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murió danielle mitterrand


Ex primera dama de Francia.
París, Francia. Murió el martes Danielle Mitterand, miembro decorada de la Resistencia Francesa y defensora de los pobres que rompió moldes como primera dama del primer presidente socialista de Francia. Tenía 87 años.
Mitterrand falleció después de estar hospitalizada en París por fatiga, de acuerdo a su fundación, France Libertés.
Declarada izquierdista, Mitterand convirtió el mandato de catorce años de su marido, el presidente francés François Mitterand, en su propio e intimidante púlpito, que lo sobrevivió.
Él murió de cáncer menos de un año después de dejar el cargo en 1995. En un momento especialmente patético de la moderna política francesa, la viuda Danielle Mitterand estuvo junto al féretro del presidente con su amante y su hija, cuyo nacimiento fuera del matrimonio y existencia había sido un secreto.
Determinad activista, Danielle Mitterrand defendía muchas causas de izquierda, apoyando a los rebeldes marxistas en El Salvador y a las minorías étnicas, incluyendo a kurdos y tibetanos, y se oponía ruidosamente a los excesos capitalistas. Mitterand creó varias organizaciones de caridad y conoció bien el mundo de los derechos humanos. Una vez besó a Fidel Castro en los escalones de una residencia para dignatarios extranjeros cerca del Palacio del Elíseo presidencial.
Pese a su tímida apariencia, Mitterand había llamado a la unidad mundial entre los "nuevos resistentes" para "poner fin a la dictadura económica y financiera, esbirra de los dictadores políticos. Finalmente parecen estremecerse con la rabia de los pueblos".
Mucho antes de que el movimiento Ocupemos Wall Street ocupara la calle, Mitterand le dijo al diario Figaro en 1996: "Por supuesto, el mundo gira en torno al Dow Jones" y otros índices de la bolsa, "pero en el resto del mundo se están escuchando voces que dicen que la gente es infeliz aunque las bolsas marchen bien".
Reiteró el tema el mes pasado: "El dinero decide todo... es por eso que estamos trabajando para salirnos del sistema".
En una declaración circulada después de su muerte, el despacho del presidente francés Nicolás Sarkozy dijo: "Ni el traspié ni la victoria la hacían desviarse del camino que se había trazado: dar oídos a la voz de aquellos que nadie quería oír".
De joven, Mitterrand la medalla Cruz de Guerra al heroísmo por su trabajo en la Resistencia durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Danielle Emilienne Isabelle Gouze nació el 29 de octubre de 1924 en Verdun, una ciudad al nordeste de Francia conocida como uno de los campos de la muerte más grandes de la Primera Guerra Mundial.
Durante el régimen colaboracionista de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial, su padre, un director de escuela de inclinación socialista, perdió su trabajo por negarse a obedecer una orden que obligaba a hacer un listado de todos los maestros y alumnos judíos, de acuerdo a la fundación de Mitterand.
En marzo de 1944 entró en la clandestinidad en las colinas de Borgoña con la Resistencia. Ese año, conoció y luego se casó con François Mitterrand. Tuvieron tres hijos, uno de los cuales, Pascal, murió joven. Le sobreviven su hijo Gilbert y Jean-Christophe.
Durante años, Danielle Mitterrand se mantuvo silenciosa sobre la relación secreta que había tenido su marido con Anne Pingeot, curadora de un museo y madre de su hija, Mazarine Pingeot.
Como primera dama, Mitterrand mantuvo la tradición de sus predecesoras, que se mantuvieron en gran parte en el fondo. En una entrevista de 1986 con AP, Mitterand se encendió ante la sugerencia de que se parecía a una primera dama estadounidense.
"No hay un rol tradicional" para primera dama, dijo Mitterand. "Cada mujer tiene su propia personalidad y... actúa de acuerdo a su conciencia y sus sensibilidades".
2 de diciembre de 2011
23 de noviembre de 2011
©los angeles times 
cc traducción c. lísperguer
 

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en memoria del padre


Luchando para quedarse en Gran Bretaña. Antonio Bravo, en Armley, Inglaterra, en la tumba de su padre, Manuel, que se suicidó en 2005 en un intento por evitar la deportación de Antonio.
[Nina Bernstein] Clapham, Inglaterra. El niño tenía trece años cuando una redada de inmigrantes terminó abruptamente, de madrugada, con la lucha de su padre durante los últimos cuatro años por ser reconocido como refugiado político. En la noche de ese día en 2005, padre e hijo estaban a cientos de kilómetros de distancia, encerrados en una cárcel privada -el Yarl’s Wood Immigration Removal Center- para ser deportados en la mañana a su nativa Angola.
En lugar de eso, poco después de medianoche, el abatido padre, Manuel Bravo, 35, se ahorcó, colgándose con una sábana de una escalera. La nota que dejó decía por qué: para que su hijo huérfano se pudiera quedar en Gran Bretaña.
Efectivamente, la ley no autoriza a las autoridades de inmigración a deportar a un huérfano al que no espera nadie. Una familia británica que los Bravo conocieron en la iglesia, llevó al niño, Antonio, a casa a Armley, el barrio de clase media trabajadora de Leeds donde se habían asentado en 2001.
Antonio, ahora de diecinueve, es un aprendiz de electricista que aspira a ser ingeniero. No lejos de la tumba de su padre en la colina, comparte una casa de cien años de antigüedad, con cinco compañeros de cuarto británicos y visita regularmente a la familia que lo crió. "Quiero que mi padre se enorgullezca y no se sienta como si perdió su vida por nada", dijo.
Pero el mes que viene, Antonio vuelve a vivir de nuevo la amenaza de la deportación. Como las leyes han cambiado, en lugar de cumplir con los requisitos para ser ciudadano como esperaba, ya no puede postular. Su permiso de residencia temporal, otorgado por razones humanitarias, expira y no está claro si puede ser renovado.
La historia de Antonio es emblemática de los crecientes esfuerzos de un país por repeler la inmigración indeseada, a través de un sistema de implementación gestionado parcialmente por contratistas privados.
Como otros gobiernos del mundo occidental, Gran Bretaña ha sido presionada para que aumente las deportaciones, reduzca la inmigración y restrinja la ciudadanía. Los funcionarios se están jugando la "inmigración controlada", un modo de mantener el influjo de los inmigrantes más deseables y refugiados genuinos excluyendo forzosamente a los rechazados -en un intento de refrenar la hostilidad hacia los extranjeros que se ve crecer desde Australia y Estados Unidos, pasando por Noruega y Francia.
"Es muy importante no solamente que se implementen controles de inmigración adecuados, sino también que se vea que están siendo implementados", dijo Damian Green, ministro de Inmigración británico, en septiembre pasado después de inaugurar dos nuevos pabellones de otro centro de detención privado cerca del aeropuerto de Heathrow. "Si nos creamos confianza pública en nuestro sistema de inmigración, seguiremos siendo vulnerables ante los que quieren buscar chivos expiatorios de los problemas sociales."
Pero algunos analistas dicen que, al contrario, el boom de detenciones y deportaciones ha legitimado que se trate a los extranjeros como chivos expiatorios, inflado la ansiedad pública y las demandas de restricciones más amplias.
En los últimos diez años, los blancos públicos de represión han pasado de "refugiados políticos falsos" a "extranjeros criminales" y ahora a "inmigración insostenible", un concepto que incluye a inmigrantes perfectamente legales, observa Mary Bosworth, criminalista de la Universidad de Oxford que ha trazado la expansión de las cárceles para inmigrantes como Yarl’s Wood.
"Hay una exhibición bastante pública e inversión en hacer que estos lugares de confinamiento se vean como que están hechos para alojar a gente peligrosa", dijo Bosworth. "Coloca al gobierno en una posición en que sólo se puede poner más intransigente."
Y las reglas siguen cambiando. El año pasado, Antonio aprobó la nueva "prueba de conocimiento de la cultura británica" [Britishness] -¿Qué es un gabinete en la sombra? ¿Cuándo se celebra el Día de la Madre?-, sólo para enterarse que, en su caso, no cuenta.
"Igual fue un gran concurso", dijo.

