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verdes denuncian histeria fascista


[René Moerland] Femke Halsema, jefe de la bancada parlamentaria de GroenLinks (izquierda verde) en la Cámara Baja, debería sentirse en casa en la política actual. Los debates giran sobre los temas en los que se ha especializado: el estado de derecho y las relaciones entre los grupos de la población. Pero no se siente en casa. "Tengo dificultades con que se arroje el estado de derecho por la ventana cuando no conviene".
Femke Halsema, 38, recorre echando humos su despacho en el Binnenhof. Viene del gran salón de reuniones de la Cámara Baja. GroenLinks acaba de reñir nuevamente con un ministro del CDA [democracia-cristiana]. Farah Karimi, su colega en la bancada, ha discutido con el ministro van Ardenne, de Ayuda al Desarrollo. Sobre si Holanda debe o no enviar tropas a Sudán. Según van Ardenne, no corresponde, porque es un asunto africano. Halsema ha seguido el debate con "mudo asombro". "Que defiendas eso, sin pestañear ni ponerte rojo. Quiero decir, estamos hablando de asesinatos, de violaciones, de matanzas sistemáticas. Es una violación del derecho internacional".
Halsema echando humo: es un espectáculo conocido en la Cámara. Cuando en 2002 asumió el liderazgo de GroenLinks después de Paul Rosenmöller, los debates políticos ya se habían trasladado hacia los temas de los que se ocupa hace años: el estado de derecho, las relaciones entre los diferentes grupos de la población -los temas socio-culturales.
Está calificada para ello: con formación de criminalista, se la conoce desde 1998 como la portavoz de justicia y asilo en la Cámara Baja. Sin embargo, le resulta difícil hacer oír la voz de GroenLinks en el debate político. No porque el gran hermano político del PvdA [laborista] en la oposición esté muy cerca -eso es válido, según Halsema, sobre todo cuando se trata de puntos de vista socio-económicos. Se debe al clima político, que califica de histérico. Una entrevista sobre "el furtivo cambio de la tradición política holandesa", que frustra a la liberal Halsema.

¿Quiénes son los histéricos?
Creo que una gran medida de histeria se ha apoderado de las bancadas más importantes del gobierno. Y creo que es absolutamente irresponsable. El jefe del grupo parlamentario del VVD [ultraderecha], que aboga por un nuevo patriotismo y presenta a la gente la opción en gran parte histérica entre la sharia y la Constitución como si hubiera hordas a la puerta. Y enseguida quiere quitar los derechos constitucionales a la gente que no respeta la ley. Que los objetivos de los partidos políticos, para poder participar en elecciones, deben ser controlados por un juez. Es intolerable.

¿Por qué cree usted que proponen ese tipo de cosas?
Hace parte de un programa neo-conservador. Quieren transformar los derechos constitucionales en un instrumento político en manos del poder. Así se quita a la gente la posibilidad de reaccionar contra ellos. Eso es el neo-conservadurismo. Y va acompañado de nuevas relaciones en la jerarquía social, con llamados a un nuevo liderazgo. Dan expresión a una cultura que no tolera a los recién llegados.

¿Es histeria o una revolución conservadora bien pensada?
Lo último supondría que van hacia algún lugar.

¿No saben sus rivales lo que hacen?
[Silencio]. Creo que sí saben lo que hacen. Creo que están motivados electoralmente.

En 2002, los electores tenían otro programa que los políticos. Aparentemente quieren superar la distancia.
Naturalmente la inquietud sobre los inmigrantes jugó entonces un importante papel. Pero eso no quiere decir que los políticos deban movilizar esa inquietud.

Según el CDA y el VVD quieren fortalecer al estado de derecho holandés contra el terrorismo musulmán internacional.
Esa argumentación revela un desconocimiento de lo que es el estado de derecho. Hay una amenaza terrorista internacional que también afecta a Holanda, y aumenta la delincuencia violenta. Para la principal defensa de la democracia es justamente el estado de derecho. Si ese estado de derecho se transforma en algo arbitrario, también se tratará de manera arbitraria a los opositores. Tengo dificultades con que se arroje el estado de derecho por la ventana cuando no conviene.

¿No es usted ingenua?
Esta pregunta es tan estúpida que no encuentro palabras para responder.

Inténtelo.
Desconoce que también en el pasado el estado de derecho ha debido soportar graves amenazas. Recuerde por ejemplo el secuestro de trenes de los molucos. Y desde un punto de vista cristiano-ortodoxo los grandes movimientos emancipatorios representaban una gran amenaza para el estado de derecho. El estado de derecho ofrece justamente los mecanismos para determinar qué es ilegal y canalizar lo que deba finalmente encontrar un hueco en la sociedad.

