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talibanes controlan frontera


[Carlotta Gall y Mohammad Khan] Ejército paquistaní pierde provincia ante avance de talibanes.
Peshawar, Pakistán. Dos años después de que el ejército paquistaní iniciara operaciones en áreas tribales fronterizas para erradicar a miembros de Al Qaeda y otros militantes extranjeros, funcionarios paquistaníes que conocen el área dicen que la campaña militar se ha atascado, las administraciones políticas locales son impotentes y los militantes están más fuertes que nunca.
Se cree que tanto Osama bin Laden, que sacó esta semana una nueva grabación con amenazas contra Estados Unidos, y su lugarteniente, Ayman al-Zawahiri, están viviendo en algún lugar de las siete comunas que conforman estas áreas tribales, que se extienden por más de 800 kilómetros a lo largo de la accidentada frontera afgana y ha sido el blanco de varios ataques estadounidenses con misiles en las últimas semanas.
Los funcionarios dijeron que a la zona han llegado posiblemente cientos de militantes extranjeros de países árabes, de Asia Central y el Caúcaso, que representan una permanente amenaza para las autoridades de la región.
El área tribal está prohibida a los periodistas extranjeros, pero los funcionarios paquistaníes, y antiguos residentes que no quieren ser identificados por temor a las represalias, dijeron que los militantes -que se llaman a sí mismos talibanes- ahora aplicaban su propio sistema de justicia, tenían sus propias cárceles, robaban bancos y atacaban recintos militares y del gobierno civil y convoyes a voluntad. Están reclutando a hombres de las tribus locales y han logrado controlar a la población por medio de una mezcla de temor y religión, dijeron los funcionarios y antiguos vecinos.
Un oficial militar estadounidense en Afganistán, en una respuesta por email a preguntas sobre las áreas tribales de Pakistán, dijo: "Creo que esta región está atravesando por un período de cambios revolucionarios, en el que los moderados y extremistas luchan por el futuro de sus países. Y con extensas y caóticas áreas dominadas por los talibanes, Pakistán hace frente a serios peligros". El oficial accedió a comentar a condición de guardar el anonimato.
El general de división Shaukat Sultan, principal vocero de las fuerzas armadas paquistaníes, dijo que se había exagerado el tamaño de las fuerzas militantes. Calculó el número de militantes extranjeros en todas las áreas tribales en "unos cien, menos o más".
Pero los funcionarios y residentes dicen que los militantes son muchos más, y se han embarcado en una inquietante campaña de terrorismo, particularmente en Waziristán del Sur y del Norte: el año pasado los militantes asesinaron a 108 jebes tribales pro-gobierno, 4 o 5 funcionarios oficiales, soplones e incluso a 2 periodistas locales, dijeron aquí periodistas de la zona.
Los operativos de Al Qaeda son la fuerza motriz tras los militantes locales y están influyendo en sus tácticas, dijeron los funcionarios. Los militantes han logrado esta situación a pesar de la estrategia de yunque y martillo, en la que las fuerzas militares estadounidenses presionan desde el lado afgano de la frontera. En las últimas seis semanas han habido tres ataques norteamericanos en el área, incluyendo misiles lanzados desde aeroplanos Predator no tripulados manejados por la CIA, pero no está claro si fueron la expresión de la frustración estadounidense o un el resultado de una operación de inteligencia.
A pesar de las negativas del gobierno, dijeron los funcionarios, los ataques han contado con el apoyo tácito del presidente paquistaní, que ha emitido condenas pro forma de los ataques. Los funcionarios pidieron no ser identificados debido a que sus jefes no les permiten hablar con órganos de prensa.
El ataque más reciente, en Bajaur el 13 de enero, causó la muerte de 18 civiles, pero también puede haber eliminado a cuadros de alto nivel de Al Qaeda.
El sábado, el presidente Pervez Musharraf dijo al subsecretario de Relaciones Exteriores, R. Nicolas Burns, que el ataque del 13 de enero "no debe repetirse", informó la Associated Press.
Funcionarios de seguridad de Bajaur, Afganistán y Pakistán dijeron que la situación no está tan descontrolada como en el norte y sur de Waziristán, pero se ha convertido en una estación de postas de combatientes que entran o salen la oriental provincia afgana de Kunar, donde las fuerzas estadounidenses han encontrado una enconada resistencia el año pasado.
La unidad de propaganda de Al Qaeda ha producido un video en CD que muestra a combatientes afganos cuando son adiestrados por un comandante árabe y montando emboscadas contra soldados estadounidenses y convoyes en Kunar. Los afganos conocen a dos comandantes árabes que pelearon contras las fuerzas soviéticas y se han quedado en Bajaur, dijo el gobernador de Kunar, Asadullah Wafa.
La policía fronteriza afgana dice que se han enterado de una reunión en una mezquita de Bajaur seis meses atrás entre miembros de los talibanes afganos, un grupo dirigido por el renegado comandante muyahidin Gulbuddin Hekmatyar, de Afganistán, y los árabes, durante el cual dijeron que han dividido la responsabilidad para las operaciones insurgentes en Afganistán.
Las fuerzas armadas paquistaníes se han mostrado más cautas a la hora de salir de sus bases en Waziristán del Sur y del Norte, y el gobierno civil está tan desjarretado que el representante del gobierno en Waziristán del Sur ni siquiera vive ahí.
"Tenemos un gobierno en los papeles, pero no en el terreno", dijo un funcionario de gobierno que ha trabajado en Waziristán del Sur y del Norte, que ha presenciado algunos de los combates más violentos de los últimos dos años.
Ahora los combates se han trasladado a Wziristán del Norte, donde hay informes casi diarios sobre bajas entre militares y la población civil. Al menos tres pequeños puestos de avanzada fronterizos construidos por ejército con fondos estadounidenses han sido eliminados, dijo un funcionario que ha estado allá hace poco.