Una Familia en la Clandestinidad
Al principio, los Bravo eran una familia de cuatro: el señor Bravo, tranquilo y retraído; su ardiente esposa, Lidia; su hijo, Nelio, de tres años; y el hijo de Bravo, Antonio, de diez, cuya propia madre murió al darlo a luz en Angola. En los documentos de refugiado, Bravo se describe a sí mismo como un campesino encarcelado y maltratado por el gobierno angoleño debido a su papel en un partido pro-democracia fundado por su padre. Huyó para salvar la vida, dijo, después de que fuerzas de seguridad allanaran la granja familiar y asesinaran a sus padres y hermanas. Angola llevaba entonces veintisiete años de guerra civil.
Los Bravo pidieron asilo cuando aterrizaron en el aeropuerto de Heathrow en octubre del 2001. Imposibilitados de trabajar como la mayoría de los solicitantes de asilo en Gran Bretaña, fueron enviados a Armley a la espera de una decisión. Encontraron el apoyo en la Iglesia de Cristo de Catherine Beaumont, voluntaria en su centro de ayuda al inmigrante, y del Reverendo Alistair Kaye, entonces vicario.
Pero su solicitud se sumó a la enorme pila de trabajos retrasados conforme crecía el número de nuevos solicitantes de asilo en Gran Bretaña y llegaba al pico de 84 mil al año en 2002. La hostilidad pública también estalló con las revelaciones de que pocos de los rechazados habían dejado el país.
El centro de detención, Yarl’s Wood, se estaba recién abriendo como parte de una expansión que el gobierno y sus socios privados prometieron que triplicaría la tasa de expulsión. En lugar de eso, a los tres meses, el centro de ciento cuarenta millones de dólares fue consumido por el fuego durante protestas de los reos contra los malos tratos.
Una pesquisa de las prisiones y el defensor del pueblo concluyeron en 2004 que había sido construida de manera chapucera y puesto en operación a toda prisa para alcanzar los "inalcanzables" objetivos del gobierno laborista antes de elecciones. De los 385 reos la noche del incendio, incluyendo veintinueve niños y siete infantes, sólo cuarenta y seis tenían una fecha de deportación, reconoció el gobierno en el Parlamento.
Hacia mediados de la década, controles fronterizos más severos habían reducido en dos tercios la llegada de refugiados, del punto álgido de 2002. Pero la hostilidad pública contra los refugiados continuó aumentando, modelada por acusaciones de que muchos refugiados se estaban aprovechando de los subsidios públicos en un sistema que era lento para decidir casos e inefectivo en cuanto a las expulsiones.
Yarl’s Wood fue reconstruido. Las detenciones de refugiados rechazados aumentarán, dijo al Parlamento el secretario de Interior en 2005, "hasta el punto de que será la norma que los que fracasen sean detenidos."
La declaración se corresponde con la estrategia doble del primer ministro Tony Blair, que estaba entonces abriendo las puertas a muchos inmigrantes, incluyendo a especialistas en informática de Asia y ciudadanos de los miembros más recientes de la Unión Europea. Simultáneamente, mostró rigor hacia los refugiados rechazados, del mismo modo que los gobiernos de Bush y Obama han mostrado cifras récord de detenidos y deportaciones, al mismo tiempo que proponen, aunque sin éxito, leyes de inmigración más indulgentes.
La solicitud de Bravo fue rechazada en 2004, por una asistente social que dijo que no tenía prueba que la justificaran. Bravo no tenía abogado en la audiencia de apelación. "Estaba muy desmoralizado", dijo Antonio. "Se sentía inútil." La larga espera de la decisión llevó a conflictos en el matrimonio de su padre, agregó, y empeoró su propia y difícil relación con su madrastra.
En el otoño de 2004, la familia se separó. Llevándose a Nelio, la señora Bravo volvió a Angola a encargarse de sus familiares enfermos. Fue arrestada y volvió a huir, esta vez a Namibia. El señor Bravo trató frenéticamente de contactarse con ellos, dijo Kaye, el vicario, y no vivió lo suficiente como para enterarse de que ella había llegado a Portugal, donde había recibido asilo político y desapareció de la vista.
En la madrugada del 14 de septiembre de 2005, ocho agentes irrumpieron en la pequeña casa de los Bravo. "No puedo sacármelo de la cabeza", dijo Antonio. "Echaron abajo la puerta, alumbrando con linternas. Nos esposaron a ambos. Me sentí como un criminal, y no he hecho nada".
Más tarde, en un informe sobre el caso Bravo, el defensor del pueblo para prisiones cuestionó la necesidad de semejante "robusto ejercicio del poder estatal" después de tantos años sin hacer nada, calificándolo de "francamente cruel." Pero el allanamiento transcurrió de acuerdo a las normas, concluyó, y había sido planeado hasta en detalles, como dar los cinco peces mascota de Antonio a un vecino. Tampoco violaron ningún protocolo los subcontratistas que pusieron a padre e hijo en una furgoneta con rejas.

La Máquina de Detención
Los Bravo habían entrado en el mundo de la implementación por encargo de las leyes de inmigración. En efecto, estaban bajo la custodia de la compañía anglo-danesa conocida ahora como G4S.
Sus guardias los llevaron, pasando frente a casas de ladrillos y los campos abiertos de Bedfordshire, hacia el centro de detención Yarl’s Wood que, elaborado por la compañía en 2001, está protegido por alambre de púas.
Contratistas son los que ahora gestionan siete de los once centros de detención de inmigrantes de Gran Bretaña, en los que, desde 2001, la capacidad ha aumentado en un 75 por ciento. Lo que todavía atormenta a Antonio es el momento en que los guardias del transporte de G4S descubrieron un tendedero totalmente nuevo en el bolso de su padre. Requisaron la cuerda de Bravo, que estaba en tratamiento por depresión, pero nunca alertaron a Yarl’s Wood. G4S se negó a comentar sobre sus operaciones, sea en general o con respecto al caso Bravo.
Una enfermera en Yarl’s Wood, empleada por otro subcontratista, confiscó los antidepresivos de Bravo y no preguntó si tenía inclinaciones suicidas -por miedo, dijo, de poner la idea en su cabeza. Las indagaciones oficiales concluyeron que estos lapsos no hacían ninguna diferencia.
Padre e hijo fueron escoltados a través de ocho puertas cerradas con condado hasta sus celdas, donde Antonio esperó a que Bravo hiciera sus llamadas de último minuto.
Una era al vicario, que no había podido comunicarse con funcionarios de gobierno. "Estaba intentándolo", dijo Kaye. "Estaba aterrorizado de tener que volver allá."
Cuando Bravo volvió a su celda, dijo Antonio, le trajo malas noticias: su deportación estaba fijada a las diez y media de la mañana. "Dijo: ‘Pase lo que pase, se fuerte y valiente. Estoy orgulloso de ti.’"
Antonio estaba durmiendo cuando las cámaras de seguridad filmaron el suicidio de su padre. El informe del defensor del pueblo de 2006 se queja de que durante horas nadie aceptó responsabilidad por despertar al niño para decirle que su padre estaba muerto, y más tarde nadie le explicó que no sería deportado solo.
"Lloré cuando llegó Catherine", recordó Antonio la llegada de Beaumont. "Vino y me dijo: ‘Te queremos y queremos que vengas a vivir con nosotros.‘"
Los miembros del personal se negaron a dejarlo marcharse, por su propio bien.
"Estás preparado para enviar a alguien de vuelta a su posible encarcelamiento y daños en Angola", observó Beaumont, ex enfermera y madre de dos hijos, "y al día siguiente no lo puedes enviar de vuelta a Leeds porque no has evaluado a esa gente."
Antes de permitírsele que se uniera a los Beaumonts, Antonio pasó cinco días con ancianos desconocidos que lo acosaban ofreciéndole té. "Fue entonces que hice la transición de africano a británico", dijo. "Una taza de té cada medio minuto."

