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espías cambiaron historia de ucrania


[C. J. Chivers] Que los sucesos en Ucrania, cuando las elecciones en noviembre, no terminaran en una represión sangrienta y guerra civil, se debió a sus espías.
Kiev, Ucrania. Cuando aquí las protestas contra las elecciones presidenciales amañadas se extendieron por la capital en otoño pasado, sonó la alarma de movilización en las bases del ministerio del Interior en las afueras de la ciudad. Era poco después de las 10 de la noche, 28 de noviembre.
Más de 10.000 tropas corrieron hacia los camiones. La mayoría llevaba cascos, escudos y porras. Tres mil llevaban armas. Muchos se cubrían con máscaras negras. Dentro de 45 minutos, según su comandante, el teniente general Sergei Popkov, habían distribuido municiones y gases lacrimógenos y corrían hacia las puertas.
Kiev se deslizaba hacia un terrible enfrentamiento, una represión al estilo soviético que habría provocado una guerra civil. Y entonces empezaron a ocurrir cosas raras en el aparato del servicio secreto de Ucrania.
Mientras una nieve húmeda caía sobre los manifestantes en la Plaza de la Independencia, un coronel encubierto del Servicio de Seguridad de Ucrania SBU, se movía entre las tiendas de los manifestantes. Representaba a la agencia que sucedió a la KGB, pero su misión, dijo, no iba dirigida contra los manifestantes. Era frustrar la movilización de tropas. Advirtió a los líderes de la oposición que una represión era inminente.
Simultáneamente, importantes funcionarios de la inteligencia estaban llamando como locos, en un caso cooperando con un general del ejército para hacer retroceder al ministro del Interior.
Los funcionarios emitieron advertencias, diciendo que el uso de la fuerza contra manifestaciones pacíficas era ilegal y podría terminar en un proceso y que si las tropas del ministerio llegaban a Kiev, el ejército y los servicios de seguridad defenderían a los civiles, dijo un líder de la oposición que presenció algunas de las conversaciones y Oleksander Galaka, jefe del servicio de inteligencia de los militares GUR, que hizo algunas de las llamadas.
Detrás de todo, el coronel general Ihor P. Smeshko, el jefe del SBU, estaba coordinando varios de los contactos, según el general de brigada Vitaly Romanchenko, jefe del departamento de contraespionaje militar, que dijo que él había advertido que parara al general Popkov, siguiendo órdenes del jefe de los espías. El ministerio del Interior retiró la alarma.
Detalles de estas consultas, que no han sido antes reportadas, proporcionan una mirada en un factor secreto de la llamada Revolución Naranja, las protesta pacíficas que anularon una elección y cambiaron el curso político del estado post-soviético.
Durante la crisis, se libró una batalla interna dirigida por un grupo de importantes agentes de inteligencia de Ucrania, que habían decidido no seguir el plan del gobierno del presidente Leonid D. Kuchma de pasar el poder al primer ministro Viktor F. Yanukovich, el sucesor elegido presidente. En lugar de eso, esos agentes importantes, conocidos como silokivi, se opusieron.
Esa posición es una rara ocurrencia en los países ex soviéticos, donde las agencias de seguridad a menudo han sido los instrumentos más conservadores e implacables del poder del estado.
Entrevistas con gente implicada en los acontecimientos -líderes de la oposición, los presidentes de tres agencias de inteligencia y varios de sus agentes importantes, Kuchma, un veterano diplomático occidental, miembros del Parlamento, el ministro del Interior y el comandante de las tropas del Interior- ofrecieron una visión del trabajo de los siloviki.
Los agentes canalizaron información hacia los rivales de Kuchma, proporcionaron protección a figuras de la oposición y en manifestaciones, enviaron señales públicas coreografiadas sobre su rechazo a seguir la línea de gobierno y empezaron una lucha psicológica con funcionarios del estado para ablandar la respuesta contra los manifestantes.
Finalmente las agencias de inteligencia trabajaron -habitualmente en secreto, a veces en público, a veces ilegalmente- para bloquear la investidura fraudulenta de Yanukovich, al que varios de los generales aborrecen. Directa e indirectamente, su trabajo apoyó a Viktor A. Yushchenko, el candidato pro-occidental que es ahora el presidente electo.
Muchos factores que sostenían la revolución que se montó en torno a Yushchenko son bien conocidos. Incluyen el apoyo occidental, la determinación de los manifestantes, el dinero de ucranianos ricos, la asesoría de activistas extranjeros que habían ayudado a derrocar presidentes en Georgia y Serbia, la inesperada independencia de la Corte Suprema y la barra de un canal de televisión, Canal 5, que Kuchma no cerró nunca.
