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eeuu despierta odio en pakistán


[Evelyn Iritani] VLas medidas de control en las fronteras, los interrogatorios, las detenciones arbitrarias y deportaciones, han colmado la paciencia de los paquistaníes. Ahora, Estados Unidos ya no es un punto de referencia cultural.
Islamabad, Pakistán. "Hemos dejado de escuchar y hemos fracasado con convencer. No nos hemos tomado el tiempo para entender a nuestro público y no nos hemos dado la molestia de ayudarles a entendernos. No podemos permitirnos esos errores". (Grupo Asesor de la Casa Blanca sobre Diplomacia Pública para el Mundo Árabe y Musulmán).
Cuando miraba el derrumbe del World Trade Center en la pantalla de su televisión, a Imran Hamid la cabeza le daba vueltas. ¿Qué le estaría pasando a su amigo de India, el que unos meses antes le había prestado su apartamento en Nueva York? ¿Dónde estarían sus compañeros de curso de la escuela secundaria de Naciones Unidas, a la que había asistido en los años sesenta? ¿Dónde estaría el carnicero judío con el que había trabado amistad cuando estudiaba en la Universidad de Columbia?
En las semanas posteriores, Hamid se comunicó vía e-mails y llamadas telefónicas con sus amigos en Estados Unidos, y confirmó que estaban a salvo y compartiendo sus angustias.
"Soy tan neoyorquino como cualquiera", dijo el consultor urbano de 53 años, mientras sorbía un cappucchino en su salita de Islamabad, rodeado de discos de jazz norteamericano y música clásica, y libros en inglés.
Pero la empatía de Hamid ha comenzado a erosionarse con cada día que pasa. Cree que el gobierno de Bush, al mantener una política exterior obsesionada con la seguridad, está transformando una lucha legítima contra el terrorismo en una campaña de odio contra los musulmanes.
Mira a tu alrededor, dice, y verás las evidencias: En las montañas de Afganistán, donde las tropas norteamericanas persiguen a los restos de los talibanes; en las colinas calizas de Cisjordania, donde los palestinos combaten contra Israel, el aliado de Estados Unidos; en las oficinas consulares y aeropuertos donde los musulmanes son sometidos a controles adicionales antes de que se les permita entrar al país. Y en las cárceles de Bahía Guantánamo, en Cuba, y en Abu Ghraib, en Iraq.
Muchos norteamericanos hallarían difícil reconocer a su país en el retrato que se hace de él en el mundo musulmán. Los funcionarios del gobierno de Bush opinan que sus operaciones militares en Afganistán e Iraq y la represión en casa -que indigna a muchos musulmanes- son una parte necesaria de la lucha contra el terrorismo y la protección de Estados Unidos. En un esfuerzo por mejorar su imagen entre los países musulmanes, el gobierno de Estados Unidos ha ofrecido aumentar la ayuda y privilegios comerciales. Los funcionarios dicen que están reparando fallas en la tramitación de los visados y que han iniciado nuevos servicios de radio para llegar al mundo musulmán.
Pero incluso funcionarios norteamericanos reconocen que Washington ha hecho un pésimo trabajo a la hora de explicar las medidas tomadas, especialmente entre los musulmanes. La lucha por el corazón y la mente es más que una guerra de relaciones públicas, y lo que se juega en Pakistán es mucho.
Los políticos y líderes empresariales paquistaníes que se inspiraban antes en Estados Unidos y buscaban ahí apoyo, ahora están reforzando sus lazos con el mundo musulmán y con China. El anti-americanismo se ha transformado en una potente herramienta en manos de los militantes religiosos. Incluso las iniciativas bien intencionadas de Estados Unidos, como la ayuda escolar, son miradas ahora con desconfianza.
El presidente paquistaní Pervez Musharraf, uno de los más fuertes aliados del gobierno de Bush en su guerra contra el terrorismo, ha sido recompensado con un paquete de ayudas de 3 billones de dólares. Aunque profundamente dividido por la religión y los grupos étnicos, Pakistán -uno de los países musulmanes más poblados del mundo- ha conservado sus aspiraciones democráticas que apartan de muchos otros países del mundo musulmán.
Pero Pakistán es también el hogar de un fuerte y militante movimiento islámico que ha tratado de asesinar a Musharraf y otros funcionarios de alto rango. Se cree que Osama bin Laden se oculta en la frontera con Afganistán, y varios dirigentes de Al Qaefa han sido capturados ahí.