Asimilado y Rechazado
En el otoño pasado, después del trabajo una noche lluviosa, Antonio llevó a un visitante a la casa donde había pasado su infancia. El perro estaba loco de entusiasmo. En la sala de estar, ante una chimenea ardiente, la señora Beaumont recordó burlonamente momentos históricos de su asimilación: alimentar a las palomas durante una excursión de un día a Londres, subir una empinada colina en unas vacaciones en bicicleta con la familia en Devon, enfurruñándose después por la crema del té.
"Yo creo que tú pensabas en ese momento que no deberías nunca haber venido a vivir con la familia."
Kaye, que considera a Antonio "un chico maravilloso", insinúa los tramos más difíciles ahora ocultos por un seco humor. "Ellos son los que tuvieron que lidiar con la adolescencia, la pena y los tiempos difíciles", dijo.
Pese a los esfuerzos de abogados londinenses, la solicitud de asilo de Antonio fue rechazada en 2006 debido a que las autoridades ya habían rechazado la solicitud de asilo político de su padre. Pero recibió una subvención de protección humanitaria de cinco años, que en la época podía conducir a la ciudadanía.
Su inglés adoptó los ritmos de Yorkshire; olvidó el portugués. Cuando su subsidio en la casa de acogida terminó a sus dieciocho, se estaba haciendo camino como aprendiz de electricista, a gusto como el único negro del equipo, ahorrando para los costes de ciudadanía y universidad.
"Mi padre me dijo que fuera fuerte y me educara", dijo Antonio. "Y para mí, conseguir un pasaporte es lo más importante."
Pero mientras Antonio trataba de convertirse en británico, la preocupación británica por la inmigración estaba creciendo. Un estudio del Instituto sobre Políticas de Inmigración, de Washington, basándose en dos años de investigación de la opinión pública, muestra que incluso antes de la crisis económica, casi siete de cada diez británicos pensaban que en el país había demasiados inmigrantes.
En la recesión, las opiniones se endurecieron sobre una percibida competencia desleal para servicios públicos y empleos, y temores de que Gran Bretaña sea "inundada" por extranjeros. Mientras que el diez por ciento de la población británica nació en el extranjero -menos que en Francia o Alemania-, la mayoría pensaba que la cifra era de veinticinco por ciento. Una respuesta política fue la puesta a punto de una ley de ciudadanía que rompía los lazos entre residencia temporal y asentamiento. Los diez años de Antonio en Gran Bretaña, estropeados por nueve meses en situación ilegal como niño, ya no son suficientes para solicitar una estadía indefinida. No tiene familiares ingleses ni habilidades excepcionales ni otras posibilidades de naturalización.
Su permiso de residencia expira el 18 de septiembre. En su categoría -protección humanitaria- debe esperar hasta 28 días antes de esa fecha para solicitar una extensión y de algún modo demostrar que su necesidad de protección no ha cambiado.
Entretanto, la coalición de gobierno conservadora-liberal demócrata ha jurado reducir a la mitad la inmigración neta, de veinte mil personas al año hoy. Debido a que no puede impedir las llegadas desde otros países de la Unión Europea, presiona con más intensidad para rechazar a los no-europeos.
Para Antonio, hay un aspecto personal: Nelio, 13, volvió a Gran Bretaña con su pasaporte portugués, o de la Unión Europea. La ex madrastra de Antonio, que se había vuelto a casar, había enviado a Nelio a vivir con amigos portugueses cerca de Manchester. Había vuelto a Angola, ahora un país en paz que es ajeno a Antonio.
"Mi familia es inglesa", dice, refiriéndose a los Beaumont. "Gran Bretaña, esa es mi cultura."
29 de agosto de 2011
20 de agosto de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

noruega después de las masacres


Noruega es un mundo perfecto: en ese lugar donde todo funciona sin contratiempos, la tragedia desatada por un joven ultraderechista desquiciado, que mató a unas ochenta personas, dejó una herida abierta en la juventud. Un periodista del NO lo describe a la "perfección".
[Matías Franchini] Oslo, Noruega. Cómo va a cambiar la vida en Noruega tras la matanza de casi 70 chicos por parte de un ultraderechista desquiciado, es todavía un interrogante; y tampoco interesa demasiado, cuando el dolor aún sangra oídos con disparos. Cuadro de situación: una sociedad en estado de conmoción, con un inmenso desconsuelo, en la que a la vez aflora lo mejor de sus valores intrínsecos. Una juventud sacudida y marcada para siempre. Un país con una herida imposible de cerrar.
Pero en medio de la tragedia, y para entender el shock que tienen los noruegos y el impacto sociológico que puede tener la masacre, es más gráfico recurrir a situaciones puntuales. Acá, en Oslo, las máximas turbulencias de la vida cotidiana tienen que ver con el clima. Si va a llover, si saldrá un ratito el sol, si estará gris, cuántos grados, a qué hora. En general está gris. Algún pequeño accidente-incidente, un tren que descarrila sin heridos ni abollones. Pero no mucho más en este territorio apacible y casi imperturbable donde todo funciona(ba) a la perfección. Y donde además de las historias de bienestar y buena vida de los nativos, también hay relatos de los otros, algunos de inmigrantes –muchos de ellos argentinos–, que vienen en búsqueda de ese mismo supuesto nirvana, en el país donde ya nada volverá a ser como antes.
Más ejemplos. En Noruega, los niños crecen en casas de puertas cerradas sin llave, muchos jóvenes estudian y viajan mientras el Estado les subsidia habitación y universidad, la mayoría de los adultos trabajan y viajan y llevan una vida cómoda, y los policías son héroes que no usan pistola. El tren llega a las 22.14 seguro, el 31 te pagan sí o sí y los trabajos se arrancan con cinco semanas de vacaciones, que además son remuneradas. La postal es rápida; pero sí, otro mundo. Un mundo de libertades, y en el que la foto de la casita de colores, los fiordos y la rubia conviven con historias de jonkies, inmigrantes y excluidos del sistema. Pues bien, el estado de shock de los noruegos es descomunal, en un país de 4,8 millones de habitantes, un desempleo de 3,6 por ciento, una esperanza de vida de 81 años y un ingreso per cápita de más de 85 mil dólares. ¿Qué onda Noruega?

1. Estallando desde el Océano
Viernes 22 de julio, 3 PM. Anders Behring Breivik hace explotar un coche–bomba junto al edificio donde están las oficinas del primer ministro en el centro de Oslo. Mueren ocho personas, pero la maniobra es para distraer la atención y ejecutar su máxima obra: dos horas más tarde, disfrazado de policía, irrumpe disparando en la isla de Utoya, donde 700 jóvenes asisten al campamento del Partido Laborista, que gobierna actualmente. "Acérquense que tengo información importante para darles", les dice a los jóvenes, que una vez cerca de él comienzan a recibir disparos a mansalva al grito de "deben morir todos". Breivik estuvo casi dos horas disparando hasta que pudo ser reducido. Mató a 68 personas. En la isla no había seguridad y la policía no contaba con un helicóptero, por lo que tuvo que llegar en auto. Una cultura que pasa del paraíso al infierno en 120 minutos. La parabellum del mal psicópata.
"Se sintió como una especie de sacudón. Enseguida se empezaron a escuchar las sirenas y la gente comenzó a salir a las calles. Algo había sucedido. Fue prender la televisión y se empezó a generar una conmoción general, no sólo por la magnitud del hecho sino porque acá nunca pasa nada. Estaba todo desbordado", cuenta Iván Tarrés (29), que es de Rosario y vive en Oslo desde hace dos años. Es uno de los 200 inmigrantes argentinos que hay en la capital y, en su caso, se decidió por Oslo para vivir una experiencia de vida diferente tras ocho años en Barcelona. Pero no es lo usual: la mayoría llega tentada por alcanzar la comodidad y el nivel de vida medio de los nativos, que tienen un salario promedio anual de más de 45 mil euros. "Es una sociedad muy evolucionada en muchos aspectos y si lográs integrarte al sistema, podés llegar a vivir muy bien. Acá nunca falla nada, están desacostumbrados a los imprevistos. También a lo espontáneo", explica Iván, que trabaja en una tienda de ropa y souvenirs por el centro y planea quedarse un tiempito más, por ahora. Ya maneja más o menos el idioma, entonces su campo de acción puede ampliarse. Hace 150 horas por mes para ganar casi 2000 euros, un número más que interesante, pero insuficiente para hacer una diferencia o alcanzar el nivel de vida de los locales.
Kim Bjerkan (30) no escuchó nada de la explosión porque estaba en los suburbios. Su caso vendría a representar el del noruego típico no profesional, más allá de lo peligroso que es caer en las generalizaciones. Por la mañana es representante y vendedor mayorista de una marca de cigarrillos, y por las noches –sólo algunas– trabaja de encargado de camareros en un restaurant italiano. Siempre de lunes a viernes. "Creo que a todo Noruega, pero sobre todo a las nuevas generaciones nos va a cambiar bastante lo sucedido; primero porque fueron en su mayoría jóvenes, y luego porque nos concientizará de que acá también pueden pasar cosas malas. Nosotros no sabemos lo que es el peligro o el crimen, nunca hemos convivido con él", cree, y dice sentir miedo de que a partir de ahora se vea invadida la privacidad de los ciudadanos en función del posible incremento en los controles de seguridad. Entre los dos trabajos suma 190 horas y gana 3500 euros. Tiene su propio piso desde hace años, que va pagando con un crédito (de fácil acceso para los noruegos), y hace un tiempo que compró otro apartamento con otro préstamo. "En ese alquilo las habitaciones y me sirve para cubrir los créditos de las dos casas", explica. Una pieza en Oslo cuesta 500 euros por mes (con mucha suerte), más el depósito de uno a tres meses y gastos por impuestos y servicios. La cuota mensual de un crédito por un piso de dos ambientes sale lo mismo.

