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murió tony scott


[Matt Schudel] A los 85, muere el clarinetista de jazz.
Tony Scott, músico de jazz que ayudó a expandir los límites musicales del clarinete y que fue un temprano proponente de lo que ahora se llama música del mundo, murió el miércoles en su casa en Roma, donde vivió durante más de treinta años. Tenía 85 años y sufría de un cáncer a la próstata.
Músico de vasta y ecléctica escala, Scott se hizo famoso en los años cuarenta como uno de los primeros clarinetistas en dominar el bebop, el nuevo idioma del jazz. Digirió sus propios grupos como clarinetista, tocó en las secciones de saxófono de las bandas dirigidas por Duke Ellington, Tommy Dorsey y Buddy Rich, y tocaba el piano. A mediados de los cincuenta, cuando era director musical del cantante Harry Belafonte, escribió un arreglo para ‘Banana Boat Song (Day-O)', uno de los grandes éxitos de Belafonte.
Scott tocó con renombrados músicos y cantantes, de la talla de Dizzi Gillespie, Thelonious Monk, Bill Evans, Sarah Vaughan y Billie Holiday, aunque añoraba la época en que recorría las calles de Bulgaria o Indonesia, tocando su clarinete. Pasó varios años en Asia y África en los años cincuenta y sesenta y grabó álbumes que reflejan su interés en la música de otras culturas.
"Estaba buscando algo nuevo, emocional y espiritualmente", dijo en una entrevista de 1966. "El mundo del jazz de aquí ya no me decía nada -cool jazz, cool people. Se había acabado la pasión. En Japon encontré la calidez que buscaba".
En la cúspide de su éxito en los cuarenta y cincuenta, Scott llegó a ser considerado como el clarinetista más avanzado de su generación, sólo emulado por Buddy DeFranco. En 1953, el crítico Nat Hentoff escribió en la revista Downbeat: "Ningún otro clarinetista moderno tiene el fuego, el empuje, y el ritmo de Tony".
Scott, que fue bautizado como Anthony Joseph Sciacca, nació el 17 de junio de 1921, en Morristown, Nueva Jersey, como hijo de inmigrantes italianos. A los doce empezó a tocar un clarinete de metal, formó su primera banda a los catorce, dominó rápidamente el piano y estaba tocando en sesiones de jazz en Harlem a los dieciocho.
Estudió durante tres años en la Juilliard School, interpretando ‘Sophisticated Lady' en piano, para la audición. Tocó en bandas del ejército durante la Segunda Guerra Mundial y llegó a pasar las noches en clubes de jazz de Nueva York.
En 1943, oyó por primera vez al saxofonista Charlie Parker, uno de los progenitores del estilo bebop, y se resolvió a llevar los avances musicales de Parker al clarinete. A menudo tocaban juntos, y Scott llamaría más tarde a Parker el hombre del siglo -ya no solamente el músico.
En un concierto en Yugoslavia en 1957, dos años después de la muerte de Parker, Scott improvisó ‘Blues for Charlie Parker', que se convirtió en su composición más conocida. "Fue un decisión en caliente", dijo. "Musicalmente fue el punto más alto de mi vida".
Se instaló en Roma en 1970 y formó una asociación musical de cinco años con Romano Mussolini, un famoso pianista de jazz e hijo del líder fascista italiano.
En los años setenta y ochenta, Scott experimentó ampliamente con estilos musicales, antes de volver, más tarde en su carrera, a un jazz más tradicional.
"Sin los experimentos, el jazz habría muerto una muerte lenta... Si dejas de aprender, es mejor que lo abandones".
Cuidando su aspecto excéntrico, se dejó crecer una larga barba blanca y a veces desarmaba su clarinete en el escenario, pretendiendo que lo usaba como teléfono. Sin embargo, era dueño de una gran vitalidad, y siguió tocando hasta entrado en los ochenta.
Le sobreviven su esposa, Cinzia Scott, de Roma; y dos hijas de matrimonios previos.

5 de abril de 2007
2 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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murió faustino oramas


A los 95. El cantante de Buena Vista Social Club.
Faustino Oramas, 95, el popular cantante y uno de los últimos miembros originales de Buena Vista Social Club murió el martes, de cáncer, en Cuba.
Oramas, conocido como El Guayabero, que era popular por sus frases de doble sentido y el obsceno humor de sus canciones, era el sobreviviente más viejo del grupo original de Buena Vista, compuesto por músicos viejos que se hicieron famosos internacionalmente en los años noventa, gracias a su exposición en discos compactos y en un documental.
Oramas, nacido el 4 de junio de 1911 al oriente de Cuba, era conocido por sus interpretaciones de canciones cubanas tradicionales, como ‘Marieta' y ‘El rey del tumbaíto'.
Según la leyenda popular, Oramas se ganó su apodo tras escapar de la venganza de un marido celoso que lo sorprendió coqueteando con su esposa debajo de un árbol de guayaba.
Fue galardonado con el Premio Nacional del Humor (Cuba), en 2002.

1 de abril de 2007
29 de marzo de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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murió herman stein


