen algo que ver con la defensa del catolicismo o de Occidente. Se los describiría mejor como infiltrados del demonio. Fueron siempre y siguen siendo la personificación de todo lo que la cultura occidental rechaza como su propia negación. Esos defensores del catolicismo y la civilización occidental eran en realidad, y son, sus más terribles y despiadados enemigos.

Constituyen un ejemplo por excelencia de lo que llamamos usurpación ideológica.

[En la imagen, ‘Hell Is Right Here on Earth Now’, de David Aronson].

[mérici]

violación y engaño en sierra gorda


columna de mérici
El martes 26 de agosto traía El Mercurio de Antofagasta una noticia policial (‘Condenan a Individuo que Violó a Menor de 14’) cuyo verdadero trasfondo lo exponía ampliamente otro diario de la provincia. El Mercurio informaba que el fiscal había formalizado a Aldo Valdebenito Luna por el delito de estupro, acción que según la explicación del Código Penal es el coito con "una doncella, mayor de doce años y menor de dieciocho, interviniendo engaño" (en el Título VII: Crímenes y simples delitos contra el orden de las familias y contra la moralidad pública). El estupro aparece en el Código junto a cosas como el aborto, el abandono de niños, el rapto, el incesto, la violación, la sodomía, la corrupción de menores y otros. El Código fija, para el estupro, penas de presidio menor en cualquiera de sus grados.

Aldo Valdebenito Luna, pues, sedujo con engaño a una niña que para la época de la relación -entre febrero y julio de 2006- tenía catorce años, "mientras el imputado laboraba en Baquedano", un pequeño pueblo en el desierto chileno con unos setecientos habitantes, a 72 kilómetros al norte de Antofagasta, que alcanzó renombre en la prensa tras filmarse en el lugar un episodio de una película de James Bond (véase el blog de Rodrigo Ramos Bañados). Se trataría, entonces, de una relación amorosa o sexual consentida entre un adulto y una menor. Pese a que en Chile estas relaciones son prohibidas por la ley, lo peor en este caso fue que la niña "sufre de una personalidad limítrofe", lo que, según el periodista, le impide "consentir libremente sobre el acto sexual".

O sea, en este caso, siendo el consentimiento imposible, la relación sólo se puede definir como violación.

A raíz de esta relación la niña quedó embarazada y dio a luz a un hijo del acusado. El Juzgado de Garantía impuso medidas cautelares al acusado, que deberá firmar mensualmente el libro de registro y tiene prohibido acercarse a la víctima.

Lo extraordinario de esta nota es que El Mercurio de Antofagasta no informa a los lectores en ningún momento que el imputado es, o era, carabinero.

El oficio del seductor/violador de la niña retardada lo encontramos en la nota de La Estrella del Norte, cuyo informe es bastante más extenso y completo. Para comenzar, el carabinero, que tiene 38 años, estaba, para la fecha de la violación de la niña, casado con una funcionaria de su misma institución. Según la defensa fue una relación consentida que duró varios meses. Según el abogado del carabinero, la madre de la niña estaba al tanto de la relación, que se habría consumado (vale decir, el acto sexual) al interior del Retén Carretero de Sierra Gorda.

El abogado pasa por alto la condición mental de la niña y declara que su defendido no ha cometido ningún delito, "pero sí un acto deleznable, del punto de vista de la sociedad, por cuanto es una menor de edad" (La Estrella del Norte).

Como el abogado niega la condición de retraso mental de la niña, argumentar que fue una relación consentida suena raro. Yo no sé realmente si una niña de catorce y con retraso mental puede decidir libremente. No creo que todas las relaciones amorosas entre adultos y menores de dieciocho años y mayores de catorce de condición mental normal deban ser definidas como delictivas, estupro o violación -aunque es la práctica habitual en tribunales chilenos. Sé que las niñas en esta condición pueden enamorarse perdidamente, al igual que todo el resto del mundo. También son muchachas muy ingenuas y, por eso, presa fácil de inescrupulosos y casanovas.

