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[Dexter Filkins] Parece la solución, pero no es tan fácil.
Dividamos Iraq. Parece una solución simple. Los tres principales grupos de Iraq -los chiíes, los sunníes y los kurdos- se están matando entre sí con más ferocidad que nunca, incluso en momentos en que los estadounidenses hacen de árbitros.
Varios funcionarios y expertos estadounidenses, cansados del derramamiento de sangre, están prestando renovada atención a las propuestas de dejar que las regiones de Iraq se reconstituyan aparte.
En el último número de Foreign Affairs, Leslie Gelb, presidente emérito del Consejo de Relaciones Exteriores, propone una variación de la división religiosa -una floja federación de tres regiones en gran parte autónomas que podría impedir que Iraq se deslice hacia la guerra civil y, al mismo tiempo, evitar la disolución absoluta del país.
Por atractiva que suene la idea de dividir Iraq en regiones religiosas, esta enfrenta un gran problema: Especialmente en las áreas urbanas de Iraq, podría convertirse en un asunto sangriento. (Gelb lo reconoce, pero dice que el riesgo de violencia no es más grande que bajo otras soluciones propuestas para Iraq).
Desde fuera, parecería que el trazado de nuevas fronteras entre los principales grupos de Iraq podría realizarse con relativa facilidad. Cada grupo es predominante en parte diferentes del país: sunníes en el oeste, kurdos en el norte y chiíes en el sur. En el norte, los kurdos, con su propio idioma, ejército y gobierno regional, ya son autónomos.
Pero en Bagdad, Kirkuk y Mosul, no hay fronteras geográficas nítidas que separen a estos grupos. Una fragmentación en regiones o estados étnicos ciertamente aumentaría la presión sobre las familias para que abandonaran los barrios mixtos para residir más cerca de miembros de su propio grupo. Chiíes con chiíes, sunníes con sunníes. Las limpiezas étnicas ya están ocurriendo en Iraq, aunque todavía a un ritmo relativamente lento.
Como muestran los mapas, los principales grupos de Iraq -incluso los más pequeños, como los cristianos y turcomanos- viven ahora juntos en muchos lugares. Aunque el río Tigris actúa como un amplio límite étnico tanto en Bagdad como en Mosul -los sunníes en el oeste y los chiíes en el este en Bagdad, y sunníes en el oeste y kurdos en el este en Mosul-, hay grandes bolsones de cada grupo a los dos lados del río.
Tratar de dividir esas ciudades podría resultar en la expulsión de decenas de miles de personas de sus hogares, quizás más. Y esta no es una perspectiva agradable: los barrios en los bordes de Bagdad ya han vivido un montón de limpiezas étnicas, y especialmente los chiíes han sido forzados a dejar sus casas. Muchas de esas familias han huido hacia campos de refugiados en Bagdad central. Las historias individuales que cuentan estas familias son desgarradoras. No sobreviven todos.
Kirkuk es la más complicada de las ciudades iraquíes. Se divide en tres comunidades principales: árabes, turcomanos y kurdos. Dentro de estos hay muchos subgrupos -árabes sunníes y chiíes, turcomanos sunníes y chiíes. Como en Bagdad y Mosul, también hay bolsones de cristianos dispersos en todo el territorio.
En Kirkuk, el principal problema hoy es cómo rectificar la expulsión de decenas de miles de kurdos por Saddam Hussein en los años ochenta. Las casas desocupadas por los kurdos que huyeron, fueron ocupadas por familias árabes atraídas al norte por el régimen de Hussein. Desde la caída de Hussein, decenas de miles de kurdos han empezado a volver, y la mayoría de ellos viven ahora en miserable campos en el lado oriente de la ciudad. Dividir esta ciudad -y sus reservas de petróleo- sería probablemente un asunto de poder. Pero es probable que esto tampoco sea atractivo.

25 de junio de 2006
©new york times
©traducción mQh
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