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los espaldas secas


[Felipe Saleh] Las historias de los peruanos que cruzan como ilegales.
Las luces de prosperidad que proyecta Chile, cada año atraen a más inmigrantes desde Perú. La meta es cruzar como sea y en la empresa colaboran nacionales que reciben dinero por ayudar a unos 40 ciudadanos del Rimac que cada semana pasan la frontera como ilegales. Un caso reciente puso la mira pública en el norte, pero allá es pan de cada día.
Aparte de su Documento Nacional de Identidad (DNI), Víctor cruzó sin nada en los bolsillos desde Tacna hacia Arica. Tomó una medida radical ante una situación que le parecía insostenible. Tiene 28 años y hace siete es portador del VIH. "Ya no quería seguir siendo una carga para mi familia, han gastado en mí todo lo que tienen, y lo que no tienen también", dice. Escuchó que en Chile los tratamientos están más avanzados y que no es tan difícil conseguir los medicamentos como allá.
En la frontera, un documento le dejó claro los términos del convenio Arica-Tacna que le autoriza a estar siete días en esa provincia. El acuerdo es básicamente para fomentar el intercambio comercial entre las dos ciudades, pero otorga además un tiempo para que los peruanos con ganas de probar suerte en Chile hagan los contactos necesarios para cruzar la frontera provincial emplazada en Cuya, 100 kilómetros al sur de Arica.
En ‘la Ciudad de la Eterna Primavera', Víctor conoció a un grupo de chilenos que viajaban hacia el sur en auto y se fue con ellos. Cuando el vehículo se detuvo en el control de Carabineros "quedé inmovilizado de puro susto", cuenta. A los pasajeros del automóvil que tenían delante les pidieron que bajaran y revisaron todo el equipaje. Entre ellos iban dos personas que parecían peruanos. Víctor no tiene la piel oscura como la mayoría de sus 40 compatriotas que, según una estimación de Extranjería, cruzan semanalmente como ilegales hacia Iquique y con suerte hasta Santiago. Este detalle racial ayudó a que la policía no sospechara y ni siquiera detuviese el auto.

De Controlador a Cargador
Víctor lleva poco más de un mes en Iquique. Los primeros días durmió en la playa. En el día salía a buscar alguna pega. En Lima fue controlador de tráfico aéreo, pero sin papeles "trabajo en cualquier cosa", dice. Consiguió que un distribuidor de Kola Real (una bebida peruana) le diera empleo como cargador en el terminal agropecuario de Iquique. Le pagan cuatro mil pesos diarios. Por una pieza en el barrio del Mercado Municipal paga tres mil al día.
Aun así, no está lejos de conseguir el objetivo que lo trajo a Chile. Gracias a la Casa de Acogida para Enfermos de Sida que mantiene la parroquia El Buen Pastor de Iquique, tiene tres comidas diarias y le ayudan por estos días a regularizar sus papeles, para obtener los remedios que entrega el estado.
Cuando pensó en la manera de cruzar, escogió la menos segura. En Arica le ofrecieron pasar con documentos falsos. Un DNI de alguien que ya es residente en Chile y aparece registrado sin problemas de ingreso. "La mayoría, cuando llega a Iquique, dice que son documentos de algún familiar, pero es mentira. Pagan 200 dólares en Arica, plata que yo no tenía", dice. El trato es que devuelvan el documento apenas consigan su primer trabajo.

Deportada
Así lo hizo la limeña Eulogia, madre de tres niños. Parte de su familia ya trabajaba en distintos puntos del norte de Chile. Por eso no fue difícil conseguir el DNI, que le abrió una puerta mucho más ancha que a Víctor. Trabajó como empleada doméstica en una casa iquiqueña durante un año. Los 200 mil pesos que ganaba le servían para enviarle a sus hijos e incluso pensar en traerlos a su lado, pero nunca regularizó sus papeles. Hace tres meses, en la puerta de la casa en que trabajaba, le pidieron sus documentos; como no los tenía, en pocas horas estaba listo el decreto que confirmaba su expulsión. "Ella se había peleado con un familiar que seguramente la denunció", dice Paula Valenzuela, dueña de la casa donde trabajaba. "Se encariñó con mis hijos, es una persona maravillosa", dice. Intentando traerla de vuelta, a los dos días Paula viajó a Lima. Allá se encontró con que su ex empleada tenía hematomas en la cabeza, por los que fue a dar al hospital, donde sufrió varios desmayos y pérdida de conocimiento. "Le sacaron la cresta para que contara dónde trabajaba, y no lo hizo", cuenta Valenzuela, quien por mantener a un ilegal trabajando arriesgaba una multa de 300 mil pesos por cada mes que haya empleado a un indocumentado. Como una manera de agradecer su lealtad, siguió mandándole su sueldo hasta que encontró un nuevo trabajo.