Sin embargo, el fiscal nortino, Rodrigo Benitt Coluccio, dio un extraordinario giro a este caso, determinando que la niña sea sometida a exámenes psiquiátricos. Dice el diario: "El fiscal ordenó, como parte de las primeras pericias, un examen psicológico a la menor para conocer efectivamente si ella tenía algún tipo de patología psiquiátrica al momento de cometerse el delito". Lo que quiere saber el fiscal no es si el carabinero imputado siente especial atracción por las niñas púberes y retrasadas (vale decir, que es un pedófilo compulsivo) lo que sería lo más lógico si se piensa en el peligro que puede representar el ex carabinero para otras niñas del pueblo, sino si la niña era retardada para la época de su pretendido amorío con el cabo. La estrategia es transparente.

A modo de comparación, hoy mismo se decretó prisión preventiva para un hombre que cometió el mismo delito de estupro con una sobrina, en Linares. Sólo que el diario (La Tribuna) lo llama directamente violación y no estupro. La niña, de trece años, sufre como la chiquilla de Baquedano, de retraso mental. El acusado se defiende diciendo que se trató de una relación consentida.

Las dos situaciones son muy parecidas. Pero el fiscal de Linares, Luis Alberto Cruz, lo formalizó por violación reiterada y pidió prisión preventiva para el imputado, que fue concedida mientras dure la investigación.

"Allí permanecerá" el acusado, dice La Tribuna, "por los próximos cinco meses, el plazo fijado para el término del proceso en contra del sujeto, quien no presenta antecedentes penales anteriores, pero que en un eventual juicio oral, vería agravada su responsabilidad por haber atentado en contra de una menor de edad, que además exhibe un grado de discapacidad mental".

De Antofagasta a Linares, como se ve, la misma acción pasa de relación sexual consentida con una niña retrasada a violación reiterada, y el acusado en Antofagasta, que agrava su situación por haber mantenido relaciones sexuales con la niña en el interior del recinto policial, queda en libertad, mientras el hombre de Linares queda en prisión preventiva.*

¿Cuál será la explicación? ¿Que en un caso el hechor es un carabinero?

En las informaciones publicadas por La Estrella del Norte del 28 de agosto la madre de la niña cuenta que su hija pasa por una severa depresión, que muestra síntomas de paranoia y que ha amenazado con suicidarse y matar a su hijo. Como en pueblo chico, además, acusa al cabo Valdebenito de hurto.

La madre insiste, se lee en la nota periodística, en que su hija es retrasada, "hecho que a todas luces es mérito suficiente para acusar al funcionario policial de violación".

¿Qué razones puede haber tenido El Mercurio de Antofagasta para ocultar la calidad de funcionario policial del autor de la seducción? ¿No conviene que los lectores sepamos que era un carabinero, que además se relacionó con la pequeña, o quizás la violó, en la comisaría misma?

Aparte esta notable falta profesional de los periodistas de El Mercurio de Antofagasta, es interesante observar cómo ante un hecho en todo similar -seducción amorosa de una niña de catorce con retraso mental-, fiscales y magistrados adoptan estrategias y toman decisiones tan diferentes, incluso contradictorias. En este, como en otros terrenos, es urgente que el poder judicial uniformize sus interpretaciones y procedimientos. Es importante que la ley sea igual y se imparta igualmente en todo el territorio nacional, y no estemos los ciudadanos sujetos a condiciones provinciales o morales estrafalarias y aberrantes. No puede ser que lo que en el sur, y en el Código Penal se define como violación, se defina como seducción o relación consentida o estupro en las provincias del norte. Es inadmisible que sigamos sometidos al arbitrio de las capacidades de interpretación de jueces y fiscales.

También debe recordarse e insistirse en que si todos somos iguales ante la ley, no se entiende que para los autores de un mismo delito se dicte prisión preventiva en un pueblo, e irrisorias medidas cautelares en otro -digo irrisorias porque no veo cómo, en una localidad en el desierto que no llega a los setecientos habitantes, pueda el cabo mantener o respetar la prohibición de acercarse a la niña. Y el hecho de que el autor de este probable delito sea carabinero no debiese implicar nunca que le serán acordados privilegios, sino todo lo contrario, porque estos funcionarios corrompen y tuercen el sentido de la institución policial, llegando, como en el caso de Sierra Gorda, al extremo de utilizar el propio retén como escenario de sus correrías.