Cado uno influyó en el resultado en grados variables. En sí mismo, ninguno fue decisivo. El alcance total del papel de los siloviki es desconocido, aunque Oleg Ribachuk, el jefe de staff de Yuschenko, lo calificó de un "elemento muy importante" que ayudó a la oposición "profesional y sistemáticamente".
"Fue como una operación preventiva", dijo.

Oposición en el SBU
El apoyo no empezó sin problemas. Mucho antes de las elecciones, los siloviki y la oposición abrieron discretas líneas de comunicación, incluyendo la misión del general Smeshko -un general del SBU- en el verano pasado como enlace secreto con Ribachuk.
El SBU -que cuenta con 38.000 miembros- es el descendiente ucraniano de la KGB soviética, y ha estado manchada por su reputación de chantajes, tráfico de armas y lazos con servicios de seguridad rusos y el crimen organizado. Sigue estando fuertemente dividida, con grupos leales a diferentes campos políticos y con vínculos residuales con sus viejos jefes en Moscú.
Su director previo, Leonid Derkach, fue despedido bajo presiones internacionales después de ser acusado de haber organizado la venta de sistemas de radar hacia el embargado Iraq. Kuchma nombró al general Smeshko, un oficial generalmente pro-occidental y agente de carrera de la inteligencia militar como director del SBU en 2003. El general había sido enviado anteriormente a embajadas en Washington y Zurich; la decisión fue considerada como un esfuerzo por mejorar las relaciones con Occidente.
Algunos de los siloviki que trabajaron contra la elección fraudulenta y se opusieron a la represión forman parte del círculo de inteligencia militar del general Smeshko y han pasado parte de sus carreras trabajando en países occidentales o como enlaces con gobiernos occidentales.
Ribachuk dijo que últimamente tenía varios contactos con el SBU y que se reunían regularmente, a veces de noche. Los agentes le filtraban documentos e información de los despachos de Kuchma y de Yanukovich, dijo, y fueron la fuente de gran parte del material usado en la campaña publicitaria de la oposición.
Si la colaboración fue una convergencia de objetivos políticos o la pragmática comprensión de los siloviki de que las perspectivas de Yuschenko estaban aumentando, está sujeto a discusión. Yulia Tymoshenko, otra de las más firmes aliadas de Yuschenko, dijo que muchos funcionarios del SBU, incluyendo al general Smeshko, solamente afilaron sus apuestas. "Este era una partida muy complicada", dijo.
Ribachuk lo vio de otro modo. "Son claramente partidarios nuestros", dijo. "Han arriesgado sus vidas y sus carreras".
Los funcionarios mismos mencionaron varias motivaciones.
Uno, dijo el teniente general Igor Drizhchany, que dirige el departamento jurídico del SBU, era simple. "Siempre hablamos de nuestro deseo de impedir el derramamiento de sangre", dijo.
Pero también hubo señales de que entre algunos agentes el deseo de bloquear a Yanukovich era auténtico. Después de ser primer ministro durante dos años, Yanukovich era bien conocido. Varios agentes del SBU dijeron que el premier, que había sido en el pasado condenado por robo y asalto y tiene estrechos lazos con empresarios orientales corruptos que han adquirido gran parte de la riqueza material de Ucrania, era un hombre al que preferían no servir, especialmente si iba a asumir el cargo con fraude.
Funcionarios del SBU y Ribachuk también dijeron que más o menos una semana antes de las elecciones del 21 de noviembre, el general Smeshko se molestó tanto después de un encuentro personal con Yanukovich que presentó su renuncia y juró no volver a trabajar para el premier.
Kuchman no aceptó la renuncia, diciéndole al espía jefe que si él se iba, entonces un general leal a Yanukovich asumiría el cargo y el país correría el riesgo de un baño de sangre, dijeron el general Smeshko y Kuchma.
No está claro si el presidente estaba seguro de esto, o simplemente convenció al general Smeshko para evitar disturbios en el período pre-electoral. Pero el espía jefe siguió en el cargo.

Enviando Señales
El malestar de los siloviki con la candidatura de Yanukovich se profundizó el 21 de noviembre cuando los primeros resultados indicaron que el premier estaba ganando las elecciones, pero por medio de un fraude generalizado.
