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niñas como capital en kenia


[Edmund Sanders] La sequía en Kenia ha resultado en un agudo incremento de los matrimonios de niñas. Padres han cambiado a hijas de hasta ocho años por ganado y dinero.
Silall, Kenia. Soitanae Ole Kyoiogo observó impotente como sus adoradas vacas cayeron muertas en la sequía, una tras otra, hasta que no quedaron más que dos de su ganado de cincuenta.
Desesperado por alimentar a su familia, utilizó la única fuente de riqueza que le quedaba: sus hijas, de ocho y nueve años.
El padre masai, de 47, accedió a casar a las niñas con hombres de la localidad a cambio de tres vacas por niña, más algunas mantas y dinero.
Es uno de los efectos secundarios más tristes de la sequía en el este de África, que ha matado a decenas de personas y está amenazando a millones más con el hambre. Los defensores de los derechos del niño en Kenia informan de un agudo aumento de los matrimonios de niñas, especialmente entre las familias masai que quieren reemplazar su ganado. Un creciente número de padres en el campo keniata del sur están cambiando los futuros de sus hijas por sus dotes.
"Debido a la sequía, mi padre no iba a esperar que yo creciera", dice Timpian Soitanae, 9. "Me iba a regalar".
La madre de la niña, que se separó de Soitanae, frustró el plan secreto con la ayuda de un aldeano que alertaron a las autoridades y jefes tribales, dijeron funcionarios keniatas. La policía arrestó a Soitanae en diciembre, el tiempo suficiente como para sacar a las niñas de este villorrio de chozas de barro y llevarlas a un centro de rescate a unos 32 kilómetros.
La detención se produjo tres días antes de que sometiera a las niñas a una excisión genital, que debe hacerse antes del matrimonio.
A Timpian y su hermana, Suya, les da la risa tonta y ocultan sus caras en sus manos a la mera mención del matrimonio o de niños.
"Soy demasiado joven todavía", ríe Suya, cubriendo su avergonzada sonrisa con sus dedos de tamaño de muñeca.
Vestidas iguales con uniformes escolares verdes demasiado grandes, las niñas podrían pasar por mellizas. Se han matriculado en el primer año de una escuela primaria vecina y por la noche comparten el colchón de arriba de una litera.
Las dos dicen que no quieren volver a casa y dicen que se sienten traicionadas por su padre.
"Ya no lo quiero como antes", dijo Timpian.
Escudriñando el árido paisaje en torno a su casa, el padre negó los planes de matrimonio, diciendo que su ex esposa había inventado la historia. "Estoy simplemente tratando de alimentar a mi familia", dijo.
El alimento ha sido tan escaso que él, sus otras dos esposas y diez hijos sobreviven gracias a las donaciones de maíz del gobierno. Los campos en torno a la casa familiar están cubiertos de los cadáveres podridos de vacas, cabras y burros. Ellos desuellan a los animales muertos y venden las pieles por 1 dólar cincuenta cada una.
Soitanea también gana 70 dólares al mes como celador nocturno del pueblo. Pero eran las vacas las que mantenían a la familia, proveyendo leche, carne e incluso sangre.
"Para nosotros las vacas son todo", dijo. En la cultura masai, el prestigio e identidad de un hombre se miden por el número de vacas que posee.
La ley keniata prohíbe los matrimonios antes de los 18 años, incluso con el consentimiento de los padres, y penaliza la excisión genital femenina, una tradición africana que simboliza la transición de una niña hacia su condición de mujer. El procedimiento también es conocido como circuncisión femenina, e incluye cortar el órgano sexual femenino. Es doloroso y médicamente arriesgado.
A pesar de la ley, tanto el matrimonio precoz como la excisión genital son todavía ampliamente practicados, especialmente entre tribus como la masai, cuyo estilo de vida pastoral los mantiene a veces fuera del alcance del gobierno.
Defensores de los derechos de los niños dicen que empezaron a observar un creciente aumento de novias niñas cuando empezó a morir el ganado en el otoño pasado.