* Compárese con este otro caso, en Chiloé, en que un hombre de treinta años abusó o violó a una niñita retardada de apenas ocho años. El juez dictó prisión preventiva porque, dice la nota en La Estrella de Chiloé, "el imputado constituye un peligro para la sociedad y la víctima, al ser vecinos". En el caso de Baquedano, el hecho de que víctima y victimario sean vecinos, además de un pueblo de apenas unos cientos de habitantes y una sola calle principal, llevó al juez a imponer al acusado solamente la prohibición -prácticamente imposible de cumplir- de acercarse a la chiquilla.

En Licantén, en un caso de una niña retrasada de quince años que fue violada por dos individuos y que fue madre de un bebé producto de estas violaciones, la Justicia juzgó a los imputados por estupro y abuso sexual reiterado (en La Tercera).

[mérici]

pico pal que lea


columna de mérici
En el creciente clima de irracional autoritarismo que vive Chile, una reciente iniciativa presentada por diputados de extrema derecha quiere penalizar todavía más lo que llaman el maltrato de palabra a funcionarios policiales. El proyecto de ley establece penas de presidio menor de 61 a 563 días y una multa de 3 UTM ($ 108.549) a quienes injurien o insulten a carabineros o detectives o simplemente funcionarios policiales (en el Diario de la Cámara).

En realidad, el proyecto de ley parece bastante ocioso. El artículo 427 del aberrante Código de Justicia Militar ya fija penas para los que insulten u ofendan a carabineros. "El que amenazare en los términos del artículo 296 del Código Penal, ofendiere o injuriare de palabra", establece el Código, "por escrito o por cualquier otro medio a Carabineros, a uno de sus integrantes con conocimiento de su calidad de miembro de esa Institución, unidades o reparticiones, sufrirá la pena de presidio menor en su grado mínimo a medio".

Todos los ciudadanos que se sientan insultados, ofendidos o injuriados cuentan con la protección de los artículos 296 y 297 del Código Penal. El primero castiga las amenazas -que imagino que las Señorías (o el Legislador) en su momento entendieron que se expresan a menudo por medio de insultos. Este artículo penaliza al "que amenazare seriamente a otro con causar a él mismo o a su familia, en su persona, honra o propiedad, un mal que constituya delito, siempre que por los antecedentes aparezca verosímil la consumación del hecho".

En la argumentación del proyecto, los diputados reflexionan, por decirlo así, que no existe en la legislación ninguna ley específica que penalice o considere delito las ofensas que pueden sufrir carabineros y otros funcionarios policiales en el ejercicio de sus funciones, una afirmación que parece incomprensible cuando se lee el artículo 427 del Código Militar.

Y, a más, arguyen que los carabineros debiesen al menos estar protegidos contra la soltura de lengua de la ciudadanía del mismo modo que otros funcionarios a los que los ciudadanos suelen vilipendiar, a saber los despreciados funcionarios de Impuestos Internos, los de la Contraloría y los del ministerio de Salud. Se me ocurre que habría que proteger a otros funcionarios que cumplen funciones que suelen molestar a la ciudadanía, como los recolectores de perros, los cobradores de ferrocarriles, los bomberos que llegan tarde a los incendios y, por supuesto, los funcionarios del poder judicial.

En la argumentación se insinúa que esta nueva ley es una suerte de contrapeso a las disposiciones que regulan la conducta de carabineros en sus relaciones con la ciudadanía. Pero pese a lo que se afirma ahí, el articulado gira sobre asuntos como embriagarse en acto de servicio, el abandono de funciones y el uso del arma de servicio en casos de fuga o amenazas. Pese a su frecuencia, ninguna ley penaliza a funcionarios policiales por insultar a civiles o detenidos.

El alegato concluye con una elocuente y surrealista afirmación: que los insultos dirigidos a carabineros y funcionarios policiales dañan el orden y la tranquilidad en la república.

El proyecto de ley parece también ocioso porque el Código Penal también conoce el delito de injurias ("toda expresión proferida o acción ejecutada en deshonra, descrédito o menosprecio de otra persona", reza el artículo 416). La ley considera injurias graves, por ejemplo, la imputación de algún crimen y la imputación de un vicio o falta de moralidad.

El delito de injurias no se comete sólo de palabra. El artículo 421 señala que "se comete el delito de calumnia o injuria no sólo manifiestamente, sino por medio de alegorías, caricaturas, emblemas o alusiones". El artículo 423 da nacimiento al extraordinario delito de injuria encubierta.