[Dennis McLellan] A los 91 años muere el compositor de películas de horror.
Murió Herman Stein, en los años cincuenta compositor de planta de Universal cuyas piezas mejor conocidas son clásicos del cine de horror y de ciencia ficción, como ‘El monstruo de Laguna Negra' (La mujer y el monstruo) [Creature From the Black Lagoon] y ‘El increíble hombre menguante' [The Incredible Shrinking Man]. Tenía 91 años.
Stein murió el 15 de marzo debido a una insuficiencia cardíaca congestiva en su casa en Los Angeles, declaró David Schecter, productor de discos e historiador de la música de cine que es el albacea de Stein.
En los años treinta y cuarenta, Stein, nacido en Filadelfia, había escrito y compuesto para programas de radio y orquestas de jazz, incluyendo a Count Basie, Bob Crosby y Fred Waring, antes de convertirse en compositor de planta de Universal en 1951.
Empezando con su primer encargo de composición -para la comedia ‘Here Come the Nelsons', de Ozzie y Harriet Nelson-, Stein escribió partituras para todo tipo de género fílmico, incluyendo un western de Audie Murphy, una comedia de Abbott y Costello y un drama de Barbara Stanwyck. También escribió música para Ma y Pa Kettle y la serie de películas de Francis la mula [Francis the Talking Mule].
Pero para los fanáticos de las películas de ciencia ficción y horror, las piezas mejor conocidas de Stein son ‘El monstruo de Laguna Negra', ‘El increíble hombre menguante', ‘Llegaron del infierno' (Llegaron de otro mundo) [It Came From Outer Space], ‘Regreso a la Tierra' [This Island Earth] y ‘Tarántula'.
"Contribuyó a definir el sonido de las películas de monstruos de esa época", dijo Schecter, cuya discográfica independiente, Monstrous Movie Music, incluye grabaciones de algunas piezas clásicas de música de monstruos de Stein en cuatro cedés.
"‘Regreso a la Tierra' es uno de las partituras clásicas de la ciencia ficción", dijo Schecter. "Se sitúa al mismo nivel que ‘El día que la Tierra se detuvo' [The Day the Earth Stood Still], de Bernard Herrmann, y ‘El enigma de otro mundo' (La cosa de otro mundo) [The Thing From Another World], de Dimitri Tiomkin. Es igual de inventiva, si no más, pero nadie sabía quién la había escrito".
Stein, dijo, "era un compositor terriblemente talentoso, pero hizo su trabajo en relativa oscuridad".
A diferencia de otros conocidos compositores de cine, como Herrmann y Max Steiner, Stein recibió rara vez los créditos por sus piezas durante sus años en Universal, donde era a menudo uno de varios compositores asignados a una película y los créditos eran otorgados usualmente al supervisor musical antes que a los compositores.
En ‘Tierras lejanas' [The Far Country], la película de vaqueros del director Anthony Mann de 1954, con James Stewart, por ejemplo, Stein fue uno de los cuatro compositores, entre ellos Henry Mancini, que escribió música original no reconocida para la película.
Tras abandonar Universal en 1958, Stein trabajó independientemente como compositor de música para películas, entre ellas ‘El intruso' [The Intruder], el drama sobre racismo, del director Roger Corman, de 1962, con William Shatner.
En total, Stein escribió música para cerca de doscientas películas y cortometrajes, dijo Schecter. También compuso para comerciales, dibujos animados y televisión, incluyendo ‘Humo de revólver' [Gunsmoke], ‘Ballinger de Chicago' [M Squad], ‘Wagon Train', ‘Perdidos en el espacio' [Lost in Space] y ‘Viaje al fondo del mar' [Voyage to the Bottom of the Sea].
Cuando Schecter empezó su proyecto de Música de Películas de Monstruos en 1994, creía que Stein había muerto. De hecho, dijo, a principio de los años noventa una revista de espectáculos había publicado erróneamente un obituario de Stein.
"Empecé a llamar a todos los Stein de Los Angeles para ver si encontraba a algún familiar", recordó Schecter. "Quería saber dónde estaba su archivo musical, para ver si podíamos grabar algunas de sus partituras".
Un día después de semanas de dejar mensajes en innumerables máquinas contestadoras, dijo Schecter, "mi esposa entró a mi oficina y estaba literalmente pálida. Me dijo: ‘Te está llamado el tipo muerto'".
Era Stein.
Lo primero que le dijo Stein, recordó Schecter, fue: "Los informes sobre mi muerte han sido terriblemente exagerados". Después le dijo: "¿Para qué me estaba llamando?"
"Cuando le dije que quería grabar sus partituras para películas de monstruos, me dijo: ‘¿Para qué quieres grabar eso? ¿Por qué no te dedicas a grabar buena música?' Quería decir música de películas de vaqueros y dramas y ese tipo de películas porque en los años cincuenta esas eran cosas prestigiosas".
Schecter dijo que cuando le mencionó ‘El monstruo de Laguna Negra', Stein le dijo: "Oh, no puedo creer que alguien se acuerde de esa película".
"No tenía ni idea que esas películas se encuentran en video, que le interesaban a la gente y que todos sabían quién era él", dijo Schecter.
Nacido el 19 de agosto de 1915, a los tres años y medio Stein ya estaba tocando el piano. Ofreció su primer recital público a los seis y más tarde actuó en restaurantes y bares. Tras aprender instrumentación leyendo partituras en la biblioteca, se convirtió en un compositor profesional a los quince. Después de su período en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial, se mudó a Los Angeles en 1948.
Steine estaba todavía minimizando sus primeras piezas para cine en una entrevista de 2000 con el Philadelphia Inquirer, en la que sostuvo que no era más que un artesano y que "Universal era una fábrica".
"Todavía tengo sueños de que no termino antes del cierre", dijo.
Cuando se le preguntó que mencionara una película de la que se sintiera orgulloso, lo pensó un rato y finalmente ofreció una respuesta.
"Tengo una persecución de seis minutos en ‘Girls in the Night', un drama policial de 1953, dijo. "No es una película B, es una película Z. Era una persecución y yo quería mantener ese suspense hasta el final. Fue un trabajo muy gratificante.
"Me sentía orgulloso de eso".
La mujer de Stein, Anita, que tocó viola en la Filarmónica de Los Angeles durante muchos años, murió en 2001. No deja familiares.

dennis.mclellan@latimes.com

28 de marzo de 2007
25 de marzo de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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murió ray evans


[Dennis McLellan] Afamado escritor de ‘Mona Lisa' y ‘Whatever Will Be, Will Be (Que Sera, Sera)', murió a los 92 años.
A los 92 años murió Ray Evans, cuya larga colaboración con su compañero compositor Jay Livingston produjo una serie de éxitos que incluyeron la canción ‘Buttons and Bows', que recibió un Oscar, ‘Mona Lisa' y ‘Whatever Will Be, Will Be (Que Sera, Sera)'.
Evans, que formó un equipo con Livingston a fines de los años treinta, murió aparentemente de un ataque al corazón en el Centro Médico de la UCLA el jueves noche, dijo hoy Frederick Nicholas, abogado de Evans y su fideicomisario.
Considerados entre los grandes escritores de canciones de Hollywood, Livingston y Evans escribieron canciones para decenas de películas, la mayoría de ellas para la Paramount, para la que trabajaron de 1945 a 1955.
Con Livingston encargándose de las melodías y Evans escribiendo la lírica, la pareja escribió 26 canciones, de las que se vendieron, según se dice, más de un millón de discos de cada una.
"Ray Evans, junto con su difunto compañero Jay Livingston, nos dieron algunas de las canciones más perdurables del gran cancionero americano", dijo hoy el compositor Alan Bergman al Times. "Lo extrañaremos, pero sus canciones perdurarán".
Además de las tres canciones con las que ganaron un Oscar, Livingston y Evans ganaron cuatro nominaciones al Oscar: por ‘The Cat and the Canary', de ‘Why Girls Leave Home' (1945); ‘Tammy', cantada por Debbie Reynolds en ‘Tammy, la muchacha salvaje' [Tammy and the Bachelor] (1957); ‘Almost in Your Arms', de ‘Houseboat' (1958), y ‘Dear Heart' [Querido corazón], de la película del mismo nombre (1964).
‘Dear Heart', con letra de Livingston y Evans y música de Henry Mancini, se convirtió en un gran éxito para Andy Williams.
"Me encantó el disco que hice con ‘Dear Heart'", dijo Williams al Times hoy. "Livingston y Evans pertenecían realmente a una generación de compositores que yo adoraba, y yo canté un montón de sus canciones. Yo no estaba tan cerca de ellos como de Johnny Mercer y Henry Mancini, pero ciertamente reconocía su talento y lo bueno que eran en su oficio de producir grandes canciones".
Entre las canciones de Livingston y Evans, que se dice han vendido un total de casi quinientos millones de ejemplares, está la canción de Navidad ‘Silver Bells'. Introducida en la comedia de Bob Hope-Marilyn Maxwell de 1951, ‘El chico de las pastillas de limón' [The Lemon Drop Kid], ‘Silver Bells' fue interpretada por casi 150 artistas. De ella se vendieron más de 160 millones de ejemplares.
El dúo compositor también escribió los memorables temas para las series de televisión ‘Bonanza' y ‘Mr. Ed'.
"Ray tenía oído para el lenguaje hablado, lo vernáculo, que es algo que tenía en común con muchos de los grandes líricos", dijo hace unos años al Times el pianista y cantante Michael Feinstein, que lanzó en 2002 un álbum dedicado al cancionero de Livingston y Evans.
"Era capaz de destilar un estado de ánimo o sentimiento en una canción sin sonar cliché", dijo Feinstein. "Él mismo no se consideraba un escritor muy sofisticado, pero sabía expresar de modo elocuente los pensamientos, sentimientos y emociones del hombre de la calle".