2. El Otro Lado
Cordialidad, gente muy polite, tolerancia, respeto, orden. Silencio, miradas serias y siempre hacia el piso. Parque automotor moderno, casitas amarillas, montañas, naturaleza, vehículos que detienen su marcha abruptamente para que cruce un peatón. Muchos chicos jóvenes con hijos, disfrutando los beneficios por paternidad que les da el Estado. Pero una de las imágenes que más impresiona apenas se llega a Oslo es la presencia hormigueante y permanente de jonkies que van y vienen, cada hora, cada minuto, en la búsqueda o a la espera de alguna movida. Por inercia ya. Están por todo el centro, pero sobre todo cerca del Trafikkanten, en las afueras de la estación central. "A los visitantes, apenas llegan, nosotros les mostramos lo que otros países esconden", suelen repetir algunos noruegos disconformes.
Pero allí están, y no son discriminados ni por la gente ni por el Estado. A muchos de ellos el gobierno los subvenciona cada mes y les da una pensión, casa y metadona. Las organizaciones de ayuda y asistencia abundan en la ciudad, muchas de ellas compuestas por voluntarios que les dan soporte psicológico-espiritual, o bien los asean. Y también los cuidan, en la plaza, mientras los jonkies se pinchan.
También en el Trafikkanten, conseguir hachís, anfetaminas o heroína puede llevar menos de un minuto. Es una zona liberada, salvo controles muy ocasionales, y no es la única que hay en Oslo. Por la ribera del río que cruza la ciudad, quienes trapichean son los somalíes, ghaneses, guineanos y sudafricanos, lo mismo que en Grünerlokka. El consumo (y la posesión para uso personal) de drogas en Noruega está penalizado con una multa, al menos la primera vez, lo mismo que la prostitución. Sin embargo, por las noches, la Karl Johan –la coqueta y extensa peatonal-camino que comunica la estación central con el Palacio Real– se colma de morenas africanas, y unas calles más abajo son las europeas del este quienes ofrecen sus servicios al mejor postor. El consumo de alcohol en lugares públicos también está legalmente prohibido, una medida que jamás se cumple. "Acá los policías están en las cosas importantes", repiten otros noruegos. Con la venta, el control sí es más férreo: los lugares de expendio venden sólo hasta las 7 PM y de lunes a sábado.

3. She’s So Cool
El mencionado Grünerlokka es el barrio más cool, donde abundan bares, shopps de estilo retro y grupos de jóvenes tomando cerveza y charlando pacíficamente en plazas. Las noches de viernes y sábado, bares como Ryes (rockabilly), Parkteatret (rock) o Fru Hagen (electrónica) se desbordan de gente. A veces por allí se ve a las muy pocas tribus urbanas que hay en Oslo. Algunos punkies, bastante más heavies, algún emo. También neohippies made in Escandinavia o rockeros de jean y zapatillas de lona. Pero hasta ahí: más bien predomina largamente el noruego de camisa, pantalón de vestir y zapatos. Las minitas, de vestido o pantaloncito (muy) corto, todas.
Eddie Aslaksen (28) siempre vivió en Oslo y podría decirse que es un noruego antisistema. Odia los 17 de mayo, el día nacional de Noruega, una fecha en la que los nativos muestran todo su nacionalismo y que incluye desfiles por la mañana, vestimenta típica para las mujeres, trajes para hombres y niños, y una especie de brunch con champagne al mediodía tras el cual la mayoría se vuelca a las calles a beber en grupos, ya sea en parques o calles, o a disfrutar los variados espectáculos callejeros que hay. "Soy un caso especial entre los noruegos, porque apenas llego a fin de mes. Pago mi habitación, las salidas nocturnas, comida y además le estoy devolviendo plata al Estado. Pero es porque no me gusta trabajar", cuenta. Dicen que, en Noruega, el noruego que no trabaja es porque no quiere. Vive con otros cinco chicos y trabaja sólo tres días por semana, en Ikea. "Es difícil entender que un tipo solo haya hecho eso", opina, mientras sigue tomándose su cerveza comprada en el supermercado en soledad. Es que una pinta en un bar cuesta un dineral, en promedio unos 7,5 euros. Otros botones de muestra: un kebab sale 6 euros, una pizza 12 y un café, 4 euros. Y todo así.
Hablando de soledad: Noruega es un país en el que siempre hay personas solas. En los cafés, en los bares, la soledad siempre está presente, o al menos más que en culturas latinas. Los propios noruegos reconocen que son introvertidos, y les resulta difícil comunicarse, mirar a los ojos, expresarse. La mirada a los ojos en la calle, el tan común y en general efímero flechazo entre mujer y hombre, en Noruega hasta puede ser mal interpretado.
"Acá las chicas quieren conocerte, quieren hablar seriamente, intercambiar puntos de vista, todo muy formal. Después, con el tiempo, podemos empezar a sacar provecho de nuestro poder de seducción argentino a través de la simpatía; pero antes no, no les gusta", explica Dante Bochicchio (27), mendocino. Tras vivir 10 años en Inglaterra, él sí aterrizó en Oslo en la búsqueda del bienestar y la seguridad económica que ostentan los noruegos. Trabaja de pizzero, pero dice que quiere montarse su propio business. Y que lo que le gusta es tocar la guitarra. "No pude ir a ver a Jeff Beck, que estuvo en junio. Acá hay que aprovechar porque en general no vienen muchos grossos, aunque de todos modos los tickets son inaccesibles a veces", cuenta.
Y tiene razón, porque las entradas a conciertos o festivales tienen precios norueguizados que no todos pueden pagar. El Oya Festival, el festival más importante, dura 5 días con entradas a 215 euros el pase o bien casi 85 euros por día. Los retornados Pulp serán el número más fuerte, y también estarán Lykke Li y James Blake. Pasó el Oslo Live (electrónico) con figuras dance como Leftfield o Groove Armada, y también el Norwegian Wood, donde arrancó Eric Clapton, siguió Patti Smith y cerró Ringo Starr. Pero en invierno, y sin festivales, no son muchos los artistas que incluyen a Oslo en sus tours. Este año, para ver a Roger Waters había que pagar 150 euros.
Volviendo a Dante, él aspira a comprarse una casa, pero su condición de inmigrante le impide acceder al necesario crédito. "Me piden un montón para acceder al crédito: tengo que ganar como mínimo 2500 euros por mes, tener tres años de residencia acá y para entrar a la casa necesito poner el 25 por ciento del valor cash. Imposible. Para un noruego es mucho más fácil. Esta sociedad está hecha para los noruegos", sentencia.