También cubre la ley el caso de las injurias recíprocas, determinando, en el artículo 430 2, que "cuando la más grave de las calumnias o injurias imputadas por una de las partes, tuviere señalado mayor castigo que la más grave de las imputadas por la otra, al imponer la pena correspondiente a aquélla se rebajará la asignada para ésta".

Imaginaron pues los legisladores que en una imaginaria tabla de insultos no sería correcto castigar del mismo modo al que ofende a otro llamándole ‘carehuevo’ que al que llama a otro, como describió hace unos días un diputado a sus pares, ‘carerraja’. Este último transgresor queda en deuda.

Y Sus Señorías de la época estipularon también que los ciudadanos que se sienten ofendidos tienen exactamente 365 días para recordar los insultos y entablar querella, pues luego prescriben.

La diputada María Angélica Cristi, uno de los cerebros -a modo do falar- de la extrema derecha, explicó que el proyecto de ley era necesario porque "cada día somos testigos de una mayor agresividad y mayor maltrato hacia la policía y no había una norma que los protegiera". Pero no menciona sus fuentes ni nos dice si acaso existe un estudio previo sobre el tema que el resto de los ciudadanos no conocemos. Lo más probable, con todo, es que se haya chupado la idea del dedo. Que yo sepa, el oficio de contador o relator de insultos no existe.

No todos los firmantes del proyecto de ley son de extrema derecha. Entre ellos se encuentran también -pero no extraña- algunos diputados concertacionistas: Ramón Farías, del Partido por la Democracia, y Renán Fuentealba, de la Democracia Cristiana. Los otros cerebros (Eugenio Bauer, Alberto Cardemil, Sergio Correa, Jorge Ulloa, Gonzalo Uriarte y Alfonso Vargas) son todos de derechas y extrema derecha. El proyecto se encuentra en su primer trámite constitucional.

He aquí pues con qué se divierten nuestros adinerados diputados pinochetistas. No sólo no los eligió nadie. Además se dedican a perder el tiempo y a malgastar el dinero mal habido.

¿Cuál es la diferencia entre la ley existente y la ley en proyecto que, conviene recordar, no va a substituir a la primera? Para ver la diferencia vamos a necesitar una lupa. Define la ley actual como culpable de delito al "que ofendiere o injuriare de palabra, por escrito o por cualquier otro medio a Carabineros, a uno de sus integrantes con conocimiento de su calidad de miembro de esa Institución, unidades o reparticiones".

La nueva ley 417 bis lo definirá como el "que maltratare de palabras a uno de los integrantes de Carabineros de Chile, en el ejercicio de sus funciones, o con conocimiento de su calidad de miembro de esa Institución".

Francamente habría que tener la destreza de que hizo gala Borges en su ‘Pierre Menard, autor del Quijote’ para descubrir las diferencias.* Digo, aparte de que introduce una multa única de 3 UTM "a beneficio fiscal", vale decir, para los bolsillos de Sus Señorías.

Felizmente la presidenta Bachelet impidió que el proyecto fuera agregado al Código de Justicia Militar. Al proyecto se le "agregó la indicación acordada con el Ejecutivo que deja en el Código Penal y no en la Justicia Militar la sanción de este delito".

Creo que la inutilidad de este proyecto habla por sí sola. Se dedica a cubrir acciones ya contempladas y definidas como delito tanto en el Código Penal como en el Militar. Y me parece a mí que este proyecto mismo comete el delito de amenaza, pues lo que busca es intimidar a la ciudadanía.

Se escapó a los genios de la Cámara, felizmente, penalizar los gestos, morisquetas y ademanes, a menos que con la "injuria encubierta" del Código Penal, o la frase "por otros medios" del proyecto se cubran cosas como los desprecios con melena o mechón, las sacadas de lengua, el respingo de nariz, el reventón zapateado de escupitajos en el suelo, el dedo taladrante en la sien, la tapa de manos, la levantada de pelvis, el dedo del corazón elevado al cielo, el pedo imaginario soltado en dirección de algún uniformado y otros logros de nuestra identidad.