El país sudasiático, que desde 1947 ha tenido tres guerras con la vecina India, también posee armas nucleares. Un importante científico ha reconocido que vendió tecnología nuclear a Irán, Libia y Corea del Norte.
Hamid dijo que en un país embutido entre Musharraf, un general que se apoderó del poder en 1999, y los extremistas islámicos, hay poco espacio para los moderados educados en Occidente. Reconoció con una colorida hipérbole que su actitud hacia los barbudos militantes, ha cambiado.
"Hace unos años, si yo hubiese abierto la puerta y me hubiese encontrado con un barbudo, habría agarrado mi escopeta y lo habría echado", dijo. "Ahora, tendría que esconderlo debajo de la cama para que no se lo llevan a Guantánamo a torturarlo".
En sus círculos, construir puentes con Estados Unidos es tan impopular como políticamente arriesgado.
"Creo personalmente que Estados Unidos está perdiendo amigos en Pakistán, y muy, muy rápidamente", dijo Shah Mahmood Qureshi, un diputado del Partido del Pueblo de Pakistán, cuyo líder en el exilio, el antiguo primer ministro Benazir Bhutto, era un estrecho aliado de Estados Unidos. "Cuando se den cuenta, será demasiado tarde".

Sami Ullah, un estudiante licenciado en relaciones internacionales en la prestigiosa Universidad de Quaid-i-Azam de Islamabad, agarró con las dos manos la oportunidad de dictarme una charla sobre las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Woodrow Wilson, que juró hacer del mundo un lugar más "seguro para la democracia", recibió su aprobación. Pero en su opinión, el presidente Bush ha puesto de cabeza los valores estadounidenses.
"Ahora no hay nada ético en la política exterior norteamericana", dijo el estudiante de gafas de 23 años.
Hace diez años, un joven paquistaní indagador habría sido animado a postular a alguna universidad norteamericana, donde podría absorber el pluralismo estadounidense, MTV, la comida rápida y el béisbol. Muchos prominentes paquistaníes se han educado en Estados Unidos. Bhutto, el antiguo primer ministro, es un licenciado de Harvard, y el hijo de Musharraf tiene una maestría del Massachusetts Institute of Technology. El ministerio de Asuntos Exteriores tiene un listado de más de 170 actuales y antiguos líderes políticos extranjeros con diplomas norteamericanos.
"Uno de los mejores aspectos del ‘poder de atracción' de Estados Unidos es que, en todo el mundo, hay líderes que comprenden el punto de vista norteamericano", dijo Stephen Cohen, un experto en Sudasia de la Brookings Institution de Washington y antiguo funcionario en el ministerio de Asuntos Exteriores. "Cuando estás a sentado a una mesa hablando con alguien, si este tiene una actitud comprensiva de Estados Unidos, habrás ganado el 50 por ciento de la batalla".
Funcionarios del gobierno de Bush dicen que se ha instado a las oficinas consulares para que aceleren la tramitación de visas de estudio y que el ministerio de Asuntos Exteriores ha creado un equipo para ayudar a los estudiantes que llegan a los aeropuertos.
"Los que trabajamos en la diplomacia pública estamos muy interesados en mantener las puertas abiertas para los estudiantes de buena fe", dijo Larry Schwartz, director de la Oficina de Diplomacia Pública del Buró de Asuntos del Cercano Oriente del ministerio de Asuntos Exteriores.
Pero Sami Ullah quiere continuar sus estudios en Australia, no en Estados Unidos. Otros beneficiarios son Canadá y el Reino Unido; el año pasado, en este último país pagaron su matrícula 6.000 estudiantes paquistaníes, tres veces más que en los últimos años.
El impacto del control de las fronteras repercute más allá de las universidades.
Incluso con unas relaciones oficiales congeladas, paquistaníes adinerados han comprado casas en Boston y Washington, y exportadores de ropa han comprado en Los Angeles muestras para sus compradores. Pakistán, como India, ha sido un importante proveedor de doctores para desatendidas comunidades norteamericanas.
Pero desde los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos se ha transformado en un país menos acogedor.