Suben los Ilegales
Esta semana, la Jefatura Nacional de Extranjería y Policía Internacional entregó al ministerio del Interior cifras reveladoras acerca del movimiento migratorio de peruanos, a través del complejo fronterizo de Chacalluta en Arica. Los números muestran que 1.172.539 peruanos entraron a Chile. De ellos, 875 mil lo hicieron según las reglas del Convenio de Tránsito entre Tacna y Arica, y otros 94 mil se quedaron en Chile. Cuatro mil de ellos en forma ilegal, aunque esta cifra es sólo estimativa. Aun así, se estima que este año la cantidad aumente en 10 mil personas.
El fiscal jefe del Ministerio Público en Arica, Manuel González, entregó algunas luces sobre los nuevos modos de operar que tienen las mafias involucradas en el tráfico de personas. "Burlan el control de Cuya porque no es penado, sólo pagan una multa", dijo. Aunque existe otra forma de eludir el control, mostrando a carabineros una maleta con dinero para "comprar en Chile" que luego es devuelta por el inmigrante a sus contactos chilenos, la manera más habitual de cruzar la frontera es con la ayuda de ‘coyotes' o ‘jaladores', como se les llama en la zona.

El Reincidente
Aunque no reconoce su culpabilidad, el chofer Rodrigo Cortés-Monroy, residente en la población Los Industriales de Arica, fue citado por la Fiscalía local para aclarar su participación, la semana pasada, en el traslado de 52 peruanos cubiertos por una lona en un camión de 15 toneladas. El caso logró que el tráfico de indocumentados en la zona acaparara la atención de la opinión pública nacional. Sólo en agosto la policía descubrió en distintas ocasiones a 25 peruanos, guiados por un chileno, tratando de cruzar a pie el control policial de Cuya. Cada indocumentado paga unos 27 mil pesos por incorporarse a la travesía. Más 10 mil o 20 mil al conductor que los deja en el puente de Camarones, desde donde cruzan a pie por los cerros que bordean el control policial.
Por eso, el testimonio de este chofer debería servir a la policía, que busca desarticular estas bandas cuya fin último es trasladar peruanos hasta Santiago. El 17 de junio, 19 peruanos viajaban ocultos en una carga de verduras, dentro del camión propiedad de Cortés-Monroy, a quien se le aplicó una multa de 495 mil pesos. Pero esta vez asegura que las circunstancias son distintas. "Yo no soy culpable, porque la policía me controló antes de Cuya; o sea, yo no había salido de la provincia de Arica", declaró el conductor a la prensa regional. Ahora deberá pagar el doble que la vez anterior.

Casi In Fraganti

Un informe reservado del Departamento de Extranjería advierte que Carabineros habría detectado el camión en la cuesta de Acha, diez kilómetros al sur de Arica, desde donde, según los testimonios de los indocumentados, los habrían obligado a viajar hasta la frontera provincial, punto en el que se configura el delito.
El prefecto de Carabineros de Arica, coronel Juan Carlos Barriga, se reunió este lunes con el fiscal Manuel González. Aunque no quiso referirse públicamente al asunto, trascendió que el oficial aseguró que sus subalternos actuaron antes que los peruanos llegaran a Cuya amparados en el "principio de ejecución del delito", basados en indicios de que el grupo intentaría traspasar el límite. Otra versión dice que Carabineros dispuso una escolta para evitar un motín en el pequeño puesto policial de Cuya. El fiscal Manuel González mantiene la cautela al decir que "estamos indagando si al practicar este procedimiento los efectivos cometieron el delito de detención ilegal y vulneración de garantías constitucionales del chofer y los pasajeros". El cónsul de Perú en Arica, Jorge Salas, afirmó que "algunos peruanos expusieron al personal del consulado que habían sido detenidos a la salida de la ciudad, pero primero tenemos que investigar para emitir una opinión". Mientras se discute este asunto en las oficinas de las autoridades en Arica, un grupo de peruanos sigue intentando cruzar la frontera. El primer paso para cumplir "el sueño chileno".

1 de octubre de 2006
©la nación
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1 comentario

DELFIN QUISHPE -

Pobres peruanos,si pueden ayudenlos.
son personas de esfuerzo.
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