Los jefes del SBU se reunieron en el despacho del general Smeshko. Entre los presentes se encontraba el general Romanchenko, el general Drizhchany, el general de división Oleksander Sarnatskyi, el jefe del gabinete del SBU, y el coronel Valery Kondratyuk, jefe de enlace con los servicios de inteligencia extranjeros.
El grupo contempló una renuncia pública, pero decidieron tratar de dirigir las fuerzas que se reunían para evitar un choque, y pelear desde dentro. "Hoy podemos salvar la cara y nuestras charreteras, o podemos tratar de salvar el país", dijo el espía jefe, según recordaron los generales Romanchenko y Sarnatskyi.
No está claro si Kuchma entendía en ese momento el alcance completo y actividades de la jefatura del SBU. Los agentes del SBU dijeron que dadas las facciones rivales en el servicio, y su infiltración por agentes rusos, algunos aspectos de su trabajo eran ciertamente conocidos.
Kiev estaba tensa. Cuando las protestas comenzaron el 21 de noviembre la oposición tenía el dinero y la organización para iniciar una desobediencia civil de largo plazo. El general Popov, el comandante de Interior, dijo que lo sabía y que había programado unos ejercicios que reunirían a 15.000 tropas en la capital y alrededores. Envió varios miles de soldados a las barricadas y puestos de control en los edificios de gobierno, y mantuvo más de 10.000 en reserva.
El gobierno trató rápidamente de reunir a los jefes de inteligencia y mostrar una imagen de solidaridad estatal. El 22 de noviembre, el despacho del fiscal general emitió una declaración regañando a la oposición por organizar la manifestación. Decía que las autoridades y el SBU estaban preparados "para poner fin firmemente a todo disturbio".
El general Smeshko dijo que se había enfurecido y llamó al fiscal para decirle que no hablara a nombre del SBU. "Fue una falsificación", dijo. el SBU contrarrestó con una declaración diciendo que no estaba de acuerdo con el fiscal, que los ciudadanos tenían el derecho a ejercer sus libertades políticas y que los problemas políticos sólo debían resolverse pacíficamente.
Fue un golpe público para los cuerpos policiales de Ucrania, y un presagio.
El 24 de noviembre, cuando la comisión electoral se reunió para certificar la victoria nominal de Yanukovich, Kiev estaba tan completamente bloqueada que Kuchman fue incapaz de trabajar en su despacho. Llamó a reunirse en las afueras de la ciudad, donde su gobierno celebró su victoria y varios políticos declararon que si la multitud continuaba bloqueando al gobierno, las tropas deberían dispersarla, dijeron tres personas que asistieron a esa reunión.
Mientras el general Smeshko se quedaba tranquilo, su agencia de espías estaba preparando un golpe desde las sombras. Incluso cuando la comisión electoral deliberaba sobre la victoria de Yanukovich, el sitio de noticias en la web Ukrayinska Pravda, publicó transcripciones de conversaciones entre los miembros de la campaña de Yanukovich.
Los funcionarios discutían planes para amañar las elecciones, incluyendo con votos falsos. Una conversación entre Yuri Levenets, un director de campaña, y un hombre llamado Valery, fue grabada la noche de las elecciones.
Valery: "Tenemos resultados negativos".
Levenets: "¿Qué quieres decir?"
Valery: "48.37 para la oposición, 47.64 para nosotros".
Más tarde Valery agregó: "Hemos acordado fijar 3 a 3.5 por ciento de ventaja para nosotros. Estamos preparando una mesa. Te la enviaremos por fax".
Yanukovich ganó por 2.9 por ciento. En una entrevista, Ribachuk dijo que entregó las transcripciones al Pravda después de recibirlas del SBU, que había pinchado los teléfonos de campaña de Yanukovich.
El general Smeshko se negó a discutir en detalles las grabaciones. "Oficialmente, el SBU no tiene nada que ver con la vigilancia de los funcionarios de campaña de Yanukovich", dijo. "Esas interceptaciones serían ilegales en este país sin el permiso de los tribunales. No diré nada más".
Pero un miembro de los siloviki, que habló a condición de mantener el anonimato debido a que la interceptación era ilegal, reconoció la vigilancia pero dijo que era un tema demasiado sensible como para que lo confirmara el general Smeshko. "Los que hicieron esto no querían transformarse en héroes", dijo el agente. "Sólo querían impedir unas elecciones amañadas".
Poco después de que Pravda publicara la transcripción, el general Smeshko salió de la reunión con Kuchma y se dirigieron a una casa de seguridad del SBU en Kiev para una conexión secreta con el líder de la oposición, Yuschenko.