"Antes del 11 de septiembre yo tenía una gran admiración por el modo de vida americano", dijo Faiz Bhora, un cirujano pediatra del corazón en el Centro Médico de la UCLA, que estuvo empantanado en Pakistán durante casi ocho meses esperando por un visado laboral después de terminar 10 años de formación médica en Estados Unidos. "Después del 11 de septiembre, esa admiración fue puesta a prueba. Me sentí discriminado como nunca antes".
Algunos pequeños programas de intercambio siguen en curso, pero en los últimos dos años el número de paquistaníes que llegan aquí por asuntos de negocios, turismo y cursos de corta duración cayó en picado a casi la mitad, unas 31.000 personas.
Visitantes regulares, incluyendo a antiguos funcionarios gubernamentales paquistaníes, periodistas y hombres de negocios, son ahora rutinariamente apartados para ser interrogados y revisados. Muchos ya no hacen el viaje.
De continuar por ese rumbo, dijo el ministro de Asuntos Exteriores, Miaj Khursheed Mehmood Kasuri, Estados Unidos proporcionará a los militantes una gran victoria.
"No debería admitirse que se continúe con esos prejuicios", dijo, "porque en última instancia, esa sería la mayor pérdida, y los que cometieron el crimen del 11 de septiembre habrían logrado más éxito del que pensaban".

Para los paquistaníes que no podían pagar un billete de avión hacia Estados Unidos había siempre centros culturales estadounidenses atiborrados de revistas y libros, charlas de políticos y académicos estadounidenses visitantes, veladas de cine y conciertos. Pero las puertas comenzaron a cerrarse después de los atentados del 11 de septiembre, el secuestro y subsecuente asesinato del periodista estadounidense Daniel Pearl en enero de 2002, y el atentado con bomba, un mes después de su muerte, contra una iglesia en Islamabad, la capital, en el que murieron dos norteamericanos.
Hoy, la embajada norteamericana, al final de una calle bloqueada por una barricada de cemento, opera con un personal reducido. Washington ha aplazado la llegada de norteamericanos a Pakistán en el marco de programas financiados por el gobierno, como el de las becas Fulbright. Los cuatro centros norteamericanos con sus salas de conferencias han sido cerrados.
La embajadora estadounidense Nancy Powell dicta charlas, pinta escuelas y visita proyectos auspiciados por Estados Unidos varias veces a la semana, dijo su personal. El agregado cultural estadounidense en Islamabad organiza proyecciones de películas para audiencias cuidadosamente chequeadas.
Pero el proyecto en lengua urdu de la Universidad de Berkeley, que ofrece clases en la lengua nacional de Pakistán y es auspiciado por el gobierno norteamericano, ha dejado de inscribir a estudiantes. Daisy Rockwell, vice-presidente del Centro de Estudios de Sudasia de la universidad, que supervisa el proyecto en Lahore, dice que las ocasiones para el contacto personal de la gente están siendo anuladas.
"En una época en la que el gobierno supuestamente quiere que más gente quiera saber de lugares como Pakistán, hay cada vez menos norteamericanos con acceso a algún tipo de conocimiento sobre la región", dijo Rockwell. "Se hizo mucha bulla sobre estimular el conocimiento de las lenguas de Sudasia, para luego hacer imposible estudiar aquí".
En mayo, la Voz de América, la agencia de noticias patrocinada por Estados Unidos, lanzó programas en urdu para ayudar a reconstruir la dañada imagen de Estados Unidos. Pero los programas de la Voz de América llegan apenas al 1 por ciento de los casi 60 millones de paquistaníes.
La gente de buena posición miran CNN, BBC y otros canales internacionales. La mayoría de los paquistaníes consiguen sus noticias en diarios y canales locales, y estaban indignados por las imágenes de detenidos iraquíes desnudos y encogidos de miedo en la prisión de Abu Ghraib que aparecieron este año.
Ijaz Shafi Gilani, presidente del grupo de investigación de Gallup/BRB de Islamabad, dice que el término ‘arrogante' es el que se usa más frecuentemente para describir a Estados Unidos.
Internet y las tarjetas telefónicas han hecho más fácil para los paquistaníes en el extranjero informar a los suyos sobre sus experiencias en Estados Unidos. Después de los atentados del 11 de septiembre, las autoridades norteamericanas empezaron a censar a las comunidades musulmanes y a detener a cientos de personas. También hubo un fuerte incremento en crímenes odiosos contra musulmanes.