Hijo de un vendedor de papel, cuerdas y arpilleras de segunda mano, Evans nació en Salamanca, Nueva York, el 4 de febrero de 1915.
Tras terminar la secundaria, donde tocaba el clarinete en la banda de la escuela y era el mejor estudiante, Evans obtuvo su licenciatura en económicas en la Universidad de Pensilvania.
Mientras estaba en la universidad, conoció a Livingston, un estudiante de periodismo de Pensilvania que había estudiado piano cuando era niño. Evans se unió a la banda de Livingston, que tocaba en bailes y fiestas en la universidad. Durante las vacaciones escolares tocaban juntos en bandas de cruceros.
Después de graduarse en 1937, Evans y Livingston continuaron trabajando en cruceros antes de mudarse a la Ciudad de Nueva York, donde empezaron su colaboración como compositores.
Lograron su primer éxito en 1941 cuando su canción ‘G'Bye Now' fue incorporada en la estrafalaria revista en Broadway de Olsen y Jonhson, ‘Hellzapoppin' y aterrizaron en ‘Your Hit Parade'.
En 1944 los dos compositores llegaron a Hollywood, donde lograron un éxito con la grabación con Betty Hutton de ‘Stuff Like That There'.
Ganaron su primera nominación al Oscar con ‘The Cat and the Canary'. Cuando trabajaban para Paramount, el dúo escribió uno de los mayores éxitos de 1946: la canción titular para la película de Olivia de Havilland, ‘Vida íntima de Julia Norris' [To Each His Own], el esquema básico que empezaba con la frase de Evans: "Para un beso se necesitan cuatro labios".
Durante una semana de 1946, cinco versiones de ‘To Each His Own' ocuparon un lugar en la lista de los primeros diez de Billboard's Top, con grabaciones de Eddy Howard (No. 1), Tony Martin, Freddy Martin, los Modernaires y los Ink Spots.
Livingston y Evans recibieron su primer Oscar por la animada ‘Buttons and Bows', que fue introducida por Bob Hope en la comedia de vaqueros de 1948, ‘Rostro pálido' [The Paleface], y fue interpretada por Dinah Shore, entre otros.
Cuando trabajaban para la Paramount, el dúo de compositores hizo incluso una aparición especial en el clásico de Billy Wilders, ‘El crepúsculo de los dioses' [Sunset Boulevard], de 1950.
Aunque nacieron a sólo seis semanas de diferencia, Livingston y Evans "no se parecían en nada", dijo Evans al Times en 1985.
"Yo soy fanático de los deportes, juego baloncesto y tenis todos los fines de semana. A Jay no le importan para nada. Es tranquilo e introvertido. Yo soy más extrovertido. Jay es un músico maravilloso. Yo tengo un oído de lata".
Pero, dijo: "Nuestros gustos son similares, y a ambos nos gustan la buena música y las buenas canciones".
‘Mona Lisa', con la que ganaron un Oscar, fue escrita para ‘Capitán Carey' [Captain Carey, U.S.A.], un drama de 1950 con Alad Ladd, y fue siempre la canción favorita de Evans.
Originalmente la canción fue titulada ‘Prima Donna', pero le cambiaron el título a sugerencia de la esposa de Evans, Wyn, que pensaba que ‘Mona Lisa' sonaba mucho mejor.
En la película, la canción es cantada por una cantante callejera ciega para enviar un mensaje a la resistencia italiana durante la Segunda Guerra Mundial y sólo se escuchan fragmentos.
Pero Evans y Livingston pensaron que si podía tocar la canción para Nat King Cole, quizás podrían convencerlo de que la interpretara.
"Así que Paramount Studio, que era dueño de la canción, movió algunos hilos y Cole nos permitió visitarlo en su casa y la tocamos para él, en 1950", contó Evans en una entrevista de 1993 con el Buffalo News. "Él la grabó y en 1951 Capital Records decidió no publicarla. Dijeron que nunca sería un éxito".
Finalmente Capitol usó la canción, pero sólo como el lado B de un sencillo de Cole que la discográfica pensaba que se convertiría en un éxito, ‘The Greatest Inventor of Them All'.
"Finalmente, nosotros fuimos los últimos en reírnos", dijo Evans. "No ha bajado casi nunca en popularidad y nos ha dado un montón de prestigio y ego".
Livingston y Evans también hicieron historia en la televisión cuando escribieron las canciones para el primer programa de televisión en color de noventa minutos, ‘Satins and Spurs', con Betty Hutton, para la NBC en 1954.
Tras dejar Paramount para trabajar como freelancers en 1955, Livingston y Evans ganaron su tercer Oscar con ‘Whatever Will Be, Will Be (Que Sera, Sera)', que fue cantada por Doris Day en la película de Alfred Hitchcock de 1956, ‘El hombre que sabía demasiado' [The Man Who Knew Too Much].
El dúo también escribió la música y letra de dos musicales de Broadway, ‘Oh Captain!', de 1958 (nominado al Tony como mejor musical) y ‘Let It Ride', de 1961. Y en 1979, dos de sus canciones fueron incluidas en la exitosa revista de Broadway, ‘Sugar Babies'.
En años posteriores, el dúo de compositores produjo materiales para Bob Hope y programas de beneficencia.
En 1993, Evans volvió a Salamanca, Nueva York, que rebautizó un teatro en la Calle Principal en su honor. Luego, a los 78, Evans contó al Buffalo News que él ya no escribía canciones. Los gustos populares habían cambiado drásticamente desde que él y Livingston vivieron sus días de gloria, reconoció. "Ahora no nos escucharía nadie", dijo.
Pero no se puede negar el poder de permanencia de las canciones de Livingston y Evans. El año anteior él, Livingston y su editor ganaron cada uno 400 mil dólares por concepto de regalías de éxitos pasados.
Pero aunque no tenían la "presión económica" para continuar escribiendo, dijo, "no sólo se vive de pan. Echas de menos la excitación y la diversión".
Tras la muerte de Livingston en 2001 a la edad de 86 años, Evans escribió algunas canciones con otros colaboradores. Pero, de acuerdo a Feinstein: "Dijo que era una experiencia extraña después de haber trabajado con Jay durante más de sesenta años".
A Evans, cuya esposa murió en 2003, lo sobrevive su hermana Doris Feinberg.