La reunión tenía ironías evidentes. Yuschenko, casi incapacitado después de haber sido envenenado con dioxina durante el verano, un delito que todavía está sin resolver, había relacionado públicamente el envenenamiento con una reunión con el general Smeshko y otro general del SBU.
Ahora quería otra conversación. El grupo se reunió en una pequeña habitación, detrás de una cortina amarilla, y comieron fruta. Estaban presentes los generales Sarnatskyi, Smeshko y Romanchenko, así como Yuschenko, Ribachuk y otro aliado de Yuschenko.
Los acuerdos estaban cerrados, dijeron los dos lados.
Yuschenko pidió más seguridad para su campaña. El general Smeshko accedió a proporcionarle ocho especialistas de la unidad de elite anti-terrorista Alfa -un paso muy inusual- y arreglar que antiguos miembros del SBU vigilaran la campaña.
Entonces el grupo también accedió a que el SBU tenía que mostrar públicamente que estaba del lado de la ley, no de un candidato -un mensaje implícito de que la agencia no estaba dispuesta a abusar de su poder en favor del premier.
Cuando terminaba la reunión, Yuschenko, que es un artista amateur, dio al general Smeshko una de sus pinturas paisajistas. El espía jefe y el líder de la oposición se abrazaron.
De vuelta en la sede del SBU, el general Smeshko y los siloviki decidieron que para enviar una señal a la opinión pública ellos debían enviar a algunos agentes a leer una declaración ante los manifestantes. Yuschenko apareció a la noche siguiente, el 25 de noviembre, con cinco miembros del SBU.
Su declaración era indirecta, pero claramente pro-oposición. Decía que la preocupación sobre las elecciones era válida, y se dirigía a la Corte Suprema, que acababa de anunciar que revisaría las quejas de fraude electoral. Los agentes instaron a los jueces a trabajar con objetividad.
Luego se dirigieron a los agentes de policía y soldados. "No olvidéis que habéis sido llamados a servir al pueblo", decía la declaración. "El SBU considera que su principal misión es proteger al pueblo, no importa cuál sea la fuente de la amenaza. ¡Apoyádnos!"
Fue un momento raro para agentes acostumbrados al anonimato y reflejó lo profundos que eran los sentimientos de oposición en la sociedad ucraniana. En entrevistas, dos agentes que subieron al podio, el teniente general Oleksander Skibinetsky, un reservista, y el teniente general Oleksander Skipalsky, retirado, fueron interrogados sobre si sus familias habían influido en sus decisiones.
"Nuestras dos esposas estaban en la plaza", dijo el general Skibinetsky.
El general Skipalsky dijo: "Mi esposa. Y también mi hija".
La señal pareció tener el efecto esperado. A la mañana siguiente, cadetes de la academia del ministerio del Interior se unieron a la oposición, marchando hacia las barricadas para tratar de convencer a los agentes de servicio que se unieran a ellos. Algunos llevaron flores.

La Batalla por Kuchma
El estado estaba perdiendo su poder. Al día siguiente, el 27 de noviembre, Kuchma llamó a reunión al general Smeshko en Koncha Zaspa, un sanatorio oficial en las afueras de Kiev.
En una sala de conferencias se encontraban Yanukovich y políticos de regiones del oriente que lo apoyaban, con el jefe del ministerio del Interior MVD, Mykola Bilokon, uno de los partidarios de Kuchma, que no ocultaban su apoyo del premier.
Yanukovich se enfrentó a Kuchma, preguntándole si acaso los estaba traicionando, dijeron cuatro de los que estuvieron presentes. Luego llegaron las exigencias: preparar la investidura, declarar el estado de emergencia, desbloquear los edificios oficiales.
Kuchma se dirigió fríamente a su antiguo protegido: "Tienes mucho coraje, Viktor Feyodovich, para hablarme de esa manera", dijo, de acuerdo a Bilokon y al general Smeshko. "Sería mejor para ti si mostraras esa valentía en la Plaza de la Independencia".
El general Smeshko intervino para ofrecer la evaluación del SBU de la situación, advirtiendo al premier que pocas de las tropas ucranianas atacarían a la gente si se las ordenaba hacerlo. También dijo que incluso si los soldados obedecían una orden, una represión no tendría éxito porque los manifestantes resistirían. Luego retó a Yanukovich.