Y el proyecto sería más útil si incluyera una tabla de insultos que asigne penas según la gravedad del insulto. Por ejemplo, ‘carehuevo’, cuatro horas. ‘Acusete’, cinco horas. ‘Chupamedias’, siete. ‘Negro curiche’, ocho. ‘Tamboreado’, quince. ‘Mal parido’, un día. ‘Maricón’, tres días. ‘Lameculos’, un mes. ‘Paco conchetumadre’, ¡dos meses!

Los cerebros tampoco definen atenuantes. Mientras que el Código Militar considera atenuante el abandono de servicio por frío o enfermedad de algún familiar, o por malos tratos recibidos de sus superiores, la nueva ley no define situaciones en las que el insulto se justifique. Así, insultar gratuitamente a un carabinero al pasar, digamos desde un ático, es lo mismo que pararse frente a un uniformado, sacarle la lengua y mentarle la madre cuando te piden que te identifiques. Lo mismo que gritarle ‘nazi de mierda’ al carabinero que te aplasta la cabeza con su bota durante una manifestación.

Enerva este afán de muchos de querer controlar todo, incluso las acciones de por sí humanamente comprensibles. Este afán de querer hacernos vivir en un clima de temor permanente, como durante la dictadura de la Hiena, cuidando nuestras palabras por temor a la delación. Este hipócrita afán de encubrir las relaciones de hostilidad entre la ciudadanía y las actuales fuerzas de orden.

No creo yo que con este inútil proyecto se contribuya en nada al orden público ni a la tranquilidad del país. Todo lo contrario. Frente a los malos tratos y torturas con que suelen tratar los carabineros a los ciudadanos, estos a menudo no tienen más recurso, y consuelo, que el insulto sin consecuencia. ¿Vale la pena prohibirlo? Probablemente provocará todavía más hostilidad y violencia, si sabes que el natural insulto que se te escapó te puede costar la cárcel.

Creo que la dictadura de Sancho Panza no sería peor. ¿En qué terminaremos? ¿Nos prohibirán leer a Pablo de Rokha? ¿Prohibirán el ‘pico pal que lea’? **


* "Es una revelación cotejar el Don Quijote de Menard con el de Cervantes. Éste, por ejemplo, escribió (Don Quijote, primera parte, noveno capítulo):

... la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.

Redactada en el siglo diecisiete por el "ingenio lego" Cervantes, esa enumeración es un mero elogio retórico de la historia. Menard, en cambio, escribe:

... la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir".

** Y mientras los diputados de derechas legislan sobre desprecios e improperios, el gobierno intenta introducir alguna dosis de razón y coherencia en sus labores legislativas anunciando la presentación de un proyecto de ley que tipifica los delitos de crímenes de guerra, de lesa humanidad y genocidio (en La Nación).

[mérici]

a mónica la decapitaron a patadas


columna de mérici
Mónica Benaroyo es el nombre de la joven cuyos restos fueron encontrados en un terreno del ejército de Arica, en Pampa Chaca, en julio de 2008. Aunque parezca sorprendente, aparentemente nadie sabía ni de su existencia ni de su muerte. Nunca apareció en las listas oficiales de desaparecidos durante la dictadura. Simplemente alguien un buen día encontró sus restos momificados en el desierto. Sin cabeza. Todavía guardaba el cadáver una cajetilla de cigarrillos Hilton entre sus ropas. Y un billete de la moneda escudo. Todo lo que se sabía entonces era que había muerto en la década de los setenta.

Sin embargo, la policía reconstruyó rápidamente su historia. Su identidad la trazó la Policía de Investigaciones hidratando su piel para extraer sus huellas digitales (en La Nación).

Se llamaba Mónica Cristina Benaroyo Pencu. Había nacido en Rumania, y era uruguaya. Estudió filosofía, dominaba varios idiomas y se ganaba la vida como traductora. Tras vivir un tiempo en Buenos Aires, se trasladó a Arica, en Chile, donde había encontrado empleo en la alcaldía.

Para agosto, Investigaciones había localizado a su hermana Fernanda, en Estados Unidos, a la que se le extrajo una muestra de sangre para comparar su ADN con el de Mónica (La Estrella de Arica). Pese a que este análisis aún no se lleva a cabo, pocas dudas caben sobre la identidad del cuerpo, ya que sus huellas dactilares corresponden con los archivos del Registro Civil de Santiago, donde Mónica estaba inscrita como extranjera residente.