4. La Mirada del Amo
Otra de las características de Noruega es que transmite una eterna sensación de paz, si bien por momentos es justamente ése el problema, tanta quietud. Dicen que, en Noruega, cada bebé nace con el futuro económico asegurado, desde que en los ‘70 el petróleo transformó un país casi pobre y olvidado en una nación rica y próspera. Se calcula que el país tiene reservas acumuladas para los próximos 50 años, es decir por varias generaciones. También se la considera como uno de los diez países más pacíficos en el planeta.
En el país ya hay más de 500 mil inmigrantes (el número se triplicó de 1995 a la fecha) y, a partir de la crisis económica, los niveles comenzaron a elevarse aún más. Algunos dicen que representa una de las principales preocupaciones de autoridades –y también de algunos ciudadanos–, que temen que el ingreso masivo de extranjeros se torne incontrolable. Y es ése el caballito de batalla del discurso de los ultranacionalistas, una orientación política que está representada en Noruega por el Partido del Progreso –en cuyas juventudes también militó por diez años Breivik–, la derecha xenófoba que en las elecciones de 2009 obtuvo 23 por ciento de votos y con 41 escaños se convirtió en la segunda fuerza nacional tras los socialistas.
Alertan de que se está islamizando la sociedad noruega: Gronland es el barrio de los musulmanes. Por las tardes, la imagen clásica de la zona la componen decenas de hombres de Afganistán, Irak, Irán, Pakistán e India, que toman té y charlan animadamente y a los gritos. Por las noches es una zona de bares como Dattera til Hagen (ecléctico) o Gloria Flames (rock). Ayoub Dahmani (24) es marroquí y hace un año y medio que se vino de Bilbao para probar mejor suerte en el nuevo granero del mundo. Trabaja en una empresa de limpieza regenteada por chilenos (la comunidad de chilenos en Oslo supera las 5 mil personas) y gana 9 euros la hora, en negro. Es un excluido –como tantos otros– en la sociedad de la inclusión. Limpia pasillos, casas, hoteles, rodeado siempre de ecuatorianos, dominicanos, peruanos y también argentinos, que llegan sin saber hablar inglés y no tienen otra chance que ser limpiadores. "Estoy aprendiendo el idioma, pero creo que acá jamás dejás de ser inmigrante. A igualdad de condiciones entre vos y un noruego, le van a dar un trabajo al noruego", asegura. Vive en un living con otros cuatro marroquíes. En la pieza hay otros cuatro. Paga unos 200 euros por mes. Se despide y se va a jugar a la pelota con los iraquíes, árabes y africanos. En Oslo hay alrededor de 50 canchas de fútbol de césped artificial, pintadas y con arcos, y puede jugar cualquiera, gratis.

5. No Te Pongas Azul
Los chicos muertos tenían entre 15 y 22 años, en su mayoría. Acá, muchos estudiantes viven en residencias y en varios casos el Estado los subsidia. Después, cuando se insertan en el sistema laboral, van devolviendo la plata, en un país en que el Estado se queda en promedio con 35 por ciento en impuestos del salario bruto. Muchas empresas tienen jornadas laborales de 7 horas y abundan los fines de semana puente. El transporte público es caro (3,5 euros un ticket). Al lado de Revolver, bar rockero del centro osleño, Carina Ersland (28) se está por ir a Estados Unidos. "Vamos 20 amigos porque se casa otro amigo nuestro de acá. Igual, antes me voy dos semanas a Málaga", explica y apunta que el fin de semana anterior estuvo en su cabaña en la montaña, a 40 kilómetros de Oslo.
Noruega es el país donde hay más igualdad entre el hombre y la mujer, en lo laboral, social, económico y recreativo. Es común ver a las parejas pagando la mitad exacta cada uno de todo, repartiendo moneditas. Karina dice que todavía no termina de entender que un loco haya hecho tanto daño. Trabaja de profesora de lengua y gana 3000 euros por mes. "Ah, en octubre me voy a Lisboa, dicen que es precioso", acota.
Anders Behring Breivik primero dijo que actuó solo y que quería hacer el mayor daño posible. Luego, que la bomba y el tiroteo tenían como objetivo salvar a Europa de una invasión musulmana, y aseguró que en su organización existían "dos células más". Desde el gobierno bajaron las cifras oficiales de muertos de 93 a 76. El pueblo despidió a las víctimas en la catedral y luego 100 mil osleños marcharon como expresión de unidad y dolor. Los pibes miraban, frescos, sonrientes, llenos de energía, desde algún lado. Un eterno pesar. Una tristeza infinita. Quién lo iba a decir: en Oslo, el paraíso se convirtió en la ciudad de la furia.

Cuna del Black Metal
Dicen que en Noruega, de vez en cuando, aún aparece alguna iglesia quemada. Mito o realidad, lo cierto es que esta tierra es considerada la cuna del black metal, un género que si bien surgió en los ‘80, fue en los ‘90 cuando –de la mano del True Norwigian Black Metal– adquirió una mayor trascendencia musical y estética, caracterizado por melodías extrañas, frías y desoladas que hablan de odio, oscuridad, satanismo, paganismo y mitología escandinava, entre otras temáticas. El impulso de su trascendencia obedeció también a hechos extramusicales, principalmente por la quema de 52 iglesias –según registros oficiales–, la profanación de 15 mil tumbas y la decoración de cementerios con símbolos satánicos. Y por otros casos como el suicidio de Per Yngve Ohlin, vocalista de Mayhem, o el asesinato de Oystein Aarseth, guitarrista de la misma banda (a manos de Varg Vikernes, que era hasta ese momento bajista de la banda, y único miembro del grupo Burzum). Yendo a lo musical, y además de Mayhem o Burzum, grupos como Darkthrone o Emperor potenciaron un género que tiene muchos seguidores por estas latitudes.
Tal vez ayudado por el fenómeno, también de los ‘90 data el momento de gloria en la escena internacional de bandas de rock noruego como TNT (el primer grupo de Noruega en ser publicado en la American Billboard), Turbonegro, Madrugada y Wig Wam, una banda de hard rock que representó al país en una edición de Eurovisión y sorprendió con un estilo retro y pintarrajeado a lo Kiss. También Motorpsycho surgió en aquel entonces, un ecléctico grupo aún en actividad que fue virando del heavy metal y el grunge de sus comienzos hasta el presente, en el que la banda está experimentando con la mezcla de canciones pop con toques de jazz y psicodelia.
Sin pasar por alto la gran trascendencia actual que ha adquirido el dúo electrónico Röyksopp, otra referencia inmediata si de música en Noruega se habla conduce a los A-ha, que se despidieron oficialmente en una gira por Noruega durante 2010 y este año tocaron otra serie de conciertos para despedirse de... Oslo.

Tango Nórdico Every Night
Aunque resulte difícil de creer, en Oslo hay milonga todas las noches. Sí, de lunes a domingo, y en lugares diferentes. Oslo y obligo. ¿Target? La mayoría de los asistentes son jóvenes –menores de 40– y en los últimos años se viene incrementando aun más la concurrencia juvenil, quizá contagiándose por el fenómeno que también invade Buenos Aires. "Para ser una danza folklórica de un país al otro extremo del mundo, el tango es popular en Noruega. En Oslo hay unos 150 o 200 bailarines activos, en Bergen quizá 100, otro tanto en Trondheim y hay tantas otras ciudades noruegas donde se han formado clubes de tango", cuenta Mariano Pignatiello, artista plástico y pintor que, además de exponer en diferentes galerías en Noruega y la Argentina, organiza la milonga de los viernes y una práctica los sábados en la Casa de la Danza en Oslo.
12 de agosto de 2011
11 de agosto de 2011
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noruegos divididos sobre inmigración


