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el próximo bush


A días de la re-elección de Bush, analistas sugieren al presidente que adopte una vía más moderada y menos partidista. Aunque sin muchas esperanzas.
El presidente George W. Bush ha puesto a buen resguardo todos los fantasmas que acosaron el primer término del gobierno de su padre. Obtuvo una sólida victoria en las re-elecciones el martes noche. El país, por supuesto, sigue dividido. El punto justamente de una elección nacional es dar luz a esas divisiones -son días de un azul o de un rojo totales. El 49 por ciento de los electores que anhelaban un resultado diferente están desolados, y en algunos casos agobiados y angustiados sobre el futuro del país. Su primera tarea es aceptar la voluntad de la mayoría. Entonces habrá tiempo para todos -para Bush, los victoriosos republicanos y la gente que se opuso a ellos- para decidir qué hacer.
Bush puede seguir cuatro años más haciendo lo mismo, o preocuparse de su lugar en la historia. Ayer, ofreció al menos alguna esperanza de que puede elegir el camino más elevado. "Un nuevo mandato es una nueva oportunidad para llegar a todo el país", dijo a los que votaron a Kerry. La experiencia sugiere que esas conversiones duran poco. Hace cuatro años, de acuerdo al vice-presidente Dick Cheney, cuando Bush perdió el voto popular y parecía estar en una situación en que era necesario el consenso, los funcionarios de la Casa Blanca pensaron en una ruta centrista de compromisos durante "unos 30 segundos" antes de aferrarse al viejo programa de su partido, y aplicarlo. En su discurso ayer, Cheney enfatizó el mandato del presidente. Considerando el modo en que se ha comportado Cheney durante el primer término, es enervante pensar qué es lo que puede estar planeando.
Obviamente, los perdedores de la elección estarán más ansiosos que nunca de ser a Bush emprender una ruta diferente, más moderada que los ganadores -especialmente los triunfalistas líderes republicanos del Congreso. Pero hay un anhelo amplio, tanto en los estados rojos como azules, por un gobierno que funcione mejor y con menos partidismo. Muchos de los votantes que apoyaron a Bush están igual de descontentos con las incertidumbres económicas, la pérdida de empleo y la cantidad de gente que no tiene seguro médico, como la gente que votó a Kerry. La inmensa mayoría de los norteamericanos quiere mantener bajo control el déficit federal, hacer de la Seguridad Social un asunto económicamente sólido, proteger las ventajas del Seguro Médico y de la Ayuda Médica, y asegurarse de que se gaste lo suficiente en seguridad interior.
Bush puede satisfacer ese anhelo nacional -y dejar un espléndido legado al país-, pero semejante esfuerzo requerirá la participación de los dos partidos. Excepto su programa en educación, el programa doméstico del gobierno ha sido hasta el momento el producto solo de los republicanos, y ha sido un desastre con el que nadie está contento. Los recortes de impuestos son fáciles de ser aprobados, incluso los que son irresponsables. Pero los recortes de presupuesto no lo son, y el propio partido del presidente se negó a aprobarlos. [...]Un verdadero estímulo político, como arreglar el Seguro Médico o reducir el déficit fiscal, requiere atención nacional y el tipo de apoyo político que sólo se puede lograr si ambos partidos creen que pueden ganar algo con el proceso.
Para los opositores de Bush, uno de las grandes desilusiones de esta elección fue el hecho de que la guerra de Iraq tuviera tan poco impacto en el resultado. El país está preocupado sobre el curso de la guerra en Iraq, pero mucha gente que se pregunta si acaso el presidente ha tomado decisiones equivocadas en este asunto tenían otros intereses cuando fueron a votar: una inclinación por la personalidad del presidente, recuerdos del 11 de septiembre de 2001 y preocupaciones sobre temas sociales, como el matrimonio entre homosexuales.
Mientras Iraq al final no dañó la campaña de re-elección del presidente, tampoco ha desaparecido. Aunque algunos miembros de su equipo hicieron campaña como si las cosas en Iraq marcharan bien, saben que en realidad no es así. Encontrar un modo de salir de la ciénaga que es Iraq debe ser labor de todos los estadounidenses, y en este tema el presidente tiene la obligación de acercarse al otro partido. Mientras algunos demócratas pueden estar esperando tranquilamente que Bush tenga tantos problemas con el nuevo mandato que el país vuelva a preferirlos a ellos en las próximas elecciones, nadie está tan ansioso con sacar ventajas políticas que prefiera que Iraq se hunda en el infierno de la guerra civil y del terrorismo.

4 de noviembre de 2004
7 de noviembre de 2004
©new york times
©traducción mQh
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