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inquebrantable círculo sudanés


[Emily Wax] Cerrada red de descarados líderes resiste crítica internacional.
Kartum, Sudán. Los hombres que controlan el país más grande de África -arquitectos claves del conflicto en Darfur- son de dos pequeñas y entrelazadas tribus árabes. Muchos de ellos se criaron juntos y estudiaron en la Universidad de Kartum. A menudo se les ve juntos en los cafés junto al Nilo, riñéndose sobre política y religión con innumerables tazas de té dulce.
Asisten a las bodas de los hijos e hijas de unos y otros, que se casan frecuentemente entre las dos tribus. Son vecinos y rivales, sobrinos y primos. En Sudán la política a menudo es un asunto de familia, y como en toda familia, a veces hay rencillas.
Hassan Turabi, por ejemplo, un profesor universitario y clérigo islamita radical, organizó en 1989 un golpe militar contra su cuñado Sadiq Madhi, el presidente elegido popularmente. Los principales partidarios del golpe eran protegidos de Turabi, Omar Hassan Bashir y Ali Uthman Muhammad Taha, ahora presidente y vice-presidente de Sudán. Sin embargo no mucho antes de eso, Madhi había presidido la ceremonia de matrimonio de Taha y su novia, la prima de Turabi.
"En Sudán decimos: ‘En las bodas se encuentran los enemigos'", dijo el hijo de Turabi, Issam, 39, cuyo padre ha estado encarcelado o bajo arresto domiciliario durante casi cinco años después de un amargo desacuerdo con Bashir y Taha. "La política de Kartum es un grupo de familias peleándose, tratando de conservar el poder".
Es la clase dominante de Sudán: insular y enigmática, cerrada e indócil. Es un arreglo inusual para un continente más habituado al gobierno de patriarcales Caudillos [Big Men], como Roberto Mugabe de Zimbabue y Mobutu Sese Seko, de Zaire, con una sola personalidad dominando la psique nacional.
A pesar de la tendencia al fraccionamiento, los ministros y funcionarios de seguridad en el círculo interno forman una cerrada red de poder que combina elementos tribales, religiosos y militares. Su nombre formal es Frente Islámico Nacional, pero es conocido en Kartum como la "camarilla de seguridad".
La cohesión de este club ha permitido al gobierno aguantar el grito de condena del mundo durante años -primero en los años noventa por refugiar a terroristas como Osama bin Laden y haciendo una guerra por encargo contra rebeldes africanos en el sur, y ahora por realizar una segunda campaña bélica en la región occidental de Darfur.
Aunque tanto el gobierno de Bush como Naciones Unidas se han pronunciado sobre la situación en Darfur, y funcionarios estadounidenses la han calificado incluso de genocidio, el gobierno de Kartum sigue atrincherado. Y Taha, considerado ampliamente como el principal arquitecto de la guerra de Darfur, se ha re-empaquetado a sí mismo de voz de la reconciliación, encabezando conversaciones con los grupos rebeldes.
"Cuando llegó este gobierno, tenían sus propios proyectos" de construir un país islámico, dijo Mahjoub Mohamed Saleh, editor de Al Ayam, diario independiente de aquí. "Pero finalmente se transformó en política de supervivencia -seguir en el poder cueste lo que cueste".
"Si eso significa dejar caer el programa islámico y expulsar a bin Laden, lo harán", dijo. "Si eso significa hacer la paz en el sur, lo harán. Si eso significa retractarse por Darfur públicamente, lo harán. Mientras sigan en el poder estarán dispuestos a apaciguar a la comunidad internacional y hacer lo necesario para mantener el control".

