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matones en seúl


Caseros, hombres de negocios, e incluso una comuna de Seúl , recurren a los recaderos, matones callejeros contratados para resolver disputas sobre la propiedad que la policía no atiende, para desalojar a okupas o ahuyentar a vendedores ambulantes.
[John M. Glionna] Seúl, Corea del Sur. En Corea del Sur son conocidos como "recaderos": matones callejeros contratados que trabajan a menudo como mercenarios para resolver disputas sobre la propiedad que las agencias policiales se niegan a tratar.
Sus rangos los componen hombres en buen estado físico que, dicen los críticos, acechan en la zona turbia de la ley, utilizando la violencia y la intimidación para afirmar la voluntad de clientes como caseros, hombres de negocios e incluso el gobierno.
Hace poco una oficina de distrito del gobierno de Seúl recurrió al uso de yongyeok, recaderos, para expulsar a vendedores callejeros ilegales de un popular barrio turístico.
Mientras la policía miraba, decenas de hombres de aspecto amenazador convergieron en una pintoresca calle de adoquines en la popular zona de Insadong. En un incidente, captado por las cámaras de un telediario, cerca de 250 hombres robustos volcaron los carretones, desparramando por el suelo caramelos tradicionales, tentempiés calientes y artesanías mientras las vendedoras se lamentaban y lloraban.
Varios vendedores fueron arrojados al suelo -un hombre de edad fue retirado luego del lugar en una camilla- cuando el tumulto se transformó en una anticuada pelea callejera. Los clientes miraban asombrados.
"¿Cómo puede hacer esto?", gritó una vendedora. "¡La gente está en el suelo!"
En el país existen tres mil firmas yongyeok que se especializan en disputas por propiedades y reclamos de invasión de propiedad que la policía insiste en que tiene demasiado que hacer como para ocuparse de ellos. Aunque muchos recaderos dicen que son hombres de negocios legítimos que operan dentro de la ley, los críticos dicen que algunos tienen conexiones con el crimen organizado y recurren a cualquier medio para desalojar a un inquilino o ahuyentar a los vendedores, a menudo clasificados como okupas.
En momentos en que Corea del Sur inicia importantes proyectos inmobiliarios, los yongyeok han sido utilizados por agentes inmobiliarios para ahuyentar a inquilinos pobres en viviendas baratas para hacer espacio para rascacielos más rentables, dicen los detractores.
En 2009, caseros del área de Yongsan, de Seúl, utilizaron a recaderos para molestar a dueños de restaurantes que se negaban a abandonar sus negocios para dejar espacio para un edificio de departamentos. Más tarde, la policía allanó un edificio donde los activistas habían levantado una barricada. En el incendio que estalló posteriormente murieron cuatro activistas y un agente de policía.
"El gobierno se dio cuenta de que no es bueno pelearse todos los días con los ciudadanos sobre estos rentables proyectos inmobiliarios, así que contratan a otros para hacer el trabajo", dice No Gi-deok, presidente de la Coalición Coreana por el Derecho a la Vivienda. "Corea del Sur tiene una mala reputación debido a estos desalojos violentos, y el gobierno simplemente hace la vista gorda. Es vergonzoso."
La policía comparte esa responsabilidad.
"En muchos de estos incidentes, la policía asume la postura de un curioso", dijo. "Muchos de estos residentes tienen reclamos justos, pero la policía no lo reconoce. Tratan a los vecinos como si no tuvieran derechos."
Para los empresarios, las firmas de yongyeok son una alternativa expediente ahora que una fuerza policial sobrecargada de trabajo traza una línea en cuanto a su participación en la resolución de disputas civiles.
"Así que la gente busca otras maneras", dice Brendon Carr, un abogado de Seúl. "De cierto modo, es como pedir ayuda a la mafia."
"Le paga a alguien para que haga lo que el gobierno no quiere hacer por usted; para algunos es justificable e inevitable", dijo. "Pero lo que pasa a menudo es que eso se transforma en hostigamiento e intimidación."