"Viktor Feyodovich, si está dispuesto a declarar el estado de emergencia, puede dar la orden ahora mismo", dijo. "Aquí está Bilokon", continuó. "El jefe del MVD. ¿La dará usted, como presidente del gobierno, una orden escrita para desbloquear los edificios? ¿Lo hará?"
Yanukovich guardó silencio. El general Smeshko esperó. "Ya ha respondido", continuó, de acuerdo a gente en la reunión. "Usted no lo hará. No hablemos sinsentidos. No hay motivo para usar la fuerza".
Kuchma salió de la sala para hacer una llamada, luego volvió con un equipo de la televisión estatal. Yanukovich arrojó su bolígrafo y se marchó.
La posición del gobierno se había fijado: no se declararía la ley marcial. Se formalizó al día siguiente, el 28 de noviembre, cuando el Consejo de Seguridad Nacional y Defensa votó resolver la crisis de modo pacífico.
"Fue una decisión clave", dijo Kuchma más tarde. "Me di cuenta de lo que significaba desbloquear los edificios oficiales usando la fuerza en esas condiciones. No se podía hacer sin un derramamiento de sangre".

Luchando contra la Represión
Aunque parecía haber consenso en el consejo, la represión seguía siendo posible, sea como respuesta a las provocaciones de la oposición, o como parte de un plan secreto.
Las emociones habían estado subiendo y bajando en Kiev, y a pocas horas de la reunión del consejo volvieron a subir cuando Tymoshenko, una aliada de Yuschenko, advirtió a los manifestantes que se haría un intento de desbloquear los edificios oficiales. Llamó a la gente a defenderlos.
El general Popkov, el jefe de las tropas de Interior, dijo que había sido informado de las palabras de Tymoshenko y la inquietud de la multitud y ordenó alarma. Comenzó la movilización.
Qué pasó exactamente y por qué, sigue sin estar claro, como tampoco quién dio la orden y qué significaba. El general Popkov insiste en que sólo él estaba involucrado en ese bluff calculado y se aseguró de que su señal fuera vista inmediatamente.
Manteniendo en la mano su celular, dijo: "Deliberadamente di la orden por este teléfono, que está pinchado".
No se sabe públicamente si el teléfono del general Popkov estaba interceptado. Pero el general Romanchenko dijo que sus agentes de las unidades del Interior observaban los preparativos; simultáneamente, dijeron agentes del SBU, sus agentes en el centro de comunicaciones del ministerio del Interior oyeron tráfico radial sobre los preparativos de la marcha. Se armó un alboroto, y una batalla de nervios.
Los informes de la alarma fueron retransmitidos al comando del SBU, que informó a la oposición, a sus agentes en la Plaza de la Independencia, y luego a la embajada norteamericana.
La oposición llamó al embajador norteamericano John E. Herbst, que llamó a su vez a Viktor Pinchuk, el yerno de Kuchma, para que descubriera qué estaba pasando, dijo Pinchuk.
Pinchuk dijo que él había llamado a Viktor Medvedchuk, jefe del gobierno de Kuchma, que llamó al ministro del Interior en su casa. Bilokon dijo que él no sabía qué estaba pasando. "Yo estaba realmente preocupado", dijo Bilokon, en una entrevista. "¿Cómo se dio esta orden sin que yo lo supiera?"
Pronto el secretario de estado Colin L. Powell telefoneó a Kuchma, que no recibió la llamada.
Afuera, el SBU se estaba movilizando. Varios cientos de agentes de inteligencia se encontraban ya entre los manifestantes, dijeron funcionarios del SBU. Algunos pretendían ser manifestantes ellos mismos. Equipos de vigilancia encubiertos estaban filmando en video a la multitud. Los francotiradores miraban desde los tejados. Unidades de anti-terrorismo se apiñaban en apartamentos cercanos y en camiones sin matrícula. Algunos grupos daban vueltas en vehículos en las calles de Kiev, tratando de determinar la dirección del avance de las tropas.
Entre las tiendas de los manifestantes, un coronel del SBU que había pasado la semana como un enlace con los organizadores de la manifestación puso en alerta a los organizadores de que las tropas estaban en camino.
Su siguiente misión era encontrarse con las tropas cuando se acercaran, dijo, para advertir a sus oficiales de que una represión sin órdenes escritas era ilegal. Dijo que había planeado advertirles que las unidades de vigilancia del SBU estaban controlando Kiev y que todas las actividades estaban siendo filmadas para ser usadas como evidencia más tarde.