dennis.mclellan@latimes.com

16 de febrero de 2007
©los angeles times
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murió frankie laine


[Claudia Luther] A los 93. Cantaba ‘Mule Train', el tema de ‘Rawhide'.
Frankie Laine, el cantante de la resonante voz que logró grandes éxitos con canciones como ‘That Lucky Old Sun', ‘Mule Train', ‘Cool Water', ‘I Believe', ‘Granada' y ‘Moonlight Gambler', murió el martes en el Scripps Mercy Hospital en San Diego. Tenía 93 años.
Laine ingresó al hospital durante el fin de semana para una operación de reemplazo de cadera, pero sufrió complicaciones, dijo su amigo A.C. Lyles, productor de Paramount Pictures. De acuerdo a la familia de Laine, la causa de la muerte del cantante fue una enfermedad cardiovascular.
En total, Laine vendió más de cien millones de discos y obtuvo 21 discos de oro. Era inmensamente popular no solamente en Estados Unidos sino también en Gran Bretaña y Australia.
Incluso después de que su popularidad alcanzara su punto más alto con el surgimiento del rock ‘n' roll, Laine siguió siendo escuchado durante muchos años cantando el tema de la serie de televisión de vaqueros ‘Rawhide', en la que actuaba el joven Clint Eastwood y que se emitió hasta 1966.
La mayoría de los que recuerdan a Laine por sus grandes éxitos podrían difícilmente saber que su obra incluye temas como ‘Baby That Ain't Right', ‘Rosetta' y muchas otras canciones que eran más del estilo que Laine consideraba como sus raíces: el jazz y el blues.
"Años antes de Elvis Presley, Laine introdujo a la música popular una potente mezcla de blues, jazz y country", dijo el crítico de jazz Don Heckman. "Rara vez reconocido en el trabajo de Laine, cantaba con el fácil y suelto fraseo y la imaginativa articulación de los músicos de jazz".
Laine empezó en el jazz, pero fue apartado de él por el arreglador Mitch Miller, que convirtió a Laine en un artista popular.
"Cuando le dije que probablemente iba a perder a mis fans del jazz [con esas canciones], tenía razón", contó Laine a David Kilby, de la Australian Broadcasting Corp. "Pero me dijo que ganaría otro tipo de fans, y así fue".
Miller produjo la mayoría de los éxitos de Laine en los años cuarenta y cincuenta, incluyendo ‘Mule Train' y ‘That Lucky Old Sun'. Dijo que le encantaba la voz de Laine porque sonaba como la de "un obrero, un tipo que no sabe quién le va a pagar su próxima paga".
Al principio, Laine se negó a cantar ‘Mule Train'.
"No puedes hacerme cantar una canción de vaqueros", le dijo a Miller. "¡No la cantaré!"
Pero Miller lo convenció de grabarla y fue uno de los más grandes éxitos de Laine.

