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indigentes en calama


[Ivo Butt A.] La vida congelada en la calle.
Calama, Chile. Bastaron cuatro horas de recorrido junto al Hogar de Cristo por diferentes lugares de la ciudad, para conocer un escenario oculto, en el que viven muchas personas desafiando al frío desierto.
En sólo una noche, pudimos conocer varios casos –unos más conmovedores que otros- de personas que viven en la calle hace algún tiempo en distintos lugares de la ciudad, hasta en los sitios más insólitos. Aquellos por los que durante el día muchos pasan y ni siquiera creen que alguien ha hecho de ese solitario rincón y álgido espacio, su habitación.
Todas son situaciones realmente impactantes. Sin embargo, quienes están en dichas circunstancias, prefieren bajarle el perfil al hecho de refugiarse en estos lugares, que son realmente inhumanos y dicen que han preferido vivir así a pesar de las oportunidades de trabajo que han perdido o los hogares que han dejado atrás.
Es así como muchos han llegado a coexistir rodeados de basura, perros vagos y lo más importante, temperaturas bajísimas que en los últimos días azotan a Calama. Incluso aquella noche que observamos los casos, el gélido ambiente calameño alcanzó los dos grados a eso de la medianoche, eso sí que la sensación térmica era muy inferior a lo que indicaba el termómetro.

El Frío como Compañía
Gracias al Hogar de Cristo, que cada martes y jueves realiza recorridos por la ciudad ayudando de una u otra forma a los más necesitados, pudimos conocer cómo viven decenas de personas en la calle. Dichas salidas que comenzaron a fines de la década de los noventa y que informalmente se denomina ‘brigada nocturna', consta en asistir a la gente de la calle, que en su mayoría son hombres o mujeres alcohólicas y drogadictas, con prendas de vestir, frazadas, colchones o almohadas y bebidas calientes más un sándwich para quienes lo deseen.
No obstante nuestra salida que se inició a eso de las 21 horas comenzó no como deseábamos, porque nuestra primera parada del denominado ‘circuito' no estaban las personas que supuestamente encontraríamos -pero sí horas más tarde-. Se trata de un grupo de cuatro o cinco personas que viven a un costado del Colegio Padre Alberto Hurtado, en la avenida Grecia. El lugar es realmente increíble por los aposentos que han elaborado con cualquier tipo de material, en especial a un costado de la cancha que allí se encuentra. Son amplios canales que han hecho y que están revestidos con cartones y trapos.
El circuito nos llevaría luego a la población Independencia Norte, calle Mejillones, donde vive Josesito como lo llaman cariñosamente. Un anciano de 65 años de edad y que vive sólo, sin agua potable ni energía eléctrica. Rodeado de perros vagos y basura al interior de su casa y en el patio para que hablar.
Los voluntarios del Hogar de Cristo le dieron una apetitosa sopa que entrega el dueño del restorán Barlovento. Pero un dato que fue realmente impactante, es que Josesito trabajó por varios años en Codelco Norte. Tiene hijos que viven en El Peuco y que lo van a ver de vez en cuando. Le hacen aseo a la casa del sector poniente, pero como cuentan en el Hogar de Cristo, "es alcohólico y mantiene su casa limpia por una o dos semanas y después la llena de basura nuevamente". Mientras compartíamos con Josesito, ingresamos al patio de su casa para ver las condiciones en que vive. Las calaminas estaban abiertas así que pudimos acceder sin ningún problema y grande fue la sorpresa cuando al final del patio, sobre un sillón y cubierto sólo con una colcha había otro hombre que dormía a eso de las 22 horas con dos cachorritos como una forma de obtener más calor. Su nombre es Juan y tiene 46 años de edad. Cuenta que estos últimos días han estado muy helados por lo que necesita que le lleven ropa abrigada y frazadas. Josesito y Juan, dicen además que como en todos lados, hay personas con muy malas intenciones que entran a la casa mientras ellos no están y destruyen o roban lo poco y nada que tienen. "Son mañosos los cabros" dice Josesito. Voluntarios del Hogar de Cristo, mientras hablan un poco de la desolada vida que llevan en la Independencia Norte, les entregan café, una sopita y pan con mortadela. Al despedirnos, Juan pide que le ayuden a obtener su carné de identidad para poder trabajar ya que es muy poco el dinero que reúne cuando a veces limpia vehículos en algún lugar de la ciudad. "No me da tanto frío, pero ahora último está mas helado. Igual a veces me tomo un vinito para abrigarme. Se pasa frío pero no hay más donde estar" comenta Juan.
Siguiendo con el ‘circuito', y muy cerca de la casa de Josesito, llegamos a la habitación donde vive Juanita como cariñosamente le dicen los muchachos voluntarios. Ella vive sola también en una habitación de la misma población Alemania. Durante el día limpia autos cerca de la feria Modelo. Hace poco estuvo de cumpleaños y un ‘amigo', como ella dice, le regaló algunas cremas. Para ese día nadie la saludó como ella esperaba. Menos su hija que está inmersa en el mundo de las drogas, aparentemente en la prostitución y que además no ve muy a menudo. Sin embargo, ella dice que es feliz. Se ríe y comparte con todas las personas que la visitamos. Su cuarto es de material muy ligero. Paredes de barro, ventanas de cartón y el techo que tiene algunas tablas que minimizan el frío ambiente loíno.
Una vez terminada la visita a la señora Juanita, conoceremos sólo a gente que vive en la calle. Partimos por dos sitios que son utilizados para pernoctar en la avenida Granaderos. Uno de ellos está frente al consultorio Enrique Montt.
Ahí, una vez que llegamos, salieron dos muchachos, Mauricio y Miguel de 18 y 20 años respectivamente. El primero es de Calama y el otro de Iquique. Miguel dice que está en esta ciudad porque no tiene una buena relación con su familia y a veces trabaja para conseguir dinero y poder alimentarse y darse gustos como un balón de fútbol que días después se lo robaron porque también entraron a robarle y destruir el lugar. Mauricio en tanto, tiene a sus padres en Calama, pero ambos son separados y prefiere no estar con ellos.
"Mi mamá me quiere harto. A veces me invita a dar una vuelta al centro y compartimos un rato", dice. Los dos nos atendieron afuera del sitio eriazo. Pero les rogamos si podíamos ingresar y conocer dónde viven. Dudaron por unos instantes y tardaron más en hacernos ingresar. Una vez en el interior del recinto, vimos que al fondo, en una esquina levantaron un cuarto con materiales como fierros, tablas y calaminas. Tienen energía eléctrica porque se ‘colgaron' a los vecinos. Un mueble de cocina y colchones tirados en el piso más una radio, eran la única compañía para estos adolescentes.
Metro más al sur, donde años atrás funcionaba una sala de ventas de las casas del condominio Los Flamencos, encontramos a dos personas más. A esa hora, como a las 23, ya el frío calaba hasta los huesos. Y más aún a don José y Yerko que están en ese lugar hace unos cuatro meses.
Las historias de ambos son distintas, pero tienen un común denominador que es el no tener un techo que los cobije. Don José o ‘Pititore' como le dicen, es de Alto Hospicio, mientras que Yerko o el ‘Acelga' como lo llaman sus amigos, trabaja actualmente para tener la posibilidad de comer por lo menos. Cuando llegamos estaban preparando una sopa en una olla arruinada, en medio de una fogata que aprovechaba de abrigarles un poco.

