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niñas en cárceles de brasil


En el estado brasileño de Pará. Funcionarios y reos pueden ser condenados a penas de prisión por la violación y tortura de una niña de quince que fue retenida por veintiún hombres. Los críticos culpan la insensibilidad, la corrupción y la falta de celdas para mujeres.
Abaetetuba, Brasil. Una niña de quince años arrestada por hurto fue retenida durante semanas en una cárcel, en una celda con veintiún hombres, que la violaron, torturaron y sólo le permitían comer a cambio de sexo.
Sus gritos se podían oír desde la calle. Sin embargo, la policía se negó a intervenir, y fue necesario informar a la prensa local para que la liberaran.
Diez oficiales de policía y gendarmería y dos reos podrían ser condenados a veinte años de cárcel si se les encuentra culpables. El veredicto se espera para este mes. Pero casi un año después del crimen, el elemento más espeluznante es lo normal que parecieron a muchas de las penurias de la niña en la sofocante ciudad portuaria de 78 mil habitantes, en la boca del Amazonas, donde estuvo encarcelada.
Después de que estallara el escándalo, la gobernadora del estado de Pará, Anna Julia Carepa, reconoció que las niñas eran arrestadas expresamente para proporcionar gratificación sexual a los presos, "una práctica desafortunada que lamentablemente viene ocurriendo desde hace un tiempo".
Después de estallido el escándalo, Carepa, algunos legisladores e incluso el presidente juraron atacar los problemas que originaron la agresión: una policía insensible y corrupta y un sistema carcelario con pocas celdas separadas para mujeres. La cárcel fue demolida.
Sin embargo, Pará, un estado en la selva dos veces el tamaño de Francia, todavía sólo tiene seis celdas separadas para mujeres en sus 132 cárceles.
La juez Clarice Maria de Andrade, que aprobó el encarcelamiento de la niña, fue transferida a otra jurisdicción, sin ni siquiera una reprimenda. Está lejos de estar claro si la actual pesquisa judicial, realizada a puertas cerradas debido a que la víctima era una menor de edad, resultará en condenas.
"Le pasó a esta niña, pero pudo haber sido cualquiera de las cientos de niñas de la ciudad", dijo el obispo Flavio Giovenale, que ha recibido amenazas de muerte por denunciar a la policía implicada en casos de corrupción y en el crimen organizado.
Giovenale dice que esos abusos son tan habituales en Abaetetuba que cuando la organización de defensa del niño Guardian Council contó al jefe de policía sobre la niña menor de edad que estaba encerrada en la cárcel, este se negó a dejarla en libertad.
El jefe de la policía está ahora siendo investigado y se niega a hablar en público sobre el encarcelamiento. El Guardian Council entregó la historia a la prensa local.
"Fue su tercera vez en la cárcel; la única diferencia es que esta vez alguien se dio cuenta", dijo Selma Pinheiro Serrano, una prostituta de veintitrés años que conoció a la niña.
Serrano dice que su historia se parece mucho a la de la víctima, que no podemos identificar debido a que fue víctima de agresión sexual. Las dos provienen de familias con padrastros que las violaron y obligaron a salir a la calle a vivir entre prostitutas, delincuentes y vendedores de crack.

El desempleo en Abaetetuba ronda en el setenta por ciento, y pocas escuelas van más allá del quinto grado.
La venta de drogas y la prostitución a menudo seducen a las adolescentes locales, quedando en una situación vulnerable a los abusos de la policía.
Carepa prometió entonces que trataría de pararlos. Pero aunque el estado está construyendo nuevas cárceles, en general ha transferido a las mujeres a otras cárceles, un proyecto que Amnistía Internacional dice que mejora las condiciones de detención, pero las aleja de sus seres queridos.
Abaetetuba es una importante estación de trasbordo para la cocaína proveniente de Colombia y destinada a Suriname y Guyana, en el norte. El laberinto de casas en palafitos que sale de la plaza de la ciudad está llena de puntos de venta de drogas, donde una raya de cocaína cuesta tres dólares.
"Un niño de diez vendiendo drogas puede ganar lo suficiente como para alimentar a su familia", dijo la asistente social Gorette Correia Sarges. "Si ese es el caso, no es probable que los padres interfieran".
Muchos utilizan las plantas superiores de las casas de tingladillo a lo largo de los muelles y prostíbulos.
Niñas en chancletas, shorts y topes de spandex venden sus cuerpos a los marinos de paso por apenas seis dólares.
Otras se trasladan en canoa hacia los buques anclados, donde pueden ganar hasta doce dólares.
Fue en estos ambientes que se arrestó a la víctima de quince años, por entrar en una casa que no era la suya, el 21 de octubre de 2007.
Días después de que estallara el escándalo, empezaron a aparecer en todo Brasil informes de otras mujeres encarceladas con hombres -y muy especialmente el de una mujer de veintitrés años que fue obligada a compartir celda con setenta hombres en Paraopebas, al sur de Pará.
Ninguna de las niñas entrevistadas a lo largo de los muelles de Abaetetuba dijo haber estado presa en una celda llena de hombres, aunque varias describen la cárcel donde la niña era mantenida y un corredor sin inodoro utilizado para encerrar a las mujeres.
Tampoco expresaron, ninguna de las niñas, simpatía por la víctima, porque era una ladrona -una línea que dijeron que ellas no cruzarían nunca.
Andre Franzini, coordinador de la Pastoral Juvenil de la iglesia católica, dice que no es verdad.
"Muchas de estas niñas son ladronas. El problema de la niña era que siempre la detenían", dijo.
Cuando estaba en la cárcel, nadie se daba cuenta porque sus padres eran separados y vivían en el campo, dijo Franzini.
Aparte de ser violada repetidas veces, dijo la niña, fue torturada con cigarrillos encendidos aplastados contra sus pies y dedos desnudos, de acuerdo al diario O Estado de S. Paulo. Los gendarmes le afeitaron la cabeza para disfrazarla de niño en una celda de hombres.
Después de su liberación, Franzini fue con la niña a hablar con el fiscal y más tarde al aeropuerto donde abordó el avión con destino a Brasilia, la capital del país, donde fue colocada bajo protección de un programa de protección de testigos.
"Tuvo que contar y volver a contar su historia a varios fiscales, y su versión fue siempre consistente. Contó quién la había afeitado para que pareciera un niño, quiénes la violaron y quiénes no, y quiénes quemaron con cigarrillos sus pies y dedos", dijo Franzini.
Ha oído que la víctima ha completado con éxito un programa de desintoxicación y ha vuelto a la escuela en una localidad secreta.

11 de octubre de 2008
5 de octubre de 2008
©los angeles times
cc traducción mQh
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