libro sobre el loro alex
27 de diciembre de 2008
[Carlos Fresneda] Nueva York, Estados Unidos. No era un loro cualquiera. Se llamaba Alex (acrónimo de ’Avian Learning Experiment’) y llegó a desarrollar la inteligencia de un niño de cinco años. Podía identificar objetos, números, colores y formas, y distinguir entre ‘grande’ y ‘pequeño’, ‘igual’ y ‘diferente’. Manejaba un vocabulario propio de 150 palabras. Decía "lo siento" si se equivocaba y pedía «quiero volver» (a la jaula) cuando estaba cansado. En el momento de la despedida, le preguntaba a su amiga y profesora Irene Pepperberg: «¿Vendrás mañana?»
Ésas fueron precisamente las últimas palabras del loro, antes de morir repentinamente de un infarto o una arritmia en mitad de la noche. Su necrológica fue la más leída en 2007 en periódicos como The Guardian: «Alex, el loro africano gris que era más listo que la media de los presidentes norteamericanos, ha fallecido a la edad de 31 años».
Un año después de su despedida del mundo de los mortales, la psicóloga y científica Irene Pepperberg rinde homenaje a su incomparable alumno en ’Alex y yo’, el libro donde recoge las tres décadas de aprendizaje mutuo, que se ha convertido en un gran éxito de ventas. «Un simple pájaro nos hizo cambiar el modo en el que pensamos sobre el pensamiento de los animales», sostiene Pepperberg.
«Desde el punto de vista científico, Alex nos enseñó que las mentes de otros seres vivos se parecen mucho más a las mentes humanas de lo que estábamos dispuestos a admitir».
Según Pepperberg, esa capacidad para «pensar y ser consciente» (atribuible a los primates a partir de los estudios de Jane Goodall, y también a los delfines y otros mamíferos superiores) es hasta cierto punto aplicable a las aves, aunque tengan un cerebro del tamaño de una nuez.
Todo lo que aprendió Alex y lo que le faltaba por aprender -estaba empezando a identificar las letras y a trabajar con los fonemas en inglés- demuestra en opinión de Pepperberg que los loros son capaces no sólo de imitar, sino de «razonar a un nivel básico y usar palabras creativamente».
Napoleón con Plumas
Alex era capaz de mantener una conversación intermitente como si fuera un niño de dos años, aunque «su inteligencia equivalía realmente a la de un chaval de cinco años», en opinión de la que fue su profesora. Siguiendo el método de «modelo rival», Alex competía con un alumno humano e intentaba ponerse a su nivel. Tanta destreza adquirió que se convirtió en maestro ocasional de otros loros y les reprimía cuando se equivocaban: «¡Puedes hacerlo mejor!».
«Alex tenía la personalidad de un pequeño Napoleón con plumas», asegura Pepperberg. «En cuanto adquiría un conocimiento, manipulaba a todos los que estaban a su alrededor. Mis estudiantes solían llamarse a sí mismos los ’esclavos’ de Alex. ’Quiero maíz’, les decía. ’Quiero subir al hombro, quiero hacer gimnasia’». En sus momentos más sentimentales, el loro agachaba la cabeza y pedía: «Quiero cosquillas».
«Su propia conducta en el momento del aprendizaje nos reveló lo mucho que nos queda por descubrir en el campo de la inteligencia de los animales», escribe Pepperberg en Alex y yo. «Estoy hablando de asuntos con profundas implicaciones filosóficas, sociológicas y prácticas. Su ejemplo ha servido para plantearnos incluso el lugar del hombre en la naturaleza».
Pepperberg admite que siente una conexión especial con las aves desde niña y, gracias a Alex, se ha convertido en ardiente defensora de los derechos de los animales. Criticada por una parte de la clase científica -que pone en duda sus logros y asegura que el loro hablaba siguiendo el «condicionante operativo» y las instrucciones cifradas de su instructora-, la científica asegura que la «capacidad intelectual» de Alex ha sido probada con creces y que lo único que no pudo demostrar fue su «nivel de conciencia».
Pese al tiempo discurrido, la muerte del loro más listo del mundo ha dejado en ella un vacío que ningún otro ser alado ha podido llenar. «Sé buena, te quiero», fueron las penúltimas palabras de Alex antes de preguntarla si habría un mañana.
©el mundo 
[M. Rovano, V. Zúñiga, F. Águila, P. Reed] Santiago, Chile. Si la imagen de medio centenar de perros y gatos inertes en el patio de la Sociedad Protectora de Animales Benjamín Vicuña Mackenna de Santiago conmocionó a la opinión pública el miércoles pasado, la cifra de 2.600 animales muertos al año que se entregó durante la formalización de los responsables de la institución dejó pasmados a quienes acudieron al tribunal.
Santiago, Chile. Luego de que se destapara la noticia del brutal maltrato y asesinato animal en la Protectora de Animales Benjamìn Vicuña Mackenna en Santiago y la Policía de Investigaciones allanara el lugar, Pablo Peñaloza, director del Área Legal de la Coalición para el Control Ético de la Fauna Urbana, CEFU, indicó que se presentará una querella criminal por estafa y maltrato contra el representante legal y director de la institución, Luis Navarro.
Santiago, Chile. Una brutal acción sostenida de maltrato animal quedó al descubierto esta mañana cuando efectivos de la Brigada Investigadora de delitos contra el Medio Ambiente y el Patrimonio Cultural (Bidema) allanaron las dependencias de La Sociedad Protectora de Animales Benjamín Vicuña Mackenna, ubicada en calle Libertad con Presidente Errázuriz, en la comuna de Santiago, tras la denuncia de matanzas ilegales de perros y gatos.
[Buenos Aires, Argentina] La ley 13.879, que fue publicada en el Boletín Oficial bonaerense prohíbe la práctica de sacrificios de perros y gatos en todas las dependencias oficiales de todo el ámbito de la Provincia de Buenos Aires.
[Stephanie Strom] Cierto, la hostelera y magnate inmobiliaria Leona Helmsley dejó en su testamento doce millones de dólares a su perra, Trouble. Pero eso, según se pudo ver después, es nada en comparación con lo que podrían recibir otros perros de parte del fideicomiso de la señora Helmsley, que murió en agosto pasado.
[Jeffrey Toobin] La vida de Leona Helmsley es un perfecto ejemplo de la perogrullada de que el dinero no hace la felicidad. Nacida en 1920, se sobrepuso a una juventud en la pobreza en Brooklyn para convertirse en una exitosa corredora de condominios en Manhattan, posándose finalmente, en los años sesenta, en una firma de propiedad de Harry B. Helmsley, uno de los agentes inmobiliarios más importantes de la ciudad. Los dos se casaron en 1972, y Leona se convirtió en el rostro público de su imperio, la autoproclamada ‘reina’ de la cadena de hoteles de Helmsley. En una serie de anuncios que fueron publicados en la revista Times y en otras publicaciones, el rostro de Helmsley se convirtió en símbolo de la celebración de la riqueza en los años ochenta. Ella no aceptaba toallas chicas. "¿Por qué las aceptaría usted?"
Los Angeles, Estados Unidos. Un hombre de Los Angeles que mató al gato de su novia, diciéndole "sigue el rastro de sangre si quieres encontrar a Tweety", fue sentenciado a dos años de prisión.