En la Plaza
El recorrido siguió hacia la plaza 23 de Marzo. Antes de llegar, uno de los voluntarios comenta que la última vez que estuvieron en ese lugar, había una señora con sus pequeños hijos a muy altas horas de la noche. Aquella noche sin embargo, no la encontraríamos.
Ya en la plaza, cuando varios hombres se preparaban para ir a dormir o marcharse a los lugares donde pasan la noche, se percatan de la llegada de los voluntarios del Hogar de Cristo y comienzan a llegar poco a poco. Todos muy amablemente y a pesar de andar medios ‘curaditos' conversan y hablan de la vida, un poco de cómo es vivir en la calle y de las oportunidades que han tenido en la vida para tener trabajo y familia, pero que finalmente las desechan porque simplemente no les agrada. Y ojo, que curiosamente todos los ‘entrevistados' no son de Calama. Dato como para considerar.
Un ejemplo de esto, es Germán. Un hombre de 38 años de Valparaíso, pero que antes de llegar a Calama estaba con su familia en Iquique. La forma de hablar y expresarse de Germán, realmente sorprende. Es una persona muy educada y que sabe bastante de lo que sucede en la actualidad. "Vivo en la calle. Al lado del Colegio Padre Alberto Hurtado. Ahora por la crisis de gas natural que vivimos, me conseguí un trabajo. Espero que luego me paguen un poco de plata para arrendarme una pieza", relata. De todas formas al consultarle porqué prefiere vivir en la calle y haber dejado a su familia en la Primera Región, dice que "es una opción. Uno elige vivir así. Nunca he sido como para trabajar, tener familia o responsabilidades. Tengo dos hijos. No los veo hace como un año, pero tampoco sufro vivir así".
Respecto al frío de cada noche, y las temperaturas que bordean los cero grados, nos cuenta que "uno se acostumbra a vivir así. No es que se sufra. Si con el tiempo el cuerpo se adapta al frío y todo eso. No es que uno por ser hombre aguante más que las mujeres o los niños. Ya se lleva tantos años viviendo en estas condiciones que te vas acostumbrando".
También asombra la gran cantidad de trabajos y experiencias laborales que ha tenido y que siga prefiriendo estar en la calle. Se desempeñó en minera Spence un tiempo y algunos días en El Abra, pero cuando debía ir a trabajar muy temprano, siempre andaba pasado de copas o bajo los efectos de la pasta base, por lo que terminaron por echarlo.
De ahí, el destino fue el sector que está detrás del Camping de Cobreloa, donde las casas resaltan por su belleza. Pero a unos metros, donde hay un terreno baldío, también viven tres muchachos. A la hora de las bebidas calientes aparecieron en un comienzo sólo dos. Uno de ellos estaba notoriamente afectado por el alcohol, tanto así que a penas se le entendía lo que decía. El otro que estaba en mejores condiciones, esperaba a que le entregaran su licencia para conducir maquinaria pesada para ingresar a una empresa contratista. Mientras tanto, limpiaba autos en un estacionamiento del centro. Después de beber sopa y un par de cafés, pedían prendas de vestir. Los voluntarios del Hogar de Cristo les entregaron frazadas, un colchón y ropas de inmediato.
Nos despedimos y nos trasladamos a uno de los lugares más transitados del centro de Calama. Calle Carlos Cisterna, a un costado del hospital que lleva el mismo nombre, para conocer un caso dramático. Se trata de Franco un muchacho que no debe tener más de 30 años, quien a eso de la medianoche, ya estaba durmiendo sobre el helado piso y cubierto con una ínfima manta. Cuesta entender cómo una persona puede dormir con temperaturas tan bajas y tapado con poco abrigo. Resulta imposible concebir a lo que puede llegar una persona pobre que no tiene donde ir, donde pasar la noche. Él más que otros requería de una colchoneta y un par de mantas, porque el dormir todas las noches al lado del kiosco que está en la calle no le es suficiente para hacer más digno su descanso. Los voluntarios además contaban que a Franco constantemente le dan un colchón, pero es un poco descuidado y siempre los pierde.

