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el mundo de kadhim


[Alissa J. Rubin] El trabajo de Adil Kadhim, en el pasado intervenido por los censores de Hussein, aboga por una sociedad más abierta y un puente cultural con Occidente.
Bagdad, Iraq. Cuando Saddam Hussein estaba en el poder, Adil Kadhim se levantaba a las seis de la mañana en su apretado apartamento, ponía una tetera al fuego, y empezaba a escribir.
Su trabajo, como el de todo otro autor, tenía que pasar por la censura. Una de sus series de televisión era una alegoría sobre el poder, y su llegada a la pantalla se debió a que estaba ambientada en el Bagdad de los años cincuenta, y no en la posterior era baazista. Una película de televisión cantaba las glorias del ejército iraquí, y otro guión usaba a Julio César, en lugar de Hussein, para describir la vida de un dictador. Esos espectáculos inocuos y populares transformaron a Kadhim en uno de los más conocidos dramaturgos de Iraq.
Pero el trabajo que más apreciaba lo guardaba en la gaveta. Gran parte de sus obras giraba sobre personajes de Oriente y Occidente, un motivo que el régimen miraba con sospecha. En una pieza representó el juicio de varios personajes infames, incluyendo a Adolfo Hitler y Osama bin Laden, los que en nombre de la purificación de la humanidad cometían actos atroces. En otra, una mujer iraquí que había asesinado a su marido compartía la celda de la prisión con dos heroínas de una tragedia griega, Electra y Antígona, y las tres hablaban sobre los hombres que habían causado sus ruinas.
De vez en vez un director extranjero visitaba Iraq para leer un manuscrito y sacarlo fuera del país para su representación. Pero Kadhim era lo suficientemente cauto como para no buscar la atención exterior. En el Iraq de Hussein, llamar la atención era peligroso. Había pasado un tiempo en la cárcel cuando era joven, y su hermano fue secuestrado por la policía secreta de Hussein y nunca lo volvió a ver. Para Kadhim, que tenía esposa y dos hijas, la supervivencia engañaba con arte.
Ahora que Hussein mismo está en prisión, Kadhim, 64, ya no necesita sacar del país de contrabando sus obras. En los últimos dos años ha escrito extensas piezas que tocan temas previamente prohibidos, incluyendo la guerra de Irán-Iraq y la represión de las mujeres en la sociedad árabe rural, así como sucesos recientes, como la invasión estadounidense y la continuada presencia militar.
Aunque las piezas deben todavía encontrar un teatro en la desgarrada Bagdad, la misión artística de Kadhim ofrece la esperanza de una sociedad iraquí más abierta. En sus escritos busca confrontar los capítulos más desdichados del pasado de Iraq. También vincula a los iraquíes con una época en que la elite era versada tanto con la filosofía iraquí como occidental -amenazada por ninguna, sintiendo curiosidad por ambas. La creencia de Kadhim de que la literatura y el mito apelan a todos en todas las culturas podría mostrar el camino para que los iraquíes puedan nuevamente acercarse al mundo.
Fue ese carácter cosmopolita lo que más me sorprendió durante mi primer encuentro con Kadhim.
Su pequeña salita estaba repleta de libros, la mayoría de ellos clásicos árabes y persas, pero también libros de Bertold Brecht, Oscar Wilde y George Bernard Shaw, todos los cuales utilizaron el teatro para criticar a sus sociedades. Empezamos a hablar sobre su trabajo como propagandista, pero los temas se fueron ampliando. Cayó la noche y quedarme era peligroso para mí, así que reuní mis cosas, prometiendo que volvería.
Cuando estaba en la puerta, me preguntó si la próxima vez le podía llevar una copia de las obras de un autor estadounidense, una de cuyas obras había leído en una traducción árabe. Recordaba que su título como ‘El fin de un vendedor viajero’. Yo estaba desconcertada; luego agregó: "Sabes, el dramaturgo que estuvo casado con Marylin Monroe". En mi visita siguiente, le llevé a Kadhim las obras selectas de Arthur Miller -incluyendo ‘El fin de un vendedor viajero’, mejor conocida como ‘La muerte de un viajante’.