En resumen, todo volverá por sí solo a su curso.
Digamóslo al revés. Es muy ingenuo crear la expectativa de que se puede neutralizar esa amenaza si se cuenta con medios suficientemente severos. Se pueden reducir los derechos constitucionales nacionales para combatir al terrorismo, pero sigue siendo un fenómeno internacional.

¿Cómo explica usted que se intente ahora explorar los límites del estado de derecho?
Es histeria, miedo. Es la política de una sociedad de riesgo: no se ofrece ninguna perspectiva positiva, sino solamente la perspectiva del miedo.

¿Qué quiere decir?
Los políticos siempre pensaron que su papel como elemento aglutinante era ofrecer una perspectiva positiva: la idea de que nuestros hijos deben vivir mejor. Ahora quieren seguir cumpliendo ese papel machacando sobre los riesgos comunes.

¿Eso le da miedo?
Así no puede seguir la democracia holandesa. Es tiempo de reflexión. Quiero llamar a todos los políticos a reflexionar sobre cómo enfrentar el miedo de la gente. Verhagen pretende que los musulmanes van a ocuparnos, van Aartsen dice que Holanda es el país de la falsa tolerancia, the polder of evil. Acumulan imágenes de terror. Y de ese modo ponen en peligro nuestra tradición democrática de conciliación.

Usted se presenta como la alternativa razonable.
Bueno, habrá poca gente en la Cámara que me vea como símbolo de lo razonable. Pero se puede decir de GroenLinks que tiene un alto grado de razonabilidad en su mentalidad, en la manera en que queremos lograr cambios. Pero en los cambios sociales que propugnamos hay mucho radicalismo.

Pero cuando se trata del estado de derecho, usted es razonable y moderada.
Sí, y eso es también una antigua tradición holandesa. Si piensas que la identidad y cultura holandesas están amenazadas, como creen mis rivales, deberíamos justamente contar con políticos con una fuerte conciencia histórica de lo que han hecho los ancestros. Entonces tienes que hacer del orden político algo duradero, y no dislocarlo.

El ministro Donner refiere a menudo al pasado.
Sí, pero muestra el modo de pensar de los antiguos antirrevolucionarios, de que el derecho es un instrumento del estado que se puede usar según parezca. Y el VVD debería oponerse. Hay una antigua contradicción entre las tradiciones del liberal del siglo diecinueve Thorbecke y los antirrevolucionarios, sobre la primacía del derecho en relación con el estado.

¿Se ubica usted en la tradición liberal?
Desde un punto de vista económico, no soy liberal. Pero me siento muy cerca del liberalismo americano. Se trata del principio del ciudadano libre -libre de un estado tiránico. Y ese ciudadano puede al mismo tiempo recurrir al estado para salir del atraso. A esa tradición liberal pertenezco yo -y a la tradición de Thorbecke. A veces tengo la impresión de que en GroenLinks somos los únicos que defendemos todavía a Thorbecke. Poco a poco ocupamos una posición muy solitaria en este clima histérico.

¿Puede usted aguantar este clima en la Cámara?
Tengo períodos en que es difícil. Por ejemplo, cuando Verdonk dijo en el otoño que los musulmanes aguantaban poco. Esa fue una observación discriminatoria.

¿Por qué es tan demoledor para usted?
En un clima semejante, la razonalibilidad es un handicap. Yo reprocho a Verdonk que es histérica, que estigmatiza y ofende. Sobre el ratero que fue arrollado y matado, dijo, a la comunidad holandesa-marroquí: nosotros en Holanda distinguimos entre lo mío y lo tuyo. Me entristece. Esa frialdad. Creo que si eres un político es a fin de cuentas porque quieres a la gente. En todas sus variaciones.

¿Por qué es la razonabilidad un handicap?
En los meses que siguieron al asesinato de van Gogh en mi fracción existía el impulso de hacer oír otra voz. Pero para eso había muy poco espacio en el debate público y en la prensa. Y, como GroenLinks, sufríamos del defecto de la previsibilidad. Entonces se hace a veces difícil conservar el valor. Desde comienzos de noviembre hasta navidad me he sentido muy triste. Durante las vacaciones eso dio lugar a un cierto distanciamiento. Eso fue mi salvación. Debí volver a la pregunta principal: ¿Por qué hago política? ¿Cuáles son, para mí, los valores más importantes? ¿Qué quiero lograr? Para mí era necesario apartarme de ese debate introvertido, en el que participa un número limitado de personas que no hacen más que referirse unos a otros... Todavía me emociono un poco. Creo que estoy cansada.