Surge un Nuevo Poder
Durante los años sesenta, la Hermandad Musulmana de Sudán nació en el campus de la Universidad de Kartum, que fue en el pasado una de las instituciones más prestigiosas de África. El carismático y cortés Turabi enseñaba derecho aquí, llevando corbata con tanta facilidad como turbante, deslizándose fácilmente entre el árabe y el inglés, y recibiendo a los visitantes occidentales con una cálida hospitalidad.
Sin embargo Turabi era también un jefe religioso que inculcaba a sus discípulos una misión que incluía difundir la arabización de África y encabezar el surgimiento del islam como una forma de gobierno en los países laicos. En 1985 la Hermandad Musulmana fue rebautizada Frente Islámico Nacional, y en 1989 se hizo con el poder.
Después del golpe Turabi fue considerado ampliamente como la eminencia detrás del trono mientras gobernaba el popular Bashir como presidente y Taha, un astuto intelectual y antiguo juez, actuaba como ayuda de campo de Turabi, su mentor espiritual.
Taha y un grupo de ministros veteranos formaron el soporte principal de lo que los funcionarios llaman la revolución islámica de Sudán. Implantaron la estricta ley islámica, sharia, y lanzaron una campaña para convertir a las poblaciones cristianas y animistas de las montañas de Nuba al islam, de acuerdo a informes de funcionarios de Naciones Unidas y de grupos de defensa de derechos humanos.
Durante el gobierno de Turabi, Sudán ofreció hospitalidad de todo árabe o musulmán. Esta política permitió a bin Laden establecer residencia en Kartum, junto con Imad Mughniyah, el hombre que se cree es responsable del atentado suicida de 1983 en Beirut, que mató a 241 marines norteamericanos, e Illich Ramírez Sánchez, el barón de la droga venezolano conocido como ‘Carlos el Chacal' que se convirtió al islam y juró lealtad a bin Laden.
Como resultado de esas acciones, en 1993 Estados Unidos designó a Sudán como estado terrorista. Sin embargo, bajo presión de Washington y Arabia Saudí, el gobierno de Kartum expulsó a bin Laden en 1996. Entretanto, las autoridades sudanesas entregaron a Ramírez Sánchez a agentes franceses. Fue llevado a París para ser juzgado. Mughniyah abandonó Sudán y se libró estrechamente de ser arrestado por agentes norteamericanos en Arabia Saudí.
Todavía aislado por Occidente e incapaz de acceder a los mercados petroleros norteamericanos, el gobierno de Kartum empezó a fomentar los vínculos con China. Una vez que empezó la producción de petróleo en 1999, el gobierno comenzó de recolectar 500 millones de dólares al año en beneficios. Con esto pagaron tanques, armas y aviones chinos utilizados para combatir a los rebeldes en el sur, informó Human Rights Watch. El presupuesto militar de Kartum se duplicó y el ministerio de Asuntos Exteriores lo describió como el país más rico de África.
Entretanto, Turabi tuvo una dura riña con Bashir y Taha y dejó el gobierno en 1999. Desde entonces, Bashir y Taha han operado como un equipo de dos.

Bashir, 61, un popular oficial del ejército, ha concentrado su atención en los militares. Todavía vive en cuarteles del ejército y hace poco asumió el título de mariscal de campo. Durante el conflicto entre el norte y el sur, se casó con la viuda de un oficial que murió en combate.
Taha, cuatro años menos y más refinado, es descrito por diplomático y otros observadores como el hombre que controla el país en el día a día. Él y Bashir hablan diariamente.
Después del 11 de septiembre de 2001, los atentados de Nueva York y el Pentágono, el gobierno de Bashir-Taha accedió a colaborar con Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo. Funcionarios repartieron documentos sobre sospechosos terroristas, aligeraron la sharia y se distanciaron del programa islámico de Turabi. El gobierno también apoyó las conversaciones de paz respaldadas por Estados Unidos con los grupos rebeldes del sur, y ambos firmaron un histórico acuerdo de compartición del poder antes este año.
Hace poco el jefe de seguridad nacional de Sudán, Salah Abdala Gosh, visitó Washington, invitado por el gobierno de Bush como parte de un programa anti-terrorista. Gosh es uno de los funcionarios de los que se dice que están directamente involucrados en la campaña militar de Darfur.
"El actual gobierno tiene ahora un política de estado muy pragmática", dijo Ghazi Suleiman, un abogado de derechos humanos de aquí. "Taha es muy listo, y también... muy maquiavélico. Nada vale".

