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progresistas en el mundo árabe


[Neil MacFarquhar] Sentimientos antinorteamericanos aísla a reformistas árabes.
Damasco, Siria. Reformistas moderados en el mundo árabe dicen que el apoyo estadounidense a Israel en su guerra contra Hezbolah los pone a la defensiva, contaminándoles por asociación y reforzando a los partidos islámicos.
La misma gente a la que Estados Unidos quería alentar en su fomento de la democracia desde Bahrain a Casablanca se sienten, al contrario, atrapados por una política que ahora ridiculizan por "destruir la región, para salvarla".
En realidad, muchos de esos reformistas que han estado trabajando por los cambios en sus propias sociedades -a menudo aislados, acosados por la seguridad del estado, o marginados, para comenzar- dicen que la política estadounidense estrangula los nacientes movimientos reformistas y apuntala a los gobiernos represivos que siguen siendo los mejores aliados de Washington en la región.
"Tenemos miedo de este ‘nuevo Oriente Medio'", dice Ali Abdulemam, ingeniero informático de 28 años que fundó la página web política más popular de Bahrain. Se estaba refiriendo a la declaración, el mes pasado, de Condoleezza Rice, de que la situación en el Líbano representaba los dolores de parto de un "nuevo Oriente Medio".
"Hablan de cómo van a reorganizar la región, pero no hablan nunca de la gente", dijo Abdulemam. "Nunca mencionan lo que quiere la gente. Simplemente le están dando más poder al sistema que ya existe".
Su queja es compartida por reformistas en todo el mundo árabe.
Fawaziah al-Bakr, que promueve el cambio educacional y los derechos de las mujeres en Arabia Saudí, ayudó a las mujeres a protestar contra los ataques israelíes. "Nadie habla de reformas en Arabia Saudí", dijo. "Hablamos de la guerra, de qué hacer con la guerra. No se menciona siquiera que Estados Unidos ya perdió, moralmente hablando, debido a la guerra. Incluso si te gusta la gente y la cultura de Estados Unidos, es indefendible".
La declaración de Rice -durante una breve parada en Beirut el mes pasado- está siendo yuxtapuesta con la carnicería que está teniendo lugar para unir la oposición popular contra todo lo que suene a americano.
Israel continúa bombardeando el Líbano, a pesar del hecho de que la violencia podría desestabilizar al gobierno del primer ministro Fouad Siniora, elegido el año pasado en unas elecciones que Estados Unidos saludó como un ejemplo de democracia para Oriente Medio. El ejemplo previo había sido Iraq, observan los críticos mordazmente.
Abdulemam teme, en Bahrain, que una nueva propuesta de ley antiterrorista, pueda limitar severamente las discusiones espontáneas en BahrainOnline.org, su página web, o quizás cerrarla, debido entre otras cosas a la ley que prohíbe los ataques contra la constitución. Hace poco el gobierno cortó el acceso a Google Earth, dijo, debido probablemente a que muchos ciudadanos estaban enfocando los palacios reales.
Miembros de organizaciones políticas islámicas en particular, consideran las acciones estadounidenses un regalo del cielo, porque ponen en problemas a sus propios gobiernos represivos y alejan a sus capitales de Washington, dicen reformistas.
Los estadounidenses "querían empañar a la resistencia y los movimientos de oposición islámicos, pero en realidad les han hecho un favor", dijo Sobhe Salih, un abogado de 53 años de la Hermandad Musulmana, que se instaló en el parlamento egipcio en las elecciones de otoño pasado tras captar el 20 por ciento de los escaños. "La han convertido en más atractiva para el público, en un rayo de esperanza para todos los que rechazan las políticas estadounidenses".
Si se mira al azar alguna pantalla de televisión -y están en todas partes-, la pantalla estará probablemente mostrando el caos en el Líbano, Bagdad o Gaza. Usualmente toma un minuto descifrar qué ciudad es la que arde. Los canales de televisión por satélite más populares, como Al Yazira, dicen repetidas veces que la carnicería la causan las políticas y armas estadounidenses.
Antes de 2003, la fase más difícil para los movimientos islámicos era el reclutamiento, observó Mohamed Salah, experto en movimientos extremistas musulmanes que escribe para el diario pan-árabe Al Hayat de El Cairo. Para que alguien que era simplemente devoto se convirtiera en extremista se necesitaba bastante tiempo. Pero ahora no, dijo. Los gobiernos árabes moderados, que han buscado durante treinta años la paz con Israel, han visto cómo se socava esa política a ojos del público por la capacidad demostrada por Hezbolah en sus ataques contra Israel.
"El reclutamiento se ha convertido en una de las fases más fáciles debido a que la gente ya está predispuesta psicológicamente contra los estadounidenses, Occidente e Israel", dice Salah.