El prefecto de Investigaciones José Cabión, en uno de los telediarios de TVN del 4 de agosto, dijo que la traductora era miembro del Partido Comunista del Uruguay y que había sido expulsada del país -mediante decreto- aparentemente en septiembre de 1973, la fecha en que desapareció.

De momento, nada más se sabe de ella. Sus antiguos amigos y compañeros guardan silencio. O quizá no la recuerdan.

Mónica Benaroyo fue vista con vida por última vez el 11 de septiembre de 1973. Fue detenida por militares y trasladada a un recinto militar. La historia oficial del régimen pinochetista pretendía que Mónica había sido expulsada y por tanto nada podrían saber sobre su destino ulterior. Pero la orden de expulsión evidentemente se fraguó para ocultar la espantosa muerte a que fue sometida.

Pese a que inicialmente se especuló que el cadáver de Mónica había sido mutilado por animales, aparentemente las evidencias indican otra cosa. Según el columnista Eduardo Contreras, "la compañera fue enterrada viva en la arena cerca del mar dejando afuera su cabeza, la que los uniformados patearon hasta decapitarla" (En El Siglo).

La espeluznante cobardía y crueldad del militar pinochetista es, hoy, conocida por todos y por doquier. También conocemos otros casos de increíble y demoníaca impiedad. El general Manuel Contreras extraía los empastes y dientes de oro de los asesinados para vender luego las piezas en el mercado. El mismo general se entretenía sacando los ojos de algunos de los prisioneros a los que posteriormente haría desaparecer. Otros introducían ratas en las vaginas de las detenidas. Otros torturaban a hijos de detenidos. Algunos oficiales obligaron a detenidos a matarse entre ellos, como hicieron más tarde los serbios en su campaña de exterminio de la población musulmana. Conocemos otros numerosos casos de la demoniaca crueldad de la mente fascista.

Siempre ha intrigado la violencia y crueldad de los fascistas y otros elementos de extrema derecha. Y para su comprensión es de interés estudiar esos tipos de violencia. Interesan esos detalles, porque abren la puerta a una suerte de investigación y reflexión que nos llevan fuera de este mundo. El ser humano puede ser violento, y a menudo lo es. Y puede incluso ser irracional. Pero la violencia fascista rebasa las teorías existentes.

Normalmente hablando, la violencia entre los hombres tiene un propósito. Con la violencia se busca un fin relativamente comprensible. La violencia nazi buscaba el exterminio de un pueblo. Pero debía ejecutarse mediante la opresión, humillación y reducción de sus miembros a la calidad de cosa. Estando en vida, y hasta su muerte, debían ser tratados como cosas. Al primitivo pueblo germano de la época le había dado por creerse superior al resto de la humanidad y se negaba a compartir el espacio con otras razas.

Un razonamiento similar, pero con otros fines, guiaba la increíble crueldad del régimen comunista de Camboya, para cuando los Kmer Rouge habían transformado el país en un inmenso y tenebroso campo de concentración y exterminio.

Al final, esos dos regímenes se nutrían de sangre y muerte y sus dos enemigos iniciales -judíos en un caso y contrarrevolucionarios y ricos en el otro- no eran suficientes. El listado de los indeseables se fue extendiendo poco a poco. A los gitanos. A otras razas extranjeras. A deformes. A enfermos mentales. A homosexuales. A taxistas. A profesores de escuela. A secretarias. A arquitectos. A médicos. La mente fascista, se exprese en ideologías de derecha o de izquierda, es una mente desenfrenada, bárbara, enferma de poder, arbitraria. Y sobre todo estúpida e insulsa. Es banal como el Mal y, como el fascismo español, odia la inteligencia.

Reflexionando sobre qué caracteriza la violencia de la extrema derecha, leí las confesiones de un cabecilla de las milicias paramilitares colombianas, descritas en un reportaje que encontré en piensaChile y que fueron también publicadas en El Espectador de Bogotá. Hebert Veloza confesó haber asesinado, entre 1994 y 2003, a unas tres mil personas. El que era conocido como HH "reconoció que murieron más inocentes que culpables", agregando que "así es la guerra". Reconoció que recurría a decapitar y mutilar los cuerpos de las víctimas para aterrorizar a los campesinos. "Cuando llegamos a Urabá", dice, "decapitamos a mucha gente, era una estrategia para promover el terror, para que tuvieran más miedo de nosotros que de la guerrilla".