Crisis en Darfur
El gobierno de Sudán estaba emergiendo del aislamiento internacional cuando estalló la rebelión en Darfur a principios de 2003. Dos grupos de guerrillas acusaron al gobierno y a la camarilla árabe de ignorar y excluir del poder a las tribus africanas. Este problema étnico estaba relacionado con uno económico: el duradero problema de los pastores árabes que ocupan las tierras de pastoreo tradicionales africanas.
Sin aviso previo los rebeldes atacaron el aeropuerto de El Fasher y varios puestos militares con una violencia que consternó a Kartum. En esa época, Taha estaba en Kenia, absorbidos en las semanas finales de las negociaciones de paz con los rebeldes del sur. Pero con el ejército de Bashir debilitado y Taha a cargo de la seguridad nacional, el vice-presidente asumió rápidamente un papel clave, de acuerdo a un informe del departamento de estado.
Hace poco en una entrevista Taha, un hombre delgado que lleva frescas tenidas de safari y mocasines, dijo que empezó a recibir llamadas desesperadas de importantes funcionarios, entre ellos Bashir, sobre cómo combatir la insurgencia en Darfur. Dijo que decidió retirarse de las negociaciones de paz en Kenia para poder dirigir una campaña militar en casa.
"Lancé mi visión de cómo se puede controlar la situación", dijo en su despacho en el Palacio Nacional, su entrada con un arco de gigantescos colmillos de elefante es custodiada por dos ametralladoras de cinco cañones.
Taha dijo que el gobierno no tenía alternativa al uso de la fuerza, armando a las Fuerzas de Defensa Popular y reservas del ejército para hacer frente a los rebeldes. Pero Naciones Unidas y grupos de derechos humanos también informaron que el gobierno había bombardeado cientos de pueblos y armado y financiado a milicias árabes conocidas como janjaweed, que luego atacaron y quemaron muchas aldeas, desplazando a casi 2 millones de personas, la mayoría de ellas africanas, de sus tierras.
En la época el gobierno negó que hubiera problemas serios y rechazó las críticas internacionales. Sin embargo, hace poco Taha ha adoptado un tono más moderado y conciliador.
"Nadie dirá que hemos estado brillantes en manejar la situación en Darfur", dijo en la entrevista. "En la guerra, ocurren cosas que no son normales... En una situación tan compleja, siempre habrá brechas y deficiencias. Uno quisiera que este capítulo de la historia de Sudán no hubiera ocurrido nunca".
Diplomáticos y otros analistas dijeron que el emergente papel de Taha como hombre de estado ha demostrado una vez más la flexibilidad del gobierno de Kartum para sobrevivir. Otro punto fuerte, dijeron, es su capacidad de acceder al estrecho círculos de talentosos realistas durante crisis.
"Nadie esperaba que este gobierno durara más de un año", dijo Gill Lusk, analista de Africa Confidential, un grupo de investigación con sede en Londres. "Son muy listos en política. Sus estrategias funcionaron bien al principio, en Darfur. Taha dirige un equipo unido, todos con talentos que él sabe cómo usar".
Por ejemplo, el gobierno envía a menudo al ministro de Asuntos Exteriores Mustafa Osman Ismail a reunirse con funcionarios extranjeros y hacer giras con los medios de comunicación. Ismail es conocido entre diplomáticos extranjeros y socorristas como ‘el señor Sonrisa' por su habilidad para presentar situaciones espantosas como buenas.
En otoño pasado cuando Jan Pronk, el enviado especial de Naciones Unidas a Sudán visitaba Darfur, Ismail caminó con él por un campamento quemado, que un metraje de película mostraba que había sido destruido por soldados del gobierno. Ismail, parado entre los escombros carbonizados, se volvió hacia Pronk y le preguntó: ‘¿Y, dónde están las pruebas?'"
Para entonces el gobierno también declaró que se había organizado un golpe, una acusación que los diplomáticos consideran una farsa. Funcionarios dieron ruedas de prensa advirtiendo que si Naciones Unidas impone sanciones a Sudán, podría provocar un caos, transformándose en un estado fracasado e incluso una amenaza para la guerra contra el terrorismo.
"Taha ha perfeccionado el arte de dividir para gobernar", dijo John Prendergast, analista del Grupo de Crisis Internacional con sede en Bruselas. "Era conciliador en el sur y al mismo tiempo el organizador de la estrategia anti-insurgente en Darfur. Ahora ha intentado de hacerse indispensable para Occidente en el proceso de paz y la lucha contra el terrorismo".
Los partidarios del gobierno afirman que ha evolucionado con las necesidades del país y no puede ser acusado de defenderse a sí mismo en Darfur. Pero otros observadores, dicen observadores, los funcionarios sudaneses se han burlado consistentemente de los líderes internacionales, al mismo tiempo que aplastan la oposición política en casa.
Fue el gobierno de Bashir-Taga el que "introdujo la tortura, las ejecuciones y ataques deliberados contra civiles para seguir en el poder y alcanzar sus objetivos militares", dijo el analista Ted Dagne del Servicio de Investigación del Congreso, hablando desde Washington. "Son una clase política que llegó para quedarse".

4 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
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