Francesco Paolo LoVecchio nació el 30 de marzo de 1913, el mayor de ocho hijos de inmigrantes sicilianos que se asentaron en el barrio de la Pequeña Italia en Chicago. Su padre era un barbero entre cuyos clientes se encontraba Al Capone; su abuelo materno fue asesinado por la mafia. Laine decía que él provenía de una familia "grande y pobre, pero feliz".
De joven, Laine cantaba en el coro de chicos de la iglesia, pero se excitó por primera vez con la música cuando estaba escuchando uno de los discos de su madre en un Victrola a cuerda: Bessie Smith cantando ‘Bleeding Hearted Blues', con ‘Midnight Blues' en el lado B.
"La primera vez que coloqué la aguja en ese disco, sentí escalofríos y una excitación indescriptible", dijo Laine.
El disco fue su primer encuentro con el jazz y blues, que lo atrajeron a la música.
A los dieciocho, con la Depresión en curso y su padre sin trabajo, Laine se echó al mundo participando en maratones de baile. En total participó en catorce maratones, saliendo primero en tres ocasiones. Él y su colega, Ruthie Smith, entraron al Guiness Book of World Records por bailar 145 días ininterrumpidamente (aunque corrige al Guiness, diciendo que él y Smith bailaron durante 46 días).
Laine dijo que la vida de bailarín de maratón no era tan triste como se había retratado en la película de 1969, ‘Danzad, danzad malditos' [They Shoot Horses, Don't They?], basada en una novela de Horace McCoy.
"Por raro que suene hoy todo este negocio, era una manera decente de mantener el cuerpo y el alma en un solo lugar durante la Depresión", dijo. "Gané experiencia y conocimiento de la naturaleza humana y aprendí cómo manejarme con grandes multitudes". Además, dijo, parte de la atención que recibió entonces lo ayudaron a "encender una chispa de esperanza de que yo podía aspirar a cosas más grandes y mejores".
Pero Laine no tendría éxito sino hasta mediados los treinta. Hasta entonces, vivió la dura vida de un músico desconocido en las profundidades de la Depresión. Viajaba de ciudad a ciudad, a menudo sin dinero suficiente para el hotel o una comida decente.
Tiempos como esos, que describió en su autobiografía, no eran inusuales: "Armado con cuarenta dólares y una carta de recomendación de Hoyt [Kline]" -un amigo de Louis Armstrong-, "me marché por segunda vez a Nueva York. Con la experiencia que tenía en clubes y esas canciones nuevas, pensé que estaría cantando en una semana. Me tomó tres días poder ver al ejecutivo de una radio; a él le tomó quince minutos enseñarme la puerta".
No mucho después había agotado su "fardo patéticamente chico" ganado en audiciones en club tras club. Entraba a hurtadillas en hoteles y dormía en el suelo -al menos, hasta que lo descubrían y ponían en la calle. Entonces tuvo una oportunidad: una audición en la radio WINS, donde le pagaron cinco dólares a la semana cantando en un programa en vivo de media hora.
Fue el director de programas de WINS el que cambió su nombre de Frank LoVecchio, a Frankie Lane. (Laine alteró la ortografía para evitar ser confundido con otro cantante con el mismo apellido).
Años de giras, de trabajar en otros oficios y de poner su talento a prueba lo llevaron finalmente a Los Angeles, donde visitaba clubes como Slapsy y Maxie's y Billy Berg's. Fue en Billy Berg's que conoció a Duke Ellington, Art Tatum y muchas otras leyendas. Y fue allí donde cantaría de vez en vez gratis antes de ser finalmente contratado.
Pero tampoco este acontecimiento fue una escalera al éxito, aunque finalmente Laine tuvo la oportunidad de grabar unas canciones para Mercury Records. Decidió que quería cantar una vieja canción que había oído años antes, ‘That's My Desire', pero no la pudo recordar bien como para cantarla del modo en que había sido escrita, así que improvisó.
‘Desire' fue la canción que dio a Laine su golpe de suerte, aunque hubo de pasar casi un año. Primero se introdujo en las listas de éxitos llamadas del pop de Haarlem, que registraban las ventas a clientes negros.
"Eso no me sorprendió", dijo Laine. "En mis años flacos fracasé en muchas audiciones porque, me dijeron, sonaba ‘demasiado negro'... Estoy seguro que la confusión era el resultado directo de la música que me había influido mientras desarrollaba mi estilo. Supongo que me convertí en el primer cantante soul de ojos azules".
En 1947, ‘Desire' obtuvo más tiempo en el aire, incluso en Europa. Hacia el otoño, Laine recibió sus primeras regalías por la canción: 36 mil dólares. Tenía 34 años.
Tras el éxito del rock ‘n' roll, Laine fue considerado como anticuado. Siguió siendo popular en Europa y Australia, y tuvo un segundo retorno cuando grabó las canciones para ‘Rawhide', la película de Mel Brook, ‘Sillas de montar calientes' [Blazing Saddles] y una enorme cantidad de comerciales, uno de ellos para las sopas Manhandlers de Campbell.
Siguió actuando, viajando ampliamente con su mujer, la actriz Nan Grey. Después de la muerte de Grey en 1993, se quedó en su casa cerca de San Diego, donde la pareja había vivido desde 1968. Se casó con Marcia Ann Kline en 1999.
En ‘Off the Record', un libro con entrevistas con populares iconos de la música, Laine dijo al autor, Joe Smith, que el antiguo presidente de la discográfica Warner Bros., Elektra and Capital, que si él pudiera cambiar algo acerca de su éxito, sería "haberlo tenido diez años antes".
"Diez años es un buen trecho de traqueteo", dijo Laine. "Pero yo estuve traqueteando durante diecisiete años antes de tener éxito, y diecisiete años es mucho tiempo".
Además de su mujer, a Laine lo sobreviven su hermano, Phillip LoVecchio, de Chicago; sus hijas Pamela Donner, de Sherman Oaks, y Jan Steiger, de Coeur d'Alene, Idaho; y dos nietos.

7 de febrero de 2007
©los angeles times
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murió anita o'day


