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nueva amenaza de la otan


Europa debe reconocer la necesidad de la lucha antiterrorista. Pero ¿se esconde el terrorismo en Afganistán?
La Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN fue creada en 1949 para proteger a Europa Occidental de la Unión Soviética. Debido a que no existe el peligro de que el Ejército Rojo marche sobre París, la misión de la alianza, comprensiblemente, ha cambiado con el tiempo. Es desafortunado que algunos miembros europeos estén retirando su participación en una OTAN con nuevos bríos.
El gobierno de Bush está, correctamente, tratando de llevar a la OTAN por un nuevo camino, esperando transformarla, de una fuerza eurocéntrica y defensiva, en una que sea capaz de ir a la ofensiva contra amenazas para Occidente. Esa política favorece claramente los intereses de Estados Unidos, porque las fuerzas americanas están malamente dilatadas en Iraq y Afganistán, pero favorece igualmente los intereses europeos. Los atentados con bomba en Madrid y Londres muestran que el terrorismo no es solamente un problema americano. Un Afganistán estable, por ejemplo, debería ser una alta prioridad tanto para europeos como para estadounidenses.
Es por eso que el examen de conciencia en el parlamento holandés sobre su rol militar fue alarmante. La OTAN accedió en diciembre a aumentar el número de tropas en Afganistán, de nueve mil a 16 mil, y a expandir su misión en el sur del país, que ha sido asolado por la violencia. Eso permitirá que Estados Unidos retire a varios miles de sus soldados para concentrarse en el este del país. El plan fue puesto en peligro cuando surgieron objeciones en Holanda, cuyo parlamento accedió finalmente el jueves, después de semanas de debate, a enviar 1400 tropas holandesas a zonas de más peligro.
Los holandeses son normalmente aliados fiables de Estados Unidos; si hubiese sido, digamos, Bélgica la que obstaculizara una clave iniciativa de la OTAN, no habría sido ni sorprendente ni significativo. De modo que la reluctancia holandesa era especialmente preocupante. Aunque el partido D66, que se inclina a la izquierda y dirigió la campaña anti-Afganistán, finalmente perdió, refleja la opinión popular en Holanda, donde la mitad de los encuestados en un sondeo reciente se oponían al despliegue, y sólo un 38 por ciento estaba a favor de él.
Es difícil saber a quién culpar de esto: a los holandeses, que aparentemente no logran darse cuenta de su propia fragilidad ante las amenazas terroristas, o al gobierno de Bush. Los europeos están preocupados del enfoque unilateral de Washingon en materias de relaciones exteriores, que ha volcado a la opinión pública holandesa contra la misión afgana, que era poco controvertida en el pasado.
Pero al final es importante que los europeos reconozcan que su continente no es secundario en el teatro de la guerra contra el terrorismo -está en el centro del escenario.

5 de febrero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

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