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mundo de decepciones 1


[Alan Cowell] Ex espía ruso vivía en un mundo de decepciones.
Londres, Gran Bretaña. La enrevesada historia de Alexander V. Litvinenko, el agente disidente de la K.G.B. rusa que murió por envenenamiento radioactivo hace una semanas, ha llenado los titulares hace poco, pero sus raíces se pueden trazar a una noche de primavera en Moscú en 1994.
Justo después de las cinco de la mañana del 7 de junio, Boris A. Berezovsky, uno de los oligarcas más poderosos de Rusia, estaba saliendo de las oficinas de su concesionaria de coches en un Mercedes 600, conducido por su chofer. De acuerdo a boletines de noticias rusos de ese momento, él y su guardaespaldas estaban sentados en el asiento trasero. Cuando el coche pasó junto a un vehículo aparcado, estalló una bomba a control remoto, decapitando al chofer. Pero el señor Berezovsky resultó ileso.
Como oficial de alto rango de una unidad contra el crimen organizado del FSB, el organismo sucesor de la KGB, Litvinenko "era el oficial que estaba investigando el intento de asesinato", dijo Alex Goldfarb, un asociado de Berezovsky y portavoz de la familia Litvinenko, en una entrevista realizada precisamente en el asiento trasero de un Mercedes aparcado en el centro de Londres, con un fornido chofer tras el volante. "Se hicieron amigos".
Fue una amistad que moldearía la carrera de Litvinenko, que empezó en la montaña rusa política y el auto-enriquecimiento de la Rusia post-soviética, abarcó su desesperada huida de Rusia a través de Turquía y luego hacia Gran Bretaña para pedir asilo. Terminó espectacular y misteriosamente con lo que dijo la policía británica, que de una cosa estaban seguros, y era de que estaba muerto, envenenado después de ingerir un oscuro isótopo radioactivo llamado polonio 210.
Tras la muerte de Litvinenko, hechos pocos precisos y abundantes especulaciones se desplegaron como un capítulo perdido de la guerra fría. Pero a diferencia de esos años de diferencias entre Occidente y el Este y las penumbras de conflictos misteriosos y ocultos, esta saga se representó bajo el brillante resplandor de los titulares de periódicos y de los canales de 24 horas de noticias.
Aunque las circunstancias precisas de su muerte siguen siendo desconocidas, Litvinenko vivió los últimos años de su vida como un abierto crítico del presidente Vladimir V. Putin y del gobierno ruso. Encargado de investigar el intento de asesinato contra Berezovsky, terminó acusando al FSB de estar implicado en una conspiración posterior, una acusación que le cercenó los vínculos con la agencia. Una vez en el exilio en Londres, florecieron sus contactos con Berezovsky y un círculo de otros emigrados rusos y ex agentes, y sus críticas de Putin se hicieron más agudas. En las semanas previas a su muerte, había empezado a investigar el asesinato en Moscú de la periodista Anna Politkovskaya, una obcecada crítica de Putin y sus políticas en Chechenia.
Litvinenko empezó su lento empeoramiento 1 de noviembre cuando se reunió con un académico italiano, Mario Scaramella, en un bar sushi y se vio con ex colegas de la KGB en un hotel de cinco estrellas. Entonces se sintió mal, pasando en 22 atroces días, de ser un hombre musculoso, casi juvenil, a una demacrada sombra. Los investigadores siguieron una pista radioactiva en Londres y encontraron trazas de radiación en aviones de la British Airways hacia Moscú. British Airways declaró que 221 vuelos, con 33 mil personas, pueden haber sido afectados. En un extraño número secundario, el ex primer ministro ruso Yegor Gaidar, un sosegado crítico del Kremlim, cayó enfermo con síntomas de envenenamiento.
El episodio tensó las relaciones británicas con Rusia: por más que Putin lo negara, funcionarios británicos debieron soportar todo un aluvión de especulaciones en los diarios sobre que una potencia supuestamente amiga, o sus agentes disidentes, se habían echado a las calles en Londres con viles intenciones.
Desde su lecho de muerte, Litvinenko acusó a Putin de ser responsable de su muerte, pero esa conclusión estaba lejos de ser cierta. Sin embargo, una cosa estaba abundantemente clara: La muerte de Litvinenko, el ex espía, se correspondía con su vida en un mundo de conspiraciones y traición.