[Dennis McLellan] A los 87, muere renombrada cantante llamada la ‘Jezabel del Jazz'.
Anita O'Day, que se empinó a la fama como cantante con la banda de swing del baterista Gene Krupa a principios de los años cuarenta y se convirtió en una de las voces más distintivas de la historia del jazz, murió el jueves. Tenía 87 años.
Según informó su manager, Robbie Cavalina, O'Day murió de un paro cardíaco en un hospital de convalecencia en Los Angeles West.
Se estaba recuperando de una neumonía y su salud se encontraba deteriorada debido al Alzheimer que padecía.
Desenfadada, franca e independiente, O'Day empezó su carrera de cantante cuando era adolescente, para hacer dinero extra mientras participaba en el circuito de walkathon [torneos de caminatas] durante la Depresión.
Cuando en 1941 Krupa la contrató en Chicago como vocalista, por un salario de cuarenta dólares a la semana, ella era todavía una cantante relativamente desconocida en los antros de jazz de su ciudad natal.
Presentada como la Jezabel del Jazz una década después, O'Day tituló su autobiografía de 1981 como ‘High Times Hard Times".
En el libro repasa su vida turbulenta, que incluyó abortos clandestinos, una crisis nerviosa, dos matrimonios fracasados, un período de cárcel por posesión de drogas y una adicción a la heroína de más de una década que casi terminó con su vida, por sobredosis, en 1966.
"¡Era una gata salvaje, pero cantaba muy bien!", dijo Krupa.
O'Day cantaba con lo que el crítico de jazz Leonard Feather describió como un "estilo rompe notas, como una trompa, y guay, ronco".
A raíz de que un doctor le cortara, durante una operación de las amígdalas a la edad de siete años, accidentalmente la campanilla (la pequeña y carnosa parte del velo del paladar que cuelga arriba en la parte de atrás de la lengua), O'Day carecía de vibrato y era incapaz de sostener una nota.
"No soy una cantante, soy una estilista de la música", insistió O'Day en 1989 en una entrevista con el New York Times. "No soy cantante porque no tengo vibrato... Si quiero hacerlo, tengo que mover mi cabeza. Es por eso que puedo cantar tantas notas -para que no te des cuenta de que no tengo ninguna. Ese es mi estilo".
En un artículo de 1981 sobre O'Day en Newsweek, el escritor Charles Michener observó: "A excepción de Blossom Dearie, el registro de su voz puede ser más pequeño que en otras cantantes de jazz, pero su flexibilidad le permite imitar los sonidos de instrumentos musicales, deslizarse y moverse en una canción del mismo modo que la lengua de un gato bebe absorbe la leche".
Ese mismo año, O'Day dijo al Christian Science Monitor: "Cuando no tienes demasiada voz, tienes que usar todo lo que encuentres a la mano, todos los semitonos. Ese es el registro que manejo yo. No soy como Lily Pons o Sarah Vaughan".
O'Day logró uno de los éxitos más grandes de la banda de Krupa con ‘Let Me Off Uptown', con el gran trompetista Roy Eldrigde, en 1941.
Incluía la memorable súplica de Eldridge: "Anita, oh Anita! say, I feel somethin!", antes de lanzarse a un electrizante solo.
Llamada la Nueva Estrella del Año por la revista Down Beat, O'Day logró acumular otros éxitos con la banda de Krupa, incluyendo ‘Alreet', ‘Kick It' y ‘Bolero at the Savoy'.
En su libro ‘The Big Bands', el cronista de las big-bands, George T. Simon, escribió que "el estilo rítmico, gutural, natural de O'Day primero confundió, pero más tarde sedujo a muchos auditores. Mientras que la mayoría de las cantantes de bandas habían proyectado una imagen muy femenina o al menos una imagen de chica mona, Anita se veía estrictamente como una jazzista chévere".
O'Day en realidad incluso definió un estilo para las vocalistas de bandas, llevando la chaqueta, falda y blusa de la banda en lugar de un vestido cuando actuaba en giras.
"Pocas vocalistas de grupo", escribió Simon, "se pueden comparar con sus interpretaciones de ‘Georgia on My Mind', ‘Green Eyes', ‘Thanks for the Boogie Ride', ‘Murder, He Says' y ‘That's What You Think'.
Simon describió la última canción como un "opus casi sin palabras, lento, melodioso, totalmente infeccioso, en el que, como dice Krupa, puedes oír lo mucho que se parece al sonido de una trompa de jazz".
Después de dejar a Krupa, O'Day fue vocalista de la banda de Stan Kenton, de 1944 a 1945; su grabación más popular con Kenton fue ‘And Her Tears Flowed Like Wine', de la que se vendieron millones de copias.
En 1945, Down Beat llamó a O'Day su Top Girl Band Vocalist, y 22 críticos de jazz la eligieron como la Excepcional Nueva Estrella [Outstanding New Star] en una encuesta de la revista Esquire.
Tras dejar a Kenton y volver a la banda de Krupa en 1945 por menos de un año, O'Day empezó su carrera como solista en clubes nocturnos.
A principios de los años cincuenta, grabó con los sellos discográficos del empresario del jazz Norman Granz, Clef y Norgran y, a mediados de los años cincuenta, grabó una serie de exitosos álbumes para el nuevo sello de Granz, Verve, incluyendo ‘Anita' (1955), ‘Pick Yourself Up' (1956), ‘Anita O'Day Sings the Winners' (1958), ‘Cool Heat' (1959) y ‘All the Sad Young Men' (1961).
Una memorable actuación en el Festival de Jazz de Newport en 1958, en el que cantó nueve canciones, fue captada por el fotógrafo Bert Stern para el documental ‘Jazz on a Summer's Day'.
El documental, que mostraba a O'Day cantando ‘Tea for Two', y ‘Sweet Georgia Brown', aumentó su prestigio como leyenda del jazz, convirtiéndola en estrella en Japón y allanando el camino para giras internacionales.
En la época de su triunfante actuación en el Festival de Jazz de Newport, O'Day llevaba 14 años de adicción a la heroína.
Como cantante de bandas, dijo en una entrevista con Los Angeles Times en 1973, "las drogas simplemente estaban ahí. Era lo que estaba ocurriendo. Estuve usándolas durante 20 años y gracias a ellas perdí un par de bonitas casas, un Jaguar, mi autoestima, todo. Me arrestaron por primera vez por marihuana y estuve 45 días presa. La segunda vez también fue por yerba... Debía cumplir 90 días, pero estuve 45 por buena conducta. Eran delitos menores.
"Pero la tercera vez me arrestaron por heroína. Eso fue un montaje -un músico me tendió una trampa. Evitaba meterse en problemas delatando a alguien de vez en cuando. Me metieron por seis meses a la cárcel. Bueno, me imaginaba que yo ya tenía mi nombre, así que podría jugar el juego. Así que cuando salí, decidí intentarlo. Pero es como la arena movediza: nunca logras salir".
Después de una sobredosis casi fatal en Los Angeles en 1966, dejó el hábito de la heroína de un día para otro, aunque empezó a beber.
Nació como Anita Belle Colton en Chicago el 18 de octubre de 1919. Su padre la abandonó cuando tenía un año; su madre, a la que O'Day en su libro retrata como fría e indiferente, trabajaba en una planta empaquetadora de carne.
Como hija única, O'Day empezó a cantar desde que era niña en la iglesia en las visitas que hacía los veranos a sus abuelos en Kansas City.
Se marchó de casa a los 14, con la aprobación de su madre, e hizo autostop hasta Muskegon, Michigan, para participar en una walkathon, un torneo de resistencia de 24 horas similar a las maratones de baile que hacían furor entre los estadounidenses desempleados durante la Depresión.
O'Day empezó entonces a viajar por el Midwest participando en torneos de caminatas. "Comía siete veces al día y bailaba", dijo a la revista People en 1989. "Cuando tienes 14, eso no duele".
Ganaba dinero extra cantando, bailando y vendiendo fotografías de ella y su compañero.
En esa época se cambió el nombre a O'Day, que explicó más tarde era su término para la ‘pasta' [dough] que pensaba hacer.
O'Day, que alguna vez estuvo caminando sin parar durante ocho días, pasó dos años en el circuito antes de que un inspector la descubriera y obligara a volver a casa a terminar la escuela.
Iba a la escuela durante el día y por las moches empezó a cantar en tabernas en el la zona norte de Chicago. En 1939 fue contratada para cantar en el Off-Beat Club en el centro de Chicago. Al final de su debut de cinco canciones, recibió una ovación de pie.
"La gente gritaba, daba patadas, aplaudía, silbaba, se subía a las sillas y vitoreaba", escribió en su autobiografía. "Era la respuesta con la que habías soñado siempre... Fue un éxito más allá de todas mis expectativas... Yo no era solamente la perla de las noches de Chicago; yo era la perla de todos los músicos de jazz y de todos los aficionados al jazz de la ciudad".
El último disco de O'Day fue ‘Indestructible Anita O'Day', editado en abril.
Se casó joven con el músico Don Carter y luego con el golfista y empresario Carl Hoff. Su matrimonio con Carter fue anulado y el matrimonio con Hoff terminó en divorcio.
No deja sobrevivientes.

dennis.mclellan@latimes.com

24 de noviembre de 2006
©los angeles times

©traducción mQh
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fábrica de acordeones