Los paquistaníes aquí y en el extranjero dicen que como ningún paquistaní ha estado implicado en los atentados, se los escogido injustamente.
En diciembre de 2002, Pakistán fue agregado a la lista de países cuyos ciudadanos (los hombres) deben reportarse ante las autoridades de inmigración norteamericanas. Al menos 1.650 personas fueron finalmente deportadas a Pakistán, muchos de ellos por infracciones menores de las leyes de inmigración, dijo Mohammad Sadiq, el vice-director de personal de la embajada paquistaní en Washington. Dijo que entre 5.000 y 10.000 paquistaníes habían abandonado el país voluntariamente, por miedo a ser detenidos en alguna de las redadas de seguridad.
Cincuenta y ocho paquistaníes fueron internados en Bahía Guantánamo, donde las autoridades norteamericanas detienen a supuestos combatientes enemigos. Todos, excepto tres, han sido enviados de vuelta a Pakistán, donde un pequeño número ha sido a su vez detenido por el gobierno para más investigaciones.
"La gente invariablemente me pregunta: ‘Mire, nuestra propia gente está muriendo en la frontera en la lucha contra Al Qaeda, y mire cómo nos trata Estados Unidos", dijo Imran Ali, un funcionario del gobierno paquistaní que ha acompañado a los deportados en vuelos alquilados. "Esto crea sin duda una clima de extrema hostilidad hacia Estados Unidos".

Ser uno de los más estrechos aliados de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo no le ha recompensado. La mitad de los 3 billones de ayuda norteamericana se destina a escuelas y programas de erradicación de la pobreza; la otra mitad es ayuda militar.
El gobierno también ha levantado las sanciones impuestas a Pakistán tras las pruebas nucleares de 1998 y el golpe de estado de Musharraf un año más tarde. Además, el gobierno norteamericano perdonó 1 billón de dólares de la deuda externa de Pakistán e instó a otros acreedores a hacer lo mismo.
Pero la mayoría de los paquistaníes no ven directamente esta ayuda norteamericana. Incluso si llega a niveles de base, muchos receptores se muestran reluctantes a ser identificados con Estados Unidos.
Funcionarios y hombres de negocios paquistaníes dicen que Estados Unidos podría hacer mucho más. Su mayor desilusión es la decisión del gobierno de no proporcionar más oportunidades a las industrias textiles y de ropa, que producen dos tercios de las exportaciones de Pakistán.
Estas fábricas sufrieron una ráfaga de cancelaciones de pedidos y un 20 por ciento de baja de sus precios después de los atentados del 11 de septiembre. Bajo presión de sus fabricantes nacionales, Washington ha otorgado a Pakistán un acceso ampliado a sólo algunas categorías poco usadas.
Este mes, el ministro de Comercio de Pakistán hizo una inútil petición al gobierno de Bush para que redujera los aranceles para la ropa paquistaní.
Shahid Kamil Butt, un diplomado de UCLA y gerente ejecutivo de las Industrias Shahkam, uno de los más importantes exportadores de artículos de punto de Pakistán, dice que Estados Unidos podría embotar la atracción de los extremistas abriendo sus mercados. Además, con el empleo de 3.000 personas cerca de Lahore, la fábrica de Butt sostiene a 180 empresas más pequeñas que se encargan de los suministros.
"Si pones en la calle a 3.000 personas, incluso si un 1 por ciento de ellas se une a algún grupo extremista, es un 1 por ciento de más", dijo Butt.
En la búsqueda de las razones subyacentes del extremismo islámico, muchos paquistaníes y norteamericanos ponen el énfasis en el sistema educacional, que ha dejado a millones de niños sin enseñanza básica.
El gobierno de Bush ha iniciado un programa de 100 millones de dólares para la mejorar la alfabetización, aumentar las oportunidades educacionales de las niñas, formar a maestros y ayudar a Musharraf a reformar las escuelas religiosas, o madrasas. Musharraf ha prometido censar las estimadas 10.000 madrasas y agregar a su currículum leer y escribir, matemáticas y ciencias.