Esta es una de las capitales más apacibles y agradables de Europa, pero Oslo es una ciudad dividida. El oeste de la ciudad es rico, seguro y predominantemente blanco; el este es más pobre, menos seguro y más poblado por inmigrantes -musulmanes muchos de ellos.
[Steven Erlanger] Oslo, Noruega. Noruega ha endurecido hace poco sus liberales criterios de inmigración y asilo en medio de un prolongado debate sobre la asimilación y el multiculturalismo. Pese a la riqueza petrolífera de Noruega y sus bajas tasas de desempleo, ha habido una creciente preocupación sobre el aumento de la población musulmana, especialmente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y la crisis danesa sobre la publicación, a fines de 2005, de caricaturas de Mahoma, que también fueron publicadas en Noruega.
Pero la población musulmana está creciendo, y ahora el mahometismo es la segunda religión del país. El impacto de una creciente y cada vez más visible población musulmana en una Noruega étnicamente uniforme, liberal e igualitaria, ha hecho subir popularidad del Partido del Progreso (que se opone a la inmigración), que es ahora la segunda mayoría en el Parlamento. Y parece que ha sido uno de los catalizadores de la masacre cometida aquí en Noruega contra la élite blanca. El perpetrador, Anders Behring Breivik, dice que se vio obligado a actuar por la incapacidad de los políticos tradicionales, incluyendo a los del Partido del Progreso, para frenar la marea musulmana.
De muchos modos, esos argumentos han sido inflados hasta el absurdo. Noruega, con una población de 4.9 millones de personas, tiene cerca de 550 mil inmigrantes, casi el once por ciento de la población, pero 42 por ciento de ellos poseen la nacionalidad noruega. Se calcula que la mitad de los inmigrantes son europeos blancos, especialmente polacos y suecos, que han llegado atraídos por los mejores salarios que ofrece la rica Noruega.
Pero entre 1995 y 2010, la cantidad de inmigrantes en Noruega casi se ha triplicado, y los musulmanes, aquí como en otras partes de Europa, tienden a tener familias más numerosas que la población nativa.
Y sea que se trate de simple y pura economía, o del deseo de vivir con otros musulmanes, o debido a políticas de bienestar social erróneas, en algunas ciudades han surgido guetos informales de inmigrantes que obstaculizan la asimilación en la lengua, la cultura y la sociedad noruegas.
En Furuset, un distrito en el extremo oriental del metro de Oslo, los inmigrantes superan a los noruegos nativos, que están abandonando la zona. Hay una nueva y enorme mezquita junto a un centro comunitario en una pequeña colina arriba de la estación del metro, que tiene a su alrededor un pequeño parque y bancas. El parque tiene una cruda estatua de Trygve Lie, ex ministro de Relaciones Exteriores en exilio durante la Segunda Guerra Mundial, que fue el primer secretario general de Naciones Unidas, un símbolo de la resistencia noruega y de su aceptación de responsabilidades internacionales.
"Cuando llegué aquí en 1976, era una zona nueva y sólo vivían noruegos", dice Lisbeth Norloff, profesora de noruego. "Y ahora quedan muy pocos y algunos de estos también se están marchando." Está feliz de que sus propios hijos sean adultos y vivan en otros lugares, dice, "así que no tengo que preocuparme sobre qué debería hacer."
En sus clases en Furuset, dice, sólo tiene dos noruegos nativos de un grupo de cuarenta alumnos, y ha tenido que bajar los estándares, ya que muchos de sus estudiantes no hablan noruego en casa. "Creo que los dos lados están perdiendo", dijo.
"Aquí en Oslo hay un montón de escuelas donde la mayoría de los estudiantes no provienen de familias nativas", dijo Harald Stanghelle, editor político del diario Aftenposten. "Es un nuevo fenómeno en Noruega, y ha planteado un nuevo tipo de debate."
En general, ese debate gira sobre cómo integrar a los inmigrantes en un país pequeño con su propio y difícil idioma si no son capaces de aprenderlo a hablar bien inclusive en las escuelas estatales.
Aunque el debate se hace eco del que se desarrolla en otros países de Europa Occidental, Noruega es un país estable, rico y tiene poco desempleo, así que la competencia por el empleo no es un problema muy urgente. Otra diferencia fundamental es que Noruega, dados sus principios, tiende a acoger como refugiados a algunas de las víctimas más pobres de conflictos en sus países, se trate de los vietnamitas que huían en botes hace algunas décadas o de los somalíes y eritreos de ahora.
Estos refugiados normalmente no están muy bien educados y muchos de ellos han pasado por experiencias terribles, de modo que se asimilan con más dificultad, al menos hasta la segunda o tercera generación. Por ejemplo, muchos vietnamitas tuvieron problemas inicialmente, dijo Stanghelle, pero a sus hijos y nietos les va muy bien en la escuela y están integrándose en la sociedad noruega.
Un miembro del Partido del Progreso que no quiere que la política se inmiscuya con el duelo y solidaridad nacionales, pidió permanecer en el anonimato. Pero dijo que ahora en Noruega hay más consenso sobre una política de inmigración más severa y restrictiva. "Nuestras políticas de inmigración han sido extremadamente ingenuas y lo mismo se puede decir de nuestras políticas de integración, pero eso es algo que ahora reconocen todos los partidos políticos", dijo.
En el pasado, cualquier crítica de la inmigración o del asilo era considerada racista, "pero ahora eso ha sido en gran parte superado", dijo. "Tenemos un debate real sobre la inmigración y la integración y tenemos elecciones cada cuatro años. Somos un país de consensos, esto es Noruega y en esto estamos juntos", dijo.
Arne Strand, el ex editor político del diario Dagsavisen, considera a Breivik como un "jinete solitario", cuyo incoherente manifiesto en realidad no es representativo de ninguna tendencia ideológica en Noruega, excepto de la diminuta extrema derecha. Pero aunque la idea le parece repugnante, cree que la masacre tendrá algún impacto sobre la política. "Este atentado, este asesinato en masa volverá a encender el debate, y tenemos elecciones en un mes", dijo.
El debate es también real entre los inmigrantes en Furuset, que temen que la fuga de los nativos perjudique las posibilidades de que sus hijos tengan aquí una vida mejor.
Yemane Mesghina, 39, llegó aquí hace nueve años como refugiada de Eritrea, y está enormemente agradecido de los noruegos por su hospitalidad. Trabaja en la limpieza y vive en Furuset con su novia y un bebé porque, dice, "es barato" en una ciudad muy cara. ¿Se siente en casa en Noruega? Ríe. "Es diferente en cuanto a la cultura y en el idioma", dijo. El distrito está dominado por paquistaníes, dijo, que llegaron aquí como trabajadores invitados en los años setenta y ochenta, cuando Noruega necesitaba fuerza de trabajo.
Cerca del noventa por ciento de la gente que vive en su edificio de departamentos son paquistaníes, dijo Mesghina. Y el barrio tiene mala reputación debido a una banda criminal paquistaní conocida como la "Banda B."
Mesghina dice que la mayoría musulmana tiene algo bueno: "aquí no hay alcohol". Pero está preocupado por su hijo, y sobre cómo se integrará en la sociedad noruega cuando haya tan pocos noruegos en el barrio.
"Me preocupa que mi hijo no aprenda el noruego que hablan todos", dijo. "Incluyendo los chistes."
Pero, como muchos otros aquí, no está demasiado preocupado de que las masacres ejerzan más presión sobre los musulmanes. "Lo más importante es lo que piensa la mayoría", dijo. "Y la mayoría no tiene problemas con nosotros."
[Elisa Mala contribuyó al reportaje.]
7 de agosto de 2011
25 de julio de 2011
©new york times
cc traducción mQh