[Ina Godoy] La fábrica de acordeones Anconetani.
Se fundó a principios del siglo XX, y entonces era no sólo la primera, sino la única fábrica de acordeones artesanales de Sudamérica. Ahora sigue siendo la única de Argentina, y el apellido de la familia Anconetani es legendario entre clientes fieles como el Chango Spasiuk, Antonio Tarragó Ros o Raúl Barboza. Aquí el hijo del fundador, don Nazareno, de 84 años, repasa su historia de artesano y revela algunos —pocos— secretos.
Atrás de una fachada reformada se abre como un fuelle, en estado casi original, la primera y única fábrica de acordeones artesanales de la Argentina. Adentro, un boliche detenido en el tiempo, una casa que pasó por mejores momentos, un patio en el centro y la escalera que da al taller, todo está intacto desde hace casi un siglo.
Nazareno Anconetani es hijo de Giovanni, el fundador de la fábrica; tiene 84 años y es el único de la familia que sigue cumpliendo a rajatabla el horario de trabajo full time en el taller. Mezcla de guía con anfitrión, va a paso lento atravesando la casona vacía, desde las vidrieras polvorientas del local, el patio, sumergiéndose de a poco, escalón por escalón, en la escalera que lleva al taller. Ahí lo espera su banco, instalado en un rincón, junto a una lista de nombres, fechas y anécdotas que descansa en el tablero de trabajo, por si la memoria le falla. "Mi papá nació en Loretto, cerca de Castelfidardo, en Ancona, una provincia italiana especializada en la construcción de acordeones", cuenta el menor de los Anconetani, en un auténtico dialecto que mezcla el español y el italiano, mientras manotea la lista más por emoción que por falta de memoria. "Giovanni era amigo de Paolo Soprani, vino por primera vez a la Argentina como viajante hasta que se quedó acá, como importador de la firma", relata Nazareno, recordando el admirado vínculo de su padre con el fabricante que le dio nombre a los acordeones italianos más prestigiosos del mundo, junto a los alemanes Hohner.
Cuando se instaló definitivamente en la Argentina en 1918, Giovanni ya era un erudito: desde los 17 años se había dedicado exclusivamente a la construcción artesanal de acordeones Paolo Soprani, además de venderlos y ejecutarlos. Sobre ese prontuario se paró para abrir las puertas de la primera fábrica de acordeones artesanales de Sudamérica.

Hechos A Mano
Lo que hoy es el límite entre los barrios de Palermo y Chacarita, en 1918 era una zona donde los inmigrantes habían establecido sus quintas y puestos de venta de frutas y verduras. En las tardecitas, al final de la jornada de trabajo, los verduleros añoraban su tierra tocando y cantando sus canciones. "Escuchá la verdulera", decían los vecinos, mientras oían los acordeones diatónicos que los inmigrantes solían tocar. Por ahí andaba Giovanni una tardecita de ésas, tocando en la casa de un compatriota, cuando vio salir a una joven a tirar un balde de agua para aplacar el polvo de la calle que subía con la temperatura. "Aquella bella ragazza era Elvira Moretti, su futura esposa, mi madre", dice Nazareno, el menor de los 5 hijos del matrimonio. "Mi mamá siempre contaba que mi papá le pidió un día que le alcanzara la cola vinílica, y desde el momento en el que se la alcanzó, nunca dejó de trabajar en la fábrica, así que antes de nacer yo ya estaba en el taller, en la panza de mi madre", agrega.
Un día de 1939, las piezas importadas para armar los acordeones dejaron de llegar desde Italia a la casona de Guevara 478. La Segunda Guerra Mundial había comenzado y así fue como Giovanni empezó a construir los instrumentos con sus propias manos, y las de toda su familia. "Fueron seis años en los que Europa parecía no existir, no llegaban cartas ni llamadas telefónicas", dice Nazareno. "Pasaba los días enteros sentado en el torno haciendo botones de acordeón, trabajábamos como presos", recuerda, más cerca del orgullo que del rencor. La historia del apellido que se convirtió en marca está guardada en su memoria en forma de infinitas anécdotas. "Un buen día vinieron tres alemanes, uno de ellos traía en la mano un catálogo que mi padre había mandado hacer, que hablaba de la primera y única fábrica de acordeones de Sudamérica." Frente a la oferta de importar materia prima de Alemania y construir los instrumentos en Argentina que Giovanni recibió aquel día, preguntó: ¿cómo se van a llamar los acordeones? Y los alemanes respondieron nada más y nada menos que Hohner ("a lo sumo podemos hacer un modelo Anconetani de Hohner", agregaron). "¿Sabe lo que les contestó mi padre?", dice Nazareno, como quien habla del hombre más fuerte o más sabio del mundo: "¿Por qué no hacemos al revés? ¿Un modelo Hohner de Anconetani?", y se entrega a las carcajadas. "Ese día aprendí una de las lecciones más sabias de la vida: cuando los alemanes se fueron, mi padre reunió a toda la familia, nos contó lo sucedido y nos pidió una opinión. La mayoría aprobó la propuesta, lo veían como una oportunidad de crecimiento, yo era muy chico y recuerdo perfectamente la respuesta de mi padre, que nos trató de estúpidos a todos y terminó diciendo que le vendíamos el alma a cualquiera", recuerda Nazareno.
Así fue como los Anconetani sobrevivieron a la conquista de la mismísima Hohner y evolucionaron en la fabricación artesanal de instrumentos que se fueron destacando cada vez más por estar hechos a medida. "Un día vino un cliente que tocaba el acordeón, y acababa de perder el brazo izquierdo, a decirle a mi padre que quería seguir tocando. No sé cómo se le ocurrió, pero le hizo un aparato que de un lado se agarraba con una mano y del otro se apoyaba en una pierna con una especie de pie metálico, así tocaba aquel cliente y le iba muy bien. Cada instrumento que construimos es distinto a los demás, son piezas únicas", asegura Nazareno.