"La situación pasó de mala a peor", dijo el funcionario. "Nadie puede alzar su voz contra los talibanes". Militantes locales armados se movilizan libremente y han inclusive abierto oficinas en el principal mercado de Wana, en Waziristán del Sur, adonde llegan camiones llenos de combatientes armados. Utilizan las oficinas para reclutar seguidores entre los numerosos jóvenes analfabetos y desempleados del área, dijo un antiguo residente, pidiendo no ser identificado por temor a las represalias de los militantes.
Las operaciones militares, que han causado la muerte de al menos 40 civiles y dejado heridos a otros 600, dijo uno de los funcionarios, también han empujado a los jóvenes a unirse a los militantes.
El general Sultan, el vocero militar, advirtió no tomar demasiado en serio esos informes. "Decir que son talibanes es deformar la situación", dijo en una entrevista en su cuartel en Rawalpindi. "Hay varios extranjeros, y partidarios locales de Al Qaeda y los talibanes". Con ‘talibanes’ se refería a combatientes de Afganistán.
Dijo que los militantes extranjeros habían sido eliminados de Waziristán del Sur y seguían operando ahora en Waziristán del Norte en pequeños grupos, agregando que había también algunos grupos locales de militantes aliados al Al Qaeda y otros extranjeros.
No tenía cifras sobre las bajas militares en 2005, pero dijo que eran menos que en 2004, cuando murieron 250 soldados paquistaníes. "No se parece en nada a esa situación", dijo.
Con seis millones de habitantes y un territorio de 26 mil kilómetros cuadrados, las áreas tribales administradas federalmente fueron durante años un santuario de combatientes afganos y extranjeros que se oponían a la ocupación soviética. Pero en los últimos cuatro años, después de que miembros de los talibanes, Al Qaeda y otros aliados extranjeros fueran expulsados de Afganistán, han vivido en el área y adquirido poco a poco más poder.
Funcionarios de gobierno que han pasado algún tiempo en las áreas tribales dicen que puede haber hasta mil militantes extranjeros en el lugar, pero que debido a que muchos de ellos se han casado con mujeres locales, su condición de extranjeros es un poco turbia.
Hoy se cree que la región es el hogar de una especie de galería de granujas. Además de los cabecillas de Al Qaeda, se cree que vive en Waziristán del Norte, Tohir Yuldashev, el lídes uzbeco del Movimiento por la Independencia de Uzbekistán, que era un aliado de los talibanes.
Se cree que Jalaluddin Haqqani y Hekmatyar, los dos buscados por las fuerzas estadounidenses en Afganistán, que ganaron fama como comandantes afganos en los días de la resistencia ante la ocupación soviética, se encuentran entre las áreas tribuales y Afganistán.
Se cree que el líder talibán, el ulema Muhammad Omar, y sus lugartenientes más estrechos, están más al sur en la provincia de Baluchistán.
Los militantes locales son en su mayoría hombres que han luchado en Afganistán, sea contra el ejército soviético o junto a los talibanes en su guerra civil contra la Alianza del Norte. Pero son los combatientes extranjeros los que más han radicalizado a la población, concuerda todo el mundo. "Las fuerzas motrices son los extranjeros", dijo el general Sultan.
El oficial militar estadounidense en Afganistán dijo que la solución del problema era fortalecer la policía fronteriza afgana, y "casi ciertamente implicará que Pakistán continúe las operaciones en la región fronteriza y haga cuenta de la influencia talibán en Pakistán".
"Pakistán está luchando para terminar con Al Qaeda y los talibanes. No se trata de cómo eliminarlos", escribió. "Esta guerra tomará tiempo y desafortunadamente esperamos más ataques contra las fuerzas de la coalición y afganas".
Los habitantes de las áreas tribales son profundamente religiosos. Sin embargo, los militantes locales han introducido un nuevo lenguaje extremista, como el de Al Qaeda, dijo un funcionario que ha pasado tiempo en las áreas tribales.
La principal obsesión de los militantes es luchar contra los estadounidenses en Afganistán, pero también atacan al ejército paquistaní y a funcionarios de gobierno, que son vistos como sus aliados serviles.
"Son religiosos, muyahedines, y piensan que los militares están actuando al servicio de Bush", dijo el funcionario. La lucha es definida en términos mesiánicos, como una batalla entre Dios y Satanás, dijo.
Cualquiera que se crea que tiene vínculos con Occidente o el gobierno, incluyendo a periodistas que trabajan para agencias internacionales de prensa, es también un blanco. Dos periodistas locales fueron asesinados y uno secuestrado en los últimos meses. Otro abandonó el área con su familia el mes pasado después de que una bomba destruyera parte de su casa.
Los militares, antes que pacificar la región, han agravado la situación al tomar partido por la administración civil y los consejos tribales tradicionales, que se han visto gravemente socavados por los numerosos asesinatos de jefes tribales, dijeron los funcionarios.
La táctica del ejército de negociar con los militantes en Waziristán del Sur sólo los ha envalentonado, dijeron los funcionarios paquistaníes. Militantes talibanes autónomos han emergido de manera espectacular en Waziristán del Norte.
En Miran Shah, el centro administrativo, un grupo de militantes libró batalla con una banda de delincuentes locales 7 de diciembre, matando a 11 de ellos e incendiando 25 casas.
Los militares y el Cuerpo de Fronteras, que es una milicia formada por las tribus locales, se mantuvieron ajenos a la batalla. Más tarde los talibanes mataron a 26 o 27 pandilleros.
El enfrentamiento hizo enormemente populares a los militantes entre los residentes locales, que habían sufrido extorsiones a manos de la banda, dijo el funcionario. La campaña hizo recordar las de los talibanes afganos, que nacieron en 1994 de un movimiento que tenía por objetivo limpiar el sur de Afganistán de violadores y otros criminales.
Ahora, dijo el funcionario, nadie puede poner en duda la autoridad de los talibanes en Miram Shah. El general Sultan rechazó los dichos, diciendo que los dos grupos que se enfrentaron había sido eliminados.