alemania desmantelará centrales nucleares


Tiene once años para renovar su sistema energético. Alemania aprobó el apagón nuclear.
Alemania. Con 513 votos a favor, 79 en contra y ocho abstenciones, la Cámara Baja (Bundestag) del legislativo germano aprobó el plan que convertirá a Alemania en el primer país industrializado en prescindir por completo de la energía atómica. Desconectará en 2022 todas sus centrales nucleares. El ministro de Medio Ambiente, Norbert Röttgen, consideró que el país tiene ahora un desafío mayor para pasarse a las energías renovables: "En el exterior dicen ’si algunos pueden hacerlo, serán los alemanes’", sostuvo.
El paquete de medidas implica el apagado inmediato de ocho plantas y la desconexión escalonada de las otras nueve. Junto con la fecha para la desconexión de las centrales, también se incluyen diversas normas para acelerar el tendido de redes eléctricas, fomentar la energía eólica y mejorar el aislamiento en edificios, entre otras medidas.
Pese a la amplia mayoría que logró en el Bundestag, la votación se vio precedida por un fuerte debate entre los socialdemócratas y Los Verdes, que reclamaron como un logro propio el abandono de la energía nuclear.
"Hemos sufrido 30 años de agravios, y ahora se ponen de acuerdo con nosotros", dijo el líder del SPD, Sigmar Gabriel. "Este apagón es nuestro apagón", remató. Por su parte, la jefa de la fracción de Los Verdes, Renate Künast, consideró el voto de hoy como un primer paso: "Estamos lejos de haber acabado. Acabamos de empezar", advirtió.
Además de los dos partidos de la coalición de centro derecha, la Unión Cristianodemócrata (CDU) y el Partido Liberal (FDP), el proyecto contó con el apoyo de las dos principales fuerzas de la oposición, los socialdemócratas (SPD) y Los Verdes. Sólo la Izquierda rechazó la propuesta, al considerar que el "apagón" debe darse antes y quedar anclado en la Constitución.
Es que si el apagón no figura en la Constitución tiene "pasaje de regreso", en palabras de su jefe en el Parlamento, Gregor Gysi.
1 de julio de 2011
30 de junio de 2011
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la migración es un derecho humano


Javier de Lucas, catedrático de la Universidad de Valencia, habla del éxodo en Siria y Libia. El experto español acusó a los Estados de la Unión Europea de incumplir la Convención de Ginebra al negar status de refugiados a quienes huyen de los conflictos armados en los países árabes. En cambio, elogió la política migratoria argentina.
España. La Unión Europea viola los derechos de los refugiados que llegan a Europa desde Libia y Siria, dice el español Javier de Lucas, uno de los mayores expertos en migraciones en Europa. De visita en la Argentina para participar en un congreso sobre migrantes y refugiados, organizado por el Ministerio de Defensa y la embajada de España en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, el catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia acusó a los gobiernos europeos de incumplir la Convención de Ginebra y en contrapartida elogió la política migratoria argentina.
Para De Lucas la Unión Europea y las Naciones Unidas estigmatizan a los inmigrantes, al tratarlos desde una lógica de mercado. "Hay una mirada de sospecha sobre los inmigrantes: ellos no son un ejército de reserva para la delincuencia ni una amenaza a las fuentes de trabajo. Al derecho formal estatalista se le escapa el pluralismo jurídico. El Derecho construyó un concepto restrictivo que fomenta la estigmatización del inmigrante", argumentó durante su ponencia en el congreso. En contraposición, el catedrático destacó el papel de la Argentina al reconocer los derechos humanos universales previos de las personas migrantes y refugiados, algo que, según De Lucas, en Europa no ocurre. "La ley (25.871) de inmigración argentina promulgada en 2004 es una referencia internacional. Argentina reconoce y garantiza el derecho humano a migrar. En el resto del mundo no es así. Argentina es una excepción en la proclamación inequívoca de mecanismos de garantía para reconocer la migración como un derecho humano. No es así en España o la Unión Europea." Al finalizar su intervención, el experto dialogó con Página/12.

¿En qué situación se encuentran los miles de refugiados que desde los inicios de las guerras civiles en Siria y Libia desembarcan de forma masiva en las costas europeas?
En el caso de Libia, ellos pasan a Túnez y de allí a las costas de Lampedusa (Italia) y a Malta, porque están a una distancia casi equivalente. En el caso de Siria, la mayor parte de los refugiados está llegando a Turquía, que no es un Estado europeo en el sentido formal. El problema es que se trata de personas que huyen de una persecución como consecuencia de una guerra, donde se ha constatado la existencia de prácticas como mínimo cercanas –si no directamente constitutivas de crímenes contra la humanidad– de violaciones masivas, torturas y por supuesto privación de la vida.

¿Qué pueden hacer los estados que los albergan?
Los estados de la Unión Europea y, desde luego Italia, que sería concernida por Lampedusa, y Malta, que es un Estado miembro de la Unión Europea, son estados parte en el sistema del Derecho de Refugiados que establece el sistema de Convención de Ginebra y el Protocolo de Nueva York. Por lo tanto, no es cómo pueden, sino cómo deben. Y como Estado parte tienen todo el deber, en primer lugar, de no rechazar, y en segundo lugar de poner los medios para que esas personas que tienen las condiciones para reclamar el derecho de asilo puedan ser reconocidas como refugiados. No estamos hablando de capacidades de elección, sino de obligaciones.

¿Qué diferencias hay entre la figura legal que ampara a los refugiados y la de los inmigrantes?
Los elementos de violencia descriptos concurren la definición de refugiados del artículo primero de la Convención y, por lo tanto, desde ese punto de vista los estados no se pueden permitir alegar que se trata de inmigrantes económicos clandestinos. En primer lugar hay que dejar en claro que aquellos que huyen de sus costas manifiestamente tienen la condición de refugiados en los artículos de la Convención. Una vez que se proceda a la evaluación de esto es cuando los estados pueden evaluar los casos individuales. Es decir, si se tiene constancia de que huye, o si se trata de un inmigrante económico. Los estados no pueden invertir la presunción favorable a los refugiados que huyen de una guerra.

¿Cómo calificaría la actuación de los estados de la Unión Europea ante las migraciones de Siria y Libia?
La Unión Europea es un espacio decadente. Yo creo que aquí hay que hablar lisa y llanamente de incumplimiento de deberes internacionales de los estados de la UE. Están infringiendo e incumpliendo al no poner el refugio y asilo al alcance de los demandantes, como los obliga la Convención. Se trata de violaciones de principios jurídicos elementales respecto de la guerra en Libia. Las personas que huyen a Lampedusa tienen todos los elementos del status de refugiados y la Unión Europea tiene obligaciones jurídicas de protección de esos derechos. Es indignante que una potencia jurídica que pretende exportar al mundo la unión como línea básica de actuación sea incapaz de garantizar los derechos de los refugiados que llegan a las costas de Malta y Lampedusa.
[Informe de Juan Nicenboim.]
24 de junio de 2011
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indignados, imposible ignorarlos