Hechizo de Luna
En el clímax de la historia que desgrana con impecable memoria, a Nazareno se le fuga la mirada como si se transportase en el tiempo. "Escuchábamos en radio Colonia un aviso publicitario con una frase que había inventado mi mamá, que decía: ‘Para violines Stradivarius y para acordeones, Anconetani, porque son extraordinarius'", remata desde el podio de la nostalgia.
La lista de recuerdos engorda cuando llega el turno de enumerar a los clientes de la familia-fábrica. Nazareno tiene en sus manos la herramienta para demostrar que los acordeones Anconetani son los preferidos por virtuosos artífices del instrumento de ayer y de hoy. Con la emoción de un niño durante su actuación en la escuela, rescata de la hojita temblorosa nombres que retumban y rellenan la soledad del taller.
Julio Erman ‘Gasparín', Bertolín, Ernesto Montiel, Antonio Tarragó Ros, son algunos de los que inauguran la extensa fila de clientes que –comprada de uso, mandada hacer o heredada– hicieron realidad el sueño de tocar una Anconetani.
El final de la década del ‘30 y el principio de los años ‘40 fue indudablemente la época de oro de la familia italiana que, además de trascender como fabricantes, se codearon con D'Arienzo y Troilo. "Antes no había bailanta, estaban la orquesta típica y la jazz, entonces la muchachada compraba el diario El Mundo, que era como ahora Crónica o cualquier otro diario popular, que traía la cartelera del fin de semana; Bertolín y Brunelli eran las dos columnas más grandes que hubo del acordeón", evoca Nazareno, en una catarata melancólica de la que sobresalen las postales más sabrosas de su relato. La de Raúl Barboza o el Chango Spasiuk, llegando de la mano de sus padres a la casa de Guevara, que hasta hoy sigue siendo un lugar de paso obligado durante sus estadías en la capital porteña, es una de las más sabrosas para Nazareno. Mientras que Barboza y Spasiuk atesoraron sus flamantes Anconetani (ver recuadro) siendo niños, desde Montevideo, Hugo Fattoruso muestra admiración por estas artesanías y, si bien tiene una Paolo Soprani, el parentesco queda en evidencia cada vez que visita el taller de la familia, en busca de alguna reparación.
A esta altura, sólo queda intentar develar algunos de los secretos del éxito, pero Nazareno aprendió al pie de la letra la lección que su padre le dio la tarde que desembarcaron en la fábrica los alemanes de la Hohner. "El resultado de aquella experiencia sigue vivo hasta hoy, porque nuestros acordeones llevan nuestro apellido y eso es una gran satisfacción personal que nada tiene que ver con el dinero, ese saber tiene un valor moral que no se paga con nada", sentencia.
La calidad del sonido del instrumento está íntimamente relacionada con la calidad de la madera con la que fue fabricado. "Ahora se usa mucho el plástico, pero la expresión de la madera es incomparable, parece mentira, pero cuanto más viejas son, mejor suenan, son como el vino, la madera se va estacionando", explica el experto. "Nuestros instrumentos son hechos con madera que sacamos de un bosquecito propio que tenemos en Bernal, con pinos, abedules, palisandros. Y como la luna gobierna la madera, los podamos solamente en cuarto creciente, de lo contrario la madera no sirve", agrega, dosificando uno de los secretos: el de la luna.
Cada tanto, cuando se le agotan las palabras, Nazareno interrumpe su relato y camina en busca de uno de esos acordeones que no vendería por nada del mundo. Se lo calza, no le quita los ojos de encima, apenas lo toca y vuelve a dejarlo, mientras repite incansablemente: "¡qué lindo está, qué bien que suena, es una reliquia hecha en casa, lo veo y no lo creo, y si lo escucho, menos!". La euforia le da paso a una nueva reflexión: "Hay secretos que uno se lleva a la tumba con ganas, porque nos llevó toda una vida aprenderlos", asegura, esta vez con los ojos perdidos en el patio donde todavía, algunas tardecitas, toca el acordeón.
El viernes que viene a las 17 hs., en Guevara 492 se organiza una fiesta popular para celebrar el 1° año del Museo Anconetani del Acordeón. Se prometen invitados de lujo.

12 de noviembre de 2006
©página 12
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hallan tres mil partituras


Hallan tres mil partituras de música barroca en Bolivia.
La Paz, Bolivia. Más de 3.000 partituras de música barroca antigua, en su mayoría originales, fueron recuperadas por comunidades indígenas del área amazónica del norte de Bolivia, en lo que constituye uno de los hallazgos más importante de la historia cultural del país.
El descubrimiento fue realizado en la zona del río Ichoa, en el departamento boliviano del Beni, informó hoy Antonio Puerta, representante de la organización no gubernamental española Taupadak (‘latidos', en lengua vasca), uno de los impulsores del proyecto.

Superaría a Chiquitos
Con ese hallazgo, el Archivo Musical de Mojos casi dobla su contenido y, según sus responsables, probablemente se convertirá en el más grande de Bolivia, por encima del de Chiquitos, la otra región donde estuvieron los jesuitas, en el este del país.
Los textos musicales encontrados corresponden a principios del siglo XX, pero hay muchos del siglo XIX, dijo Puerta, al destacar la importancia de los documentos pertenecientes a la época jesuítica desarrollada en Bolivia, Paraguay y el norte de Argentina entre los siglos XVII y XVIII.
"Se trata de misas, cantos de alabanza, cantos de penitencia y de celebración de santos que tienen un valor enorme porque completa, al menos en la mitad o más, lo que podría ser considerado el Archivo Musical de Mojos", destacó.
Además, "hay piezas muy importantes que, tal vez, corresponden al año 1700 o quizá al 1800 pero son mínimas", reveló.

Tradición Indígena
Las partituras fueron recogidas por el propio Puerta y representantes de la Pastoral Indígena y del Equipo Pastoral Rural del Vicariato Católico del Beni, con la cooperación del Servicio Nacional de Áreas Protegidas.
Explicó que una parte de los textos fueron recibidos en catorce carpetas de manos del indígena Nemesio Guaji, de 82 años, uno de los pocos ancianos que siguió la tradición ‘copista' de algunos nativos.
Guaji vive en San Antonio de Imose, comunidad ubicada a orillas del río Ichoa, en la jurisdicción del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis).

La ‘Loma Santa'
El resto del material lo proporcionaron los nietos de Primitivo Guaji, en la población de San José del Sécure, y de Manuel Espíritu Mae, de San Lorenzo de Mojos, ambos indios que en el siglo pasado todavía seguían buscando la ‘Loma Santa', la ilusión del paraíso que les inculcaron los misioneros.
"De manera sorprendente, existen carpetas en un estado conservación asombrosamente bueno, a pesar de la humedad" imperante en la región, gracias al cuidado que le dieron sus protectores, explicó Puerta.
Puerta reveló que, entre los manuscritos recibidos de los indígenas, hay copias realizadas en el 2005, "lo que demuestra que la tradición no ha muerto y los nietos y bisnietos siguen ejerciendo su apego a la tradición heredada".
"Las copian porque consideran que es algo sagrado", aunque los custodios no son músicos, recalcó.

La Búsqueda Continúa
La misión continuará con otros viajes a la zona más sureña del Tipnis y al oeste, hasta donde muchos antiguos habitantes caminaron en busca de la ‘Loma Santa' y se quedaron, llevándose su cultura.
La ONG vasca Taupadak gestiona la Escuela de Música de San Ignacio de Mojos, ubicada en el norte del Tipnis, donde niños y jóvenes de entre 7 y 20 años, la mayoría procedentes de hogares con un alto grado de marginalidad social y cultural, aprenden a cantar y a tocar varios instrumentos musicales.

7 de julio de 2006
©el mercurio
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