Vínculos Con un Magnate
El papel de Litvinenko en la investigación del intento de asesinato de Berezovsky, que escapó al exilio en Londres en 2000, no ha sido ampliamente informada, aunque fue mencionado en un informe de la Associated Press en 1998, en el que se decía que el caso no había sido resuelto nunca.
Sin embargo, parece haber proporcionado el punto de partida para una asociación entre Berezovsky, entonces uno de los hombres más ricos de Rusia y uno de los cabilderos más influyentes, y Litvinenko, que estaba adquiriendo rápidamente en la agencia de espionaje rusa la reputación de rebelde y desleal.
Berezovsky no quiso ser entrevistado para este artículo, diciendo a través de un portavoz que no estaba preparado para hacer más comentarios hasta que termine la investigación policial sobre la muerte de Litvinenko. Pero, en una declaración cinco días después de la muerte de su amigo, Berezovsky dijo: "A él le debo mi vida, y fue un amigo cercano y aliado desde entonces. Lo recordaré por su valentía, su determinación y su honra". Se refería a otro episodio que llevó a los dos hombres a huir de Rusia para pedir asilo en Gran Bretaña.
En un libro que publicó en 2004, ‘Lubyanka Criminal Group', Litvinenko se refirió a un momento decisivo en su vida como agente. En diciembre de 1997, dijo que sus superiores en el FSB le llamaron a su oficina con órdenes asombrosas: "Litvinenko, ¿sabes quién es Berezovsky? Tienes que eliminarlo", dijo que le habían ordenado sus superiores.
Esa historia resurgió sensacionalmente ante la opinión pública en noviembre de 1998, después de que Berezovsky acusara al FSB de conspirar para asesinarlo. Litvinenko y otros agentes desafectos realizaron una rueda de prensa para confirmar las acusaciones de Berezovsky. Fue un espectáculo bizarro, incluso para el ambiente conspiracional de la época: un agente disidente del FSB se presentó con una máscara de ski, otro con gafas de sol. Litvinenko no ocultó su identidad.
Putin, que dirigía la agencia entonces, reaccionó furiosamente y amenazó con despedir a Litvinenko y a otros agentes que habían hablado en la rueda de prensa.
De acuerdo a una transcripción publicada por el Kremlin International News Broadcast, Litvinenko inició un ataque frontal contra la corrupción dentro de la agencia. Dijo que algunas de sus unidades "han sido utilizadas por algunos funcionarios no para propósitos constitucionales del estado y la seguridad personal, sino para sus propios propósitos políticos y materiales privados, para ajustar cuentas con personas indeseables y a veces simplemente como instrumento para hacer dinero".
Las observaciones provocaron la suspensión de Litvinenko del FSB y una serie de procesos judiciales por cinco cargos de abuso de autoridad y otras acusaciones. En 1999, pasó ocho meses detenido preventivamente en la prisión de Lefortovo en Moscú. Cuando los cargos fueron desechados en noviembre de 1999 por falta de evidencias, le volvieron a detener en el instante en que se le leía la absolución, de acuerdo a un informe de Izvestia en 2001. Fue dejado en libertad en diciembre de 1999, pero se le prohibió salir de la ciudad.
Pero pasaron semanas y meses sin indicios de que las investigaciones en su contra serían desechadas.
Litvinenko, su esposa Marina y su hijoAnatoly escaparon de Moscú en octubre de 2000. De acuerdo a informes de Litvinenko de esa época, y de otros, incluyendo a Goldfarb y Viktor Suvorov, ex agente de la inteligencia militar soviética y desertor, su ruta salía de Rusia hacia la ciudad de Antalya en el sur de Turquía, posiblemente a través de Ucrania.
Pero una vez en Turquía nadie quiso tener nada que ver con un agente ruso renegado.
"En Ankara, lo llevé a la embajada norteamericana a fines de octubre", dijo Goldfarb, según él mismo un ciudadano estadounidense que huyó de la Unión Soviética hace 31 años y pasó muchos años de su exilio trabajando, entre otras cosas, para el inversor George Soros. "Simplemente hablamos y les hablé sobre el coronel del FSB, y no estaban interesados".
Finalmente Litvinenko salió de Turquía utilizando un billete que le permitía pasar por Londres, pero no quedarse. En noviembre de 2000 llegó al aeropuerto de Heathrow, se presentó a la policía británica y pidió asilo, de acuerdo a informes de Litvinenko y en la prensa británica. Pero todavía no era tratado como un desertor de alto nivel.
Suvorov, un agente de la inteligencia militar rusa GRU que desertó en 1978, dijo: "Yo toqué el tema: ‘Miren, hay un hombre que posee mucha información sobre el crimen organizado' -entonces nadie sabía nada sobre eso-, pero nadie lo interrogó sobre el tema, ni los británicos, ni los franceses ni los norteamericanos. Tenía datos increíbles". Ni funcionarios turcos ni estadounidenses quisieron confirmar esta versión.
Pero, a juzgar por lo que pasaría después, Litvinenko estaba dispuesto a utilizar lo que sabía sobre las redes de espionaje rusas.

Scott Shane contribuyó al reportaje desde Washington, y Steven Lee Myers y Viktor Klimenko desde Moscú.

3 de diciembre de 2006
©new york times
©traducción mQh
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