La Urgencia
En el Servicio de Urgencia terminaría nuestro recorrido, a eso de la una de la mañana. No habían tantos hombres como antes, pero de igual forma se compartió con ellos un vaso con café y un sándwich.
Con el término del recorrido de la ‘brigada nocturna' o Programa Adulto Calle del Hogar de Cristo, se pudo conocer una realidad poco conocida de Calama. Esa triste realidad de la que son protagonistas pocos actores, pero que sufren lo que muchos no padecen. Una cara de nuestra ciudad que sólo es posible conocer de noche en sitios claves, que sólo son conocidos por quienes viven bajo la luz de las estrellas.

Dar hasta que Duela
El trabajo que realiza el Hogar de Cristo en nuestra ciudad es trascendental, pero no suficiente. Principalmente por la falta de recursos o espacios como para cobijar a tanta gente de la calle.
Arturo Bruna, director del programa hospedería y de adultos del Hogar de Cristo de nuestra ciudad, explica precisamente que es bastante lo que hace falta para dar una atención óptima en cada programa de esta institución. Incluso cuando hace algunos meses se dio a conocer la cuenta pública del 2006, los resultaron arrojaron un déficit de 22 millones de pesos. Es decir, para el presente año ya se comenzó con cifras negativas que deben transformarse en números azules de aquí a fin de año.
"Necesitamos más y mejores recursos para atender a cada persona de los diversos programas", precisa. Incluso la hospedería del Hogar de Cristo, a pesar de ser un edificio hermoso y moderno, ya se ha quedado pequeño para recibir a personas de la calle y otros que andan en la ciudad en busca de trabajo. Tiene una capacidad de 38 personas y muchas veces lamentablemente deben quedar afuera algunos porque no hay más espacio. "En el último tiempo nos ha tocado dejar a personas afuera porque no hay más camas. Es un lugar sólo para varones mayores de 18 años y también ha ocurrido que llegan mujeres y no pueden ingresar porque hay sólo hombres", agrega Arturo.
Otro de los programas que tiene a cargo, es el ‘ropero', el que consiste en reunir prendas de vestir para que sean entregadas a las personas que las necesitan, como en las salidas del Programa Adulto Calle. El problema es que el ropero actualmente tiene hartas prendas pero en su mayoría son para mujeres y niños, lo que en definitiva no es suficiente.
Es por eso que el Hogar de Cristo ha iniciado hace algunos días una campaña a nivel nacional para juntar más socios, que hacen mucha falta para poder sacar adelante los programas y así ir en auxilio de quienes lo necesitan. No olvidemos que el la misión de esta institución es acoger dignamente y con amor a los más pobres entre los pobres.

3 de junio de 2007
©mercurio de calama
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