Escribiendo para la Televisión
Kadhim todavía se gana la vida escribiendo guiones para la televisión, la mayor parte polémicas historias sobre el Iraq islamita y la historia pre-islámica del país. Pero hace poco empezó negociaciones con el canal de televisión Rafidain, de Bagdad, para producir una serie de 30 episodios cuyos guión habría sido impensable en la época de Hussein.
La serie se ambienta en los pantanos del sur del país, después de que Hussein los desecara para castigar a los residentes chiíes que creía que estaban ayudando a Irán durante la guerra Iraq-Irán en los años ochenta. Su heroína es una chica que rechaza la costumbre tribal para convertirse en doctora. Asesinan a su padre, pero ella no busca venganza. En lugar de eso, vuelve a su aldea para construir una escuela.
"Estoy mirando a Iraq como si fuera una mujer vulnerable, embarga por el dolor", dijo. "Las mujeres, sean árabes o kurdos, chiíes o sunníes, han sido todas oprimidas y han sufrido todas -han perdido sus hijos, sus maridos, sus hermanos- y sin embargo son las que están más dispuestas a perdonar", dijo.
Esos cargados tópicos están muy distantes de lo que Kadhim estuvo obligado a hacer durante el régimen de Hussein.
En un caso, fue obligado a transformar uno de cuentos contra la guerra en una glorificación del ejército iraquí.
"En la historia original, hablaba de un niño de 3 o 4 años. Todos los habitantes de su aldea de un valle de las montañas, fueron masacrados durante la guerra Irán-Iraq, pero él sobrevivió y... fue criado por lobos".
"Los dos lados del valle estaban sembrados de minas antipersonales, porque tanto los iraquíes como los iraníes estaban tratando de proteger su territorio. Pero este niño conocía la ubicación de las minas, de modo que las destruyó, lanzándoles piedras de modo que no pudieran matar a los lobos...
"Los helicópteros iraquíes e iraníes estuvieron todo el día gruñendo arriba y abajo en el valle. Y ambos... veían al niño como enemigo porque estaba haciendo detonar las minas que habían plantado para protegerse a sí mismos".
"Quería concentrarme en este simbolismo, que incluso los lobos rechazaban el estado de guerra. Y el valle era la propiedad de los lobos, era su país".
El régimen de Hussein tenía otra cosa en mente. El gobierno quería una película sobre un niño que queda huérfano cuando el ejército iraquí ataca su aldea fronteriza. Sobrevive en compañía de animales salvajes hasta que el ejército iraquí lo encuentra y adopta como mascota.
Kadhim desvió la vista mientras hablaba. "Me obligaron a adaptar mi historia..., a dar motivos humanos al ejército iraquí. El ejército iraquí participó en la producción de la película, y lo filmaron cerca de la frontera iraquí-iraní", dijo, encogiéndose de hombros como para renegar de la historia rescrita. Luego agregó: "Sentí un gran alivio de que no se mostrara en televisión. Sólo tuvo una exhibición privada. Era una tremenda dosis de propaganda".
La versión original de la historia no fue publicada nunca. Pero sigue siendo tan relevante como siempre, cree, porque cruza la división Oriente-Occidente.
Hay versiones de la historia que se remontan hasta el siglo 12 en África del Norte y Persia, dijo, y "en Occidente también tienes esa historia: En la mitología romana, los gemelos Rómulo y Remo son criados por lobos y luego fundan la ciudad de Roma".
 
Estudiando las Similitudes
Kadhim creció en Basra, la segunda ciudad de Iraq, un puerto donde las culturas se han mezclado durante siglos. Su padre era un maestro que también trabajaba como carpintero. Incluso antes de ir a la universidad, Kadhim fue enviado a la prisión, acusado falsamente de ser comunista. La experiencia fue precursora de los duros días que vendrían con Hussein, cuando todo lo que decías era examinado para medir su lealtad.
Dejado en libertad 10 meses después, empezó a estudiar teatro y literatura comparada en la Universidad de Bagdad y le fascinaron las similitudes entre las historias arquetípicas de Oriente y Occidente. "Vi cómo cada religión copiaba a la otra. Los babilónicos que contaban la historia de Gilgamesh estaban contando también la historia del diluvio de Noé", dijo.
Poco después de su graduación empezó a trabajar en el ministerio de la Juventud y a escribir piezas de teatro. Una de sus primeras fue ‘El diluvio’, una adaptación de la historia de Gilgamesh, que es una saga nacional iraquí. También empezó a trabajar en adaptaciones al árabe de la literatura internacional. Durante varios años, su vida fue relativamente tranquila, pero como en otros muchos iraquíes, los años de la guerra con Irán dejaron una cicatriz indeleble.