Los reformistas moderados dicen que son motivados por lo que consideran las inconsistencias de la política para Oriente Medio de Washington. En el Líbano, por ejemplo, vive un clérigo de turbante negro que dirige una milicia secreta cercana a Irán. Se llama el jeque Hasán Nasrallah y Washington aprueba la campaña de bombardeos de Israel para destruir su organización, Hezbolah.
Hay otro clérigo chií de turbante negro que dirige otra milicia clandestina cercana a Irán. Se llama Abdel Aziz al-Hakim y vive en Iraq. Es un amigo de los americanos.
"En Iraq el mismo tipo de grupo es un aliado de Estados Unidos, mientras que en el Líbano son enemigos a los que hay que combatir", dice Samir al-Qudah, ingeniero civil jordano. "No tiene nada que ver con las reformas, sino con los intereses de los norteamericanos".
La abrumadora conclusión que sacan los árabes es que los intereses de Washington residen con Israel, sin importar sus costes.
"Los que piden una reforma democrática en Egipto han descubierto que una vez que los intereses israelíes entran en conflicto con la reforma política en Oriente Medio, Estados Unidos favorece instantáneamente los intereses de Israel", dijo Ibrahim Issa, el editor del semanario Al Dustour, que corre el riesgo de recibir una sentencia de cárcel por insultar al presidente Hosni Mubarak de Egipto.
Los reformistas agregan invariablemente que un esfuerzo creíble de resolución del problema de los territorios árabes ocupados por Israel, que creen que es la fuente del extremismo, ni siquiera parece estar en el radar de Washington.
El jeque Nasrallah es particularmente apto a la hora de explotar la indignación del público por las muertes de civiles en el Líbano, destacando lo tornadizo que puede ser Estados Unidos como amigo.
"No olvidéis que este es el gobierno de Estados Unidos, amigo, aliado y amante del Líbano", se burló el jueves en un discurso. También emitió una mordaz advertencia a otros líderes árabes, de que si siguen gastando más tiempo en defender sus tronos antes que a los libaneses, podrían ser ellos mismos destronados.
Los reformistas también se preocupan de que el caos en Iraq haya nutrido la percepción del público de que un déspota puede al menos mantener a raya la violencia y las diferencias religiosas. En Siria, las noticias de la guerra apagaron la consternación por el encarcelamiento de activistas en una campaña represiva del gobierno sirio esta primavera.
Omar Amiralay, un director de documentales sirio, estaba en un taxi hace poco cuando oyó un boletín de noticias en la radio sobre un atentado suicida en Bagdad que costó la vida a 35 personas.
"Los americanos deberían sacar a Saddam de la cárcel durante una semana", dijo, citando al chofer, bromeando a medias. El dictador mataría a un millón de iraquíes y "todo volvería a estar en paz nuevamente".
Amiralay está convencido de que los cambios se producirán solamente con un estallido desde dentro, pero la gente no tiene tiempo de pensar sobre eso ahora. "La incertidumbre es la orden del día", dijo.
Existe la sensación general en la región de que el gobierno de Bush avinagró la causa de la democracia debido a los éxitos de los partidos islámicos en las últimas elecciones en Egipto y Palestina -la Hermandad Musulmana en Egipto y Hamas, un retoño de la hermandad, en los territorios palestinos.
Por primera vez durante mucho tiempo, los analistas políticos están de nuevo comparando a gobiernos como el de Mubarak en Egipto con el del último sha de Irán -un déspota aislado que ignoraba los amplios anhelos de la población mientras cortejaba los favores del gobierno estadounidense. Algunos gobernantes están claramente nerviosos.
El Rey Abdulá de Jordania criticó inicialmente a Hezbolah cuando estalló el conflicto hace casi un mes, pero en una entrevista con la BBC el jueves desdeñó los planes americanos en torno a un ‘nuevo Oriente Medio'. El monarca dijo que ya no podía "leer el mapa político" de la región debido a las negros nubarrones que lo cubrían desde Somalia hasta el Líbano.
Este tipo de actitud puede ser ventajosa, dicen los reformistas, permitiendo que haya más espacio para el debate público a medida que los líderes tratan de mitigar la indignación de la gente. Pero dudan que los moderados encuentren una plataforma parecida.
"No hay espacio en la calle para moderados como yo", dice Qudah, el ingeniero civil de Jordania. "Todos estamos contra los ataques israelíes del Líbano, pero yo también estoy contra los ataques contra ciudades en Israel donde también viven civiles. Si tratara de decir en público lo que le estoy diciendo a usted por teléfono, me golpearían. En una guerra como esta, los extremistas son los dueños de las calles".

Mona el-Naggar contribuyó al reportaje de este artículo desde El Cairo.

8 de agosto de 2006
©new york times
©traducción mQh
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