Pero muchos líderes paquistaníes se han negado a cooperar. Abdul Rashid Ghazi, el imán adjunto de la Mezquita Roja de Islamabad, dijo que su mezquita había "rechazado de plano" el dinero del gobierno y su plan de reforma. Muttahida Tulba Mahaz, una organización estudiantil religiosa, logró congregar a miles de jóvenes para pedir que el gobierno que impida que "agentes norteamericanos" usen el sistema educacional para manchar la imagen del islam.
Para los partidarios de la reforma de la educación, la clave de la supervivencia es mantenerse fuera del fuego cruzado. Hace varios años, Desarrollo en la Alfabetización, un grupo sin fines de lucro iniciado por mujeres paquistaníes en el sur de California, unieron fuerzas con maestros en una villa miseria de 1.5 millones de personas en las afueras de Karachi para ayudar a más de dos docenas de escuelas básicas.
Los resultados se pueden apreciar en la Escuela Saifuddin Halai, donde la delgada y morena Aisha, sonríe cuando mira a una de sus compañeras de clase echar un líquido transparente en un vaso de precipitación calentado por una llama. Ella y sus amigas se ríen tontamente cuando tratan de explicar el efecto del calor sobre los líquidos.
A los 15, Aisha es una anomalía en Pakistán. Más del 54 por ciento de las niñas abandonan la escuela antes de termina la enseñanza básica, y menos del 30 por ciento de las mayores de 15 saben leer y escribir. Aisha sueña con llegar a ser abogado a fin de ayudar a los pobres, pero la comunidad no puede pagar su educación posterior.
Las mujeres del sur de California y sus colegas paquistaníes, la Sociedad Educacional Faran, minimizan los subsidios norteamericanos que han recibido. "Poco a poco la gente entenderá", dijo Nesar Ahmad, directora del programa de Faran. "Pero no puedes decir ahora que los norteamericanos nos están ayudando. Podría perjudicarme, o a nuestra organización".

La oscuridad cae sobre Lahore, y la tarde zumba con el sonido de los insectos. Saad Ahsanuddin está disfrutando de un cigarro y un trago en la patio, con sus amigos. Feisal Hussain Naqvi es abogado y profesor; su esposa, Ayeda, es columnista de un importante diario en lengua inglesa en Pakistán. Mohsin Hamid escribió ‘Moth Smoke', un bestseller sobre la juventud, lujuria y ambición en el Pakistán de hoy.
Prácticamente todos los están sentados en torno a la fuente iluminada con candelas tienen un pedigrí: familias ricas; diplomas de Princeton, Yale, Brown, Harvard; carreras y amigos en Estados Unidos. Todos han vuelto a Pakistán, en parte porque ya no se sienten bien en Estados Unidos.
Ahsanuddin, que trabajó durante varios años en Wall Street, ha fundado una compañía de seguridad personal y está reuniendo fondos para abrir el primer complejo de salas de cine paquistaní al estilo americano. Ayeda Naqvi escribe columnas contra el extremismo religioso y la opresión de las mujeres. Hamid, que ganó un premio de Pen/Hemingway de 2001, está escribiendo una novela sobre un hombre de negocios musulmán que vive en Estados Unidos.
"Siempre he pensado que Nueva York tenía un hueco para mí, sin importar en qué etapa de mi vida me encontrase: estudiante, recién casado, escritor", dijo Ayeda Naqvi. "Pero ahora no me siento bienvenido".
De regreso en Islamabad, Imran Hamid, el consultor, trata de convencerse a sí mismo de que sólo es una cuestión de tiempo para que Estados Unidos vuelva a ser lo que era. Pero no está seguro de si estos sentimientos no sean más que nostalgia.
Uno de sus recuerdos más preciados de su época en Nueva York es una bulliciosa protesta con la que tropezó a poco de llegar. Hombres de traje y corbata, mujeres con bebes y adolescentes de pelo largo en vaqueros y camisetas.
"El espectáculo de esos estadounidenses oponiéndose a las medidas del gobierno: eso es libertad", dijo. Pero las nuevas generaciones de Pakistán estar forjando sus ideales en otras partes.
"No creo que mi hijo vaya a estudiar a Estados Unidos", dijo sobre su hijo de 15 años, el mayor de dos. "No puedo correr el riesgo de que sea una víctima del extremismo norteamericano. Irá a Australia o a Canadá... Si estuviéramos a diez años de ahora, lo enviaría a China".

30 de octubre de 2004
©los angeles times
©traducción mQh

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