[...]

¿Qué han acordado en GroenLinks para llamar la atención?
Primero, seguimos luchando en la Cámara y fuera de ella, contra lo que consideramos son fuerzas extremistas. Debemos hacerlo con ruido, pero conservando nuestra autenticidad.

¿Cuáles son los límites?
Por ejemplo, no hacer demagogia.

¿No provocar?
No ofender. Y no digo nada sobre la libertad de otros. Inmediatamente tras el asesinato de van Gogh, durante el debate de GroenLinks, alguien dijo que había que distinguir entre el bufón y el rey. Eso me quedó dando vueltas. Un bufón tiene más libertad moral que un rey. Y en política, el rey son los políticos.

Hirsi Ali [ultraderecha] dijo: si no puedo provocar, no tengo libertad de expresión.
Bueno, aquí es válido el cliché: puedes decir todo, pero tampoco es necesario. Creo que como político tienes una responsabilidad especial hacia la población. Eso lo puede interpretar ella como una crítica.

¿Podría Hirsi Ali, con su lucha por la emancipación de la mujer musulmana, ajustarse a GroenLinks?
No. GroenLinks no gira sobre luchas religiosas. Qué alivio sería si ella fuera más anti-hombre y menos anti-islam. Ese encargo -bueno, no se puede mandar a Hirsi Ali a hacer algo-, ese consejo se lo doy de corazón. Con ello haría justicia a la responsabilidad individual de todo hombre que maltrata, oprime y excluye.

¿Cómo luchará contra las ‘fuerzas extremistas'?
Mi oposición al conservadurismo es que yo lucho por la tolerancia como una aceptación madura, y por una perspectiva de ciudadanía inclusiva. Y junto a ello hacemos la política normal -no voy a dejar que los neo-conservadores pongan en cuestión el orden político. Es urgente solucionar todo tipo de problemas corrientes, en las residencias, en la enseñanza, etcétera.

¿Qué es una ‘tolerancia madura'?
Quiero decir que yo acepto -en el marco del estado de derecho- enormes diferencias de opinión y de conflictos sobre valores. La tolerancia no quiere decir que haces como si no lo vieras, significa justamente buscar la confrontación. Pero cuando alguien finalmente opta libremente por un modo de vida que yo encuentro repugnante, debo respetarlo.

La tolerancia duele, dijo Rouvoet [Unión Cristiana -cristianos fundamentalistas].
Tiene razón. Si quieres mantener el equilibrio social, debes dar espacio a la gente para que sea diferente.

¿Qué hay de ‘madurez' en esa amplitud de miras?
La tolerancia no se logra sin vencer resistencias. Pienso que el SGP [protestantes fundamentalistas] tiene derecho a propugnar un estado teocrático, un estado con biblia, como dicen ellos, pero yo usaré toda ocasión para contradecir sus argumentos. Y el mismo ejemplo daría sobre el islam.

Su colega de partido, Karimi, aboga por un partido musulmán.
Sí. Mire, no es algo que me interese. No es mi asunto. No soy una aficionada de una democracia cristiana, ¿por qué abogaría por una democracia musulmana? Si yo, como jefe de bancada, dijera eso, demostraría un paternalismo mal ubicado.

[...]

¿No es un partido musulmán democrático un ejemplo de ciudadanía inclusiva?
Con eso quiero decir otra cosa. Se exige cada vez más de los inmigrantes: cursos de integración, sanciones -y apoyamos eso. Pero creo que eso debe ir acompañado de una ciudadanía plena. Ahora adoptamos los deberes, pero se dificulta adquirir la ciudadanía. Eso demuestra falta de lógica. El derecho a voto de las mujeres tampoco fue la corona de la emancipación de las mujeres, fue una condición que hizo posible la emancipación. Yo abogo por el derecho a voto de los inmigrantes, también para la Cámara Baja, para cualquier que haya vivido aquí al menos cinco años. El principio de la nacionalidad no debe estar vinculado al derecho a voto.

En la Cámara no habrá entusiasmo.
Eso se ve también el miedo a que fuerzas extranjeras gobiernen aquí. Pero a la gente hay que darle justamente instrumentos para ser holandeses.

13 de marzo de 2005
19 de marzo de 2005
©nrc-handelsblad
©traducción mQh

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