En un reportaje publicado en Los Angeles Times sobre los equipos de exhumación que recorren Colombia para localizar fosas comunes e identificar a las víctimas de lo que algunos llaman guerra civil, los antropólogos físicos confirman que era una práctica común que los verdugos paramilitares mutilaran y decapitaran a sus víctimas, destruyendo los documentos que pudieran identificarlos (Los Angeles Times).

Pareciera que el propósito principal de esos soldados mercenarios (no hay que olvidar que a diferencia de los combatientes de izquierda, los paramilitares son simplemente asesinos a sueldo, a los que se paga por sus crímenes) es infundir terror, exhibiendo y haciendo gala de su amplio repertorio de torturas y violencias. Por esta razón, cuando llegan a alguna región, empiezan torturando y matando indiscriminadamente, sin distinguir ni perdonar a nadie, hombres, mujeres y niños, ni a partidarios o enemigos. En esta violencia los enemigos son simplemente los otros. No interesa indagar si la gente que va a ser asesinada participa o no de tal o cual ideología. Para el asesino de extrema derecha es indiferente. Quiere que la gente le tenga terror, eso es todo. Arranca a niños de los vientres de sus madres y cuelga sus cadáveres en las ramas de los árboles para indicar que ha llegado y que todo aquel que no se someta a su autoridad -arbitraria e irracional- correrá igual o peor destino.

Los paramilitares, según confiesa Veloza, dejaban los cadáveres para que fueran vistos por los sobrevivientes. "En Urabá, cuando comenzamos, dejábamos los cuerpos en el mismo lugar donde las personas eran muertas", dice. Pero luego las autoridades políticas -que hoy niegan, como el presidente Uribe, sus vínculos con la extrema derecha- les obligaron a hacer desaparecer a las víctimas y encubrir los crímenes.

En muchos de los casos de violencia en Chile durante la tiranía pinochetista no se advierte el propósito ni de las torturas ni del espantoso fin reservado a algunas personas. En los primeros días del golpe aparecieron las calles de Santiago, por ejemplo, sembradas de cadáveres -no de opositores ni combatientes, sino simplemente de lustrabotas. Esa gente fue asesinada sólo para infundir terror. Nadie les preguntó si eran allendistas o si preferían a los militares. Otros muchos fueron atrapados por la infernal máquina del crimen que fue la dictadura. Murieron muchos inocentes, pero no por error, sino por voluntad de las hienas de mayor rango.

Pero asesinatos como el de Mónica Benaroyo, o el de las víctimas a las que Manuel Contreras extrajo sus dientes de oro, son aparentemente ininterpretables. Sus cadáveres serían hechos desaparecer. Nadie vería nunca ni su cuerpo enterrado en un hoyo en el desierto ni las bocas de los muertos arrojados al mar. No se les dio ese fin tan horrendo para infundir terror ni para escarmiento. Simplemente se les mató así por placer y por odio. Sin causa aparente, sin motivo, sin propósito. Como mataba el general Joshua Milton Blahyi, el militar liberiano que tenía pacto con el demonio y se alimentaba de corazones humanos. Y también como mata el militar colombiano de hoy, que se da el trabajo de vestir a sus víctimas inocentes con el uniforme de las tropas revolucionarias.

Para los pensadores católicos, este tipo de indagaciones son imprescindibles a la hora de determinar la naturaleza de la violencia. Y por lo general se ha concluido que la violencia sin propósito, la violencia que sólo es odio o se ejerce por placer delata la presencia del inframundo, como en los siglos dieciséis y diecisiete las prácticas religiosas que incluían la tortura y el canibalismo delataban igualmente la presencia del Mal en la Tierra.

Se pregunta Eduardo Contreras si acaso es posible que haya reconciliación "con estos salvajes". La pregunta es retórica. La lucha contra el Mal no admite claudicación y la lucha por la libertad y la vida se inscribe en el permanente combate entre el Bien y el Mal. Estoy pues de acuerdo con el columnista de El Siglo. Según veo yo las cosas, la reconciliación con esos criminales y la gente que los azuzó no es ni posible ni deseable.

[mérici]