La protesta del movimiento 15-M apunta al descrédito de los políticos y del sistema financiero español. En la Puerta del Sol los indignados que quedaron en el acampe reflexionan sobre la masiva respuesta en las calles que hubo el domingo. Sin embargo, a algunos madrileños su presencia les provoca hartazgo.
[Eduardo Fabregat] Madrid, España. "Vamos a irnos de aquí, donde quedará un punto de información, pero la acampada se vuelve itinerante. Esto sigue porque la indignación es real, no se termina en estas acciones. Estamos llamando la atención, diciendo en toda España que las cosas deben cambiar." Protegida del ardor veraniego bajo una construcción de madera y telas en la Puerta del Sol, Irene expresa su indignación sin indignación. Se le nota la pasión, sí, pero tras la primera desconfianza y ante la mención de la nacionalidad ("ah, vosotros los argentinos sabéis de esto") franquea el ingreso al lugar donde, ante una mesa improvisada, otras cuatro personas debaten el balance y el efecto de la marcha del 19-J. Zamorana, rellenita, de 31 años y en paro, Irene habla en un tono tranquilo, aunque le destellan los ojos verdes: "Demostramos que la sociedad no se ha dormido, que luchamos por lo que merecemos y por vías pacíficas", lee primero del comunicado del Movimiento 15-M, y cuando se le pregunta cómo sigue esto, elabora: "Somos gente con mucha fuerza, y lo que nació en Puerta del Sol se traslada a todos los barrios, donde se están realizando asambleas, además de todas las ciudades donde se está expresando la gente. No se termina, sigue porque seguiremos presentando propuestas y debatiendo para llegar a un consenso".
Esa "gente con fuerza" se expresó el domingo en más de cincuenta ciudades. En Madrid, las estimaciones fueron de 35 mil personas (la policía) a 100 mil (los organizadores más optimistas). En Barcelona, el margen fue aún más amplio, entre las 50 mil calculadas por el Ministerio del Interior y las 270 mil de los convocantes. Número más o menos, la marcha del 19-J fue el centro de atención de toda España, pero también de los vecinos. Es que la protesta de los indignados apunta al descrédito de los políticos y del sistema financiero español, pero también eleva la voz sobre el Pacto Euro impulsado por el francés Nicolas Sarkozy y la alemana Angela Merkel. "Hombre, ya está bien de solventar a los banqueros –dice Javier, que sí aguanta junto a su carpita, bajo un sol que raja las piedras–. Con el pacto van a recortar dinero de todos lados para que se salven los mismos, los que siempre vivieron y viven bien. Nosotros no queremos que el que vive bien viva mal, queremos que todos vivan bien. Esto es un despertar a otra conciencia, a que las cosas no pueden seguir así, que queremos otro futuro." En la radio, los analistas políticos hablan de Grecia, de salvar lo insalvable, de que en unos años los griegos deberán declarar que no tienen con qué pagar lo que les están dando ahora. "Si Grecia sale de la zona euro es una catástrofe", dice uno de los analistas, y cuando se le comenta el apunte a Manuel, en otra de las carpas, se ríe todo lo españolamente que se puede reír un español: "¿Catástrofe? ¡Catástrofe será esta juerga!", dice con un gesto que abarca la plaza.
En la plaza del Sol, en realidad, ya no queda casi nada del acampe. Hay unas veinte carpas, la construcción donde Irene sigue atendiendo gente para explicarle de qué va el 15-M, y muchos carteles que declaran principios: pancartas utilizadas en la marcha que confluyó de todos los puntos de la ciudad en el monumento a Neptuno de la Plaza de Cánovas del Castillo, donde un vallado policial impidió llegar al Palacio de las Cortes. Queda, también, el hastío de los que rodean el lugar. El encargado de un puesto de diarios ni siquiera intenta parecer amable: "Si es para hablar del 15-M, pues nada, estoy harto, no quiero decir nada". En el siguiente puesto, Iván y Ema se muestran algo más comprensivos y bastante más simpáticos. "En un principio esto me parecía de puta madre, pero ya tengo los huevos llenos –dice Ema–. En España era necesario llamar la atención, pero llevan diciendo que se van desde el tercer día y no se van. Y los que quedan no representan lo que se representaba al principio, no hacen más que manchar la protesta. Están pasando el verano, viviendo aquí como podrían vivir en cualquier plaza." Iván señala que "en España estamos hasta los cojones, uno parece que termina acostumbrado a algo a lo que nunca hay que acostumbrarse, que es que te roben los políticos y los banqueros. Cuando a vosotros os hicieron el corralito y tal, la mayor sinvergüenzada del planeta, fíjate lo que pasó, no te lo voy a contar a ti que eres argentino. Aquí estamos hasta las narices de eso, que le den plata a los bancos para que los bancos sigan prestándole plata a las empresas para que sigan funcionando y para sus jubilaciones millonarias. Y ve tú a pedirles 12 mil euros para un coche, y ni hablar de un coche, alguien de una empresa para ir tirando. Entonces, cuando empezaron a acampar la idea era cojonuda, tenían más razón que un santo, y siguen teniendo razón y sigue siendo buena idea, pero se ha desvirtuado un poco". El diariero echa un vistazo a la plaza y cierra: "Aquí a cualquier comerciante que le preguntes echa pestes, pero bien mirado y haciendo abstracción de las pérdidas, vamos, que tienen razón".
El veterano lustrabotas situado unos metros más allá, cuidando el negocio a la sombra de un cartel publicitario, no quiere mirar bien nada ni hacer abstracciones. Resignado a que las zapatillas del cronista anulan cualquier negociación sobre sus declaraciones, resopla y, con voz cascada, larga el toro: "¿Estos, indignados? Indignados mis cojones, éstos están de fiesta, tomando vino, drogándose, poniendo la plaza a la miseria, haciendo porquerías en las carpas. Déjeme a mí con la policía y ya verá adónde les cabe la indignación", refunfuña. Congeniar posiciones parece tan difícil como avizorar el futuro de la indignación a la española.
22 de junio de 2011
21 de junio de 2011
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extraditaron a mladic


Ratko Mladic fue extraditado para ser juzgado por crímenes de guerra. El ex general serbio-bosnio, acusado de ordenar el asesinato de cerca de ocho mil hombres y niños musulmanes en 1995, fue trasladado a La Haya después de que los jueces rechazaran su alegato contra su extradición.
[Henri Chu] Londres, Inglaterra. El hombre acusado de ordenar la peor masacre de civilesEuropa desde la Segunda Guerra Mundial fue trasladado el martes a La Haya para ser juzgado, después de que los jueces rechazaran su alegato de que estaba demasiado frágil para ser extraditado.
Ratko Mladic, el ex general serbo-bosnio, fue introducido a empujones en un avión en Belgrado, la capital serbia, la tarde del martes, para ser juzgado por genocidio y crímenes contra la humanidad por su responsabilidad en las bárbaras campañas de limpieza étnica durante la guerra de Bosnia en 1992-95.
El abogado de Mladic trató de impedir su traslado alegando que el ex comandante militar, de 69 años, había sufrido al menos dos derrames y estaba mentalmente imposibilitado de resistir un juicio. Pero la fiscalía desechó esos argumentos como tácticas dilatorias, y los jueces rechazaron el recurso poco después de recibirlo el martes.
Su extradición apenas unas horas después muestra la ansiedad de funcionarios del gobierno serbio por sacar a Mladic de los titulares y de su mente. Mientras que gran parte de Occidente se congratuló por su captura la semana pasada, muchos serbios todavía lo veneran como héroe, con miles de manifestantes volcándose hacia Belgrado durante el fin de semana para protestar por su detención. Miles de personas se reunieron el martes en la ciudad de Banja Luka en la vecina Bosnia-Herzegovina para expresar su apoyo a Mladic, informó la Associated Press.
Mladic estaba a cargo de las tropas que ocuparon la ciudad bosnia de Srebrenica en 1995 y detuvieron a ocho mil hombres y niños musulmanes para ser ejecutados en algunos días. También está acusado de crímenes de guerra relacionados con el sitio de Sarajevo, la capital bosnia, que fue bombardeada y atacada despiadadamente durante casi cuatro años, provocando la muerte de diez mil personas.
Su detención era una exigencia clave de los gobiernos europeos y de la Unión Europea, que la convirtieron en un requisito para que Serbia pudiera solicitar su ingreso al bloque de 27 países.
En La Haya, Mladic se reunirá con su antiguo jefe, el dirigente político serbo-bosnio Radovan Karadzic, que fue detenido hace tres años y está siendo juzgado por cargos similares. Analistas dicen que es posible que los procedimientos contra Mladic sean también utilizados en el juicio contra Karadzic. Juicios previos de criminales de guerra de la ex Yugoslavia se han empantanado frecuentemente debido a los retrasos.
Antes de que las autoridades lo enviaran a Holanda el martes, a Mladic se le permitió que visitara brevemente la tumba de su hija, una concesión que había solicitado repetidas veces. Su suicidio en 1994, con una de sus pistolas, dejó a Mladic tan angustiado que se dice que hay una laguna de una semana en las voluminosas notas que apuntó durante la guerra, que fueron descubiertas por investigadores detrás de una pared falsa en su casa en Belgrado el año pasado.
"La visitó en su tumba durante algunos minutos", dijo a la Associated Press el fiscal de crímenes de guerra Bruno Vekaric, que contó que Mladic dejó flores y una vela en su tumba.
Mladic fue imputado en 1995, antes del fin de la guerra. Sus dieciséis años como prófugo terminaron el jueves cuando las autoridades allanaron una casa a unos 65 kilómetros al norte de Belgrado y lo encontraron dentro, débil y desaliñado, con una figura mucho más reducida que en sus días como el temible general en tiempos de guerra.
7 de junio de 2011
1 de junio de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

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