Dijo que el temor era intenso. Algunos agentes de inteligencia pensaban en la represión china de los manifestantes pro-democracia en Pekín en 1989. Otros pensaron en la revolución rumana de 1989, cuando, después de que las tropas dispararon contra los manifestantes, la gente luchó y finalmente capturaron y mataron el presidente Nicolae Ceaysescu y su esposa.
"No podíamos creer que se le ocurriera a alguien derramar la primera gota de sangre, que sería el detonador de una enorme explosión", dijo el coronel, subdirector de las fuerzas anti-terroristas de Ucrania, cuyo nombre prohíbe la ley ucraniana que sea publicado. "Podía desencadenar una guerra civil en nuestro país. Absolutamente, sinceramente, estábamos preparados para hacer todo lo que estuviera en nuestro poder para impedirlo".
Mientras las partes en conflicto buscaban más información y ventajas, un grupo de siloviki y Tymoshenko se reunieron en la sede del servicio de inteligencia militar GUR.
Entre ellos estaba Galaka, el jefe del GUR, el general Drizhchany, el coronel Kondratyuk y el general Romanchenkoi, que dijo que había llamado a la sede del SBU pidiendo instrucciones. "El presidente Smeshko me dijo que llamara al general Popkov, y preguntara por qué se había llamado a alerta", dijo.
Siguió una extraordinaria conversación. El jefe del contraespionaje llamó al comandante de las tropas, al que conocía desde hacía varios años, y le preguntó cuáles eran las bases de la alerta. "Dijo que era su decisión", dijo el general Romanchenko. "Le dije al general Popkov que debía tener una orden escrita antes de llamar a la alerta de las tropas, y dado que no tenía esa orden, tenía que llamar de vuelta a las tropas", dijeron ambos. El general Smeshko lo llamó nuevamente y le dio esa garantía, haciéndose él mismo responsable si acaso los edificios eran ocupados.
Otros agentes dijeron que tras más o menos una hora, el teniente general Oleksander Petruk, el jefe del estado mayor del Ejército, llegó a las oficinas del servicio de inteligencia militar. El agente de inteligencia le pidió ayuda. Dijo que el ejército no intervendría en Ucrania. "Dijo que no lo haría", dijo el coronel Kondratyuk. El staff del general Petruk no respondió los mensajes pidiendo una entrevista.
Tymoshenko dijo que ella había observado con asombro cuando los siloviki y luego el general Petruk hicieron llamadas y advirtieron al ministerio del Interior "que ellos estaban del lado del pueblo y que lo defenderían, y que el MVD tendría que enfrentarse no solamente a gente desarmada y jóvenes si llegaba a Kiev, sino también con el ejército" y las fuerzas especiales de las agencias de inteligencia.
Finalmente el general Popkov se plegó. "Dijo que estaba ejecutando órdenes y que no era un figura clave", dijo Tymoshenko. Primero los camiones fueron parados a orillas del camino. Luego la alarma fue cancelada.
El general Drizhchany, y otros, dijeron que debido a que entonces se hicieron muchas llamadas, de noche y por tanta gente, era imposible determinar qué llamadas fueron las decisivas. Lo más probable, dijo, era que las llamadas hubieran tenido un efecto acumulativo.
Mientras que los diferentes informes sobre la movilización concuerdan en algunos puntos, difieren en algunas cuestiones cruciales. ¿Quién ordenó la alarma? ¿Quién retiró las tropas?
El general Popkov dijo que ambas decisiones fueron suyas. Esta es la versión oficial, que los siloviki, la oposición y los diplomáticos occidentales desechan como absurda. "Lo que él estaban haciendo no eran ejercicios", dijo Galaka.
Sólo tres personas, dicen, tenían autoridad para dar una orden así: Kuchma, Yanukovich y Medvedchuk. Kuchma niega que él haya jugado un papel. Yanukovich y Medvedchuk no respondieron a peticiones de entrevistas.
Tymoshenko dijo que ella había presenciado un momento crucial. Una vez que los siloviki frustraron la movilización, el gobierno se dio cuenta de que no tenían influencia sobre el último resorte del poder: los hombres armados.
Después de que una revuelta pacífica en Georgia en 2003 depusiera al presidente Eduard Shevardnadze, en parte con ayuda de las autoridades, dijo que ella sentía envidia por un país cuyos oficiales estaban dispuestos a oponerse a la corrupción del poder.
"Siempre había pensado que todos nuestros generales eran leales a Kuchma, y que eran pragmáticos", dijo. "De repente me di cuenta de que había generales del lado del pueblo".

16 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
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