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marcharse de iraq, ahora


[Tom Vilsack] Hay que parar la guerra de Iraq.
Piense sobre la última vez que estuvo en un lugar público con mil personas -un evento deportivo, la parada del Cuatro de Julio, un concierto.
Ahora imagine que esas mil personas mueren.
Si el número de bajas mortales militares estadounidenses en Iraq en los últimos años sirve de referencia, esos son los norteamericanos que morirán en ese país el próximo año si el congreso no actúa de inmediato para retirar nuestras tropas de los peligros de la guerra civil en Iraq.
Ahora, imagine que cinco mil más norteamericanos serán probablemente heridos o quedarán mutilados si el congreso no cumple con su deber de sacar a nuestros hombres y mujeres de la zona de guerra de Iraq.
Durante los tres últimos años han muerto más de 820 soldados estadounidenses cada año. Dada la creciente violencia este año, Estados Unidos está en camino de perder mil soldados más en Iraq. Desde que empezara la guerra han caído 23 mil soldados estadounidenses heridos, casi seis mil por año. Es hora de que digamos claramente que nuestras tropas deben volver a casa ahora.
Los jefes militares en Iraq, el Grupo de Estudio de Iraq y el pueblo norteamericano han dicho todos que el status quo está mal. Además, los asesores de inteligencia y militares más cercanos al presidente dicen en el último Estimado Nacional de Inteligencia que Iraq está en medio de una guerra civil y que la capacidad de las tropas norteamericanas de influir en el resultado está severamente limitada. Esta guerra sólo terminará con una solución política -no militar.
Los miembros del congreso tienen la obligación constitucional y moral de ejercer su autoridad para dejar de financiar la fracasada estrategia del presidente Bush en Iraq. No eventualmente sino de inmediato.
La guerra en Iraq y el mal manejo que hace el presidente de nuestros recursos militares han puesto imprudentemente en peligro nuestra seguridad nacional y mermado nuestras fuerzas armadas y unidades de la Guardia Nacional en todo Estados Unidos. Según todos los criterios, la seguridad interna de nuestro país se ha visto debilitada y comprometida por las políticas del presidente y la falta de supervisión parlamentaria.
Se ha dicho que todas nuestras opciones en Iraq son malas, pero algunas son peores que otras. Dejar a las tropas americanas correr riesgos mientras reconocemos que, en el peor de los casos, tienen poco que hacer. El congreso tiene la facultad para sacar a nuestras brigadas de combate de las zonas más violentas, mantener una presencia militar estratégica en el norte de Iraq y traer a casa a nuestras tropas ahora.
Hace casi un año, fui a Iraq para enterarme de primera mano de nuestras tropas y jefes militares norteamericanos e iraquíes.
Esto es lo que oí de nuestros jefes militares: Si el gobierno iraquí no es capaz de proporcionar mejor seguridad a su gente de aquí a seis meses, las tropas norteamericanas en el sur y centro de Iraq deberían marcharse. Ya pasó ese plazo, de modo que nuestros militares están innecesariamente expuestos al peligro.
Desgraciadamente, el gobierno se niega a escuchar a nuestros jefes militares y a nuestros ciudadanos. Así que la pregunta que se impone es: ¿Qué hará el congreso?
El congreso tiene la facultad constitucional y la responsabilidad moral de aprobar leyes que terminen con el financiamiento del status quo.
Ningún soldado debería carecer de municiones o chalecos antibala.
Un número modesto de tropas de paz debería permanecer provisionalmente en el norte de Iraq para proteger a los civiles de la violencia religiosa, desalentar a Irán de efectuar incursiones fronterizas y ayudar a mantener la estabilidad regional -sin poner imprudentemente en peligro vidas norteamericanas.
Como gobernador, llamé a 43 familias de Iowa después de que sus hijos murieran en Iraq o Afganistán. Esos soldados y sus familias hicieron un tremendo sacrificio para proteger nuestra libertad y ayudar a mantener seguro a Estados Unidos. Pero no se equivoquen, nuestros soldados han hecho el trabajo que les pedimos que hicieran y los han hecho bien. Pero demasiados de esos patriotas han pagado el precio último.
Apoyar un tope de nuestras tropas en realidad significa seguir apoyando una política fracasada. Una resolución parlamentaria inefectiva es un absurdo. Y un retraso en una acción del congreso es una garantía de que morirán más soldados norteamericanos.
Aquellos que votaron por la guerra, aquellos que votaron para seguir apoyando la guerra y aquellos que votaron para continuar financiando la guerra pueden ciertamente votar para parar la guerra y hacer lo correcto para nuestro país y nuestros militares.
No en 2008 o 2009, sino ahora.

El escritor, ex gobernador de Iowa, es un candidato demócrata a la presidencia.

10 de febrero de 2007
©washington post
©traducción mQh
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