Ruhallah Khapalwak contribuyó a este reportaje.

22 de enero de 2006

©new york times
©traducción mQh

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1 comentario

seguros -

Golpe en Pakistán
El autogolpe de Estado que dio el sábado el presidente de Pakistán, el general Pervez Musharraf, lejos de enviar un mensaje de solidez, tiene todas las trazas de delatar la debilidad relativa del régimen militar, sometido al acoso del islamismo radical, la presión de sus oponentes históricos, Benazir Bhutto y Nawaz Sharif, y el prurito del Tribunal Supremo de invalidar su elección, el pasado 6 de octubre. A ello debe añadirse la incomodidad de Estados Unidos, que no puede prescindir de Musharraf, aliado indispensable en la lucha contra el terrorismo global, pero que reprueba la asonada, a la vista de que las esperanzas de maduración democrática puestas en Pakistán se han visto defraudadas.
Desde que Musharraf se convirtió en socio ineludible en la guerra contra los talibanes (octubre del 2001), la dictadura ha recibido 10.000 millones de dólares en ayuda, en gran medida militar. El plan no ha sido un éxito, precisamente: los objetivos solo se han logrado en parte, y siempre a costa de otorgar al Ejército un poder arbitral que llena el futuro de incógnitas.

¿Quién duda de la influencia de EEUU en este golpe?
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