La Pérdida de un Hermano
Cuando cayeron las primeras bombas en Irán en 1980, su hermano menor, Maher, estaba estudiando teatro en París. La guerra implicó que la familia de Kadhim ya no pudo seguir sosteniéndolo en el extranjero y Maher finalmente volvió. Debido a que todos los hombres sanos debían hacer el servicio militar y tenía miedo de que lo castigaran por volver tarde, el hermano de Kadhim se ocultó en casas de parientes y de amigos, tratando de evitar a la Mukhabarat, la policía secreta iraquí.
Una noche de 1983 sus operativos lo capturaron, llevándoselo detenido.
"Lo buscamos durante años. Fuimos al directorado general de seguridad preguntando por él; no nos dijeron nada", dijo Kadhim.
"Cinco años después de su captura, nos trajeron su certificado de muerte diciendo que había sido juzgado y ejecutado. Yo sentí un gran dolor, pero no podíamos mostrarlo porque los espías de Hussein lo consideraban una traición. Debido a que mi hermano fue ejecutado, no nos dejaron organizar un funeral".
Tras la caída del régimen, Kadhim obtuvo los archivos oficiales que contaban cómo había muerto su hermano: "Le pusieron explosivos en los bolsillos y los hicieron estallar. Tenía 24 años", dijo, con voz queda.
Con su hermano era considerado traidor, el propio trabajo de Kadhim empezó a ser controlado. Una pieza que escribió sobre el Bagdad del siglo 17 llamó la atención porque hacía que los gobernantes otomanos huyeran de la ciudad antes de la plaga bubónica. "Los censores dijeron: ‘¿Qué quieres decir con que los jefes otomanos escaparon?" Los censores permitieron que la pieza siguiera siendo representada, pero Kadhim tuvo menos fortuna con otra pieza, ‘El círculo bagdadí del carbón’.
El vice-presidente de Hussein, Taha Yassin Ramadan, pensó que criticaba al régimen y ordenó su cierre. "Trataba de un rey que vivía en un castillo y llevaba una vida lujosa y no se preocupaba de lo que estaba pasando con la gente a su alrededor", dijo Kadhim con su sonrisa forzado.
"No había nada que se escribiera que no fuera censurado en la época de Hussein, inclusive el trabajo de los poetas, escritores y artistas que lo alababan. Si cometían el más pequeño error, su destino era la muerte", dijo.
"Como escritor tenía la sensación de estar caminando siempre en la cuerda floja de un circo. Si caía, moriría, pero si continuaba, lo haría con el equilibrio perdido. Mi mente me tiraba de un lado, y luego del otro".
A menudo en su pequeño apartamento de un primer piso, buscaba refugio en sus libros. En la literatura occidental leía cada vez más a esos autores que escribían sobre la gente sin voz, los silenciados y los martirizados y sobre los estragos de la guerra. Uno de sus favoritos era Brecht, cuya ‘Vida de Galileo’ describe la persecución de la iglesia católica del famoso astrónomo por su creencia que la tierra daba órbitas en torno al sol. Otro bien ojeado libro era la pieza de Orson Welles, ‘El juicio’ -la historia de Franz Kafka sobre un hombre acusado de un crimen que no se menciona, cuyo alegato de que es inocentes no lo escucha nadie. Otro es la comedia de Shaw, ‘La casa de los corazones rotos’, sobre una familia en los albores de la Primera Guerra Mundial.
Ahora Kadhim ha empezado a inventar sus propios personajes heroicos. La pieza que acaba de escribir, que empezó hace años y guardó en una gaveta, toma una historia clásica y la rescribe para ilustrar el último trauma de Iraq: la invasión americana que resuena en tantos otros en este antiguo país.
 
‘Tragedia de la Guerra’
La pieza adapta la leyenda de Don Juan, reuniéndolo con otros tres personajes de Oriente y Occidente, del pasado y presente: Abu Nuwas, un poeta musulmán de los siglos 8 y 9, conocido por sus escritos románticos; un soldado iraquí de hoy, que un manitas sin educación; y Pigmalión, un personaje mitológico de la Grecia clásica, que se enamora de la estatua que hizo de una bella mujer y deseó que adquiriera vida.
En la pieza de Kadhim, los cuatro hombre se enamoran de la misma mujer. Cada uno la ve como el centro de su vida. En el segundo acto, la guapa mujer está en cinta y a punto de parir.
"Comienza a gemir frente a todos..., todos tratan de ayudarla a parir. Pero ¿qué da a luz? Da luz a cascos de soldados: primero sale el casco con una swástica de un soldado alemán; el segundo casco es británico, con la bandera británica de la época en que gobernaban Iraq; y luego sale el viejo casco del Imperio Romano; y luego otro, con una bandera americana; y finalmente uno con la bandera iraquí", dice Kadhim.
"Da a luz a cascos, que son símbolos de guerra, como si la bella mujer no estuviera ahí a causa del amor, sino para crear guerra.
"En todas mis últimas historias, tanto el atacante como la gente atacada viven la tragedia de la guerra en la que están atrapados. El soldado americano lleva aquí meses; sueña con volver a su casa. Y también el pueblo iraquí quiere que los estadounidenses les dejen solos, de modo que de cierta manera tienen las mismas ilusiones", dijo Kadhim.

Zainab Hussein contribuyó a este reportaje.

28 de diciembre de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

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