Aunque la sequía ha plagado a África del Este durante años, el fracaso de las lluvias de diciembre y las predicciones de que las lluvias de abril serán insuficientes han colocado a más de seis millones de personas en peligro en Kenia, Etiopía, Somalia y otros países. Grupos humanitarios predicen un desastre si suministros de alimentos de emergencia no llegan a la región hacia la primavera.
La defensora de los niños Prisilla Naisult Nangurai mide la desesperación por la edad de las niñas que ha estado rescatando.
"Ahora están trocando a niñas cada vez más jóvenes", dice Nangurai, que dirige el Centro de Rescate de Niñas de la Iglesia Africana del Interior en Kajiado. Diecisiete niñas huyeron al centro solamente en diciembre, dijo, el total mensual más alto que ha visto.
Niñas más jóvenes no ponen en peligro la autoridad de sus padres ni intentan escapar, dijo. Los padres "quieren casar a las niñas antes de que tengan edad de tomar sus propias decisiones", dijo Nangurai.
Ella y funcionarios de protección a la infancia del gobierno dicen que no tienen cifras de cuántos matrimonios precoces se han convenido en los últimos meses. Basan su preocupación en evidencias anecdotarias y observan que la mayoría de esas uniones forzadas no son nunca detectadas ni reportadas.
Nangurai dice que ella asesora a familias masai sobre los beneficios de educar a sus hijas. Pero con la sequía, esos argumentos caen en tierra árida.
"Cuando no hay agua ni comida, no puedo acercarme a una familia a hablar sobre la educación de las niñas", dijo Nangurai.
Los defensores de los niños han debido descansar cada vez más en intervención de la policía y en las agencias de protección de la infancia del gobierno.
"Nuestra carga está subiendo", dijo Louise Cheptoo, agente de protección infantil del distrito de Kajiado, donde estima que los matrimonios precoces ilegales se han duplicado en este último año. Algunas mañanas, las niñas que buscan refugio hacen cola esperando que llegue a las puertas de la oficina de gobierno en Cheptoo.
Encontrar hogares alternativos es un problema. "De momento, todos los recursos están estirados", dijo.
Algunas niñas son traídas por familiares preocupados o funcionarios de las escuelas, pero otras llegan solas a la oficina.
Cuando Naipei Melita, 9, oyó que su padre pensaba casarla con un hombre sesentón, no gastó tiempo en planear su fuga. Durante una sequía más leve hace tres años, vio cómo una hermana mayor fue casada a los diez a cambio de cinco vacas y derechos de pastoreo. Otra hermana escapó para evitar el mismo destino.
Naipei suplicó tan persistentemente que la dejaran ir a la escuela que su padre amenazó con golpearla si volvía a tocar el asunto. "¿Qué tienes tú que te hace tan especial?", le dijo.
En diciembre, le dijo a su padre que iba a lavar ropa. En lugar de eso, ella y una amiga se montaron en un tren de carga y llegaron al centro de rescate de Kajiado.
"Es una niña ambiciosa", dijo su profesora de ciencias, Veronica Mbuva. Aunque Naipeo nunca asistió antes a la escuela, sus amigas y hermanas la habían ayudado a aprender el alfabeto, a escribir su nombre y a contar hasta veinte.
Además de las clases académicas, las niñas son educadas sobre sus derechos según la ley. En un taller llamado ‘Habla’, a las niñas se las educa a no sentir miedo a decir lo que piensan. Es una idea atrevida para muchas niñas masai, que son criadas en una cultura donde las mujeres rara vez se dirigen a los hombres y no se supone que deban rechazar los avances sexuales.
Las instructoras empiezan con temas simples, como las opiniones de las niñas sobre la cafetería o las matrículas escolares, y avanzan gradualmente hacia temas más controvertidos, como el matrimonio precoz y la excisión genital, dijo Nangurai.
Para algunas niñas, la sensación de poder es evidente.
Cuando se le preguntó si acaso creía que ella valía lo que tres vacas, Timpian sacudió su cabeza. Al principio dijo que creía que valía ocho vacas. Pero minutos después subió su precio a diez.
Luego, después de pensarlo un rato, decidió que la riqueza de su futuro marido o el número de vacas no era tan importante como la educación.
Sobre todo, dijo, "yo quiero elegir a mi marido".

19 de marzo de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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