Cuando la policía no actúa, cuenta Carr, el único recurso que tienen las víctimas lesionadas por los recaderos es demandar a los matones en un juzgado civil.
Kim Oh-hyeon, un funcionario del ayuntamiento, dijo que había negociado con 76 vendedores de Insadong durante meses antes de decidir la acción a emprender. Cuando la policía se negó a ayudar para la relocalización de los vendedores, Kim pago a una firma yongyeok veinte mil dólares al día por sus servicios, unos ochenta dólares por hombre.
"Los vendedores no escuchan", dijo. "Tuvimos que demostrarles que tenemos intención de erradicarlos."
Cheon Seong-hyeon, portavoz de la Agencia Nacional de Policía, dijo que la fuerza tiene recursos limitados para resolver esos asuntos.
"El trabajo de la policía es proteger a la gente contra peligros y amenazas, no confiscar carretones ilegales", dijo. "La policía interviene sólo cuando hay actividades ilegales o violencia."
Sobre la violencia yongyeok contra los llamados okupas en Insadong y Yongsan -los incidentes captados en video mientras la policía miraba-, Cheon dijo que las personas lesionadas podía demandar a los recaderos. "Entonces la policía hará una investigación exhaustiva."
Park Seung-min, cuya firma yongyeok ganó el contrato de Insadong, insistió en que no actúa fuera de la ley.
"Mi firma es diferentes de las compañías yongyeok ilegales, que contratan personas para hacer cosas violentas", dijo. "Nosotros tratamos de usar la menor violencia posible."
Sobre las lesiones que sufren los vendedores, Park dijo que esos incidentes eran inevitables.
"Cuando hay 250 hombres trabajando, ocurran cosas de ese tipo", dijo. "Porque son humanos, pueden emocionarse o irritarse cuando la gente los insulta."
La violencia yongyeok ha sido incluso retratada como parte de la cultura pop coreana. El mes pasado, un conocido artista publicó una historieta describiendo a un estudiante universitario que trabaja como recadero para pagar su matrícula.
La dueña de un bar, Carmen Lee, dice que ella ha debido soportar personalmente las amenazas de los yongyeok. Desde que peleara con su casero, cuenta, ella y su hija, que sufre una enfermedad terminal, han sido hostigadas.
"Esos tipos duros miran por la ventana del mar y gritan a los clientes, para intimidarlos y ahuyentarlos". Contó que un hombre la atacó y la golpeó con un tirabuzón.
Lee denunció los incidentes a la policía, pero no ha pasado nada. Así que instaló una cámara de vigilancia en su bar para reunir evidencias y ha formado una red de amigos a los que puede llamar por la noche cuando se sienta superada o amenazada.
"Mi hija es mi debilidad. Si quiero mantener mi negocio, tengo que ser fuerte, pero a menudo estoy sola", dijo. "No sé cuánto tiempo más podré soportar."
Durante meses, el vendedor ambulante Sonn Byeong-cheol, de Seúl, que vende paté de judías azuki, pensaba que tenía un amuleto contra la violencia de los recaderos. Sohn, 54, y su esposa, son sordomudos y una vez fue elogiado por el presidente Lee Myung-bak por su dedicación al trabajo, pese a las dificultades físicas que debe superar.
Con su carretón con la firma del presidente, Sohn pensaba que los yongyeok no lo molestarían. Pero este mes, varios recaderos lo rodearon, le quitaron el carretón y lo entregaron al ayuntamiento.
Una foto en el diario mostraba a Sohn acuclillado en el suelo, secándose las lágrimas de su frustración, incapaz de gritar contra sus agresores, que han jurado mantener la presión hasta que los vendedores ambulantes abandonen sus lugares.
"Les tengo miedo", escribió Sohn en respuesta a una pregunta del periodista apenas unos días antes de perder su carretón. "Estoy siempre alerta, porque sé que volverán."
[Jung-yoon Choi contribuyó a este reportaje.]
12 de julio de 2011
26 de junio de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

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